Lunes, 12 Julio 2010 06:16

Un hito del poderío de China

Escrito por Página12
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Expo Shanghai 2010 emerge multicolor en una ciudad futurista. Cada edificio construido especialmente para el evento plasma en arquitecturas novedosas el lema “Mejor ciudad, mejor vida”. La tecnología más moderna de urbanización ecológica se muestra ridícula ante gastos de construcción obscenamente millonarios e infinitos esfuerzos de todos los países por estar aquí, mostrando lo bueno que tienen para dar. Bajo custodia policial continua y en un predio de más de cinco kilómetros cuadrados que requirió remover miles de familias y fábricas, la Expo es visitada diariamente por 350 mil personas.

En mandarín, China se pronuncia Zhong Guo y significa “país del medio”. Acá, los planisferios tienen a China en el centro con Europa, Africa y América en los bordes. China tiene un quinto de la población mundial, es la tercera potencia económica y el cuarto país en tamaño. El crecimiento medio anual del PBI rondó el 10 por ciento en los últimos 30 años.

China es gigante por donde se la mire. Sin embargo, es importante señalar que hace 50 años decenas de millones de personas morían de hambre. Y es por eso que los chinos pelean cada centavo como el último, cada asiento de metro; es por eso que en China los autos, los peatones y las bicicletas nunca frenan. Cuando se cruzan, pasa primero el que enfrenta la lucha diaria con mayor convicción. Todavía no existe en este país el reaseguro psicológico de que habrá otra oportunidad. Incorporar esa clase de modales parece impensado en una sociedad que hace tan poco tiempo sufrió de una pobreza tan inmensa, como es todo en China.

Planeados con suma anterioridad, los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008 y la Expo Shanghai 2010 son para los analistas chinos los fenómenos de demostración de poder, hitos de este crecimiento sostenido. Como un gran país con una larga y poderosa historia, el ascenso de China tiene que ser demostrado en muchos aspectos. La gente ve el comercio internacional de China, su PBI, sus deportes, su capacidad de lucha contra los desastres, su alta tecnología, su poder blando. Desde esta perspectiva, “la Expo Shanghai 2010 no es sólo un aspecto de un proceso consistente, también es un símbolo de cómo China puede tratar con éxito la crisis económica”, señala Yijia Jing, profesor asociado del departamento de Relaciones Internacionales y Asuntos Públicos de la prestigiosa Universidad de Fudan.

“Para cualquier país responsable es irracional ignorar el desarrollo de China”, remarca Yijia Jing. Durante la Expo desfilan empresarios, representantes culturales y actores políticos de todos los países. Hillary Clinton fue la primera representante estadounidense de 200 que espera recibir Estados Unidos en el marco de la Expo. Según el Washington Post, Clinton se encargó de reunir donaciones por 60 millones para financiar el pabellón, y en su visita señaló: “Se imaginan lo que hubiera sido no estar aquí. Es como la fiesta de presentación en sociedad de China. La Expo tiene una real significancia histórica”. Incluso Sarkozy, con su presencia en la inauguración, dio un paso firme luego de un período de frías relaciones con China.

Para este evento, el gobierno chino habría desembolsado cerca de 50 mil millones de dólares, en el que participan unos 200 países y 90 organizaciones, y se espera recibir 70 millones de personas, la mayor afluencia de público de la historia. Obviamente, China no puede permitirse menos. “Sólo nosotros podemos sostener semejante Expo. Hay cierto orgullo nacional en esto. Queremos que el mundo venga y nos admire por nuestro éxito”, declaró Fangxin Hai, director general de la Oficina de Servicios Financieros de Shanghai. En dos meses, la han visitado más de 23 millones de personas.

Sin embargo, ésta es una fiesta controlada. Estados Unidos, por ejemplo, no habla de su sistema político en su pabellón. Ningún país se refiere a estas temáticas, la palabra democracia no es mencionada, ni aludida. Corea del Norte e Irán tienen sus pabellones muy cerca e iluminan aspectos que no tienen nada que ver con armamentos nucleares y política exterior.

En un país en el que se asigna la misma palabra para los significados pregunta y problema, previo a la Expo se detuvieron miles de personas en raides delictivos que buscaban extremar el orden en Shanghai. Los ciudadanos ya no pueden pasear en pijama por el barrio y tienen que tratar de moderar sus modales, como escupir en la vía publica o que los niños vayan al baño en donde sus necesidades se lo pidan.

“China se enfrenta a un montón de tensión en el interior. Hay muchas cuestiones internas, como los problemas sociales y el desarrollo económico desequilibrado, la corrupción y la degradación ambiental. Mientras tanto, el ascenso de China la obliga a manejar nuevos desafíos. ¿Cómo conciliar su relación con las grandes potencias? ¿Cómo hacerse un miembro aceptable de la comunidad internacional? Es cada vez más importante justificar sus intereses de expansión y sus valores nacionales en el mundo”, apunta Yijia Jing.

En el pasado, en estos escenarios, los países buscaban darse a conocer entre sí. Hoy, todos se muestran aquí ante China y China se expone al mundo. Después de esta Expo, el orden político económico tendrá un certificado de cambio. Después de esta Expo, China también habrá dado un paso más en su lenta pero inevitable apertura al mundo.

Por María Martin
Desde Beijing
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