Martes, 10 Octubre 2017 09:03

Cuba y su diplomacia verde olivo

Escrito por Blanche Petrich
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El investigador, periodista y diplomático cubano Santiago Rony Feliú, en entrevista con La Jornada El investigador, periodista y diplomático cubano Santiago Rony Feliú, en entrevista con La Jornada Foto Marco Peláez

 

Cuando la influencia de Henry Kissinger se empezaba a hacer sentir en los círculos de poder en Washington –inicios de los años 60– y la Cuba revolucionaria daba sus primeros pasos de diplomacia encubierta, con la intención de incidir en una nueva configuración mundial, el político estadunidense describió a la isla como un pequeño país subdesarrollado con pretensiones de política exterior de primer mundo. Y en ese momento no le faltó razón a quien llegó a ser uno de los grandes enemigos de las fuerzas progresistas en América Latina y artífice de muchos intentos para derrocar a Fidel Castro.

El investigador, periodista y diplomático cubano Santiago Rony Feliú trae a colación esta expresión de cuando los barbudos de Fidel Castro no tenían más de dos años de haber conquistado el poder mediante la lucha armada, para ilustrar hasta qué grado impactó en el mundo de entonces lo que llama la diplomacia verde olivo, impulsada por Ernesto Che Guevara: una vía alterna a la política exterior formal, que se proponía extender la lucha en contra del neocolonialismo y el imperialismo mucho más allá de la isla.

Guevara fue el emisario de esa política de relaciones exteriores que no emanaba de un ministerio o cancillería, sino de un aparato que actuaba a la sombra, bajo la instrucción directa de Fidel Castro, operado por uno de sus hombres más cercanos: Manuel Piñeiro, el comandante Barbarroja. Era un instrumento del Partido Comunista Cubano, y no fue hasta 1975 que se formalizó con el nombre de Departamento América. En 1993 el propio Castro hizo pública su disolución oficial.

Feliú, actualmente director de la revista Tricontinental y directivo de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, instituciones que datan de esa convulsa década, es uno de los muchos cubanos que se formaron en ese semillero de diplomacia revolucionaria.

 

Práctica vigente

 

A la distancia, sostiene en entrevista con este diario, los frutos de esa práctica, lejos de haber caducado, siguen presentes en algunos rasgos de la relación de Cuba con el mundo. Está basada en los principios de la solidaridad y el internacionalismo. Hoy la podemos ver en el despliegue de 68 mil médicos cubanos para apoyar labores de salud pública en 60 países, contando el más reciente envío de 42 galenos, que en estos días trabajan con los damnificados en el Istmo oaxaqueño. Y también los 28 mil maestros desplegados en otros 49 países del tercer mundo.

Asegura que los reflejos de aquellos ideales políticos del guevarismo y de la diplomacia de nuevo tipo también pueden encontrarse, recicladas y actualizadas, claro, en el pensamiento político del fallecido Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales.

Hace un poco de historia: Guevara emprendió la primera gira internacional como representante del gobierno revolucionario apenas cinco meses después del triunfo. Fue un viaje de tres meses de aprendizaje sobre el perfil que iba adquiriendo el mundo por 18 países recién descolonizados en Asia y África. La segunda gira fue a países europeos y China. La tercera, a los países del bloque socialista. La décima y última gira que realizó en su calidad de diplomático, con la misión de reforzar la descolonización y la unidad de los países que no se inscribían en ninguno de los dos bloques dominantes (Organización del Tratado del Atlántico Norte y Pacto de Varsovia), fue a Naciones Unidas, y después de otro recorrido culminó en Argelia, donde regaló su avión al líder revolucionario (Ahmed) Ben Bella, para regresar a La Habana en un vuelo comercial.

 

Los frutos

 

Hablando de los frutos que dejó ese trabajo diplomático, sostiene Feliú, hay que mencionar la formación del Movimiento de Países No Alineados en 1961, en Belgrado. “Cuba está ahí presente, también resultado de esa diplomacia. Luego viene 1965. Es el peor momento, el más agresivo, del imperialismo en la guerra fría. Estados Unidos invade por todos lados: Congo, República Dominicana, Vietnam... Entonces Cuba decide convocar la primera Conferencia Tricontinental, en enero de 1966. Sigue siendo el acto internacional más grande de la contemporaneidad. A La Habana fueron 582 líderes políticos de todo el mundo. Ojo: en ese momento sólo había 111 países. Y las comunicaciones y transportes no eran lo que son hoy. El Che no estuvo físicamente, porque se había producido el fracaso de nuestra incursión en el Congo y él estaba en Tanzania. Pero todos los que vinieron, en algún momento anterior, se habían reunido con él. Los había convocado, había conversado con ellos, los había tocado, de alguna manera”.

Para Feliú, esos acontecimientos de los años 60 son “ejemplo concretísimo de la diplomacia verde olivo que tiene consecuencias inmediatas en la década posterior, la de los golpes de Estado y las luchas en contra de las dictaduras. Cuba es solidaria y cercana a aquellos que resisten las dictaduras y da asilo a sus principales líderes”.

Recuerda también la forma en que Cuba transitó por la etapa en que fue desconocida por todos los países de América Latina, menos por México. “Qué hacía entre tanto Cuba? No se quedaba ni aislada ni callada. Se reunía con los partidos, los líderes políticos, los actores sociales, periodistas e intelectuales amigos. ¿Cómo sobrevivimos ese vacío de relaciones diplomáticas con los gobiernos de nuestra región? Con la información y el contacto que nos daba esa diplomacia.

“Y no sólo en América Latina. Muerto el Che, es Fidel quien viaja: largas giras por África, la Europa socialista y también la capitalista. A pesar de la ausencia de relaciones diplomáticas formales, en 1974 lo invita Michael Manley a Jamaica, y después de eso, José López Portillo, no a Ciudad de México, sino a Cancún, nótese. Durante 17 años no puede viajar a ningún país de América Latina, ninguna invitación para el jefe de Estado cubano. A partir de 1988 ya todo mundo se fue relajando y a Fidel lo invitan por todos lados, desde Carlos Salinas, que lo trae a su toma de posesión. ¿Por qué se produce ese relajamiento? Porque todos esos años siempre hubo una diplomacia silenciosa, bajo cuerda. Ya a partir de 1988 se puede establecer un amplio abanico de relaciones con la diplomacia formal, sin abandonar la otra. Porque en la diplomacia formal suele haber vaivenes, como demostró Vicente Fox. Y no sólo él, sino también algunas izquierdas.”

–Esa diplomacia verde olivo no sólo fue de relaciones políticas. También se vinculó con las luchas armadas de la región...

–Sí, en una etapa. Parte de esa diplomacia fue de promoción de la lucha guerrillera. Se buscaba la plena independencia recurriendo a todas las formas de lucha, incluso la armada. Eso se acabó hace rato; se acabaron las condiciones para continuar por esa vía. Y no fue Raúl Castro (presidente actualmente) quien le puso fin, sino mucho antes fue Fidel. La caída del bloque socialista nos obliga a un cambio de cosmovisión; hubo que repensar muchas cosas en la geopolítica. Esa, entre ellas.

Santiago Feliú, quien fue ministro consejero de las embajadas cubanas en Bolivia y Guatemala en décadas pasadas como parte del Departamento América, hoy formalmente extinto, está convencido de que la confluencia en un momento histórico (la década pasada) de siete gobiernos progresistas en América Latina –solamente con México y Colombia haciendo contrapeso desde la derecha– fue también uno de los frutos de esa política exterior cubana de doble vía, la formal y la verde olivo, que no son separadas, sino complementarias.

Ambas son responsables de que hoy día, a pesar de décadas de políticas que intentaron aislar a Cuba, su país tenga relaciones con 139 países y abiertas y activas 127 embajadas.

 

 

Información adicional

  • Autor: Blanche Petrich
  • País: Cuba
  • Región: Centroamérica
  • Fuente: La Jornada
Visto 59 veces Modificado por última vez en Martes, 10 Octubre 2017 09:55

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