El trabajo en la Cuarta Revolución Industrial

El trabajo más allá de la pandemia

Las economías se podrían clasificar en un segmento integrado globalmente que emplea a una minoría de la fuerza laboral formada y bien remunerada, y un segmento de escasa productividad, con bajos salarios y condiciones precarias.

En el mundo que estamos viviendo a veces resulta complejo encontrar respuestas concretas e incluso plantearse preguntas sobre las causas de lo que nos rodea.  En esta nota intentaremos esbozar algunos de los cambios que se observan en el mundo del trabajo, sus causas y sus posibles consecuencias.  ¿Cambió la pandemia la forma de trabajar?  ¿O profundizó tendencias que venían desde hace años?

En el 2016 y en ocasión del Foro Económico Mundial de Davos, Klaus Schwab, fundador del Foro, acuñó el término “Cuarta Revolución Industrial” para referirse a los avances tecnológicos emergentes en una serie de campos, incluyendo la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología, el internet de las cosas, la impresión 3D, los vehículos autónomos, etc.

Todos estos cambios traen profundas modificaciones en las condiciones y modos de trabajo.  Mientras que algunos desaparecerán, otros se crearán y algunos tendrán que adaptarse.  Pero esta revolución tecnológica no surgió de la nada, sino que tiene una relación intrínseca con el desarrollo del sistema capitalista y su tendencia ineludible a invertir en medios de producción que acorten los tiempos sociales del proceso productivo.

Es necesario recordar que en la crisis del 2008 –que tuvo características de crisis orgánica– la especulación del sector financiero e inmobiliario generó una burbuja de dinero ficticio sin asiento productivo, que terminó por hacer estallar el sistema financiero dominante hasta aquel entonces.

El sector tecnológico se convirtió en una enorme salida para el capital acumulado, no invertido frente al estancamiento.  Esto implicó la transformación de toda la estructura de procedimientos de la producción manufacturera y de comercialización.  Además, la creación de plataformas digitales y la expansión de la conectividad en el mundo ha permitido la aceleración de este proceso.

La pandemia de coronavirus, que comenzó según la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de 2020, vino a acelerar estos procesos de digitalización de la economía a una velocidad pocas veces vista.  Pero esta crisis sanitaria, que se suma a la crisis financiera y económica mundial, no afecta a todos por igual. Vemos hoy como la mayoría de las y los trabajadores pierden, mientras que los que ganan son un muy reducido grupo de empresarios.

Por todo lo dicho afirmamos que la pandemia vino a acelerar procesos y tendencias que ya venían sucediendo hace años.

Aumento mundial de la desocupación y la explotación

Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo “La COVID-19 y el mundo del trabajo. 7ª edición”, en 2020 se perdió el 8,8% de las horas de trabajo a nivel mundial con respecto al cuarto trimestre de 2019, equivalentes a 255 millones de empleos a tiempo completo.  La pérdida de horas de trabajo en 2020 fue aproximadamente cuatro veces mayor que la registrada durante la crisis financiera mundial de 2009.

La cantidad de personas desocupadas a escala mundial aumentó en 33 millones en 2020, y la tasa de desocupación aumentó hasta el 6,5%.  Además, se estima que los ingresos provenientes del trabajo a escala mundial en 2020 disminuyeron un 8,3%, a saber, 3,7 billones de dólares, o sea el 4,4% del PIB mundial.

Así, la automatización, la robotización y la inteligencia artificial abren una nueva etapa en la configuración mundial del trabajo, orientada al “conocimiento”, conformando nuevas fracciones dentro de la clase trabajadora que agudizan las diferencias salariales al interior de la clase.

Por un lado, comienza a emerger una fracción de la clase trabajadora vinculada a los trabajos del sector de la información, un grupo muy diverso unido por el uso de la más moderna tecnología de la información para el tratamiento, manipulación, identificación y procesamiento de datos.  Son creadores, manipuladores y procesadores de los flujos de información, que hacen posible esta Nueva Fase Digital del Capitalismo.  Esta fracción está formada por científicos/as, investigadores/as, ingenieros/as de diseño, analistas de “software”, investigadores/as en biotecnología, banqueros/as, inversionistas, diseñadores/as urbanísticos, consultores financieros, arquitectos/as, planificadores/as estratégicos, etc.

Y por otro lado, se observa como tendencia general un aumento en la informalidad y la subocupación.  Además de un crecimiento de la explotación laboral y la expulsión de grandes masas de trabajadores del proceso productivo.  De este modo, las economías globales se podrían clasificar en: un segmento avanzado, integrado globalmente, que emplea a una minoría de la fuerza laboral con altos grados de formación y remuneración, y un amplio segmento de baja productividad que absorbe la mayor parte de la fuerza laboral, con bajos salarios y condiciones muy precarias.

Pocos ganadores: Las grandes empresas tecnológicas ante la pandemia

La transformación de la economía en servicios de plataformas digitales cambia la forma de trabajar y de acumular riqueza. Esta transformación se presenta bajo la apariencia de “mayor libertad” para la clase trabajadora, ya que ahora puede “decidir cuándo, dónde, cuánto y cómo trabajar”, pero lo que realmente se oculta es su mayor grado de dependencia.  En esta forma de mediación virtual, no existen responsables por las condiciones de las y los trabajadores, pero sí existen personas que acumulan ganancias a una gran velocidad.

Según la revista Forbes, que actualizó su lista de los empresarios más ricos del mundo este 6 de abril, 7 de los primeros 10 multimillonarios más acaudalados provienen de la industria tecnológica.  Según la revista; “en total, los 2.755 multimillonarios que forman la lista suman 13,1 billones de dólares, frente a los 8 billones de 2020. Estados Unidos sigue siendo el país que cuenta con más ricos, con 724, seguido de China (incluyendo Hong Kong y Macao) con 698”.

Ahora bien, ¿cómo es que han podido acumular tanta riqueza estos 2.755 multimillonarios en un mundo atravesado por una profunda crisis?

En primer lugar, por la restricción en la circulación de las y los trabajadores, como plantea Giménez[1]: «así como bajo el capitalismo industrial el trabajador fue conducido hacia la fábrica, donde fue disciplinado a través del miedo a la muerte por hambre y también organizado bajo la lógica del trabajo común, hoy los cambios estructurales en su fase digital empujan a las clases subalternas hacia las ‘nuevas fábricas’ del territorio virtual, con sus plataformas y redes sociales; construyendo nuevos valores organizativos».  Según el informe digital-2020 (de wearsocial.com), la mitad de la población mundial (3.800 millones de personas) utiliza actualmente las redes sociales. 4.540 millones de personas están ahora en línea, con un aumento interanual de 298 millones, o sea el 7%, por lo que nos acercamos a una penetración de Internet del 60%.  El usuario medio de Internet pasó 6 horas y 43 minutos por día en línea en 2020, más de 100 días en total.

Esto genera una dependencia por parte de todas las empresas, instituciones y personas, del servicio que puedan brindar estas Big Tech. Grandes flujos de información que, a través de un complejo sistema de algoritmos, estas empresas convierten en la fuente de su riqueza.  Controlan de esta forma los tiempos sociales de producción de todas las demás ramas de la industria y del comercio.

Esto no es nuevo, como afirmamos anteriormente. Ya en 2018, más de la mitad de los habitantes del planeta utilizaba internet. El porcentaje de usuarios se situó en el 51,2%, lo que supone un aumento de 2,6 puntos respecto a 2017.

Otra parte de estas ganancias proviene de la baja de salarios a nivel mundial y del aumento de la jornada laboral.  Según un estudio realizado por Adecco Argentina al comenzar la cuarentena, el 42% de las y los trabajadores dedican más horas al trabajo desde su casa que en la oficina, mientras que un 40% cumple exactamente las mismas horas como si estuviera en su lugar de trabajo.  Esto es posibilitado por el gran ejército de desocupados/as que presionan sobre las condiciones salariales de los ocupados/as y aumenta la lucha entre trabajadores por salarios y puestos laborales.

Finalmente, una última parte deriva de la restricción de la circulación de las y los trabajadores.  Según datos de la OIT del informe antes citado: “Durante todo el año el 77 por ciento de los trabajadores se vieron afectados por esas medidas, lo que implica un porcentaje muy cercano del valor máximo del 85 por ciento alcanzado a finales de julio de 2020”.

Esto les permitió a las empresas ahorrar en infraestructura, eventos corporativos, energía y suministros, dietas, viajes, vehículos de empresa, suministros electrónicos, entre otros gastos fijos anuales.  Según un estudio llevado a cabo por Global Workplace Analytics, la compañía internacional de investigación y consultoría sobre las y los empleados, el ahorro promedio en inmuebles con teletrabajo a tiempo completo es de 10.000 dólares al año por empleado/a.

Las y los trabajadores frente a la crisis

Las y los trabajadores combinan nuevas y viejas formas de lucha en defensa de sus derechos y condiciones laborales, utilizan las calles y también el territorio virtual para reclamar, organizarse y luchar por sus derechos.  Hemos visto en Francia como el movimiento de “Chalecos Amarillos” se organizó a través de las redes sociales y salieron en conjunto a las calles presionando al gobierno nacional.  Lo que comenzó como un reclamo por un aumento de gasolina escaló rápidamente a un rechazo de las políticas neoliberales.

En la India estalló la “Manifestación más grande del mundo” de la que se tenga registro.  El 26 de noviembre, 250 millones de agricultores marcharon en todo el país, lo que significa el 3,3% de la población mundial y que dejó más de 64 muertos y cientos de heridos.  Detectando la importancia de la virtualidad para construir organización, el Gobierno produjo 134 cortes de internet, el 68% de todos los que suceden en el mundo.

En Chile las manifestaciones que comenzaron por un aumento de 30 pesos en el transporte público, también escalaron a un proceso donde la mayoría del pueblo salió a las calles a pedir un cambio de la constitución neoliberal y contra el gobierno de Sebastián Piñera. Y la lucha continúa.

Otro ejemplo de lucha lo vienen dando las mujeres trabajadoras que este 8M también inundaron las redes y las calles de todo el mundo. Y así podríamos seguir citando ejemplos de manifestaciones a lo largo y ancho del planeta.

En las empresas tecnológicas el panorama de lucha no es diferente.  En el Reino Unido, el Tribunal Supremo sentenció que las y los trabajadores de Uber tienen derecho a acogerse a la legislación laboral vigente, lo que abre las puertas para obtener un salario mínimo o vacaciones pagas.

En enero de este año, unos 200 trabajadores de Alphabet Inc, la empresa matriz de Google, han formado un sindicato para velar por los principios de igualdad en el trabajo y por la observancia de principios éticos en el modelo de negocio.  La formación de este sindicato, el primero que se crea entre las grandes tecnológicas, es la consecuencia directa de protestas sin precedentes en el seno de la compañía, y de un año de organización en secreto.

O las nuevas tecnologías están al servicio de las y los trabajadores, generando mejores condiciones de vida, eliminando el trabajo forzoso, repetitivo, dando más tiempo para disfrutar de una vida digna, o estarán en manos de un minúsculo grupo de especuladores financieros, generando mayor acumulación, explotación y exclusión.

El curso que puedan tomar los acontecimientos dependerá de la participación activa de los trabajadores y trabajadoras, y de que estos logren construir un programa estratégico que ponga por encima el bienestar general de la clase trabajadora.

Diego Lorca y Diego Pierdominici son miembros del Observatorio Internacional del Trabajo y el Futuro -OITraF-, un equipo de jóvenes profesionales dedicados a la Investigación y Análisis en el convulsionado mundo del Trabajo. OITraF: https://oitrafuturo.wixsite.com/oitrafuturo  Twitter: @OITraF1 https://instagram.com/observatorio_de_trabajo

Por Diego Lorca, Diego Pierdominici | 16/06/2021 |

Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento No. 552: ¿Quién decide nuestro futuro digital?

Bibliografía

https://www.adecco.com.ar/noticias/teletrabajo-y-productividad-durante-la-pandemia-a-causa-del-coronavirus/

https://www.lavanguardia.com/vida/formacion/20201209/6108068/teletrabajo-cuanto-ahorra-empresa.html

https://forbes.es/listas/93410/lista-forbes-2021-estas-son-las-personas-mas-ricas-del-mundo/

https://www.ilo.org/global/topics/coronavirus/impacts-and-responses/WCMS_767045/lang–es/index.htm

https://elpais.com/economia/2021-01-05/trabajadores-de-google-se-organizan-en-el-primer-sindicato-creado-en-una-gran-tecnologica.html

https://www.france24.com/es/ee-uu-y-canad%C3%A1/20210329-amazon-derecho-laboral-sindicatos-alabama

-Giménez, P. (2020). Un 1º de mayo (muy) diferente, un mundo en guerra mediado por la virtualidad. Disponible en: https://www.nodal.am/2020/05/un-1o-de-mayo-muy-diferente-un-mundo-en-guerra-mediado-por-la-virtualidad-por-paula-gimenez/

Notas

1/ Giménez, P. (2020). Un 1º de mayo (muy) diferente, un mundo en guerra mediado por la virtualidad. Disponible en: https://www.nodal.am/2020/05/un-1o-de-mayo-muy-diferente-un-mundo-en-guerra-mediado-por-la-virtualidad-por-paula-gimenez/

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Video 3D mapa cerebral Harvard Google - El volumen H01: aproximadamente un milímetro cúbico de tejido cerebral humano capturado en 1,4 petabytes de imágenes (Youtube: Viren Jain)

Ingenieros especializados en inteligencia artificial publicaron un intrincado mapa de cada célula y conexión neuronal de un milímetro cúbico del cerebro humano

Un equipo de científicos de la prestigiosa universidad de Harvard y del gigante tecnológico Google acaba de crear un increíbel y fascinante mapa cerebral codificado por colores de casi 4.000 axones entrantes que se conectan a una sola neurona.

La región mapeada abarca las diversas capas y tipos de células de la corteza cerebral, una región de tejido cerebral asociada con la cognición de nivel superior, como el pensamiento, la planificación y el lenguaje. Según Google, es el mapa cerebral más grande con este nivel de detalle hasta la fecha, y está disponible gratuitamenteen línea.

Para hacer el mapa, los investigadores cortaron el tejido dividido en 5.300 secciones, cada una de 30 nanómetros de grosor, y las fotografiaron con un microscopio electrónico de barrido a una resolución de 4 nanómetros. Los 225 millones de imágenes resultantes se alinearon computacionalmente y se cosieron nuevamente en una representación digital en 3D de la región.

Asimismo, según detallaron los ingenieros especializados en inteligencia artificial, los algoritmos de aprendizaje automático segmentaron células individuales y clasificaron sinapsis, axones, dendritas, células y otras estructuras, y los humanos verificaron su trabajo. El equipo investigadortambién publicó un documento preimpreso sobre el mapa en el sitio de preimpresiones científicas bioArxiv.

 

Reconstrucción conectómica de petabytes de un volumen de neocorteza humana. Izquierda: pequeño subvolumen del conjunto de datos. Derecha: Un subgrafo de 5000 neuronas y conexiones excitadoras (verde) e inhibidoras (rojo) en el conjunto de datos. El gráfico completo (conectoma) sería demasiado denso para visualizarlo (Google/Harvard)
Reconstrucción conectómica de petabytes de un volumen de neocorteza humana. Izquierda: pequeño subvolumen del conjunto de datos. Derecha: Un subgrafo de 5000 neuronas y conexiones excitadoras (verde) e inhibidoras (rojo) en el conjunto de datos. El gráfico completo (conectoma) sería demasiado denso para visualizarlo (Google/Harvard)

 

En 2020, Google y el Campus de Investigación Janelia del Instituto Médico Howard Hughes fueron noticia cuando mapearon de manera similar una parte del cerebro de una mosca de la fruta. Ese mapa, en ese momento el más grande hasta ahora, cubría unas 25.000 neuronas y 20 millones de sinapsis. Además de apuntar al cerebro humano, en sí mismo notable. El nuevo mapa, presentado en estos días, incluye decenas de miles de neuronas y 130 millones de sinapsis. Ocupa 1,4 petabytes de espacio en disco.

En comparación, más de tres décadas de imágenes satelitales de la Tierra del programa Landsat de la NASA requieren 1.3 petabytes de almacenamiento. Las colecciones de imágenes cerebrales en las escalas más pequeñas son como “un mundo en un grano de arena”, dijo Clay Reid del Instituto Allen a Nature, citando a William Blake en referencia a un mapa anterior del cerebro del ratón.

Todo eso, sin embargo, es solo una millonésima parte del cerebro humano. Es decir, todavía faltan años para un mapa igualmente detallado de todo el asombroso órgano. Aun así, el trabajo muestra qué tan rápido se mueve el campo. Un mapa de esta escala y detalle hubiera sido inimaginable hace unas décadas.

 

Muchas células gliales aparecen "pegadas" a grandes células piramidales, y muchas aparecen justo al lado de los somas (Google/Harvard)
Muchas células gliales aparecen "pegadas" a grandes células piramidales, y muchas aparecen justo al lado de los somas (Google/Harvard)

 

En colaboración con el Laboratorio Lichtman de la Universidad de Harvard, el equipo investigador ahora publicó el conjunto de datos "H01", una representación de 1,4 petabytes de una pequeña muestra de tejido cerebral humano, junto con el documento complementario, “Un estudio conectómico de un fragmento de petaescala de humanos corteza cerebral“. Se obtuvieron imágenes de la muestra H01 a una resolución de 4 nm mediante microscopía electrónica de sección en serie, reconstruido y anotado mediante técnicas computacionales automatizadas, y analizado para obtener información preliminar sobre la estructura de la corteza humana.

El conjunto de datos comprende datos de imágenes que cubren aproximadamente un milímetro cúbico de tejido cerebral e incluye decenas de miles de neuronas reconstruidas, millones de fragmentos de neuronas, 130 millones de sinapsis anotadas, 104 células revisadas y muchas estructuras y anotaciones subcelulares adicionales, todo fácilmente accesible con la interfaz del navegador Neuroglancer H01 es hasta ahora la muestra más grande de tejido cerebral fotografiado y reconstruido con este nivel de detalle, en cualquier especie, y el primer estudio a gran escala de la conectividad sináptica en la corteza humana que abarca múltiples tipos de células en todas las capas de la corteza.. Los objetivos principales de este proyecto son producir un recurso novedoso para estudiar el cerebro humano y mejorar y escalar las tecnologías de conectómica subyacentes.

¿Qué es la corteza humana?

La corteza cerebral es la capa superficial delgada del cerebro que se encuentra en los animales vertebrados y que ha evolucionado más recientemente, mostrando la mayor variación de tamaño entre los diferentes mamíferos (es especialmente grande en los humanos). Cada parte de la corteza cerebral tiene seis capas, con diferentes tipos de células nerviosas (p. Ej., Espinosas estrelladas) en cada capa. La corteza cerebral juega un papel crucial en la mayoría de las funciones cognitivas de nivel superior, como el pensamiento, la memoria, la planificación, la percepción, el lenguaje y la atención. Aunque ha habido algunos avances en la comprensión de la organización macroscópica de este tejido tan complicado, su organización a nivel de las células nerviosas individuales y sus sinapsis interconectadas es en gran parte desconocida.

 

Axón verticilo - Axón en espiral único que produce múltiples floretes y sinapsis en el soma y los ejes dendríticos de las neuronas (Google/Harvard)
Axón verticilo - Axón en espiral único que produce múltiples floretes y sinapsis en el soma y los ejes dendríticos de las neuronas (Google/Harvard)

 

Cómo mapearon el cerebro

El estudio de los circuitos celulares del cerebro se conoce como conectómica. Obtener el conectoma humano, o el diagrama de cableado de todo el cerebro, es un disparate similar al genoma humano. Y al igual que el genoma humano, al principio parecía una hazaña imposible.

Los únicos conectomas completos son para criaturas simples: el gusano nematodo ( C. elegans ) y la larva de una criatura marina llamada C. intestinalis . Hay una muy buena razón para ello. Hasta hace poco, el proceso de mapeo consumía mucho tiempo y era costoso.

Los investigadores que mapearon C. elegans en la década de 1980 utilizaron una cámara de película conectada a un microscopio electrónico para obtener imágenes de cortes del gusano, luego reconstruyeron las neuronas y las conexiones sinápticas a mano , como un rompecabezas tridimensional tremendamente difícil. C. elegans tiene solo 302 neuronas y aproximadamente 7.000 sinapsis, pero el borrador de su conectoma tomó 15 años, y un borrador final tomó otros 20. Claramente, este enfoque no escalaría.

¿Qué ha cambiado en estos años? En resumen, automatización. En estos días, las imágenes en sí mismas son, por supuesto, digitales. Un proceso conocido como fresado con haz de iones enfocado reduce cada corte de tejido unos pocos nanómetros a la vez. Después de que se vaporiza una capa, un microscopio electrónico toma imágenes de la capa recién expuesta. Luego, el haz de iones corta la capa de la imagen y la siguiente, hasta que todo lo que queda del corte de tejido es una copia digital de resolución nanométrica. Está muy lejos de los días de Kodachrome.

 

Interneuronas L2 - Una selección de todas las interneuronas L2 que tienen más de 800 sinapsis excitadoras entrantes (Google/Harvard)
Interneuronas L2 - Una selección de todas las interneuronas L2 que tienen más de 800 sinapsis excitadoras entrantes (Google/Harvard)

 

Pero quizás la mejora más dramática es lo que sucede después de que los científicos completan ese montón de imágenes.

En lugar de ensamblarlos a mano, los algoritmos se hacen cargo. Su primer trabajo es ordenar los cortes con imágenes. Luego hacen algo imposible hasta la última década. Alinean las imágenes exactamente, trazando el camino de las células y las sinapsis entre ellas y, por lo tanto, construyen un modelo 3D. Los seres humanos todavía revisan los resultados, pero ya no hacen lo más difícil. Incluso la corrección de pruebas se puede refinar. El renombrado neurocientífico y defensor de la conectómica Sebastian Seung, por ejemplo, creó un juego llamado Eyewire, donde miles de voluntarios revisan las estructuras.

Es realmente hermoso de ver”, dijo a Nature en 2019 Jeff Lichtman, de Harvard, cuyo laboratorio colaboró con Google en el nuevo mapa. Los programas pueden rastrear neuronas más rápido de lo que el equipo puede producir datos de imágenes, dijo. “No podemos seguirles el ritmo. Ese es un gran lugar para estar“.

Seunge explicó que las personas son su conectoma. “Reconstruye las conexiones y reconstruye la mente misma: recuerdos, experiencia y personalidad”, precisó, en una charla TED de 2010.

 

Vasos sanguíneos - Vasculatura dentro del tejido renderizado en 3D (Google/Harvard)
Vasos sanguíneos - Vasculatura dentro del tejido renderizado en 3D (Google/Harvard)

 

Pero la conectómica no ha estado libre de controversias a lo largo de los años. No todo el mundo cree que el mapeo del conectoma a este nivel de detalle sea necesario para una comprensión profunda del cerebro. Y, especialmente en el pasado anterior y más artesanal del campo, a los investigadores les preocupaba que la escala de recursos requeridos simplemente no arrojará resultados comparativamente valiosos, u oportunos.

No necesito conocer los detalles precisos del cableado de cada célula y cada sinapsis en cada uno de esos cerebros”, expresó el científico Anthony Movshon en 2019. “Lo que necesito saber, en cambio, son los principios organizacionales que los unen”. Estos, cree Movshon, probablemente se pueden inferir a partir de observaciones a resoluciones más bajas.

Además, una instantánea estática de las conexiones físicas del cerebro no explica necesariamente cómo se utilizan esas conexiones en la práctica.

Un conectoma es necesario, pero no suficiente”, han dicho algunos científicos a lo largo de los años. De hecho, puede ser en la combinación de mapas cerebrales, incluidos los mapas funcionales de nivel superior que rastrean las señales que fluyen a través de las redes neuronales en respuesta a los estímulos, que el funcionamiento interno del cerebro se ilumine con el más nítido detalle.

Aun así, el conectoma de C. elegans ha demostrado ser un pilar fundamental para la neurociencia a lo largo de los años. Y la velocidad cada vez mayor del mapeo está comenzando a sugerir objetivos que alguna vez parecieron poco prácticos, en realidad pueden estar al alcance en las próximas décadas.

 

Interacción de dendritas trepadoras - Dos dendritas de axones separados que corren en paralelo, uno al lado del otro (Google/Harvard)
Interacción de dendritas trepadoras - Dos dendritas de axones separados que corren en paralelo, uno al lado del otro (Google/Harvard)

 

Seung cree que cuando comenzó, estimó que le tomaría un millón de años a una persona rastrear manualmente todas las conexiones en un milímetro cúbico de corteza humana. El cerebro entero, infirió además, tomaría el orden de un billón de años. Es por eso que la automatización y los algoritmos han sido tan cruciales para el campo.

Gerry Rubin, biólogo americano especializado en genomas y genética, expresó que él y su equipo han supervisado un aumento de 1000 veces en la velocidad de mapeo desde que comenzaron a trabajar en el conectoma de la mosca de la fruta en 2008. El conectoma completo, cuya primera parte se completó el año pasado, podría llegar en 2022.

Otros grupos están trabajando en otros animales, como los pulpos, y dicen que comparar cómo se conectan las diferentes formas de inteligencia puede resultar un terreno particularmente rico para el descubrimiento.

El conectoma completo de un ratón, un proyecto que ya está en marcha, puede seguir a la mosca de la fruta a finales de la década. Rubin estima que pasar del ratón al ser humano necesitaría otro millón de veces más en la velocidad del mapeo. Pero señala el aumento de un billón de veces en la velocidad de secuenciación del ADN desde 1973 para demostrar que mejoras técnicas tan dramáticas no tienen precedentes.

El genoma también puede ser una comparación adecuada de otra manera. Incluso después de secuenciar el primer genoma humano, se han necesitado muchos años para escalar la genómica hasta el punto de que podamos realizar más plenamente su potencial. Quizás ocurra lo mismo con la conectómica.

 

Neurona con dos axones - Ambos hacen sinapsis salientes dentro del volumen (Google/Oxford)
Neurona con dos axones - Ambos hacen sinapsis salientes dentro del volumen (Google/Oxford)

 

Incluso cuando la tecnología abre nuevas puertas, puede llevar tiempo comprender y hacer uso de todo lo que tiene para ofrecer.

Creo que la gente estaba impaciente por lo que los conectomas proporcionarían”, opinó Joshua Vogelstein, cofundador del Open Connetome Project, el año pasado. “La cantidad de tiempo que transcurre entre la siembra de una buena tecnología y la práctica científica real utilizando esa tecnología suele ser de aproximadamente 15 años. Ahora han pasado 15 años y podemos empezar a hacer ciencia“.

Los defensores esperan que los mapas cerebrales proporcionen nuevos conocimientos sobre cómo funciona el cerebro, desde el pensamiento hasta las emociones y la memoria, y cómo diagnosticar y tratar mejor los trastornos cerebrales. Otros, entre ellos Google sin duda, esperan obtener información que pueda conducir a una informática más eficiente (el cerebro es asombroso a este respecto) y una poderosa inteligencia artificial.

No se sabe exactamente qué encontrarán los científicos a medida que, neurona por sinapsis, mapeen el funcionamiento interno de nuestras mentes, pero parece que esperan algunos grandes descubrimientos.

Un teléfono inteligente muestra una onda de audio. — Thomas Samson / AFP

La posibilidad de avivar el 'tempo' de reproducción en plataformas y aplicaciones abre el debate sobre si somos capaces de disfrutar y comprender a una velocidad mayor.

 En pro de la eficiencia (casi) todo vale. Corren tiempos efímeros, de timelines vertiginosos y novedades semanales. La producción audiovisual no cesa, vivimos insertos en la dictadura de lo inédito, atados a un buen puñado de estímulos que nos hacen desear, consumir, y si me apuran vivir, a un ritmo que no es del todo humano.

La enésima vuelta de tuerca llega en forma de acelere. Si no hay tiempo material para disfrutar de todo lo que la industria del entretenimiento nos tiene preparado, aceleremos los contenidos para que sean deglutidos en menos tiempo. Versión distópica del cebado forzoso del ganso para la obtención del foie gras pero con la industria cultural y nosotros, su audiencia, como protagonistas. 

La reciente incorporación por parte de WhatsApp de una doble velocidad –1,5x y 2x– en la reproducción de sus mensajes de audio abre de nuevo el debate sobre si no estaremos yendo demasiado rápido. La posibilidad de escuchar a un amigo o pariente cercano explicar algún pormenor con vocecilla de pitufo espídico puede resultar gracioso, incluso útil si el susodicho tiende a la digresión o al circunloquio, pero lo que es obvio es que da muestras de que algo no va del todo bien.

Para Molo (Manuel) Cebrián, al frente del exitoso podcast de psicología Entiende tu mente, tiene que ver con nuestra "ansia maximizadora". "Queremos sacarle el máximo rendimiento a todo y en el menor tiempo posible, vivimos en una sociedad ansiosa de más contenidos y de más información", explica Cebrián. Un ansia que nos convierte en infatigables corredores de fondo, incapaces de llegar a meta, bien porque no existe, o bien porque nos la van moviendo a cada paso.

"Esa necesidad de estar conectados con lo de fuera tiene una contrapartida clara, y es que nos desconectamos de lo de dentro, de nosotros mismos. Sabemos cómo está la bolsa, qué ha ocurrido en China y qué se cuece en los diferentes grupos de WhatsApp que mantenemos con nuestros amigos, pero no nos preguntamos si estamos alegres o tristes, o si nos gusta nuestro trabajo", lamenta Mol. 

La oralidad manda

Y en esa vorágine los estímulos son muy importantes. La rueda debe girar y girar a expensas de nuestra salud mental. El paso de lo escrito, incluso de lo visual, a lo oral es un hecho. En los últimos cinco años han ido brotando ideas y apuestas que priorizan lo escuchado: Clubhouse es, en esencia, una red social de audio, Twitter acaba de incorporar sus Spaces, donde los usuarios pueden hablar a sus seguidores, Facebook ha anunciado la incorporación de Soundbites, una suerte de Tik Tok pero sin imágenes. Por no hablar del boom de los podcast y de la progresiva consolidación de los audiolibros. Lo oral manda. 

semejante parloteo. Es por ello que la posibilidad de incorporar una segunda marcha a las reproducciones tiene visos de haber venido para quedarse. ¿Podemos asumir semejante atropello verbal?, ¿puede nuestro cerebro soportar la locuacidad diarréica que propone la industria?, ¿podremos algún día conmovernos con un orador cuya prosodia se asemeja a la del Pato Donald rebozado en farlopa?

Hay dudas al respecto. Pablo Romero, periodista experto en tecnología y Premio Ondas 2018 por su podcast Las tres muertes de mi padre, lo tiene claro: "Creo que puede ser útil para un contenido puramente informativo, pero si lo que buscas es deleitarte con una historia, gozar de una sonoridad determinada, dejarte llevar por un guion trabajado, no es la herramienta adecuada porque no es capaz de transmitir un sentimiento determinado".

Quizá ahí esté la clave. En discernir entre oralidades. O mejor, en tener en cuenta la funcionalidad de dichas oralidades antes de proceder al rebobinado. No es lo mismo escuchar la dramatización de Don Juan Tenorio al doble de velocidad, que escuchar el soliloquio acelerado de una madre explicando los pasos a seguir para alcanzar la consistencia óptima de una tortilla de patatas. 

Diego Redolar, investigador del grupo Cognitive Neurolab de la Universitat Oberta de Catalunya, incide en la misma discriminación que plantea Romero pero desde la neurociencia. "Nuestro cerebro, para llegar a lo que la otra persona quiere expresar, utiliza diferentes redes neuronales, una que se centra en el contenido del mensaje y otra que nos aporta la información emocional", explica el profesor.

Como ya intuirán, una reproducción por encima de lo habitual merma la capacidad del cerebro de recopilar esa "otra información", esencial para complementar lo que es el puro relato de los hechos. "Estaríamos renunciando a la prosodia, y sin ella nuestro cerebro no puede saber qué siente la otra persona, la intencionalidad de sus palabras, el contenido emocional... ¿cuál es el límite? A poco que aumentes la velocidad, ya la estás perdiendo".

02/06/2021 22:33

Por Juan Losa@jotalosa

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Las redes sociales son sistemas de comunicación que convierten fenómenos marginales en centrales. Foto: Liesther Amador / UNEAC.

¿Qué pasaba en el mundo antes de la aparición de la COVID-19? Ocurrían en distintas latitudes protestas sociales: Beirut, Hong Kong, Cataluña, Puerto Rico, Chile, Colombia, Costa Rica. Las demandas de unos y otros se ajustaban a las inconformidades de cada geografía, sin embargo, poseían el común denominador de gestarse en sociedades democráticas, desarrolladas, a través de las redes sociales.

Esta fue la pregunta y la respuesta que inició la conferencia del profesor español y catedrático de la teoría de la comunicación, Ignacio Ramonet, en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC.

Al encuentro asistieron Alpidio Alonso Grau, Ministro de Cultura; Abel Prieto Jiménez, asesor del Presidente de la República y presidente de Casa de las Américas; Luis Morlote Rivas, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entre otras figuras del mundo artístico e intelectual.

Entender el nuevo desafío que imponen las redes sociales, implica analizar las trasformaciones en las lógicas de consumo y la reconfiguración de los escenarios políticos, sociales y culturales en el ciberespacio.

El autor de El imperio de la vigilancia destacó la gran interrogante que constituye internet, como la tercera gran revolución de las comunicaciones, y las recientes redes sociales, con no más de 20 años de existencia.

"La diferencia con los medios de difusión masiva es que no alcanzan el nivel de retroalimentación de las redes sociales. Éstas ponderan el diálogo constante, tienen una relación más fuerte con los receptores. Son sistemas de comunicación que convierten fenómenos marginales en centrales".

En este entorno comienzan a actuar fenómenos como la postverdad y las "fake news". La posesión de una gran cantidad de información pasa de erigirse como generadora de pensamiento crítico a productora de desconocimiento.

"El discurso acerca del sistema mediático, como manipulador de la información a favor de los dueños de medios y las clases dominantes, ha sido sobrepasado por la crítica de la extrema derecha populista. Existe una atmósfera de guerra entre la sociedad y los dirigentes políticos. Hay un espíritu complotista contra el complot que está en el poder. En Estados Unidos, por ejemplo, la crítica de muchos ciudadanos al sistema generó un ataque al Capitolio", explicó Ramonet.

Donald Trump, representante de esta extrema derecha, tenía en su cuenta en Twitter 33 millones de seguidores cuando el asalto al Congreso estadounidense. Este hecho fue encabezado por una masa fanatizada. Parte de los simpatizantes del expresidente son partidarios de Quanon: una teoría conspirativa que llevó, el 4 de diciembre de 2016, a Edgar Maddison Welch a disparar, con un rifle de asalto, en una pizzería en Washington DC. La causa del hecho fue la sospecha de que en el sótano de aquel lugar se reunían demócratas, cantantes y actores de Hollywood pedófilos.

Ramonet recordó en una entrevista con el periodista brasileño Breno Altman cómo, en la actualidad, los ciudadanos se movilizan más por un tema puntual que por una gran causa. Esto se complejiza en un entorno donde la conspiranoia y el fanatismo forma parte de un sistema atacado, además, por la incertidumbre de la COVID-19.

"Lo que domina a las redes es el pensamiento mágico. La verdad es cada vez más emocional y no real. Las redes están hechas para emitir y no para recibir. Existe una repolitización salvaje en un sentido antropológico", expresó el director de Le Monde Diplomatique.

En un artículo de La Jiribilla, titulado Las redes sociales, nuevo medio dominante, el catedrático aborda la proyección de un futuro cada vez más dependiente de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. La inteligencia artificial y la tecnología 5G, los algoritmos tendrán influencia directa en la organización misma de la sociedad y en la estructura política.

"La objetividad de la información (si alguna vez existió) ha desaparecido, las manipulaciones se han multiplicado, las intoxicaciones proliferan como otra pandemia, la desinformación domina, la guerra de los relatos se extiende. Nunca se habían “construido” con tanta sofisticación falsas noticias, narrativas delirantes, “informaciones emocionales”, complotismos. Para colmo, muchas encuestas demuestran que los ciudadanos prefieren y creen más las noticias falsas que las verdaderas, porque las primeras se corresponden mejor con lo que pensamos. Los estudios neurobiológicos confirman que nos adherimos más a lo que creemos que a lo que va en contra de nuestras creencias", agrega.

Actualmente, Facebook tiene 2 740 millones de usuarios aproximadamente; YouTube 2 291 millones y WhatsApp 2 000 millones. El protagonismo de las redes sociales en la vida cotidiana es irreversible. Las izquierdas no están exentas de este ecosistema comunicacional, padecen los mismos síntomas de esta era de los absurdos.

Cuba se inserta poco a poco en este entorno. A inicios de 2021 se reportaban 7 millones 700 mil cubanos conectados a la red de redes, lo que representa el 68 % de la población.

Ernesto Limia, vicepresidente primero de la Asociación de Escritores de la UNEAC, comentó sobre las complejidades del ciberespacio, como territorio reciente en la Isla, y cómo se imbrica con la situación de asedio político, económico y mediático que enfrenta el país. En dicho contexto, resaltó la importancia del estudio de la historia y la búsqueda de formas atractivas para acercarla a los más jóvenes.

"Detrás de las redes sociales hay mucha ciencia e innovación. ¿Quiénes son sus dueños? ¿Quiénes las financian? ¿A qué intereses responde? Sin duda estas tienen un alto componente ideológico y político, no sólo en el tema Cuba. En nuestro caso particular nos están tratando de crear una realidad virtual, manipulada. La batalla está en posicionar mejor nuestras líneas de mensaje", argumentó Abel González, vicepresidente de la sección de Literatura Histórico Social de la UNEAC.

El crítico, poeta y ensayista, Víctor Fowler, advierte la necesidad de "entender cómo funcionan las redes sociales y la transformación de la comunicación contemporánea: la cultura de los memes, los influencers, los youtubers, las personas que no son genios, intelectuales, líderes de moda o políticos, y sin embargo tienen una gran comunidad de seguidores. Hay que empezar a emplear los términos del siglo XXI. Nosotros en Cuba tenemos tarea doble, esa y comprender la dinámica de la agresividad contra el país".

Para Paquita de Armas Fonseca, crítica y periodista, lo primero es comenzar a interactuar con las redes sociales. Los nativos digitales asumen formas de socialización y consumo de información que distan de las formas tradicionales.

"Las redes sociales son una batalla de emociones, sentimientos, reacciones, a veces insultantes. Nos movemos en un medio de comunicación donde hay poco espacio para el intercambio civilizado de argumentos. Nos hemos habituado a los debates intelectuales de otras épocas, donde alguien hacía un ensayo y otra persona le respondía. Ahora estamos en una especie de torbellino de imágenes, sonido, chispas, fricciones. Cada día es más importante diseñar una política de comunicación que pondere la rapidez de la información", aseveró Abel Prieto, presidente de Casa de las Américas.

Será imprescindible la producción de contenidos adaptados a las lógicas del ciberespacio. Como señaló el músico e integrante del Dúo Buena Fe, Israel Rojas, esto involucra la necesidad de un estudio y una comprensión de las prácticas de consumo, a la par de políticas trasparentes y agendas públicas cada vez más cercanas a las inquietudes de la ciudadanía.

1 abril 2021

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Ajedrez cuántico, la variante con 'piezas fantasma' que complica el juego

¿Cómo se aplica la física cuántica a uno de los juegos más populares de todos los tiempos? Conceptos como el de la superposición o el entrelazamiento se mezclan con las normas tradicionales para multiplicar las posibilidades de las partidas

 

El ajedrez es un juego de prestigio. Los que lo practican a nivel profesional dedican gran parte de sus vidas a mejorar sus habilidades, aprender nuevas jugadas y penetrar en todos los recovecos de las 64 casillas y 32 piezas que componen una partida. Sin embargo, una nueva variante ha llegado para complicar todavía más el ya de por sí complejo deporte. En 2010, Selim Akl, director del Queen's School of Computing de la Universidad de Queen's (Canadá), inventó lo que se iba terminar conociendo como el ajedrez cuántico. En pocas palabras, se trata de una ramificación del ajedrez tradicional, en la que las normas convencionales se combinan con varios principios de la mecánica cuántica, como el de la superposición o el entrelazamiento. Cuatro años después del artículo científico que publicó Alk, Chris Cantwell, un estudiante de doctorado en el Instituto de Tecnología de California, simplificó las normas, aunque mantuvo la superposición como base principal del juego. Pero, ¿qué es la superposición? ¿Cómo es posible que se pueda aplicar la física cuántica al ajedrez? Y, sobre todo, ¿cómo se desarrolla una partida de ajedrez cuántico?

Daniel Alsina es doctor en información cuántica y Gran Maestro Internacional de ajedrez. "Yo he jugado un poco", asegura, "pero hay que decir que todavía no existen unas normas unánimemente aceptadas". Por eso es más útil explicar la lógica que sigue esta variante del ajedrez, que enumerar una por una todas las posibles reglas que puedan llegar a regirla. "Todavía hay varias propuestas encima de la mesa. Yo mismo inventé unas pocas reglas en mi tesis doctoral", bromea. Lo que sí que está claro, no obstante, es que todas esas propuestas tienen como base principios como la superposición, el colapso y el entrelazamiento. En cuanto al primero de los tres, la superposición, ya la definió el profesor Germán Sierra con motivo de un artículo acerca de los ordenadores cuánticos. "Imaginemos que tenemos un electrón", explicaba. "Ese electrón tiene dos estados: el cero y el uno". Hasta ahí, todo es como en la física clásica, pero existe una nueva posibilidad que es la que lo cambia todo y lo convierte en física cuántica, la superposición. "Si superponemos el cero y el uno, eso sería un nuevo estado cuántico". Ahora bien, "cuando volvamos a observar ese electrón, existirá un 50% de posibilidades de encontrar un cero y un 50% de encontrar un uno". Pero, ¿cómo se aplica eso al ajedrez?

Lo concreta el doctor Daniel Alsina. "En un momento dado", apunta, "puedes realizar un movimiento cuántico y mover una pieza a dos casillas distintas simultáneamente". ¿Qué pasa? Que, como señala el principio de la superposición, "cada una de las dos piezas en las que se ha desdoblado, por ejemplo, una dama, tiene el 50% de posibilidades de ser una dama real". Dicho de otra forma, cuando una dama se desplaza mediante un movimiento cuántico, cada una de las dos casillas a las que se desplaza la dama solo tienen un 50% de contenerla de verdad. En la otra casilla, en cambio, no hay nada. Si, más adelante en la partida, esas dos damas volvieran a dividirse, cada una de las cuatro casillas en las que habría una dama solo tendrían un 25% de posibilidades de contener la dama real. Y, precisamente por este principio, tiene el azar un papel tan importante en el ajedrez cuántico. En el momento en que tratemos de matar a una ficha rival con alguna de esas cuatro 'damas cuánticas', es posible que lo hagamos con una que sea una 'dama fantasma'. En ese punto, una aplicación móvil realizará lo que se denomina, también en física cuántica, una medición: mediante una probabilidad, establecerá si la dama con la que queremos matar una ficha rival es real o ficticia. 

"Ese cálculo es lo que se correspondería al colapso, otro principio", resuelve Alsina. "En física, es el momento en que observamos una partícula y queremos comprobar si realmente está allí". En ajedrez cuántico, se produce cuando queremos interactuar con una ficha del rival. Queremos saber si nuestra ficha está realmente ahí y, por tanto, podemos capturar a la otra. "Para eso", especifica Alsina, "es necesario un ordenador que lo determine al azar". 

No es posible el jaque mate

Esa superposición de la que habla el doctor Alsina hace imposible, entre otras cosas, que pueda llegar a existir el jaque mate. "Piensa que no podemos tener la certeza de que el rey al que hemos acorralado sea el real", argumenta. Puede ser, en caso de que nuestro rival hubiera llevado a cabo un movimiento cuántico, un 'rey fantasma', por lo que la única forma de ganar la partida es arriesgarse, matar al rey y esperar que el cálculo azaroso declare que era real y que, por tanto, está muerto. Ahora bien, en caso de que fuera un 'rey fantasma', el rey de verdad permanecería vivo y la partida continuaría. En cuanto a otros principios, como el del entrelazamiento, el doctor advierte que son más difíciles de explicar, tanto en física cuántica, como en ajedrez cuántico. Tanto es así, que el propio Albert Einstein definió dicho principio como "una espeluznante acción a distancia". En palabras llanas y aplicándolo al ajedrez, significaría que el estado de una pieza está estrechamente vinculado al de otra y que los cambios en una, comportan cambios automáticos en la otra. "En física", advierte el doctor, "es uno de los principios con más potencial. Podría tener implicaciones, incluso, en la teletransportación".

A efectos prácticos, hoy por hoy es posible jugar al ajedrez cuántico en varias plataformas. Especialmente es Steam, la que ha obtenido una mayor aceptación entre los jugadores, aunque, como avisa Alsina, hay muchas versiones distintas con normas distintas. "Hace unos meses", recuerda, "hubo una competición entre empleados de distintas empresas punteras en el sector". A pesar del incipiente estado en el que se encuentra el juego, el ajedrez cuántico ya despierta el interés de Google, Microsoft o IBM. 

Por Samuel Martínez

29 de marzo de 2021 22:26h

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Miércoles, 24 Marzo 2021 06:13

Europa: digitalizar y humanizar

Europa: digitalizar y humanizar

La digitalización se ha convertido en la fuerza motriz de la economía moderna y en Europa toma impulso la necesidad de ejercer sobre ella una gobernanza democrática. ¿Es posible producir una transformación digital más centrada en el ser humano?

 

Hace apenas dos semanas, la Comisión Europea presentó su visión de una «década digital» europea. Con unos objetivos políticos para 2030 centrados en las cuatro cuestiones cardinales de las competencias digitales (las infraestructuras y capacidades, los servicios públicos y la digitalización de las empresas), la Unión Europea (UE) pretende situarse a la cabeza de la revolución digital actual. Para garantizar que la tecnología permita a los ciudadanos y a las empresas construir una sociedad más próspera e inclusiva, necesitaremos mercados abiertos y competitivos. Cualquier empresa debe tener las mismas oportunidades de innovar y ofrecer sus productos y servicios a los consumidores, independientemente de su tamaño.

La digitalización es hoy día la clave para desarrollar la resiliencia económica y social y ejercer una influencia global. Nuestro futuro compartido ya está tomando forma en el ámbito digital. En un mundo marcado por una intensa competencia geopolítica por la primacía tecnológica, debemos asegurarnos de que la visión de la UE sobre la digitalización -basada en sociedades abiertas, el Estado de Derecho y el respeto de las libertades fundamentales- demuestre su valor frente a la de los sistemas autoritarios que utilizan las tecnologías digitales como herramientas de vigilancia y represión.

Al potenciar sus propias capacidades, la UE puede contribuir a mejorar la transformación digital del mundo. El éxito de la década digital de Europa requerirá que la UE forje sólidas alianzas y relaciones de trabajo con países afines, tanto a nivel bilateral como multilateral. Al fin y al cabo, para aprovechar todos los beneficios de la innovación tecnológica es necesario mantener una economía digital abierta en la que las inversiones puedan fluir libremente. Ya sea desplegando soluciones digitales en materia de salud, luchando contra el terrorismo, mitigando el cambio climático, protegiendo la biodiversidad o utilizando la tecnología para predecir desastres naturales y futuras pandemias, necesitaremos mucha más colaboración tecnológica a nivel internacional. Pero la digitalización conlleva graves riesgos, que van desde la vigilancia masiva y los ciberataques a infraestructuras críticas, hasta la difusión de desinformación promovida por terceros Estados que pretende polarizar nuestras sociedades y socavar la democracia. Por todo ello, debemos encontrar un equilibrio entre apertura y la defensa de nuestros intereses y valores fundamentales. En concreto, debemos adherirnos a tres principios generales: la igualdad de condiciones en los mercados digitales, la seguridad en el ciberespacio y la libertad en línea (incluida la protección de la libertad de expresión y de reunión, y contra la discriminación y las violaciones de la privacidad).

La UE está determinada a reforzar las relaciones bilaterales, fijar normas más claras y establecer cadenas de suministro digital más resistentes. Por este motivo, hemos propuesto a la administración estadounidense de Joe Biden la creación conjunta de un Consejo de Comercio y Tecnología. La UE también promueve la creación de una coalición global en torno a una visión compartida de la digitalización centrada en el ser humano. Debemos unirnos a aquellos actores que estén dispuestos a cooperar para proporcionar una gobernanza democrática eficaz sobre la tecnología y la economía digital. Cualquier coalición de este tipo debe estar abierta a todos los que estén dispuestos a defender un modelo abierto y descentralizado de Internet y los principios de equidad en los mercados digitales, seguridad en el ciberespacio y libertades individuales en línea.

Trabajando juntos, podemos establecer normas para la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes sobre la base de valores compartidos, cosechando los frutos de las innovaciones de unos y otros y construyendo defensas más fuertes contra los ciberataques. Una coalición de socios con ideas afines puede garantizar que la interdependencia de nuestras cadenas de suministro digitales se convierta en una fuente de seguridad y resistencia, en lugar de un riesgo añadido.

La década digital es asimismo nuestra última oportunidad para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030. Sabemos que la tecnología digital tiene el potencial de facilitar la inclusión y el acceso a los servicios públicos en todo el mundo. En África, la proporción de la población con acceso a Internet ha aumentado del 2% en 2005 al 40% en 2019, lo que ha permitido que más niños reciban educación y que más mujeres consigan un empleo. Sin embargo, hasta que no cerremos la brecha digital mundial, no aprovecharemos todo el potencial de las nuevas tecnologías.

Para ello, la UE propondrá próximamente una iniciativa que combinará recursos financieros y asistencia técnica para ayudar a sus socios a desarrollar sus propios marcos de gobernanza digital, incluso en ámbitos como la ciberseguridad y la protección de datos. Por ejemplo, un nuevo Fondo de Conectividad Digital podría apuntalar estos esfuerzos, cuya viabilidad exploraremos en los próximos meses junto a nuestros socios.

Por último, preservar un Internet seguro y abierto requerirá desarrollar un modelo de multilateralismo más inclusivo, que reúna no solo a los gobiernos, sino también a representantes de la sociedad civil, el sector privado y el mundo académico. Este modelo puede guiar nuestras acciones dentro de las organizaciones internacionales -desde las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio hasta la Unión Internacional de Telecomunicaciones- para garantizar que las normas internacionales se ajusten a su propósito.

Un proyecto común, basado en principios compartidos, guiará nuestros esfuerzos para lograr una transformación digital más centrada en el ser humano, y que maximice los beneficios de la tecnología y minimice los riesgos que plantea. Tanto en el ciberespacio como en el mundo físico, Europa seguirá defendiendo los valores globales fundamentales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 estableció la dignidad de la persona, el derecho a la intimidad y a la no discriminación, y las libertades de expresión y de creencias. Es nuestro deber común asegurarnos de que la revolución digital esté a la altura de esa promesa.

Fuente: Project Syndicate

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El dolor social, arma política del capitalismo digital

Vivimos en una sociedad enferma. Las manifestaciones son muchas. El uso de antidepresivos, ansiolíticos, y los derivados del opio muestran un comportamiento poco habitual. La crisis de la oxicodona en Estados Unidos ha convertido el dolor en un negocio para los laboratorios farmacéuticos. Asimismo, se ha transformado en una epidemia a la cual se unen conductas autolíticas. Autolesionarse resulta una vía de escape para millones de personas en el mundo. El temor al fracaso es una de sus causas más comunes. Los jóvenes y adolescentes se encuentran entre la población más vulnerable. Infringirse daño se transforma en un modo de sentirse libre, de romper ataduras.

No son los dolores del cuerpo los que provocan el deseo de autolesionarse. Por el contrario, son los dolores sociales, aquellos dependientes de las estructuras de explotación, dominio y desigualdad. La pérdida de confianza y la soledad actúan como catalizadores de un dolor cuya forma de combatirlo consiste en violentar el propio cuerpo. La depresión, la neurosis o el trastorno límite de la personalidad, caracterizado por la forma en la cual la persona se piensa y siente en relación consigo misma y los demás, son síntomas de una realidad propia del siglo XXI y el capitalismo digital.

Richard Wilkinson y Kate Pickett, en su ensayo Igualdad, cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo, alertan: "En Gran Bretaña 22 por ciento de los adolescentes de 15 años se han hecho daño a sí mismos al menos una vez, y 43 por ciento de ese grupo afirmaron hacerse daño una vez al mes. En Australia, un estudio con adolescentes señala que 2 millones de jóvenes se autolesionan alguna vez a lo largo de su vida. En Estados Unidos y Canadá, los datos apuntan a que entre 13 y 24 por ciento de los escolares se lesionan voluntariamente y niños de sólo siete años se hacen cortes, se arañan, se queman, se arrancan el pelo, se provocan heridas y se rompen huesos deliberadamente".

Estas conductas hunden sus raíces en un cambio en la manera de percibir el dolor. “Cuesta imaginar que la angustia mental pueda convertir la vida en una experiencia tan dolorosa que el dolor físico resulte liberador y proporcione una sensación de control (…), pero son muchos los niños, jóvenes y adultos que afirman lesionarse al sentir vergüenza, autoexigirse o creer que no están a la altura”.

El dolor se construye y se articula. Así, entramos en otra dimensión en la cual las conductas hacia el dolor se pueden inducir y recrear. Según el coronel estadunidense Richard Szafranski “se trata de influir en la conciencia, las percepciones y la voluntad del individuo, entrar en el sistema neocortical (…) de paralizar el ciclo de la observación, de la orientación, de la decisión y de la acción. En suma, de anular la capacidad de comprender”.

Miedo y dolor, una combinación perfecta. El miedo se orienta hacia objetivos políticos. Sus reclamos pueden ser el desempleo, la inseguridad, el hambre, la exclusión o la pobreza. En este contexto, el dolor entra con fuerza en la articulación de la vida cotidiana, muta en un mecanismo de control. Y aquí el concepto se extravía.

William Davies, en su estudio Estados nerviosos, cómo las emociones se han adueñado de la sociedad, subraya: “Hasta la segunda mitad del siglo XX, la capacidad del cuerpo para experimentar el dolor por lo general se consideraba una señal de salud y no como algo que debía ser alterado empleando analgésicos y anestésicos (…). El paciente que simplemente pide ‘termine con el dolor’ o ‘hágame feliz’ no está exigiendo una explicación, sino el mero cese del padecimiento (…). La frontera que separa el interior del cuerpo comienza a ser menos clara (…). En esencia, despoja el sufrimiento de cualquier sentido o contexto más amplio. Coloca el dolor en una posición de fenómeno irrelevante y por completo personal”.

El dolor social, el padecimiento colectivo, la conciencia del sufrimiento, se desvanece en una experiencia imposible de ser comunicada. Pierde toda su fuerza. Ser feliz, eliminar el dolor o derivarlo hacia una vivencia personal, desactiva la crítica social y política, uniéndose a conductas antisistémicas.

Pero al mismo tiempo, el dolor se instrumentaliza. En este contexto, es un arma eficaz. Se busca crear dolor, potenciar sus efectos en las personas. Hacer que forme parte de una conducta flexible y sumisa, donde el dolor paraliza. En este sentido, la construcción de conductas asentadas en el manejo del dolor se ve favorecida por el desarrollo del Big Data y la interconexión de dispositivos capaces de penetrar en lo más profundo de la mente-cerebro. La realidad aumentada bajo la inteligencia artificial posibilita expandir el mundo del dolor en todas las direcciones. El llamado Internet de las cosas se convierte en una fuente inagotable de emociones y sentimientos, forjando estados de ánimo capaces de doblegar la voluntad bajo el control político del dolor social. Y lo más preocupante, está en manos de empresas privadas.

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El ‘boom’ de los ‘podcasts’: esta revolución sí será radiada, ¿o no?

Medio de comunicación al alcance de cualquiera, versión siglo XXI de las radios libres o un soporte más que las grandes corporaciones usarán y tirarán en su búsqueda de beneficios, los podcasts radiofónicos viven una explosión que no oculta las múltiples caras de este fenómeno.

 

En 2020 se crearon dos nuevos podcasts cada minuto en todo el mundo, unos 17.000 a la semana. Un total cercano a los 900.000 programas de radio digitales y descargables se estrenó durante el año pasado, frente a los 300.000 que lo habían hecho en 2019. Aunque un tercio de esos nuevos podcasts no prolongó su vida más allá del tercer episodio —se trataba, sobre todo, de pruebas para chequear el funcionamiento de herramientas gratuitas—, el 23% ha superado los diez publicados durante los últimos meses, lo que refleja una voluntad de continuidad y la constatación de que el podcasting es una de las manifestaciones culturales más representativas de esta época. En ella confluyen elementos tan dispares como la recuperación del audio y la voz como herramientas sociales, el capitalismo de grandes plataformas, las nuevas narrativas digitales, la prescripción desde los márgenes o el consumo de medios de comunicación en el siglo XXI.

Casi la mitad de esos 900.000 nuevos podcasts se emite en idiomas que no son el inglés, con un importante incremento del hindi, el portugués y el chino. Los podcasts en español se multiplicaron por siete durante 2020. Los datos los ofrece el portal Chartable, especializado en la medición de audiencias, descargas, anunciantes y volumen de negocio en el mundo del podcast, que califica como “increíble explosión” lo sucedido en el último año con esta forma de comunicación y señala el telón de fondo en el que se produce: la creciente competencia corporativa y la consolidación de un sector industrial. La batalla entre compañías como Spotify, Apple, Amazon, iHeartMedia, Podium, Podimo, iVoox o SiriusXM por el pastel de los podcasts promete ser cruenta. Lo está siendo ya, con inversiones multimillonarias y compras de plataformas, productoras y aplicaciones. El riesgo, evidente, reside en la uniformidad de contenidos que imponen estas grandes empresas y sus algoritmos. También en la más que posible conversión de contenidos hasta ahora de distribución gratuita en servicios de pago, como los de las plataformas de vídeo bajo demanda.

En 2001 Apple lanzó iPod, uno de los primeros reproductores portátiles de audio digital, y en 2004 Ben Hammersley utilizó en The Guardian por primera vez el término podcasting, mezcla de iPod y broadcasting (radiodifusión). Ese mismo año, Comunicando, de José Antonio Gelado, fue el primer podcast nativo digital en España, si bien anteriormente ya emitían por internet proyectos como Radio Gladys Palmera o Scanner FM. Uno de los hitos en la historia de los podcasts fue Serial, una investigación periodística de Sarah Koenig sobre el asesinato de una adolescente en Baltimore (Maryland, Estados Unidos) cuya primera temporada, emitida durante el otoño de 2014, logró cerca de 70 millones de oyentes.

Según el Digital News Report 2020, encuesta online realizada entre finales de enero y principios de febrero, cuatro de cada diez internautas escuchan podcasts en España. Lo que más aprecian es la comodidad del formato para informarse (54%), la variedad de temas y puntos de vista que ofrece (53%), el modo entretenido de conocer las noticias (53%) y la profundidad (51%) en el tratamiento de los temas.

Por edad, es significativa la diferencia de consumo entre los internautas hasta 44 años, entre los que la mitad (51%) es oyente. A partir de 45 años, la mayoría no lo es (67%). Entre 18 y 24 años, seis de cada diez internautas escuchan podcasts.

La encuesta también encuentra variaciones en el consumo según el género. Entre los hombres, hay un mayor porcentaje de oyentes de podcasts sobre actualidad (17%), deporte (16%) y especializados en temas de ciencia, salud, tecnología, negocios o medios de comunicación (15%). Las mujeres escuchan más podcasts de temas relacionados con los estilos de vida, arte, literatura, viajes, ocio y gastronomía. 

Según la selección de plataformas, sitios web y aplicaciones consideradas en este estudio, YouTube (55%), Spotify (32%), iVoox (17%), Google Podcasts (17%) y los de Radiotelevisión Española (14%) son los más utilizados por los internautas que escuchan podcasts en España.

Estamos en el aire

Georgina Marcelino ha encontrado en el podcast un espacio seguro, un lugar de aprendizaje y un altavoz más efectivo que otros para expresar sus preocupaciones y las de mujeres como ella, negra e inmigrante. Junto a Yania Concepción acaba de terminar la primera temporada de La güira, un programa de radio en internet que responde a la “necesidad de las dos, y de otras compañeras, mujeres racializadas, de un espacio en español que sirviese como punto de encuentro para hablar y comentar nuestras experiencias”.

Ninguna tenía experiencia previa y han ido aprendiendo sobre la marcha a escribir guiones, grabar y editar. La respuesta obtenida les dibuja una sonrisa en la cara: “Nos escuchan compañeras, mujeres que sienten ese espacio que queríamos crear. Nos escriben mensajes diciendo que les representa, que les gusta, que tal episodio les encantó, que están aprendiendo mucho… Nos ha permitido llegar y conocer a mujeres que están en otros países como Colombia o República Dominicana. Estamos recibiendo muchísimo apoyo de la comunidad negra de aquí, es muy agradable sentir esto”.

Lo que se escucha en La güira son “voces negras que ponemos en común cosas que se han silenciado durante mucho tiempo: nuestras experiencias a viva voz, sin paternalismos, sin la guía de una voz blanca que se imponga”. Como objetivo, este proyecto aspira a crear comunidad entre las mujeres negras y afrodescendientes, pero Marcelino sabe que al otro lado puede haber una audiencia amplia: “Nos dirigimos a todas las personas que están interesadas en escuchar y descubrir, desde voces negras, lo que es la experiencia de la mujeridad y la negritud, desde nuestros propios cuerpos”.

La güira está disponible en Spotify e iVoox, “plataformas abiertas, gratuitas para el público”, señala Marcelino, quien explica sus motivos para estar ahí: “Spotify es muy utilizada, todo el mundo la tiene instalada y es fácil seguir podcasts por allí, e iVoox es la plataforma más importante de podcasts en español, el público que te encuentra allí ya está acostumbrado a escuchar podcasts y los busca intencionadamente”. De momento, no obtienen un retorno económico, aunque han recibido algunas propuestas que están estudiando de cara a la segunda temporada. Marcelino concluye con una reflexión general, más allá de su programa: “El podcast es un espacio que nos está abriendo las puertas a muchas mujeres para hablar de las cosas que nos interesan, no solamente de modo experiencial y testimonial. Permite bastante libertad y llegar a personas a las que no llegarías tanto con otras actividades”.

A Isabel Cadenas Cañón le intriga cómo el pasado influye en el presente. También le atrae el silencio, como materia informativa y para romperlo. Lo materializa en(De eso no se habla), un podcast en el que han cristalizado varios conceptos con los que trabaja desde hace tiempo. “Me interesa entender cómo una guerra civil, una dictadura y una transición hecha de aquella manera siguen determinando los silencios que hay hoy en nuestra sociedad”, explica.

Mediante la narración de relatos personales, (De eso no se habla) se ha integrado en la comunidad que se afana por recuperar la memoria histórica en España. Esa mirada, admite su creadora, facilita llegar a un público que pudiera ser reacio a escuchar un programa sobre esta temática. Además de encontrar la financiación necesaria, localizar esas historias personales y a sus protagonistas es lo que más le está costando: “Es la parte más compleja, siempre, también una de las más emocionantes, porque en el fondo lo que más me gusta es escuchar historias de gente y los mundos que se abren con ellas”.

(De eso no se habla) forma parte de PRX y Google Podcasts. Cadenas detalla el vínculo con estas empresas: “Hace dos años, lanzaron un programa de profesionalización, con apoyo económico, formación y la creación de una comunidad internacional de creadores y creadoras de podcasts. Google puso el dinero y el programa lo llevó a cabo PRX, así que con Google no tuve relación más allá de conocer a algunas personas durante las formaciones en Boston. Con PRX sigo teniendo mucha relación, porque nuestro podcast es parte de su red y además usamos su plataforma de publicación para nuestros episodios”.

Para ella, no deberían existir grandes diferencias entre la radio y el podcast puesto que la materia prima es la misma: contar historias con audio. Pero considera que las emisoras convencionales no están apostando por la creación de contenidos, así que quienes quieren probar nuevas experiencias han encontrado su lugar en los podcasts. “No hay nadie poniendo límites al formato, ni a la duración, ni al tiempo que dedicas a cada historia. El podcast nos ofrece libertad. Ojalá eso cambie algún día y la radio convencional decida tomar más riesgos”.

La pandemia y el confinamiento para evitar su expansión se llevaron por delante el estreno de la segunda temporada de Invisibles, previsto para abril de 2020. Finalmente fue en noviembre cuando se empezó a emitir. “Ese parón inesperado nos sirvió para pensar qué queríamos hacer y cómo, y sacar una temporada distinta y mucho más rica”, valoran desde el equipo que realiza este podcast narrativo en forma de documental de no ficción cuyo primer episodio se lanzó en 2019 con el propósito de “hacer un periodismo en profundidad y reflexivo que también adoptara herramientas de las ciencias sociales”.

Invisibles se centra en tres inquietudes: el género, la migración y el racismo. En la primera temporada abordaron el trabajo del hogar y los cuidados, teniendo en cuenta que “debían ser las mujeres atravesadas por esta realidad las protagonistas y las que hablasen: escapar así del victimismo que a veces tiñe estas historias y de esa idea de que el periodismo es ‘dar voz’”.

En la segunda temporada, con cinco personas a cargo del programa, han tratado temas como el asilo en la población lgtbi, el problema de la vivienda, el trabajo sexual, los ataques racistas a centros de menores migrantes, la salud mental... “También en este tiempo le hemos dado más peso al diseño sonoro”, apuntan.

Invisibles está en Podium, Spotify, iVoox, Google Podcast y Apple Podcasts. Con Podium tienen un acuerdo para esta segunda temporada: “Publicar el podcast a través de ellos nos ha ayudado a amplificar el proyecto y su distribución y llegar a más personas, además de mejorar en algunos aspectos por el acompañamiento de Jimena Marcos, su editora jefa”.

En cuanto al futuro, se ven haciéndolo a largo plazo aunque, por el momento, “todo el retorno económico se invierte en el proyecto. Es decir, no vivimos de Invisibles. La primera temporada contó con el apoyo de Alianza para la Solidaridad. Y la segunda la pudimos realizar porque hicimos un crowdfunding y porque contamos con el apoyo de Podium Podcast”.

Trincheras de la cultura pop comenzó en mayo de 2018 como laboratorio de ideas, un work in progress sonoro desde el que abordar diferentes aspectos de la cultura popular con ánimo crítico, según lo describen sus responsables, Elisa McCausland y Diego Salgado, periodistas culturales y colaboradores de El Salto con su sección Ruido de Fondo.

En el podcast, que graban en casa, se plantean analizar en cada programa una faceta de la cultura popular, o la relación de la misma con otros imaginarios colectivos como la religión, la ecología, los totalitarismos o las pandemias. Reconocen que el alcance obtenido les resulta sorprendente: “Después de 28 episodios, solo en iVoox cada uno de ellos alcanza una media de mil escuchas que, dada la naturaleza de nuestro programa, nos parece una barbaridad”. Y encuentran una explicación en la diversidad de perfiles a la que llega una propuesta como la suya: “Queremos pensar que Trincheras, que nunca ha tenido más promoción que la justa y necesaria, ha crecido en oyentes gracias al efecto boca-oreja, la recomendación personal. Y eso implica tipos muy variados de personas, un oyente que visualizamos casi como un gran interrogante, lo que nos estimula mucho”.

Además de en iVoox, Trincheras de la cultura pop se puede escuchar en Spotify y en Apple Podcasts, pero de la distribución de este podcast se encarga consonni, productora de arte contemporáneo y editorial afincada en Bilbao. De hecho, forma parte de su proyecto radiofónico desde que este dio comienzo. McCausland y Salgado consideran que no tendría sentido fuera de allí y agradecen el trato dispensado: “Hay un retorno económico porque las amigas de consonni son muy legales en esto y no habrían dejado de ninguna manera que hiciésemos el programa gratis, pero tenemos claro que no lo hacemos por la remuneración”. 

Como uno de los motivos para el auge de los podcasts apuntan que “en estos tiempos convulsos, a la gente le gusta sentirse acompañada por el sonido de la voz humana, como antaño ocurrió con la radio o la televisión en su vertiente más social”.

¿La nueva radio libre?

Tras más de 200 programas y ocho temporadas, Sangre fucsia se encuentra en una fase de reajuste. Veterano programa de perspectiva feminista emitido en radios libres, el proyecto afronta ahora una reestructuración. Aunque les dé cierto pudor, la etiqueta de podcast feminista pionero se ajusta a lo que han lanzado a las ondas en este tiempo. “El podcast Hacia el sur en el Atlántico fue una inspiración directa y explícita cuando creamos Sangre fucsia pero es cierto que en 2013, cuando empezamos, el ecosistema feminista y de podcasts —y de podcasts feministas, claro— no tenía, ni de lejos, la efervescencia que experimenta actualmente”, recuerda Laura Gaelx, una de sus realizadoras.

Según ellas lo entienden, el formato podcast es propicio para amplificar las voces e ideas de sujetos no hegemónicos. “Siempre decimos que la radio es un medio especialmente feminista o accesible, ya que —en resumen— es barata y fácil de hacer y, además, nos libra de la dictadura de la imagen. Por supuesto, como en cualquier otro canal, conviven mensajes de todo tipo”.

Sangre fucsia, que sus creadoras suelen definir como fanzine sonoro, habita en varios mundos. “En el lado más activista —señala Gaelx—, lo subimos a Archive.org, un repositorio de materiales bajo licencias libres; a la web de nuestra emisora, Ágora Sol Radio; a nuestro propio blog y a la página de Pikara Magazine, con quienes colaboramos. Pero también se puede escuchar en plataformas más mainstream, como iVoox y Spotify”.

Para ellas, no hay duda de que los podcasts cumplen la función que en los años 80 y 90 cumplieron las radios libres: “El espíritu DIY [do it yourself, hazlo tú misma] se mantiene, al menos en nuestro caso, pero, al trasladarse a internet, lo que se logra es ampliar los públicos. Es indudable que los podcasts, en comparación con las radios libres, llegan a mucha más gente”.

La escritora Silvia Nanclares comparte esa apreciación sobre los podcasts y las radios libres: “Alguien dijo que el podcast es la radio sin todo lo que la radio no te permite hacer. La radio, no las radios libres, está sujeta a muchos corsés: anunciantes, editoriales, casi hasta morales, y temáticos. En el podcast no siempre hay esos límites, es mucho más libre. De hecho, tiene mucho más que ver con la tradición de las radios libres y la cultura digital”. Ella vaticina que los podcasts no van a ser flor de un día sino que permanecerán. “Son como hijos gamberros de la radio y la cultura digital, conviven perfectamente. E irán mutando con soltura”.

Nanclares lleva una temporada estudiando el universo de los podcasts para “SModa”, la revista de moda y tendencias de El País, tras aficionarse a la escucha después de ser madre. En sus indagaciones, se deja llevar para encontrar regalos para sus oídos. “Busco calidad técnica, parece una chorrada pero me condiciona mucho que el sonido me meta o no, y no hablo solo de buenos micros, sino de una propuesta de diseño sonoro, que no sea hablar sin más, que haya una creación en ese sentido”, asegura. Como oyente atenta, Nanclares separa el grano de la paja y advierte de algunos riesgos: “En todos los formatos acaban acampando los forococheros, pero sin duda, y sobre todo por esa genealogía que trazan con las radios libres, los podcasts tienen una vocación subversiva muy marcada, partiendo también de esa posibilidad que da el Juan Palomo o do it yourself. Pero, vamos, que morralla de contenido te encuentras también a espuertas”.

La comunicadora mexicana residente en Vallecas Susana Albarrán opina que el podcast es ya un lenguaje propio y que eso hace que se distancie de lo que significa hacer radio, aunque siga bebiendo de ahí. “Cumplen su función en la realidad de su tiempo: escucha a la carta, soportes individualizados, comunidades identitarias cada vez más segmentadas, lo que te lleva a ser un oyente mucho más selectivo”, explica y destaca que las radios libres y comunitarias siguen siendo la escuela para mucha gente que ahora hace podcasts, como lo fueron antes para muchas personas que acabaron trabajando profesionalmente en la radio.

Sin nostalgia, pero con ojo crítico, señala algunas diferencias entre los modos de hacer. “El tiempo de aprendizaje de las herramientas se ha acortado y con ello se pierde cierto sentido precisamente de vivir el proceso y de hacerlo en comunidad: el hecho de reunirse en las instalaciones de unos estudios, de una emisora, que te permitía socializar con gente muy diversa. Actualmente veo muchos podcasts con equipos de producción muy reducidos, y en una buena parte individuales”.

Albarrán participa activamente en El Salto Radio, donde destaca que “estamos casi experimentando y dando espacio a mucha gente que empieza, de nuevas, la experiencia de hacer podcast, eso trae frescura y te permite abrir bastante la mente”.

Por Juan Vallecillos

Jose Durán Rodríguez

@j_duran_r

20 mar 2021 06:00

Publicado enCultura
Miércoles, 17 Marzo 2021 05:52

Coto a los gobiernos que espían

Coto a los gobiernos que espían

El CyberPeace Institute (Instituto de Paz Cibernética) ha denunciado la creciente actividad y los escasos controles de empresas que comercializan software espía, a los que llega a calificar de "mercenarios". Desde este organismo critican duramente que, pese a las excusas por parte de estas compañías de que únicamente venden estas aplicaciones a gobiernos para ayudarles a combatir el crimen y el terrorismo, el número de casos en los que se viola indiscriminadamente la privacidad y se vulneran Derechos Humanos (DDHH) se dispara.

Pegasus, uno de los software espía más extendidos que desarrolla la empresa israelí NSO Group Technologies, tiene en su haber incontables violaciones de DDHH, habiendo sido utilizado por diferentes gobiernos contra periodistas, activistas y cualquier otra persona que, sin suponer una amenaza para la ley, sí eran voces contrarias a esos Ejecutivos.

Tal y como señala el CyberPeace Institute, estas malas prácticas son las que llevaron a WhatsApp a demandar en 2019 a NSO Group, tras asegurar que al menos 1.400 de sus usuarios fueron atacados con Pegasus. Basta una llamada telefónica a través de WhatsApp, incluso sin que ésta sea atendida, para instalar el software malicioso. A partir de ahí, Pegasus se haría con el control completo del teléfono móvil, pudiendo acceder a todo su contenido, geolocalizarlo, utilizar la cámara y el micrófono, etc.

Este es el motivo por el que la presidenta del CyberPeace Institute, Marietje Schaake,  demanda una legislación más restrictiva en el uso de este software espía. Compañías como Microsoft, Google, Cisco y LinkedIn, así como organizaciones como Amnistía Internacional o Access Now se han sumado a la demanda de WhatsApp.

NSO Group es la punta del iceberg de un mercado que mueve 12.000 millones de dólares al año; a la israelí se suman otras compañías que desarrollan este tipo de software, como Gamma Group (Reino Unido-Alemania); Memento Labs, conocida previamente como Hacking Team (Italia); Dark Matter (Emiratos Árabes Unidos) o Intellexa (Chipre), entre otras.

La opacidad con operan este tipo de compañías es absoluta, con la connivencia de los diferentes Gobiernos, pues no debe perderse de vista que para que sea posible un negocio mil millonario han de existir compradores. Para ocultar su rastro, las desarrolladoras de software espía acostumbran a operar con redes de empresas ficticias.

Se cargan las tintas contra gobiernos como el de Vietnam –Amnistía Internacional acaba de iniciar una campaña-, Bahrein, Marruecos o Arabia Saudí (con el caso del periodista asesinado Jamal Khashoggi como ejemplo), pero también están en cuestión el uso del software espía que realizan gobiernos considerados más democráticos. De hecho, el Citizen Lab canadiense, elaboró una investigación en 2018, llegando a detectar el software espía hasta en 45 países:

Argelia, Bahrein, Bangladesh, Brasil, Canadá, Costa de Marfil, Egipto, Francia, Grecia, India, Irak, Israel, Jordania, Kazajstán , Kenia, Kuwait, Kirguistán, Letonia, Líbano, Libia, México, Marruecos, Países Bajos, Omán, Pakistán, Palestina, Polonia, Qatar, Ruanda, Arabia Saudí, Singapur, Sudáfrica, Suiza, Tayikistán, Tailandia, Togo, Túnez, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uganda, Reino Unido, Estados Unidos, Uzbekistán, Yemen y Zambia.

Más recientemente y en respuesta a un requerimiento de la ONU, el Citizen Lab revelaba como hasta 25 países serían clientes sólo de NSO Group a través de sus numerosas empresas pantalla, utilizando el software espía para vulnerar la privacidad de periodistas, rivales políticos o activistas de DDHH, dentro y fuera de sus fronteras. El organismo canadiense es claro al afirmar que "los gobiernos, incluidos los Estados que generalmente se consideran respetuosos de los derechos y con un Estado de Derecho adecuado, también pueden implementar estas tecnologías en ausencia de transparencia pública y marcos legales apropiados calibrados a la naturaleza intrusiva de estas tecnologías".

España no escapa de la mancha del uso de software espía sin transparencia ni control. En 2015 y después de que fuera hackeado el hackeador, se reveló que tanto el CNI como la Policía Nacional fueron clientes de la italiana Hacking Team, precisamente, en tiempos de las cloacas del Estado con Jorge Fernández Díaz (PP) como ministro del Interior, hechos que aún están investigándose en sede judicial.

 Por, David Bollero

17 marzo, 2021

Publicado enSociedad
Domingo, 14 Marzo 2021 05:04

La expansión de las ‘big tech’

Una empleada revisa una CPU en un centro de datos de Google en Oregon; tiene 21 por todo el mundo

La mayoría de los seres humanos utiliza algún servicio de la compañía: unos 4.000 millones de personas del total de 7.800 millones de la población mundial

 

Google es un gigante que no puede parar de crecer. Como ejemplo, tomemos una unidad de prueba para prensa de un teléfono Android nuevo que todavía no ha salido al mercado y que es de una compañía ajena. En la pantalla de inicio se encuentra en posición preeminente un cuadro de texto para hacer búsquedas con Google. Debajo, el primer icono es una carpeta con 15 apps de sus servicios y al lado aparecen 3 apps más. En la parte inferior, en una posición centrada, está el icono de su navegador Chrome. ¿Se puede vivir sin Google? Una respuesta rápida podría ser: sí con un iPhone, pero no es cierto. El buscador por defecto en los móviles de Apple es Google y, entre su numerosa cartera de servicios, es fácil acabar por hacer uso no de uno, sino de varios de ellos.

La mayoría de los seres humanos utiliza alguno de los servicios de Google: unos 4.000 millones de personas del total de 7.800 millones de la población mundial actual. Alphabet es la empresa matriz creada en el 2015 para reorganizar el conglomerado de compañías que giran en torno a los servicios de Google, fundada a partir del buscador de internet lanzado por Sergey Brin y Larry Page en 1998.

El principio ético con el que se fundó de la compañía fue “Don’t be evil” (no seas malvado), pero unos tres años después de la reorganización bajo el paraguas de Alphabet, en el 2018, el lema bienintencionado de los idealistas ingenieros de software de Silicon Valley desapareció del código moral para adaptarse al de la matriz: “Haz lo correcto”. Una parte del idealismo se diluyó por el ­camino.

Para entender la forma en que Google crece imparable, hay que repasar cómo ha crecido y absorbido áreas de negocio en las que es el dominador absoluto. Su cifra de ingresos mantiene un crecimiento sin freno desde su creación –ver gráfico–, y cada año dispara sus beneficios. La publicidad no ha dejado de ser la principal fuente de ingresos de una compañía que ofrece a miles de millones de personas sus servicios ¿gratuitos?

A medida que Google empezó a tener éxito como buscador frente a las empresas que dominaban internet a finales del siglo XX, como Altavista y Yahoo!, fue abriendo siempre su perspectiva bajo la idea de “organizar la información del mundo”. Para Page y Brin, Google debía ser siempre una compañía lejos de las tradicionales, con la innovación como objetivo esencial, y con una estructura horizontal, muy abierta a la opinión de sus empleados. La aversión a la organización jerárquica vertical forma parte de su cultura empresarial.

Cuando uno visita unas oficinas de Google, no puede reprimir cierta envidia hacia quienes trabajan allí. Los empleados de la compañía californiana no solo gozan de los mejores sueldos del sector, sino también de unas libertades que rompen esquemas tradicionales. Disponen de comida y bebidas gratuitas, zonas de juegos y de relax, para dormir la siesta y ni siquiera tienen horarios rígidos, aunque eso pueda implicar que muchos puedan trabajar finalmente más tiempo que si los tuvieran.

La nueva sede que Google está construyendo en Mountain View, muy cerca de la actual, es un espacio de fantasía con carpas gigantes, espacios abiertos, paredes y techos transparentes y jardines. Todo en la línea inicial.

Ese espíritu de compañía diferente se ha ido transformando a lo largo de los años. En el 2001, el volumen del negocio de Google empezaba a desbordar a sus fundadores, que admitieron que necesitaban una “supervisión adulta”, por lo que ficharon a Eric Schmidt, un reputado ingeniero y directivo de empresas de Silicon Valley, como consejero delegado. Estuvo diez años en ese cargo, cuando lo relevó Page, que cedió el puesto en el 2015 a Sundar Pichai. Schmidt dirigió los pasos iniciales de Alphabet hasta que en el 2018 Pichai fue nombrado también consejero delegado de la empresa matriz.

Pichai ha delegado desde entonces en directivos de su confianza para llevar las riendas de las diferentes divisiones de Alphabet. Sencillamente, es un gigante muy grande que debe reportar beneficios a sus accionistas. No puede dejar de crecer. Las estimaciones de consultoras son que Google alcanza a gestionar alrededor del 60% de la publicidad digital, un mercado que no parece haber llegado ni mucho menos a su techo aunque su ritmo de crecimiento se halla ralentizado en los últimos ejercicios.

Otro indicio de que Google ya no es la empresa idealista en la que los trabajadores tenían una gran posición decisoria es el hecho de que en enero pasado, después de un año de organización en secreto, se presentó el primer Sindicato de Trabajadores de Alphabet (AWU), con una afiliación inicial de 400 personas, lejos a aún de los más de 120.000 empleados de la compañía.

Lo que no ha variado son los hitos que va logrando la compañía en esa “organización de la información” mundial. La mayoría de los vídeos que existen en internet pasan por YouTube, compañía de su propiedad. Cada día se suben más de 50 años de vídeos a esta plataforma, y se visualizan unos 90.000 cada segundo.

En las búsquedas –donde solo China se le resiste, por su política restrictiva–, Google es de lejos el motor más utilizado en el mundo. En conjunto es el 65% del mercado mundial —por esa ausencia del mercado chino, que le hace perder una importante cuota—, pero en numerosos países rebasa el 90%. Durante un día laboral, el número de búsquedas que se hacen en Google está cercano a los 7.000 millones de consultas.

La telefonía móvil es fundamental. Google no solo posee Android, el sistema operativo más popular, sino también una buena parte de los servicios asociados. Android está en el 71,9% de los móviles. El 27,3% es iOS de Apple. Las proporciones varían por países, mientras en Estados Unidos está muy equilibrado (50,7% iOS y 48,8% Android), en España la diferencia es más abrupta (78,8% Android y 20,5% iOS).

Google tiene también una importancia capital en la forma en que nos desplazamos. Google Maps ha cartografiado cada metro de las vías y caminos de buena parte del mundo. Además dispone del planeta virtual Google Earth y de Waze, la app colaborativa de navegador para carretera.

Después de dos décadas de perseguir la utilización de los enlaces de los periódicos sin pagar por ello y a partir de legislaciones claras como la de Australia, Google está dispuesta a abrir ahora una vía de pago a los editores para ­crear un nuevo agregador, Google News Showcase.

Su última incursión puede revolucionar el sector del turismo. Ofrece a los hoteles anuncios gratis en el buscador. Podría romper el duopolio Booking/Expedia y crear, quizás, otro monopolio.

Por Francesc Bracero

Barcelona

14/03/2021 02:31

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