Domingo, 24 Marzo 2019 05:34

La represión ya está en marcha

La represión ya está en marcha

Para contener a los 3.000 manifestantes de París, hubo muchos policías y símbolos como el recurso al Ejército francés.


El nombre del partido presidencial La República en Marcha se volvió ayer “La Represión en Marcha”. Los chalecos amarillos que, en toda Francia, participaron en la décima novena jornada de manifestaciones pusieron al frente de sus marchas ese cartel en signo de repudio al denso operativo policial con el que, esta vez, el Ejecutivo decidió impedir que se repitieran los saqueos de la semana pesada. Para contener a los 3.000 manifestantes de París hubo no sólo muchos policías sino, además, muchos símbolos. El más pesado es el recurso al Ejército francés. Los incendios y las depredaciones del sábado 16 de marzo en la Avenida de los Campos Elíseos, la convergencia entre los chalecos amarillos más radicales y los Black Blocs y la destrucción de las insignias bandera de las marcas del lujo mundial (el restaurant Le Fouquet’s, de Hugo Boss, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp, Zara) desencadenaron una purga inédita entre los altos mandos policiales, la prohibición de manifestar en ciertos barrios de París y otras ciudades así como la implementación de un red represiva sin precedentes. A medio día, más de 5.000 “controles preventivos” habían sido realizados por las fuerzas del orden. Capitales provinciales como Niza, Toulouse o Burdeos prohibieron a los chalecos toda manifestación en los centros donde se encuentran las boutiques de lujo. En París, los Campos Elíseos, los alrededores del Palacio presidencial y de la Asamblea Nacional fueron vedados a los manifestantes por los 6.000 miembros de las fuerzas de seguridad desplegados en París.


La imagen más impactante es, sin embargo, la presencia del Ejército francés cuya primera misión, el operativo Centinela diseñado en 2015 para proteger de los ataques terroristas los lugares públicos, fue ampliada ahora a la represión. El muy cuestionado Ministro de Interior, Christophe Castaner, dictó la consigna “impunidad cero”. La democracia macronista ha sido incapaz de resolver la crisis de los chalecos amarillos y terminó desplazando al Ejército para resguardar los símbolos de la ostentación y la riqueza. La imagen del gobierno se ha ido degradando a la par de la de los chalecos amarillos. El movimiento paga el tributo de las escenas de violencia y destrucción que las manifestaciones dejan a su paso. En los últimos días, una encuesta de opinión realizada por Odoxa demuestra la erosión de los chalecos: el 58% de los encuestados considera que la violencia le ha restado mucho crédito a los chalecos amarillos mientras que un 55% anhela que se terminen las manifestaciones. Las cifras son igualmente adversas para el gobierno. 76% cree que el Ministro de Interior no podrá mantener el orden público, 70% siente que Emmanuel Macron es igualmente incapaz y 67% piensa lo mismo del Primer Ministro Édouard Philippe. Cuatro meses de crisis debilitaron a todos los actores. El movimiento comenzó el 17 de noviembre con dos identidades permanentes: una, a lo largo de la semana, con la ocupación de las rotondas: la otra, el sábado, con las manifestaciones en las ciudades. Los intentos oficiales de desactivar la tensión no se completaron. Incluso si los chalecos se dividieron y fueron perdiendo impacto y respaldo (en un momento 76% de la población los apoyaba), la onda amarilla prosiguió su ruta. El telón que tapaba la Francia desértica se desplomó. El decorado de la felicidad liberal quedó al desnudo y, desde entonces, los chalecos han ido sembrando su propia agenda ante la impotencia política del gobierno y el presidente.


“Emmanuel Macron, el vértigo autoritario”, escribe el portal de información Mediapart. Unos 350 universitarios firmaron este fin de semana un texto contra “el grave peligro que corre la población con la política del gobierno”. La derecha, en cambio, se posiciona en contra de los chalecos amarillos. Uno de sus portavoces más camaleónicos, el filósofo Bernard-Henry Lévy, acusa a los chalecos de encarnar un “nihilismo mortífero”. Ese “vértigo” se explica por la obsesión de evitar que los sectores más duros del movimiento hagan causa común con los Black Blocs, tal y como ocurrió a mediados de marzo. Con el paso de las semanas, los grupos políticos radicales se mezclaron con los chalecos amarillos. El último que subió al escenario fue Black Bloc. Estos radicales vestidos de negro y pasamontañas están constituidos por una mezcla de antifascistas, anarquistas y los llamados autónomos. En un bar de París, uno de los Black Bloc explica a PáginaI12 que la situación insurreccional creada por los chalecos amarillos resultó un terreno de acción propicio y, sin que haya habido ninguna coordinación previa, “se plasmó en la calle de forma irremediable porque nadie acepta que la respuesta a una demanda social sea la represión salvaje”. Julien es un Black Bloc miembro del llamado “Comité invisible” que en 2007 publicó un famoso ensayo, “La Insurrección que viene” (La Fabrique Edition). Este libro, en sus primeras línea, constata que “cualquiera sea el ángulo desde el que se lo mire, la situación presente no tiene salida”. Por ello postula que la “insurrección no es sólo necesaria, sino también ineluctable”. A su manera, para ellos, los chalecos amarillos han sido el tambor que activó el nacimiento de esa insurrección.


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Minga indígena y popular. Retos y aprendizajes: El sur occidente colombiano intenta poner freno al gobierno de Duque, ¿Lograrán sus objetivos?

En medio de asesinatos sistemáticos de líderes y lideresas sociales –226 durante el 2018 y alrededor de 30 en lo corrido del 2019–, reactivación del conflicto armado, políticas económicas, ambientales, sociales y militares que afectan la vida de millones de colombianos, el pueblo indígena nasa, en unión con organizaciones sociales del departamento del Cauca, dan un empujón para superar la somnolencia imperante en amplios sectores de la sociedad colombiana, y confrontar el gobierno de Iván Duque, ¿Qué le espera a la Minga por la defensa de la vida, el territorio, la democracia, la justicia y la paz luego de más de 10 días de movilización? ¿Cuáles son las lecciones para las organizaciones y los movimientos sociales del país?


El domingo 10 de marzo miles de indígenas Nasa, agrupados en el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), acompañados por campesinos del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (Pupsoc), el Coordinador Nacional Agrario (CNA), y distintas organizaciones sociales, ambientales y populares de esta parte del país, decidieron darse cita en el resguardo “Las Mercedes” ubicado en la vereda “El Pital” del municipio de Caldono, Cauca, para dar inicio a la “Minga por la defensa de la vida, el territorio, la democracia, la justicia y la paz”, tras el propósito de un diálogo político alrededor de temas fundamentales para el país con el gobierno encabezado por Iván Duque.

 


La movilización fue masiva y su peso se sintió de inmediato. Con anterioridad el Cric había invitado al gobierno nacional ha llegar a este sitio para entablar el diálogo y la negociación pretendida. Tras dos días de espera, el 12 de marzo, ante más de 15 mil personas, llegó la ministra del interior, Nancy Patricia Gutiérrez, el comisionado de paz, Miguel Ceballos, el ministro de agricultura, Andrés Valencia, y otros funcionarios, con quienes se instaló una mesa de diálogo para acordar la agenda de trabajo con el presidente.


Terminada la agenda, sin el logro de acuerdos claros, que se cumplan –sin vivir los incumplimientos que hoy resaltan en infinidad de agendas firmadas en otras Mingas– en tanto comprometen a todo el gobierno, cuya cabeza se niega a dialogar en directo con las comunidades, y firmar los compromisos a que de lugar, la comunidad allí reunida insiste en la demanda de que el Presidente asuma con su presencia la negociación. Un reiterado no, es lo único que obtienen. Ante tal reiteración deciden cerrar La Panamericana (vía principal que conecta el sur del país). El peso de su decisión empieza a sentirse casi de inmediato, con la larga fila de camiones, buses y automotores que a lo largo de kilómetros, y en ambas direcciones, congestionan la autopista.

La respuesta que llega desde Bogotá es la misma de siempre: represión. El Esmad entra con toda fuerza a reprimir, pero los miles allí reunidos resisten. Los primeros choques dejan ahogados, algunos contusos menores, y la vía en igual situación.


Mientras esto sucede, delegaciones de otros pueblos indígenas y de otras organizaciones sociales llegan al sitio de concentración y potencian la Minga, entre ellas delegaciones de la Organización Indígena de Antioquia (OIA), del Comité de Integración del Macizo Colombiano (Cima), del Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec), del Consejo Regional Indígena del Huila (Crihu) y otros cabildos del Valle del Cauca.


¿Cuáles son los temas de diálogo que plantea la Minga?


Para las organizaciones actoras de esta Minga, la agenda de diálogo político con Iván Duque debe tocar múltiples aspectos, enmarcados ellos en cuestiones sectoriales, regionales y coyunturales de la realidad del país, entre ellos: derechos humanos (desmonte del paramilitarismo, atención y respuesta sobre los cientos de líderes y lideresas sociales asesinados y amenazados, reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, entre algunos de los ítems que integran este subpunto). Del mismo modo está la bandera ambiental (modelo de desarrollo actual y las políticas que afectan los páramos y zonas estratégicas de aguas en el país, la ley Zidres, el uso de glifosato y el modelo extractivo minero energético que da vía libre al Fracking en Colombia; respuesta al crimen ambiental del Río Cauca con Hidroituango, entre otras).


En cuanto a temas sociales, resaltan: el del Plan Nacional de Desarrollo, Código de Policía, la ley de financiamiento (reforma tributaria), incumplimiento a la implementación de los acuerdos firmados con las Farc, las objeciones a la Jurisdicción Especial para la Paz. De igual manera está la exigencia del cumplimiento del decreto 1811 de 2017, que fija mecanismos para el cumplimiento de alrededor de 1.500 acuerdos y renegociaciones entre los pueblos indígenas del Cauca con el Estado y que han sido incumplidos, los que a la fecha suman 3,6 billones de pesos para ser implementados y que comprenden temas de salud, educación, compra de tierras y otros.

 

 


La agenda es integral, y ante la misma el establecimiento se escuda en que las propuestas de discusión de la Minga no son de su competencia, pues para ello existe el Congreso de la República como el lugar para dar y posicionar estas discusiones; sostiene, asimismo, que los indígenas confunden sus peticiones con su ideología; se escuda el Gobierno, además, en que las exigencias de los indígenas ya están saldadas en el Plan Nacional de Desarrollo donde hay comprometido un presupuesto de 10 billones de pesos para ellos y por ejecutar durante los próximos cuatro años. Tema que increpan los indígenas al indicar que el engaño a la Mesa Permanente de Concertación con los pueblos indígenas es lo realmente realizado por el Gobierno, toda vez que en el presupuesto presentado por éste al Congreso los referidos 10 billones no tienen asignación presupuestal, por lo que están agregados en anexos, lo que quiere decir que son opcionales para su ejecución e implementación.


Tratamiento de guerra a la movilización social


La respuesta de Duque luego de su negativa a desplazarse hasta el Cauca para dialogar fue enviar al Escuadrón Móvil Anti Disturbios (Esmad), Escuadrón Móvil de Carabineros (Emcar), Policía Nacional y Ejército; helicópteros, gases lacrimógenos, papas bomba, tiros recalzados, disparos y ráfagas de fusil son los principales “negociadores” del Gobierno.

 

 


Ante tales “negociadores”, la vía Panamericana se transformó en el escenario de prolongados enfrentamientos entre el Gobierno y la Minga. Desde la madrugada de cada día comienza la pugna por el control de la vía, y cada día que pasa el escenario se pone más complicado pues ya son varios los heridos con armas no convencionales y de fuego. Aún no hay un reporte oficial de heridos, pese a que todo subió de tono con la muerte del policía Boris Alexander Benítez –adscrito al Esmad–, quien perdió la vida, según el Gobierno, producto de disparos realizados por disidencias de las Farc.


Con este antecedente, y tomando en cuenta la larga experiencia de protestas sociales y las violentas respuestas desplegadas por el establecimiento, con procedimientos paramilitares tras bastidores, no es de extrañar que esta Minga, como otras, quede estigmatizada y/o criminalizada, justificando con ello procedimientos violentos que afecten la vida de sus protagonistas.


Retos y discusiones para el conjunto del movimiento social


Aunque es claro que esta movilización se presenta en medio de la parálisis social propiciada, entre otros factores, por la persistente política autoritaria y de terror que reina en Colombia, también lo es que esta Minga prende una chispa de aliento y esperanza para superar la atomización social, pero también el miedo producido por el prolongado desangre, procesándolo, haciéndolo consciente y, por tanto, precisando canales para superarlo.


Esta Minga, por tanto, factor positivo y luz en el horizonte, invita a una reflexión al interior de las organizaciones y movimientos sociales del país, la misma que debe ser concretada sin dilaciones.

 

 


¿Elecciones o vía armada? Esta es la vieja discusión sobre el quehacer político de organizaciones, movimientos y partidos, que generalmente enmarcan todas sus fuerzas en una u otra de estas dos formas de lucha, centrando todo su quehacer alrededor de la captura del poder, en un caso, y en otro en el ascenso al gobierno. En ambos casos el Estado es el referente central, y éste es quien determina la agenda política y las acciones de quienes pretenden confrontarlo. Las consecuencias de este dilema, y la concentración de fuerzas en una y otra opción, hoy muestran su desgaste y límite.


Por un lado, quienes optaron por las armas, militarizan la política y llevan a sus activos a concentrar todas sus energías en fortalecer el aparato militar. El poder es lo real, y ese poder descansa en las armas, en el potencial de fuego que cada día debe ser mayor. Disciplina y acriticidad se imponen. Todo cuestionamiento puede terminar en un debate de fuerza y no de razones. El respeto al mando no permite el debate libre y desprevenido, por lo cual el aparato termina primando sobre la realidad, es decir, sobre el mismo entorno que pretende transformar.


En estas circunstancias, el accionar social termina condicionado o determinado por el facto fundamental –el armado–, lo que finalmente desnaturalizar la autonomía y el potencial y alcance de la protesta social.


En la lógica armada, tras el poder, por una parte (los insurgentes), y su protección, por otra (el establecimiento), se impone una lógica de acción-reacción, que no tiene límite: el Estado incrementa su aparato y accionar militar, y la contraparte no puede quedarse atrás, adquiriendo más poder de fuego y alistando más integrantes a sus filas, no importa su real consciencia de clase ni la comprensión profunda de lo que hacen y para qué lo hacen. Al final, lo que se tiene es tropa –quien haga y obedezca– pero pocos liderazgos con capacidad de Estado. No es extraño, por tanto, que ocurran desmanes, irrespeto a las decisiones de la comunidad, y que se imponga una moral y ética que no corresponden al sueño de un cambio profundo de las estructuras sociales.


Mientras esto sucede en el/los proyecto/s armado/s, quienes optan por lo electoral no recorren caminos muy diferentes, ya que todo el esfuerzo de sus organizaciones –del conjunto de su militancia– está enfocado a fortalecer la capacidad del aparato, en este caso para capturar votos. Parece una exageración, pero en este proceder político también todas las acciones de mediano plazo están predeterminadas: las elecciones, lo que termina por determinar y someter la acción social, pues más allá de sus particularidades y afanes deben garantizar el mejor resultado electoral posible.


Es una deformación de la acción política que lleva al extremo de romper las dinámicas sociales, a determinar sus ritmos, a tal punto que entre elección y elección –en época fría– con participación directa y dinámica de las comunidades las agendas de lucha social ganan tono, pero una vez llega la coyuntura electoral lo que se traía queda a un lado para poder atender la coyuntura proveniente desde el establecimiento, la misma que, supuestamente, lleva al máximo la “participación social” y, con ella, la “vida democrática”. Sin duda, todo un contrasentido.


El paso del tiempo, y las experiencias vividas en distintas partes del mundo, parecen confirmar que entre estas dos formas de lucha, al final, en su más estrictas pretensiones y procederes, no existe mucha diferencia. La captura del poder y el ascenso al gobierno, sin el debido alzamiento social, el cual debe mantenerse siempre como parte sustancial de una transformación cultural que rompa de base la razón capitalista, que rompa el Estado y el mismo gobierno, termina en lo mismo: la reconstrucción capitalista.


¿Dónde está la democracia y el poder? Con frecuencia se dice que el poder está en las calles, que es la sociedad la base fundamental de la democracia, sin embargo todo este discurso queda cuestionado cuando las acciones demuestran que la visión del poder y democracia dominantes giran en torno a las instituciones estatales, haciendo el juego a lógica de los funcionarios gubernamentales que dejan claro que “las discusiones que plantea la Minga son asuntos formales que se discuten en el Congreso de la República”.


Es una lógica no consciente pero sí producto de esa lógica de la política que pone a girar todo alrededor del Estado y el gobierno, sin preocuparse, de manera debida, por la construcción de un contrapoder que garantice autonomía a las comunidades. Desmontar esta lógica, es desestructurar la idea que el poder es el aparato –cualquiera sea– y no la misma comunidad. No hay que olvidar que el Estado es una construcción social, y así como nació así también puede –debe– morir.


Proceder dominante que no significa que a pesar de hacer contrapoder las comunidades y las organizaciones que las representen no puedan entablar periodos de negociación con el establecimiento, pero tal dinámica no es el centro de su accionar, que sí lo es la defensa y el cultivo de la vida, de lo cual no sabe el Estado ni el gobierno, artífices de la muerte –en toda la extensión de tal significado: agrotóxicos, latifundio, fracking, imposición, cárcel, etcétera.
Tal vez, de así proceder, logre romperse el círculo poco virtuoso que maniata a los movimientos sociales: movilización-negociación-incumplimiento-movilización-renegociación-incumplimiento, lo que es igual a centrar todas las fuerzas en el poder, el aparato y lo que él mismo pueda resolver, cuando la misma historia muestra que son las propias comunidades las que han construido y resuelto lo básico de todo aquello que les garantiza la vida: vivienda, sembrados, trazados de calles, protección de fuentes de agua, construcción de centros de salud, etcétera.


Estamos, por tanto, ante el reto de observar en profundidad lo realizado en el largo plazo como comunidades para resolver la vida, y las limitantes en que caemos cuando nos preguntamos por el Estado y el poder en su forma clásica. Romper esta visión invita a valorar el potencial que concentra y significa cada comunidad cuando se identifica como tal, abordando el mismo reto de la democracia, más allá de lo formal –electoral– para reivindicarla como el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 


Un reto que implica tejer lazos de acción entre diferentes grupos humanos y comunidades, para ir más allá del entorno donde cada una se ubica, a la par de construir entre todas y todos, producto del intercambio de ideas siempre abierto, el sentido de la vida por el cual propugnamos.


Es una estructuración-desestructuración de lo que hemos entendido por política, poder, Estado, gobierno, sociedad, etcétera, que no se logra de la noche a la mañana; es un proceso que tomará un largo tiempo, más largo aún si postergamos los primeros ejercicios en tal dirección.


Toca por ahora, revisando la agenda social que por estos días ha tomado curso en el país, cuestionarnos por qué no logramos articular de manera dinámica las múltiples agendas de los actores sociales. Es el caso del paro que también tuvo como epicentro al Cauca, en esta ocasión en cabeza de la Asociación de educadores del Cauca (Asoinca) y de la “Mesa de derechos humanos en defensa de la vida y el territorio”, con participación de los campesinos de esta parte del país reunidos en la Anuc, que desde el 25 de febrero y hasta al 9 de marzo hicieron sentir su protesta con un paro, producto del cual lograron un acuerdo sobre agricultura, tierras, vivienda urbana-rural y temas centrales para la organización sindical.


Así mismo, en las ciudades se plantearon jornadas de velatón el 6 de marzo, y los días 12 y 18 de marzo se realizaron marchas para defender la JEP; los días 19 y 20 de marzo los maestros de Fecode salieron nuevamente a las calles en un paro de 48 horas y para el 25 de abril se tiene proyectada una jornada de paro nacional a la que seguramente no asistirán los que hoy o ayer se movilizaron.


Son las realidades de una acción política desarticulada, y sin una agenda común, dependiente de una visión tradicional sobre el poder, en todas sus variables, como producto, también, de disparidad de visiones sobre el qué y cómo hacer.


Estamos ante retos mayúsculos. Las exigencias y debates que plantea la Minga tocan temas profundos del país que sin el apoyo de la mayoría nacional quedan limitados y sesgados. Resalta de ello que los movimientos sociales tienen un reto ante sí: lograr construir una respuesta que convoque y aglutine al país nacional, para el aquí y el ahora, como para el mañana, de manera horizontal, honesta, sin amarres, pedagógica, con metodologías de encuentro que hagan sentir que vale la pena estar ahí, donde se discutan los problemas y se vislumbren las soluciones para la vida digna en Colombia, y de esta manera superar esta realidad caótica que ahoga cada día a millones de connacionales.


El debate y la discusión están abiertos, ¿Cómo superar esta atomización?


Fuentes consultadas
https://www.youtube.com/watch?v=Qle2CP6Xn2M
http://www.asoinca.com/circulares/504-circular-281-historica-huelga-mesa-de-derechos-humanos-en-defensa-de-la-vida-y-el-territorio
https://www.lafm.com.co/colombia/nancy-patricia-gutierrez-dice-que-indigenas-confunden-sus-peticiones-con-sus-ideologias?fbclid=IwAR1RcQpquYVDqrygcOsz2jCF_9OGw6gWXAGegdUHilScGva1MaapCgp_Npg
https://nasaacin.org/en-que-consiste-la-minga-social-que-se-realiza-en-el-suroccidente-colombiano/
https://nasaacin.org/pronunciamiento-aclaratorio-frente-a-los-medios-de-comunicacion/
https://www.semana.com/nacion/articulo/cuanto-vale-el-paro-indigena-del-cauca/605491
https://colombia2020.elespectador.com/territorio/la-minga-indigena-le-responde-al-presidente-duque
https://www.onic.org.co/comunicados-regionales/2855-tratamiento-militar-a-la-minga-social-del-suroccidente
https://www.cric-colombia.org/portal/comunicado-a-la-opinion-publica-nacional-e-internacional-ante-ataques-indiscriminados-del-esmad-emcar-y-ejercito-nacional-contra-comuneros-as-de-la-minga-por-la-defensa-de-la-vida-el-territorio-la/
https://www.semana.com/nacion/articulo/paro-indigena-en-el-cauca-ya-causo-un-muerto-y-seis-heridos/606103

 


 

Cuadro

 

Comunicado a la opinión pública nacional e internacional ante la masacre de la guardia indígena en Dagua Valle


21 marzo, 2019

Los pueblos indígenas, organizaciones sociales, procesos populares del sur occidente colombiano concentrados en territorio ancestral de Sa’th Tama Kiwe en el Pital, Caldono, Departamento del Cauca que participan de la Minga Social por la Defensa de la Vida, el Territorio, la Democracia, la Justicia y la Paz

 

DENUNCIAMOS.

 

Ante la opinión pública nacional e internacional, defensores y organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, y ante la comunidad en general, que hoy 21 de marzo de 2019 se ha presentado una masacre que deja ocho guardias indígenas fallecidos y cuatro gravemente heridos, los cuales estaban encargados de la adecuación logística para sumarse a la movilización que se adelanta en el sur occidente colombiano en el sector de la Delfina.

Teniendo en cuenta que el sitio de la Delfina era pequeño para atender a más de cinco mil indígenas que iban a llegar, las autoridades decidieron buscar otro espacio en el corregimiento de Juntas, resguardo indígena de Papitas municipio de Dagua.

En este lugar se realizó el trabajo logístico, una vez terminada las labores de adecuación del sitio, la guarida se encontraba descansando dentro de una casa cuando minutos después ocurrió una explosión aproximadamente a las 3:00 de la tarde. Según el consejero de Derechos Humanos de la ORIVAC manifestó que “presuntamente una persona lanzó un artefacto explosivo, causando la muerte de ocho guardias indígenas y dejando gravemente heridos a tres de los guardias pertenecientes al pueblo Waunan, Nasa y Embera”.

En estos momentos la comisión de derechos humanos de ORIVAC, Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC y organismos internacionales están en el ejercicio de verificación para identificar los cuerpos y determinar la cantidad de daños causados en materiales.

Por lo anterior, se exige al Gobierno Nacional que atienda e investigue estos lamentables hechos acaecidos en medio de la movilización y acate los estándares en el marco internacional de los derechos humanos, para garantizar el ejercicio del derecho fundamental a la protesta pacífica contenido en nuestra Constitución Política y en tratados e instrumentos internacionales de derechos humanos y que protegen los derechos de los pueblos indígenas.

Hacemos un llamado a los organismos defensores de DD.HH. nacionales e internacionales, al Alto Comisionado para los DD.HH. de la ONU, a la Comisión Interamericana de DD.HH., a la Misión de Verificación de la ONU, a la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA, a la Comisión Nacional de DD.HH. del Senado de la República, a la Defensoría del Pueblo y a la Procuraduría General de la Nación, para que, en el marco de sus funciones y competencias acompañen a las comunidades y familias afectadas por este hecho que enluta la Minga social del Sur Occidente Colombiano, enviamos un mensaje de solidaridad a nuestros hermanos indígenas, familiares y organización indígena ORIVAC en estos momentos difíciles.

 

Pueblos indígenas, organizaciones sociales y procesos populares

Minga suroccidente colombiano

 

Publicado enColombia
Una visión desde el psicoanálisis sobre el ascenso de las derechas

El fascismo actual no es igual al que existió tras la Primera Guerra Mundial. El rasgo común es la xenofobia y la defensa de formas autoritarias. Pero el de ahora es una respuesta a la crisis del capitalismo tardío, no para superarlo, sino para afirmar las condiciones de sometimiento.

 Debemos reconocer que el fascismo está de regreso. Con esta afirmación consideramos los modos del fascismo en las democracias occidentales que en la actualidad no reproducen aquel que existió luego de la primera guerra mundial. Designamos con el término “modos del fascismo” al ascenso de las derechas radicales en diferentes partes de Europa y América. Un rasgo común, desde los movimientos neonazis a los diferentes partidos de la derecha, es la xenofobia y la defensa de formas autoritarias. Creemos que no es posible asimilar las características disímiles de todos estos grupos con una palabra como “posfascismo” o “neofascismo” ya que su particularidad es responder desde el fascismo de las diferencias a la crisis que genera el capitalismo tardío; pero no para superarlo, como en los fascismos clásicos, sino para afirmar las mismas condiciones de sometimiento.

El fascismo clásico: la búsqueda de una comunidad homogénea

“Todos somos nacionalsocialistas –siguió diciendo–; somos SS al servicio de nuestro Volk y de nuestro Führer. Les recuerdo que Führerworte haben Geserzeskraft, la palabra del Führer tiene fuerza de Ley. No tienen que caer en la tentación de ser humanos”... “Los judíos a quienes hay que ejecutar son unos asociales que no valen nada y que Alemania no puede tolerar. Incluiremos también a los pacientes de los manicomios, a los gitanos y cualquier otra persona que no valga lo que come. Pero vamos a empezar por los judíos”.
Jonathan Littell, Las Benévolas


El ascenso del fascismo tiene lugar en Europa durante las décadas de 1920 y 1930. Después del colapso del orden liberal y ante el avance de las fuerzas revolucionarias socialistas que habían triunfado en Rusia, se presenta como una alternativa que anunciaba la utopía del “hombre nuevo” que iba a reemplazar las democracias liberales decadentes para defenderlas de la barbarie “judeo-comunista”. Mussolini anunciaba el renacimiento del Imperio Romano y Hitler el advenimiento de un nuevo Reich que duraría mil años en la que el pueblo, el Volk alemán, viviría en una fraternidad social.


Una de las bases del fascismo clásico es el antisemitismo. El odio a los judíos es su razón de ser. Pero no ya un antijudaísmo basado en los prejuicios religiosos, sino en un antisemitismo sostenido en el positivismo biológico que establecía que los seres humanos se dividían en razas superiores e inferiores. En Francia, desde el affaire Dreyfus, importantes sectores de la población se convirtieron en antisemitas; en Alemania era el eje de la visión nacional-socialista; la Italia fascista en un comienzo le dejaba al Vaticano el monopolio del antijudaísmo hasta que Mussolini promulgó en 1938 una legislación racial antisemita. En España, donde ya no había judíos, pues habían sido expulsados por la Inquisición, la propaganda franquista agitaba la relación entre los judíos y los “rojos” enemigos del nacional-catolicismo. Pero debemos destacar que en Europa y gran parte del mundo occidental, el antisemitismo fundado en las ciencias positivistas tenía una gran legitimidad. Este llevaba a procesos de subjetivación que producían efectos en las diferentes culturas nacionales desde múltiples variantes. Lo que agitaba el fascismo era que los judíos debían ser considerados socialmente extranjeros para las naciones europeas. Además debía considerarse que su inteligencia los había puesto en el centro del capitalismo donde su racionalismo calculador los llevaba a destruir las viejas culturas a través de la revolución socialista. De allí que el fascismo es una respuesta del gran capital ante la crisis capitalista que no se sentía defendido por las instituciones liberales democráticas. El fascismo es racista por definición: su objetivo es afianzar el miedo al diferente. De esta manera lleva a cabo una estatización de la vida económica, política, social y cultural. Ésta se sostiene en un gobierno totalitario donde predomina la adopción de uniformes, el lenguaje militar y el uso de los símbolos patrióticos para adoctrinar a la población.


Umberto Eco afirma que la palabra “fascismo” se fue convirtiendo en una sinécdoque que se usa para disímiles manifestaciones de totalitarismo, tanto en Europa como en América. En 1995 escribe un texto donde describe 14 características de lo que llamó “el Fascismo Eterno”. Esto no significa que todas ellas puedan organizarse en un sistema; pero basta que una de ellas esté presente para permitir que el fascismo se desarrolle. Vamos a enunciarlas: 1°) El culto a la tradición; 2°) El rechazo a lo moderno; 3°) El culto de la acción por la acción: “La acción es hermosa en sí misma y debe ser llevada cabo sin cualquier reflexión previa. Pensar es una forma de castración.” Un fascista autóctono, el militar Aldo Rico que organizó un golpe contra el gobierno de Alfonsín, decía “que la duda es una jactancia de los intelectuales”; 4°) El desacuerdo es una traición; 5°) Miedo a la diferencia; 6°) Apelación a la frustración social: “Una de la características más típicas del fascismo histórico fue el llamado a una clase media frustrada, una clase que sufre de una crisis económica o sentimientos de humillación y que está asustada por la presión de grupos sociales más pobres”; 7°) La obsesión con una conspiración: “La forma más fácil de resolver la conspiración es apelar a la xenofobia”; 8°) La humillación por la riqueza y la fuerza de sus enemigos; 9°) El pacifismo es el comercio con el enemigo; 10°) Desprecio por los débiles; 11°) Todo el mundo es educado para convertirse en héroe; 12°) Machismo y militarismo; 13°) El populismo selectivo; 14°) El Fascismo Eterno habla una especie de neolengua: “Todos los libros escolares nazis o fascistas utilizaron un vocabulario particular.”


Si bien estas características que resume Umberto Eco definen con claridad el fascismo clásico, hay un aspecto que nos interesa destacar: su concepto de comunidad; ya que nos permite entender los modos actuales del fascismo en las democracias occidentales.


En el año 1930, cuando el fascismo todavía era un proyecto que se estaba afirmando, Georges Bataille escribió un texto muy poco conocido donde desarrolla este tema: El Estado y el problema del fascismo. Sus reflexiones no se ocupan tanto de la violencia o de la administración estatal del exterminio, sino sobre el proyecto comunitario que propone el fascismo. Allí sostiene que su expansión se explica por proponer un programa para la comunidad; su triunfo es el de representar a los descontentos para ser la expresión política de una comunidad que se piensa acabada y homogénea. Para Bataille, la homogeneidad consagrada en las sociedades fascistas no es sino el efecto de una heterogeneidad vivida como imperfección y carencia. La necesidad de asimilar, primero y de eliminar después lo heterogéneo es lo que se impone en la comunidad heterogénea: “solo el rechazo de las formas miserables tiene, para la sociedad homogénea, un valor constante universal”. Pero el acto de exclusión de las formas consideradas miserables asocia necesariamente la homogeneidad con las formas imperativas. De hecho, la sociedad homogénea utiliza las fuerzas imperativas contra los elementos más incompatibles con ellas. Como se plantea en el texto de introducción al libro de Bataille, el sentimiento de pertenencia a una comunidad cerrada protege al individuo de aquello que amenaza su propia integridad: el contacto con lo otro, con lo extraño, con lo desconocido. Lo que más teme el individuo es su propia muerte, o lo que viene a ser lo mismo: la pérdida de su propia identidad en la confusión indistinta con todos los otros seres. Es esta angustia ante la pérdida de sí la que le hace tratar como enemigos a cuantos no forman parte de su propia comunidad política. Es la voluntad de asegurar la perennidad de sí mismo y de la propia nación la que da origen a la guerra entre los pueblos: “La existencia nacional y militar están presentes en el mundo para intentar negar la muerte reduciéndola a una porción de gloria sin angustia”. Y es este miedo a la muerte, este afán insensato de sobrevivir a costa de los otros, el que hace “zozobrar cualquier intento de comunidad universal.” Por ello el fascismo construye una “comunidad para la muerte” ya que la conservación de la homogeneidad exige la muerte de lo heterogéneo: la comunidad se funda en su sacrificio. La economía política del fascismo deviene en el germen de su acción genocida. Así como el humo de Auschwitz fue una señal del inconfesable vínculo con la comunidad; en la actualidad ocurre lo mismo cuando los inmigrantes que quieren llegar a Europa mueren en el mar Mediterráneo o los latinos que intentan cruzar la frontera entre EE.UU. y México desaparecen en las arenas del desierto.


Los nuevos modos del fascismo: el rechazo al inmigrante pobre


La ética son los otros humanos. Esto es lo que formuló Spinoza en el siglo XVI. El otro humano necesariamente molesta; si no está esa molestia, ese malestar como diría Freud, no hay ética. En el mundo en que vivimos el otro no existe; da lo mismo si hay personas que están en situación de precariedad, hambre o miseria. Preferimos pensar que eso ocurre muy lejos y no que esas personas o familias están sentadas en la puerta de nuestra casa o en el negocio de la esquina. Cuando se lo ve, ese otro es un enemigo que me puede atacar, que me puede robar. Esta ruptura del lazo social hace que el individualismo se transforme en el eje de nuestras vidas. De allí que las políticas del neoliberalismo en el capitalismo tardío generan la sensación de desvalimiento: su respuesta son los nuevos modos del fascismo. De esta manera la xenofobia y el racismo son aceptados por grandes sectores de la población que encuentran formas de identificación ante un “enemigo” que es considerado el “mal pueblo”. Este lo constituye un conjunto variado que va desde los musulmanes, los inmigrantes pobres, los drogadictos y todos aquellos que sostienen ideas que rompen con formas patriarcales de la cultura. Por lo contrario, el “buen pueblo” es homofóbico, misógino, antifeminista, indiferente a la contaminación, antiinmigrante, apoya políticas autoritarias y de defensa de la seguridad hasta las últimas consecuencias; es decir, exige un poder fuerte, leyes de seguridad y eventualmente la pena de muerte.


Si en otras épocas el fascismo se apoyaba en un racismo que se fundamentaba en el positivismo biológico del siglo XIX, en la actualidad la xenofobia se sustenta en la gran desigualdad social que es justificada por una producción intelectual neoconservadora donde el enemigo es el extranjero pobre. Aclaremos, no cualquier extranjero: el que es pobre; es aquel que ante la crisis social capitalista viene para sacar los trabajos de la población autóctona o utilizar los servicios de salud públicos. Este “buen pueblo” encuentra en los nuevos modos del fascismo una expresión política que aglutina un proyecto comunitario muchas veces apoyado –como en Brasil– por las iglesias evangélicas o, como en Hungría y Polonia, por sectores del catolicismo conservador; es decir, se piensa en una comunidad –al decir de Bataille– acabada y homogénea. Es así como, si el fascismo clásico era antiliberal, hoy los nuevos modos del fascismo aparecen para salvar el liberalismo con fórmulas proteccionistas y del nacionalismo más rancio: Make America Greet Again. Para ello requiere imponer un dispositivo sociocultural que se sostiene en actos crueles. El eje de ese dispositivo cruel es la mentira. Lo que se conoce como la posverdad generada por medio de los fake news.


Podemos decir que la crueldad –un concepto que desarrolló desde el psicoanálisis Fernando Ulloa– es un rasgo exclusivo de la especie humana producto de su condición pulsional; es una violencia organizada para hacer padecer a otro sin conmoverse o con complacencia. Esto nos lleva a la responsabilidad de una cultura que puede desplazar sus efectos o, por lo contrario, potenciarlos.


Los procesos de subjetivación en el capitalismo tardío


Para Freud, la cultura es un proceso al servicio de Eros que une a los sujetos que la integran; a este desarrollo se opone como malestar, la pulsión de muerte que actúa en cada sujeto.

Es por ello que crea lo que denominamos un espacio-soporte donde se establecen los intercambios libidinales. Este espacio-soporte ofrece las posibilidades de que los sujetos se encuentren en comunidades de intereses, en las cuales establecen lazos afectivos y simbólicos que permiten dar cuenta de los conflictos que se producen. Es así como este espacio imaginario se convierte en soporte de los efectos de la pulsión de muerte. De esta manera decimos que el poder es consecuencia de este malestar en la cultura. Por ellos las clases hegemónicas que ejercen el poder encuentran su fuente en la fuerza de la pulsión de muerte que, como violencia destructiva y autodestructiva, permite dominar el colectivo social. Ésta queda en el tejido social produciendo efectos que impiden generar una esperanza para transformar las condiciones de vida del conjunto de la población; es decir, que predomine la cultura de la queja, de la resignación, de que nada puede ser cambiado. En este sentido, es importante distinguir un poder que represente los intereses de una minoría, de otro en manos de una mayoría de la población que permitiría desplazar los efectos de la pulsión de muerte y, por lo tanto de la crueldad propia de cada sujeto. Esta situación es producto de las condiciones políticas, económicas y sociales. Esto nos lleva a plantear cómo se dan los procesos de subjetivación en el capitalismo tardío.

Si seguimos a Agamben, la época actual no se caracteriza por desarrollar procesos de subjetivación, sino formas particulares de desubjetivación. Sostiene que el ser viviente al incorporarse a un dispositivo sociocultural se transforma en sujeto; en la actualidad hay una gran proliferación de dispositivos, lo cual lleva a que los vivientes realicen múltiples procesos de subjetivación. Pero estos dan como resultado procesos de desubjetivación que permiten nuevas determinaciones del ser viviente donde los procesos de subjetivación y desubjetivación parecieran ocurrir de manera permanente. En ellos la identidad del sujeto se transforma en un objeto, en una cosa cuyo único fin es obtener ganancias. Sujeto y objeto no se pueden diferenciar. El sujeto se cosifica en sus relaciones. Producto de esta situación, las identidades tienen formas lábiles, lo que lleva a formas de gobierno que no persiguen otra cosa que su propia reproducción.


De esta manera el orden social objetivo se interioriza en procesos de subjetivación donde encontramos una corposubjetividad construida en la relación del sujeto con su historia personal y con los otros en diferentes dispositivos socioculturales. De allí que estos procesos de subjetivación-desubjetivación conducen al encuentro del sujeto con su desvalimiento primario que intenta atenuar a partir de lo que le ofrece la cultura hegemónica: el consumismo de objetos mercancías. Para sostener este desarrollo de desestructuración psíquica, la cultura plantea que el único juicio válido está en el Yo. Sin embargo, la legitimidad de la referencia narcisista como parámetro de verdad conduce a que el Yo deje de ser soporte del interjuego pulsional poniendo en cuestionamiento la propia identidad en la relación con los otros. Aquí los nuevos modos del fascismo encuentran formas fuertes de identificación para importantes sectores de la población que se sostiene en la crueldad, donde el otro es un enemigo que hay que rechazar y, en lo posible destruir. De allí la importancia que están adquiriendo en las democracias occidentales los espacios de identificación que se oponen al capitalismo patriarcal como los movimientos feministas, los que luchan por la defensa de la diversidad sexual y la legislación del aborto.


Para finalizar, debemos tener en cuenta que la crueldad destruye lo humano presente en los otros: el otro es objeto de crueldad por su semejanza, al no tolerar su desamparo, es decir su propia humanidad. La crueldad destruye la semejanza del semejante, no por sus diferencias, sino por sus semejanzas: no es la diferencia lo que genera la crueldad, es la crueldad la que crea una diferencia radical.


En este sentido el desafío consiste en lograr que el sujeto no solo se enfrente ante su propia crueldad, sino ante la crueldad de la cultura dominante. Para ello es necesario plantear una política de clase, género y generación que cree comunidad para enfrentar la cultura hegemónica. Una política que afirme la potencia de ser. En definitiva, una política –al decir de Spinoza– de la alegría de vivir que no olvide que nunca será más que una resistencia contra la muerte.


Por Enrique Carpintero: Psicoanalista. El presente texto se publica como adelanto del número 85 de la revista Topía, que aparecerá en abril.

Miércoles, 20 Marzo 2019 05:42

El poder y la muerte

El poder y la muerte

Abdelaziz Bouteflika, el actual presidente de Argelia, viene de un pasado de lucha que ahora parece tan remoto, sobre todo a los jóvenes. Se alistó a los 17 años de edad en la guerra de liberación contra la égida colonial francesa, y tras la independencia conquistada en 1962 entró y salió de la cúpula del poder a lo largo de las décadas. Por fin llegó a la cúspide absoluta en 1999 al ganar las elecciones, para sumar ahora cuatro periodos.

Un total de 20 años en el poder, siempre triunfador por abrumadora mayoría de votos, tan abultada que desde lejos huele a fraude y engaño, en un país que lejos de los tiempos heroicos de la independencia, sufre la carcoma de la corrupción.

Ha envejecido, pero parece que no lo sabe, o no quiere darse cuenta. Ya tiene 82 años, más que suficiente para sentarse a contemplar el pasado de la propia vida. Pero desde su lecho de enfermo en un hospital de Ginebra, ya a las puertas del fin de su cuarto periodo, anunció que se presentaría por quinta vez como candidato.

El asunto es que los jóvenes que llenan las calles en tumultuosas manifestaciones en su contra, como no se veía desde la primavera árabe de 2010, no quieren saber nada de él. Entonces, mandó decir que ya no se presenta, y que llamará a elecciones, pero sin poner plazo. Es decir, siempre se queda.

Bouteflika sufre de una ancianidad penosa. Tras un derrame cerebral severo, ha quedado sin la posibilidad de darse a entender de voz, y lo que quiere decir debe ser explicado por los médicos que lo custodian; cuando traga la comida el bocado suele desviarse a las vías respiratorias, lo que le causa infecciones severas en los pulmones; sus funciones neurológicas están deterioradas, y debe ser movilizado en silla de ruedas.

Pero se cree insustituible. Sufre el síndrome del poder para siempre, tan conocido entre nosotros, obcecado en su ambición aunque sea al borde de la tumba, o convertido en su propio fantasma mudo.

Y por mucho que no pueda articular palabra, y se escape de ahogar cada vez que da un bocado, aunque tenga que ser asistido para realizar sus funciones fisiológicas, y que su dormitorio haya sido convertido en un cuarto de hospital, no cede, no se rinde. Prisionero de la enfermedad no la toma en cuenta, y si lo hace sopesa entre la enfermedad, que se queda en ilusión, y el poder, que se torna la realidad. El peor de los delirios.

En su balance, cada vez que abre los ojos rodeado de aparatos, tubos y batas blancas, se impone su amor malsano al poder aunque de verdad ya no lo ejerza, y otros se lo repartan para mandar en su nombre. No se reconoce como paciente geriátrico. El dolor, la incapacidad física, son prescindibles; lo que importa es no salirse de ese cono de luz que nunca va a apagarse aunque en el escenario lo que los reflectores alumbren sea su lecho. Una puesta en escena en la que atrás suena una fanfarria militar.

Y seguramente alguien le sopla al oído: usted es imprescindible, Excelencia, volverá a recuperarse, saldrá de nuevo al balcón para escuchar ese rumor inmenso de las multitudes, ese bramido que es como el del mar. Ese es su verdadero alimento, el único que no se va a las vías respiratorias. Y todo debe ocurrir como en sueños donde no se cuelan los gritos de verdad, los que exigen su marcha.

Pero Bouteflika y sus pares, porque los ejemplos sobran, tampoco conciben la muerte como algo que pueda afectarlos a ellos, en lo personal. La muerte es algo que ocurre a los demás. Un mal ajeno. Algo que le pasa sólo a los enemigos.

Es lo que consigna Oriana Fallaci en su célebre entrevista de 1972 al emperador Hailé Selassié, quien entonces ya tenía 80 años. Ella hizo una pregunta final que lo desconcertó: "¿cómo mira a la muerte?" Él se mostró extrañado: "¿A qué? ¿A qué?", preguntó a su vez. "A la muerte, majestad", insistió ella. Y eso desbordó la paciencia del soberano, que ahora sí parecía haber comprendido: "¿La muerte? ¿La muerte? ¿Quién es esta mujer? ¿De dónde viene? ¿Qué quiere de mí? ¡Fuera, basta!"

Allí, entre las paredes inexpugnables de su palacio de Adís Abeba, la periodista era para él la embajadora de la muerte, o la muerte misma que le recordaba lo indeseado, o lo que no existía del todo, o no debería insistir. Moriría tres años después, pero por supuesto no lo sabía, ni querría saberlo.

El poder para siempre, regalo de los dioses, o de la represión sangrienta y los votos falsificados, es consustancial con la idea de inmortalidad. Y se convierte en una piel que jamás se arruga, recubre el cuerpo del que lo detenta renovándose una y otra vez, como las mudas de las serpientes.

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Sodoma: homosexualidad e hipocresía en la Iglesia

Frederic Martel publicó un libro en que sostiene que 80 por ciento del clero de la curia romana es homosexual. Paradójicamente esta mayoría homosexual en Roma es homófoba. La utilizada como una máscara para encubrirse. El 21 de febrero en Roma, justo en el inicio de la cumbre antipederastia convocada por el papa Francisco, se presentó este libro titulado Sodoma, traducido a varias lenguas. Tuve la oportunidad de estar presente en la sala internacional de periodistas donde el autor explicó la naturaleza de su investigación. Cuatro años de trabajo, mil quinientas entrevistas, 30 países visitados, 80 investigadores de apoyo y traducción en diversos países y 14 abogados que lo defiendan de posibles demandas. Sin duda, el libro es no sólo una bomba, sino un éxito editorial por un enfoque no explorado. Su lanzamiento internacional es orquestado como un producto global. Es fruto de una paciente investigación cualitativa que despierta sorpresas en su contenido y cierto morbo, en los países católicos, como secuela de los escándalos de abuso sexual de clérigos a menores.

Sodoma, título del libro, fue una ciudad situada a orillas del mar Muerto según los textos del Antiguo Testamento. Junto a Gomorra, fue destruida por Yavhé. Sodoma, según los relatos, era lugar de perversión, vicios y perdición, castigada con violencia divina por una implacable lluvia de fuego y azufre.

La tesis central del libro es la incongruencia del discurso homófobo de los más altos jerarcas de la Iglesia católica de cara a su práctica y vida homosexual. El posicionamiento público de los jerarcas romanos contradice su comportamiento secreto y privado. Hay una suerte de hipocresía patológica, según el autor, pues existe una discordancia profunda entre su rechazo tajante y visceral ante todo lo homosexual con sus propios secretos íntimos. Mientras más críticos son con la homosexualidad, más lujuriosa es su vida oculta como gays, opina el autor. ¿Cómo explicar que cardenales homosexuales ataquen con todo al papa Francisco? Un gay friendly, es decir, tolerante y hasta condescendiente con los homosexuales. Sin embargo, el investigador francés no vincula la homosexualidad con el abuso pederasta del clero. Nos introduce a una manera alternativa para interpretar los laberintos vaticanos del poder. Martel reinterpreta a lo largo de sus más de 600 páginas la renuncia de Benedicto XVI, la crisis de Vatileaks, la lucha de poder entre camarillas y redes de clérigos homosexuales, entre otros episodios. Reinterpreta con nuevos parámetros los pontificados de Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Circulan en la lectura personajes siniestros como Marcial Maciel, Fernando Karadima (Chile), Alfonso López Trujillo, cardenal colombiano que le declaró la guerra frontal a la teología de la liberación. También aparecen como cabezas de clóset homosexual los secretarios de Estado Angelo Sodano y Tarcisio Bertone. Retrata las redes de complicidades palaciegas que son consecuencia, entre la corrupción, la cobertura y el chantaje. Hay relatos abrumadores de una extraña relación de atracción-repulsión de actores eclesiásticos que se han envilecido.

En la conferencia de prensa en el centro histórico de Roma, diversos vaticanistas lo encararon, reprochando la falta de seriedad y rigor en su investigación. Es un análisis de entrevistas y hasta chismes, muchos sin posibilidad de corroborar. Con humor, Martel respondió que sólo un investigador gay como él podría hacer un trabajo de tal envergadura porque conoce los códigos de las comunidades homosexuales. Recapituló que recibió información en entrevistas de 41 cardenales, 52 obispos, 45 nuncios apostólicos, periodistas, embajadores extranjeros y más de 200 sacerdotes y seminaristas para develar el secreto mejor guardado en la Iglesia: la homosexualidad como sistema dominante. Incluso se ufanó de haber usado la seducción para adquirir información, aportación "novedosa" a la metodología científica. Y reprochó a los vaticanistas: "Ustedes no entienden nada de lo que ocurre en el Vaticano", o peor, son cómplices de los secretos de alcoba de los altos monseñores.

Bajo esta lupa, Martel analiza la crisis de vocaciones sacerdotales. Antes el sacerdocio era una salida digna para un joven homosexual. Con la apertura y mayor comprensión social a la condición, ahora la Iglesia resulta poco atractiva. Porque se ha convertido en un espacio de homosexualidad unas veces casta, otras veces, la mayoría manifiesta y promiscua, pero siempre teñida de homofobia

En el diario Francés Le Figaro, el dominico Thierry-Dominique Humbrecht ofrece una lectura crítica del libro. Reconoce revelaciones impactantes, pero ante todo increpa que es un trabajo militante. Un periodista miembro de la comunidad gay reprocha al Vaticano y a la Iglesia vivir no sólo una identidad homosexual retorcida, es decir, esquizofrénica, escondida y reprimida, sino también una sistemática agresión a las comunidades gays reales que viven con libertad su condición. El dominico reconoce que Martel pretende forzar a la Iglesia a evolucionar sobre la homosexualidad.

Martel, en Sodoma, nos introduce a las entrañas del Vaticano con diferentes claves de lectura. Ahí su originalidad. Exhibe espesuras fangosas desconocidas de la institución eclesiástica y un embarazoso sistema. Bajo una ley no escrita, lo que él llama "el código Maritain", clave que posibilita comprender los cimientos, actitudes y comportamientos de los actores no sólo del Vaticano, sino de muchas Iglesias locales. La Iglesia mexicana no escapa de esta investigación provocación. No sólo existe Maciel, no es él un accidente aislado, hay muchos otros actores agazapados en el clóset. Seguro vendrán nuevas pesquisas.

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Colombia y México suman el 54% de los asesinatos de defensores de derechos humanos en todo el mundo

Front Line Defenders denuncia un aumento de la violencia contra el activismo en todo el mundo y la doble cara de la Unión Europea, que mira hacia otro lado mientras sus aliados cometen todo tipo de violaciones de los derechos humanos.

Con nueve asesinatos más que en 2017, en el pasado año se alcanzó un nuevo récord en la persecución de defensores de derechos humanos alrededor del mundo, al menos desde que se lleva la cuenta. En 2018, fueron asesinados 321 defensores, según los datos recopilados por Front Line Defenders (FLD) en su último informe.

De los 27 países en los que FLD registró asesinatos de activistas, Colombia se lleva la palma con casi la mitad del total, nada menos que 127 casos. Le siguen a mucha distancia México, Filipinas, Guatemala, Brasil e India. Más de tres cuartas partes de los asesinatos, un 77%, estuvieron motivados por el trabajo de los activistas en la defensa del derecho a la tierra, el medio ambiente y de los pueblos indígenas. La enorme mayoría de estos crímenes se han realizado “en el contexto de industrias extractivas y megaproyectos respaldados por los Estados”, denuncian desde FLD. Solo en Colombia y México se produjeron el 54% del total de asesinatos. Y en esta lista no están todos los casos. Es un informe incompleto: solo recoge las denuncias recibidas por Front Line Defenders.

No se tratan de “casos aislados”, señalan desde esta ONG. Los crímenes fueron precedidos de hostigamiento judicial, amenazas y ataques físicos. Según FLD, al menos el 49% de las personas asesinadas habían recibido previamente amenazas de muerte, y en otro 43% de los asesinatos hubo amenazas generalizadas contra personas o grupo de defensores en la misma área. “En la gran mayoría de los casos”, señalan en el informe, “las personas defensoras no recibieron la protección y el apoyo necesarios de las autoridades estatales desde que denunciaron las amenazas hasta el momento en que fueron asesinadas”.


Desde esta organización señalan que existe una tendencia hacia una “legislación restrictiva dirigida a sofocar el poderoso trabajo” de estos activistas. Algunos de los casos más graves se han dado en Bangladesh, donde la Ley de Seguridad Digital incluye penas de hasta 14 años por usar medios digitales para “causar daños al Estado”. En la provincia china de Xinjiang, el Gobierno ha legalizado el uso de campos de “reeducación” para la población minoritaria uigur. En Nicaragua, un cambio en la legislación antiterrorista ha permitido detener y acusar a manifestantes por delitos de terrorismo, denuncian desde FLD. En Hungría, el paquete legislativo que ha lanzado el Gobierno —conocido con el nombre de “Stop Soros”— criminaliza la asistencia humanitaria a las personas migrantes, señalan.


Doble discurso


También merece la censura de esta ONG el Gobierno militar de Egipto, que ha lanzado una ley de regulación de medios. Según esta norma, cualquier persona que tenga una cuenta de una red social con más de 5.000 seguidores será susceptible de ser vigilada y bloqueada si el Consejo Regulador considera que a través de ellas se publican o difunden “noticias falsas” o que “inciten a que se viole la ley”.

La “creciente hostilidad hacia la agenda de derechos humanos a nivel global”, sostiene FLD ha animado a los regímenes autoritarios de Medio Oriente “a intensificar sus medidas drásticas” contra las personas defensoras de derechos humanos. “Mientras tanto, los Gobiernos occidentales han seguido interesados en desarrollar lazos económicos, militares y de seguridad con los Gobiernos responsables de los peores abusos contra personas defensoras, entre ellos Arabia Saudita, Egipto, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos”.

Especialmente sangrante es el caso de Egipto, donde la situación para la sociedad civil “es cada vez peor”. Estos abusos no han evitado que este país norteafricano se haya convertido en el tercer destino de las exportaciones mundiales de armamento, después de India y Arabia Saudí.


Ser sindicalista en Egipto también se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Según FLD, el régimen del presidente Abdelfatah el Sisi castigó reclamos laborales con “arrestos, desapariciones, palizas y torturas durante las detenciones, intimidación por parte de agentes de la seguridad del Estado, despidos masivos, retención de salarios y prestaciones, y juicios en tribunales militares”.

Todo esto no parece importarle demasiado a los principales gobiernos occidentales. De hecho, la Comisión Europea está estudiando destrabar el apoyo presupuestario a Egipto bajo la revisada Política Europea de Vecindad, suspendida tras el golpe militar en 2013.

También en Arabia Saudí se evidencia el doble discurso de la Unión Europea y el Gobierno español en lo que se refiere a derechos humanos. Mucho se ha hablado sobre la lucha para que las mujeres pudieran conducir en este país islámico, un derecho que conquistaron en junio del pasado año. Pero poco se sabe de la situación de las defensoras de derechos humanos Loujain al-Hathloul, Eman al-Nafjan y Aziza al-Yousef, que continúan detenidas tras desempeñar un papel activo en la campaña.

Tras su detención, los medios estatales acusaron a estas activistas de “traición”, “conspiración contra el Reino y la familia real” y “colaboración con agentes extranjeros”. Fueron víctimas, durante la detención, de acoso sexual, descargas eléctricas, flagelación y ahorcamientos, según denuncia FLD. Una de las defensoras intentó suicidarse varias veces.

Por Redacción El Salto

 2019-03-19 06:00:00

 

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Domingo, 17 Marzo 2019 05:44

La vuelta de los chalecos amarillos

La vuelta de los chalecos amarillos

Según los organizadores, más de 200 mil personas participaron. Hubo 109 detenidos y 12 heridos en choques con la policía.


Después de semanas de declive, el movimiento de los “chalecos amarillos” cobró un nuevo impulso ayer, aunque con violencia, mediante gran manifestación en París salpicada de enfrentamientos con la policía, saqueo de tiendas e incendio de barricadas en la famosa avenida de los Campos Elíseos, que se saldaron con 109 detenidos y 12 heridos leves.


En total 32.300 personas manifestaron en Francia, según cifras del ministerio de Interior. Según los “chalecos amarillos” fueron 230.766 los manifestantes. Las protestas se produjeron mientras el presidente Emmanuel Macron pasaba el fin de semana esquiando en los Pirineos, en el suroeste francés, con su esposa Brigitte.


“Voy a pasar dos o tres días aquí para reponer fuerzas y reencontrarme con el paisaje y caras amigas”, había dicho Macron al diario regional La Depeche du Midi. Pero a causa de los incidentes, Macron suspendió su fin de semana para regresar a París donde tenía previsto asistir por la noche a un reunión de crisis en el ministerio de Interior, anunció la presidencia francesa.


Los primeros brotes de violencia se registraron poco antes del mediodía en la famosa arteria parisina, donde se habían congregado unos 10.000 manifestantes. Mientras algunos grupos coreaban lemas anticapitalistas o antipoliciales, otros erigieron barricadas y saquearon tiendas de grandes marcas como Hugo Boss y Lacoste al grito de “¡revolución!”.


El conocido restaurante Fouquet’s, frecuentado por políticos y famosos, fue objeto de una gran destrucción, con cristales rotos, mesas derribadas, pintadas en la fachada y el toldo de la entrada incendiado. También se declaró un incendio en un banco, situado en la planta baja de un edificio de apartamentos, que se vio envuelto por las llamas. Los bomberos evacuaron a los residentes y extinguieron el fuego. Doce personas resultaron heridas leves, entre ellas dos policías, según los bomberos. Entre los manifestantes, un hombre resultó herido en los Campos Elíseos, probablemente por una bala de goma que le impactó en el ojo.


El ministro del Interior, Christophe Castaner, denunció en Twitter que los autores de estos actos “no son ni manifestantes, ni alborotadores, son asesinos”. Castaner describió actos de “profesionales del destrozo y del desorden” y pidió a la policía responder con “la mayor firmeza a estos ataques inadmisibles”. El primer ministro, Edouard Philippe, se dirigió por la tarde a la avenida parisina para constatar los daños y agradecer a la policía por su labor. Unas 237 personas fueron detenidas, según un registro comunicado por las autoridades. La fiscalía de París comunicó que 106 personas fueron acusadas de delitos o infracciones. Cifras comunicadas por el ministro del Interior dan cuenta de unos 7.000 a 8.000 manifestantes el sábado en la capital francesa, entre ellos 1.500 “ultraviolentos”.


Hacía semanas que no se veían en París escenas de saqueos y enfrentamientos de este tipo, que recuerdan a las que se registraron en los mismos Campos Elíseos a finales de noviembre y principios de diciembre, y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. A poca distancia de los escaparates destrozados, junto al Arco de Triunfo, otros manifestantes, muchos de ellos vestidos de negro y con capucha o casco en la cabeza, lanzaron adoquines a las fuerzas del orden, que respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua. Según imágenes difundidas por las televisiones, otro grupo trató de atacar un camión de la gendarmería.


Presentada como un “ultimátum” al presidente Macron, esta jornada 18 de movilización contra la política fiscal y social del gobierno francés, se produce tras una serie de debates en Francia con los que el gobierno esperaba canalizar la ira de los manifestantes y hacer emerger propuestas concretas. “¡Nos desmovilizamos un poco la semana pasada pero no estamos muertos, Macron! ¡Vamos por ti!”, dijo Murielle, una “chaleco amarillo” que participaba en una marcha que salió del noroeste de París. En otras ciudades de Francia también hubo manifestaciones, como Lyon (centro este), Montpellier (sur) o Burdeos (suroeste).

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Jueves, 14 Marzo 2019 06:14

“Este es un siglo trans”

“Este es un siglo trans”

La pornografía virtual, el “ideal” publicitario, los tatuajes, las fiestas electrónicas, las adicciones dejan marcas en el cuerpo que la especialista estudia para reflotar el análisis de por qué una persona puede amar su cuerpo y a la vez torturarlo.

 Silvia Ons estudia la problemática del cuerpo en el siglo XXI en toda su dimensión: desde cómo incide la pornografía virtual, el “ideal” que propone la industria publicitaria en torno a la representación corporal, las marcas que dejan los tatuajes, los cortes en el cuerpo, hasta llegar al fenómeno de las fiestas electrónicas y las adicciones. Realiza un estudio minucioso en El cuerpo pornográfico. Marcas y adicciones (Editorial Paidós), el nuevo libro de esta psicoanalista, analista miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. En su nuevo trabajo, Ons reflota desde la actualidad el análisis del por qué una misma persona puede amar a su cuerpo y, a la vez, torturarlo. “Eso lo explica Lacan en relación al goce. Hay un goce en los seres humanos que, a veces, puede atentar contra la vida misma. Es también lo que Freud plantea en Más allá del principio del placer. Así que es una idea de Lacan que tiene mucho que ver con este descubrimiento de Freud que no sólo tiene que ver con la guerra (donde muestra claramente el poder de la destrucción) sino con algo que él observa que les ocurre a los neuróticos. El siglo pasado ha tenido mucho que ver con la destrucción”, plantea Ons en la entrevista con PáginaI12. 

–¿La industria publicitaria estimula el cuerpo-máquina?


–Exacto. Lo que desarrollo en el libro es un tema que tiene que ver con el síntoma que presentan muchos adolescentes que comienzan a ver cómo se produce el encuentro entre los sexos en sus diferentes variantes a partir de la pornografía. El tema es que esto los vuelve muy adictos a la pornografía y uno podría pensar que esto podría estimular la relación sexual ulterior, pero lo que advertí es que justamente esto en lugar de estimular la relación sexual la obstaculiza.

–¿Por qué?

–Porque la pornografía da un modelo de un hombre-máquina que no tiene que ver con el cuerpo real, si bien asistimos en este momento a una identificación del hombre con la máquina. Uno puede pensar distintos momentos. Por ejemplo, en El capital Marx habla de la rebelión del hombre contra la máquina. Los obreros que golpeaban a la máquina porque producía plusvalía y atentaba contra su trabajo. En el siglo XX, una película maravillosa de Charles Chaplin, Tiempos modernos, mostró cómo el hombre termina identificado con la máquina. Y lo que yo he notado es esta cuestión de “trabajar como una máquina”, “rendir”. En los gimnasios aparece una publicidad que señala “Haz de tu cuerpo una máquina”, como si eso fuese un ideal. Esto se traslada al campo sexual, ya que la pornografía muestra cuerpos que parecen estar trabajando, donde desaparece la dimensión erótica y donde se da un modelo de cuerpo que no tiene que ver con el cuerpo real porque en la realidad no hay hombres con esos penes siempre erectos y que no fallan ni esas mujeres que están con orgasmos permanentes. Eso es una idea de la sexualidad que no tiene que ver con la sexualidad real.

–Y en relación al hombre-máquina también se puede señalar desde el lenguaje publicitario que promueve “la potencia” antes que el bienestar.

–Exactamente. Se ve muy bien en los mensajes publicitarios donde se trata no tanto de la felicidad sino del consumo, y de la energía de seguir un ritmo incesante todo el tiempo. En otro libro, esto lo pensé en relación al uso del Viagra porque lo notable es que no sólo usan Viagra los adultos mayores (porque lo necesitan) sino también los adolescentes y los jóvenes. Uno puede preguntarse por qué en ese momento de vigor juvenil hay necesidad del Viagra. Estos mandatos en relación a una sexualidad sin freno, una sexualidad sin fisuras hace que los jóvenes tengan necesidad del uso del Viagra como para responder también a una idea del hombre-máquina.

–¿La pornografía dejó, entonces, de ser un complemento del acto sexual para sustituirlo?

–Exacto. ¿Cuál es la característica de la pornografía actual? La pornografía existió siempre. Lo que pasa es que tuvo un auge a partir del cine, de toda la producción industrial y las imágenes. Anteriormente, para acceder a las películas porno o a las revistas había que trazar un camino. No era inmediato. Se podía comprar en un kiosco pero había que atravesar la mirada del otro, esconderla. O en los hoteles se usaba como complemento de la relación con el partenaire. Mientras que ahora la pornografía es de fácil acceso: basta un celular. Entonces, no hay ninguna barrera. Desaparece la vergüenza, el pudor. Y con esto también desaparece el erotismo porque el erotismo tiene mucho que ver con atravesar el pudor, con los velos; en fin, con el misterio.


–¿Por eso usted rescata una idea de Michela Marzano, quien señala que se produce un agotamiento del deseo como efecto de la pornografía?


–Exacto. Es muy interesante el libro de ella. El agotamiento del deseo es interesante porque la masturbación provoca un agotamiento. Freud hablaba de la masturbación. No me estoy refiriendo a la masturbación que es algo que se da, no es ese el punto sino cuando se transforma en una adicción y sustituye a la relación con el partenaire. Por ejemplo, en el prólogo de mi libro, Gustavo Dessal marca que, por ejemplo, en Japón los varones prefieren el acto solitario antes que la relación con el otro. Produce un efecto de agotamiento. Freud habla del hombre masturbador que aparece como agotado, con el rostro pálido, mientras que la relación sexual cuando está muy vinculada con el amor introduce una dimensión de vitalidad.


–Usted plantea que la pornografía es una forma de violencia hacia la mujer. ¿Tiene que ver con la cosificación del cuerpo femenino?


–Sí, hay varias cuestiones. Por un lado, es fundamentalmente un atentado al pudor. Y el pudor tiene mucho que ver con lo femenino. Y yo creo que es una forma de violencia a pesar de que no lo parezca. Creo que es una forma de violentar el cuerpo femenino porque se violenta esa dimensión del misterio que ya los griegos la pensaban con el término “aidós”, que tiene que ver con misterio, vergüenza, pudor, velo. Y sí, creo que es una forma de violencia.


–Volviendo a la publicidad, el mensaje que se baja hoy parece ser: “Venga con el cuerpo que tiene y váyase con el que desea”. ¿Cómo incide esta desvalorización del cuerpo en las ansias de lograr la perfección corporal?


–Tengo muchas ganas de escribir otro libro porque pienso que este siglo es un siglo trans. No me estoy refiriendo específicamente a la transexualidad sino que considero lo siguiente: asistimos a una separación cada vez más grande entre las palabras y las cosas. Por ejemplo, cuando escuchamos discursos, nos preguntamos si lo que dice es realmente lo verdadero o si tiene que ver con la conducta. Por eso, se habla de relatos y demás entre el discurso, las conductas y los hechos. También en el tema de género, sobre todo cuando se lleva a ultranza, asistimos a un momento cada vez más grande de separación entre el cuerpo y la identidad. Cuando se dice: “Nací con un envase equivocado”, por ejemplo. En muchos aspectos es un siglo trans. Pero, por ejemplo, con el cuerpo femenino también. Es decir: “Entre con el cuerpo que tiene, llévese el que quiere”. Con lo cual aquí hay un rechazo al cuerpo que se tiene, en todo sentido. El rechazo al cuerpo es un fenómeno de este siglo. Y también esto se ve en la pornografía porque lo que se ofrece ahí es un cuerpo que no es el real. Por eso, después el sujeto tiene dificultades para la relación con el otro sexo: cree que tiene que implementar ese programa. Y la realidad es otra. O los chicos que consumen Viagra porque tienen que tener una performance permanente.


–¿Qué significación puede tener el tatuarse el cuerpo casi en su totalidad?


–En su totalidad es lo interesante. El tatuaje en la actualidad parece que es una moda que perdura. Uno puede decir que es una moda ya desde los 90, ahora con muchísima más intensidad, pero parece que se prolonga bastante en el tiempo. Vivimos en un mundo cambiante, un mundo donde nada es lo que era. También hay un mandato de reinvención permanente, donde los sujetos tienen que reinventarse y sienten que si no se reinventan son desechados. Es un siglo bastante cruel. La violencia también tiene que ver con estos operativos de cuerpos bellos y reinvenciones permanentes. Entonces, el tatuaje obedece a la necesidad de que algo perdure. Yo he notado, por ejemplo, el fenómeno de duelo.


–Cómo marcar la inscripción del nombre de un familiar...


–Exacto. Ahí donde todos los funerales y demás tienden a desaparecer. A veces, ni siquiera se hacen los velorios. El mandato es: “Viví tu vida. Da vuelta la página”, cuando se tiene que aceptar la pérdida de un amor. Frente a esta cuestión de “No tiene que haber duelo”, el tatuaje obedece a la necesidad de una inscripción, de una permanencia.


–El tatuaje le permite al sujeto una marca o una creencia que tiene el significado de un para siempre.


–Exacto, sobre todo cuando tiene que ver con símbolos. Hay que diferenciar los tatuajes que tienen que ver con símbolos de aquellos que solamente obedecen a una cuestión estética. En psicoanálisis es muy interesante leer los tatuajes porque, a partir de ahí, se pueden pensar muchas cuestiones.


–En relación a los sujetos, esa marca simbólica no necesariamente representa la ideología o el pensar de esa persona, ¿no? Usted cita el ejemplo de un joven que se tatuó una imagen del Che Guevara y que es algo así como el “El rey del consumismo”.


–Claro, por eso es interesante leerlos para ver si los sujetos están de acuerdo con lo que tatuaron. Por ejemplo, en ese caso, era un paciente adicto a los autos cero kilómetro; o sea, el consumo máximo. Siempre se presentaba como “el de los faroles”, por sus ojos. Tenía que ver con los autos. Sin embargo, se tatuaba las figuras del Che Guevara, de Cristo. Todos tatuajes que entraban en contradicción. Es interesante ese análisis porque eso fue lo que lo impactó: darse cuenta de la dispersión en la que vivía y en qué se ponía de acuerdo en relación a esas marcas.


–¿Qué significados se les puede otorgar a los piercings y a la utilización de objetos que lastiman o cortajean el cuerpo?


–Lo de los piercings no lo estudié demasiado pero puedo decir a grandes rasgos que eso consiste en tratar al cuerpo como un objeto.


–¿Hay una representación corporal de un objeto?


–Claro. Por ejemplo, pensaba en la artista plástica Orla

n. Ella está en desacuerdo con las imposiciones culturales, con lo que le impone la cultura al cuerpo. Entonces, se realiza toda una serie de operaciones estéticas en un quirófano. Ese quirófano está musicalizado, tiene cuadros... Y ella pretende hacer de esas operaciones un hecho artístico. Le van realizando distintas. Ahora, lo interesante es que ella dice: “Con esto no sigo los mandatos culturales sobre el cuerpo”. Pero termina imponiéndole al cuerpo sus propios mandatos. Ese es el punto interesante para pensar.


–En relación al cuerpo y las fiestas electrónicas, ¿se puede vincular la pérdida del yo en Psicología de las masas con el cuerpo en un lugar masivo?


–En las fiestas electrónicas se da una ilusión de mismidad. La música favorece una suerte de identificación grupal y de mismidad con todos los que están en la fiesta. Pero también lo interesante es que es un tipo de adicción donde el sujeto no la reconoce como síntoma. Lo digo por pacientes que toman cristal, éxtasis en esas fiestas. Esa es otra cuestión: el tema del síntoma en la actualidad. Lleva a una reflexión: los que asisten a esas fiestas tienen un medio social de clase media-alta, aunque no todos. Y como todos lo hacen no se reconoce el valor sintomático que puede tener esa adicción.


–Si en la era victoriana la represión jugaba un rol clave, ¿cuál es el concepto con el que se puede identificar al cuerpo en esta era?


–Freud caracterizaba su época, como usted dice, en términos de represión. El denunciaba una cultura hipócrita, una cultura que, en nombre de los ideales, rechazaba la sexualidad y la pulsión. Uno puede pensar en relación a esta época qué quedó de esa cultura. Yo creo que vivimos una época hipócrita. De la misma manera que Freud hablaba de su cultura como una cultura hipócrita porque rechazaba la sexualidad, creo que hay nuevos imperativos. Estos imperativos pesan sobre el cuerpo. Y esta sociedad es también una sociedad hipócrita, donde lo que impera es lo políticamente correcto. Entonces, ese cuidado en relación a no decir determinadas cuestiones y demás, lo políticamente correcto es también un nombre de la represión.

Detienen al sospechoso de asesinar a Marielle

A dos días de cumplirse un año del crimen de Marielle Franco, capturaron al supuesto sicario Ronnie Lessa, un sargento jubilado de Río. También fue apresado Elcio Vieira Queiroz.

El vecino del presidente. Un presunto parapolicial que reside en el mismo predio donde vivió Jair Bolsonaro hasta asumir la presidencia fue arrestado en Río de Janeiro sospechado de ser quien ejecutó con cuatro disparos de subametralladora a la militante Marielle Franco.


El supuesto sicario Ronnie Lessa, fue apresado alrededor de las cuatro de la mañana por agentes de la División de Homicidios y poco después cayó Elcio Vieira de Queiroz sindicado como el conductor del automóvil que interceptó al de Marielle en la noche del 14 de marzo del año pasado en el centro carioca. En el atentado también falleció Anderson Gomes, que manejaba el otro auto y era asistente de la concejala del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).


Ronnie Lessa es sargento jubilado de la policía de Río, corporación a la que también perteneció su cómplice Vieria de Queiroz, que fue dado de baja de esa fuerza por su vinculación con las “milicias” parapoliciales.


El interrogatorio a ambos continuaba cerca de las diez de la mañana cuando otros agentes realizaban treinta y dos allanamientos en otros puntos de la ciudad.


Un grupo de investigadores permanecía en la lujosa residencia de Lessa, en el barrio Barra da Tijuca, donde se incautaron documentos, computadoras y un automóvil blindado de alta gama. Según los reporteros apostados en el lugar los agentes rastrillaron la vivienda con la expectativa de encontrar armas.


Los asesinos serían parte de una célula bien entrenada de milicianos a la cual se le confió la tarea de seguir los pasos de Marielle Franco desde octubre de 2017. El diputado federal Marcelo Freixo, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), también fue seguido por los asesinos.


Para el Ministerio Público la matanza del 14 de marzo fue un hecho “bárbaro” que tuvo un móvil “político”. El atentado fue ejecutada por profesionales que además de tener entrenamiento para operar armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas limpiaron la zona del atentado desconectando las cámaras de seguridad.


La entonces concejala Marielle Franco, del PSOL, fue acribillada cuando volvía de coordinar un evento llamado “Jóvenes negras moviendo las estructuras”. Era socióloga, afrodescendiente, de 38 años y vivía en pareja con la arquitecta Monica Benicio.


“Es urgente y necesario que se revele” la autoría intelectual de los dos asesinatos, demandó Benicio a poco de tomar conocimiento de los arrestos de los posibles autores materiales.
Sucede que las operaciones policiales de gran impacto se han repetido en fechas próximas a los aniversarios de la matanza. Los días 12 o 13 de cada mes suele haber una noticia retumbante con el probable interés de acallar a las demandas de los familiares y organismos de Derechos Humanos.


Monica Benicio ha viajado al exterior para denunciar el asesinato, un caso que está en la agenda de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional.


“Ahora más que nunca Amnistía reitera la necesidad de que haya un grupo externo que acompañe las investigaciones”, señaló un comunicado de la entidad que ha expresado su preocupación con la demora del proceso.


El caso que causó una conmoción nacional en marzo del año pasado cuando decenas de miles de personas se volcaron espontáneamente a las calles para protestar. Las movilizaciones que sorprendieron por lo masivas y la presencia dominante de mujeres activistas junto con otras sin militancia.


Con la llegada de Bolsonaro al Palacio del Planalto el tema se hizo más explosivo: el ex capitán ha reivindicado a las “milicias” en actos políticos y hasta en el recinto del Parlamento cuando fue diputado federal por Río.


Que el policía jubilado Ronnie Lessa sea vecino suyo es una anécdota. Como también lo es suponer que ambos hayan compartido algún encuentro informal mientras paseaban por la playa frente a la cual se encuentra el predio donde tienen sus residencias.


Esa vecindad no dice nada en sí misma, pero puede dar pistas. Lo que liga a Bolsonaro con las “milicias” es su amistad de tres décadas con Fabricio Queiroz, un policía retirado con lazos estrechos en el mundo del crimen organizado.


El probable “miliciano” Fabricio Queiroz fue asesor de Flavio Bolsonaro, el hijo presidencial, que se desempeñó como legislador en Río. Por su despacho pasaron o trabajaron milicianos y familiares de éstos tal como lo demostró la prensa y está en los autos de otra investigación judicial que causó el primer escándalo del gobierno nacional hace un mes y medio.
Si los dos parapoliciales arrestados ayer por su aparente vínculo con la muerte de Marielle aceptan confesar lo que saben, este podría ser un paso para esclarecer ese crimen. Y acaso surjan más elementos sobre la trama de poder que se oculta detrás de Jair Bolsonaro.


 El clan Bolsonaro y los exterminadores

Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro
La marea de malas noticias para el clan presidencial creció: en la víspera de que se cumpliese un año del asesinato de la concejala Marielle Franco y su chofer, Anderson Gomes, fueron detenidos ayer en Río de Janeiro el sargento jubilado de la Policía Militar local, Ronnie Lessa, y Élcio Vieira de Queiroz, quien fue expulsado de la misma corporación en 2016. Los dos integran una “milicia”, como son llamados en Brasil los grupos de exterminio, formados por policiales, ex policiales y bomberos.


¿Cuál la relación del clan Bolsonaro –tanto el presidente Jair como sus hijos Carlos, Eduardo y Flavio– con el caso?


Primero, los cuatro pasaron su vida elogiando las “milicias” de Río. Cuando era diputado nacional, el hoy presidente llegó, con su absoluta grosería, a ofrecerse, entre risas, a “exportar algunos milicianos” para Bahía, cuando la provincia enfrentó un brote de violencia y criminalidad. Entonces el diputado provincial en Río, el hoy senador Flavio concedió a Adriano da Nóbrega, un ex capitán de la Policía Militar, el reconocimiento máximo de la Asamblea provincial. Nóbrega, hoy prófugo de la Justicia, es acusado de encabezar la ‘Oficina del Crimen’, la milicia que controla una de las mayores villas miseria de Río. Y más: empleó en su despacho de diputado a la madre, la mujer y una de las hijas del miliciano.


Pero hay más: el también ex policía militar Fabiano Queiróz, quien por décadas funcionó como una especie de gerente general de la familia –amigo del papá, era tratado por el trío de perros rabiosos como un tío querido– está involucrado hasta el cuello con desvío de dinero público e intimidad absoluta con el prófugo Nóbrega. Queiróz fue flagrado haciendo generosos depósitos en la cuenta bancaria no solo del hijo Flavio pero también de la actual primera dama, Michelle Bolsonaro.


En dos años pasaron por una de las cuentas de Queiróz poco menos de dos millones de dólares. Su jubilación, sumada al sueldo como ‘asesor’ de Flavio en la Asamblea de Río, jamás superó los cinco mil y pico de dólares mensuales. Para explicar el inexplicable flujo millonario en su cuenta, Queiróz aseguró que compraba y vendía coches usados.


Ninguna de esas evidencias, en todo caso, fue suficiente para que la evidente cercanía –y admiración– del clan Bolsonaro a los grupos de exterminio que operan en Río ganase el peso correspondiente.


Pero ahora la cosa ganó otro impulso: el asesinato de Marielle Franco y su chofer es un tema de interés que va más allá de las fronteras brasileñas, y el hombre señalado como su asesino es vecino del Bolsonaro padre en una urbanización de nuevos ricos en la zona oeste de Río.


Otro milagro de la multiplicación: con una jubilación de poco más de dos mil dólares, vive en una casa que vale más de un millón.


Claro que ser vecino está lejos de significar algún vínculo más cercano. Pero en este caso específico, los vínculos son incontestables.


Sobran fotos del Bolsonaro padre con los dos detenidos (como se puede ver a Élcio Vieira de Queiroz). Una hija de Ronnie Lessa ha sido novia de uno de los hijos presidenciales. Y Lessa reiteraba siempre, y jamás fue desmentido, que el término del noviazgo de su hija con el hijo del capitán no los había alejado.


Varios eran los indicios de que, para no hacer tambalear aún más el gobierno sin rumbo encabezado por un desequilibrado y sus hijos hidrófobos, el vínculo del clan Bolsonaro con los grupos de exterminio quedarían a la sombra. Pero alguien prendió la luz.

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Mujeres afganas: del progreso al medievalismo misógino ‘made in USA’

Los medios de comunicación de masa suelen dividir la historia de las mujeres afganas en el “antes y después de los talibanes” y con dos objetivos: a) presentar a la OTAN como la salvadora de las mujeres, y b) ocultar el hecho de que los grupos terroristas “islámico-sunnitas” han sido creados por EEUU y sus aliados, y que el daño que afligen algunos miles de individuos de extremaderecha religiosa con escopeta a las mujeres es mayor que el de una alianza de 29 países con armas más mortíferos del planeta.

Que Afganistán “fue un refugio para los terroristas” y que la OTAN tenía la “misión de salvar a las mujeres” estaban al servicio de la agresión a este país: si por un lado, los terroristas no necesitan un país-refugio y se organizarse en un piso en cualquier país del mundo, por otro, la segunda farsa parecía más a una mala imitación del argumento de La Ilíada, en el que los griegos, bajo el pretexto del rescatar a Helena, secuestrada por el Príncipe de Troya, la invaden con la intención de saquearla, sembrar el terror y la muerte: Resulta que Afganistán es el país más estratégico del mundo para EEUU.


¿Cómo podían acabar con la violencia machista si la propia guerra es la máxima expresión de dicha violencia?


Cronología de una lucha por el progreso


1920: la monarquía “progresista” de Amanullah y Soraya, funda en el marco de los proyectos modernizadores para el país a Anchuman-E-Himayat-E-Neswan (Organización para la Protección de las Mujeres) para luchar contra el analfabetismo y los malostratos, y publica el cuaderno Ershad-E-Neswan (Orientación para las mujeres), la primera revista feminista del país.


1929: Gran Bretaña, molesto por las relaciones amistosas de Kabul con la Unión Soviética, incita a los señores feudales y religiosos, y juntos derrocan a los monarcas.


1933: el nuevo rey, Zahir Shah, influido por las reformas que tienen lugar en Irán y Turquía, abre las primeras escuelas para niñas, introduce en la Constitución del 1964 la igualdad entre los sexos y reconoce el derecho al voto de la mujer.


1964: Se funda el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), y la Organización Democrática de la Mujer. Este año se celebra por primera vez el 8 de marzo.


1973: Zahir Sha es derrocado por los nacionalistas. Se proclama la República de Afganistán. El asesinato de Mir Akbar Khyber, escritor y dirigente marxista en 1978, de autoría desconocida, desata la protesta de miles de afganos que termina en un golpe de estado por el PDPA contra el presidente Mohammed Daud.


.Abril del 1978: PDPA instala La República Democrática de Afganistán (RDA). Es un duro golpe a EEUU, que sin recuperarse de la derrota en Vietnam, sufre el mismo año la caída del Sha en Irán y el triunfo del sandinismo en Nicaragua. Por lo que organiza a los “Yihadistas” y a “Los contras” para contener a las fuerzas de izquierda. Así, pone en marcha la «Operación Ciclón» en Afganistán enviando a decenas de miles de terroristas armados desde Pakistán, forzando a la URSS a intervenir.


La época dorada del feminismo afgano


Las reformas realizadas por la RDA en favor de las mujeres incluyen:


Construir escuelas, ambulatorios, hospitales, viviendas sociales, y declarar la sanidad y educación gratuitas y universales.


Crear el Consejo de Mujeres, que pronto tendrá 150.000 miembros, y que ofrece servicios sociales y asistencia gratuita a las mujeres por primera vez en la historia del país.
Separar la religión del Estado, y reemplazar los tribunales religiosos por civiles, liberando a las mujeres de las leyes arcaicas.


Luchar contra el analfabetismo y promover cursos de formación profesional, desde peluquería, y costura, hasta mecánica de automóviles.


Nombrar a la doctora Anahita Ratebzad (1931-2014) embajadora de Afganistán en Yugoslavia, quien ocupará después la vicepresidencia del gobierno y el Ministerio de Asuntos Sociales. Ratebzad, en 1965, fue diputada del parlamento.


Crear miles de puestos de trabajo para las mujeres, con guarderías incluidas, y establecer el permiso de maternidad de tres meses con salario.


Elevar la edad nupcial para las niñas de 8 años a 16; declarar nulos los matrimonios forzosos, y prohibir el ”baad“, la entrega de una hija para solucionar una disputa o deuda de la familia.


Legalizar la libertad de no llevar el velo.


En 1986, cerca de la mitad del personal sanitario y educativo, y el 15% de los periodistas eran mujeres. Hubo 7 mujeres diputadas, y miles en las fuerzas armadas y en las Brigadas de Defensa de la Revolución, protegiendo sus conquistas de los ataques de los Muyahedines financiados con 3.000 millones de dólares de la CIA.
1987: la RDA empieza un giro a la derecha, creyendo que así bajaría la agresividad de los “Muyahedines”. Paraliza las “desamortizaciones”, restaura el islam como la religión oficial del Estado, subvenciona la construcción de mezquitas, y paraliza las medidas feministas.


Empieza una interminable pesadilla


La unidad anticomunista de los Muyahidines, divididos en una docena de grupos, se rompe y el caos reinante perjudica a los planes de EEUU que necesita la seguridad para llevar a cabo sus proyectos militares y económicos en el país.


1992: una vez desaparecida la URSS, la CIA reconduce la situación y crea a otro grupo yihadista, el pro saudí Talibán-Al Qaeda. Adoctrina en Pakistán a miles de lumpenproletariado en el anticomunismo y antifeminismo y les envían a Afganistán: se ponen en marcha las patrullas de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio para imponer el burka a todas las mujeres. Cierran los colegios de niñas, expulsan a las trabajadoras de sus puestos y les prohíben salir de casa sin un hombre de la familia. Aplican la lapidación y otras formas brutales de ejecución como espectáculos públicos del terror. Se disparan las violaciones, secuestros, asesinatos, y también el suicido de niñas y mujeres.


1996: Los Talibán llegan a la capital y después de brutales torturas (como castración) asesinan al presidente Nayibulá. Desatan un terror sin precedente en el país, como lanzar a los gays de las montañas o aplastarles con los buldóceres. Pero, nada de eso sale en los medios occidentales, que les apodan “Luchadores por la libertad”.


Los Talibán firman su propia pena de muerte al prohibir el cultivo de la adormidera (con cuyo negocio, la CIA pagaba a sus mercenarios), y no alcanzar un acuerdo económico sobre el gaseoducto Trans-afgano (TAPI) con Washington, quien decide acabar con ellos y tomar el control del país de forma directa, tras organizar una amplia campaña televisiva sobre la barbarie de sus viejos cómplices.


2001: Con el 11S, EEUU intentará ejecutar sus objetivos, ocupando el país. Sólo entre el octubre de 2002 y el abril del 2003, los cazas anglonorteamericanas soltaron unas 10.000 toneladas de bombas ( como “Daisy cutters”) sobre 35 millones de afganos, dejando a miles de civiles sepultados bajo los escombros. Contaminaron aguas y tierras, destruyeron cultivos y el ganado, provocando una catástrofe humanitaria. Durante el 2002 UNICEF advirtió de que 100. 000 niños podrían morir de hambre y frío. En junio del 2005, en el servicio de maternidad del hospital de Kabul nacieron 150 niños con malformaciones severas, afirmaba el doctor Mohammed Daud Miraki, Director de la Asociación Afghan DU & Recovery Fund. Se dispararon la muerte de las mujeres en el parto y sus recién nacidos.


Bush instaló una República Islámica en Afganistán, repartiendo el país entre la OTAN y los Talibán. El resultado:


La huida de millones de familias de sus hogares a causa de los bombardeos, violaciones, torturas y el asesinato de sus seres queridos por el dúo Islamistas-OTAN.

El 87% de las mujeres afganas son analfabetas, y la mayoría no tienen acceso a la atención médica.


El 60% de las menores de 15 años son forzadas a casarse.


Cerca del 90% de las mujeres y niñas sufren de depresión o trastorno por ansiedad, de las que unas 2.000 intentan quitarse la vida cada año, la mayoría inmolándose.


“La violación es la forma más habitual de la agresión contra la mujer“, afirma el Tribunal Supremo de Afganistán (marzo del 2019). Los soldados de la OTAN (que cuentan con varias bases militares y también cárceles como el Guantánamo en Afganistán), la policía, hasta el presidente de la Federación Nacional del Fútbol femenino son los acusados.


El 80% de los suicidios son cometidos por mujeres hartas de una violencia generalizada y estructural, según el gobierno afgana (2014): Nadia de 16 años, se autoinmoló a lo bonzo para liberarse de la violencia de su marido y sus suegros: sobrevivió con gran parte del cuerpo quemada; a Masumeh, de 18 años su marido le cortó ambas orejas tras una discusión; a Royá su padre le mató tras descubrir que habia sido violada por su tío; Nasrin de 20 años murió por un bombardeo de la OTAN en su casa; Gulnar de 15 años fue violada por una turba de chavales en el camino al colegio. Su cuerpo fue hallado en un río de Kabul. Samira, quería estudiar y ser médica, pero la casaron a los 11 años. Intentó quitarse la vida con matarratas por las continuas violaciones de su marido y las brutales palizas, y al no conseguirlo a los 17 años se roció con el petróleo que se usa para la cocina, y se prendió fuego. El Código Penal del 2009 estipula que los esposos pueden privar de alimentos a las esposas si se niegan a tener relaciones sexuales: o sea, matarlas de hambre.


Decenas de miles de mujeres viudas con hijos se ven forzadas a prostituirse o a mendigar. El 65% de ellas considera el suicido como una solución para acabar con su miseria, afirma un informe del Fondo para las Mujeres de la ONU.


Las callas del país están llenas de niñas y niños huérfanos de la guerra, que en vez de estar en el colegio mendigan, estando expuestos al secuestro y abusos de todo tipo. El Observatorio de Derechos Humanos decía que 2017 “cerca de dos tercios de las niñas afganas no van a la escuela“.


El 75% de las niñas y adolescentes se enfrentan a un matrimonio forzado.


Una mujer maltratada no puede huir: será acusada de adulterio por la familia y se enfrentará al “crimen de honor”: ser castigada con mutilaciones faciales o la muerte.
El 90% de los partos se realizan en el hogar, sin asistencia de profesionales, y el 17% de madres mueren durante el parto.


En agosto del 2010, y con el fin de neutralizar la decisión de Barak Obama de retirar parte de las tropas de Afganistán, la revista Time puso en su portada la imagen de la joven afgana Aisha de 18 años, con la nariz y las orejas cortadas por el consejo tribal como castigo a desobedecer a sus suegros, con el texto “¿Qué pasa si salimos de Afganistán?”.
¡Pero, si esta barbarie ha ocurrido en presencia de 300.000 soldados de la OTAN!


En febrero del 2018, Afganistán eliminó el capítulo del borrador del código penal que penalizaba la violencia contra las mujeres. Las mujeres y los hombres afganos constituyen la segunda nacionalidad más grande de la población de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial: sólo en Irán y Pakistán viven 6 millones. En Europa son invisibles.


En octubre del 2018, la ONU informó que entre enero y septiembre, al menos 2.798 civiles murieron por ataques de la OTAN y Talibán y más de 5.000 resultaron heridos.


Hoy, bajo el pretexto de “negociaciones de paz” con Talibán, EEUU pretende entregar el poder a los mismos hombros que lapidan a las mujeres y queman escuelas. Una paz para los hombres en la que sin duda los derechos de ellas son el objeto de regateo. “Los problemas de las mujeres son importantes, pero no son nuestra principal prioridad ” en las negociaciones, dice la portavoz de la embajada de EEUU en Kabul, Monica Cummings.


Dieciocho años después y 2.000 millones de dólares supuestamente invertidos por la USAID para liberar a las afganas, este país es uno de los peores lugares del mundo para nacer mujer.


No hay duda de que las valientes mujeres afganas junto con los hombres progresistas escribirán el nuevo capítulo de esta historia.

8 marzo 2019

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