Jueves, 07 Junio 2007 19:00

Desafíos para la cumbre del G-8

Escrito por LA JORNADA
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Año tras año, estas reuniones van fortaleciéndose y adquiriendo mayor reconocimiento al introducir nuevos enfoques en los debates del G-8. Estoy convencido de que el cambio climático, el desarrollo sustentable, las fuentes de energía nuevas y renovables y el financiamiento para el desarrollo son temas prioritarios de la agenda internacional.

Año tras año, estas reuniones van fortaleciéndose y adquiriendo mayor reconocimiento al introducir nuevos enfoques en los debates del G-8. Estoy convencido de que el cambio climático, el desarrollo sustentable, las fuentes de energía nuevas y renovables y el financiamiento para el desarrollo son temas sobre los que es necesario que las principales economías emergentes hagan oír más su voz, no sólo porque las poblaciones de nuestros países se ven directamente afectadas, sino por la capacidad de nuestras naciones de formular e implantar propuestas innovadoras para responder a esos múltiples desafíos.

 

La transformación de los biocombustibles en "commodities" internacionales es un ejemplo de cómo estamos uniendo esfuerzos para encontrar respuestas coordinadas. La propagación del uso del etanol y del biodiesel ayuda a democratizar el acceso a la energía, disminuyendo la dependencia mundial de las reservas finitas de hidrocarburos. Al mismo tiempo, contribuye a reducir las emisiones de gases contaminantes, lo que ayuda a minimizar los efectos del cambio climático que nos afecta a todos.

 

Los biocombustibles tienen relevancia especial para los países en vías de desarrollo. Por su enorme potencial para generar empleos e ingresos, ofrecen una verdadera opción de crecimiento sustentable, especialmente para países que dependen de la exportación de pocos bienes primarios. Al mismo tiempo, el etanol y el biodiesel abren nuevas vías de desarrollo, sobre todo en la industria bioquímica. Constituyen alternativas económicas, sociales y tecnológicas al alcance de países pobres económicamente, pero ricos en sol y tierras cultivables.

 

Las críticas de que los biocombustibles pueden afectar la seguridad alimentaria o agravar los cambios climáticos parten de una falsa premisa. Siempre y cuando los países adopten cultivos adecuados a sus realidades y necesidades, los biocombustibles pueden cumplir con las exigencias de seguridad alimentaria y preservación del medio ambiente. Un sistema de rigurosa certificación pública, plasmado en acuerdos multilaterales, conservará el medio ambiente y garantizará condiciones aceptables de trabajo. El equilibrio entre la pequeña propiedad familiar y las grandes plantaciones también puede asegurarse, como lo establece, por ejemplo, la legislación brasileña. Estamos compartiendo esa experiencia con nuestros vecinos de América Latina y el Caribe y con nuestros hermanos africanos.

 

Asimismo, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, será necesario multiplicar los mecanismos financieros innovadores que puedan garantizar los recursos necesarios para cambiar las condiciones de vida de millones de marginados. El cobro de contribuciones sobre los boletos aéreos es un pequeño ejemplo de lo que se puede hacer, como quedó claro en la creación de la Central Internacional de Medicamentos-UNITAID.

 

La Cumbre Ampliada ofrece la oportunidad de formular estrategias mundialmente integradas para hacer frente a las grandes amenazas mundiales. No habrá desarrollo sustentable, armonía del medio ambiente ni seguridad duradera si no logramos eliminar el hambre y la extrema desigualdad.

 

Por ello, las negociaciones comerciales multilaterales deben avanzar. Es necesario una verdadera ronda de desarrollo en la OMC, con resultados que reporten a los países más necesitados los beneficios tantas veces prometidos, pero nunca plenamente materializados, de la liberalización comercial.

 

Tal vez la mayor prueba de nuestra capacidad de forjar un gobierno verdaderamente global esté en el reparto de responsabilidades y costos en cuanto a los cambios inaplazables que tenemos por delante.

 

Estas responsabilidades son compartidas, aunque diferenciadas. Cuando hablamos del calentamiento global o de las negociaciones comerciales multilaterales, no podemos tratar de la misma manera a países con capacidades y responsabilidades tan dispares. La legítima protección de la propiedad intelectual, por ejemplo -que figura en la agenda del G-8- no puede ponerse por encima del imperativo ético de garantizar medicamentos esenciales a precios asequibles.

 

Brasil es plenamente consciente de sus obligaciones y está activamente comprometido con todas estas iniciativas. Por esta razón, confiamos en que el diálogo ampliado del G-8 siga siendo una instancia indispensable en la consolidación de una agenda común, de intereses y desafíos compartidos por todos en el planeta.

 

La constitución de un foro permanente entre países en desarrollo y desarrollados para tratar las cuestiones centrales del mundo contribuirá a que la globalización sea menos asimétrica y más solidaria.

 

Por: Luiz Inacio Lula da Silva

Presidente de la República Federativa de Brasil.

Exclusivo para La Jornada en México

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