Amenazas de muerte, polarización y un ambiente irrespirable: el final de Netanyahu pone a Israel en máxima tensión

El odio y las amenazas son moneda corriente en Israel en la víspera del previsible final de la era Netanyahu que deberá concretarse este domingo en la Kneset. Numerosos diputados que apoyan la investidura de Naftalí Bennett se encuentran bajo protección de los servicios secretos y el jefe del Shin Bet ha hecho pública una inusual advertencia para calmar los agitados ánimos que dominan a la sociedad israelí.

 

La política israelí ha entrado en una nueva e incierta fase que se iniciará este domingo con una coalición de ocho partidos que ejecutará un pacto para echar del poder a Benjamín Netanyahu después de doce años, si bien la coalición no tiene demasiadas garantías de mantenerse unida durante mucho tiempo.

La transición se caracteriza por una cruda hostilidad, una toxicidad que carece de precedentes desde el asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin en 1995, un crimen que cambió el curso de la historia y que vuelve a planear con fuerza sobre los políticos de la alianza, incluidos algunos de sus líderes más visibles, como el primer ministro in péctore Naftalí Bennett.

Los malos presagios vienen de lejos. La polarización se percibe sobre todo en las redes sociales, donde el tono ha subido a niveles desconocidos, con descalificaciones y amenazas extremas en una sociedad en gran parte fanatizada, especialmente en el entorno de la derecha más nacionalista, donde se pueden poner como ejemplo los agresivos exabruptos de Yair Netanyahu, hijo del todavía primer ministro.

Una de las descalificaciones más utilizadas es la de boguéd (traidor), que se aplica especialmente contra los políticos de dos partidos de la extrema derecha, Yamina y Nueva Esperanza, que han pactado con lo poco que queda de centro izquierda la futura coalición de Gobierno.

La acusación de traidor ya se aplicó a Yitzhak Rabin en los meses que precedieron a su asesinato en noviembre de 1995. De hecho, numerosos analistas israelíes señalan que el clima actual se parece a aquél de manera alarmante y no descartan que otra tragedia esté a la vuelta de la esquina.
El jefe del Shin Bet, los servicios secretos, Nadav Argaman, ha formulado esta semana una advertencia pública y extraordinaria contra el omnipresente y rutinario discurso que incita a la violencia y el odio, agudizado desde el anuncio de la nueva coalición.

Los servicios secretos han tenido que reforzar la seguridad de varios líderes como Naftalí Bennet y otros responsables políticos de los partidos que lo respaldan. La joven diputada Tamar Zanberg, del partido liberal Meretz, ha tenido que abandonar su domicilio debido a las amenazas que ha recibido, y también su hija pequeña, amenazas que se ha tomado en serio. Los domicilios de otros diputados están siendo vigilados permanentemente por las fuerzas de seguridad, y delante de algunos de ellos los seguidores de Netanyahu se manifiestan a diario llamando a los residentes "traidores".

Uno de los rabinos más prominentes, Haim Druckman, que preside una de las escuelas rabínicas más radicales de los territorios ocupados, dirigió con claridad su voz contra los políticos traidores. En 1995 Druckman ya dijo que había que "hacer todo" lo posible para frenar a Rabin, y poco después el líder laborista fue asesinado.

Naftalí Bennet no se toma a broma estas amenazas y ha hablado de "días de veneno", además de advertir a sus hijos pequeños que su padre se ha convertido en la persona más odiada del país. Y todo indica que las presiones que el inminente primer ministro recibe no se detendrán después de la investidura del domingo.

El nacionalismo y el religionismo están detrás de este ambiente irrespirable. Las amenazas y el odio no han surgido de la noche a la mañana, sino que llevan décadas de cocción a fuego lento. En Estados Unidos y en Europa han preferido ignorar durante años una situación de la que no puede esperarse nada bueno.
En el dramático escenario de 1995 fue precisamente un joven nacionalista y religionista, Yigal Amir, quien apretó el gatillo contra Rabin. Amir sigue cumpliendo su condena en la cárcel pero no hay que descartar que haya otros jóvenes dispuestos a sacrificarlo todo e imitar a Amir para salvar al Gran Israel.

El hecho de que Netanyahu haya denunciado las últimas elecciones por "fraude", una circunstancia que ha recordado a lo ocurrido en Estados Unidos con Donald Trump, ha creado una mayor tensión. Pero a diferencia de Trump, Netanyahu no argumenta que el fraude sucedió en el recuento de votos sino en las alianzas que han surgido después de las elecciones.

El fondo de la cuestión es justamente el mismo que existía en tiempos de Rabin, hace 26 años, cuando en el ambiente flotaba la idea de la necesidad de llegar a la paz con los palestinos. En este sentido, Netanyahu advirtió hace una semana que Bennett no será capaz de resistir la presión de Estados Unidos en esa dirección.

Sin embargo, es muy difícil, o seguramente imposible, que el nuevo gobierno vaya a avanzar hacia la paz con los palestinos. En la coalición hay partidos, como el de Bennett, radicalmente opuestos a cualquier acuerdo de paz y en la Kneset existe una holgada mayoría que no le permitiría avanzar en esa línea bajo ninguna circunstancia, aunque Bennett quisiera dar ese paso, que no es el caso.

13/06/2021 08:34

Por Eugenio García Gascón

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Se unió la izquierda en Perú: Pedro Castillo suma el apoyo de Verónika Mendoza

De cara a la segunda vuelta de las presidenciales el 6 de junio

Acordaron crear un programa de vacunas universales y gratuita, reactivar la economía, combatir la corrupción, reformar el Estado e impulsar una nueva constitución.

Desde Lima. A cuatro semanas de la segunda vuelta del 6 de junio, las izquierdas peruanas se unen y cierran un acuerdo para impulsar un “gobierno de cambio” encabezado por el profesor y sindicalista Pedro Castillo, que se enfrenta a la derechista Keiko Fujimori, hija y heredera política del encarcelado exdictador Alberto Fujimori. El partido Perú Libre, que se define marxista-leninista y postula la candidatura de Castillo, y la coalición progresista Juntos por el Perú, que en primera vuelta tuvo como candidata a Verónika Mendoza, han firmado un pacto político para apoyar la candidatura de Castillo, que es también la base para una alianza de gobierno en caso el candidato de la izquierda gane las elecciones. Castillo y Mendoza han definido este acuerdo como una alianza “para la refundación del país”.

Los puntos centrales de este acuerdo son enfrentar la grave crisis sanitaria por la pandemia asegurando una vacunación universal y gratuita y mejorando los precarios servicios de salud; reactivar la economía cambiando el modelo neoliberal impuesto hace tres décadas por la dictadura de Fujimori; priorizar la lucha contra la corrupción, extendida entre la clase política; y refundar el Estado para garantizar derechos e igualdad para todos. También proponen cambiar la Constitución heredada del régimen fujimorista, que reduce al Estado a un rol subsidiario de la actividad privada.

Castillo ha dicho que este acuerdo es “un compromiso con las familias más necesitadas”. “Estamos al otro lado de quienes defienden la seudodemocracia, una Constitución a la talla y peso de la gran oligarquía, de los que siempre manejaron el Estado. Este es el momento de abrazar esta causa para refundar la patria”, dijo el candidato de la izquierda, hablando al lado de Verónika Mendoza, a quien le agradeció su respaldo.

Mendoza, que en primera vuelta obtuvo 7,8 por ciento, señaló que el compromiso asumido era “trabajar de manera conjunta y lograr un gobierno de cambio liderado por el profesor Pedro Castillo”. “No está en juego solamente la victoria del profesor Castillo, sino que tenemos la responsabilidad histórica de ponerle un freno al autoritarismo, a la mafia y al pasado”, precisó la excandidata presidencial, en referencia a una posible restauración del régimen fujimorista de los años 90, caracterizado por el autoritarismo, las violaciones a los derechos humanos y la corrupción.

De esta manera, la izquierda junta fuerzas para derrotar a la candidata de extrema derecha, quien tiene el respaldo de diversas agrupaciones conservadoras que participaron en la primera vuelta, del empresariado y de los grandes medios, que han puesto en marcha una agresiva y masiva campaña de miedo y demolición contra la candidatura de Castillo. Pretenden asustar con los fantasmas del comunismo, del chavismo y del terrorismo. En una vieja práctica utilizada por el fujimorismo contra sus rivales, se acusa a Castillo de terrorista, adjudicándole supuestos vínculos con los rezagos políticos del derrotado grupo armado maoísta Sendero Luminoso, que protagonizó una guerra interna en los años 80 y 90, lo que el candidato ha negado repetidas veces. Una millonaria campaña llama a “votar contra el comunismo”. Esta campaña contra la candidatura de la izquierda, disfrazada de defensa de la democracia, oculta el pasado, y presente, autoritario y corrupto del fujimorismo para poner a su candidata como “defensora de la democracia”. Una campaña que desafía la memoria.

Después de firmar el pacto con Verónika Mendoza, el profesor Castillo hizo público un pronunciamiento de diez puntos en el que se compromete a respetar la democracia y la libertad de prensa. Esto es una respuesta a esa masiva campaña que lo acusa de tener intenciones autoritarias. En ese pronunciamiento también se compromete a no renunciar a sus propuestas de cambio y precisa que las implementará dentro de la institucionalidad democrática y “respetando la propiedad”.

Organismos defensores de los derechos humanos y familiares de las víctimas de la guerra interna -las víctimas se estiman en cerca de 70 mil- han demandado a los dos candidatos un compromiso con los derechos humanos, los juicios a los represores, las reparaciones a las víctimas y cumplir con las decisiones de los organismos internacionales en este tema. En su pronunciamiento público Castillo se compromete con la defensa de los derechos humanos y el respeto a los tratados internacionales en esta materia firmados por el país. Keiko ha dicho que no hubo una guerra interna, sino solamente terrorismo. Estando en el gobierno, el fujimorismo tuvo una práctica de violaciones a los derechos humanos y tiene una larga conducta de negar esas violaciones y proteger a los represores. Keiko ha anunciado que indultará a su padre, sentenciado a 25 años por crímenes de lesa humanidad, lo que va contra los tratados internacionales firmados por el país que prohíben los indultos a los condenados por lesa humanidad.

Atacado por el establishment, este acuerdo con Juntos por el Perú y su compromiso público de respeto a la institucionalidad democrática, le permite a Castillo contrarrestar una imagen de cierta soledad, abrir su candidatura a otros sectores y reducir los temores de electores que lo ven como un riesgo autoritario, temores alimentados por una millonaria campaña y también por algunas declaraciones de miembros de su partido. A Castillo se le cuestiona la falta de un equipo técnico, un flanco débil de su candidatura, y este acuerdo con Juntos por el Perú le puede dar esos cuadros que le estarían haciendo falta.

De acuerdo a una encuesta publicada el viernes, Castillo sigue adelante, pero la distancia con su rival se ha reducido en una semana de diez a cinco puntos. La encuestadora Datum le da a Castillo 41 por ciento y a Keiko 36 por ciento. El candidato de la izquierda baja tres puntos y la fujimorista sube dos puntos, en relación a un sondeo de la misma encuestadora de hace una semana. Este resultado ha entusiasmado a la derecha. Sin embargo, este último sondeo no mide el impacto del reciente acuerdo de Castillo con Juntos por el Perú que unifica a la izquierda y puede tener un efecto más amplio que la suma de los porcentajes de ambos en primera vuelta, ni el del pronunciamiento del candidato de Perú Libre en defensa de la democracia.

Luego del debate en una plaza de la andina provincia de Chota, los candidatos se podrían volver a encontrar en un penal. Castillo retó a Keiko a debatir en la cárcel de mujeres de Lima. Sarcástico, dijo que como él había sido local en Chota, donde nació y vive, ahora le tocaba a Keiko ser local y propuso el penal San Mónica, donde la fujimorista, procesada por lavado, organización criminal y obstrucción a la justicia, estuvo varios meses presa. Keiko, deseosa de debatir para buscar revertir su desventaja, aceptó hacerlo en la puerta del penal.   

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China echa un salvavidas a Irán y avanza otro paso en Oriente Próximo

La penetración china en Oriente Próximo continúa adelante. El pasado fin de semana Pequín y Teherán firmaron un acuerdo que permitirá al gigante asiático establecer una importante base económica y de seguridad en Irán, una circunstancia que inquieta a EEUU y sus aliados pero que es inevitable dada la creciente influencia de esa potencia.

 

No es ningún secreto que EEUU y China libran una batalla por la supremacía global que les enfrenta cada día más abiertamente a nivel planetario en las esferas política, económica y de seguridad, conflicto que también tiene un escenario en Oriente Próximo, como queda patente con la firma el pasado sábado de un acuerdo totalmente excepcional entre Pequín y Teherán.

Este gran acuerdo estratégico ha tardado varios años en gestarse y representa un desafío directo para EEUU. Aunque ya el verano pasado The New York Times avanzó informaciones sobre la marcha de las negociaciones y el borrador del texto, ni siquiera hoy se tiene una idea precisa de lo que representará para un Irán acosado por las duras sanciones internacionales y necesitado de cualquier clase de alianza.

Es evidente que Teherán no puede fiarse de Occidente, ni siquiera de Europa, como ha mostrado el fiasco del acuerdo nuclear que Barack Obama firmó con Teherán en 2015 y que dos años después fue desbaratado por Donald Trump mediante un tuit. Aunque el presidente Joe Biden podría revertir la decisión de Trump, no está claro que la restauración del acuerdo nuclear sea definitiva puesto que lo que ha sucedido una vez puede volver a ocurrir.

La magnitud del acuerdo chino-iraní, por un periodo de 25 años, es importante especialmente a los niveles de cooperación económica y de seguridad, pero tiene también resonancias políticas que trascienden más allá de las relaciones bilaterales. A EEUU, Israel y Arabia Saudí no les pasa desapercibido que China logra una penetración importante en la región, cuyas consecuencias a medio y largo plazo son difíciles de determinar.

Aunque la semana pasada Biden dijo que mientras él sea presidente, China no sustituirá a EEUU como líder global, la realidad es que la economía del gigante asiático está desarrollándose más rápidamente que la de EEUU y está asentando bases económicas por todo el mundo que más pronto que tarde le proporcionarán influencia política.

Algunos medios destacan que el acuerdo chino-iraní no es solamente relevante por su contenido, que no se conoce con exactitud, sino también por el momento que se ha elegido para firmarlo, coincidiendo con las disputas entre EEUU e Irán en relación con la reanudación del acuerdo nuclear y con las disputas de EEUU con China tras el último cónclave bilateral de Alaska.

Si bien no han transcendido las cláusulas del acuerdo, se sabe que Irán se ha comprometido a vender a China petróleo a un precio por debajo del mercado durante los próximos 25 años. A cambio, China realizará inversiones por valor de 400.000 millones dólares en infraestructuras de ese país, unas inversiones que se enmarcan en el plan de Pequín de construir el llamado "Cinturón de la Ruta de la Seda" con el propósito de unir el extremo oriente con Europa.

En realidad este acuerdo fue facilitado por el presidente Donald Trump y su amigo Benjamín Netanyahu, quien presionó a los americanos para que se salieran del acuerdo nuclear e impusieran duras sanciones contra Teherán, sanciones que, como era de esperar, han tenido el efecto contrario al deseado por Netanyahu y Trump.

En este contexto, EEUU tiene ante sí la disyuntiva de restablecer el acuerdo nuclear, o bien de alargar el punto muerto en que se hallan las relaciones con Teherán. Lo ideal sería que el acuerdo se restablezca cuanto antes, es decir antes de las elecciones presidenciales iraníes de junio.

En cuanto a China, Washington pocas medidas puede adoptar más allá de acusaciones y de sanciones económicas puntuales. Aunque una guerra abierta económica entre las dos potencias está descartada, los dos países juegan a un ajedrez de movimientos perpetuos en una u otra parte del tablero, movimientos que no ponen en peligro las relaciones cada vez más interdependientes de las dos potencias.

Al firmar el acuerdo el sábado, el ministro de Exteriores chino Wang Yi emitió en un comunicado la siguiente declaración: "Los EEUU deberían reflexionar en el daño causado a la paz regional y la estabilidad internacional con la retirada (del acuerdo nuclear), reflexionar sobre las pérdidas que ha causado a los países implicados, terminar las sanciones unilaterales contra Irán tan pronto como sea posible y abolir las medidas jurídicas contra China".

China está realizando imponentes inversiones en Oriente Próximo y el caso de Israel es paradigmático. Los israelíes han tenido que dar marcha atrás en varios proyectos conjuntos debido a la presión de Washington, que no ve con buenos ojos la expansión del gigante asiático. Israel, como otros países de la región, se aliará con EEUU en el caso de que deba escoger a un aliado, pero también es consciente del peso cada día mayor de China y no quiere buscarse problemas con esta potencia, lo que explica que no haya reaccionado con vigor al acuerdo del sábado.

Tras la firma del acuerdo, habrá que esperar a su aplicación, que será más o menos inmediata en función de otros parámetros, especialmente de si EEUU levanta las sanciones contra Irán, una cuestión que está en el aire. Mientras Teherán exige el levantamiento completo de las sanciones y la vuelta al acuerdo nuclear sin precondiciones, Washington no parece decidido a dar ese paso sin obtener otros compromisos a cambio.

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 Los presidentes de Rusia y China, el 4 de julio de 2017, en Moscú.Foto Afp

A los dos días de la reunión en Alaska entre China y EU para intentar suavizar el deterioro de su relación, el canciller ruso, Sergei Lavrov, fue invitado por su homólogo chino, Wang Yi, en la paradisiaca ciudad Guilin –que tuve el gusto de conocer (https://bit.ly/3deli8I)– para evaluar "los recientes desarrollos de sus lazos con EU".

Global Times titula que "La asociación (sic) de China y Rusia es clave para equilibrar la hegemonía de EU", cuando "promueven los pagos en divisas locales para sustituir al dólar", lo cual es "importante para evitar riesgos" (https://bit.ly/31umlMo).

Tales "lazos" han periclitado, pero Lavrov y Wang tuvieron cuidado en definir que su "asociación" no significa una alianza contra EU, sino que toman medidas precautorias ante el flagrante injerencismo de Biden que incita a revoluciones de color y a la desinformación con el fin de derrocar a los regímenes de Pekín y Moscú.

Los ejercicios militares de Rusia y China se basan en el "principio del no-alineamiento, la no-confrontación y la no-focalización en un tercer país" –con el fin de no indisponer a EU ni a la Unión Europea–.

Los dos cancilleres discutieron el acuerdo nuclear con Irán, el proceso de paz en Afganistán, la situación en Myanmar, el tema candente de Siria, el cambio climático y la reforma de la ONU.

El portal chino informa que tras la reunión en Alaska, China tuvo un intercambio de actualización con su aliado de Norcorea que acaba de realizar pruebas misilísticas balísticas para recordar que sigue presente en la escena mundial.

Las inusitadas 30 (sic) reuniones en ocho años entre el zar Vlady Putin y el mandarín Xi Jinping delatan mucho más que una vulgar "asociación" entre Rusia y China, quienes públicamente "no se alinearán" ya que ambos "necesitan lidiar conjuntamente sus amenazas comunes (sic) mediante una asociación flexible (sic)" cuando "EU ha creado muchos desafíos como las sanciones y la interferencia en asuntos regionales para interrumpir el desarrollo de ambos países", según Global Times.

¿Y el "G2 en el espacio" para conquistar la Luna entre Rusia y China (https://bit.ly/39lgopi) es "flexible asociación estratégica" o de plano constituye su "alianza" en movimiento que no se atreve a pronunciar su nombre?

Impactó el endurecimiento de Lavrov para "promover el pago con divisas locales y otras divisas internacionales que puedan sustituir al dólar y alejarse gradualmente (sic) del sistema internacional de pagos controlado por Occidente [el SWIFT con más de 11 mil entidades financieras en más de 200 (sic) países], y así reducir los riesgos de las sanciones de EU y Occidente contra Rusia y China". ¿Alguien en su sano juicio en EU y en Occidente "piensa" que van a doblegar a Rusia y China con sus sanciones?

Dong Dengxin, director del Instituto de Seguridad y Finanzas de la Universidad de Wuhan, propone a la divisa china yuan/renminbi como "divisa de compensación" en el sistema comercial y fustiga que "Washington ha abusado del SWIFT para sancionar arbitrariamente a cualquier país a voluntad, lo que ha provocado insatisfacción global", y exhorta a que Rusia y China colaboren para "desafiar la hegemonía del dólar".

El intercambio comercial entre Rusia y China es más que raquítico: 10 mil millones de dólares anuales,cuando se prevé que prevalezcan próximamente los servicios, mientras Rusia se ha posicionado como la primera exportadora de productos agrícolas a China.

Es consabida la complementariedad de hidrocarburos de Rusia y China: 40 millones de toneladas de crudo anuales y 4 mil millones de metros cúbicos de gas natural licuado (LNG) por año que transporta el gasoducto ruso a China.

China tiene ya su sistema alternativo al SWIFT: el China International Payments System (CIPS), al que algunos bancos rusos, asfixiados por las sanciones, han empezado a adherirse. Pronto seguirán el 15-RCEP y los países incrustados a las tres rutas de la seda que encabeza China.

Rusia y China ya olieron sangre en el vulnerable dolarcentrismo y su insostenible SWIFT.

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La coalición entre el autodenominado “centro” político y la izquierda representada por Gustavo Petro, se ve obstaculizada por diferencias ideológicas de fondo. El “centro” no parece estar dispuesto a resolver las demandas sobre reformas estructurales acalladas durante la guerra, que emergieron con el proceso de paz y fueron representadas por Petro en 2018.

Parece a destiempo, pero no es así. Las disputa por la presidencia empezó a agitarse desde mediados de diciembre con la reunión del expresidente Uribe y representantes del llamado “clan Char” en la hacienda El Ubérrimo. Los detalles del encuentro no trascendieron al ámbito público, pero la noticia fue suficiente para que otros actores iniciaran sus apuestas de cara a la contienda electoral. Así, el 28 de enero de 2021, en un club del norte de Bogotá, se dieron cita varios sectores del autodenominado “centro” político.

Allí concurrieron Sergio Fajardo, de Compromiso Ciudadano; Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán y Juan Fernando Cristo, con trayectoria en el Partido Liberal; representantes del Partido Verde, como Angélica Lozano, y Jorge Robledo del movimiento Dignidad, la divisa electoral del Moir. Aunque no parece ser un consenso, algunos de ellos, como Fajardo y Lozano, se pronunciaron contra una consulta popular que incluya a Gustavo Petro, de Colombia Humana, para forjar una candidatura presidencial unificada, argumentando que su propósito es ofrecer una alternativa a la “polarización”, supuestamente producida por el antagonismo entre el uribismo y el excandidato presidencial.

De cerrarse la posibilidad de una coalición entre los sectores “alternativos” para la primera vuelta presidencial, a realizarse en mayo de 2022, podría repetirse el escenario de 2018, cuando los votos se dividieron entre Petro y Fajardo, forzando a una segunda vuelta con el candidato del uribismo, Iván Duque, que le dio el tiempo suficiente para alinear contra Petro la totalidad de las fuerzas políticas tradicionales.

En la exclusión de Petro se expresa el temor a que el candidato pueda imponerse en la eventual consulta, especialmente sobre su anterior contrincante, Sergio Fajardo. Sin embargo, los obstáculos que enfrenta la coalición hunden sus raíces en profundas diferencias ideológicas, producto de los diversos intereses que cada alternativa representa. Si bien entre los sectores “alternativos” puede existir una oposición común al uribismo, tienen posiciones distintas e incluso antagónicas sobre la construcción de paz y el modelo neoliberal, entre otros.
El “centro”

En años recientes se ha discutido si existe un centro político en Colombia e incluso si es posible su existencia. En términos generales, tal centro puede referirse a dos fenómenos: al posicionamiento de determinados actores hacia el medio en el continuo ideológico izquierda-derecha o a una identidad política particular.


En el primer caso, los actores se ubican en relación con principios filosóficos entre dos extremos de naturaleza típico-ideal. Así, por ejemplo, se asume que determinado actor es de centro si adopta una posición moderada entre una robusta intervención del Estado en la economía para garantizar los derechos sociales (izquierda) y la absoluta “autorregulación” del mercado por la competencia individual (derecha). Desde esta perspectiva, en Colombia la mayoría de los actores políticos tienden al centro del espectro ideológico. Esta es una constante en la historia política del país. A partir del Frente Nacional los partidos tradicionales, Conservador y Liberal, tendieron a converger en el centro.

La excepción, coincidente con el declive del bipartidismo, fue el uribismo, que ha configurado una opción claramente de derecha. Pero incluso las propuestas más “radicales” de la izquierda se mantuvieron en reivindicaciones socialdemócratas: reforma urbana, redistribución de la propiedad de la tierra, apertura política, etcétera. De hecho, con posterioridad a la caída del Muro de Berlín, la izquierda de partidos y movimientos tendió hacia el centro hasta el punto de erigir la defensa de la Constitución de 1991 en su principal objetivo.

En el segundo caso, el centro como identidad política alude a un posicionamiento concreto, un proyecto que diferencia a un actor o conjunto de actores ubicándolos en una cartografía en relación ya no con principios sino con los demás actores en disputa en un campo político. El posicionamiento en el continuo izquierda-derecha es necesario pero no suficiente para determinar la existencia de una identidad política. Se requiere un discurso político que establezca las fronteras para articular unos actores excluyendo otros. Por ejemplo, el “uribismo” es una identidad política que se ubica a la derecha del espectro ideológico, pero que además ha establecido claramente unas fronteras discursivas, de antagonismo y de diferencia, con los demás actores del escenario político colombiano.

Los actores del “centro” han tenido grandes dificultades para construir una identidad, un discurso consistente que establezca dichas fronteras frente a lo que rechazan: el uribismo y la izquierda, y se exprese en un proyecto común. Pueden tender hacia el medio en el espectro ideológico, pero no configuran una identidad análoga, por ejemplo, al “uribismo” o, incluso, al llamado “petrismo”. Esa identidad ni siquiera tomó consistencia tras la elección de Claudia López, del Partido Verde, como alcaldesa de Bogotá, puesto que su proyecto no se distinguió sustancialmente de su antecesor, Enrique Peñalosa, ni de los intereses socioeconómicos que este representó, mientras en la práctica su gobierno ha dado cabida a actores de todo el espectro ideológico, incluyendo la derecha uribista.

De hecho el “centro” se convirtió en lo que popularmente se llama un “escampadero”, con propósitos meramente electorales y sin preocupación por la construcción de un proyecto alternativo de país. Su principal disputa política es por representar los intereses de la parte de la clase dominante que hoy representa el uribismo. Por eso su consigna preferida, al igual que el de los uribistas, es contra la “polarización”. Allí convergen personalidades de los partidos tradicionales que buscan reinventarse como “alternativos”, muchos de los cuales hicieron hasta no hace mucho parte activa del uribismo, junto con herederos del capital político de Antanas Mockus, reencauchando su electoralmente exitosa “antipolítica” como lucha contra la “polarización”, y una parte de la izquierda.


La “polarización”

La autoidentificación de “centro” apareció en las elecciones presidenciales en 2018, con el claro objetivo de tomar distancia de Petro, y está necesariamente ligada a un rechazo de la “polarización” del escenario político. La convergencia de “centro”, formada por el Partido Verde, Compromiso Ciudadano y el Polo Democrático, tuvo inicialmente como eslogan fundamental la lucha contra la corrupción. Pero una vez se produjo el ascenso de Petro en las encuestas se utilizaron dos grandes consignas. Primero, Fajardo era el único que podría vencer a Duque, candidato del uribismo, en segunda vuelta. Segundo, Petro y Duque eran dos extremos que, literalmente, acabarían con el país de llegar al gobierno.

Tal estrategia pretendía atraer el electorado de Petro hacia Fajardo. Sin embargo, terminó por descuidar la frontera discursiva entre el “centro” y el uribismo, por ejemplo, al abandonar la lucha contra la corrupción. Incluso es probable que, ante la vehemencia con que se denunció el peligro de que Petro, asimilado al “castrochavismo”, llegara al gobierno, muchos votantes derechistas de Fajardo se decidieran al final por el uribismo. Así pues, la estrategia demostró que la incipiente identidad política del centro y su diagnóstico de “polarización” más que en un proyecto alternativo de país se basaba en el “antipetrismo”.

No obstante, las diferencias entre los actores “alternativos” no se reducen a cálculos electorales, sino que comprometen diferencias ideológicas de fondo, que hoy vuelven a obstaculizar la posibilidad de una coalición. Las propuestas de Petro no son radicales en términos de su posición en el continuo izquierda-derecha. Su “capitalismo humano”, incluso con la reconversión del modelo extractivista hacia uno basado en el “conocimiento”, a lo sumo podrían ubicarse en la centro-izquierda, puesto que ni siquiera cuestionan de fondo el rol pasivo del Estado en la economía.

¿Por qué Petro “polariza” o produce “odio de clases”, como se dijo en 2018? La respuesta tiene que ver menos con sus principios y propuestas explícitas que con aquello que llegó a representar. En efecto, ante la progresiva fragmentación y posterior huida hacia el centro del partido mejor organizado en la izquierda, el Polo Democrático, fue Petro quien, a pesar de sí mismo y de muchas de sus propuestas explícitas, representó políticamente la diversidad de demandas que emergieron con ocasión del proceso de paz.

Se trata de reivindicaciones sobre problemas estructurales aplazados por la guerra que, simultáneamente, están en la raíz de los ciclos de violencia política: redistribución de la propiedad agraria, respuestas consistentes contra la pobreza y desigualdad extremas, terminar con la exclusión política vía genocidio, garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición, entre otras, blandidas por los actores populares en las grandes protestas que tuvieron lugar durante el gobierno Santos.


La coalición

Así las cosas, uno de los principales obstáculos para la coalición es el rechazo del “centro” no solo a Petro sino a lo representado por él, pues permite inferir que entre los “alternativos” existen concepciones muy distantes sobre la construcción de paz. La premisa que haría posible la coalición hacia 2022 es que tanto el “petrismo” como los sectores del “centro” comparten el antiuribismo y propuestas básicas como la implementación del Acuerdo de Paz, que el gobierno Duque sistemáticamente ha obstaculizado.

El problema, no obstante, es ponderar el compromiso con la construcción de paz por parte del “centro”: ¿es posible construir paz cuando varias de las demandas que justificaron el Acuerdo son concebidas como “extremas”, “polarizantes” o generadoras de “odio de clases”?

Claramente, estos sectores abanderan una concepción minimalista de la paz, que se conforma con una situación de ausencia de combates pero que no necesariamente resuelve los problemas que están en la raíz de los ciclos de violencia. Si bien esa concepción puede corresponder con lo que se pactó en La Habana, dista de las expectativas que el proceso de paz creó y no responde a las reivindicaciones que emergieron en tal coyuntura.

Por consiguiente, el rechazo del “centro” es en últimas a la posibilidad de que un gobierno de Petro implemente reformas estructurales que afecten los intereses de sectores sociales y económicos que este sector representa, esto es, una parte de la clase dominante que ya no comparte los medios con que el uribismo hace política. Muchas de las decisiones de Petro como Alcalde de Bogotá, empezando por recobrar para el Distrito la gestión del sistema de recolección de residuos, afectaron esos intereses. De hecho, la homologación de Petro con el “castrochavismo” se basa en la burda analogía entre la conservación y fortalecimiento de las empresas públicas y las políticas de nacionalización implementadas por el chavismo en Venezuela.

Eso muestra otro gran obstáculo para una eventual coalición: el “centro” no está dispuesto a tocar el modelo socioeconómico neoliberal sobre el que se basan los privilegios e intereses de los sectores que representa, ni siquiera cuando las propuestas de Petro en ese orden son tímidas.


La izquierda

Debido en gran medida a la necesidad de desmarcarse de la “lucha armada”, en las últimas décadas la izquierda colombiana se movió hacia el centro del espectro ideológico. Como consecuencia, las demandas de amplios sectores sociales han quedado sin representación política, teniendo que expresarse por vías como la protesta social. Además, dichas demandas, que emergieron durante el proceso de paz y que en otro contexto se verían como reformas modernizantes, se perciben como “extremas”. Así, el costo del desplazamiento de la izquierda hacia el centro ha sido la conservadurización del escenario político.

La fragmentación del Polo Democrático, con la separación de Dignidad, que ha pasado a engrosar las filas del “centro”, es un efecto de esa tendencia de largo plazo. Sin embargo, en la coyuntura electoral tal tendencia se profundiza. El Polo Democrático por un lado apuesta a una coalición entre el “centro” y Petro, y por otro está comprometido con el gobierno de Claudia López. De ahí que sus líderes eviten toda crítica pública que pueda comprometer la posibilidad de tal coalición.

Pero incluso las cabezas visibles de Colombia Humana parecen haber aceptado el diagnóstico según el cual el escenario político está “polarizado” y, por lo tanto, hacen esfuerzos por desmarcarse del estigma de “castrochavistas”, moviéndose hacia el centro del espectro ideológico y apostando por obtener así mejores dividendos electorales. Como consecuencia, las demandas sobre problemas estructurales de la sociedad colombiana, que emergieron con las grandes protestas en el marco del proceso de paz y que representó Petro en 2018, tiendan a quedar nuevamente sin representación política.

El diagnóstico que hoy justifica ese posicionamiento de la izquierda se basa en la premisa de que es necesario evitar otro gobierno uribista y posibilitar la implementación del Acuerdo de paz. Este imperativo relega una agenda más amplia de reformas, entre las cuales debería ubicarse el abandono del modelo neoliberal, ante la necesidad de encontrar una alianza para las elecciones presidenciales. El gobierno uribista ha tenido un efecto perverso sobre la implementación del Acuerdo y, como consecuencia, la generación de un nuevo ciclo de violencia política, que se expresa fatalmente en el genocidio político en ciernes. Por lo tanto, es comprensible que el principal propósito de la izquierda, en una situación de repliegue táctico, sea evitar otro gobierno del mismo tipo.

Sin embargo, la construcción de la paz, e incluso la implementación del Acuerdo, por tímido que haya resultado, pasan necesariamente por resolver las demandas que emergieron durante el proceso de paz referentes a los problemas estructurales que generan cíclicamente la violencia política. Por consiguiente, ese debería ser el núcleo de un acuerdo programático entre el “centro” y la izquierda, más allá de todo cálculo electoral.

 

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Publicado enEdición Nº276
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La coalición entre el autodenominado “centro” político y la izquierda representada por Gustavo Petro, se ve obstaculizada por diferencias ideológicas de fondo. El “centro” no parece estar dispuesto a resolver las demandas sobre reformas estructurales acalladas durante la guerra, que emergieron con el proceso de paz y fueron representadas por Petro en 2018.

Parece a destiempo, pero no es así. Las disputa por la presidencia empezó a agitarse desde mediados de diciembre con la reunión del expresidente Uribe y representantes del llamado “clan Char” en la hacienda El Ubérrimo. Los detalles del encuentro no trascendieron al ámbito público, pero la noticia fue suficiente para que otros actores iniciaran sus apuestas de cara a la contienda electoral. Así, el 28 de enero de 2021, en un club del norte de Bogotá, se dieron cita varios sectores del autodenominado “centro” político.

Allí concurrieron Sergio Fajardo, de Compromiso Ciudadano; Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán y Juan Fernando Cristo, con trayectoria en el Partido Liberal; representantes del Partido Verde, como Angélica Lozano, y Jorge Robledo del movimiento Dignidad, la divisa electoral del Moir. Aunque no parece ser un consenso, algunos de ellos, como Fajardo y Lozano, se pronunciaron contra una consulta popular que incluya a Gustavo Petro, de Colombia Humana, para forjar una candidatura presidencial unificada, argumentando que su propósito es ofrecer una alternativa a la “polarización”, supuestamente producida por el antagonismo entre el uribismo y el excandidato presidencial.

De cerrarse la posibilidad de una coalición entre los sectores “alternativos” para la primera vuelta presidencial, a realizarse en mayo de 2022, podría repetirse el escenario de 2018, cuando los votos se dividieron entre Petro y Fajardo, forzando a una segunda vuelta con el candidato del uribismo, Iván Duque, que le dio el tiempo suficiente para alinear contra Petro la totalidad de las fuerzas políticas tradicionales.

En la exclusión de Petro se expresa el temor a que el candidato pueda imponerse en la eventual consulta, especialmente sobre su anterior contrincante, Sergio Fajardo. Sin embargo, los obstáculos que enfrenta la coalición hunden sus raíces en profundas diferencias ideológicas, producto de los diversos intereses que cada alternativa representa. Si bien entre los sectores “alternativos” puede existir una oposición común al uribismo, tienen posiciones distintas e incluso antagónicas sobre la construcción de paz y el modelo neoliberal, entre otros.
El “centro”

En años recientes se ha discutido si existe un centro político en Colombia e incluso si es posible su existencia. En términos generales, tal centro puede referirse a dos fenómenos: al posicionamiento de determinados actores hacia el medio en el continuo ideológico izquierda-derecha o a una identidad política particular.


En el primer caso, los actores se ubican en relación con principios filosóficos entre dos extremos de naturaleza típico-ideal. Así, por ejemplo, se asume que determinado actor es de centro si adopta una posición moderada entre una robusta intervención del Estado en la economía para garantizar los derechos sociales (izquierda) y la absoluta “autorregulación” del mercado por la competencia individual (derecha). Desde esta perspectiva, en Colombia la mayoría de los actores políticos tienden al centro del espectro ideológico. Esta es una constante en la historia política del país. A partir del Frente Nacional los partidos tradicionales, Conservador y Liberal, tendieron a converger en el centro.

La excepción, coincidente con el declive del bipartidismo, fue el uribismo, que ha configurado una opción claramente de derecha. Pero incluso las propuestas más “radicales” de la izquierda se mantuvieron en reivindicaciones socialdemócratas: reforma urbana, redistribución de la propiedad de la tierra, apertura política, etcétera. De hecho, con posterioridad a la caída del Muro de Berlín, la izquierda de partidos y movimientos tendió hacia el centro hasta el punto de erigir la defensa de la Constitución de 1991 en su principal objetivo.

En el segundo caso, el centro como identidad política alude a un posicionamiento concreto, un proyecto que diferencia a un actor o conjunto de actores ubicándolos en una cartografía en relación ya no con principios sino con los demás actores en disputa en un campo político. El posicionamiento en el continuo izquierda-derecha es necesario pero no suficiente para determinar la existencia de una identidad política. Se requiere un discurso político que establezca las fronteras para articular unos actores excluyendo otros. Por ejemplo, el “uribismo” es una identidad política que se ubica a la derecha del espectro ideológico, pero que además ha establecido claramente unas fronteras discursivas, de antagonismo y de diferencia, con los demás actores del escenario político colombiano.

Los actores del “centro” han tenido grandes dificultades para construir una identidad, un discurso consistente que establezca dichas fronteras frente a lo que rechazan: el uribismo y la izquierda, y se exprese en un proyecto común. Pueden tender hacia el medio en el espectro ideológico, pero no configuran una identidad análoga, por ejemplo, al “uribismo” o, incluso, al llamado “petrismo”. Esa identidad ni siquiera tomó consistencia tras la elección de Claudia López, del Partido Verde, como alcaldesa de Bogotá, puesto que su proyecto no se distinguió sustancialmente de su antecesor, Enrique Peñalosa, ni de los intereses socioeconómicos que este representó, mientras en la práctica su gobierno ha dado cabida a actores de todo el espectro ideológico, incluyendo la derecha uribista.

De hecho el “centro” se convirtió en lo que popularmente se llama un “escampadero”, con propósitos meramente electorales y sin preocupación por la construcción de un proyecto alternativo de país. Su principal disputa política es por representar los intereses de la parte de la clase dominante que hoy representa el uribismo. Por eso su consigna preferida, al igual que el de los uribistas, es contra la “polarización”. Allí convergen personalidades de los partidos tradicionales que buscan reinventarse como “alternativos”, muchos de los cuales hicieron hasta no hace mucho parte activa del uribismo, junto con herederos del capital político de Antanas Mockus, reencauchando su electoralmente exitosa “antipolítica” como lucha contra la “polarización”, y una parte de la izquierda.


La “polarización”

La autoidentificación de “centro” apareció en las elecciones presidenciales en 2018, con el claro objetivo de tomar distancia de Petro, y está necesariamente ligada a un rechazo de la “polarización” del escenario político. La convergencia de “centro”, formada por el Partido Verde, Compromiso Ciudadano y el Polo Democrático, tuvo inicialmente como eslogan fundamental la lucha contra la corrupción. Pero una vez se produjo el ascenso de Petro en las encuestas se utilizaron dos grandes consignas. Primero, Fajardo era el único que podría vencer a Duque, candidato del uribismo, en segunda vuelta. Segundo, Petro y Duque eran dos extremos que, literalmente, acabarían con el país de llegar al gobierno.

Tal estrategia pretendía atraer el electorado de Petro hacia Fajardo. Sin embargo, terminó por descuidar la frontera discursiva entre el “centro” y el uribismo, por ejemplo, al abandonar la lucha contra la corrupción. Incluso es probable que, ante la vehemencia con que se denunció el peligro de que Petro, asimilado al “castrochavismo”, llegara al gobierno, muchos votantes derechistas de Fajardo se decidieran al final por el uribismo. Así pues, la estrategia demostró que la incipiente identidad política del centro y su diagnóstico de “polarización” más que en un proyecto alternativo de país se basaba en el “antipetrismo”.

No obstante, las diferencias entre los actores “alternativos” no se reducen a cálculos electorales, sino que comprometen diferencias ideológicas de fondo, que hoy vuelven a obstaculizar la posibilidad de una coalición. Las propuestas de Petro no son radicales en términos de su posición en el continuo izquierda-derecha. Su “capitalismo humano”, incluso con la reconversión del modelo extractivista hacia uno basado en el “conocimiento”, a lo sumo podrían ubicarse en la centro-izquierda, puesto que ni siquiera cuestionan de fondo el rol pasivo del Estado en la economía.

¿Por qué Petro “polariza” o produce “odio de clases”, como se dijo en 2018? La respuesta tiene que ver menos con sus principios y propuestas explícitas que con aquello que llegó a representar. En efecto, ante la progresiva fragmentación y posterior huida hacia el centro del partido mejor organizado en la izquierda, el Polo Democrático, fue Petro quien, a pesar de sí mismo y de muchas de sus propuestas explícitas, representó políticamente la diversidad de demandas que emergieron con ocasión del proceso de paz.

Se trata de reivindicaciones sobre problemas estructurales aplazados por la guerra que, simultáneamente, están en la raíz de los ciclos de violencia política: redistribución de la propiedad agraria, respuestas consistentes contra la pobreza y desigualdad extremas, terminar con la exclusión política vía genocidio, garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición, entre otras, blandidas por los actores populares en las grandes protestas que tuvieron lugar durante el gobierno Santos.


La coalición

Así las cosas, uno de los principales obstáculos para la coalición es el rechazo del “centro” no solo a Petro sino a lo representado por él, pues permite inferir que entre los “alternativos” existen concepciones muy distantes sobre la construcción de paz. La premisa que haría posible la coalición hacia 2022 es que tanto el “petrismo” como los sectores del “centro” comparten el antiuribismo y propuestas básicas como la implementación del Acuerdo de Paz, que el gobierno Duque sistemáticamente ha obstaculizado.

El problema, no obstante, es ponderar el compromiso con la construcción de paz por parte del “centro”: ¿es posible construir paz cuando varias de las demandas que justificaron el Acuerdo son concebidas como “extremas”, “polarizantes” o generadoras de “odio de clases”?

Claramente, estos sectores abanderan una concepción minimalista de la paz, que se conforma con una situación de ausencia de combates pero que no necesariamente resuelve los problemas que están en la raíz de los ciclos de violencia. Si bien esa concepción puede corresponder con lo que se pactó en La Habana, dista de las expectativas que el proceso de paz creó y no responde a las reivindicaciones que emergieron en tal coyuntura.

Por consiguiente, el rechazo del “centro” es en últimas a la posibilidad de que un gobierno de Petro implemente reformas estructurales que afecten los intereses de sectores sociales y económicos que este sector representa, esto es, una parte de la clase dominante que ya no comparte los medios con que el uribismo hace política. Muchas de las decisiones de Petro como Alcalde de Bogotá, empezando por recobrar para el Distrito la gestión del sistema de recolección de residuos, afectaron esos intereses. De hecho, la homologación de Petro con el “castrochavismo” se basa en la burda analogía entre la conservación y fortalecimiento de las empresas públicas y las políticas de nacionalización implementadas por el chavismo en Venezuela.

Eso muestra otro gran obstáculo para una eventual coalición: el “centro” no está dispuesto a tocar el modelo socioeconómico neoliberal sobre el que se basan los privilegios e intereses de los sectores que representa, ni siquiera cuando las propuestas de Petro en ese orden son tímidas.


La izquierda

Debido en gran medida a la necesidad de desmarcarse de la “lucha armada”, en las últimas décadas la izquierda colombiana se movió hacia el centro del espectro ideológico. Como consecuencia, las demandas de amplios sectores sociales han quedado sin representación política, teniendo que expresarse por vías como la protesta social. Además, dichas demandas, que emergieron durante el proceso de paz y que en otro contexto se verían como reformas modernizantes, se perciben como “extremas”. Así, el costo del desplazamiento de la izquierda hacia el centro ha sido la conservadurización del escenario político.

La fragmentación del Polo Democrático, con la separación de Dignidad, que ha pasado a engrosar las filas del “centro”, es un efecto de esa tendencia de largo plazo. Sin embargo, en la coyuntura electoral tal tendencia se profundiza. El Polo Democrático por un lado apuesta a una coalición entre el “centro” y Petro, y por otro está comprometido con el gobierno de Claudia López. De ahí que sus líderes eviten toda crítica pública que pueda comprometer la posibilidad de tal coalición.

Pero incluso las cabezas visibles de Colombia Humana parecen haber aceptado el diagnóstico según el cual el escenario político está “polarizado” y, por lo tanto, hacen esfuerzos por desmarcarse del estigma de “castrochavistas”, moviéndose hacia el centro del espectro ideológico y apostando por obtener así mejores dividendos electorales. Como consecuencia, las demandas sobre problemas estructurales de la sociedad colombiana, que emergieron con las grandes protestas en el marco del proceso de paz y que representó Petro en 2018, tiendan a quedar nuevamente sin representación política.

El diagnóstico que hoy justifica ese posicionamiento de la izquierda se basa en la premisa de que es necesario evitar otro gobierno uribista y posibilitar la implementación del Acuerdo de paz. Este imperativo relega una agenda más amplia de reformas, entre las cuales debería ubicarse el abandono del modelo neoliberal, ante la necesidad de encontrar una alianza para las elecciones presidenciales. El gobierno uribista ha tenido un efecto perverso sobre la implementación del Acuerdo y, como consecuencia, la generación de un nuevo ciclo de violencia política, que se expresa fatalmente en el genocidio político en ciernes. Por lo tanto, es comprensible que el principal propósito de la izquierda, en una situación de repliegue táctico, sea evitar otro gobierno del mismo tipo.

Sin embargo, la construcción de la paz, e incluso la implementación del Acuerdo, por tímido que haya resultado, pasan necesariamente por resolver las demandas que emergieron durante el proceso de paz referentes a los problemas estructurales que generan cíclicamente la violencia política. Por consiguiente, ese debería ser el núcleo de un acuerdo programático entre el “centro” y la izquierda, más allá de todo cálculo electoral.

 

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El misterioso Acuerdo Estratégico para 25 años entre China e Irán

"Hemos escuchado que quieren firmar un nuevo acuerdo de 25 años con un país extranjero, a espaldas del pueblo". Con esta frase rebosante de sospechas, un resucitado expresidente Mahmud Ahmadinejad provocó la semana pasada un terremoto político en Irán que ha puesto en jaque hasta al jefe del Estado, el Ayatolá Jamenei, responsable máximo de la política exterior de la República Islámica (RI).

Ahmadinejad, que sueña con ganar las elecciones presidenciales de 2021, se refiere a un documento secreto que la RI ha firmado con China para los próximos 25 años, oculto incluso al parlamento, donde entran sólo los fieles al Ayatolá. Mientras, el Gobierno alega que se trata de un "borrador y no acuerdo" y jura que lo publicado en diferentes periódicos extranjeros sobre el contenido del texto es falso: dice que la gigantesca inversión china en Irán no es a cambio de convertirse en una colonia de China; que no habrá un desembarco de 5.000 efectivos chinos en Irán para proteger sus proyectos; ni tampoco se arrendará a China las islas iraníes en el Golfo Pérsico, ni tampoco se otorgará al gigante chino el monopolio de la compra del petróleo iraní y a precios muy bajos.

"Esos ajund (término despectivo para referirse al clérigo), con tal de permanecer en el poder, están dispuestos a vender a Irán a los chinos" es la frase más bonita que los iraníes, muy sensibles a lo que refiere a su milenaria tierra, están dedicando a la RI, cuyo líderes presumen de su identidad "islámica" por encima de la "iraní" y sueñan con instalar un "imperio chiita". A China, también le acusan del intento de apuntalar a una RI en sus momentos más bajos y de cometer el mismo error que cometió cuando el sucesor de Mao, Hua Guofeng, visitó Irán en 1978 para apretar la mano del Sha, un dictador sanguinario que meses después era derrocado. Cierto que China no suele crear Estado vasallos, pero tampoco se destaca por tener análisis acertados en su política exterior.

¿Qué contiene el acuerdo?

Por lo publicado por The New York Times, The Asia Times y otros diarios extranjeros, la "versión final" del acuerdo de 18 páginas, fechada el 21 de mayo, estipula que China:

. En el marco de su Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda (IFRS), China invertirá en Irán en los próximos 25 años entre 120.000 y 400.000 millones de dólares en un centenar de proyectos que incluyen los campos de energía (gas y petróleo), tecnología, infraestructura (aeropuertos, presas, puertos) y transporte (trenes de alta velocidad y metro).

. Construirá una carretera de 2.300 kilómetros que uniría Teherán con Urumqi en Xinjiang, conectando con el puerto pakistaní de Gwadar en el Mar arábigo, como una ruta alternativa al estrecho de Malaca.

. Unirá con ferrocarriles a Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán con Irán, para alcanzar Europa pasando por Turquía.

. Recibirá trato de favor en las licitaciones de los nuevos proyectos de gas y petróleo iraníes y recibirá un descuento mínimo garantizado de 12% .

. Instalará en Irán empresas manufactureras, utilizando la mano de obra barata iraní, para luego enviar los productos a los mercados europeos, a través de los enlaces que va a crear en Irán, desde las islas del Golfo Pérsico hasta la frontera con Turquía.

. Se le dará el derecho a retrasar el pago de sus deudas hasta en dos años, y luego abonarlas en yuanes o monedas que no serán ni euro ni dólar.

. Habrá cooperación militar: entrenamientos, intercambio de inteligencia en materia antiterrorista, y el uso de las bases militares iraníes por China (que no viceversa) y el despliegue de las capacidades de guerra electrónica (EW).

. Dará a Irán el acceso al GPS chino y construir infraestructura para el despliegue de 5G.

Estos y otros puntos del texto que le aleja de un contrato vinculante, se parecen más a una lista de deseos de la RI, además por surrealistas, como lo es el apartado militar, y después de lo que pasó con la Asociación estratégica ruso-iraní": desapareció antes de nacer.

La idea de una Asociación Estratégica Integral fue planteada durante la visita del presidente Xi Jinping a Teherán en 2016, después de la firma del acuerdo nuclear de los 5+1 con Irán, el levantamiento (parcial) de las sanciones, y unos 10 meses antes de la presidencia de Donald Trump. Entonces, la RI no mostró interés hacia China, intentando atraer la inversión de las compañías occidentales a Irán. La reactivación de las sanciones por Trump (por las presiones ejercidas desde Israel y Arabia Saudí) mostró que el gobierno islamista tampoco conoce su lugar en la región y en el mundo: ahora ni las empresas chinas y rusas querían trabajar en Irán, por el temor a las represalias de Washington.

A pocos meses de las elecciones presidenciales de EEUU y la probabilidad de la expulsión de Trump del poder, y la promesa de Joe Biden de regresar al acuerdo nuclear y levantar las sanciones contra Irán, China -también acosada y cercada por EEUU-, regresa a Irán, con la ilusión de:

. Utilizar la "carta de Irán" en sus negociaciones con EEUU.

. Acceder a las inmensas reservas de gas y petróleo iraní y disminuir su dependencia al petróleo ruso y saudí.

. Reducir drásticamente el tiempo de transporte de sus mercancías a Oriente Próximo, Asia Central y Europa, burlando el cerco Indo-Pacífico de EEUU.

. Entrar, casi de forma exclusiva, en el mercado iraní de 80 millones de habitantes, y a otros 4.600 millones de personas de habitantes de Eurasia.

Por su parte, Teherán así demuestra sus opciones a la Unión Europea -, pasiva y sin una política exterior independiente de EEUU.

¿Qué dice la oposición?

Todos los partidos políticos iraníes, desde el exilio, han expresado su preocupación por la opacidad de la RI:

. El partido Tudeh, comunista, mientras espera la versión oficial para dar su opinión, afirma que la defensa de los intereses del pueblo iraní está por encima de cualquier otra consideración (geopolítica), y apunta a la naturaleza del totalitarismo medieval-religioso gobernante, la falta de cualquier control sobre el poder, la monumental corrupción, y las políticas anti-iraníes del régimen en favor de sus ambiciones islamistas, para plantear la pregunta de si este sistema tiene voluntad y capacidad de defender los intereses de la nación iraní. De hecho, la RI perdió buena parte de los derechos de Irán sobre el Mar caspio tras el fin de la URSS, firmando sin más el reparto que Vladimir Putin le puso delante.

. "Si es un acuerdo beneficioso para el pueblo ¿Por qué lo ocultan?", pregunta el Partido de Izquierda de Irán (fedaínes del pueblo) que acusa a la RI de tener la intención de transferir la mayoría de las áreas económicas del país a otro gobierno, cuando Irán necesita tener relaciones equilibradas con todos los países del mundo.

. El Frente Nacional (Chebheye Mel.li),el partido del mítico Doctor Mosaddeq, compara el acuerdo con la firma de los tratados de Golestán (1813) y Turkmenchay (1828) con la Rusia zarista, por los que los mandatarios incompetentes iraníes perdieron dos guerras y cerca de 250.000 kilómetros del territorio del país (los actuales Georgia, Azerbaiyán, Armenia), le otorgaron un trato preferencial para sus exportaciones en los artículos no competitivas en los mercados europeos, y le cedieron los derechos de Irán sobre el Mar Capsio, a cambio de que Moscú apoyase al odiado príncipe heredero Abbas Mirza Qayar. La ira de los iraníes se desató: asaltaron la embajada rusa en Teherán el 11 de febrero de 1829, matando a todos los funcionarios, incluido al embajador Aleksandr Griboyédov. Así nacieron los sentimientos "anti-rusos" en Irán , explotados hábilmente por los regímenes del Sha y de los islamistas contra la Unión Soviética, cuando fue justamente Lenin quien en 1917 abolió el Turkmenchay. Los mosaddequistas piden un referéndum controlado por los observadores internacionales para que los ciudadanos iraníes decidan al respecto.

. El expríncipe Reza Pahlavi tacha el acuerdo de "vergonzoso" por "colocar a los soldados extranjeros en nuestro suelo". No se acuerda que su padre, El Sha, hospedó a cientos de militares de EEUU en el territorio iraní. Es más, la delicada posición geográfica de Irán también forzó al Sha a buscar equilibrios: firmó en 1965 con la Unión Soviética la construcción de la primera fábrica siderúrgica de Irán en Isfahán y la de Maquinaria pesada de Arak a cambio del gas iraní.

Firmar este tipo de acuerdos por China no es nada extraño: lo hizo con Pakistán en 2018 por el valor de 62.000 millones de dólares para el desarrollo de proyectos de comercio, inversión, energía e infraestructura. En 2014, también puso su autógrafo a un "acuerdo estratégico", de 20 años con Iraq -colonia político-militar de EEUU-, por lo que Bagdad exportaría 100 mil barriles de crudo a China a cambio de la construcción de infraestructura. Sin embargo, cuando en 2016 EEUU introdujo al Estado Islámico en Iraq desde Siria, aquel proyecto se congeló.

Además de los iraníes, se oponen al pacto, obviamente EEUU, Israel (que sufrió las mismas olas de protesta cuando en 2018 Shanghai International Port Group –SIPG– consiguió la gestión del puerto de Hifa), y los países árabes, pero también la India, país "hermano" de Irán, enemigo de China, porque:

. El acuerdo amplía el acceso de China al Océano Índico.

. Pone fuera del juego a Nueva Delhi, que iba a invertir en el estratégico puerto de Chabahar, el único puerto oceánico de Irán, situado en el Océano Índico, y el acceso más cercano a las aguas abiertas para países sin litoral de Asia Central; también iba a desembolsar dinero en el desarrollo del campo de gas Farzad-B. Teherán está muy molesto que el país que un día fue "no alineado", dejara de comparar el petróleo iraní, contribuyendo a la grave crisis económica que padece. Este acuerdo sería el segundo gran golpe a Modi por su "alineación" con Trump: el otro, fue la entrega de Afganistán a Pakistán por el presidente de EEUU.

El punto común de la mayoría de las críticas es que "alargará la vida de la RI", pensando que las sanciones de EEUU sobre una población desesperada acabaría con el régimen: Los 12 años del embargo criminal del Consejo de Seguridad sobre el pueblo iraquí (1991-2003) no terminaron con Saddam: las revoluciones no las hacen los moribundos, y la igual que en Iraq, el objetivo de estas sanciones es la nación iraní que no a la RI. Los bazaríes, la burguesía comercial, instalada en el poder desde 1978, ha hecho su agosto con las sanciones de EEUU, importando de China y Turquía incluso aquellos productos que el propio Irán fabricaba, forzando a miles de talleres a cerrar y enviar a millones de trabajadores a la miseria: ¡Importan hasta la alfombrilla para rezar y la tela para el velo!

¿Llegará a materializarse?

Una cosa es agitar un documento "estratégico" y otra es poder ponerlo en marcha.

. Este acuerdo sufre el resultado de un siglo de propaganda anticomunista de los Pahlavi y los islamistas, creando en los ciudadanos una desconfianza irracional hacia Oriente, representado por China y Rusia, y una pasión por Occidente.

. Esta región es el lugar del pulso entre las potencias mundiales y regionales, y este tipo de proyectos son demasiado irrealistas para que cumplan sus objetivos.

. Las incursiones militares de Israel-EEUU contra Irán en la región y ahora también en el propio suelo iraní, que le convierten en un lugar inseguro para invertir.

. Las sanciones de EEUU que afectan a la tecnológica Made in USA que China utiliza en sus proyectos. En 2019, china abandonó las obras del campo de gas de Pars Sur, el más grande del mundo, por las amenazas de Washington.

. Además de un entorno favorable, Irán necesita un cambio político que invite la participación libre de las empresas, y no como ahora que una élite militar (al igual que en Pakistán y Egipto) ha monopolizado la totalidad de la economía y fuera de cualquier control popular. Para más inri, Irán representa el principal país del mundo en fuga de capital humano y de cerebros.

. La economía iraní que, al igual que en la era Pahlavi sigue fuertemente dependiente de la renta del petróleo, y esta renta está al servicio de la clase gobernante y su militarismo. El mencionado acuerdo, por la estructura del poder y un neoliberalismo presentado "economía islámica", encaja dentro del llamado circulo vicio del "desarrollo del subdesarrollo".

Irán se equivocó en 2016 al pensar que China por sus intereses estratégicos en Irán, asumiría los riesgos en su relación con EEUU. Beijing votó en favor de las seis resoluciones en el Consejo de Seguridad contra Irán por su programa nuclear, y se ha negado, a pesar de la insistencia de Rusia, a dimitirle como miembro de la Organización de Cooperación de Shanghái.

. La profunda desigualdad entre los perfiles de ambos países, está descartada la fórmula "ganar-ganar". La RI no está en condiciones de conseguir un acuerdo justo: pasó lo mismo con el opaco acuerdo nuclear con los 5+1, que tuvo más sombras que luces para Irán (aun sin ser publicado oficialmente), y al final Irán perdió por goleada.

. Si Biden ocupa la Casa Blanca, EEUU regresará al acuerdo nuclear y levantará las sanciones, lo cual significa la reanudación de las relaciones comerciales de EEUU este país y la UE con Irán. ¿En qué quedará, entonces, el acuerdo con China? El actual parlamento, -francófilo y anglófilo-, pondrá pegas al acuerdo si consigue reactivar la alianza con los occidentales. De hecho, ha sido un diputado, Mahmud Ahmadi, quien reveló que el acuerdo incluye la cesión de "todas las islas iraníes a China".

. No se descarta que este sea una maniobra de la RI para presionar a un desesperado Trump que busca un logro en su política exterior: le da la oportunidad de firmar un nuevo acuerdo nuclear y levantar las sanciones, antes de las elecciones de noviembre; a pesar del asesinato de Soleimani, que fue una puñalada por la espalda a la RI, y puso fin a la discreta cooperación de ambos países en Siria, Irak y Afganistán, la RI sigue buscando fórmulas para una "coexistencia Pacífica" con EEUU.

24 julio 2020

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China pone un pie en Irán y entra en Oriente Próximo por una gran puerta

El estricto aislamiento que Israel y Estados Unidos decretaron sobre Irán ha puesto a este país en las manos de China. Esta semana Teherán anunció un próximo acuerdo con Pequín que puede modificar significativamente la geoestrategia de las últimas décadas en Oriente Próximo. Los errores cometidos por las potencias occidentales están detrás de un ambicioso proyecto que permitirá a los chinos invertir 400.000 millones de dólares en Irán durante 25 años.

 

El próximo acuerdo bilateral que China e Irán anunciaron esta semana suscita una serie de interrogantes que afectan al conjunto de Oriente Próximo y puede tener consecuencias de alcance no solo en la geoestrategia regional sino también en la mundial, razón por la cual ha sido mal recibido por los numerosos países que se consideran enemigos de Irán, como Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

Desde hace tiempo estos países vienen criticando lo que consideran una paulatina retirada de Estados Unidos de Oriente Próximo, aunque es obvio que la política exterior de Washington en esta región está dictada por Israel, especialmente en lo tocante a Irán y a los territorios palestinos ocupados, donde lo único que cuenta es lo que dice el primer ministro Benjamín Netanyahu.

China y Estados Unidos están metidos en un montón de conflictos que se han agriado en los últimos meses, entre ellos la guerra comercial, la guerra de la inteligencia por la expansión de Huawei, el virus corona, Hong Kong, la minoría musulmana uigur, el mar del Sur de China y Taiwán. Por cada una de estas disputas, las dos superpotencias se cruzan acusaciones a diario, lo que crea incertidumbres políticas en todo planeta.

No es extraño que se dispararan las alarmas cuando el portavoz del ministerio de Exteriores iraní Abbas Mousavi anunció a bombo y platillo la aprobación del borrador del acuerdo con China sobre cooperación económica y política para los próximos 25 años. Algunos analistas indican que metiendo un pie de estas características en Oriente Próximo, China se dispone a expandir su influencia en una de las regiones más inestables del mundo.

Informes publicados con anterioridad indican que Teherán, aislada casi completamente por decisión de Israel y EEUU, ha aceptado realizar una larga lista de concesiones a China, como descuentos importantes en el precio del petróleo y el gas, o la posibilidad de que Pequín pague a cambio de los carburantes en monedas distintas al dólar.

Otra cuestión no menor que está sobre la mesa es que China probablemente disfrutará de poder decidir en primer lugar si participa en los proyectos petroquímicos que se desarrollen en Irán a partir de ahora. Esto significa que la economía iraní dependerá en un alto grado de China y que este país podrá asegurarse buena parte de la energía que necesitará en las próximas décadas.

Naturalmente, una de las cuestiones que más suspicacias suscita es que el acuerdo representa un serio revés para Estados Unidos, Israel y sus aliados árabes. Algunos observadores se preguntan si el acuerdo va a hacer cambiar la política de Washington con respecto a Irán, pero la respuesta a esta pregunta es sencilla desde el momento en que está claro que no es Washington, sino los intereses de Israel, los que determinan la política de EEUU respecto a Irán.

El acuerdo prevé que una importante cantidad de personal de seguridad chino, más de 5.000 personas, protejan los proyectos chinos, y también abre la puerta a Pequín para introducirse en regiones cercanas a Irán, como Asia Central y el Cáucaso, con lo que Estados Unidos deberá reevaluar su estrategia en una amplia zona.

El acuerdo es muy beneficioso para Irán debido al aislamiento que sufre. En primer lugar, significará un ingreso considerable de dinero en distintas monedas, especialmente en el sector de la energía, donde hay previstas inversiones equivalentes a 280.000 millones de dólares, así como para el sector de las infraestructuras y el transporte, donde los chinos invertirán 120.000 millones de dólares, dinero que permitirá crear millones de empleos, reforzará las estructuras políticas de la república islámica y reducirá la oposición a las autoridades.

El acuerdo ha suscitado algunas críticas dentro de Irán en el sentido de que el país se está vendiendo a China casi sin condiciones, pero el gobierno de Teherán no tiene delante ninguna otra alternativa viable debido al aislamiento decretado por Israel y Estados Unidos.

Según funcionarios estadounidenses, los chinos podrán establecer bases militares en Irán. Los 18 folios del borrador a los que tuvo acceso The New York Times, estipulan que también entrarán en el sector bancario, las telecomunicaciones, los puertos, las redes de trenes y otros muchos sectores estratégicos como la investigación y el desarrollo de armas.

Es comprensible que Teherán vea en ese acuerdo una tabla de salvación. Los iraníes han intentado por todos los medios y a lo largo de décadas establecer relaciones comerciales estables con EEUU y Europa, pero estos países, por una razón u otra, generalmente gracias a la desproporcionada influencia de Israel, siempre han acabado por mantener a distancia a la república islámica.

La gota que colmó el vaso llegó en 2018, cuando el presidente Donald Trump, siguiendo las directrices de Netanyahu, abandonó el acuerdo nuclear firmado por Barack Obama e impuso duras sanciones contra Irán que desde entonces se han endurecido más. Lo único que Israel acepta es un cambio de régimen en Teherán, de ahí que se oponga frontalmente a cualquier acercamiento de los países occidentales.

Mientras China verá realzada su posición internacional y mejorará sensiblemente su posición geoestratégica, Irán con el dinero que reciba aspirará a mejorar su situación regional. A sus rivales, que pretenden provocar una revolución dentro de Irán cuyas consecuencias podrían ser dramáticas para la zona, no les quedará más remedio que aceptar una realidad con el que van a tener que vivir. Al fin y al cabo han sido ellos los que han empujado a Irán a pactar con China.

JERUSALÉN

16/07/2020 07:12

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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EE UU sella un acuerdo millonario con Groenlandia que provoca indignación en Dinamarca

El plan de ayuda financiera, por 11 millones, llega ocho meses después de que la oferta de Trump de comprar el territorio molestara a Copenhague

Groenlandia no está en venta, pero sí en alquiler. Eso es lo que sugerían los medios daneses hace casi un año, cuando la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, tachó de “absurda” la oferta de compra del territorio ártico por parte del presidente de EE UU, Donald Trump. Tan solo ocho meses después del choque entre ambos socios de la OTAN, los titulares se han mostrado acertados. Washington y Nuuk, la capital del territorio danés semiautónomo, han anunciado un acuerdo de inversión en proyectos en el territorio helado por un total de 83 millones de coronas danesas (11 millones de euros) abriendo un intenso debate en la capital del reino.

“Con esta buena noticia se confirma que nuestro trabajo de consolidar una relación constructiva con Estados Unidos da sus frutos”, ha dicho el primer ministro groenlandés, Kim Kielsen. El Gobierno socialdemócrata de Dinamarca, en minoría, ha aplaudido también la inversión de Washington en su territorio del Ártico, en cuyas negociaciones ha estado involucrado desde el pasado otoño. Y es que Groenlandia, pese a gozar de una amplia autonomía —de hecho pertenece a Dinamarca, pero no a la Unión Europea (UE)—, sigue siendo Copenhague el único interlocutor válido en cuestiones de Exterior y Defensa. “No es un secreto que hemos trabajado con Groenlandia para asegurar que se beneficie de la presencia de Estados Unidos”, ha explicado a los medios locales el ministro de Exteriores danés, Jeppe Kofod, quién intentó rebajar la crispación en Copenhague calificando el acuerdo económico de “completamente natural”.

Los fondos estadounidenses, según el acuerdo, irán destinados a proyectos relacionados con la extracción de materias primas, turismo y educación y serán los groenlandeses, junto con los estadounidenses, los que decidan exactamente cómo y cuándo gastar el dinero. Pero las voces que señalan una doble intención de Trump en un territorio en el que China y Rusia reclaman su parte del pastel no dejan de crecer.

Nada más hacerse público el acuerdo entre Washington, Nuuk y Copenhague, la oposición danesa, a derecha e izquierda, estalló en tropel. Los ultraderechistas del Partido del Pueblo Danés (DPP) creen que el pacto es “insultante”, según declaró el diputado Soren Espersen al diario Altinget. Los socialistas, también en la oposición, creen que el acuerdo es “extremadamente provocativo” y que lo único que persigue es generar crispación en las relaciones entre Copenhague y Nuuk por las que, si bien hay una gran autonomía política, económicamente hay cierta dependencia.

Groenlandia, cuya economía se basa casi exclusivamente en la pesca, recibe anualmente 576 millones de euros de Copenhague, lo que representa dos tercios de sus finanzas. Con el pacto con EE UU, algunos diputados en el Folketing (Parlamento nacional) han lanzado la voz de alarma y vaticinan que Groenlandia poco a poco se irá alejando de Copenhague para alinearse con sus nuevos socios estadounidenses. “Tenemos que aclarar si ellos [EE UU] pagan ahora y nosotros [daneses] estamos en deuda mañana”, dijo la diputada groenlandesa en Copenhague Aaja Chemnitz Larsen. Muchos en el Folketing opinan que nadie da un cheque en blanco y que Washington acabará imponiendo sus condiciones. Un alto funcionario de la Casa Blanca citado por el Financial Times aseguró, sin embargo, que EE UU ya no planea comprar Groenlandia.

Poco después de aquella crisis diplomática desatada el pasado verano entre ambos socios de la OTAN en la que Trump llegó a cancelar de la noche a la mañana una visita oficial a Copenhague, Washington inició una serie de discretos movimientos para seducir a Groenlandia. Mandó a una delegación al territorio helado —el 80% de su superficie está cubierta de hielo— para proponer ciertas inversiones en infraestructuras como carreteras y aeropuertos.

En noviembre, Copenhague dio luz verde la reapertura en Nuuk por primera vez desde los años 50 del consulado estadounidense, un movimiento que se acaba de hacer oficial. La oficina diplomática se alojará en una base militar en la capital groenlandesa —EE UU cuenta ya con otra base aérea en Thule, al noroeste del territorio— y el nuevo cónsul se trasladará desde Copenhague una vez que las medidas para evitar la propagación del coronavirus lo permitan. Groenlandia tiene una representación diplomática en Washington desde 2014.

Rusia y China

El interés por la influencia en el Ártico crece entre las principales potencias mundiales. La embajadora estadounidense en Dinamarca, Carla Sands, ha alertado en un comunicado esta semana que, pese a la política de “baja tensión” que ha mantenido desde los años 90 el Consejo Ártico (la asamblea con presencia de los países del Norte) en el territorio, ahora surgen “nuevos desafíos”. Y pone a China y Rusia como ejemplo.

Moscú está dando mucho peso a su estrategia militar en el Ártico reabriendo bases de la Guerra Fría y estableciendo un nuevo comando Ártico, revela la diplomática. Y Pekín, continúa, se llama a sí mismo “un Estado cercano al Ártico”, pese a la distancia que les separa. “China busca establecer la Ruta de la seda polar” a través del desarrollo de rutas marítimas que emergen en el polo Norte como consecuencia del calentamiento global.

Madrid / Copenhague - 24 abr 2020 - 8:31 COT

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 El presidente estadunidense, Donald Trump, su esposa Melania y colaboradores guardan un minuto de silencio, el miércoles pasado en la Casa Blanca, en honor de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001.Foto Ap

Politico lanzó una bomba, basado en la FBI, sobre “el probable espionaje de Israel descubierto durante la presidencia de Trump, según altos funcionarios de EU (https://politi.co/2kIzn70)”.

Daniel Lippman enuncia que "el gobierno (sic) de EU concluyó que en los pasados dos (sic) años Israel se encuentra probablemente detrás de la colocación de instrumentos de vigilancia de los celulares que fueron hallados cerca de la Casa Blanca y en otros sitios sensitivos (sic) alrededor de Washington, según tres anteriores altos funcionarios de EU". Peor: "La administración de Trump no increpó al gobierno de Israel y no existieron consecuencias para la conducta de Israel".

Los instrumentos de vigilancia en miniatura, los “StingRays –que pueden capturar el contenido de las llamadas y el uso de datos–, mimetizan las regulares torres celulares para engañar a los teléfonos celulares al proporcionarles locaciones e información de identidad”. Trump fue espiado con sus principales ayudantes y más cercanos asociados como Steve Wynn, Sean Hannity y Rudy Giuliani.

Según Lippman, "funcionarios del Departamento de Seguridad del Hogar (DHS, por sus siglas en inglés) descubrieron los instrumentos de vigilancia en Washington". La FBI y otras agencias de espionaje de EU se basaron en un "análisis forense detallado" y concluyeron que los "agentes israelíes colocaron los instrumentos" cuando "varios de los agentes trabajaron al más alto nivel del espionaje y en puestos de seguridad nacional" de Israel. Para la FBI, la NSA y a veces la CIA, al unísono del DHS y el Servicio Secreto, fue "bastante claro que los israelíes eran responsables".

Dos puntos a considerar, y no es que haga la apología del atribulado Netanyahu ni de Israel ni de sus fétidos métodos de espionaje: 1) el escandaloso reporte de la FBI puede pertenecer al continuo golpeteo de esa agencia en su etapa aciaga de Mueller/Comey/McCabe, pero la convergencia de otras agencias superiores de espionaje –NSA y DHS, además de un sector de la CIA y del Servicio Secreto– concede un alto grado de probabilidad; y 2) ¿para qué desea Netanyahu instalar un riesgoso sistema de espionaje, si tiene de supremo aliado a Jared Kushner, el yerno talmúdico de Trump y pupilo de Kissinger? Ya en 2014, un documento de la NSA –filtrado por Edward Snowden– "acusó a Israel de espiar a EU": los "israelíes son extraordinariamente buenos socios de nosotros" mediante las Señales de Inteligencia (Sigint), pero, por otra parte, "nos espían para conocer nuestras posturas en los problemas de Medio Oriente". Documentos del NSA expusieron en 2013 la estimación de espionaje nacional sobre las amenazas cibernéticas y colocaron a Israel como “el tercer servicio de espionaje más agresivo (megasic) contra EU, solamente detrás de China y Rusia (https://bit.ly/2lMWJZE)”. ¡Qué fuerte!

El atribulado premier israelí se defiende como gato bocarriba y lo niega rotundamente: "el reporte es una fabricación total". El problema con el mendaz Netanyahu es que se la pasa fabricando la inexistente bomba nuclear de Irán (https://bit.ly/2lNvw9a). Trump salió en defensa relativa (sic) de su supuesto aliado y comentó que el reporte era inverosímil, ya que "su relación con Israel ha sido estupenda", pero agregó que “todo es posible (https://bit.ly/2kgBgI5)”. La frase "todo es posible" forma parte del léxico de vida de Trump, quien es congénitamente desconfiado.

Como Bajo la Lupa no cree en Santa Claus, llama poderosamente la atención que el reporte haya sido difundido en sincronía con la humillante defenestración del piromaníaco ex asesor de Seguridad (sic) Nacional de Trump a quien le estaba poniendo en riesgo su relección, como señalé seis días antes a su sonora expulsión (https://bit.ly/2m11hM9). Netanyahu cometió tres graves errores: ligar su suerte a la de Bolton, pasarse de listo y traicionar a Trump quien le toleró todas sus supremacistas anexiones irredentistas: Jerusalén del Este, las Alturas del Golán de Siria y el Valle del Jordán.

¿Arrastra(rá) el cadáver de Bolton a Netanyahu?

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