Miércoles, 07 Julio 2010 10:44

Pensando en la Biología

–Usted se dedica actualmente a la filosofía de la biología, ¿verdad?
–Sí.

–¿Qué problemas filosóficos generales tiene la biología?
–Hay problemas filosóficos clásicos que comparte con todas las disciplinas: problemas ontológicos de los objetos que estudia, la ontología de la metaciencia (tales como la teoría, las hipótesis, las leyes). En la biología, todas esas preguntas tienen su particularidad. Hay ciertos conceptos que son cerrados, definidos. Por lo general, sin embargo, los conceptos de la ciencia son conceptos abiertos: no se dan condiciones necesarias y suficientes para su aplicación, sino que en realidad uno puede ir agregando aplicaciones nuevas y eventualmente eliminando algunas otras que se habían aceptado en algún momento.

–¿Y qué problemas particulares tiene la biología?
–Algunos de los problemas generales entonces adquieren dimensiones particulares dentro del campo de la biología. Por ejemplo: ¿qué son las teorías biológicas? ¿Qué son las leyes en biología? ¿Hay leyes en biología? Eso depende de dos cosas: del concepto de teoría, de ley y, por otro lado, del objeto de estudio.

–Pero no hay leyes en el sentido de la física.
–Si uno hace una distinción entre leyes de la naturaleza y leyes de la ciencia, está claro que leyes científicas hay tanto en el ámbito de la física como en el ámbito de la biología. La pregunta física acerca de leyes de la naturaleza, como sabemos a partir de Carnap (o nos podríamos retrotraer a Kant), son mucho más difíciles de responder y quizá, como diría Kant, aunque tenemos tendencia a planteárnoslas siempre, nunca las vamos a poder responder. Para Carnap directamente era una pregunta que no tenía sentido.

–Ahí está el problema de si las leyes de la ciencia son o no leyes naturales. Yo, en el caso de la biología, pienso que hay mucho de taxonomía... Y está el problema de cuál es el objeto de la biología.
–Sí. Yo creo que el concepto de “vida” es un concepto borroso, difuso. Por lo general, los conceptos no se dan aislados, sino que se dan en conjunción con otro tipo de conceptos (y esto es lo que se da en todas las teorías científicas). El concepto de vida es un concepto ubicuo dentro de las ciencias biológicas, y no es que claramente sea un concepto de una sola teoría biológica. Eso es diferente de, por ejemplo, el gen: el gen es diferente si uno tiene el marco de la genética clásica o si tiene el marco de la genética molecular. El concepto de vida, sin embargo, muy probablemente sea un concepto ubicuo que permee la totalidad de las teorías biológicas y, por eso, es difícil de apresarlo.

–¿Y los genes tienen algún tipo de entidad ontológica? ¿Y las especies?
–Esta es una pregunta clásica de teoría del conocimiento. Yo diría, de un modo kantiano aggiornado, que está claro que nosotros creemos que el mundo depende en gran medida de nuestras capacidades cognitivas (lo que Kant llamaba formas puras de la sensibilidad y del entendimiento), además de otras cosas que se supone que andan por ahí fuera. Claro que la manera en que nosotros luego conceptualizamos esto es producto de la invención humana. Pero eso no quiere decir que aquello a lo que se aplique sea una invención humana. Para poder analizar cuáles son los presupuestos ontológicos de la ciencia, lo que diría es –en una especie de vuelta a Carnap– que veamos cuáles son los dominios de objetos que ocurren en las distintas teorizaciones científicas. En la medida en que esas teorizaciones sean aceptadas por la comunidad, la comunidad está aceptando que esas cosas, en un sentido no tradicional-metafísico, existen.

–Pero eso linda con la sociología. Se le echa la carga de la prueba a la comunidad.
–Yo creo que son razones epistémicas. El conocimiento es un producto humano y social, pero eso no quiere decir que sea arbitrario. A diferencia de lo que creía Kant (que hay un único marco conceptual), nosotros a lo largo del tiempo vamos desarrollando de manera colectiva nuevos esquemas conceptuales. Está claro que lo que nosotros aceptamos como sujetos cognoscentes es lo que primero fue aceptado de manera colectiva. Y yo creo que, en principio, hay buenas razones para pensar que esas cosas que consideramos que existen, en verdad existen. No es que un grupo arbitrariamente se reúne y va imponiendo una idea en la sociedad. Eso no pasaría la crítica colectiva. Pero la relación entre nuestros conceptos y aquello que está por fuera de eso no deja de ser problemática. Y el conocimiento, si bien es producto de intercambios sociales, es también intercambio con aquello que excede a los objetos y a las relaciones sociales. Digo: para que haya buenas razones para que creamos que esos objetos existen, no alcanza el consenso colectivo (y con eso me desprendo de ese temor que me manifestaba usted de que me desviara hacia la sociología). No es sociologismo, pero sí hay que reconocer la dimensión social que tiene el conocimiento científico.

–Volvamos a los problemas específicos de la biología. Uno, dijimos, era el de la vida y los límites difusos del concepto. ¿Qué otros problemas hay?
–Está claro que en el imaginario social la biología, a través de sus aplicaciones tecnológicas, ha pasado a ocupar un lugar central.

–Aplicaciones que, dicho sea de paso, generan gravísimos problemas éticos. Hay otro problema, que es el de la vida artificial. Pero no quiero tratar ese problema ahora, me gustaría ir más a lo cotidiano.
–Ahí hay varios problemas que tienen que ver con las distintas subdisciplinas biológicas. Por un lado está la llamada “biología molecular” y, por otro lado, lo que históricamente se ha llamado “historia natural”. Están, entonces, los que hacen trabajo de campo y los que hacen trabajo de laboratorio, que tienen una estrecha vinculación con los que hacen bioquímica. Uno de los temas problemáticos es la vinculación entre forma y función en biología.

–Póngame un ejemplo.
–Esto se puede vincular con alguna otra de las subdisciplinas, como la morfología o la anatomía. Hay ciertos órganos que tienen cierta forma y que eventualmente cumplen cierto tipo de función. ¿Qué tipo de funciones pueden desarrollar las mismas formas? ¿Hay formas distintas que puedan cumplir la misma función? Esta es una vinculación interesante.

–Hay otros problemas que yo creo ver. Como, por ejemplo, las relaciones sociales entre los seres vivos. ¿Qué pasa con una manada? ¿Qué pasa con el pensamiento allí adentro? Porque los biólogos evolucionistas le buscan un explicación evolucionista a todo, pero puede haber cosas neutras. El otro día leía un artículo sobre si la teoría de la evolución es sintética o analítica... Y hay muchas otras cosas. Nosotros, por ejemplo, ¿estamos evolucionando ahora? ¿O la cultura de alguna manera interrumpe la evolución biológica?
–Ahí hay varios aspectos involucrados. En realidad, yo lo que sostendría para el caso de la evolución es que uno podría pensar, en la tradición kantiana, que existen componentes sintéticos a priori para poder hacer el mix entre analítico y sintético. Hay gente que, teniendo exactamente la misma idea, pero siguiendo más la tradición analítica, hablaría de componentes analíticos a posteriori. La denominación es lo de menos, pero la idea es que habría componentes tanto de una como de la otra. Lo que decía luego tiene que ver con el panseleccionismo, con el papel que juega en la teoría de la evolución la selección natural. ¿Es omnipresente? ¿O hay otras maneras, como el neutralismo? En ese caso habría evolución, pero la selección natural no sería el principal mecanismo evolutivo. Para Darwin no era el único, pero sí el primordial. Ahora se vuelve a discutir eso.

–¿Y eso cae dentro del terreno de la biología o dentro de la filosofía?
–Yo creo que cae, como casi todos estos temas, dentro de ambos. Por un lado es una preocupación de los propios biólogos, en la medida en que es una teoría que alteraría la biología; y por otro lado requiere un análisis filosófico. Muchos biólogos, de hecho, discuten permanentemente sobre puntos filosóficos. El otro tema que había mencionado tiene que ver con un problema muy viejo, que es la dicotomía naturaleza-cultura. ¿En qué medida nuestras conductas están guiadas sólo por la naturaleza o sólo por el medio social? Yo creería que cualquier posición extrema en este punto es implausible e indeseable (desde un punto de vista ético, moral, político). Sin duda que hay un fuerte componente biológico en nuestras actitudes, pero también hay un fuerte componente social. Nosotros somos, además de seres sociales, seres biológicos. A pesar de que la tradición filosófica clásica nos ha querido diferenciar radicalmente de las bestias, nosotros seguimos siendo bestias, aunque tengamos algunas cosas que otros seres biológicos no tienen, o no tienen en un grado tan elevado como nosotros. Pero ésa no sería, para decirlo en términos filosóficos clásicos, una diferencia esencial.

Por Leonardo Moledo
Informe: Nicolás Olszevicki.
www.leonardomoledo.blogspot.com
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Sábado, 05 Junio 2010 08:07

Vida artificial con fines de lucro

El pasado 20 de mayo, el controvertido científico Craig Venter anunció que el Instituto Venter y su empresa Synthetic Genomics Inc, habían construido en laboratorio el primer genoma completo totalmente artificial, con capacidad de auto-replicación. Insertaron este genoma artificial en una bacteria a la que habían previamente despojado de su material genético y lograron que el genoma sintético intruso comandara la bacteria, replicándose.

Son muchos los temas y problemas que plantea construir y liberar vida artificial, desde éticos a bélicos –por su alto potencial como armas biológicas– así como por los graves impactos ambientales y económicos que tendría.

Sin embargo, con la arrogancia que lo caracteriza, Venter anunció el hecho como si fuera un estreno de Hollywood, encomiando sus logros y desestimando los riesgos de esta nueva forma de manipulación de la vida. Según él, la construcción de vida artificial será la solución para problemas energéticos, climáticos, ambientales, alimentarios y de salud. Todo en función del lucro que pueda conseguir con ello, por lo que ha patentado todo el proceso y para que nadie pueda usar o copiar su invento, introdujo en el genoma artificial secuencias genéticas que identifican su propiedad.

Un macabro ejemplo que muestra el tipo de "solución" al que se refiere Venter, es la colaboración de Synthetic Genomics, la empresa de la cual es co-fundador (con capitales y participación de los mexicanos Alfonso Romo y Juan Enríquez), con empresas que están entre las más sucias del planeta: las petroleras Exxon y BP. Buscan desarrollar combustibles a partir de su producción con microbios construidos artificialmente y basados en algas transgénicas y microalgas con genoma artificial. Implicaría la liberación masiva de vida artificial en miles de kilómetros del mar, con impactos potenciales mucho más allá de lo que nadie pueda predecir, ya que nunca ha habido vida artificial en interacción con el medio ambiente y otros organismos vivos.

Con el reciente mega-derrame de petróleo en el Golfo de México, BP ha demostrado fehacientemente al mundo que en función de ahorrarse dinero en medidas de seguridad, no duda en poner en riesgo enormes áreas naturales y ecosistemas, la vida de millones de seres vivos y las formas de vida y sustento de cientos de miles de personas. Imagine usted lo que puede surgir de la colaboración entre los entusiastas de la manipulación y privatización de la vida y de la ciencia con las empresas más contaminantes e irresponsables del planeta.

Aunque otros científicos cuestionan, con razón, que ésta sea creación de "vida" artificial, ya que en realidad Venter introdujo un genoma en una bacteria pre-existente, ello no disminuye los riesgos que significa este engendro. El objetivo de Venter es crear un genoma "mínimo" que se pueda construir artificialmente para usarlo como una plataforma, un "chasís" al que agregarle diferentes genes según la función que se busque. Por eso afirma que se podría usar en tantos campos: dependería de los genes que se les agregue.

Para buscar esos genes, Venter se ha dedicado a biopiratear sitios megadiversos del mundo (incluyendo México, Ecuador, El Salvador y otros de América Latina y el mundo). Cuenta ahora con una enorme colección de genes con características extremas, para sus fines comerciales. Mientras los colectaba aseguró que eran para investigación "sin fines de lucro". Poco después declaró que si lograba construir un microbio artificial para producir combustibles, valdría "billones de dólares", y "sin duda patentaría todo el proceso".

Lo que Venter y otros que trabajan en biología sintética no nombran, es que si funcionan, necesitarán alguna fuente de carbohidratos para alimentar esos microbios artificiales y producir lo que avizoran. Eso significará un ataque masivo con nuevas fronteras de explotación y comercialización de la "biomasa" del planeta, de los cultivos y bosques existentes y/o nuevos acaparamientos de tierra para sembrar interminables monocultivos para procesar con microbios artificiales. Esto acarreará más impactos ambientales y sociales, con desplazamientos de campesinos, indígenas y otros habitantes en esas tierras. En lugar de buscar el petróleo bajo tierra, que es biomasa procesada en millones de años, ahora quieren convertir en hidrocarburos y polímeros la biomasa sobre la tierra (y el mar), existente o por sembrar.

Cada vez hay más evidencias científicas de que el funcionamiento de los genes y su relación dentro de los organismos y con el medio, son mucho más complejas de lo que se creía. La construcción de vida artificial en laboratorio puede "funcionar", pero no hay duda que violenta los largos procesos co-evolutivos naturales de los organismos y el ambiente, con impactos impredecibles sobre éstos.

Por éstas y otras razones, el cuerpo científico técnico del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas acordó en Nairobi, al día siguiente del anuncio de Venter, enviar una recomendación de moratoria a la liberación de organismos vivos artificiales, a la próxima sesión del Convenio. Es apenas un comienzo, que marca la urgencia de un amplio debate social para impedir que empresas y científicos ávidos de lucro sigan actuando en la impunidad.

Silvia Ribeiro*
*Investigadora del Grupo ETC
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Miércoles, 26 Mayo 2010 06:27

Ciencia: ¿hasta dónde?

La ciencia, a diferencia de la literatura, no admite ficción. Las artes enriquecen la vida gracias a la imaginación, a la belleza, a la paz que suelen ofrecer. Las ciencias fortalecen la existencia por medio de sus descubrimientos, por los problemas que resuelven, porque mejoran las condiciones de vida. Las artes se nutren del correr de la vida y del contacto entre seres humanos; crecen por lo que observan, y, salvo cuando se usan con fines propagandísticos, como sucedió en la Alemania nazi, suelen ser benéficas e inocuas.

Las ciencias incrementan el conocimiento por medio de reglas muy estrictas. Sus aportes siempre son bienvenidos: sólo dañan cuando se utilizan para destrozar Hiroshima o Nagasaki, o cuando se prueban fármacos en seres humanos sin apegarse a códigos éticos. La ficción no daña. La ciencia, cuando vulnera leyes éticas, produce desgracia. Ni la ciencia ni el arte tienen fronteras.

Algunas conquistas científicas, además de producir admiración, generan preocupación. Craig Venter, uno de los padres del genoma humano, y su grupo, informaron, hace pocos días, la creación de una bacteria. Este hallazgo pone fin a uno de los grandes (e inviolables) dogmas de la biología: las células, es decir, la vida, provienen forzosamente de la división de otras células vivas. Romper paradigmas biológicos es un suceso inmenso. Crear células artificiales generará, seguramente, grandes beneficios; sin embargo, es muy probable que se susciten algunos dilemas éticos. Otro ingrediente insoslayable es que Venter combina su gran capacidad científica con su ímpetu comercial: es fundador y codueño de la empresa Synthetic Genomics.

El descubrimiento del científico estadunidense se inició hace 15 años mientras trabajaba en el genoma humano. Desde el punto de vista científico el logro es inmenso; Venter y su grupo crearon una bacteria cuyo origen son los tubos de ensayo que contienen productos biológicos y químicos y no células madre. Me explico: las células y las bacterias se reproducen a partir de formas similares –madres biológicas es una buena forma de denominarlas–, mientras la bacteria de Venter podría llamarse bacteria sintética o informática, ya que su origen no es la vida tal y como la conocemos, sino la información proveniente de otras células cultivadas en el laboratorio.

La primera célula sintética, como la denomina Venter, se llama Mycoplasma mycoides JCV1-syn 1.0. JCV se refiere a John Craig Venter; el 1.0 es su leitmotiv: el científico buscará crear nuevas versiones de células. Por ahora se procurará elaborar vacunas, crear nuevas medicinas, mejorar las características de algunos alimentos, diseñar microrganismos capaces de purificar aguas sucias y producir algas que utilicen la energía solar para generar hidrocarburos. De cumplirse algunos de esos propósitos la aportación del grupo de Venter a la humanidad será inconmensurable.

Los alcances científicos deparan algunas cuestiones. Dentro de las reales resaltan el posible mal uso de las bacterias de laboratorio (células sintéticas) para la producción de sustancias tóxicas que se utilicen como armas biológicas, es decir, como instrumento del denominado bioterrorismo; esas armas podrían ser una amenaza contra la seguridad pública. Otro uso cuestionable se refiere a la propiedad intelectual del descubrimiento. La patente y sus posibles usos pertenecen a Venter, lo que implica que él tiene derecho para utilizarla de acuerdo con sus intereses empresariales.

El mal uso de la ciencia profundiza las diferencias entre ricos y pobres y se vende al mejor postor. Los bioeticistas bien saben que la propiedad intelectual no es la mejor bandera cuando se trata de acortar las distancias entre distintos grupos de seres humanos. No en balde algunos científicos de vieja cepa, como Jonas Salk, descubridor de la vacuna oral contra la poliomielitis, solía decir que la ciencia no puede ni debe ser patentable.

Además de las cuestiones previas resaltan algunas de índole filosófica. Venter comentó: Este es un paso importante tanto científica como filosóficamente, a lo cual agregó, han cambiado mis opiniones sobre la definición de vida y sobre cómo funciona la vida. Es bien sabido que la ciencia no se detiene. De ahí algunos problemas éticos. Bienvenidas las vacunas y las bacterias que limpien el ambiente. Bienvenidos muchos descubrimientos pero no todos: ¿Qué sucederá cuando se logre modificar el genoma humano?

Aunque es muy probable que pasen muchos años hasta que se logre cambiar el genoma humano, esbozo algunas respuestas: Se mal usará la ciencia, se romperán algunos códigos éticos, se incrementará la brecha entre ricos y pobres, se crearán seres humanos distintos, inmunes a muchas enfermedades y, por último, será necesario reinventar nuevas ficciones antes de que Venter, lejos del bienhechor cobijo de las artes, diseñe seres humanos a la carta.

Por Arnoldo Kraus
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Una mujer noruega que dé hoy a luz habrá elegido probablemente el momento para quedarse embarazada, después de recibir 18 años de educación y utilizar métodos anticonceptivos para tener el control sobre su vida sexual. Tras el parto, asistido por personal sanitario, disfrutará de una baja maternal de entre 46 y 56 semanas. Muy difícilmente, verá morir a su hijo antes de que cumpla los cinco años. Si todo va bien, vivirá hasta los 83 años.

Una mujer afgana, el mismo día, tiene un alto riesgo de morir durante el parto (una de cada ocho fallecerá por complicaciones antes o después de dar a luz), que muy raramente será asistido (14%). Esta mujer, que sólo ha ido al colegio cinco años y no ha accedido a anticonceptivos modernos (sólo el 16% los usa), vivirá casi la mitad que la noruega: 44 años. Durante su vida, probablemente tenga que sufrir la pérdida de al menos uno de sus niños antes de que llegue a los cinco años por alguna enfermedad fácilmente evitable.

Este es el relato simple que permiten dibujar las cifras del índice anual que publica la ONG Save the Children (en inglés), que muestra, por undécimo año, los mejores y peores países del mundo para ser madre. La diferencia entre vivir en Noruega o en Afganistán, el primer y el último clasificado este año, se mide con indicadores de la salud, la educación o las condiciones económicas de madres y niños.

Después de Noruega, Australia, Islandia, Suecia, Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Países Bajos, Bélgica y Alemania encabezan el ranking de este año. España se encuentra entre los mejores lugares del mundo para ser madre, en el puesto 13º de los 43 que componen el grupo de los países más desarrollados. De los 160 países que conforman la lista (se incluyen aquéllos de los que existen datos suficientes), Afganistán, Níger, Chad, Guinea-Bissau, Yemen, República Democrática de Congo, Malí, Sudán, Eritrea y Guinea Ecuatorial son los peores.

Mal papel de EE UU

Entre los países desarrollados, llama la atención el mal papel de EE UU, en el puesto 28º. El riesgo de mortalidad materna (una por cada 4.800) y el de mortalidad de los niños antes de los cinco años (8 por cada 1.000 nacidos vivos) están entre los más altos del mundo desarrollado, según el informe de la ONG estadounidense. Save the Children también subraya que EE UU tiene las políticas de baja maternal menos generosas de entre los países ricos.

Perspectivas sombrías

Pese a que estas condiciones han de mejorar, las madres de los países en desarrollo "se enfrentan a riesgos mucho mayores para su propia salud y la de sus hijos", según afirma Mary Beth Powers, jefa de campaña para la supervivencia de recién nacidos y niños en un comunicado. Las perspectivas en los 10 países a la cola son sombrías: una de cada 23 madres morirá por causas relacionadas con el embarazo. Uno de cada seis niños morirá antes de cumplir los cinco años, y uno de cada tres sufre desnutrición. Casi el 50% de la población tiene dificultades para acceder a agua potable.

Romper el ciclo de la pobreza

El informe completo, titulado El estado de las madres en el mundo (en inglés), recuerda "la desesperación humana y las oportunidades perdidas" que hay detrás de los números, que "exigen que se proporcionen las herramientas básicas a las madres de cualquier lugar para romper con el ciclo de la pobreza y mejorar su calidad de vida, la de sus hijos y la de las generaciones futuras".

Uno de estos instrumentos es la educación femenina, que, según Save the Children, da a las futuras madres la capacidad para proteger su propia salud y la de sus hijos, exigiendo asistencia especializada. "Las chicas educadas tienden a casarse más tarde y a tener menos niños, más sanos y mejor alimentados", afirma.

La ONG también recomienda formar más trabajadores sanitarios, especialmente comadronas. El informe recuerda que se necesitan 4,3 millones de especialistas en la salud en los países en desarrollo para cumplir con los objetivos del Milenio. La organización también aconseja incentivar a las mujeres para especializarse en esta labor, y desarrollarla sobre todo en comunidades remotas.
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–¿Cómo ingresó al Socorro Rojo (un servicio social internacional organizado por la Internacional Comunista en 1922)? ¿Cómo fue su experiencia en esa organización?
 
–Yo vengo de una familia muy modesta, mi padre y mi madre eran rusos. Estaban en este país como tantos inmigrantes y seguían con mucha atención los sucesos de Rusia. Mi primera impresión fue la gran campaña de ayuda a los hambrientos del Volga, en los primeros años de la revolución (rusa). Y, naturalmente, era testigo y partícipe de las diferencias sociales en nuestro país. Justamente fue una hermosa mujer rusa la que me introdujo en el Socorro Rojo, me convocó a participar en la ayuda a las familias de los presos políticos y sociales en los años ’30, cuando la dictadura de Uriburu y la posterior de Justo. Y yo me nutrí de experiencias extraordinarias de los presos políticos y sociales, que en ese momento eran fundamentalmente anarquistas y comunistas. En el Socorro Rojo hice una experiencia solidaria que me llenó la vida y que nunca abandoné. Cuando la solidaridad tiene un sentido real, noble, generoso y humanístico, eso va enriqueciendo y mejorando la propia condición humana. Estuve varios años en el Socorro Rojo, participé activamente en la solidaridad con la República Española agredida por el franquismo, llegué a España y me incorporé al Socorro Rojo español, que realizó una actividad extraordinaria, recogiendo solidaridad de todo el mundo. Luego volví al país, ya en otras condiciones. Seguimos en la solidaridad con los combatientes exiliados (de España luego de la instauración de la dictadura franquista) que llegaron a nuestras costas, intensifiqué la solidaridad con Vietnam, cuando constituimos el movimiento de ayuda a Vietnam, manifesté solidaridad con la Revolución Cubana que me conmovió y me enriqueció profundamente al apreciar los cambios, la transformación profunda de la vida de ese pueblo. Gracias al Socorro Rojo, el sentimiento de solidaridad es parte de mi vida.
 
–¿Cómo era el día a día en España durante la guerra civil mientras usted era la encargada de organizar la Campaña de Invierno, impulsada por Antonio Machado para reunir abrigos, alimentos y medicamentos para los combatientes?
 
–Nosotros estábamos muy en contacto con los distintos comandantes, que nos hacían llegar información sobre las necesidades en cada lugar donde se combatía. Se daba una relación constante para atender aquellos sectores en combate que tenían más necesidades, más demandas, y así se desarrollaba nuestra vida cotidiana. Como se concentraba la solidaridad mundial en Francia y de ahí se trasladaba a España, teníamos un catálogo de las necesidades que había y de los elementos que teníamos para ayudar a atender. También nos ocupábamos de los hijos de los combatientes que habían perdido la vida, de manera que estuvimos en la organización de jardines de infantes, a los cuales contribuyeron enormemente los combatientes internacionalistas que estaban en España.
 
–¿Se sintió decepcionada con la derrota de la República?
 
–No, no podía estar decepcionada como militante porque conocía perfectamente que la República no se perdió por culpa de los combatientes. La República se perdió por dos razones: por una política de no intervención de las grandes potencias, especialmente Francia e Inglaterra, y por la traición de uno de los integrantes del Estado Mayor del ejército republicano, el coronel (Segismundo) Casado. Además había una gran diferencia de capacidades en armas, la República sólo tuvo la ayuda de México y de la Unión Soviética, y el ejército franquista la tuvo de Hitler y de Mussolini, armados hasta los dientes, esa fue la razón de esa tragedia enorme que fue la pérdida de la República. Sentimos un dolor y una amargura enormes, pero no nos sentimos vencidos.
 
–En su biografía aparecen numerosas semblanzas de militantes de diferentes partes del mundo, y de cada uno de estos perfiles se desprende un halo romántico y humanista. ¿Cómo ve en la actualidad el tema de la pasión y la solidaridad a la hora de militar?
 
–Primero hay que tener en cuenta cada realidad, nosotros hemos pasado un genocidio que no solamente destruyó la vida de miles de muchachos y muchachas, de trabajadores y de jóvenes. En algunos casos me parece que hubo personas que se retrajeron, que se encerraron en sí mismas ante semejante monstruosidad. Sin embargo, lo más elocuente para mí es cómo, por ejemplo, Azucena Villaflor, esa mujer ama de casa, dedicada a cocinar, a lavar, a planchar, de repente sale de ese hueco que es la cocina, sale a la calle y se convierte en un sujeto activo, en un sujeto social, y detrás de ella van otras mujeres. Para mí Madres (de Plaza de Mayo), Abuelas (de Plaza de Mayo), y todas esas mujeres que participan en esas organizaciones de solidaridad ponen de relieve no solamente un amor profundo por sus hijos, sino que ponen de relieve la capacidad de la mujer de ocupar el puesto que le corresponde en la sociedad. Y es verdad que hubo un período de retracción de algunas fuerzas. Pero aunque yo no estoy en condiciones de ir a la plaza, pude ver que el 24 de marzo estaba colmada de jóvenes que no habían nacido (cuando fue el golpe de Estado de 1976). ¿Por qué tantos jóvenes, quién los ha movilizado? ¿Es un capricho? No. ¿Es una ostentación? No. Es un sentimiento profundo de repudio a un trozo negro de nuestra historia. Yo quiero mucho a la juventud, la respeto, y me indigna cuando la gran prensa, que tiene una influencia ideológica tan profunda en la subjetividad de la sociedad, denuncia al muchacho del paco o al muchacho que robó sin tener en cuenta que en su mayoría es el resultado de la falta de posibilidades, de la miseria, del hambre, de la marginalidad. ¿Esa es nuestra juventud? Es dolorosamente una parte, pero nuestra juventud es una juventud que estudia, que trabaja, que baila, y para mí fue muy significativo esa presencia en la plaza. Pero además, estos grandes medios de comunicación son los más reaccionarios que puede haber, que defienden los intereses de los ricos y poderosos, esos medios de comunicación deforman la realidad, banalizan sobre todo a la mujer, hacen de la mujer un elemento sexual. La subjetividad, la vida cotidiana de la gente que aspira a mejores cosas involucra eso, entonces desaparecen los valores para poner de relieve los aspectos más banales.
 
–Usted conoció mujeres valientes de diferentes países, guerrilleras, obreras, campesinas, dirigentes sindicales. ¿De qué manera ese contacto modificó su militancia y su relación con tus compañeros y compañeras?
 
–La enriqueció, porque vivía experiencias nuevas. Llegar a Mongolia y encontrarme en la reunión de las organizaciones de mujeres árabes debatiendo sus problemas, o ir a Tanzania al congreso de las mujeres africanas. O descubrir en la India ese mundo de contradicciones tan profundas con una organización de mujeres maravillosas luchando contra la poligamia, contra el hambre, contra las privaciones, enseñando a leer y a escribir debajo de un árbol dibujando las letras con una ramita sobre la arena del suelo. O ir a Angola y descubrir una pequeña habitación con una lamparita que apenas iluminaba, donde había desde niños de siete años hasta hombres y mujeres de sesenta aprendiendo a leer y escribir. Pude ver cuánta sabiduría y capacidad de transformar su vida tienen las mujeres del pueblo. Yo me nutrí de eso nuevo que descubría, y podría decir lo mismo de nuestra América, de lo que para mí significó el salto extraordinario de las mujeres cubanas, gracias a la revolución, de esa Cuba que hoy está bajo el castigo del gran capital internacional. Gusta Fusikova, la esposa de (Julius) Fucik, el gran escritor (asesinado por la Gestapo) de Reportaje al pie del patíbulo, que dedicó su vida a la lucha por la paz, o Marie Claude Vaillant Couturier, la primera secretaria de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (Fedim), como testigo ante el Tribunal de Nuremberg, denunciando los crímenes del nazismo en los campos de concentración. Eso transforma mi propio sentimiento, mi propia conciencia, me ayuda y enriquece enormemente.
 
–¿Cómo fue su experiencia en la Fedim (cuya secretaría ocupó entre 1972 y 1978)?
 
–Fue un baño de luz (se ríe)... que reafirmó, si eso hubiera sido necesario, mis convicciones políticas. Era raro que durmiera dos días seguidos en mi cama (en Berlín), porque un día tenía que ir a Egipto y al siguiente a Angola, o a Nepal, y otro día a Japón. Y también estuve en todos los países de lo que se llamó las sociedades socialistas, que dieron mucho a las mujeres, las elevaron en su condición, aunque debo decir, con toda franqueza, que la liberación total de la mujer es un proceso muy largo, no cambia el día que triunfe un nuevo poder, democrático o revolucionario, hay siglos de machismo, siglos de patriarcado en los hombres y en las mujeres. Para mí la emancipación de la mujer está profundamente unida a la lucha de clases, a la transformación de la realidad social, un cambio profundo en la conciencia de la gente. Y nunca me voy a olvidar de una frase de Marx que decía que el pueblo piensa como la clase dominante en términos generales. Y es así, y vencer eso, cambiar la subjetividad del ser humano es un proceso muy largo que yo, naturalmente, no voy a ver, pero en el que confío profundamente.
 
–¿Qué inquietudes la movilizaron para ser una de las fundadoras de la Unión de Mujeres de la Argentina (UMA)?
 
–Nosotros aquí desplegamos un movimiento de solidaridad muy grande con la España republicana, y constituimos por primera vez en la Argentina una organización nacional que se llamó Comité de Mujeres Argentinas por los Huérfanos Españoles, que tuvo una gran repercusión a nivel internacional. Luego se da la Segunda Guerra Mundial, ya en otras condiciones, se formó una organización de mujeres que respondía a los aliados, es decir, los países que luchaban contra el nazismo, que se llamó Junta de la Victoria, donde había una gran variedad de mujeres, de distintos niveles sociales e inquietudes políticas. Cuando termina la guerra, no había coincidencias desde el punto de vista ideológico con muchas de esas mujeres. Entonces, comenzamos a transformar, en la medida de nuestras posibilidades, aquellas comisiones de solidaridad con España y con los aliados en comités por reinvindicaciones concretas. Unas ciento y pico de organizaciones de mujeres de todo el país resolvimos crear una organización que respondiera a los intereses más apremiantes de las mujeres de nuestro pueblo, y así nació la UMA, en 1947. Yo fui, con otras compañeras comunistas, muy activa en la organización, y fui elegida en su primer congreso como secretaria general. Estuve vinculada con la UMA durante 50 años, primero como secretaria general, luego como presidenta, vicepresidenta, representante ante la Fedim, que ya tenía 200 organizaciones adheridas en el mundo. En el año 1975, cuando yo estaba representando a la Fedim, propusimos a la ONU realizar un año de la mujer. Para mí la UMA de hoy no responde ya a aquellos objetivos, pero la verdad es que realizamos una labor muy intensa y movilizadora. Comunistas, peronistas, radicales, mujeres sin partido, integraban esa organización, y cumplió una labor muy valiosa, despertó la conciencia de muchas mujeres, se reconoció el valor de la más modesta de nuestras trabajadoras, de las mujeres rurales, de las esposas de los obreros de los ingenios tucumanos que fueron cerrados por Onganía, reclamando y luchando en la puerta de los ingenios para que no cerraran, o las esposas de los ferroviarios, cosas hermosas, la lucha contra el derrumbe de los conventillos que estaban en lo que hoy es el Hospital de Clínicas. Fueron miles de experiencias que me permitieron a mí, recorriendo el país, conocer los valores de las mujeres de nuestro pueblo.
 
–¿Fue difícil introducir la cuestión de género y del respeto a la diversidad sexual en la discusión partidaria?
 
–La cuestión de género se fue introduciendo bien en el partido y la cuestión de la diversidad sexual también. Justamente en un librito que yo hice sobre feminismo y marxismo, que se va a reeditar, quiero agregar este tema como un elemento fundamental de los derechos humanos. No se puede cuestionar la orientación sexual de nadie, porque es un irrespeto a los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas y en la Constitución Nacional: todos hemos nacido iguales, todos tenemos derechos iguales. Yo creo que en nuestra sociedad, justamente en los jóvenes, este tema no tiene el rechazo que tenía en mi generación. Yo me felicito de haber estado abierta a todo lo que aparecía de nuevo. Yo no creo que en el pasado estábamos mejor, como cree mucha gente. Cada etapa de la vida tiene sus características, y tengo la fortuna de haber entendido qué ocurría en cada momento de la realidad social. Puede ser que haya algunos compañeros a los que todavía les cuesta comprender esto, pero creo que ha tenido muy buena recepción de nuestro partido este respeto por la identidad sexual, el respeto por el individuo, por el ser humano, tanto es así que cuando nuestro compañero Patricio Echegaray fue legislador en la Capital Federal, su secretaria era Lohana (Berkins, dirigente de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual), que provocó todo un revuelo, y después Lohana fue respetada e integrada absolutamente a la actividad de ese momento. Y ella, que es bien amiga mía, es una persona muy inteligente y está llevando adelante un proyecto con el que demuestra que las travestis no tienen por qué ser prostitutas. Ha logrado instalar un taller donde ya trabajan 30 o 40 muchachas travestis ganándose la vida trabajando allí. Y eso tiene para mí un valor imponderable.
 
–¿Cómo ve en este momento la coyuntura latinoamericana?
 
–Yo creo que Cuba está en la raíz de esos cambios tan profundos que se dan en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador, que se avistan en Nicaragua, son cambios no de transformación social, como podría ser una revolución socialista, pero son cambios de transformación en las relaciones humanas, en el concepto de soberanía, en el rechazo a la política norteamericana de dominación de nuestro continente. Acaban de poner bases militares en Colombia, y lo de Honduras es una amenaza a la realidad política de toda nuestra América, teniendo en cuenta que por vías de los sectores más reaccionarios del gobierno estadounidense pretenden reconocer un golpe de Estado y una elección completamente inaceptable. Nosotros felicitamos que el gobierno argentino esté en la Unasur, que esté en el Bando del Sur, que se integre en esto que va a ser la unidad latinoamericana y caribeña sin la presencia de los EE.UU., eso tiene una importancia enorme para el desarrollo económico, político, social y cultural de nuestro pueblo. La mayoría de las grandes empresas que hay en la Argentina son extranjeras, se llevan millones y millones del trabajo de nuestros obreros. Falta crear un frente de izquierda antiimperialista, democrático, que defienda la soberanía nacional, que recupere todo lo que el neoliberalismo entregó a los monopolios, nuestros ferrocarriles, nuestro petróleo, así como se recuperó Aerolíneas Argentinas, para que nuestro pueblo se incorpore también a este proceso de cambio que se está dando en América latina.

Por Verónica Engler
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Miércoles, 17 Febrero 2010 18:40

Guevara y Allende

En el curso de un encuentro con los lectores, alguien del público me pide que compare la figura de Allende con la del Che Guevara y diga cuál de los dos tenía razón.

La pregunta encierra la opinión de que sólo uno de ellos podía tener razón, y el público espera a que yo escoja entre los caminos elegidos por Ernesto Guevara y por Salvador Allende.

En un determinado momento de su vida, Guevara abandona el despacho del ministro y su mesa de trabajo para marcharse a Bolivia, donde organiza un destacamento de guerrilla. Muere siendo el comandante de ese destacamento.

Allende, al contrario, muere defendiendo su mesa de trabajo, su despacho de presidente, del cual sólo lo sacarían –como siempre había dicho– "en un traje de madera".

Aparentemente, pues, se trata de dos muertes muy diferentes, pero en realidad esa diferencia no estriba más que en el lugar, el tiempo y las circunstancias. Tanto Allende como Guevara sacrifican su vida por el poder del pueblo. El primero defendiéndolo, el segundo luchando por conseguirlo. La mesa de Allende sólo es un símbolo, al igual que lo son las botas de campesino que calza Guevara.

Hasta el último momento los dos están convencidos de haber elegido el más justo y acertado de los caminos. Para Guevara, es el de la acción armada. Y se sabe que ésta no puede saldarse sin víctimas. Para Allende, es el camino de la lucha política. Él quiere evitar víctimas cueste lo que cueste.

Los dos eran médicos. Guevara, cirujano; Allende, internista. ¿Influyó tal cosa en sus actitudes? Al elegir una profesión, la persona se guía por una serie de motivos psicológicos. Indudablemente, pero ¿también fue así en este caso? No lo sé. Los tiros que acaban con la vida de Guevara y de Allende no se disparan desde un escondite. Los dos aceptan su muerte conscientemente, a sabiendas de que llega. Cada uno de ellos puede salvarse, tiene su oportunidad, tiene tiempo. Entre la captura de Guevara herido y su ejecución transcurren veinte horas. El coronel Zenteno le promete que conservará la vida si consiente en comparecer ante un tribunal como acusado. Guevara rechaza la propuesta. Maniatado, permanece sentado en el suelo de tierra de la escuela rural de Higueras y calla, se niega a hablar. Le duele el muslo abierto por el balazo, le duelen los forúnculos, le asfixia el asma. Quizá ni siquiera se da cuenta del momento en que en la ventana aparece un sargento que aprieta el gatillo de su metralleta.

Allende dispone de ocho horas. Por la mañana se entera de que hay un avión esperándolo, que puede ir donde quiera, a condición de que dimita, de que abandone su puesto. Pero no lo hará. Todavía ayer era un señor mayor, de rostro cansado y preocupado, ya grave , ya bonachón, vestido siempre con sofisticada elegancia. Hoy rebosa en nuevas energías, en una fuerza y una vitalidad que asombra a todo el mundo: dispara, dicta órdenes, lidera su última batalla. Pasan las horas. A su alrededor hay muertos y heridos. También él está herido. Pero el pulso sigue firme, la metralleta no falla la diana. El ejército irrumpe en el Palacio. En uno de los salones, en medio del humo, el polvo y el olor a quemado, seguirá disparando hasta el final un hombre bajo, aunque robusto, cumplidos con creces los sesenta, con casco de minero y jersey de cuello alto: el presidente de la república.

En la manera en que mueren Guevara y Allende hay una implacable determinación, una inexorabilidad conscientemente escogida, una tremenda dignidad. En esas últimas horas, todo lo que podría llevar a la salvación queda rechazado: regateos, tejemanejes, compromisos, rendición o huida. El camino, ya despejado y recto, no lleva sino a la muerte.

Tanto una como otra, sus muertes son un lance de honor, un desafío. Un deseo de manifestar públicamente la justicia de sus convicciones y una disposición, más allá de toda vacilación, a pagar por ellas el máximo precio. Me veo obligado a irme, pero no me voy del todo, no por completo, no para siempre. Se tienen que ir: esto lo saben los dos, llevan tiempo preparándose para ello. Guevara se despide de Fidel, de sus padres y de sus hijos en unas cartas escritas meses atrás. Allende empieza su último y trágico día despidiéndose de sus hijas y, en un discurso radiado, del pueblo. A partir de entonces los dos se quedarán a solas con el destino, rodeados por un puñado de hombres que los seguirán hasta el final. Seguir hasta el final: ésta será la idea que los acompañará durante el resto de las horas que les quedan. Hasta el final actúan, no tienen tiempo, están ocupados en sus cometidos.

Los dos caen en plena marcha.

Sus muertes: tan parecidas; sus vidas: tan diferentes.

Dos personalidades antitéticas, dos temperamentos diametralmente opuestos.

Siendo un muchacho, Guevara viaja por el Amazonas en una balsa, quiere atravesar toda América Latina en bicicleta. Va a Bolivia por mor de una revolución, va a Guatemala por mor de una revolución, finalmente llega a México, que, tiempo atrás, también había sido escenario de una revolución. Allí conoce a Fidel Castro y juntos organizan el desembarco guerrillero en Cuba. Al alcanzar la costa caen en una emboscada. Es el 2 de diciembre de 1956. De los ochenta y dos milicianos sólo una docena queda con vida. Ni siquiera todos van armados con un fusil. Guevara está herido. Y aquella docena de hombres empieza la mayor epopeya de la historia reciente de América Latina.

La naturaleza inquieta de Guevara no para de empujarlo hacia delante, pero la suya es una inquietud dirigida, su energía se concentra en la causa revolucionaria.

Toda su vida es una constante búsqueda de un campo de batalla.

Nacido en 1928, muere a los treinta y nueve años. Pertenece a esa generación de jóvenes latinoamericanos que, tras levantarse en armas, en los años cincuenta se alzan con su primera y maravillosa victoria. A partir de ella se creerán que la historia enseguida, y siempre, se pone del lado de las causas más nobles. Muchos han pagado por esa fe con sus propias vidas. Estaban convencidos de que las masas no hacían sino esperar una señal, de que el barril estaba lleno de pólvora y de que bastaba con una sola chispa. Y, según ellos, esa chispa no era otra cosa que un destacamento de guerrilleros entregados a la causa, dispuestos a todo. Poco a poco se les unirían voluntarios y el destacamento se convertiría en un ejército popular que tomaría el poder y haría la revolución.

Guevara crea un destacamento así en Bolivia y empieza a combatir. Espera la llegada de voluntarios, sobre todo campesinos. Pero los campesinos no se le unen. Un campesino apellidado Rojas denuncia, condenándolos a la muerte, a trece hombres del destacamento de Guevara. El oficial del ejército le paga por ello cinco dólares, a los que añade una barra de chocolate. En su Diario, Guevara menciona a cada momento lo difícil que le resulta entenderse con los campesinos. Pero no es de extrañar. Él proviene de una familia burguesa argentina, es blanco y habla en español. En cambio el campesino al que espera es indio, sólo habla quechua y desconfía de los blancos, que lo han explotado durante siglos. Ese campesino de la desértica y olvidada provincia boliviana –que está tan alejada de la civilización moderna como la luna de la Tierra– no quiere luchar contra la corrupta dictadura del presidente Barrientos, porque ha oído decir que hace algún tiempo dicho presidente se presentó en una aldea y regaló a todo el mundo un par de zapatos. Los zapatos son el gran sueño de los campesinos. ¿Qué les pueden ofrecer los guerrilleros?
Foto
Portada del libro de Ryszard Kapuscinski (1932-2007)

Además, los guerrilleros han llegado de la ciudad o de otros países. En cambio los soldados que los combaten son chicos de las aldeas vecinas. Indios que hablan quechua. Cierto que los oficiales son hombres blancos y han recibido instrucción en academias norteamericanas. Pero el ranger raso es hijo de campesinos, nacido y criado en sus mismos pagos. En ese territorio desértico, yermo y pedregoso en el que los guerrilleros se pierden a cada momento y nunca están seguros de si van en la buena dirección, los soldados se sienten como el pez en el agua. Conocen cada piedra, cada quebrada. Allí habían jugado de niños, por aquel sendero iban a buscar agua.

Alrededor del destacamento de Guevara se estrecha el cerco de la muerte. Hambrientos y exhaustos, los hombres libran una batalla desigual en la que quedan derrotados. Es soleado y muy caluroso el último día del Che.

La vida de Salvador Allende discurre por otra vía. Aunque también entregada a la causa, es una vida ordenada, regular, sin sacudidas. A sus veintinueve años, Ernesto Guevara lidera el frente guerrillero en Sierra Maestra, tiene el brazo en cabestrillo y ha burlado la muerte en más de una ocasión. A sus veintinueve años, Salvador Allende se convierte en diputado al Parlamento y los amigos le auguran una carrera vertiginosa. Tiene treinta y un años cuando se hace cargo de la cartera de ministro de la Salud en el gobierno del radical Aguirre Cerda. Ingresa en una logia masónica. Funda el partido socialista. En 1945 es senador. Cuatro veces es candidato a la presidencia de la república: en 1953, 1958, 1964 y 1970. En veinte años es el único candidato de la izquierda a este cargo. Toda la vida de Allende transcurre en Santiago, en el Parlamento, o en las provincias chilenas, adonde lo llevan sus largas campañas electorales. El Parlamento de Chile: un edificio gris y feo, situado en el centro de la ciudad, calle de la Catedral. Aquí tiene Allende su despacho de senador. Estanterías desde el suelo hasta el techo, y en ellas, docenas de volúmenes de leyes y enmiendas a esas leyes, mil veces estu-diadas, corregidas y aumentadas. En este edificio, Allende trabaja y lucha treinta y tres años, primero como diputado, después como senador. El edificio forma su mentalidad legalista, su perfecto dominio del derecho, de la constitución, de la ley. De todos modos, la izquierda chilena siempre ha sido una acérrima defensora de la Constitución y del Parlamento burgueses. Sólo aparentemente es una paradoja. La Constitución y el Parlamento garantizaban a la izquierda la libertad de actuar dentro de la legalidad, le brindaban la posibilidad de llevar su lucha política abiertamente. En 1969, durante el mandato del presidente Frei, el general Roberto Viaux quiso dar un golpe de Estado y clausurar el Parlamento. Fue precisamente la izquierda la que lo salvó, la que salvó ese mismo Parlamento que durante el mandato presidencial de Allende se convertirá en el principal centro de oposición, provocación y sedición. Pero Allende, que durante toda su vida ha construido la autoridad del Parlamento, una vez jurado el cargo de presidente, no lo disolverá aun a precio de perder el poder y la vida.

A menudo se oye la pregunta de por qué Allende no armó al pueblo y no empezó una guerra civil.

Distribuir armas a gran escala era imposible, porque en Chile el servicio de espionaje interno está en manos del ejército, el cual se habría enterado enseguida de cualquier traslado de partidas de armamento, de la formación de destacamentos populares, de su instrucción, etcétera. Tal cosa sólo habría acelerado el golpe. Además, Allende sabía que se trataba de un ejército moderno, con enorme potencia de fuego y que llamar a luchar contra semejante fuerza a un pueblo mal armado habría supuesto cientos de miles de víctimas, el derramamiento de sangre de la mitad de la nación.

En su rechazo a la guerra civil Allende también se guía por un importante principio moral. Cuando tomaba posesión de su cargo, él, el primer presidente popular de Chile, juró respetar la constitución. Y la constitución obliga al presidente a hacer todo lo posible para evitar el estallido de una guerra civil.

Allende desea preservar la honestidad ética.

De la misma manera se comporta Guevara.

Su destacamento no para de capturar prisioneros, soldados rasos y oficiales, a los que suelta enseguida. Desde el punto de vista militar, comete un grave error: los prisioneros no tardan en informar del lugar en que se encuentra el destacamento, del número de sus miembros y de su armamento. Pero Guevara no fusila a ninguno. "Estáis libres", les dice; "nosotros, los revolucionarios, somos personas moralmente honestas, no vamos a ensañarnos con un adversario desarmado".

Este principio de honestidad moral es un rasgo característico de la izquierda latinoamericana. También es causa de sus frecuentes derrotas en la política y en la lucha. Pero hay que intentar entender su situación. Todo joven latinoamericano crece rodeado de un mundo corrupto. Es el mundo de una política hecha por y para el dinero, de la demagogia desenfrenada, del asesinato y el terror policial, de una plutocracia implacable y derrochadora, de una burguesía ávida de todo, de explotadores cínicos, de arribistas vacuos y depravados, de muchachas empujadas a cambiar fácilmente de hombre. El joven revolucionario rechaza ese mundo, desea destruirlo, y antes de que sea capaz de hacerlo, quiere contraponerle un mundo diferente, puro y honrado, quiere contraponerle a sí mismo.

En la rebeldía de la izquierda latinoamericana siempre está presente ese factor de purificación moral, un sentimiento de superioridad ética, una preocupación por mantener esa superioridad frente al adversario. Perderé, me matarán, pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias.

Tanto Guevara como Allende son los mejores exponentes de esta actitud, que es toda una escuela de pensamiento. La pregunta importante es: ¿su trayectoria revela un intento consciente de crear un modelo para generaciones futuras que tal vez vivirán en ese mundo por el que ellos luchan y mueren?

¿Acaso se puede responder a la pregunta de cuál de ellos tenía razón? La tenían los dos. Actuaron en circunstancias diferentes, pero el objetivo de sus actuaciones era el mismo. ¿Cometieron errores? Eran seres humanos, ésta es la respuesta. Los dos han escrito el primer capítulo de la historia revolucionaria de América Latina, de esa historia que apenas está en sus inicios y de la que no sabemos cómo evolucionará.

Por Ryszard Kapuscinski


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Miércoles, 17 Febrero 2010 05:48

Descifran el enigma del envejecimiento

Científicos de la Universidad de Londres y el King College británico han conseguido, por primera vez, identificar una variante genética responsable del envejecimiento biológico en los seres humanos. El descubrimiento abre paso a detectar el desarrollo de enfermedades relacionadas con la vejez.

Los investigadores analizaron más de medio millón de variantes a lo largo de todo el genoma. Finalmente  identificaron algunas de ellas, cerca de un gen llamado TERC, que al parecer agregan el equivalente de tres o cuatro años de envejecimiento biológico en las personas que las tienen, según el estudio  publicado en la reciente edición de la revista Nature Genetics.

Los autores del estudio explican que existen dos formas de envejecimiento: el cronológico, que se refiere a la edad que se tiene (los años que cumplimos); y el biológico, en el que las células de algunos individuos son más viejas o jóvenes de lo que sugiere su edad. 

Según Nilesh Samani, codirector del estudio, existe evidencia de que el riesgo de enfermedades asociadas a la edad incluye las cardiacas y otros tipos de cánceres más relacionados con la edad biológica que con la cronológica.

La investigación partió del estudio de unas estructuras llamadas telómeros que son las “puntas” de los cromosomas. Todo individuo nace con telómeros de una cierta longitud y se van acortando a medida que las células se dividen y envejecen. Por eso, la longitud de los telómeros se considera un excelente marcador del envejecimiento biológico.

“En este estudio lo que descubrimos es que estos individuos que portan una variante genética particular tenían telómeros más cortos, por lo que parecían biológicamente  mayores”, indica. 

Dada la asociación de los telómeros más cortos con las enfermedades asociadas a la edad, los descubrimientos plantean la cuestión de si los individuos que portan la variante se encuentran bajo un mayor riesgo de desarrollar tales enfermedades”, señala Samani.

Tim Spector, del King's College de Londres y otro de los codirectores del trabajo, menciona que el  estudio sugiere  que algunas personas están genéticamente programadas para envejecer a una tasa más rápida. 

El investigador añade que las personas susceptibles genéticamente podrían envejecer incluso más deprisa  si se expusieran a ambientes “malos” para los telómeros, como el tabaquismo, la obesidad o la carencia de ejercicio, y terminar varios años “biológicamente más mayores” o sucumbir a más enfermedades asociadas a la edad.

Tal como señala la Fundación Británica del Corazón, que financió el estudio junto con la organización británica The Wellcome Trust, el hallazgo podría conducir a nuevas formas de prevenir las enfermedades cardiovasculares.

Hoy en día los médicos saben que a medida que la gente envejece aumenta el riesgo de enfermedades como Alzheimer, Parkinson y trastornos cardiovasculares, pero algunas personas son presa de estos males mucho antes de lo que se espera.

“Entender cómo envejecen nuestras células es un paso importante hacia la búsqueda de mejores formas de prevenir y tratar la enfermedad cardíaca”,  afirma el profesor Jeremy Pearson, director médico de la Fundación Británica del Corazón.

Otro estudio de  científicos británicos, encabezados por el alemán Thomas von Zglinicki,  descubrió el papel crucial que desempeñan en el  proceso de envejecimiento las mitocondrias, los orgánulos encargados de suministrar la mayor parte de la energía necesaria para la actividad celular. 

Cuando se registra un deterioro en el ADN de una célula, esta envía una señal a las mitocondrias para que generen moléculas radicales libres que llevan a la célula a autodestruirse o a dejar de dividirse, señala el estudio.

“Así las células se aseguran de que no se dividen cuando están enfermas, ya que hay elevadas posibilidades de mutaciones y de que se vuelvan cancerosas”, explica Zglinicki, profesor de gerontología celular en el Instituto del Envejecimiento y la Salud de la Universidad de Newcastle.

PL/EFE
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Viernes, 05 Febrero 2010 06:35

Howard Zinn y la otra historia

Howard Zinn, el legendario historiador, escritor y activista estadounidense falleció la semana pasada a los 87 años. Su obra más famosa es “La otra historia de Estados Unidos”. Zinn fue entrevistado por Democracy Now en mayo del año pasado y habló sobre su libro: “La idea de ‘La otra historia’ es ir más allá de lo que aprendí en la escuela o de lo que la mayoría de la gente aprendió en la escuela, y esa es la historia a través de los ojos de los presidentes y generales en las batallas libradas en la Guerra Civil. Y nosotros queremos las voces de la gente, de la gente común y corriente, rebeldes, disidentes, mujeres, negros, asiático-estadounidenses, inmigrantes, socialistas y anarquistas y los agitadores de todo tipo”.
Es pertinente escribir sobre la vida de Howard Zinn justo cuando comienza el llamado “Mes de la Historia Negra”. A pesar de que era blanco, Zinn escribió en forma elocuente sobre la lucha por los derechos civiles y también formó parte de ese movimiento. Hace cincuenta años, el 1° de febrero de 1960, cuatro estudiantes negros ingresaron en la tienda F.W. Woolworth de Greensboro, Carolina del Norte, y se sentaron en el mostrador que era “solo para blancos”. Se les negó el servicio, y regresaron día tras día. Cada día se les sumaban más personas. El movimiento contra la segregación en restaurantes se extendió a otras ciudades del Sur. En julio, el mostrador de Greensboro Woolworth estaba desegregado. Esta semana, se inauguró el Centro y Museo Internacional por los Derechos Civiles en el lugar donde se registró la protesta original.
En el momento de las protestas, Howard Zinn era profesor del Spelman College, una universidad históricamente de mujeres negras en Atlanta. Me contó por qué, luego de siete años de enseñar allí, fue despedido: “Durante las protestas, las estudiantes del Spelman College se alzaron, apartándose de ese ambiente tranquilo y controlado de la universidad. Fueron a la ciudad, fueron arrestadas y regresaron motivadas y decididas a cambiar las condiciones de su vida en la universidad que eran muy, pero muy anticuadas. Vivían en una especie de convento. Entonces se rebelaron contra la administración, las apoyé en su rebelión, y eso fue demasiado para la administración de la universidad.”
Zinn escribió en el epílogo de ‘La otra historia’: “Recién cuando entré al cuerpo docente del Spelman College fue…que comencé a leer a historiadores afroestadounidenses que nunca habían aparecido en mi lista de lecturas en la enseñanza secundaria. En ninguna etapa de mi formación en historia había aprendido acerca de las masacres de los negros, que sucedieron una y otra vez a lo largo de la historia estadounidense, en medio del silencio de un gobierno nacional comprometido por la Constitución a proteger la igualdad de derechos para todos”.
La escritora ganadora del Premio Pulitzer y autora de “El color púrpura”, Alice Walker, fue alumna de Zinn en Spelman. Dijo que Howard Zinn fue uno de sus profesores más divertidos. Recordó por qué había sido expulsado de Spelman hace décadas “Lo expulsaron porque nos amaba, y nos mostraba ese amor simplemente al estar con nosotros. Amaba a sus alumnos. No veía por qué debíamos ser ciudadanos de segunda clase. No veía por qué no podíamos comer donde queríamos y dormir donde queríamos, ni estar con la gente que queríamos estar. Entonces el estaba con nosotros”.
Hace algunos años, Zinn fue invitado a Spelman para dar el discurso de la ceremonia de graduación de ese año y recibir un título honorario.
El reconocido lingüista y disidente político Noam Chomsky, era un viejo amigo de Zinn: “La frase de él que siempre resuena en mi cabeza es su admiración y su estudio detallado de lo que denominó ‘las innumerables pequeñas acciones de gente desconocida’ que provocaron esos grandes momentos que forman parte del registro histórico, un registro que simplemente no se puede comenzar a entender a menos que se tengan en cuenta esas innumerables pequeñas acciones. Y él no solo escribió acerca de ellas en forma elocuente, sino que además participó en ellas”.
Howard Zinn editó, junto con Anthony Arnove, el libro “Las voces de la otra historia de Estados Unidos”, que recopila discursos, cartas y otros materiales originales de esos “desconocidos” que formaron este país. A partir del libro se hizo un documental con la participación de celebridades, que se estrenó en el History Channel apenas semanas antes de la muerte de Zinn. Matt Damon, el productor ejecutivo, le dio una gran difusión popular a ‘La otra historia’ en la famosa película ‘En busca del destino’ (Good Will Hunting, en inglés), cuando su personaje, Will, le recomienda el libro a su psiquiatra. Matt Damon fue vecino de Zinn en Newton, Massachusetts, y lo conocía desde los 10 años.
En mayo del año pasado, cuando entrevisté a Zinn, reflexionó sobre los primeros meses de gestión de Barack Obama: “Ojalá el Presidente Obama escuchara con atención a Martin Luther King. Estoy seguro de que le rinde homenaje verbal, como hace todo el mundo, a Martin Luther King, pero debería pensar antes de enviar misiles a Pakistán, antes de acordar este enorme presupuesto militar, antes de enviar soldados a Afganistán. Debería preguntarse: ‘¿Qué haría Martin Luther King? ¿Qué diría Martin Luther King de esto?’ Y si escuchara a King, sería un presidente diferente del que está resultando ser hasta ahora. Creo que debemos hacer que Obama mantenga su promesa de ser diferente y osado, y producir un cambio. Hasta ahora no ha cumplido esa promesa”. Howard Zinn, 1922 – 2010, te extrañaremos.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
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Jueves, 28 Enero 2010 06:09

“La vida merece ser vivida”

Osama, de nueve años, vive con su familia en Beit Hanon, cerca del límite entre la Franja de Gaza e Israel. La familia posee un modesto almacén, en un salón dentro de la casa. Fadi, el hermano mayor, era responsable de este negocio, que mantuvo abierto incluso durante la guerra. Un día, Faid abrió el almacén como de costumbre. En ese momento, Osama, que estaba en la casa de su tía, decidió ir a su casa. Mientras volvía, escuchó el sonido de un cohete lanzado por las fuerzas israelíes. El sonido estaba muy próximo. La gente en la calle estaba aterrada y también Osama. Fadi, por su parte, salió del comercio para ver a dónde se dirigía el cohete, y entonces fue herido mortalmente. Osama, que estaba llegando a su casa, presenció los sucesos, incluso la muerte de su hermano.

Osama reaccionó con un grave estado de pánico, agregado a una leve herida en su espalda. Entró a su casa gritando y llorando, después de la muerte de su hermano ante sus ojos. Su familia no estaba todavía informada de la muerte del hijo, y Osama no pudo decirlo hasta que ellos salieron a la calle y vieron el cadáver.

Después del fin de la guerra en Gaza, Osama volvió a la escuela, como lo hicieron los demás alumnos. Pero, luego de un tiempo, empezó a padecer diversos síntomas, lo cual requirió la intervención de la trabajadora social en su escuela. Se contactó a su familia y se decidió derivarlo al Centro Comunitario del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza.

Después de examinar el caso de Osama, se diagnosticaron síntomas que incluían: ansiedad; excesiva violencia hacia otros chicos; enuresis nocturna; temor, desencadenado por causas triviales; problemas con sus hermanos; llanto continuo; presencia obsesiva de la escena de la muerte de su hermano.

El equipo del Centro Comunitario de Gaza preparó un programa terapéutico, después de hacer chequeos médicos que se consideraron necesarios. El plan incluía abordajes terapéuticos expresivos, especialmente terapia de juego y dibujo libre; también se procuró facilitar la catarsis emocional. El plan terapéutico incluyó también el seguimiento de la familia, especialmente la madre, que padecía depresión y no estaba en condiciones de enfrentar el trauma de la pérdida de Fadi, su hijo mayor. La familia en general necesitaba intervención terapéutica y apoyo psicológico, tras los sucesos que había padecido; se procuró poner en cuestión y modificar los pensamientos negativos. También se trabajó en fortalecer su red de apoyo social.

A partir de las sesiones terapéuticas y del conjunto de intervenciones, Osama empezó a mostrar una mayor apertura hacia los demás. La mayor parte de los síntomas que había padecido desaparecieron. Empezó a jugar con sus amigos y sus hermanos, y su concentración en los temas escolares mejoró.

Loai, diez años

Loai, de diez años, el 14 de enero de 2009 fue gravemente herido en un raid aéreo israelí que afectó a su familia, en Beit Lahia, Gaza. El niño, con su padre y su primo, salía de la escuela en la que su familia residía desde hacía 15 días, luego de haber evacuado su casa. Intentaban volver a la casa para retirar alimentos, frazadas y algunas otras pertenencias, ya que la escuela estaba repleta de gente que carecía de las necesidades básicas para vivir; había más de sesenta personas en un solo salón de clases.

Las heridas causadas por el ataque aéreo dejaron ciego a Loai; también padeció lesiones en la cabeza y una mano. Su primo resultó muerto. Además, a causa del continuo bombardeo israelí, Loai permaneció sangrando durante una hora y media sin que nadie pudiera acercarse; incluso su padre, que estaba a pocos metros de él, no podía dar un solo paso para salvar a su hijo. Loai mismo trató de arrastrarse para alcanzar a su padre pero no pudo. Cuando el bombardeo disminuyó, unas vecinas auxiliaron a Loai, lo llevaron a un lugar seguro y su padre pudo recuperarlo. Después la ambulancia lo llevó al hospital Kamal Odwan, y posteriormente fue enviado a Arabia Saudita para recibir tratamiento, acompañado por su padre.

Loai era un chico activo e inteligente. Ya era la mano derecha de su padre en el modesto comercio que los ayudaba a cubrir sus necesidades básicas. Pensaba siempre en comprarse una bicicleta como tenían otros chicos. Quería ser un hombre de negocios. Loai estaba muy ligado a su familia, especialmente a su hermano mayor Rajab, que a su vez tenía dos hijos, Raed y Rajab junior. Rajab murió poco después, el 16 de febrero, en el último ataque israelí sobre Gaza, mientras trabajaba en una granja, alcanzado por una esquirla.

Loai, durante su tratamiento en Arabia Saudita, no sabía que su hermano había muerto. Cuando volvió, le había traído regalos y esperaba que Rajab fuera el primero en abrazarlo. Cuando supo de la muerte de su hermano, sufrió un shock. Loai todavía espera que su hermano reaparezca, sigue con la esperanza de verlo. Siente que, si su hermano hubiera estado vivo, él se habría sentido más fuerte y podría haber olvidado su discapacidad.

Sin embargo, de regreso de Arabia Saudita, su sobrino Rajab junior se acercó mucho a él y le dio apoyo. De todos modos, Loai, transformado en un ser desamparado que depende de otros, se volvió asustadizo y vacilante en cuanto a dar cualquier paso adelante en su vida. Pasó a estar preocupado siempre por su futuro, todo el tiempo temiendo una caída. Se volvió incapaz de alcanzar sus sueños más simples. Ha logrado andar en bicicleta, sin embargo, de noche, con la ayuda de su abuela que se ocupa de acompañarlo durante esas horas.

Loai fue derivado desde la Asociación Majid, una organización civil que trabaja con el Centro Comunitario del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza. Cuando el psicólogo Rawy a Hamam lo visitó en su casa, Loai sufría síntomas de desorden de estrés postraumático, que incluían insomnio, ansiedad, sentimientos de culpa y rabia hacia su familia, sentimiento de dolor paralizante por la pérdida de su hermano. Era fácilmente perturbado por razones menores.

Se proveyó a Loai y su familia un servicio de intervención familiar, que incluyera la posibilidad de desahogo emocional, ayudándolo a expresar sus sentimientos y a afrontar las circunstancias que se le planteaban, a través de actividades diarias concentradas en los puntos de fortaleza del niño. El Centro todavía está siguiendo el caso de Loai y mantiene contacto con su familia y su escuela. El seguimiento del caso muestra en Loai un notorio progreso. Empezó a expresar su miedo y sus preocupaciones. Logró centrarse menos en su limitación, y empezó a pensar en sus sueños y su futuro.

Loai todavía no cree que él perdió la vista definitivamente, sigue con la expectativa de que un día será capaz de ver otra vez. Pero también parece determinado a que su ceguera no obstruya su camino ni le impida totalmente vivir como los demás chicos.

Fathia, 18 años

Fathia Iz Al Deen Mussa, de 18 años, del barrio Al Sabra de Ciudad de Gaza, planteó lo siguiente en su testimonio para el Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza, después del fin de la intervención militar israelí. “Yo era la única que había quedado en la casa. No quise irme hasta que mis padres, mi hermano Waheed y Mohammed y mi hermana Noor fueran evacuados y llevados al hospital. Pero yo sabía que me engañaba a mí misma con la esperanza de que todavía estuvieran vivos. Deseé haber muerto con ellos. Esperé que los cuerpos fueran llevados a casa, para ofrecer los últimos respetos, pero nunca llegaron: los cuerpos habían quedado deshechos más allá de toda posibilidad de ser reconocidos, desparramados. Era demasiado difícil identificarlos.”

“Dos meses y medio más tarde –contó–, todavía tengo miedo de estar sola, incluso, a veces, de estar sola en el baño. Tengo problemas para dormir, recuerdo lo que pasó. Nunca olvidaré haber visto la sangre y los pedazos de los cuerpos de mi familia desparramados alrededor de nuestra casa. Esa noche me quedé en la casa de mi abuelo Abu Sameer Al Jarah, junto con mis hermanas Hannen y Sabreen. No podía entender qué me estaba pasando. Yo estaba herida en la pierna, pero no me di cuenta hasta que empezó a dolerme más tarde esa noche. Al día siguiente, retiraron de mi pierna metralla y vidrios.”

La clínica y análisis del caso de Fathia fueron efectuados por los psicólogos Rawya Hamam y Insherah Zakout. Tras el fin de la intervención de las fuerzas armadas israelíes, un equipo de trabajadores sociales y profesionales del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza visitó a los sobrevivientes de la familia Mussa. La familia sufría severos síntomas de desorden por estrés postraumático, incluyendo insomnio, pesadillas y pérdida de apetito. También sufrían desgano, desesperanza y depresión.

El equipo preparó un plan terapéutico para la familia que incluyó desahogo emocional, para darles la oportunidad de expresar sus dolorosos sentimientos y describir cada suceso con detalle. También, el equipo habló con ellos acerca de los sucesos, y de los síntomas y reacciones que se consideran normales en tales casos, utilizando un abordaje psicoeducativo. El equipo también destacó la importancia de fortalecer la red de apoyo social y de trabajar en corregir los sentimientos y pensamientos negativos. Durante el trabajo con la familia, el equipo se concentró en los puntos positivos de fuerza de los individuos, y los ayudó a hacer planes para su futuro. También, una de las chicas acordó en unirse al Proyecto de Empoderamiento de las Mujeres del Programa de Salud Mental, y fue entrenada en técnicas que pueden ayudar a aliviar los síntomas del trastorno por estrés postraumático, como la respiración profunda y la relajación. La familia recibe tratamiento mediante visitas semanales en su casa. El seguimiento del caso de Fathia registró en ella una gran mejoría; ella empezó a hablar con otras personas, y empezó también a pensar en trabajar y en depender de sí misma.

* Organización no gubernamental fundada en 1990. Su director es Riyad Al Zanoun. Entre los miembros de su Consejo Asesor se cuentan: Inge Genefke, del Consejo Internacional de Rehabilitación para Víctimas de la Tortura, en Dinamarca; Henrik Pelling, especialista en psiquiatría infantil de Suecia; Helen Bamber, de la Fundación médica de Gran Bretaña; Ruchama Marton, de Médicos por los Derechos Humanos, de Israel. Texto extractado del informe La vida merece ser vivida, publicado en el primer aniversario de la intervención militar israelí en Gaza.

Por el Programa de Salud Mental de la Comunidad
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Londres, 26 de enero. El gran físico italiano Enrico Fermi la llamó una paradoja: si la vida no es exclusiva de la Tierra, y hay miles de millones de estrellas tan sólo en nuestra galaxia, entonces debe de haber millones de planetas semejantes a la Tierra, poblados por seres inteligentes. Y entonces, ¿por qué no los hemos visto?

Algunas de las mentes más brillantes de la ciencia –y de la ciencia ficción– han tratado de resolver la paradoja de Fermi, pero durante la reunión de expertos en vida extraterrestre que se realizó esta semana en la Real Sociedad, la mayor pregunta sigue sin respuesta: ¿estamos solos en el universo?

Una cosa es poder detectar vida en otro planeta y otra hallar vida inteligente, capaz de viajar o comunicarse a través de las vastas distancias del espacio interestelar.

La conferencia de dos días congregó a expertos en las diversas disciplinas científicas relacionadas con la evaluación de si existen seres inteligentes en otros mundos, con el aspecto que pudieran tener y con la forma en que podemos comunicarnos con ellos si entran en contacto con nosotros.

Frank Drake, veterano astrónomo estadunidense y uno de los primeros en concebir la idea de una búsqueda coordinada de vida extraterrestre, presentó este martes una evaluación optimista de las posibilidades de hallar una señal del espacio que indique la existencia de seres inteligentes.

Lugares potenciales

El profesor Drake ideó hace casi 50 años una ecuación para calcular el número potencial de planetas de la Vía Láctea apropiados para la vida, pero ahora cree que probablemente hemos subestimado en mucho los lugares potenciales en el espacio.

"Un cuadro realista debería considerar la aportación a la habitabilidad que hacen las atmósferas densas, las gruesas capas de hielo, incluso las superficies sólidas en sí mismas, todas las cuales pueden conducir a temperaturas apropiadas para la vida cerca de la superficie", afirmó. “Hasta los muy numerosos planetas de estrellas enanas rojas pueden resultar habitables si cuentan con una atmósfera sustancial o una órbita excéntrica… entonces, casi toda la Vía Láctea se vuelve un lugar apropiado para la búsqueda.”

El hecho de no haber hallado vida después de casi medio siglo de escuchar con poderosos radiotelescopios no debe disuadirnos de profundizar las búsquedas con instrumentos más avanzados, añadió.

Si llegamos a detectar señales de inteligencia extraterrestre, una pregunta planteada por un científico que asiste a la conferencia es cómo enfrentar la respuesta del público. ¿Causará temores, pánico, tumultos?

El profesor Albert Harrison, de la Universidad de California, lo considera improbable. "Es fácil imaginar escenarios de extensa desintegración sicológica y caos social, pero los resultados de prototipos históricos, reacciones a falsas alarmas y encuestas sugieren que la respuesta predominante al descubrimiento de transmisiones por microondas desde lugares ubicados a años luz probablemente sea de ecuanimidad, tal vez incluso júbilo", aseveró.

Los extraterrestres podrían ser microbios simples, en cuyo caso tendríamos que ir a buscarlos, usando los mismos instrumentos que nos han servido para buscar formas fosilizadas de vida microbiana en la Tierra.

El profesor Colin Pillinger, de la Universidad Abierta, quien dirigió el infortunado proyecto de la sonda marciana Beagle 2, señaló que no basta partir de lo que conocemos sobre la vida en la Tierra.

"Hace más de 70 años se reconoció que ciertas moléculas derivadas biológicamente sobreviven al procesamiento en la geosfera luego de la desaparición del planeta huésped, por lo que los rasgos de su estructura han sufrido poco o ningún cambio después de millones de años", indicó Pillinger.

“Esos compuestos son indicadores de la existencia de organismos vivos en la historia temprana de la Tierra. Tales observaciones llevaron a la idea de que los ‘esqueletos de carbono’, como ‘fósiles químicos’, pueden responder preguntas relativas al origen de la vida en el planeta.

"Para detectar vida en la Tierra por métodos comparables, será necesario explorar más a fondo la conformación de la materia orgánica encontrada en el espacio. Se necesitarán métodos químicos más sutiles", añadió.

Difícil imaginar una ruta distinta a la darwiniana, dicen

Otra pregunta es qué aspecto tendrán esos seres. Los darwinistas creen que la vida en otro planeta estará sujeta a las mismas reglas evolutivas que en la Tierra. Eso significa que su aspecto será sorprendentemente semejante al nuestro, según el profesor Simon Conway Morris, de la Universidad de Cambridge.

“Es difícil imaginar que la evolución en biosferas extraterrestres siga una ruta distinta a la darwiniana. Sin embargo, también hay quienes suponen que las formas de vida extraterrestres serán precisamente eso, extrañas, es decir, perturbadoras y probablemente repulsivas. Sugiero dos opuestos, cualquiera de los cuales nos hiela la sangre en las venas.

“El primero –continuó el doctor Morris–, sumamente improbable, es que las biosferas extraterrestres sean muy similares a la terrestre, y que en tales biosferas el surgimiento de vida inteligente sea inevitable.

“Las razones de esto giran en torno a la ubicuidad de la convergencia evolutiva, la estructura determinada del árbol de la vida y la inherencia molecular. En realidad, Darwin sólo explicó el mecanismo, pero no logró captar qué tan predecible es.

"Sin embargo, si es inevitable que se llegue a algo como el ser humano, ¿por qué afirmo que la primera posibilidad es extremadamente improbable? Sencillamente porque la otra posibilidad es la respuesta correcta. Nosotros y nuestra atmósfera estamos completamente solos. Entonces, ¿qué es peor? ¿Encontrarnos a nosotros mismos, o no encontrar a nadie?", preguntó Conway Morris.

Por Steve Connor
The Independent
Traducción: Jorge Anaya

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