Cuando se va la naturaleza, atrás viene la pobreza”

Entrevista al líder indígena del Amazonas Davi Kopenawa

Cuando en 1971 la fotógrafa suizo brasileña Claudia Andújar se internó por primera vez en la Amazonía todo le parecía esencial. Quien lo hizo visible a sus ojos fue Davi Kopenawa, el chamán y portavoz del pueblo yanomami.

Andujar expone hasta el 10 de mayo lo que captó con su cámara en la Fundación Cartier de arte contemporáneo de París: la muestra más grande dedicada a una sola artista que hayan organizado. La exposición fue curada por Thyago Nogueira del Instituto Moreira Salles de San Pablo, quien se pasó 4 años hurgando en el archivo de la fotógrafa. Davi Kopenawa voló a Francia para la inauguración.

En 1989 Kopenawa salió por primera vez de Brasil para recibir el premio Right Livelihood, conocido como el Nobel alternativo, en nombre de la ONG Survival International, que nació en 1969 denunciando el genocidio a pueblos indígenas del Amazonas.

A fines del año pasado Kopenawa volvió a recibir el Right Livelihood en Estocolmo, pero ahora a título personal, junto con Greta Thunberg, entre otros líderes mundiales. Según la ONU, aproximadamente el 80% de la biodiversidad que queda en el planeta está en territorio indígena y Davi, de 63 años, es un emblema entre los guardianes de lo que queda. Por eso se enfrenta a Jair Bolsonaro y a los buscadores de oro.

No es la primera vez que en sus salas se evocan referentes indígenas latinoamericanos: hace dos años Freddy Mamani, el arquitecto aymara del Alto de La Paz, fue la estrella de una muestra. A cien metros del cementerio de Montparnasse (donde yacen Jean Paul Sartre, Simone de Beavouir y Julio Cortázar), en una mañana de inicios de febrero menos fresca que lo habitual, Davi tarda en desabrigarse tras entrar a la sala calefaccionada de la Fundación Cartier.

En una de las pantallas hay un video de Davi semi desnudo haciendo rituales, pero él no le presta demasiada atención. Se quita el gorro de lana para colocarse su corona de plumas y se quita la campera de plumas para dejar ver su collar tradicional. Mira las fotos colgadas de Claudia Andujar donde la luz es tan protagonista como los personajes iluminados. Aparecen Bruce Albert, el antropólogo francés que vive en Uruguay, junto a Claudia Andujar, que ya con 88 años y en silla de ruedas, entra brevemente solo para verificar que todo esté en su lugar y se va a descansar. Faltan minutos para una de las vernissages y Davi comenta algo con su hijo Dario de 27 años, que va con él a todas partes, está subiendo todo a las redes sociales de la asociación Hutukara. Afirman que la armaron para “la lucha fuera de la selva”. Dario postea: “lo único que buscamos es que se respeten nuestros derechos territoriales y nos dejen tranquilos”.

-No sólo es el protagonista de las fotos, también ha acompañado a Andujar a presentar el material por el mundo. Y junto a Bruce Albert escribió el libro La caída del cielo. ¿Cómo es para una cultura oral usar el libro y la fotografía para transmitir un legado? 

-El blanco, que no conoce nada del bosque, necesita ver y leer para recordar. Si hablo con usted, usted va a olvidar lo que dije. Pero con el libro, usted va a seguir leyendo, al día siguiente va a leer de nuevo, y así. Bruce es un un antropólogo que conocimos recolectando nuestro conocimiento de sabiduría, que nosotros tenemos guardada en la memoria. El blanco piensa que el indio no piensa, que no sabe explicar, que no sabe hablar, que no conoce el futuro. Encontré muy bueno que Bruce me ofreció grabarme. Y yo le conté del origen de todo, de Omama (el “creador” para los yanomami), que creó el pensamiento. Yo quería mostrar mi sabiduría, el conocimiento del pueblo yanomami, para que el blanco entienda que sabemos hablar, explicar por nuestra propia cuenta nuestra propia historia yanomami. No es para nosotros, es para ustedes. Para los estudiantes, que necesitan ver de otra manera la selva. El libro llegó a las universidades y eso es lo que quería. Si van a usar árboles del bosque para hacer el papel, que sea para un libro así.

-Usted es conocido como el “Dalai Lama” de la selva. ¿Qué piensa de que lo llamen así?

-Somos una legión. Estamos en diferentes lados, lado derecho, lado izquierdo del mapa. El Dalai Lama, Raoni (el líder indígena kayapó)... Estamos todos ligados a la naturaleza, a la tierra. Nuestra salvación es la selva donde está todo lo que hace bien a la salud: agua limpia, todo es puro. Por eso somos así, hijos de la tierra, ella cuida nuestra riqueza. ¿Qué es la riqueza? Es comida: frutas, castañas, asaí. Los blancos también son hijos de la tierra, pero sin los indígenas en la selva todo va a ser peor, va a haber más lluvias, más cambios climáticos. Ya está sucediendo, se meten en nuestro territorio, contaminan nuestros ríos, matan nuestros peces. Yo confío en la fuerza de la naturaleza. Nosotros no vamos a matar ningún hombre blanco, la que lo va a matar es la naturaleza. Estoy luchando para defender mi pueblo para cuidar la tierra, defender la tierra para cuidar los saberes de mi pueblo.

“Bolsonaro es un garimpeiro

En 2019, según diversas organizaciones indígenas de Brasil, al menos 10.000 garimpeiros (buscadores de oro) han invadido la tierra de los yanomamis y su contacto con las comunidades generó una epidemia de malaria y de contaminación con mercurio en muchos de los ríos. Aunque la mayoría de los yanomamis mantienen contacto con la sociedad no indígena, se sabe que un grupo no contactado habita no muy lejos del área que está siendo invadida.

-¿Cómo está la situación con los garimpeiros hoy?

-Los garimpos (campos de minería ilegal) continúan. Donde haya oro, donde haya riqueza, se pueden ir pero regresan. Donde no hay oro, no van. La policía a veces los saca pero a las tres, cuatro semanas, ellos regresan porque saben que hay oro. Entonces hoy están volviendo a la tierra yanomami.

-¿Cuánto cambió la situación con Bolsonaro en el poder?

-La situación siempre fue un poco igual. En los años 91,92, el Gobierno sacó 40 mil garimpeiros; después de eso todo se había calmado un poco, pero al tiempo volvieron, porque ya vieron oro. Hoy en 2020 están ahí. Están talando el bosque, entran y salen, ellos están juntos con la policía federal, con las autoridades, hay empresarios, senadores, políticos. Están más fuertes que antes. Bolsonaro es un garimpeiro, su papá era garimpeiro, el presidente los está empujando para que crezca la minería. El propio presidente es un garimpeiro.

-Recientemente Bolsonaro dijo: “cada vez más el indio es un ser humano como los blancos”.

-Es lo que él piensa. El no reconoce la tierra yanomami, nunca visitó nuestra comunidad, ninguna comunidad, está diciendo que es un enemigo de los indígenas. No conoce los pueblos de la selva, por eso dice esas cosas. Piensa que somos salvajes, como los monos, los cerdos. No sabe nuestra lengua. Tiene solo preconceptos. Lo que sí, somos seres humanos diferentes al blanco, porque nosotros conocemos la montaña y la selva. Bolsonaro dice esas cosas porque no le gustamos, siempre está diciendo cosas para que nos enojemos. La situación está peor que siempre. Bolsonaro es como la dictadura militar, como el presidente Figueiredo que mató a mi pueblo yanomami y a nuestros parientes wamiri atroaris. Por eso siempre habla mal de nosotros.

-Survival International define la situación como un “riesgo de genocidio legislativo”. ¿Cómo se están organizando?

-Estamos luchando para que seguir viviendo. Para criar nuestros hijos, para cuidar de nuestro lugar, de nuestra casa. Nadie está peleando por dinero. Y hay hijos de Omama también entre los hombres blancos. Por eso nos ayudan. Y los otros pueblos indígenas en Colombia, Ecuador... Estamos frente a la misma lucha, los mismos problemas.

El origen de la maldad

Los yanomamis utilizan cerca de 500 plantas para comer, elaborar medicinas y construir casas. Ningún cazador come la carne que ha cazado sino que la reparte y a cambio recibe carne de otro cazador. Así han vivido siempre. Hasta 1940, cuando Brasil mandó gente para delimitar la frontera con Venezuela, los yanomamis no habían entrado en contacto continuado con el resto de sus contemporáneos. Ese contacto trajo epidemias de sarampión y gripe. En la década de 1970 fueron víctimas del gobierno militar y desde los años 80, de los buscadores de oro y del avance de la frontera agrícola-industrial. Hoy son unas 38 mil personas en casi 18 millones de hectáreas (un territorio grande como Uruguay), si se cuentan los territorios ancestrales que reclaman en el norte de Brasil (donde ya fueron demarcados) y en Venezuela (donde aún no ocurrió). El de los yanomamis es el mayor territorio indígena selvático del mundo.

-¿Podemos decir que la principal diferencia entre los blancos en las ciudades y los indígenas es la conexión con la tierra?

-Los pueblos de las ciudades sí tienen conexión con la tierra: para extraer riqueza, petróleo, oro, diamante. Así es como están conectados con los bosques.

-En la cosmovisión yanomami hay una interpretación sobre el origen de la “maldad” ¿verdad?

-La gente mala es hija de Yoasi, que era el hermano del creador Omama. Omama era una buena persona, honesto, sabía tratar, sabía cuidar. Yoasi no. Comenzó como loco a matar, a derrumbar los árboles para hacer casas, a acabar la tierra para comerciar con otros pueblos. Entonces se volvió enemigo de Omama y este se fue bien lejos. Yoasi continúa entre nosotros, hizo crecer su propio pueblo, y hoy está presente en el hombre blanco, en la mercadería, en las ciudades. Nosotros, los yanomamis, no somos mercaderia, somos guardianes de la selva, para que quede en pie, los hijos de Omama la cuidamos de los hijos de Yoasi.

-¿Yoasi sería el capitalismo?

-Yoasi es el capitalista, moderno, que se viste bonito y roba las tierras. El que mató y continua matando, es el espíritu que manda a los garimpeiros que matan a los indios. Ahora está peor. El año pasado, cuando asumió Bolsonaro, liberó la compra de armas en las ciudades contra las mujeres, hombres, para matar cualquier persona. Los garimpeiros están armados porque Jair Bolsonaro autorizó la compra de armas de fuego.

-Los yanomamis también están presentes en Venezuela, ¿cuál es la situación de ese lado de la frontera?

-Allá es peor. Porque los yanomami de allí no tienen su tierra demarcada, está solamente delimitada. Allá está lleno de buscadores de oro también. Algunos fueron refugiados en San Pablo, Manaos, Brasilia. Muchos yanomamis están en la montaña, porque ahí están protegidos por la fuerza de la naturaleza.

Salvaciones

“El cielo está lleno de humo porque nuestra selva está siendo talada y quemada. Las lluvias llegan tarde, el sol se comporta de manera extraña. Los pulmones del cielo están contaminados. El mundo está enfermo. La selva morirá si los blancos la destruyen. ¿A dónde iremos cuando hayamos destruido nuestro mundo?”, se pregunta Davi en uno de los archivos de Claudia Andujar.

El padre de Claudia Andujar era judío, oriundo de Transilvania. Se separó de su madre suiza protestante antes de la guerra y fue asesinado en el campo de concentración de Dachau. Claudia se había enterado que la Gestapo estaba yendo a buscarlo y había ido a avisarle, pero su padre no quiso escaparse. Claudia se refugió en Estados Unidos, se casó, pero se separó de su marido español (de quién adoptó el apellido abandonando el de Claudine Haas) antes de que este vaya a la guerra de Corea. Luego fue a Brasil, donde había migrado su madre.“Yo siempre estaba huyendo” escribió, recordando esa época. Cuando Andujar intentó tomarle las primeras fotos a los yanomamis ellos se negaron porque decían que lo que podía huir con las fotos es el alma: “puede escapar y quedar para siempre deambulando”.

"Claudia siempre se sintió culpable por no poder salvar a su familia y seres queridos", dijo la persona que la conectó con los yanomamis, el misionero italiano Carlo Zacquini. Por eso cuando llegó a la tierra de Davi insistió para convencerlos, les decía que solo así podía denunciarse el genocidio a los indígenas. “No conozco a otra persona artista en ninguna otra parte del mundo que haya salvado a todo un componente de nuestra familia humana” dijo el director de Survival, Stephen Corry. Tras aceptar ser fotografiados, el líder Davi debió aprender a manejarse fuera de la selva: “Ahora tenía que usar palabras externas a su universo como naturaleza o pobreza” dice Bruce Albert. En la inauguración de la muestra Davi dijo que eso le salvó la vida.

-¿La naturaleza va a ganar la batalla? ¿Siempre vence?

-(Se ríe) No, no siempre vence, pero desaparece. Y cuando se va la naturaleza, atrás viene la pobreza.

-Usted dijo “nosotros los chamanes sabemos que nuestro planeta está cambiando, conocemos la salud de la Amazonia.” ¿Cuál es el diagnóstico?

-El cambio climático no va a parar. Está quemando. La invasión de la Amazonía está en marcha. No hay remedio para curar nuestro planeta tierra. Las ciudades están creciendo, no hay más lugar para construir, el ser humano está enfermo y se sigue enfermando. La enfermedad ¿como la llaman ustedes? ¿el cáncer? Hay un cáncer en el aire, por eso no va a parar, por eso el cambio climático, por eso se quema la selva.

-¿Hay una utopía en el horizonte o esto siempre va a ser así? ¿cómo sería el mundo de los pueblos indígenas si los motivos para resistir desaparecieran?

-El peligro ya entró en el mundo y la señal de peligro entró en las tierras indígenas. Pero estamos luchando. Hay muchos líderes buscando la manera, denunciando, el peligro está ahí y no va a parar. Vivir bien, hemos vivido bien, hace 50 años. Era maravilloso: no había buscadores de oro, pero llegaron y luego volvieron para atacarnos. Jair Bolsonaro nos va a seguir mandando sus garimpeiros. El horizonte es que nosotros vamos a morir si es necesario junto con nuestro pueblo. Es una lucha para vivir, no vamos a morir callados. 

Publicado enMedio Ambiente
Después de 3 horas de viaje en lancha desde el puerto de Inírida, vemos como se alzan tres gigantes entre la selva, se trata de los cerros de Mavecure sobre las aguas del río Inírida. De izquierda a derecha: El cerro de Mavecure, el cerro del Mono, y el cerro Pajarito. En esta zona se grabaron partes de la película colombiana “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra.

“(…) y acababa de ver con ojos casi espantados un mundo virgen, un mundo exuberante, el milagro de la vida resuelto en millones de formas, flores inverosímiles, selvas inabarcables, ríos indescriptibles, de modo que lo que Bolívar vio surgir ante él, no fue la América maltratada por los españoles sino la América desconocida y desaprovechada por los propios americanos, el bravo mundo nuevo”

W. Ospina

 

El departamento de Guainía hace parte del territorio amazónico de Colombia, tiene una extensión de 78.365 km, equivalente al 6,3% -aproximadamente- del territorio colombiano y al 15,1% de la región amazónica colombiana (1), limita por el norte con el departamento de Vichada; por el oriente con Venezuela; por el sur con Brasil y por el occidente con los departamentos de Guaviare y Vaupés; hace parte del escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del mundo (2).


En efecto, Guainía es la vida palpitando. Este departamento fronterizo, con alta presencia de pueblos indígenas, es aún desconocido en varios aspectos -afortunadamente-, razón por la cual hace parte de la larga lista de territorios abandonados por el estado y testigo del conflicto armado. Paradójicamente, al ser considerado una de las “zonas rojas” del país, se conservaron miles de especies de flora y fauna, entre ellas algunas especies de animales amenazadas de extinción como el Jaguar (Panthera onca), la Nutria Gigante (Pteronura brasiliensis), la Danta (Tapirus terrestres), el Águila Arpía (Arpia Harpija), entre otras; de igual manera se preservan resguardos indígenas de pueblos como Curripacos, Puinaves, Sikuainis, Piapocos, Cubeos, Tucanos, Yerales, Makú, Desanos, Piratapuyas (3), entre otros. No obstante, desde hace un tiempo el turismo ha ido incrementando, al igual que el interés por la explotación minera de coltán, oro y plata, poniendo en riesgo la polifonía de vida que allí habita.


Las siguientes 15 fotografías son un pincelazo de la majestuosidad de Inírida, la capital de Guainía, un viaje fotográfico por lugares paradisiacos que escapan a cualquier descripción.


1. Cerros de Mavecure: Los tepuyes de Guainía


Después de 3 horas de viaje en lancha desde el puerto de Inírida, vemos como se alzan tres gigantes entre la selva, se trata de los cerros de Mavecure sobre las aguas del río Inírida. De izquierda a derecha: El cerro de Mavecure, el cerro del Mono, y el cerro Pajarito. En esta zona se grabaron partes de la película colombiana “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra.


2. Cerro de Mavecure


El nombre del cerro –nos explica Wilmer, el guía indígena– se debe a que allí los antepasados encontraban dos materiales para la caza; el mave, un árbol del que sacaban la madera para fabricar las lanzas y el cure, curare o veneno para las puntas de las lanzas o flechas.


3. Cerro del Mono


Los Tepuyes, que en lengua indígenas quiere decir montañas, son territorio sagrado para los Curripacos. Desde la cima del cerro de Mavecure se puede ver la majestuosidad del cerro del Mono, que da paso a las extensas zonas de selva que se avizoran entre las rocas más antiguas de la tierra, las cuales se formaron para el caso de Colombia hace aproximadamente 1.800 millones de años (4).


4. El cerro de Pajarito y la princesa Inírida


Aunque el cerro de Mavecure es donde hicimos el ascenso, el enorme cerro de Pajarito no pasa desapercibido. Dice la leyenda indígena que en este cerro se perdió la princesa Inírida, de ella se enamoró un hombre indígena que no lograba tener su amor y por esto acudió a la “pusana”, una sustancia preparada para enamorar a otra persona (también conocida como shundul o chundú.) Cuando la princesa Inírida sintió la pusana salió huyendo y se perdió en el cerro, y allí ha estado desde entonces.


5. El vecino más viejo de la comunidad del Remanso


La comunidad del Remanso la habitan los pueblos indígenas de Curripacos y Puinaves, estos habitantes conviven con un gigante en su territorio, el vecino más viejo se llama Cerro Pajarito y está justo a espaldas de sus casas.


6. Wilmer, nuestro guía


En esta ocasión nos acompañó Wilmer, un curripaco de 28 años. Por la época de invierno es más complicada la subida, sin embargo, Wilmer podía subir y bajar corriendo sin ningún problema, mientras subíamos nos contó que estos cerros son territorios sagrados para ellos, pues aquí venían los abuelos para limpiar la maldad del mundo.


7. Serpentea el río Inírida


Desde la punta del cerro de Mavecure se ve como se mueve la enorme serpiente de agua amazónica, es decir, el recorrido del río Inirida, que serpentea entre la selva y que finalmente se une al río Guaviare para llegar juntos al río Orinoco.


8. Heliconius melpomene en el mariposario


El mariposario “Melpomene” de Inírida es un proyecto autónomo liderado por Pedro, un joven de la zona que se interesó en las mariposas y en la manera de armar un mariposario que dé cuenta de la gran riqueza biológica de Guainía, allí se desarrolla un proceso de colecta no invasiva de mariposas para su cuidado y reproducción. Lleva el nombre de Melpomene por la especie de mariposa Heliconius melpomene.


9. Pictogramas en la comunidad indígena El Coco


La comunidad indígena del Coco hace parte de los resguardos cercanos al casco urbano de Inírida, en esta comunidad conviven indígenas de las etnias Curripaca y Puinave. Es una comunidad de artesanos y artesanas del barro, madera y fibra de la palma de moriche o chiquichiqui, pero además se encuentran gigantescas rocas antiguas con enormes y variados pictogramas ancestrales que, según cuentan, son narraciones de dioses como Yuruparí o Dukjin.


10. Trampas artesanales de peces


Cae la tarde y es hora de revisar las trampas artesanales de madera que se han instalado en la orilla del río Inírida. En esta ocasión es una indígena curripaca quien selecciona los peces que serán sacados del agua para consumo o venta, esta selección se hace de acuerdo a la talla de las diferentes especies, los especímenes juveniles son devueltos al agua.


11. El encuentro de dos aguas: río Guaviare y río Inírida


Al fondo, el río Guaviare de color amarillo, río que nace en la cordillera Oriental y es considerado el límite hidrográfico entre la Orinoquía y la Amazonía, a este tipo de agua se le denomina “aguas blancas”, dado el alto contenido de sedimentos, producto de la influencia de los ríos que nacen en los Andes de origen sedimentario. Por otro lado, el agua más brillante corresponde al río Inírida, este tipo de aguas se conocen como “aguas negras” debido a que llevan gran cantidad de residuos vegetales, más adelante estarán desembocando en el gran río Orinoco.


12. Sabana de la flor de Inírida (Guacamaya superba)


Cerca al aeropuerto de Inírida se encuentra una extensa sabana con una especie vegetal muy particular; se trata de la flor de Inírida. En esta sabana crece de forma silvestre la flor endémica de Guainía, de hermoso color blanco y rojo, esta especie adorna la sabana de Inírida, sin embargo, realmente se trata de dos especies: una flor de invierno (Guacamaya superba) y una flor de verano (Schoenocephalium teretifolium).


13. Cae el sol y regresan los pescadores


Se aproxima el atardecer, y como es característico en la Orinoquia y la Amazonia, el sol va dejando una estela de naranjas y rojos increíbles, sobre el puerto de Inírida descansan grandes barcos de carga, voladoras, potrillos o bongos con motor de habitantes del sector, pues las vías fluviales son las vías por excelencia de estos territorios ribereños.


14. Espejos de selva sobre el río Inírida


Al ver la imagen podemos dudar de ¿cuál es el cielo y cuál es al río?, el espejo de agua es fantástico, navegar por el río Inírida es deleitarse con la espesura de la selva, sobre todo porque este territorio es una zona de transición entre la Orinoquía y la Amazonía y, por ende, la diversidad biológica es inimaginable.


15. Los viajeros del río Inírida


Al moverse por el río se ven algunos bongos con motor –canoas- que pueden mover de 10 a 20 personas, dependiendo del tamaño en viajes que pueden durar horas o días. En esta ocasión nos encontramos un bongo con indígenas que se desplazaban a la zona de votación de Inírida para la primera vuelta presidencial.


*Licenciada en Biología, docente investigadora


Referencias
1. Salazar, C., Gutiérrez, F., Franco, M. (2006). “Guainía en sus asentamientos”. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas- Sinchi. Bogotá, Colombia.
2. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia
3. Según el SINIC (Sistema Nacional de Información Cultural) http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=94&COLTEM=216
4. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia

Publicado enFotorreportajes
Inírida en 15 fotografías: tesoro selvático de la zona amazónica colombiana

“(…) y acababa de ver con ojos casi espantados un mundo virgen, un mundo exuberante, el milagro de la vida resuelto en millones de formas, flores inverosímiles, selvas inabarcables, ríos indescriptibles, de modo que lo que Bolívar vio surgir ante él, no fue la América maltratada por los españoles sino la América desconocida y desaprovechada por los propios americanos, el bravo mundo nuevo”

W. Ospina

 

El departamento de Guainía hace parte del territorio amazónico de Colombia, tiene una extensión de 78.365 km, equivalente al 6,3% -aproximadamente- del territorio colombiano y al 15,1% de la región amazónica colombiana (1), limita por el norte con el departamento de Vichada; por el oriente con Venezuela; por el sur con Brasil y por el occidente con los departamentos de Guaviare y Vaupés; hace parte del escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del mundo (2).


En efecto, Guainía es la vida palpitando. Este departamento fronterizo, con alta presencia de pueblos indígenas, es aún desconocido en varios aspectos -afortunadamente-, razón por la cual hace parte de la larga lista de territorios abandonados por el estado y testigo del conflicto armado. Paradójicamente, al ser considerado una de las “zonas rojas” del país, se conservaron miles de especies de flora y fauna, entre ellas algunas especies de animales amenazadas de extinción como el Jaguar (Panthera onca), la Nutria Gigante (Pteronura brasiliensis), la Danta (Tapirus terrestres), el Águila Arpía (Arpia Harpija), entre otras; de igual manera se preservan resguardos indígenas de pueblos como Curripacos, Puinaves, Sikuainis, Piapocos, Cubeos, Tucanos, Yerales, Makú, Desanos, Piratapuyas (3), entre otros. No obstante, desde hace un tiempo el turismo ha ido incrementando, al igual que el interés por la explotación minera de coltán, oro y plata, poniendo en riesgo la polifonía de vida que allí habita.


Las siguientes 15 fotografías son un pincelazo de la majestuosidad de Inírida, la capital de Guainía, un viaje fotográfico por lugares paradisiacos que escapan a cualquier descripción.


1. Cerros de Mavecure: Los tepuyes de Guainía


Después de 3 horas de viaje en lancha desde el puerto de Inírida, vemos como se alzan tres gigantes entre la selva, se trata de los cerros de Mavecure sobre las aguas del río Inírida. De izquierda a derecha: El cerro de Mavecure, el cerro del Mono, y el cerro Pajarito. En esta zona se grabaron partes de la película colombiana “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra.


2. Cerro de Mavecure


El nombre del cerro –nos explica Wilmer, el guía indígena– se debe a que allí los antepasados encontraban dos materiales para la caza; el mave, un árbol del que sacaban la madera para fabricar las lanzas y el cure, curare o veneno para las puntas de las lanzas o flechas.


3. Cerro del Mono


Los Tepuyes, que en lengua indígenas quiere decir montañas, son territorio sagrado para los Curripacos. Desde la cima del cerro de Mavecure se puede ver la majestuosidad del cerro del Mono, que da paso a las extensas zonas de selva que se avizoran entre las rocas más antiguas de la tierra, las cuales se formaron para el caso de Colombia hace aproximadamente 1.800 millones de años (4).


4. El cerro de Pajarito y la princesa Inírida


Aunque el cerro de Mavecure es donde hicimos el ascenso, el enorme cerro de Pajarito no pasa desapercibido. Dice la leyenda indígena que en este cerro se perdió la princesa Inírida, de ella se enamoró un hombre indígena que no lograba tener su amor y por esto acudió a la “pusana”, una sustancia preparada para enamorar a otra persona (también conocida como shundul o chundú.) Cuando la princesa Inírida sintió la pusana salió huyendo y se perdió en el cerro, y allí ha estado desde entonces.


5. El vecino más viejo de la comunidad del Remanso


La comunidad del Remanso la habitan los pueblos indígenas de Curripacos y Puinaves, estos habitantes conviven con un gigante en su territorio, el vecino más viejo se llama Cerro Pajarito y está justo a espaldas de sus casas.


6. Wilmer, nuestro guía


En esta ocasión nos acompañó Wilmer, un curripaco de 28 años. Por la época de invierno es más complicada la subida, sin embargo, Wilmer podía subir y bajar corriendo sin ningún problema, mientras subíamos nos contó que estos cerros son territorios sagrados para ellos, pues aquí venían los abuelos para limpiar la maldad del mundo.


7. Serpentea el río Inírida


Desde la punta del cerro de Mavecure se ve como se mueve la enorme serpiente de agua amazónica, es decir, el recorrido del río Inirida, que serpentea entre la selva y que finalmente se une al río Guaviare para llegar juntos al río Orinoco.


8. Heliconius melpomene en el mariposario


El mariposario “Melpomene” de Inírida es un proyecto autónomo liderado por Pedro, un joven de la zona que se interesó en las mariposas y en la manera de armar un mariposario que dé cuenta de la gran riqueza biológica de Guainía, allí se desarrolla un proceso de colecta no invasiva de mariposas para su cuidado y reproducción. Lleva el nombre de Melpomene por la especie de mariposa Heliconius melpomene.


9. Pictogramas en la comunidad indígena El Coco


La comunidad indígena del Coco hace parte de los resguardos cercanos al casco urbano de Inírida, en esta comunidad conviven indígenas de las etnias Curripaca y Puinave. Es una comunidad de artesanos y artesanas del barro, madera y fibra de la palma de moriche o chiquichiqui, pero además se encuentran gigantescas rocas antiguas con enormes y variados pictogramas ancestrales que, según cuentan, son narraciones de dioses como Yuruparí o Dukjin.


10. Trampas artesanales de peces


Cae la tarde y es hora de revisar las trampas artesanales de madera que se han instalado en la orilla del río Inírida. En esta ocasión es una indígena curripaca quien selecciona los peces que serán sacados del agua para consumo o venta, esta selección se hace de acuerdo a la talla de las diferentes especies, los especímenes juveniles son devueltos al agua.


11. El encuentro de dos aguas: río Guaviare y río Inírida


Al fondo, el río Guaviare de color amarillo, río que nace en la cordillera Oriental y es considerado el límite hidrográfico entre la Orinoquía y la Amazonía, a este tipo de agua se le denomina “aguas blancas”, dado el alto contenido de sedimentos, producto de la influencia de los ríos que nacen en los Andes de origen sedimentario. Por otro lado, el agua más brillante corresponde al río Inírida, este tipo de aguas se conocen como “aguas negras” debido a que llevan gran cantidad de residuos vegetales, más adelante estarán desembocando en el gran río Orinoco.


12. Sabana de la flor de Inírida (Guacamaya superba)


Cerca al aeropuerto de Inírida se encuentra una extensa sabana con una especie vegetal muy particular; se trata de la flor de Inírida. En esta sabana crece de forma silvestre la flor endémica de Guainía, de hermoso color blanco y rojo, esta especie adorna la sabana de Inírida, sin embargo, realmente se trata de dos especies: una flor de invierno (Guacamaya superba) y una flor de verano (Schoenocephalium teretifolium).


13. Cae el sol y regresan los pescadores


Se aproxima el atardecer, y como es característico en la Orinoquia y la Amazonia, el sol va dejando una estela de naranjas y rojos increíbles, sobre el puerto de Inírida descansan grandes barcos de carga, voladoras, potrillos o bongos con motor de habitantes del sector, pues las vías fluviales son las vías por excelencia de estos territorios ribereños.


14. Espejos de selva sobre el río Inírida


Al ver la imagen podemos dudar de ¿cuál es el cielo y cuál es al río?, el espejo de agua es fantástico, navegar por el río Inírida es deleitarse con la espesura de la selva, sobre todo porque este territorio es una zona de transición entre la Orinoquía y la Amazonía y, por ende, la diversidad biológica es inimaginable.


15. Los viajeros del río Inírida


Al moverse por el río se ven algunos bongos con motor –canoas- que pueden mover de 10 a 20 personas, dependiendo del tamaño en viajes que pueden durar horas o días. En esta ocasión nos encontramos un bongo con indígenas que se desplazaban a la zona de votación de Inírida para la primera vuelta presidencial.


*Licenciada en Biología, docente investigadora


Referencias
1. Salazar, C., Gutiérrez, F., Franco, M. (2006). “Guainía en sus asentamientos”. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas- Sinchi. Bogotá, Colombia.
2. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia
3. Según el SINIC (Sistema Nacional de Información Cultural) http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=94&COLTEM=216
4. Merlano, J. (2016). El Escudo Guayanés en Colombia: Un mundo perdido. Banco de Occidente. Bogotá, Colombia

Publicado enColombia
'Ni un pozo más': Ecuatorianos dicen 'No' a la extracción petrolera en el Amazonas

Se ampliará la zona intangible, libre de extracción de cualquier tipo, incluyendo la petrolera, dentro del Parque Nacional Yasuní.

 

El pasado domingo 4 de febrero, los ecuatorianos se pronunciaron a favor de reducir el área de extracción petrolera y ampliar la zona protegida en el Parque Nacional Yasuní, ubicado en la región amazónica ecuatoriana.

 

Los ciudadanos respondieron de forma positiva a la pregunta 7 de la consulta popular, que convocó el presidente Lenín Moreno. La interrogante era: ¿Está usted de acuerdo en incrementar la zona intangible en al menos 50.000 hectáreas y reducir el área de explotación petrolera autorizada por la Asamblea Nacional en el Parque Nacional Yasuní de 1.030 hectáreas a 300 hectáreas? Los resultados fueron claros: el 67,3 % dijeron 'Sí' y solo el 32,7% que 'No' (con el 99,62 % de las actas procesadas por el Consejo Nacional Electoral —CNE—).

 

En las provincias donde se encuentra el Yasuní, que son Pastaza y Orellana, el resultado a favor del 'Sí' fue aún mayor: en la primera, el 83,36 % de los votantes dieron su afirmación a la pregunta; y en la segunda, lo hicieron el 75,48 %.

 

El Yasuní, Reserva de la Biosfera

 

El Yasuní es una de las zonas más biodiversas del planeta, con más de 2.100 especies de flora identificadas, aunque se estima que son más de 3.000; y unas 598 especies de aves, unas 200 de mamíferos, 150 de anfibios y 121 de reptiles. El parque se creó en 1979, abarcando un área de 1.022.736 hectáreas, y 10 años después, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a ese territorio como Reserva de Biosfera.


El Yasuní, además de ser el albergue de una gran biodiversidad, es el hogar de varias etnias indígenas: Waorani, Shuar, Kichwa, Tagaeri y Taromenane, estas dos últimas son pueblos en aislamiento voluntario. En 1999 se creó, por decreto del entonces presidente Jamil Mahuad, la Zona Intangible Tagaeri-Taromenane (ZITT); no obstante, fue durante el mandato de Alfredo Palacio (2005-2007) que se delimitó el área, abarcando un total de 758.773 hectáreas, un lugar seguro para los pueblos ancestrales y libre de la extracción de cualquier tipo, incluyendo la petrolera.

 

¿Qué significa y cuál es el alcance de la medida consultada?

La pregunta apunta a dos temas: Ampliar la ZITT y disminuir el área de explotación petrolera.


1.- Ampliar la ZITT


En concreto, a las 758.773 hectáreas protegidas se le sumarán "al menos 50.000", como decía la consulta. El ministro de Hidrocarburos, Carlos Pérez, ya adelantó que serán específicamente 62.188 hectáreas adicionales.


Grupos ecologistas, entre ellos YASunidos, llamaron a votar 'Sí' en la reciente consulta, bajo el lema 'Ni un pozo más', aunque reconocieron que había muchos puntos que no estaban bien definidos en el plebiscito sobre este tema. Pedro Bermeo, vocero de YASunidos, señaló que, aunque "no es claro, no dice cuándo, dónde ni cómo", el hecho de que el Estado "reconozca la existencia de los Pueblos Aislados —o más bien pueblos acorralados— es muy positivo para la supervivencia de estos pueblos, más aún ampliar la ZITT".



2.- Reducir la explotación petrolera en el parque


La parte final de la interrogante decía: "reducir el área de explotación petrolera autorizada por la Asamblea Nacional en el Parque Nacional Yasuní de 1.030 hectáreas a 300 hectáreas".


Se refiere en concreto a las 1.030 hectáreas que la Asamblea Nacional aprobó que fueran espacio para la extracción petrolera en Yasuní, específicamente en el llamado eje Ishpingo, Tambococha y Tiputini (ITT), que comenzó a explotarse en 2016, una zona que tiene el 42 % de las reservas de crudo del país. La aprobación se hizo por solicitud del entonces presidente Rafael Correa, luego que no tuviera éxito la iniciativa Yasuní ITT, que buscaba una contribución internacional de 3.600 millones de dólares, percibidos a lo largo de 12 años, a cambio de dejar el crudo de la zona bajo tierra.


Bermeo señala que tienen estudios técnicos basados en los informes de la misma Petroamazonas, que trabaja en la zona, que demuestran que ya están explotadas más de las 300 hectáreas en el Yasuní que propone el gobierno, "por lo que daremos la pelea para que se pare ahí".


"No se sabe si la ampliación de la zona intangible es hacia el norte, sur, este u oeste y tampoco se sabe dónde estarán las 300 hectáreas", dijo, por su parte, Ramiro Ávila Santamaría, abogado, experto en derechos humanos y ambientales, y catedrático de la Universidad Andina Simón Bolívar, quien considera que no hay claridad con lo que pretende el gobierno en el Yasuní.


Mientras, ya se sabe que una comisión técnica integrada por los ministerios de Hidrocarburos, Justicia y Ambiente, será la encargada de evaluar las áreas que serán incluidas a la ZITT, informó el ministro Pérez.

Publicado enMedio Ambiente