Sodoma: homosexualidad e hipocresía en la Iglesia

Frederic Martel publicó un libro en que sostiene que 80 por ciento del clero de la curia romana es homosexual. Paradójicamente esta mayoría homosexual en Roma es homófoba. La utilizada como una máscara para encubrirse. El 21 de febrero en Roma, justo en el inicio de la cumbre antipederastia convocada por el papa Francisco, se presentó este libro titulado Sodoma, traducido a varias lenguas. Tuve la oportunidad de estar presente en la sala internacional de periodistas donde el autor explicó la naturaleza de su investigación. Cuatro años de trabajo, mil quinientas entrevistas, 30 países visitados, 80 investigadores de apoyo y traducción en diversos países y 14 abogados que lo defiendan de posibles demandas. Sin duda, el libro es no sólo una bomba, sino un éxito editorial por un enfoque no explorado. Su lanzamiento internacional es orquestado como un producto global. Es fruto de una paciente investigación cualitativa que despierta sorpresas en su contenido y cierto morbo, en los países católicos, como secuela de los escándalos de abuso sexual de clérigos a menores.

Sodoma, título del libro, fue una ciudad situada a orillas del mar Muerto según los textos del Antiguo Testamento. Junto a Gomorra, fue destruida por Yavhé. Sodoma, según los relatos, era lugar de perversión, vicios y perdición, castigada con violencia divina por una implacable lluvia de fuego y azufre.

La tesis central del libro es la incongruencia del discurso homófobo de los más altos jerarcas de la Iglesia católica de cara a su práctica y vida homosexual. El posicionamiento público de los jerarcas romanos contradice su comportamiento secreto y privado. Hay una suerte de hipocresía patológica, según el autor, pues existe una discordancia profunda entre su rechazo tajante y visceral ante todo lo homosexual con sus propios secretos íntimos. Mientras más críticos son con la homosexualidad, más lujuriosa es su vida oculta como gays, opina el autor. ¿Cómo explicar que cardenales homosexuales ataquen con todo al papa Francisco? Un gay friendly, es decir, tolerante y hasta condescendiente con los homosexuales. Sin embargo, el investigador francés no vincula la homosexualidad con el abuso pederasta del clero. Nos introduce a una manera alternativa para interpretar los laberintos vaticanos del poder. Martel reinterpreta a lo largo de sus más de 600 páginas la renuncia de Benedicto XVI, la crisis de Vatileaks, la lucha de poder entre camarillas y redes de clérigos homosexuales, entre otros episodios. Reinterpreta con nuevos parámetros los pontificados de Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Circulan en la lectura personajes siniestros como Marcial Maciel, Fernando Karadima (Chile), Alfonso López Trujillo, cardenal colombiano que le declaró la guerra frontal a la teología de la liberación. También aparecen como cabezas de clóset homosexual los secretarios de Estado Angelo Sodano y Tarcisio Bertone. Retrata las redes de complicidades palaciegas que son consecuencia, entre la corrupción, la cobertura y el chantaje. Hay relatos abrumadores de una extraña relación de atracción-repulsión de actores eclesiásticos que se han envilecido.

En la conferencia de prensa en el centro histórico de Roma, diversos vaticanistas lo encararon, reprochando la falta de seriedad y rigor en su investigación. Es un análisis de entrevistas y hasta chismes, muchos sin posibilidad de corroborar. Con humor, Martel respondió que sólo un investigador gay como él podría hacer un trabajo de tal envergadura porque conoce los códigos de las comunidades homosexuales. Recapituló que recibió información en entrevistas de 41 cardenales, 52 obispos, 45 nuncios apostólicos, periodistas, embajadores extranjeros y más de 200 sacerdotes y seminaristas para develar el secreto mejor guardado en la Iglesia: la homosexualidad como sistema dominante. Incluso se ufanó de haber usado la seducción para adquirir información, aportación "novedosa" a la metodología científica. Y reprochó a los vaticanistas: "Ustedes no entienden nada de lo que ocurre en el Vaticano", o peor, son cómplices de los secretos de alcoba de los altos monseñores.

Bajo esta lupa, Martel analiza la crisis de vocaciones sacerdotales. Antes el sacerdocio era una salida digna para un joven homosexual. Con la apertura y mayor comprensión social a la condición, ahora la Iglesia resulta poco atractiva. Porque se ha convertido en un espacio de homosexualidad unas veces casta, otras veces, la mayoría manifiesta y promiscua, pero siempre teñida de homofobia

En el diario Francés Le Figaro, el dominico Thierry-Dominique Humbrecht ofrece una lectura crítica del libro. Reconoce revelaciones impactantes, pero ante todo increpa que es un trabajo militante. Un periodista miembro de la comunidad gay reprocha al Vaticano y a la Iglesia vivir no sólo una identidad homosexual retorcida, es decir, esquizofrénica, escondida y reprimida, sino también una sistemática agresión a las comunidades gays reales que viven con libertad su condición. El dominico reconoce que Martel pretende forzar a la Iglesia a evolucionar sobre la homosexualidad.

Martel, en Sodoma, nos introduce a las entrañas del Vaticano con diferentes claves de lectura. Ahí su originalidad. Exhibe espesuras fangosas desconocidas de la institución eclesiástica y un embarazoso sistema. Bajo una ley no escrita, lo que él llama "el código Maritain", clave que posibilita comprender los cimientos, actitudes y comportamientos de los actores no sólo del Vaticano, sino de muchas Iglesias locales. La Iglesia mexicana no escapa de esta investigación provocación. No sólo existe Maciel, no es él un accidente aislado, hay muchos otros actores agazapados en el clóset. Seguro vendrán nuevas pesquisas.

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Colombia y México suman el 54% de los asesinatos de defensores de derechos humanos en todo el mundo

Front Line Defenders denuncia un aumento de la violencia contra el activismo en todo el mundo y la doble cara de la Unión Europea, que mira hacia otro lado mientras sus aliados cometen todo tipo de violaciones de los derechos humanos.

Con nueve asesinatos más que en 2017, en el pasado año se alcanzó un nuevo récord en la persecución de defensores de derechos humanos alrededor del mundo, al menos desde que se lleva la cuenta. En 2018, fueron asesinados 321 defensores, según los datos recopilados por Front Line Defenders (FLD) en su último informe.

De los 27 países en los que FLD registró asesinatos de activistas, Colombia se lleva la palma con casi la mitad del total, nada menos que 127 casos. Le siguen a mucha distancia México, Filipinas, Guatemala, Brasil e India. Más de tres cuartas partes de los asesinatos, un 77%, estuvieron motivados por el trabajo de los activistas en la defensa del derecho a la tierra, el medio ambiente y de los pueblos indígenas. La enorme mayoría de estos crímenes se han realizado “en el contexto de industrias extractivas y megaproyectos respaldados por los Estados”, denuncian desde FLD. Solo en Colombia y México se produjeron el 54% del total de asesinatos. Y en esta lista no están todos los casos. Es un informe incompleto: solo recoge las denuncias recibidas por Front Line Defenders.

No se tratan de “casos aislados”, señalan desde esta ONG. Los crímenes fueron precedidos de hostigamiento judicial, amenazas y ataques físicos. Según FLD, al menos el 49% de las personas asesinadas habían recibido previamente amenazas de muerte, y en otro 43% de los asesinatos hubo amenazas generalizadas contra personas o grupo de defensores en la misma área. “En la gran mayoría de los casos”, señalan en el informe, “las personas defensoras no recibieron la protección y el apoyo necesarios de las autoridades estatales desde que denunciaron las amenazas hasta el momento en que fueron asesinadas”.


Desde esta organización señalan que existe una tendencia hacia una “legislación restrictiva dirigida a sofocar el poderoso trabajo” de estos activistas. Algunos de los casos más graves se han dado en Bangladesh, donde la Ley de Seguridad Digital incluye penas de hasta 14 años por usar medios digitales para “causar daños al Estado”. En la provincia china de Xinjiang, el Gobierno ha legalizado el uso de campos de “reeducación” para la población minoritaria uigur. En Nicaragua, un cambio en la legislación antiterrorista ha permitido detener y acusar a manifestantes por delitos de terrorismo, denuncian desde FLD. En Hungría, el paquete legislativo que ha lanzado el Gobierno —conocido con el nombre de “Stop Soros”— criminaliza la asistencia humanitaria a las personas migrantes, señalan.


Doble discurso


También merece la censura de esta ONG el Gobierno militar de Egipto, que ha lanzado una ley de regulación de medios. Según esta norma, cualquier persona que tenga una cuenta de una red social con más de 5.000 seguidores será susceptible de ser vigilada y bloqueada si el Consejo Regulador considera que a través de ellas se publican o difunden “noticias falsas” o que “inciten a que se viole la ley”.

La “creciente hostilidad hacia la agenda de derechos humanos a nivel global”, sostiene FLD ha animado a los regímenes autoritarios de Medio Oriente “a intensificar sus medidas drásticas” contra las personas defensoras de derechos humanos. “Mientras tanto, los Gobiernos occidentales han seguido interesados en desarrollar lazos económicos, militares y de seguridad con los Gobiernos responsables de los peores abusos contra personas defensoras, entre ellos Arabia Saudita, Egipto, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos”.

Especialmente sangrante es el caso de Egipto, donde la situación para la sociedad civil “es cada vez peor”. Estos abusos no han evitado que este país norteafricano se haya convertido en el tercer destino de las exportaciones mundiales de armamento, después de India y Arabia Saudí.


Ser sindicalista en Egipto también se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Según FLD, el régimen del presidente Abdelfatah el Sisi castigó reclamos laborales con “arrestos, desapariciones, palizas y torturas durante las detenciones, intimidación por parte de agentes de la seguridad del Estado, despidos masivos, retención de salarios y prestaciones, y juicios en tribunales militares”.

Todo esto no parece importarle demasiado a los principales gobiernos occidentales. De hecho, la Comisión Europea está estudiando destrabar el apoyo presupuestario a Egipto bajo la revisada Política Europea de Vecindad, suspendida tras el golpe militar en 2013.

También en Arabia Saudí se evidencia el doble discurso de la Unión Europea y el Gobierno español en lo que se refiere a derechos humanos. Mucho se ha hablado sobre la lucha para que las mujeres pudieran conducir en este país islámico, un derecho que conquistaron en junio del pasado año. Pero poco se sabe de la situación de las defensoras de derechos humanos Loujain al-Hathloul, Eman al-Nafjan y Aziza al-Yousef, que continúan detenidas tras desempeñar un papel activo en la campaña.

Tras su detención, los medios estatales acusaron a estas activistas de “traición”, “conspiración contra el Reino y la familia real” y “colaboración con agentes extranjeros”. Fueron víctimas, durante la detención, de acoso sexual, descargas eléctricas, flagelación y ahorcamientos, según denuncia FLD. Una de las defensoras intentó suicidarse varias veces.

Por Redacción El Salto

 2019-03-19 06:00:00

 

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Domingo, 17 Marzo 2019 05:44

La vuelta de los chalecos amarillos

La vuelta de los chalecos amarillos

Según los organizadores, más de 200 mil personas participaron. Hubo 109 detenidos y 12 heridos en choques con la policía.


Después de semanas de declive, el movimiento de los “chalecos amarillos” cobró un nuevo impulso ayer, aunque con violencia, mediante gran manifestación en París salpicada de enfrentamientos con la policía, saqueo de tiendas e incendio de barricadas en la famosa avenida de los Campos Elíseos, que se saldaron con 109 detenidos y 12 heridos leves.


En total 32.300 personas manifestaron en Francia, según cifras del ministerio de Interior. Según los “chalecos amarillos” fueron 230.766 los manifestantes. Las protestas se produjeron mientras el presidente Emmanuel Macron pasaba el fin de semana esquiando en los Pirineos, en el suroeste francés, con su esposa Brigitte.


“Voy a pasar dos o tres días aquí para reponer fuerzas y reencontrarme con el paisaje y caras amigas”, había dicho Macron al diario regional La Depeche du Midi. Pero a causa de los incidentes, Macron suspendió su fin de semana para regresar a París donde tenía previsto asistir por la noche a un reunión de crisis en el ministerio de Interior, anunció la presidencia francesa.


Los primeros brotes de violencia se registraron poco antes del mediodía en la famosa arteria parisina, donde se habían congregado unos 10.000 manifestantes. Mientras algunos grupos coreaban lemas anticapitalistas o antipoliciales, otros erigieron barricadas y saquearon tiendas de grandes marcas como Hugo Boss y Lacoste al grito de “¡revolución!”.


El conocido restaurante Fouquet’s, frecuentado por políticos y famosos, fue objeto de una gran destrucción, con cristales rotos, mesas derribadas, pintadas en la fachada y el toldo de la entrada incendiado. También se declaró un incendio en un banco, situado en la planta baja de un edificio de apartamentos, que se vio envuelto por las llamas. Los bomberos evacuaron a los residentes y extinguieron el fuego. Doce personas resultaron heridas leves, entre ellas dos policías, según los bomberos. Entre los manifestantes, un hombre resultó herido en los Campos Elíseos, probablemente por una bala de goma que le impactó en el ojo.


El ministro del Interior, Christophe Castaner, denunció en Twitter que los autores de estos actos “no son ni manifestantes, ni alborotadores, son asesinos”. Castaner describió actos de “profesionales del destrozo y del desorden” y pidió a la policía responder con “la mayor firmeza a estos ataques inadmisibles”. El primer ministro, Edouard Philippe, se dirigió por la tarde a la avenida parisina para constatar los daños y agradecer a la policía por su labor. Unas 237 personas fueron detenidas, según un registro comunicado por las autoridades. La fiscalía de París comunicó que 106 personas fueron acusadas de delitos o infracciones. Cifras comunicadas por el ministro del Interior dan cuenta de unos 7.000 a 8.000 manifestantes el sábado en la capital francesa, entre ellos 1.500 “ultraviolentos”.


Hacía semanas que no se veían en París escenas de saqueos y enfrentamientos de este tipo, que recuerdan a las que se registraron en los mismos Campos Elíseos a finales de noviembre y principios de diciembre, y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. A poca distancia de los escaparates destrozados, junto al Arco de Triunfo, otros manifestantes, muchos de ellos vestidos de negro y con capucha o casco en la cabeza, lanzaron adoquines a las fuerzas del orden, que respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua. Según imágenes difundidas por las televisiones, otro grupo trató de atacar un camión de la gendarmería.


Presentada como un “ultimátum” al presidente Macron, esta jornada 18 de movilización contra la política fiscal y social del gobierno francés, se produce tras una serie de debates en Francia con los que el gobierno esperaba canalizar la ira de los manifestantes y hacer emerger propuestas concretas. “¡Nos desmovilizamos un poco la semana pasada pero no estamos muertos, Macron! ¡Vamos por ti!”, dijo Murielle, una “chaleco amarillo” que participaba en una marcha que salió del noroeste de París. En otras ciudades de Francia también hubo manifestaciones, como Lyon (centro este), Montpellier (sur) o Burdeos (suroeste).

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Jueves, 14 Marzo 2019 06:14

“Este es un siglo trans”

“Este es un siglo trans”

La pornografía virtual, el “ideal” publicitario, los tatuajes, las fiestas electrónicas, las adicciones dejan marcas en el cuerpo que la especialista estudia para reflotar el análisis de por qué una persona puede amar su cuerpo y a la vez torturarlo.

 Silvia Ons estudia la problemática del cuerpo en el siglo XXI en toda su dimensión: desde cómo incide la pornografía virtual, el “ideal” que propone la industria publicitaria en torno a la representación corporal, las marcas que dejan los tatuajes, los cortes en el cuerpo, hasta llegar al fenómeno de las fiestas electrónicas y las adicciones. Realiza un estudio minucioso en El cuerpo pornográfico. Marcas y adicciones (Editorial Paidós), el nuevo libro de esta psicoanalista, analista miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. En su nuevo trabajo, Ons reflota desde la actualidad el análisis del por qué una misma persona puede amar a su cuerpo y, a la vez, torturarlo. “Eso lo explica Lacan en relación al goce. Hay un goce en los seres humanos que, a veces, puede atentar contra la vida misma. Es también lo que Freud plantea en Más allá del principio del placer. Así que es una idea de Lacan que tiene mucho que ver con este descubrimiento de Freud que no sólo tiene que ver con la guerra (donde muestra claramente el poder de la destrucción) sino con algo que él observa que les ocurre a los neuróticos. El siglo pasado ha tenido mucho que ver con la destrucción”, plantea Ons en la entrevista con PáginaI12. 

–¿La industria publicitaria estimula el cuerpo-máquina?


–Exacto. Lo que desarrollo en el libro es un tema que tiene que ver con el síntoma que presentan muchos adolescentes que comienzan a ver cómo se produce el encuentro entre los sexos en sus diferentes variantes a partir de la pornografía. El tema es que esto los vuelve muy adictos a la pornografía y uno podría pensar que esto podría estimular la relación sexual ulterior, pero lo que advertí es que justamente esto en lugar de estimular la relación sexual la obstaculiza.

–¿Por qué?

–Porque la pornografía da un modelo de un hombre-máquina que no tiene que ver con el cuerpo real, si bien asistimos en este momento a una identificación del hombre con la máquina. Uno puede pensar distintos momentos. Por ejemplo, en El capital Marx habla de la rebelión del hombre contra la máquina. Los obreros que golpeaban a la máquina porque producía plusvalía y atentaba contra su trabajo. En el siglo XX, una película maravillosa de Charles Chaplin, Tiempos modernos, mostró cómo el hombre termina identificado con la máquina. Y lo que yo he notado es esta cuestión de “trabajar como una máquina”, “rendir”. En los gimnasios aparece una publicidad que señala “Haz de tu cuerpo una máquina”, como si eso fuese un ideal. Esto se traslada al campo sexual, ya que la pornografía muestra cuerpos que parecen estar trabajando, donde desaparece la dimensión erótica y donde se da un modelo de cuerpo que no tiene que ver con el cuerpo real porque en la realidad no hay hombres con esos penes siempre erectos y que no fallan ni esas mujeres que están con orgasmos permanentes. Eso es una idea de la sexualidad que no tiene que ver con la sexualidad real.

–Y en relación al hombre-máquina también se puede señalar desde el lenguaje publicitario que promueve “la potencia” antes que el bienestar.

–Exactamente. Se ve muy bien en los mensajes publicitarios donde se trata no tanto de la felicidad sino del consumo, y de la energía de seguir un ritmo incesante todo el tiempo. En otro libro, esto lo pensé en relación al uso del Viagra porque lo notable es que no sólo usan Viagra los adultos mayores (porque lo necesitan) sino también los adolescentes y los jóvenes. Uno puede preguntarse por qué en ese momento de vigor juvenil hay necesidad del Viagra. Estos mandatos en relación a una sexualidad sin freno, una sexualidad sin fisuras hace que los jóvenes tengan necesidad del uso del Viagra como para responder también a una idea del hombre-máquina.

–¿La pornografía dejó, entonces, de ser un complemento del acto sexual para sustituirlo?

–Exacto. ¿Cuál es la característica de la pornografía actual? La pornografía existió siempre. Lo que pasa es que tuvo un auge a partir del cine, de toda la producción industrial y las imágenes. Anteriormente, para acceder a las películas porno o a las revistas había que trazar un camino. No era inmediato. Se podía comprar en un kiosco pero había que atravesar la mirada del otro, esconderla. O en los hoteles se usaba como complemento de la relación con el partenaire. Mientras que ahora la pornografía es de fácil acceso: basta un celular. Entonces, no hay ninguna barrera. Desaparece la vergüenza, el pudor. Y con esto también desaparece el erotismo porque el erotismo tiene mucho que ver con atravesar el pudor, con los velos; en fin, con el misterio.


–¿Por eso usted rescata una idea de Michela Marzano, quien señala que se produce un agotamiento del deseo como efecto de la pornografía?


–Exacto. Es muy interesante el libro de ella. El agotamiento del deseo es interesante porque la masturbación provoca un agotamiento. Freud hablaba de la masturbación. No me estoy refiriendo a la masturbación que es algo que se da, no es ese el punto sino cuando se transforma en una adicción y sustituye a la relación con el partenaire. Por ejemplo, en el prólogo de mi libro, Gustavo Dessal marca que, por ejemplo, en Japón los varones prefieren el acto solitario antes que la relación con el otro. Produce un efecto de agotamiento. Freud habla del hombre masturbador que aparece como agotado, con el rostro pálido, mientras que la relación sexual cuando está muy vinculada con el amor introduce una dimensión de vitalidad.


–Usted plantea que la pornografía es una forma de violencia hacia la mujer. ¿Tiene que ver con la cosificación del cuerpo femenino?


–Sí, hay varias cuestiones. Por un lado, es fundamentalmente un atentado al pudor. Y el pudor tiene mucho que ver con lo femenino. Y yo creo que es una forma de violencia a pesar de que no lo parezca. Creo que es una forma de violentar el cuerpo femenino porque se violenta esa dimensión del misterio que ya los griegos la pensaban con el término “aidós”, que tiene que ver con misterio, vergüenza, pudor, velo. Y sí, creo que es una forma de violencia.


–Volviendo a la publicidad, el mensaje que se baja hoy parece ser: “Venga con el cuerpo que tiene y váyase con el que desea”. ¿Cómo incide esta desvalorización del cuerpo en las ansias de lograr la perfección corporal?


–Tengo muchas ganas de escribir otro libro porque pienso que este siglo es un siglo trans. No me estoy refiriendo específicamente a la transexualidad sino que considero lo siguiente: asistimos a una separación cada vez más grande entre las palabras y las cosas. Por ejemplo, cuando escuchamos discursos, nos preguntamos si lo que dice es realmente lo verdadero o si tiene que ver con la conducta. Por eso, se habla de relatos y demás entre el discurso, las conductas y los hechos. También en el tema de género, sobre todo cuando se lleva a ultranza, asistimos a un momento cada vez más grande de separación entre el cuerpo y la identidad. Cuando se dice: “Nací con un envase equivocado”, por ejemplo. En muchos aspectos es un siglo trans. Pero, por ejemplo, con el cuerpo femenino también. Es decir: “Entre con el cuerpo que tiene, llévese el que quiere”. Con lo cual aquí hay un rechazo al cuerpo que se tiene, en todo sentido. El rechazo al cuerpo es un fenómeno de este siglo. Y también esto se ve en la pornografía porque lo que se ofrece ahí es un cuerpo que no es el real. Por eso, después el sujeto tiene dificultades para la relación con el otro sexo: cree que tiene que implementar ese programa. Y la realidad es otra. O los chicos que consumen Viagra porque tienen que tener una performance permanente.


–¿Qué significación puede tener el tatuarse el cuerpo casi en su totalidad?


–En su totalidad es lo interesante. El tatuaje en la actualidad parece que es una moda que perdura. Uno puede decir que es una moda ya desde los 90, ahora con muchísima más intensidad, pero parece que se prolonga bastante en el tiempo. Vivimos en un mundo cambiante, un mundo donde nada es lo que era. También hay un mandato de reinvención permanente, donde los sujetos tienen que reinventarse y sienten que si no se reinventan son desechados. Es un siglo bastante cruel. La violencia también tiene que ver con estos operativos de cuerpos bellos y reinvenciones permanentes. Entonces, el tatuaje obedece a la necesidad de que algo perdure. Yo he notado, por ejemplo, el fenómeno de duelo.


–Cómo marcar la inscripción del nombre de un familiar...


–Exacto. Ahí donde todos los funerales y demás tienden a desaparecer. A veces, ni siquiera se hacen los velorios. El mandato es: “Viví tu vida. Da vuelta la página”, cuando se tiene que aceptar la pérdida de un amor. Frente a esta cuestión de “No tiene que haber duelo”, el tatuaje obedece a la necesidad de una inscripción, de una permanencia.


–El tatuaje le permite al sujeto una marca o una creencia que tiene el significado de un para siempre.


–Exacto, sobre todo cuando tiene que ver con símbolos. Hay que diferenciar los tatuajes que tienen que ver con símbolos de aquellos que solamente obedecen a una cuestión estética. En psicoanálisis es muy interesante leer los tatuajes porque, a partir de ahí, se pueden pensar muchas cuestiones.


–En relación a los sujetos, esa marca simbólica no necesariamente representa la ideología o el pensar de esa persona, ¿no? Usted cita el ejemplo de un joven que se tatuó una imagen del Che Guevara y que es algo así como el “El rey del consumismo”.


–Claro, por eso es interesante leerlos para ver si los sujetos están de acuerdo con lo que tatuaron. Por ejemplo, en ese caso, era un paciente adicto a los autos cero kilómetro; o sea, el consumo máximo. Siempre se presentaba como “el de los faroles”, por sus ojos. Tenía que ver con los autos. Sin embargo, se tatuaba las figuras del Che Guevara, de Cristo. Todos tatuajes que entraban en contradicción. Es interesante ese análisis porque eso fue lo que lo impactó: darse cuenta de la dispersión en la que vivía y en qué se ponía de acuerdo en relación a esas marcas.


–¿Qué significados se les puede otorgar a los piercings y a la utilización de objetos que lastiman o cortajean el cuerpo?


–Lo de los piercings no lo estudié demasiado pero puedo decir a grandes rasgos que eso consiste en tratar al cuerpo como un objeto.


–¿Hay una representación corporal de un objeto?


–Claro. Por ejemplo, pensaba en la artista plástica Orla

n. Ella está en desacuerdo con las imposiciones culturales, con lo que le impone la cultura al cuerpo. Entonces, se realiza toda una serie de operaciones estéticas en un quirófano. Ese quirófano está musicalizado, tiene cuadros... Y ella pretende hacer de esas operaciones un hecho artístico. Le van realizando distintas. Ahora, lo interesante es que ella dice: “Con esto no sigo los mandatos culturales sobre el cuerpo”. Pero termina imponiéndole al cuerpo sus propios mandatos. Ese es el punto interesante para pensar.


–En relación al cuerpo y las fiestas electrónicas, ¿se puede vincular la pérdida del yo en Psicología de las masas con el cuerpo en un lugar masivo?


–En las fiestas electrónicas se da una ilusión de mismidad. La música favorece una suerte de identificación grupal y de mismidad con todos los que están en la fiesta. Pero también lo interesante es que es un tipo de adicción donde el sujeto no la reconoce como síntoma. Lo digo por pacientes que toman cristal, éxtasis en esas fiestas. Esa es otra cuestión: el tema del síntoma en la actualidad. Lleva a una reflexión: los que asisten a esas fiestas tienen un medio social de clase media-alta, aunque no todos. Y como todos lo hacen no se reconoce el valor sintomático que puede tener esa adicción.


–Si en la era victoriana la represión jugaba un rol clave, ¿cuál es el concepto con el que se puede identificar al cuerpo en esta era?


–Freud caracterizaba su época, como usted dice, en términos de represión. El denunciaba una cultura hipócrita, una cultura que, en nombre de los ideales, rechazaba la sexualidad y la pulsión. Uno puede pensar en relación a esta época qué quedó de esa cultura. Yo creo que vivimos una época hipócrita. De la misma manera que Freud hablaba de su cultura como una cultura hipócrita porque rechazaba la sexualidad, creo que hay nuevos imperativos. Estos imperativos pesan sobre el cuerpo. Y esta sociedad es también una sociedad hipócrita, donde lo que impera es lo políticamente correcto. Entonces, ese cuidado en relación a no decir determinadas cuestiones y demás, lo políticamente correcto es también un nombre de la represión.

Detienen al sospechoso de asesinar a Marielle

A dos días de cumplirse un año del crimen de Marielle Franco, capturaron al supuesto sicario Ronnie Lessa, un sargento jubilado de Río. También fue apresado Elcio Vieira Queiroz.

El vecino del presidente. Un presunto parapolicial que reside en el mismo predio donde vivió Jair Bolsonaro hasta asumir la presidencia fue arrestado en Río de Janeiro sospechado de ser quien ejecutó con cuatro disparos de subametralladora a la militante Marielle Franco.


El supuesto sicario Ronnie Lessa, fue apresado alrededor de las cuatro de la mañana por agentes de la División de Homicidios y poco después cayó Elcio Vieira de Queiroz sindicado como el conductor del automóvil que interceptó al de Marielle en la noche del 14 de marzo del año pasado en el centro carioca. En el atentado también falleció Anderson Gomes, que manejaba el otro auto y era asistente de la concejala del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).


Ronnie Lessa es sargento jubilado de la policía de Río, corporación a la que también perteneció su cómplice Vieria de Queiroz, que fue dado de baja de esa fuerza por su vinculación con las “milicias” parapoliciales.


El interrogatorio a ambos continuaba cerca de las diez de la mañana cuando otros agentes realizaban treinta y dos allanamientos en otros puntos de la ciudad.


Un grupo de investigadores permanecía en la lujosa residencia de Lessa, en el barrio Barra da Tijuca, donde se incautaron documentos, computadoras y un automóvil blindado de alta gama. Según los reporteros apostados en el lugar los agentes rastrillaron la vivienda con la expectativa de encontrar armas.


Los asesinos serían parte de una célula bien entrenada de milicianos a la cual se le confió la tarea de seguir los pasos de Marielle Franco desde octubre de 2017. El diputado federal Marcelo Freixo, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), también fue seguido por los asesinos.


Para el Ministerio Público la matanza del 14 de marzo fue un hecho “bárbaro” que tuvo un móvil “político”. El atentado fue ejecutada por profesionales que además de tener entrenamiento para operar armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas limpiaron la zona del atentado desconectando las cámaras de seguridad.


La entonces concejala Marielle Franco, del PSOL, fue acribillada cuando volvía de coordinar un evento llamado “Jóvenes negras moviendo las estructuras”. Era socióloga, afrodescendiente, de 38 años y vivía en pareja con la arquitecta Monica Benicio.


“Es urgente y necesario que se revele” la autoría intelectual de los dos asesinatos, demandó Benicio a poco de tomar conocimiento de los arrestos de los posibles autores materiales.
Sucede que las operaciones policiales de gran impacto se han repetido en fechas próximas a los aniversarios de la matanza. Los días 12 o 13 de cada mes suele haber una noticia retumbante con el probable interés de acallar a las demandas de los familiares y organismos de Derechos Humanos.


Monica Benicio ha viajado al exterior para denunciar el asesinato, un caso que está en la agenda de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional.


“Ahora más que nunca Amnistía reitera la necesidad de que haya un grupo externo que acompañe las investigaciones”, señaló un comunicado de la entidad que ha expresado su preocupación con la demora del proceso.


El caso que causó una conmoción nacional en marzo del año pasado cuando decenas de miles de personas se volcaron espontáneamente a las calles para protestar. Las movilizaciones que sorprendieron por lo masivas y la presencia dominante de mujeres activistas junto con otras sin militancia.


Con la llegada de Bolsonaro al Palacio del Planalto el tema se hizo más explosivo: el ex capitán ha reivindicado a las “milicias” en actos políticos y hasta en el recinto del Parlamento cuando fue diputado federal por Río.


Que el policía jubilado Ronnie Lessa sea vecino suyo es una anécdota. Como también lo es suponer que ambos hayan compartido algún encuentro informal mientras paseaban por la playa frente a la cual se encuentra el predio donde tienen sus residencias.


Esa vecindad no dice nada en sí misma, pero puede dar pistas. Lo que liga a Bolsonaro con las “milicias” es su amistad de tres décadas con Fabricio Queiroz, un policía retirado con lazos estrechos en el mundo del crimen organizado.


El probable “miliciano” Fabricio Queiroz fue asesor de Flavio Bolsonaro, el hijo presidencial, que se desempeñó como legislador en Río. Por su despacho pasaron o trabajaron milicianos y familiares de éstos tal como lo demostró la prensa y está en los autos de otra investigación judicial que causó el primer escándalo del gobierno nacional hace un mes y medio.
Si los dos parapoliciales arrestados ayer por su aparente vínculo con la muerte de Marielle aceptan confesar lo que saben, este podría ser un paso para esclarecer ese crimen. Y acaso surjan más elementos sobre la trama de poder que se oculta detrás de Jair Bolsonaro.


 El clan Bolsonaro y los exterminadores

Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro
La marea de malas noticias para el clan presidencial creció: en la víspera de que se cumpliese un año del asesinato de la concejala Marielle Franco y su chofer, Anderson Gomes, fueron detenidos ayer en Río de Janeiro el sargento jubilado de la Policía Militar local, Ronnie Lessa, y Élcio Vieira de Queiroz, quien fue expulsado de la misma corporación en 2016. Los dos integran una “milicia”, como son llamados en Brasil los grupos de exterminio, formados por policiales, ex policiales y bomberos.


¿Cuál la relación del clan Bolsonaro –tanto el presidente Jair como sus hijos Carlos, Eduardo y Flavio– con el caso?


Primero, los cuatro pasaron su vida elogiando las “milicias” de Río. Cuando era diputado nacional, el hoy presidente llegó, con su absoluta grosería, a ofrecerse, entre risas, a “exportar algunos milicianos” para Bahía, cuando la provincia enfrentó un brote de violencia y criminalidad. Entonces el diputado provincial en Río, el hoy senador Flavio concedió a Adriano da Nóbrega, un ex capitán de la Policía Militar, el reconocimiento máximo de la Asamblea provincial. Nóbrega, hoy prófugo de la Justicia, es acusado de encabezar la ‘Oficina del Crimen’, la milicia que controla una de las mayores villas miseria de Río. Y más: empleó en su despacho de diputado a la madre, la mujer y una de las hijas del miliciano.


Pero hay más: el también ex policía militar Fabiano Queiróz, quien por décadas funcionó como una especie de gerente general de la familia –amigo del papá, era tratado por el trío de perros rabiosos como un tío querido– está involucrado hasta el cuello con desvío de dinero público e intimidad absoluta con el prófugo Nóbrega. Queiróz fue flagrado haciendo generosos depósitos en la cuenta bancaria no solo del hijo Flavio pero también de la actual primera dama, Michelle Bolsonaro.


En dos años pasaron por una de las cuentas de Queiróz poco menos de dos millones de dólares. Su jubilación, sumada al sueldo como ‘asesor’ de Flavio en la Asamblea de Río, jamás superó los cinco mil y pico de dólares mensuales. Para explicar el inexplicable flujo millonario en su cuenta, Queiróz aseguró que compraba y vendía coches usados.


Ninguna de esas evidencias, en todo caso, fue suficiente para que la evidente cercanía –y admiración– del clan Bolsonaro a los grupos de exterminio que operan en Río ganase el peso correspondiente.


Pero ahora la cosa ganó otro impulso: el asesinato de Marielle Franco y su chofer es un tema de interés que va más allá de las fronteras brasileñas, y el hombre señalado como su asesino es vecino del Bolsonaro padre en una urbanización de nuevos ricos en la zona oeste de Río.


Otro milagro de la multiplicación: con una jubilación de poco más de dos mil dólares, vive en una casa que vale más de un millón.


Claro que ser vecino está lejos de significar algún vínculo más cercano. Pero en este caso específico, los vínculos son incontestables.


Sobran fotos del Bolsonaro padre con los dos detenidos (como se puede ver a Élcio Vieira de Queiroz). Una hija de Ronnie Lessa ha sido novia de uno de los hijos presidenciales. Y Lessa reiteraba siempre, y jamás fue desmentido, que el término del noviazgo de su hija con el hijo del capitán no los había alejado.


Varios eran los indicios de que, para no hacer tambalear aún más el gobierno sin rumbo encabezado por un desequilibrado y sus hijos hidrófobos, el vínculo del clan Bolsonaro con los grupos de exterminio quedarían a la sombra. Pero alguien prendió la luz.

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Mujeres afganas: del progreso al medievalismo misógino ‘made in USA’

Los medios de comunicación de masa suelen dividir la historia de las mujeres afganas en el “antes y después de los talibanes” y con dos objetivos: a) presentar a la OTAN como la salvadora de las mujeres, y b) ocultar el hecho de que los grupos terroristas “islámico-sunnitas” han sido creados por EEUU y sus aliados, y que el daño que afligen algunos miles de individuos de extremaderecha religiosa con escopeta a las mujeres es mayor que el de una alianza de 29 países con armas más mortíferos del planeta.

Que Afganistán “fue un refugio para los terroristas” y que la OTAN tenía la “misión de salvar a las mujeres” estaban al servicio de la agresión a este país: si por un lado, los terroristas no necesitan un país-refugio y se organizarse en un piso en cualquier país del mundo, por otro, la segunda farsa parecía más a una mala imitación del argumento de La Ilíada, en el que los griegos, bajo el pretexto del rescatar a Helena, secuestrada por el Príncipe de Troya, la invaden con la intención de saquearla, sembrar el terror y la muerte: Resulta que Afganistán es el país más estratégico del mundo para EEUU.


¿Cómo podían acabar con la violencia machista si la propia guerra es la máxima expresión de dicha violencia?


Cronología de una lucha por el progreso


1920: la monarquía “progresista” de Amanullah y Soraya, funda en el marco de los proyectos modernizadores para el país a Anchuman-E-Himayat-E-Neswan (Organización para la Protección de las Mujeres) para luchar contra el analfabetismo y los malostratos, y publica el cuaderno Ershad-E-Neswan (Orientación para las mujeres), la primera revista feminista del país.


1929: Gran Bretaña, molesto por las relaciones amistosas de Kabul con la Unión Soviética, incita a los señores feudales y religiosos, y juntos derrocan a los monarcas.


1933: el nuevo rey, Zahir Shah, influido por las reformas que tienen lugar en Irán y Turquía, abre las primeras escuelas para niñas, introduce en la Constitución del 1964 la igualdad entre los sexos y reconoce el derecho al voto de la mujer.


1964: Se funda el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), y la Organización Democrática de la Mujer. Este año se celebra por primera vez el 8 de marzo.


1973: Zahir Sha es derrocado por los nacionalistas. Se proclama la República de Afganistán. El asesinato de Mir Akbar Khyber, escritor y dirigente marxista en 1978, de autoría desconocida, desata la protesta de miles de afganos que termina en un golpe de estado por el PDPA contra el presidente Mohammed Daud.


.Abril del 1978: PDPA instala La República Democrática de Afganistán (RDA). Es un duro golpe a EEUU, que sin recuperarse de la derrota en Vietnam, sufre el mismo año la caída del Sha en Irán y el triunfo del sandinismo en Nicaragua. Por lo que organiza a los “Yihadistas” y a “Los contras” para contener a las fuerzas de izquierda. Así, pone en marcha la «Operación Ciclón» en Afganistán enviando a decenas de miles de terroristas armados desde Pakistán, forzando a la URSS a intervenir.


La época dorada del feminismo afgano


Las reformas realizadas por la RDA en favor de las mujeres incluyen:


Construir escuelas, ambulatorios, hospitales, viviendas sociales, y declarar la sanidad y educación gratuitas y universales.


Crear el Consejo de Mujeres, que pronto tendrá 150.000 miembros, y que ofrece servicios sociales y asistencia gratuita a las mujeres por primera vez en la historia del país.
Separar la religión del Estado, y reemplazar los tribunales religiosos por civiles, liberando a las mujeres de las leyes arcaicas.


Luchar contra el analfabetismo y promover cursos de formación profesional, desde peluquería, y costura, hasta mecánica de automóviles.


Nombrar a la doctora Anahita Ratebzad (1931-2014) embajadora de Afganistán en Yugoslavia, quien ocupará después la vicepresidencia del gobierno y el Ministerio de Asuntos Sociales. Ratebzad, en 1965, fue diputada del parlamento.


Crear miles de puestos de trabajo para las mujeres, con guarderías incluidas, y establecer el permiso de maternidad de tres meses con salario.


Elevar la edad nupcial para las niñas de 8 años a 16; declarar nulos los matrimonios forzosos, y prohibir el ”baad“, la entrega de una hija para solucionar una disputa o deuda de la familia.


Legalizar la libertad de no llevar el velo.


En 1986, cerca de la mitad del personal sanitario y educativo, y el 15% de los periodistas eran mujeres. Hubo 7 mujeres diputadas, y miles en las fuerzas armadas y en las Brigadas de Defensa de la Revolución, protegiendo sus conquistas de los ataques de los Muyahedines financiados con 3.000 millones de dólares de la CIA.
1987: la RDA empieza un giro a la derecha, creyendo que así bajaría la agresividad de los “Muyahedines”. Paraliza las “desamortizaciones”, restaura el islam como la religión oficial del Estado, subvenciona la construcción de mezquitas, y paraliza las medidas feministas.


Empieza una interminable pesadilla


La unidad anticomunista de los Muyahidines, divididos en una docena de grupos, se rompe y el caos reinante perjudica a los planes de EEUU que necesita la seguridad para llevar a cabo sus proyectos militares y económicos en el país.


1992: una vez desaparecida la URSS, la CIA reconduce la situación y crea a otro grupo yihadista, el pro saudí Talibán-Al Qaeda. Adoctrina en Pakistán a miles de lumpenproletariado en el anticomunismo y antifeminismo y les envían a Afganistán: se ponen en marcha las patrullas de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio para imponer el burka a todas las mujeres. Cierran los colegios de niñas, expulsan a las trabajadoras de sus puestos y les prohíben salir de casa sin un hombre de la familia. Aplican la lapidación y otras formas brutales de ejecución como espectáculos públicos del terror. Se disparan las violaciones, secuestros, asesinatos, y también el suicido de niñas y mujeres.


1996: Los Talibán llegan a la capital y después de brutales torturas (como castración) asesinan al presidente Nayibulá. Desatan un terror sin precedente en el país, como lanzar a los gays de las montañas o aplastarles con los buldóceres. Pero, nada de eso sale en los medios occidentales, que les apodan “Luchadores por la libertad”.


Los Talibán firman su propia pena de muerte al prohibir el cultivo de la adormidera (con cuyo negocio, la CIA pagaba a sus mercenarios), y no alcanzar un acuerdo económico sobre el gaseoducto Trans-afgano (TAPI) con Washington, quien decide acabar con ellos y tomar el control del país de forma directa, tras organizar una amplia campaña televisiva sobre la barbarie de sus viejos cómplices.


2001: Con el 11S, EEUU intentará ejecutar sus objetivos, ocupando el país. Sólo entre el octubre de 2002 y el abril del 2003, los cazas anglonorteamericanas soltaron unas 10.000 toneladas de bombas ( como “Daisy cutters”) sobre 35 millones de afganos, dejando a miles de civiles sepultados bajo los escombros. Contaminaron aguas y tierras, destruyeron cultivos y el ganado, provocando una catástrofe humanitaria. Durante el 2002 UNICEF advirtió de que 100. 000 niños podrían morir de hambre y frío. En junio del 2005, en el servicio de maternidad del hospital de Kabul nacieron 150 niños con malformaciones severas, afirmaba el doctor Mohammed Daud Miraki, Director de la Asociación Afghan DU & Recovery Fund. Se dispararon la muerte de las mujeres en el parto y sus recién nacidos.


Bush instaló una República Islámica en Afganistán, repartiendo el país entre la OTAN y los Talibán. El resultado:


La huida de millones de familias de sus hogares a causa de los bombardeos, violaciones, torturas y el asesinato de sus seres queridos por el dúo Islamistas-OTAN.

El 87% de las mujeres afganas son analfabetas, y la mayoría no tienen acceso a la atención médica.


El 60% de las menores de 15 años son forzadas a casarse.


Cerca del 90% de las mujeres y niñas sufren de depresión o trastorno por ansiedad, de las que unas 2.000 intentan quitarse la vida cada año, la mayoría inmolándose.


“La violación es la forma más habitual de la agresión contra la mujer“, afirma el Tribunal Supremo de Afganistán (marzo del 2019). Los soldados de la OTAN (que cuentan con varias bases militares y también cárceles como el Guantánamo en Afganistán), la policía, hasta el presidente de la Federación Nacional del Fútbol femenino son los acusados.


El 80% de los suicidios son cometidos por mujeres hartas de una violencia generalizada y estructural, según el gobierno afgana (2014): Nadia de 16 años, se autoinmoló a lo bonzo para liberarse de la violencia de su marido y sus suegros: sobrevivió con gran parte del cuerpo quemada; a Masumeh, de 18 años su marido le cortó ambas orejas tras una discusión; a Royá su padre le mató tras descubrir que habia sido violada por su tío; Nasrin de 20 años murió por un bombardeo de la OTAN en su casa; Gulnar de 15 años fue violada por una turba de chavales en el camino al colegio. Su cuerpo fue hallado en un río de Kabul. Samira, quería estudiar y ser médica, pero la casaron a los 11 años. Intentó quitarse la vida con matarratas por las continuas violaciones de su marido y las brutales palizas, y al no conseguirlo a los 17 años se roció con el petróleo que se usa para la cocina, y se prendió fuego. El Código Penal del 2009 estipula que los esposos pueden privar de alimentos a las esposas si se niegan a tener relaciones sexuales: o sea, matarlas de hambre.


Decenas de miles de mujeres viudas con hijos se ven forzadas a prostituirse o a mendigar. El 65% de ellas considera el suicido como una solución para acabar con su miseria, afirma un informe del Fondo para las Mujeres de la ONU.


Las callas del país están llenas de niñas y niños huérfanos de la guerra, que en vez de estar en el colegio mendigan, estando expuestos al secuestro y abusos de todo tipo. El Observatorio de Derechos Humanos decía que 2017 “cerca de dos tercios de las niñas afganas no van a la escuela“.


El 75% de las niñas y adolescentes se enfrentan a un matrimonio forzado.


Una mujer maltratada no puede huir: será acusada de adulterio por la familia y se enfrentará al “crimen de honor”: ser castigada con mutilaciones faciales o la muerte.
El 90% de los partos se realizan en el hogar, sin asistencia de profesionales, y el 17% de madres mueren durante el parto.


En agosto del 2010, y con el fin de neutralizar la decisión de Barak Obama de retirar parte de las tropas de Afganistán, la revista Time puso en su portada la imagen de la joven afgana Aisha de 18 años, con la nariz y las orejas cortadas por el consejo tribal como castigo a desobedecer a sus suegros, con el texto “¿Qué pasa si salimos de Afganistán?”.
¡Pero, si esta barbarie ha ocurrido en presencia de 300.000 soldados de la OTAN!


En febrero del 2018, Afganistán eliminó el capítulo del borrador del código penal que penalizaba la violencia contra las mujeres. Las mujeres y los hombres afganos constituyen la segunda nacionalidad más grande de la población de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial: sólo en Irán y Pakistán viven 6 millones. En Europa son invisibles.


En octubre del 2018, la ONU informó que entre enero y septiembre, al menos 2.798 civiles murieron por ataques de la OTAN y Talibán y más de 5.000 resultaron heridos.


Hoy, bajo el pretexto de “negociaciones de paz” con Talibán, EEUU pretende entregar el poder a los mismos hombros que lapidan a las mujeres y queman escuelas. Una paz para los hombres en la que sin duda los derechos de ellas son el objeto de regateo. “Los problemas de las mujeres son importantes, pero no son nuestra principal prioridad ” en las negociaciones, dice la portavoz de la embajada de EEUU en Kabul, Monica Cummings.


Dieciocho años después y 2.000 millones de dólares supuestamente invertidos por la USAID para liberar a las afganas, este país es uno de los peores lugares del mundo para nacer mujer.


No hay duda de que las valientes mujeres afganas junto con los hombres progresistas escribirán el nuevo capítulo de esta historia.

8 marzo 2019

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La represión en bicicleta estática ¿Regresará la aspersión de glifosato para erradicar la coca?.

El debate no es menor y la Corte parece querer asumir la petición del gobierno para «modular» su decisión. En Audiencia pública celebrada este 7 de marzo la magistratura mayor del Estado escuchó argumentos en contra y a favor de su decisión.

 

En seguimiento de la sentencia T-236 de 2017 a través de la cual la Corte Constitucional decidió suspender las aspersiones aéreas de glifosato para la erradicación de cultivos de coca fundamentándose en el principio de precaución, el día 7 de marzo se realizó una Audiencia Pública para escuchar los argumentos en contra y a favor de su decisión. Personajes como el mismo presidente Duque, el expresidente Santos, ahora miembro de la Comisión global de Políticas de Drogas, el Fiscal General, el expresidente Gaviria, gobernadores de Putumayo, Nariño y Antioquia, así como expertos y representantes de organizaciones sociales y comunitarias, fueron citados para ofrecer sus puntos de vista al respecto. El debate, aunque lleno de eufemismos y lugares comunes, pareció indicar una posibilidad de parte del Despacho Sustanciador para atender la solicitud del gobierno nacional de modular la Sentencia.

La discusión no es menor, toda vez que los diversos estudios hechos en laboratorios indican la efectividad del herbicida, aunque el debate aún carece de mayores estudios realizados en campo sobre los efectos nocivos en materia de salud pública y ambiental, además de la terrible la línea regresiva para las comunidades por parte de la Corte, expresada ésta en su decisión sobre las Consultas Populares anti extractivismo, las cuales ha dejado en suspenso .

Pues bien, como sostiene el mandatario de los colombianos, el debate “no es sobre un herbicida”, y la mayor cantidad del glifosato usado en el territorio nacional no se dirige a esta práctica de erradicación sino a la fumigación de otros cultivos como el arroz, los argumentos favorables a dicha modulación estuvieron plenos de eufemismos y falacias. Sólo el 5% del herbicida se usa en aspersiones contra la coca . En primer lugar, para Duque los daños ambientales de la producción de cocaína en el territorio no se restringen al uso del herbicida, sino también a la utilización de gasolina, ácido sulfúrico, ácido clorhídrico y cemento. Argumento que el gobernador de Nariño, Camilo Romero, consideró de un nivel criminal ajeno a las lógicas de un Estado de Derecho, por cuanto si bien ello resulta cierto no se puede pretender que la solución de la problemática sea igualar daños, los de estos insumos y los del glifosato, pues por esa vía el país sólo se estaría encaminando a empeorar la situación en una lógica también criminal contra el ambiente y contra las economías de subsistencia. No obstante, la problemática en el debate público ha tenido implicaciones sociopolíticas que han sido desconocidas en la argumentación de diversos funcionarios quienes abogaron por un uso integral de todas las herramientas, noción desconcertantemente similar a la idea perversa de la combinación de las formas de lucha, tan cara ésta a los derechos fundamentales de los colombianos desde hace al menos cincuenta años.

Duque, en su cínico ánimo conciliador, sostuvo ante la magistratura que no pretendía un “choque de poderes” sino “un diálogo fraterno”. No obstante éste reportero considera que esa línea tiene grandes posibilidades de imponerse en una futura decisión de la Corte, toda vez que las preguntas de los magistrados se encaminaron a indagar acerca de las posibilidades de mantener las aspersiones aéreas controlando sus efectos nocivos a las poblaciones y sus posibilidades financieras. En ello también debe considerarse el antecedente de las consultas populares, las cuales desde el pasado 11 de octubre de 2018 se hallan en vilo por su decisión dejarles sin alcance para frenar el extractivismo minero-energético y, de hecho, ya el Consejo de Estado frenó la consulta que estaba programada en el municipio cundinamarqués de Une al considerar que “las autoridades locales no pueden convocar consultas de esta naturaleza en sus territorios sin antes haber concertado con las autoridades nacionales” (El Espectador, 2018), en un manifiesto conflicto entre el poder local y el nacional que atraviesa este periodo pos-acuerdo.

El mandatario de los colombianos acudió a un argumento falaz al sugerir que “la presencia de cultivos ilícitos” es una amenaza a los líderes sociales, por cuanto en los territorios de cultivos de uso ilícito los homicidios contra estos sujetos son mayores, ocultando la responsabilidad jurídica del Estado en cuanto a la protección del derecho a la vida, a la asociación y a la expresión, por una parte y, por otra, aludiendo a una causalidad mecánica que despolitiza estos homicidios, por lo demás estigmatizados por funcionarios de su gobierno, al considerar que sólo el narcotráfico y no el abandono estatal fungen como causas de estos homicidios que además SÍ son sistemáticos y generalizados.

Pues bien, más allá de la habitual retórica de los funcionarios, la problemática no es menor y Colombia sigue siendo el primer productor de cocaína en el mundo. No obstante otros problemas se han ido agravando. Durante la última década al menos 154 detonaciones de minas y 163 hostigamientos han sufrido los diferentes erradicadores manuales, con un promedio de 59 eventos dañinos de este talante cada año, en los cuales murieron 33 funcionarios y otros 268 fueron heridos. También las afecciones a los cultivos de pancoger y a la salud de los pobladores han sido evidenciadas desde la implementación del Plan Colombia por Ong’s, organizaciones sociales y líderes comunitarios. De hecho la Coccam, Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana, ha sido la organización social más afectada por homicidios políticos en el pos-acuerdo . Sin embargo, la pretendida solución integral anunciada por Duque a través del uso de “la combinación de muchas herramientas” o la del Fiscal General acerca de la apelación a “todos los instrumentos disponibles“, o bien la del Viceprocurador de “hacer presión en todos los frentes”, recuerdan la macabra lógica de la combinación de todas las formas de luchan en una práctica en la cual el brazo contrainsurgente de la política se ha encaminado a profundizar la represión a uno de los eslabones más vulnerables de la cadena de producción, éste el más societal en un Estado cuya ausencia denota la viabilidad para los cultivadores y jornaleros para cultivar la hoja. En últimas, son éstos los directamente afectados por las aspersiones así los funcionarios simulen bañarse con el herbicida que ha sido catalogado por la misma OMS como cancerígeno.

Esta argumentación, sino argucia, se encamina más que a la atención de los derechos económicos, sociales y políticos de los pobladores, a la atenuación de las externalidades de la práctica de aspersión aérea yal control de los efectos nocivos para el entorno, no al desarrollo y democracia de los pobladores locales. Sin embargo, el también interviniente General Jorge Luis Ramírez, Director Antinarcóticos de la Policía Nacional, fue enfático en sostener que otras tecnologías alternativas no alcanzaban por mucho la efectividad de las aspersiones aéreas ya realizadas en gran parte con su presupuesto y gracias al aporte de la cooperación internacional para la materia. Entonces, si no son efectivas otras alternativas tecnológicas ¿cuáles externalidades pueden corregirse?.

Pues bien, como lo sugirió el expresidente Santos, en los momentos de mayor uso de aspersiones la producción de coca no disminuyó y antes bien las áreas cultivadas aumentaron, así como en los momentos de utilización de sustitución voluntaria las aéreas cultivadas sí disminuyeron. Aunque durante su gobierno las violaciones a los derechos de estas comunidades tampoco cesó. Contrariamente a todos estos argumentos efectivistas, para los representantes de las comunidades de Nóvita, Chocó, por quienes la Corte a través de la Sentencia T-236 tomó su decisión, “el principio de precaución aplica porque las comunidades no pueden reclamar, por el costo de la aspersiones sobre la salud” denotando con ello una prioridad social más que económica, toda vez que la economía de cultivo de coca sucede en regiones periféricas de la República donde no existe ni inversión social ni infraestructura que permita la viabilidad de economías legales frente a la coca. Para el delegado ante el Consejo de Comunidades Étnicas de Nóvita, Víctor Dario Luna, “el desconocimiento y el abandono estatal llevó a esa comunidad a hacerlo”, a cultivar coca. Para el Fiscal General, por su parte, “7,5% de estudiantes declaran haber consumido cocaína”, en una alusión moral que si bien es efecto de la problemática no puede tomarse como causa, toda vez que ambos problemas, el del consumo interno de cocaína y el del abandono estatal, son responsabilidad estatal y su solución no está en optar por uno o por otro: falacia de falsa dicotomía que medió toda la discusión por parte del gobierno. El debate, pues, no es sobre la efectividad del herbicida sino sobre la prioridad en las políticas para la solución de esta problemática tan intrincada y violenta.

Al final, la diligencia que procuró el debate público dejó abierta la posibilidad de dicha modulación. La cuestión no es menor, pues obedece a políticas que desde el gobierno Barco vienen integrando todas las formas de lucha y los efectos son, tal como lo sugirió Santos, como andar en una bicicleta estática: por más esfuerzo que se haga, se mira a derecha y a izquierda y se observa que se sigue en el mismo punto de inicio: Colombia es el primer productor de cocaína en el mundo. No obstante !Colombia también es uno de los países más desiguales en el globo! Entonces la cuestión alude a otro sentido en la discusión: ¿sofisticar la aspersión o solucionar el problema?

El asunto queda ahora en manos de una Corte que ha señalado una línea regresiva y que coqueteó con las argucias del gobierno nacional durante la audiencia. Entonces que venga el diablo y escoja: o Estado Social y Democrático de Derecho para estos contextos de tanta violencia estructural, o bien continuidad de una política que por más efectiva que parezca no ha resuelto el lío y más bien prefiere seguir montando todas las bicicletas estáticas disponibles para la represión.

 

El Espectador. (2018). Consejo de Estado frena consulta minera en Une, Cundinamarca. Bogotá, abril 25. En la web: https://www.elespectador.com/noticias/bogota/consejo-de-estado-frena-consulta-minera-en-une-cundinamarca-articulo-752044

UN Periódico Digital. (2019). ¿Quién controla el glifosato?. Febrero 26. Bogotá. En la web: http://unperiodico.unal.edu.co/pages/detail/quien-controla-el-otro-glifosato/

Cinep, Iepri-Universidad Nacional, Comisión Colombiana de Juristas, Somos Defensores, Ascamcat, Movimiento Rios Vivos, Confederación Acción Comunal, Coordinación Colombia Europa Estados Unidos. (2019). ¿CUÁLES SON LOS PATRONES? Asesinatos de Líderes Sociales en el Post Acuerdo. Bogotá.

 

 

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Todo lo que Stieg Larsson sabía del asesinato del primer ministro sueco

El periodista Jan Stocklassa retoma la investigación del novelista sobre el homicidio de Olof Palme. El libro implica a neonazis suecos y a servicios secretos sudafricanos

Soy Lisbeth Palme, ¿es que no lo ve? Y ese que está ahí es mi marido, Olof Palme, el primer ministro”, gritaba la mujer del dirigente sueco a la policía a escasos centímetros del cadáver de su esposo cuatro minutos después de que un desconocido le disparase una bala de gran calibre calibre en una calle de Estocolmo, el 28 de febrero de 1986. Esta llamada desesperada fue el inicio de una serie de errores y conspiraciones que dejaron el prestigio de Suecia por los suelos y el caso sin resolver. Obsesionado con el magnicidio y su conexión con la extrema derecha sueca, el escritor y periodista Stieg Larsson dedicó parte de sus energías a trazar una teoría razonable. La complejidad del asunto, oscuros intereses y su muerte dejaron la labor inconclusa. Ahora, 33 años después, el periodista sueco Jan Stocklassa coge el testigo en Stieg Larsson. El legado. Claves ocultas del asesinato de Olof Palme (Roca), un híbrido entre el ensayo, el reportaje de investigación y el espionaje que transita el camino abierto por el autor de Millennium y se acerca a la solución definitiva. Con los nuevos datos proporcionados en las investigaciones de Larsson y Stocklassa, los servicios de información suecos y sudafricanos están trabajando conjuntamente para esclarecer el crimen.

“La policía fue tremendamente incompetente”, asegura Stocklassa por teléfono a EL PAÍS desde Estocolmo para resumir hechos como que hubiera oficiales que siguieran de vacaciones, que la investigación se le encargara a alguien “leal pero que nunca había trabajado en un homicidio” o que horas después decenas de comisarías no supieran que el primer ministro sueco había sido asesinado. “Hubo pánico en aquellas primeras horas y después gente dentro de la policía que no quería que se descubriera al culpable y que intentó frenar la investigación”, añade antes de señalar a Hans Holmér, el inspector jefe, quien, asegura: “Jugó uno de los papeles más oscuros de la historia de Suecia. Hay un sentimiento unánime de que lo estropeó todo”. Holmér, convertido después en escritor de éxito, alimentó la tesis que culpaba a un grupo kurdo y se negó durante años a investigar la pista de la extrema derecha y su conexión con el régimen sudafricano, esgrimida por el propio Larsson, auténtico experto en el auge de grupos neonazis en su país.


“Ahora sabemos que pocas semanas después del crimen Larsson estaba muy cerca de la verdad. Era muy ambicioso como investigador, increíble. Con el tiempo y el dinero que habría tenido tras el éxito de su trilogía habría llegado a descubrirlo. Su prioridad era destapar a los grupos de extrema derecha en Suecia y eso le llevó a intentar resolver el asesinato de Palme”, cuenta este reportero que se ha valido de los documentos dejados por Larsson para seguir con la investigación del mayor caso de asesinato abierto en el mundo (por un cambio de ley no ha prescrito). En sus noches de insomnio, en sus monólogos obsesivos, en las cartas que escribía a otros colegas europeos o mientras fumaba alguno de los 60 cigarros que consumía al día, Larsson trataba de darle sentido a todo. Murió en 2004 sin llegar a verlo resuelto, con el caso languideciendo tras 10.225 interrogatorios, un falso culpable y cientos de miles de folios de sumario que una persona instruida en Derecho tardaría nueve años en leer.


Según esta tesis, a Palme lo mataron en una operación preparada entre la extrema derecha sueca y los servicios secretos sudafricanos –que odiaban al político sueco por su activismo contra el régimen del apartheid y su denuncia del tráfico de armas destinadas a ese país a pesar del bloqueo– con espías del nivel del legendario Craig Williamson implicados. El exoficial de la ONU en Congo, hombre fuerte del ejército sudafricano en las sombras, Bertil Wedin –a quien Stocklassa interroga en Chipre en una operación encubierta que es uno de los mejores momentos del libro– sería el enlace. La infraestructura la ofrecieron grupos nazis suecos liderados por el activista Alf Enerström, artífice de las campañas contra el primer ministro, y el gatillo lo apretó algún pobre hombre del que luego poder deshacerse. Larsson es sistemáticamente ignorado por la policía cuando publica sus artículos en semanarios o cuando les hace llegar esta información, que el escritor guardó en cajas perdidas hasta ahora. Los investigadores hicieron caso omiso también de los 10 avisos que recibieron en los meses anteriores al asesinato y que alertaban de un compló contra Palme.


Considerado por muchos el político más importante de la historia de Suecia, Palme cambió la imagen y las prioridades de su país en el mundo, pero sus enemigos desataron al tiempo una campaña de odio sin precedentes que en parte explica su muerte y el hecho de que no se haya resuelto todavía. “La campaña empezó antes de que fuera primer ministro. Duró casi 20 años y como fue gradual fue tolerada. Los sudafricanos nunca habrían podido preparar esto en Suecia si no hubiera habido gente que creyera que Palme trabajaba para el KGB y que iba a vender el país a los soviéticos, algo que es totalmente ridículo”, explica Stocklassa.


Como buena conspiración, el caso tiene también su chivo expiatorio. Su nombre es Christer Petterson, un adicto al crack y alcohólico con pasado violento al que Lisbet Palme señaló en una rueda de reconocimiento ayudada por la policía. “Habían pasado dos años y 10 meses. Era demasiado tiempo para recordar, sobre todo teniendo en cuenta que durante los primeros días Lisbet, que era la única testigo, no fue capaz de describir a nadie”, aclara el autor de Stieg Larsson. El legado (que se publica el 14 de marzo) quien cree que ahora se puede estar cerca de la verdad. “Lisbet ha muerto y se puede decir a las claras que su testimonio era falso”. Petterson fue condenado, pero ante la ausencia de un arma homicida, de pruebas y de una motivación, fue absuelto en segunda instancia.


Diez años después de la muerte de Palme la policía sueca estaba en un callejón sin salida. Su jefe, Hans Olvebro, compareció para reconocer que habían fracasado y decir que la investigación no debía continuar. La cifra de agentes había quedado reducida a 14. Las tesis de Larsson fueron ignoradas y la policía y la sociedad prefirieron mirar a otro lado, no como ahora, con los servicios de información de Suecia y Sudáfrica colaborando con las nuevas pistas ofrecidas. “Era un país muy ingenuo. Ahora en cierto modo sigue siéndolo , pero se está hablando del caso en el extranjero y cada vez hay más presión”, reflexiona Stocklassa, que reconoce que se ha sentido amenazado. “Tendré más cuidado la próxima vez. Creo que hay algo en marcha pero no sé realmente lo que es”, asegura. Una prueba más, quizás, de lo cerca que estuvo Larsson de resolver el crimen del siglo.


Una historia de espías y antifascistas


Severin, el abuelo de Larsson, le inculcó desde pequeño una pasión por la lucha antifascista que llevó al autor de Millenium a dedicarse a ello en cuerpo y alma –en la agencia TT, en el semanario Expo y en medios extranjeros– hasta convertirse en el gran experto sueco en el auge de los movimientos neonazis.
“La realidad en Suecia y en Europa le ha dado la razón”, asegura Stocklassa, que trata de ir más allá que Larsson. “Cuando tuve las cajas con los documentos en mi mano supe que era un momento que ocurre una vez en tu vida”, confiesa. En Stieg Larsson. El legado, el periodista se entrevista con alguno de los sospechosos y utiliza a una joven checa, nombre en clave Lida, para algunas de sus pesquisas. “No es ficción. No es de la CIA, no me la invento. Ella es real y las entrevistas también. Tengo las grabaciones. Lida, de hecho, viajará conmigo a España para promocionar el libro”, defiende el autor.

 

Por Juan Carlos Galindo
Madrid 8 MAR 2019 - 03:17 COT

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Historia de las mujeres en 3.650 millones de olas

La historia del feminismo se ha contado en tres olas, pero esas olas se quedan cortas al intentar abarcar la diversidad de los movimientos de las mujeres en todo el mundo. La humanidad está llena de ejemplos de sororidad.

 

Al menos 50.000 mujeres fueron asesinadas en 2017 por sus parejas, exparejas o familiares, en su mayoría hombres, por el hecho de ser mujeres, según datos de Naciones Unidas. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se practican 25 millones de abortos inseguros. 200 millones de niñas y mujeres son víctimas de la mutilación genital femenina, según UNICEF. Las ganancias ilegales de la trata de personas alcanzaron los 150.000 millones de dólares, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de 2014, de los cuales 90.000 millones corresponderían a la trata con fines de explotación sexual.


Es tan solo una pequeña muestra de algunos de los datos que recoge el Atlas de las mujeres en el mundo, las luchas históricas y los desafíos actuales del feminismo (Clave Intelectual, 2018), y que planea de Argentina al Kurdistán, y de las beguinas del siglo XII a las mujeres iraníes en 2018. Según Lourdes Lucía y Ana Useros, directora y coordinadora de este compendio que sigue el espíritu de los atlas de Le Monde Diplomatique, “en todos los campos y ámbitos de la vida, las normas que rigen cualquier sociedad han establecido un yugo patriarcal que somete, discrimina, ofende y humilla a esa otra mitad de la población”.


Los datos que más duelen son los referidos a las violencias contra las mujeres, pero hay muchos más. El 74,7% de los presidentes y miembros de consejos de las principales compañías que cotizan en las bolsas europeas son hombres. En 2018, las mujeres fueron solo el 21% del total de personas participantes en el Foro Económico Mundial de Davos, la cifra más alta en sus 48 años de existencia. Las mujeres cobran un 24% menos que los hombres según ONU Mujeres y son mayoría en sectores con ingresos más bajos.


“La intención del atlas era contar lo más objetivamente posible cómo está la situación de las mujeres en el mundo, pero la cosa está de tal manera que no se puede contar esa historia sin incluir las resistencias que genera; el feminismo en este atlas es una consecuencia”, dice Useros.


Ambas reconocen que contar la situación de 3.650 millones de personas, el número de mujeres de una población mundial de más de 7.000 millones, era difícil y que, mientras el libro pasaba por sus fases finales antes de llegar a las librerías, surgirían nuevos movimientos. Un ejemplo de lo que no está: en enero de este año, millones de mujeres formaron un muro humano de 620 kilómetros en India, después de que dos mujeres desafiaran la prohibición centenaria de entrar en un templo en el Estado de Kerala. Lo que sí está: la movilización por el derecho al aborto en Argentina, la organización de las mujeres en el Kurdistán o la huelga feminista de 2018 en España, además de muchos datos e hitos que dibujan un mapa de sororidad global.


Soro... ¿QUÉ? Un concepto no tan nuevo

Tres mujeres se quitan el velo y cantan una canción en el metro de Teherán. Un día antes, una mujer había sido sentenciada a dos años de prisión por quitarse el velo en público. Decenas de feministas reparten silbatos en las principales ciudades de Marruecos en una contra el acoso callejero. Miles de mujeres denuncian la justicia patriarcal que ve “jolgorio” en una violación en España. Aunque el término entró en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en diciembre de 2018, los ejemplos de pactos entre mujeres basados en la “sororidad” son muchos a lo largo de la historia. “La sororidad no tiene nada que ver con el ordenamiento jurídico, ni con instituciones ni con estructuras, sino con un cierto sentimiento que se produce espontáneamente en los sitios más extraños, desde las comunidades de monjas a la cola de la pescadería”, explica Useros.


Useros señala, aludiendo al capítulo “Sororidad, un pacto entre mujeres” que firma la filósofa argentina María Luisa Femenías, que el concepto de fraternidad, que se populariza como “hermano pequeño” de la tríada “libertad, igualdad, fraternidad” de la Revolución francesa, tiene la particularidad de que no se puede articular políticamente —como sí sucede con los otros— y se convierte en un término revolucionario y “poco articulable en términos legales” que, sin embargo, no encontraba su equivalente entre las mujeres. No solo eso, sino que “mientras que la amistad entre mujeres se presenta como natural, la relación entre mujeres habitualmente se muestra como un vínculo plagado de conflictos”, sostiene Femenías.


Para Femenías, aunque los términos fraternidad y sororidad son lógica y lingüísticamente equivalentes, no lo son en su uso político, público, social y jerárquico. La sororidad se refiere así a pactos no necesariamente explícitos, basados en la confianza recíproca, respeto mutuo y la valoración positiva de la otra mujer, rechazando la dependencia emocional, económica, de clase o identitaria de una figura masculina de la que obtener reconocimiento. “La sororidad habilita una sociedad desjerarquizada que, al mismo tiempo, posibilita un cambio fundamental en el modo de entablar las relaciones de género, tendente a la transformación social”, concluye Femenías, que advierte de que “las relaciones humanas son culturales”, por lo que las relaciones que se conforman dependen de las circunstancias sociohistóricas.


Como ejemplo de esa relación, la historia ha dejado a las beguinas, en el siglo XII, una asociación de mujeres cristianas que dedicaban su vida a la ayuda a pobres y enfermos, trabajando para poder mantenerse, mucho antes de que la teoría feminista empezara a poner fechas y nombres a la historia de la organización de las mujeres como movimiento social y político.


¿Cuarta ola? O un feminismo para el 99%

“Puede llamarse cuarta ola o puede llamarse feminismo para el 99%, como lo caracterizan las académicas estadounidenses”, mantienen María Florencia Alcaraz y Agustina Paz Frontera en el capítulo “La generación ni una menos”. Las argentinas lo tienen claro: se ha dado un paso más en la historia del feminismo en el que las mujeres han reforzado su protagonismo y han podido instalar en la agenda política nuevas demandas. Esto que algunas entienden como “cuarta ola” tiene como herramienta fundamental internet y como rasgo característico la masificación del movimiento feminista.


Pero ¿surfeamos ya en la cuarta ola? “Las olas son constructos teóricos y artificiales, que pueden ser saludables para intentar entender, pero que, como todo constructo teórico, está sujeto a limitaciones”, explica Lourdes Lucía. “Una teoría se construye para facilitar la comprensión de un asunto, pero es algo limitado y cambiable”, mantiene.


El feminismo, entendido como una corriente de acción política que surge cuando las mujeres toman conciencia de la desigualdad, se explica en tres olas. La primera ola identifica esa desigualdad y encamina sus acciones a conseguir la igualdad jurídica y el derecho al voto, que se convirtió en una lucha central a finales del siglo XIX. En la segunda ola se añade que “lo personal es político” y se describe el sistema patriarcal, además de como opresor, como terriblemente violento con las mujeres. La tercera ola, a partir de los años 80 del siglo XX, amplía el sujeto del feminismo y surgen nuevas miradas y preguntas.


“Yo pensaba que seguía tranquilamente haciendo surf en la primera ola”, dice Ana Useros, que considera “prematuro” hablar de una cuarta ola. Desde la tercera, o la cuarta ola, o desde una ola propia, o desde ninguna, millones de mujeres han demostrado en todo el mundo su capacidad de organizarse ante un mismo sistema que encuentra formas propias de adaptarse y tratar de mantener a las mujeres en un segundo plano en todo el mundo. Y han sido las mujeres las que han señalado la misoginia de Jair Bolsonaro en Brasil o la de Donald Trump en Estados Unidos, como han sido también ellas quienes han denunciado el peligro que las extremas derechas representan para los derechos de la mujeres en Polonia o Andalucía.


Por eso, este año la huelga feminista se enfrenta al reto de ser global y de desbordar un día, el emblemático 8 de marzo, para luego seguir. “Iré, iremos a la huelga el 8 de marzo, pero también hay que seguir luchando todos los días del año”, explica Lourdes Lucía.

2019-03-04 06:00:00

Por Patricia Reguero
@Des_bordes

Publicado enSociedad
Una violencia reiterada,  metódica y no aleatoria

Los asesinatos de quienes asumen el reclamo público de los derechos de sus comunidades prosigue en Colombia; más de trescientos caídos bajo las balas criminales fueron necesarios para que la Fiscalia reconociera algún grado de sistematicidad en los mismos. El informe acá comentado refiere patrones comunes en todos ellos, y teme que la violencia no cese en este año electoral.

 

El pasado 4 de febrero, en las instalaciones del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, presentaron el informe: “¿Cuáles son los patrones? Asesinatos a líderes sociales en el postacuerdo”, elaborado por el Cinep, la Confederación de Acción Comunal, Iepri-UN, Comisión Colombiana de Juristas, Programa Somos Defensores, Asociación Campesina del Catatumbo y Movimiento Ríos Vivos.

 

Aunque la intensión de elaborar el informe no fue la de consolidar una cifra, los registros son aterradores: Entre el 1 de enero de 2016 y el 31 de julio de 2018, las organizaciones sociales registraron 343 violaciones al derecho de la vida, de las cuales sólo el 10 por ciento de las personas afectadas había recibido amenazas. Lo preocupante es que el fenómeno va en aumento conforme pasa el tiempo. Es decir, es una realidad repetitiva, invariable y continua. Una violencia perpetrada de manera reiterada, metódica y no aleatoria. El informe, por lo tanto, desmiente que sea accidental o fortuita.

 

Para la concreción de estos crímenes, en la mayoría de los casos se utilizaron armas de fuego y fueron cometidos en las mismas residencias de las víctimas, lo que denota selectividad a la hora de ejecutarlos, así como seguimiento y planeación por parte de una estructura criminal organizada y con dominio territorial.


Aterrador también que los asesinatos sean antecedidos o seguidos por señalamientos en discursos estigmatizantes o negacionistas por parte de las autoridades locales, regionales y del orden nacional. Desconocen que las víctimas sufren el atentado por su condición de defensores de derechos humanos.

 

Para la ejecución de estos crímenes, la modalidad más recurrente es el sicariato: algún gatillero dispara mientras uno o más asesinos esperan al sicario para cubrir la fuga, dispuestos a actuar ante un posible testigo, o alguién que se interponga para impedir su acción o que intente dar aviso a las autoridades. También hay amenazas a familiares para que cesen sus denuncias. Los perpetuadores materiales gozan de altos índices de impunidad, mucho más los intelectuales.

 

 

Las víctimas son parte de sectores que están en condiciones sociales de vulnerabilidad y en una posición asimetríca con respecto al poder dominante en su región. El informe permite concluir, como constante, que los asesinados también pertenecen a grupos históricamente discriminados. Asimismo, evidencia elementos comunes y condiciones compartidas que definen posibles patrones identificables entre los crímenes, como por ejemplo que afectan intereses de grupos ilegales, pero también de sectores económicos formales.

 

Hay territorios donde la violencia es extrema, en el sentido que la tasa de homicidio supera diez veces el promedio nacional. Son territorios con presencia de cultivos de uso ilícito o rutas de narcotráfico, presencia de grupos paramilitares o zonas militarizadas. Territorios donde existen fuertes procesos sociales, se desarrollan actividades de extracción legal e ilegal de minería. Cercanas a las zonas de transición o espacios territoriales de reincorporación de las Farc, son zonas afectadas por desplazamientos forzado.

 

Una realidad de violencia creciente y sin signos de tomar un rumbo contrario. Violencia con orígen y procedencia visibles, pese a lo cual es desconocida o negada por el gobierno en sus patrones ya indicados, tal vez motivado para ello en el temor de que, al reconocer la sistematicidad tendría que aceptar la intervención de Naciones Unidas, quedando cuestionado el Estado en su responsabilidad.

 

Es una realidad sistemática que también cuestiona a los medios de comunicación, que prefieren apuntar sus lentes y micrófonos a Venezuela. Finalmente, una sociedad civil que parece perder su sensibilidad. Urge pues defender a quienes defienden.

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