Miércoles, 22 Agosto 2012 06:57

La ONU deja Siria con un sombrío adiós

Escrito por La Jornada
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El comandante de la Organización de Naciones Unidas en Damasco dio un miserable adiós a su misión este martes y señaló, de manera muy poco convincente, que la ONU no abandonará a Siria, país al que convertirá en una zona libre de ataques al momento en que sus últimos 100 soldados emprenden la retirada el miércoles. Siempre que la ONU retira a su personal de Medio Oriente, invariablemente se avecina una calamidad: la partida de los inspectores de Naciones Unidas de Irak en 2003 presagió la invasión angloestadunidense. En privado, la organización mundial teme que ahora exista una vía libre para que Occidente y los árabes del Golfo atiborren de armas a Siria para ayudar a la rebelión contra el régimen de Assad.


Mientras, el general Gaye daba su anuncio en el lobby del hotel de lujo Damas Rose, y deseaba de la manera más absurda a los musulmanes un “feliz” fin del Ramadán, el mes de ayuno sagrado, al tiempoque insistía que la ONU no abandonará a Siria, sus propios oficiales empacaban y hacían fila para pagar sus cuentas de hospedaje, a un lado del podio. “Ni siquiera se tomaron la molestia de esperar a que Lakhdar Brahimigot llegara para asumir su papel como enviado de la ONU”, señaló uno de los funcionarios de Gaye. El general declinó decir a periodistas si se habrían salvado más vidas de sirios, de haberse quedado aquí la organización.


Afuera, en la luminosa y acalorada tarde de Damasco, las calles, con frecuencia desiertas y las tiendas cerradas hablan de desfallecimiento, más que de colapso. No parece que el régimen de Bashar Assad esté a punto de partir, pero hay signos de ruptura por todas partes. Los soldados son alojados en la vieja estación Ottoman Haj, en el centro de Damasco, de la que no han salido trenes rumbo a ciudades sirias en meses. Pero la prensa siria oficialista (no existe otra) a diario trae noticias desde el frente de guerra en primera plana. La captura de armamento del Ejército Sirio Libre, el asesinato de civiles en los alrededores de la capital –que siempre es atribuido a “terroristas”, desde luego– y discursos combativos de acólitos del gobierno dejan claro que la nación está en peligro.


Quizá por esta razón los sirios de Damasco hablan con creciente libertad sobre la oportunidad que tiene el régimen de sobrevivir, y debaten abiertamente la victoria o derrota de Bashar en cafés y restaurantes. Todos saben que a sólo unos kilómetros de la capital comienza una zona oscura, una tierra que abarca miles de kilómetros cuadrados, en los que a toda hora ocurren atrocidades. Las principales carreteras al norte han sido bloqueadas y la mayor parte de las líneas telefónicas de Alepo están fuera de servicio. La mayoría de los viajeros prefiere tomar el avión de Alepo a la capital pese a que el camino del centro de la ciudad al aeropuerto es muy peligroso. Este martes, la oficina principal de la aerolínea Syrian Arab, en Damasco, estaba atestada de personas que buscaban vuelos para salir del país, o que rogaban por boletos cancelados de última hora para que sus familiares en Alepo los pudieran ocupar.


Aún así, el régimen, cuya historia y raíces llegan a lo más profundo de Siria. Independientemente de lo brutales y corruptas que los opositores creen que son esas raíces, éstas parecen tener más vida de las que creen los Clintons, Panettas, y los Laurent Fabius de este mundo. Cuando el canciller francés Fabius, tras escuchar historias de refugiados y atrocidades en Siria, anuncia que Bashar Assad “no parece estar en esta tierra”, suena más infantil que amenazador. De hecho, es el tipo de tonterías que a menudo escupen los dictadores árabes. Los habitantes de Damasco están más preocupados por sus familias que por obtener venganza. Un hombre de clase media a quien conozco de años me dijo ayer que su esposa trabajó para una oficina gubernamental, pero que “ahora la tiene en casa” para que esté segura.


El ministerio de Información ha producido y empacado un DVD a base de filmaciones de bombas “terroristas” que han estallado en todo el país, si bien admiten que el disco no contiene el ataque con camión bomba ocurrido la semana pasada cerca del hotel que hospedaba a la ONU.


El último adiós del general Gaye fue tan sombrío como breve. Después de que los solados de la ONU llegaron el 21 de abril para monitorear el retiro de las armas pesadas y el respeto al cese del fuego, la violencia disminuyó, dijo Gaye, pero “para mediados de junio estaba claro que las partes no estaban comprometidas con el cese del fuego.


“Los observadores de la ONU trataron de facilitar pausas en los combates” para dar asistencia a las labores humanitarias. “Hago un llamado a todas las partes para detener la violencia que está causando tanto sufrimiento al pueblo sirio”, proclamó el general Gaye para agregar que la ley humanitaria debe ser respetada.


Huelga decirlo, la ley humanitaria no está siendo respetada ni se respetará, y a partir del miércoles no habrá nadie que “facilite pausas en los combates”.


Cuando le pregunté al buen general cómo se sentía personalmente respecto del fracaso de su misión, respondió que se sentía aliviado por el hecho de que “la ONU permanecerá en Siria”. Pero esto es un absurdo; salvo por una minúscula oficina, con un personal de quizá diez funcionarios, no queda nada de una misión observadora de la organización mundial, con la única excepción de la UNTSO (Organización para la Supervisión de Tregua de la ONU), instalada tras la guerra de 1967 y que está dedicada desde entonces a mantener la paz entre sirios e israelíes en la meseta de Golán. Los valientes soldados que enfrentaron el fuego de metralla en Alepo y Homs no estarán más.


¿Debió la mision de la ONU en Siria estar encabezada por un diplomático en vez de un soldado? Nadie aquí parece entender por qué el general noruego Mood, antecesor de Gaye, dejó su puesto. Ayer aún se debatían cuestiones como si se debió dedicar más tiempo a hablar con las fuerzas opositoras afuera de Siria y sobre todo ¿por qué poner fin a la misión justo ahora?


¿Acaso porque algunos en los cuarteles de la ONU en Nueva York sabían desde el principio que no había intención de que la misión tuviera éxito? ¿O quizá las naciones occidentales y los patrocinadores del Golfo no querían a observadores husmeando en la cantidad del nuevo y cada vez más letal armamento que planeaban mandarle al Ejército Sirio Libre y a sus más barbados aliados en esas partes de Siria, en que la ley de Bashar ya no vale?


Traducción: Gabriela Fonseca

Información adicional

  • Autor: Robert Fisk
  • País:Siria
  • Región:Asia
  • Fuente:La Jornada
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