Miércoles, 27 Octubre 2010 06:30

Paraguay: pasado que pesa

Escrito por La Jornada
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Mientras estuvo cuerdo, Federico Nietzsche hizo caso omiso de las propuestas de su hermana Elizabeth, quien con insistencia le proponía radicarse en Paraguay, donde su esposo, el racista Bernard Forster proyectaba establecer una colonia germana sin judíos en plena selva chaqueña.

Nietzsche repudió el proyecto del cuñado. El ideal del superhombre no daba para tanto. Sin embargo, la despechada Elizabeth empezó a cultivar su fama de antisemita. En 1932, cuando Hitler la visitó en su casa de Essen, le regaló el bastón del filósofo.

En el otoño de 1885, tras una breve visita a Paraguay, Forster había publicado un libelo en el que explicaba las ventajas del país sudamericano. El presidente Bernardino Caballero quedó encantado, y le cedió grandes extensiones de tierras a cambio de inversión de capitales alemanes.

El momento era propicio. El genocidio del pueblo paraguayo, financiado por el Banco de Londres y ejecutado por Argentina, Brasil y Uruguay (Guerra de la Triple Alianza, 1864-70) había dejado en ruinas a la nación más progresista y pujante de América del Sur. Así nació la colonia Nueva Germania, delirio que no prosperó, ya que Forster resultó un vulgar estafador de los ilusionados emigrantes que soñaban con emigrar a Paraguay.

Tres décadas más tarde, en 1927, menonitas holandeses, alemanes y rusos ganados por el hitlerismo, fundaron en Paraguay el primer partido nazi fuera de Alemania. Y en la guerra con Bolivia (1932-35), el general Stephen Vysokolan, ex teniente del zar Alejandro II, tuvo entre sus discípulos de la Academia Militar a un descendiente de bávaros con futuro: Alfredo Stroessner.

Las simpatías pro nazis de la oligarquía paraguaya tampoco pasarían desapercibidas para el tenebroso doctor Joseph Mengele (el Ángel de la muerte de Auschwitz), quien después de la guerra se refugió en un pueblito cercano de Asunción.

En 1954, cuando Stroessner llegó al poder, el antropólogo de fama mundial Jacques Soustelle entabló amistad con el futuro dictador del país sudamericano. Miembro de la Academia francesa, fascista declarado, gobernador de Argelia (1955) y cerebro del grupo que en 1962 trató de asesinar al presidente de Francia, Charles de Gaulle.

Soustelle recurrió a Stroessner con el fin de solicitar refugio para el encargado de apretar el gatillo: el aristócrata George Watin, a quien el público amplio recuerda como el rengo que aparece en la novela El día del Chacal, de Frederick Forsyth.

Hasta 1989, año de la caída de Stroessner, Paraguay fue el paraíso de delincuentes y terroristas de la extrema derecha internacional, estación principal de la CIA en el Cono Sur, y de los capos de la French Connection, especializada en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

Algunos investigadores estadunidenses creen que Lucien Sarti, pistolero de la mafia corsa y supuesto magnicida del presidente John Kennedy (1963), encontró asilo a la sombra de Stroessner. Así como también Michael Townley, asesino de Orlando Letelier, ex canciller del presidente Salvador Allende (1976).

Para no ser menos, la llamada Internacional Negra del fascismo europeo mantuvo sólidas relaciones con la dictadura paraguaya. Por ejemplo, el terrorista italiano Elio Massagrande, tesorero de un proyecto de colonización (aunque ahora de origen islámico), le abrió las puertas a su compinche Stefano delle Chiae, autor del bombazo que en 1980 causó la muerte de 85 personas y dejó heridas a más de 200 en la estación ferroviaria de Bolonia.

Alias Pimpinella Negra, Delle Chiae se asoció con Stroessner en el tráfico de armas israelíes, en operaciones comerciales tan distantes como Guatemala o Irán. Igualmente, formó parte del escuadrón de la muerte organizado en Europa por la policía secreta de Pinochet, que entre otros crímenes llevaron al fallido atentado contra Bernardo Leighton, secretario general de la Democracia Cristiana chilena (Roma, 1975).

Al empezar el decenio de 1970, Paraguay empezó a recibir inmigrantes de Taiwán que en pocos años se convirtieron en contrabandistas expertos, falsificadores de relojes japoneses y narcotraficantes asociados a los militares y grupos económicos del país. Y en 1979, el sátrapa de Nicaragua, Anastasio Somoza, creyó encontrar refugio seguro en Asunción. Hasta que en 1980, en la avenida del generalísimo Francisco Franco, un comando guerrillero lo envió al otro mundo.

La sólida alianza anticomunista de Stroessner con el dictador Chiang Kai-Shek le representó negociazos excelentes a la casta militar y policial que gobernaba Paraguay. El general Andrés Rodríguez, entre ellos.

En febrero de 1989, Rodríguez destituyó a Stroessner con el respaldo del embajador yanqui, Arhur Davis, quien luego sería trasladado a Panamá para desestabilizar el gobierno del general Manuel Noriega.

Por José Steinsleger /I
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