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Sábado, 19 Marzo 2016 07:52

Ordena otro juez que se anule el nombramiento del ex presidente de Brasil

Escrito por Eric Nepomuceno
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Ordena otro juez que se anule el nombramiento del ex presidente de Brasil

El mismo día en que el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva volvía a participar de un acto multitudinario, en el cual la consigna era ¡no habrá golpe!, en Brasilia, Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal, dejaba claro que éste sigue en marcha.


Atendiendo una petición presentada por el PSP, pequeño partido de oposición, Mendes, quien se caracteriza por criticar duramente al gobierno de Dilma Rousseff y a Lula da Silva cada vez que se manifiesta en el pleno de la corte, suspendió el nombramiento de jefe de gabinete y remitió de vuelta al polémico juez de primera instancia, Sergio Moro, la causa judicial. Ahora toca al gobierno y a los abogados del ex presidente presentar un recurso para suspender esa medida.


Más de hora y media antes, Lula da Silva había hablado a la multitud, que cubrió la avenida Paulista, al anochecer de ayer. Ha sido el cierre de una jornada que llenó las calles de todo el país en defensa del mandato alcanzado por Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales de octubre de 2014, el cual, desde el primer día, es boicoteado por una oposición que no se resigna a la derrota, por un Congreso que confunde el quehacer político con un mostrador de negocios, por unos medios de comunicación que creen que ya basta de gobiernos populares y, finalmente, por un Poder Judicial que cree estar encima de las leyes y de la misma justicia.


Las manifestaciones de ayer, que transcurrieron de manera pacífica, seguramente llevaron a las calles multitudes incomparablemente menores que las del domingo pasado, cuando más de 3 millones de personas desfilaron exigiendo la inmediata renuncia de Dilma Rousseff. Un cálculo equilibrado indica que alrededor de un millón se manifestaron ayer.


Un detalle ayuda a explicar la diferencia: para los actos de ayer no hubo medios del Grupo Globo insuflando la presencia de inconformes. Para que se tenga una clara idea de la parcialidad del grupo, mientras Lula hablaba ni la emisora por cable Globo News y menos la emisora abierta transmitieron sus palabras. El domingo pasado la programación por cable se volcó directamente a cubrir las manifestaciones, que también ocuparon grandes partes del horario estelar de la emisora abierta.


De todas formas, comparar números es algo dispensable a estas alturas. Importa constatar que ayer, tanto Lula como el Partido del Trabajo, así como las organizaciones y movimientos sociales que respaldan al gobierno de Dilma Rousseff, dejaron claro que su poder de convocatoria, ampliamente puesto en duda por el complot mediático-jurídico, está lejos de agotarse. Al contrario. Llevar más de 100 mil personas a la avenida Paulista, epicentro del golpismo, para escuchar a un Lula cuya imagen es corroída diariamente por los medios hegemónicos de comunicación es toda una hazaña. Ha sido igualmente muy significativo el número de manifestantes reunidos en Recife, Salvador y Río de Janeiro bajo la consigna no habrá golpe.


Éste, sin embargo, está en marcha, como dejó claro Gilmar Mendes en el Supremo Tribunal Federal. Su voto no ha sido sorpresa. Mucho más que actuar como magistrado de la corte máxima del país, Mendes se presenta como opositor furibundo contra el gobierno. A propósito, en esa corte se tramitan otras siete medidas, interpuestas por partidos de oposición, que piden se anule el nombramiento del ex presidente.


Con la decisión individual de Mendes, no se sabe qué pasará con esas disposiciones. La semana que viene, por los feriados, no habrá sesiones. Si Sergio Moro decide, Lula podrá ser detenido en cualquier momento. El gobierno podrá en marcha medidas de urgencia, para intentar mantener el nombramiento del ex mandatario.


La otra pierna del golpe, los medios de comunicación, siguen impávidos en su caminata. Basta con leer los titulares, las columnas y los editoriales para preguntarse si no han sido todos escritos por una persona. La diversidad en los medios brasileños es algo tan raro como una nevera eléctrica en el polo Norte.


También está el Congreso, donde una comisión especial analiza el pedido de apertura de juicio contra Dilma Rousseff. Se supone que de los 65 integrantes, que representan proporcionalmente todos los partidos con asiento en la Cámara de Diputados, el gobierno cuenta con estrechísima mayoría (31 votos seguros, cinco dudosos; ocurre que en la legislatura actual, hasta los seguros son dudosos). Una de las misiones difíciles de Lula da Silva es precisamente asegurar un mínimo de lealtad entre los aliados. El principal de ellos, el PMDB, está claramente dividido. Y si antes estaba partido, ahora todo indica que los traidores son mayoría. Para tener idea del concepto de ética de esa formació política, pese a ocupar siete ministerios, inclusive el de mayor visibilidad y presupuesto, el de Salud, suele abandonar al gobierno en momentos clave o imponer un sobreprecio a su lealtad.


El PMDB prohibió a sus integrantes aceptar, durante los 30 días en que se decidirá permanecer o no en la alianza, cualquier nuevo nombramiento. Salir de los puestos y cargos que ocupa, ni pensarlo.

 


 

El Supremo de Brasil suspende el nombramiento de Lula


Raquel Seco São Paulo

El Supremo Tribunal Federal (STF) brasileño pone en suspenso nuevamente el nombramiento de Lula como ministro de la Casa Civil (suerte de primer ministro) de Brasil. Un magistrado de este tribunal, alegando que Lula se esconde en el cargo para huir de la justicia gracias a que como ministro goza de mayor inmunidad, ha anulado cautelarmente el nombramiento, devolviendo la jurisdicción del caso al juez Sérgio Moro, que es precisamente de quien Lula quiere escapar.


Previsiblemente, el Gobierno recurrirá y será una decisión colegiada del Tribunal, que tiene 11 miembros, la que decida. Mientras eso se produce, Lula, que este viernes mostró su fuerza al reunir a decenas de miles de personas en São Paulo para darle su apoyo, vuelve a estar expuesto.


La divulgación de la noticia del magistrado del Tribunal Supremo ocurrió un viernes a las nueve de la noche, media hora después de que Lula hablara en la manifestación. Debido a las vacaciones de Semana Santa, no hay sesión marcada del Tribunal Supremo en la próxima semana, que es quien, de forma colegiada (es decir, con votación de sus 11 integrantes) decide definitivamente. En principio, este tribunal no se reunirá hasta, como mínimo, el 29 de marzo. Hasta entonces, el destino institucional y jurídico de Lula, sin inmunidad, vuelve a estar en manos de su enemigo, el juez Moro, que puede ordenar (y que algunos especialistas aseguran que lo hará) su ingreso en la cárcel.


No es la primera vez que la justicia brasileña cuestiona el nombramiento de Lula. En las últimas 24 horas, dos jueces de primera instancia lo suspendieron, también de forma cautelar, y también por la misma razón. Pero sus autos fueron anulados por instancias jurídicas superiores. La diferencia estriba, ahora, en que es un magistrado de una instancia superior, el Tribunal Supremo, quien ha dejado el nombramiento el suspenso por lo que -y esto es lo importante- pierde la inmunidad y vuelve a estar al alcance de Moro.

Información adicional

  • Autor:Eric Nepomuceno
  • País:Brasil
  • Región:Sur América
  • Fuente:La Jornada
Visto 649 vecesModificado por última vez en Sábado, 19 Marzo 2016 08:07

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