El magnate multimillonario y fundador de Amazon Jeff Bezos posa junto a otros tripulantes del cohete New Sephard después de haber volado al espacio. — Joe Skipper / REUTERS

La disputa entre Jeff Bezos, Elon Musk y Richard Branson por lanzar sus cohetes abre la puerta a un nuevo modelo de turismo espacial con un probable impacto ambiental y con un marcado carácter elitista.

 

Son ricos. Muy ricos. Y quieren conquistar el espacio. Este martes fue el multimillonario Jeff Bezos, fundador de Amazon, el que cumplió el sueño de sobrevolar el planeta con su propia nave espacial. Hace tan solo una semana lo hacia el magnate británico Richard Branson, cofundador de Virgin Group, y se espera que, más pronto que tarde, el excéntrico creador de Tesla, Elon Musk, despegue con su propio cohete. Hazañas privadas que vienen revestidas de salvación, pues los promotores de estos viajes ven en la carrera espacial –además de un nuevo modelo de turismo– una forma de eludir el problema climático a través de la colonización de Marte. Esta nueva disputa, no en vano, tiene poco de verde, además de reflejar la salida desigual a la crisis climática: sólo los ricos tendrán 'planeta B'.

El uso intensivo de combustible que las tecnologías espaciales hacen es el principal problema. Aunque todavía no hay datos exactos de emisiones, ya empiezan a publicarse algunas informaciones sobre el elevado impacto ecológico de estas naves. Según cálculos realizados por el Financial Times, una nave como la utilizada por Branson el pasado 9 de julio emite hasta 13 veces más CO2 que un avión que realiza un vuelo transatlántico. Todo ello con tan sólo cuatro tripulantes a bordo. Tras el viaje mediático de Bezos, el asesor principal de la NASA que había participado en el proyecto, Gavin Schmidt, dijo que las emisiones del lanzamiento eran "totalmente insignificantes en comparación con otras actividades humanas".

Andreu Escrivà, ambientólogo y autor del libro Y ahora yo qué hago (Capitán Swing, 2020), reconoce que las emisiones de los viajes de Bezos o Branson son "irrelevantes en términos globales", pero señala que el problema no está en estás hazañas puntuales, sino en los fines empresariales que se busca con ellas. "Si lo que se pretende es implantar un nuevo modelo de turismo espacial y de divertimento para las clases super altas, que se han visto aumentadas con la crisis, pues ahí es cuando tenemos el problema", expone. "Si empieza a ser algo a lo que no sólo acceden estos superricos, si se empieza a convertir poco a poco en algo más accesible para el resto de ricos, entonces tendremos un problema, porque tendremos a una minoría concentrando una gran cantidad de emisiones de CO2".

El impacto de esta industria turística tendría ciertas similitudes con el modelo de aviación comercial. Un sector destinado al disfrute de unas élites con altas emisiones de CO2 bajo sus espaldas. En esa analogía con la aviación, los gases de efecto invernadero liberados por el sector son minoritarios a priori, pues se sitúan en torno al 2% y al 5% del total, dependiendo las fuentes consultadas. Sin embargo, ese porcentaje se reparte entre muy pocos individuos si se tiene en cuenta que el 90% de la población mundial nunca ha subido en un avión, según los cálculos de Stay Grounded

"En un contexto de emergencia climática, iniciar actividades intensivas en carbono, que además no están sometidas a ninguna regulación, es como ir a contracorriente, hacia el lado opuesto al que necesitamos ir", argumenta Pablo Muñoz, portavoz de Ecologistas en Acción, que aunque reconoce que es muy pronto para saber el impacto global que tendría una industria como esta, señala que los antecedentes de la aviación comercial son una buena referencia.

Tecnolatría frente a la crisis climática

En el caso de Musk, sus intereses en esta carrera espacial entroncan con su visión de la crisis climática y su forma de buscar soluciones absolutas a través de la tecnología. El inventor de Tesla ha dicho en numerosas ocasiones que "está seguro" de que logrará mandar a seres humanos a Marte antes de 2026 con la intención de asentar en el planeta rojo los primeros colonos.  Sueños que rozan con lo pueril, pero que dejan ver que los superricos, conscientes del problema ecológico de la humanidad, ya empiezan a buscar sus propias salidas individuales. En cierta medida, recuerda a aquel episodio de la serie El colapso, en la que los ricos, ante la caída del sistema capitalista por consecuencia del cambio climático, viajan a una isla blindada y con suficientes recursos para la subsistencia.

"Se ha dicho de diferentes maneras que no podemos vivir en Marte ni en ningún otro lugar del espacio, al menos como especie. Otra cosa distinta es que haya personas que piensen en sus propias utopías individualistas. Sobre esto hay gente que ya está trabajando intensamente y no debemos descartar en que se empiezan a vender futuros fuera de la Tierra", argumenta en referencia a los planteamientos de Elon Musk, Jordi Mir, filósofo y doctor en Humanidades por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.

"Nos lo están colando con el subterfugio de la exploración espacial, la investigación y la necesidad de colonizar Marte para salvar a la humanidad, pero esto no tiene nada que ver con salvar a la humanidad, ni con esfuerzos altruistas, sino que es simplemente un juguete de gente como Bezos o Branson que no puede plantearse como una opción nunca", opina Escrivà. "Estamos confiando en decisiones tomadas por unas élites que sólo se van a preocupar por ellas mismas y que nunca van a tomar soluciones igualitarias, que sólo van a plantear soluciones que beneficien a sus cuentas corrientes", apostilla.

Pero no sólo se está apuntando a la tecnología y a Marte. En todo esto hay cierto lavado verde y los actos de Bezos son los más evidentes. Al terminar el vuelo espacial, el magnate anunció que donaría 100 millones de dólares al Chef José Andrés para que, a través de su ONG, pueda alimentar a personas desplazadas y afectadas por el cambio climático y por otras cuestiones. Además, en Febrero el multimillonario ya donó 10.000 millones de dólares a una fundación para la investigación científica sobre el cambio climático. Es, según el filósofo de la Pompeu Fabra, una forma de limpiar su imagen "intentando ofrecer otros tipos de miradas en positivo que, sin embargo, no se van a concretar en nada".

Mir reflexiona sobre las implicaciones que tienen estas investigaciones espaciales, tanto desde el punto de vista ambiental como desde el social y se pregunta por la necesidad real de desarrollar una carrera espacial en mitad de una situación de emergencia climática. "No termino de ver las cosas positivas que puede traer esto para el conjunto de la sociedad", sostiene. "Me preocupa porque no es algo que esté orientado hacia el bienestar colectivo, sino hacia una manera de seguir gastando más dinero en un turismo contaminante y obviando todas las externalidades, como si de repente ya no fuéramos conscientes de que la aparición de este tipo de viajes espaciales van a contribuir a incrementar las emisiones y de que, además, lo van a hacer sólo unas élites".

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El movimiento cívico y social Avaaz lanzará una campaña en las calles de Nápoles, en las redes sociales y en el diario Financial Times, llamando a los países ricos a reconocer su deuda ecológica.

Solicitada en el Financial Times por la discusión sobre la deuda ecológica

En Nápoles, Italia, comienza la Reunión de ministros de medioambiente del G20. Pedido para que las economías más grandes del mundo se comprometan para lograr un cambio sistémico que permita la recuperación justa y ecológica para el mundo

 

Este jueves, en coincidencia con el inicio del encuentro del G20 sobre clima, medioambiente y clima, el movimiento cívico y social Avaaz lanzará una campaña en las calles de Nápoles, en las redes sociales y en el diario Financial Times, llamando a los países ricos del G20 a reconocer su deuda ecológica y a comprometer financiamiento concreto en las acciones para mitigar el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad.

En el Financial Times, Avaaz publicará una solicitada con el título: “La gente tiene hambre de esperanza” en la que se destaca a cinco de los líderes ambientales del G20, entre ellos el ministro Juan Cabandie, como los dirigentes que tienen la posibilidad de destrabar las negociaciones internacionales sobre medio ambiente.

 “Cada vez es más claro que proteger el ambiente es la única salida para estabilizar nuestras economías, idea que ha sido reconocida por los ministros de Finanzas del G20, al indicar que siguen siendo prioridades urgentes, ahora toca que los ministros de medioambiente hagan lo propio” explicó Oscar Soria, director de campañas de Avaaz.

La solicitada Avaaz es parte de una campaña que se lanzará en Nápoles en el marco de la Reunión de ministros de medioambiente del G20. Es en ese marco que se pide a los cinco ministros que impulsen un acuerdo para que las naciones asistentes envíen un mensaje contundente en el que todos los países y mercados que las 20 economías más grandes del mundo se comprometan para lograr un cambio sistémico que permita la recuperación justa y ecológica para el mundo.

El presidente de la 26a Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el brítánico Alok Sharma tiene un poderoso menú de opciones donde el 50 por ciento de la financiación climática se dirija rápidamente para atender la adaptación climática ya que los impactos climáticos se han vuelto cada vez más severos, no sólo en los países en desarrollo, sino también aquí en Europa.

John Kerry, enviado presidencial especial de Estados Unidos para el Clima, debe restaurar la credibilidad climática de su país con acciones concretas para que países como China dejen las excusas y tomen acciones. Esto incluye entregar urgentemente los 100 mil millones de dólares en financiamiento climático que prometió Estados Unidos. Y también debe poner toda su influencia para forzar una reforma financiera para que el dinero destinado al pago de la deuda soberana se oriente ahora a pagar la deuda ecológica, atendiendo especialmente a las crisis gemelas del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Las naciones en desarrollo no deberían quedarse esperando. Según Avaaz, deberían presentar propuestas en la mesa para cambiar las reglas que generan inequidad e incentivos destructivos para el medio ambiente. Juan Cabandie de Argentina y Barbara Creecy de Sudáfrica son vistos no sólo como defensores de los derechos humanos, sino como potenciales interlocutores del Sur Global para presentar una visión en el que las recuperaciones económicas, sociales y ecológicas vayan de la mano: “La Argentina y Sudáfrica tienen la oportunidad, y la responsabilidad, de liderar el llamado del Sur Global para reconocer la deuda ecológica contraída por los países ricos, y reorientar las finanzas de la deuda soberana hacia una recuperación justa y verde para los países en desarrollo”, dijo Soria.

Por último, el anfitrión de la cumbre, el ministro italiano de transición ecológica, Roberto Cingolani, tiene la oportunidad y la responsabilidad de guiar a todos los ministros del G20 para que acuerden una declaración política sólida que muestre al mundo que hay un camino hacia una eliminación gradual de los subsidios que dañan nuestro clima y biodiversidad.

“El mundo enfrenta una crisis climática sin precedentes: graves inundaciones en el norte y temperaturas a la alza que incrementan los incendios forestales en diversas latitudes. Hoy en Argentina, el río Paraná registra la mayor bajada en los últimos 70 años, que trae consigo sequías y otras afectaciones para las poblaciones que dependen de este afluente”, dijo el dirigente de Avaaz.

El G20 es un importante impulsor de la destrucción de la biodiversidad: representan las cuatro quintas partes de las emisiones mundiales; el gasto público en subsidios perjudiciales para la el medio ambiente fue al menos cinco veces mayor que el gasto total para proteger los ecosistemas; estos 20 países deben redoblar esfuerzos inmediatos de movilización coordinada para cerrar la brecha hacia los 1,5°C de calentamiento global entre ahora y la Cumbre climática de Glasgow.

21/07/2021

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Miércoles, 21 Julio 2021 06:43

Caos climático y acaparamiento de tierras

Caos climático y acaparamiento de tierras

Las trampas de las empresas para ignorar la gravedad del cambio climático que ellas mismas han provocado no sólo empeoran el clima, también producen otra serie de nuevos impactos sobre las comunidades que se agregan a los del cambio climático, como nuevos acaparamientos de tierra y desplazamiento de comunidades.

Casi cada mes hay nuevos informes de ONU y expertos sobre cambio climático, que corroboran lo que cada vez más gente sufre aunque no los haya leído: largas sequías o demasiada lluvias, demasiado calor o demasiado frío, tormentas y huracanes más fuertes, todo fuera de lugar y tiempo esperados. Un sombrío informe conjunto de dos paneles globales de expertos sobre cambio climático (IPCC) y sobre biodiversidad (IPBES) publicado en junio pasado alerta que con el caos del clima, lo peor aún está por venir. (Emmanuel González, Biodiversidad en América Latina)

Uno podría pensar que como afecta a las bases mismas de todo el sistema de producción, el capitalismo tendría que reaccionar poniéndose algún límite, aunque sea por auto-preservación, para poder seguir explotando a la gente y al planeta. Pero las empresas causantes del cambio climático siguen procurando mantener sus ganancias sin cambiar nada realmente, aunque sí hacer nuevos negocios con la nueva ola de proyectos de economía verde relacionada al clima. En lugar de reducir emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), hacen planes basados en conceptos engañosos como “cero emisiones netas” o “neutralidad climática”. Son trampas contables, para que una suma y resta termine en un supuesto cero, por eso se llama “neto” y no sólo cero emisiones. Se proponen incluso aumentar sus emisiones, ya que las podrían compensar con proyectos lucrativos como mega plantaciones de árboles y monocultivos, proyectos de “conservación” de áreas naturales -que le quitan control de sus territorios a las comunidades, como REDD+ y similares, y finalmente, también técnicas de geoingeniería.

Varias publicaciones recientes, de Grain, Amigos de la Tierra Internacional y Corporate Accountability junto a otras organizaciones como La Vía Campesina y la red Ambiental Indígena explican qué significan en realidad esta serie de nuevos anuncios de las empresas sobre clima.

Grain analiza por ejemplo, los “compromisos” que han hecho varias trasnacionales de agronegocios. El IPCC reconoce que el sistema alimentario industrial es responsable de al menos 37 por ciento de las emisiones de GEI, que es una cifra tremenda, pero que si extrapolamos todas la emisiones de la cadena del campo al plato, especialmente la industria cárnica y láctea, es un porcentaje aún mayor. Grain estima que es cerca de la mitad de la emisión global de gases GEI.

Uno ejemplo ilustrativo es la trasnacional Nestlé, cuyo principal accionista es BlackRock, la mayor empresa mundial de gestión de activos. Junto a otras 545 empresas financieras, BlackRock se comprometió a que los grandes emisores de GEI en los que invierten transiten a “emisiones cero neto” en 2050.

Tal como demanda BlackRock, Nestlé anunció en 2020 un “Plan hacia cero emisiones netas”, en el que se compromete a llegar a “cero neto” en 2050 en todas sus operaciones, incluidas las causadas en su cadena de abastecimiento, conocidas como “emisiones de alcance 3”. Solamente ese sector de emisiones de Nestlé representa casi el doble de las emisiones totales de Suiza, su país sede.

Pese a ello, el plan de Nestlé no implica reducir sus ventas de alimentos basados en lácteos, carnes u otros productos con alto porcentaje de emisiones, sino que proyecta aumentar en 68 por ciento sus compras de estos insumos y otras materias primas agrícolas hasta el 2030. La acción climática de Nestlé, se conseguiría a través de que sus proveedores hagan cambios en la forma de producir; a través de reducir las emisiones ligadas a los fertilizantes por usos supuestamente más eficientes (y/o manipular genéticamente el ganado o sus forrajes) y a través de compensar las emisiones restantes, que la empresa reconoce serán mucho mayores. Esto último a través de “soluciones basadas en la naturaleza” y “remoción de gases de la atmósfera”, probablemente invirtiendo en empresas de geoingeniería, que le rendirán una nueva fuente de ganancias.

Aunque no da detalles, Nestlé asigna 1200 millones de dólares durante los próximos 10 años para este plan. Poniendo la cifra en perspectiva, explica Grain, Nestlé pagó a BlackRock y sus accionistas 8,000 millones de dólares en ganancias el último año. O sea que representa 1.5% de lo que Nestlé paga a sus accionistas en dividendos (o sea, en ganancias) y tres veces menos de lo que paga a BlackRock anualmente. Es importante notar que BlackRock, junto a sus anuncios de estimular a las empresas en las que invierte a hacer planes de emisiones cero netas, es simultáneamente una fuerte inversora en combustibles fósiles y no piensa dejar de hacerlo)

Cero emisiones neta es peor que nada, afirma certeramente Grain, porque no se trata solamente de maquillaje, sino de una coartada para aumentar exponencialmente sus actividades que ya se conoce tienen un efecto devastador en el cambio climático.

Como hay cada vez más empresas que han anunciado sus planes de “soluciones basadas en la naturaleza” para “compensar” el aumento de emisiones con grandes plantaciones, cercamiento de áreas naturales, apropiación de humedales, etc, aunque no cumplan todo lo que anuncian y sólo avancen con una parte de estos planes, ello “resultará en un masivo acaparamiento de tierras, bosques y territorios de pueblos indígenas y comunidades rurales del Sur global”.

Grain estima que la ambición de Nestlé de compensar 13 millones de toneladas de emisiones de CO2 con estas llamadas “soluciones basadas en la naturaleza” requeriría disponer de al menos 4 millones 400 mil hectáreas de tierra anuales. La compañía italiana de energía Eni señala que necesita el doble de esa área hasta 2030 y ya avanzó con el proyecto de establecer 8 millones 100 mil hectáreas en África. Shell, otra de las petroleras que hablan de “cero emisiones netas” y para ello usar “soluciones basadas en la naturaleza” requiere 8 millones 500 mil hectáreas de tierras por año hasta 2035. O sea, entre solo tres empresas ¡proyectan apropiarse de más de 20 millones de hectáreas anuales!

Considerando que al momento más de 1500 grandes empresas han hecho promesas similares, está desatada la caza y disputa para controlar (comprar y/o controlar) tierras naturales y agrícolas, bosques y áreas naturales. Todas áreas donde viven y trabajan la mayoría de las comunidades campesinas e indígenas del planeta, que en realidad son sus territorios.

En el reporte “La gran estafa”, se analizan en detalle los planes “cero neto” de varios de los mayores contaminadores climáticos, que incluyen grandes petroleras como Shell, Chevron, BP y Eni, varias de las mayores empresas digitales como Microsoft y Amazon, gestoras de inversión como BlackRock, empresas de agroalimentación industrial como Walmart y JBS, además de compañías de aviación y otras. También los mecanismos que usan para legalizar el engaño, desde cabildeo en organismos internacionacionales a corrupción de informes científicos para medir y controlar el supuesto “secuestro” de carbono en diferentes áreas.

Los planes de estas empresas exceden con mucho la disponibilidad de tierras, bosques y otros ecosistemas, como humedales y mares, que además no son ecosistemas vacíos y ya cumplen una función en el equilibrio global del clima, por lo que si se aumentan las emisiones, por más que cada empresa diga será “compensada” no va a cambiar el desequilibrio que ya existe, solamente lo empeorará al agregar más carga de gases de efecto invernadero. El cálculo exacto de lo que se porponen las empresas no es posible, porque la mayoría son suficientemente vagas para que no se pueda tampoco controlar que dicen y qué hacen realmente. Los ecosistemas tienen límites naturales: no se puede seguir agregando emisiones y suponer que por arte de magia -o cazando unicornios de carbono– el caos climático no va empeorar.

La auténtica restauración de ecosistemas dañados, desde las comunidades que allí viven, es necesaria, pero solo es posible desde abajo, desde los pueblos, las comunidades indígenas, rurales y urbanas, respetando y afirmando sus derechos integrales. Es necesario un cambio de sistema, no cambiar una tecnología por otras, manteniendo la brutal inequidad de consumo y recursos globales.

Por ello, como dice Amigos de la Tierra, La Vía Campesina y la Red Ambiental Indígena en el reporte Cazando unicornios de carbono, “lo que queda meridianamente claro en esta historia es que los más grandes y ricos del mundo no tienen ninguna intención ni ambición de reducir realmente las emisiones. Describir sus esfuerzos por encubrir el aumento continuo de emisiones fósiles como “maquillaje verde” se queda bastante corto: los términos ecocidio y genocidio sintetizan con mayor precisión los impactos que el mundo enfrentará”.

Por Silvia Ribeiro

21 julio 2021

 

Referencias

En busca de unicornios de carbono: el engaño de los mercados de carbono y la reducción de emisiones a “Cero Neto”

Amigos de la Tierra Internacional, La Vía Campesina, Red Ambiental Indígena y otras organizaciones. Febrero 2021. https://www.foei.org/es/recursos/unicornios-mercados-de-carbono-cero-neto-informe

El “maquillaje verde” de las corporaciones: las “emisiones netas cero” y “las soluciones basadas en la naturaleza” son un enorme fraude

Grain, marzo 2021. https://grain.org/es/article/6635-el-maquillaje-verde-de-las-corporaciones-las-emisiones-netas-cero-y-las-soluciones-basadas-en-la-naturaleza-son-un-enorme-fraude

La gran estafa.Cómo los Grandes Contaminadores imponen su

agenda “cero neto” para retrasar, engañar y negar la acción climática

Corporate Accountability, Friends of the Earth International, Global Forest Coalition. Julio 2021 https://www.corporateaccountability.org/wp-content/uploads/2021/06/La-Gran-Estafa_SP.pdf

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Lunes, 19 Julio 2021 06:05

Mercado y cambio climático

Mercado y cambio climático

La pretensión humana, asociada con la idea comúnmente mantenida del significado y contenido del progreso, se basa en la convicción de que dominamos al planeta. Esto implica una relación crecientemente conflictiva con la naturaleza, a la que solemos ver como algo ajeno a nosotros, externo, que nos pertenece, y está a nuestro servicio, para ser usada con el mayor provecho posible. Hay cada vez más muestras de lo errónea que es esta concepción.

Recientemente, el Political Economy Club, fundado en Londres hace 200 años por el pensador escocés James Mill y entre cuyos miembros originales estuvieron Thomas Malthus, reconocido por su teoría de la población, y David Ricardo, figura clave de la llamada economía clásica, junto con el diario Financial Times, convocaron a una celebración de aniversario ofreciendo un premio.

Se trató de la presentación de un ensayo sobre dos temas de relevancia del pensamiento de Malthus y Ricardo. Uno de ellos en torno al debate sobre el cambio climático, asunto cada vez más relevante, como puede apreciarse en una diversidad de fenómenos que se manifiestan de manera más visible y con severas repercusiones sociales.

El ensayo ganador lo escribió Joe Spearing con el título: Tenemos que ver más allá del mercado para vencer al cambio climático. Lo tomo como una referencia para hacer algunas consideraciones al respecto.

Malthus y Ricardo compartían una visión acerca de la relación entre la naturaleza y la economía. El primero con la desesperanza basada en su visión lúgubre sobre la naturaleza humana y la convicción de que los humanos somos irremediablemente autodestructivos. El segundo mantenía la expectativa de que pueden crearse diversos esquemas para aliviar la condición humana, especialmente por medio del mecanismo de los precios.

La naturaleza era para los dos una condición dada, separada de la sociedad y valiosa sólo de modo instrumental. Como señalaría después Marx, se alienaba a la naturaleza, cuando lo que ocurre es que los seres humanos participamos de un intercambio continuo con ella, mismo que se reproduce en el proceso productivo. De tal modo, la naturaleza no puede ser vista como una mera traba para la acumulación.

La separación que se crea entre lo humano y lo natural y la competencia que se crea en un entorno generalizado de producción de mercancías y la fijación de sus precios relativos, acarrea la degradación del medio ambiente en favor de consideraciones productivas de corto plazo que, progresivamente, debilitan los contrapesos que podrían establecerse. El horizonte de conservación de los recursos naturales y de protección general del medio ambiente, como ocurre con el calentamiento global, tiene que ampliarse y eso requiere de cambios significativos en la manera en se concibe a la sociedad y el ámbito de lo público.

Dice Spearing: "La interacción de la humanidad con la naturaleza está crecientemente mediada por el motivo de las ganancias, la naturaleza queda reducida a una inconveniente limitación para un aumento constante la producción y el consumo. En la práctica esto lleva a la desforestación, los cambios en el hábitat y la degradación de los ecosistemas".

El cambio climático es parte de esta relación problemática del modo de producción y consumo vigentes. Tiene que ver con una serie de condiciones expresadas en los precios, como ostensiblemente ocurre con la utilización de la tierra y la energía, ambas con repercusiones diversas sobre el deterioro de la atmósfera.

La naturaleza no es un mero obstáculo, un factor poco conveniente para la producción y generación de ganancias. Esa condición previene el surgimiento de alternativas que la protejan.

Los precios no son en este sentido una señal completa, lo que choca con las formas prevalecientes de acumulación y de reproducción en la sociedad. Los costos de producción no incorporan los costos sociales y esta divergencia es cada vez más notoria y riesgosa. En Estados Unidos se debate la aplicación de una tarifa al carbón que se impondría a los países que no aplican las limitaciones a la emisión de gases invernadero, una medida parcial y con diversas repercusiones.

Al respecto, Spearing sintetiza el siguiente argumento: el cambio climático no expresa una falla del mercado, sino varias. Entre ellas aparecen, por ejemplo, los bienes públicos de alternativas de transporte y de la necesaria infraestructura para sostener otras formas de consumo; las fallas que afectan el surgimiento de nuevas tecnologías y su utilización; la estructura de los mercados financieros que genera fricciones en la asignación de las inversiones a proyectos menos contaminantes. A eso se suman las muy variadas condiciones de las políticas públicas requeridas para confrontar las fallas del mercado.

Las regulaciones impuestas por los gobiernos adoptan nuevas formas y alcances distintos, pero esto sigue siendo, para los capitales, un verdadero anatema en el sistema. Las políticas públicas aparecen como formas de intervención en un entorno en el que los ajustes relativos a la relación con la naturaleza son una exigencia primordial.

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En el Parque Nacional Valle de la Muerte, California. Foto Afp

"Cada ola de calor que ocurra hoy día será más intensa debido al cambio climático inducido por el hombre."

Estas son las palabras de Friederike Otto, directora asociada del Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford y una de las principales expertas en clima extremo del mundo.

Otto es parte de un equipo que hace unos días reveló que la crisis climática global hizo que la reciente ola de calor de América del Norte fuera 150 veces más posible.

Sin el calentamiento causado por el hombre, el calor sin precedente –que ha matado a cientos de personas en Canadá y el oeste de Estados Unidos– habría sido "virtualmente imposible".

La investigación es la más reciente de una serie de análisis científicos que vinculan el calor extremo reciente con la crisis climática. Estos estudios muestran que estamos destinados a alzas de las temperaturas más extraordinarias a medida que la crisis climática empeora.

Es probable que la ola de calor de América del Norte ocurra alrededor de una vez cada mil años, pero si las temperaturas globales llegan a los 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales –límite superior determinado por los países bajo el Acuerdo de París–, podría suceder cada cinco a 10 años, según los hallazgos del reciente trabajo.

El Reino Unido –con sus viviendas mal ventiladas y sus ciudades estrechas– no escapará al repunte. Un estudio de la Met Office encontró que la ola de calor extrema de 2018 en esa nación se hizo 30 veces más posible por la crisis climática. Añadió que, a mediados de siglo, esas temperaturas podrían volverse "normales".

Aunque es inevitable que aumenten aún más el calor extremo, la escala de los peligros a los que nos enfrentamos dependerá en gran parte de las medidas adoptadas por los líderes mundiales.

En noviembre, está previsto que se reúnan en Glasgow para la Cop26, conjunto de conversaciones que serán cruciales para encarrilar al planeta si quiere cumplir su aspiración de limitar el calentamiento global a 1.5 grados Celsius.

Las temperaturas ya han aumentado en 1.2 grados Celsius y la investigación muestra que las recientes promesas presentadas por los países todavía no son suficientes para cumplir con el objetivo.

La industria de los combustibles fósiles también se enfrenta a un intenso escrutinio por su papel en la conducción de la crisis climática y sus crecientes impactos. El informe más reciente de evaluación del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) reveló que la quema de combustibles fósiles representó alrededor de 78 por ciento del aumento de los gases de efecto invernadero registrados entre 1970 y 2010.

Se rumora que el próximo informe del IPCC –que se publicará a finales de este año– sentará nuevas bases al señalar a entidades, incluida ExxonMobil, que han tratado de retrasar la acción sobre la crisis climática a través de campañas de cabildeo y desinformación.

"El cambio climático ya no es un problema futuro", aseguró ayer a The Independent Katharine Hayhoe, científica jefe de Nature Conservancy. "Sus impactos están aquí y ahora, y sus costos se están midiendo no sólo en dólares, sino en vidas humanas".

Cuba: malestar e injerencismo

Miles de cubanos se manifestaron el domingo pasado contra el desabasto de artículos básicos, la carestía y los cortes intermitentes de la energía eléctrica, entre otras demandas. De manera completamente inusual en los actos de protesta que tienen lugar en la isla, durante las marchas se registraron saqueos de tiendas y ataques contra patrullas de policía, así como detenciones violentas de quienes causaban desmanes.

En respuesta, el presidente Miguel Díaz-Canel se apersonó en la protesta realizada en la localidad de San Antonio de los Baños para escuchar las demandas de la población y explicar los motivos de las estrecheces que aquejan al país. El mandatario reconoció que no todos los manifestantes son "contrarrevolucionarios ni mucho menos", sino personas "insatisfechas", pero también denunció la campaña de desestabilización urdida por la mafia cubanoestadunidense, y sostuvo que "quienes alientan esas manifestaciones no quieren el bienestar de la gente, sino la privatización de la salud y la educación, el neoliberalismo".

Sería pueril negar que en ese país, como en muchos otros, existe un sector social descontento con las autoridades y decidido a tomar las calles para plantear sus exigencias; es sabido, por otra parte, que este malestar se ha exacerbado y ampliado a consecuencia de la prolongada pandemia que mantiene paralizado el turismo, una de las principales fuentes de ocupación e ingresos en la isla; por otra parte, es claro que las dificultades que experimentan millones de cubanos se origina, en parte, en las ineficiencias del gobierno y en las inercias burocráticas.

Sin embargo, supondría una enorme ingenuidad creer que no hay una promoción de estas manifestaciones desde Washington y Miami, y resultaría absurdo ignorar el peso que han tenido en la gestación de este enojo social las seis décadas del bloqueo estadunidense contra la isla, toda vez que esta brutal y permanente violación a los derechos humanos de todos los cubanos está expresamente diseñada para generar malestar contra el régimen y doblegarlo mediante el hambre y la carencia generalizada.

En las actuales circunstancias, la hostilidad de Estados Unidos contra La Habana se inserta, además, como una fuerza extraña que enturbia los legítimos reclamos de la sociedad cubana y oscurece el entendimiento de sus malestares.

Por ello, el llamado del presidente Joe Biden a que el gobierno cubano "atienda a las necesidades" de su pueblo en este momento vital resulta de una perversidad inaudita: es el bloqueo estadunidense y no las autoridades cubanas lo que impide a la isla adquirir los insumos básicos para lidiar con la pandemia, y la primera medida para terminar con el "sufrimiento económico" que denuncia el político demócrata pasa por levantar el embargo que mantiene maniatados al comercio y las finanzas cubanas desde hace más de medio siglo.

Está claro que la única actitud sensata ante las dificultades que enfrenta la isla es dejar que sean los propios cubanos quienes decidan qué quieren hacer con su país. Como lo expresó ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador, la situación del pueblo cubano no debe utilizarse para intervenir en los asuntos internos una nación independiente, libre y soberana, a cuyos gobierno y ciudadanos corresponde buscar una salida mediante el diálogo.

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Un hombre se refresca en una fuente pública en Vacouver, Canadá, durante la ola de calor de junio de 2021. — Jennifer Gauthier / REUTERS

El calentamiento del planeta está provocando que las olas de calor lleguen antes y sean cada vez más largas e intensas. Esto es algo que se está viendo en algunas zonas de EEUU y Canadá, donde los termómetros han rozado los 50º C este miércoles, unas temperaturas inusuales si se tiene en cuenta que en ese mismo lugar, en junio, lo habitual son los 25ºC.

 

"Hace más calor en algunas partes del oeste de Canadá que en Dubái". Así resume la situación actual que vive parte del continente norteamericano David Phillips, climatólogo principal del Ministerio de Medio Ambiente del país canadiense. Las Naciones Unidas directamente han calificado la ola de calor como una "olla a presión" que deja temperaturas propias de Próximo Oriente en ciudades como Vancouver, Seattle o Portland, caracterizadas por un clima frío durante gran parte del año. 

No es una canícula más. El noroeste del continente está sufriendo una situación extrema y sin precedentes. Tanto que se han batido récords de temperaturas durante varios días consecutivos. El pasado domingo los termómetros de Lytton, en la Columbia Británica, llegaron a marcar los 46,6º C, una cifra que rompía con el registro histórico más alto, documentado en julio de 1937. Desde entonces el mercurio no ha parado de subir con unos datos sin precedentes. 

Así, el martes 29 se documentó un nuevo incremento que situaba el récord en los 47,9º C. Lejos de bajar, el calor ha persistido y este miércoles el país canadiense ha vuelto a batir la marca del día anterior al registrarse 49,6º C. Unas cifras preocupantes si se tiene en cuenta que, en el mes de junio, las temperaturas habituales en esta zona del continente norteamericano rondan los 25 º C. La Organización Mundial de Meteorología (OMM), dependiente de la ONU, prevé que durante los próximos días –al menos hasta el sábado– se sigan superando los 45 º C. 

Claire Nullis, portavoz de la OMM, recalcó este martes la importancia que tienen estos datos y sus vínculos con la situación de crisis climática que vive el planeta. "Normalmente, cuando se rompe un récord, es por un pequeño margen, pero hemos visto que la temperatura récord [los 45 ºC registrados en 1937] se superó por 1,6º C", explicó a los medios. Además, la propia Agencia de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá ha informado que el mercurio ha marcado ya temperaturas históricas y nunca vistas, no solo en verano, sino durante todo el año, en algunas zonas como Yukon, al norte del país.

Esta ola de calor sin precedentes está teniendo graves consecuencias para una región del mundo que no está preparada para hacer frente a este tipo de situaciones. En las ciudades de la costa canadiense, según informaron las autoridades, al menos el 40% de las viviendas no disponen de aire acondicionado, lo que está empujando a que gran parte de la población salga a la calle en busca de sombra y fuentes o a acudir a bibliotecas públicas y centros comerciales donde las temperaturas se suavizan por el aire acondicionado. Algo similar ocurre en Estados Unidos, en los estados de Oregón y Washington, fuertemente golpeados por este fenómeno climático. Allí, el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) ha instado a la población a "buscar aire condicionado si es posible" y a mantenerse hidratado. "Hagan pausas frecuentes en su actividad y, si está al aire libre, busque sombre", informaban el martes desde la agencia gubernamental.

Este episodio, vinculado al cambio climático y su escalada de temperaturas, está alterando la vida de las personas y ya se ha cobrado, al menos, 5 muertos en EEUU y 233 en Canadá, según informaron las autoridades. Se espera, además, que durante la semana pueda incrementar el número de decesos debido a la falta de adaptación del territorio a este tipo de fenómenos ambientales. 

Scott Duncan, meteorólogo profesional, alertó también lo que significa que Canadá esté sufriendo esta escalada de temperaturas para el planeta.  Los cerca de 50ºC alcanzados este miércoles no sólo marcan un récord para Canadá y los estados del norte de EEUU, sino que se trata de una temperatura nunca registrada en toda la zona norte del planeta. "Hasta ahora, nunca habíamos visto este nivel de calor tan al norte en ningún lugar del planeta", explicaba el experto.

El jefe de Política Climática de la OMM, Omar Baddour, ha vinculado directamente este episodio con el cambio climático, que deja ya temperaturas globales 1,2º C más altas que los que había a comienzos de verano en la etapa preindustrial. "Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas a medida que las concentraciones de gases de efecto invernadero conducen a un aumento de temperaturas globales. Hemos notado que están comenzando cada vez más pronto y que están terminando más tarde, cobrándose cada vez un mayor precio en la salud humana". 

España espera su séptimo verano consecutivo más cálido

La escalada de temperaturas no es exclusiva de Canadá y EE UU. También se han registrado, según explican desde la OMM, temperaturas "inusualmente altas" en Rusia occidental y en algunas regiones cercanas al Mar Caspio, donde se espera que esta semana se lleguen a los 40º C. También España, que durante las últimas semanas ha permanecido con cierta estabilidad, se enfrenta a un verano marcado por el calor intenso. Las predicciones de los expertos apuntan a que el país mantendrá la tendencia de los últimos años de batir récords y este será, según explica la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el séptimo periodo estival consecutivo con las temperaturas más altas detectadas.

"El escenario más probable es que la temperatura media de estos tres meses se sitúe en el tercil superior. Esto supone que en la península y Baleares la temperatura media trimestral estará, al menos, 0,5º C por encima de lo normal, aunque en algunas zonas el valor será superior", indican desde la agencia adscrita al Ministerio para la Transición Ecológica, que indica que, en lo que va de año, el termómetro de España ya se ha situado 1,2º C por encima de la media, haciendo que de manera temporal 2021 sea el sexto año más caluroso de la historia.

madrid

30/06/2021 22:08

Alejandro Tena@AlxTena


 “¿Pero es cambio climático o no?” Riesgos de preguntas y respuestas desacompasadas

Isabel Moreno

Física y meteoróloga. @isabelisamoren

01/07/2021

La ola de calor en el noroeste de América está acaparando titulares por doquier. Durante tres días seguidos, en Canadá se han ido batiendo numerosos récords de temperatura, estando a la cabeza de este ranking la localidad de Lytton con las temperaturas más altas jamás registradas en todo el país. Primero fueron unos 46.6ºC el domingo 27 de junio, seguido de 47.9ºC el lunes y unos indescriptibles 49.6ºC el martes. Una situación que ha servido de base para una oleada de incendios forestales y, la peor consecuencia, la pérdida de más de un centenar de personas.

Este evento es mucho más llamativo y preocupante si volvemos a subrayar que esas temperaturas se han registrado en el mes de junio y en Canadá. Para ponernos en contexto, estamos hablando de temperaturas más de 20ºC por encima de la media de esta época en algunas regiones. Son valores más propios de Oriente Medio y que superan incluso a la máxima más alta registrada de forma oficial en las Vegas (47.2ºC) o en toda España (46.9ºC en Córdoba el 13 de julio de 2017).

Sabemos cuáles han sido el conjunto de condiciones meteorológicas y orográficas que han formado parte de este desenlace. Incluso, sabemos que cada cierto tiempo pueden ocurrir fenómenos similares (aunque, atención, que son cientos, miles de años…). Sin embargo, la forma de abordar estos eventos y su relación con el cambio climático puede llevar a un resultado contraproducente y, en mi opinión, ocurre básicamente por dos motivos.

En primer lugar, a la hora de relacionar un evento meteorológico con el cambio climático, existen grandes diferencias entre el tiempo en el que la sociedad reclama esa información y el tiempo que necesita la ciencia para contestar (para dar respuesta a esa pregunta se hacen lo que conocemos como estudios de atribución, una serie de análisis que nos ayudan a determinar si el cambio climático ha favorecido que ocurra un evento concreto o si hubiera ocurrido fácilmente sin él).

Desde luego, es científicamente impecable afirmar que no podemos asegurar de forma inmediata que un evento extremo concreto se deba al cambio climático y/o que ocurren con determinada frecuencia (aunque sea una vez en siglos). Pero, aunque este mensaje no contradiga el cambio climático, puede llevar a una malinterpretación para quienes no estén familiarizados con estos mensajes: "esto ha ocurrido siempre, el cambio climático no está afectándonos ahora mismo".

Es más, cuando los estudios de atribución se publiquen tal vez sea tarde para rectificar esa idea inicial. Por ejemplo, durante la primera mitad de 2020, Siberia tuvo un episodio de calor cuyo culmen fueron unos asombrosos 38ºC en Verkhoyansk el 20 de junio. Fue en mayo de 2021 cuando un artículo confirmaba lo esperado: efectivamente no podían explicarse esas temperaturas sin la influencia del cambio climático antropogénico.

Sin embargo, tanto en aquel episodio como en este y en el mismo momento en el que los focos estaban puestos en dichos eventos, empezaron a escucharse voces desde el sector científico o a mostrarse estudios preliminares que apuntaban a que esas temperaturas desorbitadas no se entenderían sin el cambio climático.

Volvemos a lo comentado antes: Sabemos que los eventos extremos pueden ocurrir cada cierto tiempo, sí. Sabemos que en verano hace calor, desde luego. Pero también sabemos que el calor actual no es el de hace unas décadas, que cada vez observamos olas de calor más intensas y duraderas, que fenómenos extremos están produciéndose más habitualmente y que, desde luego, no es nada normal registrar casi 50ºC en un lugar con una latitud similar a Londres.

Por otro lado, parece que en el imaginario colectivo el cambio climático se asemeja a una especie de criminal que en un momento determinado aparecerá con un cuchillo y no se apartará de nosotros mientras nos asesta puñaladas sin parar. Lo cierto es que eso no ocurrirá… nunca notaremos un primer golpe en forma de huracán, ola de calor o temporal marítimo a partir del cual todo lo que venga sea catástrofe y destrucción. No ocurrirá porque la evolución del cambio climático es lenta a nuestros ojos y, además, progresiva. Es más, no hace falta irnos al futuro para notar sus consecuencias. Estamos viendo sus huellas desde hace décadas y urge actuar para no llevar al clima a un estado que nos dificulte aún más nuestras vidas y actividades en el planeta.

En mi opinión, en la situación climática actual no podemos permitirnos dejar puertas abiertas a generar algunas dudas, sobre todo cuando son aspectos en los que seguramente no las haya. Para evitarlo, es necesario mejorar la educación ambiental y cultura científica de la sociedad. Sí, necesitamos entender que algunas preguntas no pueden responderse de forma inmediata, así como el impacto que tiene el clima en nuestras actividades y nuestra salud, pero también es necesario reducir el tiempo para obtener estudios de atribución. Necesitamos poder mostrar la huella (o no) del cambio climático cuando aún esté el evento en mente. Necesitamos ser cautos y rigurosos científicamente, evidentemente, pero sobre todo con el mensaje: comunicar sin abrir puertas a dudas sobre la realidad en la que estamos sumergidos. El cambio climático lleva tiempo aquí, es cuestión del presente y podrá apretar mucho más en un futuro si no tomamos las medidas adecuadas.

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Domingo, 27 Junio 2021 05:42

¡El momento de luchar es ahora!

¡El momento de luchar es ahora!

Filtración del borrador del 6º informe del GIEC

 

"La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático importante evolucionando hacia nuevas especies y creando nuevos ecosistemas. La humanidad no”.

Eso es lo que dice el borrador del informe del IPCC (6º informe de evaluación, que normalmente se espera para febrero de 2022).

El texto es inequívoco en cuanto al umbral de peligro que no se debe cruzar: ir más allá de 1,5°C conllevará "consecuencias progresivamente graves, durante siglos, y a veces irreversibles". Entre otros fenómenos, la dislocación de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida sería irreversible a escala histórica. Sin embargo, la desaparición de los glaciares amenazados en estas regiones (para algunos glaciólogos, el proceso ya ha comenzado y no se detendrá) provocaría un aumento del nivel de los océanos en unos 13 metros en los próximos siglos.

"Lo peor está por llegar"

El acuerdo de París fijó el objetivo de "mantener el calentamiento muy por debajo de los 2 ºC y continuar los esfuerzos para no superar los 1,5 ºC". Los expertos del IPCC no están satisfechos con esta fórmula ambigua. Según el texto, deberíamos quedarnos muy por debajo de 1,5°C; de hecho, "incluso a 1,5°C, las condiciones de vida cambiarán más allá de la capacidad de adaptación de algunos organismos", se lee en el informe. A modo de recordatorio, el aumento medio de la temperatura con respecto a la era preindustrial es ya de 1,1°C y la Organización Meteorológica Mundial advierte que, al ritmo actual de emisiones, existe un riesgo del 40% de que la superación del umbral de 1,5°C en un año se de en 2025.

“Lo peor está por llegar", escribe el IPCC, "con implicaciones para la vida de nuestros hijos y nietos mucho más que para la nuestra". Si no se adoptan medidas antiliberales radicales, en diez años 130 millones de personas más caerán en la pobreza extrema. Con 2°C de calentamiento, el número de personas hambrientas aumentará en 80 millones para 2050, y cientos de millones de personas en las ciudades costeras sufrirán inundaciones más frecuentes, lo que provocará una mayor migración. Incluso con 1,5°C, el número de habitantes urbanos expuestos a la escasez de agua aumentará en 350 millones para 2050.

Hay que repetirlo una y otra vez: los pobres y los países pobres serán los más afectados por la intensificación del desastre. El proyecto de informe señala que "se espera que por encima de los 2°C los costes de adaptación para África aumenten en decenas de miles de millones de dólares al año". ¿Quién pagará? A modo de recordatorio, más de diez años después de la COP de Cancún (2010), los países ricos todavía no han cumplido su promesa de pagar 100.000 millones de dólares anuales al fondo climático destinado a ayudar a los países del Sur global. Este es uno de los puntos conflictivos de las negociaciones de cara a la COP 26, prevista para finales de año en Glasgow. Así, lentamente, con la discreción cuidadosamente mantenida por el personal financiero y político, se está preparando un crimen contra la humanidad sin precedentes. Un crimen contra los pobres, que no tienen casi ninguna responsabilidad en el cambio climático.

¡Es hora de luchar!

El texto filtrado a la prensa no es el borrador del informe propiamente dicho, sino el borrador del Resumen para Responsables Políticos. La práctica habitual del IPCC -un organismo intergubernamental, no lo olvidemos- es que este resumen sea objeto de negociaciones -a menudo feroces- entre los científicos que redactaron el informe completo y los representantes de los Estados. Parece probable que quienes filtraron el documento lo hicieron para que el texto original circule antes de que los representantes de los Estados impongan la suavización o eliminación de las formulaciones más alarmantes. Esta hipótesis es muy probable, porque el lobby capitalista de los combustibles fósiles lleva décadas esforzándose por negar o minimizar el peligro y dispone de poderosos resortes políticos (por ejemplo, China y Arabia Saudí han conseguido que la prensa y las ONG no asistan a los debates preparatorios de la COP 26). La filtración es, por tanto, una doble señal de alarma: por un lado, sobre la extrema gravedad de la situación objetiva; por otro, sobre el peligro de que la versión final oculte en parte esta extrema gravedad a la opinión mundial.

Sea como fuere, no hay que escurrir el bulto: más que nunca, los movimientos sociales deben hacer sonar la alarma con toda su fuerza y movilizarse lo más ampliamente posible para obligar a los Estados a adoptar inmediatamente las medidas radicales indispensables para estabilizar el calentamiento muy por debajo de 1,5°C, basadas en la justicia social y la justicia Norte-Sur (respeto estricto del principio de "responsabilidad común pero diferenciada"). Sin juego de manos, sin rebasamiento temporal, sin recurrir a tecnologías de aprendiz de brujo y desplegando únicamente medidas compatibles con la protección imperativa de la biodiversidad.

"Cero emisiones netas", una política criminal

Pero seamos claros: este no es en absoluto el escenario que traman los gobiernos cuando nos prometen la "neutralidad del carbono" (o "cero emisiones netas")[1] para 2050. En el mejor de los casos, estos gobiernos preparan un escenario de "rebasamiento temporal" de 1,5°C con el incremento de las "tecnologías bajas en carbono" (nombre en clave de la energía nuclear) y el despliegue de las llamadas "tecnologías de emisiones negativas". Aunque la mayoría de estas tecnologías sólo están en fase de prototipo o de prueba, se nos hace creer que enfriarán el planeta eliminando enormes cantidades de CO2 de la atmósfera en la segunda mitad del siglo y almacenándolo bajo tierra. En realidad, estos escenarios de ciencia-ficción sólo pretenden mantener intacta la vaca sagrada del crecimiento capitalista y proteger los beneficios de los principales responsables del desaguisado: las multinacionales del petróleo, del carbón, del gas y de la agroindustria.

El reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sobre "emisiones netas cero" señala el camino de esta política criminal. De hecho, según la AIE, para esperar alcanzar las "emisiones netas cero" en 2050 sin tocar el crecimiento, necesitaríamos: duplicar el número de centrales nucleares; aceptar que una quinta parte de la energía mundial siga procediendo de la quema de combustibles fósiles, que emiten 7,6Gt de CO2/año; capturar y almacenar esas 7,6Gt de CO2 bajo tierra cada año en depósitos geológicos (cuya estanqueidad no puede garantizarse); dedicar 410 millones de hectáreas al monocultivo de biomasa energética (¡lo que equivale a un tercio de la superficie agrícola en cultivo permanente!); duplicar el número de grandes presas; destruir todo -incluso la Luna- para monopolizar las "tierras raras" indispensables para las "tecnologías verdes", etc.

Con variantes, es esta insana política productivista la que aplican los países y grupos de países que ahora se precipitan hacia el capitalismo verde... Su objetivo no es salvar el planeta, sino ofrecer a los capitalistas la mayor cuota posible de mercado de las nuevas tecnologías, la mayor cuota posible de beneficios... ¿Es necesario señalar que esto implica también, para atraer a los inversores, continuar con las políticas neoliberales de destrucción de los derechos sociales y democráticos?

Ecolo-groen, portadores de agua del capitalismo verde

La voluntad declarada del gobierno belga de salir de la energía nuclear no debe inducir a error: efectivamente, actúa en este marco neoliberal del capitalismo verde. Utilizar las centrales de gas para compensar las centrales nucleares es un crimen contra el clima y un insulto a las decenas de miles de jóvenes que se manifestaron en nuestro país en respuesta al llamamiento de Greta Thunberg. Ofrecer millones de euros a las multinacionales de la energía que construirán estas centrales inútiles y dañinas es un insulto a los cientos de miles de trabajadores sometidos a una asfixiante austeridad salarial. Capturar el CO2 producido por estas centrales y enterrarlo en los acuíferos del Mar del Norte (¿a costa de quién?) es tan irresponsable con las generaciones futuras como enterrar los residuos nucleares en capas geológicas profundas, como en Bure (en Francia) o en otros lugares. Y la compra de derechos de emisión, de la "compensación de carbono en el Sur global es tan colonialista como el saqueo directo de los recursos de estos países en la época de Leopoldo II y sus sucesores.

Lo que necesitamos es otra política. Una política social y ecológica que rompa con este crecimiento capitalista que genera tanta desigualdad y destrucción... que genera y generará aún más desigualdad y destrucción. El productivismo es un callejón sin salida. Ya es hora, para nosotros y sobre todo para nuestros hijos, de derribar los muros que nos impiden inventar otro futuro, uno que valga la pena vivir. La manera de vivir mejor, de vivir bien-Buen vivir, el camino hacia un futuro posible y deseable es producir menos, consumir menos, transportar menos, compartir más y cuidar. Compartir la riqueza, el trabajo necesario, el tiempo y el espacio, a escala planetaria; cuidar a los humanos, a los no humanos y a los ecosistemas, a escala planetaria. O abrimos este camino anticapitalista a través de nuestras luchas, de la articulación de nuestras luchas, o seguiremos hundiéndonos en la oscuridad de una terrible catástrofe.

El 10 de octubre tendrá lugar en Bruselas una gran manifestación por el clima. Reunamos todas las fuerzas, todos los colectivos, todos los individuos -feministas, sindicalistas, antirracistas, ecologistas- que estén dispuestos a dirigirla en esta dirección.

Daniel Tanuro

26 junio 2021

https://www.gaucheanticapitaliste.org/pour-le-climat-pour-la-vie-pour-nous-et-nos-enfants-cest-maintenant-quil-faut-se-battre/

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Durante el regreso del rompehielos Polarstern, tras un año de exhaustiva investigación.Foto Afp

El planeta pudo haber superado ya un punto de inflexión con consecuencias desde Groenlandia hasta la Gran Barrera de Coral, destaca jefe de la mayor misión científica en el Polo Norte

 

Berlín. El planeta pudo haber superado ya un punto de inflexión hacia un calentamiento global irreversible, con consecuencias "en cascada" desde Groenlandia hasta la Gran Barrera de Coral, advirtió ayer el alemán Markus Rex, jefe de la mayor expedición científica jamás realizada en el Polo Norte.

"Únicamente el estudio de los años venideros permitirá saber si todavía podemos salvar la banquisa del Ártico, presente todo el año, gracias a una protección del clima, o si ya hemos traspasado ese punto de no retorno", alertó en Berlín, ocho meses después del retorno de la misión internacional que estuvo un año en esa zona del planeta.

Durante casi un año, equipos internacionales recogieron datos que deben proporcionar información valiosa sobre el cambio climático.

“La desaparición de la banquisa de verano en el Ártico es una de las primeras minas en este campo, uno de los primeros puntos de no retorno a los que se llega cuando vamos demasiado lejos en el calentamiento global, sostuvo el científico en una rueda de prensa con Anja Karliczek, ministra de Educación e Investigación.

De hecho "podemos preguntarnos si no hemos caminado ya sobre esta mina y activado el inicio de la explosión", estimó este climatólogo y físico, científico de referencia en materia de estudio del Ártico.

Si ese punto irreversible se hubiera traspasado podría tener consecuencias de "efecto dominó" para el planeta, advirtió el científico y "agravar el calentamiento con la desaparición del casquete polar de Groenlandia o el deshielo de zonas amplias del permafrost del Ártico".

Los antiguos glaciares también están amenazados. "Hoy tampoco sabemos si podemos salvar la Gran Barrera de Coral" en Australia, subrayó.

La desaparición, a una "velocidad dramática"

Al regreso del Polarstern, rompehielos del instituto alemán Alfred-Wegener a su puerto de origen de Bremerhaven, en el noroeste de Alemania, el 12 de octubre, el jefe de la misión Mosaic había ya alertado sobre la amenaza que planea sobre la banquisa, afirmando que desaparece a una "velocidad dramática".

El retroceso de la banquisa es considerado por los científicos como el "epicentro del calentamiento global", según Rex.

En ese momento, afirmó haber visto en verano "grandes zonas de agua líquida casi hasta en el polo, rodeadas de hielo lleno de agujeros debido a un deshielo masivo".

Ayer aseguró que la capa de hielo había retrocedido "más rápido en la primavera de 2020 que desde el comienzo de las mediciones" de la banquisa y que la extensión del hielo durante el verano era la mitad que la de décadas atrás.

Stefanie Arndt, especialista en hielo marino, señaló que "quizá seamos la última generación en ver el Ártico con hielo en verano".

Esta banquisa, subrayó, es "un espacio vital importante para los osos polares".

Los expertos recogieron más de 150 terabytes de datos y más de mil muestras de hielo.

Hasta 2023, los organizadores de la expedición cuentan con varios cientos de publicaciones científicas tras el análisis de los elementos recogidos en el Ártico "que deben permitir escribir un nuevo capítulo para la comprensión del cambio climático", según el sitio de Internet de la misión.

Durante sus 389 días, la misión de 170 millones de dólares, dirigida por 20 países en conjunto, estudió la atmósfera, el océano, la capa de hielo y el ecosistema para reunir datos que permitan evaluar el impacto del cambio climático en la región y en el mundo.

Varios centenares de expertos y científicos permanecieron en el Polarstern, que navegó 3 mil 400 kilómetros en zigzag.

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Miércoles, 19 Mayo 2021 05:35

Agrotóxicos: ¡El suelo dice basta!

Agrotóxicos: ¡El suelo dice basta!

Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Environmental Science demuestra de forma categórica el desastre ambiental que representan los agrotóxicos más utilizados en la agricultura para los organismos que son críticos para la salud del suelo, la biodiversidad y el secuestro de carbono de las superficies para combatir el cambio climático.

El estudio, realizado por investigadores del Centro para la Diversidad Biológica, Friends of the Earth US y la Universidad de Maryland, es la revisión más grande y completa de los impactos de los pesticidas agrícolas en los organismos del suelo jamás realizada.

Los investigadores recopilaron datos de casi 400 estudios, y encontraron que los pesticidas dañaron invertebrados beneficiosos que viven en el suelo, incluidas lombrices de tierra, hormigas, escarabajos y abejas que anidan en el suelo en el 71 por ciento de los casos revisados.

“Es extremadamente preocupante que el 71 por ciento de los casos muestran que los pesticidas dañan significativamente a los invertebrados del suelo”, dijo Tara Cornelisse, entomóloga del Centro y coautora del estudio.

“Nuestros resultados se suman a la evidencia de que los pesticidas están contribuyendo a la disminución generalizada de insectos, como los escarabajos depredadores beneficiosos y las abejas solitarias polinizadoras. Estos hallazgos preocupantes se suman a la urgencia de controlar el uso de pesticidas», dijo.

El estudio continúa diciendo que los pesticidas son uno de los principales impulsores de la disminución de insectos: “Nuestros hallazgos proporcionan más evidencia de que los pesticidas están contribuyendo a la disminución generalizada de insectos. Estas disminuciones amenazan en gran medida los ecosistemas que sustentan toda la vida en la Tierra, incluidos los sistemas agrícolas que alimentan a las personas. Los suelos se encuentran entre los ecosistemas más complejos y biodiversos del planeta, y contienen casi una cuarta parte de todas las especies. Un puñado de tierra contiene alrededor de 10 a 100 millones de organismos».

«Los invertebrados del suelo brindan beneficios esenciales para el ecosistema, como el ciclo de los nutrientes que las plantas necesitan para crecer, la descomposición de plantas y animales muertos para que puedan nutrir nueva vida y la regulación de plagas y enfermedades”, contó

Además, sostuvo que “la biodiversidad del suelo también reduce los impactos de sequías e inundaciones extremas, que se están volviendo más comunes a medida que cambia el clima. Los invertebrados como las lombrices de tierra y las hormigas son ingenieros de ecosistemas. Elaboran y mantienen la estructura de los suelos con sus túneles y madrigueras, lo que permite el flujo de nutrientes, aire y agua a través de los ecosistemas subterráneos. El suelo sano con buena estructura actúa como una esponja, absorbiendo fácilmente el agua durante las lluvias intensas y manteniéndola durante los tiempos secos, mejorando los resultados de los agricultores durante las condiciones climáticas extremas”.

Estos hallazgos se suman a otro estudio reciente publicado en la revista Science que muestra que la toxicidad de los plaguicidas se ha duplicado para muchos invertebrados desde 2005. A pesar de la reducción del uso general de insecticidas, las sustancias químicas más comúnmente utilizadas en la actualidad, incluidos los neonicotinoides, son cada vez más tóxicas para beneficiosas. insectos y otros invertebrados. Los pesticidas pueden permanecer en el suelo durante años o décadas después de su aplicación, y continúan dañando la salud del suelo.

A pesar de estos daños conocidos, la Agencia de Protección Ambiental no requiere que los organismos del suelo sean considerados en ningún análisis de riesgo de pesticidas. Además, la EPA subestima gravemente el riesgo de los pesticidas para la salud del suelo al utilizar una especie que pasa toda su vida en la superficie, la abeja europea, para estimar el daño a todos los invertebrados del suelo.

“Debajo de la superficie de los campos cubiertos con monocultivos de maíz y soja, los pesticidas están destruyendo los cimientos mismos de la red de la vida”, dijo Nathan Donley, otro coautor y científico del Centro.

“Estudio tras estudio indica que el uso incontrolado de pesticidas en cientos de millones de acres cada año está envenenando los organismos críticos para mantener suelos saludables. Pero nuestros reguladores han estado ignorando el daño a estos importantes ecosistemas durante décadas», argumentó.

«Las empresas de pesticidas están continuamente tratando de hacer un lavado verde de sus productos, argumentando a favor del uso de pesticidas en la agricultura ‘regenerativa’ o ‘climáticamente inteligente'», dijo Kendra Klein, coautora y científica senior de Friends of the Earth: «Esta investigación rompe esa noción y demuestra que la reducción de pesticidas debe ser una parte clave para combatir el cambio climático en la agricultura».

“Sabemos que las prácticas agrícolas como el cultivo de cobertura y el compostaje construyen ecosistemas de suelo saludables y reducen la necesidad de pesticidas en primer lugar”, dijo el coautor Aditi Dubey de la Universidad de Maryland. “Sin embargo, nuestras políticas agrícolas continúan apuntalando un sistema alimentario intensivo en pesticidas. Nuestros resultados destacan la necesidad de políticas que ayuden a los agricultores a adoptar métodos de agricultura ecológica que ayudan a que la biodiversidad florezca tanto en el suelo como en la superficie”.

El artículo de revisión analizó 394 artículos publicados sobre los efectos de los pesticidas en invertebrados no objetivo que tienen huevos, larvas o desarrollo inmaduro en el suelo. Esa revisión abarcó 275 especies o grupos únicos de organismos del suelo y 284 ingredientes activos de plaguicidas diferentes o mezclas únicas de plaguicidas.

Esto resultó en un análisis de más de 2.800 “casos” separados para su análisis, medidos como un cambio en un punto final específico después de la exposición de un organismo específico a un pesticida específico. Encontró que el 71 por ciento de los casos mostraron efectos negativos.

Los efectos negativos fueron evidentes tanto en los estudios de laboratorio como en los de campo, en todas las clases de pesticidas estudiadas y en una amplia variedad de organismos del suelo y criterios de valoración.

Los insecticidas organofosforados, neonicotinoides, piretroides y carbamatos, herbicidas amida/anilida y benzimidazol y fungicidas inorgánicos dañaron los organismos del suelo en más del 70 por ciento de los casos revisados. Los herbicidas y fungicidas fueron especialmente perjudiciales para las lombrices de tierra, los nematodos y los colémbolos.

Mientras que los insecticidas causan el mayor daño a los invertebrados no objetivo, con estudios que muestran alrededor del 80 por ciento de los puntos finales probados afectados negativamente en escarabajos terrestres, abejas solitarias que anidan en el suelo, avispas parásitas, milpiés, ciempiés, lombrices de tierra y colémbolos.

Por Graciela Vizcay Gomez | 19/05/2021

 

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Radiografía de un planeta (aún más) en crisis

El informe sobre el estado del clima en 2020 de la OMM insiste en que los indicadores empeoraron y los impactos del cambio climático se agravaron en un año al que se le suma la pandemia.

Fenómenos meteorológicos extremos, más calentamiento global y una pandemia. Resultado: millones de personas y ecosistemas afectados. Así resume 2020 la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su habitual informe sobre el estado del clima que elabora junto a agencias de todo el mundo. Y no, ni de lejos la desaceleración de la economía relacionada con la pandemia logró frenar los motores de la crisis climática ni la aceleración de sus impactos, tal y como recuerda el documento.

El 2020 fue uno de los tres años más calurosos de los que se tiene constancia, a pesar del fenómeno de enfriamiento de La Niña. La temperatura media global fue de aproximadamente 1,2 °C superior a los niveles preindustriales (1850‑1900). Y no, no es un hecho puntual: los seis años transcurridos desde 2015 son los más tórridos de los que se tienen datos. La década de 2011 a 2020 ha sido la más cálida jamás registrada.

En el informe, que lleva elaborándose casi tres décadas, se reflejan algunos indicadores del sistema climático, entre los que se incluyen las concentraciones de gases de efecto invernadero, el incremento de las temperaturas terrestres y oceánicas, el aumento del nivel del mar, el derretimiento del hielo, el retroceso de los glaciares y los fenómenos meteorológicos extremos. Asimismo, se ponen de relieve las repercusiones en el desarrollo socioeconómico, las migraciones y los desplazamientos, la seguridad alimentaria y los ecosistemas terrestres y marinos.

Gases de efecto invernadero

Las concentraciones de los principales gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global de la atmósfera siguieron aumentando en 2019 y 2020. Los niveles de dióxido de carbono (CO2), principal GEI, ya han superado las 410 partes por millón (ppm), un 148% más que en niveles preindustriales. Lejos de frenarse, se espera que se alcance o supere las 414 ppm en 2021 si se mantiene la tendencia de los años anteriores. Ni siquiera la pandemia y todo lo que conllevó pudo reducir de manera tangible las concentraciones atmosféricas. Es más: el pasado 3 de abril se registraron 421,21 partes por millón (ppm), lo que supone un nuevo récord diario.

Océanos

Los océanos son claves para la mitigación del cambio climático. Actualmente, absorben hasta un 23 % de las emisiones anuales de CO2 de origen antropogénico. Sin embargo, el dióxido de carbono reacciona con el agua de mar y disminuye su pH, lo que da lugar a la acidificación de los océanos. Esto, a su vez, reduce la capacidad de los océanos para absorber CO2 de la atmósfera, produciéndose un ciclo de retroalimentación.

Los océanos son fundamentales porque absorben más del 90 % del exceso de calor generado por las actividades humanas. En 2019, los océanos alcanzaron los niveles de temperatura más altos jamás registrados, y es probable que esta tendencia se haya mantenido en 2020, acorde a la OMM. Es más: en más del 80 % del océano se produjo, al menos, una ola de calor marina en 2020. El porcentaje del océano en el que se registraron olas de calor marinas “fuertes” (45%) fue superior al correspondiente a las olas de calor marinas “moderadas” (28%).

El estudio también recuerda que el nivel del mar no ha dejado de subir a escala mundial desde 1993; este se ha visto incrementado recientemente debido, en parte, al mayor derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida.

Criosfera

Tampoco son buenas las señales que llegan desde el Ártico. Las temperaturas del aire en superficie se han elevado desde mediados de los ochenta, al menos, dos veces más rápido que la media global. Un problema que no solo afecta a los ecosistemas de este lugar, sino al clima de todo el planeta debido a diversos circuitos de retroalimentación como, por ejemplo, las emisiones de metano a la atmósfera causadas por el deshielo del permafrost. Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico.

En 2020, el Ártico alcanzó segunda extensión mínima de hielo marino, con 3,74 millones de kilómetros cuadrados el 15 de septiembre. Esta cifra solo es superada por la registrada en septiembre de 2012, cuando se bajó hasta los 3,41 millones de kilómetros cuadrados. 

Las temperaturas máximas récords que se registraron al norte del círculo polar ártico en Siberia, con hasta 38 ºC en la localidad de Verkhoyansk, provocaron una aceleración del derretimiento del hielo marino en el mar de Siberia oriental y el mar de Laptev, en los que se produjo una ola de calor marina prolongada. El retroceso del hielo marino durante el verano boreal de 2020 en el mar de Laptev fue el más temprano observado en la era satelital, según apuntan desde la OMM.

Tampoco se libra de los efectos del calentamiento global Groenlandia, que continúa perdiendo masa a un ritmo sin precedentes. Entre septiembre de 2019 y agosto de 2020, se perdieron aproximadamente 152 Gt de hielo de su capa.

Similar es la situación en la Antártida. Si bien la extensión de hielo marino se mantuvo cerca de la media a largo plazo, la fuerte pérdida de masa desde finales de los noventa es clara. Esta tendencia se ha visto acelerada desde 2005 y, en la actualidad, la Antártida pierde aproximadamente entre 175 Gt y 225 Gt de hielo por año debido a los crecientes caudales de los principales glaciares de la Antártida occidental y la península antártica. Una cifra preocupante si se tiene en cuenta que corresponde a alrededor del doble del caudal anual del río Rin en Europa.

Incendios y calor

A más calor, más incendios forestales. El cambio climático hace que sean cada vez más potentes y habituales, pues se dan las condiciones idóneas para ello. En 2020, Estados Unidos sufrió los incendios más grandes jamás registrados a finales del verano y en otoño. La sequía contribuyó a los incendios, a lo que se sumó que el período de julio a septiembre fue el más caluroso y seco observado en el suroeste. En el Valle de la Muerte, en California, se alcanzó los 54,4 °C el 16 de agosto, la temperatura más alta de la que se tiene conocimiento en el mundo en, al menos, los últimos 80 años.

Australia, Cuba, Puerto Rico, Japón… Han sido muchas las zonas y países que registraron en 2020 temperaturas inusuales. En el caso de Europa, durante el verano se vio afectada por una serie de sequías y olas de calor, aunque, en general, no fueron tan intensas como las de 2018 y 2019. Aun así, 2020 ha sido el año más tórrido en el continente desde que comenzaron los registros de satélites en 1983, según el informe sobre el Estado del Clima Europeo de 2020, del Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S).

Sequías y lluvias torrenciales

Dos conceptos que se contraponen pero que tienen un denominador común: el cambio climático. Ambos fenómenos son cada vez más intensos y prolongados en el tiempo por culpa del calentamiento global de la atmósfera.

El año pasado, se registraron lluvias intensas e importantes inundaciones en grandes zonas de África y Asia, recuerda el informe sobre el estado del clima. Las peores lluvias e inundaciones afectaron a la mayor parte del Sahel y del Gran Cuerno de África, y provocaron una invasión de langostas del desierto. En cuanto a las sequías, numerosos puntos de América del Sur se vieron afectadas, como es el caso del norte de Argentina, Paraguay y las zonas fronterizas occidentales de Brasil. Solo en éste último, se estima que las pérdidas agrícolas ascendieron a casi 3.000 millones de dólares.

Ciclones tropicales y COVID-19

Otro motivo más para definir 2020 como histórico es la temporada de huracanes del Atlántico Norte. En total, se produjeron 30 tormentas con nombre, la cifra más alta hasta la fecha. Solo en Estados Unidos se registró un récord de 12 llegadas a tierra. Por ejemplo, el huracán Laura, que alcanzó una intensidad de categoría 4; tocó tierra el 27 de agosto en el oeste de Luisiana y provocó importantes daños y pérdidas económicas por valor de 19.000 millones de dólares.

También provocó muchos daños el ciclón tropical Harold, una de las tormentas más fuertes jamás registradas en el Pacífico Sur, y que azotó Fiji, las Islas Salomón, Tonga y Vanuatu. Provocó cerca de 100.000 desplazamientos, gravemente condicionados por la pandemia. Las cuarentenas y los confinamientos obstaculizaron las operaciones de respuesta y recuperación, lo cual demoró el suministro de equipos y asistencia.

Tampoco hay que olvidar al ciclón Amphan, que tocó tierra el 20 de mayo cerca de la frontera entre India y Bangladesh. Este ciclón tropical ha sido el que más costes ocasionó en el océano Índico septentrional desde que se iniciaron los registros. En India, las pérdidas económicas se estimaron en aproximadamente 14.000 millones de dólares.

El ciclón tropical más intenso de la temporada fue el tifón Goni, que atravesó el norte de Filipinas el 1 de noviembre con una velocidad media del viento de al menos 220 km/h. Meses antes, el país sufrió ya el paso del ciclón tropical Vongfong (Ambo). Si bien se evacuó preventivamente a más de 180.000 personas, las medidas de distanciamiento social obligaron a transportar a los residentes en números reducidos y la capacidad de los centros de evacuación se redujo a la mitad.

En el norte de América Central, alrededor de 5,3 millones de personas necesitaron asistencia humanitaria, a lo que se suman 560.000 desplazamientos internos antes del comienzo de la pandemia. En este sentido, la respuesta a los huracanes Eta e Iota se llevaron a cabo en un contexto de complejas vulnerabilidades interrelacionadas, tal y como recuerda el informe.

Desplazamientos

Según el Observatorio de Desplazamiento Interno, se estima que durante el último decenio (2010‑2019) los fenómenos meteorológicos provocaron en torno a 23,1 millones de desplazamientos de personas por año, la mayoría de los cuales se produjeron dentro de las fronteras nacionales. Durante el primer semestre de 2020, se registraron alrededor de 9,8 millones de desplazamientos provocados principalmente por peligros y desastres hidrometeorológicos. La mayoría se concentraron en el sur y sureste de Asia y en el Cuerno de África.

Para la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y ACNUR, «numerosas situaciones de desplazamiento provocadas por fenómenos hidrometeorológicos han pasado a ser desplazamientos prolongados para algunas personas que no pueden volver a sus hogares o que no disponen de opciones para integrarse a escala local o asentarse en otros lugares. Estas personas también pueden verse afectadas por desplazamientos reiterados y frecuentes, que dejan poco tiempo para recuperarse entre una conmoción y la siguiente«, apunta el informe de la OMM.

Inseguridad alimentaria

El clima cambiante y los fenómenos meteorológicos extremos, juntos con los conflictos y la crisis económica, han hecho que la inseguridad alimentaria no deje de aumentar desde hace más de una década. En 2019, casi 690 millones de personas, es decir, el 9 % de la población mundial, estaban subalimentadas y unos 750 millones (casi el 10 %) sufrieron altos niveles de inseguridad alimentaria. Entre 2008 y 2018, las consecuencias de los desastres generaron un costo para los sectores agrícolas de los países en desarrollo superior a 108.000 millones de dólares en concepto de daños o pérdidas de la producción agropecuaria.

También ha jugado un factor importante en el último año, una vez más, la pandemia de la COVID‑19. En 2020, «afectó de forma directa a la oferta y la demanda de alimentos, lo que ocasionó perturbaciones en las cadenas de suministro locales, nacionales y mundiales, y puso en riesgo el acceso a los insumos, recursos y servicios agrícolas necesarios para respaldar la productividad agrícola y velar por la seguridad alimentaria», detalla la OMM.

¿Tres décadas perdidas?

Han pasado 28 años desde que se publicó el primer informe sobre el estado del clima. Tres décadas donde organismos internacionales de todo el mundo han recopilado las causas y consecuencias de un clima cada vez más cambiante fruto de las actividades humanas sin que se haya actuado decididamente. Y, a menos de que se cambie el rumbo, todo seguirá yendo a peor para los ecosistemas y los seres que lo habitan.

“La tendencia negativa en lo que respecta al clima continuará durante las próximas décadas, independientemente de los resultados favorables que obtengamos de las medidas de mitigación. Por lo tanto, es importante invertir en la adaptación», sostiene el profesor Petteri Taalas, secretario general de la OMM. En este sentido, apuesta por «invertir en los servicios de alerta temprana y las redes de observación meteorológica. Varios países menos desarrollados presentan grandes deficiencias en sus sistemas de observación y carecen de servicios meteorológicos, climáticos e hidrológicos modernos».

Por Eduardo Robaina | 27/04/2021

Publicado enMedio Ambiente
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