Martes, 05 Noviembre 2013 06:33

Snowden, el hereje de nuestros tiempos

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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Snowden, el hereje de nuestros tiempos


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Las herejías han sido tradicionalmente anatematizadas: prohibidas primero, proscritas después, al cabo, si se puede, eliminadas. El concepto de herejía fue una creación del Concilio de Nicomedia en el año 317 d.e.v., y se define de cara a un dogma de fe, una verdad oficial: la ortodoxia. Esta se traduce en esa forma de vida que es la normalidad y que se concibe como el statu quo.


Frente a la ortodoxia, regularmente han emergido diversas heterodoxias. Las herejías han tenido figuras prominentes en la historia. Y el nombre adecuado para los mismos es el de heresiarca. Pues bien, Snowden es el heresiarca de nuestra época.


En efecto, las revelaciones —parciales hasta la fecha, pues es evidente que aún posee numerosa otra información— acerca del espionaje a gran escala por parte de la NSA han producido diversas reacciones. Y la primera y más evidente de todas es el descrecimiento de los ciudadanos en el gobierno mundial de los EE. UU., y de consuno, la pérdida de confianza y credibilidad en los gobiernos nacionales. Pues en muchas ocasiones: a) estos han contribuido con sus propios organismos de seguridad e inteligencia a los espionajes; b) una vez que se han producido las denuncias permanecen sin hacer absolutamente nada. Literalmente.


Snowden ha desenmascarado la religión de Estado, o lo que es equivalente, el Estado como religión. Pues en la sociedad de la información y del conocimiento, la religión de Estado no es el catolicismo, el protestantismo o el judaísmo —para mencionar los tres casos más conspicuos—. Por el contrario, la religión de Estado es, hoy por hoy, la información: premisa de la democracia, fundamento (presunto) de la legitimidad.


La ortodoxia en cuestión de fe coincide en el plano de la episteme con la ciencia normal, y ambas a su vez en el plano político no son otra cosa que la verdad oficial. Verdad oficial a través de los órganos, los políticos y los intelectuales oficiales.


En verdad, la ciencia normal, cuyo epítome es en ciencia en general la corriente principal de pensamiento, se condensa, según el estudio clásico de T. Kuhn, en el paradigma vigente. Hasta cuando se revelan en el seno de este paradigma anomalías. Las anomalías no son, por tanto, otra cosa que rupturas, quiebres, bifurcaciones con respecto a las creencias oficiales, las verdades oficiales.


Snowden ha desvelado las mentiras de la democracia occidental en su centro mismo: la democracia como fundada en información disponible, y las consecuentes (a)simetrías de información para las tomas de decisión. Cuyo origen primigenio es la idea de: one man, one vote, que es el fundamento del liberalismo, y cuyos fundamentos filosóficos, epistemológicos y metodológicos se encuentran claramente expuestos por autores como Hobbes y Locke. De hecho, toda la epistemología del empirismo y las filosofías de Locke y Hobbes son los fundamentos filosóficos mismos del liberalismo y la modernidad. Con una historia que se nutre hasta nuestros días. Y que también hasta nuestros días se mal–nutre.


Ciencia normal, dogmas de fe y verdades oficiales —tres expresiones distintas para un solo y mismo principio: el realismo político; el principio de realidad como vigencia, trasmisión y reproducción de creencias repetidas y justificadas mil y una veces.
Hasta cuando entran en acción los herejes en la iglesia; los revolucionarios y los nuevos paradigmas en ciencia; y los desertores y críticos del poder, en política, y coinciden todos en el desvelamiento del engaño, la impotencia, la falsedad de los métodos, fundamentos y verdades.


En religión, herejías de la valía de los cátaros; en ciencia, revoluciones como la de Galileo y Newton; y en política —en el sentido más amplio y fuerte de la palabra—, en nuestros días, esa figura eximia que es E. Snowden. "Jamás querría vivir en un país que espía y controla a sus propios ciudadanos", fue una de sus primeras declaraciones cuando recién se supo sobre sus denuncias. Pues, manifiestamente, el espionaje y el control significan la falta de confianza y el esclavismo informacional.


Porque esa información sobre los ciudadanos es información que se procesa y acumula para emplearla cuando y como sea conveniente a los intereses de los poderes.


Razón tiene Obama: han sido sus subalternos los que han llevado a cabo esos espionajes. Son subalternos en el organigrama únicamente, pues es evidente que son el poder mismo. La diferencia primaria entre Estado y gobierno; entre Estado y administración.
Las herejías, sin embargo, no han sido totalmente acalladas. Como tampoco las revoluciones científicas. Por el contrario, las herejías han cumplido el muy destacado papel de servir de focos de luz a las falsedades y debilidades de los poderes establecidos.
Desde al adamismo hasta los Wiclefitas; desde Arriano hasta Lutero, por ejemplo. En un plano. Y en el otro, desde Giordano Bruno y Galileo, hasta las ciencias de la complejidad, en numerosos campos del conocimiento.


Los herejes y las revoluciones científicas despiertan a las sociedades del letargo y las obviedades, de las falsas creencias y los dogmas. Introducen auténticas bifurcaciones en la historia, y quiebran en todos los casos el determinismo. Esto es, la creencia de que es el pasado el que da sentido al presente; o que es el presente vigente sin más el que determina al futuro.


Las verdades oficiales son deterministas, tanto como la ciencia normal. Y ambas se conciben como la imposibilidad de que haya otras verdades, otras interpretaciones, otros criterios que los propios. En otras palabras, el dogma, las verdades oficiales y la ciencia normal son reacios a la idea de pluralidad, a la noción de divergencia. No en vano, el establecimiento trabaja en términos de mayorías y consensos. Que son táctica y estratégicamente diseñados.


Hasta cuando el diseño se revela como una verdadera impostura, por gente valiosa, mil veces valiosa, como E. Snowden. O Julian Assange. O el teniente Bradley Manning. Y Anonymous, desde luego. Pero, la verdad, como miles y millones de otros seres humanos —verdaderamente humanos— que trabajan en la misma dirección y con herramientas diversas que estos tres mencionados. Miles, millones de personas, trabajan en el anonimato o en el más bajo perfil. Y muchos otros, en diversos escenarios, trabajando en la misma dirección.
Todos aquellos que pivotan alrededor de ejes tan diversos y plurales como medios alternativos de información; sistemas alternativos de economía; fuerzas políticas de oposición; metodologías alternativas de enseñanza e investigación; ONG no oficiales ni al servicio de los grandes capitales; incluso, fuerzas militares no oficiales y de fuerte resorte social. Para mencionar tan sólo unos cuantos ejemplos, y unas pocas expresiones.


Lo cual apunta a la idea de la importancia de los grupos pequeños; de las iniciativas personales; de las capacidades de aprendizaje y adaptación; al famoso efecto mariposa de la ciencia del caos: un café en un cafetería de barrio cualquiera puede tumbar un gobierno o una transnacional en otros lugares. Por ejemplo.


Históricamente las iglesias le han temido a las herejías, y las persiguen con ahínco. La educación y la ciencia normal le temen a las revoluciones científicas y a la innovación, y le suelta toda la carga de la demostración a quienes proponen cosas novedosas y distintas. Y los poderes políticos y militares le temen a los individuos y a sus diversas organizaciones y las espían hasta el menor detalle y acumulan y procesan la información.


Pues bien, E. Snowden ha puesto de manifiesto que pequeñas acciones particulares tienen consecuencias imprevistas de largo alcance. Y eso es una herejía, un anatema, una prohibición. Al fin y al cabo, los grandes cambios en la historia de las sociedades casi siempre proceden desde las comisuras y los intersticios; no desde los valles y las llanuras. Pues bien, la enseñanza de la herejía de Snowden radica en poner en evidencia que la inteligencia consiste en el buen trabajo desde los intersticios y los pliegues. El vocabulario de la complejidad.

 

Domingo, 03 Noviembre 2013 21:54

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  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • Fuente:Palmiguía
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