Miércoles, 24 Marzo 2010 05:25

Cámaras ocultas en discusión

En días pasados se ha iniciado –o más bien ha retomado vigencia– el debate sobre el uso de las cámaras ocultas en los medios de comunicación y su justificación y validación. Alrededor de este dispositivo existe un gran conjunto de cuestiones y matices pero, sin lugar a dudas, el primer punto a considerar es si se ha tratado de un caso de investigación periodística o si sus contenidos son más bien propios de un programa de espectáculos. A partir de allí pueden cuestionarse los marcos éticos o normativos.
 
En términos periodísticos las reglas de autorregulación suelen aconsejar que la utilización de cámaras ocultas se considere un recurso de última instancia que sólo es admisible cuando el registro periodístico no puede ser obtenido por otras vías y requiere la presencia -como justificación- de razones de interés público.
 
Según el código de prácticas de la prensa inglesa, por ejemplo, esto abarcaría hipótesis aplicables a situaciones tales como: a) detectar o exponer un crimen o una conducta seriamente impropia; b) proteger la salud y la seguridad pública; 3) prevenir al público de ser engañado o defraudado por una acción o afirmación de un individuo u organización. En este posible contexto y posiblemente sólo en él, es que quizá sea justificable que el periodista oculte su condición de tal y se haga pasar por otra cosa. Pero es imprescindible hacer énfasis en quién realiza la acción: es el profesional, el periodista, quien disimula su condición y es él mismo quien toma conocimiento de ciertos hechos de interés público. Al ser el periodista el que hace uso de estas prácticas, es por lo tanto de quien se debe esperar el cumplimiento de estándares éticos.
 
Otra de las tantas cuestiones a dirimir es si los profesionales de la prensa deben poner en conocimiento de las autoridades que habrán de realizar una cobertura periodística en estas condiciones. Nada indica que deba ser así para validar la actividad realizada si el interés es periodístico. Muchos profesionales defienden a ultranza no tener ningún punto en contacto con las autoridades cuando realizan sus investigaciones. Y está bien que así sea. Pero, en tal caso, nada de ello podrá o debería ser tomado por cierto y válido como prueba judicial si se la recoge en violación a las reglas de procedimiento que garantizan el derecho de defensa de quien resultara comprometido por las imágenes y las grabaciones. Y sobre los contenidos relacionados con la vida privada, el principio general es que sólo las intromisiones arbitrarias pueden generar responsabilidades ulteriores.
 
Ahora bien: ¿Qué pasa si el contexto no es periodístico? ¿Y si fuera un espectáculo de interés general? Si la finalidad no es registrar hechos sino construir los acontecimientos: ¿Qué reglas éticas caben? ¿Existen? ¿Permiten utilizar cualquier recurso? ¿Se puede admitir que los contenidos no periodísticos tengan principios de autorregulación éticos y estéticos más relajados que los que se pretenden para el periodismo? ¿Cómo los profesionales del periodismo podrían considerar que sus labores de investigación sean asumidas por quienes no tienen experiencia o preparación profesional? ¿Cómo hacernos cargo y discutir si niños, niñas o adolescentes pueden ser comprometidos en imágenes que los vinculan a prácticas que sugieran su explotación de cualquier forma? ¿Qué decir de la estigmatización de la mujer? ¿Es razonable que el hilo se corte por lo más delgado y quien sufra primero las consecuencias de lo hecho –a título personal y con riesgo de procesos penales– sea quien aparece en cámara? ¿No es ya hora de que los periodistas cuenten con cláusulas que les permitan mantener indemnes sus principios (los cuales no deben estar fijados por una ley) frente a las empresas? ¿Es dable pensar lo mismo respecto de la actividad publicitaria y que los trabajadores creativos tengan también cláusula de conciencia?
 
No es el caso pretender la promoción de un debate sobre tribunales de ética o leyes que impongan ni principios éticos obligatorios ni restricciones a la libertad de expresión, como posiblemente surgirán iniciativas al respecto como reacción desde algunos sectores. Sí parece menester invitar a que los debates sobre contenidos, estéticas y estándares que pongan en juego los derechos y obligaciones de los trabajadores de los medios, de las empresas de medios de comunicación social y los derechos de los públicos –el plural es adrede– sean menos espasmódicos y muchísimo más visibles. En el año 2004 el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas le “recomendó” en su informe individual a la Argentina que tomara medidas para combatir la propaganda racista en los medios de información y nadie parecía asumir que ello importa la discusión de qué se emite y quién lo decide.
 
Quizá sea necesario insistir respecto a que no es posible contemplar como solución salir a hacer leyes sino visibilizar las cuestiones y discutirlas escuchando la polifonía de voces de nuestra sociedad, y no acallándolas como si nada ocurriera. La Corte de los Estados Unidos ha dicho –en el que sea posiblemente el caso más famoso de radiodifusión (“Red Lion vs. FCC”)– que “es el derecho de los oyentes y televidentes, y no el derecho de los radiodifusores, el que es supremo en el caso”. Con más pluralidad, más debate y más derechos para los públicos las cosas deberían ir mejorando.

Por Damián Loreti, Doctor en Comunicación. Abogado. Docente e investigador. Ex vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales UBA.
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Miércoles, 17 Febrero 2010 18:40

Guevara y Allende

En el curso de un encuentro con los lectores, alguien del público me pide que compare la figura de Allende con la del Che Guevara y diga cuál de los dos tenía razón.

La pregunta encierra la opinión de que sólo uno de ellos podía tener razón, y el público espera a que yo escoja entre los caminos elegidos por Ernesto Guevara y por Salvador Allende.

En un determinado momento de su vida, Guevara abandona el despacho del ministro y su mesa de trabajo para marcharse a Bolivia, donde organiza un destacamento de guerrilla. Muere siendo el comandante de ese destacamento.

Allende, al contrario, muere defendiendo su mesa de trabajo, su despacho de presidente, del cual sólo lo sacarían –como siempre había dicho– "en un traje de madera".

Aparentemente, pues, se trata de dos muertes muy diferentes, pero en realidad esa diferencia no estriba más que en el lugar, el tiempo y las circunstancias. Tanto Allende como Guevara sacrifican su vida por el poder del pueblo. El primero defendiéndolo, el segundo luchando por conseguirlo. La mesa de Allende sólo es un símbolo, al igual que lo son las botas de campesino que calza Guevara.

Hasta el último momento los dos están convencidos de haber elegido el más justo y acertado de los caminos. Para Guevara, es el de la acción armada. Y se sabe que ésta no puede saldarse sin víctimas. Para Allende, es el camino de la lucha política. Él quiere evitar víctimas cueste lo que cueste.

Los dos eran médicos. Guevara, cirujano; Allende, internista. ¿Influyó tal cosa en sus actitudes? Al elegir una profesión, la persona se guía por una serie de motivos psicológicos. Indudablemente, pero ¿también fue así en este caso? No lo sé. Los tiros que acaban con la vida de Guevara y de Allende no se disparan desde un escondite. Los dos aceptan su muerte conscientemente, a sabiendas de que llega. Cada uno de ellos puede salvarse, tiene su oportunidad, tiene tiempo. Entre la captura de Guevara herido y su ejecución transcurren veinte horas. El coronel Zenteno le promete que conservará la vida si consiente en comparecer ante un tribunal como acusado. Guevara rechaza la propuesta. Maniatado, permanece sentado en el suelo de tierra de la escuela rural de Higueras y calla, se niega a hablar. Le duele el muslo abierto por el balazo, le duelen los forúnculos, le asfixia el asma. Quizá ni siquiera se da cuenta del momento en que en la ventana aparece un sargento que aprieta el gatillo de su metralleta.

Allende dispone de ocho horas. Por la mañana se entera de que hay un avión esperándolo, que puede ir donde quiera, a condición de que dimita, de que abandone su puesto. Pero no lo hará. Todavía ayer era un señor mayor, de rostro cansado y preocupado, ya grave , ya bonachón, vestido siempre con sofisticada elegancia. Hoy rebosa en nuevas energías, en una fuerza y una vitalidad que asombra a todo el mundo: dispara, dicta órdenes, lidera su última batalla. Pasan las horas. A su alrededor hay muertos y heridos. También él está herido. Pero el pulso sigue firme, la metralleta no falla la diana. El ejército irrumpe en el Palacio. En uno de los salones, en medio del humo, el polvo y el olor a quemado, seguirá disparando hasta el final un hombre bajo, aunque robusto, cumplidos con creces los sesenta, con casco de minero y jersey de cuello alto: el presidente de la república.

En la manera en que mueren Guevara y Allende hay una implacable determinación, una inexorabilidad conscientemente escogida, una tremenda dignidad. En esas últimas horas, todo lo que podría llevar a la salvación queda rechazado: regateos, tejemanejes, compromisos, rendición o huida. El camino, ya despejado y recto, no lleva sino a la muerte.

Tanto una como otra, sus muertes son un lance de honor, un desafío. Un deseo de manifestar públicamente la justicia de sus convicciones y una disposición, más allá de toda vacilación, a pagar por ellas el máximo precio. Me veo obligado a irme, pero no me voy del todo, no por completo, no para siempre. Se tienen que ir: esto lo saben los dos, llevan tiempo preparándose para ello. Guevara se despide de Fidel, de sus padres y de sus hijos en unas cartas escritas meses atrás. Allende empieza su último y trágico día despidiéndose de sus hijas y, en un discurso radiado, del pueblo. A partir de entonces los dos se quedarán a solas con el destino, rodeados por un puñado de hombres que los seguirán hasta el final. Seguir hasta el final: ésta será la idea que los acompañará durante el resto de las horas que les quedan. Hasta el final actúan, no tienen tiempo, están ocupados en sus cometidos.

Los dos caen en plena marcha.

Sus muertes: tan parecidas; sus vidas: tan diferentes.

Dos personalidades antitéticas, dos temperamentos diametralmente opuestos.

Siendo un muchacho, Guevara viaja por el Amazonas en una balsa, quiere atravesar toda América Latina en bicicleta. Va a Bolivia por mor de una revolución, va a Guatemala por mor de una revolución, finalmente llega a México, que, tiempo atrás, también había sido escenario de una revolución. Allí conoce a Fidel Castro y juntos organizan el desembarco guerrillero en Cuba. Al alcanzar la costa caen en una emboscada. Es el 2 de diciembre de 1956. De los ochenta y dos milicianos sólo una docena queda con vida. Ni siquiera todos van armados con un fusil. Guevara está herido. Y aquella docena de hombres empieza la mayor epopeya de la historia reciente de América Latina.

La naturaleza inquieta de Guevara no para de empujarlo hacia delante, pero la suya es una inquietud dirigida, su energía se concentra en la causa revolucionaria.

Toda su vida es una constante búsqueda de un campo de batalla.

Nacido en 1928, muere a los treinta y nueve años. Pertenece a esa generación de jóvenes latinoamericanos que, tras levantarse en armas, en los años cincuenta se alzan con su primera y maravillosa victoria. A partir de ella se creerán que la historia enseguida, y siempre, se pone del lado de las causas más nobles. Muchos han pagado por esa fe con sus propias vidas. Estaban convencidos de que las masas no hacían sino esperar una señal, de que el barril estaba lleno de pólvora y de que bastaba con una sola chispa. Y, según ellos, esa chispa no era otra cosa que un destacamento de guerrilleros entregados a la causa, dispuestos a todo. Poco a poco se les unirían voluntarios y el destacamento se convertiría en un ejército popular que tomaría el poder y haría la revolución.

Guevara crea un destacamento así en Bolivia y empieza a combatir. Espera la llegada de voluntarios, sobre todo campesinos. Pero los campesinos no se le unen. Un campesino apellidado Rojas denuncia, condenándolos a la muerte, a trece hombres del destacamento de Guevara. El oficial del ejército le paga por ello cinco dólares, a los que añade una barra de chocolate. En su Diario, Guevara menciona a cada momento lo difícil que le resulta entenderse con los campesinos. Pero no es de extrañar. Él proviene de una familia burguesa argentina, es blanco y habla en español. En cambio el campesino al que espera es indio, sólo habla quechua y desconfía de los blancos, que lo han explotado durante siglos. Ese campesino de la desértica y olvidada provincia boliviana –que está tan alejada de la civilización moderna como la luna de la Tierra– no quiere luchar contra la corrupta dictadura del presidente Barrientos, porque ha oído decir que hace algún tiempo dicho presidente se presentó en una aldea y regaló a todo el mundo un par de zapatos. Los zapatos son el gran sueño de los campesinos. ¿Qué les pueden ofrecer los guerrilleros?
Foto
Portada del libro de Ryszard Kapuscinski (1932-2007)

Además, los guerrilleros han llegado de la ciudad o de otros países. En cambio los soldados que los combaten son chicos de las aldeas vecinas. Indios que hablan quechua. Cierto que los oficiales son hombres blancos y han recibido instrucción en academias norteamericanas. Pero el ranger raso es hijo de campesinos, nacido y criado en sus mismos pagos. En ese territorio desértico, yermo y pedregoso en el que los guerrilleros se pierden a cada momento y nunca están seguros de si van en la buena dirección, los soldados se sienten como el pez en el agua. Conocen cada piedra, cada quebrada. Allí habían jugado de niños, por aquel sendero iban a buscar agua.

Alrededor del destacamento de Guevara se estrecha el cerco de la muerte. Hambrientos y exhaustos, los hombres libran una batalla desigual en la que quedan derrotados. Es soleado y muy caluroso el último día del Che.

La vida de Salvador Allende discurre por otra vía. Aunque también entregada a la causa, es una vida ordenada, regular, sin sacudidas. A sus veintinueve años, Ernesto Guevara lidera el frente guerrillero en Sierra Maestra, tiene el brazo en cabestrillo y ha burlado la muerte en más de una ocasión. A sus veintinueve años, Salvador Allende se convierte en diputado al Parlamento y los amigos le auguran una carrera vertiginosa. Tiene treinta y un años cuando se hace cargo de la cartera de ministro de la Salud en el gobierno del radical Aguirre Cerda. Ingresa en una logia masónica. Funda el partido socialista. En 1945 es senador. Cuatro veces es candidato a la presidencia de la república: en 1953, 1958, 1964 y 1970. En veinte años es el único candidato de la izquierda a este cargo. Toda la vida de Allende transcurre en Santiago, en el Parlamento, o en las provincias chilenas, adonde lo llevan sus largas campañas electorales. El Parlamento de Chile: un edificio gris y feo, situado en el centro de la ciudad, calle de la Catedral. Aquí tiene Allende su despacho de senador. Estanterías desde el suelo hasta el techo, y en ellas, docenas de volúmenes de leyes y enmiendas a esas leyes, mil veces estu-diadas, corregidas y aumentadas. En este edificio, Allende trabaja y lucha treinta y tres años, primero como diputado, después como senador. El edificio forma su mentalidad legalista, su perfecto dominio del derecho, de la constitución, de la ley. De todos modos, la izquierda chilena siempre ha sido una acérrima defensora de la Constitución y del Parlamento burgueses. Sólo aparentemente es una paradoja. La Constitución y el Parlamento garantizaban a la izquierda la libertad de actuar dentro de la legalidad, le brindaban la posibilidad de llevar su lucha política abiertamente. En 1969, durante el mandato del presidente Frei, el general Roberto Viaux quiso dar un golpe de Estado y clausurar el Parlamento. Fue precisamente la izquierda la que lo salvó, la que salvó ese mismo Parlamento que durante el mandato presidencial de Allende se convertirá en el principal centro de oposición, provocación y sedición. Pero Allende, que durante toda su vida ha construido la autoridad del Parlamento, una vez jurado el cargo de presidente, no lo disolverá aun a precio de perder el poder y la vida.

A menudo se oye la pregunta de por qué Allende no armó al pueblo y no empezó una guerra civil.

Distribuir armas a gran escala era imposible, porque en Chile el servicio de espionaje interno está en manos del ejército, el cual se habría enterado enseguida de cualquier traslado de partidas de armamento, de la formación de destacamentos populares, de su instrucción, etcétera. Tal cosa sólo habría acelerado el golpe. Además, Allende sabía que se trataba de un ejército moderno, con enorme potencia de fuego y que llamar a luchar contra semejante fuerza a un pueblo mal armado habría supuesto cientos de miles de víctimas, el derramamiento de sangre de la mitad de la nación.

En su rechazo a la guerra civil Allende también se guía por un importante principio moral. Cuando tomaba posesión de su cargo, él, el primer presidente popular de Chile, juró respetar la constitución. Y la constitución obliga al presidente a hacer todo lo posible para evitar el estallido de una guerra civil.

Allende desea preservar la honestidad ética.

De la misma manera se comporta Guevara.

Su destacamento no para de capturar prisioneros, soldados rasos y oficiales, a los que suelta enseguida. Desde el punto de vista militar, comete un grave error: los prisioneros no tardan en informar del lugar en que se encuentra el destacamento, del número de sus miembros y de su armamento. Pero Guevara no fusila a ninguno. "Estáis libres", les dice; "nosotros, los revolucionarios, somos personas moralmente honestas, no vamos a ensañarnos con un adversario desarmado".

Este principio de honestidad moral es un rasgo característico de la izquierda latinoamericana. También es causa de sus frecuentes derrotas en la política y en la lucha. Pero hay que intentar entender su situación. Todo joven latinoamericano crece rodeado de un mundo corrupto. Es el mundo de una política hecha por y para el dinero, de la demagogia desenfrenada, del asesinato y el terror policial, de una plutocracia implacable y derrochadora, de una burguesía ávida de todo, de explotadores cínicos, de arribistas vacuos y depravados, de muchachas empujadas a cambiar fácilmente de hombre. El joven revolucionario rechaza ese mundo, desea destruirlo, y antes de que sea capaz de hacerlo, quiere contraponerle un mundo diferente, puro y honrado, quiere contraponerle a sí mismo.

En la rebeldía de la izquierda latinoamericana siempre está presente ese factor de purificación moral, un sentimiento de superioridad ética, una preocupación por mantener esa superioridad frente al adversario. Perderé, me matarán, pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias.

Tanto Guevara como Allende son los mejores exponentes de esta actitud, que es toda una escuela de pensamiento. La pregunta importante es: ¿su trayectoria revela un intento consciente de crear un modelo para generaciones futuras que tal vez vivirán en ese mundo por el que ellos luchan y mueren?

¿Acaso se puede responder a la pregunta de cuál de ellos tenía razón? La tenían los dos. Actuaron en circunstancias diferentes, pero el objetivo de sus actuaciones era el mismo. ¿Cometieron errores? Eran seres humanos, ésta es la respuesta. Los dos han escrito el primer capítulo de la historia revolucionaria de América Latina, de esa historia que apenas está en sus inicios y de la que no sabemos cómo evolucionará.

Por Ryszard Kapuscinski


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París, 23 de octubre. El ex guerrillero José Mujica, que disputa el domingo la presidencia de Uruguay, encarna la ética del movimiento tupamaro, que usó la astucia más que la violencia y por eso no mete miedo, opinó el analista Alain Labrousse, que acaba de publicar un libro sobre los rebeldes.

Labrousse retrata 40 años del movimiento rebelde en Los tupamaros, de las armas a las urnas, y subraya que el fantasma de la violencia no ha jugado un papel en la campaña en Uruguay, a diferencia de otros países donde ex guerrilleros han disputado cargos.

A Mujica le lanzaron lo de su pasado tupamaro, su pasado guerrillero, pero el factor miedo no prendió, subrayó el analista, que entrevistó a unos 70 ex guerrilleros –desde líderes a simples militantes– para escribir este volumen sobre el movimiento revolucionario que califica como el más original de América Latina.

Labrousse, cuyo libro salió esta semana en Francia publicado por Editions du Rocher, y hace unas semanas en Uruguay y Argentina por la editorial Fin de Siglo, afirmó que casi siempre sus acciones tenían un carácter más simbólico que violento, lo que los diferencia mucho de movimientos en Argentina, como Montoneros.

Mujica asume ese pasado guerrillero, y parece muy coherente con él. Hay coherencia entre su modo de vida, su ética, el partido en el que está y las metas de su gobierno. Por eso no mete miedo. Y también, nadie lo ha acusado nunca de que se haya corrompido con el poder, declaró.

“Muchos me dicen que ser tupamaro no es pertenecer a un partido político, es una cuestión ética, mental, es un proyecto de vida o de sociedad. Llaman a eso el tupamaraje’”, señala al analista.

Labrousse rechaza que Mujica sea un populista, aunque, aclara, tiene el contacto, habla como la gente del campo, es del campo, cultiva flores para vivir un poco mejor. Pero su reflexión, su discurso, es muy intelectual, muy construido. Como por ejemplo cuando llama a la masificación de la cultura, señala.

En opinión de Labrousse, la fórmula del Frente Amplio, Mujica y Danilo Astori (ex ministro de Economía y candidato a vicepresidente) es adecuada, porque Mujica no tiene la formación suficiente para ir a Washington a dirigir por ejemplo negociaciones con organizaciones multilaterales.

Para eso está Danilo Astori, dijo, al señalar que Mujica no es economista y como ministro de Agricultura no hizo muchas cosas novedosas. Tampoco es un político, es un tipo bastante espontáneo, por eso suelta cosas que no tendría que decir, y señala que Mujica va a lanzar ideas originales, novedosas y va a hacer el acompañamiento con la gente.

No creo que gane en la primera, pero ganará en la segunda, vaticinó el analista, que señala que la élite de izquierda no se siente representada por Mujica, a quien consideran un gaucho. Ni tampoco muchos de los uruguayos, sobre todo los de Montevideo, que son más de la mitad del país, que se sienten un pueblo ilustrado, culto, mirando a Europa, dice.

Pero creo que ante el ultraliberalismo de (Luis Alberto) Lacalle, van a votar por Mujica, que, tras volcarse en la lucha democrática con otros dirigentes tupamaros ha aplicado los mismos métodos en su lucha con las armas a las urnas, explicó Labrousse, quien es también especialista sobre la geopolítica de las drogas.


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Domingo, 09 Agosto 2009 09:00

Se dice y no se hace

El Código de Etica de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) establece, entre otras cosas, que sus soldados deben “observar las leyes del Estado y las normas de la dignidad humana, y honrar los valores del Estado de Israel en tanto que estado judío y democrático”. Más adelante abunda en el concepto y subraya: “Las FDI y sus soldados están obligados a proteger la dignidad humana. Cada ser humano tiene valor, con independencia de su origen, religión, nacionalidad, género o posición” (dover.idf.il). Un vocero de las FDI declaró no hace mucho a los medios israelíes que “las FDI tienen más moral que cualquier otro ejército del mundo” (www.haaretz.com, 22-7-09). Qué bien.

El comentario del vocero salió al paso de un folleto que contiene 54 testimonios de 30 efectivos israelíes que operaron durante la segunda Intifada en los territorios palestinos ocupados. Fueron recogidos por Rompiendo el Silencio (RS), una organización de veteranos de las FDI preocupados por “la profundidad de la corrupción que se extiende en las filas militares israelíes” (www.shovrimshtika.org, 15-7-09). Señalan que los soldados a los que dan el alta y regresan a la vida civil “descubren la brecha entre la realidad que conocieron en los territorios (ocupados) y el silencio que impera en sus hogares... la sociedad israelí continúa haciendo la vista gorda y negando lo que ocurre en su nombre”. Los entrevistados por RS conservan el anonimato para evitar sanciones y sí hablan de lo que ocurre en esos territorios.

Relato de un sargento de la unidad blindada 401: “Tirar con armas automáticas por toda la ciudad, a casas y puertas, era algo que todos hacían, no únicamente yo. No sé por qué lo hice. No pensaba. Portaba un arma. En el ejército nunca pensaba. Hacía lo que me decían que tenía que hacer. Y además, todos lo hacían. Era la costumbre, los oficiales y demás, todos lo sabían”. De un sargento primero del Batallón de Artillería 55: cuando su unidad “volvía de operar, arrojábamos granadas de estruendo y de humo a las panaderías que estaban abiertas de 4 a 5 de la mañana porque la gente nos tiraba piedras... Una vez disparé 1500 tiros de ametralladora a las casas de la ciudad”. La ciudad era palestina, desde luego.

Un fatigado argumento que las FDI utilizan para justificar el bombardeo indiscriminado de poblaciones enteras sostiene que los militantes de Hamas se escudan en civiles. “A veces –informa un soldado israelí– la fuerza entra con un civil delante que lleva en las espaldas unos cañones de fusil, se ingresa en la casa usándolo de escudo humano.” ¿Proyección en el otro de lo propio?, diría un psicólogo. RS registra testimonios del uso ilegal de fósforo blanco en vecindades palestinas densamente pobladas. Un soldado señala: “Durante el entrenamiento nos enseñan que no se emplea el fósforo blanco porque es inhumano. Uno ve documentales, observa lo que les pasa a las personas alcanzadas y se dice a sí mismo ‘eso lo hacemos nosotros también’... es inesperado, yo pensé que pertenecía al ejército más humano del mundo”.

Durante la Operación Plomo Fundido que las FDI realizaron en Gaza del 27-2-08 al 18-1-09, en la que además bombardearon instalaciones de la ONU, el asesinato de civiles fue regla. Describió el jefe de un pelotón de Infantería: “El francotirador (israelí) vio a una mujer y a niños que se le acercaban traspasando la línea que nadie podía cruzar según se le había indicado. Les disparó de inmediato. En todo caso, lo que ocurrió es que finalmente los mató. No creo que se haya sentido muy mal por eso. Después de todo, en lo que a él se refiere, hizo su trabajo siguiendo las órdenes que se le impartieron... La vida de los palestinos, digamos, es algo mucho mucho menos importante que la vida de nuestros soldados” (www.haaretz.com, 15-7-09). Una ligera contradicción con el Código de Etica de las FDI.

Dos tácticas para allanar casas se enseñan a los efectivos israelíes, la “seca” y la “húmeda”. En Gaza sólo se empleó la última, es decir, hacer fuego graneado con misiles, proyectiles de tanques, ametralladoras, granadas, todo. En el terreno, las órdenes de allanamiento húmedo significaban “disparar al entrar en (una casa) o habitación para que nadie nos pudiera disparar”, testimonia un soldado. Y otro: “Se demolían las casas en todas partes con un tremendo poder de fuego. Ni una quedaba intacta”; los bulldozers D-9 arrasaban con todo “en el área que se nos había asignado. Era espantoso, como en esas películas sobre la Segunda Guerra Mundial en que nada queda en pie. Una ciudad totalmente destruida”.

“Eso es y fue lo tan bonito de Gaza. Uno ve a una persona en un camino y se le puede disparar sin más”, declaró un efectivo de las fuerzas armadas que “tienen más moral que cualquier otro ejército del mundo”. Señaló el periodista israelí Gideon Levy (www.haaretz.com, 22-7-09): “Esto sólo cambiará cuando reconozcamos que los palestinos son seres humanos”.

Por Juan Gelman
 

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Miércoles, 15 Abril 2009 06:56

Las éticas de Walsh

Encontré Operación Masacre en la biblioteca de mi viejo. Corría la dictadura y yo tenía, creo, 16 años. Supongo que era herencia de la biblioteca de mi abuelo que fue director del diario católico El Pueblo, quizás uno de los últimos diarios confesionales masivos. En 1945, por una nota alusiva al 17 de Octubre y proclive al movimiento peronista en ciernes, se vio obligado a retirarse de la conducción del periódico. Como imaginarán, el abuelo era un nacionalista conservador (con todo lo que eso implica para los años cuarenta) que las circunstancias históricas pusieron ante un dilema. La leyenda familiar cuenta que, entre otros perjuicios, como consecuencia de aquella decisión, perdimos la modesta fortuna de una quinta y un caballo blanco en el que mi viejo y sus hermanos jugaban a los cowboys.

Hace algunos meses, a propósito de un seminario sobre Dilemas Eticos del Periodismo en la Maestría de Periodismo de la UBA (algunos alumnos podrán en este momento recordar la clase), había observado las diferentes éticas que Walsh había desarrollado en su vida profesional. Les recordaba a los alumnos que el primer Walsh, el que va de la serie de novelas policiales como Variaciones en Rojo hasta Operación Masacre en 1957, está ligado a la idea del periodista como detective, en el mejor estilo de la novela inglesa. Hay una ética racionalista, y el trabajo del periodista es descubrir la verdad (¿quién es el asesino?) y presentarla ante la opinión pública (una suerte de lector de la novela de la vida) para que la justicia, al fin y al cabo, cumpla con su cometido. Ahí el periodista usa las dos armas fundamentales del conocimiento: la sensibilidad y la razón, como el Guillermo de Baskerville, que plasmó Umberto Eco en El nombre de la rosa. Si buscara ahora el libro en la biblioteca de mi viejo encontraría estas palabras: “Es que uno llega a creer en las novelas policiales que ha leído o escrito, y piensa que una historia así, con un muerto que habla, se la van a pelear en las redacciones, piensa que está corriendo una carrera contra el tiempo, que en cualquier momento un diario grande va a mandar una docena de reporteros y fotógrafos como en las películas”.

La segunda ética la podría representar los trabajos que Walsh publicó en la revista Panorama, entre 1966 y 1970. Ahí pareciera que la función del periodista es como la del antropólogo, darles voz a los que no la tienen. Reflejar sus visiones del mundo, sus rasgos y lenguajes, registrar (Aníbal Ford recordaba en un artículo premonitorio sobre Walsh que fue uno de los primeros en hacer uso del grabador) sus costumbres en el norte misionero, en los carnavales, en los leprosarios. Hay ahí seis lecciones de periodismo, imposibles de pasar por alto.

Hacia fines de esa década, Walsh pareciera entender que ya no alcanza con comprender el mundo, ni con presentar las pruebas ante unos jueces ciegos, ni darles la voz a los que no la tienen, lo que se exige es transformarlo. Para eso las herramientas del periodismo y la comunicación son fundamentales (de eso hablan su trabajo en el diario de la CGT de los Argentinos, en los talleres de periodismo en las villas, su participación en la contrainteligencia), acaso para no terminar defraudado como el personaje de Nota al pie, por haber vivido reproduciendo para La Casa “el linaje esencial de los imbéciles, el cromosoma específico de la estupidez”. (¿Alguien habrá escrito ya sobre las trasmutaciones del significado de las casas en la literatura argentina, desde la casa de los hermanos en Casa tomada hasta La Casa de León de Sanctis?) Aquí el compromiso de Walsh va a ser tan claro y sencillo que nos exime de comentarios.

Finalmente, el terrorismo de Estado, los propios errores, la muerte de los seres queridos, el refugio en el Tigre, llevan a Walsh a interpretar que ya es otro tiempo, el tiempo de “sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”, como escribió en los documentos de Ancla. Aislado, perseguido, disfrazado, escribe con su nombre y apellido, cosa que no hacía desde principios de los setenta, otra cumbre de la literatura argentina: Carta abierta de un escritor a la Junta Militar y Carta a mis amigos, referida a su hija. Aquí el periodista habla (“sin esperanza de ser escuchado”, intuye) para el porvenir como un artista.

Presiento que de pronto estas reflexiones nos llevaron a una Argentina distinta, de pasiones encontradas, de convicciones, menos oportuna quizás, en la que los dilemas éticos parecían estar más claros y a la vuelta de la esquina. Alguien dirá, quizá con razón, que es una época pasada, que ya no todo es blanco o negro, que hay grises. Yo les digo sin nostalgia: entre los grises también hay diferencias, aunque en el camino, como en la historia de mi abuelo, perdamos una quinta y del caballo blanco nos quede apenas una foto.

Por Luciano Sanguinetti, docente, investigador. FPyCS UNLP.
 

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Miércoles, 04 Febrero 2009 05:28

Muerte digna, último capítulo

La italiana Eluana Englaro tiene 38 años y desde hace 17 está en estado de coma vegetativo. Su padre, Giuseppe, ha luchado una década entera para que reciba una muerte digna y consiguió una sentencia favorable del Tribunal Supremo de Italia a fines de 2008. Ayer, la mujer llegó en una ambulancia a la clínica La Quiete, en Udine, donde en los próximos días será desconectada de la sonda alimenticia. Eltraslado fue el principio del fin de un debate en el que se enfrentaron sectores conservadores y la Iglesia Católica con quienes piden que se respete la decisión de la familia de la joven de aplicar la eutanasia.

 

El viaje de ida comenzó en la clínica Lecco, cerca de Milán, donde Englaro pasó los últimos días atendida por monjas mientras se decidía en qué lugar iba a ser desconectada. En las puertas de ese sanatorio se reunió un grupo de manifestantes del Movimiento a favor de la Vida que protestó contra el traslado e incluso intentó detener la ambulancia. El centro médico La Quiete decidió atender el caso hace algunas semanas: explicaron que Englaro no será desconectada de inmediato, sino que esperarán tres días hasta que un equipo de voluntarios le retire, de manera progresiva, la alimentación e hidratación asistida. Según los médicos, Eluana puede tardar quince días en morir.

 

La Quiete es una casa de cuidados para ancianos financiada por el Ayuntamiento de Udine, que se animó a cumplir con la sentencia del Tribunal Supremo, pese a la circular del Ministerio de Sanidad del pasado 17 de diciembre, en la que se prohibía a cualquier centro médico público o privado interrumpir la alimentación a pacientes en estado vegetativo. Los voluntarios depositaron en los juzgados de Udine un protocolo médico detallado en el que se explica cómo se procederá para evitar posibles denuncias. Eluana fue alojada en el departamento de los enfermos de Alzheimer y diez hombres vigilan su “privacidad”.

 

La primera sentencia favorable para la familia de la joven llegó en julio de 2008, cuando el Tribunal de Apelación de Milán dictaminó que se podía retirar la sonda que mantiene con vida a Eluana y en noviembre el Tribunal Supremo ratificó este fallo, el primero en Italia, que sentó importante precedente jurídico. Entre las adhesiones que recibieron los voluntarios figuran la de Anna Finocchiaro, líder opositora al frente del Partido Demócrata (PD), quien pidió “silencio y respeto ante el dolor inmenso” de los familiares de Eluana. También el presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, pidió respetar la decisión de los padres.

 

El responsable del equipo de voluntarios, Amato De Monte, admitió en una entrevista televisiva que se encuentra “devastado como hombre, como padre, como médico y como ciudadano”, pero sus sentimientos, afirmó, “pasan a un segundo plano ante el dolor de la familia Englaro”. De Monte, que dirige el departamento de anestesia del hospital Santa María de la Misericordia de Udine, también declaró que “Eluana no sufrirá porque está muerta desde hace 17 años”. Esta frase dio pie a una contrapropuesta de quienes se oponen a la eutanasia.

 

El presidente de la sociedad médica interdisciplinaria Prometeo Galileo, Luca Puccetti, pidió en “nombre de la ciencia” que se “monitoree la actividad cerebral de Eluana Englaro en el momento en que se le interrumpa la alimentación y la hidratación mediante una resonancia magnética funcional”. Puccetti estimó que ésta es la única forma de “saber si sufre cuando le desconecten la sonda”. Mientras tanto en el Vaticano, el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, cuyo cargo es un equivalente al “ministro de Sanidad”, exigió detener “la mano asesina” que desconectará a Eluana. En Roma, simpatizantes de la asociación Pueblo de la Vida consideraron que ésta es la primera ejecución capital de la historia de Italia y pidieron a los romanos que enciendan una vela y la coloquen en sus ventanas para evitar que “se apague la esperanza de la vida”.

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"[...] nuestra Revolución  no  está en ningún
sentido reñida con  el sentimiento religioso [...]".1 Fidel Castro

¿Qué se entiende por religión? Múltiples han sido los intentos por definir este concepto, sin que se haya llegado a consenso abso­luto. Sin embargo, con frecuen­cia aparecen elementos tales como la aceptación de la idea de que existen fuerzas sobrenaturales, trascendentes, supranaturales y que generalmente se acompañan con la existencia también de cosas sagradas, con la realización de determinadas acciones prácticas que se derivan de estas creencias y con la creación de grupos o colectivos humanos de carácter religioso.

La religión es una de las for­mas de la conciencia social y sus causas son diversas; gnoseológicas, sociales y psicológicas. Es una de las normas en que se re­flejan las condiciones materiales de existencia en el pensamiento e las personas y colectivamente en la sociedad; sus cambios se producen  más lentamente que los que tienen lugar en la base material.

Si hablamos del fenómeno re­ligioso, podemos decir que este se manifiesta en la fe de la exis­tencia de lo sobrenatural, 1o que puede concebirse de las más va­riadas formas. El uso de ello no tiene ningún sentido peyorativo, sino que hace referencia a la creencia en un Dios,
en un ente, un espíritu, que se asume por el creyente como posibilidad de su existencia objetiva, independiente de todo objeto, proceso y fenómeno natural.

Generalmente en este fenómeno están presentes los siguientes elementos: la conciencia y la ac­tividad religiosa, además de las diferentes formas organizati­vas, reconocidos todos ellos como elementos del sistema. Al­gunos autores incluyen también las relaciones entre ellos que se establecen respecto a un colec­tivo de personas.

Se valora como elemento cen­tral de la  conciencia religiosa, que se caracteriza por la fe, por el crédito a lo sobrenatural y que se expresa a través de diferentes grados o niveles de desarrollo.

Estos tipos de actividades pueden expresarse de manera indivi­dual o colectiva y a través de ellas los creyentes aspiran a relacionar­se con el objeto de su adoración (desde  la oración o invocación per­sonal o en comunidad, captación, evangelización, lectura de textos religiosos, formación en la doctri­nas, conservación de objetos y lo­cales de significación religiosa, hasta la realización de ceremonias que conforman el culto religioso).

De acuerdo al nivel de desarro­llo, se establecen las diferentes expresiones. La función funda­mental que tienen sus institucio­nes y organizaciones es la elabo­ración y la observancia del dogma (doctrina) religioso.

Según estudios sociológicos y la experiencia de trabajo con este sector de la sociedad. Una parte significativa de nuestro pueblo posee algún tipo de creencia en 1o sobrenatural, que como dijimos con anterioridad, muchos estudiosos señalan es su esencia fundamental.

La gran  mayoría  en nuestro país la expresa de manera difu­sa, espontánea, poco elaborada y de práctica muy  asistemática,  con poca incidencia en su conducta sociopolítica y una minoría  la concibe y todavía menos la practica de manera organizada y estructurada.

Una particularidad del pano­rama de los creyentes en Cuba es que solo una pequeña parte per­tenece a las iglesias e institucio­nes constituidas. Es menor aún el porcentaje de los que asisten a los cultos formales y se definen como miembros de determinadas instituciones eclesiásticas. En este sentido podemos hablar más de creyentes que de religiosos.

En Cuba existe un amplio y diverso universo religioso. El país se caracteriza porque ninguna religión tipifica a nuestra sociedad. En ella conviven cristianos (católicos,  evangélicos y protestantes, ortodoxos), practicantes de las religiones cubanas de origen africano (santeros, abakuás, paleros, ararás, entre otras), hebreos , musulmanes, budistas, espiritistas. Todas las creencias y religiones gozan de igual respeto y consideración y a ninguna se le reconoce
preeminencia sobre las otras.

Esta igualdad real fue alcan­zada solo después de la Revolu­ción, pues interiormente varias creencias religiosas y sus prac­ticantes sufrían diversos grados de discriminación, que en el caso de las de origen africano llegaba hasta lo penal.

Las creencias más extendidas constituyen la llamada religiosi­dad popular, resultado del mes­tizaje y la síntesis cultural formadora de la nacionalidad cu­bana. Muchas de las que se prac­tican por el pueblo cubano se han mezclado .Mayoritariamente son espontáneas, ricas en emociones y practicas utilitarias y alejadas (relativamente) de instituciones y organizaciones religiosas.

Las creencias y prácticas reli­giosas pertenecen al ámbito de 1o personal, de 1o privado, de los gus­tos y preferencias particulares de los ciudadanos y por tanto sepa­radas, así como de las diversas instituciones y estructuras en las que se agrupan y organizan, den­tro del Estado, que es laico. Tam­bién 1o están de sus objetivos y fun­ciones, aún cuando por su incidencia en el plano social re­quieran de vínculos y relaciones debidamente reguladas con el ám­bito estatal.

A lo largo de todos estos años de aplicación consecuente de la política hacia las creencias, los creyentes, las instituciones y organizaciones religiosas han  habi­do compañeros que haciendo
referencia a la conocida (y extrapolada ) frase de Carlos Marx  ( 1818 ­ 1883 ) “ la religión es el opio del pueblo”, se han interesado en conocer la razones de nuestra relación constructiva, de diálogo, respeto e intercambio sistemático con las disímiles concepciones religiosas en el país.

Esta conocida frase de Carlos Marx,  en  realidad   fue escrita por él en 1843. Es la última parte de Contribución a la Crítica de la Filosofía  del  Derecho de  Hegel, cuyos  pliegos se perdie­ron casi todos, excepto los que se publicaron con et titulo: Crítica del Derecho Político Hegeliano2 en cuya introducción general escribió:”El sufrimiento religioso, es por  una parte, la expresión del sufrimiento real  y, por la otra, la protesta contra el sufrimiento real. La religión es el sufrimiento de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón , así como es el espíritu de una situación carente de espíritu.  Es el opio del pueblo.

En este pensamiento Marx  no solo al referirse a la religión ha­bla de opio, sino también de pro­testa contra el sufrimiento total de los explotados. Esa frase, como expreso Fidel a Frei Betto** en la entrevista ofrecida en 1985 y conocida por todo nuestro pue­blo mediante su publicación en el libro Fidel y la religión "tiene un valor histórico y es absolutamente justa en un momento determi­nado",3 "[...] es una verdad ajus­tada a determinadas condiciones histórico-concretas." 4

Durante esa entrevista reali­zada por el fraile dominico bra­sileño al Comandante en Jefe, sobre este polémico  tema, el en­trevistado le dice: “En mi opinión la religión, desde el punto de vista político por sí misma no es un opio o un remedio milagroso. Puede ser un opio o un
maravilloso remedio en la medida en que se utilice o aplique para defender a los opresores y explotadores, a los oprimidos y explotados, en dependencia de la forma en que se aborden los problemas políticos, sociales o materiales del ser humano que, independientemente de
teología o creencias religiosas, nace y tiene que vivir en este mundo [...]".5

Y añadía: "Desde un punto de vista estrictamente político - y creo que conozco algo de política-, pienso incluso que se puede ser marxista sin dejar de ser cristiano y trabajar unido con el comunista marxista para transformar el mundo. Lo importante es que en ambos casos se trate de sinceros revolucionarios dis­puestos a suprimir la explotación del hombre por el hombre y a lu­char por la distribución justa de la riqueza social, la igualdad, la fraternidad y la dignidad de to­dos los seres humanos, es decir, ser portadores de la conciencia política, económica y social más  avanzada, aunque se parta, en el caso de los cristianos, de una  concepción  religiosa". 6


Para los clásicos del marxis­mo-leninismo, desde Marx y Engels hasta Lenin, la fe religio­sa por sí misma no constituía un impedimento para integrar el par­tido político revolucionario. Como el propio Fidel ha expresa­do, en el "Programa del Partido Bolchevique", no se encuentra una sola palabra donde realmen­te se excluya a los cristianos del partido.

Lenin en 1918 planteaba que: "Si un sacerdote viene a coope­rar con nosotros en nuestro tra­bajo -si cumple a conciencia  el trabajo del partido y no se opone al trabajo de este-, podemos ad­mitirlo en las filas de la socialde­mocracia" y añadía "No solamen­te debemos
admitir, sino trabajar y atraer al Partido Socialdemócrata a todos aquellos obreros que aún conservan la fe en Dios. Somos absolutamente contrarios  a la mas leve afrenta a las con­vicciones religiosas de estos  obreros […]". 7

Fidel comprende que independientemente de las diferencias que puedan existir en materia es­piritual, la unidad no solo es ne­cesaria, sino posible. Este enfo­que político de la cuestión religiosa es el que hizo factible que en el IV Congreso del Parti­do Comunista de Cuba,
celebra­do en 1991, se aprobara una resolución que textualmente dice: "Suprimir de los actuales Esta­tutos cualquier interpretación que entrañe negar a un revolu­cionario de vanguardia, en razón de sus creencias religiosas, el derecho de aspirar a ser admito en el partido". 8

En el primer partido marxista cubano no solo no existió la prohibición, sino que en sus Estatu­tos en 1938 constaba el derecho de los creyentes a pertenecer a él, siempre que aceptaran el pro­grama y cumplieran con sus deberes como militantes. Incluso, las demás organizaciones revo­lucionarias que combatieron la tiranía batistiana y que se unie­ron para formar nuestro actual partido, tampoco excluían a los creyentes.

En el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, el Primer Secretario explico que esta situación surgió en una fase del proceso revolucionario cubano, en el marco de una coyuntura es­pecifica.

En la actualidad muchos cre­yentes han declarado su pertenencia a una organización reli­giosa o la tenencia de una fe religiosa en el proceso de creci­miento para militante del PCC o de la UJC o lo han declarado después de pertenecer a estas orga­nizaciones.

Al partido no se ingresa por ser creyente o no serlo. No somos  una secta confesional, sino revo­lucionarios de vanguardia y cuando un revolucionario de vanguardia ingresa a la organización política, en su condición de trabajador, campesino, estu­diante, combatiente, profesional de cualquier sector, adquiere de­rechos y deberes con la política y la sociedad. Por eso ser creyente no es un militante de segunda categoría, no es distinto al que no profesa ninguna creencia religiosa.

Es militante como el que mas y tiene la responsabilidad  además de ser igualmente ejemplo, no solo en el centro donde trabaja o estudia, en el barrio donde resi­de, sino también en la comunidad religiosa a la que asiste, debe mantener siempre y dondequiera que se encuentre, una actitud contraria a cualquier violación de la legalidad, a la comisión de acciones delictivas o políticamente opuestas a sus principios, incluyendo el intento de manipular con ese objetivo.

La política del partido y de nuestro Estado en relación con las creencias religiosas, las ins­tituciones y los creyentes, se de­rivan de la historia de nuestra nación, en las que participaron durante las gestas independentistas creyentes de disímiles religio­nes, del pensamiento dialéctico de Fidel, de la práctica de la Revolución, de los acuerdos de los congresos del Partido Comunis­ta de Cuba y particularmente del IV Congreso, así como de los  principios
constitucionales que tienen sus raíces en la tradición independentista cubana, inclui­das todas las constituciones de la Republica en Armas, las que se elaboraron a partir de la de 1901 con el advenimiento de la repu­blica mediatizada y la Constitución aprobada en 1976 con el voto
mayoritario del electorado cubano y modificada en 1992 por la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Esta última establece en varios de sus artículos la separación Iglesia- Estado y por tanto el carácter laico de este; incluyendo la educación que es pública y gratui­ta en todos los niveles; también la igualdad de todos los ciudadanos del país a profesar el culto de su preferencia, a tener varias simultáneamente (aspecto distintivo de la práctica religiosa en el país), o a no tener ninguna (es de las po­cas constituciones que lo recoge en su articulado). La condición de Estado
laico es tradicional en Cuba.

Particular importancia tiene el artículo 8, en el que se expre­sa que el Estado cubano recono­ce, respeta y garantiza la libertad religiosa y que las distintas creencias y religiones gozan de igual
consideración. En tanto en el 55 se garantiza la libertad de cada ciudadano de cambiar de creencias religiosas o no tener ninguna, y a profesar dentro del respeto a la ley, el culto religio­so de su preferencia.9

Cumplir estos y otros precep­tos constitucionales reflejados en los artículos 42 y 43 de nuestra Carta Magna, en los que se reco­noce la igualdad de derechos y sujeción a iguales deberes para todos los ciudadanos cubanos sin distinción, ni discriminación tampoco por creencias religio­sas, refleja la libertad religiosa en el país y la garantía de que esos derechos se ejerzan en el cumplimiento de la ley.10

Los revolucionarios y patriotas no se dividen por su creencia religiosa, sino que los ideales de libertad, solidaridad y promoción humana de la Revolución y  la acción política y social que de ellos se deriva, es 1o que une a todos los que los sustentan.

Todavía hay muchas personas revolucionarias que mantienen el criterio de que no es políticamente confiable quien profese una creencia religiosa; 1o que no es fiel a la verdad. Hoy los cre­yentes, como parte del pueblo que son, participan activamente en las más disímiles actividades organizadas por los CDR, la FMC, el Poder Popular y otras organizaciones sociales.

Las instituciones religiosas de­terminan sobre la participación de su personal consagrado en los órganos de representación gu­bernamental. Actualmente cua­tro de ellos son diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, mientras otros de dife­rentes religiones están presentes en los órganos de poder estatal en diversos niveles de dirección.

El Estado no subvenciona nin­guna institución religiosa, ni interviene en su funcionamiento interno y todas desarrollan, con total independencia y autonomía en relación con éste sus actividades sociales, nombran sus jerarquías o directivas, forman a su personal, se mueven libre­mente dentro del territorio, sos­tienen relaciones con sus homó­logas en el extranjero y con personalidades del medio en el ex­terior, reciben delegaciones e invitados de ese carácter, organizan eventos o asisten a ellos fuera del  país.  Muchas de ellas tienen incluso miembros  en estructuras religiosas internacionales.

Las instituciones religiosas son propietarias de sus bienes muebles e inmuebles, incluyendo sus templos. Los reparan, amplían y reconstruyen; reciben apoyo del Estado cubano para la compra de los materiales de construcción.

Poseen centros para la formación de su personal consagrado (seminarios, noviciados e insti­tutos bíblicos). Realizan sin limitación la selección e incorporación de su personal a los estudios. Cientos de jóvenes 1os terminan en seminarios y universidades religiosas en diferentes países.

Reciben literatura desde el exterior y publican en el país  revistas y folletos; una gran parte del los cuales esta inscrita en el re­gistro de publicaciones seriadas.

Además desarrollan también actividades de carácter social, entre las que se encuentran la gestión en hospitales y hogares de ancianos, para lo que cuenta con el apoyo estatal; reciben y distribuyen donaciones a través de entidades sociales y guberna­mentales y desarrollan
proyec­tos de colaboración.

Se efectúan actividades de carácter religioso o cultural, algu­nas de ellas fuera de sus locales de culto y con carácter ecuménico: peregrinaciones, procesiones, cultos unidos, tambores, conciertos, etc, son los más significativos; para 1o que se crean las condiciones y facilidades para su realización por parte de las autoridades de los lugares donde se organizan.

Durante todos estos años la oficina de atención a los  asuntos religiosos y las instituciones es­tatales que corresponde, han mantenido una sistemática, per­manente y positiva comunicación con todas las instituciones y ma­nifestaciones religiosas y asocia­ciones
fraternales.

Participamos en despachos, encuentros, asistimos a las diferentes celebraciones a las que somos invitados, intercambiamos con los lideres para lograr incrementar las favorables rela­ciones que existen.

Desarrollamos con todas un vinculo que nos permite reflexio­nar sobre asuntos de interés de carácter nacional o internacio­nal, evaluar cómo pueden inser­tarse crecientemente en nuestra realidad y resolver los problemas cotidianos para realizar sus ac­tividades, que son los
mismos que afectan al pueblo, resultado fundamentalmente del injusto blo­queo genocida impuesto desde Estados Unidos por casi 50 años y las medidas cada vez mas res­trictivas de esa hostil política del gobierno norteamericano.

Dar a conocer la realidad cu­bana a las organizaciones e ins­tituciones religiosas no sola­mente del país, sino también extranjeras, son tareas de estos tiempos.

La  política del partido en sus relaciones con los creyentes y sus instituciones no tiene como propósito la eliminación de las creencias religiosas, 1o que no es obje­tivamente factible como ha demostrado la historia repetidamente y es contrario a los princi­pios de igualdad y libertad que sustenta nuestra Revolución.

Esta política que se leva a cabo en la nación tiene como objetivo primario ampliar y fortalecer la unidad de todo nuestro pueblo y lograr la participación de todos sin discriminación alguna.

Sus aspectos fundamentales son el arma principal que ha qui­tado espacio a los enemigos, ha ganado para las tareas de la construcción de la sociedad que desarrollamos a muchas perso­nas honestas y valiosas. Ha  impedido que el enemigo manipule el sentimiento religioso, así como a las diversas manifestaciones e instituciones en que se agrupan los creyentes y los miembros de las asociaciones fraternales.

El imperialismo no renuncia a la manipulación de la fe contra la Revolución. No puede des co­nocerse la utilización de algunas practicas, que poco tienen que ver con los propios conceptos re­ligiosos, dirigidas a captar adep­tos efímeros o interesados en obtener ventajas materiales o políticas de ocasión.

Nuestra política tiene como objeto establecer y ampliar re­laciones de mutuo respeto entre el Estado cubano y el medio reli­gioso, entre creyentes o no, o ­pedir las acciones contrarrevo­lucionarias y descaracterizar  a los elementos que promueven no solo estas, sino también las de orden delictivo común y enfren­tar los intentos y acciones del enemigo dirigidos a implementar los propósitos subversivos del plan Bush contra nuestro país tanto en general como contra los religiosos cubanos en particular.

En este bochornoso programa en que el gobierno norteamerica­no intenta dictar acciones para una transición política y guber­namental en nuestro país, las ins­tituciones religiosas tampoco es­capan de la insidia de nuestros enemigos y tratan de imponer en su contenido tareas para ser cumplidas por estas organizaciones religiosas y fraternales en Cuba, como si fueran sus súbdi­tos, como si las iglesias y demás instituciones de este carácter no se debieran a su
pueblo, a servirlo, a respetarlo.

Se promueven relaciones cons­tructivas entre las diferentes de­nominaciones y manifestaciones religiosas y fraternales o de her­mandad. No se exacerban las diferencias, se construye sobre las coincidencias. La Revolución no esta reñida con los sentimientos religiosos, sino con la utilización y manipulación  política en contra de los intereses de la sociedad.

"Las practicas y creencias  religiosas no están  reñidas con la Revolución siempre que correspondan a  la profesión honesta de  cualquier fe religiosa, cuyos principios, o solo formalmente sostenidos, sino consecuentemente observados, en el comportamiento personal y social, promuevan el amor al prójimo, el desinterés, la protección al más débil o desvalido, la unidad de la familia, la justicia social, las vir­tudes morales y ciudadanas, el amor y el sacrificio por la pa­tria. Los que no actúen así, niegan no sólo a su pueblo, sino a su fe “.11

Por, Caridad Diego Bello
Jefa de la  Oftcina  de Atenci6n a Los Asuntos Religiosos del Comité Central
del Partido Comunista

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*Tomado de Cuba Socialista, revista teorica del Partido Comunista de Cuba.

1- Fidel Castro: Comparecencia en el programa Ante la Prensa del 17 de
diciembre de 1959, Revolución y Religión,       Dirección Política
del MINFAR, La Habana, 1997, p. 18.

2- Carlos Marx: Critica del Derecho Político Hegeliano, Editorial de
Cien­cias Sociales, La Habana, 1976, p. 14.

**  El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico, conocido
internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 53 libros
de diversos géneros literarios-novela, ensayo, policiaco, memorias
infantiles y juveniles, y de lema religioso. En 1986 fue elegido
Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Es asesor de
movimientos sociales, como las Comunidades Eclesiales de Base y el
Movimiento de Trabajadores Rurales  sin Tierra, ha participado
activamente en la vida política de Brasil en los últimos 45 años. En
los años 2003 y 2004 fue asesor especial del presidente Luis I. Lula
da Silva y coordinador de Movilización  Social del Programa Hambre Cero.

3-Frei Betto: Fidel y la religión, Oficina de Publicaciones del
Consejo de Consejo de Estado, 1985, p. 332.

4-Ibídem, p. 333.

5-Ibídem.

6-Ibídem.

7-Vladimir I. Lenin: Lenin sobre la religión, Imprenta Nacional de
Cuba, La Habana, 1961, pp. 44 Y 45.   .

8-CC del PCC: Este es el Congreso más democrático, Resolución sobre
los Estatutos del Partido Comunista de Cuba, Editora Política, La
Haba­na, 1991.

9- AN del PP: Constitución de la República de Cuba, Ediciones Pontón
Ca­ribe S.A., La Habana, 1975, pp. 17, 34, 35 Y 40.

10- Ibídem.

11- CC del PCC: Documentos para el trabajo del partido, "El trabajo
del partido en la actual coyuntura", Editora Política, La Habana, 1996, p.22.

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Los que no trabajan para sí sino para la patria; los que nos aman la popularidad sino al pueblo; los que no aman la vida misma sino por el bien que pueden hacer en ella, esos, mano a mano, con todos los hombres honrados, con los que no necesitan lisonja ni carteo, con los que no sacan de la vanidad su patriotismo sino de la virtud, llevan adelante, aunque de las gotas de su corazón vayan regando el amargo camino, la obra de ligar los elementos dispersos y hostiles que son indispensables a la explosión de la libertad y su triunfo.
J. Martí


Cuando emergió el Polo, muchos sentimos que germinaba una esperanza para el pueblo, contra el que se han ensañado por siglos la furia exterminadora y la dimensión monstruosa de la condición humana. Pueblo laborioso que encara un pérfido proceso dirigido a envilecerlo e inocularle intolerancia y odio, proceso infame que puso a funcionar una maquinaria de producción de entidades monstruosas y comisión de atrocidades, que ahora destroza vidas. Pueblo que resiste los estragos en la fe por un porvenir diferente, producidos por el rezago en ideas y prácticas, rivalidad rinconera y ausencia de unidad fraterna entre quienes afirman representar los intereses y los sueños de la comunidad.

Al surgir el PDA, veníamos de morir con Jaime Garzón, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, José Antequera, Iván Villamizar, Guillermo Cano, Carlos Pizarro, Luis Eduardo Guerra, Tirso Vélez, con miles de mujeres y hombres visibles o ignorados, que ofrendaron su vida por atreverse a no callar ante atropellos y crímenes contra los humildes. Veníamos de morir con las niñas y los niños que siguen siendo masacrados en espiral que se alimenta de la indiferencia y la impotencia instauradas para que el régimen se mantenga; de morir y en nuestro corazón ya no cabía otra ambición que contribuir a variar el rumbo del horror.

¿Cómo no sangrar por dentro al ver a un pueblo noble, azotado y escarnecido, enfrentado a sí mismo y sometido a la ignorancia sobre el funcionamiento de la economía globalizada, el mecanismo perverso de la cacareada guerra contra el narcotráfico, y la maraña de poderes foráneos que deciden sobre nuestro alimento y nuestra hambre, las riquezas mineras, lo que se siembra y como se siembra, las formas de movilidad, la manera de habitar la tierra, y el modo como comprendemos nuestra realidad y el devenir regional y global?

¿Hay lugar a la esperanza?


Por eso, con el PDA, sentimos que había una esperanza: la unidad fraterna e invencible de la estirpe del decoro, la lucidez y el comportamiento ejemplar ante la imbecilidad y la involución moral instaurados por el control mafioso del país, y la que abría la participación en el vasto esfuerzo conjunto de curación, imprescindible para sanar tantos estragos en nuestros universos interiores, en el tejido social y la naturaleza, sin pretender recompensa diferente de la satisfacción de cumplir con un deber en el que nos iban la vida y el honor.

En el carácter democrático del Polo creímos tener una práctica cotidiana de respeto sincero, no de boquilla, a los valores que Estanislao Zuleta quiso esclarecer: humildad, apreciación de la diversidad como riqueza; libre, fuerte y consecuente deliberación de las ideas; ruptura con cacicazgos y prácticas clientelares, respeto y reconocimiento a la labor bien hecha por encima del favorecimiento, la fraternidad nacida de encarnar la esperanza de un pueblo sometido y burlado, la no predominancia de ambiciones materiales y soberbias, por encima del deber de privilegiar en cada instante de la vida el servicio a nuestras comunidades.

En el carácter alternativo del Polo creímos hallar un manantial de ideas y prácticas creativas, cooperativas, vinculadas a nuestras raíces, ante el orden mental y valorativo del capitalismo mundial, que pone en entredicho la continuidad de la vida por sus heridas a la Tierra, y frente al peso secular del eurocentrismo. También, una potencia imaginativa y capaz de vencer el dinero con el decoro, la fuerza bruta con la fortaleza moral, los votos comprados y el poder de los medios masivos con el entusiasmo colectivo y el boca a boca desatados por la capacidad de hacer mucho con poco; alentar la cooperación horizontal, redes de redes, encuentros pedagógicos, aprendizaje diario y expresión de verdades.

Pero desde 2008 comenzamos a ver que las esperanzas se ubicaban más en los movimientos y las organizaciones sociales, en los seres singulares ejemplares, en la militancia de base que afronta la precariedad y la represión en el día a día, que en una parte no despreciable de la dirección del Polo que poco a poco hizo evidente que muchas de sus ideas, valores y prácticas se semejaban demasiado a los de la política tradicional. Similares ambiciones de cargos de poder como guía principal de la conducta, similares enfrentamientos soterrados por encima del deber de construir la unidad ejemplar, similares formas de proceder privilegiando el control de presupuestos y poderes empleadores en vez de consagrar energías a revelar la capacidad de hacer mucho con poco, proba e imaginativamente, similares cálculos de conveniencia propia y ostentación de los símbolos de poder.

Loas voces honestas, consagradas a servir, conscientes de la magnitud de la tarea de curar los daños infligidos a la nación –que los hay, y no pocos, en la dirección del PDA–, no fueron oídas por la algarabía y las expresiones clientelares que vinieron a medrar en la esperanza que irrumpía. La dinámica de confrontación intestina, sin reparar en medios, que se impuso, impelió la degradación, en vez de una espiral de perfeccionamiento que suscitara el reconocimiento de la virtud y la valoración de la unidad con los principios.

Vicios por inercia

Los resultados electorales de 2010 evidenciaron que el trabajo de construcción de una alternativa al orden imperante –para un pueblo necesitado de un referente de vida en medio de la muerte, y uno ético en medio de una atmósfera degradada por el creciente control social de las mafias de la mayor parte del Estado– no se hizo porque las energías vitales fueron absorbidas por las ambiciones sectoriales, la rivalidad interna y los agravios. Además, como si fuera un fracaso leve el hecho de no haber construido un referente ético y político para alternar con la continuidad del régimen uribista y sus amplios daños a la nación, no se reconocieron los errores ni se convocó una asamblea nacional deliberativa para depurar al partido del control de quienes impidieron, enceguecidos por sus ambiciones, la construcción de una formación ejemplar por su ética, la nobleza e imaginación de sus acciones, sus prácticas cotidianas, la claridad de sus ideas enraizadas en el conocimiento del alma de nuestro pueblo, su absoluta lejanía de sospechas de manejos indebidos.

El principal logro político, la Alcaldía Mayor de Bogotá, terminó integrado en su mayor parte por formaciones políticas con pensamientos opuestos a lo consagrado en el ideario de unidad. No se desconoce la magnitud de la guerra sucia adelantada por el gobierno de Uribe contra el PDA, ni el tratamiento adverso de la mayor parte de los medios de comunicación, su invisibilización de los logros, su silencio ante la represión, su amplificación de yerros y su disposición a alentar divisiones y enfrentamientos. Pero no se pueden encubrir las conductas indebidas e ilegales en la ofensiva del establecimiento contra el PDA. Proceder así impide la obligatoria rendición de cuentas ante la ciudadanía y la militancia, la revisión autocrítica y la depuración del Polo de los elementos que se insertan en el mismo con ambiciones personales y prácticas contrarias a la pureza ética que tendría que caracterizar al PDA por principio, así como por la necesidad de desmarcarse del panorama de corrupción.

No se debe tampoco acudir al expediente de que no hay pruebas de ilegalidad para ignorar procedimientos no democráticos, favorecedores de intereses económicos ligados a la Alcaldía, y así librarla de su responsabilidad ética y política. ¿Alguien ignora que los usurpadores del tesoro público conocen la forma de no dejar huellas comprometedoras? ¿Está hoy mismo el Comité Ejecutivo Nacional del PDA libre de integrantes señalados por sus manejos indebidos (caso de personajes vinculados a Metro Vivienda?

Los riesgos de callar

Guardar silencio por conveniencia, porque los señalados ocupan cargos y manejan presupuestos que pueden en el inmediato presente o después servir a los propios intereses, es el mejor camino para que el Polo se deslice por la deriva de la no diferenciación de las formaciones políticas que mantienen a la mayor parte de la población alejada de la política, garantizando así el control de la misma por quienes acuden a ella para satisfacer ambiciones y codicias personales, y todo lo sacrifican en aras de lograr sus objetivos.

No se debiera tampoco señalar los indudables logros sociales de las administraciones del Polo en la capital, sin examinar el detalle de lo que ocurre con los mismos. ¡Que hay comedores populares! ¡Que hay acceso a la atención en salud para los que no tienen dinero! ¡Que hay educación pública de calidad! ¡Muy bien! Y ¿cómo funcionan? ¿Cuánto dinero se destina a ellos? ¿A quiénes y con qué criterios se asignan esos recursos? La transparencia, cuando las cosas se hacen en forma honesta, no sólo no se debe temer sino que asimismo ayuda a que la población reconozca el valor y la virtud donde existen, que es un logro mayor en estos tiempos en que escasean los referentes colectivos de proceder decoroso.

La dirección colectiva del PDA enfrenta el desafío histórico de revisar y variar el devenir de la organización, o mantener el rumbo establecido y languidecer más temprano que tarde. Se requiere escuchar no retóricamente a la militancia de base, integrantes de movimientos y organizaciones que a diario se juegan la vida por defender espacios invaluables de justicia y libertad; a quienes sostienen con su labor silenciosa la vida y la dignidad. Se debe democratizar y erosionar los feudos que no hacen ni dejan hacer. Es indispensable alentar el examen colectivo, y sin medias verdades, de lo que ocurre en el partido, y enmendar errores. Es urgente evitar que las decisivas franjas jóvenes se eduquen en la política con la temprana réplica de astucias y mañas, y no con estudio permanente, sentido del deber y el servicio, nobleza y honestidad. Hay que alentar el examen de lo que ocurre en su interior; enmendar errores y promover el liderazgo de quienes se caracterizan por su probidad y su consagración al servicio de los sectores más brutamente golpeados de nuestra nación.

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Hace muchos años, en la primera mitad de la década de 1890, cuando ya nuestro territorio y nuestro pueblo eran objetivo de la codicia imperial de los más poderosos conglomerados económicos de Estados Unidos y sus representantes políticos, José Martí alentó la creación del periódico Patria y el Partido Revolucionario Cubano, semilla que fructificaría, configurando un referente ético y emancipatorio para los pueblos de Nuestra América. En ese periódico y ese Partido es posible encontrar, con palpitante vigencia, las ideas y los valores que pueden brindar luces y energía en este tiempo decisivo.

Publicado enEdición 163
Al maestro de periodistas Javier Darío Restrepo (Jericó, Colombia, 1932) no se le nubla la vista con las nuevas tecnologías. Este profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que ofreció ayer una charla en la Asociación de la Prensa de Madrid aprovechando su presencia en España invitado por la Federación de Asociaciones de Periodistas (FAPE), cree la ética es hoy uno de los desafíos más importantes para los periodistas.

¿Cuáles son los principales retos del periodismo actual?

Frente a la tecnología o el autoritarismo de los gobiernos, hay un reto inicial: distinguir qué es ética y qué es ley. La ley nos la imponen desde fuera, mientras que la ética se la impone uno mismo desde dentro. La ética la tomas o la dejas; en el primer caso cambia completamente tu vida, pero si la dejas de lado, llevas una vida vulgar, sin ideales ni superación personal. También está el reto de la identidad profesional; muchos no tienen claro por qué carajo son periodistas, lo que es muy preocupante; es desalentador pensar que se ejerce la profesión para cobrar a fin de mes. El tercer reto es el de hacer un periodismo humano y humanizante.

¿La falta de regulación del periodismo dificulta mantener la ética?

La ética no se impone desde fuera, debe ser producto del convencimiento de cada persona. Pero hay un arma, la universidad, que debe crear la inquietud de hacer un periodismo dignificante. Si la universidad sólo enseña unas técnicas, el periodista sale sin armas para enfrentarse a un oficio que, para ser digno, supone una gran reserva interior.

¿El periodista profesional desaparecerá víctima de la revolución digital?

Internet ha sido muy importante para que el periodista caiga en la cuenta de su importancia. Cualquiera puede hacer una foto con un móvil, o escribir un blog. Ahí el periodista puede ser perfectamente reemplazado, pero no cuando explica y analiza lo que sucede. Lo que pasa es que la gran tentación del periodista ha sido dirigirse sólo a los sentidos de la gente, a que vea y oiga, y pocas veces anima a pensar, y ese es el papel en el que es irremplazable. El periodismo que sobrevivirá será el que haga pensar a la gente.

Pero la información de calidad cuesta dinero, y en internet es gratis. ¿No corre peligro?

Internet da información, pero no conocimiento. Hacen falta una serie de elementos como el contexto, fuentes especializadas, etcétera, para conseguir que la información, que es como carne cruda, se convierte en un plato suculento al convertirse en conocimiento. No podemos limitarnos a darle a la gente carne cruda.

¿Qué opina de que los periodistas sean cada vez más partidistas?

La polarización es resultado de una deficiente formación intelectual del periodista, la que te dice que dudas, luego existes. No puedes aceptar como la última palabra lo que diga una sola fuente. La información de uno solo de los lados, ya se llame partido, equipo de fútbol o religión, se convierte en propaganda. El buen periodista debe estar siempre contrastando y siempre dudando.

¿El informador debe ser siempre incómodo?

Sí, la relación del periodista con el poder es siempre incómoda, de pareja mal avenida. El poder se siente molesto con su presencia porque lo pone todo en tela de juicio. Por eso un periodista debe dudar siempre del poder. Si uno está muy cerca, existe el peligro de caer en sus seducciones, que son muy grandes. La más vulgar es el dinero, pero también tiene títulos, facilidades, lo que quieras. La ciudadanía no siempre tiene armas suficientes para poner al poder en tela de juicio, y la defensa de la ciudadanía frente al poder es su capacidad de crítica, que es la que estimula la prensa.

¿Hay que rebelarse frente a las comparecencias sin admitir preguntas?

Cuando eso ocurre se pone a prueba la multiplicidad de fuentes del informador, que debe pensar: "Si esta fuente no quiere hablar, hay muchas otras". Al final eso se convierte en un problema para el propio personaje que no quiere hablar, no para el periodista. Generalmente los silencios encubren algo, no son gratuitos.

Muchos periodistas mueren por hacer su trabajo. ¿Es un problema sin solución?

En Colombia descubrimos que hay una versión contraria a la que difundimos por solidaridad gremial: el periodista muerto no siempre es un héroe. Muchas veces son imprudentes, gente que hizo afirmaciones irresponsables y cuya muerte no tuvo beneficio social alguno, aunque hay desde luego hombres que se constituyen en verdaderos paradigmas. La pregunta del millón es si el periodista debe desafiar a los que le quieren disparar. No hay ninguna ética que obligue a no tener miedo o a desafiar a la muerte por cumplir con el deber, porque esa una decisión personal.
Publicado enColombia
Sábado, 24 Octubre 2009 12:06

Una lógica que destruye y oprime

Poder. Frío en su manejo. Pocos gobiernos en nuestra historia –como el actual en sus dos períodos– han enseñado a sus connacionales cómo, con quiénes, a través de qué, para qué, se ejerce el poder.

Control. Pocos gobiernos como el de Álvaro Uribe –en sus dos períodos– les han permitido a los colombianos ver que el poder es dominio, manipulación, control. Y en su aplicación pública: discurso, disciplina, opresión, sumisión, negación.

Como nunca antes sucedió ante los ojos de toda una nación, se aprecian en forma tan desnuda, tan real, el poder y el control, que, como se sabe, son uno solo. Están de bulto: –El cinismo llevado al extremo y el fenómeno de la inmediatez en las comunicaciones hacen visible, no permiten ocultar esta trágica manera de gobernar. Hace siete años su figura y su retrato se repiten.

El escándalo del “Agro Ingreso Seguro” permite apreciarlo ahora una vez más. Pero antes se evidenció sin pena en la relación con el paramilitarismo y en el ascenso del actual mandatario al poder. Luego fue la compra de conciencias para refrendar la reelección (garantizar la permanencia al frente de la máquina, la maquinaria estatal: El poder soy yo) –mecanismo efectivo para copar el Estado, asegurar el control de la cosa pública, horadar hasta eliminar o hacer nulas la memoria y el tejido social, ascender y legitimar un nuevo poder económico ligado a la expropiación de la tierra y el narcotráfico –con refuerzo militar de intervención internacional– y desconocer las conquistas constitucionales.

Siempre, en unos y otros casos, se les paga a los ‘amigos’. Pagos y puestos a unos u otorgamiento a otros (como el DAS) de los cargos decisorios de las ramas del poder, que permiten hacer realidad ese ascenso, llegada, y continuidad, al control del poder.

Así obró con unos: la legislación favorable para purgar miles de crímenes, genocidio de
poblaciones enteras, con pocos años de prisión. Pero también para dilatar la entrega de las tierras usurpadas, así como de otro conjunto de propiedades robadas a sus verdaderos dueños.

Y operó con otros: los nombramientos de amigos en las delegaciones diplomáticas, o la
adjudicación de las famosas notarías. No quedó exento, de este “tu me das, yo te doy”, la reorganización territorial para permitir la apropiación masiva y acelerada de plusvalías. En el último suceso de moda, el “Agro Ingreso Seguro”, es la aprobación de inmensas cifras de dinero para operar proyectos agrícolas de “campesinos de cuello duro o camisa de marca” que en verdad no hacen parte de las masas, cada vez más numerosas, de desposeídos, desplazados o similares víctimas.

Ejercicio del poder orquestado desde la cabeza del alto gobierno.

El propósito es uno solo: atornillarse. Al precio que sea. Con el erario como botín, cuyo desangre satisface los sueños de riqueza rápida de algunos, pero también, no importa, si la usurpada es la integración social, la soberanía nacional, la salud mental de las mayorías sociales, o bien la identidad y la organización colectivas.

Novedad: de la aristocracia de Bogotá a las haciendas y caballos

Se pudiera pensar que el poder que estamos viendo en ejercicio, almizcle y desarrollo, es el mismo de siempre. En verdad, no es así. Estamos ante un nuevo tipo de poder.

Un poder reconstituido sobre la base y la naturaleza oligárquica de su antecesor, para el cual bastaba –en razón de su autosostenimiento– el control clientelista-partidario, y la sujeción y el dominio del votante sobre la base de la promesa dada por el “señor” o el “doctor”.
Con los partidos liberal y conservador venidos a menos tras el envión social que significó –sin inclusión plena– la Constitución de 1991, y sumergidos en su crisis última de credibilidad, cuando ya estos partidos no reunían a su alrededor sino minorías, y batido el país en una guerra que ponía en peligro el dominio histórico de una oligarquía que nunca quiso –y ahora menos– redistribuir la tierra y la riqueza nacional, frente a unos movimientos sociales que pisaban, rayaban espacios de control, emergió una propuesta y una voluntad con ‘novedosas’ características:

• retomar lo poco o mediano que habían perdido por conquistas laborales, sociales, recuperaciones de tierra o rebeldía con avance en territorio;
• neutralizar y derrotar ejércitos paralelos,
• fundar una identidad, no sobre la base de la justicia y la soberanía popular sino sobre el soporte y el concepto de la ‘seguridad’ que se deriva de una ‘paz rápida’ sin acuerdo político ni de poder y territorio, como tampoco –sin protagonismo– de la organización popular.

Esta propuesta en marcha, emergente, tuvo nombre y se hizo acción. Montó un liderazgo político y paramilitar que cohesionó voluntades marchitas, al precio que fuere. La sangre se hizo ríos.

El clientelismo se mantuvo pero se fortaleció o complementó con la aplicación del terror y la aceptación de una concentración desmedida de todo el Estado bajo la égida de una sola voluntad. A la par, un ejercicio masivo de medios de comunicación a cohesionó la opinión pública. Usó, unificó un mensaje identificando a un enemigo (el subversivo) –al cual, con borrón histórico de su origen, se hizo culpable de toda la crisis acumulada del país– en protección del privilegio, desviando la mirada analítica y crítica que señalaba hacia el establecimiento, de su tradición en el poder y la corrupción, y de su responsabilidad en el empobrecimiento de los colombianos. De este modo, el “jefe” –imbuido de reelección– y su entorno consiguen avanzar en el desmonte del proyecto del viejo Estado y en la renuncia a la posibilidad de ir hacia un desarrollo por vía propia, en relación con sus vecinos –cepalismo–, y, de su mano, el regreso consciente al soporte del poder tal como se vivió en la Colonia: el dominio de la tierra y los recursos naturales. Un precio inmenso por paga, sin saber la sociedad, por una identidad efímera.

La concentración de la propiedad rural (llevada a cabo y sostenida por las armas) acelera y deforma la metropolización del país. Multiplica la desigualdad social, a la par que rompe el débil equilibrio ambiental que alguna vez pudo existir. Además de entregar el país, para escuchar las canciones de cuna, en los brazos de las multinacionales… dueñas del capital y el poder real del mundo.

Como se sabe, el poder, de entrada, es capital, y éste un poder de coacción.

Los grandes herederos y empresarios reciben fruto y beneficio con la voluntad emergente. Por tanto, la apoyan, la potencian, la sostienen. Los indicadores económicos precisan a todas luces por qué continúan alabándola: a ellos también se les retribuye, ¡y en qué medida! Capital y poder se entrelazan como una sola cosa, y –hasta ahora sin contradicción cercana ante la ausencia de una oposición sentida y de un movimiento social, con iniciativa y dirección nacional legítimas–, se soportan y se complementan.

El capital fabrica capital, en esta ocasión a través de succionar lo público: se hace a los bienes más preciados de todos los colombianos, desalienta y desprestigia lo colectivo por ser supuestamente ineficiente, crea enemigos de los amigos, divide a los otrora aliados.

La ética social hace acomodos

Así, congestionada, por un discurso que deforma la realidad y atomiza cuerpos sociales y de izquierda que antes se decían uno solo, la sociedad se sume en un código contradictorio:

•    observa cómo las notarías son entregadas a los amigos del poder,
•    identifica y reconoce con mucho de impunidad y algo de misericordia a los asesinos de pueblos enteros,
•    sonríe cuando ve entrar a la cárcel a los políticos que encubrieron y financiaron a los criminales,
•    aplaude cuando resuenan en sus oídos los nombres de las multinacionales que entregaron millones de dólares y miles de armas a los paramilitares,

Pero…

•    parece indiferente cuando comprueba y ve que en el Palacio de Nariño y desde el Palacio de Nariño se concentran, en pocas manos, todas las utilidades y los negocios.
En todo caso –tengan en cuenta–, sabe que la politiquería es causante de todos los aconteceres que empobrecen y/o enlutan el país, y la desprecia, sin encontrar otras opciones.
Las noticias se suceden. Los escándalos remueven fichas que la voluntad del poder dispone en una u otra función. Son agentes pasajeros, alfiles, protegidos de Palacio mientras no le planteen riesgos al poder. Sin embargo, una vez los dedos de la opinión señalan al poder real:
•    el poder grita más que los denunciantes “nada tengo que ver”,
•    el elefante entre las paredes de Palacio pervive. Todo sucede a su alrededor sin que Álvaro Uribe lo sepa. En juego de actor, o amo, los llama y les exige explicaciones por sus desafueros.

El poder se hace control y éste se hace poder. Por todas partes se sienten uno y otro, y el ánimo para enfrentarlos es escaso o nulo.
La reacción social tiene, la sobrecoge, el desaliento y el desánimo. El poder ejercido sin recato alguno produce asco. El desaliño en las formas y los métodos, temor. Es deseable que las cosas fueran distintas, pero no se encuentra por dónde. La desazón es un estado de ánimo que carcome al país y su gente.

Desazón es el principal efecto de estos siete años de esa voluntad y esa figura hechas carne en la Casa de Nariño, con síntesis de lo peor del ejercicio del poder durante los siglos XIX y XX. Y desazón es el principal síntoma, y realidad, por superar en la Colombia de hoy. Urgente para la nación. Con la búsqueda de un proyecto basado en la ética, lo colectivo, la justicia, la paz.

Como el poder se protege y se reproduce él mismo, así manche de rojo y luto, aparece como un espejo: es la conciencia de la nación.

Entonces, debemos resquebrajar esa voluntad que hechizó mayorías de urnas pero que ahora hace vomitar.

Ni impunidad ni notarías ni monopolios ni Agro Ingreso Seguro ni silencio.
Los colombianos merecen otra oportunidad.


Publicado enEdición 151