La sociedad anestesiada por la fobia al dolor

El sociólogo Miguel Ángel Forte analiza La sociedad paliativa, nuevo libro de Byung-Chul Han

Un reciente ensayo del filósofo surcoreano mete el bisturí en el concepto de dolor, un sentimiento que se pretende eliminar en una sociedad entregada a los paliativos optimistas y la dictadura del like.

En su libro La sociedad paliativa (Herder) el filósofoByung-Chul Han parte de la idea del dolor para atravesar los conceptos de toda su obra. Su tesis es que en la sociedad impera una fobia al dolor, el cual se trata de eliminar a toda costa, incluso allí donde es constituyente de la existencia humana como en el amor, la política, el arte y la psicología. Miguel Ángel Forte es profesor titular plenario de Sociología General (UBA) y director de la Maestría en Ciencia Política y Sociología de Flacso, donde dicta el seminario Byung-Chul Han y Carlos Marx: las cadenas radicales del panóptico digital.

--Según Han, en la actual sociedad del rendimiento el dolor es considerado síntoma de debilidad. El reino del “me gusta” no da cabida al sufrimiento: todo lo alisa y pule, hasta eliminarle su aspereza y resultar agradable. “El like es el signo y el analgésico del presente”. Y desde Facebook pasaría a todos los ámbitos de la cultura, donde nada debe doler.

--Facebook con sus selfies y likes da una solo apariencia de las cosas: tengo 5000 amigos ¿pero qué puede salir de ahí más allá de algunos encuentros concretos? Casi todo queda allí. El covid fue el virus justo para esta época que se nutre de vínculos digitales. El tuiteo era la forma de hacer política de Trump. Pues el secreto del poder contemporáneo es no generar ningún tipo de vínculo interpersonal. Una de las cosas que puso de relieve la pandemia es el individualismo radical de cierta gente, capaz de desafiar a la propia biología: no se cuidan ni a sí mismos.

--En su reivindicación de la negatividad del sufrimiento, Han dice que olvidamos que el dolor purifica y opera como catarsis: “el exceso de positividad aplasta y asfixia”. Y terminaríamos aplanados por la cultura de la complacencia sumidos en el infierno de lo igual, esa zona paliativa de bienestar. Plantea que “el dolor ha dejado de ser un cauce navegable que lleva al hombre al mar: es un callejón sin salida”. Lo trágico sería necesario para afirmar la vida, a pesar del dolor.

--En tanto el dolor es paradigma de la negatividad, el sujeto de rendimiento contemporáneo pretende eliminarlo. Ignora que el padecimientote lleva a una dimensión metafísica que permite dar sentido y ubicar tu posición en el cosmos y la sociedad. Para Han, no hay felicidad sin dolor, ya que esta aparece fragmentada: el dolor se sostiene en la felicidad, que es también algo doliente: “si se ataja el dolor, la felicidad se trivializa en confort apático”. Lo necesitamos para una felicidad profunda. La vida es un juego de opuestos: sos feliz de alguna manera, porque una vez no lo fuiste. Sin conocer el sufrimiento no podés conocer a su Otro, que es la felicidad. Ciertas psicologías positivas --u optimistas-- trabajan sobre la negación del sufrimiento. En cambio, el psicoanálisis necesita que el paciente reconozca su padecer para comenzar el tratamiento. El otro camino para alcanzar la tranquilidad en la sociedad paliativa son los psicofármacos: el sujeto no quiere sufrir y en lugar de enfrentarse al sufrimiento, lo obtura con medicación.

--Freud descubrió la necesidad de abrir la herida.

--Si no tenés capacidad de enfrentar ese sufrimiento profundo, solo están a tu alcance las psicologías rápidas que buscan reemplazar pensamientos negativos por “positivos”. Pero apenas desplazan el problema, vuelve. Son técnicas funcionales al neoliberalismo: buscan la eficacia del sujeto que debe volver a la producción. Para eso inflacionan el narcisismo en lugar de escarbar y replantearse: te ponen en mejores condiciones para rendir sacándote del apuro, apelando al “vos podés” escribiendo metas cada mañana en el espejo del baño. El gran descubrimiento de Han es que el capitalismo entendió que es mucho más productivo el individuo autoexplotado, que el explotado clásico en la fábrica de la sociedad disciplinaria. Se pasa de la coacción del “tú debes”, a la libertad del “tú puedes”.

--Toda coincidencia con la política argentina es mera casualidad.

--Je je... Si hay alguien que entendió bien esto, fue Durán Barba. Dice Han que hoy predomina una política paliativa: comprar y votar se parecen cada vez más. En las democracias paliativas --al menos en el primer mundo que parece analizar él-- no se enfrentan posturas políticas ni grandes disputas de sentido. Tenderíamos a elegir entre tecnócratas parecidos que solo gestionan: no hay polis, en el sentido griego. La política busca satisfacer el deseo del votante: no hay verdaderos opuestos y el infierno de lo igual ingresa en la política, que pretende evitar el conflicto que produce dolor. El Big Brother con su cámara de tortura muta en Big Data amable que bucea en los deseos del votante inmerso en su smartphone como confesionario móvil, quien se expone a la vigilancia: en este nuevo panóptico se siente libre y quiere que lo vean. La minería de datos permite conformar un producto político que se le ofrece al votante-cliente. La pugna central consiste en ganar el centro político limado de asperezas para conformar las necesidades del “comprador”.

--Las derechas entienden bien esto: en lugar de hacer eje en cuidar la salud, se ofrecen como guardianes de su libertad.

--Es una degradación de la política a ver quién me deja ir a la cervecería o a correr. La búsqueda de soluciones profundas es dolorosa. Lo contrario son meros tranquilizantes, una política analgésica. Dice Han que no hay más revolución: hay depresión y antidepersivos. Todo lo que te sucede no sería un problema social sino personal, un tema psíquico que tenés que resolver sólo. La política paliativa implica “no puedo solucionarte nada de fondo pero intento darte tranquilidad”.

--El concepto “infierno de lo igual” sugiere que vamos perdiendo el espacio para la exploración fenomenológica --el darle sentido a las cosas-- y el lugar para una dialéctica, entendida como juego de opuestos que en el enfrentamiento genera una síntesis superadora. Iríamos hacia una homogeneización que expulsa lo distinto en rechazo a su negatividad. También el arte sería aplastado por lo paliativo.

--La lisura de la positividad se traslada al arte y lo termina anestesiando, al someterlo a la presión del consumo: busca ser siempre agradable, lindero con lo decorativo. Es un arte indoloro, sin conflicto ni ruptura estética. Y el diseño de los productos pasa a ser más importante que su valor de uso: los bienes de consumo se presentan como obra de arte. El filósofo subraya que los artistas se ven obligados a registrarse como marca. Pero el dolor y el comercio se excluyen, y la complacencia conduce siempre a lo mismo. Han rescata la definición de Adorno: “el arte consiste en causar extrañeza respecto del mundo”. El arte tiene que poder doler. La negatividad de lo distinto entra por el espacio que abre el dolor.

--En su genealogía del dolor, Hanremite a Foucault. En tiempos monárquicos existía un teatro de la crueldad que torturaba y exponía ejecuciones: el dolor era un medio de poder. Pero la sociedad disciplinaria industrial cambió su relación con el dolor: lo aplicó de manera discreta y limitada a las prisiones, más acorde a la necesidad productiva. Había que sujetar al trabajador a la máquina mediante la obediencia, sin cadenas. Pero en la sociedad de rendimiento, uno termina siendo su propio panóptico y se infringe dolor. La violencia no ha desaparecido: es neuronal y se interioriza e invisibiliza, desde que se la hace coincidir con la idea de libertad y autosuperación, motivando la productividad a través del consumo. Pasamos de una biopolíticadel cuerpo a una psicopolíticade la mente basada en el autocontrol.

--En la era posindustrial hay un cuerpo hedonista que se gusta y rechaza el dolor: no le ve utilidad. El sujeto de rendimiento carece de obligaciones y prohibiciones: tiene motivaciones. Los espacios disciplinarios como la escuela, el manicomio o la fábrica son sustituidos por formas y rincones de bienestar. Y desde la pandemia, la oficina tiende a ser reemplazada por la casa. El dolor es despolitizado y queda reducido a asunto médico. El poder se vuelve elegante, desvinculado del dolor. No se impone: es permisivo y seductor.

--Pero el dolor está siempre. Dice Han que las enfermedades paradigmáticas del siglo XXI --antes de la pandemia-- eran la depresión, el síndrome de burnout, el déficit de atención. El dolor brota de adentro. Lo que duele es el persistente sinsentido de la vida; si el dolor es reprimido, se acumula pero no desaparece.

--El dolor es autoproducido por la violencia de la positividad. No solo viene de los otros sino del superrendimiento y la hipercomunicacion: “son dolores de sobrecarga”. El sujeto autoexplotado no se detiene hasta derrumbarse de cansancio, como un siervo que arrebata el látigo al amo para flagelarse. Esto explicaría la costumbre global de autolesionarse para subir el video a Internet. Son personas que se generan cortes profundos o se someten a retos suicidas. Estas serían las nuevas imágenes del dolor, intentos vanos de librarse de la carga de un ego hipernarcisista, el reverso sangriento de las selfies; intentos desesperados de un Yo depresivo embotado en el infierno de lo igual, que necesita sentir su cuerpo. Sin dolor se aliviana la sensación de existir. Esas personas buscan algo intenso que los reviva. Por eso el auge de deportes extremos: la sociedad paliativa genera extremistas. Es una sociedad anestesiada que necesita estimulantes cada vez más enérgicos para despertar la experiencia del yo.

--¿Hay un dispositivo de felicidad inherente al neoliberalismo?

--Hay un imperativo de ser feliz. Esa positividad de la felicidad debe suplantar a la negatividad del dolor. La felicidad “es un capital emocional que aumenta el rendimiento”, muy eficaz en términos productivos: genera una presión más devastadora que la antigua obediencia. Pero ese sujeto queda corriendo en una rueda de hámster. El sometido no es consiente del sometimiento y se explota voluntariamente: cree que se está realizando. La felicidad estaría en la absolutización del trabajo, o sea,de la vita activa en desmedro de la contemplativa. Es vivir para trabajar: la jornada se extiende sin límite por el carácter coactivo de las tecnologías que convierten a todo momento y lugar, en un tiempo y ámbito de trabajo. Esto se potenció con la pandemia. La psicopolítica neoliberal convierte al trabajo en una fiesta y ese discurso neocorporativo se traslada a la política.

--Dice Han que el dispositivo neoliberal de felicidad invisibiliza el dominio, llevándonos a la introspección anímica como reacción ante el dolor por exceso de explotación. No hay que mejorar las relaciones laborales sino el estado anímico.

--Cuando el sujeto de rendimiento se deprime al fracasar --y no ve un posible cambio en el afuera--, implota en lugar de rebelarse. Se responsabiliza a sí mismo. Los nuevos líderes no son revolucionarios, sino entrenadores motivacionales que atajan el descontento con técnicas de autoayuda que intentan convertirlo en oportunidad. También los calmantes proscritos masivamente taponan situaciones sociales causantes de dolor. Las redes sociales y los videogames adictivos operan como paliativos que aíslan. El dispositivo de felicidad aísla y despolitiza, atenuando la solidaridad. Cada quien se preocupa de su felicidad como un asunto privado: “el fermento de la revolución es el dolor sentido en común”. En la sociedad del cansancio, ese agotamiento es apolítico, es un cansancio del Yo emprendedor. Este es el auge de la idea “todos somos empresarios”, cuando somos meros monotributistas de un Estado.

--Para Han, el sujeto de rendimiento narcisista abocado al éxito --expuesto al panóptico digital para aumentar su valor-- solo puede amarse a sí mismo y sufre el dolor de la agonía de su Eros. En tiempos de Tinder, así como el trabajo es positivado para quitarle su rasgo de explotación, lo mismo sucede en el amor: se elimina el riesgo de la herida.

--El dolor brota cuando un vínculo auténtico de pertenencia está amenazado. No se puede vivir ni amar sin dolor. No existe posibilidad de una relación profunda, si se rechaza de plano la posibilidad de sufrir. Por eso se busca llevar al Eros a una zona paliativa y controlada. El Otro es cosificado como objeto, al que solo se lo puede consumir. El Eros es el anhelo de lo distinto. La pretensión de un mundo sin dolor y anestesiado conduce al infierno de lo igual. El dolor es necesario para percibir la realidad, es esa resistencia que duele, sin la cual no sentiríamos nada. El mundo desmaterializado en la digitalidad reduce esa resistencia eliminando la fricción, llevándonos a una era posfáctica y apática: “El orden digital es anestésico y provoca el olvido del ser”.

--Lo único que nos puede sacar de allí es un gran shock, como en la película Melancolía de Lars von Trier: una joven sufre el dolor de no poder amar y sale de su depresión al enterarse que un meteorito está por destruir la tierra.

--O un shock como el virus actual que nos regresó de lleno a una realidad antes muy paliativa --que ocultaba la muerte--, la cual ahora se nos apareció de lleno con millones de muertos. Dice Han que hoy la realidad se nos hizo notar en la forma de una fricción viral. Y toma la historia de Simbad, el marino que cree estar en una isla, pero pisa el dorso de un gran pez. Esta sería la metáfora de la ignorancia humana. Nos creemos a salvo, pero de golpe somos arrastrados al abismo. La pandemia subrayó esto: la violencia que ejercemos contra la naturaleza contraataca con una fuerza mayor. El virus conmociona al capitalismo pero no lo elimina. La globalización había levantado todas las barreras para acelerar el flujo del capital. El shock pandémico paralizó las economías y los gobiernos en pánico cerraron las fronteras. Su efecto fue como el del terrorismo. El peligro sería que, a la larga, se instaure a nivel global un régimen policial biopolítico de control a la manera china: este sería el fin del liberalismo, que habrá sido un mero episodio histórico: “la psicolítica digital hace fracasar la idea liberal de libertad”.

--Han reivindica la vida contemplativa, el amor profundo y el Eros por sobre el porno, los rituales ante la instrumentalidad, el contacto físico y la política como espacio de conflicto. No es ningún posmoderno sino un romántico, un hombre de la modernidad algo fuera de época que no usa celular ni tiene redes sociales. Y un hipercrítico del neoliberalismo con su coacción digital. Hasta parece un continuador de la escuela crítica de Frankfurt. Y es un poco absolutista en sus afirmaciones.

--Sí. Su postura pasa por la ruptura de la homogeneización del mundo y la búsqueda de superar el narcicismo para encontrarse con los otros, de manera colectiva en el ritual. Reivindica la política y lo comunitario como polarización de opuestos. En Europa los partidos dejaron de ser clubes de amigos cuando ingresaron al parlamento los socialistas y trajeron la diferencia. Hasta entonces, habían sido todos aristócratas que vivían de otra cosa. El político profesional surgió con los parlamentarios de clase obrera diciendo algo distinto que incomodaba al status quo: introdujeron la negatividad opuesta. Creo que Han es un romántico, un romántico algo pesimista y apocalíptico, que dice cosas interesantísimas. 

Por Julián Varsavsky

03 de mayo de 2021

Publicado enCultura
El covid-19 va a persistir incluso después de la vacunación

Más nos vale prepararnos

Cuando empezó la campaña de vacunación a finales de 2020 se esperaba poder retomar una vida normal en un plazo razonable. Pero no se contaba con nuevas variantes preocupantes. Hoy el éxito de una campaña de vacunación ya no es garantía de haber vencido el virus. Es probable que todavía tengamos que aprender a vivir con el covid durante un tiempo.

La inmunidad colectiva

Las perspectivas favorables que teníamos a finales del año pasado se basaban en la esperanza de poder crear con bastante rapidez una inmunidad de grupo gracias a las vacunas, ya fuera por vacunación, ya fuera por una exposición en el pasado al virus (1). La inmunidad colectiva hace desaparecer el virus. En un principio se pensaba que bastaría con inmunizar a entre un 60 % y un 70 % de la población para lograrlo, pero con las nuevas variantes y en base a nuevos conocimientos, este porcentaje tendrá que ser mucho más alto e incluso se considera la posibilidad de que no alcancemos nunca la inmunidad colectiva.

En primer lugar, la inmunidad inducida por la infección disminuye con el tiempo. También es el caso de los demás coronavirus. Varios estudios demuestran que la inmunidad actual inducida por la infección se mantiene al menos seis meses y en las personas que han tenido síntomas graves la duración es de al menos ocho meses, tras lo cual la inmunidad puede disminuir y desaparecer. Por otra parte, los resultados obtenidos en Sudáfrica y Brasil han demostrado que una infección previa ofrece una inmunidad débil contra las nuevas variantes. Esto significa que queda la vacunación como medio de obtener una inmunidad de grupo duradera. Pero para ello tenemos que salvar al menos cinco obstáculos.

Los límites de la vacunación

Primero, algunas variantes se comportan casi como nuevos virus, contra los que las vacunas solo ofrecen una protección parcial. La mala gestión de los gobiernos, sobre todo en Occidente, ha hecho que hasta la fecha se hayan infectado 143 millones de personas. Esta propagación incontrolada favorece la posible aparición de nuevas mutaciones contra las que las vacunas actuales no protegen.

Segundo, se supone que la protección que ofrecen las vacunas no es permanente. Todavía sabemos poco al respecto, pero las personas expertas suponen que las vacunas proporcionan una inmunidad protectora durante un periodo de entre seis meses y dos años, por ello ya se ha dicho que habrá que volver a vacunarse al cabo de seis meses para garantizar una protección duradera. En Israel, el pasaporte de vacuna también es válido seis meses.

Tercero, no se sabe si las propias vacunas impiden el contagio ni en qué medida. Se supone que impiden el contagio en gran medida, pero todavía no se ha establecido categóricamente. No es un detalle nimio. “La inmunidad de grupo solo es pertinente si disponemos de una vacuna que bloquee el contagio. Si no es el caso, la única manera de conseguir la inmunidad colectiva es vacunar a todo el mundo”, declaró la profesora Bansal de la universidad de Georgetown en Washington DC.

Cuarto, se está vacunando a muy pocas personas. Con las variantes actuales debería estar vacunada al menos un 80 % de la población para tener la inmunidad de grupo. Actualmente solo algunos países llegan a ese 80 %. Hay que descontar, además, a todas las personas menores de 18 años porque probablemente no se podrán vacunar antes de 2022, como pronto. Representan al menos una quinta parte de la población.

Por último, el ritmo de vacunación es lento y caótico. Teniendo en cuenta la urgencia, podríamos y deberíamos haber puesto a las empresas a trabajar, como en una economía de guerra, pero, en vez de ello, se ha confiado la producción a algunos gigantes farmacéuticos y, a consecuencia de ello, las campañas de vacunación han sido mucho más lentas.

El nacionalismo de las vacunas

Al ritmo actual de vacunación, las vacunas se agotarán antes de poderlas administrar al conjunto de la población. En los países ricos quizá nos podamos vacunar varias veces al año contra la última variante, pero podemos preguntarnos si será suficientemente rápido o completo para lograr la inmunidad colectiva.

La situación es mucho peor en los países pobres, porque la distribución de la limitada oferta de vacunas es muy desigual. Los países ricos, que representan el 20 % de la población mundial, han comprado el 55 % de todas las vacunas. Es probable que muchas personas en los países pobres tengan que esperar a 2023 o 2024 para ser vacunadas.

Este nacionalismo de las vacunas tiene una visión solo a corto plazo. Incluso en el caso de un país que tenga una tasa de vacunación alta, persiste la posibilidad de nuevas epidemias si los países vecinos no han hecho lo mismo y si las poblaciones se pueden mezclar. El riesgo de enfermar de una nueva variante en un país con una baja tasa de vacunación es entre cuatro y seis veces más alto que en un país que ha sido vacunado. “Nadie está verdaderamente protegido del covid-19 mientras no lo esté todo el mundo”, afirmaron las personas expertas de la Comisión Lancet sobre el covid-19.

“Supresión máxima”

Cada día hay más de 750.000 nuevos contagios en el mundo. Con una tasa de contagio tan elevada, es inevitable que se propaguen nuevas variantes preocupantes contra las que las vacunas o infecciones previas no proporcionarán inmunidad. Cuanto más se prolongue esta situación más posibilidades hay de que se multipliquen esas variantes. Según las personas expertas de la Comisión Lancet, estamos en una carrera contra reloj para que la tasa de transmisión en todo el mundo sea lo suficientemente baja para impedir la aparición y propagación de nuevas variantes.

El orgullo respeto a las vacunas está fuera de lugar. Según las personas expertas, una campaña de vacunación con éxito ya no garantiza por sí sola la victoria sobre el virus. Chile es un buen ejemplo de ello: actualmente el 60 % de la población ya ha recibido la primera dosis de la vacuna, pero la cantidad de personas infectadas sigue subiendo. En una población de 19 millones de personas cada día se producen casi 7.000 nuevos contagios y cien muertes por covid.

Por lo tanto, las personas expertas de la Comisión Lancet abogan por una “supresión máxima” del covid-19. Es de vital importancia reducir la cantidad de contagios de forma significativa, no a largo plazo, sino lo antes posible. Se trata no solo de vacunar, sino también de tomar medidas bien conocidas como la limitación de contactos, el mantenimiento de estrictas medidas de seguridad (mascarillas, limpieza de manos, distancia de seguridad, buena ventilación, etc.), la detección rápida, y el rastreo preciso y rápido de todos los contactos.

Países como Taiwan, China, Australia, Vietnam y Nueva Zelanda demuestran que el virus se puede erradicar en la práctica. Las regiones en las que el virus hace estragos siguen sirviendo de caldo de cultivo para las variantes resistentes y así nunca lograremos detener la pandemia.

Las personas expertas creen que todavía hay que hacer varias cosas además reducir mucho la cantidad de contagios. Antes de nada debemos distribuir las vacunas de forma equitativa en todo el mundo y acelerar los programas de vacunación en todos los países, pero esto no se podrá hacer sin suprimir las patentes y planificar la producción. En segundo lugar, necesitamos programas de vigilancia capaces de detectar nuevas variantes sobre la base de técnicas de secuenciación del ADN. En tercer lugar, hay que hacer investigaciones internacionales sobre la eficacia de las vacunas para las variantes existentes y las nuevas que son motivo de preocupación. Todavía queda mucho trabajo por hacer en estos tres ámbitos.

Oleadas invernales

Las enfermedades infecciosas tiene la característica común de volverse más infecciosas pero menos potentes con el tiempo. A fin de cuentas, si el huésped no muere, supone una ventaja en la selección natural del virus. Al parecer ese no es el caso con el actual virus. Las variantes conocidas son más contagiosas, pero no menos peligrosas, todo lo contrario.

Si continúa esta tendencia, teniendo en cuenta que no podemos obtener una inmunidad de grupo en la situación actual, probablemente tendremos que hacer frente a un ciclo permanente de picos y regresiones. Es probable que, como en el caso de la gripe, el factor estacional también desempeñe un papel en este caso. Es de esperar que se produzcan nuevas epidemias, sobre todo en invierno. Según el célebre virólogo Peter Piot, el próximo invierno el factor de reproducción (2) podría ser aún mayor que el del invierno pasado si no hay mascarillas ni distancia de seguridad y ello a pesar de la protección que proporciona la vacunación. Por eso Peter Piot defiende que las mascarillas sean obligatorias durante los meses en que se produzca un pico, fomentar el teletrabajo y la educación on line (en el caso de grandes grupos) y animar a las personas de riesgo (por ejemplo, las mayores de 65 años o con algún problema de salud) a evitar los eventos grandes o los entornos públicos como bares, restaurantes, etc. También propone aumentar la capacidad de las unidades de cuidados intensivos durante los meses de invierno.

La nueva normalidad

Erradicar un virus no es fácil. La viruela es una de las raras pandemias que se venció completamente en el pasado. Es probable que, como ocurre con la gripe, el covid-10 nunca se erradique completamente

La buena noticia es que se han encontrado muy rápido vacunas muy eficaces. Como ha demostrado Israel, suponen una disminución de las infecciones y una reducción significativa de las hospitalizaciones o de las muertes (3), lo que significa que en el futuro probablemente se podrán evitar los confinamientos. Pero, como hemos visto antes, solo las vacunas no será suficiente.

En resumen, la cuestión no es saber en cuánto tiempo volveremos a la normalidad, sino qué tipo de normalidad será. Al menos por ahora, la nueva normalidad será una normalidad sin inmunidad colectiva y, por lo tanto, con las precauciones y medidas de protección necesarias. A largo plazo el covid-19 podría entonces evolucionar hasta convertirse en una enfermedad endémica (4) como la gripe.

Tanto nosotros como nuestra sociedad tenemos que prepararnos para afrontarlo lo mejor posible. Al principio de la crisis del covid-19 fracasamos cruelmente, sería imperdonable volver a hacerlo también una vez que la crisis ha avanzado.

Por Marc Vandepitte | 26/04/2021

 Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Fuente original: De Wereld Morgen. Traducido del neerlandés al francés por Anne Meert para Investig’Action.

Notas:

(1) En Bélgica, por ejemplo, el 16 % de la población tiene anticuerpos.

(2) El factor de reproducción es la cantidad de personas a las que una persona portadora contagia de media.

(3) Actualmente hay cada día 150 nuevos contagios y 6 muertes por covid, en una población de 9 millones.

(4) En caso de enfermedad endémica las apariciones de focos son relativamente constantes y suelen ser locales.

Publicado enSociedad
Sábado, 24 Abril 2021 06:38

Covax: la trampa

Covax: la trampa

Hay muchas paradojas en esta pandemia, la mayoría sobre cómo los más ricos y poderosos se benefician del desastre y lo empeoran. El mecanismo Covax es una de ellas. Se presenta como forma de acceso más equitativo a las vacunas para Covid-19, pero en realidad es una forma de facilitar los negocios de las grandes farmacéuticas y proteger sus patentes, lo cual impide que los países del sur global puedan disponer de suficientes vacunas. No es un efecto secundario o accidental: la escasez es un elemento importante para las empresas, ya que garantiza la demanda y aumenta los precios.

Un reciente reporte sobre Covax del experto Harris Gleckman –antes funcionario de la ONU– publicado por Amigos de la Tierra Internacional, analiza con rigurosidad el mecanismo, revelando una perversa iniciativa comercial contra la salud pública, diseñado y promovido por la Fundación Bill y Melinda Gates (https://tinyurl.com/2swf356f).

Covax funciona como un banco comercial para hacer compras conjuntas a gran escala a las trasnacionales, lo que a éstas les otorga aún mayor seguridad a sus inversiones aunque ya han recibido cuantiosa financiación pública para desarrollarlas (https://tinyurl.com/ykabcmw9). No cuestiona sus precios ni condiciones leoninas. Al contrario, facilita a las empresas la entrada a nuevos mercados en países pobres, sin costo ni riesgo para ellas. Las miserables entregas "gratuitas" que realiza a esos países ya han sido pagadas por otros o por instituciones públicas multilaterales. Al entrar con vacunas patentadas, favorece los mecanismos de mercado en la atención de salud pública.

Que se produzcan y distribuyan equitativamente vacunas seguras en una pandemia global, es una responsabilidad de la OMS (Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas), no de una institución privada como Covax. Se ha apropiado de tal función para prevenir que se tomen medidas imprescindibles y necesarias, como la cancelación de patentes y el apoyo internacional al fortalecimiento de capacidades nacionales para prevenir próximas pandemias. Como asociación público-privada, Covax es una institución de "partes interesadas" ( stakeholders), sin transparencia ni rendición de cuentas, donde los grandes actores privados como la gran industria farmacéutica, que actúa por interés de lucro, decide tanto o más que gobiernos e instancias públicas de la comunidad internacional.

Fue fundada por la Alianza Mundial para las Vacunas e Inmunización y la Coalición para las Innovaciones en la Preparación para Epidemias (GAVI y CEPI, por sus siglas en inglés), esta última fundada en el Foro Económico Mundial de Davos, ambas diseñadas y financiadas por la Fundación Bill y Melinda Gates. Aunque la OMS figura también como fundador y participante, su papel es marginal y parece más bien una fachada. GAVI es la que administra el mecanismo y su máxima instancia de decisión está presidida por los presidentes de directorio de GAVI y CEPI. Se han enlistado en Covax 180 gobiernos, pero deciden poco o nada sobre sus formas de acción, contratos, etcétera.

Según la OMS, el porcentaje de vacunación para obtener inmunidad colectiva debería ser mayor a 60 por ciento en todos los países simultáneamente. Numerosos reportes de Naciones Unidas y prensa dan cuenta diariamente de cómo los países industrializados acaparan la mayoría de las vacunas, incluso algunos países como Canadá, más de tres veces las dosis necesarias para toda su población. Covax no ha hecho nada, salvo pedir amablemente a esos países que donen las vacunas que no van a usar (ya pagadas a las empresas, obviamente).

Para lograr ese nivel de vacunación global, la única vía sería que todos los países con capacidad de producir vacunas a nivel nacional lo hicieran y apoyaran directamente a los que no lo tienen. Un primer paso para ello es cancelar todas las patentes y otras restricciones de propiedad intelectual para acceso y transferencia de vacunas y tratamientos relacionados a Covid-19. Esto ya fue planteado por India y Sudáfrica, apoyado por más de 100 países, en la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero Estados Unidos, Europa y otros países sede de trasnacionales farmacéuticas se han opuesto ferozmente (https://tinyurl.com/2mh79293).

Varios países del sur global, entre ellos India, Sudáfrica y Brasil tienen capacidad de producción y distribución de vacunas. En muchos más esa capacidad ha sido debilitada por las políticas neoliberales de las últimas décadas, pero podrían ser apoyados para reactivar la producción nacional. Esto es lo que Covax quiere impedir, siguiendo el modelo de acción que lleva también GAVI.

Covax funciona también como una forma de privilegiar las vacunas transgénicas, patentadas y altamente experimentales, llenas de incertidumbres y riesgos, como las basadas en ADN (entre ellas AstraZeneca, Johnson & Johnson) y las de ARN (como Pfizer y Moderna). El reporte de Gleckman señala que también ha funcionado para marginar las opciones más accesibles y públicas producidas en China y Rusia.

Lamentablemente, no sólo Covax, también la OMS y gobiernos promueven esas vacunas más caras y riesgosas, obviando que las empresas seguirán provocando escasez y que existen opciones con métodos convencionales probados, como virus atenuados, inactivados o de subunidades proteicas, que además son las que mejor se podrían producir a nivel nacional.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Sábado, 24 Abril 2021 05:47

Crisis mundial y un Norte mezquino

Crisis mundial y un Norte mezquino

No caben soluciones para un solo Estado o región

El Secretario general de la ONU propone un “cambio de paradigma”

La pandemia no solo sigue golpeando, sino que hiere más profundo. La tercera ola europea y la segunda latinoamericana del COVID-19 inundan aún más una realidad social empapada por la crisis planetaria.  Complejo escenario en este mes de abril del 2021 con rostros cansados, cooperación internacional mermada y estadísticas en caída libre.

América Latina y el Caribe perdieron ya 26 millones de empleos como consecuencia de la pandemia. Y desde comienzos de 2021 siguen confrontándose a un panorama laboral agravado por la segunda ola continental y por los lentos procesos de vacunación que hacen más inciertas las perspectivas de recuperación de muchas actividades laborales.

S.O.S: “naufragamos”

Todas malas señales del informe “Transitando la crisis laboral por la pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas”, (https://www.ilo.org/americas/publicaciones/WCMS_779114/lang–es/index.htm), elaborado por la Oficina Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado la segunda semana de abril. El mismo subraya que el impacto sobre el trabajo fue devastador en el segundo trimestre de 2020, cuando los indicadores de ocupación y participación se desplomaron.

La introducción del documento de dieciocho páginas hace un rápido recorrido de las previsiones de diferentes organizaciones internacionales sobre la caída productiva latinoamericana y caribeña. Las últimas del Fondo Monetario Internacional (FMI), de abril de 2021, señalan una contracción en 2020 del Producto Interno Bruto (PIB) regional del -7%. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) coincide con esta proyección al estimar un descenso del -7,7%. Y considera que se trata de la contracción económica más elevada desde que se tienen registros, es decir, desde 1900. Caída mucho más empinada que la media mundial, ya que el FMI anticipa una baja del PIB global de -3,3%, en tanto que la CEPAL proyecta un -4,4%.

Además de los empleos borrados, según la OIT la región experimentó en 2020 la mayor pérdida mundial de horas trabajadas: 16,2% en comparación con 2019. Es decir, el doble del promedio mundial, el cual oscila en alrededor del 8,8%. Con la caída correspondiente de los ingresos laborales.

El colapso macroeconómico ha afectado de manera desproporcionada a algunos segmentos de la población, amplificando así las brechas laborales y sociales –especialmente las de género—que, de hecho, ya caracterizan a la región. En promedio, señala la OIT, hace más de quince años que no se registraba una tasa tan baja de participación económica de la mujer en Latinoamérica y el Caribe.

En cuanto a las perspectivas de recuperación para 2021, son modestas e incluso muy inciertas, por lo que las expectativas de una posible reversión de la situación crítica del mercado de trabajo deberían ser muy cautelosas, sostiene el estudio.

La OIT propone desarrollar estrategias de recuperación basadas sobre cuatro pilares principales: estimular la economía y el empleo; apoyar a las empresas, los empleos y los ingresos; proteger al mundo laboral y recurrir al diálogo social para encontrar soluciones.

La construcción de nuevos consensos, pactos o acuerdos, es más relevante que nunca. Tan importante como las políticas de promoción del empleo digno y productivo, la extensión de la protección social y el respeto a los derechos laborales, enfatiza la organización internacional. La misma plantea que en la búsqueda de la recuperación resultará ineludible abordar las problemáticas preexistentes en la región. Es decir, la alta informalidad laboral, los reducidos espacios fiscales, la persistente desigualdad, la baja productividad y la escasa cobertura de la protección social. La mano de obra infantil y el trabajo forzoso, siguen siendo, también, asignaturas pendientes.

Cambio de paradigma

El escenario mundial no es mejor que la situación latinoamericana. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, recordó el panorama “sombrío” producto de la crisis sanitaria mundial. Tres millones de muertes; ciento veinte millones de personas que cayeron en la pobreza extrema; una pérdida de empleos a tiempo completo equivalente a 255 millones de puestos de trabajo y la peor recesión de los últimos noventa años, son parte de este balance preocupante.

Paradójicamente, en este contexto desastroso para una gran parte de la humanidad, según la misma ONU, los más ricos del planeta lograron aumentar sus fortunas en 5.000 millones de dólares durante la pandemia. Lo que provoca la advertencia directa de Guterres: es necesario un cambio de paradigma que permita alinear al sector privadocon las metas globales para hacer frente a los retos futuros de la humanidad, incluidos los provocados por el COVID-19. Su reflexión del lunes 12 de abril ante el Foro del Consejo Económico y Social sobre la Financiación para el Desarrollo (https://news.un.org/es/story/2021/04/1490732 ) implica un reto para la sociedad mundial.

Guterres advirtió que, debido a la evolución tan rápida y agresiva de la pandemia, la resolución de la crisis se entrevé en un futuro lejano. Y afirma que es necesario analizar la realidad presente para invertir estas peligrosas tendencias, prevenir sucesivas oleadas de infecciones, evitar una larga recesión mundial y retomar el camino para cumplir la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

En esta coyuntura es fundamental asegurar la distribución equitativa de las vacunas, hasta ahora sumamente desigual: solo diez países representan alrededor del 75% de la vacunación mundial, mientras que muchos otros todavía no han empezado siquiera a inmunizar a sus trabajadores sanitarios y a las personas más vulnerables. «Para acabar de una vez por todas con la pandemia necesitamos un acceso equitativo a las vacunas para todos, en todas partes», subrayó.

Mirando hacia el futuro, el Secretario General puso sobre la mesa del debate dos temas relevantes: la aplicación de un impuesto de solidaridad –o sobre la riqueza– a quienes se hayan beneficiado excesivamente durante la pandemia, con el objetivo de reducir las desigualdades extremas. En cuanto a la deuda, alienta su suspensión y aligeramiento, así como la concesión de liquidez a los países que la necesiten.

Pero hay que ir más allá de su aligeramiento, subrayó. Es necesario reforzar «la arquitectura de la deuda internacional para acabar con los letales ciclos de oleadas de deuda, de crisis de deuda global y de décadas perdidas».

Adicionalmente, y ante la amenaza real que la crisis actual impone al multilateralismo, propone un nuevo andamiaje internacional y un nuevo contrato social basados en la solidaridad y las inversiones en la educación, los empleos decentes y ecológicos, la protección social y los sistemas de salud, todo lo cual formaría, conjuntamente, la base de un desarrollo sostenible e inclusivo.

Un norte mezquino

A la par de la retórica onusiana, basada en datos, cifras y estadísticas que dibujan el dramatismo de la situación planetaria, el día a día de la geopolítica internacional parece ser otro. En muchas regiones del globo, los Estados priorizan su propia gente y refuerzan sus fronteras. Además, estructuran políticas de salvación nacional que poco tienen que ver con la responsabilidad global.

“Poca solidaridad internacional de Suiza en la crisis del coronavirus” es el título de un comunicado que Alliance Sud publicó la segunda semana de abril. El mismo critica la política oficial de cooperación de la Confederación Helvética. La plataforma que reúne a las seis ONG suizas más importantes del sector se posiciona frente a las cifras publicadas el martes 13 de abril por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Dichas cifras muestran que Suiza, una de las naciones más enriquecidas del planeta, no hizo ningún aporte sustantivo para apoyar a los países más pobres durante la crisis del coronavirus. Y recuerdan que su contribución sigue estando lejos del objetivo acordado internacionalmente, es decir, el 0,7% de su renta nacional bruta (RNB) a la ayuda oficial para el desarrollo. En 2020, el porcentaje que Suiza destinó a ese rubro fue de apenas 0,48%, cantidad que incluye los gastos administrativos en concepto de ayuda para asilo. De esta manera, Suiza se sitúa en el noveno lugar del ranking de la OCDE, por detrás de Suecia, Noruega, Luxemburgo, Dinamarca, Alemania, Inglaterra, los Países Bajos y Francia (países que no añaden sus gastos administrativos en concepto de asilo cuando calculan su aporte al desarrollo, o lo hacen en una medida mucho menor).

Alliance Sud argumenta que, en pocos meses, la crisis del coronavirus ha echado por tierra gran parte de los avances logrados en la lucha contra la pobreza. Y anticipa que, a finales de 2021, si se tiene como referencia un ingreso inferior a 1,5 dólares diario, casi 10% de la población mundial padecerá pobreza extrema. Si se considerara un parámetro más realista, es decir, un mínimo de 5,5 dólares diarios por persona para poder sobrevivir, a fin de este año casi la mitad de la población mundial podría encontrarse en esa situación.

Si la comunidad internacional quiere evitar crisis económicas masivas, el aumento brutal de conflictos, nuevos dramas migratorios y futuras pandemias, los países ricos deberían proporcionar los recursos adecuados para la lucha contra la pobreza y la desigualdad, afirma Alliance Sud

¿Cuál es el punto de intersección entre la retórica de la ONU, las propuestas de reactivación del empleo de la OIT y la realidad cotidiana universal? Prácticamente inexistente.

Lo que prevalece es la carrera a codazo limpio de los más fuertes para apropiarse de las vacunas. El sálvese quien pueda como filosofía global. La mezquindad creciente de los más poderosos en su cooperación internacional. O la creencia de que un solo país –o región– podrá salvarse en su propia Arca de Noé en medio de un diluvio de dimensión universal.

Por Sergio Ferrari | 24/04/2021

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Nuevas formas de segregación y control social
 
 La segregación siempre fue una forma de dominación, al separar a las personas por su pertenencia de clase, de color de piel, de opciones sexuales y geografías. Los trabajadores siempre vivieron en barrios separados de las clases medias y altas, en áreas con menos servicios, peor calidad del aire y del agua, y con mucha menor cantidad de espacios verdes.

Los pueblos originarios y negros han sido despojados de sus territorios, proceso que se ha profundizado en las últimas décadas, condenándolos a vivir en las tierras menos productivas, a menudo en pendientes y zonas rocosas, como sucede con los nasa y misak, del Cauca colombiano.

Hay muchas más formas de segregación, pero ahora aparecen nuevas, con la excusa de la pandemia. Se perfilan pasaportes sanitarios para atravesar fronteras, incluyendo o excluyendo las vacunas que las multinacionales prefieren o rechazan.

Por ejemplo, un latinoamericano no podrá ingresar a Europa si fue vacunado con Sinovac, aunque es uno de los biológicos más difundidos en la región (https://bit.ly/3nebLmH). No sólo exigen vacunación, sino que discriminan por la geografía de donde proviene la persona, en una geopolítica sanitaria que agrava la segregación.

Estamos ante una ventana de oportunidades para quienes, con la excusa de la pandemia, buscan cercenar libertades engordando códigos penales. En Uruguay, el parlamento está a punto de aprobar una ley que crea el delito de peligro sanitario, que se aplicará a quienes incumplan las normas sanitarias.

Si el nuevo delito suena grave, el que se pueda penar con tres a 24 meses de prisión sin la necesidad de comprobar que la persona contagió a otra (https://bit.ly/3v94CqI), es muestra de la discrecionalidad con que se pretenden establecer las penas.

El presidente de la Asociación de Abogados Penalistas, Juan Fagúndez, calificó la ley de absolutamente fascista, pues considera un error inventar un delito en estas circunstancias y para este momento (https://bit.ly/3tDaHLr). Como sucedió durante la dictadura militar, otra vez va a caer sobre los jóvenes la punición de su conducta, algo que no tiene ninguna relación con la salud, sino con el disciplinamiento de generaciones enteras que no aceptan la imposición de conductas por el Estado y la policía.

Algo que se pretende penalizar son las fiestas y encuentros juveniles que producen aglomeraciones, figura que la policía está empeñada en criminalizar.

Meses atrás, el parlamento uruguayo aprobó una ley sobre un artículo de la Constitución, por la cual se suspendieron por cuatro meses las aglomeraciones de personas que pueden generar un notorio riesgo sanitario. Sin embargo, cuando se le pidió al gobierno que definiera lo que entiende por aglomeración y cuánta gente incluye, respondió que eso corresponde definirlo a la policía en el momento y sobre el terreno.

En suma, es la policía o el golpe de Estado permanente, en palabras de Michel Foucault, la que tiene la potestad para definir si existe riesgo sanitario cuando grupos de jóvenes se juntan. En los últimos meses, la policía ha llegado a disolver más de 100 aglomeraciones diarias, en un país de apenas 3 millones de habitantes (https://bit.ly/3sHS7jX). En algunos casos se trataba de grupos de apenas cinco personas en una playa, como muestran las redes sociales (https://bit.ly/2P7Kaaa).

De lo que se trata es de apretar las clavijas del control social, prohibiendo manifestaciones (la del 8M ya ha sido acusada en todo el mundo de expandir la pandemia), recortar derechos y libertades permitiendo el ingreso de la policía a las viviendas particulares, incluso por la noche, si hay una denuncia por riesgo sanitario.

Entiendo esta situación como parte de la militarización de nuestras sociedades. El control a gran escala, con policías, cámaras de seguridad y drones, se complementa con un control capilar, que invade todos los rincones de la sociabilidad popular.

En este asunto también hay clases y geografías. Para disipar cualquier acusación de conspirativismo, un estudio sobre movilidad en Montevideo (1.5 millones) con datos de Google, dice que cayó 51 por ciento la movilidad en plazas, parques y playas; bajó 48 por ciento en restaurantes, cafeterías y centros comerciales, y más de 40 por ciento en el transporte público; pero aumentó 10 por ciento en las zonas residenciales, o sea en los barrios de clase media alta y alta (https://bit.ly/3n83SiB).

¿No estamos acaso ante un panóptico a cielo abierto, una gigantesca cárcel cuyos barrotes son poco visibles, porque sus guardianes son nuestros vecinos, y hasta nosotros mismos? ¿Cómo se escapa de una cárcel así?

No lo sabemos, porque las formas de dominación van mutando, las nuevas se superponen a las viejas, sin sustituirlas. Lo seguro es que no hay salidas individuales y sin estar organizados. Lo demás habrá que improvisarlo, probando, errando y volviendo a probar, hasta abrir brechas.

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Comirnaty, la vacuna desarrollada por Pfizer, causa efectos secundarios y se ha mencionado que requiere una tercera dosis para que sea efectiva. Todo esto no ha evitado que ese laboratorio alcanzara un valor de 235 mil millones de dólares.Foto Afp

Acumulan ganancias de 152 mil mdd desde el inicio de la pandemia

Casos de coágulos y polémicas por su eficiencia no han afectado el valor de las firmas

 

Las gigantes farmacéuticas son inmunes a la incertidumbre que ha provocado la eficacia de algunas de sus vacunas contra Covid-19, pues según datos de mercado, su valor bursátil continúa en aumento. Desde el inicio de la pandemia a la fecha, estas empresas acumulan una ganancia de 152 mil millones de dólares, es decir, poco más de 3 billones de pesos.

Para poner en contexto, este beneficio es tres veces lo que el gobierno mexicano gasta anualmente en el pago de pensiones, que de acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público es de un billón de pesos.

La suma también es más de cuatro veces superior a los 660 mil millones de pesos presupuestados para el sector salud este año, y es casi la mitad de los ingresos totales que se estima tendrá el país este año, que serán 6.2 billones de pesos.

A inicios de 2020 el valor de mercado de Johnson & Johnson, Pfizer, AstraZeneca, Moderna, Novavax, BionTech y CanSino, siete de las farmacéuticas más grandes del mundo, ascendía a 686 mil 908 millones de dólares, mientras que al cierre del viernes pasado se ubicó en 838 mil 961 millones de dólares.

En las semanas recientes ha crecido la incertidumbre en torno a las vacunas contra Covid-19, pues algunas de las desarrolladas por dichas farmacéuticas han enfrentado problemas de aprobación en ciertos países, dado que los gobiernos han detectado anomalías e inclusive efectos secundarios en los pacientes que las reciben.

Lo anterior no ha detenido el impulso del valor bursátil de las empresas, pues apenas el 10 de enero pasado, según un seguimiento de este diario, la ganancia acumulada de las farmacéuticas era de 90 mil millones de dólares, mientras ahora es de 152 mil millones.

Es decir, en menos de tres meses, en medio de un ambiente de cuestionamientos, su valor se ha disparado 70 por ciento, equivalente a poco más de 60 mil millones de dólares.

Johnson & Johnson, la empresa más grande del sector, registra un valor bursátil de 426 mil 477 millones de dólares, 10 por ciento más respecto de los 384 mil 272 millones de dólares que registraba hasta antes del inicio de la pandemia.

El valor de esta farmacéutica abrió 2021 en un nivel de alrededor de 422 mil millones de dólares, mismo que siguió en aumento pese a que recientemente los reguladores federales de salud de Estados Unidos recomendaron una pausa en el uso de la vacuna por detectar casos de coágulos de sangre en mujeres de entre 18 y 48 años.

Pfizer, la segunda firma más grande tenía un valor de 217 mil millones de dólares antes del brote de la pandemia, que alcanzó un pico a finales del año pasado de 235 mil millones, el cual bajó 206 mil millones en enero de 2021, esto luego de que la farmacéutica decidió vender parte de sus acciones para materializar las ganancias.

En cuanto a la vacuna desarrollada por esta empresa, se ha revelado que causa algunos efectos secundarios e inclusive que se necesita una tercera dosis para que sea efectiva, lo cual no ha afectado su valor, pues incluso ha aumentado un poco hasta volver a alcanzar el nivel que tenía hace un año.

Un caso parecido es el de AstraZeneca, la tercera del mercado, que antes de la pandemia valía 66 mil millones de dólares, mismo nivel que mantiene hasta la fecha pese a que su vacuna ha sido una de las más controversiales al ser suspendida su aplicación por potencias de la Unión Europea y Estados Unidos tras darse muertes sospechosas en pacientes que recibieron la dosis.

Respecto a las demás, Moderna acumula una alza en su valor bursátil de 60 mil 700 millones de dólares, BionTech 27 mil 600 millones, Novavax 8 mil 600 millones y CanSino 6 mil 900 millones de dólares.

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Barbara Stiegler: "Pasamos mucho tiempo adaptándonos"

La filósofa francesa analiza el neoliberalismo y la pandemia

La pensadora asume el imperativo de transformar el mundo desde la acción colectiva y no quedarse en la torre de marfil de la teoría o los grandes ideales. La revalorización de sus ensayos escritos mucho antes de la pandemia.

 

Pensar la historia y las evoluciones del liberalismo e inscribirse al mismo tiempo en la acción colectiva concreta no son dos vertientes que se articulen con frecuencia. La filósofa francesa Barbara Stiegler las incorpora en una obra nutrida en la acción cuyo desarrollo teórico plasmó luego en dos libros que la llevaron rápidamente a ser reconocida. 

El último, Del Rumbo a las huelgas (Du Cap aux grèves), es la crónica reflexiva del movimiento de los chalecos amarillos que estalló en Francia entre 2018 y 2019, en el cual Barbara Stiegler participó en cuerpo y alma. El título remite a una situación que explotó en casi todo el planeta cuando los movimientos sociales impugnaron de forma inédita y globalizada a la monarquía neoliberal. El rumbo que la revolución neoliberal le había fijado a las sociedades humanas dejó de ser la única alternativa. El mundo dijo un basta rotundo a ese rumbo cuyo credo fue, desde siempre, ”es preciso adaptarse”. A fuerza de adaptación a un modelo destructor, los individuos dejaron de ser ellos mismos y perdieron la noción de emancipación

Argentina, Ecuador, Chile, Argelia, Hong Kong, Irak o Francia se levantaron contra esa dictadura de la adaptabilidad que había hecho de la condición humana un cordero en manos de un ante que sancionaba a quienes rehusaban adaptarse. Del Rumbo a las huelgas completa el primer libro de la autora publicado en 2019: Hay que adaptarse (Il faut s’adapter)

Ese ensayo es un vertiginoso viaje desde la matriz del modelo neoliberal hasta las orillas del fracaso de su patrón evolucionista, cuyo límite no fue precisamente una ideología opuesta, sino la crisis medioambiental. 

Flujos de capitales, flujos de información, flujos de mercancías y globalización chocan, dice la autora, contra los muros de su propia imposibilidad, contra la destrucción del planeta y el hartazgo de los seres humanos. Muchos analistas vieron en ese libro la explicación al movimiento de los chalecos amarillos. Por primera vez, una autora radiografiaba de forma original la identidad de esa crisis cuyos orígenes estaban arraigados desde hace mucho. 

Además, en Hay que adaptarse Barbara, Stiegler ponía de relieve otro de los componentes del ultraliberalismo: la forma en que hasta los gobiernos de izquierda abrazaron e implementaron ese modelo creyendo, a veces, que lo estaban combatiendo. La autora demuestra cómo se creó una suerte de confusión muy útil en torno a la definición de lo que era realmente el proyecto ultraliberal. 

En ambas obras, Stiegler asume además un imperativo: transformar el mundo desde la acción colectiva y no quedarse en la torre de marfil de la teoría o los grandes ideales. Se trata, dice la filósofa francesa, de crear una red de resistencia desde la acción inmediata, desde el lugar donde vivimos y trabajamos. 

En los dos ensayos y mucho antes de la pandemia, Barbara Stiegler volcó su experiencia en los hospitales, donde trabajó junto a médicos y enfermeros para interpretar desde allí la barbarie liberal.

--Su último libro está escrito con la experiencia de la calle, en el calor de las multitudes en rebelión y los gases lacrimógenos de las manifestaciones. Entre los dos términos del título, rumbo y huelgas, está concentrada la historia de los últimos 40 años.

--El rumbo que describo es el rumbo impuesto por la revolución neoliberal que se impuso en casi en todo el mundo desde hace 50 años y cuya historia remonta a un siglo atrás. Ese rumbo es la adaptación de todas las sociedades a la globalización, a un mundo en el cual no hay más fronteras y donde los ritmos se aceleran. Pues ese rumbo fue seguido por muchas sociedades y es cierto que desde hace algunos años hay movimientos sociales por todas partes que muestran que existe un rechazo a continuarlo. 

En este contexto llegan las huelgas, es decir, esa idea de dejar de trabajar según las modalidades obligatorias que nos imponen y, a partir de allí, repensar nuestra relación con el trabajo, con las interacciones sociales. Basta, nos detenemos, empieza un trabajo de reflexión, de reelaboración del sentido. Hoy se trata de saber si este movimiento de huelgas se acabó a causa de la pandemia. Creo que estamos congelados. Estábamos en plena acción, en plena efervescencia y nos vimos brutalmente congelados. Si observamos rápidamente tendremos la impresión de que nos hemos sometido, que hemos renunciado. Pero eso es solo si se mira la situación desde el exterior. Sin embargo, si hablamos con la gente, percibimos que está más enojada que antes. La gran pregunta que se plantean hoy los gobiernos consiste en saber qué ocurrirá cuando las manifestaciones en la calle, los festivales, los cafés y toda la vida social se reanuden. Creo que, al menos en Francia, el poder le tiene miedo a ese momento.

--Al final, ambas cosas se congelaron: la bronca globalizada y la marcha del liberalismo.

--Sí, así es. Hay una forma de la globalización que se vio congelada. Pero esto no quiere decir que se terminó todo. Los partidarios de la globalización seguirán defendiéndola y desplegándola, mientras que sus adversarios seguirán oponiéndose a ella. Creo que este momento de congelamiento puede quintuplicar los conflictos.

--Usted pasó de la cátedra universitaria a la calle y de las protestas sociales, con el movimiento de los chalecos amarillos. ¿Qué le dejó como lección esa experiencia?

--Me permitió entender una forma de acción y trasladarla a lugares estratégicos de mi entorno, a la universidad, al hospital, al liceo. Me mostró que, en todas las clases sociales movilizadas, sean estudiantes, profesores o los chalecos amarillos, había una necesidad de reconstruir las cuestiones democráticas: ¿Qué es un ágora, quién debe hablar, cómo? Todo eso había que construirlo. 

Hay algo terrible en nuestras profesiones, en los maestros, profesores y universitarios. Muchos están inmersos en una actividad intelectual intensa, pero cuando los vemos actuar en el trabajo no existe conexión con lo que hacen. Muchos colegas denuncian el neoliberalismo, se presentan como adversarios teóricos, pero terminan aplicando en el mundo de la educación dispositivos neoliberales sin que ello les plantee ningún problema. Y sin reflexión, en una especie de acción mecánica. Hay una suerte de desprecio por el lugar de trabajo, por la interacción práctica. Creo que las cosas serían mucho mejores si los profesores, el personal de los hospitales, se definieran como trabajadores y pensaran un poco más en sus actos.

--Usted ha puesto de relieve uno de las grandes perversiones del liberalismo, esa suerte de orden permanente: es necesario adaptarse. 

--Con ese pensamiento perdemos la expresión de la identidad y la capacidad de emancipación. Pasamos mucho tiempo adaptándonos, aceptando los pliegues de la normalización, eso destruye la relación emancipada e impide la reafirmación del individuo. La idea de adaptación nos colonizó. Se construyó una suerte de hegemonía cultural en silencio. Es una herencia del siglo XIX, que proviene de la transferencia de las ideas de Darwin hacia el campo social y político. Es un pensamiento oriundo de los Estados Unidos, que recupera la idea según la cual nuestra especie está mal adaptada a la globalización y que es preciso readaptarse a ella través de amplias políticas públicas en campos como el de la educación, la salud o las políticas sociales, para instaurar la igualdad de posibilidades, la competencia en todos los niveles de la sociedad. En suma, se trata de una revolución social y política que, detrás del telón, esconde un principio biológico cuando habla de adaptación, de selección, de mutación y de evolución. 

--En su ensayo señala que pensamiento está impregnado por un relato que argumenta que la especie humana está siempre atrasada. ¿Esa sería la matriz del neoliberalismo?

--Sí, ese pensamiento incluye una amplia reflexión sobre la inadaptación. La tesis del teórico norteamericano que inspiró a los nuevos liberales y que lanzó la corriente neoliberal, Walter Lippmann, sostiene que la especie humana se adaptó a lo largo de un extenso período a un mundo relativamente estable y cerrado. Lippmann dice que el sentido de la historia, su misión casi revolucionaria, es la globalización del mundo, la división del trabajo con un capitalismo totalmente globalizado, y que, en ese movimiento, la especie humana no está a la altura de este porvenir. Por consiguiente, es preciso transformarla mediante políticas públicas muy ambiciosas, a fin de readaptarla a todos los niveles: afectivo, cultural, emocional, cognitivo. Se trata, entonces, de una empresa de readaptación integral de la especie humana por medio de una agenda, de un programa revolucionario.

--Señala que durante mucho tiempo hubo una dificultad para definir qué es el neoliberalismo. ¿Se tardó mucho en comprender su mecánica?

--¡Absolutamente! Se dijo que era una teoría económica que proponía un Estado lo más pequeño posible. Fue una confusión permanente. De hecho, en los años 30, el neoliberalismo partió de la evidencia según la cual, con la experiencia de la crisis de 1929, el capitalismo sin regulación no podía salvarse solo, que no se podía confiar en las interacciones espontáneas de las sociedades humanas porque los seres humanos eran inadaptados. Por consecuencia, era necesario reasumir la acción del Estado, con un Estado más fuerte y eventualmente autoritario, cuya primera misión consistía en fabricar el consentimiento. Lippmann hablaba de “manufactura del consentimiento”. Ese plan pasa por un conjunto de políticas culturales y educativas. 

Percibimos aquí que todo esto no tiene nada que ver con la imagen del neoliberalismo, con la idea de dejar que todo sea libre. Esto es muy grave porque no haber visto esto, mantenerse en esa confusión, permitió a partidos que se identificaban con la izquierda llevar a cabo políticas neoliberales sin que nos demos cuenta. En Europa, muchos partidos de izquierda rompieron con la izquierda, con el socialismo, y terminaron aplicando programas de ajuste y adaptación a la globalización. Y como los llevaron a cabo por medio de políticas públicas que exigían una suerte de igualdad de posibilidades y una regulación leal de las reglas, creyeron que así luchaban contra el neoliberalismo. En realidad, ese era el contenido mismo de la política neoliberal. De esta manera, muchos partidos de gobierno que reivindicaban ser de izquierda aplicaron una política neoliberal de forma continua desde los años 80.

--¿Fue ese el gran fracaso de la izquierda, no haber captado la realidad de su enemigo o, tal vez, querer imitarlo?

--Sí. Y es aquí donde podemos hablar de colonización o de hegemonía cultural. El neoliberalismo es una nueva derecha, una derecha al servicio de la globalización económica. Esa nueva derecha invadió todas las mentes y se volvió hegemónica.

--Esa idea neoliberal dejó prácticamente a la humanidad sin un lugar donde respirar libremente.

--Todo el orden gira en torno a esa idea asfixiante. No obstante, hay una novedad que surgió a partir del giro de los años 2000: el neoliberalismo, que carecía de oposición y se había infiltrado en todas partes por una suerte de capilaridad, de mimetismo, esa hegemonía liberal que se construyó a lo largo de un siglo, empezó a ser puesta en tela de juicio a raíz de la crisis medioambiental y de los estragos considerables de ese modelo capitalista globalizado. El neoliberalismo empezó a mostrar que era una cosa imposible. Hemos chocado contra los límites insuperables de la globalización y nos damos cuenta de que sus costos son considerables. Por esta razón la hegemonía neoliberal se ve profundamente cuestionada. Y eso es nuevo.

--Estamos en un momento tambaleante de la historia humana. ¿Cómo ve la emancipación futura de nuestras sociedades, qué formas podrán revestir la acción colectiva?

--No puedo anticipar el porvenir ni tener una visión global. Lo que sí puedo decir es lo que estoy haciendo yo ahora durante esta crisis sanitaria y lo que seguiré haciendo en el futuro. Creo que es fundamental que quienes desean asumir el conflicto y participar en la resistencia se pregunten dónde están, en qué lugar viven, dónde trabajan y dónde están sus vidas. Yo vivía en el campo, pero terminé de entender que mi vida estaba en Burdeos. Aunque no sea fácil, en cuanto logramos situarnos en algún lado ya tenemos un punto, podemos decir “este es mi lugar, aquí está mi trabajo, esto es lo que hago”. Recién a partir de ese marco particular es cuando se puede construir una lucha. A partir del lugar en el que nos encontramos y de las funciones sociales que ocupamos. Incluso si no tenemos trabajo también ocupamos una función, porque podemos ser padres o desempleados. Creo que a partir de una plataforma personal como esta es necesario y lógico constituir una red de resistencia. 

En la historia, la gente nunca construyó un programa para luego actuar: primero observaron lo que había alrededor para luego intentar hacer algo. Intentaron salvar lo esencial construyendo una oposición ante un poder aplastante. Trato de actuar así. Me gusta mucho la lógica de la red porque permite que construyamos una acción colectiva. Así es como se construye un programa o un pensamiento político: en la precisión de lo concreto.

 

Más que pandemia: sindemia

 

--Es una de los escasos pensadores que pensó el mundo a partir de un hospital, y ese lugar se ha vuelto central a raíz de la pandemia.

--He trabajado mucho con las personas del sector de la salud, con médicos y enfermeros. Mi pensamiento político se alimentó de su combate, de lo que viven y atraviesan. Lo que vemos hoy en la salud no es la privatización, no es un Estado que vende el hospital, más bien es un Estado que conserva el hospital y lo controla, al mismo tiempo que trata de transformar el sentido. Es una gestión asumida por el Estado que transforma los oficios del personal. 

Las enfermeras se convirtieron en administradoras que deben cumplir con toda una serie de objetivos. Son oficios que suscitan mucha vocación, pero esa vocación está destruida por una visión de la salud opuesta a la vocación. Lo mismo ha ocurrido en la enseñanza. Las reformas neoliberales inducen a los profesores a hacer lo contrario de lo que les señalaba su vocación. Esas instituciones republicanas han sido destruidas desde el interior por el mismo Estado, o por quienes se apropiaron del Estado para cambiarle el sentido. Y es precisamente allí, en los restaurantes, en los bares, en los medios obreros, donde se debe construir la resistencia, nuestra propia resistencia ligada a las demás. La meta consiste en tener una visión colectiva de lo que somos.

--Su pensamiento tiende a definir la pandemia como una sindemia, o sea, la suma de varios males.

--Al principio pensé que se trataba sólo de una pandemia, pero luego vi que era algo mucho más complicado, que era una epidemia muy difícil de controlar y que no se trataba en nada de un acontecimiento aleatorio. Coincido en esto con el redactor jefe de la revista The Lancet, Richard Horton, para quien esta epidemia no hace sino revelar los problemas estructurales de nuestras sociedades fundadas sobre la concurrencia y en las cuales nuestros modos de vida se degradaron, lo que condujo además a un aumento considerable de las enfermedades crónicas. Esto permite leer la pandemia y el pánico que se desató en el mundo entero como un revelador de patologías anteriores, patologías sociales, patologías medioambientales. En suma, todas las causas sociales y políticas atraviesan la pandemia.

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Dinamarca suspende total y definitivamente el uso de la vacuna AstraZeneca

14.04.21 - Las autoridades sanitarias de Dinamarca suspenderán de forma definitiva la vacuna de AstraZeneca contra el covid-19 tras haber interrumpido su uso durante cinco semanas tras los los casos inusuales de trombosis en varios países europeos.

De esta manera, Dinamarca se convierte en el primer país europeo en abandonar de manera definitiva el preparado de AstraZeneca.

El mes pasado, varios países europeos, incluidos Francia, Italia, Suecia y Alemania, interrumpieron o limitaron el uso del fármaco tras una serie de informes de que algunas personas vacunadas con el antídoto creado por AstraZeneca y la Universidad de Oxford desarrollaron coágulos sanguíneos.

Estos incidentes incluyeron casos aislados de sangrado, coágulos de sangre y un nivel bajo de plaquetas después de las inoculaciones con este fármaco.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) declaró el pasado 7 de abril que la posible formación de coágulos de sangre debería figurar como un efecto secundario "muy raro" de la vacuna de AstraZeneca, pero señaló que los beneficios del fármaco superaban sus potenciales riesgos.

"Con base en los hallazgos científicos, nuestra evaluación general es que existe un riesgo real de efectos secundarios graves asociados con el uso de la vacuna de AstraZeneca. Por lo tanto, hemos decidido eliminar la vacuna de nuestro programa de vacunación", comentó el director general de la Autoridad Sanitaria de Dinamarca, Soren Brostrom, subrayando que la decisión se basó también en el hecho de que hay "otras vacunas a disposición" y que la pandemia "está bajo control".

Dinamarca había sido el primer en suspender el pasado 11 de marzo la vacunación con AstraZeneca, decisión que siguieron luego la mayoría de países europeos, aunque reanudaron el proceso cuando la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aseguró que no había evidencias de relación directa con los casos de trombosis detectados.

Por: Aporrea | Miércoles, 14/04/2021 10:18 AM 



Con información de RT

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Rebota la economía en el 2021 y abre incógnitas a futuro

La reunión de primavera (del norte) del FMI y el Banco Mundial aportó nuevas proyecciones sobre la evolución de la economía mundial. Dice el organismo que el rebote será mayor al previsto hasta hace muy poco, pero con tendencia a reducir el ritmo de recuperación para el próximo año. Dice el informe de la reunión de los organismos:

“La economía mundial está recuperándose de la crisis más velozmente de lo previsto el pasado mes de octubre, gracias a una respuesta de políticas sin precedentes y a la rapidez con que se desarrolló la vacuna. Pero las perspectivas para la recuperación son muy inciertas y desiguales entre los países y dentro de cada país debido al variado margen de maniobra para la aplicación de políticas, las diferentes estructuras y rigidices económicas, las vulnerabilidades preexistentes y el acceso desigual a las vacunas. Las elevadas vulnerabilidades financieras podrían plantear riesgos en el caso de que las condiciones financieras mundiales se endurecieran bruscamente. La crisis puede dejar cicatrices duraderas y exacerbar la pobreza y las desigualdades, al tiempo que el cambio climático y otros retos comunes se están tornando más apremiantes.”[1]

El debate se centra en el rebote respecto de la caída global del 2020, en el mundo, la región y el país. La tabla que sigue incluye los datos del informe de actualización de las perspectivas económicas realizado por el FMI.[2]

Territorio

2020

2021

2022

Mundo

-3,3%

6%

4,4%

EEUU

-3,5%

6,4%

3,5%

China

2,3%

8%

5,6%

Europa

-6%,

4,4%

3,8%

América Latina y el Caribe

-7%

4,6%

3,1%

Resulta notoria la situación divergente entre EEUU y China por un lado y el resto, aun cuando en nuestra tabla solo incluimos, además de los mencionados a Europa y a América Latina y el Caribe. Lo concreto es que el rebote de la economía es desigual, con China y EEUU como motores de la economía mundial, según los organismos internacionales. La perspectiva de mediano plazo es a la ralentización del crecimiento.

Es en ese sentido que debe analizarse la capacidad de satisfacer necesidades del rebote de la economía en el ámbito mundial y en cualquier territorio.

La gran caída del 2020 operó sobre una ralentización de la economía global desde la crisis 2007/09, una tendencia que se sostendrá en el mediano plazo, agudizando los problemas sociales y la regresividad del orden económico y social.

Por casa cómo andamos

Para la Argentina las previsiones locales ubican un rebote en torno al 6%, sobre una caída del 9,9% en el 2020.

La recuperación solo podría lograrse con la evolución económica del 2021, si es que no se agrava el cuadro sanitario y económico de la “segunda ola” de contagios, postergando soluciones urgentes ante el deterioro social que se manifiesta en pobreza, indigencia, desempleo, precariedad y pérdida de expectativas en atender las necesidades cotidianas de la mayoría de la población.

Por eso hay que prestar atención a los datos de la realidad. La información sobre el impacto pueden leerse en el reciente informe sobre la distribución del ingreso.[3] Si bien los datos remiten a 28.739.630 personas, de 31 aglomerados urbanos, los montos son representativos y permiten inferir la situación global. En ese sentido hay que destacar:

  • ·         El ingreso promedio per cápita del total de la población alcanzó los $19.524, mientras que la mediana del ingreso per cápita fue de $14.357
  • ·         Un 58,6% de la población total percibió algún ingreso, cuyo promedio es igual a $33.306
  • ·         Los perceptores varones tuvieron un ingreso promedio de $37.910, mientras que el de las mujeres fue de $28.937
  • ·         En cuanto a la población asalariada, se registraron 7.943.398 personas con ingreso promedio de $36.246
  • ·         El ingreso promedio de las personas asalariadas con descuento jubilatorio fue de $44.613, mientras que, en el caso de aquellas sin descuento jubilatorio, el ingreso promedio equivalió a $18.676

Como puede apreciarse, son todos valores que no alcanzan la línea de la pobreza, explicando el porqué del 42% de pobreza y que el 57,7% de los menores de 14 años sobreviven en la pobreza.

Es mejor que haya rebote en la economía, pero como vemos, está muy lejos de resolver la desigualdad construida en tiempos de ofensiva del capital contra el trabajo.

No puede resolverse el tema de la pobreza, si no es con distribución progresiva del ingreso. En una sociedad mercantil, la satisfacción de necesidades se logra si existe ingreso distribuido al conjunto de la población.

El Ingreso es equivalente al Producto, por lo que el crecimiento del producto debe distribuirse acorde con un objetivo de política económica que priorice la eliminación de la pobreza.

Hay dos formas de medir la distribución del Ingreso, una es la funcional, que explica cuanto del producto es apropiado por los/as propietarios/as de medios de producción y cuanto por aquellos/as que ofertan su fuerza de trabajo. Otro mecanismo es la distribución personal, que explica el ingreso en agrupaciones de personas según sus ingresos, desde el 10% más rico al 10% más pobre.

La distribución funcional es más difícil de explicar desde las cuentas nacionales, pero puede inferirse una distribución del 60% para la minoría propietaria de medios de producción y un 40% para la fuerza de trabajo. En la distribución personal se destaca que el 10% más rico percibe el 22,1% del total, mientras que el 10% más pobre solo accede al 3,1%.

Solo sumando los ingresos del 40% más pobre de la población, recién se igualan los ingresos percibidos por el 10% de mayores ingresos. El 30% de mayores ingresos perciben el equivalente del 70 % de menores ingresos.

En este marco, hay que proponer una reversión de este cuadro de realidad, pero, además, modificar sustancialmente las fuentes financieras del Estado para atender esta situación. Por un lado, avanzar en una reforma tributaria y modificar sustancialmente la política relativa al endeudamiento externo.

Impuestos y deuda

Hay que avanzar en la progresividad tributaria. No alcanza con la actualización del mínimo no imponible, ahora ley y establecido en 150.000 pesos mensuales, especialmente porque el salario no es ganancia. Habrá que avanzar en aumentar las tasas de las ganancias empresarias y para ello puede inspirarnos la política tributaria estadounidense de recuperación de la tributación a las ganancias corporativas.

Si Trump redujo la tasa de imposición corporativa del 35% al 21%, la actual gestión Biden pretende llevarla al 28%, y, además, sugiere mundializar la iniciativa. Dice Yellen:

«Se trata de garantizar que los gobiernos tengan sistemas fiscales estables que generen ingresos suficientes para invertir en bienes públicos esenciales y responder a las crisis, y que todos los ciudadanos compartan de manera justa la carga de financiar al gobierno».[4]

El tema es que EEUU se propone una inversión en infraestructura superior a los 2 billones de dólares para sostener la reactivación de la economía, para lo que se requiere incrementar la imposición sobre los sectores con capacidad de ganancia pese a la crisis y para evitar que estas empresas migren de EEUU hacia otros territorios el mensaje pretende mundializarse, tal como señala la Secretaria del Tesoro:

«Estamos trabajando con las naciones del G20 para acordar una tasa impositiva corporativa mínima global que pueda detener la carrera hacia el fondo».

Argentina tendrá que tomar el ejemplo y no dejarse chantajear por aquellos que sostienen el carácter inconstitucional de la imposición a las grandes fortunas o que solicitan una menor presión fiscal. Los datos de la regresividad social imponen una carga impositiva sobre aquellos con capacidad de acumulación.

Los organismos internacionales discuten mecanismos financieros para mejorar la situación de países empobrecidos.

Entre otras cuestiones sugieren condonaciones de deudas en algunos casos; bajas de las tasas de interés para no ahogar a deudores con problemas; nuevas fuentes de financiamiento para atender la crisis sanitaria; e incluso una emisión de 650.000 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG), la moneda del FMI.

Al mismo tiempo que el FMI sustenta el tradicional “ajuste estructural”, promueve una política de sostenimiento del gasto fiscal en la emergencia para evitar la conflictividad, en la esperanza que la producción, distribución y aplicación de las vacunas aleje a la humanidad de la situación pandémica actual.

En ese marco es que Argentina negocia la reestructuración de los pagos por desembolsos del orden de los 45.000 millones de dólares. El FMI pretende operaciones a 10 años y voces oficiales demandan el doble de tiempo. En rigor, ni 10, ni 20 resolverán el problema y tal como señala la autoconvocatoria por la suspensión de los pagos y una auditoria con participación popular, que esa es una deuda odiosa y por ende debe repudiarse el préstamo.[5]

Por Julio C. Gambina | 14/04/2021

 

Notas:

[1] FMI. Comunicado de la Cuadragésima Tercera Reunión del CMFI, 8 de abril del 2021, en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2021/04/08/communique-of-the-forty-third-meeting-of-the-imfc

[2] FMI. La economía mundial se está afianzando, pero con recuperaciones divergentes en medio de aguda incertidumbre, en: https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2021/03/23/world-economic-outlook-april-2021

[3] INDEC. Evolución de la distribución del ingreso (EPH). Cuarto trimestre de 2020, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ingresos_4trim20F7BE1641DE.pdf

[4] The Guardian. Janet Yellen pide una tasa impositiva corporativa mínima global, en: https://www.theguardian.com/business/2021/apr/05/janet-yellen-global-minimum-corporate-tax-rate

[5] https://www.facebook.com/autoconvocatoria.deuda/

Julio C. Gambina es presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

Publicado enEconomía
Reconoce China que sus biológicos tienen baja efectividad y considera combinarlos

Pekín. La efectividad de las vacunas chinas contra el coronavirus es baja y el gobierno considera combinarlas, dijo ayer la máxima autoridad de la agencia china de control de enfermedades, Gao Fu, en una inusual admisión oficial de la debilidad de las vacunas del gigante asiático.

Las vacunas chinas "no tienen tasas de protección muy altas", opinó el director de los Centros para el Control de Enfermedades de China, Gao Fu, en una conferencia en la ciudad de Chengdu.

Pekín ha distribuido cientos de millones de dosis en otros países y también ha tratado de promover las dudas sobre la efectividad de las vacunas occidentales. "Ahora se está considerando formalmente si debemos usar diferentes vacunas de diferentes líneas técnicas para el proceso de inmunización", dijo Gao.

Según investigadores brasileños, la tasa de efectividad de la vacuna CoronaVac, del desarrollador chino Sinovac, es de 50.4 por ciento. En comparación con 97 por ciento de efectividad de la de Pfizer.

Pekín aún no ha aprobado ninguna vacuna extranjera para su uso en China, donde surgió el coronavirus a fines de 2019. Gao no dio detalles de posibles cambios en la estrategia, pero mencionó el ARN mensajero, una técnica previamente experimental utilizada por los desarrolladores de vacunas occidentales, mientras que los fabricantes de medicamentos de China usaban tecnología tradicional.

"Todos deberían considerar los beneficios que las vacunas de ARN mensajero pueden brindar", dijo. "Debemos seguirlo cuidadosamente y no ignorarlo sólo porque ya tenemos varios tipos de vacunas".

Gao planteó previamente dudas sobre la seguridad de las vacunas de ARN mensajero. En diciembre, fue citado por la agencia de noticias oficial Xinhua diciendo que no podía descartar efectos secundarios negativos porque se estaban utilizando por primera vez en personas sanas.

Los medios de comunicación estatales chinos y los blogs de salud y ciencia también han cuestionado la seguridad y eficacia de la vacuna de Pfizer, que usa ARN mensajero.

Hasta el 2 de abril, unos 34 millones de personas habían recibido las dos dosis requeridas por las vacunas chinas y alrededor de 65 millones habían recibido una, según Gao.

Los expertos afirman que la mezcla de vacunas, o la inmunización secuencial, podría aumentar la tasa de efectividad. Los ensayos en todo el mundo buscan mezclar vacunas o administrar una inyección de refuerzo después de un periodo más largo. Investigadores en Gran Bretaña estudian una posible combinación de vacunas Pfizer y AstraZeneca.

En Francia, los mayores de 55 años empezarán a ser vacunados a partir de hoy, gracias a las dosis de AstraZeneca que "podrán recibir todos los franceses sin condiciones", anunció el ministro de Salud, Olivier Véran.

Según el ministro, esto será posible gracias a las vacunas de AstraZeneca que "a partir de mañana (lunes) podrán recibir todos los franceses sin condiciones" y la de Johnson & Johnson, que empezará a llegar al país hoy.

India prohibió la exportación del medicamento antiviral Remdesivir y sus ingredientes farmacéuticos activos, ya que la demanda se disparó ante el aumento de contagios –más de 150 mil en las últimas 24 horas– y el colapso hospitalario. El país registra un incremento de contagios desde hace 32 días sin parar. Totaliza 13.3 millones de casos de Covid-19 y 169 mil 275 muertos desde el comienzo de la pandemia.

En Alemania contemplan nuevo confinamiento

La canciller federal alemana, Angela Merkel, contempla la posibilidad de declarar un nuevo confinamiento nacional de corta duración para atajar de raíz el aumento de casos y facilitar la campaña de vacunación, según fuentes de su partido, la Unión Demócrata Cristiana.

El presidente Jair Bolsonaro dijo que el país vive una "dictadura" por las restricciones que algunas regiones implementan para evitar los contagios y las comparó con las "libertades negadas" por el "régimen" de Nicolás Maduro en Venezuela.

La cifra de pacientes menores de 40 años en cuidados intensivos superó al de grupos de mayor edad en Brasil el mes pasado al subir a más de 11 mil, 52 por ciento del total, según el Proyecto UCI.

Estados Unidos informó de un nuevo hito en la vacunación con un récord de 4.6 millones de dosis administradas en las últimas 24 horas.

El presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel lamentó el fallecimiento de una niña de cuatro años, diagnosticada con Covid-19 y afectada por un tumor abdominal, siendo este el primer caso de un menor de edad que pierde la vida en la isla desde que se declaró la pandemia.

El saldo de la pandemia en el mundo es de 135 millones 756 mil 507 contagios, 2 millones 932 mil 192 muertes y 77 millones 204 mil 630 recuperados.

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