Martes, 09 Junio 2015 07:40

El dragón en el patio trasero

Escrito por Raúl Zibechi
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El dragón en el patio trasero

La gira del primer ministro chino Li Keqiang por Brasil, Colombia, Perú y Chile comenzó a plasmar las promesas que hiciera el presidente Xi Jinping a principios de este año en el Foro China-Celac. El dragón pisa fuerte en el ex patio trasero estadounidense, apostando a la infraestructura, la industrialización y los acuerdos financieros.

 

La gira del primer ministro Li Keqiang por Brasil, Colombia, Perú y Chile comenzó a plasmar las promesas que hiciera el presidente Xi Jinping a principios de este año en el Foro China-Celac. El dragón pisa fuerte en el ex patio trasero estadounidense, apostando a la infraestructura, la industrialización y los acuerdos financieros para reorganizar el mapa económico de la región.


"China está dispuesta a profundizar su cooperación con América Latina y el Caribe para que aprendamos mutuamente una de la otra y abrir juntos un nuevo camino de la Asociación de Cooperación Integral China-América Latina y el Caribe, anunciada por el presidente Xi Jinping en julio pasado", indicó el primer ministro Li Keqiang durante una conferencia en la sede de la Cepal en Santiago, el lunes 25, al cerrar su gira por cuatro países de la región.


En la apertura del primer Foro China-Celac, el 8 de enero en Beijing, el presidente Xi Jinping había anunciado la intención de China de duplicar el comercio bilateral y aseguró que en la próxima década va a invertir 250.000 millones de dólares en la región, no sólo para la extracción de materias primas, como hasta ahora, sino en inversiones infraestructurales, proyectos de tecnología e investigación y desarrollo.


En su reciente viaje a Brasil, el primer ministro firmó con la presidenta Dilma Rousseff un amplio paquete de inversiones por 53.000 millones de dólares (prácticamente el Pbi de Uruguay). Li prosiguió luego a Colombia, Perú y Chile, los tres países que integran la Alianza del Pacífico y tienen una relación estrecha con Estados Unidos, donde desplegó iniciativas comerciales que tienden a modificar la pauta actual, centrada en la exportación de commodities, y lanzó la primera plaza financiera del yuan en América Latina (véase nota de Ariel Noyola).
Un día antes de que comenzara la gira de Li, el viceministro de Comercio chino, Tong Daichi, aseguró que China "está comprometida a diversificar el comercio con los países latinoamericanos y a importar productos de mayor valor agregado" (El País, 18-V-15). Para los países de la región, escasamente industrializados, o en proceso de desindustrialización, como Brasil, la oferta china es una tentación.


Los cuatros países que el primer ministro visitó presentan un esquema de comercio exterior con China muy similar. Brasil exportó 40.000 millones de dólares al país asiático en 2014, tres cuartas partes fueron hierro y soja, y el resto petróleo, celulosa y azúcar. El 95 por ciento de las exportaciones de Colombia hacia el dragón fueron minerales, petróleo y café. Cobre, hierro y plomo sumaron el 63 por ciento de las exportaciones de Perú hacia China y el 70 por ciento de las exportaciones chilenas fueron cobre (El País, 19-V-15).


Por eso la promesa de diversificación y la de invertir en infraestructura resulta tan atractiva para una región que, hasta ahora, no había logrado trascender la rígida división internacional del trabajo que la coloca, con excepciones parciales como Brasil y Argentina, como exportadora de materias primas. Los productos primarios representaron en 2013 un 73 por ciento de las exportaciones de la región a China, según la Cepal.


INFRAESTRUCTURA E INDUSTRIA. En Brasil, Dilma Rousseff y Li firmaron 35 acuerdos en materia de comercio, inversiones en los sectores financieros, automotor, telecomunicaciones, energía, acero, industria alimentaria, minería, gas y petróleo. Se reanudan las exportaciones de carne de Brasil a China y se acordó iniciar los estudios para la construcción del ferrocarril que unirá los océanos Atlántico y Pacífico, además de la venta de aviones brasileños Embraer para la compañía Tianjin Airlines.


La construcción del ferrocarril es el proyecto más ambicioso, ya que plantea unir Porto do Açu (estado de Rio de Janeiro) con un puerto peruano, pasando por Minas Gerais y Mato Grosso hasta Porto Velho, para luego atravesar la cordillera andina. Unos 5 mil quilómetros y un presupuesto que puede alcanzar los 12.000 millones de dólares. Es la más importante pero no la única obra de infraestructura con financiación china.


Además se firmó un memorando para la compra de 24 barcos para transportar mineral de hierro de Brasil a China, se financian proyectos de Petrobras por 7.000 millones de dólares, se acordó el desarrollo conjunto de satélites, la instalación de un complejo siderúrgico en Mara-nhao (estado del nordeste), se llegó a un acuerdo entre Eletrobras y China Three Gorges Corporation para la megausina hidroeléctrica de Tapajós, entre otros proyectos de infraestructura.


El primer ministro chino adelantó la creación de un fondo bilateral de "cooperación productiva" de 20.000 millones de dólares, que apoyará emprendimientos en sectores como siderurgia, cemento y vidrio (Valor, 19-V-15). Se trata de inversiones que van bastante más allá de las obras de infraestructura, prioridad para ambos países en el terreno comercial. Li Keqiang fue claro al señalar que su país no sólo pretende seguir importando materias primas, sino "instalar fábricas y líneas de producción, garantizando más empleo a los ciudadanos locales" (Valor, 20-V-15).


En ese sentido, mencionó el interés chino en invertir en una planta de fabricación y mantenimiento de vagones de metro, y la automovilística Chery anunció la inversión de 700 millones de dólares en una planta en Jacareí (San Pablo), luego de haber inaugurado hace nueve meses otra fábrica a la que destinó 500 millones.


El proyecto estrella, sin duda, es la ferrovía al Pacífico.Por ese camino se exportarán la soja y el mineral de hierro brasileños, pero también productos industriales que cruzarán la cordillera en los dos sentidos, abaratando los costos, ya que se acortarán los días de transporte. "Nos gustaría cooperar para reducir los costos de la infraestructura en Brasil", dijo Li (Valor, 20-V-15).


TRES CORREDORES PARA CHINA. La infraestructura regional enfrenta innumerables problemas, pero el principal, sobre todo para Brasil, es la salida al Pacífico, que supone atravesar la Cordillera de los Andes. Los dos mayores proyectos, la ferrovía Atlántico-Pacífico y el Canal de Nicaragua, tienen a China como protagonista. Se trata de proyectos que benefician a los grandes productores y empresas multinacionales, pero detrás de ese dato es evidente que "los chinos están reorganizando el comercio y la infraestructura de la región" (Carta Maior, 19-V-15).


Según el economista Theotonio dos Santos, la política china consiste en "usar el excedente económico colosal que tienen para crear una economía mundial que atienda no sólo las necesidades chinas, sino que también sirva para un desarrollo planetario, para que salgamos de esa posición subordinada que tenemos dentro de la economía mundial. Eso en interés de China y en interés nuestro" (Carta Maior, 19-V-15).


Este es uno de los grandes atractivos de la posición china. Como señala el profesor de la Universidad de Boston Kevin Gallagher, autor de estudios sobre la relación China-América Latina, "si se consigue construir un tren de alta velocidad que funcione y facilite el comercio con América Latina, de modo inclusivo y sin perjudicar el ambiente, China tendrá todo para convertirse en la nueva 'amante' de América Latina" (BBC Brasil, 19-V-15).


El primer ministro Li destacó que "con el fin de satisfacer las necesidades de China y de los países latinoamericanos", China defiende "la construcción conjunta de tres corredores para logística, energía eléctrica e información, de manera que se logre la interconexión del continente sudamericano" (Xinghua, 19-V-15). Aseguró que las empresas chinas están dispuestas a asociarse con las sudamericanas para la construcción de los tres corredores, "a través del fortalecimiento de la cooperación en la construcción ferroviaria, la trasmisión de energía eléctrica de alta tensión y las redes inteligentes de suministro de electricidad, así como la tecnología de Internet y de las telecomunicaciones móviles de próxima generación".


América del Sur tiene graves problemas de interconexión física entre los 12 países que la integran. En ese sentido, Oliver Stuenkel, profesor de relaciones internacionales en la Fundación Getúlio Vargas, de San Pablo, estima que "el dinero chino es la única chance de integrar físicamente América Latina" (El País, 19-V-15). La afirmación puede parecer exagerada, pero si se revisan los proyectos de integración de las últimas décadas que no se concretaron por falta de fondos (empezando por el Gasoducto del Sur), su afirmación cobra sentido.


Más aun, algunos analistas sostienen que China está interesada en fomentar la industrialización de la región. Elias Khalil Jabbour, investigador del patrón asiático de desarrollo y profesor en la Universidad Estatal de Rio de Janeiro, sostiene que China al invertir en América Latina tiene como objetivo "enfrentar a su enemigo estratégico, que es Estados Unidos". Jabbour resalta que China actúa de forma diferente de otros actores globales, como el Fmi o el Banco Mundial, que "se entrometen en la política interna de los países que reciben sus préstamos" (Opera Mundi, 20-V-15).


Por su parte, Rafael Gonçalves Lima, licenciado en relaciones internacionales por la Universidad de Campinas y máster en relaciones internacionales por la Universidad de Jilin (China), sostiene que las propuestas del primer ministro Li "encajan con la gran estrategia de China", que considera a América Latina como "un área vital para los intereses a largo plazo de China, ya sea por su atractivo mercado interno o por su riqueza en energía, minerales, alimentos y otros recursos esenciales para el éxito del desarrollo chino" (Diario del Pueblo, 22-V-15).


Pero no todo es economía. La búsqueda de la multipolaridad es una de las banderas diplomáticas de China que, en los hechos, converge con la estrategia de varios países latinoamericanos (véase nota de Xulio Ríos). Se trata de relaciones por fuera de la lógica del mercado, lo que pone las relaciones China-América Latina en un lugar bien distinto al que siguió Occidente durante cinco siglos.


ACUMULACIÓN SIN DESPOSESIÓN. El economista estadounidense Giovanni Arrighi, en su monumental trabajo Adam Smith en Pekín, sostiene que el crecimiento chino se produce sobre bases bien diferentes al occidental. A diferencia del proceso de "acumulación por desposesión" que caracteriza al capitalismo occidental, según David Harvey, que pasa por la expropiación de campesinos y trabajadores, en la historia de China se registra un crecimiento que moviliza los recursos humanos por encima de los otros, a la vez que "protegía en vez de destruir la independencia económica y el bienestar de los productores agrícolas".1


A este tipo de crecimiento que no expropia a los productores, Arrighi lo denomina "acumulación sin desposesión", que estima puede ser un referente para los pueblos del Tercer Mundo, y aun para aquellos desarrollados golpeados por la crisis y un sistema financiero voraz. Por un lado, China parece comprender mejor las necesidades de los países del Sur. A su paso por Colombia, Li propuso dos proyectos de infraestructura que fueron muy bien recibidos por el presidente, Juan Manuel Santos.


El primero, dijo Santos, permitirá desarrollar la Orinoquia, al oriente del país, donde se prevé construir una carretera que bordeará el río Meta hacia Venezuela, y hacer navegable ese río, lo que facilitaría el desarrollo agropecuario. El segundo es el puerto de Buenaventura, el más importante del Pacífico colombiano. Con apoyo de China, se planea darle "una nueva vida" a esa ciudad. "Que Buenaventura se convierta en un polo de desarrollo es algo muy importante para nosotros" (El País, 22-V-15).


Si China tiene éxito en promover la "acumulación sin desposesión", asegura Arrighi, es probable que "esté en condiciones de contribuir decisivamente al surgimiento de una comunidad de civilizaciones auténticamente respetuosa hacia las diferencias culturales".2 Puede ser una gran oportunidad para la región latinoamericana de superar cinco siglos de colonialismo, subordinación y dependencia.


1. Adam Smith en Pekín, Akal, Barcelona, 2007, pág 379.
2. Ídem, pág 403.


Un viraje de largo aliento


El ciclo extraordinario de precios altos de los commodities llegó a su fin. En gran medida porque China crece menos (de 10 a 11 por ciento anual pasó a "apenas" 6 o 7 por ciento). Pero sobre todo porque aquel crecimiento llegó a una meseta y comienza a estancarse. Un crecimiento basado en exportaciones de productos intensivos en trabajo y de calidad media-baja no puede sostener el desarrollo del dragón asiático. Entre otras cosas porque tres cimientos de ese crecimiento tienden a evaporarse: "los salarios aumentan, la conciencia ambiental crece y las políticas demográficas empiezan a hacer mella en la hasta ahora inagotable oferta laboral" (El País, 31-V-15).


Como señala el último estudio de la Cepal, ahora China se propone seguir creciendo a partir de la economía del conocimiento, inversión en capital humano, tecnología e innovación.1 Se trata de desarrollar industrias de punta en sectores que aún presentan retrasos, como información, biomedicina, transporte por ferrocarril y robótica. Tiene todas las condiciones para hacerlo. De hecho, en energías renovables y trenes de alta velocidad viene mostrando un excelente desempeño.


Para América Latina es la oportunidad de oro de modificar su inserción en el mercado mundial como exportadora de materias primas y de ensamblaje de manufacturas. En 2013, cinco productos de la región representaban el 75 por ciento de las exportaciones, mientras en 2000 eran sólo el 47 por ciento. La inversión extranjera directa de China, entre 2010 y 2013 se dirigió en un 90 por ciento a minería e hidrocarburos.
Ahora se trata de diversificar las exportaciones a China. Pero ese paso ineludible debe complementarse con una mayor presencia de empresas chinas en las industrias (automotriz, electrónica, agroindustria), y articularse con empresas locales para "fortalecer cadenas de valor regionales, ayudando a elevar los reducidos niveles de comercio intrarregional que caracterizan a América Latina y el Caribe", indica la Cepal.


Si esta posibilidad se concreta, la región latinoamericana y China saldrán fortalecidas, se establecerá una verdadera alianza estratégica y la integración dejará de ser una declaración de intenciones.


1. "América Latina y el Caribe y China. Hacia una nueva era de cooperación económica", Santiago, 2015.


La plaza financiera del yuan en América Latina


Por Ariel Noyola Rodríguez

La instalación de la primera plaza financiera del yuan en Santiago de Chile, pactada durante la visita del primer ministro Li Keqiang, promete iniciar una serie de inversiones en tecnología para impulsar la industrialización periférica y comenzar a disminuir la influencia del dólar en los países del Cono Sur.

Las relaciones económicas entre China y América Latina están sufriendo tensiones crecientes. Por efecto de la deflación (caída de precios) a escala mundial, la región sudamericana paga las consecuencias de exportar a China sobre todo materias primas. Sin embargo, la instalación de la primera plaza financiera del yuan en América Latina, en Santiago de Chile, pactada durante la visita del primer ministro Li Keqiang, promete iniciar una serie de inversiones en tecnología para, de este modo, impulsar la industrialización periférica y comenzar a disminuir la influencia del dólar en los países del Cono Sur.


Durante su visita a Brasil, Colombia, Perú y Chile, Li Keqiang abonó la influencia de China en América Latina a través del impulso dado a dos objetivos fundamentales: la transformación del mapa económico de la región para apuntalar el protagonismo de Asia-Pacífico, y el desembarco del yuan en territorio sudamericano a través de Santiago de Chile como plataforma.


El primer objetivo está previsto que sea desarrollado junto con los gobiernos de Brasil y Perú: la construcción de una red ferroviaria de más de 5 mil quilómetros que conectará los océanos Atlántico y Pacífico, a fin de aumentar los montos y la velocidad de los intercambios comerciales con China.
La "ruta de la seda" sudamericana será una alternativa para el tránsito de mercancías por el Canal de Panamá (y al mismo tiempo complementará las capacidades del Canal de Nicaragua, de próxima implementación.

En ambos canales destaca el financiamiento provisto por China, producto tanto de su interés por garantizar el suministro de recursos naturales de carácter estratégico (petróleo, metales, minerales), como por los vínculos comerciales privilegiados que mantiene con Managua y las economías sudamericanas, incluso por delante de Estados Unidos y Europa.


Sin embargo, el incremento de los flujos de comercio e inversión entre China y la región latinoamericana, sobre todo a partir del ingreso de la primera a la Organización Mundial de Comercio en 2001, no guarda hasta el momento ninguna relación con el uso incipiente del yuan.
Mientras que el comercio con China se multiplicó 22 veces entre 2000 y 2014, según las estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, a partir de 2009 únicamente con Brasil y Argentina se establecieron acuerdos tipo "swap" (permutas de divisas) para impulsar las operaciones en yuanes entre empresas (a través de los bancos centrales). Ni siquiera los principales exportadores de hidrocarburos y minerales a la región Asia-Pacífico, como Venezuela y Perú, lograron construir vínculos de cooperación financiera con Pekín.


De ahí la importancia del segundo acuerdo alcanzado durante la gira de Li Keqiang: Chile, el primer país sudamericano que reconoció a China en el ámbito diplomático hace 45 años y que suscribió un tratado de comercio en 2005, ahora será protagonista del lanzamiento de la primera plaza financiera del yuan en América Latina, gracias a la adopción de tres acuerdos clave.


En primer lugar, el gobierno chileno recibió la autorización de las autoridades regulatorias chinas para participar en el Programa Chino de Inversores Institucionales Extranjeros Calificados en Renminbi. Con ello, los bancos, fondos de pensiones, compañías de seguros y fondos mutuos de origen chileno podrán invertir un monto límite de hasta 50.000 millones de yuanes (8.100 millones de dólares) en el mercado de capitales de China.


En segundo lugar, se acordó la apertura del segundo banco de liquidación de la "moneda del pueblo" (renminbi) en el continente americano (el primero se instaló en América del Norte, en Canadá). A través de una inversión inicial de 189 millones de dólares y bajo la supervisión del Banco de Construcción de China (Ccb, por sus siglas en inglés), Chile y el gigante asiático disminuirán los costos de sus transacciones (operaciones de crédito, pagos por concepto de comercio exterior, etcétera) y facilitarán la conversión entre sus divisas.


El Ccb es una entidad global que en los últimos años ha llevado a cabo operaciones por más de 7 billones de yuanes para más de 19 mil clientes fuera de China. Ya con varias sucursales abiertas en Chile, ahora pretende ampliar sus servicios financieros al resto de los países sudamericanos.


Y en tercer lugar, finalmente, se concretó la firma de una línea de crédito swap de divisas entre el banco central de Chile y el Banco Popular de China por un monto de 22.000 millones de yuanes (3.500 millones de dólares), que permitirá, por un lado, amortiguar los efectos de la volatilidad del dólar sobre los flujos de comercio e inversión y, por otro lado, ayudará a que el peso chileno y el yuan ganen terreno en la facturación de sus intercambios bilaterales.


"Esperamos que la cooperación Chile-China en materia financiera pueda contribuir a la cooperación industrial y de inversiones entre China y toda América Latina", sentenció Li Leqiang durante su visita Su declaración pone de manifiesto la creciente preo-cupación en amplios sectores de la izquierda latinoamericana por el tipo de relación que se ha cultivado hasta ahora con el dragón: exportaciones e influjos de capital concentrados en productos y actividades de la industria extractiva.


Es que después de la caída de los precios de las materias primas y la brusca desaceleración de los mercados emergentes, es evidente que la musculatura de China no es suficiente para detonar la reactivación económica en los países del Cono Sur.


Pese a todo, el gobierno chino se declara dispuesto a dar un paso más en los términos de sus vínculos económicos con los países latinoamericanos. Citando a los poetas Pablo Neruda y Xin Qiji, el primer ministro de China sostuvo en la sede de la Cepal que "nada podrá detener el río de la aurora" y que "sus aguas corren hacia el Oriente".


Para triunfar en esa encomienda consideró urgente aumentar las inversiones en tecnología para contribuir a la creación de cadenas regionales de alto valor agregado que transformen el modelo de crecimiento de la región sudamericana.


En ese sentido, la instalación de la primera plaza financiera del yuan en América Latina se ha convertido de facto en el laboratorio de un enorme desafío para los líderes de Pekín: por un lado, hacer posible la industrialización periférica y, por otro lado, fortalecer la internacionalización del yuan con el apoyo de los gobiernos de Sudamérica.

*Economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. En Uruguay exclusivo para Brecha.

Información adicional

  • Autor:Raúl Zibechi
  • Región:América Latina
  • Fuente:Brecha
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