Miércoles, 12 Agosto 2009 06:25

Marchan zelayistas “para demostrarle a Micheletti que no somos cuatro gatos”

Escrito por La Jornada
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Tegucigalpa, 11 de agosto. ¿Se va a pudrir Honduras luego de que Barack Obama pintara su raya respecto de una intervención mayor de su país en el conflicto? No, si el asunto queda en manos de la resistencia. En el día 45 de la batalla contra los golpistas, miles de hondureños llegan de todas las latitudes y se suman a cinco mil que los esperan en las calles de esta ciudad. Marchas similares arriban al mismo tiempo a la norteña ciudad de San Pedro Sula. El plan es permanecer en ambas ciudades el resto de la semana. Los cholutecos, los paraiseños y los olanchanos van a dormir aquí y saldrán a diario a las calles, para marchar en los alrededores de la casa presidencial, “y demostrarle a Roberto Micheletti (presidente de facto) que no somos los ‘cuatro gatos enmascarados’ que él dice”.

No son “cuatro gatos”, pero tampoco el número suficiente para tumbar al gobierno golpista a fuerza de acciones callejeras. Por eso la resistencia dice ir a más, y anuncia que “si en los próximos días” no se restituye a Manuel Zelaya en la presidencia, van a “aumentar y profundizar las acciones”. Así, pretende boicotear a las empresas “que promovieron, financiaron y ejecutaron el golpe político-militar”.

Los líderes de la resistencia ofrecen una rueda de prensa en medio de la multitud que espera a los marchistas del interior del país. Expresan, de entrada, su “repudio a las tácticas dilatorias” del gobierno de facto, que en maniobra dominguera logró que la misión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) pospusiera su vista hasta finales de la próxima semana. “Fue una artimaña para que los cancilleres no vieran al pueblo movilizado”, dice el dirigente sindical Israel Salinas.

El alargamiento de los plazos fortalece la idea de que el gobierno de facto pretende, si no le queda otra, aceptar la restitución de Zelaya, aunque busca que su regreso sea lo más cercano posible a las elecciones del 29 de noviembre. Los golpistas pretenderían así que las fuerzas armadas, con el pretexto del proceso comicial, estuvieran bajo las órdenes del Tribunal Superior Electoral, así como evitar que Zelaya tuviese un papel decisivo en la contienda.

“Ningún acuerdo puede estar por encima de la Constitución. Si Zelaya regresa sería con todas las atribuciones que le dan las leyes al presidente”, dice Carlos Eduardo Reina, cercano colaborador de Zelaya.

En los últimos días, los “liberales con Zelaya” han reaparecido en el escenario, luego de mantener una discreta presencia en las movilizaciones contra el golpe.

El fin de semana pasado celebraron una reunión de la que sacaron un acuerdo principal: desconocer a Elvin Santos como candidato a la presidencia. La “proclama” de los “liberales contra el golpe de Estado militar” marca el principio de una batalla que darán las fuerza opuestas al gobierno de facto para construir una candidatura presidencial contra los partidos tradicionales, “vuelva o no el presidente Zelaya”.

El insomnio de julio

La resistencia acusa recibo del mensaje de Guadalajara, México: “Pensamos que con el nuevo gobierno en Estados Unidos habría un cambio de conducta, pero seguimos esperando que Barack Obama demuestre que quiere que la democracia prevalezca en América Latina”, dice Juan Almendares, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, recién desempacado de Washington, a donde viajó con una delegación de la resistencia.

Almendares dice no tener duda: “Este golpe fue hecho en Washington, por los halcones y John Dimitri Negroponte en acuerdo con los poderosos de este país y los militares serviles”.

El memorioso periodista hondureño Félix Molina apunta un dato que puede ser más que curioso. El presidente Manuel Zelaya dio a conocer en marzo una carta que le envió en diciembre de 2008 al entonces presidente electo Barack Obama. La misiva fue entregada por Patricia Rodas, canciller de Zelaya, y en ella el presidente hondureño acusaba a Estados Unidos de “intervencionismo” y pedía a Obama que su futuro gobierno se distinguiera por el respeto “al principio de no injerencia en los asuntos de otros estados”.

No se crea, sin embargo, que los enojados con Estados Unidos sólo militan en la resistencia. Las declaraciones y artículos de prensa que destilan rencor “contra los gringos”, en el lado de los golpistas, podrían llenar un grueso volumen que comenzaría con la frase: Ingratos gringos, nosotros que tanto hemos hecho por ustedes. Un ejemplo: en el diario La Tribuna, propiedad del ex presidente Carlos Flores Facussé, casado con una estadunidense y quien pasa largas temporadas en Estados Unidos, el articulista Boris Zelaya dice que para Honduras ya no hay sueño, sino “pesadilla americana”: “¿Qué hondureño no ha soñado alguna vez vivir en Estados Unidos?... Hemos crecido aprendiendo las memorias de sus próceres… Admiramos su democracia… ¿Será que ahora son amigos de quien les dice ‘gringos go home’?”

De ahí la importancia, se dice aquí, del retiro de las visas diplomáticas a cuatro funcionarios clave del gobierno de Micheletti. Lo frasea así Víctor Meza, ministro de Gobernación de Zelaya: “La visa estadunidense es, para los grupos empresariales y políticos locales, algo así, como una tarjeta de identidad, un documento que les valida su condición nacional… es el documento clave, la fórmula que les proporciona personalidad, el vínculo con la existencia, con la vida social.

“El otro documento es la tarjeta de invitación a las festividades del 4 de julio, aniversario de la independencia de Estados Unidos. Quienes la reciben se sienten plenos, ciudadanos completos, socialmente realizados. Si el ansiado sobre no llega, el terror es abismal, la angustia es infinita y la ansiedad no cesa. Todo junio es un mes de miedo, de preocupación e insomnio. No duermen, sueñan con la llegada del cartero, el aviso en la puerta.”

Del canto de La Pichu al toque de queda

“¿Quieren que cante?” “¡Sííí!”, gritan abajo del carro de sonido. Y Hortensia Zelaya, de 21 años e hija del presidente en el exilio, se arranca a capela con Nos tienen miedo porque no tenemos miedo, de la dupla Felipe-Rodríguez, que los zelayistas han convertido en himno de sus marchas.
“Honduras resiste, insiste y persiste”, dice poco antes La Pichu, única de los cuatro hijos de Manuel Zelaya que anda metida a fondo en la resistencia.

La marcha es la más grande desde el pasado 5 de julio, cuando los manifestantes esperaron al presidente Zelaya en el aeropuerto de Toncontín.

Antes que su hija, Xiomara Castro de Zelaya afirma que la resistencia no solamente pretende el regreso de su marido al poder del Estado, sino también convertirse en la “oportunidad de transformar a Honduras y no dejar que la fuerza de las armas doblegue el corazón ni la razón”.

La marcha avanza rumbo a la casa presidencial. A una cuadra, pasa frente a contingentes de soldados y policías, sin incidentes. Una parte de los manifestantes caminan hacia el centro de la ciudad, mientras los restantes se dirigen a la Universidad Pedagógica Nacional, con clases suspendidas a consecuencia del virus A H1N1, donde habrán de descansar.

En el camino, según testigos, un policía de tránsito dispara contra uno de los manifestantes, de los que suelen ir en avanzada a bordo de motocicletas. Lo hiere en la pierna izquierda.

El balazo termina en un desastre. Grupos de manifestantes atacan el autobús donde presuntamente huye el policía y le prenden fuego. A continuación lanzan pedradas contra negocios de comida rápida e incendian un restaurante de pollo instantáneo.

Todos los negocios de comida rápida son propiedad de poderosos empresarios que los zelayistas tienen en la lista negra por haber “financiado el golpe de Estado”. Un motivo adicional para los persistentes ataques contra ese tipo de negocios es que no pagan impuestos, pues sus dueños se acogieron a una ley que los exenta por “favorecer el turismo”.

Pasan largos minutos antes de que hagan su aparición los bomberos y más para que la policía antimotines, a la espera de refuerzos, la emprenda nuevamente contra los manifestantes, con toletes y bombas lacrimógenas. Los marchistas son perseguidos hasta la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.

“Son delincuentes los que están adentro. Venimos a garantizar el orden, para evitar que sigan destruyendo la propiedad privada”, dice un jefe policiaco, mientras sus muchachos atrapan a 50 manifestantes, según la resistencia al golpe militar.

Poco después, “debido a los disturbios”, el gobierno de facto anuncia, en cadena de radio y televisión, el restablecimiento del toque de queda en la capital, de las 10 de la noche a las 5 de la mañana del miércoles.

“¡Me lo meten preso!” o la propaganda de los golpistas

Roberto Micheletti ha decidido, según dijo el pasado viernes, no volver a hablar de Hugo Chávez porque “ese señor está loco”.

Ni falta que hace. Los medios hondureños hablan todos los días de Chávez y desde el golpe de Estado han puesto en el aire decenas de espots que presentan al venezolano como “un peligro” para América Latina. Primero se trataba de cortos manufacturados en Venezuela, particularmente por el ultraderechista venezolano Alejandro Peña Esclusa. A principios de julio pasado, Micheletti recibió a Peña como si se tratara de un jefe de Estado. Últimamente, el gobierno de facto ha realizado sus propios anuncios, siempre usando el verbo incendiario de Hugo Chávez como regalo inestimable. La televisión hondureña transmite una y otra vez imágenes de un discurso del presidente venezolano: “¡No se puede permitir que pequeños grupitos embochinchen al país!”, grita Chávez, en un acto de masas. Y se despacha: “¡Hay que echarles gasolina y prenderles fuego! ¡El que agreda a un policía o un militar comete un delito! ¡Doy la orden de una vez, los dirigentes de eso hay que detenerlos. ¡El que salga a quemar un cerro, a trancar una calle, me lo meten preso!”

Los líderes de la resistencia tienen que hacer malabares para enfrentar esa campaña que sí rinde frutos, y divide incluso a los zelayistas: “Ellos (los golpistas) sí son chavistas, porque quieren cerrar Radio Globo”, dice una joven que marchó desde Olancho para participar en la marcha de la resistencia al golpe. “Lo único que ha hecho el presidente Chávez es ayudar a Honduras”, replica un joven a su lado.

La resistencia es calificada de “chavista” y en las “marchas blancas”, que desaparecieron del escenario hace dos semanas, era común escuchar el grito de “el que no brinque es venezolano”.

El político liberal y popular conductor de radio y televisión Eduardo Maldonado, no tiene compromisos ni afinidad ideológica con Chávez, así que puede responder rudamente: “¿Quién manda cerrar radios en Venezuela? ¿Quién es el que manda apalear manifestantes allá en Venezuela? ¿Quién cierra las radios aquí? ¿Quién apalea a los manifestantes aquí? Entonces, ¿quién se parece a quién?” He ahí la diversidad de la resistencia hondureña.

Anochece a punto del toque de queda. La atención de una parte del país y de casi todos los medios no está en lo sucedido hoy, sino en lo que podría ocurrir mañana. ¿Con las nuevas marchas anunciadas? No, en el juego donde la selección hondureña de futbol se juega el boleto para el Mundial de Sudáfrica. Claro, las manifestaciones preocupan, pero sólo en la medida en que puedan “causar daño” al normal desarrollo del partido. Dice un conductor de televisión: “¿Que hondureño querría dañar este encuentro?”

“¡Ah, esos costarricenses!”, sigue el conductor, al hacer escarnio de la decisión de los seleccionados ticos de traer sus propias botellas de agua desde su país.

Largas emisiones de radio y televisión son dedicadas a todos los detalles del encuentro, incluyendo entrevistas en vivo desde San Pedro Sula, sede del partido, donde los jefes de la policía explican los “cinco círculos de seguridad” que evitarán que los zelayistas pretendan echar a perder el juego que Honduras espera ganar por goliza.

Pero, ¿no todo eran elogios para Costa Rica y su presidente Óscar Arias en su papel de mediador? Hoy, por si algo faltara en la crisis hondureña, se informa que Arias contrajo el virus A/H1N1. “¡Ah, esos costarricenses!”

Arturo Cano
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