Viernes, 22 Julio 2016 08:44

La bendición de Alá o del Tío Sam

Escrito por Raúl Zibechi
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La bendición de Alá o del Tío Sam

Una semana después del fallido golpe de Estado, que provocó la muerte de al menos 290 personas, aún no queda claro qué sucedió en Turquía. El gobierno acusa al clérigo Fethullah Gülen, autoexiliado en Estados Unidos, pero éste sostiene que se trató de un autogolpe del presidente Recep Tayyip Erdogan para aumentar su poder.

 

En su edición de mayo de 2008 la prestigiosa revista de política internacional Foreign Policy estampó la foto de Fethullah Gülen en su portada, en un número dedicado a consagrar al “intelectual público más influyente del mundo”. En la compulsa realizada por la revista, Gülen superó a destacadas personalidades, como los Nobel Orhan Pamuk y Mustafá Yunus, además de a Umberto Eco, a Al Gore, al entonces papa Benedicto XVI, a Paul Krugman y a Noam Chomsky, entre otros.

 

Así y todo, Gülen es un desconocido para Occidente, aunque no para las autoridades y los organismos de seguridad del país que lo cobijó. Tampoco para los 80 millones de turcos y buena parte de los musulmanes del mundo, sobre quienes ejerce cierto liderazgo espiritual y político a través del Hizmet (Servicio, en español), un movimiento que Gülen lidera desde su creación en la década de 1960.

 

Aunque en su momento apoyó al Partido por la Justicia y el Desarrollo (Akp) que dirige Erdogan, en 2013 Güllen rompió con el actual presidente, al cual acusó de corrupción. La tensión ha venido escalando desde aquel momento, a tal punto que en marzo el gobierno se apropió de Zaman, el diario identificado con el movimiento de Gülen.

 

Erdogan acusa a Hizmet de haber creado un “Estado paralelo” en base a una estrategia de copar las instituciones defendida por el propio Gülen en 1998, en una suerte de sermón que fue grabado por los servicios de inteligencia. “Tenemos que avanzar por las arterias del sistema hasta llegar a todos los centros de poder sin que nadie note nuestra existencia (...). Debemos esperar el momento y las condiciones adecuadas para conseguir llevar el mundo en nuestras espaldas”, dijo Gülen en aquel momento, poco antes de exilarse.

 

Ese fue el motivo por el cual se lo juzgó y condenó, aunque más tarde la Corte de Apelaciones lo absolvió. Sin embargo, nunca regresó a su país. Lo cierto es que su movimiento cuenta con más de siete millones de adeptos en 160 países, abrió miles de escuelas, universidades, tiene un banco y es apoyado por grupos financieros, fundaciones y medios de comunicación. Los miembros de Hizmet han ingresado masivamente en la administración de justicia y la policía, dos de los sectores que han sido “depurados” por Erdogan tras el intento de golpe de la semana pasada.

 

AÑORANDO EL IMPERIO.

 

Luego de la derrota del imperio otomano en la Primera Guerra Mundial y la ocupación del país por los aliados, el general Mustafá Kemal dirigió la guerra de independencia, que finalizó con la expulsión de los ocupantes y la proclamación de la República de Turquía en octubre de 1923. Kemal, bautizado como Atatürk (padre), fue el primer presidente del nuevo Estado, que se proclamó laico, democrático y moderno.

 

Su gobierno emprendió grandes reformas, en particular la desislamización del país, teniendo a Europa como modelo. Abolió los califatos y cerró las escuelas teológicas (madrazas), la ley islámica (sariá) fue sustituida por un código civil y concedió el derecho de voto y la posibilidad de ser elegidas para el parlamento a las mujeres. Kemal prohibió a su vez el uso del velo y símbolos y vestimentas tradicionales otomanas, por considerarlas feudales, y remplazó el alfabeto árabe por el latino. Las fuerzas armadas fueron a su vez particularmente beneficiadas por el kemalismo.

 

Sin embargo, pese a la occidentalización forzada, en Turquía sobrevive una fuerte identidad musulmana, al tiempo que el país es sentido como ajeno o extraño por el mundo islámico.

 

Esta contradicción entre modernidad y tradición, entre islamismo y laicismo se ha profundizado en los últimos años con un doble movimiento: el fracaso de la integración de Turquía a la Unión Europea y el crecimiento de las corrientes islamistas, representadas tanto por Erdogan como por Gülen, sobre todo desde las elecciones de 2002, con el triunfo del Akp, un partido conservador en lo social, liberal en lo económico y neo-otomanista en el escenario internacional. El movimiento de Gülen apoyó entonces al Akp, pero hay diferencias entre ambos. Gülen pretende recuperar el legado del imperio otomano y aboga, por lo tanto, por un nacionalismo expansionista. De hecho, según el periodista argentino Pablo Kendikian, director de Prensa Armenia y autor de un libro de investigación sobre Gülen, el movimiento “se está expandiendo por los países que pertenecieron al imperio otomano, sobre todo en los Balcanes”.1

 

UNA RED MÚLTIPLE.

 

La influencia del movimiento Hizmet puede cuantificarse en la importancia de algunas iniciativas afines a Gülen. La liberalización económica decidida por el régimen militar en la década de 1980 promovió el ascenso de una nueva clase media de comerciantes y pequeños y medianos empresarios que profesaban la religión islámica. Con los años, se fue creando lo que Kendikian define como “un imperio financiero”, a cuya cabeza está el Banco Asya, estrechamente vinculado a Gülen, que es “el mayor prestamista islámico de Turquía” (Punto de Vista, 23-I-15). La poderosa Confederación de Empresarios e Industriales (Tuskon, por su sigla en inglés), integrada por 140 mil compañías, 211 asociaciones y más de 55 mil empresarios, está también ligada al movimiento.

 

Pero lo más importante son las 400 instituciones privadas de enseñanza y los institutos que preparan a los estudiantes para el ingreso a la universidad, muchos de ellos gratuitos, que realizan cursos intensivos de inglés y promueven el islam y el estudio de las ciencias. “Los primeros graduados de las escuelas Gülen y muchos de sus miembros ocupan hoy posiciones clave dentro de la burocracia estatal turca, en especial en la policía y el poder judicial”, sostiene Kendikian.

 

En Asia Central hay otras 500 instituciones educativas vinculadas al clérigo que se expandieron tras la caída de la Unión Soviética, pero Rusia y Uzbekistán prohibieron la actividad de los simpatizantes de Gülen al considerarlos peligrosos para sus intereses nacionales (El Mundo, 18-XII-09). Gülen y el movimiento Hizmet mantienen una alianza más o menos estable con la Cia. The Washington Post publicó en 2011 las revelaciones de un ex director de los servicios secretos turcos, en las que afirmaba que el movimiento es una fachada de la Cia y que en la década de 1990 protegió agentes encubiertos en Uzbekistán y Kirguistán. Según varios analistas, el interés del movimiento Gülen para Estados Unidos consiste en ofrecer alternativas a la expansión del islamismo radical pero también como forma de contener a Rusia y a China, ya que las zonas de expansión del movimiento coinciden con los corredores energéticos más importantes de la región. No obstante, Washington parece moverse con pies de plomo en sus relaciones con Gülen, ya que el ejército turco es el segundo mayor de la Otan y el flanco que cubre es vital para la estrategia estadounidense.

 

GOLPE SÍ, GOLPE NO.

 

En los últimos meses se han sucedido situaciones complejas y contradictorias que tienen en Turquía uno de sus ejes nodales: el recrudecimiento de la guerra contra el pueblo kurdo; la presencia turca en la guerra de Siria, incluyendo el derribo de un caza ruso en noviembre pasado; el fuerte enfrentamiento entre Rusia y Turquía, que se saldó con el reciente acercamiento entre ambos gobiernos y la anunciada reunión entre Vladimir Putin y Erdogan; una serie de fiascos en las relaciones internacionales de Turquía, que la han llevado a oscilar entre su alianza con la Otan y Estados Unidos y un acercamiento a Israel, Irán y Moscú.

 

Sobre este telón de fondo se despliega la fuerte ofensiva contra Gülen, que llevó a la intervención del Banco Asya a principios de 2015 y al registro y acoso de instituciones educativas y de las oficinas de la confederación empresarial Tuskon. Y todo ello en pocos meses, lo que revela que Erdogan abrió demasiados frentes a la vez, quizá desesperado por el declive de su política, que lo llevó a fracasar en Siria y a encallar su proyecto de potencia regional.

 

Es evidente que el fallido golpe se produce en un momento de hondos virajes. Para muestra, un botón: la condena más fuerte y rápida provino de Irán, que hasta poco tiempo atrás estaba enfrentado con el régimen turco. Las tres hipótesis manejadas son plausibles: un autogolpe de Erdogan para fortalecerse (“Es una bendición de Alá”, dijo el presidente en su primer acto público poco antes de anunciar su ofensiva depuradora), el cansancio de los militares, y una efectiva participación en él de Gülen, como denuncia el gobierno.

 

En todo caso, quedan dos puntos en el aire que serán develados en las próximas semanas. Es demasiada casualidad que el golpe se haya producido en plena reconciliación turco-rusa, poco después de que Erdogan se disculpara por el derribo del caza ruso y días antes de la reunión entre los presidentes.

 

Hay dos temas vinculados a esta nueva alianza, ambos centrales: la guerra en Siria (que no puede continuar sin la activa participación turca contra el régimen de Bashar al Asad) y la construcción del oleoducto Turk Stream, suspendida por las presiones de Washington y Bruselas y que días antes del golpe se informó podía retomarse, para suministrar gas ruso a Europa a través de Turquía (Sputnik News, 28-VI-16).

 

GEOPOLÍTICA Y PICO.

 

El problema central para Occidente es el papel de las fuerzas armadas turcas, que son clave en el dispositivo militar de la Otan. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial la alianza atlántica ha sido una institución alineada con Estados Unidos. Los militares quedaron muy desprestigiados ante la población turca y ante la comunidad internacional, debilidad que se agrava con las purgas encaradas por Erdogan tras el golpe fallido.

 

Por otro lado, un ejército debilitado no puede jugar un papel de liderazgo en la región. Una semana atrás la Otan reaccionó con virulencia al acuerdo armamentístico entre Rusia y Grecia para la fabricación de fusiles Kalashnikov en el país heleno. Un alto funcionario de la alianza dijo: “Los intentos de un país miembro de la Otan, con una importancia estratégica, como Grecia, para construir su propia relación con Moscú podrían socavar gravemente la capacidad de la alianza para conformar un frente unido para impedir nuevos actos de agresión rusa” (The Telegraph, 8-VII-16).

 

El tablero geopolítico se está moviendo velozmente en Oriente Medio. Para completar el panorama, la guinda del pastel. Mientras las relaciones de Turquía con la Unión Europea y Estados Unidos se tensan y complican, el 29 de junio pasado Ankara solicita el ingreso en la Organización de Cooperación de Shanghái (Ocs), ocasión en la que Erdogan dijo que esa alianza “es mucho mejor que la Unión Europea” (Público.es, 19-VII-16).

 

Ahora le toca jugar a Occidente. El gobierno turco ya pidió la extradición de Gülen. Algunos ministros de Erdogan fueron aún más lejos al asegurar que la tentativa fue organizada por Washington. El secretario de Estado, John Kerry, salió al paso señalando con vehemencia que “las insinuaciones públicas sobre el papel de Estados Unidos en el fallido golpe de Estado son totalmente falsas y dañinas para nuestras relaciones bilaterales” (El Mundo, 17-VII-16).

 

Pero no se negó en redondo al pedido de extradición sino que invitó “al gobierno de Turquía a que nos presente pruebas legítimas que soporten un escrutinio”.

 

No será sencillo dilucidar si, efectivamente, Washington tuvo algún papel en el golpe fallido. Es difícil creer que no supiera nada. Pero, a la vista de la escasa “profesionalidad” de los golpistas turcos (un solo ejemplo: los golpistas tomaron el canal de la televisión pública, pero no los privados, de mucho mayor alcance) también sería extraño que Estados Unidos haya tenido alguna participación. Tal vez nunca se sepa.

 

Lo que sí es evidente es que la base aérea estadounidense en Incirlik, en el sureste de Turquía, está en el ojo geopolítico de la tormenta en curso. Desde que fue inaugurada, en 1955, juega un papel estratégico en el control de toda la región, y desde 2015 en los bombardeos al Estado Islámico en Siria.

 

Situada a apenas 50 quilómetros del Mediterráneo y cerca de la frontera siria, cuenta con una pista de tres quilómetros, tiene un personal de 5 mil uniformados estadounidenses y alberga armas nucleares, además de fuerzas turcas.

 

El lunes pasado la policía turca comenzó a registrar la base “por su supuesta implicación en el fallido golpe de Estado”, ya que de allí salieron aviones que reabastecieron a los cazas que bombardearon Ankara (Europa Press, 18-VII-16). Erdogan puede verse tentado de condicionar el uso de Incirlik a la entrega de Gülen. Sería acaso demasiado arriesgado.

 

El presidente turco parece inclinado a seguir sus impulsos, más que a administrar su victoria con cautela. Cuatro días después del golpe habían sido suspendidos 55 mil funcionarios de Justicia, Interior, Finanzas y, sobre todo, Educación, donde fueron cesadas 15 mil personas por su supuesta vinculación con el movimiento de Gülen, además hay 11 mil detenidos acusados de participar en el golpe. El gobierno pidió además la dimisión a más de 1.500 decanos de todas las facultades de universidades públicas y dependientes de fundaciones. Un despropósito, del que ya ha sido advertido por Bruselas. Erdogan maneja además restaurar la pena de muerte, suprimida por exigencia de la UE, cuando la incorporación de Ankara a la UE aparecía como inminente. E incluso habló de aplicarla retroactivamente, para castigar a los golpistas.

 

Prácticamente enterrada la opción europea, Erdogan no puede permitirse una ruptura drástica con Washington, que sería suicida. Pero tampoco le será sencillo sustituir a sus viejos aliados por otros. No se cambian aliados así nomás, sobre todo cuando se muestran comportamientos erráticos. Lo único seguro es que desde el Brexit, el caos sistémico ha avanzado varios casilleros, y es poco probable que retroceda al lugar previo. 


1. Fethullah Gülen. La enigmática red política turca llega a la Argentina, Ciccus, 2014.

Información adicional

  • Autor:Raúl Zibechi
  • País:Turquía
  • Región:Europa
  • Fuente:Brecha
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