De la isla del Doctor Moreau al planeta de los simios:

La dicotomía humano/animal como problema político

 

Iván Ávila Gaitán

 

Ediciones Desde Abajo entrega al público lector un libro para el debate y la acción transformadora. En sus páginas su autor nos propone una juiciosa y certera deconstrucción del especismo antropocéntrico, una dimensión más de nuestra centenaria tradción de exclusiones, olvidos y exacciones. El descentramiento del antro-poder en la consideración de los diversos órdenes bio-físico-sociales que se articulan y superponen, plantea una biopolítica militante en medio de una profunda crisis de uno de esos órdenes, el antropocéntrico capitalista.

 

Formato: 21 x 14 cm

90 páginas

 

 

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¿Otro artículo sobre las corridas de toros?

Este es un artículo sobre las corridas de toros. "¡Otro más!", exclamarán ustedes. Sí, definitivamente, otro más. Sin embargo les pido que me concedan una oportunidad. Nunca he solido escribir por escribir ni opinar por opinar, de hecho pienso que, en ocasiones, el silencio constituye una forma de protesta y expresión de sabiduría bastante potente. Mi intención no es discutir si las corridas son tradición, arte, cultura o deporte. Solo pretendo, sin reñir con cualquier persona de turno, ofrecer algunos elementos que les permitan –a quienes lean esta nota– posicionarse ante las polémicas coyunturales venideras: mejor conocer el tablero entero antes que ser un peón en la partida de ajedrez.

 

Hace ya más de un año, Héctor Abad Faciolince escribió: "Pese a la conciencia de que nuestro comportamiento no es "justo" con los animales, nos los comemos y experimentamos con ellos. Somos injustos, crueles. Sí. Tenemos que vivir con esa tragedia moral. Y tolerar las corridas, aunque no nos gusten. Tolerar las corridas es tolerar nuestra más profunda condición humana: somos crueles y violentos" (1). Sería de mal gusto polemizar con Héctor, prometí no pelear con cualquier personaje de turno. No me detendré en naderías. De hecho, aunque su "tolerancia" hacia las corridas me revuelve el estómago, lo que quiero destacar es, por el contrario, su perspicacia. Hay cierta "anfibología" que me atrae. No me refiero, claro está, al aserto sobre la "condición humana", a esa irremisible aceptación facilista y conservadora de que "somos lo que somos". Lo que me seduce es el hecho de que alcance a columbrar una realidad contextual más amplia: "Pese a la conciencia de que nuestro comportamiento no es "justo" con los animales, nos los comemos y experimentamos con ellos. Somos injustos, crueles". Y es que el punto radica precisamente ahí: ¿la "crueldad" es necesariamente consciente?, ¿por qué, muchas veces, sabemos lo que sabemos y aun así lo hacemos?

 

Las corridas de toros no son orquestadas y defendidas por seres macabros o malintencionados. Cada "olé" se grita con menos sevicia de la que parece. Algo similar se pude decir de circos, mataderos, laboratorios y zoológicos. Seamos honestos, la disputa no es entre "enfermos amantes de la crueldad" y "cuerdos defensores de animales". Evitemos individualizar, somatizar y psicologizar. Me llenaría de oprobio ganar un litigio a punta de misérrimos libelos, con insultos o caracterizaciones personales. Las y los activistas del denominado "movimiento de liberación animal", surgido hace por lo menos unos cuarenta años, tienen un concepto que describe bastante bien lo que estoy expresando. Han llamado "especismo" a la discriminación de un ser con base en la especie, es decir, al hecho de que no se le considere como merecedor de trato igualitario por simplemente pertenecer a una especie diferente de la humana. "Especismo" no es misotería, no significa odio hacia los animales. Debe quedar claro, no hablo de "zoofobia" tampoco. Un ejemplo ayudaría. Podemos amar a nuestro perro o gato profundamente, sin embargo, si nos preguntaran: "en caso de tener que elegir, ¿a quién salvaría de la muerte, a un humano desconocido o a su perro?", sería prácticamente herético asegurar que al perro, lo esperado es que se privilegie al humano pues es humano, así de sencillo y tautológico.

 

El término "especismo" está siendo empleado cada vez más para dar cuenta de un conjunto de relaciones que re/producen la sistemática subordinación y explotación animal. Relaciones históricas y, por ende, susceptibles de transformación. Así, podemos observar que la mayoría de personas son especistas –es decir, "socializadas" en ese conjunto de relaciones– cuando asumen apriorísticamente la subordinación de los animales al emplear en sus insultos epítetos como cerdo, perro/a o "animal". Pero también cuando aceptan que un simio o una rata son sacrificables en pro de la investigación médica para beneficio de "la humanidad" (en realidad de los humanos que puedan acceder a los adelantos científicos). En las corridas de toros acontece algo parecido a lo que sucede en el citado caso del perro que casi nadie pensaría salvar, en el de la experimentación animal, o incluso en el mismo consumo cotidiano de carne y otros "productos", a saber, se puede amar al animal pero, de igual manera, es permisible su sacrificio para el bienestar o placer humano.

 

Puede que a estas alturas muchos se encuentren soliviantados. Comprender que hemos sido educados tan "especistamente" como el taurófilo más taurófilo no es cosa fácil. Pero hay más, el panorama se complica. La jerarquía humano/animal, reproducida por ese conjunto de relaciones que hemos tratado de explicar con el concepto de "especismo" y varios ejemplos, se encuentra articulada con jerarquías de clase (propietario/desposeído), raza (blanco/no-blanco), género (hombre/mujer), entre otras. Es posible confirmar dichas articulaciones en el "espectáculo" de las corridas de toros. Tomemos el caso del "sexismo", asociado a la jerarquía de género. No es muy complicado verificar, en principio, que prácticamente todos los personajes que cumplen un rol importante allí son hombres, desde el matador hasta los areneros, "las matadoras" son excepcionales. Pero más allá de eso, las corridas representan una actividad viril, que se ufana de la fuerza e implica constantes despliegues de "masculinidad". La imagen del "noble" caballero que "enfrenta a la salvaje bestia" lo resume todo. Así, María, estudiante de 24 años y aficionada a las corridas afirma:

 

"En tanto mujer, a mí me parece que es un espectáculo que tiene elementos muy románticos. Los matadores rara vez son feos, están vestidos con unos uniformes bonitos, aunque no muy masculinos. A veces le dedican el toro a una mujer, y si estoy sentada en contrabarrera llevo claveles rojos para botárselos al torrero que fue más valiente y cuya faena fue la más técnica y la más estética. Uno se siente transportado en otra época, donde valores como el coraje y la caballerosidad son valorados, y ese aspecto me gusta". En síntesis, tenemos el triste estereotipo del noble caballero que rescata y/o conquista a la (pasiva) mujer y doblega al animal que, se supone, es otro "macho". Pocos lo saben, pero no todos los toros son machos, algunas son hembras, sin embargo tal dato se obvia, enfrentarse a una vaca no suena muy épico ni viril. El espectáculo en sí mismo es androcéntrico, de ahí que la participación de las mujeres como espectadoras o de algunas pocas toreras no cambie el sentido general.

 

Por demás, como sabemos, las corridas se relacionan con el negocio de la ganadería, una actividad liderada por hombres y rodeada de una cultura también androcéntrica y heteronormativa. No quiero explayarme ahora entrelazando lo anterior con la cultura del consumo de carne y el paramilitarismo. Eso se lo dejo a los lectores sagaces. Asimismo, las corridas pueden ser caracterizadas, fundamentalmente, como actividades "culturales" de élite, reivindicadas por familias poderosas y tradicionales, respetuosas del legado colonial español y sus privilegios heredados. La tauromaquia no simboliza una historia indígena, mucho menos afro, todo lo contrario, era el pernicioso deleite de los déspotas. Defender la "cultura" o "tradición" por serlo es una afrenta a la inteligencia y la sensibilidad. Como diría la teórica-activista lesbiana Gloria Anzaldúa, hay "culturas que traicionan". Por eso reitero aquello del inicio, no voy a debatir lo "culturales" o "tradicionales" que puedan ser las corridas, su "estatus" no me interesa, la discusión es ético-política. Tampoco me dejaré enredar en la cuestión económica, en la victimista e hipócrita afirmación de aficionados adinerados según la cual se perderían muchos empleos al abolir las corridas. ¡Claro que se perderían empleos! Existen innumerables prácticas reprochables que, de abolirse, dejarían sin trabajo a varias personas. Y es cierto, tenemos que cavilar alternativas, como también es necesario pensarlas para los recicladores que laboran con vehículos de tracción equina, por ejemplo.

 

Buscar actividades económicas dignas es una tarea de todos y todas, un asunto urgente e insoslayable, pero que no se utilice el argumento con el fin de perpetuar el especismo, y mucho menos si viene de grandes terratenientes que evitan continuamente cualquier intento de reforma agraria. Parece que a los amantes de la tauromaquia, de repente, se les despierta el sentido de justicia social, igual que el sentido "ecológico", ¿quién no los ha oído decir que sin las corridas el toro de lidia se extinguiría? ¡Resulta que quienes consideran al humano el centro del mundo y amo de los animales y la naturaleza son parte del ecologismo radical! ¡Qué curioso, nunca me los había encontrado luchando a mi lado!, ¡vaya ceguera la mía! Pero ya que desean hacer parte del movimiento tendré que explicitar una cuestión: pasando por alto toda la controversia sobre las clasificaciones científicas, no está claro que el "toro de lidia" sea una "raza", mucho menos una "especie", y, si lo fuera, su "extinción" no implicaría ningún desequilibrio medioambiental. Además, en este caso la "especie" o "raza" en abstracto poco importa, interesa el trato concreto de cada ser. No obstante, si el "amor" por la biodiversidad es tan grande, debería apoyarse la construcción de santuarios para "toros de lidia" donde podamos "admirar su majestuosidad", de paso se podrían vincular allí las personas que trabajan en el sector. No bromeo, esta es una propuesta que tiene varios defensores a nivel internacional.

 

Actualmente nuevas sensibilidades nos estamos levantando contra el especismo y todo tipo de privilegio, subordinación y explotación. Sabemos que los problemas están interconectados y son de carácter "sistémico", no nos confundan con cándidos e inconsecuentes "defensores de animalitos". La verdad es que, como gritan hoy incontables manifestantes en las calles del mundo, "Lo damos todo, no podrán pararnos, lo queremos todo".

 

* Politólogo. Investigador de la Universidad Nacional de Colombia y activista ácrata del movimiento de liberación animal.

 

1 Tomado el 15 de enero de 2013 de: http://www.elespectador.com/columna-216472-contra-y-favor-de-corridas

Publicado enEdición N°187
Martes, 22 Enero 2013 15:13

Martí y la Política Espiritual

Martí y la Política Espiritual

Al cumplirse 160 años del nacimiento de José Martí el 28 de enero de 2013, nos hemos propuesto alentar una siembra de su espíritu ético en el corazón de la sabana muiska andina. Con este propósito organizamos un evento múltiple para tratar su obra, el cual incluye: el Coloquio Internacional sobre la vigencia de la vida y obra de Martí, la exposición itinerante que recoge facetas luminosas de su trasegar, y una muestra de la obra audiovisual realizada en torno a la figura de Martí. Todas y todos están invitados a la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, desde el 28 de enero, donde se disertará, se expondrá su obra y se proyectarán los audiovisuales.

 

Mientras no se rinda culto pleno a la dignidad de cada ser, la vida y el pensamiento de Martí estarán vigentes. El secreto de su intemporalidad habita en su visión espiritual, no de credo religioso, que maduró tempranamente en su interior. Además, Martí comprendió, como pocos, el sentido de su época, las esencias del tiempo germinal de nuestro tiempo en el que discurrió su breve y luminosa parabola vital.

 

En 1873, en su primer destierro en Madrid cuestiona a la Primera República española por mantener su dominio imperial sobre las islas de Cuba y Puerto Rico, por no reconocer los estragos causados por el régimen colonial y contribuir a su curación, y por continuar soportando el crimen de la esclavitud: La honra puede ser mancillada. La justicia puede ser vendida. Todo puede ser desgarrado. Pero la noción del bien flota sobre todo y no naufraga jamás. España no puede ser libre mientras tenga en la frente manchas de sangre (La república española ante la revolución cubana).

 

En 1880, cuando recién arribó a los Estados Unidos, país en el que vivirá durante 15 años, se declaró impresionado con la atmosfera de libertad que allí se respiraba, pero poco a poco su conciencia captó lo que llamaría la enfermedad del dinerismo: En la médula, en la médula está el vicio, en que la vida no va teniendo en esta tierra más objeto que el amontonamiento de la fortuna.

 

Junto a ese materialismo romo que convierte la vida en una regata funesta por la riqueza material, e impide captar que la muerte no es fin, sino tránsito, Martí comprendió a Cuba como el fiel de la balanza hemisférica, observó la violenta tendencia expansiva de la que sería la primera potencia planetaria, y consagró su acción y su escritura a impedir con la emancipación de Cuba y Puerto Rico que el norte revuelto y brutal se abalanzara sobre Nuestra América: la unidad geográfica y cultural de los pueblos que habitan desde el norte de México hasta la Patagonia. En diciembre de 1882, escribe una carta a Bartolomé Mitre, en la que declara no confundir lo que piensa un cenáculo de ultraaguilistas con el pensar de todo un pueblo heterogéneo, trabajador, conservador, entretenido en si, y por sus mismas fuerzas varias equilibrado [...]

 

Ya en 1882, Martí había percibido el rumbo que se impondría al mundo entero: Ha echado por caminos la existencia moderna, en que la serenidad de animo, la claridad de lo interior y la vida legitima van siendo imposibles (Cartas a La Nación, julio de 1882). Se da cuenta de que habita en un país donde la conciencia de la fuerza y el apetito de la fortuna tienen en riesgo el decoro nacional, la independencia de los pueblos vecinos y la independencia del mismo espíritu humano acaso [...] (Cartas a La Nación, agosto 12 de 1885).

 

Martí se ocupó entonces de organizar un proceso insurrecional que culminará con éxito la independencia política de Cuba, a través de un acción militar sin odio, y veloz por estar acompañada de manera conciente por el pueblo cubano, sin exclusión por clase, raza, sexo, o credo. Pero, al mismo tiempo, plasmó los principios y los métodos que deberían garantizar una democracia radical, un orden político propio, no calcado de realidades diferentes, un orden soberano en las que las decisiones que se tomaran sobre el devenir colectivo fuesen fruto del pensamiento conciente y la expresión de la comunidad.

 

En los Estados Unidos percibió que tras el disfraz democrático en realidad se operaba el control de las instituciones públicas por parte del poder financiero y las nacientes redes intermonopolicas: donde ven un débil comen de él, y veneran en si la fuerza, única ley que acatan, y se miran como sacerdotes de ella [...] Forman sindicatos, ofrecen dividendos, compran elocuencias e influencia, cercan con lazos invisibles al congreso, sujetan de la rienda la legislación como un caballo vencido, y, ladrones colosales, acumulan y se reparten las ganancias en la sombra. Son los mismos de siempre [...]. Tienen soluciones dispuestas para todo: periódicos, telégrafos, damas sociales, personajes floridos y rotundos, polemistas ardientes, que defienden sus intereses con palabra de plata y magnifico acento. Todo lo tienen se les vende todo: cuando hallan algo que no se les vende, se coaligan con todos los vendidos y lo arrollan [...] Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta tremenda maquina: adquirir: tierra, dinero, subvenciones, el guano del Perú, los estados del norte de México [...]. En cuerda pública, descalzos y con la cabeza mondada debían ser paseados por las calles estos malvados que amasan su fortuna con las preocupaciones y los odios de los pueblos –Banqueros no: bandidos (Cartas a La Nación, octubre de 1885).

 

En ese momento, en Colombia, el itsmo de Panama y los yacimientos petrolíferos, iban identificándose como objetivos de conquista por parte del poder hemisférico. En 1889, los Estados Unidos organizan en Washington la primera Conferencia Panamericana y Martí comprende y revela la naturaleza imperial del convite que realizan: Creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: 'Esto será nuestro, porque lo necesitamos'. Creen en la superioridad incontrastable de la raza anglosajona contra la raza latina. Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india que exterminan (Cartas a La Nación 1891).

 

Martí habitó y recorrrió Cuba, Mexico, Guatemala, Haití, República Dominicana, Venezuela, Colombia, y percibió el espíritu de estas tierras, de la grandeza destrozada, del valor extraordinario de la independencia apenas iniciada y de la necesidad de completarla, de escribir la última estrofa del poema de 1810: ¿Qué importa que vengamos de sangre mora y cutis blanco? El espíritu de los hombres flota sobre la tierra en que vivieron, y se les respira. ¡Se viene de padres de Valencia y madres de Canarias, y se siente correr por las venas la sangre enardecida de Tamanaco y Paramaconi [...].

 

Robaron los conquistadores una página al universo. Con Guaicapuro, con Paramaconi, con Anacaona, con Hatuey hemos de estar, y no con las llamas que los quemaron ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron (La América, abril de 1884).

 

Martí percibe la naturaleza singular, unitaria y germinal de un pueblo de pueblos indígena, negro, mestizo, y su resistencia a Europa, primero, y a la América europea, después: El primer criollo que le nace al español, el hijo de la malinche fue un rebelde. El glorioso criollo cae bañado en sangre, cada vez que busca remedio a su vergüenza, sin mas guía ni modelo que su honor, hoy en Caracas, mañana en Quito, luego con los comuneros del Socorro; [...] muere como el admirable Antequera, profesando su fe en el cadalso del Paraguay, iluminado el rostro por la dicha "exhortando a las razas a que afiancen su dignidad" (Madre América, 1890).

 

Su visión temprana sobre el significado germinal de Bolívar y Venezuela, suspenden el aliento: Cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; [...] Déme Venezuela en que servirla: ella tiene en mí un hijo (Carta a Fausto Teodoro Aldrey, 1880).

 

Martí conjuga su observación serena y penetrante en el sentido de su tiempo, con una acción esclarecedora y organizativa febril. En 1892 funda el periódico Patria dirigido a comunicar las ideas, los principios, los sueños que guían la emancipación: el odio no funda, sólo el amor engendra maravillas. Al mismo tiempo Martí acomete la comunicación ejemplar y por escrito de lo que el considera decisivo: la revolución que ha de desarrollarse una vez lograda la independencia: la que permita el florecimiento de un ser humano con más ala que garra.

 

En 1889 Martí escucha a un republicano en la Casa Blanca presidida por Harrison decir: El continente es nuestro, y a las buenas o a las malas nos ha de comprar lo que le tenemos que vender. Entiende y se horroriza ante la vileza del designio imperial que para imponer sus intereses siembra la división y la guerra entre quienes tendrían que laborar unidos en la defensa de la soberanía y la construcción del hogar colectivo [...]. En su formidable ensayo Nuestra América, plasmó la necesidad de la unidad de nuestros pueblos y de una educación propia y no plegada a la dominación.

 

[...]

 

Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes. (Nuestra América, 1891).

 

¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes del mundo, con antiparras yankis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen...Gobernante en un pueblo nuevo quiere decir creador. [...] Tenemos cabeza de Sócrates y pies de indio, pies de llama, pies de Puma y de jaguar; pies de bestia nueva. El sol nos anda en las venas. Nuestro problema es nuestro, y no podemos conformar sus soluciones a las de los problemas de nadie. Somos pueblo original: un pueblo desde los Yakis hasta los patagones (Nuestra América).

 

En su vivencia en Nueva York, Martí percibió la manera en que la ciudad ejecuta, y la forma en que la vida urbana enceguece y enferma. Apreció las mejores expresiones del espíritu norteamericano: Emerson, Whitman, Longfellow, y encontró coincidencias profundas con nuestros pueblos nativos en el amor por la tierra y la naturaleza; de Emersón señalo: Para él un árbol sabe más que un libro; y una estrella enseña más que una universidad; y una hacienda es un evangelio; y un niño de la hacienda está más cerca de la verdad universal que un anticuario, para él no hay cirios como los astros, ni altares como los montes, ni predicadores como las noches palpitantes y profundas [...] para ser bueno no necesita más que ver lo bello (Crónica sobre Emerson, La opinión Nacional, 1892).

 

El bosque vuelve al hombre a la razón y a la fe, y es la juventud perpetua. El bosque alegra, como una buena acción. La naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Y el hombre no se halla completo, ni se revela a sí mismo, ni ve lo invisible, sino en su intima relación con la naturaleza.

 

Martí captó la naturaleza espiritual del ser humano y bregó por un porvenir colectivo que cuidase esa esencia y la potenciara. Labró un verbo dirigido a encender almas, elevar espíritus, y preservar la belleza moral, la belleza interior. Comprendió que no puede haber revolución social, sin revolución interior, política revolucionaria sin ética, sin amor sin tregua.

 

Unos días antes de ofrendar su vida en Dos Ríos, Martí escribió una carta a su madre en la que le dice : Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en víspera de un largo viaje, estoy pensando en Vd. Yo sin cesar pienso en Vd. Vd se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de UD con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre esta allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía el recuerdo de mi madre. [...] Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición.

 

Su José Martí.

 

Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que Vd. pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca.

Publicado enEdición N°187
Lunes, 21 Enero 2013 18:38

Ética y agricultura

Ética y agricultura

MELBOURNE – ¿Deberían los países ricos –o inversionistas que operan ahí– comprar tierras de cultivo en países en desarrollo? Esa pregunta es objeto de estudio en el informe, Operaciones transnacionales de compra de tierras de cultivo en los países en desarrollo, que publicó el año pasado el consorcio de institutos de investigación europeos y organizaciones no gubernamentales, Land Matrix Partnership.

 

En el informe se muestra que desde el año 2000, inversionistas u organismos del Estado de países ricos o emergentes han comprado más de 83 millones de hectáreas (más de 200 millones de acres) de tierras de cultivo en los países en desarrollo más pobres. Esto representa el 1.7% de las tierras de cultivo mundiales.

 

Gran parte de estas compras se han hecho en África, entre las cuales dos tercios se han realizado en países donde el hambre es generalizada y las instituciones para formalizar la propiedad de la tierra a menudo son deficientes. Tan solo las adquisiciones en África representan un área de tierras de cultivo del tamaño de Kenia.

 

Se ha alegado que los inversionistas extranjeros están comprando tierras ociosas; por lo que al ponerlas a producir, las compras aumentan la disponibilidad de alimentos en general. Sin embargo, el informe del Land Matrix Partnership determinó que esto no es así: aproximadamente el 45% de las adquisiciones de tierras de cultivo existentes y casi una tercera parte de las tierras adquiridas se forestaron, lo que indica que su desarrollo puede plantear riesgos para la biodiversidad.

 

Las inversiones son privadas y públicas (por ejemplo, por entidades propiedad del Estado) y proceden de tres grupos distintos de países: economías emergentes como China, India, Brasil, Sudáfrica, Malasia y Corea del Sur; los Estados del Golfo ricos en petróleo; y economías desarrolladas ricas, como los Estados Unidos y varios países europeos. En promedio, el ingreso per cápita en los países que son fuente de estas inversiones es cuatro veces superior al de los países a los que se destinan.

 

La mayoría de las inversiones se destinan a la producción de alimentos u otras cosechas para exportación desde los países en los que se compra la tierra, por la razón obvia de que los países más ricos pueden pagar más por la producción. Más del 40% de esos proyectos tienen como objetivo la exportación de alimentos a los países fuente –lo que sugiere que la seguridad alimentaria es una de las principales razones para comprar tierras.

 

Oxfam International se refiere a estas operaciones como "despojo de tierras". Su propio informe, Our Land, Our Lives (Nuestra tierra, nuestras vidas), indica que desde 2008 las comunidades afectadas por proyectos del Banco Mundial han presentado 21 quejas formales por violación de sus derechos de propiedad de la tierra. Oxfam ha señalado adquisiciones de tierra a gran escala en los que ha habido violaciones directas de los derechos para pedir al Banco que congele las inversiones en adquisición de tierras hasta que pueda establecer normas para garantizar que se informe de antemano a las comunidades locales y se les dé la opción de rechazarlas. Oxfam también desea que el Banco asegure que estas operaciones con tierras no socaven la seguridad alimentaria local o nacional.

 

En respuesta, el Banco Mundial estuvo de acuerdo en que hay casos de abuso en la adquisición de tierras, sobre todo en países en desarrollo donde el gobierno es débil y expresó su apoyo a una participación más transparente e incluyente. Al mismo tiempo, señaló la necesidad de aumentar la producción para alimentar a la población adicional de 2000 millones de personas que se prevé para 2050, y sugirió que es necesario aumentar la inversión en agricultura en los países en desarrollo para mejorar la productividad. El Banco rechazó la idea de una moratoria sobre su propio trabajo con los inversionistas en el sector de la agricultura con el argumento de que eso perjudicaría precisamente a quienes con seguridad harían las cosas correctamente.

 

Cabría preguntarse si la transparencia y el requisito de que los propietarios de tierras locales aprueben una venta es suficiente para proteger a las personas que viven en la pobreza. Los partidarios del mercado libre dirían que es decisión de los propietarios locales vender sus tierras.

 

Pero, dadas las presiones que plantea la pobreza y la atracción que genera el dinero en efectivo, ¿qué se necesita para que las personas puedan hacer una decisión verdaderamente libre e informada sobre la venta de algo tan importante como el derecho a la tierra? Después de todo, no permitimos que las personas pobres vendan sus riñones al mejor postor.

 

Por supuesto, los partidarios más firmes del libre mercado dirían que deberíamos permitirlo. Sin embargo, como mínimo, es necesario explicar por qué se debe prohibir que la gente venda sus riñones pero no la tierra en la que produce sus alimentos. La mayoría de las personas pueden vivir con un riñón pero nadie puede vivir sin alimentos.

 

¿Por qué la compra de órganos es objeto de condena internacional y la de tierras agrícolas no lo es –aún cuando supone la expulsión de los terratenientes locales y la producción de alimentos para exportación a países ricos y no para el consumo local?

 

Es probable que, en efecto, al Banco Mundial le preocupen más los derechos de los terratenientes locales que a otros inversionistas extranjeros. De ser así, puede ser que las 21 quejas presentadas contra el Banco sean la punta visible de un enorme iceberg de violaciones de los derechos a la tierra cometidos por inversionistas extranjeros en proyectos agrícolas de los países en desarrollo –mientras que los demás siguen siendo invisibles porque las víctimas no tienen acceso a ningún procedimiento de queja.

 

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se enteró tarde de uno de esos casos. En noviembre el Comité concluyó que Alemania no había vigilado al Neumann Kaffee Gruppe en relación con su complicidad en la expulsión de los habitantes de varios pueblos de Uganda para crear una gran plantación de café.

 

No obstante, las expulsiones se llevaron a cabo en 2001, y los habitantes siguen viviendo en pobreza extrema. No se encontraron soluciones ni en Uganda ni en Alemania para la violación de los derechos que según el Comité les corresponden en el marco del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del que Alemania es signatario. ¿Debemos creer que a los terratenientes les va mejor con inversionistas chinos o sauditas?

 

Prodavinci  <www.prodavinci.com>

Publicado enInternacional
Jueves, 03 Enero 2013 07:26

La profesión de economista

La profesión de economista

British Petroleum aceptó (16/11/12) catorce cargos criminales formulados por la Justicia americana por haber provocado, en abril de 2010, el mayor derrame petrolero de la historia. En él murieron once operarios de la empresa y se generaron daños ecológicos gravísimos. No se habían aplicado normas básicas de seguridad, tratando de maximizar ganancias.

 

El Banco Suizo UBS admitió (20/12/12) los cargos criminales que se le formularon por sus “épicas manipulaciones” de la tasa Libor y otras entre 2005 y 2010. El procurador de Estados Unidos señaló: “No hay lugar a error. Para los traders de UBS la manipulación del Libor era para hacerse ricos”. Antes aceptó su culpa el Barclays Bank y hay investigaciones sobre otros. Estuvieron dando información falsa sistemáticamente para adulterar en su beneficio la tasa, causando daños a innumerables personas.

 

En la última reunión del G-20 (noviembre 2012), los conservadores ministros de Finanzas de Gran Bretaña y Alemania denunciaron la “ingeniería fiscal” con que muchas trasnacionales líderes burlaban los sistemas impositivos nacionales, pagando montos ínfimos de impuestos.

 

La jueza australiana Jayne Jagot condenó (5/11/12) a la agencia de calificaciones Standard & Poor’s por calificación “engañosa y falaz” en productos financieros adquiridos por trece municipios australianos, que perdieron montos muy importantes.

 

En Grecia, con una caída brutal del producto bruto desde que se inició la receta, y con aumento fuerte en la tasa de suicidios, un periodista valiente publicó (noviembre 2012) la lista de los 2000. Son, en medio del ahorro forzado de la población, tenedores de depósitos no informados en bancos suizos. Los ministros de Economía venían “extraviándola”.

 

La lista puede continuar.

 

En todos estos casos, el mercado, la mano invisible, la autorregulación, pilares del pensamiento económico ortodoxo, no protegieron a los ciudadanos. Por el contrario, fueron el ámbito propicio para que triunfara lo que el presidente Obama llama “la codicia desenfrenada”, a la que adjudica un papel central en la gran crisis económica mundial de 2008/9 cuyos efectos continúan.

 

Se hace imperioso revisar el modo de leer la economía. Sin embargo, el peso político, mediático y económico de los grandes intereses favorecidos por la asunción de la economía neoliberal como la única posible ha llevado a que en Europa se esté aplicando inmisericordemente, aunque siga produciendo pésimos resultados económicos y desvastadores daños humanos.

 

En Argentina y América latina la lucha por la comprensión de la economía es clave. Diversos sectores sólo conocen la explicación ortodoxa sobre los mercados, el rol del Estado, la inflación, el dólar, la deuda externa y otras cuestiones cruciales.

 

Mientras que en muchas universidades de la región los textos de Milton Fridman, el Nobel gurú de la escuela de Chicago y asesor económico de Pinochet, eran estudiados como “la explicación” de la economía, los de otros Nobel como Amartya Sen y Paul Krugman, que presentan una visión totalmente divergente, eran casi desconocidos.

 

Alfredo Zaiat hace una contribución de gran valor a ese debate postergado con su nueva obra Economía a contramano (Planeta 2012).

 

En sus páginas se hallan los temas ausentes en la agenda usual. Entre ellos: por qué los pronósticos económicos ortodoxos no aciertan nunca y fracasaron tan estrepitosamente en la Argentina; qué es la economía del miedo, la que pregonaba Menem cuando decía: “O este modelo o el caos”; cómo funciona la fuga de capitales; el rol de los poderes financieros; los mitos sobre los bancos centrales; la demonización de los defaults; las explicaciones simplistas sobre la inflación; el mundo aparentemente impenetrable de la profesión económica y otros.

 

Esta agenda renovadora es tratada con el rigor, la seriedad y la profundidad que caracterizan la producción intelectual del director de Cash, el excelente suplemento económico de Página/12.

 

Las fuentes son asimismo no convencionales. En la aguda obra, el lector podrá encontrarse con prominentes figuras del pensamiento económico casi ignorados por los economistas de la city como Kennet Galbraith, pensadores chinos y coreanos, el eminente Julio H. G. Olivera. También con documentos asombrosos como, entre otros, la evaluación que la famosa oficina del control gubernamental del Congreso de EE.UU. hizo de la validez de los pronósticos del Informe Anual del FMI. Llegó a la conclusión de que “no es un instrumento confiable para anticipar las crisis”.

 

Junto con su analítica revisión de la historia económica argentina reciente y la presentación de propuestas lúcidas, el libro es una reflexión franca y penetrante sobre el rol de los economistas en la sociedad.

 

Pueden ser alumbradores de nuevos caminos como Keynes o, como dice el autor, “débiles ante los intereses del poder económico, hombres de negocios dedicados a la comercializacion de información económica” o, peor aún, “los que viven gracias a que los demás no saben”.

 

La economía puede seguir siendo una disciplina opaca, sólo para supuestos especialistas, cuyas propuestas con frecuencia van a “contramano” del bienestar colectivo o puede, como lo fue en sus orígenes, ser una “ciencia moral” donde las preocupaciones éticas tienen un rol central.

 

Obras iconoclastas como las de Zaiat trazan un rumbo en esa dirección en el país.

 

Hace un tiempo, el autor invitó a Stiglitz a que disertara sobre “Etica para economistas” en un congreso internacional sobre ética y economía que presidió. El Nobel acentuó que se necesitaba un código ético para economistas y que debía tener por lo menos tres artículos. Primero, no vender a los líderes políticos teorías supuestamente infalibles cuando no tienen evidencia empírica real a su favor; segundo, no decirles que sólo hay una alternativa; tercero, explicitar los costos para los pobres de las políticas que aconsejan.

 

A la luz de ejemplos recientes como los citados de BP, la manipulación de las tasas Libor, las maniobras de las calificadoras de riesgos y otros semejantes, se podrían agregar al código; cuarto, identificar si las políticas recomendadas van a seguir aumentando el coeficiente Gini de desigualdad, hoy el más elevado de la historia del globo; quinto, cuántos trabajos decentes y estables van a crear; sexto, dejar la soberbia economicista, practicar la humildad que aconsejaba el mismo Keynes.

 

Junto con todo ello tener en cuenta que el modelo necesario debe generar, al mismo tiempo que logros económicos, cohesión social, democratización en el acceso a la educación, la salud y la cultura, derechos humanos, equilibrio ecológico y participación, porque el ser humano nació para todo eso.

 

Por Bernardo Kliksberg, premio Domingo Faustino Sarmiento a la trayectoria, del Senado de la Nación.

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Sábado, 15 Diciembre 2012 06:28

¿Periodismo o espectáculo?

¿Periodismo o espectáculo?

El 27 de julio de 1994, el fotógrafo surafricano Kevin Carter fue encontrado asfixiado dentro de su automóvil. Tenía 33 años y dos meses antes había ganado un Pulitzer por una imagen tomada en Sudán en la que un buitre aguardaba la muerte de una niña famélica. Aquel momento, captado cerca de un campo de refugiados en marzo de 1993, no dejó darle vueltas en la cabeza. Hasta que se quitó la vida. Nadie pudo evitar tampoco el suicido, a principios de este mes, de la enfermera que transfirió una llamada telefónica de dos locutores de una emisora australiana que se hicieron pasar por la reina Isabel II y el príncipe Carlos. Los radiofonistas pretendían obtener información sobre el embarazo de la duquesa de Cambridge, ingresada en el hospital.
 


Otro episodio reciente, de naturaleza muy distinta, ha desatado una intensa polémica. El diario estadounidense New York Post publicó a toda página la fotografía de uno de sus colaboradores, Umar Abassi, que muestra a un hombre segundos antes de morir aplastado por un metro en Nueva York. El hombre intentaba acceder al andén justo después de haber sido empujado a las vías. Pero nadie le ayudó. Ni el fotógrafo, ni ningún otro viajero.


 
El autor de la instantánea aseguró que no podría haber hecho nada por evitar el atropello, que intentó alertar al conductor con el flash de la cámara y que los viajeros que se encontraban en el andén más cerca del hombre que intentaba encaramarse tampoco se movieron.


 
Ambos sucesos han reabierto el debate sobre el papel que los medios de comunicación deben desempeñar en situaciones críticas y cuáles son las barreras deontológicas que los profesionales no pueden traspasar al ejercer su labor. ¿Debe involucrarse el periodista para intentar salvar una vida o su trabajo se debe limitar a observar la realidad y transmitirla? ¿Es ético suplantar la identidad de otra persona para obtener una información?


“El periodista no es un héroe, no es como Superman. Su función es denunciar los hechos para que las personas que pueden tomar decisiones las tomen”, apunta Juan Luis Manfredi, profesor de Periodismo de la Universidad de Castilla-La Mancha. En su opinión, el periodista es un ciudadano que administra el derecho a la información pero su función no es ir a una guerra y ponerse del lado de uno de los bandos. “Hay que tomar partido, pero no liderar las causas o abanderarlas. Su misión es denunciar, contar y explicar los hechos”.


 
Manfredi cita el caso del fotógrafo que puso el foco ante la hambruna del África negra. A la postre, sus impactantes imágenes contribuyeron también a la condena mundial del apartheid. Carter fue el primero que retrató una ejecución mediante el sistema del collar, un anillo de gasolina alrededor del cuello de la persona a la que se prendía fuego. “Lloraba desconsolado por ser un surafricano blanco que siempre fotografiaba a personas negras muertas”, decía uno de sus amigos.


 
Difícilmente el periodista puede permanecer ajeno a lo que ocurre a su alrededor, pero no puede perder la perspectiva decantándose de un lado o de otro. Manfredi considera que los profesionales tienen que involucrarse en la sociedad y abordar historias de interés público, es decir, que beneficien el progreso.


 
Pero el periodista tampoco debe tener privilegios, al margen de derechos específicamente reconocidos en todo el mundo desarrollado como el secreto profesional o la cláusula de conciencia. “Como cualquier otro ciudadano, deben estar sujetos a la legislación vigente”, enfatiza el asesor de comunicación y consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí. Pero observa que “no es lo mismo un reportero de guerra (que puede ser víctima de las mismas balas que los protagonistas de sus fotografías, o un reportero en una manifestación o frente a la violencia extrema de las fuerzas de seguridad, por ejemplo) que alguien que no auxilia (activa o pasivamente) a una persona en peligro”. En el caso del fotógrafo del metro de Nueva York, entiende que debería haber soltado la cámara y acudir en su auxilio.


La prensa se ha llevado otro gran varapalo a cuenta de la real broma. Según explica Gutiérrez-Rubí, si suplantar a una persona es falta o delito, lo es también para el periodista. E igualmente si se atenta contra el derecho a la intimidad. “Indagar en información de carácter reservado y suplantar una identidad para sacar un beneficio está penado en el Código Penal. Y los periodistas no pueden dotarse de impunidad adicional”, explica.


 
Hacerse pasar por otra persona para obtener una información, no es ético ni legal. Es lo que hicieron dos locutores de la emisora de radio australiana 2DayyFM. Los autores de la llamada falsa adujeron que se trataba de una broma y pidieron perdón la familia de Jacintha Saldanha, la enfermera que se suicidó. La cadena, que canceló rápidamente el programa (Hot 30), se declaró apenada por el “imprevisto y trágico” desenlace de lo que en principio se planteó como una broma. Pero parece obvio que algo falló. La emisora no supo explicar por qué salió al aire esa llamada. Sí aseguró que trató de contactar con el hospital en el que estaba ingresada Kate Middleton antes de que la falsa llamada saliera en antena, pero no aclaró los motivos por los que se emitió la grabación sin contar con autorización de los afectados.


 
Esa es la clave. Gutiérrez-Rubí reconoce que suplantar identidades “es parte de las bromas radiofónicas más frecuentes... pero al final se desvela el truco, el engaño”. Porque “engañar y no desvelar el truco otorga una intencionalidad inaceptable”.


 
Bromas han existido desde que se inventó la radio, aunque no siempre se han emitido. Hace casi dos años, un locutor de Catalunya Radio logró hablar con el Rey haciéndose pasar por un representante del presidente de la Generalitat, Artur Mas. Dijo llamar en nombre del señor Mas (en realidad se refería a Pere Mas, director del programa Tot és molt confús, Todo es muy confuso). El imitador y el Rey hablaron amigablemente, pero la cadena decidió omitir la grabación. Catalunya Radio, de carácter público, alegó motivos deontológicos porque su libro de estilo prohíbe expresamente difundir este tipo de bromas si el afectado no está de acuerdo. Aunque finalmente, una filtración hizo que el audio se propagara hasta el infinito a través de YouTube.


Menos contemplaciones tuvo la Cope cuando en 2005 emitió una conversación en la que un falso Zapatero (entonces presidente del Gobierno) llamaba a Evo Morales, mandatario electo de Bolivia. La embajada de ese país presentó una queja formal ante la Cope por considerar que la llamada sobrepasaba los límites de la broma para convertirse en una ofensa al pueblo boliviano. Aquella grabación del impostor de Zapatero (un humorista del llamado Grupo Risa) a punto estuvo de generar un conflicto diplomático.


 
Pero hay bromas pesadas y bromas light. Xavi Rodríguez, director del programa Anda ya! (Cadena 40), se distancia del caso de los locutores australianos, “que perseguían obtener una información que por otros medios no podían conseguir”. En Anda ya! hay siempre un gancho. “Generalmente es un familiar de la víctima quien nos pide que pongamos contra las cuerdas a esa persona, pero al final siempre se le dice que es una broma y se le pide permiso para emitirla”. Y si no hay autorización expresa, no hay difusión.


 
“Los locutores australianos han ido más allá de la broma”, admite Rodríguez. “Pero no haberle dicho a la enfermera que era una broma es no jugar limpio. No creo que sean responsables de su muerte, pero no han actuado correctamente”. En su opinión, no hace falta “ir tan lejos” para que el oyente se lo pase bien. “Una broma tiene que ser simpática. Se puede poner a las víctimas contra las cuerdas, pero sin pasarse. Hay que usar el sentido común”. Su programa suplanta a menudo a Eduard Punset para vacilar a las víctimas con teorías absurdas. “Las bromas llevan toda la vida en la radio. Han dado grandes momentos. Son divertidas, pero no podemos hacer que el espectáculo pase por encima de la persona”. De hecho, alrededor del 15% de las personas objeto de mofa radiofónica en el programa de Cadena 40 vetan su emisión.


 
A menudo, se tiende a confundir entre periodismo y entretenimiento, alerta el profesor Manfredi. “Cuando un tipo que hace una llamada telefónica desde un programa de radio para mofarse de alguien, eso no es periodismo, es espectáculo”. En la misma línea, el profesor de la Universidad de Navarra Francisco Pérez-Latre sostiene que hay que preservar la reflexión y la responsabilidad social, evitando “la presión por incrementar el número de entradas en la web o las audiencias”. Además cree que “hay que pensar sobre los efectos de los mensajes en las personas... Y eso es parte de la gestión en los medios”. “Es difícil hacerlo si solo se buscan los contenidos más sensacionales”, explica.


La supeditación de la ética a la dictadura de la audiencia conduce a menudo a la inmoralidad y la ilegalidad, como ha demostrado en el Reino Unido el caso del News of the World, asegura el vicepresiente de la FAPE, Aurelio Martín. Así lo especifica el manifiesto por la defensa del periodismo de la FAPE (la Federación de Asociaciones de la Prensa Españolas), una entidad que refuerza los objetivos de la Comisión de Quejas, Arbitraje y Deontología, convertida en fundación. “Se trata de cumplir con la máxima ética y el mínimo jurídico, desde el autocontrol, en el que siempre insiste el presidente de este organismo y catedrático de Derecho de la Información, Manuel Núñez Encabo, autor del Código Deontológico de la FAPE, inspirado en el Código Europeo de Deontología del Periodismo” señala Martín.


 
Pero el problema es que los códigos deontológicos se convierten a menudo en papel mojado. “Son meras directrices”, reconoce Emilio Guichot, profesor de Derecho Administrativo y Derecho a la Información de la Universidad de Sevilla, que ve el periodismo como una función “absolutamente esencial para la democracia”. Aunque en el caso de conflicto, está claro que debe prevalecer la protección de la vida y la integridad de las personas sobre el derecho a la información. Incluso si la persona estuviera muerta. Guichot recuerda la sentencia del Tribunal Supremo que en el caso de las imágenes sobre la cogida mortal del torero Paquirri determinó que esos momentos pertenecen al reducto de la intimidad de las personas. “Es la última esfera de su intimidad y debe quedar salvaguardada”, dice.


 
Distinto fue el caso de la niña Omayra Sánchez, que permaneció durante tres días atrapada entre piedras y palos con el cuerpo anchado en el fango y el agua hasta el borde la boca. Fotógrafos y equipos de televisión registraban segundo a segundo los trabajos del Ejército para intentar liberarla. Pero enmudecieron al llegar el fatal desenlace.


 
Los colegios de periodistas se afanan en reforzar el compromiso ético de la profesión con llamadas de atención sobre asuntos controvertidos. Por ejemplo, la Asociación de la Periodistas de Valladolid (APV) ha mostrado su preocupación por el aumento de la presencia de información sobre suicidios en los medios de comunicación. Reconoce que la crisis está provocando situaciones desesperadas en muchas personas y que han aumentado los casos de suicidio por motivos económicos. Unas muertes que, según la APV, se convierten en noticia por el contexto y las causas que las producen, pero que en su opinión deben ser tratadas con especial responsabilidad por los medios de comunicación. Los límites a veces son difusos, pero nadie cuestiona que tratar una noticia con rigor, exactitud y delicadeza puede salvar vidas.

 

Por Rosario G. Gómez 14 DIC 2012 - 22:23 CET

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Miércoles, 11 Julio 2012 07:21

España quedó bajo tutela

España quedó bajo tutela
Los ministros de Finanzas de la Zona Euro acordaron adelantar a España 30.000 millones de euros del rescate financiero y concederle un año de gracia para que cumpla con el objetivo de déficit de la Unión Europea (UE). A cambio, el gobierno de Mariano Rajoy deberá impulsar más ajuste fiscal, despidos de empleados públicos y supervisión europea. Los acuerdos logrados en Bruselas dieron algo de respiro a la Península Ibérica en los mercados: la prima de riesgo cayó a 549 puntos básicos y la rentabilidad del bono a diez años cerró la jornada en el 6,81 por ciento, por debajo pero todavía cerca de la línea roja del 7 por ciento, que los expertos consideran zona de rescate. A su vez, la UE puso 32 condiciones para rescatar el sector bancario español, según el memorando de entendimiento difundido ayer, que incluye la exigencia de informar en detalle sobre las cuentas de los bancos, el cumplimiento de medidas macroeconómicas y el reforzamiento del Banco de España, en detrimento del Ministerio de Economía.

Tras una reunión de nueve horas en Bruselas, que culminó en la madrugada de ayer, el presidente del Eurogrupo, Jean Claude Junker, anunció que los socios de la Zona Euro alcanzaron un acuerdo político sobre las condiciones del rescate para España. Y que la primera línea de crédito se destinará a cubrir las necesidades urgentes del sector bancario español. De esta forma, el gobierno de Rajoy dispondrá de inmediato de los fondos para inyectar en las entidades con mayores problemas como Bankia que, tras ser intervenida para evitar su quiebra, reveló que necesita 19.000 millones de euros para sanear su balance, plagado de activos tóxicos derivados de la explosión de la burbuja inmobiliaria. El acuerdo del Eurogrupo quedará plasmado en el memorando de entendimiento del rescate a España, cuya firma se concretará el 20 de julio o una fecha cercana, indicó Junker.

Los socios europeos facilitarán a Madrid hasta 100.000 millones de euros, que serán inyectados a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) bajo rigurosas condiciones, no sólo para los bancos que reciban las ayudas sino para el conjunto del sistema financiero español. En paralelo, el gobierno de España tendrá que cumplir con las exigencias marcadas para poner fin al déficit excesivo y con las recomendaciones específicas de la UE, como suba del IVA, la eliminación de la deducción por la compra de vivienda y una rebaja salarial para los empleados públicos, entre otras medidas impopulares que pueden provocar una recesión aún más profunda. Además, el gobierno español deberá someterse a una supervisión trimestral, por parte de la troika –Bruselas, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)–, que vigilará el cumplimiento del programa de rescate a la banca y los progresos en la consolidación presupuestaria.

“Una intervención con todas las de la ley, si bien de menor intensidad que la de los tres países rescatados hasta ahora: Grecia, Portugal e Irlanda”, escribió el diario El País en su edición digital. El presidente del Eurogrupo señaló que el plazo de devolución de los préstamos de los bancos será de hasta 15 años, con una media de 12,5 años, aunque no especificó cuál será el tipo de interés. Por su parte, el ministro de Economía español, Luis de Guindos, indicó que España pagará un interés probablemente inferior al 3 o 4 por ciento por la ayuda europea para sanear su sector bancario.

El ministro español calificó de muy positivo el acuerdo del Eurogrupo, ya que España disfrutará de un descanso antes de tener que pagar intereses por la ayuda, al tiempo que negó haber asumido contrapartidas o imposiciones adicionales en materia de política económica. En la misma línea, el ministro de Economía español señaló que tampoco hubo nuevas imposiciones por el acuerdo de prórroga de un año, hasta 2014, del cumplimiento del objetivo de déficit establecido por el Pacto de Estabilidad de la UE del 3 por ciento, así como un nuevo techo, del 6,3 por ciento para este año.

El memorando de entendimiento prevé también transferir las competencias de sancionar y conceder licencias del Ministerio de Economía al Banco de España. Y destaca que hay una estrecha relación entre los desequilibrios macroeconómicos, las finanzas públicas y la solidez del sector financiero. Este documento establece que además de supervisar las condiciones de ayuda a la banca, se vigilarán regularmente y de cerca los avances en el cumplimiento de las medidas destinadas a reducir el déficit público español (8,9 por ciento del PIB en 2011).

El dossier afirma que España está comprometida con el cumplimiento de reformas en el mercado laboral, la introducción de un sistema de impuestos coherente con los esfuerzos de consolidación fiscal y un mayor apoyo al crecimiento. Por su parte, el gobierno español reconoció que entre las medidas de ajuste que tiene en carpeta planea una suba del IVA, a pesar de que el propio Mariano Rajoy rechazó esa posibilidad en reiteradas ocasiones. “La suba del IVA es un sablazo de mal gobernante a los ciudadanos que ya están pagando muy duramente la crisis”, dijo Rajoy hace dos años, cuando el ex presidente de gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, acordó subir este tipo impositivo.
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La convergencia de las diversas crisis en el escenario global y su impacto en la región latinoamericana no dejan de proyectar sombras y opacidades que imponen profundizar debates, de modo muy particular sobre cómo promover los proyectos emancipatorios en un momento de profundos virajes geopolíticos. En los últimos días, y de modo simultáneo, asistimos a la conformación de la Alianza del Pacífico entre Chile, Colombia, México y Perú, y la entrega de Joaquín Pérez Becerra, director de la agencia Anncol, por el gobierno de Hugo Chávez a la Colombia de Juan Manuel Santos.

La impresión es que estamos viviendo un retroceso de los gobiernos vinculados a la Alba y la simultánea profundización de la estrategia estadunidense para frenar el ascenso de Brasil en Sudamérica y, sobre todo, poner piedras en la alianza estrecha que está soldando con China.

Como describe el economista Óscar Ugarteche, la Alianza del Pacífico nacida en Lima pretende revivir los objetivos de la extinta ALCA con base en los TLC que Estados Unidos tiene firmados con los cuatro miembros, aunque aún está pendiente de aprobación el tratado con Colombia. Es, ciertamente, un pacto contra el Mercosur y la integración regional, y de modo más explícito contra el Consejo de Defensa Sudamericano, que avanza muy lentamente. Es un modo de frenar a Brasil y su creciente hegemonía regional. Pero es también el mejor camino para remachar la vocación de exportadores de minerales de esos países, que los convierte en campos de operaciones de las grandes multinacionales mineras y, por lo tanto, en sociedades extremadamente desiguales y polarizadas, sin industria ni ampliación del mercado interno.

El 5 de julio deben reunirse los presidentes de los 32 países que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, nacida en febrero de 2010 como la primera alianza de toda la región sin la presencia de Estados Unidos y Canadá. Heredera del Grupo de Río y de la Cumbre de América Latina y del Caribe sobre Integración y Desarrollo, tiene prevista una reunión de ministros de Finanzas en mayo para diseñar mecanismos de comercio sin la utilización del dólar, para crear un sistema monetario, financiero y económico que desde América Latina se fortalezca desarrollando las capacidades necesarias para integrarse al mercado en condiciones de igualdad y beneficio mutuo en la construcción de un mundo pluripolar, según el canciller venezolano Nicolás Maduro (Aporrea, 30 de abril).

Es evidente que toda tendencia encuentra su resistencia, y que Washington no podía dejar de tomar iniciativas en el patio trasero ante su creciente pérdida de protagonismo, ante un futuro inmediato en el que lo más probable es la profundización de la crisis de su economía y del dólar como moneda de reserva global. En el escenario interestatal de aguda disputa hegemónica, donde cada pieza que se mueve es observada en detalle por cada uno de los gobiernos, las elecciones en Perú son el elemento más importante a tener en cuenta en las próximas semanas.

Nadie ignora lo que está en juego. La revista brasileña Isto E entrevistó a Ollanta Humala sobre si la carretera interoceánica entre Río Branco, en el estado de Acre, y Puerto Maldonado, en la selva peruana, contribuirá al desarrollo de ambos países. La respuesta del candidato presidencial fue transparente: Brasil necesita un socio estratégico en este lado del Pacífico y creo que Perú es el socio ideal para cumplir ese papel (Isto E, 20 de abril). Pero los puertos del Pacífico son estratégicos también para el comercio de China con Sudamérica, país que se ha convertido en el segundo socio comercial de la región y en el primer socio de Brasil, desplazando a Estados Unidos del lugar preferencial que ocupó casi todo el siglo XX.

En este escenario, las relaciones entre Colombia y Venezuela vienen experimentando cambios importantes desde que Santos llegó al Palacio de Nariño. Nada cambió en Colombia: la guerra sigue su curso mientras el modelo neoliberal se profundiza con un Plan de Desarrollo 2011-2014 que profundiza el despojo a pueblos indígenas y campesinos. Pero hay un cambio en la política exterior, un cambio cosmético pero que le permite pasar a la ofensiva ante sus vecinos. A la elección del ex izquierdista y ex sindicalista Angelino Garzón como vicepresidente se suma el nombramiento de María Emma Mejía como secretaria de la Unasur, cargo que comparte con el ministro venezolano de Electricidad Alí Rodríguez para suceder al fallecido Néstor Kirchner.

Además de haber sido canciller y ministra de Educación, Mejía tuvo su paso por el izquierdista Polo Democrático Alternativo, lo que consolida la estrategia de Santos de desmarcarse del uribismo en su política exterior para mostrar una cara más amable. En ese nuevo clima se produjo la deportación de facto de Pérez Becerra a Colombia, sin debate, sin juicio, obedeciendo sólo a una más que discutible razón de Estado. Todo indica que el periodista, acusado de vínculos con las FARC, fue víctima de una maniobra de Santos y de un cálculo de intereses de Chávez. El proceso bolivariano no atraviesa su mejor momento y las elecciones de diciembre de 2012 pueden ser la oportunidad que busca la oposición desde hace más de una década.

La razón de Estado y los intereses geopolíticos pertenecen a familias diferentes a los valores éticos de izquierda. Los primeros se guían por el pragmatismo, que es el arte de la política para conquistar o conservar el poder. La ética guía la acción colectiva para ir más allá de lo que tenemos, teniendo como norte la preservación de los colectivos humanos y no humanos, eso que llamamos naturaleza. En ciertos momentos puede haber coincidencia de intereses entre ambas lógicas. Pero lo que caracteriza la política ética es que nunca pone por delante los pequeños intereses, en general individuales, y las mezquindades grupales. Salvo que se mire el mundo desde arriba, no existe política sin riesgos, sin poner en juego en cada acción todo lo conquistado hasta ese momento.

Por Raúl Zibechi
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Para: Don Luis Villoro. De: Subcomandante Insurgente Marcos.

Doctor, saludos.

Esperamos de veras que se encuentre mejor de salud y que tome estas líneas no sólo como vaivén de ideas, también como un abrazo cariñoso del todo que somos.

Le agradecemos el haber aceptado participar como corresponsal en este intercambio epistolar. Esperamos que de él surjan reflexiones que nos ayuden, allá y acá, a tratar de entender el calendario que padece nuestra geografía, es decir, nuestro México.

Permítame iniciar con una especie de esbozo. Se trata de ideas, fragmentadas como nuestra realidad, que pueden seguir su camino independiente o irse enlazando como una trenza (que es la mejor imagen que he encontrado para “dibujar” nuestro proceso de reflexión teórica), y que son producto de nuestra inquietud sobre lo que ocurre actualmente en México y en el mundo.

Y aquí inician estos apuntes apresurados sobre algunos temas, todos ellos relacionados con la ética y la política. O más bien sobre lo que nosotros alcanzamos a percibir (y a padecer) de ellos, y sobre las resistencias en general, y nuestra resistencia particular. Como es de esperar, en estos apuntes, el esquematismo y la reducción reinarán, pero creo que alcanzan para dibujar una o muchas líneas de discusión, de diálogo, de reflexión crítica.

Y de esto es precisamente de lo que se trata, de que la palabra vaya y venga, sorteando retenes y patrullajes militares y policíacos, de nuestro acá hasta su allá, aunque luego pasa que la palabra se va para otros lados y no importa si alguien la recoge y la lanza de nuevo (que para eso son las palabras y las ideas).

Aunque el tema en el que nos hemos puesto de acuerdo es el de Política y Ética, tal vez son necesarios algunos rodeos o, más mejor, aproximaciones desde puntos aparentemente distantes.

Y, puesto que se trata de reflexiones teóricas, habrá que empezar por la realidad, por lo que los detectives llaman “los hechos”.

En “Escándalo en Bohemia”, de Arthur Conan Doyle, el detective Sherlock Holmes le dice a su amigo, el Doctor Watson: “Es un error capital teorizar antes de tener datos. Sin darse cuenta, uno empieza a deformar los hechos para que se ajusten a las teorías, en lugar de ajustar las teorías a los hechos”.

Podríamos empezar entonces por una descripción, apresurada e incompleta, de lo que la realidad nos presenta de la misma forma, es decir, sin anestesia alguna, y recabar algunos datos. Algo así como intentar reconstruir no sólo los hechos sino la forma en la que tomamos conocimiento de ellos.

Y lo primero que aparece en la realidad de nuestro calendario y geografía es una antigua conocida de los pueblos originarios de México: La Guerra. I.- LAS GUERRAS DE ARRIBA.

“Y en el principio fueron las estatuas”.

Así podría iniciar un ensayo historiográfico sobre la guerra, o una reflexión filosófica sobre la real paridora de la historia moderna. Porque la estatuas bélicas esconden más de lo que muestran. Erigidas para cantar en piedra la memoria de victorias militares, no hacen sino ocultar el horror, la destrucción y la muerte de toda guerra. Y las pétreas figuras de diosas o ángeles coronados con el laurel de la victoria no sólo sirven para que el vencedor tenga memoria de su éxito, también para forjar la desmemoria en el vencido.

Pero en la actualidad esos espejos rocosos se encuentran en desuso. Además de ser sepultados cotidianamente por la crítica implacable de aves de todo tipo, han encontrado en los medios masivos de comunicación un competidor insuperable.

La estatua de Hussein, derribada en Bagdad durante la invasión norteamericana a Irak, no fue sustituida por una de George Bush, sino por los promocionales de las grandes firmas trasnacionales. Aunque el rostro bobo del entonces presidente de Estados Unidos bien podía servir para promover comida chatarra, las multinacionales prefirieron autoerigirse el homenaje de un nuevo mercado conquistado. Al negocio de la destrucción, siguió el negocio de la reconstrucción. Y, aunque las bajas en las tropas norteamericanas siguen, lo importante es el dinero que va y viene como debe ser: con fluidez y en abundancia.

La caída de la estatua de Saddam Hussein no es el símbolo de la victoria de la fuerza militar multinacional que invadió Irak. El símbolo está en el alza en las acciones de las firmas patrocinadoras.

“En el pasado fueron las estatuas, ahora son las bolsas de valores”.

Así podría seguir la historiografía moderna de la guerra.

Pero la realidad de la historia (ese caótico horror mirado cada vez menos y con más asepsia), compromete, pide cuentas, exige consecuencias, demanda. Una mirada honesta y un análisis crítico podrían identificar las piezas del rompecabezas y entonces escuchar, como un estruendo macabro, la sentencia:

“En el principio fue la guerra”.

La Legitimación de la Barbarie.

Quizá, en algún momento de la historia de la humanidad, el aspecto material, físico, de una guerra fue lo determinante. Pero, al avanzar la pesada y torpe rueda de la historia, eso no bastó. Así como las estatuas sirvieron para el recuerdo del vencedor y la desmemoria del vencido, en las guerras los contendientes necesitaron no sólo derrotar físicamente al contrario, sino también hacerse de una coartada propagandística, es decir, de legitimidad. Derrotarlo moralmente.

En algún momento de la historia fue la religión la que otorgó ese certificado de legitimidad a la dominación guerrera (aunque algunas de las últimas guerras modernas no parecen haber avanzado mucho en ese sentido)- Pero luego fue necesario un pensamiento más elaborado y la filosofía entró al relevo.

Recuerdo ahora unas palabras suyas: “La filosofía siempre ha tenido una relación ambivalente con el poder social y político. Por una parte, tomó la sucesión de la religión como justificadora teórica de la dominación. Todo poder constituido ha tratado de legitimarse, primero en una creencia religiosa, después en una doctrina filosófica. (…) Tal parece que la fuerza bruta que sustenta al dominio carecería de sentido para el hombre si no se justificara en un fin aceptable. El discurso filosófico, a la releva de la religión, ha estado encargado de otorgarle ese sentido; es un pensamiento de dominio.” (Luis Villoro. “Filosofía y Dominio”. Discurso de ingreso al Colegio Nacional. Noviembre de 1978).

En efecto, en la historia moderna esa coartada podía llegar a ser tan elaborada como una justificación filosófica o jurídica (los ejemplos más patéticos los ha dado la Organización de las Naciones Unidas, ONU). Pero lo fundamental era, y es, hacerse de una justificación mediática.

Si cierta filosofía (siguiéndolo, Don Luis: el “pensamiento de dominio” en contraposición al “pensamiento de liberación”) relevó a la religión en esa tarea de legitimación, ahora los medios masivos de comunicación han relevado a la filosofía.

¿Alguien recuerda que la justificación de la fuerza armada multinacional para invadir Irak era que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva? Sobre eso se construyó un gigantesco andamiaje mediático que fue el combustible para una guerra que no ha terminado aún, al menos en términos militares. ¿Alguien recuerda que nunca se encontraron tales armas de destrucción masiva? Ya no importa si fue mentira, si hubo (y hay) horror, destrucción y muerte, perpetrados con una coartada falsa.

Cuentan que, para declarar la victoria militar en Irak, George W. Bush no esperó los informes de que se habían encontrado y destruido esas armas, ni la confirmación de que la fuerza multinacional controlaba ya, si no todo el territorio iraquí, sí al menos sus puntos nodales (la fuerza militar norteamericana se encontraba atrincherada en la llamada “zona verde” y ni siquiera podía aventurarse a salir a los barrios vecinos –véanse los estupendos reportajes de Robert Fisk para el periódico británico “The Independent”-).

No, el informe que recibió Washington y le permitió dar por terminada la guerra (que por cierto no termina aún), llegó de los consultores de las grandes trasnacionales: el negocio de la destrucción puede dar paso al negocio de la reconstrucción (sobre esto véanse los brillantes artículos de Naomi Klein en el semanario estadounidense “The Nation”, y su libro “La Doctrina del Shock”).

Así, lo esencial en la guerra no es sólo la fuerza física (o material), también es necesaria la fuerza moral que, en estos casos, es proporcionada por los medios masivos de comunicación (como antes por la religión y la filosofía).

La Geografía de la Guerra Moderna.

Si el aspecto físico lo referimos a un ejército, es decir, a una organización armada, mientras más fuerte es (es decir, mientras más poder de destrucción posee), más posibilidades de éxito tiene.

Si es el aspecto moral referido a un organismo armado, mientras más legítima es la causa que lo anima (es decir, mientras más poder de convocatoria tiene), entonces mayores son las posibilidades de conseguir sus objetivos.

El concepto de guerra se amplió: se trataba de no sólo de destruir al enemigo en su capacidad física de combate (soldados y armamento) para imponer la voluntad propia, también era posible destruir su capacidad moral de combate, aunque tuviera aún suficiente capacidad física.

Si las guerras se pudieran poner únicamente en el terreno militar (físico, ya que en esa referencia estamos), es lógico esperar que la organización armada con mayor poder de destrucción imponga su voluntad al contrario (tal es el objetivo del choque entre fuerzas) destruyendo su capacidad material de combate.

Pero ya no es posible ubicar ningún conflicto en el terreno meramente físico. Cada vez más es más complicado el terreno en el que las guerras (chicas o grandes, regulares o irregulares, de baja, mediana o alta intensidad, mundiales, regionales o locales) se realizan.

Detrás de esa gran e ignorada guerra mundial (“guerra fría” es como la llama la historiografía moderna, nosotros la llamamos “la tercera guerra mundial”), se puede encontrar una sentencia histórica que marcará las guerras por venir.

La posibilidad de una guerra nuclear (llevada al límite por la carrera armamentista que consistía, grosso modo, en cuántas veces se era capaz de destruir el mundo) abrió la posibilidad de “otro” final de un conflicto bélico: el resultado de un choque armado podía no ser la imposición de la voluntad de uno de los contrincantes sobre el otro, sino que podía suponer la anulación de las voluntades en pugna, es decir, de su capacidad material de combate. Y por “anulación” me refiero no sólo a “incapacidad de acción” (un “empate” pues), también (y sobre todo) a “desaparición”.

En efecto, los cálculos geomilitares nos decían que en una guerra nuclear no habría vencedores ni vencidos. Y más aún, no habría nada. La destrucción sería tan total e irreversible que la civilización humana dejaría su paso a la de las cucarachas.

El argumento recurrente en las altas esferas militares de las potencias de la época era que las armas nucleares no eran para pelear una guerra, sino para inhibirla. El concepto de “armamento de contención” se tradujo entonces al más diplomático de “elementos de disuasión”.

Reduciendo: la doctrina “moderna” militar se sintetizaba en: impedir que el contrario imponga su voluntad mayor (o “estratégica”), equivale a imponer la propia voluntad mayor (“estratégica”), es decir, desplazar las grandes guerras hacia las pequeñas o medianas guerras. Ya no se trataba de destruir la capacidad física y/o moral de combate del enemigo, sino de evitar que la empleara en un enfrentamiento directo. En cambio, se buscaba redefinir los teatros de la guerra (y la capacidad física de combate) de lo mundial a lo regional y local. En suma: diplomacia pacífica internacional y guerras regionales y nacionales.

Resultado: no hubo guerra nuclear (al menos todavía no, aunque la estupidez del capital es tan grande como su ambición), pero en su lugar hubo innumerables conflictos de todos los niveles que arrojaron millones de muertos, millones de desplazados de guerra, millones de toneladas métricas de material destruido, economías arrasadas, naciones destruidas, sistemas políticos hechos añicos… y millones de dólares de ganancia.

Pero la sentencia estaba dada para las guerras “más modernas” o “posmodernas”: son posibles conflictos militares que, por su naturaleza, sean irresolubles en términos de fuerza física, es decir, en imponer por la fuerza la voluntad al contrario.

Podríamos suponer entonces que se inició una lucha paralela SUPERIOR a las guerras “convencionales”. Una lucha por imponer una voluntad sobre la otra: la lucha del poderoso militarmente (o “físicamente” para poder transitar al microcosmos humano) por evitar que las guerras se libraran en terrenos donde no se pudieran tener resultados convencionales (del tipo “el ejército mejor equipado, entrenado y organizado será potencialmente victorioso sobre el ejército peor equipado, entrenado y organizado”). Podríamos suponer, entonces, que en su contra está la lucha del débil militarmente (o “físicamente”) por hacer que las guerras se libraran en terrenos donde el poderío militar no fuera el determinante.

Las guerras “más modernas” o “posmodernas” no son, entonces, las que ponen en el terreno armas más sofisticadas (y aquí incluyo no sólo a las armas como técnica militar, también las tomadas como tales en los organigramas militares: el arma de infantería, el de caballería, el arma blindada, etc.), sino las que son llevadas a terrenos donde la calidad y cantidad del poder militar no es el factor determinante.

Con siglos de retraso, la teoría militar de arriba descubría que, así las cosas, serían posibles conflictos en los que un contrincante abrumadoramente superior en términos militares fuera incapaz de imponer su voluntad a un rival débil.

Sí, son posibles.

Ejemplos en la historia moderna sobran, y las que ahora me vienen a la memoria son de derrotas de la mayor potencia bélica en el mundo, los Estados Unidos de América, en Vietnam y en Playa Girón. Aunque se podrían agregar algunos ejemplos de calendarios pasados y de nuestra geografía: las derrotas del ejército realista español por las fuerzas insurgentes en el México de hace 200 años.

Sin embargo, la guerra está ahí y sigue ahí su cuestión central: la destrucción física y/o moral del oponente para imponer la voluntad propia, sigue siendo el fundamento de la guerra de arriba.

Entonces, si la fuerza militar (o física, reitero) no sólo no es relevante sino que se puede prescindir de ella como variable determinante en la decisión final, tenemos que en el conflicto bélico entran otras variables o algunas de las presentes como secundarias pasan a primer plano.

Esto no es nuevo. El concepto de “guerra total” (aunque no como tal) tiene antecedentes y ejemplos. La guerra por todos los medios (militares, económicos, políticos, religiosos, ideológicos, diplomáticos, sociales y aún ecológicos) es el sinónimo de “guerra moderna”.

Pero falta lo fundamental: la conquista de un territorio. Es decir, que esa voluntad se impone en un calendario preciso sí, pero sobre todo en una geografía delimitada. Si no hay un territorio conquistado, es decir, bajo control directo o indirecto de la fuerza vencedora, no hay victoria.

Aunque se puede hablar de guerras económicas (como el bloqueo que el gobierno norteamericano mantiene contra la República de Cuba) o de aspectos económicos, religiosos, ideológicos, raciales, etc., de una guerra, el objetivo sigue siendo el mismo. Y en la época actual, la voluntad que trata de imponer el capitalismo es destruir/despoblar y reconstruir/reordenar el territorio conquistado.

Sí, las guerras ahora no se conforman con conquistar un territorio y recibir tributo de la fuerza vencida. En la etapa actual del capitalismo es preciso destruir el territorio conquistado y despoblarlo, es decir, destruir su tejido social. Hablo de la aniquilación de todo lo que da cohesión a una sociedad.

Pero no se detiene ahí la guerra de arriba. De manera simultánea a la destrucción y el despoblamiento, se opera la reconstrucción de ese territorio y el reordenamiento de su tejido social, pero ahora con otra lógica, otro método, otros actores, otro objetivo. En suma: las guerras imponen una nueva geografía.

Si en una guerra internacional, este proceso complejo ocurre en la nación conquistada y se opera desde la nación agresora, en una guerra local o nacional o civil el territorio a destruir/despoblar y reconstruir/reordenar es común a las fuerzas en pugna.

Es decir, la fuerza atacante victoriosa destruye y despuebla su propio territorio.

Y lo reconstruye y reordena según su plan de conquista o reconquista.

Aunque si no tiene plan… entonces “alguien” opera esa reconstrucción – reordenamiento.

Como pueblos originarios mexicanos y como EZLN algo podemos decir sobre la guerra. Sobre todo si se libra en nuestra geografía y en este calendario: México, inicios del siglo XXI… II.- LA GUERRA DEL MÉXICO DE ARRIBA.

“Yo daría la bienvenida casi a cualquier guerra porque creo que este país necesita una”. Theodore Roosevelt.

Y ahora nuestra realidad nacional es invadida por la guerra. Una guerra que no sólo ya no es lejana para quienes acostumbraban verla en geografías o calendarios distantes, sino que empieza a gobernar las decisiones e indecisiones de quienes pensaron que los conflictos bélicos estaban sólo en noticieros y películas de lugares tan lejanos como… Irak, Afganistán,… Chiapas.

Y en todo México, gracias al patrocinio de Felipe Calderón Hinojosa, no tenemos que recurrir a la geografía del Medio Oriente para reflexionar críticamente sobre la guerra. Ya no es necesario remontar el calendario hasta Vietnam, Playa Girón, siempre Palestina.

Y no menciono a Chiapas y la guerra contra las comunidades indígenas zapatistas, porque ya se sabe que no están de moda, (para eso el gobierno del estado de Chiapas se ha gastado bastante dinero en conseguir que los medios no lo pongan en el horizonte de la guerra, sino de los “avances” en la producción de biodiesel, el “buen” trato a los migrantes, los “éxitos” agrícolas y otros cuentos engañabobos vendidos a consejos de redacción que firman como propios los boletines gubernamentales pobres en redacción y argumentos).

La irrupción de la guerra en la vida cotidiana del México actual no viene de una insurrección, ni de movimientos independentistas o revolucionarios que se disputen su reedición en el calendario 100 o 200 años después. Viene, como todas las guerras de conquista, desde arriba, desde el Poder.

Y esta guerra tiene en Felipe Calderón Hinojosa su iniciador y promotor institucional (y ahora vergonzante).

Quien se posesionó de la titularidad del ejecutivo federal por la vía del facto, no se contentó con el respaldo mediático y tuvo que recurrir a algo más para distraer la atención y evadir el masivo cuestionamiento a su legitimidad: la guerra.

Cuando Felipe Calderón Hinojosa hizo suya la proclama de Theodore Roosevelt (algunos adjudican la sentencia a Henry Cabot Lodge) de “este país necesita una guerra”, recibió la desconfianza medrosa de los empresarios mexicanos, la entusiasta aprobación de los altos mandos militares y el aplauso nutrido de quien realmente manda: el capital extranjero.

La crítica de esta catástrofe nacional llamada “guerra contra el crimen organizado” debiera completarse con un análisis profundo de sus alentadores económicos. No sólo me refiero al antiguo axioma de que en épocas de crisis y de guerra aumenta el consumo suntuario. Tampoco sólo a los sobresueldos que reciben los militares (en Chiapas, los altos mandos militares recibían, o reciben, un salario extra del 130% por estar en “zona de guerra”). También habría que buscar en las patentes, proveedores y créditos internacionales que no están en la llamada “Iniciativa Mérida”.

Si la guerra de Felipe Calderón Hinojosa (aunque se ha tratado, en vano, de endosársela a todos los mexicanos) es un negocio (que lo es), falta responder a las preguntas de para quién o quiénes es negocio, y qué cifra monetaria alcanza.

Algunas estimaciones económicas.

No es poco lo que está en juego:

(nota: las cantidades detalladas no son exactas debido a que no hay claridad en los datos gubernamentales oficiales. por lo que en algunos casos se recurrió a lo publicado en el Diario Oficial de la Federación y se completó con datos de las dependencias e información periodística seria).

En los primeros 4 años de la “guerra contra el crimen organizado” (2007-2010), las principales entidades gubernamentales encargadas (Secretaría de la Defensa Nacional –es decir: ejército y fuerza aérea-, Secretaría de Marina, Procuraduría General de la República y Secretaría de Seguridad Pública) recibieron del Presupuesto de Egresos de la Federación una cantidad superior a los 366 mil millones de pesos (unos 30 mil millones de dólares al tipo de cambio actual). Las 4 dependencias gubernamentales federales recibieron: en 2007 más de 71 mil millones de pesos; en 2008 más de 80 mil millones; en 2009 más de 113 mil millones y en 2010 fueron más de 102 mil millones de pesos. A esto habrá que sumar los más de 121 mil millones de pesos (unos 10 mil millones de dólares) que recibirán en este año del 2011.

Tan sólo la Secretaría de Seguridad Pública pasó de recibir unos 13 mil millones de pesos de presupuesto en el 2007, a manejar uno de más de 35 mil millones de pesos en el 2011 (tal vez es porque las producciones cinematográficas son más costosas).

De acuerdo al Tercer Informe de Gobierno de septiembre del 2009, al mes de junio de ese año, las fuerzas armadas federales contaban con 254, 705 elementos (202, 355 del Ejército y Fuerza Aérea y 52, 350 de la Armada.

En 2009 el presupuesto para la Defensa Nacional fue de 43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos, a los que sumaron 8 mil 762 millones 315 mil 960 pesos (el 25.14% más), en total: más de 52 mil millones de pesos para el Ejército y Fuerza Aérea. La Secretaría de Marina: más de 16 mil millones de pesos: Seguridad Pública: casi 33 mil millones de pesos; y Procuraduría General de la República: más de 12 mil millones de pesos.

Total de presupuesto para la “guerra contra el crimen organizado” en 2009: más de 113 mil millones de pesos

En el año del 2010, un soldado federal raso ganaba unos 46, 380 pesos anuales; un general divisionario recibía 1 millón 603 mil 80 pesos al año, y el Secretario de la Defensa Nacional percibía ingresos anuales por 1 millón 859 mil 712 pesos.

Si las matemáticas no me fallan, con el presupuesto bélico total del 2009 (113 mil millones de pesos para las 4 dependencias) se hubieran podido pagar los salarios anuales de 2 millones y medio de soldados rasos; o de 70 mil 500 generales de división; o de 60 mil 700 titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Pero, por supuesto, no todo lo que se presupuesta va a sueldos y prestaciones. Se necesitan armas, equipos, balas… porque las que se tienen ya no sirven o son obsoletas.

“Si el Ejército mexicano entrara en combate con sus poco más de 150 mil armas y sus 331.3 millones de cartuchos contra algún enemigo interno o externo, su poder de fuego sólo alcanzaría en promedio para 12 días de combate continuo, señalan estimaciones del Estado Mayor de la Defensa Nacional (Emaden) elaboradas por cada una de las armas al Ejército y Fuerza Aérea. Según las previsiones, el fuego de artillería de obuseros (cañones) de 105 milímetros alcanzaría, por ejemplo, para combatir sólo por 5.5 días disparando de manera continua las 15 granadas para dicha arma. Las unidades blindadas, según el análisis, tienen 2 mil 662 granadas 75 milímetros.

De entrar en combate, las tropas blindadas gastarían todos sus cartuchos en nueve días. En cuanto a la Fuerza Aérea, se señala que existen poco más de 1.7 millones de cartuchos calibre 7.62 mm que son empleados por los aviones PC-7 y PC-9, y por los helicópteros Bell 212 y MD-530. En una conflagración, esos 1.7 millones de cartuchos se agotarían en cinco días de fuego aéreo, según los cálculos de la Sedena. La dependencia advierte que los 594 equipos de visión nocturna y los 3 mil 95 GPS usados por las Fuerza Especiales para combatir a los cárteles de la droga, “ya cumplieron su tiempo de servicio”.

Las carencias y el desgaste en las filas del Ejército y Fuerza Aérea son patentes y alcanzan niveles inimaginados en prácticamente todas las áreas operativas de la institución. El análisis de la Defensa Nacional señala que los goggles de visión nocturna y los GPS tienen entre cinco y 13 años de antigüedad, y “ya cumplieron su tiempo de servicio”. Lo mismo ocurre con los “150 mil 392 cascos antifragmento” que usan las tropas. El 70% cumplió su vida útil en 2008, y los 41 mil 160 chalecos antibala lo harán en 2009. (…).

En este panorama, la Fuerza Aérea resulta el sector más golpeado por el atraso y dependencia tecnológicos hacia el extranjero, en especial de Estados Unidos e Israel. Según la Sedena, los depósitos de armas de la Fuerza Aérea tienen 753 bombas de 250 a mil libras cada una. Los aviones F-5 y PC-7 Pilatus usan esas armas. Las 753 existentes alcanzan para combatir aire-tierra por un día. Las 87 mil 740 granadas calibre 20 milímetros para jets F-5 alcanzan para combatir a enemigos externos o internos por seis días. Finalmente, la Sedena revela que los misiles aire-aire para los aviones F-5, es de sólo 45 piezas, lo cual representan únicamente un día de fuego aéreo.” Jorge Alejandro Medellín en “El Universal”, México, 02 de enero de 2009.

Esto se conoce en 2009, 2 años después del inicio de la llamada “guerra” del gobierno federal. Dejemos de lado la pregunta obvia de cómo fue posible que el jefe supremo de las fuerzas armadas, Felipe Calderón Hinojosa, se lanzara a una guerra (“de largo aliento” dice él) sin tener las condiciones materiales mínimas para mantenerla, ya no digamos para “ganarla”. Entonces preguntémonos: ¿Qué industrias bélicas se van a beneficiar con las compras de armamento, equipos y parque?

Si el principal promotor de esta guerra es el imperio de las barras y las turbias estrellas (haciendo cuentas, en realidad las únicas felicitaciones que ha recibido Felipe Calderón Hinojosa han venido del gobierno norteamericano), no hay que perder de vista que al norte del Río Bravo no se otorgan ayudas, sino que se hacen inversiones, es decir, negocios.

Victorias y derrotas.

¿Ganan los Estados Unidos con esta guerra “local”? La respuesta es: sí. Dejando de lado las ganancias económicas y la inversión monetaria en armas, parque y equipos (no olvidemos que USA es el principal proveedor de todo esto a los dos bandos contendientes: autoridades y “delincuentes” -la “guerra contra la delincuencia organizada” es un negocio redondo para la industria militar norteamericana-), está, como resultado de esta guerra, una destrucción / despoblamiento y reconstrucción / reordenamiento geopolítico que los favorece.

Esta guerra (que está perdida para el gobierno desde que se concibió, no como una solución a un problema de inseguridad, sino a un problema de legitimidad cuestionada), está destruyendo el último reducto que le queda a una Nación: el tejido social.

¿Qué mejor guerra para los Estados Unidos que una que le otorgue ganancias, territorio y control político y militar sin las incómodas “body bags” y los lisiados de guerra que le llegaron, antes, de Vietnam y ahora de Irak y Afganistán?

Las revelaciones de Wikileaks sobre las opiniones en el alto mando norteamericano acerca de las “deficiencias” del aparato represivo mexicano (su ineficacia y su contubernio con la delincuencia), no son nuevas. No sólo en el común de la gente, sino en altas esferas del gobierno y del Poder en México esto es una certeza. La broma de que es una guerra dispareja porque el crimen organizado sí está organizado y el gobierno mexicano está desorganizado, es una lúgubre verdad.

El 11 de diciembre del 2006, se inició formalmente esta guerra con el entonces llamado “Operativo Conjunto Michoacán”. 7 mil elementos del ejército, la marina y las policías federales lanzaron una ofensiva (conocida popularmente como “el michoacanazo”) que, pasada la euforia mediática de esos días, resultó ser un fracaso. El mando militar fue el general Manuel García Ruiz y el responsable del operativo fue Gerardo Garay Cadena de la Secretaría de Seguridad Pública. Hoy, y desde diciembre del 2008, Gerardo Garay Cadena está preso en el penal de máxima seguridad de Tepic, Nayarit, acusado de coludirse con “el Chapo” Guzmán Loera.

Y, a cada paso que se da en esta guerra, para el gobierno federal es más difícil explicar dónde está el enemigo a vencer.

Jorge Alejandro Medellín es un periodista que colabora con varios medios informativos -la revista “Contralínea”, el semanario “Acentoveintiuno”, y el portal de noticias “Eje Central”, entre otros -y se ha especializado en los temas de militarismo, fuerzas armadas, seguridad nacional y narcotráfico. En octubre del 2010 recibió amenazas de muerte por un artículo donde señaló posibles ligas del narcotráfico con el general Felipe de Jesús Espitia, ex comandante de la V Zona Militar y ex jefe de la Sección Séptima -Operaciones Contra el Narcotráfico- en el gobierno de Vicente Fox, y responsable del Museo del Enervante ubicado en las oficinas de la S-7. El general Espitia fue removido como comandante de la V Zona Militar ante el estrepitoso fracaso de los operativos ordenados por él en Ciudad Juárez y por la pobre respuesta que dio a las masacres cometidas en la ciudad fronteriza.

Pero el fracaso de la guerra federal contra la “delincuencia organizada”, la joya de la corona del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, no es un destino a lamentar para el Poder en USA: es la meta a conseguir.

Por más que se esfuercen los medios masivos de comunicación en presentar como rotundas victorias de la legalidad, las escaramuzas que todos los días se dan en el territorio nacional, no logran convencer.

Y no sólo porque los medios masivos de comunicación han sido rebasados por las formas de intercambio de información de gran parte de la población (no sólo, pero también las redes sociales y la telefonía celular), también, y sobre todo, porque el tono de la propaganda gubernamental ha pasado del intento de engaño al intento de burla (desde el “aunque no lo parezca vamos ganando” hasta lo de “una minoría ridícula”, pasando por las bravatas de cantina del funcionario en turno).

Sobre esta otra derrota de la prensa, escrita y de radio y televisión, volveré en otra misiva. Por ahora, y respecto al tema que ahora nos ocupa, basta recordar que el “no pasa nada en Tamaulipas” que era pregonado por las noticias (marcadamente de radio y televisión), fue derrotado por los videos tomados por ciudadanos con celulares y cámaras portátiles y compartidos por internet.

Pero volvamos a la guerra que, según Felipe Calderón Hinojosa, nunca dijo que es una guerra. ¿No lo dijo, no lo es?

“Veamos si es guerra o no es guerra: el 5 de diciembre de 2006, Felipe Calderón dijo: “Trabajamos para ganar la guerra a la delincuencia…”. El 20 de diciembre de 2007, durante un desayuno con personal naval, el señor Calderón utilizó hasta en cuatro ocasiones en un sólo discurso, el término guerra. Dijo: “La sociedad reconoce de manera especial el importante papel de nuestros marinos en la guerra que mi Gobierno encabeza contra la inseguridad…”, “La lealtad y la eficacia de las Fuerzas Armadas, son una de las más poderosas armas en la guerra que libramos contra ella…”, “Al iniciar esta guerra frontal contra la delincuencia señalé que esta sería una lucha de largo aliento”, “…así son, precisamente, las guerras…”. Pero aún hay más: el 12 de septiembre de 2008, durante la Ceremonia de Clausura y Apertura de Cursos del Sistema Educativo Militar, el autollamado “Presidente del empleo”, se dio vuelo pronunciando hasta en media docena de ocasiones, el término guerra contra el crimen: “Hoy nuestro país libra una guerra muy distinta a la que afrontaron los insurgentes en el 1810, una guerra distinta a la que afrontaron los cadetes del Colegio Militar hace 161 años…” “…todos los mexicanos de nuestra generación tenemos el deber de declarar la guerra a los enemigos de México… Por eso, en esta guerra contra la delincuencia…” “Es imprescindible que todos los que nos sumamos a ese frente común pasemos de la palabra a los hechos y que declaremos, verdaderamente, la guerra a los enemigos de México…” “Estoy convencido que esta guerra la vamos a ganar…” (Alberto Vieyra Gómez. Agencia Mexicana de Noticias, 27 de enero del 2011).

Al contradecirse, aprovechando el calendario, Felipe Calderón Hinojosa no se enmienda la plana ni se corrige conceptualmente. No, lo que ocurre es que las guerras se ganan o se pierden (en este caso, se pierden) y el gobierno federal no quiere reconocer que el punto principal de su gestión ha fracasado militar y políticamente.

¿Guerra sin fin? La diferencia entre la realidad… y los videojuegos.

Frente al fracaso innegable de su política guerrerista, ¿Felipe Calderón Hinojosa va a cambiar de estrategia?

La respuesta es NO. Y no sólo porque la guerra de arriba es un negocio y, como cualquier negocio, se mantiene mientras siga produciendo ganancias.

Felipe Calderón Hinojosa, el comandante en jefe de las fuerzas armadas; el ferviente admirador de José María Aznar; el autodenominado “hijo desobediente”; el amigo de Antonio Solá; el “ganador” de la presidencia por medio punto porcentual de la votación emitida gracias a la alquimia de Elba Esther Gordillo; el de los desplantes autoritarios más bien cercanos al berrinche (“o bajan o mando por ustedes”); el que quiere tapar con más sangre la de los niños asesinados en la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora; el que ha acompañado su guerra militar con una guerra contra el trabajo digno y el salario justo; el del calculado autismo frente a los asesinatos de Marisela Escobedo y Susana Chávez Castillo; el que reparte etiquetas mortuorias de “miembros del crimen organizado” a los niños y niñas, hombres y mujeres que fueron y son asesinados porque sí, porque les tocó estar en el calendario y la geografía equivocados, y no alcanzan siquiera el ser nombrados porque nadie les lleva la cuenta ni en la prensa, ni en las redes sociales.

Él, Felipe Calderón Hinojosa, es también un fan de los videojuegos de estrategia militar.

Felipe Calderón Hinojosa es el “gamer” “que en cuatro años convirtió un país en una versión mundana de The Age of Empire -su videojuego preferido-, (…) un amante -y mal estratega- de la guerra” (Diego Osorno en “Milenio Diario”, 3 de octubre del 2010).

Es él que nos lleva a preguntar: ¿está México siendo gobernado al estilo de un videojuego? (creo que yo sí puedo hacer este tipo de preguntas comprometedoras sin riesgo a que me despidan por faltar a un “código de ética” que se rige por la publicidad pagada).

Felipe Calderón Hinojosa no se detendrá. Y no sólo porque las fuerzas armadas no se lo permitirían (los negocios son negocios), también por la obstinación que ha caracterizado la vida política del “comandante en jefe” de las fuerzas armadas mexicanas.

Hagamos un poco de memoria: En marzo del 2001, cuando Felipe Calderón Hinojosa era el coordinador parlamentario de los diputados federales de Acción Nacional, se dio aquel lamentable espectáculo del Partido Acción Nacional cuando se negó a que una delegación indígena conjunta del Congreso Nacional Indígena y del EZLN hicieran uso de la tribuna del Congreso de la Unión en ocasión de la llamada “marcha del color de la tierra”.

A pesar de que se estaba mostrando al PAN como una organización política racista e intolerante (y lo es) por negar a los indígenas el derecho a ser escuchados, Felipe Calderón Hinojosa se mantuvo en su negativa. Todo le decía que era un error asumir esa posición, pero el entonces coordinador de los diputados panistas no cedió (y terminó escondido, junto con Diego Fernández de Cevallos y otros ilustres panistas, en uno de los salones privados de la cámara, viendo por televisión a los indígenas hacer uso de la palabra en un espacio que la clase política reserva para sus sainetes).

“Sin importar los costos políticos”, habría dicho entonces Felipe Calderón Hinojosa.

Ahora dice lo mismo, aunque hoy no se trata de los costos políticos que asuma un partido político, sino de los costos humanos que paga el país entero por esa tozudez.

Estando ya por terminar esta misiva, encontré las declaraciones de la secretaria de seguridad interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, especulando sobre las posibles alianzas entre Al Qaeda y los cárteles mexicanos de la droga. Un día antes, el subsecretario del Ejército de Estados Unidos, Joseph Westphal, declaró que en México hay una forma de insurgencia encabezada por los cárteles de la droga que potencialmente podrían tomar el gobierno, lo cual implicaría una respuesta militar estadunidense. Agregó que no deseaba ver una situación en donde soldados estadunidenses fueran enviados a combatir una insurgencia “sobre nuestra frontera… o tener que enviarlos a cruzar esa frontera” hacia México.

Mientras tanto, Felipe Calderón Hinojosa, asistía a un simulacro de rescate en un pueblo de utilería, en Chihuahua, y se subió a un avión de combate F-5, se sentó en el asiento del piloto y bromeó con un “disparen misiles”.

¿De los videojuegos de estrategia a los “simuladores de combate aéreo” y “disparos en primera persona”? ¿Del Age of Empires al HAWX?

El HAWX es un videojuego de combate aéreo donde, en un futuro cercano, las empresas militares privadas (“Private military company”) han reemplazado a los ejércitos gubernamentales en varios países. La primera misión del videojuego consiste en bombardear Ciudad Juárez, Chihuahua, México, porque las “fuerzas rebeldes” se han apoderado de la plaza y amenazan con avanzar a territorio norteamericano-.

No en el videojuego, sino en Irak, una de las empresas militares privadas contratadas por el Departamento de Estado norteamericano y la Agencia Central de Inteligencia fue “Blackwater USA”, que después cambió su nombre a “Blackwater Worldwide”. Su personal cometió serios abusos en Irak, incluyendo el asesinato de civiles. Ahora cambió su nombre a “Xe Services LL” y es el más grande contratista de seguridad privada del Departamento de Estado norteamericano. Al menos el 90% de sus ganancias provienen de contratos con el gobierno de Estados Unidos.

El mismo día en el que Felipe Calderón Hinojosa bromeaba en el avión de combate (10 de febrero de 2011), y en el estado de Chihuahua, una niña de 8 años murió al ser alcanzada por una bala en un tiroteo entre personas armadas y miembros del ejército.

¿Cuándo va a terminar esa guerra?

¿Cuándo aparecerá en la pantalla del gobierno federal el “game over” del fin del juego, seguido de los créditos de los productores y patrocinadores de la guerra?

¿Cuándo va poder decir Felipe Calderón “ganamos la guerra, hemos impuesto nuestra voluntad al enemigo, le hemos destruido su capacidad material y moral de combate, hemos (re) conquistado los territorios que estaban en su poder”?

Desde que fue concebida, esa guerra no tiene final y también está perdida.

No habrá un vencedor mexicano en estas tierras (a diferencia del gobierno, el Poder extranjero sí tiene un plan para reconstruir – reordenar el territorio), y el derrotado será el último rincón del agónico Estado Nacional en México: las relaciones sociales que, dando identidad común, son la base de una Nación.

Aún antes del supuesto final, el tejido social estará roto por completo.

Resultados: la Guerra arriba y la muerte abajo.

Veamos que informa el Secretario de Gobernación federal sobre la “no guerra” de Felipe Calderón Hinojosa:

“El 2010 fue el año más violento del sexenio al acumularse 15 mil 273 homicidios vinculados al crimen organizado, 58% más que los 9 mil 614 registrados durante el 2009, de acuerdo con la estadística difundida este miércoles por el Gobierno Federal. De diciembre de 2006 al final de 2010 se contabilizaron 34 mil 612 crímenes, de las cuales 30 mil 913 son casos señalados como “ejecuciones”; tres mil 153 son denominados como “enfrentamientos” y 544 están en el apartado “homicidios-agresiones”. Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, presentó una base de datos oficial elaborada por expertos que mostrará a partir de ahora “información desagregada mensual, a nivel estatal y municipal” sobre la violencia en todo el país.” (Periódico “Vanguardia”, Coahuila, México, 13 de enero del 2011)

Preguntemos: De esos 34 mil 612 asesinados, ¿cuántos eran delincuentes? Y los más de mil niños y niñas asesinados (que el Secretario de Gobernación “olvidó” desglosar en su cuenta), ¿también eran “sicarios” del crimen organizado? Cuando en el gobierno federal se proclama que “vamos ganando”, ¿a qué cartel de la droga se refieren? ¿Cuántas decenas de miles más forman parte de esa “ridícula minoría” que es el enemigo a vencer?

Mientras allá arriba tratan inútilmente de desdramatizar en estadísticas los crímenes que su guerra ha provocado, es preciso señalar que también se está destruyendo el tejido social en casi todo el territorio nacional.

La identidad colectiva de la Nación está siendo destruida y está siendo suplantada por otra.

Porque “una identidad colectiva no es más que una imagen que un pueblo se forja de sí mismo para reconocerse como perteneciente a ese pueblo. Identidad colectiva es aquellos rasgos en que un individuo se reconoce como perteneciente a una comunidad. Y la comunidad acepta este individuo como parte de ella. Esta imagen que el pueblo se forja no es necesariamente la perduración de una imagen tradicional heredada, sino que generalmente se la forja el individuo en tanto pertenece a una cultura, para hacer consistente su pasado y su vida actual con los proyectos que tiene para esa comunidad.

Entonces, la identidad no es un simple legado que se hereda, sino que es una imagen que se construye, que cada pueblo se crea, y por lo tanto es variable y cambiante según las circunstancias históricas”. (Luis Villoro, noviembre de 1999, entrevista con Bertold Bernreuter, Aachen, Alemania).

En la identidad colectiva de buena parte del territorio nacional no está, como se nos quiere hacer creer, la disputa entre el lábaro patrio y el narco-corrido (si no se apoya al gobierno entonces se apoya a la delincuencia, y viceversa).

No.

Lo que hay es una imposición, por la fuerza de las armas, del miedo como imagen colectiva, de la incertidumbre y la vulnerabilidad como espejos en los que esos colectivos se reflejan.

¿Qué relaciones sociales se pueden mantener o tejer si el miedo es la imagen dominante con la cual se puede identificar un grupo social, si el sentido de comunidad se rompe al grito de “sálvese quien pueda”?

De esta guerra no sólo van a resultar miles de muertos… y jugosas ganancias económicas.

También, y sobre todo, va a resultar una nación destruida, despoblada, rota irremediablemente.

III.- ¿NADA QUÉ HACER?

A quienes sacan sus mezquinas sumas y restas electorales en esta cuenta mortal, les recordamos:

Hace 17 años, el 12 de enero de 1994, una gigantesca movilización ciudadana (ojo: sin jefes, comandos centrales, líderes o dirigentes) paró la guerra acá. Frente al horror, la destrucción y las muertes, hace 17 años la reacción fue casi inmediata, contundente, eficaz.

Ahora es el pasmo, la avaricia, la intolerancia, la ruindad que escatima apoyos y convoca a la inmovilidad… y la ineficacia.

La iniciativa loable de un grupo de trabajadores de la cultura (“NO MÁS SANGRE”) fue descalificada desde su inicio por no “plegarse” ante un proyecto electoral, por no cumplir el mandato de esperar al 2012.

Ahora que tienen la guerra allá, en sus ciudades, en sus calles, en sus carreteras, en sus casas, ¿qué han hecho? Digo, además de “plegarse” ante quien tiene “el mejor proyecto”.

¿Pedirle a la gente que espere al 2012? ¿Qué entonces sí hay que volver a votar por el menos malo y ahora sí se va a respetar el voto?

Si van más de 34 mil muertos en 4 años, son más de 8 mil muertes anuales. Es decir, ¿hay que esperar 16 mil muertos más para hacer algo?

Porque se va a poner peor. Si los punteros actuales para las elecciones presidenciales del 2012 (Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard), gobiernan las entidades con mayor número de ciudadanos, ¿no es de esperar que ahí aumente la “guerra contra la delincuencia organizada” con su cauda de “daños colaterales”?

¿Qué van a hacer? Nada. Van a seguir el mismo camino de intolerancia y satanización de hace 4 años, cuando en el 2006 todo lo que no fuera a favor de López Obrador era acusado de servir a la derecha. [email protected] que nos atacaron y calumniaron entonces y ahora, siguen el mismo camino frente a otros movimientos, organizaciones, protestas, movilizaciones.

¿Por qué la supuesta gran organización nacional que se prepara para que en las próximas elecciones federales, ahora sí, gane un proyecto alternativo de nación, no hace algo ahora? Digo, si piensan que pueden movilizar a millones de mexicanos para que voten por alguien, ¿por qué no movilizarlos para parar la guerra y que el país sobreviva? ¿O es un cálculo mezquino y ruin? ¿Qué la cuenta de muertes y destrucción reste al oponente y sume al elegido?

Hoy, en medio de esta guerra, el pensamiento crítico vuelve a ser postergado. Primero lo primero: el 2012 y las respuestas a las preguntas sobre los “gallos”, nuevos o reciclados, para ese futuro que se desmorona desde hoy. Todo debe subordinarse a ese calendario y a sus pasos previos: las elecciones locales en Guerrero, Baja California Sur, Hidalgo, Nayarit, Coahuila, el Estado de México.

Y mientras todo se derrumba, nos dicen que lo importante es analizar los resultados electorales, las tendencias, las posibilidades. Llaman a aguantar hasta que sea el momento de tachar la boleta electoral, y de vuelta a esperar que todo se arregle y se vuelva a levantar el frágil castillo de naipes de la clase política mexicana.

¿Recuerdan que ellos se burlaron y atacaron el que desde el 2005 llamáramos a la gente a organizarse según sus propias demandas, historia, identidad y aspiraciones y no apostar a que alguien allá arriba iba a solucionar todo?

¿Nos equivocamos nosotros o ellos?

¿Quién en las principales ciudades se atreve a decir que puede salir con tranquilidad ya no en la madrugada, sino apenas anochece?

¿Quién hace suyo el “vamos ganando” del gobierno federal y ve con respeto, y no con miedo, a soldados, marinos y policías?

¿Quiénes son los que se despiertan ahora sin saber si van a estar vivos, sanos o libres al finalizar el día que comienza?

¿Quiénes no pueden ofrecer a la gente una salida, una alternativa, que no sea esperar a las próximas elecciones?

¿Quiénes no pueden echar a andar una iniciativa que realmente prenda localmente, no digamos a nivel nacional?

¿Quiénes se quedaron solos?

Porque al final, quienes van a permanecer serán quienes resistieron; quienes no se vendieron; quienes no se rindieron; quienes no claudicaron; quienes entendieron que las soluciones no vienen de arriba, sino que se construyen abajo; quienes no apostaron ni apuestan a las ilusiones que vende una clase política que tiene tiempo que apesta como un cadáver; quienes no siguieron el calendario de arriba ni adecuaron su geografía a ese calendario convirtiendo un movimiento social en una lista de números de credenciales del IFE; quienes frente a la guerra no se quedaron inmóviles, esperando el nuevo espectáculo malabarista de la clase política en la carpa circense electoral, sino que construyeron una alternativa social, no individual, de libertad, justicia, trabajo y paz.

IV.- LA ÉTICA Y NUESTRA OTRA GUERRA.

Antes hemos dicho que la guerra es inherente al capitalismo y que la lucha por la paz es anticapitalista.

Usted, Don Luis, ha dicho también antes que “la moralidad social constituye sólo un primer nivel, precrítico, de la ética. La ética crítica empieza cuando el sujeto se distancia de las formas de moralidad existentes y se pregunta por la validez de sus reglas y comportamientos. Puede percatarse de que la moralidad social no cumple las virtudes que proclama” ¿Es posible traer la Ética a la guerra? ¿Es posible hacerla irrumpir por entre desfiles castrenses, grados militares, retenes, operativos, combates, muertes? ¿Es posible traerla a cuestionar la validez de las reglas y comportamientos militares?

¿O el planteamiento de su posibilidad no es más que un ejercicio de especulación filosófica?

Porque tal vez la inclusión de ese “otro” elemento en la guerra sólo sería posible en una paradoja. Incluir la ética como factor determinante de un conflicto traería como consecuencia un reconocimiento radical: el contrincante sabe que el resultado de su “triunfo” será su derrota.

Y no me refiero a la derrota como “destrucción” o “abandono”, sino a la negación de la existencia como fuerza beligerante. Esto es, una fuerza hace una guerra que, si la gana, significará su desaparición como fuerza. Y si la pierde igual, pero nadie hace una guerra para perderla (bueno, Felipe Calderón Hinojosa sí).

Y aquí está la paradoja de la guerra zapatista: si perdemos, ganamos; y si ganamos, ganamos. La clave está en que la nuestra es una guerra que no pretende destruir al contrario en el sentido clásico.

Es una guerra que trata de anular el terreno de su realización y las posibilidades de los contrincantes (nosotros incluidos).

Es una guerra para dejar de ser lo que ahora somos y así ser lo que debemos ser.

Esto ha sido posible porque reconocemos al otro, a la otra, a lo otro, que, en otras tierras de México y del Mundo, y sin ser iguales a nosotros, sufren los mismos dolores, sostienen resistencias semejantes, que luchan por una identidad múltiple que no anule, avasalle, conquiste, y que anhelan un mundo sin ejércitos.

Hace 17 años, el 1 de enero de 1994, se hizo visible la guerra contra los pueblos originarios de México.

Mirando la geografía nacional en este calendario, nosotros recordamos:

¿No éramos nosotros, los zapatistas, los violentos? ¿No se nos acusó a nosotros de pretender partir el territorio nacional? ¿No se dijo que nuestro objetivo era destruir la paz social, minar las instituciones, sembrar el caos, promover el terror y acabar con el bienestar de una Nación libre, independiente y soberana? ¿No se señaló hasta el hartazgo que nuestra demanda de reconocimiento a los derechos y la cultura indígenas socavaba el orden social?

Hace 17 años, el 12 de enero de 1994, una movilización civil, sin pertenencia política definida, nos demandó intentar el camino del diálogo para resolver nuestras demandas.

Nosotros cumplimos.

Una y otra vez, a pesar de la guerra en contra nuestra, insistimos en iniciativas pacíficas.

Durante años hemos resistido ataques militares, ideológicos y económicos, y ahora el silencio sobre lo que acá ocurre.

En las condiciones más difíciles no sólo no nos rendimos, ni nos vendimos, ni claudicamos, también construimos mejores condiciones de vida en nuestros pueblos.

Al principio de esta misiva dije que la guerra es una vieja conocida de los pueblos originarios, de los indígenas mexicanos.

Más de 500 años después, más de 200 años después, más de 100 años después, y ahora con ese otro movimiento que reclama su múltiple identidad comunal, decimos:

Aquí estamos.

Tenemos identidad.

Tenemos sentido de comunidad porque ni esperamos ni suspiramos porque vinieran de arriba las soluciones que necesitamos y merecemos.

Porque no sujetamos nuestro a andar a quien hacia arriba mira.

Porque, manteniendo la independencia de nuestra propuesta, nos relacionamos con equidad con lo otro que, como nosotros, no sólo resiste, también se ha ido construyendo una identidad propia que le da pertenencia social, y ahora también le representa la única oportunidad sólida de supervivencia al desastre.

Nosotros somos pocos, nuestra geografía es limitada, somos nadie.

Somos pueblos originarios dispersos en la geografía y el calendario más distantes.

Nosotros somos otra cosa.

Somos pocos y nuestra geografía es limitada.

Pero en nuestro calendario no manda la zozobra.

Nosotros sólo nos tenemos a nosotros mismos.

Tal vez es poco lo que tenemos, pero no tenemos miedo.

Vale, Don Luis. Salud y que la reflexión crítica anime nuevos pasos.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos. México, Enero-Febrero del 2011

Ejército Zapatista de Liberación Nacional





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Sábado, 05 Junio 2010 08:07

Vida artificial con fines de lucro

El pasado 20 de mayo, el controvertido científico Craig Venter anunció que el Instituto Venter y su empresa Synthetic Genomics Inc, habían construido en laboratorio el primer genoma completo totalmente artificial, con capacidad de auto-replicación. Insertaron este genoma artificial en una bacteria a la que habían previamente despojado de su material genético y lograron que el genoma sintético intruso comandara la bacteria, replicándose.

Son muchos los temas y problemas que plantea construir y liberar vida artificial, desde éticos a bélicos –por su alto potencial como armas biológicas– así como por los graves impactos ambientales y económicos que tendría.

Sin embargo, con la arrogancia que lo caracteriza, Venter anunció el hecho como si fuera un estreno de Hollywood, encomiando sus logros y desestimando los riesgos de esta nueva forma de manipulación de la vida. Según él, la construcción de vida artificial será la solución para problemas energéticos, climáticos, ambientales, alimentarios y de salud. Todo en función del lucro que pueda conseguir con ello, por lo que ha patentado todo el proceso y para que nadie pueda usar o copiar su invento, introdujo en el genoma artificial secuencias genéticas que identifican su propiedad.

Un macabro ejemplo que muestra el tipo de "solución" al que se refiere Venter, es la colaboración de Synthetic Genomics, la empresa de la cual es co-fundador (con capitales y participación de los mexicanos Alfonso Romo y Juan Enríquez), con empresas que están entre las más sucias del planeta: las petroleras Exxon y BP. Buscan desarrollar combustibles a partir de su producción con microbios construidos artificialmente y basados en algas transgénicas y microalgas con genoma artificial. Implicaría la liberación masiva de vida artificial en miles de kilómetros del mar, con impactos potenciales mucho más allá de lo que nadie pueda predecir, ya que nunca ha habido vida artificial en interacción con el medio ambiente y otros organismos vivos.

Con el reciente mega-derrame de petróleo en el Golfo de México, BP ha demostrado fehacientemente al mundo que en función de ahorrarse dinero en medidas de seguridad, no duda en poner en riesgo enormes áreas naturales y ecosistemas, la vida de millones de seres vivos y las formas de vida y sustento de cientos de miles de personas. Imagine usted lo que puede surgir de la colaboración entre los entusiastas de la manipulación y privatización de la vida y de la ciencia con las empresas más contaminantes e irresponsables del planeta.

Aunque otros científicos cuestionan, con razón, que ésta sea creación de "vida" artificial, ya que en realidad Venter introdujo un genoma en una bacteria pre-existente, ello no disminuye los riesgos que significa este engendro. El objetivo de Venter es crear un genoma "mínimo" que se pueda construir artificialmente para usarlo como una plataforma, un "chasís" al que agregarle diferentes genes según la función que se busque. Por eso afirma que se podría usar en tantos campos: dependería de los genes que se les agregue.

Para buscar esos genes, Venter se ha dedicado a biopiratear sitios megadiversos del mundo (incluyendo México, Ecuador, El Salvador y otros de América Latina y el mundo). Cuenta ahora con una enorme colección de genes con características extremas, para sus fines comerciales. Mientras los colectaba aseguró que eran para investigación "sin fines de lucro". Poco después declaró que si lograba construir un microbio artificial para producir combustibles, valdría "billones de dólares", y "sin duda patentaría todo el proceso".

Lo que Venter y otros que trabajan en biología sintética no nombran, es que si funcionan, necesitarán alguna fuente de carbohidratos para alimentar esos microbios artificiales y producir lo que avizoran. Eso significará un ataque masivo con nuevas fronteras de explotación y comercialización de la "biomasa" del planeta, de los cultivos y bosques existentes y/o nuevos acaparamientos de tierra para sembrar interminables monocultivos para procesar con microbios artificiales. Esto acarreará más impactos ambientales y sociales, con desplazamientos de campesinos, indígenas y otros habitantes en esas tierras. En lugar de buscar el petróleo bajo tierra, que es biomasa procesada en millones de años, ahora quieren convertir en hidrocarburos y polímeros la biomasa sobre la tierra (y el mar), existente o por sembrar.

Cada vez hay más evidencias científicas de que el funcionamiento de los genes y su relación dentro de los organismos y con el medio, son mucho más complejas de lo que se creía. La construcción de vida artificial en laboratorio puede "funcionar", pero no hay duda que violenta los largos procesos co-evolutivos naturales de los organismos y el ambiente, con impactos impredecibles sobre éstos.

Por éstas y otras razones, el cuerpo científico técnico del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas acordó en Nairobi, al día siguiente del anuncio de Venter, enviar una recomendación de moratoria a la liberación de organismos vivos artificiales, a la próxima sesión del Convenio. Es apenas un comienzo, que marca la urgencia de un amplio debate social para impedir que empresas y científicos ávidos de lucro sigan actuando en la impunidad.

Silvia Ribeiro*
*Investigadora del Grupo ETC
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