Viernes, 26 Enero 2007 19:00

Razones del auge económico mundial

Escrito por Alai
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El informe anual de la UNCTAD recientemente publicado, siempre de muy
buena calidad, habla de una pequeña caída de la alta tasa de
crecimiento
alcanzada en 2006. Previsiones similares se esperan del Informe Anual
del Presidente de Estados Unidos en febrero, preparado por el consejo
económico del mismo.

EL FMI, el Banco Mundial y el excelente informe de Naciones Unidas
deben confirmar las previsiones positivas respecto al crecimiento económico
anunciadas en los estudios de coyuntura del pasado año.

Se trata de un consenso determinado por la fuerza de los números, pues
los “cánones” de la teoría económica no saben muy bien explicar este
comportamiento de la economía mundial. Para aquellos que trabajan con
los ciclos largos de Kondratiev, este comportamiento de la economía
mundial era plenamente previsible, como el lector podrá certificar si
lee mis artículos y libros escritos desde la década de 70.

Según este universo teórico, desconocido para los economistas
neoliberales y muchos heterodoxos, era previsible que las fuerzas que
iniciaban una reestructuración de la economía mundial desde 1966
deberían preparar un nuevo auge económico que los ciclos largos de
Kondratiev indicaban se iniciarían en 1994 aproximadamente.

No se trata de ninguna magia sino de una buena teoría economica apoyada
en el estudio de la historia económica y no en el establecimiento de
hipótesis llenas de ideología y empíricamente irresponsables,
formalizaciones más estéticas que efectivas y deducciones puramente
formales, todo eso al servicio del mantenimiento del orden económico
vigente.

De hecho, la revolución científico-técnica entraba en una etapa nueva
en 1966. La expansión de la economía mundial de la post II Guerra Mundial
encontraba límites serios para la expansión del mercado mundial. La
post guerra estuvo marcada por un movimiento mundial a favor de la reforma
agraria (que se expande en China, tanto la continental como en Formosa,
en Japón, en Corea, en Indochina, en India y en otros casos menos
importantes) que integraron al mercado mundial millones de campesinos.
De la misma forma, gobiernos progresistas (los llamados populismos!)
habían aumentado la participación de los trabajadores en la vida
económica de gran parte del llamado Tercer Mundo.

Esta extensión de los mercados del Tercer Mundo se sumaba a la
expansión de los mercados en las economías centrales alcanzadas con la
consolidación del Estado del Bienestar, la fijación del dólar como
moneda mundial y la expansión de las inversiones americanas por todo el
mundo. Esta expansión, realizada por empresas multinacionales y
apoyadas en las políticas estatales desarrollistas, incorporaban las
innovaciones revolucionarias en las fuerzas productivas acumuladas por la revolución
científico-técnica que irrumpe en la década de 1940. Estas innovaciones
se hacen posibles económicamente por la voluntad de los pueblos y
gobiernos, expresada durante la guerra y en la post guerra, después de
haber sido reprimidas por la larga crisis de la economía mundial entre
las dos guerras mundiales.

El crecimiento de esas inversiones permitió crear una base industrial
en las antiguas zonas agrarias del mundo. Pero estas industrias estaban
orientadas hacia los mercados internos que se expandían con las
reformas sociales ya citadas. Pero en 30 años de expansión fueron alcanzando
áreas del mundo donde las reformas sociales ya no eran bienvenidas para
el sistema mundial. Los cambios sociales ganaban dimensiones mucho más
profundos que las aceptables por el sistema socioeconómico dominante
–el capitalismo se sentía conminado por el contenido antiimperialista y
socializante del movimiento reformista mundial. Con esto, la expansión
de los mercados mundiales se hacía muy cara y peligrosa.

Era más seguro reestructurar el conjunto del sistema mundial en otra
dirección. Se trataba de ofrecer el mercado de los países centrales a
las industrias emergentes en las economías más dinámicas del Tercer
Mundo (los llamados new industrial countries – los NICs) proveyendo una
nueva división internacional del trabajo. Lo que no fue posible medir
muy claramente fue el hecho de que la creación de núcleos industriales
en esas regiones daría origen también a un nuevo poder de generación de
tecnologías propias que permitiría a algunos de esos países iniciar una
competencia seria con el centro del poder mundial.

Esto es lo que acontece durante los años recesivos de 1966 a 1994 (fase
B de ciclos de Kondratiev) cuando Japón, sobre todo, y en parte los
tigres asiáticos inauguran la nueva fase de las fuerzas productivas
mundiales caracterizadas por la incorporación de los robots al sistema
productivo. La recuperación de China e India las transforma en la
actualidad en potencias industriales exportadoras. La expansión de los
centros industriales y la nueva división internacional del trabajo que
se va armando ya no puede detenerse.

Pocos pudieron apreciar el impacto antiinflacionario de esa mutación.
Con la robotización y los nuevos materiales, los precios de los
productos industriales bajan drásticamente, los gastos mayores están en
las áreas de investigación y desarrollo, marketing, gestión. Esta
situación abre camino a la copia de productos a precios ínfimos. Los
monopolios se ven frente a frente con una rebaja drástica de las
barreras de entrada. Las nuevas potencias empiezan a amenazar los
monopolios centrales de la economía mundial y los excedentes
financieros conseguidos con los superávits comerciales substituyen a los poderes
económicos que se pensaban totalmente estables. Están aseguradas las
condiciones para un boom económico de mediano plazo. Este es el periodo
actual. Crecimiento económico con tendencias deflacionarias y caída de
costes de inversión a nivel mundial. Desvalorización de la enorme masa
de capital financiero acumulado en el periodo recesivo. Lucha creciente
por el control de la economía mundial. Los que creen que un largo auge
económico significa tranquilidad al contado están muy engañados.

 

Theotonio de los Santos

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