Martes, 25 Septiembre 2018 06:44

Huelga general contra el “austericidio” de Macri

Escrito por Juan Ignacio Irigaray
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Huelga general contra el “austericidio” de Macri

Los grandes sindicatos, los movimientos sociales y partidos de izquierda dejan aparte sus rencillas y cierran filas para protestar contra la política económica del Gobierno de Mauricio Macri.

 “No nos une el amor sino el espanto”. El famoso y repetido verso del escritor Jorge Luis Borges parece hecho a medida del sindicalismo de Argentina. Todos sus dirigentes, siempre divididos, se unen este martes en huelga general contra la política socioeconómica neoliberal del presidente Mauricio Macri —un empresario centroderechista sin linaje ni padrinos en la política— al que muchos de ellos, sin embargo, ayudaron a ascender a la Casa Rosada en 2015.

Las centrales de trabajadores CGT —peronistas y burócratas ex afines a Macri—, CTA —centroizquierda—, Frente Sindical —del camionero Hugo Moyano— los movimientos sociales, y partidos de izquierda dejan aparte sus rencillas y cierran filas para protestar contra lo que denominan el “austericidio” del Gobierno, en referencia al hachazo a jubilaciones, pensiones, salarios, empleo y subsidios, a la vez que se rebajan los impuestos a los ricos.


El “espanto” galvaniza el sentimiento de los trabajadores argentinos, atemorizados por el ajuste: estampida del IPC, 42% de inflación prevista a fin de año; erosión del poder adquisitivo con salarios a la baja; derrumbe de más de 6% de la actividad económica interanual, con su consiguiente ola de desempleo. Y, por si ello fuera poco, se agregan los ‘tarifazos’ en transporte, electricidad, gas y agua, que en algunos casos han trepado hasta el 1.700%.

Así pues, tras casi tres años de Gobierno macrista, el hambre aprieta a los empobrecidos pobladores del cinturón urbano de Buenos Aires, donde cada día más gente acude a por una ración en los comedores populares, abastecidos de víveres por Caritas, los gobiernos nacional y provincial, y organizaciones sociales. También en las provincias, sobre todo del norte argentino, la falta de alimentos ataca a los sectores más pobres.


La protesta de las centrales y los sindicatos arrancó el 24 de septiembre por la tarde con una multitudinaria marcha y concentración en la Plaza de Mayo, a cuya vera se encuentra la Casa Rosada. Según los organizadores hubo 500.000 manifestantes, una medición exagerada. “Hasta aquí llegó el ajuste y la derecha, porque hay un pueblo unido que decidió salir a la calle y decir basta”, arengó el sindicalista de banca Sergio Palazzo.

De todos modos, la expresión más fuerte de la huelga se preveía para este martes. La ausencia del transporte público —tren, metro, bus, y aviones— parecía garantizar el éxito de la huelga. Tampoco funcionarían la industria, bancos, comercios, sanidad, educación, gasolineras, tribunales ni oficinas públicas. El centro de Buenos Aires, previsiblemente, quedaría desierto.


En medio de ese escenario pesimista, Macri tomó distancia y se marchó de visita a los Estados Unidos en plan de mostrar que, no obstante las quejas ciudadanas, recibe apoyo internacional. De hecho, el pasado 4 de septiembre, el presidente Donald Trump tuiteó: “Hablé por teléfono con Macri y reafirmé el fuerte respaldo de los Estados Unidos a Argentina [Su presidente] está haciendo un excelente trabajo ante una difícil situación económica y financiera”.

Sin embargo, en esta oportunidad la oficina de comunicación de la Casa Rosada quiso ‘vender’ como un éxito que haya sido recibido en la sede de Americas Society / Council of the Americas por su directora Susan Segal, y se haya reunido con “inversores” en una comida en el restaurante Rao’s y en la redacción del Financial Times. También hablará en la asamblea de la ONU.
“Lluvia de inversiones”
Macri es el prototipo del empresario metido a político, que colocó de ministros a CEOs de grandes compañías y definió a su gabinete como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Prometió que atraería una “lluvia de inversiones”. Sin embargo, todos los índices económicos y sociales han empeorado desde su arribo a la Casa Rosada. Pero se esperanzó, ayer en entrevista a Bloomberg, con que el acuerdo de endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) “va a ser beneficioso para Argentina".

Argentina había honrado sus deudas con el FMI en 2007, cuando el entonces presidente peronista Néstor Kirchner pagó al contado, harto de que el organismo internacional se entrometiera recomendando medidas ortodoxas. Pero Macri ha solicitado nuevos préstamos por al menos 50.000 millones de dólares para gastos corrientes y solventar el déficit fiscal y comercial, a cambio de comprometerse a llevar las cuentas públicas a un “déficit cero”.

No obstante la crisis, Macri se mostró optimista sobre sus chances de continuar en el poder, al declarar en la entrevista con Bloomberg que está “listo para competir” por la reelección en las presidenciales del año próximo. Las encuestas miden su caída de imagen, algunas hasta un piso de 27% de intención de voto. En 2015 conquistó la presidencia por 51,34%, en un reñido balotaje ganado con una diferencia de sólo 668.774 votos sobre el segundo.

Como principal contrincante se perfila la actual senadora y ex presidenta peronista Cristina Fernández, viuda de Kirchner, de momento con mayor popularidad: intención de voto de 30% a 35%. Si esos sondeos se mantienen con el tiempo, probablemente volverá a ser candidata a presidenta —igual que hizo Bachelet en Chile e intentó Lula en Brasil—, pese —o acaso por ello— a que afronta seis procesos judiciales por supuestos pufos de corrupción. Final abierto.

Información adicional

  • Autor:Juan Ignacio Irigaray
  • País:Argentina
  • Región:Suramérica
  • Fuente:El Salto
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