Sábado, 25 Noviembre 2017 08:31

Elegir sin sorpresas

Escrito por Daniel Valero
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La Habana. Foto: Alejandro Arigón.La Habana. Foto: Alejandro Arigón.

 

Comicios municipales en Cuba.

 

El tablero de cartón con las autobiografías de los tres candidatos cuelga en medio de la pared despintada. Un par de metros más allá hay otro cartel con los listados del padrón electoral de la circunscripción. Cualquiera puede enterarse allí de los méritos de los nominados para delegados de la asamblea municipal del Poder Popular, cargo equivalente al de los concejales en otros países latinoamericanos.

Sus candidaturas partieron de asambleas barriales en las que los presentes hacían propuestas que luego debían ratificar los propios vecinos. De entre los seleccionados, este domingo 26 de noviembre saldrán los futuros concejales del país.

Aunque estamos en el centro comercial de un populoso barrio de la ciudad de Camagüey y en la hora pico, nadie se acerca a las pancartas. Imbuidos en sus propias urgencias, los transeúntes no se preocupan por saber que uno de los nominados es el delegado actual de la zona, quien ya lleva cinco mandatos en el cargo.

Por casi 20 años la dirigencia revolucionaria de Cuba se mantuvo reacia a celebrar elecciones. Un sentimiento compartido por la mayoría de la población, que durante la primera mitad del siglo XX había visto cómo la política se convertía en medio de lucro para una clase corrupta y proestadounidense, que no dudaba en apelar a la violencia del Estado para mantenerse en el poder. Recién en 1976, y con la aprobación de la actual Constitución, volvieron a convocarse comicios para elegir a las autoridades municipales. Dieciséis años más tarde –y a raíz del derrumbe del campo soviético–, por primera vez comenzaron a ser incluidas en las papeletas las candidaturas a delegados de las asambleas provinciales y diputados de la Asamblea Nacional.

Pero incluso en esas circunstancias es posible cuestionar que se trate de elecciones en el estricto sentido del término.

Durante los comicios locales los habitantes de cada circunscripción pueden seleccionar a un concejal para que los represente ante el gobierno de la demarcación, pero dichos funcionarios poseen facultades poco menos que simbólicas. “Los delegados no tenemos ni siquiera la posibilidad de nominar a alguno de nosotros para presidente del municipio (alcalde). En teoría la opción existe, pero sumar un nombre a la boleta implica que antes debemos ‘borrar’ a otro de esa lista presentada por la Comisión de Candidaturas. Pues para cada cargo se acepta una sola propuesta. Como la modificación la debe aprobar la asamblea (del municipio) por mayoría de votos, es muy difícil que salga adelante”, explicó a Brecha Eduardo, delegado en el municipio de Chambas, en la central provincia de Ciego de Ávila. Nunca quiso ser delegado, pero su militancia en el partido lo ató al compromiso. Los cinco últimos años han sido para él una sucesión interminable de gestiones para solucionar problemas planteados por sus electores. “Eliminar un salidero (una pérdida) del acueducto o conseguir algunas tejas para la casa de un discapacitado implicaba tocar mil puertas. Lo peor es que otros asuntos tan urgentes como el precio de la comida o de los materiales de construcción escapan a nuestras competencias.”

Para Yanelys, una joven licenciada en comunicación social, los principales problemas por resolver están en manos de otros: “¿Quién de Cimex (la principal cadena comercial del país) ha explicado alguna vez por qué los productos que venden tienen un impuesto del 240 por ciento?”. El domingo, Yanelys, que desde hace años no asiste a los encuentros barriales de “rendición de cuentas a los electores” ni a las asambleas de nominación, irá a votar. En parte por no “marcarse” como disidente, y en parte por tradición e inercia.

Cincuenta y una palabras de la ley electoral cubana resumen las responsabilidades del ente más importante del sistema electoral de la isla: “Para elaborar y presentar los proyectos de candidaturas de delegados a las asambleas provinciales del Poder Popular y de diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Para cubrir los cargos que eligen estas y las asambleas municipales del Poder Popular, se crean las comisiones de candidaturas nacional, provinciales y municipales”.

Las comisiones de candidaturas son presididas por dirigentes de la Central de Trabajadores (subordinada al Partido Comunista) e integradas por representantes de las “organizaciones de masas”, también orientadas por el partido. Y es de dichas comisiones que dependen, en última instancia, los nombres de las personas que ocuparán los puestos de decisión en el Estado. Si bien deben ser ratificados en las elecciones correspondientes, tienen a su favor el principio del “voto unido”, fórmula que convoca al elector a respaldar a todos los candidatos, a uno, ninguno o a varios de ellos, pero quedando excluida la posibilidad de hacer nuevas propuestas.
Así el día de los comicios los votantes se enfrentan a listas “intocables”, que dan por resultado situaciones tan singulares como las de diputados electos en municipios que hasta entonces ni siquiera podían ubicar en el mapa.

El “voto unido” surgió en 1992, con la actual ley de elecciones. Por entonces el líder de la revolución, Fidel Castro, defendió la posibilidad de que la población seleccionara de forma directa a los miembros de las asambleas provinciales y nacional, a partir de las listas conformadas por las comisiones de candidatura municipales.
La primera experiencia del modelo, en enero de 1993, resultó un éxito: 99,57 por ciento del padrón acudió a votar y el 88,48 por ciento lo hizo por el conjunto de los nominados. “Sin el pueblo no se habría podido obtener este resultado”, resaltaba Fidel Castro durante la inauguración de la legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular surgida de aquellos comicios.

Con el paso de los años las elecciones han ganado notoriedad más como un referendo que como una cita para la renovación de las autoridades. En el discurso oficial el llamado a votar ha pasado a ser el de “votar con responsabilidad” o “votar por la revolución”.

Para el común de los cubanos en estas elecciones ya está prácticamente todo definido; incluso el sustituto de Raúl Castro. Con tan pocas opciones no hay por qué preocuparse por saber quiénes estarán en la boleta. Basta con saber dónde depositarla.

 

 

Información adicional

  • Autor:Daniel Valero
  • País:Cuba
  • Región:Centroamérica
  • Fuente:Brecha
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