Jueves, 04 Octubre 2018 09:42

Animales asombrosos

El primer plano de un camaleón revela los vivos colores de su piel escamosa. Habitualmente, se asume que los camaleones cambian de color para confundirse con su entorno, pero esa no es toda la historia: la espectacular piel de los reptiles también transmite información a enemigos o parejas potenciales. Foto: Raúl MCM/ National Geographic.

La revista National Geographic publica cada jornada su “Foto del Día” en la que suele mostrar asombroso paisajes, imágenes surrealistas de la naturaleza y animales captados desde un punto de vista peculiar.

 

Lamentablemente, muchas de las especies que aparecen, pese a su belleza, se encuentran en peligro de extinción debido a la acción del ser humano.

 

Las instantáneas recuerdan al popular programa para niños emitido entre 1996 y 2002, Animales Asombrosos, en el que el “Lagarto Henry” mostraba características increíbles de la fauna.

 

A continuación le ofrecemos un compendio de fotografías realmente impactantes.

 

Un pigargo europeo​ roza la superficie de un estanque en la República Checa. El pigargo europeo​ es una de las aves rapaces más grandes, con una envergadura que alcanza los 245 cm. Foto: Milan Zygmunt/ National Geographic.
 
 
Una pareja de carraos se enfrentan, ya que ambos parecían "interesados en encontrar almejas en el mismo lugar", cuenta el fotógrafo deYour Shot Peter Brannon. Estas aves singulares se parecen a las grullas, pero son una especie diferente y son conocidas por sus penetrantes vocalizaciones. Foto: Peter Barnnon/ National Geographic.
 
Dos caballos de la Carmaga pelean por su territorio. Esta raza es originaria del sur de Francia. Sólo quedan 200 ejemplares registrados oficialmente a día de hoy. Foto: Xavier Ortega/ National Geographic.
 
 
En la costa de Flinders, Australia, nada un dragón marino macho. Como su pariente el caballito de mar, el dragón marino macho cuida de los huevos que la hembra pone en su cola. Foto: Richard Wylie/ National Geographic.
 
La fotógrafa de Your Shot, Shane Kalyn, ha estado siguiendo a la madre de esta familia de zorros durante años. "Esa confianza que hemos construido a lo largo de los años ha permitido que la distancia entre nosotros se reduzca", dice ella. "Y ahora es habitual que ella y sus cachorros se acerquen, lo que me permite capturar estas bellas interacciones". Foto: Shane Kalyn/ National Geographic.
 

Los flamencos descansan y comen en las aguas poco profundas de un pequeño estanque en Tanzania. Los flamencos grandes son más altos y de color más claro, mientras que los flamencos menores tienen patas más cortas pero una coloración más oscura. . Foto: Eiji Itoyama/ National Geographic.

Un guacamayo azulamarillo se acicala las plumas en el Wildlife Learning Center de Sylmar, California. Las aves, si se cuidan de forma adecuada, pueden vivir durante más de 60 años. Foto: Melissa Cormican/ National Geographic.
 

Un impala bebe un trago de agua cerca de Francistown, Botswana, creando una escena maravillosamente geométrica. "La simetría en este marco es perfecta, con el impala en el centro, pero luego se combina con un conjunto aleatorio de patas en el fondo. La luz que se desliza sobre sus cuernos resalta las diferentes texturas del animal", comentó Kristen McNicholas, editor de fotos de Your Shot. Foto: Andrea Papalia/ National Geographic.

 

En el desierto de Kalahari, Botswana, dos leones machos pelean por el territorio o el derecho de aparearse con una hembra cercana. Estas peleas a veces pueden terminar en la muerte. Foto: Didier Couvert/ National Geographic.

 
Los pingüinos caen en picado al agua frente a la costa de la Antártida. Los rastros de burbujas que dejan tras ellos ayudan a reducir la densidad del agua, haciéndoles mucho más rápidos bajo el agua que en tierra. Foto: Jonas Beyer/ National Geographic.
 
El autor se encontró con estas morenas en la costa de Birmania. "La curiosidad y el comportamiento de las morenas no deja de sorprenderme", dice. "En esta foto, dos curiosas morenas parecen estar estudiándome y hablando del curioso buzo frente a ellas". Foto: Gregory Piper/ National Geographic.
 
 
Un oso pardo pierde a su presa en Brooks Falls, Alaska. Cuando la caza va bien, un oso puede atrapar y comer 30 peces por día. Foto: Taylor Thomas Albrigth/ National Geographic.
 
 
Un pavo real extiende las plumas de la cola, famosas por su iridiscencia y colores vivos. La exhibición forma parte del elaborado ritual de apareamiento de la especie, en el que se cree que las hembras escogen a los machos basándose en el tamaño, color y calidad de las plumas. En inglés, el término "peacock" ("pavo real") solo se aplica a los machos de esta especie, ya que las hembras se denominan "peahens". Foto: Victor Rotaru/ National Geographic.
 
 
Una sepia se desliza a través de las aguas frente a la costa de Nueva Gales del Sur, Australia. "Me encanta cómo se mueven"; dice Skye Migan, fotógrafo de Your Shot, "como pequeños ovnis submarinos". Las sepias, a pesar de su nombre, son moluscos y están relacionadas con los calamares. Foto: Sky Migan/ National Geographic.
 
 
Cada año, millones de diminutas tortugas oliváceas bebés eclosionan en la playa de Rushikulya en India. Es un viaje traicionero: los expertos estiman que solo una de cada 1.000 tortugas marinas bebés logran llegar al agua antes de que las mate un depredador. Foto: Saurabah Chakraborty/ National Geographic.
 
Una inusual Trimeresurus insularis de color azul adopta una pose astuta. "Esta serpiente de vivos colores me llamó la atención y me encanta cómo contrasta con el fondo exuberante. ¡Qué criatura tan maravillosa!", comentó la editora fotográfica de Your Shot Kristen McNicholas. Foto: Fabian Mülhberger/ National Geographic.
 
 
Un tucán intenta pegarle un mordisco a la lente de la cámara. La dieta de un tucán se compone principalmente de frutas, y su largo pico le permite alcanzar más fruta desde una misma posición. Foto: Shan W/ National Geographic.
 
Una cría de macaco de Sri Lanka se aferra a su madre mientras atraviesan el Santuario de Katagamuwa. La UICN clasifica a este mono del viejo mundo, endémico de Sri Lanka, como especie en peligro de extinción. Su hábitat queda sometido a cada vez más presión debido a la invasión de las plantaciones, a medida que más áreas forestales de Sri Lanka se convierten para usos agrícolas. Foto: Senthi Aathavan Senthilverl/ National Geographic.
 
En el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico de Alaska, una gaviota se encuentra con un oso polar en su aterrizaje. El patrón de las plumas de la gaviota indica que es joven; es probable que se vuelva blanca con alas grises a medida que envejece. Foto: Takayoshi Noda/ National Geographic.
 
 
Una pareja de serpientes ratoneras parecen bailar mientras llevan a cabo un ritual de apareamiento en Lonāvale, India. Como su nombre indica, se alimentan principalmente de roedores y no suponen un peligro para los humanos. Foto: David Higgins/ National Geographic.
 
 
Un varano de Bengala saca la lengua mientras cruza una carretara en el santuario de Anawilundawa, Sri Lanka. El reptil de tamaño considerable emplea su lengua bífida para "olisquear" su entorno. Mueve la lengua reiteradamente para rastrear presas y detectar otros varanos. Foto: Senthi Aathavan Senthilverl/ National Geographic.
 
 
Dos zorros rojos árabes se recortan contra el telón de fondo de las luces de la ciudad. Los animales son más activos por la noche, cuando van en busca de comida como pequeños roedores o aves. Foto: Mohammad Murad/ National Geographic.
 
Publicado enFotorreportajes
Sábado, 23 Junio 2018 05:55

Los derechos de la naturaleza

Los derechos de la naturaleza

¿Puede un río o una montaña tener derechos? La respuesta proviene de organizaciones sociales, pueblos indígenas y académicos críticos: si tienen derechos las empresas (creación humana que tiene como principal fin el lucro), ¿cómo no va a tener derechos la naturaleza? La Constitución Nacional de Ecuador y la ley nacional de Bolivia contemplan los derechos de la naturaleza. Fallos judiciales de Colombia y normativas de Nueva Zelanda legislaron en el mismo sentido. Y la Universidad Nacional del Litoral inauguró un curso inédito y que interpela el conservadurismo del poder judicial: “Derechos de la naturaleza. Un abordaje teórico, práctico e interdisciplinar”.


En marzo de 2017, el Parlamento de Nueva Zelanda otorgó estatus de personería jurídica al río Whanganui, solicitado por el pueblo indígena maorí. El curso de agua, el tercero más largo del país, tendrá derechos y deberes jurídicos y podrá ser representado en un tribunal por un delegado del Estado y otro del pueblo originario.


“Sé que la reacción inicial de algunos será pensar que es bastante extraño dar personalidad legal a un recurso natural, pero no es más extraño que una fundación familiar, una compañía u otro tipo de sociedad”, señaló Chris Finlayson, ministro para la Negociación de Tratados de Nueva Zelanda.


“Yo soy el río y el río es yo”, explican desde la cultura maorí, difícil de entender para quienes sólo visualizan a la naturaleza como un recurso económico. Para los pueblos indígenas, la naturaleza tiene derechos desde siempre, pero ahora comienzan a entenderlo desde el poder político.


En mayo de 2017, fue el turno de Colombia. La Corte Constitucional declaró, por primera vez en el país, que un río “es sujeto de derechos” y ordenó su protección y conservación. Se trata del río Atrato, uno de los más extensos del país, que es afectado por la extracción ilegal de oro. La Corte ratificó que el curso de agua es vital para la vida de las comunidades locales e instó al Estado a protegerlo.


Ximena González, vocera del Centro de Estudios para la Justicia Social Tierra Digna, señaló que la sentencia crea una comisión de “guardianes del río Atrato”, integrada por personas de las comunidades locales y del gobierno nacional. Y establece la creación de una comisión de expertos que asesoren a los guardianes del río que, además de la protección, incluyan un plan de intervención integral para recuperarlo de la contaminación.


El Centro de Estudios para la Justicia Social Tierra Digna actuó en representación del Consejo Comunitario Mayor de la Organización Popular Campesina del Alto Atrato (Cocomopoca), el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (Cocomacia), la Asociación de Consejos Comunitarios del Bajo Atrato (Asocoba) y el Foro Inter-Étnico Solidaridad Chocó (Fisch).


“Es un fallo muy importante, histórico para Colombia, porque por primera vez se le da un lugar a los derechos de la naturaleza, en particular a un río”, destacó la vocera del Centro de Estudios. También existen fallos judiciales en Ecuador e India.


La Constitución de Ecuador reconoce los derechos de la naturaleza en el artículo 71: “La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza”.


En Bolivia fue sancionado por ley en diciembre de 2010. El artículo 1 señala: “La presente ley tiene por objeto reconocer los derechos de la Madre Tierra, así como las obligaciones y deberes del Estado Plurinacional y de la sociedad para garantizar el respeto de estos derechos”. Cuenta con diez artículos. Establece que la Madre Tierra tiene derecho a la vida, al agua, al aire limpio, al equilibrio, a la restauración, a vivir libre de contaminación,


En Argentina, el senador Pino Solanas presentó un proyecto de ley en el mismo sentido. “El ejercicio de los Derechos de la Naturaleza requiere del reconocimiento, recuperación, respeto, protección, y diálogo de la diversidad de sentires, valores, saberes, conocimientos, prácticas, habilidades, trascendencias, transformaciones, ciencias, tecnologías y normas, de todas las culturas que buscan convivir en armonía con la Naturaleza”. Crea la “defensoría de la naturaleza”, cuya misión es velar por la “vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los Derechos de la Naturaleza”. Fue presentado en 2015 y no tuvo tratamiento en el Congreso Nacional. Fue presentado nuevamente en 2017 y aún no tuvo giro en la Comisión de Asuntos Constitucionales.


La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral (con sede en Santa Fe) sacudió el conservadurismo de la formación judicial con el curso “Derechos de la naturaleza. Un abordaje teórico, práctico e interdisciplinar”. El objetivo general es “contribuir desde una perspectiva teórica, práctica e interdisciplinar al debate y reflexión sobre una de las respuestas que, desde América Latina, se viene construyendo en relación al problema ambiental en los últimos años: el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derecho, dentro del marco de modelos que se presentan como alternativos al capitalismo bajo la idea de ‘buen vivir’, ‘vivir bien’”.


Con una carga horaria de 240 horas (un promedio de 30 horas mensuales), a cargo de la docente e investigadora del Conicet Valeria Berros, se explica que se trata de un proceso iniciado en Ecuador y Bolivia, con avances en Brasil, Argentina y México, y con debates en el mismo sentido en Naciones Unidas.


Entre los objetivos específicos sobresale la necesidad de “extender la subjetividad jurídica más allá de los seres humanos”.


“El curso es importante porque permite ver que el derecho a un ambiente sano o la regulación sobre los recursos naturales no son la única manera que existe para pensar en el problema ecológico. Si bien ambas perspectivas han asumido un rol preponderante en las últimas décadas, lo cierto es que los problemas se agravan y, por ello, reviste aún más relevancia indagar en otras traducciones jurídicas presentes en la diversidad de sociedades y cosmovisiones, sobre todo aquellas que discuten el antropocentrismo”, explicó Berros. Una mirada que interpela la idea hegemónica del ser humano como el centro, y fin absoluto, de todo.


Por otro lado, la docente e investigadora destacó que el nuevo enfoque implica muchas disciplinas: “Cada vez es más visible que el derecho no puede seguir sólo mirándose a sí mismo, por el contrario, necesita comenzar a dialogar con otros saberes, no sólo aquellos institucionalizados como parte de las ciencias naturales, las humanidades y las ciencias sociales, sino los provenientes de movimientos de lucha, pueblos indígenas, profesionales de la salud desplegados en el territorio”.

Por Darío Aranda (Argentina, 1977), periodista. Especializado en extractivismo (petróleo, minería, agronegocios y forestales) escribe sobre el acontecer de los pueblos indígenas, organizaciones campesinas y asambleas socioambientales. Blog personal: www.darioaranda.com.ar

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