Sábado, 22 Agosto 2020 05:36

Navalny

Escrito por Juan Pablo Duch
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Navalny

El intento de asesinato de Aleksei Navalny, una de las voces más críticas con el Kremlin –envenenado con una sustancia tóxica no identificada que lo dejó en estado de coma y conectado a un aparato de respiración artificial en un hospital de Omsk, en Siberia–, se añade a una larga lista de crímenes cuyo denominador común es quedar sin castigo.

Por más que se investigue nunca se autoriza revelar quién ordenó atentar contra la vida –con balas y veneno, sobre todo– de políticos, como Boris Nemtsov y Serguei Yushenkov, o periodistas, como Anna Politkovskaya y Yuri Schekochijin, o activistas, como Piotr Verzilov o el propio Navalny, todos ellos una suerte de piedra en el zapato de los miembros de la élite gobernante, sin hablar de otra categoría que ni siquiera hace falta investigar: los ex espías, como Aleksandr Litvinenko o Serguei Skripal, que cometieron alta traición.

Es obvio que el Kremlin no se deshace de sus adversarios ordenando su muerte, pero a la vez contribuye a que recaiga sobre él la sombra de la sospecha al proteger al autor intelectual de cada crimen, ofreciendo completa impunidad al responsable, y distrayendo la atención con todo tipo de especulaciones difundidas desde los medios de comunicación bajo su control.

El envenenamiento de Navalny no es la excepción y hay canales de la televisión pública que no se sonrojan al afirmar que la víctima sufrió una intoxicación etílica por tomar en ayunas dos vasos grandes de vodka o que tuvo una sobredosis de algún narcótico, mientras no se permitía a Yulia Navalnaya ver a su marido por no haber llevado el certificado de matrimonio o por que el paciente en coma no quería que entrara.

También se negaban a entregarle la ropa de su esposo y tardaron en permitir que un avión-ambulancia, equipado con un quirófano, transportara a Navalny a una clínica especializada de Berlín, pues en opinión del director del hospital de Omsk su delicado estado podría empeorar con un vuelo tan largo, a pesar de que su esposa asumía el riesgo.

Muy larga es la relación de políticos y funcionarios, legisladores y empresarios cercanos al poder, cuyas corruptelas exhibió Navalny en Internet, que pudieran querer vengarse de él. Ahora, lo importante es que el líder opositor se recupere cuanto antes y que el veneno no le cause graves secuelas.

Información adicional

  • Antetítulo:Apuntes postsoviéticos
  • Autor:Juan Pablo Duch
  • País:Rusia
  • Región:Asia-Europa
  • Fuente:La Jornada
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