Lunes, 03 Abril 2006 19:00

De complots, aventuras y reclamos

Escrito por Alai
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Pese a las paradojas y los vaticinios nefastos, lo que está
ocurriendo en el nuevo panorama político de Bolivia, era predecible
desde el primer momento.  En esta nueva situación, están
aplicando acciones que tuvieron éxito en la etapa anterior, pero no
logran encajar en las condiciones actuales.

La trama enredada



Tomando las noticias de cualquiera de estos días, nos
encontramos con demandas de varios sectores sociales, desde
los acomodados hasta los desvalidos.  Pareciera ser una larga fila
de reivindicaciones en espera durante mucho tiempo.  Hoy, al
iniciarse el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), todos
ellos salen a la luz con premura, como si quisiesen ocupar un
primer lugar de atención.

La Central Obrera Boliviana (COB) se apresura a reivindicar un
salario tres veces más alto que el vigente.  Maestros y
trabajadores en salud, demandan mejores salarios y más puestos
de trabajo.  Los transportistas se niegan a pagar impuestos y, más
bien, piden beneficios.  Los distritos donde están los mayores
yacimientos de gas descubiertos hasta ahora, exigen ser
reconocidos como un nuevo departamento.  Los prefectos,
elegidos por primera vez, reclaman atribuciones poco menos que
de soberanía territorial.

Bastaría con esa relación para concluir que hay un verdadero
acoso al gobierno.  Pero hay más y no menos conflictivo: la
gerencia del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) no pudo o no quiso
enfrentar una huelga de sus trabajadores que reclaman salarios
devengados; el gobierno decretó una intervención temporal, el
empresario demandó la inconstitucionalidad de la medida pero,
ahora, los empleados exigen que se retome la intervención.  En el
departamento del Beni, hubo un anuncio de paro “cívico” exigiendo
la solución del viejo problema de electricidad.

No faltan, por supuesto, temas menores.  Un grupo de
comerciantes minoristas protestan ante la posibilidad de que se
anule el régimen impositivo simplificado que les favorece.  Se
reúnen las activistas para denunciar la supresión del Viceministerio
de la Mujer.  Una columna indígena hace vigilia ante el Palacio de
Gobierno demandando que el Presidente atienda su reclamo
territorial.  Diariamente el gobierno dialoga con todos estos
sectores, y es frecuente que el mismo Evo Morales intervenga en
las conversaciones, en busca de soluciones concertadas.

En tal diversidad de reclamos, demandas, exigencias, expectativas
y otras presiones, se pueden mimetizar intenciones de los más
variados tipos: hay quienes consideran que tienen mejor derecho
de reclamo en SU gobierno; están aquellos que ven una
oportunidad para conseguir beneficios; se siente la participación de
otros que exigen, como retando al adversario; se hallan también
los que buscan usar todas estas movilizaciones en pro de una
revuelta que restablezca el modelo y clausure la alternativa de
cambio.

La máquina chirriante



De los nueve prefectos elegidos también el pasado 18 de
diciembre, seis son opositores al gobierno.  Entre ellos, y sólo
entre ellos, han formado una suerte de cofradía cuyo único
propósito es idear las formas en que recortarle atribuciones al
gobierno central.  Apelando a una legalidad, en varios casos
ilegítima, intentan adelantar el marco jurídico de las autonomías
departamentales, que debe establecer la Asamblea Constituyente.


Por cierto, el 2 de julio próximo, se realizarán dos eventos
plebiscitarios simultáneos: la elección de delegados a la Asamblea
Constituyente y un referéndum vinculante sobre las autonomías.
Este último establecerá la voluntad popular de iniciar o no un
proceso de desconcentración del poder bajo normas que
establecerá la Constitución Política del Estado.

Los comités cívicos de los departamentos que concentran la
explotación de hidrocarburos, han devenido en ávidos
demandantes de la propiedad de esos recursos.  Tales comités
son representativos de los grupos empresariales, ya que
conforman sus directorios mediante el voto de las instituciones que
éstos integran.  Así, mientras el prefecto de Santa Cruz firma
“decretos prefecturales” y se hace llamar “presidente”, el de Tarija
se apresura en buscar entendimientos internacionales basados en
el gas y hasta el petróleo.  No hay duda sobre las intenciones de
esas élites regionales.

Por supuesto que, desnudas y por si solas, estas actitudes no
tendrían ninguna posibilidad.  Por tanto, buscan coincidir, y en
algunos casos enlazar, sus intenciones con demandas
espontáneas o preparadas.

Aceitando los ejes



Recomponer la maquinaria, después del golpe electoral que
recibieron los sectores neoliberales, costó ingentes trabajos
aunque, hay que reconocer, lo hicieron con prontitud.  Por tales
condiciones, la máquina era insoportablemente chirriante.  Había
que aceitar sus engranajes.  En tiempos en que el “marketing” es
la referencia de todos los acontecimientos, se trataba de utilizar
los medios masivos de información y publicidad para tal propósito.

De hecho, prensa, radio y televisión en manos de los grandes y a
veces los mismos empresarios, fueron los encargados de la tarea.
Información tendenciosa, comentarios insidiosos y publicidad
sesgada han difundido la imagen de un gobierno sin capacidad de
resolución, acosado por los mismos sectores que lo llevaron al
poder y sin plan de gobierno.  Una campaña que continúa, y
seguramente se intensificará en los próximos meses, es el modo
de mostrar que, todas las movilizaciones, tienen la misma
característica; así se oculta, o al menos se trata de ocultar, el
complot, aprovechando la irresponsabilidad de los aventureros y la
desorientación de los peticionarios.

Esa campaña tiene un alto costo.  La opinión pública, tiene la
percepción de que, ese costo, es cubierto con dineros de los
grupos desplazados del poder.  Es que, si no hay un pago directo,
la publicidad que pagan los empresarios comprometidos con el
régimen anterior (las cinco administraciones neoliberales) está
reatada a la campaña desorientadora.

Con los ejes descentrados



Sin embargo, los complotados están perdiendo esta batalla.  La
inmensa aceptación del gobierno predice que, en las elecciones
para la Asamblea Constituyente, tendrán un segundo fracaso.

Sólo las propuestas de cambio tendrán preferencia entre los
electores.  Eso determinará que, los partidos tradicionales y sus
disfrazadas agrupaciones, se reduzcan a su mínima expresión,
con muy poca representatividad.

La campaña mediática, en la que han puesto todas sus
esperanzas, no podrá darles el resultado que esperan.  Así se
demostró en diciembre, cuando los cálculos optimistas que se
hacían a través de los medios de comunicación, fueron
desmentidos por el voto popular que dejó 25 puntos atrás al
agrupamiento de viejos políticos que dejaron a sus partidos para
apostar a ganador.

 

Por: Antonio Peredo Leigue

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