Miércoles, 25 Abril 2007 19:00

¿Qué hacer con tanto dinero?

Escrito por Alai
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En primer lugar, es fruto de los enormes excedentes de comercio exterior
que disponen estos países debido al espectacular aumento de sus
exportaciones y un modesto crecimiento de sus importaciones. El
crecimiento de las exportaciones tiene que ver con la política
irresponsable de valorización del dólar que sigue el actual gobierno de
Estados Unidos intentando mantener un poder de compra de su población
que seguramente no puede mantenerlo indefinidamente.

También tiene que ver con la fuerte inserción de China en el mercado
mundial como compradora en expansión colosal. Cabe anotar de paso que el
gobierno chino no ha atendido las presiones estadounidenses para una
valorización de su moneda. Si pusiera en práctica estas orientaciones
tendría un impacto aún más fuerte en el mercado mundial a pesar de que
disminuiría su superávit comercial y su disponibilidad de recursos
monetarios.

En segundo lugar, estos excedentes vienen del aumento espectacular de la
emigración de las poblaciones de los países periféricos hacia los
centrales, lo que genera una remesa de moneda muy grande hacia los
países de origen. En varios de ellos, incluyendo a países de la
importancia de México, estas remesas se encuentran entre las principales
fuentes de recursos provenientes del exterior.

En tercer lugar, los movimientos de capital dentro de la tríada de los
desarrollados (EE.UU., Europa y Japón) han disminuido a favor de los
principales polos de crecimiento mundial, sobretodo China. Las altas
tasas de interés mantenidas por las economías dependientes y las
“privatizaciones” a bajo precio también han atraído capitales a estas
regiones pero sus fuentes casi se han agotado. Las pocas empresas que
restan están más defendidas internamente, sobretodo frente al fracaso de
las llamadas privatizaciones que son abandonadas cada vez más por las
empresas privadas que solo quieren más ganancias sin mayores inversiones.

Estas razones tienen que ver con aspectos estructurales que son
difíciles de cambiar y por lo tanto no deben experimentar cambios
inmediatos. En la década de los ochenta del siglo pasado tuvimos también
fuertes superávits comerciales en los países del sur pero ellos fueron
usados para pagar los intereses de las deudas externas. Con la
suspensión del pago de las deudas externas al final de la década y sus
renegociaciones políticas, comandadas por el Plan Brady, se formaron
reservas importantes al comenzar la década del 90. En vez de utilizarlas
para fortalecer su capacidad de negociación, las elites colonizadas de
nuestros países utilizaron estas reservas para fortalecer sus monedas
nacionales, disminuir sus exportaciones y aumentar sus importaciones,
generando verdaderas euforias consumistas de sus clases medias. Estas se
enojaron enormemente cuando descubrieron que no se puede vivir
indefinidamente de rentas. .

El auge monetario que se vive actualmente tiene estos precedentes
claros. También conocemos muy bien lo que pasó con los petrodólares de
los productores de petróleo en la década de los setenta. Por otro lado,
la dimensión de las reservas del Tercer Mundo en la coyuntura actual es
demasiado elevada como para hacerla desaparecer con tanta facilidad como
en las situaciones anteriores.

Por fin, los gobiernos progresistas que se ha constituido en las
regiones emergentes vuelven a encontrarse con el pensamiento económico
progresista de América Latina y gran parte del Tercer Mundo. La teoría
de la dependencia ya los había alertado sobre este tipo de problemas
hace muchas décadas. Sobretodo cuando hay gobiernos que están alertando
y tomando posiciones a partir de la utilización ofensiva de estos
excedentes queda por demás evidente el crimen que representa entregar
estos recursos a bancos internacionales que pagan intereses muy
inferiores a los que obtienen en nuestros países dependientes y
semicoloniales.

También hay que señalar la creciente oposición entre los intereses del
capital bancario y financiero y los del sector productivo que se
encuentra ahogado por los altos intereses. La hora es de devaluación de
activos, sobretodo financieros, a favor del consumo productivo. Estamos
en vísperas de un movimiento mundial que pugna por bajar las tasas de
interés y retomar el crecimiento económico. Digamos de paso que esta
nueva ola de crecimiento económico y del empleo no generará inflación.
Por el contrario, la baja de los intereses ayudará a bajar los precios,
pero también la baja de los activos mundiales estimulará nuevas
inversiones en tecnologías de productividad cada vez más altas,
favoreciendo una deflación de precios de todo tipo de mercancías.

Por último veamos los datos sobre el aumento de los recursos en manos de
los países del Tercer Mundo en este momento, cuantías que tienden a
crecer cada mes en dimensiones extraordinarias. Hagan la suma:

Las reservas internacionales más importantes las tiene en este momento
China con 1.066 mil millones de dólares (más de un billón en español o 1
trillón en inglés o portugués). En seguida tenemos a Rusia, con 311 mil
millones de dólares; en tercer lugar, India, con 193 mil millones de
dólares; en cuarto lugar, Brasil con 106 mil millones de dólares, hasta
aquí están los BRICs; en quinto lugar, México, con 68 mil millones de
dólares; en sexto lugar, Turquía con 59 mil millones de dólares; en
séptimo lugar, Argentina con 35 mil millones de dólares; en octavo
lugar, Venezuela, con 34 mil millones de dólares; en noveno lugar, Chile
con 19 mil millones de dólares; en décimo lugar Colombia con 16 mil
millones de dólares.

Si estos países dejan de juntar su plata en dólares y de pagar intereses
a Estados Unidos tendremos un decisivo vuelco en la economía mundial. De
un lado, el debilitamiento definitivo del dólar, de otro, la creación de
un poder financiero colosal del Tercer Mundo volcado hacia la
investigación y el desarrollo, la compra de maquinarias de alta
tecnología y hacia proyectos de disminución de la pobreza y de pleno
empleo y sobretodo hacia la creación de una infraestructura moderna en
el Tercer Mundo. La verdad es que el Banco del Sur es el camino para
este cambio estructural en la economía mundial. La principal limitación
es la estrechez mental y moral de nuestra clase dominante. Es mucho más
fácil recibir un buen sueldo de las multinacionales y sobretodo de los
bancos internacionales que luchar por un cambio fundamental de nuestra
realidad. No nos olvidemos también de nuestra formación intelectual: es
mucho más fácil seguir los modelos elaborados en los centros de poder
cultural mundial que producir nuestra propia cultura. Son barreras de
difícil superación.

-Por: Theotonio Dos Santos, director-presidente de la Cátedra y Red de la
UNESCO y de la Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía Global
y Desarrollo Sostenible. www.reggen.org.br
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