Domingo, 14 Mayo 2017 06:25

Lula gana el primer combate

Escrito por AGNESE MARRA
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Lula gana el primer combate

Acompañado por miles de seguidores, el ex presidente Lula da Silva no sólo asumió el desafío del juez Sergio Moro y se presentó ante el Tribunal Federal de Justicia de Curitiba para responder a cargos de corrupción, sino que la ocasión le sirvió para que su campaña presidencial arrancara con fuerza.

 

El cara a cara más esperado del año duró cinco horas. La tensión se respiraba en la plaza Santos de Andrade, en Curitiba, donde más de 10 mil militantes del Partido de los Trabajadores (PT) esperaban que su ídolo, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, saliera del Tribunal Federal de Justicia de la capital paranaense, donde el juez Sergio Moro le tomaba declaración. “Dura demasiado tiempo, ¿será que tienen algo sólido contra él?”, se preguntaba un diputado paulista que prefirió no dar su nombre.


Apenas se trataba de un interrogatorio, y las posibilidades de que Lula fuera detenido el mismo miércoles 10 eran remotas. No obstante, la preocupación ante posibles nuevas pruebas presentadas a última hora que pudieran inculpar al sindicalista estaba presente en algunos altos jerarcas de su partido. Pero el otro protagonista del embate, el juez Sergio Moro, el magistrado que ha cambiado el rumbo del país con su Operación Lava Jato, la investigación sobre la enorme trama de corrupción en la estatal petrolera, Petrobras, no encontró nada nuevo.


El ex presidente Lula, que es reo en cinco procesos, se sentó este miércoles en el banquillo para responder a la acusación de corrupción pasiva y lavado de dinero, por supuestamente haber recibido 3,7 millones de reales de la constructora Oas a cambio de favorecerla con una serie de contratos con Petrobras. Para la Fiscalía, comandada por Deltan Dallagnol, el ex mandatario habría gastado ese dinero en un apartamento en el litoral de San Pablo, reservado por la familia de Lula pero no comprado, y en el pago del alquiler de un guardamuebles que almacenaba regalos que el ex presidente recibió durante sus mandatos.


SIN PRUEBAS MATERIALES.

Sin embargo la acusación no ha presentado pruebas materiales, ni sobre el apartamento de Guarujá ni sobre la empresa de almacenaje, y tampoco hay rastros de que Lula intercediera en la firma de algún contrato entre Oas y Petrobras. A pesar de la falta de pruebas, el juez Moro siguió el guión de la Fiscalía, que aduce que el ex presidente “tenía que saber de todo ello”. En el caso del inmueble, porque su mujer quería comprarlo y debía habérselo dicho, y en lo relativo a los negocios entre la constructora y la petrolera, señalan que Lula en aquella época era el jefe del Ejecutivo y por tanto podía presionar para hacer ese tipo de favores.


Durante el interrogatorio Lula no se cansó de repetir que no sabía nada del apartamento, reconoció que su mujer, Marisa –fallecida hace tres meses–, llegó a estar interesada en comprarlo, pero que aquello no era motivo para inculparlo de algo: “¿Dónde aparece mi nombre en la escritura?”, increpaba el sindicalista, quien aprovechó para repetir en varias ocasiones que “ningún político en la historia del país fue tan perseguido” como lo estaba siendo él.


POLARIZACIÓN.


Sin nuevas pruebas sobre la mesa, este interrogatorio, que se vivió como una pelea de boxeo o una especie de final del Mundial de fútbol, ha demostrado una vez más el nivel de polarización ideológica que ha nacido en Brasil, especialmente en los últimos dos años.


Por un lado está el juez Sergio Moro, defendido por un movimiento ciudadano anticorrupción, que también estuvo a favor del impeachment a Dilma Rousseff y que se define fundamentalmente por un profundo antipetismo. Y por otro, Lula da Silva, símbolo de una izquierda todavía representada por el Partido de los Trabajadores, pero profundamente dividida, desprestigiada y en crisis. Y como telón de fondo la investigación del mayor escándalo de corrupción del país, por el que al menos una centena de políticos, tanto del gobierno como de la oposición, están inculpados. Sin embargo hasta ahora el juez Moro sólo ha sentado en el banquillo de los acusados al núcleo del PT, un hecho que el ex presidente Lula señala para argumentar que es víctima de una “persecución política”, algo que siempre repite.


Cada bando contó con su hinchada. El de Lula ganó por goleada. Al menos 60 autobuses y alrededor de 10 mil militantes del Movimiento Sin Tierra (Mst), del Frente Brasil Popular y de la Central Única de los Trabajadores (Cut) llegaron a Curitiba para mostrar el músculo del ex presidente. “Estamos aquí para defender nuestra clase, para defender a los pobres y también para defender a Lula”, comentó a Brecha Macário Umberlino da Silva,

campesino de 42 años que lleva tres décadas en un asentamiento del Mst a 200 quilómetros de Curitiba. La agricultora familiar Luciana Kaiser no concibe la posibilidad de que Lula pueda ser culpable: “No estamos preparados para eso, me daría mucha vergüenza que fuera así, lo dudo mucho”.

 

LA HINCHADA DE MORO.

 

A tres quilómetros del campamento improvisado que montaron los movimientos populares estaba reunida una treintena de manifestantes del movimiento ciudadano de apoyo a la Operación Lava Jato, antilulista. Con sus camisetas verde-amarelas, sus carteles con la caricatura de Lula vestido de presidiario y el eslogan “Lula a la cárcel 2018”, coreaban: “Ya acabamos con Dilma, ahora vamos a acabar con Lula”. Para este movimiento el juez Sergio Moro se ha convertido en una especie de “salvador de la patria”, así lo aseguraba la médica Carolina Araujo. “A Moro lo vamos a estudiar en los libros de historia, porque va a ser quien va a limpiar toda la suciedad de los políticos de este país”, decía esta curitibana que desde la semana anterior había cancelado todas sus citas para salir el miércoles a pedir “la prisión inmediata de Lula”.

 

LULA, EL CANDIDATO.

 

Después de ocho horas en pie, los militantes que habían venido desde varios puntos del país tuvieron su recompensa. Una vez terminado el interrogatorio, Lula da Silva decidió acercarse a la plaza Santos de Andrade para agradecer a sus seguidores “el cariño” que le habían demostrado. Si la ex presidenta Dilma Rousseff fue recibida con ovaciones y gritos de “Dilma, la guerrera del pueblo brasileño”, cuando Lula subió al estrado, con un rostro visiblemente cansado y la voz más tomada de lo habitual, generó un éxtasis entre la multitud que se encontraba en la plaza.


En un discurso emotivo dijo que antes de ser juzgado por la justicia quería “ser juzgado por el pueblo”. Recordó que su relación con los militantes no era la de un candidato con sus electores sino la de un “compañero de lucha” y recordó que su próxima batalla serán las elecciones de 2018: “Voy a devolver este país a los trabajadores”, gritó entre vítores, aplausos y fuegos artificiales.

Información adicional

  • Autor:AGNESE MARRA
  • País:Brasil
  • Región:Suramércia
  • Fuente:Brecha
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