Viernes, 14 Septiembre 2018 05:58

Brasil. Una votación a la sombra de la tutela militar

Escrito por Gabriel Puricelli
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Brasil. Una votación a la sombra de la tutela militar

La campaña electoral en Brasil, después de dos partidas en falso, puede darse finalmente por lanzada con la inscripción de la fórmula que comparten Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), y Manuela D’Avila, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB). En su primera partida en falso, la elección tenía a Lula Da Silva como el hombre a batir, pero la aspiración utópica de que fuera habilitado como candidato fue liquidada por el Tribunal Superior Electoral el 31 de agosto. El segundo arranque fallido fue con el ultraderechista Jair Bolsonaro corriendo por el carril del victimario, con su discurso permanente de incitación a la violencia: ese personaje fue transformado en víctima por un esquizofrénico que lo hirió con un cuchillo el 6 de septiembre.


La campaña, a partir de ahora, podrá tener otras sorpresas, pero es difícil que alguna cambie la naturaleza del juego. Dos certezas están en pie desde el principio de todo: la primera, que el 7 de octubre no se elige presidente, sino que se decide quiénes son los dos que permanecen en el ring para disputar efectivamente la presidencia tres semanas después; la segunda, que Bolsonaro tiene su vacante asegurada para la pelea de fondo.


Si vamos a creerle a las encuestas, dadas las trayectorias de intención de voto que se ven hasta aquí, los únicos dos candidatos que no podemos descartar de la disputa por una plaza en el ballottage son dos exministros de Lula: Haddad y Ciro Gomes. Eso nos deja con tres personajes en la obra, los tres con discursos bien nítidos. En la extrema derecha de la pantalla la propuesta de un fascismo en defensa propia: dirigir toda la furia y, de ser necesario, la violencia contra los políticos ladrones y contra las minorías y los distintos (por etnia, por opción sexual, por condición de vida) que serían la claque de aquellos. Moderadamente hacia la izquierda, dos propuestas desarrollistas que llaman a dejar atrás el marasmo creado por el Centrão (bloque transversal conservador) que usurpó el gobierno con el juicio político amañado de 2016, con dos declinaciones: o bien “el pueblo feliz de nuevo” (tal como han bautizado su alianza electoral el PT y el PCdoB), es decir, regresar al momento previo al “golpe”, cuando todo habría estado legal, o bien una renovación carismática del liderazgo para retomar un impulso de desarrollo con justicia social. Una continuidad desprejuiciada de la línea de los gobierno de Lula y Dilma o un cambio que tome nota de la purga que ha producido en el sistema político la operación Lava Jato, con todo y sus injusticias.


Dando por buenos los sondeos, Ciro, con un 12% de intención de voto y Haddad, con 9%, son candidatos que todavía no han tocado su techo o que, más bien, no han terminado de repartirse los despojos de la intención de voto a Lula que no se vayan al voto blanco, nulo o a Bolsonaro. Las cartas de cada uno ya las ha visto todo el mundo: Ciro se ha presentado explícitamente como “el más progresista después de Lula” e implícitamente como el único, además de Lula, que es más que los partidos que lo apoyan; Haddad, por el contrario, está condenado a no ser nada más (nada menos, en tanto aun un PT maltrecho puede aspirar a estar en la definición de la presidencial, como lo ha estado siempre desde 1989) que el partido, el delegado del líder preso. Sin tiempo material para hacer una campaña poniéndose en valor a sí mismo, sólo le cabe aparecer al lado de la foto de Lula para crecer por asociación. Ciro, en cambio, desafía: su masa es suficiente para que los votos graviten hacia él aunque Lula pretenda mantenerlos en su órbita.


En lo inmediato, entonces, se trata de saber quién prevalecerá. Pero hay una pregunta que suscita preocupaciones más graves: ¿cómo digerirá el Centrão que después de tantos afanes y conspiraciones, después de tirar al mar la llave del calabozo de Lula, las alternativas que podrían derrotar a Bolsonaro sean las víctimas de esa conspiración? Más preocupante aún: ¿un próximo presidente que no sea Bolsonaro, pero sin la legitimidad de haber batido el hombre a batir porque a éste los tribunales le impidieron competir, podrá volver a meter en caja el espectro de la tutela militar que se encarna en el activismo desembozado del jefe del ejército, general Eduardo Villas Bôas?


* Coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas.


 La nueva cirugía al candidato de ultraderecha puso en crisis al partido militar de Brasil


Crece el nerviosismo en la tropa de Bolsonaro


Según trascendidos de la prensa brasileña, el candidato a vice, Hamilton Mourao, estaría interesado en dar un golpe interno, representar a Bolsonaro en los debates televisivos y hasta convertirse en el presidenciable.

La cirugía a la que fue sometido de urgencia Jair Bolsonaro puso en crisis al partido militar formado en su entorno. El capitán retirado del Ejército estuvo hasta los primeros minutos de ayer en un quirófano del Hospital Albert Einstein de San Pablo debido a complicaciones intestinales derivadas de la puñalada recibida hace una semana durante un acto de campaña. Fue la segunda intervención quirúrgica en seis días. El parte médico divulgado en la mañana de ayer indicó que el paciente evolucionaba favorablemente pero retornó a la sala de terapia intensiva y no informó sobre cuándo se le dará el alta, faltando sólo 24 días para la primera vuelta electoral.


“Sin Bolsonaro no estamos en condiciones de llevar millones de personas a las calles”, reconoció el diputado Mayor Olimpio, policía de San Pablo que integra la “Bancada de la Bala” en en el Parlamento.


Las declaraciones y el gesto del diputado reflejaban el desconcierto del primer círculo de poder bolsonarista en una campaña signada por los imponderables y la proscripción de Luiz Inácio Lula da Silva, con su 40 por ciento de intención de voto.


Con la salida de Lula, reemplazado por Fernando Haddad, Bolsonaro quedó primero en las encuestas con el 26 por ciento de apoyo y más del 40 por ciento de rechazo. Merval Pereira, comentarista en jefe del grupo Globo, sostuvo que el candidato no podrá hacer campaña ni estar en los debates hasta el 7 de octubre, y consideró difícil que pueda participar en las actividades proselitistas entre ese día y el 28 del mismo mes cuando será el ballottage.


Generales, policías y pastores entran y salen nerviosamente del centro médico ubicado en el sur de San Pablo devenido en comando de campaña del Partido Social Liberal (PSL).


Según el diario Valor Económico, hay disputas entre los diversos grupos bolsonaristas profundizadas después del ataque con arma blanca del jueves pasado. Una de las facciones la comanda el general Hamilton Mourao, candidato a vicepresidente en la fórmula del PSL. Según parece, el general estaría interesado en dar un golpe interno, representar a Bolsonaro en los debates televisivos y hasta convertirse en el candidato presidencial del PSL. Mourao es conocido por exaltar el golpe de 1964 y arengar a favor de otras sediciones políticas. En 2015 Dilma Rousseff lo separó del Comando Militar del Sur por fogonear el impeachment. La semana pasada el general respaldó la posibilidad de un golpe militar como antídoto para el clima de anarquía que se agravó en esta campaña presidencial. Un aliado político del general, Levy Fidelix, habló a las claras sobre la posibilidad de un putch dentro para voltear al candidato presidencial. Dijo Fidelix : “Bolsonaro puede quedarse 40 días en el hospital, no vamos a perder ese tiempo (...) Mourao puede ser el candidato”.


Otro grupo está formado por los hijos de Bolsonaro. Encabezado por el diputado federal Eduardo a quien secundan el diputado estadual por Río Flavio y el concejal de esa ciudad Carlos. Según trascendidos los hijos del capitán no estarían dispuestos a ceder el comando de la campaña al general Mourao.

Información adicional

  • Autor:Gabriel Puricelli
  • País:Brasil
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Página12
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