Domingo, 01 Septiembre 2019 05:50

Hong Kong vive su jornada más tensa desde el inicio de las protestas

Escrito por Macarena Vidal Liy
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 Manifestantes prodemocracia marchan este sábado por el centro de Hong Kong. Kin Cheung AP Manifestantes prodemocracia marchan este sábado por el centro de Hong Kong. Kin Cheung AP

La Policía carga con gases lacrimógenos y cañones de agua para reprimir las manifestaciones vetadas

“If we burn, you burn with us” (Si ardemos, arderéis con nosotros). El lema que alguien ha dejado escrito este sábado en la mediana frente al complejo que acoge al Legislativo, el Ejecutivo local y las oficinas del Gobierno central se podía aplicar tanto a la furia de los manifestantes como a la ira de la Policía de Hong Kong. Un día después de la detención de nueve prominentes activistas y políticos de oposición, y de que las autoridades del territorio autónomo chino prohibieran una manifestación masiva, la animosidad entre ambos bandos estaba más enconada que nunca. La dureza de los choques entre manifestantes y agentes lo han dejado claro. De un lado, cócteles molotov, lanzamientos de ladrillos e incendios callejeros. Del otro, cañones de agua, gases lacrimógenos, un disparo al aire y numerosas detenciones.

La furia subió un grado más después de que se publicaran en las redes sociales vídeos en los que se mostraba la carga de la Policía durante la noche en una estación de metro en busca de manifestantes, en escenas que evocaban -a los ojos de los manifestantes- las protagonizadas por supuestos miembros de las tríadas mafiosas que, en julio, atacaron a participantes en las protestas en otra estación de metro, la de Yuen Long, ante la aparente pasividad de los agentes.

El día había comenzado con tensión, nubarrones y lluvia. La Policía había advertido de que, tras el veto a la manifestación —finalmente desconvocada—, del Frente de Derechos Humanos y Civiles, no toleraría asambleas que pretendieran remedarla. Pero, haciendo el alarde de imaginación que ha caracterizado las protestas más pacíficas en trece semanas de marchas —el principal desafío en años al poder del Ejecutivo autónomo y al control del Gobierno central en Pekín—, los manifestantes improvisaron distintas actividades con un espíritu lúdico.

Por la ciudad se repartieron diversas estatuas y estatuillas de protagonistas de las protestas, encabezados por una Reina de la Libertad que rendía homenaje a la activista que quedó herida en un ojo este agosto. En un estadio del centro de la isla, centenares de personas se daban cita para cantar Hallelujah to the Lord, el himno religioso convertido en emblema de las protestas: las reuniones religiosas estáticas —a diferencia de las procesiones— no requieren un aviso previo a la Policía. Un grupo se agolpaba ante la oficina de la jefa del Gobierno autónomo, la denostada Carrie Lam, católica practicante, para rezar para que se le perdonaran sus pecados.

A la hora en la que se había convocado la manifestación original, decenas de miles de personas marcharon por el recorrido previsto. Jóvenes, ancianos, familias al completo. Una marea de camisetas negras, el color de las protestas, cortaba las principales avenidas a gritos de “¡Hongkoneses, ánimo!”, “¡Levantémonos por Hong Kong!”. Un helicóptero sobrevolaba la escena, entre exhortaciones de los manifestantes —“¡tapaos con los paraguas, que no os vean!”— y más de un dedo medio levantado en señal de desafío.

“No me sumo a la marcha porque mis hijas tenían miedo por mí y me han pedido expresamente que no lo hiciera”, comentaba Sam, de 56 años, que animaba a los manifestantes desde la acera. “He nacido aquí, en Hong Kong, pero a mi edad me planteo marcharme en cuanto me jubile, en cuatro años. China quiere acabar con esta ciudad, que ya no podamos manifestarnos. Nos quieren callados y complacientes”, sostenía. “Pero no lo van a conseguir. No tenemos miedo”.

Mientras la marcha discurría, principalmente, de modo pacífico y sin que la Policía actuara —más allá de advertir en comunicados de que la manifestación era ilegal—, varios centenares de jóvenes se concentraban en torno al complejo del Gobierno, pertrechados con máscaras de gas, cascos y gafas protectoras.

La Policía comenzó allí a lanzar ronda tras ronda de botes de gases lacrimógenos; si los manifestantes lograban devolver alguno hacia las filas de agentes, los participantes estallaban en aplausos y gritos de júbilo. Algunos arrojaron cócteles Molotov. Los cañones de agua hicieron nuevamente su aparición, con líquido teñido de azul para señalar a quienes hubieran estado en primera fila de las protestas.

Horas más tarde, el enfrentamiento se trasladaba a las cercanías del cuartel de Policía, en el barrio de Wan Chai. Allí, los manifestantes han prendido fuego, espectacularmente, a una barricada, cuya columna de humo se ha elevado por encima de los rascacielos; otros pequeños incendios se han producido en calles adyacentes o en el cercano distrito comercial de Causeway Bay.

Con uniformes antidisturbios, la Policía ha procedido a abrir las avenidas bloqueadas por los manifestantes. Las detenciones que ha practicado, en varios casos, no han sido por las buenas. A pocos metros del incendio de Wan Chai, mientras una ambulancia trataba las heridas de un joven arrestado, varias decenas de vecinos se han enfrentado a los agentes. “¡Sois unos perros! ¡No hagáis daño a la gente de Hong Kong!”, instaba un grupo de vecinos de mediana edad a los policías protegidos con cascos y escudos antibala. En Causeway bay, las tensiones han llevado a un agente a disparar al aire, la segunda vez en una semana que se producía un incidente similar. En el otro lado de la bahía, en el barrio de Kowloon, se han prolongado los enfrentamientos durante la noche.

“No nos fiamos de la Policía, eso está claro. Utilizan la violencia para acallarnos. Y lo que nosotros queremos es que se nos escuche”, ha asegurado en Wan Chai Eva, una joven de 20 años que, como muchos otros, se negaba a desenmascarar su rostro o proporcionar su nombre completo.

La jornada de este sábado ha sido especialmente significativa. Se celebraba el quinto aniversario de la presentación, por parte del Gobierno central chino, de una reforma al sistema para elegir al presidente del Gobierno autónomo hongkonés. Aquella propuesta, que adjudicaba a Pekín la potestad de designar a los posibles candidatos al cargo, sin que los ciudadanos pudieran presentar a un favorito, desató la ira de amplias capas de la población. Uno de los líderes de lo que entonces se conocía como el movimiento Occupy Central (“Ocupar Central”, el distrito financiero hongkonés), el académico Benny Tai, proclamó el comienzo de “una era de desobediencia civil”. Menos de un mes más tarde, medio millón de hongkoneses participaba en una sentada masiva que paralizó el centro de la antigua colonia británica durante 79 días.

Si las protestas de entonces exigían más democracia, los manifestantes de ahora reclaman cinco puntos: el abandono por completo del proyecto de ley desató las movilizaciones desde el 9 de junio y que permitiría la extradición de sospechosos a países con los que Hong Kong carece de un acuerdo para ello, incluido China; la dimisión de la jefa del Hobierno autónomo, Carrie Lam; la apertura de una investigación sobre el comportamiento policial en las manifestaciones; la libertad de los detenidos en las protestas, y la reapertura de un proceso de reformas democráticas.

Las protestas continuarán en los próximos días, mientras se aproxima la fecha que más preocupa a Pekín: el 70º aniversario, el 1 de octubre, de la fundación de la República Popular de China, un acontecimiento que no quiere que quede empañado bajo ninguna circunstancia.

Este domingo los manifestantes pretenden rodear el aeropuerto, y para el comienzo de la semana próxima está convocada una huelga general.


El Gobierno autónomo descarta un debate sobre reformas democráticas

Aunque este sábado se conmemorara el quinto aniversario de la última propuesta de reforma del sistema electoral en Hong Kong, el Gobierno autónomo ha dejado claro que no está dispuesto a reabrir ese debate.

“Embarcarse desenfadadamente en una reforma política polarizará aún más la sociedad y supondría un acto irresponsable”, ha indicado el Ejecutivo en un comunicado. “Cualquier conversación sobre cambios constitucionales tiene que tener como premisa una base legal, y desarrollarse en una atmósfera pacífica y de mutua confianza, de manera pragmática”.

 

Por, Macarena Vidal Liy

Hong Kong 31 AGO 2019 - 14:00 COT

Información adicional

  • Autor:Macarena Vidal Liy
  • País:China
  • Región:Asia
  • Fuente:El País
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