Jueves, 15 Enero 2009 06:46

Cruces entre Psicoanálisis y Neurobiología. La neurona en el diván

Escrito por Página12
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Gracias a la neurobiología actual, los psicoanalistas podemos avanzar en el entendimiento de cómo la complejidad se encarna en unidades formadas por átomos, moléculas, desplazamientos eléctricos de bajo voltaje, células, circuitos neurales. Se presagian posibilidades de manipular incidencias genéticas con objetivos terapéuticos. Se han abierto nuevas condiciones de posibilidad para las curas. La incidencia de genes, sus mutaciones, y todo en relación con los “marcadores somáticos”, nos muestran bases cerebrales y corporales que soportan la realización subjetiva del “homo eroticus-sapiens-faber”. Este cruce puede potenciar investigaciones y generar colaboraciones en prácticas de frontera, que multipliquen la eficacia de las herramientas de cada uno de los campos de investigación y sus efectos sobre la práctica.

Las investigaciones neurobiológicas destituyeron el paradigma localizacionista que ubicaba para cada función un área específica del cerebro. Genéticamente, nada está definido para cumplir una determinada función. Heredamos disposiciones para cubrir funciones según las necesidades que tengamos en el medio ambiente. La plasticidad es la capacidad de maleabilidad, de cambio que tienen las neuronas, sus conexiones, para adaptarse a las exigencias de un contexto condicionante. Sobre eso operan y en eso se apoyan para operar: lo real, lo simbólico, lo imaginario. Centralmente: funciones madre, y del nombre del padre. Son las que hacen que lo pulsional se vaya intrincando y afectando determinadas áreas corporales.

Se demostró que el hipocampo y el bulbo olfatorio son las dos únicas áreas que tienen neoneurogénesis continua. Los receptores olfativos son terminales nerviosas y tienen que estar siempre renovándose para que no se saturen de información. El hipocampo es la estructura encargada de la memoria a corto plazo y si no se regenerasen allí neuronas, tenderíamos a fijarnos en memorias muy estables y sin posibilidad de borrarlas para incorporar nuevos registros nemónicos. Freud conjeturó ese tipo de funcionalidades y sus consiguientes consecuencias: las imaginó como “facilitaciones de contacto” y “barreras de resistencia”. Son fenómenos que se pueden observar actualmente con microfotografías electrónicas. Los psicoanalistas podemos proponer una investigación devenida de nuestra práctica. Investigar la memoria de largo plazo, en función de la experiencia de que algunos caracteres anales tienen una memoria prodigiosa para reconocer antiguos olores. También de que el asco a determinados olores es una adquisición en la historia de cada uno. Lo que suele manifestarse en diferencias sobre qué le da asco a cada persona. El asco es una manifestación refleja descriptivamente inconsciente, pero que muchas veces es efecto de antiguos fantasmas estructuralmente inconscientes.

El sistema nervioso, tejido de conexiones entre neuronas, funciona arborizándose y buscando contactar diversas de sus partes al servicio de determinada función. Lo cual logra a través de una multiplicidad de conexiones. A eso se le llama “sinaptogénesis”, génesis de las conexiones entre neuronas, que se llaman sinapsis. A lo largo de toda la vida, hay génesis, evolución e involución de conexiones. Este descubrimiento clave sustrajo la discusión de capacidad o incapacidad de reproducción de las neuronas. La dotación millonaria inicial hace innecesaria una producción mayor.

En cambio: la génesis, involución y hasta destrucción de espinas, ¿será el apoyo en la materialidad del cerebro para desplegar las capacidades inventivas de la materialidad del significante? Mientras las letras y los significantes son el alma que la Cultura nos da, la neurosinaptogénesis es la materia sobre la que trabaja el alma para sostener al hablante en sus movimientos de invención, de metáfora que lo van subjetivando. Si el no uso de la memoria puede traernos pruning de espículas (ver más abajo), creo que el invento acarrea sinaptogénesis. El resultado final, de la asociación entre nuestra batería significante y el terreno sobre el que se depositó y laboró, habrá sido la invención, la metáfora generadora de referencias. El concepto de Lacan sobre la letra como, ese soporte material que el discurso toma del lenguaje y que hace litoral entre lo real y lo simbólico, desborda a las letras de los abecedarios, hacia palabras y hasta frases, gesticulaciones, actos, prosodias, etc. Son previas a significantes. Son lo único primario en tanto litoral, en los bordes de los agujeros en el saber que invocan al goce en la invención, lo que suele comportar cierta angustia, por mordedura de lo real sobre lo simbólico.

Un tercer concepto de plasticidad: nacemos con unos cien mil millones de neuronas. De esas neuronas a lo largo de la vida una tasa pequeña, dependiendo de las noxas o de las afrentas de la vida, se irán perdiendo. Pero hay un proceso sobre el final de la gestación y hasta los 2 años, en el que se produce una marcada muerte celular. Se mueren muchas más neuronas que las que sería dable esperar, si vemos la tasa de pérdida progresiva de la vida posterior. A dicho proceso se lo llama apoptosis. Es una muerte cerebral, genéticamente programada. En el autismo hay una superpoblación de neuronas, con lo que se puede sospechar que la apoptosis no se efectivizó plenamente. ¿La “poda” habrá servido para reducir las conexiones “internas” y facilitar la recepción del medio ambiente? El neurocognitivismo explica desde este punto de vista la amnesia infantil. Lo piensa como pérdida de conexiones redundantes. Me parece importante distinguir la amnesia de los tiempos de represión primaria, por no disposición de un mínimo manejo de lengua y lenguaje en el momento del acontecimiento, de la represión secundaria. Ha habido, en aquéllos, ausencia radical de gramática, sintaxis, y una enorme pobreza semántica. Escenas y consecuencias de esos tiempos resultan imposibles de hilar en relatos.

Secuestro y crimen

El hijo de una pareja secuestrada y asesinada por la dictadura, adoptado luego por una familia extraña y registrado con el apellido de la misma, no guardaba recuerdos con estructura de relatos de aquellos acontecimientos. Pero lo acosaban angustiosamente sueños traumáticos en los que escuchaba explosiones fuertes, y otras breves y regulares. Recuperado por su abuela, oyó la narración del cerco militar a su casa de origen, el cañoneo de que fue objeto y el tableteo de metralletas y fusiles en el combate en que sus padres fueron muertos. Había conservado la imagen auditiva de las explosiones, aunada a la cenestésica de la angustia, probablemente trasmitida por el cuerpo y rostro de la madre y el padre. Pero no podía contar con solamente esas representaciones de cosa.

Otro caso, que supervisé siendo responsable del departamento de atención a los afectados por la represión del Servicio de Paz y Justicia, fue el de una criatura que en esa época, tenía 7 u 8 años, practicaba un extraño ritual con respecto al cual no podía elaborar relatos, ni dar razones. Se levantaba en la noche, salía al patio, hacía extraños ruidos y movimientos; luego se alojaba introvertida y asustada en las faldas de la mamá. Siendo bebé, había entrado una “patota” de la marina que secuestró a su padre para no devolverlo nunca más. Habían ocurrido gritos, llantos, intenso dramatismo. La madre y todos los hijos, incluida la beba, fueran tirados sobre la cama matrimonial y envueltos en una gran manta en absoluta confusión. En la terapia familiar, cuando la señora repetía dicho relato, la niña se paraba y se alojaba en sus faldas. Con buen criterio y sin forzamientos, la coterapeuta, en una de esas ocasiones, la tomó suavemente y la devolvió a su lugar en la reunión, diciéndole que era ése. A partir de entonces, cedió el extraño ritual. Un significante que la representara en articulación a un lugar por fuera de la mamá, emitido en el tiempo de concluir oportuno, relanzó la cadena significante de la criatura. Me parece bastante probable suponer que ese acto produjo poda de espículas y neogénesis de otras, y consiguiente reordenamientos de las redes. El significante justo, vía el gesto y la palabra que lo trasmitieron, recolocó a la niña, despegándola de la simbiosis que el acto trágico había grabado en ella y del cual en el extraño ritual, sólo encontraba un exutorio reducido.

Son recuerdos y olvidos diferentes de la represión infantil postedípica. Hipotetizo: los sueños traumáticos, con imágenes auditivas y cenestésicas anidadas de alguna forma en una red de espículas, sostenían, con su recurrencia, una memoria de largo plazo asentada en dicha red a la vez que realimentaban a ese tejido interespículas.

Tiempo de poda

Otro hallazgo de los neurobiólogos es el de poda o pruning, en las conexiones llamadas “dendritas”. Ocurre, a partir del nacimiento y en distintos momentos del desarrollo. Hay un pruning temprano, y otro que ocurre en la pubertad y adolescencia. En ese período las hormonas reconfiguran todo el sistema nervioso, hacen que el mismo comience a funcionar de una manera diferente. Recordemos que es cuando los genitales se desarrollan a la forma y nivel adulto. Reorganización en la que representaciones muy consolidadas se reconfiguran a partir de experiencias propias de la sexualidad y de la sociabilidad. Me parece importante subrayar, no sólo la coincidencia con el descubrimiento freudiano, sino también el valor que toman las transformaciones anátomohistofisiológicas de esta edad como sustento exigente desde la biología y lo real; lo radicalmente no sabido por esos púberes y adolescentes sobre ese cuerpo que los sorprende, y que los exige en el terreno simbólico imaginario.

Por, Por Sergio Rodríguez *

* Psicoanalista. Este artículo integra aportes de Gabriel Brarda, Fernando Alvarez, Laura Lueiro, Silvia Sisto, Carlos Názara, Eva Cristóbal, Alejandro del Carril, Miguel Calvano y Cristina Oyarzábal, en el seminario “Cruces entre psicoanálisis y neurobiología”, que el autor dirigió durante 2008.
 

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