La ONG israelí B’Tselem desnuda el apartheid y "supremacía judía" del río Jordán al Mediterráneo

 Mucho antes que el demoledor reporte de Human Rights Watch (https://bit.ly/3vcH58x) y la inquietante declaración del canciller francés Jean-Yves Le Drian (https://bit.ly/3fO6wXs), sobre el apartheid del gobierno del saliente premier Benjamin Netanyahu, la ONG israelí B’Tselem (a imagen de Dios, en hebreo), con sede en Jerusalén y filial en Washington DC, se había atrevido a publicar su sonoro reporte a principios de este año: U n régimen de supremacía judía desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo: Esto es apartheid (https://bit.ly/3umTllN).

No faltarán perfeccionistas que critiquen que B’Tselem se tardó 32 años, cuando muchos ya habíamos denunciado desde hace bastante tiempo el flagrante apartheid y neo-malthusianismo demográfico de Israel para atomizar y segregar a 6 millones de palestinos que todavía quedan del río Jordán al mar Mediterráneo (https://youtu.be/fr7FGtv6eek).

B’Tselem se dio a conocer hace ocho años por su reporte La política israelí en el área C en Cisjordania (https://bit.ly/3uyzike). El "área C" aludida abarca más de 60 por ciento (sic) de Cisjordania, totalmente bajo control militar de Israel, donde han asentado sus reales 400 mil colonos supremacistas judíos –sin contar los más de 200 mil colonos israelíes que han despojado a los palestinos autóctonos en 12 barrios de Jerusalén Oriental, Al-Quds, y de la que buscan su judaización total.

La aplastante mayoría de los colonos israelíes son ashkenazis: jázaros de origen mongol centroasiático conversos a la religión judía, según Shlomo Sand, historiador emérito de la Universidad de Tel-Aviv (https://amzn.to/3vmqq2x), y Arthur Koestler, autor de La decimotercera tribu (https://amzn.to/34q34No).

El explosivo reporte de B’Tselem no dista mucho de mi anatomía sobre "Las cuatro Palestinas" (https://bit.ly/3v3h1fW) y "Los cuatro subtipos de palestinos" (https://bit.ly/3whsQPX): “el régimen israelí ha dividido la zona en varias unidades ( sic) que define y gobierna en forma diferente. División relevante sólo para palestinos.

El espacio geográfico, contiguo al de los judíos, es un mosaico (sic) fragmentado para los palestinos como se aprecia en Conquista y divide; (https://bit.ly/3fA8aNP).

Según el perturbador reporte,“Israel otorga a los palestinos un diferente paquete (sic) de derechos en cada unidad –que son inferiores (sic) comparados a los derechos de los judíos–, cuando "el objetivo del supremacismo (sic) hebreo es avanzar en forma diferente en cada unidad" mediante "cuatro métodos": 1) Restringir la migración a los no-judíos y enajenar los terrenos palestinos para la construcción de comunidades judías. 2) Relegar a los palestinos a pequeños enclaves de ultra-centrifugación demográfica de hacinamiento antihigiénico. 3) Restricciones drásticas al movimiento de los palestinos no ciudadanos. 4) Negación de los derechos políticos.

La masiva inmigración de judíos a Palestina inició en 1882. Ya hace 13 años, Jewish Agency and Absorption Ministry (https://bit.ly/3p47G5p) señaló que desde 1948 (creación de Israel) más de 3 millones de "olim (migrantes)" de más de 90 ( sic) países –cuya mayoría provino de la ex Unión Soviética– se instalaron en Israel y en los territorios colonizados (https://bit.ly/3fwXPSJ).

B’Tselem toca un punto nodal sobre la selectiva inmigración a Israel que es legalizada "únicamente para judíos", en detrimento de los palestinos autóctonos” cuando la permisividad selectiva a judíos contrasta con la discriminación a los palestinos. LA ONG pone el dedo en la llaga sobre la Ley Básica de Israel (https://bit.ly/3wFpUN9), que consagra la supremacía del Estado judío por encima de los indefensos palestinos carentes de derechos ciudadanos, no se diga humanos.

Desde hace 73 años, la crono-demografía enfatiza la "guerra demográfica" y neo-malthusiana en curso: llegada masiva de la ex Unión Soviética de más de 3 millones de migrantes jázaros ashkenazis no-semitas a Israel, mientras han sido expoliados 6 millones de palestinos autóctonos, arrumbados en los países aledaños a Israel.

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Cohetes lanzados desde la Franja de Gaza hacia Israel, el 12 de mayo de 2021.Amir Cohen / Reuters

Por primera vez, la IA fue "un componente clave y un multiplicador de poder en la lucha contra el enemigo", según un alto oficial del Cuerpo de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

La reciente escalada de violencia de 11 días entre Israel y Hamás fue calificada como la "primera guerra de inteligencia artificial" por el Ejército israelí, que se jactó de haber usado tecnologías informáticas avanzadas para examinar la gran cantidad de datos de inteligencia que recopila sobre Gaza, informan medios locales.

"Por primera vez, la inteligencia artificial fue un componente clave y un multiplicador de poder en la lucha contra el enemigo", declaró un alto oficial del Cuerpo de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), quien precisó que se trató de "la primera campaña de su tipo para las FDI". 

En particular, se informa que la Unidad de inteligencia de élite 8200 utilizó programas apodados 'Alquimista', 'Evangelio' y 'Profundidad de la sabiduría'. El análisis impulsado por inteligencia artificial (IA) se aplicó a grandes cantidades de datos recopilados a través de imágenes satelitales, cámaras de vigilancia, interceptación de comunicaciones e inteligencia humana, según el Ejército israelí.

El programa 'Evangelio', por ejemplo, generó recomendaciones para determinar objetivos de ataque para la Fuerza Aérea de Israel, mientras que el sistema 'Alquimista' advirtió a las tropas israelíes de posibles ataques a sus posiciones.

Fuentes militares afirman también que se logró mapear con gran precisión la red de túneles utilizados por militantes palestinos debajo de Gaza. Estos datos habrían ayudado a asegurar el asesinato del alto comandante de Hamás, Bassem Issa, el oficial de más alto perfil eliminado por las FDI desde la operación israelí en Gaza en 2014, y de varios otros agentes.

"Años de trabajo, pensamiento innovador y la fusión de todo el poder de la división de inteligencia junto con elementos en el campo llevaron a la solución revolucionaria del subsuelo", señaló el alto oficial sobre el supuesto mapa.

  • En total, 277 palestinos, incluidos 70 niños y 40 mujeres, murieron como resultado de los ataques israelíes durante las hostilidades en Gaza, mientras que alrededor de 8.500 resultaron heridos, informó el domingo 23 de mayo la ministra de Salud de Palestina, Mai Alkaila. En la parte israelí, el conflicto se cobró la vida a 12 personas y dejó centenares de heridos.
  • Las confrontaciones estallaron este 10 de mayo y se prolongaron durante 11 días, hasta que el pasado viernes entró en vigor un alto el fuego entre Israel y Hamás, acuerdo en el que Egipto sirvió de mediador. 
  • La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, advirtió este jueves que los recientes ataques aéreos de Israel sobre Gaza podrían constituir crímenes de guerra. 

Publicado: 28 may 2021 20:39 GMT

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Para Bachelet, los ataques de Israel a Gaza podrían ser "crímenes de guerra"

"Las acciones de una de las partes no eximen a la otra de sus obligaciones"

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU advirtió que los recientes ataques de misiles israelíes en la franja de Gaza, que causaron al menos 242 muertos y 74 mil desplazados podrían constituir “crímenes de guerra”.

Así lo afirmó titular de ese organismo, Michelle Bachelet, quien señaló que esos ataques "siembran dudas sobre el cumplimiento israelí de los principios de distinción y proporcionalidad en la ley humanitaria internacional".

Si se demuestra que esos hechos fueron indiscriminados y desproporcionados, "podrían constituir crímenes de guerra", puntualizó la alta comisionada durante una sesión especial de ese organismo, que debatió acerca de la reciente escalada del conflicto palestino-israelí.

Los hechos a los que se refirió Bachelet fueron las respuestas del ejército israelí a los ataques lanzados por Hamas y otros grupos armados palestinos contra territorio israelí, que causaron al menos 10 muertos. Precisamente, la respuesta a esto fue una serie de misiles a gran escala que destruyeron viviendas, oficinas de organizaciones humanitarias, centros médicos y medios de comunicación.

"Pese a que Israel defiende (sostiene) que muchos de esos edificios acogían grupos armados o eran utilizados con propósitos militares, no hemos visto evidencias en este sentido", indicó la expresidenta chilena.

La alta comisionada matizó, además, que los ataques de Hamas también son "una violación de la ley internacional” por “ubicar recursos militares en zonas civiles densamente pobladas o atacar desde ellas". No obstante, aclaró que "las acciones de una de las partes no eximen a la otra de sus obligaciones".

Bachelet también comparó la situación de los civiles en Israel y Palestina. Dijo que mientras los ciudadanos israelíes "disponen de la Cúpula de Hierro y fuerzas militares profesionales para defenderlos”, los palestinos “no tienen protección alguna ante ataques aéreos contra una de las zonas más densamente pobladas del mundo".

Además, "no tienen lugar al que escapar debido al bloqueo por tierra, mar y aire implementado en los últimos 14 años" por Tel Aviv, agregó.

En tanto, el relator de la ONU para los derechos humanos en el territorio palestino, Michael Lynk, agregó que los palestinos de Gaza "viven en una desesperada situación que Naciones Unidas ha calificado de insostenible e invivible, una forma de castigo colectivo".

También denunció que los desalojos de palestinos en Jerusalén Este, uno de los desencadenantes del reciente conflicto, forma parte del plan israelí de aumentar los asentamientos ilegales con el fin de establecer un reclamo ilegal de soberanía, pese a las repetidas peticiones de la ONU para detener esa práctica.

Lynk reiteró su petición, emitida recientemente junto a otros responsables de derechos humanos de Naciones Unidas: que los recientes incidentes en Gaza y Cisjordania sean investigados por la Corte Penal Internacional.

Bachelet dio por su parte la bienvenida al alto el fuego alcanzado entre palestinos e israelíes el 21 de mayo, aunque subrayó que "mientras los problemas de raíz de esta violencia no sean enfrentados, será cuestión de tiempo que una nueva oleada de enfrentamientos comience".

"Debe haber un genuino e inclusivo proceso de paz que afronte esos problemas de raíz y acabe con la ocupación", concluyó.

27 de mayo de 2021

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Miércoles, 26 Mayo 2021 11:04

Paro con asiento territorial

Paro con asiento territorial

Dicen que cuando las fieras se sienten acorraladas responden atacando y no agachando la cerviz. Así les ocurre a quienes controlan el poder en una sociedad, acostumbrados a privilegios y a ser acatados sin mayores reparos, a controlar las riendas de la cotidianidad; cuando se enfrentan a todo lo contrario y sienten que los espacios se les cierran, atacan con dureza y sin reparar con precisión en sus consecuencias.

Esa es la reacción que hemos visto del gobierno Duque a lo largo de màs de dos semanas de alzamiento juvenil y popular: como fiera, ha salido a defender el poder instituido, a defender privilegios, a intimidar a quienes ya no aguantan más engaños ni más violencia oficial, a quienes se cansaron de ver esculcados sus bolsillos, a quienes las promesas oficiales ya no les generan expectativa alguna, a quienes sueñan con un presente y un futuro mejores.

Es la del Gobierno una reacción cargada de terror, síntesis del autoritarismo que desde décadas atrás marca al régimen colombiano y no solo al actual gobierno. Como resultado, la defensa de privilegios va dejando a su paso decenas de asesinados, heridos, desaparecidos, prisioneros, amenazados, violadas. Pero tal reacción es insuficiente para contener la decisiva acción de una nueva generación de connacioinales que no quieren vivir como lo padecieron quienes le antecedieron. Asombroso: exponiendo su humanidad, jóvenes de ambos sexos han enfrentado por semanas el demencial ataque de la guardia pretoriana del establecimiento, que con cada acción pretende atemorizarles por medio del despliegue de guerra química, operaciones de civiles armados incluso con fusiles, disparos de balas de goma, así como de municiones letales, como otra suma de recursos ‘convencionales’.

Un aguante dinámico de esta nueva generación se traduce temporalmente en varios triunfos: el primero, y de impacto sobre todos los hogares, la renuncia gubernamental al proyecto original de reforma tributaria, disfrazado con el eufemismo de Proyecto de Solidaridad Sostenible, seguido de la caída del jefe de la cartera de Hacienda. Tales conquistas se complementan con el parcial reconocimiento de matrícula cero, propósito aún pendiente de redondear, tanto en el tiempo como en el sentido profundo de educación gratuita, que debe ir asociada al carácter de universal, intemporal, así como al fortalecimiento del sistema público universitario y, por tanto, sin que se le asocie al pago por demanda, como se acostumbra en la política oficial para así financiar con dinero público el negocio de la universidad privada.

Tales triunfos se alcanzan en medio del fragor callejero, mediante la unidad juventud/sectores populares; triunfo que en otro escenario no logra la llamada oposición en el Congreso, que, por ejemplo, ha pretendido obligar a la renuncia de varios ministros por medio de debates y denuncias que desnudan el maridaje con la corrupción o con el despliegue desmedido de fuerza de la aviación militar contra escuelas guerrilleras donde instruyen a jóvenes recién reclutados.
Esos procederes y esos frutos debieran llamar la atención sobre qué y cómo hacer, y asimismo dónde concentrar la imaginación y los mejores esfuerzos colectivos a la hora de proceder con la demanda –que debiera ser construcción– de una sociedad otra.

Una forma renovada de construcción social y política se impone, entonces, y para que alcance la dimensión que merece es necesario escuchar y aprender de la generación que ahora invade las calles, dejando a un lado los ideologismos y la pretensión de dirigirlo todo, tan común en las organizaciones de marca roja.

El presente actuar juvenil ya tiene antecedentes, marcados por sus preocupaciones ante el constante deterioro ambiental (en contra de la minería, en pro del cuidado/recuperación de ríos y otras fuentes de agua; por la protección de bosques, selvas, páramos y similares), con énfasis en la igualdad de género, el respeto de las variadas opciones sexuales, las relaciones horizontales –no machistas ni patriarcales–, en las que se haga más, mucho más, se viva y se experimente, por encima de las discusiones eternas que son marca de la generación antecedente. Pero también con nuevos valores: respeto por la naturaleza como ser vivo y las otras especies que la habitan, todo ello como parte de una nueva y renovada agenda política. Un proceder en el que su desinterés por las formas de expresión electoral es persistente, como lo reiteran en encuestas recientes (ver las realizadas por el Dane sobre asuntos culturales, como la comentada en la presente edición, pág. 18).

En estas condiciones, contando además con su reiterada desconfianza frente a los gobiernos y sus materializaciones, como lo confirman las aludidas encuestas, la renovación de expectativas sociales y políticas es indispensable pero, además, factible –no cabe duda–, para lo cual debemos enrutarnos por los senderos que esa nueva generación marca, si de hacerles caso a la vida cotidiana y a la historia se trata.


Un indispensable llamado de atención extendido a la desconfianza por todo aquello que es estatal. Si es así, otro timbre para generar formas de sociedad, donde lo alternativo no se centre en lo ideológico y político formal, sino que, sin esperar que las soluciones vengan de aquellos que nos oprimen, se priorice la construcción de formas autogestionarias de educación, salud, seguridad y, en general, economía. Tal vez aquello de que otro mundo sí es posible –y con él otra democracia– pasa por vivencias cotidianas a través de las cuales se va horadando el verticalismo imperante en lo estatal y desde lo estatal.

Un nuevo trasegar que debe enfocar su mayor atención en la construcción y el control territoriales, para el caso de las ciudades los barrios, de manera que la gente se sienta realizando su modelo de vida, con formas particulares de gobierno en todos los niveles. Es un devenir en el que deben ser desplegadas nuevas formas de formación política, con énfasis en la comprensión de los cambios que en muchos ámbitos están en curso, con escuelas de formación permanentes donde también se recupere el interés por elaborar lo que usamos cada día, recuperando y valorando el trabajo artesanal, las artes y oficios; enfrentando el “úselo y bótelo”, como marca de rechazo a las actuales formas de consumo, relacionamiento y vida impuestas desde hace cuatro décadas y con las que, por demás, se potenció el individualismo –cada uno compra, cada uno consume, cada uno desecha. El aprender a hacer también propicia el trabajo y el consumo en equipo, así como nuevos modos de organización solidaria, cooperativas y mutuales pueden tomar forma a través de este proceder.

Un conjunto así de retos demanda para su abordaje mucha sensatez y poco triunfalismo. Es cierto que el neoliberalismo está cuestionado pero lejos aún de desaparecer. Hay que recordar que esa modalidad de capitalismo materializa una fase del capital que, por tanto, es un entramado global, por lo que no es posible que un solo país se desconecte y funcione en autarquía. Se trata de una fase que, además de lo económico –extractivismo en general–, se materializa en lo cultural, en toda la amplitud de la palabra.

La exigencia de mucha sensatez y poco triunfalismo se debe extender al gobierno, que vive una crisis pero que no está ante su derrota total, como tampoco lo está su mentor, cuestionado en amplios sectores sociales, sobre todo académicos y estudiantiles pero todavía con margen de maniobra, mucho más si tomamos en consideración la reacción del empresariado crítico del gobierno, que, viendo en riesgo la continuidad de sus negocios producto del cierre de autopistas y otras vías, respondió de manera positiva al llamado de gremios para rodear al gobierno, “gústenos o no”. Ese empresariado, a la par de otros sectores sociales con intereses y privilegios grandes o pequeños por proteger, es proclive al modelo de fuerza que les ofrece el Centro Democrático.

Entonces, sin triunfalismos, el reto es llevar el paro y sus potenciales organizativos alternativos a la profundidad del ámbito territorial, para allí y desde allí consolidar lo conquistado y redondear lo que está aún por lograrse.

Tales retos y procederes demandan la participación de todos, hombres y mujeres de este país. ¡Bienvenidos y bienvenidas, de ser así, a una nueva etapa de construcción social, política; a una nueva etapa de relacionamiento con la naturaleza; de hacer real una democracia directa, radical, participativa, plebiscitaria. En suma: una nueva forma de construir país.

 

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Publicado enEdición Nº279
Miércoles, 26 Mayo 2021 10:53

Paro con asiento territorial

Paro con asiento territorial

Dicen que cuando las fieras se sienten acorraladas responden atacando y no agachando la cerviz. Así les ocurre a quienes controlan el poder en una sociedad, acostumbrados a privilegios y a ser acatados sin mayores reparos, a controlar las riendas de la cotidianidad; cuando se enfrentan a todo lo contrario y sienten que los espacios se les cierran, atacan con dureza y sin reparar con precisión en sus consecuencias.

Esa es la reacción que hemos visto del gobierno Duque a lo largo de màs de dos semanas de alzamiento juvenil y popular: como fiera, ha salido a defender el poder instituido, a defender privilegios, a intimidar a quienes ya no aguantan más engaños ni más violencia oficial, a quienes se cansaron de ver esculcados sus bolsillos, a quienes las promesas oficiales ya no les generan expectativa alguna, a quienes sueñan con un presente y un futuro mejores.

Es la del Gobierno una reacción cargada de terror, síntesis del autoritarismo que desde décadas atrás marca al régimen colombiano y no solo al actual gobierno. Como resultado, la defensa de privilegios va dejando a su paso decenas de asesinados, heridos, desaparecidos, prisioneros, amenazados, violadas. Pero tal reacción es insuficiente para contener la decisiva acción de una nueva generación de connacioinales que no quieren vivir como lo padecieron quienes le antecedieron. Asombroso: exponiendo su humanidad, jóvenes de ambos sexos han enfrentado por semanas el demencial ataque de la guardia pretoriana del establecimiento, que con cada acción pretende atemorizarles por medio del despliegue de guerra química, operaciones de civiles armados incluso con fusiles, disparos de balas de goma, así como de municiones letales, como otra suma de recursos ‘convencionales’.

Un aguante dinámico de esta nueva generación se traduce temporalmente en varios triunfos: el primero, y de impacto sobre todos los hogares, la renuncia gubernamental al proyecto original de reforma tributaria, disfrazado con el eufemismo de Proyecto de Solidaridad Sostenible, seguido de la caída del jefe de la cartera de Hacienda. Tales conquistas se complementan con el parcial reconocimiento de matrícula cero, propósito aún pendiente de redondear, tanto en el tiempo como en el sentido profundo de educación gratuita, que debe ir asociada al carácter de universal, intemporal, así como al fortalecimiento del sistema público universitario y, por tanto, sin que se le asocie al pago por demanda, como se acostumbra en la política oficial para así financiar con dinero público el negocio de la universidad privada.

Tales triunfos se alcanzan en medio del fragor callejero, mediante la unidad juventud/sectores populares; triunfo que en otro escenario no logra la llamada oposición en el Congreso, que, por ejemplo, ha pretendido obligar a la renuncia de varios ministros por medio de debates y denuncias que desnudan el maridaje con la corrupción o con el despliegue desmedido de fuerza de la aviación militar contra escuelas guerrilleras donde instruyen a jóvenes recién reclutados.
Esos procederes y esos frutos debieran llamar la atención sobre qué y cómo hacer, y asimismo dónde concentrar la imaginación y los mejores esfuerzos colectivos a la hora de proceder con la demanda –que debiera ser construcción– de una sociedad otra.

Una forma renovada de construcción social y política se impone, entonces, y para que alcance la dimensión que merece es necesario escuchar y aprender de la generación que ahora invade las calles, dejando a un lado los ideologismos y la pretensión de dirigirlo todo, tan común en las organizaciones de marca roja.

El presente actuar juvenil ya tiene antecedentes, marcados por sus preocupaciones ante el constante deterioro ambiental (en contra de la minería, en pro del cuidado/recuperación de ríos y otras fuentes de agua; por la protección de bosques, selvas, páramos y similares), con énfasis en la igualdad de género, el respeto de las variadas opciones sexuales, las relaciones horizontales –no machistas ni patriarcales–, en las que se haga más, mucho más, se viva y se experimente, por encima de las discusiones eternas que son marca de la generación antecedente. Pero también con nuevos valores: respeto por la naturaleza como ser vivo y las otras especies que la habitan, todo ello como parte de una nueva y renovada agenda política. Un proceder en el que su desinterés por las formas de expresión electoral es persistente, como lo reiteran en encuestas recientes (ver las realizadas por el Dane sobre asuntos culturales, como la comentada en la presente edición, pág. 18).

En estas condiciones, contando además con su reiterada desconfianza frente a los gobiernos y sus materializaciones, como lo confirman las aludidas encuestas, la renovación de expectativas sociales y políticas es indispensable pero, además, factible –no cabe duda–, para lo cual debemos enrutarnos por los senderos que esa nueva generación marca, si de hacerles caso a la vida cotidiana y a la historia se trata.


Un indispensable llamado de atención extendido a la desconfianza por todo aquello que es estatal. Si es así, otro timbre para generar formas de sociedad, donde lo alternativo no se centre en lo ideológico y político formal, sino que, sin esperar que las soluciones vengan de aquellos que nos oprimen, se priorice la construcción de formas autogestionarias de educación, salud, seguridad y, en general, economía. Tal vez aquello de que otro mundo sí es posible –y con él otra democracia– pasa por vivencias cotidianas a través de las cuales se va horadando el verticalismo imperante en lo estatal y desde lo estatal.

Un nuevo trasegar que debe enfocar su mayor atención en la construcción y el control territoriales, para el caso de las ciudades los barrios, de manera que la gente se sienta realizando su modelo de vida, con formas particulares de gobierno en todos los niveles. Es un devenir en el que deben ser desplegadas nuevas formas de formación política, con énfasis en la comprensión de los cambios que en muchos ámbitos están en curso, con escuelas de formación permanentes donde también se recupere el interés por elaborar lo que usamos cada día, recuperando y valorando el trabajo artesanal, las artes y oficios; enfrentando el “úselo y bótelo”, como marca de rechazo a las actuales formas de consumo, relacionamiento y vida impuestas desde hace cuatro décadas y con las que, por demás, se potenció el individualismo –cada uno compra, cada uno consume, cada uno desecha. El aprender a hacer también propicia el trabajo y el consumo en equipo, así como nuevos modos de organización solidaria, cooperativas y mutuales pueden tomar forma a través de este proceder.

Un conjunto así de retos demanda para su abordaje mucha sensatez y poco triunfalismo. Es cierto que el neoliberalismo está cuestionado pero lejos aún de desaparecer. Hay que recordar que esa modalidad de capitalismo materializa una fase del capital que, por tanto, es un entramado global, por lo que no es posible que un solo país se desconecte y funcione en autarquía. Se trata de una fase que, además de lo económico –extractivismo en general–, se materializa en lo cultural, en toda la amplitud de la palabra.

La exigencia de mucha sensatez y poco triunfalismo se debe extender al gobierno, que vive una crisis pero que no está ante su derrota total, como tampoco lo está su mentor, cuestionado en amplios sectores sociales, sobre todo académicos y estudiantiles pero todavía con margen de maniobra, mucho más si tomamos en consideración la reacción del empresariado crítico del gobierno, que, viendo en riesgo la continuidad de sus negocios producto del cierre de autopistas y otras vías, respondió de manera positiva al llamado de gremios para rodear al gobierno, “gústenos o no”. Ese empresariado, a la par de otros sectores sociales con intereses y privilegios grandes o pequeños por proteger, es proclive al modelo de fuerza que les ofrece el Centro Democrático.

Entonces, sin triunfalismos, el reto es llevar el paro y sus potenciales organizativos alternativos a la profundidad del ámbito territorial, para allí y desde allí consolidar lo conquistado y redondear lo que está aún por lograrse.

Tales retos y procederes demandan la participación de todos, hombres y mujeres de este país. ¡Bienvenidos y bienvenidas, de ser así, a una nueva etapa de construcción social, política; a una nueva etapa de relacionamiento con la naturaleza; de hacer real una democracia directa, radical, participativa, plebiscitaria. En suma: una nueva forma de construir país.

 

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Un policía palestino inspecciona, el sábado pasado, las ruinas de un edificio gubernamental destruido por los ataques aéreos israelíes en la Ciudad de Gaza. Foto Xinhua

Israel perdió la batalla de la opinión pública en su "Occidente": manifestaciones multitudinarias por la "autodeterminación palestina" en Londres, París y en las entrañas de Nueva York –la mayor ciudad de judíos en el mundo–, donde convergieron las huestes de Black Lives Matter con los adherentes de Palestinian Lives Matter (https://youtu.be/fr7FGtv6eek).

Se repliegan los dos supremacismos racistas de Netanyahu y Trump, con su yerno talmúdico de turbios negocios castastrales Jared Kushner, y colocan en la picota sus espurios “Acuerdos Abraham (https://bloom.bg/3hUuenI)”.

Detecto cuatro consecuencias inmediatas: 1) reconexión de Hamas, agazapada en Gaza –gueto de 2 millones de habitantes que sufre un bloqueo inhumano desde hace siete años por cielo, mar y tierra–, con sus hermanos palestinos en “Jerusalén Oriental (https://bit.ly/3volfyZ)”, con los asombrosos millennials de Cisjordania y con los 6 millones (sic) de refugiados palestinos: esparcidos deliberadamente en Jordania (2.1 millones), Siria (528 mil 616), Líbano (452 mil 669) y Arabia Saudita (240 mil); 2) prodigioso despertar millennial de los "palestinos israelíes (sic)", discriminados como ciudadanos de segunda clase que propenden a una "guerra civil" y a la balcanización de Israel, según Shlomo Sand, historiador emérito de la Universidad de Tel-Aviv (https://bit.ly/3fpPVdT). El autor de La invención (sic) del pueblo judío (https://amzn.to/3vmqq2x)” pondera "si un Israel dividido se convertiría en Yugoslavia"; 3) fractura del Partido Demócrata: desde Black Lives Matters, pasando por la carta abierta de 500 ayudantes electorales de Biden (https://bit.ly/3hSOaqV), hasta SQUAD que encabeza la millennial AOC en alianza con el admirable judío progresista Bernie Sanders, quien calificó al premier Netanyahu de "racista" por su “alianza con Itamar Ben-Gvir y su partido extremista Fuerza Judía –que busca la instauración de un Estado supremacista teocrático judío– en su artículo al NYT (https://nyti.ms/3hT6joA).

La rebelión de la base y de influyentes congresistas del Partido Demócrata no es menor cuando dos israelíes-estadunidenses llevan la batuta conceptual para aplicar la etérea "solución de dos estados": el secretario de Estado Antony Blinken y el asesor de Seguridad Nacional Jacob Jeremiah Sullivan –sin contar que el esposo de la vicepresidenta Kamala Harris es el también israelí-estadunidense Douglas Craig Emhoff, abogado del lobby propagandista de Hollywood y su legendaria "Hasbara (publicidad distorsionada)", y 4) se tambalea el leitmotiv de los derechos humanos de la administración Biden que aplica dos pesas y dos medidas cuando se trata de proteger el apartheid de Israel.

La "solución de dos estados" de Biden parece encaminada a lidiar con un contencioso atomizado de "refugiados", de 12 millones de palestinos, que a otorgarles su autodeterminación y sus igualitarios derechos ciudadanos: en el seno de Israel, donde constituyen 20 por ciento, y en los territorios colonizados bajo ocupación ilegal del ejército judío.

El barómetro de los derechos humanos de Biden no será Xinjian (China), sino el devenir de las “cuatro Palestinas (https://bit.ly/3v3h1fW)” y los “cuatro subtipos de palestinos (https://bit.ly/3whsQPX)”.

El Apartheid de Israel no es menor cuando, tras haber sido denunciado tanto por Human Rights Watch (https://bit.ly/3fuMbGy) como por B’Tselem –Centro de Información de Israel para Derechos Humanos en los Territorios Ocupados (https://bit.ly/3umTllN)–, ha sido repudiado por nada menos que el canciller francés, Jean-Yves Le Drian (https://bit.ly/3fO6wXs).

La denuncia de B’Tselem es perturbadoramente demoledora: “un régimen de supremacismo (sic) judío del río Jordán al mar Mediterráneo: esto es apartheid”.

Otra ONG digna de consulta sobre las exac­ciones supremacistas del gobierno de Ne­tanyahu es Breaking the Silence, compuesta por veteranos del ejército israelí (https://bit.ly/3hWsAls).

¿Cuál será el destino aleatorio de seis millones de palestinos que todavía quedan en la "Palestina histórica" desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo?

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Decenas de manifestantes protestaron ayer frente en la embajada de Estados Unidos en México con un evento-acción político cultural por Palestina. Foto Guillermo Sologuren

La dinámica cronológica y bélica del conflicto israelí-palestino exhibe cinco escenarios para su cada vez mas elusiva "solución":

Primer escenario: una teocracia supremacista judía. Más allá de su retórica somnífera, Netanyahu –quien lleva 15 años como primer ministro de Israel– ha impuesto en forma gradual su neocolonialismo irrendentista que ha profundizado en su más reciente alianza con el partido supremacista Otzma Yehudit ("Fuerza Judía"), jefaturado por el legislador Itamar Ben-Gvir, quien pregona la “solución ( sic) de un solo Estado teocrático judío” que incluye tanto la anexión de "Jerusalén Oriental" en Al Quds como de Cisjordania: mediante la "transferencia"/deportación de seis millones de autóctonos palestinos (https://bit.ly/3v9SGp5) erradicados desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo (https://bit.ly/3bMvi9j). Este macabro escenario se aceleró con la tácita anuencia de Jared Kushner, el talmúdico yerno de Trump.

Segundo escenario: "dos estados". Creación de un Estado independiente ( sic) de Palestina, contiguo a Israel, al occidente del río Jordán. Tanto Hillary Clinton, hace seis años (https://reut.rs/3u9tUnB), como Biden (https://bit.ly/3bIU36e), se han pronunciado sin mucha convicción por los etéreos "dos estados" por delimitar.

Ni el Financial Times ni The Economist –portavoces del globalismo de los Rothschild que han vertido lágrimas de cocodrilo sobre el más reciente infanticidio en Gaza– se hacen ilusiones sobre este escenario; mientras, el muy influyente think tank RAND sentencia que los “israelíes en el amplio espectro político prefieren el status quo (mega sic) a la solución de los dos estados (https://bit.ly/3f7aICI)”. Este "status quo" conduce irreversiblemente al precipicio de mi "escenario cinco".

Tercer escenario: confederación. En el reciente reporte sobre su condena al inocultable apartheid de Israel y sus "políticas abusivas", Human Rights Watch (https://bit.ly/3vcH58x) insinúa sotto voce la "confederación" entre las entidades israelí y palestina.

La Confederación, totalmente inviable hoy y en el futuro cercano, forma parte del armamentario anestésico y analgésico de grupos marginales israelíes desde The Century Foundation, con sede en Nueva York (https://bit.ly/3wogZzF), que es ponderado en círculos como The New York Times (https://nyti.ms/3woc9Cl).

Cuarto escenario: referéndum. Es la solución que propone el supremo líder de la teocracia chiita de Irán, el ayatolá Jamenei: un "referéndum nacional en el territorio de Palestina", presentado a la ONU, con la participación de todo ( sic) el pueblo palestino, incluyendo musulmanes, cristianos y judíos, así como sus descendientes, para que ejerzan su "derecho a la autodeterminación" y el fortalecimiento del “derecho de los refugiados palestinos de regresar a su hogar histórico (https://bit.ly/3yxr2nK)”.

Tanto la "guerra demográfica" (http://goo.gl/hfP7qp) como la "guerra civil" (https://bit.ly/3frzYCG) de Netanyahu contra los palestinos están diseñadas para impedir una solución "democrática" integral en la "Palestina histórica".

Quinto escenario: extenuación palestina. En un enfoque cronogeopolítico, ya sea desde hace 104 años (declaración Balfour con la bendición de los banqueros Rothschild), ya sea con la creación de Israel en 1948, la realidad de los hechos en el terreno bélico y la crueldad del tiempo diacrónico –mas allá de todas las leyes internacionales y las resoluciones de la ONU– han desembocado en la atomización, segregación y consunción de “cuatro palestinas (https://bit.ly/3wkkmaE)” y “cuatro subtipos de palestinos (https://bit.ly/3uaAbze)” que prosiguen ineluctablemente su aparente dinámica irreversible: edulcoradas por falsas negociaciones que consumen deliberadamente muy largos periodos, salpicadas de intermitentes conflagraciones que empeoran su ontología.

Este "quinto escenario", el más real de todos, beneficia inexorablemente la consecución del "primer escenario" que significa la consunción del alma palestina.

¿Podrá Biden persuadir a Netanyahu, quien siempre ha despreciado la muy elusiva solución de "dos estados"?

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Estados Unidos-Israel, una alianza que va más allá de Biden o Trump  

Los intereses geopolíticos están por encima de todo

Los hechos demuestran el apoyo incondicional de Washington a su principal socio económico y militar en Medio Oriente desde 1967, que trasciende al inquilino de la Casa Blanca. 

 

Un determinismo histórico, estratégico y de mutua conveniencia política arroja siempre el mismo resultado en torno a Israel y Estados Unidos. Avanzan y retroceden juntos aunque no sólo en la sensible cuestión de Palestina. Joe Biden aparece hoy como una paloma al lado de Donald Trump pero su trayectoria demuestra lo contrario. El expresidente habló de la “debilidad” de su sucesor por no apoyar al gobierno de Benjamin Netanyahu unos días antes de que comenzara su operación Guardián de la muralla. Pero EE.UU no se quedó quieto: bloqueó una resolución posterior del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que pedía un cese de hostilidades en plena ofensiva israelí contra la Franja de Gaza.

Cuál es el Biden auténtico puede prestarse a polémicas. Pero los hechos demuestran el apoyo incondicional de Washington a su principal socio económico y militar en Medio Oriente desde 1967, cuando Lyndon Johnson ocupaba la Casa Blanca. El mandatario actual ya lo decía hace 35 años en el Senado: “si no hubiera un Israel, Estados Unidos debería inventar uno para proteger nuestros intereses en la región”. Era el 5 de junio de 1986. Biden perdió el pelo pero no las ideas que tenía.

Los vínculos entre los dos países son inalterables más allá de los presidentes y sus gobiernos. Se estrecharon en plena Guerra Fría y su dinámica alcanzó el status con que se los conoce hoy. Sus intereses geopolíticos están por encima de todo. Trump era una especie de cruzado en Tierra Santa pero Biden tampoco es uno de los Reyes Magos. Una diferencia es que el primero le había retirado en agosto de 2018 la ayuda social a Palestina. En abril último, el mandatario demócrata le restituyó a la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos en Oriente Próximo (UNRWA) -por sus siglas en inglés- los fondos que aquel le había quitado. Se destinarán 150 millones de dólares para esa organización, otros 75 para ayuda humanitaria en Cisjordania y Gaza y 10 más para respaldar el proceso de paz.

Las cifras de ayuda financiera que recibe Israel de EE.UU han llegado a los 3 mil millones anuales, según datos de la USAID, la Agencia de la potencia mundial para el declamado “desarrollo internacional”. Aun cuando es incomparable la diferencia en los recursos que destina Washington a su aliado con respecto a la Autoridad Palestina, en Israel se quejaron de la medida que tomó Biden con la Agencia de ayuda a los refugiados. Gilad Erdan, su embajador ante Estados Unidos y la ONU – cumple la doble función-, comentó el mes pasado citado por varias agencias internacionales: “He expresado mi decepción y objeción a la decisión de renovar la financiación de la UNRWA sin asegurarse primero de ciertas reformas, incluyendo detener la incitación y sacar el contenido antisemita de su currículum educativo”.

Lo que suele perderse de vista de esta relación simbiótica es su hegemonía militar en la región. En septiembre de 2017 y cuando Trump ya llevaba nueve meses gobernando, EE.UU abrió la primera base permanente de su país en el interior de una local, donde funciona la Academia de la Fuerza Aérea israelí, al oeste de las ciudades de Dimona y Yerujam, en el desierto de Néguev. Las conversaciones para su apertura se habían iniciado durante el gobierno de Barack Obama del que Biden era su vice. Las Brigadas Ezzeddin al-Qassam, ala militar de Hamas, informaron de un ataque a Dimona con cohetes. Ahí funciona un centro de investigación nuclear. EEUU también tiene un radar al este de esa ciudad con el que monitorea los lanzamientos de misiles en la región, según la página defensa.com.

La cooperación militar israelí-estadounidense está tan naturalizada que alimenta como pocas alianzas a la industria de armas basada en los dos países. Cualquier paralelo que se pretenda trazar con la capacidad de respuesta de Hamas en Palestina parece un ejercicio liviano. El especialista en temas militares, Paul Rogers, escribió en el sitio Open Democracy un detallado artículo que se titula: “Al final del enfrentamiento entre Israel y Gaza, la industria armamentista es la única vencedora”.

El autor explica que “las compañías israelíes estarán particularmente interesadas en dar el mejor brillo posible al rendimiento de las armas, especialmente el sistema Iron Dome, ya que apuntan a aumentar las ventas de sus armas ‘probadas en combate’. Dado que las empresas israelíes trabajan en estrecha colaboración con las corporaciones estadounidenses, será un proceso conjunto con el lobby militar estadounidense”.

El problema humanitario más grave que esta entente no percibe en su radar, es lo que queda detrás de las bombas que derrumbaron edificios enteros en Gaza o los cohetes que partieron de la Franja y causaron daños en ciudades del sur de Israel. El Ministerio de Salud de Gaza señaló que murieron 232 palestinos – de los cuales 63 eran niños - por los bombardeos israelíes, mientras que del otro lado de la frontera amurallada hubo 12 fallecidos. Una consecuencia adicional denunciada por Hamas son los 120.000 desplazados. Sobre una población total en la Franja de poco más de 2 millones de habitantes, representan casi el 5 por ciento de esa cifra.

Otra derivación clave de esta escalada es cómo se resintió la coexistencia pacífica aunque recelosa de israelíes y árabes o palestinos en varias ciudades. Estos últimos aprendieron de las guerras anteriores con el estado judío una cosa: no se retirarán de sus tierras aunque persista la campaña de colonización persistente y exacerbada por el derechista Netanyahu. El primer ministro de Israel ha demostrado con su política guerrerista que no quiere dos estados. Dio vía libre esta vez a la ocupación de zonas próximas a la mezquita de Al-Aqsa en una Jerusalén disputada.

No eligió días al azar para hacerlo. Fue al final del Ramadán, y también el 15 de mayo, cuando los palestinos sufrieron la Nakba - en árabe significa catástrofe- que recuerda la expulsión y éxodo de su pueblo entre junio de 1946 y mayo de 1948 en plena Guerra árabe-israelí.

Biden instó a un alto el fuego después de que avanzara lo suficiente la desproporcionada represalia de Israel contra los cohetes de Hamas lanzados desde la Gaza sitiada y empobrecida. Trump hubiera aplaudido esa ofensiva desde una posición más contemplativa. Ese juego de roles no altera la alianza monolítica e inmodificable construida por los gobiernos de Washington y Jerusalén hace casi seis décadas.

Por Gustavo Veiga

24 de mayo de 2021

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Sábado, 22 Mayo 2021 05:57

Gaza, entre el dolor y el triunfo

Gaza, entre el dolor y el triunfo

Los palestinos buscaron sus muertos y festejaron una victoria

Más de 1800 viviendas destruidas, más de 17 mil dañadas y esfuerzos por encontrar personas vivas entre los escombros.

 

A las dos de la mañana de este viernes entró en vigor el alto al fuego que devolvió una relativa calma a la Franja de Gaza y a Israel. Miles de palestinos festejaron el anuncio y el fin de los bombardeos israelíes en las calles Gaza. Durante el día no hubo aviones de combate ni alerta de cohetes, mientras continuaron los esfuerzos por encontrar personas entre los escombros de los últimos once días, aunque los choques entre la policía israelí y palestinos continuaron.

Cerca de las 11 de la mañana Israel reabrió el paso de Kerem Shalom para permitir la entrada de ayuda humanitaria a la Franja. El paso había permanecido cerrado durante todo el conflicto. Desde el viernes llegaron medicinas, equipamiento médico y comida a través del cruce Kerem Shalom.

El ministerio de Salud de Gaza informó el viernes por la noche que el número de muertos llegó a 248, 66 de ellos niños, y 1948 heridos. Según informó el diario israelí Haaretz, el viernes también encontraron el cuerpo de un niño entre los escombros de la ciudad de Gaza. Además, identificaron los cuerpos de nueve miembros del ala militar de Hamas en un túnel que había sido bombardeado.

Los habitantes de Gaza aprovecharon el alto al fuego para recorrer las calles de la ciudad, inspeccionar los daños y sus casas, muchas devastadas por los bombardeos israelíes. "Ha sido una verdadera guerra, aterradora, durante 11 días. Ni nosotros ni los niños pudimos dormir a causa de los bombardeos. Estamos muy felices tras el alto al fuego", declaró Mohamad Abu Odeh, un palestino de la Franja de Gaza.

Desde el ministerio de Vivienda y Obra Pública de Gaza informaron que más de 1.800 viviendas fueron destruidas y más de 17 mil dañadas, que resulta en pérdidas económicas de unos 350 millones de dólares. Además, detallaron que cinco torres fueron demolidas y 74 edificios quedaron reducidos a escombros.

Los enfrentamientos nuevos fueron registrados en la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén Este, el sector palestino de la Ciudad Santa ocupado por Israel. Allí informaron sobre nuevos choques entre la policía israelí y palestinos, donde también un fotógrafo de la AFP fue golpeado por la policía. Según fuentes oficiales palestinas, quince personas resultaron heridas producto de disparos de balas de goma y gases lacrimógenos utilizados por la policía israelí contra los palestinos.

En Cisjordania miles de palestinos realizaron protestas en las ciudades de Belén, Hebrón Y Nablus. Decenas resultaron heridos en enfrentamientos con el ejército israelí. Según la agencia oficial de noticias palestina Wafa, se trató de demostraciones de solidaridad con los palestinos en Gaza y en oposición a las políticas colonialistas de Israel. Otros incidentes estallaron en barrios de Jerusalén Este y en el paso fronterizo de Qalandiya entre Jerusalén y la Cisjordania ocupada, explicó la policía.

22 de mayo de 2021

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Sábado, 22 Mayo 2021 05:52

Israel-Palestina: la guerra silenciosa

Israel-Palestina: la guerra silenciosa

Israel se encuentra en una encrucijada. Los enfrentamientos civiles que desgarran el país son más inquietantes que la guerra militar contra Hamas. Estos ponen de manifiesto las contradicciones internas que Israel no ha querido o podido superar y que tienen su origen en un modelo político imposible: una democracia fundada en la exclusión sostenida de los ciudadanos árabes del aparato de Estado. Hoy algo parece haberse roto en la cultura política israelí, en el marco del crecimiento de una extrema derecha ultranacionalista que busca volver incompatibles identidad judía y democracia.

 

¿Por dónde comenzar el relato de una historia tan compleja como la que se desarrolla actualmente en Israel? Cuando dos bandos están enzarzados en un conflicto de tan larga data como el palestino-israelí, cada parte se vuelve experta en el arte de acusar a la otra de «haber empezado». Pero la cuestión de saber qué es exactamente lo que sucedió es aún más acuciante en tanto esta guerra no ha tenido en verdad precedente en la historia de Israel. 

En efecto, nunca antes Israel ha lanzado simultáneamente una operación militar importante contra un enemigo exterior (la organización terrorista Hamas en Gaza) e intentado luchar contra revueltas que involucran a la vez a judíos y a árabes dentro de Israel, manifestaciones palestinas en Cisjordania y manifestaciones árabes pacíficas en Jerusalén Este. (En el momento en que escribimos estas líneas, no se sabe si estos cuatro frentes engendrarán otros o si, por el contrario, la tensión va a disminuir).

Los acontecimientos en curso recuerdan más al Israel previo a la independencia –un periodo durante el cual los pioneros-colonos judíos se vieron enfrentados a enemigos exteriores e interiores– que a cualquier otra conmoción política atravesada por este Estado nación desde su creación. Sin embargo, allí termina cualquier eventual analogía, porque lo que hoy está en juego no es la existencia física del pueblo judío, sino el rumbo político y moral que tomará el Estado de Israel. Cualquiera sea la salida de este enfrentamiento, es posible que estemos en los umbrales de una sociedad que va a decidir una nueva dirección tanto política como moral para Israel. 

Para hacer inteligibles estos acontecimientos, hay varios puntos de entrada posibles. Podríamos comenzar por el video en que un adolescente árabe del barrio de Beit Hanina en Jerusalén Este abofetea en el tren ligero de Jerusalén, sin haber sido provocado, a un adolescente judío ortodoxo. Ese video, subido a TikTok, provocó indignación, alimentando el temor existencial sentido por muchos judíos israelíes, pero también su percepción de que «el odio de los árabes hacia ellos será eterno».

Podríamos sin embargo comenzar también un poco más tarde, el jueves 22 de abril, cuando miembros de la organización de extrema derecha Lehava atravesaron la ciudad de Jerusalén al grito de «muerte a los árabes».

O también podríamos tomar como punto de partida la decisión de la policía de cerrar con vallados la pequeña plaza situada delante de la Puerta de Damasco durante el mes sagrado de Ramadán. Esta puerta lleva a los estrechos y superpoblados barrios árabes de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y sus inmediaciones son desde hace ya mucho tiempo un lugar de encuentro de los hombres, mayoritariamente jóvenes (especialmente en las noches de Ramadán). Esto fue visto como una humillación más que venía a sumarse a la privación, en la vida diaria, de los derechos políticos para los árabes de Jerusalén: ellos representan 40% de la población de la ciudad, pero carecen de derechos políticos (pueden votar en las elecciones municipales, pero no pueden votar por un referente palestino ni en las elecciones legislativas; y si bien pueden solicitar la ciudadanía israelí, la mayoría de ellos se niega a hacerlo). 

Luego, cuando los israelíes impidieron, durante el mes de Ramadán, que miles de peregrinos llegaran a la mezquita de Al-Aqsa (el tercer sitio más sagrado del islam), la humillación se convirtió en profanación. En vísperas del Día de Jerusalén, que celebra la conquista de la ciudad por Israel en 1967, y tras una semana de tensión, la policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua sucia (que empapan a la gente y las calles con un olor nauseabundo insoportable) para dispersar y reprimir a los fieles, provocando cientos de heridos. 

Sin embargo, la guerra contra Gaza (un acontecimiento), a pesar de su atractivo televisivo, no debe desviar nuestra atención de procesos más silenciosos e invisibles que han jalonado la historia de Israel; me refiero a la sostenida privación de la libertad y la soberanía política de los palestinos de Cisjordania, y en consecuencia, al sentimiento de alienación de los ciudadanos árabes en una sociedad que no ha cesado de expresar cuando menos una profunda ambivalencia respecto a su presencia. 

La guerra civil que desgarra a Israel es mucho más inquietante que la guerra militar contra Hamas, porque pone de manifiesto las contradicciones internas que Israel no ha querido y quizá no ha podido superar. Esta guerra encuentra su origen en el modelo político imposible que Israel ha intentado promover: una democracia fundada en la exclusión sostenida de los ciudadanos árabes del aparato de Estado. Cualesquiera sean las buenas razones (de seguridad) de una exclusión estructural de esa naturaleza, ellas siguen siendo una fuente de profunda tensión, amplificada y multiplicada por la persistencia del control militar sobre los palestinos. 

Esta exclusión no es un mero efecto involuntario de la situación militar israelí. No, ha sido ratificada por numerosas leyes que diferencian entre ciudadanos judíos y árabes. Por esa razón, el punto de entrada más pertinente para entender la actual guerra civil es el intento ininterrumpido de los colonos judíos de expulsar a las familias palestinas del barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este. 

Este intento de expulsión se funda en una estructura jurídica que ilustra la disparidad de las leyes según se las aplique a árabes o a judíos. Las «propiedades de ausentes», definidas como aquellas propiedades abandonadas por los árabes al huir en 1948, no pueden en ningún caso ser reclamadas por sus propietarios árabes; en cambio, una propiedad abandonada par sus propietarios judíos puede ser reclamada incluso 70 años más tarde, y la ley autoriza la expulsión de familias palestinas de su casa (esta cuestión se discute actualmente en los tribunales).

En el fondo, la historia de Sheik Jarrah solo refleja la ley sobre el Estado nación adoptada en 2018 como ley fundamental (es decir que goza de un estatuto casi constitucional). Esa ley estipula que Israel es la nación de los judíos, lo que contribuye a dar aún más legitimidad a la exclusión de los árabes de un país construido sobre en una tierra de la que estos se consideran expropiados. Esta ley es la conclusión natural de la campaña implacable de provocación que Netanyahu y el bloque de la derecha han llevado adelante durante una década contra la población árabe, que equipara progresivamente a los ciudadanos árabes con los enemigos de Israel. 

Es la conclusión asimismo de 50 años de ocupación y de control de la población palestina: ni los judíos israelíes ni los árabes israelíes pueden disociar el estatuto de los palestinos en los territorios ocupados de aquel de los árabes dentro de la Línea Verde. Prueba evidente de esto es sin duda la alianza reciente entre el Likud, el partido de Netanyahu, y la extrema derecha radical, telón de fondo sin el cual es imposible comprender la explosión de odio de los últimos días en las calles de Israel. 

Evidentemente, los árabes no son solo víctimas desdichadas. Criminales y ultranacionalistas árabes han incendiado sinagogas y atacado a civiles sin recibir una condena real de sus dirigentes. Esto va a dejar una herida traumática en la historia de las relaciones entre judíos y árabes. Por otra parte, Hamas, que sigue siendo una organización terrorista, instrumentalizó cínicamente una manifestación pacífica en el barrio de Sheikh Jarrah para desencadenar una guerra, con el fin de ganar apoyo político en el marco del vacío dejado por los líderes de la Autoridad Palestina. 

No se debe subestimar el cinismo mortífero de Hamas. Pero como israelí judía, me parece más oportuno que mi reflexión se dirija a las fallas de mi propia colectividad, siendo aun así consciente de que el otro bando no es solo una víctima inocente y angelical (y a esto sumaría que la autocrítica no es uno de los puntos fuertes del campo árabe). 

El lector extranjero ignora que la extrema derecha israelí a la cual Netanyahu se ha aliado es de una naturaleza diferente de los partidos que habitualmente reciben esa calificación en Europa. Itamar Ben-Gvir, dirigente del partido de extrema derecha Otzma Yehudit (Fuerza Judía), tenía hasta hace poco en su casa un retrato de Baruch Goldstein. Goldstein fue un médico estadounidense que, mientras vivía en la colonia de Kiriat Arba (Hebrón), asesinó a 29 musulmanes que rezaban en la Cueva de los Patriarcas. Ben-Gvir, por su parte, es abogado y defiende a terroristas judíos y autores de crímenes de odio. La organización Lehava, estrechamente asociada a Otzma Yehudit, tiene como misión impedir los matrimonios interconfesionales y la mezcla de «razas».

El presidente de Israel, Reuben Rivlin, alguien de quien sin embargo no puede decirse que lleve la izquierda en el corazón, ha descripto históricamente los ataques de Lehava contra los matrimonios interconfesionales en términos inequívocos: los integrantes de ese movimiento, ha dicho, son como «roedores que socavan desde el interior el fundamento común democrático y judío de Israel». Asimismo, Lehava hace públicos (con el objeto de exponerlos a la vergüenza) los nombres de judíos que alquilan viviendas a árabes. Una ideología tal solo es comparable con la del Sur profundo estadounidense de principios del siglo XX. 

Netanyahu se ha convertido en su aliado político natural y ha virado así hacia las formas más extremas del radicalismo de derecha. Estos grupos avivan las llamas de la guerra civil esparciendo el racismo en el seno de la sociedad israelí, al grito de «muerte a los árabes».

Es necesario subrayar que estos grupos no representan al conjunto de la sociedad civil israelí, cuyos integrantes han trabajado con mucho ahínco en la creación de puentes entre las sociedades judía y árabe. Mordechai Cohen, director del Ministerio del Interior, publicó en su página de Facebook un video que recuerda al público israelí los muchos y pacientes años de trabajo que su ministerio ha consagrado a la integración de los árabes en la sociedad israelí y a la creación de lazos profundos entre ambas poblaciones. 

No se trata de las palabras vacías de contenido de un representante del Estado. Y si bien estos lazos han estado quizá lejos de ser totalmente igualitarios, no dejan de ser reales y poderosos, y sugieren que Israel es, en muchos aspectos, un ejemplo en materia de fraternidad entre judíos y árabes, una fraternidad curiosamente extraña en muchos otros países, incluidas naciones como Francia. Los árabes están hoy, en efecto, mucho más integrados a la sociedad israelí de lo que lo estaban hace 50 años (si nos basamos en el número de árabes que cursan estudios superiores y trabajan en instituciones públicas, universidades y hospitales).

Esta fraternidad no ha hecho más que reforzarse con la crisis del covid-19, durante la cual equipos sanitarios judíos y árabes han trabajado codo a codo, sin descanso, para salvar al país. La ironía es aún mayor si se considera que Netanyahu intentó de manera surrealista formar una coalición, por primera vez en la historia de Israel, con el partido islámico Raam (solo el veto del partido de extrema derecha Otzmat Yehudit impidió esta unión inusitada).

Sin embargo, la historia suele gustar poco de su propia ironía. Los acontecimientos recientes demuestran que algo quizá se ha roto en la cultura política de Israel. La frágil coexistencia de dos poblaciones con una historia tan cargada como la de judíos y árabes israelíes exige una atención y un cuidado permanentes. Esa coexistencia está condenada al fracaso, desde el momento en que se encuentra minada por el racismo que alienta activamente la mezcla de religión y ultranacionalismo que define desde hace un tiempo la ideología de los colonos, y que se esparce poco a poco en el resto de la sociedad israelí. 

La sociología sabe hace mucho tiempo que la legitimación es una fuerza social poderosa. El ingreso a la Knéset (Parlamento israelí) de partidos políticos que, en otras épocas de Israel y en otras democracias, habrían sido tildados con facilidad de terroristas constituye en sí una legitimación de su visión apocalíptica. Es bien sabido que las elites juegan un papel clave en alentar sutil o abiertamente la violencia. Incluso un líder «fuerte» (autoritario) como Netanyahu necesita de una red que lo sostenga, y ha llegado a la conclusión de que solo una alianza con los elementos radicales de la derecha le permitirá mantenerse en un poder que hoy busca desesperadamente conservar, a fin de evitar los juicios por corrupción que podrían enviarlo a la cárcel. 

Estos grupos en el poder difunden ondas de choque a través de toda la sociedad israelí, porque su sola presencia en la Knéset sugiere que su visión violenta, xenófoba y supremacista del judaísmo se ha vuelto legítima. Ellos representan una aberración de la historia del pueblo judío. 

Los violentos disturbios de estos últimos días indican que Israel se encuentra en una encrucijada. Es imperioso que el país modifique su política respecto a la cuestión palestina y adopte las normas internacionales en materia de derechos humanos, de lo contrario se verá obligado a endurecer no solo su cultura militar en materia de control sino también su suspensión de derechos civiles, y a extenderla dentro de los límites de la Línea Verde. Esta última opción no será viable. Los árabes israelíes deben convertirse en ciudadanos israelíes plenos, y eso solo es posible si a sus hermanos palestinos se les concede la soberanía política. 

Israel ha intentado construir un Estado democrático y judío, pero su identidad judía ha sido desviada por la ortodoxia religiosa y el ultranacionalismo, ambos incompatibles con la democracia. Estas facciones extremistas han colocado la identidad judía y la democracia en caminos incompatibles, caminos hacia lógicas morales y políticas inconmensurables que conducen directamente a la colisión. En el contexto de un país involucrado en enfrentamientos militares incesantes, la poderosa corriente universalista del judaísmo ha pasado a la historia. 

Israel puede ser un ejemplo como ningún otro para el mundo, no solo por lo que existe de igualdad formal entre judíos y árabes, sino también por los lazos de fraternidad humana que estos pueden tejer. Ambos pueblos son extrañamente parecidos y tienen muchas cosas en común. Esta fraternidad no es un lujo ni un deseo ingenuo. Es la condición misma para la búsqueda de una existencia pacífica y próspera para Israel. 

Traducción: Silvina Cucchi. Una versión en francés de este artículo fue publicada en AOC.

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