Miércoles, 08 Enero 2020 07:33

Pedro Sánchez fue investido como presidente de España

Escrito por Agustín Fontenla
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Pedro Sánchez fue investido como presidente de España

El líder socialista recibió el apoyo de Unidas Podemos -con la que cogobernará- y de varios pequeños partidos regionalistas y nacionalistas. Se abstuvieron los independentistas de izquierda vascos y catalanes, mientras la derecha y la ultraderecha votaron en contra de la investidura.

En la votación de investidura más ajustada de la democracia española reciente, una mayoría del Congreso de los Diputados españoles logró investir presidente del Gobierno a Pedro Sánchez.

El socialista debió esperar casi dos meses desde las últimas elecciones del 10 de noviembre para reunir los apoyos que lo confirmaran al frente de La Moncloa, y al frente de un Ejecutivo en plenitud de sus funciones. Primero, estableciendo un acuerdo de Gobierno de coalición con Unidas Podemos, la fuerza que lidera Pablo Iglesias. Más tarde, y en un proceso que se extendió por unas tres semanas, sellando un acuerdo con la fuerza soberanista Esquerra Republicana de Catalunya.


Los dos acuerdos impulsados por el PSOE han sido en parte inéditos, y también arriesgados, en un país donde las fuerzas de derecha agitan el fantasma del quiebre territorial de España o el advenimiento del “comunismo” cada vez que las fuerzas de izquierda plantean un programa progresista o apelan al diálogo para resolver las tensiones soberanistas que sufre el país. Esta vez, con mayor vehemencia por el crecimiento del partido de ultraderecha, Vox, que ha hundido a Ciudadanos y empuja a límites más radicales al Partido Popular de Pablo Casado.


La abstención de Esquerra Republicana de Catalunya, la clave


167 es el número de diputados que hizo posible (solo dos más que la oposición) el nombramiento de Sánchez. Una mayoría que reunió al PSOE, Unidas Podemos y a fuerzas regionalistas. Sin embargo, en esa suma no estaba la llave de la investidura. Esa llave permaneció siempre en las manos del líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Oriol Junqueras, que con la abstención de su fuerza permitiría el resultado favorable de Sánchez.


Y esa necesidad esencial del candidato socialista endureció la posición de Esquerra Republicana, al punto de llevar sus exigencias a la creación de una mesa entre Gobiernos (español y catalán) para abordar sin líneas rojas el conflicto político en Cataluña. Esquerra Republicana utilizó el encarcelamiento de su líder, las manifestaciones que motivó el fallo condenatorio a los dirigentes que organizaron el referéndum ilegal de 2017 y el respaldo que los tribunales europeos le dieron a Junqueras y a Carles Puigdemont (expresidente de la Generalitat), quienes fueron impedidos de asumir su cargo de eurodiputados.


La derecha en pie de guerra


Si bien ese acuerdo entre el PSOE y Esquerra Republicana suponía una novedad ante el inmovilismo del Partido Popular durante los últimos años, las fuerzas conservadoras del país iban a intentarlo todo para impedirlo. Su única solución seguía siendo el combo de represión y acciones judiciales, una receta que llevó el conflicto catalán a su agudización más crítica desde el regreso a la democracia.


Pero la oposición de las fuerzas conservadoras no sería solo frente a Cataluña. También con Unidas Podemos. Desde hace meses, Pablo Casado se refirió a esa alianza como Gobierno Frankenstein, y se cansó de insistir en que los “comunistas” de Iglesias llevarían el país a la quiebra económica. No pocos medios le siguieron el juego, y hasta el día de hoy llamaron a los diputados favorables a Sánchez a hacer un voto de “conciencia” y rechazar su investidura.


La jugada no resultó, al igual que inflamar la situación de Cataluña o agitar el fantasma de ETA, y Sánchez atravesó el desfiladero de una votación tan ajustada que debió presentarse una diputada enferma de cáncer (que se había ausentado el domingo en la primera votación) para que el líder socialista no dependiera de un solo voto.


Sin dudas, en la mente de Sánchez habrán vuelto en más de una ocasión los momentos en que decidió apostar a unas segundas elecciones para aumentar la base de apoyos al PSOE. Algo que no sucedió, al contrario. Tras las elecciones de abril, una coalición de socialistas y podemitas habría salido adelante con votos regionalistas y partidos menos exigentes (en su independencia) como el Partido Nacionalista Vasco. Pero las encuestas decían otra cosa; en teoría.


Esa realidad es la que abonó el terreno para la fractura política y cultural. Las derechas se recuperaron en la última elección. Casado aumentó en forma considerable su número de diputados, y Vox ascendió sorpresivamente a tercera fuerza del país. Por eso no dudaron en llamar traidor a Sánchez, y se animaron a sugerir con pocas sutilezas que harían todo lo posible para impedir su Gobierno, y que acabara lo antes posible.


La coalición entre el PSOE y Unidas Podemos


Sánchez e Iglesias, que asumirá como vicepresidente social del Gobierno, deberán mostrar mucha cintura política, pero, sobre todo, decisión política y fortaleza. La legislatura recién empieza, y las izquierdas han soportado un ataque enardecido durante los últimos dos meses. Además, tendrán un desafío enorme con Cataluña. Esta jornada de votación, una de las dirigentes de Esquerra Republicana fue más que explícita. “Me importa un comino la gobernabilidad de España”, dijo Montserrat Bassa desde el estrado para dejar en claro que si no se avanza con resultados concretos en el diálogo sobre Cataluña, le retirarán su apoyo al Gobierno.


La expectativa y el desafío son tan grandes como los riesgos y los obstáculos. El primer paso está hecho, Sánchez e Iglesias delinearon un verdadero programa progresista que, de aplicarse, podrá reparar tanto daño social y económico causado por años de neoliberalismo. Y, a su vez, reforzará la lucha contra la violencia machista y la agenda feminista. Se le tenderá la mano a los migrantes, y se apostará por una Europa más social. El primer paso está hecho, veremos cuáles y cómo serán los próximos.

 


Opinión


Pedro Sánchez, sin margen de error

Por Héctor Barbotta

La sesión de investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno español tuvo dos protagonistas inesperados: una diputada catalana de Podemos que sufre un cáncer agresivo que la obligó a ausentarse en la sesión anterior y que esta vez se sobrepuso a los dolores y el único diputado de la pequeña agrupación de electores Teruel Existe, que tuvo que dormir la noche anterior en paradero desconocido para evitar presiones. Ambos fueron decisivos. La votación salió adelante con 167 votos a favor y 165 en contra.


El proceso para que España tuviera por primera vez desde que recuperó la democracia un gobierno de coalición no fue un camino sencillo. No se trató sólo de esos dos votos decisivos. El pacto entre el PSOE y Unidas Podemos firmado apenas dos días después de las elecciones generales del pasado 28 de noviembre necesitaba para salir adelante de más apoyos parlamentarios y sólo dio sus frutos después de un paciente y discretísimo proceso de negociación con varias formaciones menores, entre ellas el Partido Nacionalista Vasco, que acabaron comprometiendo su voto afirmativo.


Para conseguir la investidura, Sánchez también necesitaba al menos la abstención de dos formaciones independentistas de izquierda, la catalana Esquerra Republicana de Catalunya, una de las que encabezó el frustrado proceso por el que se impulsó la independencia de esa región y que acabó con los principales líderes presos o huidos, y la vasca Bildu, que comparte espacio político con las fuerzas que en el pasado respaldaron a la desaparecida ETA.


Lo consiguió, y ello fue demasiado como para que la derecha española no viera resurgir sus peores fantasmas e identificara al líder socialista como la personificación del mal. Traidor, estafador, villano o amigo de los terroristas fueron algunos de los epítetos que le dedicaron. Las tres sesiones parlamentarias que concluyeron con la votación definitiva de este martes fueron un festival de insultos, agravios y desplantes como nunca antes se había visto en el consolidado sistema parlamentario español.


Lo ajustado de la votación, la propia composición variopinta del arco parlamentario que dio su confianza a Sánchez, la complejidad de los problemas a resolver, con la crisis catalana en primer lugar, y la virulencia con la que las fuerzas de derecha han recibido esta alianza -la extrema derecha es la tercera fuerza parlamentaria y su discurso apocalíptico parece haber contagiado al resto de los grupos de ese espacio ideológico- invitan a vaticinar que al presidente socialista le quedan por delante cuatro años sin margen para el error. No será fácil. La portavoz de ERC, Montserrat Bassa, con una hermana cumpliendo pena de prisión tras ser condenada por el referéndum ilegal de 2017 en Cataluña, lo advirtió durante su intervención: “La gobernabilidad de este país me importa un comino”, dijo. Aviso a navegantes. Sin el respaldo pasivo de los republicanos catalanes, el gobierno de Sánchez tendrá casi imposible aprobar leyes o presupuestos.


El gobierno de coalición, que por primera vez desde los años de la República tendrá un ministro comunista -el secretario general del PCE, Alberto Garzón, estará al frente de la cartera de Consumo-, nace con el doble desafío de distender el conflicto catalán y de poner en marcha una ambiciosa agenda social para la que tampoco hay mucho margen de acción. Sánchez conformará un equipo con tres vicepresidencias y ya se sabe que la del área económica será la socialista Nadia Calviño, que con toda seguridad actuará como guardiana del rigor presupuestario que impone la Unión Europea. De su buena convivencia con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que será vicepresidente a cargo del área social, dependerá en gran medida el futuro de este gobierno y con él, de buena parte de las esperanzas de la izquierda europea.
Héctor Barbotta es periodista

Información adicional

  • Antetítulo:Gobernará en coalición con Unidas Podemos
  • Autor:Agustín Fontenla
  • País:España
  • Región:Europa
  • Fuente:Página12
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