Miércoles, 05 Junio 2013 05:59

Los indignados de Taksim: El despertar de la Turquía aletargada

Escrito por Página12
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Los indignados de Taksim: El despertar de la Turquía aletargada

Las acciones de protesta que arrancaron la semana pasada para salvar un céntrico parque de Estambul de la reconversión urbanística se están mutando en un movimiento social que está despertando a numerosos sectores de la sociedad turca. Pocos creen que el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, hará caso a las insistentes exigencias de "Dimisión" que cubren todas las paredes del centro de Estambul, pero nadie duda de que la ocupación de la plaza de Taksim marca un antes y un después en su carrera.

 

"Tayyip no va a dimitir, se quedará en el poder, pero la resistencia continuará; incluso si termina de estar presente en las plazas seguirá en los medios sociales. La gente no olvidará estos momentos de reacción social", opina Muzaffer Baris, pinchadiscos en un local de Estambul. Lo mismo cree Eylem Yanardagoglu, profesora de periodismo en la Universidad de Bahçesehir y experta en nuevos medios. "Veremos probablemente el nacimiento de un fuerte conjunto de medios independientes y ciudadanos. La gente utiliza los medios sociales de forma activa e inteligente, y la prensa convencional ha fallado totalmente a la hora de cubrir las protestas", señala.

 


Los grandes medios turcos ignoraron en sus primeros días las protestas, que se difundieron a través de redes sociales como Twitter y Facebook. "Esto es un despertar real de la sociedad, incluso para la gente apática y apolítica es un movimiento civil, en su mayor parte laico, y sin divisiones étnicas y religiosas, a través de todas las ideologías, y nadie ha intentado secuestrarlo para sus fines", asegura la profesora.

 

De hecho, en la plaza de Taksim se pudieron ver carteles con la cara del Che Guevara al lado de los símbolos de las juventudes nacionalistas turcas de derechas, mientras jóvenes envueltos en banderas turcas participando en bailes donde se enarbolaban las enseñas amarillas del BDP, el partido prokurdo. "Las personas se cuidan mucha unas a otras: el gas lacrimógeno saca su lado humano", concluye Yanardoglu.

 

El afán por mostrar solidaridad era obvio entre los millares de personas que llenaron anoche la extensa avenida que comunica Taksim con el revuelto barrio de Besiktas, donde se registraron los mayores enfrentamientos con la policía. Mientras miles de personas se turnaban en las barricadas para impedir que la policía se acercara a la parte "liberada" de la ciudad, otros centenares repartían sprays de almagato (un antiácido) y agua, para aliviar los síntomas del gas lacrimógeno.


En numerosas mesas de la plaza de Taksim e incluso en las propias barricadas se encontraban provisiones de botellines con esa mezcla blanquecina, convertido estos días en el "maquillaje" favorito de las activistas. Pero también hay brigadas de estudiantes de medicina, reconocibles por sus camisetas blancas, siempre atentos en la retaguardia para socorrer a cualquier herido, en la mayoría de los casos afectados por dosis fuertes de gas lacrimógeno.

 

Al mismo tiempo, en el Parque Gezi, donde nacieron las protestas, hubo mesas de reparto de comida y agua, aportadas por los vecinos. Se trata de manifestaciones de organización espontánea, sin un comité central, sin figuras líder y sin dirigentes, y desde luego sin un rol decisivo del opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), al que Erdogan ha acusado de dirigir las protestas para vengar su derrota en las urnas.


Esta acusación "no es más que una táctica para desacreditar a la oposición. El CHP no tiene importancia, no organiza nada, ni tiene capacidad para hacerlo", estima Yanardagoglu, quien tampoco cree que las llamadas a la dimisión de Erdogan puedan tener éxito. "Es muy difícil decir que dimitirá; si deja el poder será de una manera distinta, no como dimisión a causa de las protestas", dice.

 

En todo caso, sí cree que la revuelta puede sacudir la estructura de poder del partido gobernante, el islamista Justicia y Desarrollo (AKP), al tiempo de dar más popularidad al presidente, Abdullah Gül. Baris apunta, sin embargo, que el discurso moderado de Gül y del viceprimer ministro, Bülent Arinç no es más que "el juego del poli bueno y el poli malo".

 

"El jueves pueden ocurrir cosas muy importantes, porque es cuando Erdogan volverá de su viaje al Magreb y ordenará poner fin a las protestas", vaticina el joven activista.



Estambul se echa a la calle tras las disculpas del Gobierno de Erdoga

 

Por JUAN CARLOS SANZ (ENVIADO ESPECIAL) Estambul 5 JUN 2013 - 01:25 CET. El País

 

Estambul es una fiesta. Una marea humana ha recorrido en las primeras horas de esta tibia madrugada del miércoles las arterias que desembocan en la plaza de Taksim, en el corazón de la parte europea de la principal ciudad de Turquía. Miles de personas —jóvenes en su mayoría, pero también parejas maduras y familias con niños— se han echado a la calle en un ambiente de celebración tras las disculpas y los mensajes conciliadores que llegan desde el Gobierno del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan.


 
Después de una semana de violentas protestas ciudadanas desatadas por la construcción de un centro comercial sobre un parque adyacente a Taksim y tras la retirada de las fuerzas de seguridad, los ciudadanos han tomado la calle como señal de victoria. “Estamos aquí para vivir este sentimiento colectivo de alegría”, resume Duygu, un estudiante de Psicología de 20 años

 


“La plaza y el parque se han convertido en símbolos de un movimiento civil de resistencia”, añade Fatih, de 23 años y estudiante de Economía. Cientos de jóvenes habían acampado al caer la noche del lunes en los parterres del parque de Gezi, convertido en una auténtica romería. Con músicos, puestos de comida y bebida y tenderetes de las plataformas sociales que encabezan la protesta. Mientras, en la plaza rectangular donde yacen aún algunos vehículos calcinados, ondean banderas de organizaciones políticas y sindicales y pancartas con la leyenda: “Erdogan, dimisión”.


 
Desde la calle de Istiklal, el principal centro de animación nocturna de Estambul, hasta la cosmopolita avenida de la República, grupos que ondean banderas turcas y corean lemas contra el Gobierno se cruzan con hinchas de los equipos de fútbol Besiktas y Galatasaray que entonan cánticos de celebración para sumarse a las protestas. Muchos llevan latas de cerveza Efes en la mano, como si marcharan hacia una verbena y no hacia una concentración política.


 
A las puertas del hotel Diwan, en el cruce de caminos que conduce hacia el Bósforo, un grupo de estudiantes de Medicina, vestidos con batas blancas y con la cara cubierta con mascarillas de quirófano y gafas de bucear, se prepara para atender a posibles intoxicados por los gases de las granadas lacrimógenas. Como cada noche, la protesta intenta llegar hasta la oficina del primer ministro en Estambul, situada en el palacio de Dolmabahçe. Aybur, que cursa tercero de Medicina, lleva un frasco con una solución blanquecina. “Es leche y agua a partes iguales. Es lo único que les podemos ofrecer en el primer momento. Pero si alguno de los intoxicados está muy grave lo llevamos hasta una zona donde varios de nuestros profesores les atenderán. Hemos venido porque estamos indignados ante la desproporcionada respuesta de la policía”, explica. El eco de los disparos de las granadas se mezcla en la noche de Estambul con los gritos de alegría.

Información adicional

  • Autor:ILYA U. TOPPER
  • País:Turquía
  • Fuente:Público.es
Visto 839 vecesModificado por última vez en Miércoles, 05 Junio 2013 06:11

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