Sábado, 21 Noviembre 2020 05:20

"Resistiremos al invierno, a lo que sea necesario": Svetlana Tijanóvskaya

Escrito por Irene Savio
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Tijanóvskaya. La voz de la oposición. Foto: Sipa vía AP ImagesTijanóvskaya. La voz de la oposición. Foto: Sipa vía AP Images

Desde mayo pasado, cuando arrestaron a su esposo, Svetlana Tijanóvskaya saltó a la palestra política para defender las libertades en Bielorrusia. En agosto incluso fue la candidata electoral de la oposición unificada que enfrentó al gobierno de Aleksandr Lukashenko, quien lleva 26 años en el poder y se niega a dejarlo pese al veredicto de las urnas. Hoy, desde el exilio, Svetlana habla de sus anhelos de regresar a su país a vivir con mayores libertades. Y sentencia: “Resistiremos al invierno, a la primavera, a lo que sea necesario. No pararemos”.

 

ROMA (Proceso).– "No acepto que se me diga que (nuestro movimiento) ha sido derrotado”, contesta tajante Svetlana Tijanóvskaya cuando se le señala un hecho: tres meses después de las elecciones de agosto pasado en Bielorrusia, en las que los opositores acusaron al presidente Aleksandr Lukashenko de fraude e iniciaron jornadas de protesta, él sigue inamovible y no hay avance en las negociaciones para llevar a cabo nuevos comicios.

“Son tres meses que los bielorrusos salen a la calle, protestan contra este régimen y su violencia y muestran solidaridad. Es una victoria. La forma de pensar de los bielorrusos ha cambiado para siempre; ya hemos ganado. Sólo es cuestión de tiempo”, sostiene desde el exilio la lideresa de la oposición bielorrusa unificada.

Incluso anticipa: “Resistiremos al invierno, a la primavera, a lo que sea necesario. No pararemos”.

Svetlana Tijanóvskaya (Mikashévichy, 1982) tiene 38 años y encabeza la rebelión contra Aleksander Lukashenko, el político europeo que ha estado en el poder durante 26 años y es considerado como una de las últimas reliquias soviéticas. 

Esta batalla sin final hace temblar el tablero geopolítico. Por un lado está el involucramiento de la cercana Rusia –aunque el movimiento de protesta no tiene un marcado sesgo antirruso y el sector económico y de la defensa bielorrusa están fuertemente vinculados a Moscú–; por el otro, está la escalada represiva del gobierno de Minsk y el parangón con la Venezuela de Nicolás Maduro que algunos analistas han hecho.

Hasta mayo pasado, Tijanóvskaya era una figura desconocida. Pero el arresto ese mes de su marido, el bloguero Serguéi Tijankovki –un opositor bielorruso muy activo–, dio un vuelco a su vida. 

Ese hecho la convirtió en la candidata independiente en el proceso electoral que culminó en agosto, pues ella supo aunar los sectores de la oposición y en los últimos tres meses se convirtió en el rostro y voz de un movimiento dispuesto a echar del poder a Lukashenko. 

En esta lucha Tijanóvskaya ha tenido a su lado a otras dos mujeres: Maria Kolesnikova, quien hoy está en la cárcel, y Veronika Tsepkalo, quien optó por el exilió para evitar la prisión.

Desde Vilna (Lituania), donde se refugió tras denunciar el fraude electoral, Tijanóvskaya atendió a esta periodista en una videollamada que culminó con una reflexión sobre la pandemia de la covid-19 y el papel que ella ha desempeñado en este proceso de cambio en Bielorrusia, país inmerso en el estancamiento económico.

 

Nadie nos ha escuchado

 

–¿Señora Tijanóvskaya, se considera aún la presidenta electa de Bielorrusia? –se le pregunta a la opositora bielorrusa. 

–Nunca me consideré así. Algunos me llaman de esa manera pero no le doy importancia; yo misma evito ese término. Lo que es evidente es que hubo fraude en las últimas elecciones y por eso no sabemos cómo votaron los bielorrusos. 

–En efecto, la cuestión es que, tres meses después de su acusación de fraude y de la escalada represiva del gobierno, Luka­shenko sigue ahí y no ha habido avances en la petición de la oposición de una transición que lleve a unas nuevas elecciones. ¿Es una derrota? ¿Qué ha fallado? 

–Nada ha ido mal. Todo está yendo maravillosamente. ¿Ha visto lo que ha pasado y sigue ocurriendo en Bielorrusia? ¡Son tres meses que los bielorrusos salen a la calle, protestan contra este régimen y su violencia, muestran solidaridad! Es una victoria. La forma de pensar de los bielorrusos ha cambiado para siempre. No, no acepto que me diga que ha sido una derrota. Ya hemos ganado; sólo es cuestión de tiempo…

–Pero esto no ha pasado aún. Supongo que estará molesta. 

–Sí que estoy molesta. Se ha declarado presidente sin serlo (pese a que fue reconocido sólo por dos grandes potencias, Rusia y China, Lukashenko juró como presidente en septiembre). Hace como si nada hubiera pasado, como si viviera en otro mundo y nosotros no fuéramos nada. Pero si de verdad fuera un líder se daría cuenta de que los bielorrusos han cambiado y escucharía a su gente. 

“El primer mes nosotros intentamos dialogar con él. No nos respondió. Entonces intentamos buscar la ayuda de mediadores europeos para entablar un diálogo. Pero tampoco nos ha escuchado. 

–¿Cuál es su objetivo ahora? 

–Nuevas elecciones transparentes, libres y justas, con observadores internacionales y una nueva comisión electoral. Y, por supuesto, considerada la violencia sin precedente (de las fuerzas del orden bielorrusas contra los manifestantes) de estos meses, ahora también queremos que los responsables de esas atrocidades sean castigados. 

–¿Qué piensan hacer? 

–Continuar las protestas, manifestarnos hasta el final. No hay manera de que Lukashenko pueda impedirlo; no somos un movimiento que se mueve ahora con un solo líder. Hay mucha autoorganización. No hay nadie que él pueda encarcelar que nos haga colapsar. Queremos vivir con mayores libertades. 

–¿No se está enfriando ya la protesta? 

–El movimiento se está transformando. Tal vez algunos días ha habido menos gente en la calle, por el miedo que hay, pero el reto permanece. No se pueden olvidar todos los golpes, las muertes –al menos tres desde el inicio de las protestas–, los arrestos –de 800 manifestantes el domingo 8 tras una protesta para exigir la renuncia de Lukashenko– . Es duro, pero no nos rendiremos. 

–¿Cree que resistirán al invierno y a la pandemia? 

–Resistiremos al invierno, a la primavera, a lo que sea necesario. No pararemos. El gobierno (de Lukashenko) lo debería entender: la única salida es el diálogo. No queremos que nadie sufra física y económicamente. Queremos diálogo. Tan sencillo como esto: sentarse y hablar. 

–¿Hablar con quién, con Lukashenko? 

–Si hay algo que hemos entendido en estos meses es que él no se sentará en una mesa con nosotros. Por eso estamos esperando a otra persona del gobierno que asuma esta responsabilidad (de abrir una negociación con la oposición unificada), dispuesta a acabar con la violencia y a escuchar a las personas de Bielorrusia. En Luka­shenko no confiamos más. Es un hombre que se considera por encima de su gente. 

 

Nuevas señales

 

–¿Se ha establecido alguna negociación hasta ahora? 

–No. Nada. Le tienen tanto miedo que nadie se atreve. 

–Y eso que también la relación entre Lukashenko y Rusia parece de amor–odio. 

–Si hablamos del Kremlin, al principio sí vimos que le daban dinero y lo apoyaban, pero ahora no lo están apoyando abiertamente, sólo están observando y esperando a ver qué pasa. Hace unos días en los medios rusos incluso mostraron imágenes de la protesta y de la violencia contra los activistas. Nos pareció una señal.

–¿Qué cree que lo empujaría a irse?

–Mucha presión, fuera y dentro del país. La presión del mundo.

–En estos meses de exilio, usted se ha dedicado a buscar nuevos apoyos para su causa. Pidió ayuda al gobierno británico, a la canciller alemana, Angela Merkel, y a la UE (Unión Europea). ¿Se ha sentido realmente respaldada?

–Las sanciones (de la UE a funcionarios cercanos a Lukashenko) han sido un apoyo real y concreto. Estoy segura de que a la brevedad serán ampliadas. Además, la UE no ha reconocido la legitimidad de su presidencia. Entendemos que Europa no puede ponerse en nuestro lugar pero sí quisiéramos que las naciones europeas fueran más valientes y rápidas en sus respuestas.

–¿Sigue intacta la alianza entre los movimientos de la oposición que usted lidera?

–Sí. Han dicho muchas cosas de nosotros, cosas horribles: así es la propaganda… Pero seguimos unidos como nunca en nuestra determinación de lograr un cambio.

–En su protesta ha habido una participación muy activa de las mujeres.

–Porque estamos luchando juntas. No hemos estado detrás, también hemos estado físicamente delante de ellos, cuando la policía los quería golpear.

–Se vieron imágenes duras de la represión de la policía bielorrusa, pero al menos al principio también pareció que se rehusaban a lanzarse contra las mujeres. ¿Tienen simpatizantes en las fuerzas del orden? 

–¿Si tenemos simpatizantes en la policía? 

–Sí, en la policía y, más en general, en las instituciones. ¿Los tienen?

–Estoy absolutamente segura de que de las personas que forman parte de la policía y de las instituciones la mayoría también quiere un cambio y le gustaría apoyarnos, pero, como le dije, mantienen un comportamiento de sumisión, como si fueran esclavos. 

–¿Por qué Lukashenko se niega a irse? 

–No conozco sus razones. Es un hombre solo que vive con el miedo a que lo traicionen y que ahora, estoy segura de esto, siente pánico porque sabe que la gente ha cambiado mucho. 

 

Cada persona es un líder

 

–¿Sus protestas seguirán siendo pacíficas? 

–Mire, nuestra estrategia ha sido esa: mantenernos pacíficos. Y hasta ahora esto se ha mantenido. No ha habido violencias procedentes de nuestro bando. Pero no soy responsable por lo que hace cada persona en Bielorrusia. 

–¿Cuántos activistas hay encarcelados? 

–Ya durante la campaña electoral había unos 100; ahora muchos otros entran y salen. 

–Su marido es uno de ellos, sigue en prisión, ¿verdad? 

–Sí.

–¿Tiene algún contacto con él? 

–Todos tienen derecho a recibir a sus abogados, pero no a sus familias; tampoco podemos hablar con ellos por teléfono. Nuestras prisiones son inhumanas.

–¿Tienen pruebas de torturas?

–Tenemos muchas pruebas de maltratos, torturas e incluso violencias sexuales contra personas arrestadas después de las protestas de agosto. El Estado no ha abierto investigación alguna. De lo que ocurre en las prisiones sabemos menos porque los que están allí tienen mucho más miedo, no quieren hablar. Estamos recolectando documentación. Por eso es importante lo del Mecanismo de Moscú (la OSCE usó esta herramienta para publicar el 6 de noviembre un informe, rechazado por Lukashenko y Rusia, en el que se sostiene que hubo fraude en las elecciones de agosto).

–¿La pandemia ha tenido algún papel en la protesta?

–Fue uno de los motivos que ha empujado a las personas a protestar. (En los meses de la primera ola) todos vieron cómo el gobierno no ayudaba a la gente, ni a los médicos, nos decían que podíamos curarnos bebiendo vodka. Hubo una actitud muy irrespetuosa de las autoridades hacia los ciudadanos: funcionarios que se burlaron de los enfermos, médicos y enfermeros abandonados a sí mismos y completamente desprotegidos. Y, a la vez, también se organizaron colectas de dinero para costear las mascarillas y el material sanitario de los hospitales. Así, las personas entendieron que, uniéndose, pueden lograr el cambio.

–¿Tiene planes de volver a Bielorrusia? 

–Claro que sí. Amo a mi país. Quiero vivir en Bielorrusia. Quiero que mi gente viva allá. Regresaré tan pronto como me sienta segura allí. Ahora estoy bajo investigación criminal en mi país; mi marido está en prisión, y realmente no puedo permitirme volver. 

–Efectivamente, casi todos los líderes de la protesta están en el exilio o en la cárcel. 

–Pero, ¿sabe qué? Ahora cada persona es un líder. 

* Una versión reducida de esta entrevista fue publicada en el diario español El Periódico en su edición del sábado 14.

Información adicional

  • Autor:Irene Savio
  • País:Bielorrusia
  • Región:Euro-Asia
  • Fuente:Revista Proceso
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