La originalidad absoluta de la crisis sanitaria y económica mundial

La finalidad este artículo es subrayar, con más insistencia que la que solemos observar en general, en la originalidad absoluta de la crisis actual, a saber, su dualidad contradictoria. Las causas del Gran Confinamiento (the Great Lockdown), como se denomina a partir de las Perspectivas de la economía mundial del FMI de abril de 2020, son endógenas a las relaciones entre la sociedad humana y la naturaleza en el marco del capitalismo. Sin embargo, como crisis económica se trata de un golpe exógeno al proceso de acumulación de capital y a las contradicciones que engendra clásicamente.

La salida de la crisis no depende de la mejora de la tasa de beneficio, sino del retroceso de la pandemia, es decir, en primer lugar de los avances de la medicina (tests y vacunas) y en segundo lugar de la eficacia de la acción de los gobiernos. La figura siguiente ilustra dos hechos capitales. Primero, la rapidez y profundidad de la caída del PIB mundial que refleja la línea roja, lo que transmite la idea de un choque anómalo que no tiene nada que ver con el vaivén coyuntural habitual. Segundo, el desconocimiento de si la pandemia se frenará o eliminará, o bien, por el contrario, si se agravará, como expresa la curva de puntos.

Figura 1. El hundimiento económico de marzo de 2020 y la tardanza e incertidumbre de la recuperación

 

El coronavirus, una pandemia propia del Antropoceno

En mayo de 2020 apareció en la web de la publicación estadounidense National Library of Medicine, de los National Institutes of Health (NIH), un artículo titulado COVID-19, the desease of the anthropocene 1/, que relata la historia de las enfermedades surgidas durante los últimos cuarenta años a raíz de una transmisión vírica de especies animales salvajes al ser humano, anteriores al coronavirus. Cito los pasajes fundamentales.

En primer lugar está la pandemia del sida:

Un antecedente cercano y trágico de la Covid-19 es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), causado por una infección del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Esta enfermedad apareció en 1981 y para 2018 había afectado a unos 40 millones de personas, causando más de 750.000 muertes. Los virus VIH son fruto de múltiples transmisiones entre las especies de virus de inmunodeficiencia que infectan naturalmente a los primates africanos. La mayoría de estas transmisiones vehiculizaron probablemente virus que se propagaron de manera limitada en los seres humanos hasta que una de estas transmisiones, que afectó a un virus de inmunodeficiencia de los chimpancés del sureste de Camerún, se convirtió en la causa principal de la pandemia en los seres humanos. La transmisión de un virus de una especie animal salvaje al ser humano no es un fenómeno raro. De hecho, una gran proporción de agentes patógenos humanos son de orden zoonótico o eran de origen zoonótico antes de ser transmitidos únicamente a los seres humanos. Desde la aparición del sida, otras numerosas enfermedades contagiosas epidémicas, como el Ébola, el SRAS y el MERS, por citar tan solo las más recientes, han sido causadas por la transmisión de virus de especies animales salvajes al ser humano.

Estas transmisiones entre especies animales y de estas a los seres humanos no se deben al azar. Existen pruebas sólidas que demuestran que las alteraciones ecológicas han comportado un aumento de la incidencia, en los países emergentes, de enfermedades como el paludismo, el síndrome del hantavirus, el virus Nipah y el Ébola. La actividad humana transforma cada vez más de forma perturbadora los ecosistemas naturales de la Tierra y modifica intensamente los patrones y mecanismos de interacción entre las especies, facilitando la transmisión de enfermedades infecciosas entre las especies animales y los seres humanos.

El estudio cita al investigador chino P.J. Li 2/, quien explica que

Desde hace años, los intentos del gobierno chino de regular el comercio de carne de especies salvajes han sido contrarrestados por un poderoso lobby comercial, cuyos ingresos dependen de la continuidad del acceso al consumo de estos animales por un sector mayoritariamente acomodado de la sociedad china. Para completar la cadena causal, a menudo no se ha prestado atención a las advertencias de los científicos sobre los efectos potencialmente catastróficos del riesgo de enfermedades infecciosas emergentes. En el caso de la eclosión precedente del SRAS, se sospecha que el comercio de murciélagos puso a animales infectados en contacto con huéspedes de amplificadores sensibles, como la civeta de las palmeras enmascarada (Paguma larvata), en algún momento de la cadena de suministro de la fauna, creando un circuito en el que posteriormente se infectaron algunas personas. Li informa de que dos conocidos expertos chinos en el SRAS, Zhong Nanshan y Guan Yi, habían llamado la atención sobre la posibilidad de una pandemia proveniente de los mercados de carne salvaje en China y la necesidad de prohibir tales prácticas comerciales.

Bajo el Antropoceno subyace el Capitaloceno

En el estudio de los investigadores de la NIH hay alguna cosa muy inesperada en científicos de ciencias naturales, a saber, la afirmación de que hay que remontarse al origen de estos procesos y definir bien cuál es su fuerza motriz, o sea,

el consumo de combustibles fósiles para obtener energía, la deforestación y la conversión de hábitats naturales en tierras de cultivo o pastos. Estas figuran entre las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero, y al mismo tiempo facilitan la aparición de nuevas zoonosis, como el SRAS-CoV-2, con un potencial pandémico. La extracción de petróleo y de madera en zonas forestales primarias implica la apertura de carreteras en los lugares de difícil acceso, favoreciendo el contacto entre personas y la fauna y facilitando la caza y el consumo de carne de caza. Al adelantar la frontera agraria para responder a las necesidades de los sistemas alimentarios actuales incrementa la frecuencia de los ecotonos, que son los espacios clave en la aparición de enfermedades infecciosas. Al mismo tiempo, la destrucción de los hábitats originada por estas actividades es la causa principal de la pérdida de biodiversidad, que está asociada asimismo al surgimiento de enfermedades infecciosas.

Así, tras el Antropoceno se halla lo que se denomina Capitaloceno. Para Jason Moore, a quien debemos esta noción, el Capitaloceno es “una manera de organizar la naturaleza, convirtiéndola en algo externo al ser humano y al mismo tiempo haciendo de ella una cosa cheap, en el doble sentido que puede tener este término en inglés: lo que es barato, pero también el resultado del verbo cheapen, que significa rebajar, devaluar, degradar” 3/. La posición dominante entre los teóricos del Antropoceno como nueva era geológica es la de datar su comienzo entre los años 1830 a 1850, en el momento del pleno auge y del inicio de la internacionalización de la revolución industrial. Jason Moore sostiene que el cambio de era es muy anterior. Lo sitúa en la implantación de la economía de las plantaciones y de una relación de explotación de los recursos naturales que vino aparejada con el recurso masivo a la fuerza de trabajo esclava. El Antropoceno que debe llamarse Capitaloceno puede “datarse simbólicamente en 1492. Las emisiones de CO2 se intensificaron a partir del siglo XIX, pero el modo capitalista de tratar la naturaleza data de mucho antes 4/.”

Cabe prever que vendrán nuevas pandemias a asolar el planeta si prosiguen la deforestación y la pérdida de biodiversidad al mismo ritmo catastrófico que ahora. Esta es la conclusión de informes que se presentarán a finales de septiembre en la Cumbre de Naciones Unidas sobre la Biodiversidad, bajo el epígrafe de “Acción urgente sobre la biodiversidad para un desarrollo sostenible” 5/. Un estudio estadounidense constata que actualmente EE UU “invierte relativamente poco en la prevención de la deforestación y la regulación del comercio de especies salvajes, pese a unas investigaciones correctamente realizadas que demuestran un alto rendimiento de tales inversiones para la limitación de las zoonosis, aparte de otras muchas ventajas que comportan. Dado que sigue aumentando la financiación pública en respuesta a la pandemia de Covid-19, nuestro análisis revela que los costes asociados a estos esfuerzos de prevención serían notablemente más bajos que los costes económicos y de mortalidad que supone la respuesta a estos agentes patógenos una vez hayan aparecido 6/.”

El momento inmediato de la situación mundial y el caso de China

Hoy por hoy no se está por planear futuras medidas de prevención, sino que impera un estado de cosas en que el relanzamiento de la producción, del consumo y del crecimiento está condicionado ante todo al retroceso de la pandemia, es decir, al momento en que se produzca la comercialización de una vacuna eficaz y sin graves efectos secundarios, y hasta entonces a la eficacia de las medidas adoptadas por cada gobierno para contener la propagación de la Covid-19 y permitir el retorno del personal asalariado a los lugares de trabajo. Este es el caso de China. Lugar de origen de la pandemia, también es el país en que esta ha sido combatida con más éxito (aparte de Taiwán y Corea del Sur). Mientras que países grandes como EE UU todavía se encuentran en la primera fase de expansión de la pandemia y otros, entre ellos algunos países grandes europeos, afrontan un fuerte rebrote, que los sitúa a lo largo de la curva punteada de la figura 1, China ha vuelto a unas tasas de crecimiento que según la OCDE harán de ella la única economía que terminará 2020 con una tasa anual positiva 7/.

Figura 2. China, una recuperación espectacular

 

Esta recuperación tiene que ver con el éxito de la campaña sanitaria, campaña que conviene examinar. Un artículo publicado por una organización estadounidense que se autoubica en la extrema izquierda (muy favorable al régimen cubano y al régimen venezolano) destaca importantes factores políticos y sociales. No menciona para nada los rasgos totalitarios del régimen chino (como ilustra la represión masiva contra los uigures) ni los oídos sordos que hicieron las autoridades a los avisos de una posible pandemia emitidos por diversos médicos desde finales de noviembre de 2019. Pero al margen de su sesgo propagandístico favorable al gobierno chino, subraya el tipo de medidas adoptadas para hacer frente a la pandemia en un país de la dimensión demográfica de China 8/.

El virus apareció por primera vez en Wuhan a finales de diciembre de 2019 9/. En dos a tres semanas se propagó rápidamente por toda la ciudad como reguero de pólvora, tomando desprevenido a todo el mundo. El 23 de enero, el gobierno chino ordenó la puesta en cuarentena total de Wuhan, una ciudad de once millones de habitantes. Fue el mayor confinamiento de la historia. Dos días después se bloquearon los accesos a toda la provincia de Hubei, que alberga a un total de 45 millones de personas, durante los tres meses siguientes para detener completamente la propagación del virus. La orden de confinamiento prohibió a todos los residentes salir de casa durante tres meses. Fueron movilizados unos 580.000 voluntarios procedentes del campo o de otras ciudades para ayudar a los residentes a cubrir sus necesidades. Puesto que nadie podía salir de compras, los consejos de barrio [que se solapan sin duda con los consejos de vigilancia vinculados al partido] organizaron a dichos voluntarios, que se convirtieron en solucionadores de problemas para las tareas cotidianas. Ayudaban a las personas mayores, organizaban el suministro de alimentos y se desplazaban todos los días para llevar medicamentos a las familias.

Algunas horas después del comienzo del confinamiento [estricto y prolongado] empezaron a llegar médicos voluntarios de todo el país para apoyar a Wuhan y Hubei. Entre finales de enero y abril llegaron 35.000 facultativos a Wuhan, epicentro de la epidemia. Por otro lado, en 10 días acudieron 12.000 trabajadores para construir dos hospitales especiales de infección de campaña, Huoshenshan y Leishenshan, que trataron a miles de personas con Covid-19. El ejército chino envió asimismo 340 equipos humanos con un total de miles de médicos y médicas militares, así como equipos logísticos a Wuhan y a la provincia de Hubei. Muchos y muchas eran estudiantes de medicina militar que no llegaban a los 30 años de edad.

El apoyo logístico fue muy importante para combatir el virus de forma efectiva. A comienzos de enero, nada más iniciarse la epidemia, en China escasearon muy pronto los equipos de protección individual (EPI). Las necesidades diarias de EPI en Wuhan ascendían a 60.000 monos de protección, 125.000 mascarillas quirúrgicas y 25.000 gafas protectoras. Sin embargo, China solo produce normalmente 30.000 monos de protección al día. El gobierno adoptó rápidamente las medidas oportunas, en particular la movilización de empresas públicas de todo el país, para acelerar la producción existente de EPI y construir nuevas líneas de producción. En algunas semanas, a mediados de febrero, se superó la penuria de EPI. Todo el personal sanitario llevaba monos de protección. Además, con el fin de reforzar las capacidades de diagnóstico y de rastreo inmediato, el gobierno movilizó rápidamente los recursos y coordinó el despliegue de puestos de detección públicos y privados, dotados de tests. Así, una empresa de genética y diagnóstico llamada BGI construyó en Wuhan, en pocos días, el laboratorio Huo-Yan, un centro de diagnóstico de Covid-19 totalmente funcional, capaz de hacer tests a decenas de miles de personas.

Algunas características destacadas de la crisis desde el punto de vista económico

Volvamos por un instante al informe del FMI de junio. En él se lee que el rasgo más específico y más notable del Gran Confinamiento es que “la desaceleración es profunda y se hace notar simultáneamente en el mundo entero” 10/. El texto inglés es más expresivo: “a synchronized, deep downturn”. Para quienes quieran comparar esta situación con la Gran Depresión que siguió al crash de 1929 en Wall Street, en la década de 1930, se observará que no tuvo lugar una sincronización similar. Gran Bretaña y la segunda potencia industrial de la época, Alemania, no se vieron afectadas hasta 1931. La crisis de la década de 1930 no fue mundial en el sentido en que la crisis actual se desarrolla en el marco de la globalización del capital del siglo XXI. La URSS se hallaba fuera del mercado mundial, al igual que China, embarcada en una guerra civil prolongada. Argentina y Brasil pudieron protegerse a base de barreras comerciales y de la reducción de su dependencia de las exportaciones.

En 2020, la estricta sincronización que se observa en la figura 1 se debe a que en el espacio de algunas semanas el confinamiento se aplicó en todos los países del mundo, con efectos inmediatos en los intercambios comerciales (productos y servicios). “El hecho de que la desaceleración se produzca al mismo tiempo en todo el mundo ha amplificado las perturbaciones económica en cada país.” En FMI señala que

en la mayoría de recesiones, los consumidores echan mano de sus ahorros o se apoyan en los dispositivos de protección social y la ayuda familiar para cubrir sus gastos; por eso el consumo sufre relativamente menos que la inversión. No obstante, esta vez la producción de servicios y el consumo también han descendido notablemente. Este patrón es fruto de una conjunción singular de factores: la distancia física, las medidas de confinamiento que ha habido que aplicar para frenar la transmisión y permitir que los sistemas sanitarios trataran un número de casos que crecía como la espuma, importantes pérdidas de ingresos y la erosión de la confianza de los consumidores.

Otra característica de la crisis que tiene consecuencias muy graves es la distribución muy desigual del desempleo.

Son los trabajadores poco cualificados, que no tienen la posibilidad de trabajar desde su casa, quienes más han sufrido el golpe en el mercado de trabajo. Asimismo, parece que hombres y mujeres no se han visto afectadas de la misma manera por la disminución de los ingresos: en las capas más modestas de la población de algunos países, las mujeres padecen más con la crisis que los hombres. El BIT calcula que cerca del 80 % de los 2.000 millones de trabajadores del sector informal a escala mundial se han visto fuertemente afectados por la crisis.

La crisis ha golpeado a todos los países, pero a diferencia de los países avanzados, los países emergentes sufren varios tipos de choque simultáneamente. En primer lugar, la crisis sanitaria, que revela a veces las carencias del sistema de salud, cuya gravedad depende en parte de su grado de desarrollo. En segundo lugar, los choques económicos, en que intervienen el tamaño del país y en particular la dependencia de su crecimiento con respecto a la demanda exterior. Una dependencia muy fuerte de un único sector de actividad puede fragilizar el país. Después están los márgenes de maniobra de cada país en materia de políticas económicas, monetarias y presupuestarias. Finalmente, la situación política y social puede tener un impacto nada despreciable en la capacidad del país para hacer frente a la crisis.

Un sector financiero volátil que tiene asegurado el apoyo incondicional de los bancos centrales

Una alta responsable del secretariado del FMI colgó en junio un estudio en el blog de la organización. Una de sus constataciones es la de “una divergencia chocante entre los mercados financieros y la economía real: los indicadores financieros muestran unas perspectivas de relanzamiento mejores que las que se deducen de la actividad real. A pesar de una reciente corrección, el índice S&P 500 ha recuperado la mayor parte de sus pérdidas desde el comienzo de la crisis; el índice FTSE relativo a los países emergentes y el correspondiente a África experimentan una clara mejora; el Bovespa ha subido de manera notable a pesar del alza de los índices de infección en Brasil; los flujos de inversión de cartera hacia los países emergentes y los países en desarrollo se han estabilizado 11/”.

La corrección de que habla la autora fue de corta duración. A partir de julio, las cotizaciones volvieron a ascender. A mediados de septiembre, el índice bajó de nuevo debido a la preocupación de los inversores por el descontrol de la pandemia en EE UU y su nuevo agravamiento en Europa, así como por las tensiones entre EE UU y China. Determinados títulos están extremadamente sobrevalorados. Es el caso de Tesla, cuyos ingresos han aumentado un 5 % y sus flujos de tesorería un poco más del 20 %, pero la cotización de cuyas acciones ha dado un salto alcista del 750 %. Sin embargo, la empresa ofrece más o menos los mismos productos que hace un año, tiene la misma dirección y opera en el mismo mercado. No es extraño que los comentaristas bursátiles hablen de un momento extremadamente peligroso 12/.

Figura 3. Evolución del índice S&P 500 (de marzo de 2019 al 25 de septiembre de 2020)

 

Es importante rememorar el pánico bursátil de marzo. El 12 de febrero de 2020, el índice Dow Jones Industrial Average (DJIA) alcanzó un récord histórico de 29.551 puntos. Después, los inversores se percataron de pronto de la pandemia. El 9 de marzo, el DJIA cayó en picado más de 2.000 puntos y siguió descendiendo hasta los 18.321 puntos el 23 de marzo. La caída se detuvo a raíz de la intervención sin precedentes de la Reserva Federal (Fed), que acudió rauda en auxilio de los inversores financieros. Mientras que el mercado bursátil neoyorquino se hundía a medida que se expandía la pandemia, la Fed actuó rápidamente para inyectar liquidez en los mercados, incrementando el pasivo de su balance un 12,4 % tan solo en la semana del 26 de marzo, rebasando la suma de cinco billones de dólares por primera vez en su historia. A partir de mayo, cuando en EE UU crecía el paro vertiginosamente una semana tras otra, el índice DJIA hacía lo mismo. Esta discrepancia está llamada a continuar y el apoyo de la Fed a los mercados, también. Su presidente, Jerome Powell, reconoció a mediados de mayo que las perspectivas para el empleo eran graves, pero insistió –para inquietud incluso de The Economist 13 /– en que la Fed seguiría adoptando medidas extraordinarias para apoyar al sector financiero. De ahí la separación cada vez mayor entre la situación de la clase trabajadora y de las clases medias y la de la clase profesional acomodada, propietaria de acciones, sin hablar ya de la del estrato del 1 % e incluso del 0,1 %.

La divergencia entre las cotizaciones bursátiles y la economía real debe examinarse desde un segundo punto de vista. El fuerte retroceso de la producción y el altísimo nivel del desempleo implican que el importe de la plusvalía de que se apropian los grupos industriales, por mucho que acentúen la presión sobre sus subcontratistas, es bajo. Como demuestra el ejemplo de Tesla, las bolsas han roto todo lazo con la economía real y viven en una burbuja. Hoy, su funcionamiento refleja hasta el paroxismo la caracterización que hizo Rudolf Hilferding:

La compraventa de estos títulos es, pues, un fenómeno puramente económico, un mero desplazamiento en la distribución de la propiedad privada, sin ninguna influencia sobre la producción o la realización de los beneficios (al revés de lo que sucede en la venta de mercancías). Las ganancias o pérdidas de la especulación solo nacen, pues, de las diferencias de las correspondientes valoraciones de los títulos. No son beneficios, ni parte de la plusvalía, sino que solo brotan de las oscilaciones de las valoraciones de la porción de plusvalía que va de la empresa a los propietarios de acciones; oscilaciones que, como ya veremos, no necesitan nacer de una variación en los beneficios verdaderamente realizados. Son puras ganancias diferenciales. Mientras que la clase capitalista como tal se apropia, sin equivalente, de una parte del trabajo del proletariado y obtiene así sus beneficios, los especuladores no ganan más que unos de otros. La pérdida de uno es la ganancia del otro. Les affaires, c’est l’argent des autres 14/.

La necesidad que tiene todo gestor de fondos de inversión de obtener ganancias diferenciales, por pequeñas que sean, a expensas de los competidores, es tanto más acuciante cuanto menores sean los tipos de interés. El bajo nivel de estos es el resultado de treinta años de acumulación de capital generador de intereses y dividendos 15/, a la que se añade la política de apoyo de los bancos centrales a los bancos.

Figura 4: Tipos de interés de los préstamos y de los depósitos bancarios en la zona euro

 

[El tipo de interés de los préstamos es el que se concede a las sociedades no financieras. La línea vertical indica la fecha en que los tipos de referencia del BCE pasaron a ser negativos.]

Aprender a convivir con el virus” en una sociedad dividida en clases y ultrapolarizada

La OCDE llama a sus países miembros a acostumbrarse a vivir bajo la amenaza de la pandemia. En la página de guarda del informe de septiembre leemos que “el restablecimiento de la confianza será crucial para el éxito con el que se recuperarán las economías, y para ello hemos de aprender a convivir de forma segura con el virus”. Dos ideas, por tanto: el restablecimiento de la confianza y la “convivencia segura con el virus”. Esta última puede referirse a varias cosas.

Veamos en primer lugar la situación en el frente de las vacunas. Las vacunas que aspiran a la homologación se someten a ensayos. Los ensayos de fase 1 están destinados principalmente a comprobar la inocuidad de la vacuna, a determinar las dosis y a identificar los posibles efectos secundarios en un pequeño número de personas. Los ensayos de fase 2 siguen explorando la inocuidad y comienzan a estudiar la eficacia en grupos de personas más grandes. La última etapa, los ensayos de fase 3, que alcanzan pocas vacunas, implica a miles o decenas de miles de personas. Estos ensayos están destinados a confirmar la eficacia de la vacuna y a identificar los efectos secundarios raros, que solo aparecen en grupos grandes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica las vacunas aspirantes según las distintas fases de los ensayos clínicos. Para la Covid-19, en junio había siete en fase 3 (cinco chinas, una estadounidense y una rusa), dos en fase 2/3 (una británica y una alemana), trece en fase 2, tres en fase 2/1 y diez en fase 1 16/. Posteriormente han entrado en la fase 1 una veintena de candidatas, entre ellas la del Institut Pasteur. Además, entre las primeras familias de vacunas y las siguientes suele darse un grado de eficacia creciente.

Para contener la pandemia a escala mundial harán falta una o varias vacunas, pero también se necesitarán en cantidades enormes. Se precisarán literalmente miles de millones de dosis a fin de proteger a un número suficiente de personas de todo el mundo para hacer retroceder el virus. Aunque una o varias vacunas resulten al mismo tiempo ser seguras y eficaces, ningún industrial podrá producir más de algunos centenares de millones de dosis, al menos al comienzo. La solución ideal, para aumentar las posibilidades de conseguir una vacuna eficaz, habría sido que los gobiernos pusieran en común sus recursos. Esto es música celestial en el caso de las vacunas, aunque todavía es posible realizarlo con respecto a la producción, al menos entre determinados países. Con este fin se han creado asociaciones como la COVID-19 Vaccine Global Access Facility (COVAX Facility) y Gavi Covax Advance Market Commitment (AMC). La Comisión Europea participa en ellas 17/.

Durante muchos meses, la vida cotidiana compartida de forma segura con el virus dependerá de las medidas que adopte cada gobierno. Los resultados no son muy halagüeños. En un titular del número del 26 de septiembre del semanario The Economist leemos “Por qué tantos gobiernos fracasan” frente a la Covid-19. Vuelvo a citar un largo pasaje:

Los reconfinamientos generalizados como en Israel son costosos e insostenibles. Países como Alemania, Corea del Sur y Taiwán han utilizado tests de diagnóstico y rastreos muy precisos para hallar los lugares concretos de transmisión acelerada. Alemania ha identificado mataderos, Corea del Sur ha contenido brotes de la pandemia en un bar y en iglesias. Si los tests de diagnóstico son lentos, como en Francia, fracasarán. Si no se confía en el rastreo de contactos, como en Israel, donde la labor corre a cargo de los servicios de información, mucha gente quedará sin detectar. Los gobiernos deben hallar los compromisos que tengan más sentido desde el punto de vista económico y social. Las mascarillas son baratas y prácticas y funcionan. La apertura de las escuelas ha de ser una prioridad, al contrario que los lugares bulliciosos y despreocupados como los bares. Los gobiernos, como el de Gran Bretaña, que emiten órdenes que cambian continuamente y que se saltan impunemente sus propios funcionarios, constatarán lo poco que se respetan. Los que –como es el caso de la Columbia Británica (Canadá)– establecen unos principios e invitan a los particulares, las escuelas y los centros de trabajo a elaborar sus propios planes para ponerlos en práctica serán capaces de sostener el esfuerzo en los próximos meses. Cuando comenzó la pandemia de Covid-19, los gobiernos estaban desprevenidos y tiraron del freno de emergencia. Hoy ya no tienen esa excusa. En la carrera hacia la normalidad, España bajó la guardia. Las detecciones en Gran Bretaña no funcionan, por mucho que los contagios se hayan disparado desde el mes de julio. Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE UU, que antaño eran los organismos de salud pública más respetados del mundo, han cometido errores, víctimas de un mal liderazgo y del desdén presidencial. Los dirigentes israelíes han sido víctimas de su orgullo y de las luchas intestinas. La pandemia está lejos que haber concluido. Se atenuará, pero los gobiernos deben ponerse las pilas.

Restablecimiento de la confianza, pero ¿en quién? El caso francés

Veamos la cuestión del restablecimiento de la confianza que preconiza la OCDE: la confianza, vale, pero ¿en quién? En el caso de Francia, en un contexto de falta de confianza general, por no decir de desconfianza con respecto al gobierno en el frente de la pandemia, la respuesta clara es: en las empresas. Así, un comunicado del Elíseo del 1 de octubre nos informa de que en el “foro anual Bpifrance Inno Génération, una de las principales asociaciones europeas dedicada a los emprendedores, el presidente Emmanuel Macron ofreció un mensaje de confianza en los empresarios, cuyo espíritu de reconquista es esencial para superar el periodo por el que estamos atravesando” 18/. Las empresas se verán respaldadas en todos los aspectos. Es el caso del 5G, con respecto al cual Macron ha declarado ante los empresarios de la French Tech, reunidos en el Elíseo, que Francia va a “tomar la vía del 5G”, al tiempo que ha ironizado sobre quienes prefieren “el modelo amish” y el retorno “a la lámpara de aceite”.

Es el caso del plan France relance, con respecto al cual un largo artículo publicado por la revista digital Basta 19/ demuestra que está concebido para ayudar a las empresas. En la parte tan anunciada a bombo y platillo de los fondos asignados a la transición ecológica ni se mencionan los transportes públicos, ni la reducción de la circulación de vehículos privados, y el automóvil eléctrico goza del apoyo total del gobierno. Por citar uno de los numerosos ejemplos descritos en el artículo de Basta, “las empresas han conseguido que se implemente un nuevo dispositivo de actividad parcial de larga duración (APLD), dotado de 7.000 millones de euros. Esto les permite reducir la jornada laboral de su personal hasta el 40 % durante un periodo de 6 a 24 meses, beneficiándose además del dinero público para cubrir del 85 al 100 % de los salarios. Animadas por el gobierno a firmar “masivamente” tales acuerdos, las empresas podrían lograr una importante suavización de la obligación de mantener empleados a los trabajadores y trabajadoras en regulación de empleo: al final, la empresa podría no estar obligada a devolver las ayudas obtenidas si suprime empleos. Para ello, le bastaría demostrar que se han degradado sus perspectivas de actividad.”

Antes de la pandemia había más de cinco millones de pobres registrados. Cinco millones y medio de personas ya recibían puntual o regularmente ayuda alimentaria. Es un millón más que hace diez años, y además están quienes no están registrados 20/. Asimismo se han sumado millones de trabajadores y trabajadoras precarias, de estudiantes y autónomos. Solamente el 0,8 % del plan de relanzamiento está destinado a apoyar a estas personas, cuya situación se ha degradado todavía más con la conjunción de los efectos sanitarios, económicos y sociales de la pandemia. En efecto, se prevén apenas 800 millones de euros para financiar el aumento de la asignación del comienzo del año escolar (100 euros más por alumno o alumna de familias modestas) y la rebaja del precio de los almuerzos a un euro para los estudiantes becados. “Puesto que estos gastos ya están comprometidos”, dice el artículo de Basta, “no se prevé desbloquear ni un euro más para ayudar a las poblaciones que más lo necesitan, mientras que los estudios demuestran que habría bastado con movilizar apenas el 7 % del plan de relanzamiento, es decir, unos 7.000 millones de euros, para erradicar la pobreza extrema.”

A modo de conclusión

Así, el gobierno no pretende restablecer la confianza en los trabajadores y trabajadoras en activo o en paro y en la gente muy pobre. En su caso, el emplazamiento a “convivir con el virus” con los métodos de “mantenimiento del orden” implementados por los gobiernos sucesivos se presenta como una amenaza. La correlación de fuerzas es favorable al capital en un grado que tal vez nunca había alcanzado con anterioridad. Cabe temer que al acercarse el invierno el gobierno de Macron apueste por la desmoralización y el desánimo de la clase trabajadora y, si estallan las protestas aquí o allá, por su canalización por parte de las direcciones sindicales. Pero no es imposible que la gente se rebele. De ahí que los y las militantes no deben dejarse invadir por tales sentimientos, por difícil que resulte, ni se enreden en conflictos internos estériles.

06/10/2020

http://alencontre.org/economie/loriginalite-absolue-de-la-crise-sanitaire-et-economique-mondiale-du-covid-19.html

Traducción: viento sur

Notas

1/ Cristina O’Callaghan-Gordo y Josep M. Antó, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7227607/

Véase también, en el mismo sentido, el artículo del 20 de mayo de Alain Bihr, https://alencontre.org/societe/de-quelques-enseignements-a-ne-pas-oublier-a-lheure-dun-possible-retour-a-lanormal.html

2/ Li P., 2020, sin título, South China Morning Post [Google Scholar] y https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2590053619300308?utm_source=TrendMD&utm_medium=cpc&utm_campaign=Biosafety_and_Health_TrendMD_1 [Google Scholar]

3/ Jason Moore se ha basado en sus publicaciones académicas consultables en Internet para escribir un libro importante, Capitalism in the Web of Life, Verso, 2015.

4/http://alencontre.org/ecologie/capitalisme-et-changement-climatique-notions-theoriques-et-trajectoire-historique-initiale-i.html

5/https://www.un.org/pga/74/united-nations-summit-on-biodiversity/

6/https://science.sciencemag.org/content/369/6502/379

7/http://www.oecd.org/economic-outlook/sept.2020

8/https://www.workers.org/2020/08/50824/

9/ En su relato Un hiver à Wuhan, Verticales, septiembre de 2020, Alexandre Labruffe data las primeras inquietudes en el hospital en que investigó en el 31 de diciembre. Véase también, en la web de A l’Encontre, el artículo del especialista en China, Frédéric Koller : http://alencontre.org/asie/chine/coronavirus-et-si-loms-avait-ecoute-taiwan.html

10/https://www.imf.org/fr/Publications/WEO/Issues/2020/06/24/WEOUpdateJune2020

11/ Gita Gopinath, Le Grand Confinement dans une perspective mondiale, https://www.imf.org/fr/News/Articles/2020/06/16/blog061619-the-great-lockdown-through-a-global-lens

12/https://seekingalpha.com/article/4376604-dangerous-phrase-in-investing-world?mod=mw_quote_news

13/ “A dangerous gap. The markets versus the real economy”, The Economist, 05/05/2020.

14/ Rudolf Hilferding, El capital financiero, Editorial Tecnos, 1963, p. 145. Las cursivas son del orignal.

15/ Me remito a mi largo artículo de abril de 2019, http://alencontre.org/economie/la-theorie-du-capital-de-placement-financier-et-les-points-du-systeme-financier-mondial-ou-se-prepare-la-crise-a-venir.html

16/https://www.gavi.org/vaccineswork/covid-19-vaccine-race

17/https://euraxess.ec.europa.eu/worldwide/north-america/commission-joins-covid-19-vaccine-global-access-facility-covax

18/https://www.elysee.fr/emmanuel-macron/2020/10/01/forum-annuel-bpifrance-inno-generation-big

19/https://www.bastamag.net/Plan-de-relance-100-milliards-croissance-PIB-Bruno-Lemaire-epargne-bouclier-anti-licenciement. Véase también Michel Husson, http://alencontre.org/europe/france/france-relance-ceci-nest-pas-un-plan.html

20/http://www.observationsociete.fr/revenus/pauvrete

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La economista jefa del Banco Mundial advierte de una crisis financiera tras la pandemi

La economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, ha alertado de la posibilidad de que surja una crisis financiera por culpa de la pandemia del coronavirus.

 

"Esto no comenzó como una crisis financiera, pero se está transformando en una gran crisis económica con consecuencias financieras muy graves. Hay un largo camino por delante", declaró Reinhart en una entrevista con Bloomberg Television.

Reinhart es conocida por su trabajo conjunto con Kenneth Rogoff sobre la crisis financiera de 2008. Los dos escribieron el libro titulado Esta vez es diferente: ocho siglos de locura financiera. Desde aquel entonces, se consideran especialistas en recesiones, pánicos bancarios, ventas de divisas y picos inflacionarios.

"Esto es una guerra. Durante las guerras los gobiernos financian sus gastos de guerra como pueden y ahora mismo hay necesidades extremas. El escenario en el que estamos no es sostenible", añadió.

Reinhart también ha comentado la decisión de las naciones más ricas del mundo de renovar la iniciativa de alivio de la deuda para los países más pobres hasta la primera mitad de 2021 en vez de cumplir la petición del Banco Mundial de una prórroga de un año completo.

China es el mayor prestador del mundo. A este país se le debe casi el 60% del dinero que las naciones más pobres del mundo deberían devolver este año, según los datos del Banco Mundial. No obstante, el gigante asiático carece de entusiasmo para participar en el alivio de la deuda. El Banco de Desarrollo de China, uno de los principales prestamistas, no se ha unido al esfuerzo, ni tampoco los acreedores del sector privado.

01:11 GMT 17.10.2020

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Cómo reconstruir sobre los escombros del liberalismo

Entrevista a Naomi Klein

El clima y la elección en EE UU

GB: En CNBC News se difundió esta semana un reportaje que dice que el hemisferio norte está conociendo el verano más cálido jamás registrado; en los meses de junio a agosto, la temperatura fue 2,11 grados Fahrenheit –alrededor de un grado Celsius– más alta que el promedio del hemisferio norte, con lo que hemos tenido el agosto más caluroso desde que comenzaron a realizarse estos registros en 1880. Escalofriante, ¿no?

NK:Sí, en efecto, porque estamos perdiendo el hielo del Ártico a un ritmo alarmante. Creo que donde resulta más inquietante, en cuanto al calor que hace, es en el extremo norte. Estamos viendo ahora temperaturas asombrosamente cálidas en el Ártico. Está claro que cuando se derrite el hielo, sube el nivel del mar y esto tiene enormes efectos globales, y además es irreversible. Como dice mi amigo Bill McKibben, hemos acabado con uno de los principales elementos característicos del mundo, el Ártico. Sí, esto es nefasto. Y claro que los grandes incendios son un síntoma de ello. Las tempestades, esa acometida de huracanes simultáneos que golpean la costa meridional de Norteamérica, también son sintomáticos, al igual que en el Caribe. Esto ya es realidad, definitivamente.

GB: En otra parte del reportaje se explica que la temperatura en el Valle de la Muerte alcanzó los 130 grados Fahrenheit [⁓ 54,5 grados Celsius], una de las temperaturas más elevadas que jamás se han registrado en el planeta.

NK: Sí. Estuve en la región el verano pasado, y el calor ya era insoportable con 118 grados. Estamos perdiendo también esos ecosistemas únicos. Los árboles de Josué, esos paisajes de otro mundo, van a terminar ardiendo. Este nivel de temperatura es el contexto en que se producen los enormes incendios. En los últimos días han estado ardiendo al mismo tiempo cinco de los incendios más extensos de la historia de California. Así que el calor tiene mucho que ver con esto. No es el único factor. Hay otros factores que determinan que esto se nos haya ido de las manos, incluida la manera en que se han gestionado los bosques.

Esto es lo extraño de Donald Trump, que a menudo tiene una pizca de razón. Fue a California y dijo que el problema no son las altas temperaturas ni el cambio climático, sino la gestión forestal. Claro que tiene que ver con el aumento de las temperaturas y con la sequía, pero un aspecto agravante ha sido la eliminación y el desprecio de los conocimientos indígenas en California y en tantas otras partes del mundo.

Los pueblos indígenas solían practicar las llamadas quemas culturales, que a veces también se denominan quemas controladas; constituyen una manera de cuidar el bosque, permitiendo que haya algún fuego como parte de un ecosistema sano. El ecologismo ha tendido a contemplar el bosque como un museo, como algo que no hay que cambiar. Y ha habido mucho miedo al fuego a medida que las cosas se han descontrolado. Si temes perder tu casa –que no deberían haber construido en zonas con peligro de incendio–, entonces no puedes tolerar ningún fuego.

Luego esta esa acumulación de materia combustible, que no es más que madera muerta, restos. Tal como yo lo veo, si quieres hacer un fuego en el bosque, primero reúnes algo de leña menuda y tal vez un pedazo de papel, y encima colocas algunos leños pequeños y enciendes el fuego con una cerilla. Cuando todo arde, echas trozos de leña más grandes. Así que no permitimos que los fuegos naturales eliminen los restos. También están los insectos asociados al cambio climático que no mueren de forma cíclica, que han estado comiendo madera, comiendo árboles y dejando atrás un reguero de muerte. Acabamos de tener una nueva infestación de polillas, que hacen lo mismo. Así que hay montones de material combustible. Esta es la leña menuda, y si imaginas que alguien hace un fuego en el bosque, el calor hace de cerilla, el calor se acerca y entonces todo arde. Ahí es donde estamos en estos momentos.

GB: ¿Qué importancia crees que tendrá esta cuestión en la campaña de la elección presidencial? ¿Piensas que la magnitud de los desastres que estamos viendo este año, por mucho que Trump rechace la idea de que esto tenga algo que ver con el colapso climático, hará que la gente comience a prestar atención a todo esto y que ello influirá en su voto?

NK: Creo que si Biden se ratifica en los mensajes que ha estado emitiendo en los últimos días, podría tener un impacto enorme, porque los sondeos muestran que el electorado está muy preocupado por el cambio climático. El cambio principal de los dos últimos años, y en especial del último año y medio, se ve cuando se pide a los y las votantes al Partido Demócrata que declaran que les preocupa el cambio climático que clasifiquen por orden de importancia las cuestiones que les preocupan. Claro que es una manera extraña de sondear la opinión, la de preguntar a la gente: ¿qué te preocupa más, la salud o el empleo, o el empleo o el clima? Así que la gente confecciona esa ridícula lista, como si todas esas cuestiones no estuvieran interrelacionadas.

Pero en este sondeo, cuando piden a votantes del Partido Demócrata que declaran que les preocupa el cambio climático que lo clasifiquen por orden de importancia, suelen poner siempre el cambio climático en la parte baja de la lista, como en el puesto decimonoveno o vigésimo. Esto ha sido así durante un decenio. Sin embargo, en los dos últimos años la cuestión ha ido escalando hasta el punto de que en las primarias del Partido Demócrata rivalizaba con la atención sanitaria por el primer puesto. También adquiere una importancia destacada entre votantes independientes y muchos Republicanos. Así que es una cuestión ganadora. Hay claramente un sentido de la urgencia, en particular cuando la gente afronta lo que sabe que no tiene precedentes.

Recuerdo que estando en Misisipi, Estado Republicano como el que más, después de que el huracán Katrina azotara la costa del golfo de México y hablando con votantes Republicanos, estos dijeron: “Por supuesto que esto es el cambio climático. Construimos nuestra casa aquí porque sabemos dónde se sitúa el nivel máximo del agua, y el agua del río nunca había subido tanto como ahora.” Así que cuando la gente lo vive en propia carne, cuando sabe que nunca ha habido un incendio como este, que nunca ha habido una tempestad que haya hecho subir tanto el nivel del río, esto afecta a su vida, y entonces está claro que tienen un tremendo sentido de la urgencia al respecto.

Y creo que se han emitido algunos mensajes inteligentes desde el bando de Biden, cuando oyes a Trump decir estas cosas destinadas muy específicamente a las zonas residenciales suburbanas: los Antifa vienen a por vosotros, quieren destruir vuestros barrios. Lo que ocurre realmente es que lo que destruye las zonas residenciales no son los Antifa, sino los grandes incendios incontrolados en el noroeste de la costa del Pacífico. Es lo mismo que las tempestades sin precedentes. Creo que son mensajes inteligentes. Espero que Biden insista. A menudo escuchamos algún mensaje bueno sobre el clima en boca de algún que otro Demócrata centrista, pero luego se asustan. Les acusan de politizar las catástrofes y entonces se acobardan y se desdicen. Espero de verdad que no se acobarden, porque creo que es un mensaje ganador.

GB: ¿Y qué me dices de la política efectiva? Biden se ha sacado de la manga ese plan por el clima de dos billones de dólares –toda una sensación mediática– y he visto algunos comentarios positivos de medios progresistas e incluso de personas que apoyaban a Bernie Sanders y otras candidaturas. ¿Crees que será tan transformador como parece?

NK: Pienso que la respuesta breve es no, no si se deja en sus manos. Y para serte sincera, en realidad no le he prestado mucha atención. Está claro que sigo lo que dice el bando de Biden, pero me temo que he presenciado suficientes campañas electorales para saber que hay una diferencia realmente muy grande entre lo que dirá un Demócrata centrista en la campaña y lo que hará cuando asuma el cargo. Observan los mismos sondeos que yo. Comprenden que esta es una cuestión ganadora que atraviesa las divisorias partidarias, que resuena en los barrios residenciales suburbanos acomodados, así como en comunidades y ciudades desfavorecidas. Y entienden que hay un ala juvenil muy movilizada en su propio partido, representada por el Sunrise Movement, entre otros, que les harán la vida imposible si no dicen algunas de las cosas que hacen falta.

Así que ¿significa esto entonces que van a traernos el Green New Deal, el gran pacto social verde de nuestros sueños? De ningún modo. No significa esto. Significa que comprende que este es un mensaje electoral ganador, que es peligroso no ofrecer algo al ala progresista del partido, pero habla por las dos comisuras de la boca. Biden también suelta esos discursos en que afirma que no piensa prohibir la fracturación hidráulica, pues se ha convencido de que esta es la manera de ganar en Pensilvania. Creo que la medida real de lo que podemos esperar de Biden la tendremos cuando veamos de quiénes se rodea y a quiénes acaba nombrando. Pienso que una señal de esperanza, me parece, es que el movimiento por la justicia climática no adopta una postura de esperar y ver, que fue uno de los grandes errores que hicimos con Obama.

Cuando Obama, había un ala muy potente del Partido Demócrata que yo calificaría con eso de dadle al tipo una oportunidad, que sin importarle qué cosas indignantes hizo Obama –hizo campaña diciendo que rescataría la Main Street de las garras de Wall Street y luego resulta que buscaba asesoramiento económico en Larry Summers–, siguió diciendo eso de dadle al tipo una oportunidad. Puede que en esta partida de ajedrez tridimensional que estuvo jugando, Obama trataba de dar a entender que quería calmar a Wall Street, y realmente esa era su intención.

Y pienso que hemos aprendido la lección a base de palos; no le deis ninguna oportunidad al tipo. Mantened la presión a todo trapo. Y se han enviado cartas firmadas por montones de líderes medioambientales, advirtiendo a la administración de Biden que no nombre para los cargos cruciales en materia energética a personas vinculadas al sector de los combustibles fósiles, que es lo que hizo Obama. Así que la gente trata de tomar la delantera y dejar claro que no nos contentaremos con algunas frases bonitas durante la campaña, que de verdad la cuestión es a quién nombrará, de quién se rodea. Y pase lo que pase, lo decisivo será la presión a que se vea sometido. Estoy absolutamente convencida de que es imperativo que nos deshagamos de Trump, que vayamos al terreno en que estos debates importan.

Ni siquiera nos preocupamos de presionar a Trump porque sabemos que no es posible presionarle. Y menos aún con cuestiones como la del Green New Deal, no sirve de nada. Así que hemos de ir al terreno en que podemos tener algo de fuerza y hace falta que aprendamos de los errores durante los años de Obama, cuando francamente perdimos el tiempo durante el primer mandato de su presidencia, dándole al tipo una oportunidad en múltiples frentes. No fue hasta el segundo mandato que comenzamos a ver actos de desobediencia civil masiva, bien sea en el movimiento climático con la campaña entre el oleoducto Keystone XL y luego contra el oleoducto de acceso a Dakota en Standing Rock, el movimiento Black Lives Matter, o el de los Dreamers, el movimiento por los derechos de los migrantes.

La gente salió a la calle y se manifestó contra el gobierno de Obama, practicó la desobediencia civil y planteó alternativas potentes. Fue entonces cuando empezamos a ver alguna reacción y conseguir algunas políticas medianamente decentes. Está claro que no tenemos todo ese tiempo. De modo que lo que podamos conseguir de Biden dependerá de lo que reivindiquemos durante el periodo de transición y a partir del primer día. Todo esto suponiendo que entraremos en lo que hoy por hoy es el mejor escenario posible, a saber, que gane Biden.

Una vida en la izquierda

GB: Tu libro No Logo fue como un oasis en el desierto neoliberal que existía antes de la crisis financiera, en tiempos del movimiento altermundista. Después hiciste un documental, The Take, sobre la toma de una fábrica por los obreros en Argentina. Y luego vino La doctrina del shock, publicado en vísperas de la crisis financiera, que demostró que su tesis central es correcta. Desde entonces has publicado algunos más, entre ellos Esto lo cambia todo y On Fire, tu libro más reciente, The Burning Case for the Green New Deal. ¿Puedes contarnos un poco cómo te implicaste en todo esto? ¿De dónde vino tu impulso a querer comenzar a escribir, a querer implicarte en el activismo?

NK: Bueno, siempre he escrito. Me veía a mí misma como escritora y me propuse escribir antes de verme como activista. De niña escribía mucho. Escribí un montón de mala poesía, llené muchísimos diarios, adoraba escribir, adoraba leer, y crecí en una familia activista. Mi madre es cineasta documental. Formaba parte del que creo que fue el primer estudio cinematográfico de mujeres del mundo, llamado Studio Den Canadá. Mis padres se oponían a la guerra. Vinimos a Canadá porque mi padre que quería ir a Vietnam. Mi abuelo fue un sindicalista represaliado. Trabajó para Walt Disney de animador, participó en la organización de la primera huelga de animadores y después lo despidieron y lo pusieron en la lista negra.

Así que crecí en este ambiente. Y mis abuelos y abuelas formaban parte del movimiento de Vuelta a la naturaleza en Nueva Jersey, donde participaron en la fundación de esa especie de comuna llamada Nature Friends, donde actuarían Paul Robeson y Pete Seeger y Woody Guthrie. Así que en mi infancia bebimos toda esa cultura. Y yo estaba increíblemente abochornada durante mi adolescencia en la década de 1980. Simplemente pensaba que todo eso era horroroso, muy horroroso.

Pero de alguna manera la idea se me metió en la cabeza, a través del acervo familiar. Y cuando fui a la universidad, comencé a escribir para la revista del campus y me impliqué en la actividad política. Durante mi primer año de estudiante hubo una terrible masacre en una universidad de la ciudad donde vivía, Montreal. En aquel entonces fue, creo, uno de los peores actos de asesinato indiscriminado de la historia de Canadá, cuando un tipo armado fue a una escuela de ingeniería donde creía que le habían discriminado como hombre. Era una especie de incel [célibe involuntario] adelantado a su tiempo. Esto ocurrió en 1989. Entró en el edificio y separó a los hombres de las mujeres en la escuela de ingeniería, obligó a ellas a situarse contra la pared y dijo “sois todas una banda de jodidas feministas” y mató a 14 mujeres y después se suicidó.

Luego, en estado de consternación, conectamos nuestros televisores y nuestras radios y escuchamos a un sinfín de comentaristas masculinos diciendo que no tenía nada que ver con el feminismo o las mujeres o la misoginia. Que no era más que un trastorno mental. ¿Te suena? Y esta clase de cosas te sientan como un tiro, especialmente a mí, porque había crecido en ese contexto. Hasta aquel momento yo había intentado mantenerme al margen. Mi hermano era el gran activista. Yo solo quería ser escritora y no destacar demasiado. Y de pronto me vi presidiendo reuniones y chupando de ese acervo que no me había dado cuenta que llevaba dentro, pero que lo llevaba porque crecí en un hogar en que se celebraban reuniones políticas en la sala de estar. Así fue cómo todo comenzó para mí.

GB: Tu carrera comenzó con las críticas a la globalización neoliberal. ¿Puedes contarnos brevemente cómo ha evolucionado tu crítica de lo que los liberales llamarían el orden mundial basado en reglas desde la década de 1990? En particular, ¿crees que estamos entrando en una fase de algo así como una desglobalización?

NK: No sé muy bien cuál es esta etapa en que nos hallamos. No creo que alguien lo sepa. Pero nos hallamos en una nueva etapa. Y pienso que Trump ha marcado una época diferente, en la que ha surgido sin duda un nuevo tipo de proteccionismo. Pero no creo que esté tanto en contradicción con ese orden comercial neoliberal como él quisiera que creamos, ni mucho menos. Del mismo modo que creo que a Boris Johnson le gusta posicionar al Partido Conservador en la oposición a los globalistas, etc. Creo que han aprendido a entrever la crítica profunda de que lo que representó ese régimen comercial en términos de desindustrialización, de vaciado de las economías y de precarización del trabajo. Y saben que a sus bases esto les preocupa. Así que han buscado la manera de aparentar, por decirlo así, un cambio de este orden económico mundial. Dicho esto, creo que está produciéndose un cambio real en los conflictos con China. No sé si todo esto tiene pies ni cabeza más allá del mero deseo de Trump de mantenerse en el poder.

Pero por mi parte, en la década de 1990 me puse a examinar todo esto porque escribía una columna en un periódico canadiense, Toronto Star, y edité una revista de izquierda llamada This Magazine, e hicimos muchos reportajes sobre los efectos de este régimen comercial en el mundo del trabajo. Yo informaba tanto sobre las condiciones de sobreexplotación que imperaban en las fábricas en que se producían nuestros bienes de consumo, en Indonesia y en Filipinas y otras partes, finalmente en China, y sobre el ascenso del McJobs [empleo precario]. Todo esto está en No Logo.

El punto de partida fue el intento de comprender cómo se fabricaban entonces las cosas, las cosas de nuestras vidas. Y el ascenso de lo que yo llamaba esas marcas huecas, esas marcas que no tenían sus propias fábricas. Comprendí que la cuestión no era simplemente dónde se fabricaban las cosas, sino la concepción que tenían las empresas de sí mismas, no como fabricantes de cosas, sino sobre todo como productoras de ideas, de identidades, de tribus. Era el modelo Nike, que en su tiempo fue una revolución: el hecho de ser una empresa que parecía ser una empresa que se dedicaba sobre todo a fabricar y vender zapatillas deportivas y no poseía ni una de sus fábricas. Era un nuevo modelo de negocio, ya que todas sus competidoras tenían su propia cadena de suministro, y era tan rentable que todo el mundo comenzó a imitarle.

Pero lo que yo estaba tratando de vislumbrar era la manera en que este modelo de negocio cambiaba tanto el trabajo como la cultura. Está claro que transforma el trabajo, porque lo precariza y hace que las personas que producen las cosas pierdan importancia para los poderosos, ya que se emplean a través de una red de contratistas y subcontratistas. Si hay un problema en una fábrica, le rescinden el contrato y se lo dan a otra, con lo que pierde peso el poder del factor trabajo. Pero también transforma la cultura, porque si tu producto es tu idea, tu identidad, entonces produces a través del márqueting. Produces devorando las manifestaciones y expresiones de aquellas ideas en el mundo real a través del patrocinio empresarial, etc.

Así que como joven reportera me interesaba saber cómo la cultura juvenil estaba siendo devorada en aquel periodo, y No Logo trataba tanto del trabajo como de la cultura, trataba de cómo estaba cambiando nuestra cultura, y Trump es fruto de esto. Esto es algo que me parece que es importante que comprendamos, que Trump es la primera marca hueca que ha llegado a jefe de Estado. Se podría decir que Silvio Berlusconi fue un ejemplo temprano de esto, pero Berlusconi no era una marca, ¿verdad? Posee toda esa red de medios de comunicación y equipos deportivos, etc., estaba en ese negocio, pero la marca no era Berlusconi. En el caso de Trump, la marca es Trump. Y él se ha apoyado en esto, lo ha convertido en su carrera política. No creo que la gente dedique tiempo suficiente a pensar qué significa tener una marca de presidente. Es bastante extraordinario, de veras.

GB: Resulta increíble que escribieras La doctrina del shock, que se publicó en 2007, y un año más tarde, en toda Europa y el Reino Unido, tenías gobiernos aprovechando la crisis masiva para imponer los costes de un colapso financiero a la gente trabajadora a través de la austeridad…

NK: El capitalismo es creación de crisis, como sabes, así que no es tan increíble que hubiera una crisis. En realidad, este método se ensayó en todo el mundo tras la crisis financiera asiática, tras el colapso de la Unión Soviética, la crisis del peso. De esto escribí en La doctrina del shock. Finalmente, esta práctica fue asumida  por el centro del poder en Wall Street.

GB: Está claro que esto repercutió enormemente en los movimientos en que has estado implicada desde entonces. Buena parte de la energía que impulsó los momentos de Jeremy Corbyn y Bernie Sanders se remonta, de una manera u otra, a Occupy y las protestas que se produjeron tras la crisis financiera. ¿Cuál crees que es el efecto duradero de esta crisis en la izquierda?

NK: Pienso que de alguna manera hay un hilo rojo que relaciona a tantos de estos movimientos y, por otro lado, vemos cómo se informa de ellos, como si no tuvieran que ver unos con otros. Dicen que no hay relación alguna entre los movimientos altermundistas de comienzos de la década de 2000 y de finales de la de 1990 y Occupy, y por supuesto que la hay, y hay una conexión entre el movimiento por la justicia climática y Occupy y Bernie y Corbyn. Con un poco de suerte, aprendemos de nuestros errores, y creo que una de las limitaciones de los movimientos de las plazas fue que muchos de ellos no plantearon alternativas a este sistema fallido. Había una especie de fetichismo por la ausencia de demandas; fue un no, pero no fue un sí suficientemente fuerte a lo que queremos en su lugar.

Hay excepciones a este respecto, pero creo que por parte de la gente que se implicó en la plaza Tahrir o en las revueltas masivas de Grecia y Occupy se ha formulado una crítica, una autocrítica por la incapacidad de decir más que tan solo no. Has dicho que yo estuve implicada en este movimiento. Y lo estuve. Lo apoyé y fui a Occupy unas pocas veces y hablé con activistas y asistí a reuniones, pero lo cierto es que una vez publicada La doctrina del shock y cuando la economía mundial cayó en picado tomé la decisión de que no me dedicaría a ir aquí y allá para hacer lo que comenté en broma con mi pareja, Avi, la gira de Os lo dije, porque estaba recibiendo invitaciones.

Me llegaban invitaciones, como Ven a España. Ven a Grecia. Ven aquí. Ven y háblanos de La doctrina del shock. Pensé: bueno, ¿para qué? Porque la gente lo entiende perfectamente. En las calles gritaban “No pagaremos vuestra crisis” y hubo esa increíble revuelta, llena de fuerza, de gente que nombraba lo que estaba produciéndose. Fue una crisis creada por las elites. La provocaron los bancos. El coste de la misma estaba cargándose sistemáticamente sobre las espaldas de la gente menos responsable y más vulnerable. Estaba ocurriendo en un país tras otro, y la gente resistía y denunciaba. Ya estaba claro que el mero nono iba a pararlo.

Pero de todos modos ocurrió, y fue entonces cuando decidí escribir Esto lo cambia todo, pues había tomado esa decisión concertada de distanciarme un poco. Sentí profundamente que necesitábamos un contundente, una visión realmente transformadora de la clase de mundo que queríamos. No quiero emplear la palabra solución porque no creo que la cosa sea tan simple. Sería un proceso de reparación de esta rotura interseccional, la rotura de nuestro mundo físico, lo que le hemos hecho a nuestro mundo físico con el cambio climático, con tantas otras crisis ecológicas, la herencia de cuarenta años de austeridad y la rotura de nuestra infraestructuras de cuidados, y la rotura simultánea de la construcción del Estado carcelario, que está estrechamente relacionada con toda esa desinversión en los componentes del Estado que ayudan realmente a la gente.

Así es como veo el Green New Deal. Es algo que ha adoptado muchos nombres. Cuando escribí Esto lo cambia todo, cité a una negociadora boliviana sobre el cambio climático, de nombre Angélica Navarro. También era la embajadora boliviana en la Organización Mundial del Comercio, y reclamó un Plan Marshall para la Tierra. Era la misma idea. Creemos puestos de trabajo y luchemos contra la disrupción climática al mismo tiempo. Paguemos reparaciones por el colonialismo y la esclavitud. Estas son las palabras que dan miedo, pero es lo que tenemos que hacer.

Recuerdo que estuve en Europa cuando investigaba para el libro y me reuní con Alexis Tsipras y gente de Podemos. Tsipras me dijo, literalmente: “Nadie se preocupa ya del medio ambiente. Solo les preocupa la economía.” Yo le contesté algo así como: “Tu trabajo es hacer que se preocupen. Les trae sin cuidado porque sienten que tienen que optar por una cosa u otra, pero no tienen por qué optar. Es posible. Necesitamos una visión de cómo crear puestos de trabajo y superar la crisis climática al mismo tiempo. Esta es la vía de salida de la crisis.” Lo rechazó de plano. En aquel entonces escuchamos otros discursos similares, recuerdo a Pablo Iglesias diciendo que “la gente no puede preocuparse por el clima cuando tiene que llevar comida a la mesa”, y es lo mismo, no les obligues a optar. Como sabes, Grace, toda la idea de un Green New Deal o como quieras llamarlo es que dice a la gente: “Podemos crear puestos de trabajo para alimentar a las familias y al mismo tiempo curar el planeta y librarnos de los combustibles fósiles.”

Fue una oportunidad perdida, una oportunidad perdida a escala mundial, pero hemos de ser autocríticas al respecto. Pienso que ahora hay una generación de activistas por la justicia climática y políticos rebeldes que han captado la profundidad de este error y promueven por fin esta visión interseccional. Lo que estuve haciendo en aquel entonces era trabajar sobre lo que al final fue nuestra hoja de ruta, que lanzamos primero en Canadá, el Leap Manifesto [Manifiesto del salto], hace exactamente cinco años.

La crisis de la Covid

GB: En este momento nos hallamos en plena crisis mundial generada por la pandemia de covid-19. ¿Crees que estamos a punto de encajar otra lección en la línea de la política de La doctrina del shock? ¿O acaso eres más optimista y crees que seremos capaces de aprovechar este momento para impulsar un cambio real sobre la base del hecho de que tenemos una política formulada más alrededor de la idea de lo que podrías llamar un que simplemente un no? ¿Podría ser el Green New Deal nuestro en este momento, por el que podemos luchar y que podemos impulsar tras una crisis que va a causar tanto sufrimiento y exigirá renovar completamente tanto nuestros sistemas económicos como sociales?

NK: Debería serlo, y pienso que necesitamos una visión tan expansiva como sea posible, que realmente junte a los movimientos, porque también nos hallamos en medio de lo que se ha venido en llamarse un ajuste de cuentas racial, una revuelta por la justicia racial. Hay quien empieza a hablar de Black and Red and Green New Deal. Me gusta esta formulación porque pienso que queda por hacer un montón de trabajo para hacer confluir realmente estos movimientos, asumiendo las demandas, las demandas transformadoras de todos los movimientos, incluida la de dejar de financiar a la policía y acabar con el Estado carcelario e invertir en infraestructuras de cuidados.

Hace falta que el movimiento feminista nos informe en este sentido, de modo que consigamos un Green New Deal tan amplio como sea posible y que entre en resonancia con tanta gente que luche por ello como sea posible. No se trata simplemente de una cuestión de corrección política ni de poner crucecitas en montones de casillas. La cuestión es esta: ¿cómo construyes una coalición ganadora? ¿Cómo motivas a la gente para que luche por algo? Porque como hemos dicho al comienzo, perdimos las batallas en que tuvimos una oportunidad de contar con gobiernos que hicieran esto. Nuestras mejores perspectivas ahora son un Partido Laborista centrista y un Partido Demócrata centrista.

Así que lo que hace falta es que los movimientos sociales se unan en torno a este , y que entusiasmen realmente a la base, a una multitud de personas, para luchar por esto e implementarlo a escala local. Tenemos que mirar en qué ciudades gobiernan. ¿Por qué no podemos hacer muchas más cosas en este sentido en Londres, por ejemplo? ¿O en Manchester? Y lo mismo podemos decir de Nueva York y San Francisco y Los Ángeles. Son espacios en que no podemos limitarnos a culpar a Johnson y Trump. Se supone que tenemos algún poder en esos lugares, donde no ha ocurrido lo suficiente, y eso importa porque la mayoría de la población vive en ciudades. Así que si pueden ver que su calidad de vida mejora cuando conseguimos que se apliquen algunas de estas políticas, entonces el argumentario de la derecha, que blande el empleo frente al medio ambiente, comenzará a desmontarse porque la experiencia vivida por la gente demostrará lo contrario, que no hace falta que elijan una cosa o la otra.

GB: Ahora que asistimos, como dices, a la recuperación por candidatos centristas de partidos políticos en EE UU y el Reino Unido, ¿ves alguna posibilidad viable de lograr realmente el Green New Deal? Hemos hablado un poco de la importancia que los movimientos sean más radicales en estas cuestiones. A fin de cuentas, necesitaremos una legislación. Este es un problema de acción colectiva de masas. ¿Ves alguna posibilidad de lograr este cambio legislativo, pero también de reunir el volumen de recursos colectivos que necesitaremos para abordar esta cuestión ahora que los sectores de izquierdas de dichos partidos han sido derrotados?

NK: Creo que la cosa es bastante más complicada. Lo habría sido de todas maneras, porque lo cierto es que lo que hemos visto durante las campañas, y me refiero a la basura que se ha estado echando sobre Corbyn y Sanders y al hecho de que una parte significativa del Partido Laborista preferiría sin duda votar a Johnson que no a Corbyn, y una parte significativa de Demócratas centristas se arriesgarían antes a un segundo mandato de Trump que a tener un presidente socialista democrático, significa que lo que hemos experimentado apenas es una pequeña degustación de lo duro que habrían tenido que batallar si hubieran ganado. Así que no habría sido fácil, y puede que no hubiera conducido a nada.

Estamos hablando de otra vía distinta, una que requiere una movilización masiva. Cuando hablamos de la presión de los movimientos sociales, si observas lo que ocurrió en la década de 1930, cuando Franklin D. Roosevelt era presidente, lo que acontecía en la izquierda en EE UU era simplemente extraordinario. Había cada vez más huelgas todos los años. Dirías que cuando consigues la seguridad social y el seguro de desempleo y el final de los bancos, la gente podría pensar que no haría falta una huelga general, pero lo cierto es que eso ocurrió cuando ya había una huelga general.

Mi amigo Raj Patel ha confeccionado una gráfica sobre las alteraciones de la vida laboral durante la década de 1930. Lo que vemos es que a medida que se desarrollaba el New Deal, el número de huelgas aumentó rápidamente. El punto álgido se alcanzó en 1937, y el New Deal comenzó en 1933. Fue cuando bloquearon ciudades enteras, puertos, etc. No fue una mera protesta: fueron poblaciones movilizadas. Por eso Howard Zinn pudo decir: “Sí, pregúntate por quién votas cuando estés en la cabina donde se hallan las papeletas. Pero el resto del tiempo, construye poder.”

El libro de Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, trata de esta clase de poder, que se organizaba barrio por barrio, lugar de trabajo por lugar de trabajo, para construir esa fuerza capaz de conseguir algo de la magnitud del New Deal original, que como sabemos dejó fuera a las mujeres, dejó fuera a mucha gente trabajadora negra, porque no incluyó a la mano de obra agrícola ni a las empleadas domésticas. Y había una discriminación sistémica en el movimiento obrero, pero también tenía programas que proporcionaron más recursos a las poblaciones afroamericanas e indígenas que cualquier otro programa posterior.

Constituyen legados complicados, y tenemos que aprender tanto de sus fallos como de sus aciertos. Así que sí, pienso que es posible. Es realmente difícil y se trata de comprender que tenemos que reconstruir sobre los escombros del neoliberalismo. De alguna manera, creo que tal vez hayamos sido demasiado ingenuas al pensar que podríamos haberlo hecho de arriba abajo. Porque Corbyn y Sanders, si hubieran ganado, no tendrían detrás a poblaciones organizadas como las tuvo Roosevelt, porque no podemos reconstruir tan rápido partiendo de cincuenta años de ataques contra el movimiento obrero. Por tanto, el panorama es distinto y esta es una labor que necesitamos desesperadamente llevar a cabo.

Volviendo a lo que me preguntabas sobre la pandemia y cómo podríamos vencerla, creo que una de las cosas que ha hecho la pandemia es mostrar a millones de trabajadores y trabajadoras –que habían sido tratadas como un objeto de usar y tirar, cuyo trabajo había sido degradado al máximo, a las que habían dicho que no estaban cualificadas, que eran fáciles de reemplazar– que de hecho son los trabajadores y trabajadoras más esenciales en nuestra economía. Han sido calificadas de trabajadoras esenciales. Y si miras quiénes son las trabajadoras esenciales, se trata de la clase trabajadora, de la gente que hace que la rueda siga girando. Son las personas que cuidan a la gente mayor. Sabemos que quiénes hablamos. Hablamos de las personas que aseguran que lo básico funcione.

Quiero afinar mucho en cómo lo digo, porque pienso que muchas de esas personas no sabían lo importante que es su trabajo. Pero mira, la ideología neoliberal es una fuerza poderosa. Ahora, el personal de Amazon sabe que su trabajo es crucial para suministrar alimentos y ropa a la gente. Creo que en este aspecto no tendremos la misma situación que en la década de 1930, en qué significa ejercer el poder esencial de la clase trabajadora. Está organizándose en línea y en persona, pero estas son nuevas herramientas que se están organizando.

Pienso que existen distintas palancas en diferentes épocas del capitalismo, pero esta es nuestra esperanza; la que depositamos en los trabajadores y trabajadoras esenciales que han sido tan maltratadas. Podemos hablar de las enfermeras que han tenido que atender a pacientes de covid-19 sin los equipos necesarios para protegerse ellas mismas y a sus familias, pero hay tanta gente trabajadora enfurecida en estos momentos, y con toda la razón. Y allí hay poder si logramos movilizarlo.

02/10/2020

Naomi Klein es periodista y activista. Grace Blakeley es redactora de Tribune.

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Manifestantes en el barrio madrileño de Vallecas exigieron ayer más recursos a la salud pública. España reporta más de 31 mil muertos por Covid-19 y de acuerdo con expertos atraviesa por la segunda ola de contagios.Foto Ap

Recortes al presupuesto hacen estragos

 La red pública del país estaba entre las 10 mejores del mundo

 

Madrid. España vivía convencida de que su Sistema Nacional de Salud (SNS) era fuerte, eficiente y de excelente calidad. Una idea, además, confirmada por informes internacionales que lo situaban entre los 10 mejores del mundo. Sin embargo, la pandemia del Covid-19, que ha atacado con ferocidad en este país, puso en evidencia las profundas carencias acumuladas en la sanidad pública, sobre todo tras los recortes por la crisis económica de 2008, la precarización de los salarios y los contratos del personal sanitario, ahora convertidos en héroes anónimos.

En estos días ver largas filas en cualquier área de atención pública en un hospital es lo habitual. También es común ver el nerviosismo y el cansancio en los profesionales de la salud frente a la desesperación de pacientes y familiares que sufren con impotencia su situación.

El problema se agrava sobre todo en los centros de atención primaria, donde resulta prácticamente imposible conseguir una cita antes de dos o tres meses, y donde el agotamiento de sus trabajadores se traduce en frustración y en datos globales que confirman que algo ha fallado: en España han muerto, según cifras oficiales, más de 31 mil personas –las extraoficiales elevan este número a más de 53 mil–, en total se han registrado 780 mil infectados, de los cuales se han aliviado 150 mil.

Los informes de organismos internacionales o publicaciones especializadas, como The Lancet o la Universidad Johns Hopkins, sitúan a España entre los países que peor han gestionado la crisis de la pandemia, a pesar de que cuenta con un sistema de salud pública universal y gratuito, además de profesionales bien preparados, que muchas veces emigran por los bajos salarios que reciben en comparación con otros países europeos.

El sistema sanitario español cuenta con 13 mil centros de atención primaria, 10 mil consultorios, 2 mil puntos de atención de urgencia extrahospitalaria, 466 hospitales, 112 mil camas, 18 mil puestos de hospital de día, 281 centros, servicios y unidades de referencia y 44 hospitales autorizados con unidad de trasplantes. Todo ello es atendido por un ejército de profesionales sanitarios integrado por 147 mil médicos, 182 mil enfermeros y 317 mil empleados de atención primaria. Es decir, más de 650 mil trabajadores de salud, a los que habría que sumar los de áreas administrativas y de seguridad.

El sistema exige recursos públicos por más de 75 mil millones de euros, lo que representa alrededor de 6.3 por ciento del producto interno bruto, cifra que si se compara con los países punteros en la materia de la Unión Europea (UE), es baja; en Alemania, Francia o Suecia es superior a 9 por ciento del PIB.

Gasto sanitario cae 13%

El gasto sanitario público en España se desplomó durante la crisis de 2008: en términos reales cayó 13 por ciento entre 2009 y 2013. Después de 2014 hubo cierta recuperación, pero todavía el gasto público sanitario total y por persona en 2018, últimos datos disponibles de la OCDE, era inferior al de 2009, explicó a La Jornada Félix Lobo, catedrático emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y director de Economía y Políticas de Salud.

Estos recortes, aplicados sobre todo durante los gobiernos del socialista José Luis Rodríguez Zapatero y el derechista Mariano Rajoy, tuvieron una incidencia directa en la capacidad de atención. Por ejemplo, por primera vez en décadas España registró cifras inferiores a la media europea en la ratio de enfermeras por cada mil habitantes (que fue de 5.7) o del número de camas hospitalarias por cada cien mil habitantes, que fue de 297 frente a las 541 de la media en la UE.

La falta de presupuesto dio un golpe a la línea de flotación del sistema, y con el estallido de la pandemia del Covid-19 provocaron que afloraran otras carencias o problemas estructurales como la precarización de los salarios de médicos y enfermeros, las plantillas insuficientes en los centros sanitarios, la falta de material ya sea básico o especializado para este tipo de crisis (desde cubrebocas hasta respiradores artificiales).

Lobo añadió que en una pandemia así, ni el sistema sanitario mejor dotado puede hacer frente a la avalancha si no se han contenido los contagios antes. Es más importante el grado de preparación y despliegue rápido de las armas de la salud pública que se tengan planificadas y dispuestas para cuando llega la ola de contagios; el blindaje de los profesionales sanitarios y otros aspectos esenciales; la detección temprana mediante pruebas y el aislamiento eficaz de los grupos vulnerables, como las residencias de ancianos y las personas con discapacidad.

La vocera de Médicos del Mundo, Eva Aguilera, sostuvo que tras el golpe que sufrió la sanidad pública española en la crisis, una situación como ésta la pone a prueba más allá del límite. El sistema sanitario siempre ha tenido insuficiencia de recursos, pero en una crisis así estas carencias resultan letales.

De hecho, este problema ya se advirtió en el último informe sobre personal sanitario elaborado por la Comisión Europea, que advirtió que en España parte importante de los profesionales de la salud tienen contratos temporales, lo que aumenta la tasa de rotación del personal; además, hay una inquietud creciente sobre la escasez de enfermeras y médicos familiares, ya que muchos se aproximan a la edad de jubilación.

España enfrenta ahora lo que expertos denominan la segunda ola del virus, al registrar los peores datos de contagio y mortandad de la UE, si bien se advierte que esta vez las consecuencias en la salud pública podrían ser incluso peores, sobre todo porque los profesionales sanitarios están exhaustos y superados y los recursos de los hospitales y centros de atención primera están al límite

Por Armando G. Tejeda

Corresponsal

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Miércoles, 09 Septiembre 2020 05:44

Proclama China que venció a la pandemia

Asistentes a un acto de homenaje al personal sanitario chino entran al Gran Palacio del Pueblo en Pekín, el 8 de septiembre de 2020. Foto Ap

Pekín. Difícil pero histórica. Así calificó el martes el presidente chino, Xi Jinping, la victoria de su país frente a la pandemia del coronavirus, que brotó en su territorio en diciembre antes de propagarse por el mundo, donde las muertes, el miedo, las cuarentenas y los rebrotes siguen marcando las vidas de millones de personas.

Europa registra importantes y preocupantes nuevos focos de la enfermedad y el número de contagios aumenta significativamente en Francia, Reino Unido y España, donde ya se superó el medio millón de contagios registrados y se contabilizan entre siete mil y ocho mil nuevas infecciones diarias.

En total, la epidemia ha matado a 893 mil personas desde finales de diciembre e infectado a más de 27 millones, según el recuento de AFP realizado este martes a partir de fuentes oficiales.

Mientras tanto en China, kilómetro cero del Covid-19, Xi aseguró que se superó "una prueba histórica y extremadamente difícil", en una grandiosa ceremonia celebrada en Pekín en homenaje al personal sanitario.

Oficialmente, China solo registró cuatro mil 634 muertos por Covid-19 desde que brotó en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan (centro del país).

"Hemos librado una gran batalla contra la epidemia que resultó ser abrumadora para todos (...) Ahora estamos a la vanguardia mundial en términos de recuperación económica y de lucha contra el Covid-19", dijo el mandatario.

Sin embargo, China está en el punto de mira de Estados Unidos, que acusa al país de haber ocultado la gravedad del nuevo coronavirus.

La pandemia y la campaña 

 Justamente en Estados Unidos, país con mayor número de contagios y fallecidos por coronavirus (6.3 millones de infecciones y casi 190 mil muertos) la pandemia se infiltró inevitablemente en la campaña para las presidenciales de noviembre.

El lunes, el presidente Donald Trump llamó "estúpido" a su rival demócrata, Joe Biden, y lo acusó de tener una "retórica antivacunas".

El mandatario incluso especuló con la posibilidad de tener una vacuna antes de las elecciones, algo que los expertos consideran muy improbable.

Y mientras diversos laboratorios siguen buscando una vacuna, los expertos se felicitan por el afortunado uso de algunos medicamentos para paliar los efectos del coronavirus.

Oxigenoterapia, corticoides o anticoagulantes han demostrado su eficacia, conforme los médicos iban conociendo más el virus y sus consecuencias.

Por ejemplo, y según una serie de trabajos publicados en la revista médica estadounidense Jama, los corticoides permiten reducir en un 21 por ciento la mortalidad al cabo de 28 días entre los pacientes aquejados severamente de Covid-19, al combatir la inflamación.

Europa sufre 

En Europa, donde la pandemia mató ha matado a más de 218 mil personas y contagió a más de 4.2 millones, el número de nuevos casos aumenta.

En España, país de 47.3 millones de habitantes, la proporción de casos respecto a la población duplica la de países vecinos como Francia o Italia, según cálculos de la AFP. La región más afectada sigue siendo la de Madrid, con 16 mil 501 casos detectados en los últimos siete días.

Pero pese a estas cifras, la mortalidad es muy inferior a la del momento crítico de la pandemia en España, en marzo y abril.

En Francia, donde se contabilizaron más de cuatro mil nuevos contagios en las últimas 24 horas, se contempla recortar de dos semanas a una el aislamiento domiciliario de las personas con Covid-19.

América Latina y el Caribe sigue siendo la región más castigada del mundo con más de 298 mil fallecidos y 7.8 millones de contagios.

En Brasil, donde se registraron más de 126 mil muertes por coronavirus y más de 4.1 millones de contagios, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva acusó al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro de haber convertido la pandemia en un "arma de destrucción en masa" y aseguró que "habría sido posible evitar tantas muertes".

Afp | martes, 08 sep 2020 07:46

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En América usan pandemia para “criminalizar” libertad de expresión: informe

Washington. La pandemia de covid-19 ha servido de excusa a varios países de las Américas para "criminalizar" la libertad de expresión y han tomado medidas que restringen el trabajo de periodistas, activistas, profesionales de la salud y ciudadanos, según un informe del Diálogo Interamericano.

El reporte también señala que hay una "estigmatización" de la prensa por su cobertura de la emergencia sanitaria, señalando especialmente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump; y contabiliza que el mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, ha realizado 32 ataques verbales contra la prensa.

"El informe plantea la fragilidad de las libertades de expresión y el acceso a la información, en general, en la región", explicó este martes a la Afp Edison Lanza, Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Según el reporte, publicado el lunes, hay gobiernos que han usado la pandemia como justificación para la opacidad y no han compartido datos sanitarios fidedignos, no han respondido pedidos de acceso a la información, ni han garantizado la transparencia del gasto público relacionado con el nuevo coronavirus.

Los autores también señalan que "algunos líderes políticos han engañado deliberadamente a sus ciudadanos acerca del virus y han estigmatizado a los periodistas o expertos en salud que los contradijeron".

Los expertos denunciaron que los jefes de Estado de Estados Unidos, Guatemala y Nicaragua han "estigmatizado" a la prensa por sus informes de la pandemia.

En tanto Trump atacó a los medios a fines de marzo durante una conferencia de prensa, llamándolos deshonestos por la cobertura de su manejo de la crisis, declarando además que los periodistas dañan al país, recordaron los expertos.

Esto según los autores contribuyó a la "infodemia" de desinformación online y puso más presión sobre las plataformas de internet que deben mantener un balance entre la protección de la salud pública y el respeto a la libertad de expresión.

Países con "regímenes autoritarios"

"Se agravó la situación en los países en los que ya había regímenes autoritarios, y que buscan la persecución de periodistas y de disidentes", explicó lanza a la AFP citando el caso de Venezuela y de Nicaragua.

En el caso de Venezuela el informe denunció que "el gobierno ha detenido a periodistas y médicos que publican información sobre la expansión del virus o cuestionan la respuesta" oficial.

Como ejemplo citó el caso del periodista Darvinson Rojas que fue detenido el 21 de marzo por la unidad de policía FAES (Fuerza de Acciones Especiales) debido a su trabajo sobre el coronavirus y quien, pese a que fue liberado, enfrenta cargos de "promoción del odio", según los investigadores.

Esta represión también afectó a Julio Molino, líder de un sindicato médico de Venezuela, luego de que criticara la carestía de equipamiento médico en hospitales, reportaron los expertos.

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega acusó a los medios de difundir noticias falsas sobre el supuesto ocultamiento de las cifras de covid-19 por parte del gobierno, caracterizando esos reportes como "terrorismo desinformativo".

Sobre Cuba, el informe señaló que "las autoridades han usado el Decreto Ley 370 'sobre la informatización de la sociedad cubana' para someter a por lo menos 30 periodistas a interrogatorio y confiscar su equipo de trabajo" por su cobertura de la pandemia.

Una excusa para cerrar el cerco

Pero también en otros países con gobiernos democráticos el estado de emergencia por la covid-19 fue usado como una suerte de excusa o justificación para tratar de cerrar el cerco, impedir el acceso a fuentes de información.

En Brasil, Bolsonaro realizó 32 ataques verbales contra periodistas y medios de comunicación entre enero y marzo, cuando el virus ya estaba en el país, y seguidores del presidente han cometido actos de hostigamiento contra periodistas fuera del Palácio da Alvorada en Brasilia.

El presidente Alejandro Giammattei de Guatemala declaró en tanto el 21 de marzo que "desearía poner a la prensa en cuarentena", a raíz de la cobertura negativa de su manejo de la pandemia.

"No hay una justificación en relación con la pandemia para restringir la libertad de expresión", concluyó Lanza.

Afp | martes, 01 sep 2020

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Momento Sputnik y momento Putin: ¡primera vacuna rusa del mundo contra Covid-19!

Resultó certero el anuncio programado de la vacuna rusa contra el Covid-19 (https://bit.ly/30NgEJS), lo cual valió el anuncio presidencial del zar Vlady Putin, según el influyente portal Sputnik: "Esta mañana fue registrada la primera vacuna contra el Covid-19 en el mundo" en una reunión con el gabinete de ministros.

El zar ruso señaló que lo más importante es "garantizar que la vacuna sea segura y eficaz" (https://bit.ly/2PIWytZ).

El zar declaró que una de sus hijas había sido vacunada exitosamente (https://bit.ly/2DXBygA).

En paralelo, el ministro de Salud, Mijaíl Murashko, confirmó que la vacuna del Instituto Gamaleya mostró su alta eficacia y seguridad en las pruebas clínicas: "Todos los voluntarios a los que se administró la vacuna desarrollaron anticuerpos y ninguno de ellos presentó complicaciones serias".

Según Sputnik, el Ministerio de Sanidad afirmó que la vacuna rusa contra el Covid-19 garantiza una inmunidad hasta dos años: "El esquema de doble inyección permite generar una inmunidad duradera con el uso de las vacunas vectoriales".

Rusia ha sido líder mundial en la investigación de vacunas y Sputnik expone el "secreto (sic) de los dos vectores", que es una tecnología única: "detrás de esta velocidad está la experiencia de Rusia en la investigación de vacunas" que "utiliza los adenovirus, que se encuentran en las adenoides humanas y que normalmente transmiten el resfriado común, como vectores, que pueden engendrar un material genético de otro virus en una célula. Se extrae el gen del adenovirus, que causa la infección, y se inserta un gen con el código de una proteína de otro virus" y "ayuda al sistema inmunológico a reaccionar y producir anticuerpos que protegen de la infección" (https://bit.ly/2Cinwp8).

Rusia ya recibió solicitudes de 20 países –de Latinoamérica (esperemos se encuentre México), el Medio Oriente y Asia– para más de mil millones de dosis.

Llama la atención el deliberado sabotaje de la controvertida OMS –que contaba para 2018-2019 con un presupuesto de cinco mil 600 millones de dólares cuando EU contribuía con 15 por ciento –que hoy es rehén de la polémica Fundación Melinda & Bill Gates, con intereses globalistas obscenos y quienes son sus principales contribuyentes cuando Trump dejó de financiarla” (https://bit.ly/2FaaxH3).

En forma perturbadora viene como tercer "donador" de la OMS la "alianza GAVI": “Después del Covid-19, el Reino Unido (con sus ex primer ministros ‘socialistas’ Gordon Brown y Tony Blair, y el príncipe de Gales), el Foro Económico Mundial de Davos, la Fundación Bill & Melinda Gates y el grupo público/privado GAVI buscan la instauración de un gobierno mundial desde sus plataformas del G-20, las vacunas y el Gran Reset de Davos” (https://bit.ly/3irsMGg).

Otro contribuyente bizarro es National Philanthropic Trust que ahora me salto, sin dejar de señalar que bajo el manto de la ominosa "filantropía" muchos megabillonarios cometen los peores crímenes de lesa humanidad.

Hoy es muy grave que no se pueda ya distinguir, desde el punto de vista de la "ingeniería financiera", cuál es la diferencia entre la OMS y los intereses globalistas de Bill Gates cuando la OMS parece más bien una organización globalista que busca imponer los intereses de Microsoft, con la Universidad Johns Hopkins –sustrato geopolítico de la invasión a Irak con el neoconservador straussiano Paul Wolfowitz– y de los designios "epidemiológicos" del multimillonario Mike Bloomberg.

Las envidias y los golpes bajos no se han hecho esperar de parte de la misma OMS como de los multimedia anglosajones: desde The Guardian hasta The Financial Times con sus conspicuos intereses globalistas quienes ponen en tela de juicio "la habilidad de Moscú para desarrollar una inoculación segura y efectiva tan rápido" ( FT; 11/8/20).

Hoy la vacuna rusa le otorga un inmenso prestigio al zar Vlady Putin que vive la repetición del "momento Sputnik".

Se entiende la angustia de sus competidores anglosajones que quedaron sembrados en la carrera geopolítica y farmacológica de las vacunas.

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La protesta kukama, antes de la represión policial.

Tres miembros de la etnia kukama murieron durante una protesta

Los indígenas reclaman medicinas y atención médica para enfrentar el coronavirus. Hay 17 heridos, cuatro de ellos graves, 

 

Desde Lima. El nuevo gabinete ministerial, encabezado por un general del ejército en retiro, se ha estrenado con tres muertes durante una protesta social. Tres indígenas de la etnia amazónica kukama murieron en un enfrentamiento con la policía cuando protestaban por el abandono por parte del Estado ante el dramático avance de la covid 19 en las comunidades amazónicas y por la falta de servicios básicos. Hubo diecisiete heridos, once pobladores, cuatro de ellos graves, y seis policías. El abandono ante la pandemia que golpea duramente a las poblaciones nativas de la Amazonia gatilló la protesta, pero ésta tiene profundas raíces de marginación, maltrato y violación de los derechos de estas comunidades.

La represión estalló cerca de la medianoche del último sábado frente a las instalaciones del Lote 95 de la petrolera canadiense PetroTal, en la selva amazónica. Los indígenas reclaman medicinas y atención médica para enfrentar el coronavirus. En la mayoría de los casos no tienen acceso a centros médicos básicos en sus comunidades y deben hacer largos viajes para recibir atención, algo dramáticamente evidenciado en esta pandemia. También exigen una compensación económica por parte de la empresa por el uso de sus territorios.

El ex viceministro de Gestión Ambiental, José de Echave, ha advertido que la expansión de la pandemia del coronavirus y el abandono del Estado están poniendo a estas poblaciones indígenas “en el límite de lo humanamente tolerable”.

Las autoridades culpan de los hechos violentos a los indígenas. En un comunicado, el Ministerio del Interior señala que los pobladores llevaban escopetas de caza y “habrían realizado disparos” contra la policía. Se afirma que eso desató el enfrentamiento. El ministro del Interior, el general en retiro de la Fuerza Aérea, Jorge Montoya, ha dicho que se ha abierto “un proceso de investigación”, pero su ministerio ya adelantó opinión antes de esa “investigación”, culpando a los indígenas

Los dirigentes nativos rechazan enfáticamente esa versión oficial de lo ocurrido, que los acusa. Aseguran que no llevaban armas de fuego, solamente lanzas, armas ancestrales que portan en toda movilización. Dicen que en la oscuridad los policías se habrían disparado entre ellos.

El líder indígena Mayter Flores, que participó en la protesta y es hermano de uno de los fallecidos, denunció que “la policía prácticamente ha venido a matarnos”. “Nosotros -precisó- teníamos nuestras armas que son las lanzas y la policía nos comenzó a disparar”.

“Los hermanos indígenas no tenían armas de fuego. Solo estaban con sus armas ancestrales. Demandamos una investigación que esclarezca los hechos, que paren las medidas represivas de la policía y que se inicie un diálogo para atender las demandas de nuestros hermanos. Son demandas justas, porque existen pueblos que están en la pobreza y en la pandemia se ha visto reflejada”, ha dicho el presidente de la Organización de los Pueblos Indígenas del Oriente (Orpio), Jorge Pérez.

Hay una larga historia de abandono de las poblaciones indígenas y también de conflictividad entre esas comunidades y las empresas extractivas -de petróleo, minería y la industria maderera-, que son respaldadas por el Estado. Las poblaciones nativas son afectadas por estas actividades extractivas, que contaminan su entorno vital. La vida de estas comunidades se ve seriamente afectada, y no reciben ningún beneficio de la riqueza extraída de sus territorios, por el contrario, se quedan con pobreza, contaminación y enfermedades. Y cuando reclaman por sus derechos, la respuesta suele ser violenta.

“Los pueblos indígenas estamos con más de 50 años de explotación petrolera y ni siquiera tenemos lo básico, salud y educación. Gran parte de la población está infectada (por la covid 19)”, ha denunciado la presidenta de la Asociación de Mujeres Kukamas, Mariluz Canaquiri.

En diálogo con Página/12, el antropólogo Alberto Chirif, dedicado a los temas amazónicos, señala que “lo ocurrido evidencia que la incapacidad de diálogo se está haciendo una costumbre en el país, se explota a la primera. Hay que desarrollar capacidades para el diálogo, desde el Estado en primer lugar, y también desde las organizaciones. Hay poblaciones que no ven satisfechas sus demandas y sus aspiraciones, eso lleva a que la mecha se encienda con gran facilidad”.

Hace un año, el gobierno se comprometió con las poblaciones indígenas de la zona amazónica de Bretaña, donde opera la petrolera PetroTal y escenario de esta protesta, a poner en marcha un “plan de cierre de brechas” para llevar servicios de salud, educación, agua potable y saneamiento, y reducir los impactos por la contaminación petrolera. Pero un año después, el gobierno no ejecuta ese plan. Esas demandas sin resolver se juntaron con los reclamos por el abandono ante la pandemia y estalló la protesta.

Luego de las tres muertes, el gobierno envió a la zona una comisión encabezada por el ministro de Cultura, Alejandro Neyra, quien se reunió con dirigentes indígenas. El ministro reconoció la validez de las demandas indígenas, prometió una investigación por las muertes causadas por la represión policial, aunque funcionarios del gobierno ya adelantaron opinión, y ofreció poner en marcha “el plan de cierre de brechas”, incumplido desde hace un año.

Los indígenas, acostumbrados a las promesas no cumplidas desde diferentes gobiernos, pidieron acciones concretas y anunciaron que mientras eso no ocurra se mantendrán movilizados. “Hay comunidades que se han sumado a la lucha y no se van a retirar ante esta represión”, aseguró el dirigente Jorge Pérez

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El Grand Prix de la vacuna contra el coronavirus entra en la recta final

Estados Unidos, China, el Reino Unido y Rusia compiten por llegar primeros

Se trata de una carrera de coaliciones nacionales con flagrantes contradicciones, una entente de gobiernos y farmacéuticas, universidades y centros militares, de estados dentro del estado. 

 

Estados Unidos, China, el Reino Unido y Rusia están prometiendo la vacuna que liberará a la humanidad de la peste de nuestros días, el coronavirus. Es un Grand Prix de coaliciones nacionales con flagrantes contradicciones, una entente de gobiernos y farmacéuticas, universidades y centros militares, de estados dentro del estado, una carrera por llegar primero a multimillonarias ganancias y prestigio internacional. Pero el descubrimiento de una vacuna es apenas la mitad de la película. Hasta ahora se ha hablado mucho menos de la producción y distribución global de una vacuna. Las cosas están cambiando.

La crítica directa o indirecta del Grand Prix viene de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los movimientos alternativos, gobiernos populares, la izquierda y las ONG, pero empieza a tener aliados inesperados en torno a una condena feroz del llamado “Vaccination Nationalism” o “Nacionalismo de las vacunas”. En la fórmula de la OMS, este nacionalismo es una peligrosa estafa porque para la salud pública mundial, “nadie está seguro hasta que todos estén seguros”. El único camino es la cooperación global y un acuerdo que permita avanzar no solo en la producción de vacunas sino en una distribución equitativa y eficaz.

El “Nacionalismo de las Vacunas” plantea exactamente lo opuesto. Estados Unidos es el caso más obvio con la política de “America first” del alicaído Donald Trump que no sabe qué hacer para ganar su reelección, pero que sospecha que si posterga los comicios y conjura una vacuna en el interín puede recuperar los 10 o 15 puntos que lo separan del demócrata Joe Biden.

Estados Unidos invirtió 10 mil millones de dólares en la Operation Warp Speed, un programa para producir cientos de millones de vacunas destinadas a consumo interno. El responsable del suministro de toda la parafernalia médica del Covid-19, Peter Navarro, implementó el “America first” con la restricción de ventas al exterior de máscaras, respiradores y guantes. A fines de junio, el gobierno de Trump adquirió prácticamente todo el stock mundial de Remdesivir, un medicamento para el tratamiento del Covid-19.

Como en una pálida copia de la guerra fría, al Grand Prix se sumó ahora Rusia con la promesa de una vacuna para el 10 de agosto o incluso antes. El director del Fondo de Riqueza Soberana de Rusia, Kirill Dmitriev, dijo que se adelantarán a Estados Unidos tal como sucedió en 1957 con el Sputnik, cuando la Unión Soviética lanzó antes que Estados Unidos el primer satélite en el marco de la carrera espacial de las dos superpotencias. “Va a ser igual”, le dijo Dmitriev a la CNN.

En realidad, el rival de Estados Unidos no es Rusia: es China. Un caso más interesante porque el gobierno de Xi Jinping se presenta abiertamente del lado de la OMS y señala que la vacuna que CanSino Biologics está desarrollando junto al Instituto Científico Militar será un “bien público de acceso para todo el mundo”. El 22 de julio en una video conferencia con once cancilleres de América Latina y el Caribe, el canciller chino Wang Yi anunció un fondo de mil millones de dólares para la región y garantizó la accesibilidad a tratamientos y medicinas. Esta estrategia china en el Grand Prix ya tiene apodo: “diplomacia con barbijo”. Tiene también algunas sombras.

China afirma la accesibilidad de la vacuna, pero no dice cuándo. ¿Pondrá China a sus casi 1400 millones de habitantes en paridad con el resto del mundo? ¿Cuántos chinos tendrán que ser vacunados antes de que se exporte el excedente? La conducta del gobierno de Xi Jinping en los primeros meses del año es quizás comprensible, pero no alentadora sobre una generosa y lúcida vocación global. En ese momento, China lideró la compra masiva para su población de respiradores, máscaras y guantes. Poco después le siguieron la Unión Europea y Estados Unidos y hubo escasez de estos productos en el mercado mundial.

El Reino Unido tiene una de las investigaciones más avanzadas sobre la mesa. La alianza de la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca promete una vacuna para septiembre o octubre. Pero el gobierno de Boris Johnson, consciente de que la vacuna puede tardar más tiempo o fracasar, anunció el 20 de julio que está buscando asegurarse su propio stock adquiriendo otras 12 que se están investigando a nivel mundial.

Según la ONG británica Global Justice Now, una de las organizaciones vetadas por el gobierno de Macri en el G20 de 2018 en Buenos Aires, este anuncio revela la verdad de la política oficial más allá de las bellas palabras. “Esta carrera para asegurarse el acceso muestra que la retórica sobre acceso igualitario para todo el mundo es una farsa. El Reino Unido está alimentando la carrera de los países ricos para el atesoramiento de la vacuna. Asegurar un acceso global no es solo una cuestión de equidad moral, es también la manera más rápida de terminar con la pandemia”, señaló Heidi Chow, portavoz de la ONG.

La curiosa alianza antinacionalista

El Council on Foreign Relations es una organización estadounidense a favor del régimen desregulador, privatizador y pro-globalización del Consenso de Washington que publica bimensualmente Foreign Affairs, una prestigiosa revista de temas internacionales de centro derecha. Ni el Council ni Foreign Affairs suelen coincidir en sus planteos con las ONG, los movimientos alternativos, los gobiernos populares y las organizaciones de izquierda. Con el Coronavirus es diferente. En el artículo de tapa publicado este viernes Foreign Affairs condena al nacionalismo de las vacunas y promueve la necesidad de garantizar un acceso equitativo como la mejor manera de terminar al mismo tiempo con la pandemia y su impacto demoledor en la economía mundial.

Según la revista, “sin coordinación global, se desatará una competencia que subirá el precio de las vacunas y los materiales necesarios para su producción, el suministro de vacunas será limitado incluso en los países ricos y tendrá un impacto devastador en los pobres”. El fin del camino de este nacionalismo de las vacunas que pinta el Foreign Affairs es apocalíptico a nivel económico, sanitario y diplomático: una suerte de anarquía internacional. “Los países que no tengan la vacuna usarán todas las herramientas en su mano para bloquear componentes esenciales para la producción como jeringas y viales, o los usarán para negociar acuerdos especiales. Todo esto generará un resentimiento contra los países que tengan la vacuna y no la compartan que pondrá en peligro la cooperación futura a nivel global para temas cruciales como el cambio climático y la proliferación nuclear”, señala el artículo.

Uno de los temas soslayados es que no se trata únicamente de descubrir la vacuna. En una economía globalizada que enfrenta una pandemia hay que producir enormes cantidades a gran velocidad. El mayor productor mundial de vacunas es el Serum Institute de la India, que ya firmó un acuerdo con la Universidad de Oxford y AstraZeneca para tener lista una base de producción masiva en septiembre. El CEO de la compañía, Adar Poonawalla, señaló que “al menos inicialmente”, cualquier vacuna que produzca la compañía tendrá que cubrir a los 1300 millones de habitantes del país. Un mensaje similar han hecho otros productores en distintos países del mundo para garantizarse un acceso prioritario.

Entre los perdedores de este forcejeo pueden estar los países ricos que apuesten a la vacuna equivocada. “Al rechazar la cooperación con otros, esos países habrán puesto en peligro la propia salud pública. Pero incluso los ganadores sufrirán el impacto global de países golpeados económicamente por una situación sanitaria inmanejable que cerrará mercados para sus exportaciones”, señala la revista.

Foreign Affairs no niega que este nacionalismo tiene algo inevitable: cada gobierno debe ocuparse del bienestar de sus ciudadanos. Pero señala que la única manera de garantizarlo es a través de acuerdos globales. “Lo que se necesita es un acuerdo de comercio e inversión internacional sobre el Covid-19 que puede ser coordinado por las instituciones y sistemas ya existentes. Pero para lograrlo requerirá liderazgo de parte de los países productores, incluyendo, si fuera posible, a los Estados Unidos”.

La salida propuesta por Foreign Affairs es similar a la que han impulsado medios de similar orientación como la revista The Economist, la agencia de noticias Reuters o la cadena CNN, todos muy críticos del “nacionalismo de las vacunas”. Con excepción de Estados Unidos, los corredores del Grand Prix hacen gestos en todas las direcciones: quieren llegar primero, pero no quieren ser el villano de la película. Esta ambigüedad abre una ventana de oportunidad, pero el tiempo aprieta: cuanto más nos acerquemos al descubrimiento de una vacuna, más difícil será debatir y acordar un sistema global de producción y distribución. “El nacionalismo de las vacunas no es solo moral y éticamente condenable: va en contra de los intereses sanitarios y estratégicos de todos los países. Si las naciones ricas eligen ese camino, no habrá ganadores: todos perderemos”, concluye Foreign Affairs. ¿Habrá alguien escuchando o estaremos por chocar contra un nuevo muro? 

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Violenta movilización en Chile contra gestión del presidente Piñera

Cuestionan su plan de reactivación económica

 

Santiago. Quemas de autobuses, barricadas y desórdenes se registraron en diversos puntos de Santiago la noche del viernes, así como cacerolazos en todo Chile, tras el discurso del presidente Sebastián Piñera para rendir cuentas de su gestión.

Las autoridades policiales confirmaron ayer disturbios en al menos cuatro puntos de la capital, con barricadas, el incendio de un autobús y de un auto particular, ataques a comisarías, fuerzas policiales, lanzamientos de bombas molotov y otros.

Un total de 148 personas fueron detenidas en la noche, 70 en la Región Metropolitana y 78 a nivel nacional por desórdenes, informó el general de Carabineros, Enrique Monras, a los medios.

En su discurso, el presidente explicó las prioridades de su gobierno para los próximos 20 meses, entre ellas la gestión de la pandemia, el plan de desconfinamiento, la reactivación de la economía, el plebiscito en octubre y la reforma de las pensiones.

Piñera afirmó que los efectos de la crisis del coronavirus han golpeado de forma devastadora al país y reconoció que las ayudas del Estado para la nación podrían haber sido insuficientes.

"Algunos dicen que la ayuda del gobierno a las familias afectadas no ha sido suficiente y no ha llegado a tiempo, y en cierta forma tienen razón, porque frente a la magnitud, gravedad y extensión de la crisis que estamos enfrentando, ningún país, ni siquiera los más desarrollados, ha podido otorgar las ayudas suficientes", afirmó el mandatario al ofrecer una disculpa a medias que ha sido cuestionada por la opinión pública.

El mandatario se enfocó también en los planes para reactivar la economía chilena, tras la pérdida de 1.8 millones de empleos y la suspensión de otros 700 mil según sus cifras.

Entre sus planes, anunció subsidios para la creación de empleos en beneficio hasta de un millón de personas, inversiones públicas de aquí a 2022 por 34 mil millones de dólares para generar 250 mil empleos y apoyo a proyectos privados para crear otros 120 mil.

El presidente también habló de la responsabilidad de su gobierno de realizar el plebiscito el 25 de octubre –cuando los chilenos deberán decidir si mantienen o no la Constitución de 1980, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)–, ante los cuestionamientos de si la pandemia permitirá su realización.

En su discurso, el presidente habló de forma general sobre "actuar en toda ocasión con un total compromiso y respeto irrestricto de los derechos humanos de todas las personas", pero no condenó explícitamente las graves violaciones de derechos humanos ejecutadas por la policía chilena durante la represión de las manifestaciones iniciadas en octubre de 2019, que dejaron más de 450 personas con pérdidas de visión, miles de heridos y cientos de denuncias de torturas, uso excesivo de la fuerza y violaciones sexuales.

Piñera también mencionó temas relacionados contra la violencia que sufren las mujeres y medidas en marcha, así como una reforma al sistema de pensiones, que acaba de sufrir un fuerte golpe con la ley que permite a los ciudadanos retirar 10 por ciento de sus ahorros para aliviar los efectos de la pandemia.

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