Parcial y manipulado, responde Venezuela a informe de Bachelet   

 

El presidente bolivariano, Nicolás Maduro, acusó a la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, de ceder a las presiones de Estados Unidos, al convertir su informe sobre la situación política y económica en Venezuela en "un peligroso eslabón para la intervención" en el país.

 

El canciller Jorge Arreaza publicó ayer una misiva que responde al informe que la alta comisionada difundió el 5 de julio sobre Venezuela, en el que acusa al gobierno de reducir el espacio democrático e incumplir la obligación del Estado de garantizar los derechos a la alimentación y a la salud.

 

En la misiva, fechada el 11 de julio, Maduro señala que el informe es “profundamente lesivo a la dignidad del pueblo venezolano y a la verdad de la situación de los derechos humanos en Venezuela: Lamentablemente, salta a la vista que no escuchó a Venezuela.

 

"Su reporte se alinea de manera lamentable con el relato mediático y político impuesto desde Wa-shington al repetir el guion acerca de la existencia de un supuesto gobierno dictatorial y de una supuesta crisis humanitaria, justificadora de una intervención para quienes anhelan hacerse rapazmente con nuestros inmensos recursos naturales", criticó.

 

El mandatario rebatió que el país sufra una crisis humanitaria y reiteró que Estados Unidos "ha despojado a Venezuela de más de 30 mil millones de dólares de sus activos petroleros en el extranjero". Denunció que Washington también "ha bloqueado y confiscado más de 7 mil millones de dólares destinados a la compra de alimentos y medicinas", y prohibió negociar la deuda venezolana.

 

Para Maduro el informe está "plagado de falsas afirmaciones, tergiversaciones y manipulaciones en el uso de datos y fuentes", y sostuvo que se trata de "un reporte carente de equilibrio y rigor, abiertamente parcializado, que presenta un panorama distorsionado de la situación de derechos humanos".

 

En Nueva York, el embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas, Samuel Moncada, acusó a los gobiernos de Colombia y Estados Unidos de intentar sabotear el diálogo entre el gobierno de Maduro con la oposición, llevados a cabo en Noruega y Barbados los cuales, aseguró "están funcionando. Ambos países impulsan diferentes acciones de desestabilización y así lo hicieron también en el pasado, bajo el pretexto de una supuesta ayuda humanitaria, mientras apoyaban un intento de golpe de Estado", subrayó Moncada en conferencia de prensa.

 

También rechazó las críticas del secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, y el encargado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, quienes pidieron en ese foro mayor presión y agresión contra Venezuela.

 

En entrevista con la agencia de noticias Sputnik, Abrams dijo que actualmente no está en los planes de su país hablar con Rusia sobre Venezuela.

 

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Las incesantes fábricas del odio, del miedo y la mentira

Cuando el respetado Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein, renunció al cargo en 2018, la opinión pública mundial fue manipulada para no prestar atención al hecho y mucho menos evaluar su verdadero significado. Su nombramiento para el cargo en 2014 fue un hito en las relaciones internacionales. Era el primer asiático, árabe y musulmán que ocupaba el cargo y lo desempeñó de manera brillante hasta el momento en que decidió dar un portazo por no querer ceder a las presiones que desfiguraban su cargo, desviándolo de su misión de defender a las víctimas de violaciones de derechos humanos para volverlo cómplice de tales violaciones perpetradas por Estados con peso en el sistema mundial. En su discurso y entrevistas de despedida se mostraba indignado con el modo en que los derechos humanos se venían transformando en parias de las relaciones internacionales, obstaculizados por las estrategias autoritarias y unilaterales de dominio geoestratégico. Reconocía que el ejercicio de su cargo le obligaba a oponerse a la mayoría de los países que habían aprobado su nombramiento bajo pena de traicionar su misión. También llamaba la atención sobre el hecho de que el perfil de la ONU reflejaba fielmente el tipo dominante de relaciones internacionales y que, por ello, tanto podía ser una organización brillante como una organización patética, dando a entender que este último perfil era el que empezaba a regir. Era un grito de alerta sobre los peligros que el mundo corría con el avance de populismos nacionalistas de derecha y de extrema derecha que hace mucho venía señalando. Al denunciar la creciente vulnerabilidad de una buena parte de la población mundial sujeta a graves violaciones de derechos humanos, él mismo se volvió vulnerable y tuvo que abandonar el cargo. El grito de alerta cayó en el silencio de la diplomacia, de los alineamientos y de las conveniencias típicas del internacionalismo patético que había denunciado.

Todo esto ocurrió en el año en que se celebraban los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el que muchos, incluido yo mismo, defendían la necesidad de una nueva declaración, más sólida y más verdaderamente universal. Esta necesidad se mantiene, pero en este momento lo más importante es identificar las fuerzas y los procesos que están bloqueando la declaración actual y la convierten en un documento tan desechable como las poblaciones vulnerables sometidas a las violaciones de los derechos humanos que la declaración pretendía defender. Cabe recordar que esta declaración pretendía mostrar la superioridad moral del capitalismo frente al comunismo. El capitalismo prometía, al igual que el comunismo, el creciente bienestar de poblaciones cada vez mayores, pero lo hacía con respeto a los principios de la Revolución francesa: igualdad, libertad y fraternidad.
Era el único sistema compatible con la democracia y los derechos humanos.


Sin embargo, la ola conservadora y reaccionaria que asola al mundo es totalmente opuesta a la filosofía que presidió la elaboración de la Declaración Universal y constituye una seria amenaza para la democracia. Se basa en la exigencia de una doble disciplina autoritaria y radical que no se puede imponer por procesos democráticos dignos del nombre. Se trata de la disciplina económica y de la disciplina ideológica. La disciplina económica consiste en la imposición de un capitalismo autorregulado, movido exclusivamente por su lógica de incesante acumulación y concentración de la riqueza, libre de restricciones políticas o éticas; en síntesis, el capitalismo que suele designarse como capitalismo salvaje. La disciplina ideológica consiste en la inculcación de una percepción o mentalidad colectiva dominada por la existencia de peligros inminentes e imprevisibles que alcanzan a todos por igual y particularmente a los colectivos más cercanos, ya sean la familia, la comunidad o la nación. Tales peligros crean un miedo inquebrantable del extraño y del futuro, una inseguridad total ante un desconocido avasallador. En tales condiciones, no resta más seguridad que la de regresar al pasado glorioso, el refugio en la abundancia de lo que supuestamente fuimos y tuvimos.

Ambas disciplinas son tan autoritarias que configuran dos guerras no declaradas contra la gran mayoría de la población mundial, las clases populares miserabilizadas y las clases medias empobrecidas. Esta doble guerra exige un vastísimo complejo ideológico-mental propagado por todo el mundo, incluyendo nuestros barrios, nuestras casas y nuestra intimidad. Son tres las fábricas principales de este complejo: la fábrica del odio, la fábrica del miedo y la fábrica de la mentira.

En la fábrica del odio se produce la necesidad de crear enemigos y de producir las armas que los eliminen eficazmente. Los enemigos no son aquellos poderes que el pensamiento crítico izquierdista satanizó: el capitalismo, el colonialismo y el heteropatriarcado. Los verdaderos enemigos son aquellos que hasta ahora se disfrazaron de amigos, todos aquellos que inventaron la idea de opresión y movilizaron a los ingenuos (por desgracia, una buena parte de la población mundial) para la lucha contra esa opresión. Se disfrazaron de demócratas, de defensores de los derechos humanos, del Estado de derecho, de acceso al derecho, de diversidad cultural, de igualdad racial y sexual. Por eso son tan peligrosos. El odio implica el rechazo a discutir con los enemigos. A los enemigos se los elimina.

En la fábrica del miedo se produce la inseguridad y los artefactos ideológico-mentales que producen seguridad, la cual, para ser infalible, necesita de vigilancia permanente y de constante renovación de las tecnologías de la seguridad. El objetivo de la fábrica del miedo es erradicar la esperanza. Busca convertir el actual estado de cosas en el único posible y legítimo, contra el cual solo por locura o utopía disparatada se puede luchar. No se trata de validar todo lo que existe. Se trata de limpiar, de lo que existe, todo lo que impidió la perpetuación del pasado glorioso.

Por su parte, en la fábrica de la mentira se producen los hechos y las ideas alternativas a todo lo que pasó por verdad o búsqueda de verdad, como las ideas de igualdad, de libertad negativa (libertad de coerciones) y positiva (libertad para realizar objetivos propios, no impuestos ni teledirigidos), de Estado social de derecho, de violencia como negación de la democracia, de diálogo yreconocimiento del otro como alternativa a la guerra, de los bienes comunes como el agua, la educación, la salud, el medio ambiente saludable. Esta fábrica es la más estratégica de todas, porque es aquella en la cual los artefactos ideológico-mentales tienen que empaquetarse y disfrazarse de no ideológicos. Su mayor eficacia reside en no decir la verdad respecto a sí misma.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Caos climático, capitalismo y geoingeniería

Se acaba de hacer público un nuevo informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, referencia científica de Naciones Unidas en el tema) que alerta sobre la necesidad urgente de cambios y reducciones drásticas de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para detener el calentamiento global y que no sobrepase 1.5º C respecto de niveles preindustriales. El informe es una advertencia importante e insoslayable en cuanto a la gravedad del cambio climático y las reducciones que son necesarias. Ya con el aumento de 1º C sufrimos extremos climáticos devastadores en muchas regiones del mundo. Cada décima de grado implica nuevos riesgos, amenazando de extinción ecosistemas enteros.

El IPCC señala claramente las causas del cambio climático a escala global: la emisión de GEI debido principalmente a que energía, industria y agricultura industrial se basan en combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón.

Sin embargo, el informe falla en las propuestas sobre los caminos a tomar, ya que no cuestiona el statu quo económico ni la inequidad global sobre quienes han provocado y deben hacer inmediatamente una fuerte reducción de emisiones. Por evitar cuestionar los temas de fondo, incluye en sus propuestas tecnologías de alto riesgo, como las de geoingeniería, que no son ninguna solución e incluso podrían empeorar el desequilibrio climático.

Se evidencia así la relación entre la geoingeniería y la preservación del capitalismo: para poder seguir con el modelo de desarrollo y producción industrial que ha provocado el desastre climático, se plantea usar tecnologías de alto riesgo para que algunos puedan sobrevivir conservando sus privilegios, aunque implique toda una serie de nuevas amenazas ambientales y sociales para millones de otras personas.

Por ello y coincidiendo con el informe del IPCC, 110 organizaciones internacionales y nacionales y seis premios nobel alternativos publicaron un Manifiesto contra la geoingeniería, en el que grandes redes, como Amigos de la Tierra Internacional, Vía Campesina, Red Indígena Ambiental, Alianza de Justicia Climática y Marcha Mundial de Mujeres, exigen un alto a la geoingeniería y a los experimentos propuestos, varios de ellos sobre territorios indígenas, tanto por los impactos en la biodiversidad, las comunidades y pueblos, como por la desviación que significa de la atención hacia soluciones verdaderas. (https://tinyurl.com/yakb6ghb)

Pese a que hay tecnologías de geoingeniería contempladas en tres de los cuatro escenarios planteados por el IPCC, el panel también reconoce en su primer escenario que es posible limitar la temperatura sin usar esas tecnologías, que existen otras vías, como proteger y restaurar ecosistemas naturales y realizar cambios en la agricultura y otros sectores, que evitan emisiones y pueden absorber y retener los gases de efecto invernadero. En ese escenario ¬¬–el único justo– el IPCC plantea la necesidad de reducir las emisiones de Co2 en 45 por ciento hasta 2030.

Esta cifra parece alta, pero hay que recordar que solamente 10 países, con Estados Unidos a la cabeza, son los responsables históricos de dos tercios de los gases emitidos y que actualmente 10 naciones son responsables de más de 70 por ciento de las emisiones, entre las cuales se mantienen Estados Unidos y las que integran la Unión Europea. Esos 10 países emiten dos veces más GEI que la totalidad de los otros 175.

Es una imagen clara de injusticia climática global, pero es preciso agregar también la inequidad dentro de los países. Según Kevin Anderson, experto en cambio climático de la Universidad de Manchester, 50 por ciento de las emisiones de carbono provienen de las actividades del 10 por ciento más rico de la población mundial, y si consideramos el 70 por ciento de las emisiones son provocadas por solamente 20 por ciento de la población. Anderson explica que si se estableciera un límite a la "huella de carbono" (consumo y producción) de 10 por ciento de los individuos que son los mayores emisores, para que ésta sea equivalente a la huella de carbono de un ciudadano europeo medio (considerablemente alta para la gran mayoría de países), las emisiones globales de carbono se reducirían en un tercio en uno o dos años. (https://tinyurl.com/yalat5wg)

En lugar de analizar ese tipo de propuestas, el IPCC plantea el concepto falto de lógica de "emisiones negativas". Significa que se pueden seguir emitiendo gases si se contrarrestan con tecnologías de geoingeniería, entre las que incluye bioenergía con captura y almacenamiento de carbono, captura directa de aire, cambio de la química de los oceános y otras, aunque reconoce que no está probada su viabilidad económica, técnica ni ecológica y que tendrían fuertes impactos negativos sobre la biodiversidad y seguridad alimentaria, entre otros.

Varios factores, como el hecho de que el IPCC tiene representantes de empresas petroleras entre los autores del informe, explican esta enorme contradicción entre alertar sobre la realidad climática e incluir propuestas que la empeorarán.

Las organizaciones que firman el Manifiesto contra la geoingeniería seguirán en el camino de la resistencia y las alternativas reales.

Por 

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

 

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El Banco Mundial alteró la calificación de Chile durante el Gobierno de Bachelet

El economista jefe del organismo, Paul Romer, pide disculpas al país sudamericano por las manipulaciones que habrían respondido a objetivos políticos
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Un profundo impacto en el mundo de la política y la economía chilena ha causado la publicación de Wall Street Journal (WSJ) de este sábado, en la que el economista jefe del Banco Mundial, Paul Romer, reconoce que la organización financiera dependiente de Naciones Unidas alteró su ranking de competitividad empresarial en desmedro de Chile y, específicamente, de Michelle Bachelet. Se trata de la medición Doing Business, donde Chile bajó constantemente en el mandato de la socialista (2006-2010), subió en el Gobierno de derecha de Sebastián Piñera (2010-2014) y volvió a bajar cuando la médico volvió al poder (2014-2018). En estos 12 años, Chile ha fluctuado entre el puesto 25 y el 57.


Las variaciones se habrían producido “debido a motivos políticos", según las palabras de Romer al WSJ. “Quiero disculparme personalmente con Chile y cualquier otro país donde hayamos transmitido una mala impresión”, indicó el economista.


La presidenta Bachelet, que en marzo próximo termina su segundo mandato, reaccionó de inmediato a través de Twitter. “Muy preocupante lo ocurrido con el ranking de competitividad del Banco Mundial. Más allá del impacto negativo en la ubicación de Chile, la alteración daña la credibilidad de una institución que debe contar con la confianza de la comunidad internacional”, escribió la socialista.


“Dada la gravedad de lo sucedido, como Gobierno solicitaremos formalmente al Banco Mundial una completa investigación. Los rankings que administran las instituciones internacionales deben ser confiables, ya que impactan en la inversión y el desarrollo de los países”, indicó Bachelet, que forma parte del sistema de Naciones Unidas. Entre 2010 y 2013 lideró ONU Mujeres desde Nueva York y a partir de junio liderará el programa Alianza para la Salud Materna, del Recién Nacido y del Niño de la Organización Mundial de la Salud, en reemplazo de Graca Machel, viuda de Nelson Mandela. Además, desde hace unos meses se conoce que participará en un nuevo organismo mediador de conflictos internacionales de la ONU, para la que fue convocada por su presidente, António Guterres.


El economista jefe del Banco Mundial indicó que se corregirán y recalcularán los índices chilenos de competitividad empresarial. En los últimos cuatro años, por ejemplo, la caída de Chile fue provocada casi en su totalidad porque se cambió la metodología de análisis y no por cambios en las medidas permanentes del entorno comercial del país. “Sobre la base en las cosas que estábamos midiendo antes, las condiciones comerciales no empeoraron en Chile bajo la Administración de Bachelet”, agregó Romer.


El ministro de Economía chileno, Jorge Rodríguez, indicó que la alternación del ranking “es de una inmoralidad pocas veces vista”. “Es un escándalo de proporciones, porque lo que señala es que habría sido manipulada por el economista a cargo de su construcción (Augusto López-Claros), para hacer ver un deterioro económico durante el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, con intenciones básicamente políticas”.


Después de la entrevista de Romer en el WSJ, el Banco Mundial anunció a través de un comunicado que realizará una investigación para aclarar los hechos. “En vista de las preocupaciones expresadas por nuestro economista jefe Paul Romer en los medios y nuestro compromiso con la integridad y la transparencia, llevaremos a cabo una revisión externa de los indicadores correspondientes a Chile en el informe Doing Business”. El organismo, sin embargo, defendió la imparcialidad de esta medición en sus 15 años de existencia y la calificó como “una herramienta invaluable para los países que buscan mejorar su clima de negocios, dando seguimiento a miles de reformas”.


López-Claros, el experto del Banco Mundial acusado de manipular el ranking de Chile, respondió a través de un correo electrónico a Bloomberg y señaló que las acusaciones de manipulación política “no tienen mérito alguno” y que el cambio de metodología fue “totalmente justificado y transparente”.


El segundo Gobierno de Bachelet, que finaliza en marzo próximo, estuvo marcado por las transformaciones estructurales y, a su vez, por un crecimiento económico discreto, de 1,8% en promedio. Sus críticos acusan a la socialista de haber generado inestabilidad con reformas mal implementadas, como la tributaria, y de haber dejado de lado el crecimiento económico, una de las banderas con la que fue electo Piñera para el período 2018-2022.

Por Rocío Montes

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EEUU abandona el Pacto Mundial de la ONU sobre Migración y Refugiados

Estados Unidos ha anunciado esta madrugada su retirada del Pacto Mundial de la ONU sobre Migración y Refugiados, una decisión tomada en último término por el presidente, Donald Trump, alentado por uno de sus más próximos asesores, el ultranacionalista Stephen Miller, frente al escepticismo del Departamento de Estado y la única oposición de la persona que finalmente tuvo que declarar la salida de la organización: la embajadora ante Naciones Unidas, Nikki Haley.

 

"Estamos orgullosos de nuestra herencia de inmigrantes y nuestro liderazgo moral al brindar apoyo a las poblaciones de migrantes y refugiados en todo el mundo", según declaró ayer Haley. "Pero nuestras decisiones sobre las políticas de inmigración deben ser tomados por los estadounidenses y solo por los estadounidenses. Nosotros decidiremos la mejor forma de controlar nuestras fronteras y quien recibirá autorización para entrar en nuestro país", remachó.


Estados Unidos termina así su vinculación con un pacto basado en la declaración de Nueva York de 2016, al que se unió el entonces presidente Barack Obama, y por la que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), debía proponer a la Asamblea General en 2018 un plan de acción para movimientos de inmigrantes y refugiados.


La declaración incluía también un conjunto de compromisos diseñados para garantizar la protección de los Derechos Humanos de los migrantes, mejorar la cooperación internacional en materia de seguridad fronteriza y disuadir a los gobiernos de detener a niños inmigrantes. El pacto también delineó un plan para un tratado internacional, o "compacto", que sería rematado por la Asamblea General de la ONU a finales de 2018.
"Muchas disposiciones de la Declaración son incompatibles con la política de EEUU sobre inmigración y refugiados, así como con los principios de la administración Trump", según el documento de retirada, confirmado por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.


Trump tomó la decisión el viernes


Trump se decantó por la retirada hace dos días, convencido por Miller, por su jefe de Gabinete y punta de lanza del Departamento de Seguridad Interior en materia de inmigración durante los primeros meses de su adminstración, John Kelly, así como por el fiscal general, Jeff Sessions.


El Departamento de Estado se opuso en principio a la decisión pero acabó cambiando de opinión, según fuentes de 'Foreign Policy' próximas al desarrollo de las conversaciones.
La de Haley fue la única voz abiertamente disidente hasta el final, argumentando que Estados Unidos tendría una mejor oportunidad de influir en el resultado de las conversaciones a este respecto que comenzarán mañana en Puerto Vallarta (México), si participaba en el proceso. El presidente acabó desautorizándola.


Así las cosas, la Administración Trump prosigue con su política de desvinculación de organizaciones y pactos de Naciones Unidas, así como de acuerdos firmados en su día por su predecesor, Barack Obama, entre ellos del Acuerdo de París sobre el clima y, en octubre, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

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