Miércoles, 03 Marzo 2021 05:18

La paradoja de Elon Musk: Bitcoin y cambio climático

Escrito por Diego Ferraz Castiñeiras
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Cotización de Bitcoin el 17 de febrero de 2021. Fuente: CoindeskCotización de Bitcoin el 17 de febrero de 2021. Fuente: Coindesk

Bitcoin, la primera criptomoneda creada y que usa la tecnología descentralizada de blockchain, es actualmente un oligopolio de ‘minado’ y una fuente de especulación y gasto energético sin sentido.

 

Elon Musk ya nos tiene acostumbrados a sus excentricidades, pero la última, invertir 1.500 millones de dólares en Bitcoin y comenzar a aceptarlo como método de pago es una de las más significativas, teniendo además graves consecuencias para nuestro planeta, poniendo en peligro incluso el Acuerdo de París. ¿Por qué?

¿Qué es Bitcoin?

Bitcoin es una criptomoneda que utiliza la tecnología blockchain. Las criptomonedas son monedas virtuales, es decir, que no existen físicamente. Aunque muchas veces se confunden, blockchain y Bitcoin no son lo mismo. Según palabras de Ángel Zorrilla, “el primero es una tecnología que funciona como un enorme libro de registros enlazados que posibilita hacer transacciones de forma cifrada y que elimina la necesidad de intermediarios en las transacciones. El segundo es el dinero generado dentro de esta ‘cadena’, y su existencia como criptomoneda solo es posible procesando grandes cantidades de datos, lo que se conoce como minería”, en analogía con la minería de oro, pero en vez de mover grandes máquinas pesadas, la maquinaria son grandes equipos informáticos complejos que realizan cálculos computacionales.

Blockchain tiene muchas ventajas, la principal es que es muy segura, es prácticamente inhackeable gracias a su propia arquitectura. Sus aplicaciones no se limitan solo al Bitcoin, sino que son muy diversas: firma de contratos, votaciones en elecciones, guardar registros médicos y bancarios e incluso, lucha contra la pandemia de la covid-19.

La aplicación más conocida de blockchain es sin duda Bitcoin. Esta criptomoneda nació en 2008 por una entidad conocida como Satoshi Nakamoto. A día de hoy, la identidad de esa(s) persona(s) sigue sin conocerse. Las principales características del Bitcon son: que es una moneda descentralizada, es decir, no tiene una sede o servidor en particular; no puede ser intervenida y no es necesario revelar la identidad al hacer negocios. Además, tiene una alta volatilidad de su precio por su carácter especulativo.

¿Por qué está todavía más de moda el Bitcoin en estos momentos?

En mayo de 2018 ya se habló del alto consumo de energía de Bitcoin, en el que se mencionaba un artículo que estimaba consumiría el 0,5% de la electricidad mundial para finales de 2018 y un 1,8% para finales de 2019.

Aunque no se cumplieron las estimaciones, el Bitcoin sigue generando gran controversia en relación a su alto consumo eléctrico y más después del anuncio de que Tesla, empresa de la cual Elon Musk es director general, anunciase la inversión de 1.500 millones de dólares en Bitcoin, además de comenzar la aceptar la criptomoneda como método de pago. Esta inversión desencadenó que se realizasen más inversiones en la moneda virtual, llegando así a máximos históricos de cotización, superando los 50.000 dólares (41.400 euros) el 17 de febrero.

Dentro de lo que podemos llamar “la paradoja de Musk”, confluye un hombre que construye su fortuna alrededor de la fabricación de coches eléctricos que no emiten dióxido de carbono y que ofrece 100 millones de euros al mejor sistema que elimine CO2 del aire, y otro que es responsable de que se dispare el consumo energético de Bitcoin.

A día de hoy, toda la red de Bitcoin consume anualmente 123 TW·h, más que los Emiratos Árabes Unidos o la mitad del consumo español. Por otro lado, tiene una huella de carbono de 37 millones de toneladas de CO2, comparable con las emisiones de Dinamarca o Eslovaquia, las emisiones de cuatro millones de coches diésel al año o más de 10 veces o CO2 no emitido por los coches eléctricos de Tesla (3.7M de toneladas de CO2).

Cabe destacar que Tesla no solo invirtió en Bitcoins, sino que también comenzará a aceptarlo como método de pago. Lo que supone que si compras un Tesla Model 3 que consume 16 kW·h cada 100 km y lo pagas mediante Bitcoin, el simple hecho de hacer esa transacción, consumiría lo mismo que si anduvieses 4.700 km con ese coche.

Los Bitcoins (BTCs) consumen la misma cantidad de energía por unidad de tiempo independientemente de cuantas transacciones se realicen en ese mismo tiempo. Es decir, da igual que se haga una transacción de 4 o 43.000 BTCs. Es difícil estimar con precisión la cantidad de energía utilizada para minar BTCs porque depende de la ubicación, aun así, a estimación media de una transacción es de 741 kW·h lo que equivale al consumo medio de un hogar español durante más de 80 días (consumo medio diario 9 kW·h)

Pero esto no acaba aquí, un estudio publicado en la revista científica Nature en 2018, advertía que si Bitcoin se convirtiese en la principal forma de pago, el consumo energético y emisiones de la criptomoneda por sí solas, elevarían la temperatura media global por encima de los 2º C en menos de 20 años, imposibilitando así el cumplimiento del Acuerdo de París.

El Bitcoin es solo una de tantas criptomonedas que hay, y muchas de ellas con la misma problemática del consumo energético. Como afirmó Franck Leroy, en un artículo dónde también invitaba a los green hackers a actuar contra la criptomoneda: “Bitcoin es el peor desperdicio de recursos y energía de la historia de la humanidad”.

¿Pero por qué consume tanta energía?

Para entenderlo, hay que saber cómo funciona blockchain y que una transacción de Bitcoin no es cómo enviarle dinero a alguien mediante Bizum o cualquier tipo de envío de dinero digital. En el caso del Bitcoin, no hay un banco o bancos que verifiquen o certifiquen las transacciones, sino que es la propia red de usuarios la que se encarga de hacer este trabajo. Cuando una persona A le envía 1 Bitcoin a B, la red de usuarios comprueba que esa persona ‘A’ sea ‘A’ (hay que recordar que las transacciones son anónimas, no se registran nombres, sino ‘contraseñas’) y que A tenga más dinero del que quiere enviar. Si esto está bien, toda la comunidad de la red de Bitcoin anota que A tiene 1 Bitcoin menos y que B tiene 1 Bitcoin más. Hay que aclarar que no son personas las que hacen esta validación, no hay nadie leyendo números y letras en una pantalla, son ordenadores (muy potentes) los que realizan esta acción. Debido a que toda la información está encriptada (de ahí que sea una criptomoneda), es una tarea muy costosa.

 

Pero esto no acaba aquí, debido a la descentralidad de Bitcoin, es decir no hay una única persona que lleve las cuentas, sino que ‘toda la comunidad lleva las cuentas de toda la comunidad’, puede ocurrir que varios usuarios de la red ‘anoten’ las transacciones en diferente orden. Por lo tanto, es necesario que toda la comunidad se ponga de acuerdo para que todas las copias del libro de cuentas sean iguales. Es aquí cuando entra el concepto de blockchain o ‘cadena de bloques’, que se basa en empaquetar varias transacciones en un mismo bloque y escoger uno de esos bloques candidatos para añadirlo a la cadena de bloques que contienen las transacciones del pasado. Una vez que se une un bloque a la cadena, este es imposible de modificar.

Para escoger el bloque ganador, la “comunidad de verificadores de Bitcoin”, también llamados ‘mineros’ por la similitud con la minería, luchan por descifrar una contraseña. La primera persona en descifrarlo, gana el derecho de añadir el siguiente bloque oficial y el resto de la comunidad anota, por fin, ese bloque en el “libro de cuentas”.

¿Por qué alguien iba a perder tiempo y energía en hacer ese trabajo de verificación? A día de hoy, la recompensa por conseguir crear un bloque (‘minar’) es de 6.5 BTCs, 270.000 euros a 17 de febrero de 2021. Sin embargo, la recompensa por minar, se reduce a la mitad cada 210.000 bloques en un proceso que se llama halving, lo que hace que cada vez se ‘emitan’ menos Bitcoins, hasta alcanzar el total de 21 millones de Bitcoins.

Como vimos antes, solo la persona ganadora de la carrera por descifrar el encriptado, recibe la recompensa, lo que lleva a la gente a adquirir las tarjetas gráficas y procesadores de última generación para sus ordenadores. Como resultado tenemos a mucha gente (la red de minería) con ordenadores de última generación conectados a la red eléctrica 24 horas al día.

Es cierto que si esta gente utilizase electricidad procedente de fuentes renovables, la huella ecológica del Bitcoin se reduciría mucho. No obstante, la realidad es muy diferente, ya que los lugares donde más minan, usan fuentes de energía no renovable. Así, tenemos a China con el 65% del poder de minado, seguido de los Estados Unidos (7,24%) y Rusia (6,90%).

Además solo la región autónoma china de Xinjiang, concentra el 35% de la potencia de minado total. Esto se debe a la concentración de ‘granjas de minado’ (un espacio a semejanza de una granja, en el que se concentra un número considerable de ordenadores de alto rendimiento con la finalidad de minar criptomonedas) en lugares concretos. De hecho, las 22 ‘granjas de minado’ más grandes, controlan prácticamente el 100% del Bitcoin minado.

Bitcoin, la primera criptomoneda creada y que usa la tecnología descentralizada de blockchain, es actualmente un oligopolio de minado es una fuente de especulación y gasto energético sin sentido alguno, que ni tan siquiera existe.

Por Diego Ferraz Castiñeiras

Ambientólogo e oceanógrafo coordinador de Naturiza 

3 mar 2021 06:00

Información adicional

  • Autor:Diego Ferraz Castiñeiras
  • Fuente:El Salto
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