Sábado, 05 Septiembre 2020 05:42

El gasoducto incómodo

Escrito por María-Paz López
Valora este artículo
(1 Voto)
Un tramo del Nord Stream 2 durante su construcción en Lubmin en marzo del 2019: cada tramo de tubería mide 12 metros (TOBIAS SCHWARZ / AFP) Un tramo del Nord Stream 2 durante su construcción en Lubmin en marzo del 2019: cada tramo de tubería mide 12 metros (TOBIAS SCHWARZ / AFP)

La dureza alemana con Rusia por el caso Navalni choca con su economía

 

Pronunciar frases contundentes suele resultar más sencillo que materializar su tránsito hacia actos concretos, y en ese incómodo escenario se encuentra Alemania desde que el miércoles su canciller, Angela Merkel, exigió al Gobierno ruso respuestas sobre el envenenamiento del opositor Alexéi Navalni, hospitalizado en Berlín. Ese día, el Ejecutivo notificó que un laboratorio militar alemán había hallado “pruebas inequívocas” de que Navalni fue envenenado con el agente neurotóxico Novichok. Merkel anunció que, con los socios de la UE y los aliados de la OTAN, su país buscaría una “respuesta común adecuada”.

En contraste con la dureza de esta iniciativa política de condena alemana a Rusia, en el mar Báltico se está ultimando la construcción del gran proyecto ruso-alemán Nord Stream 2, un gigantesco gasoducto que enviará más gas natural de Rusia a Alemania. En la localidad costera de Lubmin existe ya desde el 2012 una conexión gasística germano-rusa, el Nord Stream 1, y cuando el segundo gasoducto esté terminado, sumando ambos el gigante energético estatal ruso Gazprom podrá inyectar 110.000 millones de metros cúbicos de gas al año en el mercado europeo.

Ahora, partidos de la oposición como Alianza 90/los Verdes y el centrista FDP, pero también algunos dirigentes de los partidos de la coalición de Gobierno (conservadores y socialdemócratas), presionan a Merkel para que dé carpetazo al gasoducto como respuesta a Moscú por el caso Nalvani. “Este abierto intento de asesinato a través de estructuras de tipo mafioso del Kremlin no sólo debería preocuparnos, sino que necesita tener consecuencias reales”, dijo Karin Göring-Eckardt, cojefa del grupo parlamentario ecologista. “Tras el envenenamiento de Navalni necesitamos una respuesta europea fuerte, que Putin entienda; la UE debería decidir de modo conjunto parar el Nord Stream 2”, tuiteó el democristiano Norbert Röttgen, presidente del comité de Asuntos Exteriores del Bundestag y uno de los aspirantes a liderar el partido.

Otra cuestión es que lo que reclaman sea factible. “Toda la actual discusión política sobre el Nord Stream 2 no es realista si de lo que se habla es de pararlo, porque hay demasiadas empresas europeas en el consorcio y el gasoducto está casi terminado –sostiene Carlo Masala, catedrático de Política Internacional de la Universidad de la Bundeswehr (ejército) en Munich–. Pero no se puede descartar que haya una moratoria temporal”.

El proyecto Nord Stream 2 supone unos 8.400 millones de euros financiados por un consorcio liderado por Gazprom que incluye a cinco empresas europeas: las alemanas Uniper /E.ON y Wintershall (filial de BASF), la anglo-neerlandesa Shell, la austriaca OMV y la francesa Engie. Los rusos desembolsan la mitad de esta cantidad, y el resto a razón de unos 950 millones cada uno. Y en efecto, el nuevo gasoducto de doble tubería (también el Nord Stream 1 es doble) está casi acabado; quedan apenas 150 kilómetros de tuberías de acero recubierto de hormigón por colocar en el fondo marino. Cuando esté listo, serán en total 1.230 kilómetros de conexión bajo el agua entre la bahía de Narva, en el oblast de Leningrado, y Lubmin, en la costa alemana del Báltico.

Si el gasoducto genera división en la propia Alemania, en muchos países es visto hace tiempo como una muestra de cooperación selectiva con Rusia en aras del beneficio económico. Para más inri, preside el consejo de administración de Nord Stream –y de la petrolera rusa Rosneft– el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröder, fichado para tal fin por el propio presidente ruso, Vladímir Putin, de quien el alemán se declara gran amigo.

El calado geopolítico del monumental proyecto se aprecia en la inquietud que genera en los países del Este, sobre todo Polonia, y en los recelos que despierta también en la Europa occidental. Al tiempo, el gasoducto báltico emerge como una herramienta de Putin para aislar a Ucrania, tradicional país de tránsito de gas ruso hacia Europa.

De hecho, desde la anexión de Crimea por Putin en marzo del 2014 y el conflicto en el este ucraniano (Donbás) con rebeldes prorrusos apoyados por Moscú, las relaciones germano-rusas han estado sometidas a gran tensión. Alemania fue uno de los principales impulsores de la política de sanciones de la UE, y Merkel ha respaldado siempre esta estrategia de contención.

Pero la realidad al completo es más poliédrica. “La política exterior alemana, así como las empresas y la sociedad civil, a menudo se ven a sí mismas como un puente entre Occidente y Rusia, y mantienen una amplia gama de contactos, o actúan como intermediarios”, explica la politóloga Sarah Pagung, especialista en relaciones germano-rusas del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP), un instituto independiente de investigación en Berlín. Sin embargo, alerta Pagung, “este enfoque está dando paso cada vez más a una política de crítica y, a veces, de confrontación”.

Y el caso Navalni ha zarandeado los equilibrios. La presencia en el organismo del opositor envenenado del agente nervioso Novichok, desarrollado en los años setenta del siglo pasado por la entonces Unión Soviética, “no prueba la participación de actores estatales rusos, pero es un fuerte indicador”, dice Sarah Pagung. Según la politóloga, “ahora el Gobierno alemán tendrá que dar continuidad con hechos concretos a su fuerte reacción verbal, si no quiere volverse inverosímil”.

Cortar el Nord Stream 2 sería una acción extrema, y “en vista de que el gasoducto está ya completo en más del 90%, y las cinco empresas europeas participantes, entre ellas dos empresas alemanas, han invertido 5.000 millones de euros, es bastante improbable una salida alemana del proyecto”, dice Pagung. Ella ve más probable que el Gobierno alemán opte por otro tipo de conductas, como congelación de cuentas bancarias o restricciones a los viajes.

“Nuestra opinión es que el Nord Stream 2 debe ser terminado; no creo que sea apropiado relacionar este proyecto operado por empresas con la cuestión de Navalni”, sentenció el pasado 28 de agosto la canciller Merkel en su tradicional rueda de prensa de verano. Para entonces, el opositor ruso llevaba casi una semana ingresado en coma en el hospital berlinés Charité.

El politólogo Carlo Masala recuerda que “en realidad en el Gobierno federal están casi todos en contra del proyecto, y sólo la Cancillería y el Ministerio de Economía se aferran a él”. Masala llama a fijarse en el respaldo al Nord Stream 2 de la socialdemócrata Manuela Schwesig, presidenta de Mecklemburgo-Antepomerania. En ese land con costa báltica se halla el punto de llegada a Alemania del gasoducto.

María-Paz López, Berlín. Corresponsal

05/09/2020 00:52| Actualizado a 05/09/2020 02:17

Información adicional

  • Autor:María-Paz López
  • País:Alemania
  • Región:Europa
  • Fuente:La Vanguardia
Visto 229 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.