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Lunes, 22 Diciembre 2014 16:46

Yihadismo, conflictos étnicos y guerra sucia

Escrito por Francisco Claramunt
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Yihadismo, conflictos étnicos y guerra sucia

Mientras Estados Unidos intenta entender cómo Vladimir Putin se va del baile con un miembro de la Otan del brazo y da un golpe maestro a la política de contención a Moscú, Turquía profundiza una política nacional que nada tiene que envidiar a la de su antiguo aliado.

 

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, lo anunció a comienzos de mes: el gas que Rusia no puede sacar hacia Occidente por Europa del este saldrá por tierra otomana. Para el analista estadounidense Andrew Korybko se trata "del movimiento más grande hasta ahora hacia la multipolaridad", que lleva a Turquía, viejo aliado de Estados Unidos, a "rechazar el euroatlantismo y abrazar la integración euroasiática". Es el corolario de un distanciamiento progresivo entre Ankara y Wa-shington, a raíz de la apuesta estadounidense en Siria a lo que Korybko llama "la carta kurda" (Sputnik, 4-XII-14).


Antes unido a Turquía en su afán de reprimir a las milicias kurdas, Estados Unidos apuesta ahora al diálogo con ellas para contener el avance en Siria del grupo yihadista Estado Islámico (EI). Amenazada en su integridad estatal ante el resurgimiento kurdo, Turquía juega sus propias cartas.


Ayuda humanitaria.


El ataque yihadista tomó esta vez por sorpresa a los kurdos que defienden Kobani. Sus Unidades de Defensa Popular (Ypg) resisten por el sur, el este y el oeste la ofensiva del EI a la ciudad siria fronteriza con Turquía. Pero el blindado cargado de explosivos que el 29 de noviembre mató a cuatro combatientes kurdos vino del norte, es decir, del lado turco, según informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (AP, 29-XI-14).


Turquía posee 24 bases de la Otan y las segundas mayores fuerzas armadas de esa alianza. Pero se muestra reacia a unirse a la coalición contra el EI que lidera Estados Unidos en Siria e Irak. De hecho, las fuerzas kurdas en Kobani afirman que Turquía permite a los yihadistas el uso de una franja de su territorio entre el límite con Siria y sus puestos de guardia. Relatos similares de ex yihadistas apuntan a que los militares turcos y el EI cooperan para realizar incursiones contra las milicias kurdas en Siria (Newsweek, 11-VII-14).


A suelo sirio llegan a diario toneladas de comida, cemento y acero que Ankara señala como "ayuda humanitaria". Un informe de la Deutsche Welle del 26 de noviembre reveló que los suministros turcos se pagan en efectivo al llegar a la frontera y se envían a la ciudad siria de Raqqa, cuartel general del EI. En agosto, el Washington Post informó que combatientes del EI y del Frente Al Nusra, la rama siria de Al Qaeda, se atienden en hospitales turcos y usan la frontera para trasladar armamento y reclutas (Washington Post, 12-VIII-14).


La periodista Ahu Özyurt documentó la admiración de que goza el EI en los pueblos de la frontera turca: "Son como nosotros, luchando contra siete potencias en la guerra de independencia", le dijo un funcionario de un gobierno local. La cronista señalaba que "la política de 'simpatía por el diablo' del Akp (partido islamista conservador que gobierna Turquía) ha traído al EI a las puertas de Siria. Ahora Turquía es un miembro de la Otan que trata 'diplomática y políticamente' con ese grupo" (Hürriyat Daily News, 26-IX-14).


Cuando se le preguntó por las dificultades que afronta su gobierno en Siria, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo: "Nuestro mayor problema son nuestros aliados". Biden admitió que turcos, saudíes y emiratíes financiaron y armaron "a cualquiera que peleara contra (el presidente de Siria, Bashar) al Asad, pero a quienes realmente apoyaron fue a Al Nusra y Al Qaeda y a otros elementos yihadistas" (Bbc, 7-X-14).


Tiempo antes, Erdogan había asegurado que la lucha contra el EI "será una prioridad para Turquía" y que es "inaceptable" pensar que su gobierno simpatiza con "grupos terroristas" (Daily Sabah, 1-X-14). Tras masivas protestas de la izquierda prokurda para que el gobierno intervenga contra el EI, el parlamento turco aprobó la posibilidad de una incursión militar en Siria: las autoridades advirtieron que no habría "acciones inmediatas".


La vara con la que se mide


"Mientras el terrorismo del EI causa alboroto en Oriente Medio, en mi país ha existido una continua acción terrorista del Pkk (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) durante los últimos 32 años, y al mundo nunca le preocupó. ¿Por qué? Porque esa organización terrorista no usa el nombre 'islam'", disparó Erdogan en un discurso en setiembre (Anadolu, 29-IX-14).


El Pkk es la fuerza hegemónica entre los kurdos de Turquía, un grupo nacional que representa el 20 por ciento de la población y está presente además en Irak, Irán y Siria. De inspiración marxista, mantiene desde 1984 un enfrentamiento armado con el Estado turco por la autodeterminación kurda. Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron el uso de torturas y desapariciones forzadas como prácticas habituales del Estado durante el conflicto, que ha costado la muerte de casi 40 mil personas (Human Rights Watch, marzo de 1993).


En la última década la combinación de represión y reformas (como la legalización de la lengua kurda, prohibida en Turquía hasta 2002) pareció debilitar a la insurgencia. Pero el actual conflicto en Siria dio nuevos bríos a la lucha kurda. El analista de la política exterior turca Bayram Balci apuntaba en 2012 que más allá del enfrentamiento con Al Asad, "la real amenaza para Erdogan parece ser la emergencia de una fuerza política kurda en Siria controlada por el Pyd (Partido de la Unión Democrática) y el Pkk, que se presenta como un duro golpe para Turquía" (Perspectives, octubre de 2012).


En medio del caos de la guerra civil, la rama siria del Pkk, el Pyd, y su brazo armado, Ypg, lideran en el norte del país árabe un régimen autonómico socialista que el dirigente Salih Muslim define como "democracia radical" (Tenk, 10-XI-14). La principal amenaza que afronta la zona autónoma –de 4 millones de habitantes– es la de los grupos yihadistas, que mantienen un cerco sobre las milicias kurdas a las que califican de "comunistas apóstatas" (Dabiq, julio de 2014).


Ante la disyuntiva de apoyar a la resistencia kurda o al EI, Ankara dejó claras sus preferencias: durante las protestas en Turquía que pedían la intervención en Siria, la represión estatal provocó la muerte de 37 manifestantes e instaló el toque de queda en seis provincias de mayoría kurda. Al tiempo que se abstenía de atacar al EI, la fuerza aérea turca bombardeó posiciones del Pkk en el este del país (Al Jazeera, 14-X-14).


Turquía busca exorcizar el ejemplo autonómico, incluso a costa de modificar sus principales alianzas. Cuando se le preguntó por la posibilidad de un diálogo entre el Pentágono y los líderes de las Ypg, Erdogan advirtió: "Sería muy equivocado por parte de Estados Unidos, nuestro aliado en la Otan, hablar abiertamente de algún tipo de apoyo a una organización terrorista y esperar que estemos de acuerdo" (Anadolu, 19-X-14). Días después, Estados Unidos aprobó el envío de armas a las Ypg en Kobani, a punto de caer bajo el asedio yihadista. Las consecuencias de esa acción en las relaciones bilaterales entre Washington y Ankara recién comienzan a percibirse.


Viejas mañas


La periodista inglesa Wendy Kristanasen analizaba en 2010 cómo Ankara buscaba alcanzar la estabilidad y seguridad en Oriente Medio a través de una política "basada en la persuasión y la negociación". Decenas de convenios bilaterales con sus vecinos, progresos en su relación con Armenia e intentos de mediación en conflictos como el palestino-israelí, ponían a Ankara en un sitial privilegiado en la región (Le Monde Diplomatique, febrero de 2010).
A tres años del comienzo de la guerra civil en Siria, lejos quedaron los sofisticados tiempos del soft power. Ya Balci concluía que Siria creó "un revés para la influencia turca en el mundo árabe". Ankara se enfrenta hoy a la guerra en sus fronteras y a un movimiento de liberación kurdo renovado. Ante la estrategia cada vez más errática de Washington en la región, la alianza con Moscú le ofrece al menos seguridad energética.


Si en su momento Erdogan se mantuvo remiso a una intervención directa en Siria, sus nuevas amistades con la Rusia de Putin –aliado de Al Asad– hacen todavía más lejana esa posibilidad, apunta Korybko en su análisis para el Sputnik. Aunque no descarta que Turquía continúe con su ayuda a los miembros de la oposición siria.


A juzgar por las últimas noticias, Turquía también mantendrá su apoyo a los grupos yihadistas que combaten a los kurdos en Siria. La estrategia no es nueva. Cuando un gobierno socialista puso en duda la influencia de Estados Unidos en Afganistán en 1978, la Casa Blanca apostó todas sus fichas por el extremismo islámico de los muyahidines. El resultado es conocido. Ankara pasó mucho tiempo junto a Wa-shington como para aprender la lección.

Información adicional

  • Autor:Francisco Claramunt
  • Región:Euroasia
  • Fuente:Brecha
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