Viernes, 13 Noviembre 2015 06:35

¿Hemos interiorizado el fin de la historia?

¿Hemos interiorizado el fin de la historia?

"El naufragio siempre es el momento más significativo", escribió Fernand Braudel en Historia y ciencias sociales (Escritos sobre la historia, FCE, 1991). En opinión del historiador, mucho más significativos aún que las estructuras profundas son sus puntos de ruptura, su brusco y lento deterioro bajo el efecto de presiones contradictorias.


En los debates de las izquierdas globales, parece haberse esfumado una tensión básica del pensamiento crítico, presente desde los primeros tiempos: la mirada larga en el tiempo, la negativa a jugar todo el movimiento en maniobras tácticas, tener siempre presente el legado a las generaciones futuras.


Durante más de un siglo el movimiento revolucionario en el mundo estuvo enfrentado en dos tendencias que, de forma un poco simplificada, se podían dividir entre revolucionarios y reformistas. Buena parte de la producción teórica de Marx y de Lenin estuvo dedicada a zanjar diferencias con aquellos que llevaban al movimiento hacia su adaptación en el sistema y rechazaban la necesidad de rupturas. Rosa Luxemburgo llegó a escribir, en Reforma o revolución, que la teoría del colapso capitalista es la médula del socialismo científico.


En su polémica con Eduard Bernstein argumentaba que sin el colapso del capitalismo no se puede expropiar a la clase capitalista. Toda la vida y la organización de los revolucionarios estaban dedicadas a prepararse para el momento del colapso, aunque no lo llegaran a vivir. Todo lo que hacían en los grises años de calma social consistía en esa preparación anímica y organizativa, espiritual y teórica. Esa larga preparación es lo que le permitió a hombres como el Che o Lenin estar a la altura de las situaciones cuando era necesario actuar de forma decidida.


En las últimas décadas estas tensiones se han perdido. Predomina ahora una mirada de corto plazo, demasiado ligada a la coyuntura y, en particular, a lo electoral. Las diferencias, incluso teóricas, entre reforma y revolución, parecen haberse esfumado. Rosa no rechazaba las reformas, pero decía que eran un medio, no un fin. Los argumentos que dan algunos intelectuales para defender el voto por un candidato progresista hablan por sí solos sobre este enorme retroceso. Hay, por cierto, políticas sociales positivas y necesarias. Pero ese no puede ser el eje de una argumentación que apueste por la transformación revolucionaria de la sociedad.


A mi modo de ver, hay dos razones de fondo que pueden contribuir a explicar el enorme retroceso de las izquierdas, del pensamiento crítico y de las consecuencias de haber desaprendido lo mismo el odio que la voluntad de sacrificio (Benjamin, en Tesis sobre la historia).


La primera es que la caída del socialismo real, la derrota de las revoluciones centroamericanas y de los grandes movimientos (obrero, feminista y de las minorías étnicas) ha provocado un doble y simultáneo fenómeno: crecimiento del pragmatismo y del posibilismo, y pérdida del horizonte del tiempo largo.


El pragmatismo desmadeja la ética del compromiso, a favor de la adaptación a lo que existe. No hay compromiso que contenga garantías de ventajas personales concretas. El compromiso con una causa siempre fue un salto al vacío, incierto, en el que cada quien pone el cuerpo sin esperar recompensas ni reconocimiento. Perseguir lo posible supone caer en el oportunismo y renunciar a cambiar las cosas; porque lo posible es, apenas, administrar lo existente.


La segunda se relaciona con los cambios en la cultura, tanto en la hegemónica como en la popular, e incluso en la contracultura. La necesidad de obtener resultados inmediatos, la falta de fibra para nadar contra la corriente, la dificultad para decir las cosas por su nombre por temor al rechazo y la soledad, forman parte del sentido común actual, incluso entre muchos que dicen ser de izquierda.


Un maravilloso relato de Pasolini sobre los melenudos, en Escritos corsarios, es una buena muestra de lo que pretendo explicar. La melena fue símbolo de rebeldía o de inconformismo en los años 60, pero terminó siendo adaptada por la moda, al punto que ya no es defendible porque ya no es libertad. Rechazaba con vigor, y desesperación, el afán de amoldarse al orden degradante de la horda, usando símbolos de rebeldías, absorbidos por la cultura del poder.


Por alguna razón, nada difícil de adivinar, volvemos a redescubrir a Pasolini. Como escribe Franco Berardi, Bifo, había entendido de antemano que el poder del cambio tecnológico estaba destinado a prevalecer sobre las culturas libertarias e igualitarias, abriendo un tiempo de barbarie (La mirada larga, en comune-info.net).


Estamos inmersos en una cultura en la que desaparecieron las distinciones de clase, en la que derecha e izquierda se han fundido físicamente, como apuntaba el italiano. Esa indistinción tiene su correlato en la política. Es posible que hayamos interiorizado el fin de la historia de modo involuntario e inconsciente. Si no hay diferencias culturales, tampoco habrá diferentes opciones políticas y todo se reduce a optar por lo menos malo o lo más atractivo, como en el supermercado.


Es la degradación de la política emancipatoria. El momento del naufragio. Pero hay más. Todavía debe recordarse que el mundo nuevo, el socialismo o como se llame, es fruto del trabajo, del esfuerzo cotidiano, no del reparto de lo que existe. Pero el trabajo tiene sus reglas que la cultura rentista no comprende, ni está dispuesta a aceptar.


En este recodo de la historia, cuando las derechas imperiales y financieras avanzan sin cesar, en el sur y en el norte, aprender del naufragio puede ser el mejor modo de recuperar los horizontes perdidos. El hundimiento del socialismo real no puede llevarnos al lodazal del posibilismo ni de la rendición a la cultura hegemónica. Si el riesgo es la soledad y la intemperie, habrá que afrontarlas. Lo único que no podemos hacer es dejarle a las generaciones futuras un legado de sumisión y pragmatismo sin ética.

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Domingo, 08 Noviembre 2015 06:03

¿Cómo crecen las derechas?

¿Cómo crecen las derechas?

Immanuel Wallerstein ve una reanimación de la izquierda a escala mundial, basándose en el triunfo de Justin Trudeau en Canadá; en la victoria de Jeremy Corbyn en el Partido Laborista británico, o en la existencia de un nuevo gobierno australiano. Estos cambios en el Commonwealth son saludables, pero Trudeau es liberal –en el mejor sentido de la palabra–, no anticapitalista; Corbyn expresa solamente una tendencia radical en un partido burgués de origen obrero que trata de recurrir a sus orígenes para no ser barrido completamente del panorama político y Australia depende demasiado de su comercio con China, lo que explica sus reticencias en las relaciones con Londres y Washington.


A mi juicio, no se puede hablar de una reanimación de la izquierda anticapitalista cuando no hay grandes movimientos antisistémicos ni en Europa ni en América y cuando aquélla prácticamente no existe en Rusia, donde Putin lleva a cabo una política que mezcla los restos del zarismo con los del estalinismo, ni existe sino en pequeños núcleos en China, cuyo gobierno se dedica con ahínco a construir un capitalismo moderno.

 

¿Cuál reanimación puede haber cuando en Alemania se refuerza Angela Merkel; en Francia el primer partido es el Frente Nacional lepenista (con el cual, dicho sea de paso, Putin tiene relaciones privilegiadas); en Europa central y en Escandinavia predominan las fuerzas ultraderechistas y crecen los nazis; en España sigue siendo mayoritario el franquista Partido Popular de Rajoy, y en Italia no hay izquierda, pero sí derecha fascista o fascistizante, por no hablar de lo que sucede en Argentina, en Brasil, en Venezuela misma, y de los problemas gravísimos que enfrentan todos los gobiernos llamados progresistas de América Latina?


Ni siquiera en los años treinta, entre las dos guerras, los movimientos que se declaran anticapitalistas estuvieron tan débiles y tan aislados. Hoy la derecha avanza por doquier, mientras en 1934 los obreros socialistas y comunistas impusieron su unidad clasista y aplastaron en la calle a los clerical-fascistas. En los años 34-39, con la insurrección de Asturias y el gobierno de izquierda de 1936, el pueblo español combatió a la monarquía fascista, en Chile y en Brasil los obreros aplastaron al fascismo en la calle, en Argentina crecieron enormemente las huelgas y los sindicatos, en Cuba los estudiantes y el pueblo derribaron la dictadura de Machado.


Elemento fundamental de esas resistencias fue la esperanza en la posibilidad de una salida anticapitalista a la crisis y la existencia de un movimiento obrero de masas anarquista, socialista, comunista que hoy no existe, pues fue primero castrado y finalmente destruido por las políticas de los partidos socialdemócratas y comunistas que culminaron con las transformaciones de las burocracias estalinistas rusa y china en millonarios capitalistas, mafiosos y corruptos.


La derecha crece cuando logra ganar terreno ideológico en los desocupados desesperados y los sectores más atrasados de los trabajadores y las clases medias pobres, que se unen en torno de la minoría de grandes capitalistas o de un grupo de advenedizos y aventureros al servicio de éstos.


La izquierda crece –en cambio– cuan¬do se mide y se ve a sí misma pesando en las luchas antisistémicas, no cuando se institucionaliza y se adapta al juego electoral tras someterse al Estado capitalista siguiendo a una dirección plebeya progresista que no quiere ni puede salir de los marcos del sistema.


Evo Morales no fue el creador de la izquierda social boliviana: fueron las luchas masivas por el agua y por el gas y las movilizaciones campesinas e indígenas las que expulsaron a Sánchez de Lozada e impusieron elecciones en las que ganó Evo sobre la base de la nueva relación de fuerzas sociales que después permitió derrotar el separatismo y las maniobras de la derecha. Hugo Chávez no creó el chavismo. Simplemente canalizó, con su voluntad revolucionaria y su negativa a rendirse, la exigencia informe de un cambio social que había originado el Caracazo y que después se organizó para liberar al presidente Chávez derrotado y detenido. Incluso el triunfo electoral de Kirchner fue posible sólo por la sangrienta movilización de diciembre del 2001 que obligó a huir en helicóptero a un presidente de la Unión Cívica Radical.


Los gobiernos progresistas –al subordinar los movimientos sociales al Estado y al aceptar las reglas del establishment queriendo aparecer sensatos y ganar el apoyo electoral de sectores conservadores– destruyen no sólo su base social sino también la conciencia política de la misma, como la griega Syriza y el español Podemos. Ellos difunden una ideología que castra a los trabajadores. El kirchnerismo lo hizo al sostener que no existen las clases (¡en un país donde las clases dominantes tienen una clara y brutal conciencia de clase!) y Lula y la dirección del PT porque creían que, con tal de gobernar, era lícito prescindir de la ética, tener políticas conservadoras y entrar en cualquier componenda para comprar una mayoría.


Sin la lucha contrahegemónica de las izquierdas anticapitalistas en el campo político y cultural, la derecha dominará ideológicamente sin trabas. Son las carencias de las izquierdas las que hacen crecer las derechas, es la falta de independencia frente al Estado capitalista y a sus gobiernos progresistas lo que desarma y desmoviliza a los trabajadores, lo que les impide barrer a las burocracias sindicales agentes del capitalismo, autorganizarse, crear poder cotidianamente desde abajo, desarrollar sus capacidades e iniciativas. Los gobiernos que, como el venezolano, creen poder llevar una lucha contra el imperialismo y la derecha sólo con el aparato estatal y sobre todo las fuerzas armadas y mucha retórica nacionalista, preparan su pérdida. Los instrumentos del capitalismo –y el Estado actual es uno de ellos– son débiles e insuficientes para la lucha contra el gran capital. Si quieres democracia, lucha por la revolución social.

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Jueves, 08 Octubre 2015 15:24

Contienda electoral: Caos ético y moral

Contienda electoral: Caos ético y moral

Cada contienda electoral, con el correr del tiempo y la progresiva irresponsabilidad e inmoralidad de los dirigentes políticos, devino en un festín de conciencias y subasta anticipada de lo público. Ahí se negocian compromisos. Patrimonio, presupuestos y burocracia. En el festín electoral, tal como se percibe y comprueba, evidencia el colapso moral del ejercicio de la política y de sus dirigentes.

 

El dirigente debe representar los intereses de sus seguidores y electores. Para satisfacer esta obligación, debe imponerse la ética y la responsabilidad social, sobre los intereses particulares. Pero fueron sustituidas por el contubernio de la negociación, de la transacción y las trapisondas de las alianzas, en las que según el registro de hechos, el fin justifica los medios (aliados y dineros). Todo vale con tal de lograr el objetivo, al estilo Uribe Vélez. El contagio se difunde a manera de epidemia, por toda la geografía nacional.
A diario se conocen más y más hechos reprobables, inmorales e ilegales. Los responsables, se escudan y protegen en la debilidad institucional, la concupiscencia del poder político y económico y en la ya consagrada impunidad y complicidad social.

 

El marco legal que rige la política nacional, garantiza el accionar perverso de los supuestos líderes o dirigentes políticos, que sin ningún escrúpulo explotan a su favor el festín electoral y las posiciones burocráticas a que acceden.

 

Al régimen económico-político, muy afín a los intereses de las élites y al capital nacional e internacional, recurre a todo tipo de trapisondas, para asegurar continuidad del usufructo del perder. De ahí las perversas e inmorales alianzas. El trasteo y compra de votos. La traición al ciudadano común. La infiltración de dineros provenientes del crimen. Las putrefactas transacciones de avales a candidatos cuestionados, procesados, ex convictos o representantes y herederos de criminales.

 

Sus intereses económicos y compromisos político-económicos, justifican la continuidad en el usufructo del poder.

 

Esa manguala diabólica, dominada por las prácticas politiqueras, clientelista, son la garantía para profundizar la corrupción en el manejo de lo público, convertido en objetivo de candidatos de todos los pelambres. Se convirtió en referente para aspirar a la elección popular, para desgracia de las mayorías presentes y de generaciones futuras.
No se percibe en los candidatos el interés de analizar las causas de los problemas que aquejan a las mayorías. No plantean soluciones precisas y concretas para solucionar la abigarrada problemática nacional. Prefieren distraer al ciudadano, con banalidades, antes que comprometerse con soluciones concretas. En esencia, todos son conniventes con la posición de la extrema derecha. Por esta razón, nada bueno puede esperar el pueblo raso, de ellos.

 

Ninguno de los candidatos presenta, a los electores, un programa, concreto y específico para desarrollar, si resulta elegido, que realmente sirva a los intereses generales. Todos manejan una verborrea que no los comprometa, hacia el futuro.

 

Salud, educación, empleo, pobreza, inseguridad, etcétera. Por ejemplo; el problema de la salud, solo se resuelve si deja de ser una mercancía, explotada por cerrados círculos de poder. Derrotando a los corruptos y sometiendo a regulación absoluta, todos los procedimientos diagnósticos, terapéuticos y medicamentos, el sistema de salud se puede mejorar. El problema no es por falta de plata. Obedece al manejo interesado, errático y corrupto de todo el sistema. Igual ocurre con la infraestructura, en particular con la red vial terciaria. Malbaratan mucha plata sin resultados, para el pueblo raso.

 

No se comprometen gestionar la solución de la pésima calidad de la educación, la criminal concentración de la propiedad de la tierra, la agobiante informalidad y desplazamiento laboral. Todos cohonestan con el modelo económico que somete a esclavitud económica a las mayorías, en nombre de la democracia. No les importa la catastrófica y desbocada violencia común, que amenaza la seguridad ciudadana, en toda la geografía nacional.

 

Gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, si tuvieran sentido de responsabilidad social y política, podrían coaligar propósitos, fijar metas, diseñar procedimientos y exigir al gobierno central y al Congreso, reingeniería del poder de manera que se aplique legalmente a resolver los problemas más acuciantes de los ciudadanos pobres, que superan el 70 por ciento.

 

Todos dicen tener la fórmula mágica, para resolver todos los problemas de la nación, el departamento o el municipio. Así lo han pregonado desde hace más de doscientos años. Pero el resultado es que Colombia está entre las seis naciones más inequitativas del planeta, y entre las más corruptas. Son consideraciones que debe hacer todo elector, antes de decidir a quién le entrega su voto. Votar no es un acto folclórico. Es una seria responsabilidad. Con ello de define la suerte de la nación, el departamento o la localidad.

 

La degradación moral y mercantilización de la política, hace imposible lograr desarrollo con equidad socioeconómica e inviabiliza la construcción de la supuesta paz, que eventualmente sería posible mediante la firma de acuerdos en La Habana.

 

La paz no se decreta. La paz se construye y dicha construcción exige la superación de las causas que originaron el conflicto, entre otras, la redefinición del modelo económico-político, la derrota de la corrupción y la venalidad en todas las instancias de poder.

 

¿El Régimen está dispuesto a sacrificar privilegios y poder? El pueblo espera respuestas, probadas con hechos.

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Los refugiados, el capitalismo y la ideología (Europa)

¿Refugiados, inmigrantes, desplazados, sin papeles, aliens? ¿Cómo llamar a las masas de sirios, afganos o libios, productos de las guerras imperiales que golpean las puertas de la Festung Europa (más su torre alemana), sofocándose en los camiones y ahogándose en el Mediterráneo en la más grande crisis de este tipo ocurrida jamás (con 59 millones de forzados a dejar sus casas en el mundo, según la ONU)? ¿Qué tal, seres humanos? Parece que la opción más obvia es la menos deseada. Nombrar bien las cosas importa (refugiados es aquí más apropiado que migrantes). Pero a veces extraordinarios debates semánticos encubren la deshumanización común.


2) Hannah Arendt, en un corto texto, We refugees (1943), escrito desde su propia posición de refugiada que huyó de la guerra en Europa, veía esta condición como paradigma de la nueva conciencia histórica. Tratando de humanizar a los desplazados y sensibilizar a las poblaciones receptoras los describía como "el avant-garde de sus pueblos". En aquel entonces la encarnación de un refugiado fue un judío (como ella), pero cuya expulsión fue seguida por la de la mayoría de los europeos.


3) Hoy un refugiado es por lo general un musulmán, estigmatizado como antes un judío por su religión e identidad. Más que paradigma de la nueva conciencia es un símbolo de ignorancia y nueva deshumanización en la época en que la historia ya no enseña nada. Las imágenes de Europa de ayer y hoy son intercambiables. Gente con bultos en los hombros y niños en las manos, caminando de un país al otro por las carreteras y al lado de las vías férreas. Por donde quiera alambre de púas y campos de internamiento –que no son Auschwitz, pero nacen de la misma matriz de la modernidad– llenos de personas con números en los brazos... (véase: Rick Lyman: "Treatment of migrants evokes memories of Europe's darkest hour", en The New York Times, 4/9/15).


4) Giorgio Agamben, leyendo al texto de Arendt, escribió uno suyo (We refugees, 1993). Su mirada a los ámbitos de relaciones internacionales y derechos humanos –hijos de los estados-naciones soberanos– ayuda a entender por qué a pesar de los esfuerzos internacionales (ONU, et al.) aún no se ha resuelto la cuestión de los refugiados (que más bien se agravó). Según él, la figura de un refugiado es mortal a la sola existencia del Estado-nación (desnuda la ficción de soberanía y rompe duplas identitarias hombre-ciudadano/origen-nacionalidad).


5) Apuntando al tóxico componente estatal en la Unión Europea, Agamben sugería un paso hacia una entidad aterritorial donde –entre otros– se borraría la oposición ciudadano/no ciudadano y todos serían refugiados... ¿Utopía? La verdad es que fue justo la tensión entre lo nacional y lo metaeuropeo lo que explotó a la hora de la crisis. De allí el sadismo hacia Grecia o hacia los refugiados. Más que una excepción, la tensión es la regla, incluso un modo de gobernar. Así Bruselas puede no hacer nada o jugar a buen policía/mal policía: quisiéramos recibirlos, pero algunos países se oponen (un disenso curiosamente ausente a la hora de rescatar los bancos o empujar más austeridad).


6) Cuando Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia rechazaron recibir las cuotas obligatorias de refugiados, se anunció que allí murió la solidaridad (Corriere della Sera, 5/9/15). Aunque verdadera, la acusación llega 30 años tarde: en Polonia la destrucción del sindicato del mismo nombre, del movimiento social alrededor suyo y del propio valor humano (y sustitución por precariado, atomización y egoísmo) fueron condiciones indispensables para la restauración capitalista en 1989.


7) Mientras algunos condenan la xenofobia hacia los refugiados, esconden que la deshumanización de abajo es la misma que se enseña desde arriba hacia las siempre invisibles víctimas de las intervenciones humanitarias (o sea: la misma gente). Bernard-Henri Levy, como un buen ideólogo, con una mano critica y con la otra exculpa: fustiga bien a Europa por indiferencia o hablar de refugiados como migrantes y quinta columna de la jihad, pero el vínculo con las guerras de la OTAN (de las que es un promotor) es para él... cortina de humo de Rusia (Project Syndicate, 31/8/15).


8) Shlomo Sand, hijo de sobrevivientes polacos-judíos de Shoah nacido en 1946, en un campo de refugiados en Austria (y criado en campos parecidos en Alemania hasta emigrar a Israel), tiene razón: la única ideología que cementa hoy a Europa –que no cesa de subrayar sus raíces judeo-cristianas– es la islamofobia, que cumple el mismo papel unificador que el antisemitismo para los estados-naciones en los siglos XIX-XX (Jewish Quarterly, 2010, no. 215).


9) Un pequeño ejercicio corrobora esta tesis a la luz de hoy: tomamos a Hungría y Eslovaquia; escuchamos al premier Víktor Orbán alertando que la oleada musulmana hace peligrar la identidad cristiana de Europa (Frankfurter Allgemeine Zeitung, 3/9/15) y asegurando defenderla impidiendo que los refugiados tomen trenes a Alemania en la estación Budapest-Keleti y desenvolviendo el alambre de púas en la frontera; escuchamos al gobierno eslovaco aceptando apenas un puñado de refugiados, sólo si son cristianos, excusándose que en el país no hay mezquitas; abordamos el vehícu¬lo del tiempo y vamos a 1944 a Budapest, donde en la misma estación los fascistas de la Cruz Flechada defensores de la civilización europea meten –al revés que hoy– por fuerza a los judíos a los trenes a Auschwitz, y a Bratislava, donde funcionarios del régimen cato-fascista del padre Tiso dan 100 dólares por cada judío denunciado, excusándose tal vez que en el país no hay sinagogas, y ¡voilà!


10) Para Agamben, en la medida en que refugiado es peligroso para el Estado-nación –¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá del Estado?– su figura es revolucionaria. Incluso, ante el ocaso de otros sujetos, es la única capaz de cambiar la sociedad. De allí el afán del poder por rechazarla. O domesticarla. He aquí una fórmula capitalista en píldora: ¡Déjenlos entrar y ganar dinero! (The Economist, 29/8/15). Pues, ¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá de la comodificación del ser humano?


Por Maciek Wisniewski, periodista polaco


Twitter: @periodistapl

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Miércoles, 26 Agosto 2015 18:58

Cuba es humanidad

Cuba es humanidad

ALAI AMLATINA, 26/08/2015.- Entre los muchos problemas que enfrentamos a nivel mundial se encuentra el fin del cruel bloqueo de Cuba por Estados Unidos –un bloqueo que duró más de cincuenta años-. La reanudación de relaciones diplomáticas, familiares, turísticas, comerciales, culturales y financieras entre ambos países nos provoca una mezcla de júbilo por el cese de la agresiva medida y una natural preocupación sobre la mejor forma de seguir construyendo y luchando por la libertad, el socialismo y la emancipación.

Los avances de Cuba durante estos cincuenta años son por todo el mundo reconocidos. En medio del cerco y los incesantes asedios del imperio, la pequeña Isla del Caribe logró uno de los primeros lugares en la lucha contra la desigualdad y por la seguridad social; alcanzó los más altos índices de alfabetización y escolaridad, realizó la más profunda reforma agraria y dio uno de los más fuertes apoyos económicos y técnicos a los agricultores y trabajadores del campo; consiguió una reducción óptima del desempleo; redujo la criminalidad de delitos del orden común y dio un grado de seguridad interna a sus habitantes, poco común en otros países; alcanzó altos niveles en la educación universitaria así como en la preparación de técnicos, ingenieros, médicos y otros profesionales; impulsó las artes y las ciencias y realizó numerosos descubrimientos científicos reconocidos a nivel internacional, sobre todo en el terreno biológico y en la medicina. Música, ballet, teatro, cine y otras bellas artes, así como innumerables deportes, merecieron un fuerte impulso del Estado.

Pero si todos esos logros son innegables y realmente impresionantes, desde el punto de vista de la emancipación humana, para muchos no son de creer.

Hoy, en Cuba vive un pueblo cuya conciencia se ha convertido en voluntad, su voluntad en inteligencia y su inteligencia en organización. Y si semejante afirmación parece exagerada piénsese por qué Cuba, no sólo ha logrado resistir durante más de medio siglo el bloqueo y las numerosas agresiones de que ha sido objeto, sino en este año de 2015 en que todos los países del mundo son capitalistas, y en que ya todos los que fueron o se dijeron socialistas han restaurado abierta y hasta agresivamente el capitalismo, Cuba es el único que sobrevive en medio de esa tragedia humana. Y es que la Revolución Cubana, lejos de ser la última marxista-leninista (ya debemos acostumbrarnos) es la primera de un nuevo tipo de revoluciones que inició el "26 de Julio". En ella, no fue sólo un decir que José Martí es el autor intelectual de la Revolución Cubana; es el impulsor histórico de la actual moral de lucha y cooperación, y de coherencia impresionante entre lo que se dice y se hace.

La moral fuerza es, además, una fuente motriz que a partir del pensar de los actores, en lucha por su propio país, los lleva a seguir aquel otro precepto de inmenso valor: el de "Patria es Humanidad". Al postularlo enriquece el enlace del internacionalismo proletario y la inmensa cultura en que destacan Marx, Lenin, el Che y, a la cabeza ayer y hoy, el propio Fidel.

De la junta de humanismos surge una manifestación Latinoamericana del socialismo, que entre sus variadas fuentes cuenta con el liberalismo radical y otros humanismos que incluyen al Padre Varela y al humanismo cristiano que más tarde, y por su parte, se expresa en la teología de la liberación. Esa es la realidad, si nos dejamos de mitos y de dogmas; esa es la esperanza, si ahora repensamos lo que pasó y por lo que se luchó y consideramos lo que puede pasar, y por lo que se debe luchar.

Los hechos son ciertos y las propuestas vienen de un futuro que ya llegó. El futuro que entrevemos nos permite explorar el qué hacer y el cómo hacerlo. Primero nos lleva a fijarnos en el momento que vivimos y a reparar en la política que sigue el complejo empresarial-militar-político y mediático de Estados Unidos de Norteamérica. De inmediato advertimos que en este mismo momento Estados Unidos está pasando más y más a la ofensiva en su proyecto globalizador neoliberal. Sus triunfos son innegables en la Unión Europea, donde ya es el jefe militar de la OTAN y en que con la lógica de "la eficiencia" hace que los Jefes de Estado impulsen por sentido común las empresas de la paz y la guerra, e impongan más y más la política neoliberal de la "acumulación por desposesión" o saqueo, que Estados Unidos encabeza.

Día a día más obsecuentes y sujetos a Estados Unidos. Los países dominantes en la Unión Europea no sólo se pliegan a su creciente fuerza financiera, militar, política y mediática, sino que destruyen su propio proyecto de una Europa Unida con sus presiones sobre Italia y España y su cruel maltrato de Grecia.

Desconocimiento y descalificación de la democracia en Grecia, acaban de convalidar su inexorable imperio financiero sobre los países endeudados a quienes habían ya impuesto una política fiscal, financiera y monetaria que los llevaba al abismo de la deuda pública y a romper el compromiso de mantener un equilibrio presupuestal. Su creciente asedio a los partidos que proponen una política socialdemócrata está desprestigiando a éstos de tal manera que al "fin de las ideologías" se añade cada vez más el fin de los partidos que luchan por resolver los problemas sociales y nacionales y no cumplen en nada. Que esa responsabilidad es atribuible a la propia Europa y a sus clases dominantes, desde la tristemente famosa Thatcher mal llamada dama de hierro, no cabe duda, pero que seguir esa política primero impulsada por Estados Unidos con Pinochet en Chile, nos presenta un panorama en que el predominio de Estados Unidos es cada vez mayor, y en que ante el desprestigio de los partidos con membrete de izquierda tiende a suceder --entre los desheredados, los pequeños propietarios y el "Lumpen"--el predominio de nuevos lideres y clientelas neofascistas, como ya ocurre en Francia y se manifiesta cada vez más en Estados Unidos.

En medio de una crisis a la vez financiera, económica, ideológica y política –en que no deja de tener un peso inmenso la restauración del capitalismo en Rusia y China, los demás países gran "campo socialista" y los gobiernos de la Trilateral y de Bandung-, los proyectos globalizadores adquieren un carácter particularmente violento con la resistencia que muestra Rusia a ser tratada como si fuera una república bananera y hace alarde para ello de su inmenso poderío nuclear.

Lejos de detenerse, la política de la globalización continúa y juega con el individualismo y con la lucha de clases para su cosecha. El "individualismo", el clientelismo, el particularismo, el sectarismo constituyen un arma de muchos filos capaz de destruir las luchas de liberación y las de la clase obrera y los pueblos despojados y oprimidos o, las más amplias de los pueblos por sus soberanía y las de los trabajadores que se limitan a la defensa de sus derechos, o las de las de las comunidades por sus territorios y su autonomía, o las más antiguas por la Patria Chica, la Patria Grande y la Humanidad, a las que dividen y enfrentan para vencerlas.

Parecida fuerza a la del individualismo tiene otra arma que en términos genéricos es la corrupción. En ella destacan la colusión, la cooptación, el soborno, el cohecho, el mercado negro y sus mercaderes de mayoreo, y hasta llega a quienes usan la economía informal para resolver problemas apremiantes que los llevan a ceder y comprar artículos de primera necesidad y que no por ello dejan de desmoralizar a una parte de la población que tiene parecidas carencias y menos o ningún recurso. La profusa y seductora publicidad que al mismo tiempo hace la sociedad de consumo –sin aclarar que del mismo sólo goza una mínima parte de la población- llega a despertar sueños ilusos sobre todo entre los jóvenes que no vieron ni vivieron la inmensa miseria en que estaba Cuba antes de la Revolución, y la que vive la inmensa mayoría de la humanidad. La publicidad -con el individualismo y la corrupción-, es la mejor arma del Complejo empresarial militar.

Allí no queda todo. La globalización neoliberal está extendiendo y acentuando el uso de otra de sus armas principales: la privatización.

La privatización es −como el individualismo y la corrupción− un arma de muchos filos que se utiliza en formas abiertas y encubiertas, legales e ilegales, y en este momento hegemónicas entre los dirigentes de los complejos y corporaciones dominantes, y en los asociados a ellos y sus subalternos, o que dependen de ellos y dominan en todos los continentes del mundo.

Los promotores y protectores de la privatización, en este mismo momento, están proyectando −con los gobiernos de cincuenta países− aumentar todavía más el poder y la propiedad de los señores y dueños que tienen como móvil la maximización de utilidades y riquezas. Según la prensa, los gobiernos de cincuenta países se están reuniendo en secreto para elaborar un plan de privatización de todas las actividades económicas a su alcance. Quieren llevar al máximo y a la organización global un proyecto de por sí ya muy avanzado: que las corporaciones tengan a su cargo toda la producción, la distribución, el intercambio, los servicios y el consumo que en el mundo existe.

Imaginar cómo sería un mundo así sería pensar en un inmenso quiebre histórico en que sobre la contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción se montaría la contradicción entre las fuerzas de represión y las relaciones de represión, fenómeno que de por sí ya se está dando con la construcción de soldados que son robots y que tienen capacidad de distinguir (eso piensan sus productores) a quienes deben eliminar y a quienes deben respetar e incluso defender.

Pero no es necesario imaginar semejantes peligros para reconocer aquéllos a que ya nos enfrentamos y de que hay amplias y repetidas pruebas. No me refiero sólo al cambio climático y sus consecuencias para la vida en la Tierra, ni sólo me refiero a la gran cantidad de bombas nucleares y sistemas de lanzamiento que numerosos países tienen con muchos de sus gobernantes y ayudantes que rezuman una creciente cultura del odio, del sectarismo racial, religioso, machista, sádico, xenófobo, por lo demás bien armado y bien provisto de municiones y sustancias letales cuyos productores y proveedores gozan de buena salud y bella vida.

Todo ocurre en medio de supuestas religiones que ni sus rituales cumplen ni sus sagrarios dejan a salvo. Se da con un terrorismo natural y comercial que al amparo de las corporaciones y gobiernos rinde beneficios billonarios de que las huestes no gozan, empeñadas como están en destruirse unas a otras y en destruir sobre todo pueblos, presas, calles, casas, ciudades y zonas arqueológicas de sus propios antepasados.

Esos horrores acostumbrados, y muchos más, que hasta los científicos y especialistas de las comisiones intergubernamentales convalidan, son mirados e incluso negados, de la manera más irresponsable que quepa imaginar, por los ideólogos y apologistas del sistema y por sus víctimas subalternas en quienes también domina una especie de patología cognitiva, que hasta los lleva a perseguir, con todos los descalificativos, y por todos los medios a su alcance a quienes no ven como inevitable el ecocidio antropogénico que amenaza la vida en la Tierra.

Crisis ecológica y crisis social plantean la inminente necesidad de otra organización del trabajo y de la vida en el mundo, en que no predomine la lógica y la cultura de la maximización de utilidades y riquezas sino la que en busca de la libertad humana se desarrolló desde los inicios del capitalismo mercantil y usurario, y en la cultura, desde el Renacimiento y la Ilustración hasta el nuevo pensamiento revolucionario, que con Cuba y los Zapatistas, encabeza hoy en Roma el Papa Francisco, y que es cultivada cada vez más por esa juventud que empezó a andar en l968 y a la que hereda la que hoy no sólo va a prever el futuro sino va a vivir el futuro.

Es en estas condiciones como se advierte que Cuba no debe limitarse a una cultura de la resistencia, sino desempeñar como Estado Nación, un doble papel mundial que ningún otro país puede realizar, y es, en primer lugar, el de ser la sede de encuentros entre las fuerzas que luchan en su tierra por un mundo mejor y que no por haber recurrido a las formas violentas porque les niegan el derecho de luchar en formas pacíficas, dejan de estar dispuestas a negociar y a defender en formas pacíficas el interés general de comunidades, ciudadanos, pueblos y trabajadores. La experiencia cubana en ese terreno –así como en la resistencia y construcción del socialismo y sobre todo la verdadera democracia y soberanía de esa nación- hace de ella la Isla de la Tierra más adecuada para dar hospitalidad a semejantes tareas.

A la enorme capacidad que tiene Cuba para contribuir a resolver ese proyecto se añade otro no menos sino igual o más importante. En Cuba puede darse la última tabla de salvación para la vida humana y emprender la creación de un organismo autónomo mundial en que los expertos más destacados y responsables de las variadas posiciones críticas y científicas que existen en el mundo diseñen los modelos de una transición pacífica a un modelo de organización de la vida y el trabajo que asegure la vida en la tierra y aleje los actuales peligros de destrucción de la biósfera y del ecocidio.

Que semejantes proyectos suenen a pura ilusión, ingenuidad y utopía es un juicio digno de reconsiderar ahora que se acaba un cruel bloqueo que duró más de medio siglo y más de veinte años de la restauración mundial de países que se decían socialistas y cuyos dirigentes han llevado a cabo la acumulación primitiva más cuantiosa de toda la historia.

Que la revolución cubana es del todo diferente es algo que no se necesita probar porque ya se probó. Sus nuevas relaciones con Estados Unidos se dan sin que la doblaran ni la quebraran.

Es hora de la utopía, del proyecto que no parece realista y que es el único que puede salvar --con la libertad-- la vida en nuestro planeta. Toda la historia de la emancipación y de la humanidad ha empezado con utopías. Esta no será la excepción.

Las utopías abrieron metas sin saber cómo seguir. Por eso y para pensar qué hacer y cómo hacer es necesario por lo pronto luchar por la paz y prepararse para la guerra defensiva, por si acaso. Y hacerlo sin esas divisiones de intereses que hicieron perder a Espartaco.

 

-Por Pablo González Casanova, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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Miércoles, 03 Junio 2015 06:57

Reflexiones sobre el periodismo

Reflexiones sobre el periodismo

A propósito de la conmemoración del Día del Periodista el 7 de junio, Washington Uranga propone una reflexión sobre la incidencia de los desarrollos infocomunicacionales en el ejercicio de la profesión y las condiciones laborales del trabajo de los periodistas.

 

El 7 de junio se conmemora el Día del Periodista y, como cada año, es una oportunidad para reflexionar sobre cuestiones que atañen al ejercicio profesional.


Sin pretender agotar la agenda del debate ni tampoco hacer un desarrollo exhaustivo de cada uno de los temas, propongo dos aspectos cuya consideración puede ser relevante: el periodismo y los desarrollos tecnológicos info-comunicacionales y las condiciones de trabajo de los periodistas. Más que certezas o consideraciones cerradas, lo que aquí se intenta es abrir una agenda que, sin duda, puede ser enriquecida con otras cuestiones y desde diferentes perspectivas. Es también una convocatoria para que, por los caminos que se desee se pueda profundizar mediante reflexiones necesarias para la profesión de cara a su servicio a la sociedad.


Desarrollos infocomunicacionales


No es necesario ya argumentar sobre la importancia del impacto que el desarrollo de las llamadas tecnologías de información y comunicación (TIC) tiene sobre la labor periodística. Esta realidad, que es siempre "nueva" dada la vertiginosa actualización tecnológica a la que asistimos, genera otras rutinas en la profesión, pero también en los modos de consumo de la información. Las audiencias participan también de la producción constituyéndose en "prosumidores".


La circulación de noticias y datos por Internet modifica sustancialmente la forma como los periodistas acceden a sus fuentes. No hace tanto tiempo seguíamos escuchando relatos sobre una versión casi épica del periodista "de a pie" que participaba como observador privilegiado de los acontecimientos con sus zapatos plantados en cada uno de los escenarios, entrevistando directamente a los interlocutores y obteniendo de ellos la información de primera mano.


Sería injusto decir que todo el periodismo ha descartado hoy el acceso directo a las fuentes. Pero no se puede desconocer que en no pocos casos se hace "periodismo de escritorio" por parte de profesionales cuya tarea principal es estar atentos a las redes, a los portales y canales de noticias, para obtener de allí el insumo para su tarea. En demasiadas oportunidades la instantaneidad informativa se sitúa por encima de la comprobación de la veracidad a través de formas idóneas. El resultado es la reiteración de los mismos temas de agenda, casi sin matices y apenas diferenciables por los acentos políticoideológicos que imponen cada una de las empresas.


El procedimiento trae como consecuencia también la reiteración acrítica de versiones –a pesar del mayor acceso a la diversidad– dando por ciertas afirmaciones y sentencias sin previa comprobación. En este sentido y al contrario de lo que podría sugerir la idea del desarrollo tecnológico, hay un progresivo empobrecimiento de la calidad informativa, también porque resulta difícil establecer la trazabilidad de la noticia desde la fuente original dado que en muchísimos casos se generan reiteraciones sin referencias. Todo esto constituye una realidad que, por cierto, no debería desligarse de las condiciones de trabajo de los periodistas.


Las condiciones laborales


La mayoría de las empresas periodísticas hoy son multimedias y forman parte de corporaciones complejas, con intereses económicos y políticos. Esto tiene por lo menos dos consecuencias para quienes ejercen el periodismo. Ya no se trabaja para un diario, una radio o un canal de televisión, sino para todos ellos al mismo tiempo bajo la autoridad del mismo patrón... pero por el mismo salario. Al mismo tiempo, la presión laboral aumenta y las condiciones laborales empeoran en gran parte de los casos.


Debido al desarrollo tecnológico infocomunicacional antes señalado los periodistas pueden y suelen estar conectados con su trabajo las 24 horas del día a través de la tecnología, del acceso a las redes y mediante el uso de teléfonos móviles hipersofisticados. A ello se suma que las encuestas realizadas sobre las condiciones laborales de los periodistas digitales confirman que éstos tienen peores condiciones de trabajo que sus colegas de los diarios impresos.


No puede afirmarse a ciencia cierta que las máquinas y las tecnologías están sustituyendo, al menos por el momento, a los periodistas. Por el contrario el desarrollo tecnológico abre nuevas oportunidades de producción y desafíos a la creatividad, aunque esto no condice siempre con la sustentabilidad económica de los medios y por tanto con la estabilidad y las condiciones laborales de los periodistas. Mientras tanto las empresas periodísticas maximizan su producción, optimizan costos y muchas veces obligan a sus trabajadores a realizar tareas ajenas a la profesión. Hay una nueva figura del periodista "polifuncional" que además de recabar la información, hacer investigación y producir la noticia, tiene que tener también conocimientos de edición de audio y video, y hasta de manejo de otros recursos digitales vinculados con la emisión del producto final. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) viene haciendo observaciones permanentes sobre este tema.


En todos los casos queda en evidencia que se generan otras condiciones de producción no contempladas en las normas y en los encuadramientos legales y es evidente el aumento de la tensión en el ejercicio periodístico profesional.


A todo lo dicho habría que sumar que, de acuerdo con los informes de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP), de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap), el año 2014 cerró con un balance de 31 trabajadores de prensa asesinados en América Latina y el Caribe. Según los registros de la organización regional, los asesinatos de 2014 ocurrieron en Brasil (5 muertes), Colombia (3), El Salvador (2), Honduras (7), México (9), Panamá (1), Paraguay (3) y Perú (1). En México hay 21 periodistas desaparecidos de quienes no se tienen noticias.

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Pepe Mujica: "La corrupción mata a la izquierda, lo de Brasil es inexplicable"

Fue guerrillero la mitad de su vida, pasó 15 años en la cárcel, vivió en el monte, en la clandestinidad, y ahora dice que está viejo y no sabe cómo estará dentro de cinco años para volver a presentarse a presidente de Uruguay. Pero nadie diría escuchando a José Mujica que está en el final de su carrera. Pletórico, influyente como pocos en la región, pendiente de todo y de todos, Mujica viajó a Buenos Aires a presentar el libro sobre su presidencia, Una oveja negra al poder, de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, que en breve saldrá en España (Random House Mondadori).


Pregunta. Viaja ahora a España, a reencontrarse con sus orígenes vascos ¿Cierra el círculo?
Respuesta. Sí, voy a Muxica, por un recuerdo a la familia de mi padre. Y después a un pueblito de Italia, cerca de Génova, donde está la familia de mi madre. Voy porque estoy entrando en una edad que si no voy ahora no voy más.

P. Dicen que usted va a volver a ser presidente de Uruguay, que sigue siendo el referente.
R. Sigo siendo referente pero ¡yo que sé cómo voy a estar dentro de cinco años! Tengo 80, pensar en los 85 es bravo, ¿no?

P. Usted se interesa por España. Podemos reivindica su inspiración en la izquierda latinoamericana. ¿Ve similitudes?
R. Me parece que cuando los pueblos tienen una crisis honda como España lo mejor es que las tensiones se puedan encauzar políticamente. Que la crisis española haya producido una cosa como Podemos me parece de lo más saludable. Es un fenómeno más maduro. Y como tal manejable. Imaginemos una Francia que se cierra, que no quiere saber nada con la Unión Europea, con los negros. ¿Adónde vamos? Por eso apuesto siempre a la política.


P. ¿Está volviendo la política?
R. La crisis de la política solo acentúa el individualismo. Prefiero que la gente no esté con la izquierda pero que esté con la política. Pagaría ese precio. Lo antipolítico es aventurerismo o fascismo. Prefiero la política conservadora, pero política.


P. ¿Le da miedo el populismo?
R. Me da miedo los sin partido, los que no responden a ninguna disciplina. Los partidos son el primer elemento de control que tienen los individuos. Se llame PP, socialismo, Podemos. Pero es algo colectivo. Pero ojo, si populismo es la lucha por elevar el nivel de vida de la gente o las políticas de igualdad, ese pecado lo pueden tener muchos. La frontera de eso es cuando las medidas que se toman paralizan a la economía, porque querés repartir tanto que al final quebrás el interés en el trabajo y la inversión. Si matás eso no tenés para repartir. Yo llamaría populismo a eso.


P. ¿Está pensando en Venezuela?
R. Venezuela tiene la desgracia del petróleo. El país más robado de América Latina. ¿Cómo va a andar una sociedad en la que cuesta más una botella de agua que un litro de nafta [carburante]?


P. ¿Recomendó a Maduro que no detenga a opositores?
R. Creo que hay un interés en ir preso en Venezuela. Es una técnica, es la forma de luchar de la oposición. Inducen al Gobierno a pasarse de la raya. Le crean una contradicción internacional notable y estos bobos entran. Se lo he dicho a ellos. Es un error.


P. La gente protesta y se aleja de la política en Brasil, en Chile, por la corrupción. ¿Las nuevas generaciones son más exigentes?
R. Tenemos un flagelo adentro de carácter ético. Cuando el afán de hacer plata se mete adentro de la política nos mata a la izquierda. ¿Por qué prolifera tanto la corrupción? ¿Parece sensato que gente de 60, 70 años se emporque en unos pesos inmundos? ¡Si sabe que tiene poca vida por delante! El tema de tener plata para ser alguien puede ser una herramienta de progreso en el mundo del comercio, donde se corren riesgos empresariales, pero cuando se mete en la política estamos fritos. Pasó en Italia, en parte en España. Es inexplicable lo de Brasil. Y aquí en Argentina el vicepresidente está procesado.


P. En el libro dice que en Brasil parece imposible hacer política sin ceder a la corrupción.
R. La democracia moderna es muy cara. Brasil es muy grande, tiene Estados que son como países. Allí hay partidos locales, y el que gana el Gobierno nacional tiene que transar con ellos. Ahí empieza todo.


P. ¿Viene una época difícil para la izquierda latinoamericana?
R. No sabemos. La derecha tampoco está dando muchas respuestas, no creo que pueda hacer maravillas. Yo creo que estamos en un momento de retroceso de la izquierda en Europa y cierto grado de estancamiento en América Latina.


P. ¿Cómo vive alguien que fue guerrillero el acercamiento de EE UU y Cuba?
R. Era un remanente de la guerra fría, hay que terminar con eso. En EE UU mucha gente cree que esto va a llevar a cambios en la sociedad cubana y los cubanos piensan que van a resistir. La historia va a decidir. Los cubanos tienen un punto fuerte: mandan miles de médicos afuera y el grado de deserción es mínimo. ¿Lo podrán resistir? No lo sé, porque habrá que ver el efecto de la entrada en Cuba de "la magia de la mercadería", en palabras de Trotsky.


P. ¿Está mediando en el conflicto de Colombia?
R. No estoy mediando nada. Pero tengo que tener una conversación con la gente de las FARC por dificultades de la negociación. No le puedo decir nada porque si no estoy quemando todo. Pero tengo que hablar.


P. ¿Es optimista?
R. Nunca se ha estado tan cerca. Vale la pena pelearla. Mantener un conflicto in eternum no es estrategia de nada. La geografía colombiana es de terror. Perseguir a las FARC en esas montañas es infinito. La guerrilla podrá no triunfar pero terminar con ellos es imposible. Es la guerra ucrónica, permanente. El presidente Santos tiene buena fe pero tiene resistencia dentro y quisiera ver si lo que está representando a las FARC en Cuba en las negociaciones es obedecido en todo el campo de las FARC. Cuando uno está con las armas en la mano la política pasa por la mira. Es un problema que tenemos siempre los hombres armados. Tendemos a ver la estrategia política a través de las armas, desconfiamos de lo demás.


P. Usted es la prueba de que se puede llegar al poder después de dejar las armas.
R. Yo sí, pero conozco las enfermedades. A las organizaciones armadas les cuesta mucho tener capacidad política para negociar. Pero hemos entrado en otra época. Con el adelanto tecnológico, la guerra es una ilusión óptica que dirime la tecnología. Nada tiene que ver con el heroísmo. Someterse a que te maten por control remoto... Hoy es posible hacérselas pasar bastante mal a los Gobiernos sin tirar un tiro. No hay que irse a la sierra.

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Manipulan en China el genoma de embriones humanos

En una polémica nueva investigación, científicos chinos aseguran que por primera vez manipularon el genoma de embriones humanos, lo cual crea preocupaciones éticas sobre esta nueva frontera traspasada por la ciencia.


El trabajo, reportado el miércoles en la revista Nature News, apareció antes en Protein and Cell, publicación científica poco conocida.


En el texto, el investigador de función genética Junjiu Huang –de la Universidad Sun Yat-sen de Guangzhou– describe con sus colegas cómo editaron unos embriones obtenidos de una clínica de fertilidad, los cuales estaban ya calificados como inviables, sin posibilidad de dar nacimiento a una vida humana, porque tenían un juego extra de cromosomas tras haber sido fecundados por dos espermatozoides.


Los investigadores intentaron modificar el gen causante de la beta-talasemia, trastorno sanguíneo potencialmente fatal, usando la técnica de edición genética CRISPR/Cas9, indicó el reporte en Nature News.


Grandes dificultades


Los científicos chinos dijeron también que tuvieron grandes dificultades y que su trabajo muestra la necesidad urgente de mejorar esta técnica para que sea aplicada.


Inyectaron 86 embriones con una versión corregida del gen defectuoso y esperaron 48 horas; 71 sobrevivieron, de los cuales 54 fueron examinados.


Los investigadores hallaron que 28 se empalmaron con éxito, pero sólo una fracción de ellos contenía el nuevo gen, señaló el reporte.


Si usted quiere aplicar esta técnica a embriones normales, necesitará que la tasa de remplazo genético sea de 100 por ciento, dijo Huang, según la revista.


Por eso suspendimos el experimento, porque pensamos que esta técnica aún es muy inmadura, explicó.


Más preocupante aún fue la cifra sorprendentemente alta de mutaciones no previstas que aparecieron durante este proceso de edición genética: una tasa mucho mayor a la vista en estudios previos.

El sacrificio de la ética en el altar del poder

Tres décadas y media después de su creación y a doce años de haber alcanzado el poder, el Partido de los Trabajadores (PT) atraviesa una profunda crisis que afecta su propia identidad, toda vez que abandonó principios éticos que pautaron los primeros años de su existencia. El último escándalo de corrupción en torno a la estatal Petrobras, no sólo puede desalojarlo del gobierno sino deslegitimarlo ante sus propias bases.

 

"El proyecto del PT hoy, como el de todos los partidos, es mantenerse en el poder y punto", asegura el sociólogo Francisco de Oliveira (Revista IHU, 1 de abril de 2013). Lo dice quien fue militante en la clandestinidad durante la dictadura y fundador del partido; quien bajo la presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva lo abandonó por izquierda para formar el Partido del Socialismo y la Libertad (PSOL), un intelectual con larga trayectoria política que, desde los primeros pasos del PT en el poder, se esforzó por comprender la inédita experiencia de una fuerza nacida desde la experiencia cotidiana de los trabajadores para ascender en los diversos escalones del aparato estatal hasta coronar la presidencia en 2003. Y volverse, en apenas meses, partido del orden y de los empresarios.


"El poder intriga", escribió Frei Betto en 2006, luego de abandonar su cargo en el gobierno de Lula como asesor especial del presidente y Coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero, "con derecho a gabinete en el Palacio de Planalto y una infraestructura nada despreciable: secretarias, móvil, viajes aéreos, vivienda, coche con conductor, todo pagado por el contribuyente" (Alainet, 14 de marzo de 2006). Sus desencantadas reflexiones en el libro Moca azul parecen premonitorias: "Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la Moral"*.


Ambos referentes éticos e intelectuales de la izquierda brasileña coincidieron en tomar distancias del PT en el gobierno. De Oliveira dio un portazo a los pocos meses de que Lula se convirtiera en presidente, asegurando que era más privatizador que el neoliberal Fernando Henrique Cardoso, "privatizador en una escala que Brasil nunca conoció". Betto se fue en silencio, pero su libro fue un golpe tremendo al prestigio de Lula y del partido. Ambas denuncias partían del corazón mismo del poder. Sabían de qué hablaban y, de hecho, nunca fueron desmentidos.


Una década después de aquellas deserciones, las cosas no han hecho sino empeorar para el gobierno y el partido. Las grandes movilizaciones del pasado 15 de marzo, siete a diez veces más concurridas de las que convocó el arco oficialista dos días antes, el 13 de marzo, son apenas la parte más visible de un doble deterioro: el PT y el gobierno perdieron tanto la iniciativa política como la legitimidad largamente construida y, peor aún, perdieron la calle, allí donde nació el partido que llevó aire nuevo a la política brasileña.


Aún es pronto para saber si podrá recuperarse. Lo cierto es que sus cuadros e intelectuales no atinan a reconocer lo que está sucediendo. Lanzan pelotazos lo más lejos posible del área propia: acusan a los medios, a la derecha y al imperialismo de todo lo malo que les sucede, pero nada dicen de las decisiones políticas de la presidenta Dilma Rousseff que nombró a un Chicago boy al frente de Economía y a una contumaz representante del agronegocio en Agricultura, por poner apenas dos ejemplos.


La crisis actual tiene antecedentes que deben buscarse en la forma como construyó el PT la gobernabilidad desde 2003, de la mano de Lula, con el visto bueno de la central sindical CUT, de la dirección del partido, incluyendo sus diversas corrientes "críticas", y la casi totalidad de los movimientos sociales. Las voces disidentes, en estos doce años, fueron débiles y se atrincheraron con el gobierno con el argumento de "no hacerle el juego a la derecha", sin percibir que la derecha está, precisamente, en el gobierno.

 

Mensalao después

 

Apenas llegados al gobierno, los cuadros de confianza del PT diseñaron una política de alianzas para conseguir las mayorías parlamentarias necesarias para gobernar y una estrategia de expansión de la economía soldada con las grandes empresas brasileñas. La articulación con una decena larga de partidos requirió paciencia y habilidad política, pero pronto se supo que, para asegurar que los proyectos del Ejecutivo fueran aprobados en el Congreso, se había montado un esquema de pago de mensualidades (mensalão) desviando recursos de empresas estatales.


El escándalo le costó el cargo a José Dirceu, experimentado dirigente petista y hombre de máxima confianza de Lula, además de varios dirigentes del PT y de partidos aliados quienes fueron condenados por la justicia. Pero el episodio de corrupción que involucró a decenas de parlamentarios no tuvo grandes costos políticos, ya que apenas un puñado de militantes abandonó la sigla y la buena situación económica evitó mayor desgaste del oficialismo ante su electorado.


Sin embargo, fue claro para quien quiso ver que la ética había sido relegada en aras de un proyecto de poder. Algo similar sucedió con la alianza tejida por el lulismo con los empresarios. Las informaciones sobre las millonarias donaciones a las campañas electorales de los partidos, incluyendo al PT, no deterioraron la imagen del gobierno ni del partido, que aducía que era el modo como se financiaban todos.


Se trata de un vínculo estructural que hace al meollo de la gobernabilidad brasileña que, por cierto, no fue inventado por el PT, pero que un partido que se proclamó de los trabajadores y de la ética no hizo el menor intento por desmontar. Cuando se destapó el nuevo escándalo, conocido como Petrolão porque el epicentro es la empresa estatal Petrobras, involucrando a dirigentes de varios partidos que sostienen al gobierno, a altos cargos de la empresa y a directivos de las más conocidas constructoras, no fue una sorpresa. Salvo por el monto desviado: la friolera de casi cuatro mil millones de dólares en diez años.


Dos grandes problemas afectan al gobierno del PT. Uno, que no puede achacar la corrupción a nadie más que a sus propios cuadros, ya que la dirección de la estatal estaba en manos de Graças Foster, una tecnócrata de confianza de Rousseff. Ambas debían tener conocimiento de que se estaba desviando dinero, ya que la magnitud de la cifra no permite otra conclusión. Si no sabían, el desgobierno sería más grave aún.


El segundo problema que enfrenta, es que las empresas involucradas juegan un papel destacado en el esquema de gobernabilidad petista y en su engranaje de política exterior. Las constructoras son grandes multinacionales brasileñas definidas como "campeonas nacionales" por Lula, que contaban con generosos créditos del BNDES para lubricar su expansión por el mundo. Esta "alianza estructural" con el agronegocio, las mineras y los sectores estratégicos del empresariado es una de claves de la gobernabilidad del PT.


Por eso Bruno Cava, investigador de la Universidad Nómade, sostiene que el escándalo de corrupción no se debió a desvíos de dineros públicos por personas corruptas. O sea no fue un accidente ni un hecho puntual que pueda resolverse castigando a los implicados, sino que "estructura la propia gobernabilidad, de modo que es difícil decir quién es el corrupto y quién el corruptor: si las constructoras corrompieron al partido y al gobierno, o si el partido y el gobierno corrompieron a las constructoras" (Revista IHU, 23 de marzo de 2015).


Concluye destacando la existencia de redes de poder que abarcan tanto al polo estatal como al privado. Desde que llegó al gobierno, el PT promovió una reorganización del capitalismo brasileño en base al impulso estatal de un puñado de empresas en condiciones de competir en el mundo. Las constructoras formaban parte de ese núcleo.

 

Empresarios amigos

 

Desde 2011 hasta mediados de 2013, el expresidente Lula visitó 30 países, de los cuales 20 están en África y América Latina. Las constructoras pagaron trece de esos viajes, la casi totalidad por Odebrecht, OAS y Camargo Correa (Folha de São Paulo, 22 de marzo de 2013). Un telegrama enviado por la embajada de Brasil en Mozambique, luego de una de las visitas de Lula, destaca el papel del ex presidente como verdadero embajador de las multinacionales. "Al asociar su prestigio a las empresas que operan aquí, el ex-presidente Lula desarrolló, a los ojos de los mozambiqueños, su compromiso con los resultados de la actividad empresarial brasileña", escribió la embajadora Lígia Scherer.


La actuación de Lula no es ilegal. Por el contrario, su actitud está en sintonía con lo que suelen hacer los presidentes y ex presidentes de todo el mundo: trabajar para favorecer a las grandes empresas de sus países, aunque poco tiene que ver con una actitud de izquierda, solidaria con los trabajadores.


La casi totalidad de las obras de infraestructura contempladas en el proyecto Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), en total de más de 500 obras por 100 mil millones de dólares, están siendo construidas por las multinacionales brasileñas. Lo mismo sucede con las represas hidroeléctricas. El estatal BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) es el principal financiador de estas obras, pero lo hace a condición de que el país que recibe el préstamo contrate empresas brasileñas.


El papel del Lula es el de promover a "sus" empresas, contribuyendo a allanar dificultades gracias a su enorme prestigio y a la caja millonaria del BNDES. No ilegal, pero políticamente impresentable para quien tenga pretensiones de considerarse de izquierda.


Cuando hubo conflictos entre las empresas y gobiernos de la región, los dirigentes del PT optaron por las empresas que, entre otras cosas, financian las campañas electorales, de modo muy particular las constructoras. Odebrecht fue expulsada por el gobierno de Rafael Correa en 2008 por las fallas de la represa San Francisco que debió ser paralizada apenas un año después de inaugurada. El gobierno de Lula se empeñó a fondo en la defensa de Odebrecht, una de las principales donantes a las campañas del PT.


Se trata de megaempresas (Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierrez, Gerdau, Votorantim, OAS) que nacieron al amparo del Estado en el periodo del desarrollismo de Getúlio Vargas (1951-1954) y crecieron gracias a la obra pública de la dictadura (1964-1985). Hoy son los principales apoyos empresariales de los gobiernos petistas, construyen las principales obras de infraestructura en Brasil, desde represas como Belo Monte hasta autopistas, ferrocarriles y aeropuertos, pero sobre todo los polémicos estados del Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio en 2016.


Para hacerse una idea del poder de este grupo de empresas, sólo una de ellas, Odebrecht, tiene 160.000 empleados (sólo en Angola emplea 40.000 personas) y factura 55.000 millones de dólares, cifra similar al PIB de Uruguay. Tiene presencia en 17 países, sobre todo en América Latina y África, y el 52% de sus ingresos provienen del exterior, de ahí la necesidad que tienen de apoyo "diplomático".

 

Salvo el poder todo es ilusión

 

Mientras la socialdemocracia europea amarró su destino al Estado del Bienestar, con nudos tan potentes que se hundió con él, los progresismos latinoamericanos que nacieron en pleno etapa neoliberal trenzaron sus destinos con las elites empresariales locales. A diferencia de aquellos, nunca tuvieron la intención de erigirse como conciliadores de los intereses de clases (que implica derechos plenos para los trabajadores) sino que pusieron en pie una variedad de políticas sociales que en ningún caso representan ampliación de derechos, sino traspasos compensatorios que se resumen en integración de los de abajo a través del consumo.


Semejante política sólo pudo contentar a todas las partes en períodos de vacas gordas, o sea mientras duraran los altos precios internacionales de las commodities. En Brasil el empeño en promover los monocultivos de soja, las grandes obras de infraestructura, con algunos excesos como la represa de Belo Monte que ni la dictadura pudo realizar por la tenaz oposición social, y la expansión de la ganadería para exportación, generaron fuertes impactos ambientales que los gobiernos de Lula y Dilma nunca tuvieron en cuenta. Los políticos brasileños, de todos los colores, no se inmutaron siquiera este verano cuando la mega ciudad de São Paulo estuvo a punto de quedarse sin agua potable por la pertinaz, y previsible, sequía.


Pero el embrujo del lulismo se terminó. De la peor manera. En las calles millones de jóvenes mostraron su indignación por la perpetuación de la desigualdad, en el país más desigual del mundo. O povo acordou (El pueblo despertó), fue una de las consignas más gritadas en las 353 ciudades donde hubo manifestaciones en junio de 2013. Literalmente, despertó de un sueño de diez años acunado por los acordes del consumismo que hizo olvidar las necesarias reformas estructurales para superar la desigualdad.


Con ello el sistema político empezó a mostrar sus grietas, (mal) disimuladas por la euforia del coche nuevo, la moto y el plasma. Si ser de izquierda es "luchar por la igualdad social", como recuerda De Oliveira, el PT quedó tan malparado como los partidos de la derecha, en particular la socialdemocracia de Cardoso, su supuesto archienemigo. El modelo del "presidencialismo de coalición" actualizado por Lula y Dilma, se desvaneció en las calles.


"Lo trágico es que cuando una cosa termina no acaba inmediatamente y puede continuar como un zombi, como muerto vivo, y el país quedar paralizado por mucho tiempo", señala el filósofo Vladimir Safatle, quien asegura que el fin del modelo construido en la pos dictadura "se lleva consigo a los actores políticos, intelectuales y formadores de opinión" (bol.com.br, 15 de marzo de 2015). Lo primero es aceptar lo que sucede, el fin de algo. Sin dar ese paso, no se encuentran soluciones.


Pero el PT y sus intelectuales nunca comprendieron lo sucedido en junio de 2013. Hasta ahora resolvieron sus problemas apelando al marketing y a empresas de opinión pública. En lugar de intentar comprender los gritos de la calle, y acompañarlos como indica la ética de izquierda, se replegaron sobre un sistema político deslegitimado, se hicieron aún más conservadores (tanto los cuadros como sus intelectuales), mostraron toda la arrogancia de los que se creen investidos por un destino superior.


Peor aún: arrastraron a una parte significativa de los movimientos hacia un discurso vacío "contra el avance de la derecha". La izquierda es nada sin los movimientos que, para operar como tales, necesitan "liberarse de la dependencia financiera, política y simbólica en relación al gobierno y al PT", como señala Cava. La crisis del PT deja un vacío que, por ahora, lo está ocupando la derecha. Pero la gente del común, la que creó hace tres décadas la CUT, el MST y el propio PT, puede reaccionar y tomar la iniciativa. Sería una barrida fenomenal, en la que caerían no sólo las derechas tradicionales sino también los progresistas.

 

*Editorial Rocco, Rio de Janeiro, 2006, p. 149.

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Mujica, aclamado en su despedida como presidente de Uruguay

En su último discurso se mostró hoy agradecido con sus ciudadanos por el apoyo recibido y aseguró que, de tener dos vidas más, las volvería a gastar en luchar por su país.


MONTEVIDEO.- En su último discurso como presidente de Uruguay, José Mujica se mostró hoy agradecido con sus ciudadanos por el apoyo recibido cuando se sintió solo en el poder, y aseguró que de tener dos vidas más, las volvería a gastar en luchar por su país.

"Querido pueblo, gracias por tus abrazos, críticas, cariño y, sobre todo, gracias por tu hondo compañerismo cada una de las veces que me sentí solo en el medio de la Presidencia. No dudes que si tuviera dos vidas las gastaría enteras para ayudar a tus luchas, porque es la forma más grandiosa de querer la vida que he podido encontrar a lo largo de mis casi 80 años", dijo Mujica.

Fueron las palabras finales que el "Pepe", como se le conoce popularmente, dirigió a su pueblo en su último acto como presidente, el tradicional y protocolario acto de entrega del Pabellón Nacional, por el que el mandatario saliente recibe la bandera uruguaya que ondeó en la sede de la Presidencia durante toda la legislatura.


Y tal vez el momento más emotivo de un discurso breve y escrito previamente, al contrario de lo que suele ser habitual, como confesó, que puso sobre la mesa vastos conceptos como la vida, la lucha o la constante pugna entre solidaridad y egoísmo.

"La vida como entrega y como valor para defender por encima de todas las cosas" y el trabajo y la lucha por el pueblo como "forma superior de estar con la vida", ideas de una alocución en la que eludió hacer balance de su gestión o repasar conquistas de su mandato.

Mujica lamentó que los cinco años de legislatura pasaran "tan rápido" y en una lucha permanente y fratricida entre el egoísmo y la solidaridad.

"El egoísmo natural, que llevamos dentro, y que nos lo puso la naturaleza para defender nuestra vida y la de nuestros seres queridos, en lucha con la solidaridad, que es la defensa en el largo plazo de la especie", distinguió.

Palabras que inciden en la doble naturaleza del hombre como ser solitario y ser social, que parafraseando al científico Albert Einstein viene repitiendo el "Pepe" en sus últimos días como gobernante.

Lo hizo ayer durante un encuentro mantenido con el presidente de Bolivia, Evo Morales, en la sede del sindicato uruguayo PIT-CNT, y hoy en una intervención radial.

"Como ser solitario (el hombre) procura proteger su existencia y la de los que están más cercanos a él (...). Como ser social intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos (...) y siempre mejorar sus condiciones de vida", dijo hoy en la emisora local M24.


Constantemente ovacionado y aplaudido por la multitud de simpatizantes que le acompañaron esta tarde en la Plaza de la Independencia de Montevideo, Mujica rememoró su niñez, "con escuelitas atestadas de gurises remendados, zapatillas rancheras y madres duras que siempre le daban la razón a la maestra".

También esquematizó el devenir de Uruguay a través de la historia, desde la emigración española tras la Guerra Civil hasta su etapa como guerrillero tupamaro, en un mundo, "de utopía militante".

"Sufrimos e hicimos sufrir y somos conscientes, pagamos precios enormes, pero seguimos por milagro vivos y templados, mucho más humildes y republicanos, porque nos quedó incrustado que nadie es más que nadie", subrayó al respecto.

Acompañado por su mujer, la senadora Lucía Topolansky, y por el presidente electo, Tabaré Vázquez, que asumirá su cargo el domingo, Mujica quiso, ante todo, como había anunciado previamente, que el acto de hoy fuese un homenaje a su pueblo, más que a su figura.

"Cuando baje el estandarte trataré en lo posible de simbolizar un abrazo de agradecimiento a aquellos que nos acompañen y una invitación humilde a respaldar con toda la fuerza, por la suerte del país, al gobierno que viene", había dicho horas antes en su alocución en la emisora M24.

Pero hacía tiempo que por las redes sociales corrían diversos llamamientos para acudir en masa a despedirle y la ceremonia resultó multitudinaria.

Y de récord, a tenor de lo que algunos asistentes contaron respecto a ocasiones anteriores, con una nube de fotógrafos y cámaras que rodeó a Mujica en cada movimiento a la vez que el público, que portó multitud de pancartas e incluso caretas con el rostro del exguerrillero tupamaro, coreó su nombre constantemente.

Parte de la muchedumbre acompañó al presidente hasta la Intendencia (alcaldía) de Montevideo, donde concluyó la jornada ofreciendo la conferencia "Los desafíos de la sociedad del futuro".

Antes por la tarde, Mujica ya había comenzado sus actos protocolarios de despedida descubriendo un cuadro suyo en el Museo de la Casa de Gobierno, en el Palacio Estévez, donde figuran enmarcados también el resto de presidentes democráticos del país.

 

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