Domingo, 31 Marzo 2019 11:40

Nadie nos esperaba en casa

Nadie nos esperaba en casa

Cada quince días Felipe y yo hacíamos la inversión y comprábamos un talonario para rifas. Estábamos en último año del colegio y la vida se tornaba difícil: problemas por la rebeldía, la rebeldía crecía por las lecturas de los existencialistas y los poetas malditos, el enamoramiento sin correspondencia nos enviaba cartas, las obligaciones escolares vacuas, el eterno pensar qué haríamos en adelante cuando termináramos el colegio. Quizás por todo eso ya fumábamos y dejábamos que pasara el tiempo sentados en las escalinatas de entrada de la Arquidiócesis de Bogotá, entretanto hablábamos de teorías filosóficas y de algunos libros leídos. Entonces pasaba el viento llevándose nuestras palabras, levantando polvaredas de los desechos de la iglesia, la basura de los manifestantes de la Plaza de Bolívar y de los beatos de la Iglesia de San Ignacio, y encandeciendo nuestras lumbres.

También nos gustaba beber, pero no teníamos el dinero suficiente para hacerlo. Era desastrosa aquella sensación del viernes que caía con fuerza sobre nuestros cuerpos hasta doblegarnos. A las cuatro de la tarde sonaba el timbre y rápidamente salíamos a la plazoleta del colegio para por fin recibir el resquicio de sol del día y un poco del viento fresco que bajaba de Monserrate. Luego, nos encontrábamos en las escalinatas, encendíamos nuestros cigarrillos y hablábamos hasta que nos atrapaba la noche.

En algunas pocas ocasiones, especialmente cuando alguno de los integrantes del pequeño grupo había cumplido años y recibido dinero como regalo, aparecía una botella que manaba de boca en boca. La bebíamos allí, oculta en una bolsa de papel hasta que ebrios y melancólicos debíamos regresar a casa. Recuerdo que frente a las escalinatas se alzaba un pequeño jardín custodiado por una verja metálica de color verde y en medio una escultura de don Rufino José Cuervo se izaba con su mirada triste y con una extraña expresión de cansancio soportaba las embestidas de las palomas. Yo miraba de tanto en tanto aquella escultura, mientras mis amigos hablaban de la curvatura del tiempo o del mundo de las ideas de Platón, luego yo pegaba la mirada al cielo donde migraban las palomas y donde caía una luz violácea que entornaba a la escultura.

Y entonces, casi al finalizar el año sobrevino el predicamento. El papá de Mario, un integrante del pequeño grupo, tomó en arriendo una antigua casa de la calle trece con carrera quinta y con la ayuda de los amigos de Mario, abrió un bar. Se trataba de un primer piso amplio y luminoso que a su costado oriental tenía una chimenea inservible, las paredes eran altas y se encontraban atravesadas por dos ventanales enmarcados por gruesos maderos. Frente a los ventanales se levantaban unas viejas escaleras guiadas por una barandilla también de madera que conectaba con un segundo nivel más pequeño que el primero, pero que dejaba al descubierto, aunque tras una puerta de vidrio, un bello jardín atiborrado de flores y en el centro una fuente de piedra a la que jamás vi con agua.

El lugar se bautizó Baltazar en honor al fantasma que allí habitaba y para su inauguración Camilo prestó su nevera y su equipo de sonido. Por supuesto, aquel día todos los integrantes del pequeño grupo estábamos allí, bebiendo a sorbos lentos la única cerveza que podíamos pagar, escondidos en el segundo nivel ya que aún éramos menores de edad y escuchando la voz de Mario que interpretaba canciones de Silvio Rodríguez, siendo Morris quien lo acompañaba en la guitarra.

Desde ese momento, todos los días que podíamos concurríamos al bar, pero como un compromiso inexorable los viernes nos ocultábamos en el segundo nivel para beber nuestra ansiada cerveza. Así fue como ante la inminente sobriedad y pobreza, uno de aquellos viernes Felipe me miró y me dijo:

¿Por qué no hacemos una rifa?
¿Para qué? —le pregunté.
Para comprar más cerveza.
¿Qué rifaríamos? —volví a preguntar aspirando mi cigarrillo.
Cerveza —respondió Felipe con solemnidad.

Aquella noche llegué a casa y le pedí dinero regalado a mi tía Chava. Ella era una anciana de sesenta y tres años a quien siempre recurría cuando no tenía nada en los bolsillos. Quizás sospechó algo, porque me sonrió, sacó su monedera de debajo de la almohada y me extendió un billete. Al día siguiente reunimos el dinero, compramos el talonario y antes de llenarlo le pregunté a Felipe qué nombres pondríamos como responsables de la rifa. Él se quedó en silencio pensando y luego de un momento me respondió. Fueron seudónimos perfectos ya que los profesores no habían leído aquel libro.

Pink y Tomate —contestó entonces y sonrió.

El precio de la boleta fue de quinientos pesos y el ganador recibiría su premio en el bar de Mario, así asegurábamos que Felipe y yo bebiéramos unas cuantas cervezas a costa del ganador y Mario las ganancias del petaco de cerveza.

La primera rifa fue un éxito ya que nadie ganó y de las quince personas que nos acompañaron a Baltazar, doce nos compraron más cerveza. Aquella noche nos embriagamos y empezamos a llegar más tarde a casa, y aunque no faltaban los regaños, igual nadie nos esperaba.

Así pues, cada quince días rifábamos una canasta de cerveza corriendo con la sombrosa fortuna de que nadie la ganara, motivo para el que se empezara a rumorear que éramos fraudulentos y por el que nuestro negocio cayó en picada.

Prontamente nos vimos de nuevo en el segundo nivel del bar dándole sorbos lentos a una sola cerveza que debía durar toda la tarde, hasta que luego de meditarlo mucho le propuse a Felipe que hiciéramos otra rifa y que en esa ocasión diéramos dos boletas por el precio de una. Aceptó y ocho días después vendimos todas las boletas y como era de esperarse alguien ganó.

Como fue un gran acontecimiento que luego de dos meses de hacer rifas alguien ganara, casi todos los estudiantes de décimo y undécimo concurrieron al bar de Mario para presenciar la entrega del premio. Aquella tarde, Felipe y yo salimos del colegio y fumamos unos cuantos cigarrillos sin filtro en cercanías del bar, hicimos cuentas y comprendimos que no habíamos obtenido ganancias. Luego de unos minutos, con paso cansino, arribamos al bar donde fuimos recibidos con vítores, como dos héroes de guerra. El papá de Mario, como era costumbre, nos ubicó en el segundo nivel y nos encerró, luego hicimos oficial la entrega del premio y por vez primera todos nuestros compañeros compraron más cerveza, ofreciéndonos varias a Felipe y a mí. Éramos más de cincuenta jóvenes bebiendo y bailando apretujados y encerrados en aquel segundo nivel, hasta que de un momento a otro me quedé mirando hacia el patio interior de la casa y sobre la fuente se posó una extraña ave que buscaba agua para abrevar, y a pesar de que la fuente estaba seca, la extraña y pequeña ave insistía, seguía allí, inclinando su cabeza sobre la fuente. De inmediato un presentimiento se abrió en mi pecho como un abismo, así que tomé mi maleta y ante la insistencia de mis compañeros para que me quedara, salí de allí.

Era una noche límpida y bella. Las estrellas resplandecían alrededor de la luna atiborrada de luz. Llegué a casa a eso de las siete de la noche y al timbrar fue mi hermanita quien se asomó por la ventana. Este hecho confirmó mi sospecha ya que ella no vivía conmigo.

¿Qué hace aquí? —le pregunté.
Mi mamá está en el hospital —me dijo.
¿Qué le pasó?
Nada —dijo—, no es ella, es mi tía Chava, se está muriendo.
La miré y tras ella la luna seguía repleta de luz.
Baje por mi maleta —le dije a mi hermanita y salí corriendo.

Mi tía Chava no era propiamente mi tía. Era tía de mi abuela, pero yo vivía con ella desde unos quince años atrás. Hacía siete meses le habían diagnosticado cáncer en el estómago. Sin embargo, aquella mañana antes de salir de casa, la vi en la cocina bebiendo café y hablando con mi abuela. Por eso la noticia fue tan sorpresiva y me obligó a correr hasta la estación de Transmilenio, tomar el primer bus y bajarme en el barrio Teusaquillo, donde se encontraba ubicada la clínica en la que supuse estaba internada.

A las afueras del hospital se encontraba reunida gran parte de mi familia. Me abrí paso entre ellos e ingresé. En el tercer piso se encontraba mi padrino acodado contra la baranda del pasillo. Tenía enjuto el rostro y la mirada vidriosa. No quise preguntarle nada y seguí de largo hasta que entré al cuarto donde encontré a mi tía Chava dormida con expresión de placidez. Me acerqué, acaricié su mano y la besé en la frente. Estuve allí con su mano en la mía hasta que llegó mi padrino y otro hijo de mi tía, acompañados por un médico que me hizo salir del cuarto.

No había alcanzado el primer piso cuando escuché el llanto de mi padrino y de sus hermanos. Así supe que había muerto. No volví el rostro y seguí caminando hasta alcanzar la calle donde mis familiares se abrazaban y lloraban. Tampoco me detuve allí y seguí caminando hacia ningún lugar, pues nadie me esperaba en casa.

Publicado enEdición Nº255
Jueves, 28 Marzo 2019 05:22

Como Freud frente al Moisés

Como Freud frente al Moisés

El autor propone revalorizar el método psicoanalítico de investigación y utilizarlo en obras culturales, costumbres y novedades sociales: así como en un tratamiento, explica, al analista se sumerge en la vida de un paciente y experimenta lo que permanece inconsciente, también es posible sumergirse en una obra y acercarse a sus fuerzas inconscientes.

La herramienta principal con la que contamos los analistas en nuestro trabajo, sea este clínico o de investigación sobre la cultura de nuestro tiempo y del pasado, es el inconsciente. Esto significa también poder utilizar el inconsciente del analista como linterna que alumbra oscuridades


Es el punto de partida necesario en nuestra labor diaria con nuestros pacientes. La comunicación de inconsciente a inconsciente sobrevuela permanentemente la clínica. Lo primero de lo que nos ocupamos apenas recibimos un paciente en tratamiento es de las resonancias que su relato tiene en nosotros. La atención flotante consiste en esto, en la manera propia que el psicoanalista ejerce la empatía con el otro.


Cuando llega un paciente a consulta estamos abiertos a la escucha no sólo de lo que dice y muestra sino de lo que a uno se le presenta como asociaciones que se precipitan desde una percepción inconsciente. Por supuesto esto no es lo que se comunica al paciente. Es necesario que esas asociaciones se pongan a prueba. Lo que significa que sufrirán una

confirmación, transformación o desmentida durante el tratamiento. Si la captación del paciente se hiciese solo mediante nuestra apreciación consciente, cosa que por supuesto no podemos evitar, lo que surgiría es una comprensión de lo que le pasa según nuestro buen entendimiento de la situación que nos relata. Es decir, se trataría de nuestra opinión, por más profesional que nos parezca, del padecimiento ajeno. Cuestión que consiste en última instancia en tomarnos como medida de un pretendido saber sobre la vida. Al contrario, abrir la oreja del inconsciente es asumir un no saber que interroga en nosotros lo dicho por el otro. Poder distinguir luego lo propio de lo ajeno es la tarea más difícil que se nos presenta y que corresponde a la labor que realizamos en torno a la transferencia analítica durante la cura.


Lo que en la historia del psicoanálisis tomó nombre de contratransferencia y que hoy asumimos como motor necesario de una cura, siempre que no se la confunda con una respuesta especular a los sentimientos del paciente, es el modo de facilitar que la transferencia analítica haga del espacio común donde se despliega la neurosis un acontecimiento “entre”, donde el inconsciente del paciente encuentre la manera de devenir entrelazado con el del analista. Cuestión que obliga a éste a no renunciar a la propia y constante interrogación sobre su persona.


Así, la interpretación psicoanalítica que hace oír lo reprimido en el relato de un paciente tiene su origen en ese entrecruzamiento novedoso que es el diálogo analítico, donde no se sabe todo lo que se piensa ni se piensa todo lo que se sabe. Es así que mediante este intercambio inédito se logra hacer luz sobre aquello que se esconde detrás de una memoria selectiva o de un recuerdo encubridor y que constituye la pieza fundamental del rompecabezas individual que no logra armar el paciente.


¿Por qué entonces no utilizar el mismo método para la investigación de obras culturales presentes o antiguas, de creaciones colectivas o individuales, de costumbres y de novedades sociales o de aquello que nos interroga de la subjetividad actual?


Así como en un tratamiento uno se sumerge en la vida de un paciente y experimenta mediante lo que denominé empatía psicoanalítica lo que permanece inconsciente y que envenenó y traumatizó su vida, podemos sumergirnos también en una obra cultural y acercarnos a lo que le dio nacimiento, a las fuerzas inconscientes que siguen actuando en el presente. Ya no como en el caso del paciente para ayudarlo a entender su mal y curarse, sino para aportar al conocimiento aquello que se nos muestra como síntoma cultural, como misterio al que nos hemos acostumbrado tanto que ya no interrogamos.


Hacer de lo que Freud denominó malestar en la cultura materia de investigación psicoanalítica está, a mi entender, en la línea que Ulloa planteó como necesidad de distinguirlo de una cultura del malestar. Significa entrar en diálogo analítico con aquellos acontecimientos culturales de manera que nuestra subjetividad afectada por ellos haga de caja de resonancia. Es decir que lo que en la subjetividad de nuestro tiempo permanece enterrado, oculto a nuestro conocimiento comience a vislumbrarse mediante la exploración analítica. Freud comparaba el trabajo analítico con el del arqueólogo que lee en los restos de piezas halladas los signos que le permiten reconstruir la historia enterrada. Esta tarea se lleva a buen término si ese investigador en su búsqueda no se deja influir solo por lo que sabe sino también por lo que no sabe pero sospecha.


Asumir el desafío y requerimiento que el material cultural hace al analista es similar a lo que le impone la escucha del síntoma de un paciente. Lo lleva a dirigir su atención a los aspectos desconcertantes de éste. Abierto a lo inédito que se desliza en lo dicho y al decir antiguo en lo nuevo.


En este sentido, lo que el psicoanálisis tributa a la investigación es algo distinto a lo conocido como método científico, donde lo que se procura es garantizar la objetividad de lo descubierto. Lo que el método psicoanalítico plantea es una aproximación a la cuestión de manera diferente. La introducción de la dimensión de lo inconsciente en el trabajo investigativo sobre acontecimientos culturales aporta un elemento sustancial que es solidario con la formación de los mismos. El descubrimiento tiene carácter de insight, de iluminación nueva sobre viejas cuestiones. Más que descubrir, de lo que se trata es de producir nuevas interpretaciones que tienen su punto de partida en la recuperación de lo reprimido o de lo excluido de los hechos culturales. Tomarlos como formaciones del inconsciente a la manera del sueño y del chiste, pone a luz una nueva mirada sobre el asunto. Se trata menos de conferenciar sobre ellos que de permitir que lo silenciado en ellos se pueda escuchar.


Esta dirección de la investigación en psicoanálisis se diferencia de las opiniones psicoanalíticas sobre los acaecimientos culturales y sociales que afectan a nuestra subjetividad. No se inspira en importar los conocimientos analíticos para aplicarlos a hechos de la cultura sino en orientar nuestra atención flotante a lo que nos desconcierta y nos inquieta en ellos para seguir la pista de las asociaciones que desencadenan en un primer insight. Punto de partida de nuevas indagaciones sobre el tema. De esta manera, la investigación analítica, sin descuidar lo tratado desde distintos puntos de vista, desde diversas perspectivas teóricas, busca introducir la dimensión inconsciente en los acontecimientos culturales.


Entiendo que aceptar esta dirección en la investigación es aceptar que nuestra subjetividad participa de lo reprimido en lo social y cultural de la misma manera que un síntoma cultural participa de lo reprimido en lo personal. Esta intrincación de lo individual y lo social concede al psicoanalista la oportunidad de trabajar sobre el material sociocultural que se le presenta, de manera similar a como lo hace con un analizante. Su escucha y exploración de los casos, sean éstos obras artísticas, sueños, acontecimientos culturales, ritos neuróticos, delirios o creencias filosóficas comienza por poner entre paréntesis sus opiniones y juicios al respecto permitiendo que estos impacten en su inconsciente. Se trata más que de su saber sobre algo aportar un granito de arena en el entendimiento de una obra humana, esto es, la dimensión inconsciente de la que se sustenta y que le otorga a la misma su complejidad apasionante.


Alguien podrá objetar que, a diferencia de un paciente, una obra de arte no habla, pienso sin embargo que cuando Freud se encuentra frente al Moisés de Miguel Angel, éste le habló con sus gestos. Lo llevó a escribir su famoso texto a partir de las asociaciones que sabemos generó en él, determinadas por su historia y la de su tiempo. A otros antes o después seguramente les hable de otras maneras, llevándolos a confeccionar artículos, dibujar, pintar, componer música o dar conferencias. Entiendo que cuando una obra tiene valor de acontecimiento cultural es porque posee la virtud de generar en el observador un nuevo impulso creador. Establece contacto de inconsciente a inconsciente. Es la fuerza pulsional del creador la que se hace palabra en el sujeto que se conmueve con ella.


Somos al final de cuentas, rastreadores y contadores de historias que fueron enterradas en razón de convicciones nuevas o razonamientos provechosos. Estas historias sacrificadas en función de clisés mentales y rígidas pautas de pensamiento racional están preñadas de verdad inconsciente. Sin ella nuestras producciones culturales serían como pájaros sin alas.
* Psicoanalista.

Publicado enSociedad
Rescatados en el Mediterraneo duermen en el Golfo Azzurro barco de Open Arms. Enero 2017 OLMO CALVO

El Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge una muestra que rinde homenaje a fotoperiodistas españoles que arriesgan su vida en zonas de conflicto.

 

"Somos de alguna forma los alertadores de la sociedad. Queremos abrir la conciencia para señalar lo que está pasando y que hagan algo", explica la reportera Maysun.



Busha Shari, atacada con ácido por su marido. Islamabad. Pakistan 2008 EMILIO MORENATTI

Algunas fotografías consiguen destacar incluso en un mundo dominado por imágenes. Se graban a fuego en nuestra retina como símbolos de hitos, injusticias o, simplemente, de realidades lejanas que no por ello dejan de ser menos reales. Muchas no son cómodas, como la del niño sirio Aylan muerto en la orilla intentando cruzar la franja que separa Turquía de la isla griega de Lesbos. Sin embargo, a veces los puñetazos en forma de instantáneas son necesarios.

Es lo que se puede apreciar en la exposición Creadores de conciencia. 40 fotoperiodistas comprometidos, disponible en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta finales de abril y que posteriormente llegará a otras ciudades como Valencia, Zaragoza o Gijón. La muestra, como su propio nombre indica, rinde homenaje a varios fotoperiodistas españoles destacados por arriesgar su vida en zonas de conflicto, como Manu Brabo, Samuel Aranda, Bernat Armangué o Lurdes Basolí, entre otros.

En total son 120 fotografías que dan a conocer realidades de lugares como Siria, Colombia, Venezuela, Irak o Egipto, pero también de lo que puede llegar a ocurrir en los propios pueblos españoles. Así se comprueba a través de trabajos como el de Clemente Bernad, que capturó la exhumación de 46 víctimas Guerra Civil. En el mapa fotográfico de los problemas sobre los que fijar la mirada también está España.

 

Exhumación de 46 víctimas guerra civil. Fosa Alto de la Venta, Villamayor de los Montes. Burgos 2004 CLEMENTE BERNAD

 

"El fotógrafo que hizo el reportaje cuenta que en las excavaciones descubrieron a una persona con el anillo de boda todavía puesto en la mano. Eso produjo una sensación tremenda, porque permitía conocer perfectamente quién era y si los que estaban allí sus familiares", explica a eldiario.es Chema Conesa, comisario de la exposición. La historia de Bernad, sin embargo, es solo una de las muchas que impactan a través del recorrido por la sala.

Ciertas fotos, además, miran directamente al espectador. Es el caso del desgarrador retrato realizado por Emilio Morenatti a una mujer pakistaní con la cara desfigurada tras sufrir un ataque con ácido de su marido. Otras, en cambio, son más sutiles, pero no por ello menos sorprendentes. Por ejemplo, la instantánea de Olmo Calvo con varios migrantes rescatados en el Mediterráneo a bordo del barco Open Arms. Todos dormidos, con ropa azul y mantas rojas. Y, en el centro, un niño desnudo.

 


Rescatados en el Mediterraneo duermen en el Golfo Azzurro barco de Open Arms. Enero 2017 OLMO CALVO

 

"Somos de alguna forma los alertadores de la sociedad. Queremos abrir la conciencia para señalar lo que está pasando y hagan algo", dice a este periódico la fotoperiodista Maysun, responsable de imágenes para medios como The Guardian, Time Magazine o The Washington Post, entre muchos otros. Quizá una de sus instantáneas más reconocidas sea la tomada en el cementerio de Alepo durante el entierro de una víctima de un bombardeo sirio, la cual fue elegida como portada de The New York Times.

Maysun cuenta cómo los allegados del fallecido querían darle una sepultura digna a pesar de los riesgos que ello conllevaba: la noche ya caía en la ciudad y cualquier luz en medio de la carretera podía convertirse en un ataque aéreo. A pesar de ello, la experta les acompañó e inmortalizó el momento durante la milésima de segundo en la que encendieron una linterna. "Ni lo pensé, enfoqué al infinito y que fuera lo que sea", recuerda. Al final, salió.


Víctima anónima de bombardeo sirio. Cementerio de Alepo, Siria 2012 MAYSUN

 

Pero no todos los retratos de guerra son aceptados de la misma forma. De hecho, La imagen de Aylan también abrió un debate en la prensa: ¿debía publicarse o caía en el morbo? Se trata de una línea complicada y en ocasiones difusa, pero en ese caso parecía estar clara. "Las fotos están ahí para molestar tu conciencia, no son para que te gusten, no las pondrías como decoración en tu salón", apunta Maysun. La especialista señala que "hay que mostrar sangre porque existe y las guerras son sangrientas", pero que "puede resultar impactante sin necesidad de ser grotesca. Para mí esa es la diferencia".

También es habitual que los espectadores se pregunten por el papel del fotógrafo en el momento de la captura, como ocurrió con la famosa imagen tomada por Kevin Carter de un buitre junto a un niño sudanés famélico. Hubo quien entendió aquella captura como una metáfora de lo que por entonces estaba ocurriendo en Sudán: el niño pequeño era la pobreza, el buitre el capitalismo y el reportero, la sociedad del primer mundo que miraba impasible.

No se sabe con exactitud qué parte es mito y cuál es verdad, pero lo cierto es que Carter acabó suicidándose en 1994, dos años después de recibir el premio Pulitzer por aquella foto. Probablemente no fuera el único motivo, ya que tenía antecedentes depresivos y sufrió la pérdida de un compañero. Aun así, como recoge Time, dejó escrito lo siguiente: "Me persiguen los vívidos recuerdos de asesinatos, cadáveres, ira y dolor". Entonces, ¿cuándo deberían intervenir los fotógrafos?

"Creo que la gente también descontextualiza. A mí me preguntan: ‘¿y por qué no le ayudaste?’ No sabes si le ayudé o no, lo que pasa que tú ves solo cuando yo hice la foto y a lo mejor hay veinte personas al lado que le están ayudando. Mi labor no es ayudar, porque ya lo están haciendo. Mi labor es contar lo que está pasando", sostiene Maysun, quien recalca que "evidentemente somos humanos antes que fotógrafos y si esa persona no tuviera a nadie que le ayudase pues tiraríamos la cámara a tomar por saco".
Un trabajo precario y firmado en masculino

El oficio de fotoperiodista de guerra cuenta con riesgos más allá de los evidentes. No solo luchan por entrar en una zona de conflicto y conseguir un buen material, sino también por poder venderlo para poder llegar a final de mes. Sin embargo, la cuenta corriente pocas veces se corresponde con el sacrificio. Es lo que contó a este periódico Catalina Martin – Chico, primera mujer nominada al World Press Photo: "Me encantaría volver a España, pero luego me doy cuenta de que iba a ser aún más difícil vivir de mi trabajo". En la misma línea se sitúa el comisario Chema Conesa, que lamenta cómo a veces con el presupuesto de los medios españoles no se puede pagar "ni la décima parte de un proyecto".


Celebración del día del Orgullo Gay. Madrid 2016 DANIEL OCHOA DE OLZA

 

Pero todavía hay que sumar otro hándicap a la profesión: el del género. Es algo que se puede apreciar en esta misma exposición, donde de los 40 fotógrafos reunidos solo cinco son mujeres. "Parecen pocas, pero ¿cuántas más hay? Esto responde a la realidad de lo que sucedía hace dos años cuando se inició este proyecto", defiende Conesa. Esa realidad a la que alude el comisario, sin embargo, podría tener una explicación. "Esta es una industria muy patriarcal en la que las mujeres tenemos que probar de forma continua que somos igualmente capaces que nuestros compañeros. Y no es solo que no ganemos premios ni que no expongamos lo suficiente, es que no nos dan suficientes encargos", critica Maysun.

Solo basta un vistazo a una página como Women Photograph para comprobar la escasa participación de fotógrafas: en ningún medio de los 8 analizados representan el 50% de la plantilla. Entonces, en lugar de reflejar una realidad desigual, ¿por qué no aprovechar las muestras para mostrar más referentes femeninas? "Te aseguro que si hubiese una mujer de la que hubiera visto un trabajo relevante, sea donde sea, habría estado en esta exposición posiblemente", recalca Conesa.

No coincide demasiado Maysun, que en el momento de la entrevista también estaba exponiendo una muestra colectiva en Zaragoza junto a 52 mujeres aragonesas. "Haberlas las hay, solo es cuestión de que hagamos el ejercicio de cambiar de mentalidad y de que los editores o los comisarios, cuando tienen que hacer su lista de exposiciones, publicaciones o lo que sea, pues se pregunten a quién llaman sin que salgan siempre los mismos nombres de hombres", denuncia la fotoperiodista.


Miguel Alfonzo abatido por banda rival. Parroquia El Valle, Caracas, Venezuela 2008 LURDES BASOLÍ

Noir, niño esclavo. Centro de acogida misioneros salesianos. Kara, Togo 2016 ANA PALACIOS


Coche bomba suicida. Sirte, Libia, 2019 RICARDO GARCÍA VILANOVA

Mujer kurda ante su casa destruida. Kobane, Alepo, Siria 2015 J M LOPEZ

Mujer refugiada y su hijo caen al agua durante desembarco. Lesbos, Grecia 2015 SAMUEL ARANDA

 


Hombre y mujer celebran emocionados el exito de su travesía como refugiados. Lesbos, Grecia 2015 JAVIER BAULUZ.

 

Las llamadas Mulas de Melilla trasladan mercancía. Frontera de Melilla. Marruecos 2015 JOSÉ COLÓN

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Rescatados en el Mediterraneo duermen en el Golfo Azzurro barco de Open Arms. Enero 2017 OLMO CALVO

El Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge una muestra que rinde homenaje a fotoperiodistas españoles que arriesgan su vida en zonas de conflicto.

 

"Somos de alguna forma los alertadores de la sociedad. Queremos abrir la conciencia para señalar lo que está pasando y que hagan algo", explica la reportera Maysun.



Busha Shari, atacada con ácido por su marido. Islamabad. Pakistan 2008 EMILIO MORENATTI

Algunas fotografías consiguen destacar incluso en un mundo dominado por imágenes. Se graban a fuego en nuestra retina como símbolos de hitos, injusticias o, simplemente, de realidades lejanas que no por ello dejan de ser menos reales. Muchas no son cómodas, como la del niño sirio Aylan muerto en la orilla intentando cruzar la franja que separa Turquía de la isla griega de Lesbos. Sin embargo, a veces los puñetazos en forma de instantáneas son necesarios.

Es lo que se puede apreciar en la exposición Creadores de conciencia. 40 fotoperiodistas comprometidos, disponible en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta finales de abril y que posteriormente llegará a otras ciudades como Valencia, Zaragoza o Gijón. La muestra, como su propio nombre indica, rinde homenaje a varios fotoperiodistas españoles destacados por arriesgar su vida en zonas de conflicto, como Manu Brabo, Samuel Aranda, Bernat Armangué o Lurdes Basolí, entre otros.

En total son 120 fotografías que dan a conocer realidades de lugares como Siria, Colombia, Venezuela, Irak o Egipto, pero también de lo que puede llegar a ocurrir en los propios pueblos españoles. Así se comprueba a través de trabajos como el de Clemente Bernad, que capturó la exhumación de 46 víctimas Guerra Civil. En el mapa fotográfico de los problemas sobre los que fijar la mirada también está España.

 

Exhumación de 46 víctimas guerra civil. Fosa Alto de la Venta, Villamayor de los Montes. Burgos 2004 CLEMENTE BERNAD

 

"El fotógrafo que hizo el reportaje cuenta que en las excavaciones descubrieron a una persona con el anillo de boda todavía puesto en la mano. Eso produjo una sensación tremenda, porque permitía conocer perfectamente quién era y si los que estaban allí sus familiares", explica a eldiario.es Chema Conesa, comisario de la exposición. La historia de Bernad, sin embargo, es solo una de las muchas que impactan a través del recorrido por la sala.

Ciertas fotos, además, miran directamente al espectador. Es el caso del desgarrador retrato realizado por Emilio Morenatti a una mujer pakistaní con la cara desfigurada tras sufrir un ataque con ácido de su marido. Otras, en cambio, son más sutiles, pero no por ello menos sorprendentes. Por ejemplo, la instantánea de Olmo Calvo con varios migrantes rescatados en el Mediterráneo a bordo del barco Open Arms. Todos dormidos, con ropa azul y mantas rojas. Y, en el centro, un niño desnudo.

 


Rescatados en el Mediterraneo duermen en el Golfo Azzurro barco de Open Arms. Enero 2017 OLMO CALVO

 

"Somos de alguna forma los alertadores de la sociedad. Queremos abrir la conciencia para señalar lo que está pasando y hagan algo", dice a este periódico la fotoperiodista Maysun, responsable de imágenes para medios como The Guardian, Time Magazine o The Washington Post, entre muchos otros. Quizá una de sus instantáneas más reconocidas sea la tomada en el cementerio de Alepo durante el entierro de una víctima de un bombardeo sirio, la cual fue elegida como portada de The New York Times.

Maysun cuenta cómo los allegados del fallecido querían darle una sepultura digna a pesar de los riesgos que ello conllevaba: la noche ya caía en la ciudad y cualquier luz en medio de la carretera podía convertirse en un ataque aéreo. A pesar de ello, la experta les acompañó e inmortalizó el momento durante la milésima de segundo en la que encendieron una linterna. "Ni lo pensé, enfoqué al infinito y que fuera lo que sea", recuerda. Al final, salió.


Víctima anónima de bombardeo sirio. Cementerio de Alepo, Siria 2012 MAYSUN

 

Pero no todos los retratos de guerra son aceptados de la misma forma. De hecho, La imagen de Aylan también abrió un debate en la prensa: ¿debía publicarse o caía en el morbo? Se trata de una línea complicada y en ocasiones difusa, pero en ese caso parecía estar clara. "Las fotos están ahí para molestar tu conciencia, no son para que te gusten, no las pondrías como decoración en tu salón", apunta Maysun. La especialista señala que "hay que mostrar sangre porque existe y las guerras son sangrientas", pero que "puede resultar impactante sin necesidad de ser grotesca. Para mí esa es la diferencia".

También es habitual que los espectadores se pregunten por el papel del fotógrafo en el momento de la captura, como ocurrió con la famosa imagen tomada por Kevin Carter de un buitre junto a un niño sudanés famélico. Hubo quien entendió aquella captura como una metáfora de lo que por entonces estaba ocurriendo en Sudán: el niño pequeño era la pobreza, el buitre el capitalismo y el reportero, la sociedad del primer mundo que miraba impasible.

No se sabe con exactitud qué parte es mito y cuál es verdad, pero lo cierto es que Carter acabó suicidándose en 1994, dos años después de recibir el premio Pulitzer por aquella foto. Probablemente no fuera el único motivo, ya que tenía antecedentes depresivos y sufrió la pérdida de un compañero. Aun así, como recoge Time, dejó escrito lo siguiente: "Me persiguen los vívidos recuerdos de asesinatos, cadáveres, ira y dolor". Entonces, ¿cuándo deberían intervenir los fotógrafos?

"Creo que la gente también descontextualiza. A mí me preguntan: ‘¿y por qué no le ayudaste?’ No sabes si le ayudé o no, lo que pasa que tú ves solo cuando yo hice la foto y a lo mejor hay veinte personas al lado que le están ayudando. Mi labor no es ayudar, porque ya lo están haciendo. Mi labor es contar lo que está pasando", sostiene Maysun, quien recalca que "evidentemente somos humanos antes que fotógrafos y si esa persona no tuviera a nadie que le ayudase pues tiraríamos la cámara a tomar por saco".
Un trabajo precario y firmado en masculino

El oficio de fotoperiodista de guerra cuenta con riesgos más allá de los evidentes. No solo luchan por entrar en una zona de conflicto y conseguir un buen material, sino también por poder venderlo para poder llegar a final de mes. Sin embargo, la cuenta corriente pocas veces se corresponde con el sacrificio. Es lo que contó a este periódico Catalina Martin – Chico, primera mujer nominada al World Press Photo: "Me encantaría volver a España, pero luego me doy cuenta de que iba a ser aún más difícil vivir de mi trabajo". En la misma línea se sitúa el comisario Chema Conesa, que lamenta cómo a veces con el presupuesto de los medios españoles no se puede pagar "ni la décima parte de un proyecto".


Celebración del día del Orgullo Gay. Madrid 2016 DANIEL OCHOA DE OLZA

 

Pero todavía hay que sumar otro hándicap a la profesión: el del género. Es algo que se puede apreciar en esta misma exposición, donde de los 40 fotógrafos reunidos solo cinco son mujeres. "Parecen pocas, pero ¿cuántas más hay? Esto responde a la realidad de lo que sucedía hace dos años cuando se inició este proyecto", defiende Conesa. Esa realidad a la que alude el comisario, sin embargo, podría tener una explicación. "Esta es una industria muy patriarcal en la que las mujeres tenemos que probar de forma continua que somos igualmente capaces que nuestros compañeros. Y no es solo que no ganemos premios ni que no expongamos lo suficiente, es que no nos dan suficientes encargos", critica Maysun.

Solo basta un vistazo a una página como Women Photograph para comprobar la escasa participación de fotógrafas: en ningún medio de los 8 analizados representan el 50% de la plantilla. Entonces, en lugar de reflejar una realidad desigual, ¿por qué no aprovechar las muestras para mostrar más referentes femeninas? "Te aseguro que si hubiese una mujer de la que hubiera visto un trabajo relevante, sea donde sea, habría estado en esta exposición posiblemente", recalca Conesa.

No coincide demasiado Maysun, que en el momento de la entrevista también estaba exponiendo una muestra colectiva en Zaragoza junto a 52 mujeres aragonesas. "Haberlas las hay, solo es cuestión de que hagamos el ejercicio de cambiar de mentalidad y de que los editores o los comisarios, cuando tienen que hacer su lista de exposiciones, publicaciones o lo que sea, pues se pregunten a quién llaman sin que salgan siempre los mismos nombres de hombres", denuncia la fotoperiodista.


Miguel Alfonzo abatido por banda rival. Parroquia El Valle, Caracas, Venezuela 2008 LURDES BASOLÍ

Noir, niño esclavo. Centro de acogida misioneros salesianos. Kara, Togo 2016 ANA PALACIOS


Coche bomba suicida. Sirte, Libia, 2019 RICARDO GARCÍA VILANOVA

Mujer kurda ante su casa destruida. Kobane, Alepo, Siria 2015 J M LOPEZ

Mujer refugiada y su hijo caen al agua durante desembarco. Lesbos, Grecia 2015 SAMUEL ARANDA

 


Hombre y mujer celebran emocionados el exito de su travesía como refugiados. Lesbos, Grecia 2015 JAVIER BAULUZ.

 

Las llamadas Mulas de Melilla trasladan mercancía. Frontera de Melilla. Marruecos 2015 JOSÉ COLÓN

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Lunes, 25 Febrero 2019 08:30

¿Habitamos o destruimos el mundo?

Los udeges han vivido en la jungla boreal durante siglos. La cultura de los cazadores en la región rusa del Lejano Oriente está llena de creencias animalistas y chamánicas. Los lugareños creen que si alguien ataca al tigre siberiano sin motivos, este se vengará y lo matará. Las fotografías de Álvaro Laiz de este rincón del planeta son espeluznantes, fabulosas y sorprendentes. Todo a la vez.

¿Quiénes somos los habitantes del mundo? ¿Lo ocupamos o lo destruimos? ¿Dónde están las grandes aglomeraciones? ¿Por qué vivimos aislados o amontonados? 

 

PONTE CITY: EL RASCACIELOS DE LAS PROFECÍAS DE JOHANNESBURGO

Pasó de ser un símbolo del lujo para blancos a un templo de la degeneración. Conocido como la Torre Oscura, en Ponte City (Johannesburgo, Sudáfrica) viven alrededor de 2.300 personas, la mayoría inmigrantes. El edificio residencial más alto de África trata de superar su pasado violento mientras sigue anunciando el futuro: en este caso, en forma de gentrificación. 

Texto: Alba Muñoz / Fotografía: Guillem Sartorio

 

PARTERAS

En zonas rurales que dominaban las FARC, la partería es una tradición ancestral que lucha por sobrevivir al olvido. Su reconocimiento como patrimonio cultural de Colombia ayuda a conseguirlo, pero el principal reto recae sobre estas mujeres que heredan y transmiten el poder de sus manos. Marta Arias y Anna Surinyach, que llevan años documentando la partería en varias partes del mundo, explican cómo se da a luz en algunos de los rincones más olvidados de Colombia.

Texto: Marta Arias  / Fotografía: Anna Surinyach

 

REFUGIOS EUROPEOS

Millones de sirios han huido de la guerra. Algunos —una minoría— han encontrado refugio en Europa. Este ensayo fotográfico presenta tres historias de mujeres y hombres que han llegado a Suecia, Alemania y Dinamarca, pero que no saben si se podrán adaptar a su nuevo hogar. Su memoria está llena de dolor. Su futuro, de esperanza.

Fotografía: Carole Alfarah

 

VERTEDEROS, MONTAÑAS Y PÁJAROS

Los pájaros anuncian que estamos cerca. Son cientos, miles, volando en un cielo opaco. Debajo, entre la neblina, los atrae como un imán la montaña. Es una gigantesca elevación marrón sin árboles, sin hierba, sin flores: repleta de plásticos desgarrados, pedazos de metal, cristales, desechos orgánicos y un hedor que lo invade todo. Este es uno de los mayores vertederos de la India, y no para de crecer. ¿Se puede vivir rodeado de basura?

Texto: Maribel Izcue / Fotografía: Santi Palacios

 

LA LUCHA POR EL ESPACIO EN BANGLADESH

El país más densamente poblado del mundo, ciudades-Estado aparte, es Bangladesh. Pocos periodistas conocen el país como Igor G. Barbero, que explica dónde se hallan las grandes aglomeraciones y reflexiona sobre las consecuencias del cambio climático en este rincón olvidado del planeta.

Texto: Igor G. Barbero / Fotografía: KM Asad

 

SOLO LOS MUERTOS REGRESAN A YARMUK

Yarmuk, en las afueras de Damasco, es un símbolo de la guerra siria. El régimen de Bashar al Asad lo bombardeó sin piedad y los grupos de la oposición armada aguantaron hasta el final. Ahora que las armas han callado, Yarmuk es puro talco. ¿Será algún día posible que una de las heridas más profundas de Siria vuelva a ser habitada?

Texto: Mikel Ayestaran / Fotografía: Guillem Trius

 

NÓMADAS DEL NILO

No duermen en tierra firme. Nacieron, viven y trabajan en una barca en el Nilo. Son cientos de familias que, desde hace cuatro generaciones, a la sombra de los puentes de la capital egipcia, han construido su vida en torno al río. Una vida que discurre al ritmo que marca la corriente. 

Texto: Nuria Tesón / Fotografía: Roger Anis

 

EL CAZADOR RUSO

Los udeges han vivido en la jungla boreal durante siglos. La cultura de los cazadores en la región rusa del Lejano Oriente está llena de creencias animalistas y chamánicas. Los lugareños creen que si alguien ataca al tigre siberiano sin motivos, este se vengará y lo matará. Las fotografías de Álvaro Laiz de este rincón del planeta son espeluznantes, fabulosas y sorprendentes. Todo a la vez.

Fotografía: Álvaro Laiz.

 

 

PERSONAS BLANCAS EN EL AGUJERO

En 1915 corrió la voz. Cientos de personas marcharon hasta el corazón del desierto de Australia y excavaron sus viviendas con pico y pala. Así fundaron el pueblo subterráneo de Coober Pedy. Bajamos al laberinto con Vash Farid, uno de los mineros que siguen extrayendo ópalo, la piedra preciosa con la que empezó todo.

Texto: Ander Izagirre / Fotografía: Tamara Merino

 

MENINO DAS SOMBRAS

Las guerras de Mozambique dejaron un país en la miseria y lleno de familias rotas. La herida de aquellos días sigue abierta: actualmente hay 1,8 millones de huérfanos. José Albino, de quince años, lleva cuatro viviendo en las calles de Beira, la segunda ciudad de Mozambique. Y tiene un sueño: ser piloto.

Texto: Xavier Aldekoa / Fotografía: Alfons Rodríguez

 

LOS DESAHUCIOS EN ESPAÑA

Están asociados a los años más duros de la crisis económica, pero los desahucios —y la voracidad de los bancos— no han desaparecido. Desde 2011 ha habido cientos de miles de ejecuciones hipotecarias, siniestro término que define la resaca de la España que se zambulló en la burbuja inmobiliaria. La luz la puso la lucha contra los desahucios, uno de los movimientos sociales más importantes de la última década en España. Olmo Calvo descubre todos esos aspectos en un ensayo fotográfico.

Fotografía: Olmo Calvo

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En la imagen, una escena de la película 'Pajaros de verano'.

Ciro Guerra y Cristina Gallego cuentan la verdadera historia del narcotráfico en Colombia en ‘Pájaros de verano’, historia trágica de la irrupción salvaje del capitalismo en la comunidad indígena wayuu y de la fractura de la identidad colombiana provocada por EE.UU.

“Esta es una historia dolorosa, muy dura, pero así somos nosotros”. Hastiados, irritados y ofendidos por la imagen que el cine norteamericano ha creado del pueblo colombiano, Ciro Guerra y Cristina Gallego decidieron contar la verdad sobre “el origen del narcotráfico en el mundo, la historia original, el inicio de todo”. Lo han hecho en Pájaros de verano, una espléndida película, de fascinante belleza visual y una de las mejores de 2018.

Esta no es otra película de narcos. Es cine de género, sí, pero y es una tragedia clásica, es una reflexión sobre la fractura de la identidad colombiana provocada por EE.UU., un valioso relato sobre la irrupción salvaje del capitalismo en una sociedad de tradiciones milenarias, el retrato de una familia “que metafóricamente es como una nación” y el descubrimiento de la cultura wayuu, un mundo matrilineal, de sueños, muertos y espíritus “de donde bebe buena parte de García Márquez”.

Estrenada en la Quincena de Realizadores de Cannes y presente en la sección Perlas de San Sebastián y en Toronto, Pájaros de verano se alzó con el premio a la Mejor Película en La Habana y en los Premios Fénix. Ambientada en los 70, cuenta cómo la afición de la cultura hippie americana a la marihuana convirtió a los agricultores del pueblo indígena wayuu en empresarios. El liderazgo, la codicia, el poder transformó una vida pacífica en una guerra fratricida, en la que “Colombia se ha llevado toda la sangre y los muertos”. Los directores explican en esta entrevista con Público todas las claves de su película.

 

Ciro Guerra y Cristina Gallego,sentados, en el rodaje.

Ciro Guerra y Cristina Gallego,sentados, en el rodaje.
 


Los wayuu cultivaban café y lo cambiaron por el cultivo de marihuana en los años 70. ¿Ahí nace todo?

Sí. Ese es el origen del narcotráfico en el mundo, la historia original, el inicio de todo. Es una especie de leyenda, una historia mítica en el Caribe colombiano, nunca representada por el cine. Primero fue el cultivo de café, luego el tráfico de marihuana y luego el de cocaína. Los wayuu viven en una región muy apartada, son una sociedad tradicional. Y por ahí fue por donde empezó la transformación social del pueblo colombiano. Llegó el capitalismo y la modernidad de una forma despiadada y violenta.


Esta historia del narcotráfico tiene poco que ver con la que se cuenta desde EE.UU.

Cuando pensamos en hacer una nueva película, nos preguntamos qué historia podíamos contar y qué podíamos traer nuevo al cine. Las aventuras de los exploradores siempre se han contado desde otras cinematografías, ahora íbamos a contarla desde la colombiana, no desde la gringa. La imagen que ha dado el cine de los colombianos no es una visión nada cómoda, no hemos sido retratados con justicia. En realidad la historia del narcotráfico es la historia trágica de una nación, de cómo irrumpe el capitalismo, y ahora ya es la historia de Latinoamérica.


¿El mundo de la droga desde perspectivas opuestas?

Sí. Hay una doble moral sobre el tema de las drogas. En EE.UU. se permite para usos médicos, pero en Latinoamérica ha sido una tragedia. Y Colombia se ha llevado toda la sangre y los muertos. En Colombia había un tabú respecto a hablar del narco como colombiano. Estamos cansados de películas colombianas de narcos, cuando todo se ha provocado desde EE.UU.


¿Qué piensan de la glorificación de los mafiosos que ha hecho el cine?

La glorificación de los mafiosos y de los asesinos. El retrato que han hecho los gringos de nosotros es como si la guerra la contaran los nazis. ¡Hoy hay jóvenes que son fans de Pablo Escobar! Y en realidad esta es la historia de la destrucción de las bases de una sociedad, de la imposibilidad de asumir la modernidad de forma normal.


¿Se puede ver entonces a la familia de esta historia como una alegoría de Colombia?

Sí, es una familia que metafóricamente es como una nación. En esa familia hay unos códigos, pero nosotros no queríamos hablar de buenos y malos, ni siquiera queríamos hablar de narcotráfico, sino del momento en que se quiebra todo en una familia. Es el momento en que se manejan las relaciones de poder en una familia. Ahí está el punto en el que la película logra conectarse con los espectadores.


¿Se plantearon la película desde el género?

Claro. Investigando, escuchamos muchas historias que sonaban a western y a gangsters, pero la lucha entre clanes nos recordaba también a la tragedia griega.


¿Pretendían, de algún modo, reivindicar la cultural del pueblo indígena wayuu?

Era esencial. En la cultura wayuu, las mujeres son las que guían el comercio, la política y las relaciones con el mundo de los sueños y de los muertos. El mundo wayuu es de donde bebe buena parte de García Márquez. Los géneros de la literatura y el cine son tradicionalmente machistas, por eso una mujer fuerte como la de nuestra película renueva el género. La sociedad wayuu vive en el desierto, es la población indígena colombiana más grande. Está en la frontera con Venezuela y tiene 400.000 habitantes aproximadamente. Es muy rica. Tiene la mina a cielo abierto de carbón más grande del mundo. Sin embargo, es el departamento que tiene más corrupción y más muertes por desnutrición infantil en Colombia.


¿Ahora están alejados del narcotráfico?

Sí. Cuando California empezó a producir marihuana, todo desapareció. Los wayuus prefirieron combatir a los narcos, enfrentarse a ellos, que seguir con la guerra entre ellos, no quisieron más de eso después de lo que pasó. Pero ahí quedó la corrupción y la lucha entre clanes.


¿Quieren decir que la llegada del capitalismo y la codicia les han colonizado?

Así es. Esta historia es la historia de la colonización, la misma que la de gran parte del mundo que no es europeo. La historia del mestizaje de Latinoamérica. Después de 1800, toda la política y economía se asentaron sobre las bases de la colonización. Pero esa es una visión incómoda de muchos aspectos históricos.
En la imagen, una escena de la película 'Pajaros de verano'.

 

 

En la imagen, una escena de la película 'Pajaros de verano'.

En la imagen, una escena de la película 'Pajaros de verano'.

 


¿También una visión incómoda del narcotráfico?

El narcotráfico es ahora un problema mundial. Es la base para la economía subterránea, donde la ley muere y se negocia con las armas, la gente, los órganos... Solo se benefician los bancos y los estados. Nosotros fuimos el chivo expiatorio. Ahora estamos viviendo una crisis de opiáceos gigante, en la que hay varios países exportadores.


Volviendo a los wayuus, ¿cómo han recibido ellos la película?

La película se ha hecho con la comunidad wayuu. De ella es parte del equipo técnico y del elenco. Está representada de manera muy cercana, han formado parte del proceso de guion. Ellos están orgullosos de la manera en que aparecen representados en la película. Ahora se pueden ver su idioma, sus mitos y tradiciones representadas. Y hay un nivel de la película que solo pueden ver ellos. Eso es muy emocionante.


¿Cómo es posible que se sepa tan poco de ellos?

En realidad, no sabemos nada de ellos tampoco en Colombia. Siempre ha habido miedo a mostrarles, ahora también, porque la película tampoco les saca muy bien parados. Ellos dicen que esta es una “historia dolorosa, muy dura, pero así somos”. Creemos que Pájaros de verano añade dignidad a sus comunidades. Hasta hora el estado colombiano es súper paternalista con ellos y eso les quita la dignidad.

 

Trailer de Pájaros de verano

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“Nadie debería dar por sentada la sexualidad”

En lo que va del siglo, de todos los nominados al Oscar por personajes gay ninguno tenía esa elección sexual. La discusión abunda en matices, pero hay una coincidencia general en que Hollywood debería empezar a prestar más atención a las minorías.

 

Desde el comienzo del nuevo siglo, no menos de 25 actores y actrices han sido nominados al Oscar por interpretar roles Lgbtt. Entre ellos, Jake Gyllenhaal y Heath Ledger por su romance entre cowboys de Secreto en la montaña (2005); Charlize Theron por Monster (2003), la biopic de Aileen Wurnos; Sean Penn por el drama político Milk (2008); Benedict Cumberbatch como el programador de computadoras Alan Turing en El código enigma (2014), y Timothée Chalamet por Llámame por tu nombre, el drama dirigido por Luca Guadagnino en 2017. De esos 25 intérpretes, ni uno solo era gay.

En los últimos tiempos, el debate sobre si eso importa o no viene ganando presión en los medios. Cuando Jack Whitehall fue elegido para el elenco de Jungle Cruise, la primera película de la productora Disney con un personaje “abiertamente gay”, en las noticias y análisis pudo leerse una celebración y una crítica a partes iguales. Mientras tanto, actrices como Rachel Weisz –quien el año pasado interpretó dos papeles queer de manera excelente, en Disobedience y La favorita– están afrontando un escrutinio mucho mayor al que hubieran soportado una década atrás. De todas maneras, es un debate que no tiene una respuesta clara. Darren Criss, quien ganó hace pocos días el Globo de Oro por su personaje de Andrew Cunanan en The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story, recientemente prometió no aceptar más roles de ese tenor en el futuro, por miedo a ser “otro pibe hetero tomando el personaje de un hombre gay”. Pero Ben Whishaw no está de acuerdo con esa visión. “Realmente creo que los actores pueden encarnar y retratar cualquier cosa”, dijo el actor británico, que es gay. “No deberíamos estar definidos por lo que somos”.


Es un argumento que a través del tiempo ha sido utilizado una y otra vez. “Yo considero que mi tarea no es contar la historia que viví”, le dijo Weisz hace poco a Gay Star News. “Cuando interpreto a Blanche DuBois en el teatro no soy una alcohólica. ¡Y no estoy interesada en acostarme con pibes adolescentes! Para mí, el arte de la narración consiste en convertirme en una persona que no soy.” Cate Blanchett, que interpretó a la protagonista en Carol, la hermosa película de Todd Haynes que sitúa en los años cincuenta un romance lésbico, coincide con ese punto de vista. “Pelearé hasta la muerte por el derecho a suspender la incredulidad e interpretar personajes más allá de mi experiencia”, señaló.


De todos modos esa perspectiva, a pesar de ser válida, pierde de vista algunos matices. Por un lado, ser queer implica una identidad de una manera que difícilmente sea aplicable a ser alcohólico o gustar de acostarse con adolescentes. No se trata de una experiencia que alguien puede haber tenido o no, sino una faceta esencial de la identidad; no hay ningún esfuerzo de investigación que pueda verdaderamente encapsular eso. A veces se espera que la creación de un personaje gay espeje de algún modo la experiencia de quien lo interprete. Hace poco, en declaraciones a la revista Vice, Peppermint –la primera mujer trans que se encargó de un personaje principal en un musical de Broadway, Head Over Heels– señaló que “realmente pienso que, idealmente, cualquiera debería poder interpretar el personaje perfecto para sí. Pero en este momento, las personas gay, trans y queer necesitan participar a la hora de contar sus propias historias. Hollywood tiene un terrible historial en eso de crear películas y hacer dinero explotando las experiencias de gente marginalizada, sin siquiera dejarlos tener alguna influencia en el proceso creativo. La mayor parte del tiempo, Hollywood produce estas historias sobre personas de las minorías queer y trans y lo hace mal: hay material ofensivo, historias trágicas, personajes unidimensionales y estereotipados, con muy poca profundidad”.


Lo que es peor, los intérpretes abiertamente Lgbtt no siempre tienen las mismas oportunidades que sus pares heterosexuales. Cuando la semana pasada Emma Stone gritó “¡Lo siento!” en los Globos de Oro, por interpretar a un personaje en parte asiático en Aloha (2015), no se trataba solo de un reconocimiento de que se había metido en una identidad que no tenía –y que nunca tendrá– nada que ver con ella, sino también de que había tomado una oportunidad que podría haber aprovechado alguien más adecuado. Alguien que, a causa de su identidad, muy difícilmente podría asumir alguno de los muchos otros roles que están al alcance de Stone. Muchos actores y actrices Lgbtt enfrentan el mismo prejuicio que limita sus posibilidades, son ignorados para roles queer y señalados como inadecuados para los personajes hetero. “Honestamente, no le recomendaría a ningún actor que salga del armario, si realmente se preocupa por su carrera”, dijo Rupert Everett, quien está seguro de que sus oportunidades de trabajo se marchitaron luego de que declarara públicamente su identidad gay, en 2009.


Un estudio reciente descubrió que más de la mitad de intérpretes Lgbtt han escuchado comentarios anti gay en el set de filmación, mientras que casi la mitad de los gay y lesbianas entrevistadas creen que los productores y ejecutivos de los estudios cinematográficos los consideran más difíciles de “vender”. También les cuesta conseguir agente que los represente. En otra entrevista de Vice, el actor Giovanni Bienne –representante del Comité de Igualdad Lgbtt– recordó haber ido a castings de personajes hetero y que le recomendaran “mantenerlo” durante la charla posterior. “Sean Penn no hizo audiciones para Milk”, señaló Bienne, “pero si lo hubiera hecho, después de impactar al equipo de casting nadie le hubiera dicho que se ‘mantuviera gay’ luego de la prueba”.


Pero la idea de que los actores y actrices queer deberían quedarse bien guardados en el armario es por lo menos problemática. “Seas hetero o gay, la gente no debería saber nada de tu sexualidad”, dijo 2015 Matt Damon, quien está casado con una mujer. Es claro que hay un doble estándar. Cuando Ellen Page firmó contrato para interpretar a Stacie Andree –una mujer gay que pelea por el derecho a recibir la pensión de su pareja moribunda– en Freeheld (2015), estaba, en sus propias palabras, “muy, muy dentro del armario”. Pero a medida que se acercaba el momento de la filmación, se dijo a sí misma: “No hay manera de que no seas una persona gay activa si hacés esta película”. Así, en 2014 aprovechó un discurso una campaña por los Derechos Humanos para declararse públicamente gay. “Se trata de salir a la luz, interpretar a un personaje gay, e interpretar a un personaje que me resulta tan inspirador”, le dijo Page a la revista Time. “Fue una experiencia asombrosa”. Desde entonces ha interpretado personajes hetero en películas como Tallulah (2016), pero también abrazó su rol como alguien capaz de abrir caminos en una industria que aún tiene poca representación para voces como la de ella. “Honestamente, si tuviera que tomar personajes gay por el resto de mi carrera, estaría encantada”, dijo.


En todo el debate, ¿dónde encaja la cuestión de la fluidez sexual? ¿Y qué pasa con los actores y actrices que aún no están listos para discutir su propia identidad? En una entrevista del año pasado sobre The Miseducation of Cameron Post, un drama psicológico sobre la conversión gay, la actriz Chloe Grace Moretz se mostró disconforme cuando se le mencionó un artículo en la que se la citaba como alguien hetero interpretando un rol gay. “Bueno, creo que lo importante es no dar por sentada la sexualidad de nadie”, dijo. “Quiero decir, no asumas nada”. Pocos meses después fue fotografiada besándose con la modelo Kate Harrison en las calles de Malibú. Para Desiree Akhavan, quien dirigió a Moretz en Cameron Post y protagoniza la brillante serie The Bisexual (ver aparte), lo más importante es que “hay una mano queer en el volante”. “Si seleccionan a alguien hetero y tienen un montón de gente queer en el equipo y le da dignidad al personaje, creo que está bien”, dijo.


No hay una solución fácil ni recetas mágicas para la cuestión. Lo que queda abundantemente claro es que las voces queer necesitan ser escuchadas. Y no solo cuando hablan a través de la boca del mundo hetero.

Por Alexandra Pollard
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.

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"El arte de Banksy, Kapoor o Hirst no se opone a los inquietantes progresos de la extrema derecha, al contrario”

La crítica literaria publica un manifiesto titulado Lo que no tiene precio, en el que reflexiona sobre el "realismo globalista" y retrata la "colisión que se produce desde hace años entre el mundo de las finanzas y el arte contemporáneo"


Le Brun ve en estos autores admirados por las multitudes "la base inconsciente de la nueva servidumbre exigida por el capital"

Ocurrió el pasado 6 de octubre. La pieza Niña con globo, de Banksy, se autodestruyó al pasar por una trituradora poco después de haber sido vendida en una subasta en Sotheby's por un millón de libras (más de un millón de euros). Al día siguiente, el artista subió la imagen de la destrucción a Instagram con el texto "se va, se va, se fue" al que sumó una cita de Picasso: "El impulso de destruir también es un impulso creativo". Obtuvo millones de 'me gustas'.


¿Fue una broma? Seguro que no demasiado para el comprador de la obra. ¿Fue arte? Los días siguientes hubo artículos que discutieron aquel acto de Banksy,artista que no se sabe ni quién es ni cómo es, pero que tiene millones de adeptos por todo el mundo. Una exposición ahora en Madrid se hace la misma pregunta:¿Es un genio o un vándalo?


Para la escritora y crítica literaria Annie Le Brun (Rennes, 1942), experta en Sade e inmersa en los últimos años del movimiento surrealista de André Breton, la respuesta es evidente: tiene que ver con una dimensión política de la mercantilización capitalista del arte.


Le Brun acaba de publicar en español el manifiesto Lo que no tiene precio(Cabaret Voltaire) en el que expresa su teoría del realismo globalista, movimiento en el que ubica a creadores como Damien Hirst, Anish Kapoor y el propio Banksy. Como señala en una conversación con eldiario.es, estos artistas son muestra de "la colisión que se produce desde hace veinte años entre el mundo de las finanzas y el arte contemporáneo. Un síntoma particularmente esclarecedor, porque nos hace asistir a la transmutación del arte en dinero y del dinero en arte".


La pensadora teje una comparativa con la presencia de las mismas tiendas y marcas en todas las ciudades del mundo con la de estos artistas, también presentes en los museos de todas las capitales occidentales. "Me parece difícil no ver en ello el arte oficial del neoliberalismo cuya intención no es otra que la de hacer que aceptemos la brutalidad de este mundo así como su deshumanización", sostiene.


La etiqueta de 'realismo globalista' parte de un juego de palabras con el 'realismo socialista' de la Unión Soviética. "En este la intención era imponer la ideología comunista a través de las imágenes de una realidad edificante", manifiesta Le Brun, que, sin embargo, en el arte actual de los Hirst y compañía lo que observa es "una ideología que impone dispositivos e instalaciones, jugando con las sensaciones fuertes a través del gigantismo de obras que actúan a la manera de los efectos especiales. Ello conlleva la suspensión del juicio crítico. Su función es convencer de que no hay manera de salir de ese mundo".


Saatchi, Thatcher y la extrema derecha


En este sentido, Le Brun, que siempre se ha distinguido por ser una crítica incómoda –en los setenta tuvo varios desencuentros con neofeministas al criticar "el jesuitismo de Marguerite Duras" y "el feminismo encorsetado y mojigato de estas militantes", como escribió en el libro Lachez tout- recuerda la historia de Charles Saatchi y Margaret Thatcher.
Saatchi, antes de convertirse en el publicista universal que después fue, era su director de campaña. Él creó el eslogan "There's no alternative" (no hay alternativa). "Y poco después se convirtió en uno de los mayores promotores y coleccionistas de arte contemporáneo. Como si ese arte contemporáneo constituyera la mejor escuela de adiestramiento, susceptible de reconfigurar nuestra sensibilidad para obligarnos a aceptar lo que hay", afirma Le Brun.


Este pensamiento entronca con la última broma de Banksy: "Constituye la mayor victoria del capital de estas últimas décadas. Porque se trata de una destrucción que, en lugar de acabar con el valor de la obra, lo multiplica de forma vergonzosa", sostiene la escritora a la que ha molestado particularmente que hubiera poca indignación ante esta extravagancia. "Es una prueba más de que la domesticación mediante un cinismo compartido se ha convertido en una de las armas más seguras del neoliberalismo para instaurar su orden, excluyendo a todos aquellos que pudieran oponerse a él", asegura.


Para ella, la peor consecuencia de este cinismo ante las obras gigantes de Kapoor o Hirst y la autodestrucción de la obra de Banksy es política. No sólo tiene que ver con el gusto ni es algo baladí sino que detrás subyace una intención. "Como en toda empresa totalitaria, se trata de acabar con la escala individual y por supuesto con todo lo que dependa intelectual y psíquicamente de ella. Es un arte contemporáneo que no se opone a los inquietantes progresos de la extrema derecha, antes al contrario", manifiesta. Le Brun analiza que es ese gigantismo de las obras y el hecho de que las admiren multitudes–todo son siempre grandes números- "la base inconsciente de la nueva servidumbre exigida por el capital".
La búsqueda de la belleza


Le Brun ahonda más allá y también habla en su manifiesto del engaño al que la sociedad está siendo sometida mediante cierta estetización del mundo que no es tal. Un engaño del que, para ella, es responsable la industria de la moda que lo que está provocando, más que un embellecimiento del mundo, es todo lo contrario. Es ahí, además, donde introduce la desaparición de las ideas de Sade sobre el cuerpo y el triunfo del neopuritanismo actual que acaba con cualquier singularidad. En términos más prosaicos: lo que hoy nos venden como belleza es algo uniforme y paradójicamente feo.


"El neopuritanismo participa de esa cosmetización del mundo que multiplica el afeamiento porque, de los labios botoxados a la industria del turismo, del body bouilding a la agricultura bio… todo se reduce a mercados de reparación", manifiesta. Y alerta de que "el cuerpo es la víctima principal. Pues si es remodelado, formateado, aseptizado, como ya lo fue en ciertas épocas, para simbolizar la belleza anodina y superficial de un mundo sin negatividad, se ha convertido al mismo tiempo en rehén absoluto de esa mercantilización". Esta es la clave para que las multinacionales de la moda "neutralicen cualquier signo de rebelión", añade.


¿Qué hacer entonces? ¿Cómo escapar de la servidumbre de este arte y estas formas de la moda? Le Brun se queja de la irresponsabilidad de intelectuales, artistas y agentes culturales por seguir contribuyendo a la exaltación del realismo globalista. Ante ello, conmina: "Nos queda el lujo de rechazar la fealdad de la conformidad que se nos impone. A menudo basta con un pequeño desvío, con pararnos un momento, para evitar las trampas de la percepción cautiva que quieren imponernos". En definitiva, buscar lo que no tiene precio.

30/12/2018 - 20:43h

 

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Jueves, 27 Diciembre 2018 15:11

Las 30 mejores imágenes del año 2018

MAHMUD HAMS AFP

1. Un miembro de la defensa civil de Siria lleva en brazos a un niño herido tras un ataque aéreo del régimen de Al Asad sobre la ciudad de Hamoria, al este de Guta, el 6 de enero de 2018. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, una ONG con sede en Londres que monitoriza el conflicto de aquel país, los ataques aéreos y el fuego de artillería del Ejército sirio dejaron un saldo de 24 personas fallecidas, incluidos 10 menores. Desde que se desataron las hostilidades en 2011, la guerra siria se ha cobrado la vida de más de 500.000 personas

 

.BASSAM KHABIEH REUTERS

2. Saleh Hassan Al-Faqeh toma la mano de su hija de cuatro meses, Hajar, quien murió de desnutrición en la sala del hospital Al-Sabeen en Sanaa (Yemen), el 15 de noviembre de 2018. Fouad Al-Reme, una enfermera del hospital, dijo que Hajar estaba consciente cuando llegó al hospital, pero sufrió bajos niveles de oxígeno. Según estimaciones de la ONG Save the Children, alrededor de 85.000 niños menores de cinco años han podido morir a causa de la desnutrición en Yemen durante los tres años de guerra.

MOHAMED AL-SAYAGHI REUTERS


3. Refugiados y migrantes esperan ser rescatados por los trabajadores de Proactiva Open Arms, a 90 kilómetros al norte de Al Khoms (Libia), el 18 de febrero de 2018. El equipo de la ONG española rescató solo en la primera semana de febrero a 236 personas en el Mediterráneo. "Como a tantos otros, las mafias lanzan a inmigrantes al mar sabiendo que no van a llegar a ningún sitio", comentó Laura Lanuza, portavoz de la organización.

OLMO CALVO AP


4. El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, y su homólogo de Corea del Norte, Kim Jong Un, estrechan sus manos en Panmunjom, dentro de la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas, el 27 de abril de 2018. La tercera cumbre que se celebra entre los dos países estuvo cargada de simbolismo, incluyendo la mesa en la que se sentaron los líderes, de 2.018 milímetros de ancho, para marcar el año.

KOREA SUMMIT PRESS POOL REUTERS


5. Ilhan Omar, candidata demócrata electa al Congreso de Estados Unidos, saluda a su suegra durante la fiesta de las elecciones legistalivas en Minesota, el 6 de noviembre de 2018. La conducta de Trump en la presidencia llevó a las mujeres a romper nuevas barreras con al menos 95 representantes en el Congreso. Omar se convirtió en una de las primeras mujeres musulmanas en llegar a la Cámara de Representantes, siendo ya la primera legisladora por su Minesota de origen somalí. La demócrata de 33 años huyó junto a su familia de la guerra de Somalia, vivió cuatro años en un campo de refugiados en Kenia y llegó a Estados Unidos a los 12.

ERIC MILLER REUTERS


6. Un camión detenido ante al abismo que interrumpe el puente Morandi en Génova (Italia), el 14 de agosto de 2018. En el momento en el que ocurrió el derrumbe del puente, hacia el mediodía, había unos 30 coches y tres camiones en ese tramo de la autovía que cayeron al vacío, provocando la muerte de 39 personas y 16 heridos de gravedad. El Gobierno responsabilizó del siniestro a la concesionaria que administra ese tramo de carretera por no haber realizado el mantenimiento y anunció, en una decisión sin precedentes, que le retiraría la concesión.

VALERY HACHE AFP


7. En la foto, un guardia de seguridad pasa un documento a su colega en el consulado de Arabia Saudita en Estambul (Turquía), el 15 de octubre de 2018. Dos semanas antes, el periodista Jamal Khashoggi fue asesinado dentro de la misión diplomática, a la que había entrado para hacer un trámite, y de la que nunca salió. El periodista, de 59 años, había caído en desgracia en el Arabia Saudita tras criticar al régimen de Riad. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que se trató de un crimen planificado, contradiciendo así la versión saudí que sostuvo que se trató de un error y que ocurrió durante una pelea.

PETROS GIANNAKOURIS AP


8. Un gallo camina junto al cadáver de un joven, miembro de la pandilla Barrio-18 en San Pedro Sula (Honduras), el 28 de septiembre de 2018. San Pedro Sula es considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo, controlada por las pandillas mediante las extorsiones y el tráfico de drogas, dejando a los jóvenes con pocas opciones aparte de unirse a las maras como la MS-13 y Barrio 18. Unos 600.000 hondureños han decidido buscar refugio en Estados Unidos, huyendo de la muerte y la miseria.

GORAN TOMASEVIC REUTERS


9. Un manifestante ondea la bandera de Francia mientras participa en la protesta de los 'chalecos amarillos' en París (Francia), el 24 de noviembre de 2018. Al fondo de la imagen, el Arco de Triunfo. Con una agenda inicial que buscaba la supresión del aumento de la tasa al diésel y la gasolina, prevista para el 1 de enero, la revuelta consiguió que el Gobierno francés anulase la subida de la tasa al carburante y aprobase ayudas de 10.000 millones de euros para reforzar el poder adquisitivo.

MICHEL EULER AP


10. La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, se suma a la foto familiar durante la Cumbre de líderes de la Unión Europea en Salzburgo (Austria), el 20 de septiembre de 2018. Posteriormente, Theresa May se enfrentó y sobrevivió a una moción de censura interna planteada por 48 parlamentarios euroescépticos, con un respaldo de su liderazgo por 200 diputados de mayoría conservadores.

LISI NIESNER REUTERS


11. Migrantes rescatados en el mar Mediterráneo por la ONG Proactiva Open Arms esperan en el interior del bote de rescate su llegada al puerto de Algeciras en San Roque (España), el 9 de agosto de 2018. El operativo de salvamento, que navegaba con 87 migrantes rescatados en el Mediterráneo central, era el cuarto acogido por España en menos de dos meses, tras ser autorizado por el Gobierno español ante el rechazo de Italia.

JUAN MEDINA REUTERS


12. Manifestantes forman triángulos con sus manos, como símbolo feminista, durante una manifestación por los derechos de las mujeres en el Día Internacional de la Mujer, en Bilbao (España), el 8 de marzo de 2018. Según las cifras registradas hasta noviembre, 44 mujeres habían sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas; en total, 972 desde el 1 de enero de 2003, cuando se empezaron a contabilizar.

VINCENT WEST REUTERS


13. La madre de Laila al-Ghandour se lamenta mientras toca el rostro de su cuerpo ya sin vida, durante su funeral en Gaza, el 15 de mayo de 2018. La niña, de ocho meses, murió después de inhalar gas lacrimógeno durante la jornada más sangrienta en la frontera entre Israel y Gaza desde que se inició la ola de protestas masivas, el 30 de marzo, en contra del traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. La marcha de decenas de miles de palestinos en el límite de la franja con Israel se cobró la vida de al menos 59 personas y causó más de un millar de heridos.

MOHAMMED SALEM REUTERS


14. Refugiados rohingya tripulan un bote de pesca en la bahía de Bengala cerca de Bazar de Cox (Bangladés), el 24 de marzo de 2018. En este asentamiento de Bangladés ya viven un millón de personas, después de que una minoría musulmana huyera de Myanmar —desde agosto de 2017— ante la brutal represión del Estado. La minoría étnica rohingya de Myanmar lleva décadas siendo perseguida por un Estado que no los reconoce, convirtiéndose en una población sin patria obligada a escapar ante lo que muchos definen como "limpieza étnica".

 

CLODAGH KILCOYNE REUTERS


15. Un hombre palestino discute con un soldado israelí durante los enfrentamientos que se produjeron tras una orden del Gobierno de Israel de cerrar una escuela palestina en la ciudad Zauiya (Gaza), el 15 de octubre de 2018. El ejército israelí indicó que la decisión era producto de los actos terroristas y la violencia que se originaban en las instalaciones y que ponían en riesgo la vida de palestinos e israelíes que hacen vida diariamente en esa ruta. Por su parte, los palestinos locales exigían que la escuela se mantuviera abierta para dar la oportunidad a los alumnos palestinos de los pueblos As Sawiya y Al Lubban de continuar su educación "como todos los niños del mundo".

JAAFAR ASHTIYEH AFP

 

16. Una mujer, con sus dos hijas, huye de los gases lacrimógenos lanzados por la patrulla fronteriza estadounidense en Tijuana (México), cuando intentaban cruzar la frontera hacia Estados Unidos, el 25 de noviembre de 2018. Hasta el mes de noviembre, 5.000 migrantes centroamericanos habían llegado a la ciudad de Tijuana, en una caravana que inició desde San Pedro Sula (Honduras) con 800 personas, el 13 de octubre. Como parte del nuevo plan Marshall para Centroamérica, el Gobierno mexicano anunció que invertirá 25.000 millones de dólares (casi 22.000 millones de euros) en los próximos cinco años en el sur del país y EE UU destinará otros 5.800 millones de dólares (5.100 millones de euros) para la gobernanza de Centroamérica.

KIM KYUNG-HOON REUTERS


17. El ataúd de Aretha Franklin permanece abierto en el Museo Charles H. Wright de Historia Afroamericana por donde pasaron miles de estadounidenses a despedirse de la Reina del Soul, que falleció el 16 de agosto. Hija de un conocido reverendo, Franklin comenzó a cantar en el coro de la iglesia de su padre y sacudió el panorama musical de los sesenta con éxitos hoy legendarios como 'Respect' o '(You make me feel) A natural woman'.

PAUL SANCYA AFP


18. Un niño duerme mientras es trasladado en una maleta en el pueblo de Beit Sawa (Siria), el 15 de marzo de 2018. Los 400.000 residentes del este de Guta han estado viviendo bajo el asedio del Gobierno desde 2013, sobreviviendo a una grave escasez de alimentos y medicamentos. Tras el inicio del ataque aéreo y terrestre de las fuerzas del régimen en febrero, 1.180 civiles murieron, 250 de ellos en tan solo 48 horas de bombardeos del régimen sirio.

OMAR SANADIKI REUTERS

 

19. Los bomberos intentan apagar el incendio forestal, bautizado como Holy Fire, tanto por tierra como por aire, el 8 de agosto de 2018. Las llamas comenzaron en el Bosque Nacional de Cleveland y se ordenaron las evacuaciones en las áreas cercanas, según la Autoridad de Bomberos del condado de Orange. Forrest Clark, de 51 años, fue detenido como principal sospechoso de provocar el fuego que arrasó más de 6.200 hectáreas.

MARK RIGHTMIRE AP


20. En la imagen, una mujer sostiene un peluche encontrado en los restos de la casa donde fallecieron sus tres hijos en Célebes (Indonesia), el 7 de octubre de 2018. Tras el impacto del terremoto y posterior tsunami el 28 de septiembre, las autoridades de Indonesia informaron que el número de víctimas había ascendido hasta 1.400 personas. La ciudad de Palu fue una de las más afectadas por un seísmo de magnitud 7,5 en la escala Richter y el tsunami que llevó a la costa olas de hasta tres metros.

JORGE SILVA REUTERS


21. Los partidarios del Movimiento Nacional Socialista, un grupo político nacionalista blanco, realizan un saludo nazi acompañados de una esvástica en un lugar no revelado en Georgia (EE UU), el 21 de abril de 2018. Según la ONG Southern Poverty Law Center, en Estados Unidos hay 784 "grupos de odio" activos, siendo California el Estado con mayor número (54), seguido de Florida (50) y Nueva York (44). Cuatro presuntos neonazis fueron detenidos en octubre en el sur de California por los sucesos de Charlottesville del 11 y 12 de agosto de 2017, donde murió una mujer de 32 años.

GO NAKAMURA REUTERS


22. Un cazador de tormentas se sube a su coche para recuperar su equipo tras derrumbarse la fachada de un hotel, durante el paso del huracán Michael por la ciudad de Panamá, en Florida (EE UU), el 10 de octubre de 2018. Michael llegó a Florida considerado un huracán de categoría 4 dentro de una escala de 5, posteriormente, al disminuir la fuerza del viento, cayó a la categoría 3, según avanzaba hacia Alabama y Georgia. Al menos seis personas murieron por este huracán.

GERALD HERBERT AP


23. Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, es apuñalado durante una jornada de su campaña electoral en el Estado de Minas Gerais (Brasil), el 6 de septiembre de 2018. El candidato ultraderechista ganó las elecciones de octubre tras lograr 55,13% de los votos frente al progresista Fernando Haddad (del PT) que acumuló un 44,87%. El exmilitar de 63 años logró capitalizar la indignación de buena parte de los brasileños, el desencanto con la clase política de toda la vida y la rabia ante una corrupción que carcome a todos los partidos, presentándose como un ejemplo de limpieza.

RAYSA CAMPOS LEITE REUTERS


24. Saber al-Ashkar, de 29 años, lanza rocas durante los enfrentamientos con las fuerzas israelíes a lo largo de la frontera con la franja de Gaza, el 11 de mayo de 2018. Más de cincuenta palestinos murieron a causa del fuego israelí desde que comenzaron las protestas y los enfrentamientos el 30 de marzo, con la intención de que refugiados palestinos pudieran ocupar nuevamente el territorio que hoy es Israel. Debido a la imposibilidad de obtener una derivación médica para ser operados fuera de la Franja, muchos palestinos sufren amputaciones de miembros. Desde diciembre de 2017, el funesto balance apunta a 142 fallecidos y 19.000 heridos, según el Ministerio de Salud palestino.

MAHMUD HAMS AFP


25. Miembros de la ONG española Proactiva Open Arms rescatan a Josefa en el Mediterráneo, a unas 85 millas de la costa libia, el 17 de julio de 2018. Josefa, camerunesa de 40 años de edad, huyó de su país por sufrir violencia de género: "Mi marido me pegaba. Me golpeaba porque no podía tener hijos". Cuando la encontraron, Josefa estaba boca abajo, aferrada a una tabla de madera en la que había luchado por mantenerse con vida durante dos días en el mar.

PAU BARRENA AFP


26. Los Mossos cargan contra los Comités de Defensa de la República (CDR) en Barcelona (España), el 10 de diciembre de 2018. Los CDR habían convocado la marcha para protestar por la manifestación organizada por la plataforma de policías nacionales y guardias civiles Jusapol, que se celebraba ese mismo día. Jusapol presentó a mediados de octubre una denuncia contra el presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el 'conseller' de Interior, Miquel Buch, por supuestamente hacer declaraciones en las que "incentivaban y jaleaban el odio y la violencia" hacia los policías.

MANU FERNANDEZ AP


27. Activistas a favor de la legalización del aborto se consuelan mutuamente fuera del Congreso Nacional en Buenos Aires (Argentina), el 9 de agosto de 2018. El Senado de Argentina rechazó el proyecto de ley para legalizar el aborto impidiendo que las mujeres puedan decidir cómo y cuándo ser madres. En el recuento oficial, 38 senadores votaron en contra, 31 a favor, mientras que dos se abstuvieron. Según estimaciones extraoficiales, entre 350.000 y 450.000 mujeres abortan cada año en Argentina, en la clandestinidad. Las gestantes con menores recursos, recurren a médicos no profesionales o métodos peligrosos como sondas, perchas, agujas de tejer y hasta tallos de perejil.

EITAN ABRAMOVICH AFP


28. Un pollo de 2,4 kilos frente a una montaña de billetes que suman su precio —un equivalente de 1,95 euros—, en un mercado de Caracas (Venezuela), el 16 de agosto de 2018. En julio, el FMI proyectó una inflación del 1.000.000% este año en Venezuela, comparando la situación con la Alemania de 1923 o Zimbabue de 2008. Antes de la reconversión monetaria promovida por el gobierno de Nicolás Maduro en agosto, que dio entrada al bolívar soberano, el billete de mayor denominación era el de 100.000 bolívares, cantidad que alcanzaba para pagar una fotocopia o comprar un huevo.

CARLOS GARCIA RAWLINS REUTERS


29. Donald Trump y la primera dama Melania Trump llegan a Johnstown, Pensilvania (EE UU), antes del discurso de Trump durante el Servicio Memorial del Vuelo 93, el 11 de septiembre de 2018. "Estados Unidos no va a ceder nunca, jamás frente a la tiranía", dijo el presidente, quien reiteró su determinación para "hacer todo lo posible para garantizar la seguridad de Estados Unidos". Cada 11-S el mundo entero recuerda a las víctimas del atentado al corazón de EE UU, que se cobró la vida de casi 3.000 personas en un ataque múltiple al World Trade Center, al Pentágono y Shanksville (Pensilvania).

EVAN VUCCI AP


30. Gabi y Jonah Frank caminan por la autopista de la costa del Pacífico mientras el incendio de Woolsey amenaza su hogar en Malibú, California (EE UU), el 9 de noviembre de 2018. El incendio de Paradise, al norte de Sacramento, ha sido el más mortal de la historia de California con al menos 48 muertos y 200 desaparecidos. El llamado Woolsey Fire consumió las montañas de Santa Mónica, obligando a evacuar por completo algunos de los pueblos más privilegiados de Estados Unidos, como Malibú y Calabasas.

ERIC THAYER REUTERS

 

Publicado enFotorreportajes
Jueves, 27 Diciembre 2018 07:10

En la punta de la lengua, la poesía

En la punta de la lengua, la poesía

La poesía muestra que el lenguaje no puede decirlo todo y deja en evidencia lo intransmisible. No representa, no explica ni argumenta, sino que presenta lo inexplicable, lo intangible y lo innombrable. Logra gestar otra lengua porque hace entrar lo excluido del lenguaje.

 

El cuerpo está salpicado por la sonoridad sin sentido de la lengua materna: lalengua. Término inventado por Lacan en el curso de su enseñanza a través de un lapsus que tuvo. Aclara que lalengua no tiene nada que ver con el diccionario debido a que este tiene que ver con la dicción y con la retórica. Lalengua, polisemia con el que está construido el lenguaje. Significantes disgregados se encarnarán en ese cuerpo de manera desarticulada y eso tendrá sus efectos para cada quien.


Lalengua es un rizoma de significantes sueltos que afectan nuestro cuerpo con su laleo mostrando la imposibilidad que tiene lo simbólico de recubrir lo real. Es esa musicalidad la que se escapa de la palabra, lo que queda por fuera del lenguaje. Pero a la vez, es lo simbólico del lenguaje lo que otorga un ordenamiento a esos significantes aislados. Por eso Lacan nos advierte que el lenguaje está hecho de lalengua. Lalengua termina siendo el punto en que se anuda el lenguaje, el sujeto y la historia de cada uno.


La diferencia entre lalengua y el lenguaje está en que esta última es una estructura que funciona como un sistema de signos que genera efectos de significado. Es una estructura ordenada que se asienta sobre el sustrato de lalengua. El lenguaje es la elucubración de saber sobre lalengua. Y su función es la de representar. Un significante representa a otro significante otorgando sentido. Lo simbólico fija la imagen y en esa fusión se reproduce el lenguaje. Los significantes copulan y reproducen sentido.


El deslinde entre el lenguaje y la lalengua es la poesía.


La poesía es el pasaporte a encontrarse con lalengua porque donde la razón no alcanza, la palabra poética arriba.


La poesía. Hay función poética en la ambigüedad de sentido que toca con su canto y conlleva lo intraducible; mientras que en el decir poético vivenciamos una estética suprema de la lengua.


Hay fracaso de la poesía cuando hay caída del doble sentido que la función poética lleva consigo.


En la poesía lo decible y lo indecible se entrelaza creando belleza y al mismo tiempo misterio y silencio. La poética se produce en el fracaso del lenguaje cuando resplandece la palabra al romperse la esfera del significante unido a la imagen. Lo empuja y le hace gritar la musicalidad de su lalengua. Esto hace que la poesía genere sentido y a la vez agujeree ese sentido, es con y desde el lenguaje, pero se produce en los márgenes de lalengua.


La poesía muestra que el lenguaje no puede decirlo todo, advierte su inadecuación y deja en evidencia lo intrasmisible. No representa, no explica ni argumenta, sino que presenta lo inexplicable, lo intangible y lo innombrable. Distorsiona, revela y funda. Logra gestar otra lengua porque hace entrar lo excluido del lenguaje. En esa gestación, le hace al lenguaje un tratamiento y se crea como una nueva lengua. La poesía surge como Otra lengua dentro del lenguaje mismo posibilitando decir algo de lo indecible.


Somos poema cuando logramos hacerle algo al lenguaje y lalengua canta su canto en la poesía.


El lenguaje como síntoma de lalengua. El síntoma responde a la estructura misma del lenguaje porque estorba el funcionamiento de la significación y va al lugar de la no relación sexual (la imposibilidad de la complementariedad), y a la vez, produce un acontecimiento de cuerpo.


Llamo síntoma a lo que viene de lo real. Y “...lo real es lo que anda mal, lo que se pone en cruz ante la carreta, más aun, lo que no deja nunca de repetirse para estorbar ese andar. Lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar”.


Desde esta perspectiva, el lenguaje es síntoma de lalengua debido a que las letras de lalengua impactan sobre el cuerpo y producen un acontecimiento de goce que determinan la formación del síntoma. Mientras que el lenguaje es una maquinaria que genera sentido y vela lo real en su funcionamiento.


Nuestro cuerpo hablante está afectado por lalengua y esto lo experimentamos en las resonancias de las letras del síntoma. Letra que no es lo mismo que significante. El significante se define por su diferencia generando efecto de sentido, mientras que la letra carece de todo sentido. El síntoma está escrito con las letras de lalengua y es del orden de lo real.


En el síntoma hay verdad y real al estar despojado de sentido. Es incluso la única cosa verdaderamente real. Es por esta razón que el psicoanalista puede, si tiene oportunidad, intervenir simbólicamente para disolverlo en lo real.


Frente al síntoma cada uno tendrá que enfrentar un saber hacer con él. Inventarse. La poesía es un saber hacer con el lenguaje porque le hace un tratamiento: trabaja al lenguaje y logra producir otra imagen al descolocar lo simbólico: “La poesía es imaginariamente simbólica”.


Es en el encuentro con un lenguaje no dialéctico, de la poesía o de un análisis, que se produce la erosión del sentido


La poesía y el dispositivo analítico. Estamos sometidos a la reproducción del lenguaje, pero la poesía como el análisis se dirigen al precipicio del lenguaje: lalengua. De este modo, le hacen un tratamiento al lenguaje y así generan una nueva lengua.


Cuando se afecta al lenguaje y se pone a jugar el sinsentido de lalengua, hay resonancias. En ese encuentro, se revela una nueva lengua y un nuevo espacio.


El espacio del analista y del analizante es el lenguaje y el espacio del poeta es el poema, ambos propician el movimiento de la letra, hacen que la palabra respire una intimidad que la palabra misma encierra. Se pasa a leer la letra y se la escribe. La letra es significante fuera de su función de significación. A ambos los orienta lo desconocido: nadie sabe qué dice cuando habla.


Tanto al poeta como al analista los orienta el sinsentido, lo que se escapa del sentido para que surja la voz propia.


El tratamiento analítico es poético porque propicia el movimiento de la lengua y la creación de una lengua propia dentro del lenguaje mismo. Producen el surgimiento de Otra lengua. Y esto nos lleva directamente a la interpretación analítica.


La poesía como interpretación analítica. Hay un punto de conexión entre la poesía y la interpretación analítica: la verdad, que no es lo mismo que lo verdadero.


La verdad como develamiento. Es el analista quien hace oír al analizante la verdad de su decir. Siempre es medio dicha, imposible decirla toda y eso hace a la verdad solidaria de lo real. Mientras que lo verdadero está íntimamente relacionado con el sentido predeterminado, el ‘sentido común’.


Lo real, hay que concebir que es lo expulsado del sentido. Es lo imposible como tal, es la aversión del sentido.


La verdad habla en las formaciones del inconsciente y en los síntomas. Lacan plantea que la verdad se especifica de ser poética, con esto quiere decir que no tiene relación con el sentido. Porque El efecto de sentido está en la juntura de lo simbólico y de lo imaginario, es lo que produce la reproducción propia del lenguaje.


El sentido, eso tapona. Pero con la ayuda de lo que se llama la escritura poética, ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica.


La poesía implica el lugar de la verdad en su decir poético y el acto del analista es una operación poética. Porque la interpretación es una operación de desarticulación y no de desciframiento. Desarticula el sentido para producir un efecto de agujero. La interpretación se torna poesía cuando logra que el sentido esté ausente al evocar un nuevo uso del significante que produce un efecto de vacío. Lo poético no es la interpretación sino la verdad que se pone allí en juego. La verdad es poética tanto como los sueños. Immanuel Kant, dice: “El sueño es un arte poético involuntario”.


Este modo de interpretación bordea un vacío que no es alcanzado por la palabra. Lalengua tiene efecto sobre el cuerpo, resonancias asemánticas que la palabra produce en el cuerpo. Lacan manifiesta: “al nivel del puro sonido emitido por la boca, es un goce para el cuerpo”. Cuerpo hablante atrapado por lalengua.


A partir de los S1 de lalengua, restos del encuentro con lo imposible de la sexualidad, surge un goce del cuerpo que se presenta fuera de sentido y se vivencia como acontecimiento traumático. Frente a este goce intrusivo cada ser hablante se inventa una respuesta.


Por eso el análisis será un texto poético a partir de un tratamiento del lenguaje en tanto esa escritura poética toque lo real


“La poesía es efecto de sentido, pero también efecto de agujero. No hay más que la poesía, se los he dicho, que permita la interpretación”.


Tanto el poeta en su escritura, como el analista en sus intervenciones ponen a jugar el saber no sabido. No hacen hincapié en el sentido, sino en lo que resuena para cada quién.
La ocurrencia es un acontecimiento de lalengua.


Ahí, el cuerpo hablante. Escribir es tocar el cuerpo. El cuerpo hablante es un cuerpo afectado por lalengua. El encuentro entre lalengua y el cuerpo es un trauma fundamental que deja marcas. Dejarse tocar por el cuerpo de lalengua para ser poema y así pasar del estar tomados por el lenguaje a estar afectados por lalengua. Entre letra y letra hay cuerpo; entre palabra y palabra, un mandato.


Ir hacia un decir que no genere sentido, sino lalengua produciendo un acontecimiento de cuerpo: Un decir es del orden del acontecimiento. En ese acontecimiento, resuena en el cuerpo hablante el decir: se escucha lo que se dice. Este cuerpo hablante está ligado al acontecimiento y sus resonancias de lalengua, a diferencia de un cuerpo especular apresado por la lógica del alfabeto y producto del anudamiento entre la imagen y el significante.


El decir poético bordea y toca lo real. La verdad surge cuando hay eficacia de la palabra en lo real. Punto donde converge la operación poética y el tratamiento analítico. Ambos crean una nueva lengua: esa Otra lengua. Logran una potencia poética, poseída por la letra.


La poesía es creación de un sujeto que asume un nuevo orden de relación simbólica con el mundo. Nace una lengua con resonancia corporal, efectos musicales de la poesía. En el discurrir del habla, se hace poesía, dice Lacan: “Decir es otra cosa que hablar. El analizante habla, hace poesía. Hace poesía cuando llega –es poco frecuente, pero es arte”.


Hay música en la lengua y en lalengua. Letras que se disipan rítmicamente. Efectos musicales de la poesía.


Estamos presos del lenguaje, pero podemos desintoxicarnos de él para alcanzar poesía y ser poema. Si logramos esa invención, nace la letra, nace una nueva lengua: lalengua, nace Otra lengua dentro del lenguaje mismo: la poesía.


* Psicoanalista.


Bibliografía
* LACAN, Jacques, Seminarios 3, 15, 19, 20, 21, 22, 24 y 25. Intervenciones y Textos 2, Otros Escritos.

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