Sábado, 12 Diciembre 2020 05:59

El lápiz de Stalin

El lápiz de Stalin

Tras la Primera Guerra Mundial y un periodo del flujo de las fronteras −propio igual a buena parte de Europa y Medio Oriente (bit.ly/3mXCL9a)− el Cáucaso acabó en manos bolcheviques. El imperio de los zares colapsó. El imperio otomano capituló y sus fuerzas se retiraron. También las del cuerpo expedicionario británico que tenía en la mira el petróleo de Bakú (bit.ly/36Uauun). Armenia, Azerbaiyán y Georgia, tras haber formado la efímera República Democrática Federal de Transcaucasia (bit.ly/33Wu2wn) y un breve periodo de independencia marcado por conflictos interétnicos, pasaron a ser −como repúblicas soviéticas nominalmente soberanas agrupadas en la República Federal Socialista Soviética de Transcaucasia (bit.ly/36W5ztd)− miembros-fundadores de la URSS. Nagorno Karabaj (NK) −un enclave montañoso con mayoría armenia reclamado por Armenia y por Azerbaiyán− ha sido un importante punto de contención. La decisión de Stalin, un georgiano a cargo de la "cuestión nacional" ( Narkomnats), de transferirlo a Azerbaiyán en 1921, a pesar de prometérselo antes a Armenia −y convertirlo, en 1923, en una "región autónoma"− más que resolver el problema, resultó ser al fin, en la década de los 80, igual ante la ambigua postura de Mijaíl Gorbachov, uno de los factores desestabilizadores de la URSS. Cuando en 1988 el Partido Comunista Armenio votó por su "reunificación", estallaron disturbios y pogromos antiarmenios (Sumgaït). Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, siguió la guerra.

Detrás de la instrumental decisión de Stalin había −aparentemente− varias razones. Primero, congraciarse con los azeríes para asegurarse el control del petróleo y del gas del mar Caspio. Segundo, la lógica de "dividir y reinar" −en concordancia con la vieja y perversa estrategia zarista de oponer a un grupo étnico contra el otro− que exacerbaba la desconfianza y debilitaba a las etnias para que no desafiaran a Moscú; así, forzando lealtades de ambas partes y volviéndolos rehenes del régimen, Stalin (bit.ly/3dKGzGW) podía presentarse luego como el salvador ante la mayoría armenia (‘solo el batiushka es capaz de defenderlos del odio de Bakú’), y como un guardián territorial ante Azerbaiyán (‘solo el batiushka es capaz de garantizar su integridad ante el irredentismo de Ereván’). Tercero, hacer un gesto de "buena voluntad" hacia la Turquía de Mustafa Kemal Atatürk, que tras el colapso del imperio otomano, seguía siendo un importante actor regional hostil a las potencias occidentales y uno que tenía fuertes vínculos culturales y políticos con Azerbaiyán; Lenin (y Stalin) ignorando la voz de los armenios de NK y en un reverso a su inicial política de "autodeterminación" −hasta el punto de garantizar a los pueblos el derecho a salir de la URSS− y a las consignas del Congreso anticolonial en Bakú (1920) (bit.ly/3jnyZmO) que igual abogaba por "el derecho a la determinación" −mientras la Realpolitik soviética ya imponía un "colonialismo interno"− pretendía(n) "flirtear", al final sin éxito alguno (bit.ly/2KbyGzO), con los kemalistas para la diseminación de la revolución.

Después de un siglo de estos acontecimientos y ante la reciente guerra en NK −fruto tardío de aquellos conflictos irresueltos y decisiones perversas− es imposible no apuntar a algunas ironías de la historia.

* El afán de Rusia de recuperar influencia regional tras el desplome de la URSS −o el "desmantelamiento desde afuera" (S. F. Cohen)− pasaba desde el principio por apoyar los irredentismos −Nagorno Karabaj (Azerbaiyán), Transnistria (Moldavia), Abjasia-Osetia del Sur (Georgia), Crimea-Donetsk-Lugansk (Ucrania)−, "frutos" de la tóxica política étnica soviética, misma que contribuyó a su debilitamiento.

* El gambit sirio −"la huída hacia adelante" tras la crisis ucraniana y el afán de “reafirmar su ‘irresuelta’ relevancia global”− y su posterior involucramiento en Libia– han sido "jaqueados" por Turquía (bit.ly/3gm089K) por el apoyo de la cual la dirigencia soviética "sacrificó" a NK y a la cual a su vez venía apoyando en la década de los 20; Turquía contribuyó, ahora igual, a la holgada victoria, entre otros gracias a los recursos del petróleo de Azerbaiyán sobre la separatista "republiqueta" armenia de Artsaj-NK, y políticamente sobre Armenia, el mejor aliado de Rusia en el Cáucaso.

* Si bien la Rusia de Vladimir Putin, que tanto ha hecho para reivindicar el legado de Stalin, estaba feliz de ver al problemático gobierno de Nikol Pashinian en Ereván (bit.ly/2HFOjhG) salir debilitado de la confrontación con los azeríes (el tratado militar ruso-armenio no abarca a Arstaj-NK) la mediación de Moscú −detrás del origen del problema ("el lápiz de Stalin") y reproduciendo hoy la misma estrategia estalinista de "dividir y reinar"−, fue un salvavidas para los armenios, pero sólo a precio de convertir lo que quedó de Arstaj en un protectorado ruso (bit.ly/39a2h76) y el Cáucaso en la siguiente arena de transacciones ruso-turcas ( bit.ly/398zMXf) (con Azerbaiyán convertido igual en una colonia de Ankara).

Tras un siglo, Putin y Erdoğan están haciendo en el Cáucaso el mismo tipo de tratos −igualmente por encima de los armenios y los azeríes− que en 1920-21 Lenin (y Stalin en su limitada capacidad) hacía(n) con Atatürk, con la diferencia que hoy ya no está en juego la suerte de la revolución mundial. "El pasado nunca está muerto. Ni siquiera pasa", escribió una vez William Faulkner.

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Honduras: un valle de lágrimas y de resistencias

El Valle de Sula, actualmente arrasado por los huracanes Eta y Iota y fuertemente afectado por la pandemia de covid-19, ha sido históricamente el corazón de la ocupación trasnacional en Honduras. También ha sido el corazón de una resistencia vigorosa. Las estructuras para resistir la explotación laboral sirven hoy para organizar la solidaridad social.

 

El pueblo hondureño vive actualmente acechado por la pandemia y las catástrofes ambientales que han causado cientos de muertes y enormes pérdidas en el país. Pero también vive otra pandemia: la de la violencia de un Estado que no ha funcionado más que para profundizar las desigualdades, la pobreza y la migración. Una de las regiones de Honduras más lastimadas por el covid-19 y la destrucción causada por el paso del huracán Eta y la tormenta tropical Iota en menos de dos semanas ha sido el noroccidente del país, específicamente el Valle de Sula, que se ha visto devastado por las inundaciones causadas por la crecida de los ríos Ulúa y Chamelecón.

La magnitud de la destrucción hace imposible que hasta la fecha se tenga certeza de los desoladores efectos que estos fenómenos han tenido en la región y en el país, no solo por la destrucción que han causado en el Valle de Sula sino también por la adversidad que provocaron en el departamento de Santa Bárbara y en el amplio territorio históricamente agraviado de La Mosquitia. Al menos tres millones y medio de personas resultaron afectadas por estos fenómenos, mientras que por lo menos medio millón han sido desplazados internos por la misma causa. En este contexto, se ha señalado que los daños de los huracanes duplicarán el déficit habitacional del país, lo cual equivaldría a una necesidad aproximada de 2,5 millones de hogares. Algunos economistas han calculado que el impacto del Eta y de Iota podría alcanzar hasta 40% del PIB o bien generar cinco años de retroceso, lo que podría llevar el índice de pobreza hasta 80% en 2021. A esto se suman las enfermedades que se puedan generar tras el paso de los huracanes y la vulnerabilidad de 1,5 millones de niñas y niños expuestos a los daños.

El Valle de Sula, actualmente arrasado, ha sido históricamente el corazón de la ocupación transnacional en Honduras, desde la histórica presencia de grandes extensiones de plantíos de banano controlados por la United Fruit Company y Standard Fruit Company, hasta grandes terrenos ocupados actualmente por multinacionales de la industria maquiladora.

Desde hace un siglo, esta región de poco más de 6.000 kilómetros cuadrados fue apropiada por las empresas bananeras estadounidenses que se extendieron a través de miles de hectáreas de monocultivo Rcomunicadas por vías férreas que desembocaban en muelles y puertos de la costa para exportar a Estados Unidos. Ahí se produjeron las condiciones de mayor barbarie laboral, como bien lo demuestra la pluma de Ramón Amaya Amador en la novela Prisión verde, pero también los actos populares de mayor rebeldía, tal y como ocurrió con la histórica huelga bananera de 1954, que hizo temblar el poder del dinero frente a la inmensa insurrección obrera que sacudió al país entero, con epicentro en el municipio de La Lima, que actualmente se encuentra severamente dañado.

A partir de la década de 1980, cuando Honduras se convirtió en el apéndice del dominio económico y político estadounidense en América Central, en el contexto de la Revolución Sandinista en Nicaragua y del conflicto armado en El Salvador, grandes sumas provenientes del extranjero ingresaron en el Valle de Sula para ser invertidas en la industria maquiladora de exportación, aprovechando las precarias condiciones salariales que predominan en el país, además de la ubicación estratégica que tiene el Puerto Cortes para exportar bienes manufacturados hacia la Florida. Desde aquellas fechas hasta la actualidad, con el impulso de políticas económicas neoliberales que solo han garantizado la venta del territorio nacional a las grandes empresas, el Valle de Sula pasó a convertirse en el enclave manufacturero exportador sobre el cual recae el grueso de la economía nacional.

Un corredor industrial maquilador que abarca desde Choloma hasta El Progreso se ha formado a lo largo de los años para absorber un enorme ejército de trabajadoras y trabajadores que originalmente migraron desde regiones rurales para instalarse en las líneas de producción. Estos laboran día y noche, 12 horas diarias sin parar, cosiendo prendas básicas y ensamblando arneses exportados al mercado estadounidense. 150.000 trabajadores y trabajadoras de la maquila se han instalado en las diferentes colonias populares del Valle de Sula, enfrentándose y organizándose diariamente contra la permanente vejación y violación de derechos laborales. Este histórico espacio se ha convertido así en un territorio marcado no solo por la explotación de las grandes empresas, sino por la resistencia y la rebeldía que no dejan descansar a los dueños del dinero.

Desde la década de 1990, cuando la maquila se encontraba en pleno apogeo, organizaciones obreras desarrollaron huelgas históricas a lo largo y ancho del Valle de Sula para denunciar bajos salarios, despidos, jornadas extenuantes y trabajo infantil. Desde allí se organizaron campañas globales de denuncia que han puesto en jaque a las marcas de ropa por su responsabilidad y total impunidad en la precarización del trabajo. Además, esta rebeldía también ha sido fundamental para establecer lazos de solidaridad con la organización laboral de otras actividades económicas, en la formación del movimiento sindical de la industria melonera, en el apoyo a las demandas obreras del sector del banano, en la lucha feminista contra la violencia patriarcal, en la rebelión contra los fraudes electorales y contra las políticas neoliberales de privatización de la educación y la salud pública.

Las colonias obreras devastadas por el paso de los huracanes Eta y Iota se fueron construyendo y ampliando con los años a medida que trabajadoras y trabajadores fueron erigiendo sus hogares sin la ayuda de nadie más que su fuerza de trabajo. Por más que los medios de comunicación empresariales y la clase política busquen presentar el actual desastre como una causa ajena y externa, la devastación causada por estos fenómenos meteorológicos (producidos por efectos del calentamiento global) evidencia un robo histórico e institucionalizado de riqueza que, en lugar de quedar en manos de la población que diariamente la crea con su trabajo, ha sido expoliada para quedar en las arcas de las grandes corporaciones maquiladoras y bananeras que por años han ampliado su acumulación a costa de la vida obrera. Este robo institucionalizado ha provocado una escasez generalizada que se refleja en falta de vivienda digna y de seguridad en la reproducción de la vida obrera del Valle de Sula.

El problema no radica únicamente en la fuerza de los huracanes Eta y Iota en Honduras y en el Valle de Sula, sino en las décadas de expoliación de riqueza que han dejado a la población trabajadora del campo y la ciudad al límite de la vida, sin garantías de seguridad, vivienda y trabajo digno. Esta larga historia de explotación y despojo de una economía de enclave como la hondureña es la mayor responsable de las consecuencias catastróficas que ha generado el paso de los huracanes por Honduras. La ausencia de políticas de Estado para la ciudadanía ha quedado, además, al descubierto con la pandemia. El país tiene hoy un sistema de salud público quebrado.

El Estado hondureño brilla por su ausencia a la hora de promover una seria política de prevención y emergencia que sirva para la población damnificada que ha perdido sus hogares y sus trabajos, mientras que muchas corporaciones maquiladoras obligan a su mano de obra a trabajar mientras se anuncian con bombos y platillos «ayudas» a los empleados afectados, cuando estos han dedicado sus vidas a producirles sus ganancias y sus riquezas monopólicas.

Pero Honduras y el Valle de Sula también brillan por una inmensa e incalculable solidaridad popular que se puede ver en las calles, con brigadas de limpieza, recaudación y distribución de víveres y apoyos que sí alcanzan a lapoblación damnificada. Organizaciones de pueblos originarios, así como movimientos barriales y sindicales, responden al escenario adverso, movilizándose y solidarizándose con la población lastimada. Así como han construido sus vidas en la región dañada con su propio esfuerzo colectivo, a contracorriente y con un Estado que históricamente les ha dado la espalda, hoy enfrentan el desastre causado por el paso de huracanes con un sentido de autoorganización para la supervivencia que busca poner la vida por delante.

Los sindicatos de la industria maquiladora y del sector del banano organizan brigadas para monitorear, recaudar y entregar víveres a la población afectada (no solo a los agremiados), además de denunciar los abusos a los que están siendo sujetos por parte de las empresas –muchas de ellas obligan a los trabajadores y trabajadoras a presentarse a la fábrica para trabajar pese a las condiciones adversas–. A pie, en carros y en lanchas, las mismas estructuras organizativas que se han creado en estas industrias para resistir frente a la constante vejación laboral y solidarizarse con otras luchas en el país ahora sirven como sostén de apoyo para la población damnificada.

De esta manera se demuestra, una vez más, que frente a un Estado indolente que se sostiene a punta de fraudes, corrupción y pólvora, y que da la espalda al dolor y las necesidades apremiantes, han sido la autogestión, la autodeterminación y la organización de los trabajadores y trabajadoras la mayor herramienta para enfrentar las consecuencias catastróficas generadas por los huracanes y la pandemia en Honduras, especialmente en su memorable Valle de Sula.

Diciembre 2020

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Donald Trump anunció la normalización de relaciones entre Israel y Marruecos

Como contrapartida, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental

Desde la Unión Europea señalaron que el estatuto de la zona en disputa ubicada al norte de Africa debe negociarse en el seno de las Naciones Unidas.

 

El presidente saliente de Estados Unidos Donald Trump anunció la normalización de las relaciones entre Marruecos e Israel. Como contrapartida, el mandatario reconoció la soberanía marroquí sobre el disputado territorio del Sahara Occidental. El magnate republicano indicó que esta medida favorecerá la pacificación de la región. Además sostuvo que EEUU abrirá un consulado en el Sahara para promover oportunidades económicas y comerciales. Con este acuerdo, Marruecos se convierte en el cuarto país árabe que restablece contactos con Israel, después de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahrein y Sudán, todos estos auspiciados por la administración Trump. Por su parte, voceros de la Unión Europea (UE) indicaron que el estatuto del Sahara Occidental debe negociarse en el seno de las Naciones Unidas (ONU).

“Otro avance histórico”

En cuanto a la reanudación relaciones entre Marruecos e Israel, Trump catalogó la noticia como un nuevo avance histórico. “¡Nuestros dos GRANDES amigos Israel y el Reino de Marruecos acordaron relaciones diplomáticas plenas -un hito masivo para la paz en Oriente Medio!", escribió el magnate en Twitter. En un comunicado, la Casa Blanca reveló que el líder republicano había hablado con el rey marroquí Mohamed VI. Durante la conversación el Rey se comprometió a expandir la cooperación económica y cultural con Israel. “Reanudaremos los contactos oficiales (...) y las relaciones diplomáticas lo antes posible", indicó el Palacio real marroquí.

Por su parte el jefe de gobierno israelí Reuven Rivlin agradeció al rey de Marruecos por la cálida relación bilateral. En tanto que el primer Ministro Benjamín Netanyahu anunció a sus ciudadanos que en breve se realizarán vuelos directos entre ambos países. El ministro de Defensa Benny Gantz también acogió con beneplácito el acuerdo y dijo que reforzaría los intereses económicos y de seguridad de ambos países, según el portal Haaretz. También agradeció a la administración estadounidense. "Actúa incansablemente para fortalecer a Israel y estabilizar toda la región", indicó el ministro. Marruecos e Israel habían establecido oficinas de representación en Rabat y Tel Aviv en los años noventa, pero fueron cerradas en la década de 2000. 

“La única solución viable”

En paralelo el presidente norteamericano sostuvo que el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental favorecerá la pacificación de la región. "¡La propuesta de autonomía seria, creíble y realista de Marruecos es la ÚNICA base para una solución justa y duradera por una paz y prosperidad perdurables", escribió Trump en Twitter. Además sostuvo que la existencia de un Estado saharawi independiente no es una opción realista para resolver el conflicto. “Una autonomía genuina bajo soberanía marroquí es la única solución viable", indicó el mandatario. A su vez recordó que Marruecos reconoció la independencia de EEUU en 1777. "Es por tanto apropiado que reconozcamos su soberanía sobre el Sáhara Occidental", sostuvo el magnate neoyorquino.

Este territorio desértico de 266.000 kilómetros cuadrados ubicado al norte de África, es una excolonia española cuyo estatuto sigue sin definirse desde 1975. El independentista Frente Polisario reclama a Marruecos la soberanía sobre el territorio. Por su parte el gobierno marroquí plantea una autonomía limitada para la antigua colonia. Allí se encuentra desplegada la Misión de Paz de la ONU (MINURSO) para monitorear un cese al fuego. El organismo también solicitó que se organice un referéndum para resolver la soberanía del territorio. Trump instó a las partes a iniciar conversaciones sin retraso, empleando el plan de autonomía de Marruecos. “Es el único marco para negociar una solución aceptable mutuamente", exhortó el presidente.

En paralelo, la UE dijo que mantiene las resoluciones de la ONU que establecen al Sahara Occidental es un territorio no autónomo, explicó un portavoz de Exteriores del bloque a la agencia Europa Press. Bruselas sostuvo que apoya un proceso de acuerdo pactado, o incluso un referéndum, como establece la resolución de la ONU de octubre pasado. Sin embargo ninguna de estas soluciones termina de efectivizarse. La diplomacia europea recordó el compromiso del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de relanzar el proceso político en la zona y su llamado a las partes a cooperar para la estabilidad en la región junto con la MINURSO. "Esto debe llevar a la reanudación de un diálogo con el objetivo de una solución justa, duradera y aceptada mutuamente", indicó el portavoz de la UE, expresando la línea que viene manteniendo el bloque continental sobre esta cuestión.

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La Franja de Gaza se hunde en el aislamiento más absoluto

Hundida en la miseria, la población de la Franja de Gaza no alberga ninguna esperanza de superar las tribulaciones de su crisis permanente. El lavado de manos de los líderes europeos niega cualquier horizonte político. La esperanza de una solución pende ahora de Joe Biden, quien tendrá que enfrentarse al poderoso lobby judío, al Congreso y el Senado si quiere cumplir su promesa de crear un estado palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania.

 

Una de las cuestiones palestinas más candentes de cara al futuro es el destino que espera a la Franja de Gaza. Gobernada por Hamás desde 2007, después de haber ganado las elecciones del año anterior, la Franja constituye en un pequeño territorio en el que viven más de dos millones de palestinos en unas condiciones infrahumanas y sin perspectivas de cambio.

Mientras la comunidad internacional rechaza cualquier diálogo con Hamás, los líderes occidentales únicamente se permiten una discreta relación humanitaria con su población, poniendo un parche aquí y otro allá pero sin mejorar nunca sus condiciones de vida, una situación que solo sirve a los intereses de Israel.

Cualquier clase de contacto político con Hamás está prohibido. Los cónsules europeos que residen en Jerusalén viajan periódicamente a la Franja pero se andan con mucho cuidado para no violar las órdenes recibidas de las capitales europeas y evitan cualquier relación directa con los gobernantes de Hamás que enfurecería a Israel.

A Palestinian Statelet, un artículo de José Vericat aparecido en el último número de Journal of Palestine Studies, aborda con franqueza la situación política de la Franja, pronosticando que el pequeño territorio está destinado a convertirse en un exiguo estado desconectado del resto de Palestina.

El autor ha sido en los últimos años representante de The Carter Center para Israel y Palestina, una posición con base en Jerusalén que le ha permitido profundizar en el conocimiento del conflicto, un tema que ha estudiado durante años, primero directamente como residente en la ciudad de Gaza y luego académicamente por medio de su tesis doctoral en la Universidad de Oxford.

Los líderes de Fatah que gobiernan sui géneris los enclaves palestinos de la Cisjordania ocupada denuncian continuamente que Hamás quiere establecer en la Franja un "emirato" desconectado de Cisjordania y que ese también es el objetivo de Israel.

Las negociaciones que periódicamente han conducido representantes de Hamás y Fatah no han dado frutos. El objetivo de Fatah es que Hamás desaparezca para siempre y regresar a la situación que existió hasta 2007, cuando Gaza estaba en manos del turbio y poco fiable Mohammad Dahlan, un estrecho aliado de Israel que en la actualidad reside en los Emiratos Árabes Unidos y aspira a suceder al octogenario presidente Mahmud Abás con el apoyo de Israel.

Vericat sostiene que el futuro de la Franja ya ha sido determinado por Israel con el eslogan "Gaza es Palestina", un enfoque que dice mucho también en relación con el futuro de Cisjordania. Las políticas israelíes están llevando a Cisjordania a un callejón sin salida, con un número creciente de colonos judíos y una anexión irreversible que solo se podría detener con una intervención enérgica de EEUU y Europa que no se va a producir.

El eslogan "Gaza es Palestina" se ha intensificado durante la administración del presidente Donald Trump, que ha permitido a Israel hacer todo lo que ha querido en Cisjordania, castigando además a la Franja con saña, manteniendo el férreo bloqueo y el aislamiento internacional que hipócritamente respaldan las capitales europeas.

En realidad, el inicio de la segmentación de Palestina se remonta a tres décadas, cuando se celebró la Conferencia de Madrid y le siguieron los acuerdos de Oslo. Solo una ínfima parte de la población de la Franja ha sido autorizada para visitar las calles de Jerusalén o rezar en la mezquita Al Aqsa durante todos esos años, y la mayor parte de los afortunados lo hicieron en los años noventa. El conjunto de los palestinos está condenado a permanecer encerrado bajo unas limitadas condiciones de vida.

Paralelamente, Hamás está siendo perseguida sin descanso en Cisjordania, tanto por Israel como por la Autoridad Palestina, que actúa como brazo ejecutor de Israel. La estructura de Hamás en Cisjordania se ha desmantelado y sus cuadros están encerrados en las prisiones palestinas o israelíes. Cualquier intento de asomar la cabeza se corta de raíz.

Los gazatíes, concluye Vericat, han perdido cualquier sentido de horizonte político, una situación que se ha agravado con la pandemia del Covid-19, confirmando que ni siquiera una emergencia sanitaria de esa naturaleza puede unificar las filas de Hamás y de Fatah. Al contrario, las dos fuerzas que gobiernan los territorios palestinos se han enrocado en sus respectivos feudos.

En este contexto, con los palestinos castigados por países árabes como Egipto Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, las posibilidades de superar la situación son prácticamente nulas, máxime si atendemos al llamado "acuerdo del siglo" que la administración de Donald Trump anunció el 28 de enero, un plan cuyo objetivo central consiste en consolidar la ocupación israelí y evitar una solución pacífica del conflicto.

El cambio de administración en Washington previsto para el 20 de enero no es muy esperanzador. Aunque el demócrata Joe Biden ha indicado que es partidario de crear un estado palestino, el todavía presidente electo tendrá que luchar a muerte con el Senado y el Congreso para llevar adelante esa iniciativa, y antes tiene que atender una multitud de problemas en todos los frentes que no le dejarán dedicarle demasiado tiempo a la cuestión palestina.

07/12/2020 22:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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El presidente electo de EEUU, Joe Biden. - REUTERS

Continúa la destrucción programada y sistemática de Siria. El país que un día fue uno de los pesos pesados del mundo árabe ha sido borrado del mapa, al igual que Irak y Libia, gracias a la ingeniería militar de EEUU e Israel y su capacidad de manipular la opinión pública. Desde 2011 (fecha del inicio de los tres conflictos sirios), medio millón de su gente ha sido asesinada, cientos de miles de sus mujeres y niñas han sido violadas, doce millones han tenido que huir de sus casas, y el resto recoge su vida destrozada entre los escombros, la pobreza y la desesperación absoluta. Y la situación puede seguir este curso más años a pesar de que la guerra ha cumplido sus principales objetivos.

Siria no estuvo presente en la campaña electoral de EEUU. Las prioridades de la política exterior del futuro presidente Joe Biden serán China, Irán y recuperar el multilateralismo, sobre todo su lado militar representado por la OTAN.

Tres presidentes de EEUU frente a un Assad

Biden hereda una Siria fruto de los cinco años del gobierno de Obama, en el que estuvo de vicepresidente, y cuatro de Donald Trump:

1- Lo que hizo la Administración Obama-Biden

. Aprovechar las "primaveras árabes" y el descontento interno en Siria para crear un Afganistán en Eurasia.

. No poner "las botas en el suelo" sirio, sino intervenir mediante la organización internacional de mercenarios "yihadistas", trasladada desde Irak, Afganistán y Jordania. Primero la llamó "rebeldes moderados" o "Ejercito Libre de Siria" para después bautizarle como "Estado islámico", justificando así los ataques con misiles para desmantelar el Estado sirio: debe haber un terrorismo para que haya una lucha "anti-terrorista". Lo admitió Evan McMullin, un candidato presidencial de 2016: "Mi papel en la CIA era salir y convencer a los operativos [terroristas por la democracia]de Al Qaeda para que trabajaran con nosotros". Este juego sucio ha permitido a EEUU obtener, por primera vez en su historia, no una sino al menos 11 bases militares en el país euroasiático. Aunque, en 2015, las discrepancias entre la CIA, que aboga por respaldar a los kurdos, y el Pentágono -que prioriza salvar las relaciones estrategias con Turquía-, dividen a los mercenarios y enfrenta a los estados que los patrocinan: Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos, Israel, los países europeos, etc.

. A pesar de desatar la "crisis de refugiados", organizada por Turquía, Arabia Saudí, Israel y los halcones de EEUU, cuyo objetivo fue forzar a Obama a derrocar a Assad, mostrando en los medios además imágenes de decapitaciones por los terroristas, el presidente de EEUU se niega porque 1) no iba a espantar a Irán, con el que estaba firmando su desarme nuclear matando a un mandatario con fecha de caducidad, y 2) un Assad vivo le serviría para convertir a Siria en una trampa y así desgastar a Rusia, Turquía, Irán y otros, rivales y enemigos. Fue por eso que Biden negoció con Rusia la retirada de las armas químicas sirios, neutralizando las presiones para una intervención directa y establecer zonas de exclusión aérea, preludio de la partición siria.

2- Lo que hizo la Administración Trump

. Inicialmente, no mostró ningún interés especial por Siria.

. En abril de 2017, y ante la acusación del uso de armas químicas por el gobierno de Assad, Trump lanzó 59 misiles de crucero contra una base aérea siria. Fue muy aplaudido en Washington. "Los combatientes respaldados por la CIA pueden haber matado o herido a 100.000 soldados sirios y sus aliados en los últimos cuatro años", afirma el periodista de The Washington Post David Ignatius, entusiasmado por aquella carnicería.

. En febrero de 2018 bombardeó un convoy del ejército sirio que  intentaba recuperar el yacimiento de gas Conoco (nombre de la empresa petrolífera de EEUU que lo controla), cerca de Deir Ezzor. Aunque el pretexto de la presencia militar sigue siendo "proteger los campos petroleros del ISIS", la realidad es otra: a) las unidades de artillería que ha instalado en la zona no sirven para la lucha antiterrorista, sino, como confiesa el ex Secretario de Defensa Mark Esper, están para impedir el legítimo acceso del ejército sirio al yacimiento; b) Permite que sus aliadas, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), se financien de la venta de este gas y poder pagar a sus 60.000 combatientes y mantener a miles de presos "yihadistas" y sus familias del bolsillo de los sirios. En Afganistan EEUU ha financiado a los Muyahedines mediante la venta del opio, y en América Latina a través del negocio de la cocaína colombiana.  

. Cerró la ruta en Al-Tanf que conecta Irán a Siria desde Irak.

. Apoyó la ocupación turca de Idlib, y luego, en octubre de 2019, (aconsejado por el Pentágono) autorizó al "increíble líder" Tayyeb Erdogan el asalto a los aliados kurdos: un regalo envenenado con el objetivo de empantanar a una Turquía que se estaba acercando demasiado a Rusia. Pero, meses después, asignó 300 millones de dólares para las SDF. Si eso no es un "doble juego" ¿Qué es, entonces?

. Aprobó la Ley César en junio de 2020, que impone sanciones a las personas, empresas y países que apoyan a Bashar al-Assad o trabajan con su gobierno, y prohíbe la reconstrucción del país mientras aquel presidente sigue en el poder.

. Cortó la ayuda humanitaria a los civiles, y ralentizó el trámite de la petición de refugio de cerca de 120.000 solicitantes sirios,  prisioneros en los campos de refugiados infrahumanos.

. Ordenó la retirada de las tropas de EEUU de Siria, a pesar de la oposición del Congreso con 354 votos en contra. Sin embargo, Jim Jeffrey, enviado especial de Trump para Siria, revela que el Pentágono engañó al presidente para disuadirlo de retirar las tropas y no le comunicó el verdadero número de los soldados, que entre los uniformado y los mercenarios armados deben ser decenas de miles. En los últimos meses, EEUU ha reforzado sus bases en las áreas ocupadas de Hasakah, Raqqa y Deir Ez-Zour, enviado convoyes desde Irak. Seguramente la CIA tampoco hizo caso a Trump que mandó acabar sus operaciones en este país.

. Reconoció la soberanía ilegal de Israel sobre los Altos de Golán sirios.

Por lo que, el mandato de Trump no ha reducido la influencia de EEUU en Siria, solo la ha ocultado. Esta potencia sigue siendo el principal y el actor más determinante de este escenario.

3- Lo que planea hacer la Administración Biden

Hay varias cuestiones que habría que tener en cuenta:

  1. Biden prioriza la política exterior, a pesar de que los medios afirman que al menos 250.000 ciudadanos más pobres han muerto a causa de la coid-19: las primeras personas designadas para su gabinete fueron, no el Secretario de Sanidad o de Asunto Sociales, sino de la política exterior y de la seguridad nacional. Antony Blinken, su Secretario de Estado, es un veterano belicista, que a pesar de que no descarta la normalización de las relaciones con el presidente Assad (como hizo Obama en febrero de 2010), afirma que este "no es un escenario probable en los próximos cuatro años". Blinken utilizará el control ilegal sobre el petróleo sirio como "un punto de influencia porque al gobierno sirio le encantaría tener dominio sobre esos recursos. No debemos renunciar a eso gratis".
  2. Biden ha anunciado que corregirá los errores que cometió en Siria. ¿Cuáles? ¿Enviar a miles de "yihadistas" o no romper Siria en líneas sectarias y étnica? En 2006, el senador Biden propuso dividir a Irak en tres regiones independientes: árabe suniita, árabe chiita y kurdo sunnita.
  3. Alrededor del futuro Gobierno de Biden se están reorganizando los defensores de las "guerras perpetuas" como los funcionarios del gobierno de Bush, o criminales de las guerras sucias como John Negroponte, Chuck Hagel, Eliot Cohen, Richard Armitage, Victoria Nuland o Susan Rice que se opusieron a Trump por su "aislacionismo".
  4. Biden mantendrá tranquila a la ala izquierdista del Partido Demócrata con políticas económica sociales para tener las manos abiertas en una política exterior agresiva, aunque por el momento recurrirá a la fórmula del "imperialismo liberal": proporcionar recursos a determinados grupos para minar un régimen desde dentro, bajo el nombre de "solidaridad con la sociedad civil". Significa recuperar el estatus de EEUU como la policía del mundo, violando la soberanía nacional de otros estados, para convertirlos en territorios sin estado. Formar un gabinete con personas con diferentes sexo, color de piel, y origen nacional es una respuesta a las deficiencias políticas en el interior de EEUU, y de ninguna manera significa un cambio en las políticas del imperialismo en el mundo. La vicepresidenta electa Kamala Harris declaró que el gobierno de EEUU "una vez más apoyará a la sociedad civil y los socios prodemocracia en Siria y ayudará a avanzar en un acuerdo político en el que el pueblo sirio tenga voz". Los lobbies financiados por los multimillonarios judíos, como la Fundación para la Defensa de las Democracias o American Enterprise Institute de Paul Wolfowitz, estarán encantados de volver a colocar el cartel "Israel, primero". Un Biden que ha sido uno de los responsables de la desastre siria no podrá, ni pretende darle una solución menos cruel a Siria: puede empezar con una serie de presiones diplomáticas de "palo y zanahoria", para pasar a gestionar el conflicto en vez de colaborar en su solución.

El diseño del llamado "Enfoque 4-R"-Reevaluación,  Reestructuración, Realineación, y no Repetir viejos errores presenta el siguiente panorama:

. Corregir lo que los demócratas consideran el mayor error de EEUU en Siria: dejar que los militares de CENTCOM decidan la estrategia de la superpotencia. Aunque, provocar caos en Oriente Próximo y Asia Central ha sido una estrategia, no un error.

. Revitalizar la diplomacia y el multilateralismo para repartir los gastos y las responsabilidades en sus futuras incursiones militares, como lo hizo en Yugoslavia o Libia.

. Seguir politizando la cuestión humanitaria de los refugiados, condicionando su regreso a realizar amplias "reformas" por Assad o directamente a su salida del poder, ¿para reemplazar el último gobierno semisecular de Oriente Próximo por otro islamista, que es lo que EEUU ha ido haciendo en los últimos 40 años?

. Mantener la Ley César, para forzar a Rusia, Irán y el propio Damasco a una transición "pacifica". Si no lo hace, no habrá reconstrucción de Siria. Para Vladimir Putin, que no recibió a Assad hasta 2015, lo importante no es rescatar a Assad (total, algún día tendría que apartarse, siendo Siria una república) sino preservar lo que ha logrado en Siria y abandonar una guerra muy costosa. En 2016, el embajador ruso ante la ONU, Vitali Churkin, criticó a Assad por su deseo de continuar la contienda hasta recuperar todo el territorio sirio. Entre los 20 propósitos de Rusia en Siria, no está tal objetivo.

. Reactivar la Resolución 2254 del 2015 del Consejo de Seguridad de la ONU (o sea, con los votos favorables también de Rusia y China) que establece la convocatoria de elecciones libres supervisadas por la ONU.

. Mantener la ocupación de Siria. Incluso podrá desplegar tropas árabes para que mueren y maten por los intereses de EEUU, y de paso contengan a Rusia, Irán y Turquía. Los estados árabes no han tenido una política sofisticada y elaborada en la región. Según Lee Smith, columnista de Huston Institute, Obama admiraba a Ghasem Soleimani y su labor de crear redes de apoyo a la política de la República Islámica en la zona. Había dicho a un grupo de funcionarios árabes que "necesitan aprender del ejemplo de Irán", de saber usar el poder blando en los países de su interés y ser más sutiles, más furtivos, más efectivos… bueno, más como Irán.  Arabia Saudí, que ha destituido al hombre de guerra del Ministerio de Exteriores Adel al-Jubeir, ahora puede hasta proteger a Assad ya que la opción del Partido Demócrata de EEUU de instalar a un hombre de la Hermandad Musulmana (HM), poderosa organización sunnita patrocinada por Turquía y Qatar, es más perjudicial para sus intereses que un presidente secular. Además, así podrá alejar a Assad de Irán, sacándole de la "Comunidad chiitas" para reingresarle en la "Comunidad árabe"; de paso, provocar un enfrentamiento entre Assad y Turquía, el principal enemigo de Riad: los árabes hasta regalaron varios millones a los kurdos sirios por su lucha contra el ejército turco. Los jeques no olvidan que Barak Obama se estrenó en 2009 como presidente con una conferencia en la universidad Al Azhar de HM en el Cairo. Assad que, por su parte, necesitan los petrodólares árabes para reconstruir el país, ha ido alejándose de Teherán.

***

Hace un siglo, Francia y Reino Unido plasmaron, con el Tratado de Picot y Sykes, las líneas de sus intereses en el mapa de Oriente Próximo sobre los restos del Imperio Otomano. En 191, y con la desaparición de la Unión Soviética, EEUU intenta rediseñar este mapa a la medida de sus intereses

 

Por Nazanín Armanian

8 diciembre 2020

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Richard Sennet: “La polarización ahora también es geográfica, de la ciudad contra la nación”

El sociólogo y urbanista del MIT y asesor de la ONU critica que en EE.UU. hay una “emergencia nacional” por el nuevo auge del “fascismo”

 

Richard Sennet (Chicago, 1943), uno de los intelectuales más citados del globo, nació y vivió su infancia en la ciudad del viento en el proyecto urbano público Cabrini Green, conocido por su pobreza y violencia. Pero ha sido neoyorquino gran parte de su vida. Y ahora lo es londinense. Sociólogo y urbanista, es hijo de padres socialistas (su padre, de hecho, luchó en la guerra civil española con la sección Lincoln de las Brigadas Internacionales), ha sido conservador, liberal y hoy es cercano al demócrata de izquierdas Bernie Sanders, y aunque pocos se acuerdan de que empezó su carrera profesional como músico (toca el violonchelo), entona una música de tono grave cuando traza el mundo de la Covid-19 y el papel en éste de EE.UU., sea en la era pre que post Trump.

El mapa del resultado electoral en EE.UU. muestra que Biden tiene mucho apoyo en ciudades como Pittsburgh, Filadelfia, Atlanta, Las Vegas, etc., pero no en sus estados, Pensilvania y los demás. Hay mucha diferencia entre las zonas rurales y las ciudades.

Es parte del gran cambio que ha visto la sociedad estadounidense, porque, básicamente, lo que pasa hoy es que hay una lucha de la ciudad contra la nación. En mi infancia, para mi generación, republicanos y demócratas estaban presentes de manera más o menos parecida en el país. No era una cuestión geográfica. Pero ahora todo ha cambiado. La polarización ya no es sólo política sino que también lo es geográfica, de la ciudad contra la no ciudad, de la ciudad contra la nación.

¿Qué significa?

No es populismo, como tampoco sólo una cosa que atañe a la clase obrera, sino que es algo que está extendido en la sociedad. Sin embargo, siempre he creído que los europeos romantizan a EE.UU. Nosotros siempre hemos tenido una apreciable minoría fascista, como se vio en el pasado con el racismo, el Ku Klux Klan y similares. Así que lo que se ve con Trump no es algo que él haya creado, sino algo que explotó, porque en general había un fascismo previo. Es algo no muy lejano a lo que pasa en España, en donde durante mucho tiempo tras la caída de Franco el franquista apenas hablaba sobre sus lealtades, y hoy sí lo hace. Estamos en el mismo tipo de experiencia. Como se suele decir, ahora vemos la lluvia, pero la lluvia siempre ha estado ahí.

¿Esa reacción por parte de la sociedad puede ser una consecuencia de un cierto miedo sobre su futuro, de no saber lo que está por venir, quizá pensando en sus trabajos en un mundo globalizado, etc.?

Sí, creo que así es. No me gustaría simplificar poniendo la palabra globalización, porque en EE.UU. tenemos a esta derecha reaccionaria mucho antes de la globalización. Mira el fenómeno en los años 1950 con el senador Joseph McCarthy, que era más o menos lo mismo: América estaba muy enfocada en lo internacional, pero con la fantasía de los traidores. Lo importante es que este no es un discurso sobre la noción de que EE.UU. está amenazado por otros países, sino sobre que hay una amenaza interior y de que los demócratas o personas como yo debilitan el país. Por eso esta cuestión no puede encararse sólo desde la economía.

Es decir, lo achaca más a la incertidumbre de los tiempos que vivimos y los que están por venir.

Eso es bastante cierto: hay un miedo que condiciona muchas cosas. Muchos obreros en EE.UU., en las ciudades que votaban por los demócratas o que una vez votaron por Biden, lo hacen de forma diferente a como lo hacen en los pueblos o suburbios, con experiencias diferentes y mucho más proteccionistas, pero sienten esta especie de amenaza según la cual el país está en la cuerda floja por personas del interior y tienen posturas más proteccionistas hacia el exterior. El país está, de alguna forma, imbuido por un fenómeno clásico de fascismo y nacionalismo. Algo que, además, estaba dormido. Y la noción de la amenaza interior, del traidor, es muy potente para movilizar.

Son muchos los que señalan que el trumpismo va más allá de Trump y del Partido Republicano.

EE.UU. políticamente es muy encorsetado, y aquí, ahora, es más una cuestión cultural y social que expresa algo más profundo que no quién está liderando el partido. La política moviliza en la sociedad algo muy profundo. Era algo evidente en EE.UU. y durante mucho tiempo la gente en Europa no ha querido verlo.

Quizá algo difícil de entender desde un punto de vista europeo es que, cuando habla de fascismo lo haga para referirse al EE.UU. que enarbola la revolución conservadora y el individualismo, algo diferente al fascismo clásico, por decirlo así. ¿Cómo es posible?

Es una forma diferente de fascismo. El individualismo también puede entenderse por parte de los que están en los lugares más altos de la jerarquía grupal que, desde ahí, guían las opiniones; opiniones que son sólo suyas, lo que lo acerca al fascismo más europeo y en el que todos acaban por pensar lo mismo. Es así que el distintivo estadounidense es el incluir a muchos, pero visto como una selección. Es la forma del trumpismo. Pero mejor hablar de otras cosas porque esto es muy deprimente, y más si hay que sacar la bola de cristal con todo lo que nos rodea, que es una emergencia nacional tras las elecciones.

 

En EE.UU. vuelve la noción de la amenaza interior

 

Usted ha defendido que la ciudad es anonimato junto a comunidad. ¿Quizá de algún modo hemos perdido esa comunidad en las ciudades si bien el mundo es, cada vez más, más urbano y de ahí estas consecuencias?

La ciudad es un lugar para que los desconocidos convivan, y eso es algo muy bueno. Lo que nos lleva de nuevo a EE.UU., porque allí se da algo muy inusual, con vecindarios donde todos son iguales, porque se segrega por raza, clase, etc. Yo tuve un alumno en el MIT que era mexicano e hijo de ilegales que cruzaron la frontera y antes de ir allí nunca había hablado con nadie en inglés en casa. Hablamos de Los Angeles, es decir, sin tener instituciones diferentes. Son de este tipo los problemas que tenemos en EE.UU. No creo que esto sea tan extremo para vosotros.

¿Esta división también es un peligro para la democracia?

Por supuesto. Cómo no.

El auge del fascismo en EE.UU. con Trump no es algo muy lejano a la experiencia que vive España

¿Ante ello cómo de importante puede ser cómo se entiende el espacio público?

Siempre he encontrado apasionante caminar por la Rambla de Barcelona. Al menos antes de la pandemia allí había muy pocos catalanes; es un centro en el que siempre hay un tipo de persona, lo que es muy malo a nivel social. Por eso veo bien la preferencia de la alcaldesa Ada Colau por hacer de Barcelona algo más que el turismo. Y lo mismo en Londres. Cuando voy caminando por el centro es como caminar en cualquier otro lugar, no hay británicos. Lo social es muy importante. Y con las diferencias es como creamos cultura. Por eso la Covid-19, que en las ciudades grandes es horrible, nos reta. Ahora la duda es, ¿dentro de un mes cómo estarán las calles?

Las ciudades a veces parecen la unión de diferentes ‘ghettos’, porque podemos hablar de Barcelona o Londres pero, en realidad, tenemos varias Barcelonas o Londres según la clase, origen, etc. ¿Puede ser un problema añadido?

Lo que hace a la ciudad ciudad es la experiencia de la diversidad y el que convivan personas diferentes que viven, y trabajan, en una misma realidad que se reta, donde discuten y compiten diferentes al mismo tiempo. Yo estudié hace ya mucho tiempo Silicon Valley, que es muy urbano en el sentido de que tienes todas estas pequeñas start-ups concentradas una encima de otra, compitiendo y colaborando. Así es como logras dinamismo económico y se cimienta el sector de la alta tecnología. Lo mismo pasa en Nueva York, con la llamada Silicon Alley. En la economía la densidad es muy importante. También en términos de cultura. Y aquí, lo físico, de nuevo, no es cuestión de números sino de cercanía física.

Si hablamos de EE.UU. y dejamos a Nueva York de lado, vemos ciudades muy diferentes a, por ejemplo, las europeas, mucho más densas. Por ejemplo en su expansión urbana. ¿Quizá las decisiones urbanísticas pasadas están de alguna forma condicionando el presente y futuro de EE.UU. también desde el punto de vista político?

Bueno, en Chicago o Los Angeles, que ven esta expansión urbana, todavía votan por Biden… Es complejo.

Uniéndolo a lo que decía de Silicon Valley, están las smart cities y las nuevas tecnologías que todos utilizamos cambiando nuestra vida social, un reto para nuestras sociedades? Trump sólo habla a menudo por Twitter. Y muchos apenas se comunican vía chat, mail…

Sabe que trabajo para la ONU, y durante la pandemia, analizando su efecto en la ciudad, vimos que las tecnologías, más allá de los hospitales, etc., estaban salvando a gente, porque las diferentes redes hacían posible ponerse en contacto con otras personas, lo que realmente cambió mi idea de cómo la tecnología que usamos en Occidente sirve para aislarnos por la falta de contacto físico. En lugares muy pobres, como en Delhi, sirve para poder contactar a los otros, conocer dónde están las farmacias, la comida, etc., de forma que ha sido un revulsivo comprobar cómo impulsa la democracia y la sociedad de las personas que no son privilegiadas. Y es que, cuanto más privilegiados en las ciudades, más aislados. La tecnología no fuerza al aislamiento, ni en lo político, ni lo económico, tampoco lo social. Hay que encontrar la forma para hacer más fácil a las personas con menos recursos darles acceso a la tecnología. Porque para muchos es su último recurso.

 

Cuanto más privilegiados, más aislados

 

¿La distancia social que se está implantando por el virus en nuestra sociedad, es también un reto no sólo para el presente, donde sabemos que tenemos que hacer algunas elecciones, sino para nuestro futuro?

Hay un gran peligro cuando en un momento extremo en el que no se ven alternativas, se escucha decir: ‘Ah, la ciudad está llena de gente y no hay distancia social’. La ciudad ha cambiado mucho, porque nunca fue así. Y no había quejas por ello. Si transformamos en ese sentido nuestras ciudades, realmente nos dañaremos a nosotros mismos. Si nos guiamos en base al pánico, el que todo puede ir a peor, estará el problema del miedo y de la innovación. Para mí la historia detrás de todo ello es que si la gente está encerrada en sus casas, a largo plazo puede ser muy destructivo. Necesitamos más implicación social en las comunidades para encarar cambios como el energético, de producción, etc.

¿Qué consecuencias puede tener?

El pánico es una situación horrible. Se necesitaron 14 años para encontrar un fármaco que pudiera lidiar con el VIH. Para otras enfermedades, generaciones. Esta vez lo hemos hecho en más o menos un año. Así que es increíble. Y por eso no me gusta cuando los periodistas hablan de cómo de aterrorizados deberíamos estar, porque es como decir a un grupo de soldados que tienen miedo que pueden acabar muertos en el frente. Hay gente que está totalmente paranoica. No puedes hacerlo y sin embargo con el coronavirus todos los mensajes han sido: ten miedo. Así es como nos hacemos daño.

Por  Alexis Rodríguez-Rata

30/11/2020 06:00| Actualizado a 30/11/2020 09:26

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Decenas de personas hacen fila para votar en Río de Janeiro, en unas elecciones marcadas por la abstención a causa del coronavirus Fábio Motta / Efe

Bolsonaro, que no tiene partido, dio su apoyo a 13 aspirantes a la alcaldía de alguna de las 57 grandes ciudades; 11 fueron derrotados

 

El centroderecha ha ganado este domingo las alcaldías de Sao Paulo y Río de Janeiro. En esta última ciudad, el 'bolsonarismo' ha sufrido además un nuevo golpe, tras la derrota en la segunda vuelta de las municipales de Brasil del actual regidor, el obispo evangélico Marcelo Crivella.

Este domingo estaban llamados a las urnas en Brasil 38 millones de personas, el 25% de los votantes del país, para elegir alcalde en 57 grandes ciudades. Entre ellas, Recife, donde el Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva firmó su debacle tras perder la posibilidad de ganar una gran capital.

En Sao Paulo, el mayor colegio electoral del país con nueve millones de votantes, se cumplieron las proyecciones de las encuestas con la reelección del alcalde Bruno Covas, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de centroderecha. El regidor cuenta con el aval del actual gobernador del estado, Joao Doria, el principal rival político de Bolsonaro entre los conservadores.

Covas ha sido reelegido con un 59,3 % de los votos, lo que supone una amplia ventaja frente al profesor universitario y líder de los sin techo Guilherme Boulos (40,6%), que no pudo ir a votar tras dar positivo por coronavirus en la recta final de la campaña electoral.

Boulos, de 38 años, se ha alzado como la principal voz de la izquierda en Brasil tras llegar a las urnas de la mano del emergente Partido Socialismo y Libertad (PSOL), formación surgida en 2004 tras una purga promovida por el PT, y ha asumido una parte del protagonismo que durante décadas ha tenido Lula dentro del campo progresista.

En Río de Janeiro, la Alcaldía recayó en manos del exalcalde Eduardo Paes, que obtuvo el 64,11% de los votos tras recibir el apoyo crítico de un variopinto grupo de partidos tanto de izquierda como de derecha que tienen en común su animadversión al presidente Jair Bolsonaro.

Crivella (35,89%) contaba con el aval del líder de la ultraderecha brasileña, quien tenía sus cartas puestas en Río de Janeiro tras el varapalo sufrido en la primera vuelta por los candidatos bendecidos por él.

Bolsonaro, que no tiene formación tras abandonar el año pasado el Partido Social Liberal (PSL) por divergencias con sus líderes, transfirió su apoyo público a un total de 13 aspirantes, de los cuales 11 fueron derrotados en las urnas.

Además de Río de Janeiro, el 'bolsonarismo' también cedió este domingo en Fortaleza (nordeste), donde Wagner Sousa Gomes, conocido como el 'capitán Wagner', perdió por un estrecho margen.

El PT de Lula sella su debacle

Pese a que la izquierda consiguió contener la sangría vivida en las municipales de 2016, el tradicional Partido de los Trabajadores terminó de confirmar el descalabro ya vivido en la primera vuelta tras perder las elecciones en Recife y Vitoria (nordeste), las dos capitales que disputaba.

En Recife, Marilia Arraes, ahijada política de Lula, perdió ante su primo Joao Campos, que se convirtió en el alcalde electo más joven en una capital de Brasil, con 27 años.

En Vitoria, un antiguo reducto electoral del PT, el candidato del partido Republicanos, el comisario Lorenzo Pazolini, desbancó al progresista Joao Coser con un 58,50% de los votos.

Esta es la primera vez que el PT, considerado por muchos años como el principal referente del campo progresista de Brasil, no gobernará a ninguna de las capitales brasileñas desde 1985.

El PT, que ya gobernó por dos veces Sao Paulo, la mayor ciudad del país, llegó al récord de nueve capitales en 2004, en el segundo año del mandato presidencial de Lula (2003-2010).

Jornada electoral sin incidentes

Con una abstención récord en Sao Paulo y Río de Janeiro, el proceso se desarrolló casi sin incidentes y bajo estrictas medidas de seguridad por la covid-19, ya que Brasil es el segundo país con más muertes en el mundo por la enfermedad, con más de 172.000 fallecidos, y el tercero con más casos, con cerca de 6,3 millones de contagios.

El escrutinio fue notablemente más rápido que en la primera vuelta, cuando un intento de ataque cibernético retrasó varias horas la divulgación de los resultados.

En Brasil, el voto es obligatorio y se hace mediante urna electrónica, una modalidad considerada fiable según los especialistas, pero que ha sido puesto en duda por el presidente Jair Bolsonaro.

El líder ultraderechista no sólo cuestionó hoy el sistema electrónico de Brasil, sino que aprovechó la cita para denunciar el "fraude" en los comicios estadounidenses, donde el voto es en papel.

"La prensa no lo divulga, pero yo tengo mis informaciones, y no sirve de nada decírselas a ustedes porque no las van a divulgar, de que realmente hubo muchos fraudes (en las elecciones de Estados Unidos)", afirmó el jefe de Estado brasileño, uno de los pocos mandatarios que aún no ha felicitado a Joe Biden por su elección como presidente de Estados Unidos.

30 de noviembre de 2020 07:34h

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Lunes, 30 Noviembre 2020 05:33

Una guerra desde el limbo

Soldado marroquí en una carretera entre Marruecos y Mauritania en la localidad de El Guerguerat, Sahara Occidental, el 23 de noviembre Afp, Fadel Senna

EL REGRESO DE LOS ENFRENTAMIENTOS EN EL SAHARA OCCIDENTAL

A mediados de mes volvieron los combates al territorio saharaui, donde vive más de medio millón de personas y que permanece ocupado ilegalmente por Marruecos desde 1975. La región, testigo de un proceso de descolonización inacabado, tiene una importancia estratégica como vía de comunicación entre Europa y el turbulento Sahel.

 

El recuerdo la deja sin habla. Tenía 15 años cuando corrían los rumores de una posible invasión marroquí en el Sahara Occidental. Después de la que sería la última visita a sus amigas, Suelma Beiruk regresó a la casa de sus padres, en el centro de El Aaiún. Su madre hablaba con el resto de las vecinas y la conversación mezclaba desconfianza e incredulidad: los civiles marroquíes, acompañados por tanques y militares, habían llegado a la capital en noviembre de 1975. Le rogó que se refugiase en el interior del edificio, pero por aquel entonces Beiruk ya militaba en el Frente Polisario y decidió que lo más seguro era huir a pie por el desierto con su marido y su hijo. «Vuelvo mañana», fueron sus palabras, y no ha podido hacerlo hasta la fecha. A su madre y sus hermanas las ha vuelto a ver en una única ocasión.

A principios de noviembre de 1975 y a finales de la dictadura franquista, Marruecos invadió la entonces provincia española con la llamada Marcha Verde. Estalló una guerra con el Polisario, facción política que ya reclamaba la independencia bajo el dominio español. El conflicto cesó con el alto el fuego de 1991, que consolidó la división del Sahara en una zona ocupada por el reino alauita y otra liberada, donde se construyó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La separación se materializó con un muro minado que divide la región de norte a sur.

El viernes 13 de noviembre, el Polisario consideró roto el alto el fuego con Marruecos tras una acción militar contra civiles saharauis. El Ejército marroquí disolvió una protesta pacífica que exigía la autodeterminación del Sahara Occidental (donde viven unas 600 mil personas, según varias estimaciones) y bloqueaba una carretera en un área desmilitarizada en la frontera con Mauritania, conocida como «el tapón de El Guerguerat». El sábado 14 el Ejecutivo saharaui decretó oficialmente el estado de guerra y así dejó atrás los años de reivindicación pacífica.

Beiruk ejerce hoy como ministra de Asuntos Sociales y Promoción de la Mujer en la RASD. Como la mayor parte de los saharauis exiliados, ha madurado su vida en los campos de refugiados en el oeste de Argelia, en los que hoy viven más de 170 mil personas, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Desde hace 45 años tres generaciones viven en un limbo. La construcción de los campos en mitad del desierto era una solución temporal a la espera de un referéndum de autodeterminación, que aún no ha tenido lugar, prometido por España como potencia administradora y reconocido por la ONU. Los relatos de los habitantes de los campamentos y las ciudades saharauis mostraban esperanza en esta votación, pero tras la reciente injerencia militar las voces se alzan a favor de la lucha armada.

EL PRIMER DÍA

Aún era de noche cuando Bala Salama caminaba hacia la mezquita con su padre. El bullicio era ya abrumador. Su padre le contaba lo que había escuchado en la radio. «Estamos en guerra. Lo ha anunciado el Polisario tras un incidente en El Guerguerat», aseguraba. Los coches recorrían las calles y sólo se oían sus bocinas. Cuatro días más tarde, el joven de 29 años ya estaba ubicado en una academia militar con otros cientos de saharauis para ser formado como soldado. No conoce a nadie de su entorno que no se haya presentado voluntariamente. «En los últimos 29 años, la situación se calmaba con negociaciones y en los despachos, pero ahora [las autoridades marroquíes] han roto el alto el fuego», opina. Bala nació en el campamento de El Aaiún, pero trabajaba en Madrid. Viajó hace meses a Argelia para visitar a sus familiares, pero, debido a la emergencia sanitaria, ese país africano cerró sus fronteras, por lo que tuvo que quedarse. Hace unas semanas que nació su primer hijo. «Me atormenta pensar que cuando crezca deba decirle que tiene que luchar por recuperar su hogar. Que él fuera refugiado sería muy frustrante», cuenta desde el cuartel.

Beiruk olvidó las pésimas condiciones de vida de sus 45 años en el exilio esa mañana de viernes. Conoce el sufrimiento de la guerra y perdió a su marido en el primer conflicto, pero considera la lucha como «la única solución al haberse agotado la paciencia y el diálogo». Recuerda que la población de los campamentos se despertó con la noticia y la gente salió a la calle en masa. Cuenta que los padres aplaudían la decisión de los más jóvenes de alistarse y que diariamente «llegan solicitudes desde el extranjero y las zonas ocupadas».

En cuanto comprendió la situación, Jalil Naama comunicó su reincorporación al Ejército. Pasó el servicio militar al cumplir la mayoría de edad y ahora, con 34 años, ha sido reubicado en el frente. Todavía no se ha despedido de su mujer y sus hijas, de 2 y 3 años. Es funcionario público y posee su propia clínica dental, pero concibe como un deber responder al llamamiento a filas. Hijo de un excombatiente, vive desde niño la desesperación «de no pertenecer a ninguna parte». «A nadie le gusta la guerra. No hay vencedores. Pero en nuestro caso son 45 años en el exilio con promesas de paz y de un referéndum», confiesa. Habla de su generación, que ha vivido en carne propia la falta de avances y «la mentira». «Las organizaciones internacionales no han garantizado la votación. Vivimos en un limbo eterno. Quiero que mis hijas se sientan en su tierra, que no sientan lo que sentí yo. Lo dejo todo por la causa», concluye.

PREOCUPACIÓN EN LA CRUZ ROJA

El Comité Internacional de la Cruz Roja reconoce la gravedad de la situación y teme por las consecuencias humanas que conllevaría una escalada de violencia en el Sahara. Aun así, no ha planificado una estrategia para garantizar la seguridad del colectivo saharaui en los territorios bajo dominio marroquí. Mantiene, no obstante, «diálogos de carácter confidencial con los dos frentes implicados».

Esos territorios, al oeste y al norte del muro, se han convertido en un correccional a cielo abierto. Las libertades de expresión y movimiento no tienen cabida, de ahí que sean pocas las familias que han podido reencontrarse. Los activistas se ven sometidos a vejaciones, detenciones ilegales, torturas bajo custodia policial y violencia económica. Las asociaciones saharauis denuncian la brutalidad de las autoridades marroquíes incluso ante agentes de la Misión de las Naciones Unidas para la Organización de un Referéndum en el Sahara Occidental.

Durante la primera semana del estado de guerra aumentó con creces la presencia policial, se detuvo a decenas de personas y las manifestaciones fueron reprimidas con gran violencia, según informan medios locales. En octubre Amnistía Internacional insistió a la ONU que se debía realizar una «supervisión efectiva de los derechos humanos» en la zona. Recordó que las autoridades marroquíes restringen el acceso a las organizaciones que los defienden y subrayó la necesidad de garantizar los derechos universales en los campamentos, alegando que tampoco el Polisario había esclarecido ciertos abusos cometidos bajo su control.

LA SOMBRA DEL NARCOTRÁFICO

La carretera que atraviesa El Guerguerat une el norte de África con Sahel y es fundamental para las rutas que conectan el continente con el sur de Europa. Desde 2001, Marruecos ha asfaltado la zona de forma intermitente para conectarla con su red de carreteras y conseguir «una vía con salida a Mauritania para llegar al África central», lo que el Frente Polisario considera, y así lo ha venido comunicado, una violación de los acuerdos.

Asimismo, el Polisario denuncia que la carretera es un punto estratégico para el narcotráfico. Recientes investigaciones en Malí, llevadas a cabo por un panel de expertos creado por el Consejo de Seguridad de la ONU, revelan que el flujo de estupefacientes en el Sahel tiende a ser cada vez más estable y regular. El documento se refiere, entre otros temas, al contrabando de hachís procedente de Marruecos, cuyo destino final es Libia, tras ser transportado por Mauritania, Malí y Níger. En abril de 2019, la Policía marroquí incautó 12 toneladas de hachís en El Guerguerat. La droga era transportada en un camión y estaba escondida en cajas que contenían envases plásticos. Además, la región se caracteriza, desde hace décadas, por el intenso tráfico de armas.

Según el derecho internacional, España todavía es la responsable de proteger los derechos del pueblo saharaui, ya que nunca renunció a su papel como potencia administradora. De hecho, los acuerdos de Madrid de 1975 con Marruecos y Mauritania, en los que se establecía una gestión tripartita del territorio, carecen de validez legal. Todavía se puede pasear por las ciudades saharauis y hablar en castellano con algún anciano que cuenta cómo fue esa despedida tan agria, en la que vio marchar a cientos de conocidos hacia el desierto.

Ana Cortéz
27 noviembre, 2020

(Tomado de El Salto, por convenio. Brecha reproduce fragmentos.)

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Sábado, 28 Noviembre 2020 05:53

Drástico cambio

Drástico cambio

 De un tiempo para acá, a raíz de lo sucedido en su entorno de "aliados estratégicos" –rebelión pacífica en Bielorrusia, cambio violento de gobernante en Kirguistán, derrota del candidato presidencial en Moldavia y rencor en Armenia por permitir que Azerbaiyán recuperara Nagorno-Karabaj–, Rusia parece estar asumiendo la pérdida de su liderazgo en el espacio postsoviético y comienza a practicar una política que supone un drástico cambio en las relaciones con sus vecinos.

Poco a poco desaparecen de la agenda del Kremlin concepciones claves que, en los 30 años recientes, proyectaban la intención de reconstruir de las ruinas, si no la Unión Soviética completa (imposible tras la ruptura definitiva con cinco repúblicas, las tres bálticas: Estonia, Letonia y Lituania, más Ucrania y Georgia), al menos una parte del imperio dominado por Rusia.

Los voceros oficiales hablan cada vez menos de la "Alianza Euroasiática", el "mundo ruso", la "zona de intereses exclusivos de Rusia", el "papel de Moscú como garante de la soberanía y la seguridad de los países ex soviéticos" y otros grandes sueños que, en distintos periodos de la gestión del presidente Vladimir Putin, sirvieron de eje para formular la política en el espacio postsoviético.

Ahora, Rusia procura no hacer más del mínimo que imponen sus obligaciones contractuales (Armenia), prestar ayuda muy concreta sólo cuando obtenga a cambio beneficios geopolíticos (Armenia, Bielorrusia, Kirguistán), rechazar a quien no acepte las condiciones rusas aun si aparentan ser aliados (Lukashenko), no inmiscuirse demasiado en la solución de conflictos ajenos que puedan repercutir en la política interna rusa (Kirguistán).

Asimismo, no provocar nuevas sanciones de Occidente por causa de sus protegidos (Bielorrusia, Kirguistán), reconocer tácitamente que otros actores regionales pueden tener "intereses parciales" en el espacio de la antigua Unión Soviética (Turquía), entender que son limitadas sus posibilidades y recursos para influir en crisis de poder o cambios de gobierno en otros países (Moldavia), entre otros rasgos de la actual política del Kremlin.

Tal vez el divorcio con dos países fraternos, Ucrania y Georgia –su elevado coste económico y consecuencias políticas negativas– influyó en que Rusia busque no repetir esa amarga experiencia.

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Protocolos indígenas en América Latina: un camino para la autonomía

El derecho a consulta previa de los pueblos indígenas ha ido perdiendo eficacia frente a las amenazas de los sectores extractivos sobre sus territorios. Frente a ello, algunas comunidades indígenas tratan de crear sus propias normas

Rocío Westendorf

IWGIA — 24 de noviembre de 2020 22:41h

Cuando la COVID-19 llegó a Perú, el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis cerró de inmediato su territorio para que la pandemia no los alcanzara sin estar preparados. "Es una demostración de que los pueblos indígenas conservan su capacidad de gestión de sus territorios", señala Frederica Barclay, antropóloga e integrante del Centro de Políticas Públicas y Derechos Humanos - Perú Equidad.

Al territorio de los wampis solo se puede acceder navegando por los dos ríos principales de la región Amazonas, el Santiago y el Morona. La minería ilegal, la actividad petrolera, los megaproyectos de hidroeléctricas en Manseriche, y el oleoducto con permanentes derrames de crudo en Santiago de Morona son las principales amenazas a su territorio. Sin embargo, los wampis nunca han sido partícipes de procesos de consulta bajo la legislación que reconoce este derecho en el país. La experiencia más cercana es su demanda contra el lote petrolero 116, que los asesores legales calificaron como "omisión de consulta".

En 2015, más de cien comunidades se reunieron en la comunidad nativa Soledad para anunciar la formación del gobierno territorial autónomo de la nación Wampis. "En el Perú, la nación Wampis es un ejemplo de experiencia de elaboración de formatos de consulta desde la aplicación del principio de autodeterminación", explica Frederica Barclay. "Esto se expresa en su  Estatuto del Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis (GTANW), el cual deja en claro que, al proclamarse nación, exige que se la trate como un sujeto político con derechos. Además, define claramente su territorio como indivisible, lo cual anticipa y delimita las condiciones para que una consulta pueda ser válida".

Según el Secretario Técnico del GTANW, Shapiom Noningo, "la propuesta de la nación Wampis busca enseñarle al Estado a que piense de distinta manera". Por ello, no sorprende que los wampis planteen excluir del proceso de consulta y del uso de su protocolo a todo proyecto o plan que implique un impacto significativo del territorio. "El gobierno va a tocar las puertas de la Nación Wampís porque hay petróleo y minería en nuestros territorios y por ello, estamos construyendo nuestro propio pensamiento para decirle al Estado que su ley no es aplicable en nuestra tierra. La consulta previa no nos sirve si impacta en la naturaleza; porque si lo hace, afecta a los derechos humanos", afirma Noningo. La nación Wampis entiende que nada que pueda afectar a la integridad y vida de su territorio puede ser sometido a consulta.

Treinta años después de su consagración en el Convenio 169 de la OIT, el derecho a consulta previa de los pueblos indígenas ha ido perdiendo eficacia frente a las amenazas de las industrias extractivas sobre sus territorios. Salvador Millaleo, abogado mapuche consejero del INDH, la institución más importante de derechos humanos de Chile, señala que "existe un desfase entre esa consagración y la práctica, pues los poderes que formulan medidas que van a impactar en los pueblos indígenas han hecho todo lo posible por reducir el impacto de la consulta".

Según explica, "el Estado la reduce a su expresión mínima, ya que la convierte en un listado de control, un procedimiento burocrático tanto para aprobar proyectos de inversión como para sacar sus propios proyectos de ley".

En los últimos veinte años, varias constituciones latinoamericanas, al amparo de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, han ido han introduciendo un mayor desarrollo de los derechos de autodeterminación y autonomía de los pueblos indígenas, que no excluyen la consulta sino que la complementan. Las constituciones de Bolivia, Ecuador, Perú, Nicaragua y México,  así como la constitución colombiana -en la que figuran los regímenes autonómicos de los territorios especiales- reconocen en grados diversos el derecho a la autonomía de los pueblos indígenas en sus territorios.

Qué son los protocolos autónomos de consulta

El Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas (IWGIA) apoya desde 2015 diferentes procesos de construcción de autonomías indígenas en América Latina. "Nuestro trabajo es apoyar la consolidación de las autonomías, promover el intercambio de experiencias entre gobiernos indígenas y posibilitar el diálogo con organismos internacionales de derechos humanos", señala Alejandro Parellada, asesor para América Latina en IWGIA. "Y una de las facultades de las autonomías es que con ellas los indígenas pueden desarrollar mecanismos que regulen sus derechos en el ámbito interno así como su relación con el Estado y otros actores. Son los protocolos autónomos de consulta".

Su denominación, contenido y alcance varía según los pueblos. Surgen a raíz de un conflicto con el Estado y actores privados que amenazan sus territorios o formas de vida y, en algunos casos, son reconocidos por los Estados como una guía aplicable a los procesos de consulta. En Brasil, por ejemplo, la justicia obligó al Estado a utilizar el protocolo del pueblo Juruna para realizar una consulta sobre la exploración de oro por parte de la empresa canadiense Belo Sun. En Chile, el protocolo del pueblo Yaghán se origina a partir del creciente impacto del turismo científico en su territorio.

Sin embargo, persiste una resistencia de los Estados a reconocer dichos protocolos y garantizar que coexistan con la normativa legal. "El nivel de conflictividad entre el protocolo y el derecho nacional depende en primer lugar del reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. En el caso de Chile, donde no existe un reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, los protocolos, si quieren tener eficacia, van a generar un conflicto normativo", señala Millaleo, actualmente inmerso en la cuestión de la representatividad indígena en el proceso constituyente de su país. "En segundo lugar, si estas normativas internas inciden en cuestiones de sectores productivos muy importantes, donde las empresas en juego tienen mucho poder sobre el aparato estatal, es probable que se resistan a sujetarse a los protocolos y acudan al Estado".

Según Salvador Millaleo, la eficacia del protocolo frente al extractivismo es indirecta. "Como las empresas están interesadas en generar procesos donde no haya conflictos, que tienen un elevado coste social y jurídico, muchas de ellas prefieren entenderse con las comunidades cumpliendo estos protocolos porque ello les garantiza evitar esos conflictos más que la acción del Estado".

"La tendencia en un futuro", agrega Millaleo, "va a ser que los Estados vayan reconociendo estos protocolos. No tanto porque estén convencidos de su justicia, sino porque cuando hay una fuerza social importante detrás de ellos se pueden transformar en métodos eficaces de resolución alternativa de conflictos. Si el Estado apoya a la empresa, perjudica a los pueblos indígenas y va perder en legitimidad. Para evitar conflictos, el Estado va a preferir dar un mayor reconocimiento a los pueblos indígenas, en la medida en que éstos tengan la voluntad de sacar adelante estos protocolos".

El caso del territorio Arhuaco

Según estableció la Corte Constitucional de Colombia en 2009, el pueblo Arhuaco, uno de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, al noroeste de Colombia, fue durante el conflicto armado víctima de "homicidios, masacres y violaciones de derechos humanos cometidos por actores armados ilegales y por la fuerza pública". En la actualidad, se enfrenta a la amenaza derivada de la presencia del narcotráfico, de misioneros evangelizadores y de empresas mineras.

"La minería era uno de los objetivos claros del conflicto armado" afirma Leonor Zalabata, líder de pueblo Arhuaco. "Hubo una militarización de nuestros territorios en la Sierra Nevada durante el conflicto armado y vinieron batallones de ingenieros militares. Ahora entendemos por qué están autorizados numerosos títulos mineros, licencias ambientales y hay seis bloques de hidrocarburos en ejecución".

Ante la falta de respuesta del Estado y ante la inutilidad de su participación en cientos de escenarios institucionales y procesos de consulta previa que no han garantizado su autonomía, ni la protección de sus territorios, en 2017 se crea el protocolo del pueblo Arhuaco.

Está basado en lo que ellos consideran la "Ley de Origen", Seyn Zare que establece "un ordenamiento preexistente a toda norma creada por el hombre". De esta manera, el protocolo define de antemano aquellos asuntos que, conforme a la Ley de Origen, no podrán obtener consentimiento y, por tanto, no tienen por qué ser consultados. "Es una posición arraigada en sus usos y costumbres, pero que también se enmarca perfectamente en el derecho internacional" afirma Alejandro Parellada, de IWGIA.

Aunque aún queda mucho camino por recorrer, ejemplos como éstos brindan ejemplo para los Estados y, esperanza para otros pueblos de la región cuyo nivel de autogobierno deja mucho que desear. En palabras de Frederica Barclay: "Está por verse en qué medida el Estado es capaz de transformar un pedido de renovación de la relación entre pueblos indígenas y gobierno, en una oportunidad para concretar el pluralismo y la justicia".

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