Sábado, 20 Julio 2019 06:06

Puerto Rico: El otro huracán

Puerto Rico: El otro huracán

Protestas, quinto día. Quiso el azar que viviera este episodio histórico. Todavía siguen sumando participantes, en lo que se estima la marcha más grande en la historia de Puerto Rico, con unas 500 000 personas, indica la prensa local. Varias veces más que la cifra de la legendaria protesta contra la presencia de la Marina de Guerra de los EUA, del año 2000, a favor de la paz de la pequeña isla de Vieques.

Mientras el pueblo exige la renuncia del Gobernador Ricardo Rosselló, el Centro de Periodismo Investigativo (CPI), revela el entramado de la red multimillonaria de corrupción, a niveles insospechados, entre el mandatario y su círculo íntimo de allegados.

El patrón inmoral de los gobiernos de Puerto Rico, desató la repulsa popular, por haberse manifestado tras el devastador huracán María de septiembre de 2017. Demasiado reciente la muerte por abandono de 4 645 personas, el total desahucio de los habitantes de la isla y la emigración compulsada por el desastre, de unas 200 mil personas por falta de los servicios básicos, trabajo y vivienda, no recuperados hoy en su totalidad.

Dolor e impotencia para quienes aún lloran a sus muertos. Una afrenta para la gran mayoría al leer -la semana pasada- fragmentos revelados sobre un chat de Telegram entre el mandatario y sus acólitos. Un chat que forma parte de una vendeta entre ellos, contentivo de expresiones misóginas, sexistas, homofóbicas, machistas, contra personas en específico y situaciones que vive el pueblo. Incluyendo a “los muertos de María”, para quienes tenían dispuestos a sus cuervos, dicho con esas palabras.

Al publicar en su totalidad, las 889 páginas del chat, detonó el descontento. Otro huracán, otro velo descorrido como el de María. Queda así al descubierto, el verdadero carácter de quienes dirigen la isla desde La Fortaleza y el Capitolio de Puerto Rico y es, quizá, sólo la punta del iceberg. Ahora comienzan las investigaciones acerca de la venta de influencias, contrataciones y obtención de beneficios en el Gobierno, en medio de la peor crisis fiscal de su historia con una Junta de Control impuesta. Son los acreedores cobrándole al pueblo por la corrupción gubernamental. Las operaciones comunes -en el marco de una manera ilícita de gobernar- implican “plantar personal interno y contratistas externos en puestos clave de asesoría y comunicaciones en las agencias públicas, para controlar la información. Compartir datos privilegiados sobre contrataciones de gobierno para beneficiar a clientes privados a cambio de comisiones y pagos”, indica el CPI.

La marcha más grande del quinto día de protestas, convocada por los artistas para pedirle la renuncia al gobernador Ricardo Rosselló, terminó con encontronazos entre la Policía y los manifestantes. Criminalizados a través de la historia, “los cuatro gatos” de todas las marchas, se convirtieron en miles. Fue necesario plantar agitadores, denuncian participantes en la marcha, desde sus cuentas en las redes sociales. Los “encubiertos” que están en medio de la expresión de rabia incontenida e inmadura, de algunos manifestantes, pudieron provocar la revuelta que ha sido disipada por la policía con gases lacrimógenos, disparos de balas de goma y arrestos. Mientras tanto un equipo élite de SWAT (en inglés: Special Weapons And Tactics, Armas y Tácticas Especiales) salvaguarda al Gobernador, para cualquier disposición sobre su persona.

Mientras aún sucedían los enfrentamientos, alrededor de la una de la mañana, unos cuatro mil motociclistas entraron en caravana hasta La Fortaleza. Convocados por el ambientalista «Rey Charlie» y animados por la canción “Preciosa”, llegaron, tras pasar por varios residenciales públicos de la capital, donde la gente salió a vitorearlos. A este grupo se sumó el artista urbano René Pérez, Residente. «Si él se cree que esto se va a quedar aquí cuando yo me vaya o cuando cualquier otro artista se vaya, nosotros vamos hablar. Lo que hizo a Ricky Roselló, de burlarse de su familia, de burlarse de todo. Lo corrupto que es, todo el equipo de trabajo que estaban robando y lavando dinero, lo que pasó con el huracán María y la insensibilidad. No es solo por el chat, es el trato y el ejemplo que nosotros como puertorriqueños no podemos dar, de que cualquier gobierno venga a deshacer, el pueblo no quiere que esté y ellos se quedan».

La televisión informó, que los participantes de la caravana de motociclistas, lograron negociar para que apartaran los autos de la policía que en estricto control, impedía su paso, ante el reclamo popular. René Pérez, junto a Ricky Martin, Bad Bunny, Tommy Torres, Karla Monroig y Benicio del Toro, entre otros artistas, hablaron a los manifestantes en horas de la tarde y la noche frente al Capitolio, incitándolos a marchar y a exigir la renuncia de Rosselló.

Ricky Martin: “No saben que somos semillas. Los cadáveres de los que se mofaron, y de nosotros de toda la isla. Por eso estamos aquí hoy. Esos supuestos líderes no nos representan. Somos un pueblo grande, nos levantamos todos los días. Los líderes son tan mierdas que no podemos caer en eso. Más de cuatro mil muertos están con nosotros. Gracias por estar aquí, Puerto Rico”.

Rene Pérez, Residente: “Esas banderas arriba para que todos los vean, hoy estamos acá unidos por una bandera. Somos todo un pueblo unido contra la corrupción y Ricky Roselló. Tenemos que mantenernos luchando todos los días. Tenemos que darles el ejemplo que los sacamos pal carajo. Es una falta de respeto a todas las comunidades, a la gente de Puerto Rico, a quienes fallecieron durante el huracán María. Tenemos que defendernos. Que nos respeten como país, estamos haciendo historia. Puerto Rico siempre ha estado de pie. No podemos dejar de manifestarnos”.

Desde varias partes del mundo, Puerto Rico ha sido objeto de apoyo solidario de sus emigrados. En Estados Unidos, España, Ecuador, Holanda, Eslovenia, Sudamérica y otros países europeos, se unieron a la petición de renuncia al gobernador. Algo inédito fue la petición de un grupo de soldados boricuas, desde las filas de Ejército Norteamericano, quienes se exponen a suspensión por usar sus uniformes en la manifestación.

El mandatario norteamericano, “Donald Trump barre el piso con gobierno de Puerto Rico – comenta así Jay Fonseca, un afamado periodista puertorriqueño de la televisión-, vean esto, critica los fondos dados a Puerto Rico y que el Congreso no nos debió dar todos esos fondos. Eso sí es violencia, quedarse en la gobernación sabiendo que cada minuto que sigue allí afecta los fondos que llegan a la Isla tras los arrestos en ASES- Administración de Seguros de Salud- y Educación que afectan a los más vulnerables directamente”.

Unido a este desgobierno, se suma la insuficiente respuesta de la administración de los Estados Unidos. Causa ¿subyacente? de la condición colonial de Puerto Rico.

Puerto Rico no es soberana, ni se integra plenamente en los Estados Unidos. Desde 1898 ha permanecido como un «territorio no-incorporado», “parte de, pero no pertenece a”. Son ciudadanos norteamericanos elegibles para el reclutamiento desde 1917, pero no gozan de los mismos derechos políticos que los estadounidenses.

El índice de pobreza en Puerto Rico duplica al de Mississippi, el estado más pobre de los Estados Unidos. Expuestos a la opinión pública tras los fuertes vientos del Huracán María, mostraron al mundo al 56 por ciento de sus niños, que viven en las islas por debajo de la línea de miseria, comparado con el nivel federal. También por eso, la protesta es su Extremaunción y se puede administrar más de una vez, siempre que el enfermo se encuentre grave. Se avecinan días intensos, dicen todos por aquí.

19 julio 2019

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La exguerrillera e historiadora nicaragüense Dora María Téllez, en Managua.

La exguerrillera e historiadora nicaragüense repasa el legado y la deriva de la revolución sandinista, en la que participó activamente, a los 40 años de su triunfo

 

Dora María Téllez (Matagalpa, 1955) era Comandante 2 cuando con solo 22 años participó, como tercera al mando, en la toma del Palacio Nacional de Managua, el 22 de agosto de 1978, uno de los golpes con los que el Frente Sandinista de Liberación Nacional aceleró la caída de la dictadura de Anastasio Somoza. Un año después, Téllez lideró la toma de León, la primera ciudad en caer del lado sandinista antes de la entrada victoriosa en Managua, el 19 de julio, un triunfo del que este viernes se cumplen 40 años. Una algarabía, la que produjo entonces la revolución sandinista, en las antípodas de la deriva autoritaria que ha alcanzado el régimen de Daniel Ortega cuatro décadas después.

Téllez rompió hace más de dos décadas con el otrora admirado líder y junto a otros sandinistas como el escritor Sergio Ramírez fundaron el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), que el orteguismo ha perseguido hasta la saciedad. Desde la rebelión de abril del año pasado, se ha visto obligada a resguardarse en al menos seis casas de seguridad, después de que su casa fuese allanada. A través de Skype, la exguerillera e historiadora asegura que este viernes, ante la prohibición de Ortega de salir a manifestarse, junto a miles de personas cerrará su casa en señal de protesta. “Un portazo a la dictadura”.

Pregunta. ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando piensa en la revolución?

Respuesta. Los nicaragüenses invertimos muchísimo esfuerzo, trabajo y sangre para derrocar la dictadura de los Somoza y, evidentemente, los procesos de democratización fueron insuficientes porque volvió a instalarse otra dictadura. Una dictadura forjada en la matriz propagandística de la revolución sandinista. Digo la matriz propagandística porque no tiene nada que ver con el sandinismo lo que está sucediendo. Tiene que ver con un adefesio que se llama orteguismo, una maquinaria de poder político que ha ocupado el Frente Sandinista, un partido que no pudo conformarse como una formación con vocación democrática jamás.

P. ¿Qué queda de la revolución?

R. Las revoluciones no son eternas, esta terminó en 1990. El legado principal está en la cabeza de las personas, en la conciencia de la ciudadanía, que es lo que produce la rebelión de abril del año pasado

P. ¿Qué tuvo de particular la revolución sandinista?

R. Fue heroica en el sentido de que se enfrentó a una dictadura que tenía 30 años y que había sido sólidamente respaldada por Estados Unidos. Era una lucha desigual. Además, se trataba de una revolución triunfante desde la perspectiva de los movimientos de izquierda que habían venido creciendo desde los años sesenta. Coincidió con esta generación que participó en las acciones del 68 en Europa y que tenía en el imaginario cambiar el mundo en África, en Asia, en América Latina. Además, está la imagen de Sandino, que había tenido un correlato importante en materia de respaldo internacional. Lo otro novedoso fue el vínculo de la revolución sandinista con una corriente del cristianismo que había tomado mucha forma después del Concilio Vaticano Segundo, que tenía que ver con toda esta opción por los pobres.

P. ¿Cuáles fueron los grandes errores de los líderes de la revolución?

R. El primer punto es que la revolución no hizo una crítica a profundidad del sistema político que derrotaba. La izquierda en los años setenta y ochenta era una izquierda que veía las cosas de la manera siguiente: tenía un compromiso con los pobres, con la justicia social, no era una izquierda que tuviese un enfoque de género, vamos a decirlo así, o un enfoque medioambiental. Esos no eran temas siquiera. Era una izquierda enfocada hacia la justicia social y los pobres, pero el compromiso democrático no estaba desarrollado simplemente. Cuando triunfa la revolución, no está hecha la crítica al modelo político. La evidencia está en que en la Constitución de 1987 reproduce el modelo autoritario que ya tenía la dictadura de los Somoza. Al final, la matriz autoritaria en materia política fue muy fuerte. Yo creo que la no comprensión de eso fue un asunto sumamente clave, sobre todo, en el campo, que después engrosó las filas de la contrarrevolución.

P. ¿Siente que se dio cuenta demasiado tarde de esa falta de crítica?

R. Yo no sé qué cosa es demasiado tarde. Para nosotros este es un debate que llega a su punto crítico en 1990, pero que se venía haciendo desde antes. Ya en 1994 vemos que no había nada que hacer, que todos estos planteamientos estaban siendo completamente rechazados por una maquinaria dominada por Daniel Ortega.

P. ¿Por qué Ortega se convierte en la figura de la revolución cuando en la dirección del Frente había nueve personas, la mayoría más preparadas?

R. Hay gente que dice que porque se consideraba que Ortega era el menos riesgoso. La verdad es que la tendencia tercerista fue hegemónica en la lucha contra la dictadura y Ortega estaba a la cabeza de esa tendencia junto con Humberto, su hermano. Era lógico que siendo hegemónica, al triunfo de la revolución, estuviera representado en la Junta de Gobierno y de ahí derivó a la presidencia. Ese no fue el problema, porque hay muchos presidentes que no desarrollan el modelo de Ortega. En su caso, después de la derrota electoral [de 1990], comenzó un manejo deliberado de su personalidad que luego se extendió a la familia.

P. ¿Cree que se deben investigar los desmanes y excesos que pudo haber en la revolución?

R. Creo que este es un país que tiene heridas. No solo de esa época, sino desde mucho antes. Este es un país que va pasando la página, pasando la página, pasando la página y la pasada de página no logra resolver el problema. Tiene que haber una comisión de la verdad que abarque desde 1950 a la fecha. Lo que estamos enfrentando ahora es la consecuencia de una falta profunda de cultura democrática en el país. Ortega, con su Ley de Amnistía, está funcionado como en el año setenta, va a pasar la página. Esta es la primera vez en la historia de Nicaragua que una rebelión reivindica la justicia. Nunca se ha hecho y yo creo que ese es un hecho notable y valiosísimo, que no se pase la página. Si quiere revisar para atrás, pues que revise, yo creo que cada generación se coloca frente a los de atrás como le dé la gana. Cada quien que enfrente sus responsabilidades. Es importante que se acabe el juego de pasar página.

P. ¿Qué queda del sandinismo?

R. Del sandinismo quedamos los sandinistas, que estamos luchando contra el orteguismo. El Movimiento Renovador Sandinista está en frontal oposición a Daniel Ortega desde hace ya 16 años. Donde no queda sandinismo es en el Frente Sandinista, ahí sólo queda el orteguismo. Ahí el sandinismo quedó completamente vaciado de contenido. Lo que hay es un Frente Orteguista en realidad.

P. ¿En qué le cambió la revolución?

R. Fue un aprendizaje. El haber pasado por la lucha armado ha hecho que quienes estuvimos en la revolución defendamos a fondo el que esta revolución de abril [de 2018] sea cívica. . Yo soy lo que he vivido. Yo ni huyó, ni reniego, ni me arrepiento ni tampoco tengo nostalgia del pasado.

P. ¿No se arrepiente de nada?

R. No, mi vida no la vivo en arrepentimientos. Más bien, si considero que cometí un error, veo cómo rectificarlo, pero el arrepentimiento es de la gente que se queda con los brazos cruzados, pero no cambia.

México 19 JUL 2019 - 01:47 COT

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Sí se puede: mujeres derrotan la minería a gran escala

El proyecto minero Río Blanco, en la provincia de Azuay, sur de Ecuador, de la empresa china Ecuagoldmining, lleva un año paralizado por la resistencia comunitaria y, muy en particular, por la acción de las mujeres.

La comunidad de Río Blanco pertenece a la parroquia de Molleturo, a una hora de la ciudad de Cuenca, en el Parque Nacional Cajas, un ecosistema de páramo donde se multiplican los nacimientos de agua y se contabilizan casi 300 lagunas.

La mina fue concedida por el gobierno de Rafael Correa que la consideraba parte de cinco proyectos estratégicos para el país. En este yacimiento existen 605.000 onzas de oro y 4,3 millones onzas de plata, con una producción estimada de 240 mil toneladas de mineral al año. La vida útil está calculada en once años. Entró en funcionamiento en 2016 en un acto presidido por el entonces vicepresidente Jorge Glas, hoy preso por corrupción.

La empresa viene provocando enfrentamientos entre y dentro de las comunidades mediante la compra de líderes, la utilización de seguridad privada que genera violencia y cuenta con protección policial y militar. Desde agosto de 2017 se registra una fuerte movilización de las comunidades de la zona de Rio Blanco, con acampes de comuneros a la entrada al campamento minero.

El 8 de mayo de 2018, los comuneros organizados quemaron gran parte del campamento de la mina, instalaciones y maquinaria incluidas, aplicando una decisión de decenas de comunidades de la zona. Instalaron un puesto de control que impide el acceso de las volquetas y de todo personal de la empresa permitiendo el tránsito solo para los pobladores de esta zona. La justicia aceptó una demanda de las comunidades y paralizó el proyecto.

En la ronda donde la comunidad San Pedro de Yumate va explicando su historia de resistencia, a casi 3.000 metros en tierras húmedas semi-tropicales, las mujeres son las más activas. Desde mamá Laureana, partera de 74 años que asistió más de 200 nacimientos, hasta jóvenes como Yoana, de 20, que carga a su pequeña que quiere integrarse a la ronda.

“Ya no confiamos en los hombres”, dice una de las comuneras. Explica que cuando las comunidades de Kimsacocha, la otra gran resistencia en la provincia, organizaron un referendo para decidir sobre el proyecto Loma Larga, el 86% se pronunciaron en contra. Se votaba en mesas de varones y de mujeres. Las primeras lucían raleadas y el voto contrario osciló entre el 50 y el 60% de las papeletas. En las mesas de mujeres, se registraron índices negativos que superaron holgadamente el 80%. Ellos sueñan con trabajo. Ellas con preservar la vida.

Algo similar sucede en la ronda que se va formando en torno al fogón. De los 30 integrantes, casi 20 son mujeres. Ellas se afanan moldeando la masa, armando empanadas y dorándolas en aceite hirviendo, mientras otras cocinan agua de hierbas. En una esquina de la ronda, los varones hablamos, explicamos, analizamos y en ocasiones decimos lo que debe hacerse. Ellas ni nos miran, sólo hacen lo importante, dejando el parloteo a los varones.

Uno de los mayores de la comunidad reconoce: “Nosotros vamos atrasito de ellas, nomás”. Ellas son las “pachamamas”, como se nombra a las integrantes del Frente de Mujeres Defensoras de la Pachamama, creado hace más de una década con mujeres de las parroquias Victoria del Portete, Tarqui y Molleturo (a la que pertenece Yumate), y también de la ciudad de Cuenca.

Ellas son la punta de lanza de la lucha en defensa del agua. Uno de los “analistas” que nos juntamos en una esquina, explica quenla lucha de estas mujeres comenzó en realidad hace 23 años y las más activas, el núcleo del combate, son las comadronas, porque conjugan autoridad simbólica y saberes ancestrales.

En este campamento, debajo de los plásticos negros que protegen de la humedad y la lluvia, un joven de sombrero rojo y nombre Paul explica que en dos meses comenzará a funcionar el “colegio autónomo Río Blanco”, con docentes voluntarios, porque “las empresas utilizan las escuelas para adoctrinamiento minero”. Asegura que la autonomía es el camino, que lo aprendió en un lugar lejano de nombre Chiapas, donde se dirigió luego de escuchar, durante noches heladas, el mensaje de las lagunas del páramo de Cajas.

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Protestas en el Reino Unidos contra la "crisis climática"

Los activistas de Extinction Rebellion bloquean cinco ciudades en el primer día de una semana de manifestaciones

 

Los medioambientalistas de Extinction Rebellion comenzaron su “summer uprising” (insurrección del verano) con bloqueos en cinco ciudades británicas: Londres, Cardiff, Leeds, Bristol y Glasgow. La manifestación causó embotellamientos y desvíos del tráfico, y es el primer acto de una semana de protestas contra la “crisis climática”.

El grupo ambientalista saltó a la fama internacional en abril de este año cuando ocuparon y bloquearon cinco lugares céntricos de Londres durante una semana de resistencia civil pacífica, que terminó con un saldo de más de mil personas detenidas por presunto “vandalismo”.

Más allá de la acción policial, las protestas, acompañadas por manifestaciones en unas 80 ciudades de 33 países, llevaron al parlamento británico a declarar la emergencia climática y añadieron unos 30 mil militantes a las filas del grupo, junto a un considerable aumento de donantes para la causa climática.

Rebelión contra la Extinción (Extinction Rebellion, abreviado como XR) exige que el gobierno británico evite nuevas pérdidas de biodiversidad y se comprometa a un cero crecimiento de gases de invernadero para 2025.

Bloqueo a la Corte Real de Justicia

Hoy unos 250 activistas bloquearon la Corte Real de Justicia en el centro de Londres luego del anuncio de que serían llevados a la justicia los más de 1000 militantes detenidos en la protesta de abril, considerada la más importante expresión de desobediencia civil en décadas. Una portavoz del grupo fue lapidaria con el gobierno. “La declaración de emergencia del medio ambiente no llevó a nada concreto. Estamos aquí para recordarles que las acciones hablan mucho más que las palabras”, dijo.

En la ciudad universitaria de Bristol, otrora puerto de tráfico de esclavos, los manifestantes cerraron el puente y planean ocuparlo durante el resto de la semana. En la capital de Gales, Cardiff, las calles del centro fueron bloqueadas en medio de asambleas para discutir la emergencia climática.

En la norteña ciudad inglesa de Leeds, se armaron carpas en otro Puente, el Victoria Bridge, una de las principales arterias de transporte de la ciudad.

Una percepción sombría

Entre los manifestantes la percepción del futuro es sombría. “Estoy participando porque soy padre y no quiero que mis hijos terminen en medio de un colapso social. Si uno lee lo que dicen los científicos, estamos avanzando en ese camino”, señaló Roc Sandford, de 61 años.

Un informe publicado la semana pasada reveló que Londres tendrá la temperatura de Barcelona en tres décadas y Madrid la de Marrakesh, mientras que una de las capitales más frías de la Unión Europea, Estocolmo, se parecerá a Budapest.

En el actual, pálido verano de Londres sería a primera vista un progreso en la vida cotidiana salvo por el hecho de que vendría acompañado por inundaciones, cambios en el suelo que afectarían la estabilidad de las casas, escasez alimentaria y otras transformaciones para las que el Reino Unido, según un reciente informe parlamentario, “no está para nada preparado”.

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El paro de docentes en Chile entra en su sexta semana, ¿qué piden los profesores?

Este lunes se instaló un nuevo diálogo con el Ministerio de Educación, pero los educadores mantienen la medida con movilizaciones en la calle.

 

Este lunes, el Colegio de Profesores de Chile ha entrado en la sexta semana de un paro docente que se prolonga ya desde el pasado 3 de junio. 

La principal novedad es que se reanudó el diálogo entre los dirigentes del Magisterio y el Ministerio de Educación, tras una convocatoria realizada por esa cartera del Estado al presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar.

Así, el diálogo se reanuda, manteniendo las movilizaciones en las calles, luego de una respuesta desfavorable por parte del Ministerio de Educación, el pasado 28 de junio, a las demandas de los maestros.

Los docentes, entre otras cosas, reclaman soluciones a los problemas de infraestructura de los colegios, el pago de bonos a educadores en edad de jubilación, una solución a la deuda histórica que tienen con el sector y el rechazo a la modificación curricular.

1. Estado de los planteles

De acuerdo a una nota de prensa del Colegio de Profesores de Chile, los docentes piden buscar soluciones a serios problemas que enfrenta la educación, como "colegios con plagas de ratones, deterioro severo en la infraestructura, clases en salas con temperaturas extremas y carencia de insumos básicos".

De acuerdo al Magisterio, estas son "graves situaciones" que hacen de algunas escuelas "lugares poco acogedores y hostiles, lo que termina dificultando severamente la obtención de buenos aprendizajes".

2. Modificación curricular

Los docentes rechazan "la aberrante modificación curricular" que se anunció en mayo pasado que contempla la eliminación de Historia, Educación Física y Arte como asignaturas obligatorias para tercer y cuarto curso de la educación media (bachillerato).

3. Deuda histórica

"La deuda histórica es una enorme injusticia con nuestros colegas más antiguos", dice la nota del Colegio de Profesores.

Según explica el texto, este problema "surge por el desconocimiento por parte del Estado al reajuste salarial, que desde 1981 deberían haber recibido los profesores por concepto del Decreto Ley 3551, que estableció una alza de hasta un 90 % del sueldo base para todos los funcionarios públicos".

Sin embargo —dice el documento— luego del traspaso de las escuelas y liceos públicos a los municipios, el reajuste acordado fue desconocido por los nuevos sostenedores y los docentes no recibieron este beneficio, "dañando sus ingresos mensuales y más tarde sus pensiones".

4. Bonos

El Magisterio demanda el pago de bonos a la mención de educadores diferenciales (especiales) —94 % de ellas mujeres— y de párvulos.

Al respecto, el subsecretario de Educación, Raúl Figueroa, informó a la prensa que el Ministerio de Educación no cuenta con los recursos para entregar un bono a estos educadores.

Otro demanda que tienen es la agilización del bono al incentivo al retiro para profesores que están en edad de jubilación.

Según el Ministerio de Educación, tras las movilizaciones, se dará uno ahora en julio y el otro en enero de 2020.

5. Estabilidad laboral

"La precarización del trabajo docente se expresa también en las formas de contratación", dice un documento del Colegio de Profesores.

El Magisterio explica que hay dos formas en las que se expresa la inestabilidad laboral de los educadores. Una es el denominado "docente a contratas" que, comentan, "consagra una odiosa discriminación a quienes cumplen iguales funciones y responsabilidades que los titulares". Según los manifestantes, hay casos de profesores con 20 años en esa injusta condición de contrata.

La otra modalidad es la de "dobles contratos", que se hacen con un mismo empleador, argumentando "extensiones horarias bajo la modalidad de contrata".

6. Doble evaluación docente

Los educadores, además, piden poner fin a la doble evaluación docente.

En un documento, explican que en la actualidad los docentes son sometidos a dos procesos de evaluación regulados por dos sistemas distintos: la Ley 19.961 (sobre evaluación docente "docentes más") y la Ley 20.903 (Carrera Docente).

"Ambos sistemas de evaluación tienen consecuencia para el profesorado, ya sea despidos o montos salariales", señalan.

La ministra de Educación, Marcela Cubillos, instó a los docentes a volver a las aulas y amenazó, incluso, con no pagar los salarios a quienes mantengan el paro y cortar presupuesto a las escuelas.

Publicado: 8 jul 2019 18:26 GMT | Última actualización: 8 jul 2019 18:55 GMT

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Tsipras: el líder que se alejó de la realidad

El primer ministro griego llegó al poder como una promesa contra los recortes de Bruselas. Cuatro años después, la ciudadanía está decepcionada por sus cambios de guion

 

La tarde del 26 de mayo, triple jornada electoral en Grecia —europeas, regionales y locales—, un equipo de cinco personas analizaba sus propios sondeos en el palacio Maximou, La Moncloa ateniense. Alrededor de Alexis Tsipras y un sanedrín de fieles, cada vez más limitado desde que llegó al poder en 2015, los expertos insistían en la victoria de Syriza, la coalición de izquierda radical: “Vamos ganando… Ganamos… Hemos ganado, sin duda”. Aunque televisiones y medios digitales daban para entonces la versión opuesta —una derrota, por nueve puntos de diferencia, frente a la conservadora Nueva Democracia (ND)—, los analistas de datos no dejaban de cantar victoria. Tsipras, encerrado en el castillo del poder, había perdido definitivamente el contacto con la realidad.

De ese alejamiento ya había dado muestras, por ejemplo ante el incendio mortal de Mati en 2018, e incluso antes, según algunos analistas, cuando en 2015 vivió la traumática ruptura de su partido tras aceptar el tercer rescate y él se hizo más fuerte en una formación que desde entonces se convirtió en su sombra. “Syriza es Tsipras. El partido ha perdido capacidad desde 2015, hoy es más débil que entonces, y cabe preguntarse qué ocurrirá si el domingo [por hoy] perdemos las elecciones por una diferencia mayor que en mayo. No descarto que pueda disolverse”, admite Dimitris Rapidis, consejero de comunicación. En la campaña de su principal contrincante, y favorito en las encuestas, el conservador Kyriakos Mitsotakis, lo resumen con una frase: “Estas elecciones no son una batalla entre Nueva Democracia y Syriza, sino entre Nueva Democracia y Tsipras”.

Con ese marcado personalismo, al jefe del Gobierno griego en funciones se le podría colgar la etiqueta de hiperlíder: aquel que, según la definición del centro de estudios Cidob, reúne unipersonalismo, desprecio al pluralismo y centralidad de la comunicación. Porque no se mueve una hoja sin su permiso en un mandato que comenzó populista, airado, y concluye desdibujado. Un hiperlíder, por definición, tiene rasgos congruentes con el populismo, pero el experimento heleno, que inauguró la tendencia hace cuatro años en Europa, se diluye hoy en el arroyo mainstream, con Syriza cada vez más embebida en el sistema.

Con todo, Tsipras muestra tics que bien podrían considerarse populistas, como su reivindicación de la figura de Andreas Papandreu, el carismático líder socialista de los años ochenta que seducía a propios y ajenos. Pero no todos los analistas están de acuerdo. “Es muy difícil situar a Syriza entre los partidos populistas que vemos en otras partes. La combinación de pensamiento elitista y explotación de las emociones de la masa para ganar poder, las cínicas tácticas usadas para mantenerlo, hacen de él un producto típico de la política griega más que ninguna otra cosa: el exitoso uso del oportunismo y la improvisación que puede funcionar durante un rato pero no aporta nada sustancial al país”, opina el analista Nikos Konstandaras.

Yannis Mavrís, director de la encuestadora Public Issue —que clavó los pronósticos del 26 de mayo y hoy prevé una diferencia del 15% a favor de ND—, considera que Syriza no va a perder ahora porque empezó a perder con el referéndum del sí pero no de julio de 2015: el alarde populista de su mandato, cuando consultó al pueblo sobre las condiciones de Bruselas para el tercer rescate para luego aceptar otro más gravoso. “El bloque más social que sustentaba ideológicamente a Syriza en 2015 empezó a alejarse tras ese volantazo. Su intento de ampliar la base electoral desde entonces, hacia el centro, incluido el desembarco de antiguos cargos del Pasok, no ha dado resultado, porque ha sido un movimiento de cuadros, ajeno a la base. Sus votantes de entonces le reprochan hoy la gestión del rescate y el acuerdo con Macedonia del Norte”. Entre el 60% y el 70% de los griegos rechazan el pacto con Skopje, que selló 27 años de contencioso sobre el uso del nombre Macedonia por la antigua república yugoslava.

“No hay organización política porque ya no tiene epicentro social”, incide Mavrís, que subraya un movimiento muy criticado: reproducir ciertos hábitos de los dos partidos tradicionales, la conservadora ND y el socialdemócrata Pasok, refundado como Movimiento para el Cambio (Kinal, en sus siglas griegas). “Ha habido un trasvase general de sus dirigentes a las estructuras del Estado, es decir, usar la Administración para colocar a sus miembros. La diferencia es que mientras ND y Pasok tardaron décadas en conseguirlo, Syriza lo ha hecho en un corto espacio de tiempo. Syriza ha alumbrado un nuevo sistema neoclientelar”. En la última sesión de la legislatura, en junio, intentó endosar como personal al Parlamento a decenas de empleados públicos, algunos de ellos familiares directos de destacados dirigentes del partido.

De la decena de cuadros de Syriza contactados, responde Kostas Duzinas, que repite candidatura al Parlamento. “Cierto es que hemos cometido algunos errores, por ejemplo de comunicación y capacidad de escuchar, así como cierta bisoñez al inicio, pero podemos decir que, en cualquier sector, Grecia está hoy mucho mejor que en 2015, sobre todo en cuanto al alivio de la crisis humanitaria, porque ayudamos a todos los que lo requerían con urgencia; en el sistema de la salud, en los hospitales… Nos encontramos la caja vacía y la dejamos con superávit, pero la propaganda propala la idea de que no hemos hecho nada bien y de que Tsipras es Satanás”. Corrobora Cristos Simis, secretario general de Comunicación: “Los ciudadanos sabrán discernir y valorar el esfuerzo que hicimos para levantar el país, para dar seguridad a los que no la tenían”.

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Hacia un Nuevo Orden Mundial de la Cultura y la Comunicación

 

Toda organización política (y, por lo tanto, toda organización) debe tener en su “agenda” la problemática histórica actual en materia de Cultura y Comunicación. No es mucho pedir y no hay escapatorias. Ya tuvimos tiempo de sobra para aprender que, entre todas las batallas que la humanidad libra hacia su emancipación, los “territorios” de la Cultura y la Comunicación han sido especialmente colonizados y mayormente plagados con derrotas muy severas.

Pero no se trata de priorizar a la Cultura y a la Comunicación en una “agenda” donde se las entienda exclusivamente como “espectáculo”, “entretenimiento” o “curiosidad”… como suele hacer cierto sector de las oligarquías y sus burocracias. No se trata de fingir, con discursos, que nos ocupa o preocupa la “diversidad” expresiva de los pueblos. No se trata de repetir la mueca clientelista que reparte becas, o subsidios, a los amigos y a los amigos de los amigos. No se trata de convencernos con sesudas disquisiciones academicistas ni convenciones internacionales plagadas con naderías en la práctica. De lo que sí se trata es de habilitar, profundizar y ensanchar el ejercicio de derechos humanos inalienables como son el Derecho a la Cultura y el Derecho a la Comunicación, no sólo en igualdad de “oportunidades” sino, principalmente, en igualdad de condiciones.

Una “agenda” de Cultura y Comunicación para nuestro tiempo, debe interesarse por la democratización de las herramientas de producción, distribución e interlocución del “sentido”. Debe interesarse por el ascenso de una corriente semántica renovada por el fragor de las luchas sociales que en todos los ámbitos (ciencias, artes, filosofías, tecnologías…) viene librando la especie humana para garantizarse un lugar digno en su propio desarrollo y no un lugar de “espectador” sometido por un sector social acaparador e históricamente opresor de las mayorías. Tal “agenda” debe interesarse, (inter, multi y transdisciplinariamente) por erradicar los medios y los modos con que los pueblos han sido infiltrados con “valores” o “antivalores” que sólo convienen el statu quo y que han inoculado núcleos de “falsa conciencia” redituables a la ignorancia funcional, al mundo de la mentira como verdad, al sometimiento de consciencias y al mercantilismo desaforado infectado de individualismo y consumismo.

De las fuerzas políticas actuales (que dicen ser emanación de la voluntad popular o de las clases trabajadoras) no podemos espera menos que un modelo comprensivo y dinámico que, en materia de Cultura y Comunicación, se disponga a corregir las asimetrías en el campo de la disputa por el sentido. Que sepa desarrollar un arsenal de herramientas para la crítica (en todos los “sentidos”) ante la hegemonía de la “Iniciativa Privada”; contra el burocratismo clientelista y contra el silenciamiento de las comunidades semánticas más variadas que, además de diversas, son mayoría abrumadora. Que, además de las herramientas para la crítica ponga al alcance de todos los cuerpos legales, las fuentes metodológicas, los espacios de formación, las herramientas de producción, las infraestructuras de transmisión, los modelos de evaluación y la dinámica de la retroalimentación. Abiertas, participativas, auto gestionadas, autónomas y de revocabilidad consensuada desde las bases. Para empezar.

No es posible aceptar políticas de Cultura y Comunicación sin consultas desde las bases y desde la historia. No es aceptable abandonarse a los caprichos del mecenazgo, no es recomendable aspirar al mundo feliz de las “industrias culturales” reproductoras de la lógica de la mercancía en el campo de las ideas y las emociones sociales. Cultura y Comunicación no son mercancías, son Derechos Humanos Fundamentales y al Estado compete su desarrollo, ensanchamiento y profundización. O será nada.

Una organización política que en su “agenda” no contenga, como prioridad de corto plazo, el desarrollo de una Política de Cultura y Comunicación, descolonizadora y transformadora, debe revisarse a fondo contrastándose con los hechos duros y crudos que han venido amenazando a las democracias en las décadas recientes, tal como lo advirtió el Informe MacBride de 1980. No es que falten casos ejemplo, autores denunciantes ni amarguras realmente existentes en el escenario actual donde la Cultura y la Comunicación han sido secuestradas por los poderes monopólicos trasnacionales. Lo que sí está faltando es la decisión política de fuerzas organizadas, con mandato de la clase trabajadora, para desplegar una experiencia nueva y renovadora atenta a las exigencias de los tiempos actuales y del futro inmediato.

“Se requieren nuevos discursos y enfoques que sirvan de referencia a las políticas culturales” ya reclamaba Irina Bokova de la UNESCO. En su reclamo, desde luego están las exigencias cualitativas y cuantitativas, están las consideraciones administrativas y de gestión gubernamental, además de estar a expectativa geopolítica acentuada en una visión Sur-Sur. Y lo que está faltando es la ordenación de las acciones que garanticen un cambio de paradigmas, a fondo, por cuanto compete a la comprensión teórica y práctica de la Cultura y la Comunicación no sólo como expresiones “reflejo”, “espejo” del pensar y el “sentir” social sino como instrumentos para la acción transformadora directa. Hay que romper con resabios y taras de las “culturas” desarrolladas por los colonialismos para contar con pueblos mansos y tributarios de la riqueza para los “amos”.

Hace falta sepultar a la andanada mercantilistas creadora de las “culturas” de la adicción (como el alcoholismo, la farmacodependencia y todas las adicciones autodestructivas). Hay que romper con todo lo que oprime y deprime a los pueblos, obligándolos a resignarse a una cultura de esclavo, a una moral de súbditos y a una estética colonizada que derivan siempre en beneficios comerciales para las clases opresoras. Eso le falta a las Políticas de Cultura y Comunicación que han de nacer en esta etapa y en el seno de las organizaciones políticas que quieran ser respetadas por su respeto histórico a las luchas de sus pueblos. Cultura y Comunicación para la emancipación. Nuevo orden.

 

Fuente: Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

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La ciencia y la urgencia de la labor revolucionaria

 

En la base de todos los problemas históricos, nacionales, religiosos y políticos está siempre el problema económico, el más importante, y esencial de todos, no solamente para los que trabajan, sino también para toda las demás clases, para el Estado y para la Iglesia. La riqueza ha sido siempre, y sigue siendo, la condición necesaria para la realización de todo lo humano: la autoridad, el poder, la inteligencia, el conocimiento, la libertad… Hasta tal punto es esto cierto que la más idealista de las Iglesias del mundo -la cristiana-, que predica el desprecio de los bienes terrenos, tan pronto como consiguió hacer desaparecer el paganismo y cimentó su propio poder sobre las ruinas de peste, dedicó toda su energía a la adquisición de riquezas.

El poder político y la riqueza son inseparables. Los que tienen poder disponen de medios para adquirir riqueza y tienen que orientar todos sus esfuerzos a adquirirlos, pues sin ella no podrían retener aquél. Los que son ricos deben hacerse fuertes, pues, si carecen de poder, corren el riesgo de verse privados de sus riquezas. Los trabajadores han careado siempre de poder porque han sido pobres, y han sido pobres porque carecían de un poder organizado. Por ello, no es de extrañar que, de entre todos los problemas con que se enfrentan, hayan visto y vean como primero y más importante el problema económico, el de ganar el pan.

Los trabajadores, las víctimas perpetuas de las civilización, los mártires de la historia, no siempre vieron y entendieron este problema como lo hacen ahora, pero siempre han sido profundamente sensibles a él, y puede afirmarse que siempre que un acontecimiento histórico ha suscitado su simpatía pasiva, en todas sus luchas y sus esfuerzos instintivos en el campo religioso y político, tuvieron una sensibilidad especial para el problema económico e intentaron resolverlo. Todo pueblo, tomado en su conjunto, [es socialista] y todo trabajador perteneciente al pueblo es un socialista en virtud de la posición que ocupa en la sociedad. Y esta manera de ser socialista es incomparablemente más seria que la de esos socialistas que, perteneciendo a la clase dirigente en virtud de las condiciones de vida privilegiadas de que disfrutan, se adhieren al socialismo solamente por la ciencia y el pensamiento.

De ningún modo pretendo subestimar la ciencia o el pensamiento, y me doy cuenta de que son estos dos factores los que distinguen al hombre del resto de los animales; los reconozco como la luz que guía el progreso humano, pero al mismo tiempo comprendo que se trata de una luz fría siempre que no vaya al unísono de la vida, y que su verdad se convierte en impotente y estéril cuando no e apoya en la verdad vital. Siempre que entran en contradicción con la vida, la ciencia y el pensamiento degeneran en sofística y se ponen al servicio de la mentira, o por lo menos se convierten en cobardía vergonzante e inactividad.

Pues ni la ciencia ni el pensamiento existen aislados, en abstracto; se manifiestan solamente en el hombre real, y todo hombre real es un ser integral que no puede buscar la verdad escrita y disfrutar a la vez en la práctica de los frutos de la mentira. En cualquier hombre, incluso en el socialista más sincero, que pertenezca a la clase dirigente y que explote a los demás, no por nacimiento, sino por circunstancias accidentales de su vida, se puede encontrar esa contradicción entre el pensamiento y la vida; e invariablemente esa contradicción le paraliza y le hace impotente. Por ello, solamente puede convertirse en un socialista totalmente sincero cuando ha roto todos los lazos que le unen al mundo de los privilegiados y ha renunciado a todas sus ventajas.

Los trabajadores no tienen nada a lo que renunciar, ni nada con lo que romper; son socialistas por su situación en la sociedad. Hundido en la pobreza, herido, oprimido, el obrero se convierte por instinto en el representante de todos los indigentes, de todos los heridos, de todos los oprimidos; y ¿qué es el problema social más que el problema de la emancipación total y definitiva de todo el pueblo oprimido? La diferencia básica entre el socialista culto que pertenece, aunque sólo sea por su cultura, a la clase dirigente, y el socialista inconsciente que pertenece a la clase trabajadora, estriba en el hecho de que el primero, aun deseando ser socialista, nunca puede serlo totalmente, mientras que el segundo, aun siendo socialista, no es consciente de ello, no sabe de la existencia de una ciencia social en este mundo y nunca ha oído hablar de socialismo.

El uno sabe todo lo que hay que saber sobre socialismo, pero no es un socialista; el otro es un socialista, pero no lo sabe. ¿Cuál de ellos es preferible? En mi opinión, es preferible ser un socialista. Es casi imposible pasar, por así decirlo, del pensamiento abstracto -de un pensamiento desprovisto de la vida y del impulso que dan las necesidades vitales- a la vida. En cambio, toda la historia de la humanidad ha demostrado que es posible pasar de la existencia concreta al pensamiento, y en la actualidad la historia de la clase trabajadora nos está dando nuevas pruebas de este proceso.

Todo el problema social queda ahora reducido a una cuestión muy simple. La mayor parte de la humanidad ha estado, y sigue estando, condenada a la pobreza y a la esclavitud y ha constituido siempre una gran mayoría en relación con la minoría explotadora y opresora. Esto quiere decir que siempre ha tenido de su parte la ventaja del número. ¿Por qué entonces no ha hecho uso de ella hasta ahora para desprenderse de ese funesto yugo? ¿Cabe imaginar que haya existido un tiempo en el que las masas hayan amado la opresión y no hayan sentido ese yugo angustioso? Pensar eso sería contrario al sentido compón, a la propia Naturaleza. Todo ser viviente lucha por la prosperidad y por la libertad, y ni siquiera es necesario ser un hombre, sino que basta con ser un animal para odiar a su opresor. Así, pues, hay que recurrir a otras razones para explicar la larga paciencia de las masas.

No cabe duda de que una de las causas principales se encuentra en la ignorancia del pueblo. Debido a esa ignorancia, no puede concebirse a sí misma como una masa todopoderosa unida entre sí por lazos de solidaridad. Como resultado de las circunstancias opresivas en que viven, las gentes del pueblo tienen una concepción individualista de sí mismas, del mismo modo que están disgregadas en su vida. Y esta doble desunión es la causa principal de la impotencia cotidiana del pueblo. Debido a ello, entre la gente ignorante, situada en los niveles culturales más bajos, o que posee una escasa experiencia histórica y colectiva, toda persona y toda comunidad considera los infortunios y opresiones que sufren como un fenómeno personal o individual, y no como algo de carácter general que afecta en igual medida a todos y que, por tanto, debería unirlos en una empresa común, tanto en la resistencia como en el trabajo.

Lo que sucede en la realidad es justamente lo contrario: cada región, comunidad, familia e individuo considera a los demás cmo enemigos dispuestos a imponer su yugo y a despojar al otro y, mientras continúa esta mutua alienación, todo grupo que tenga una cierta cohesión, incluso los que apenas están organizados, toda casta o grupo de poder dentro del Estado, aunque sólo represente a un número relativamente pequeño de gente, puede embaucar, aterrorizar y oprimir fácilmente a millones de trabajadores.

La segunda razón (que también es una secuela directa de esa misma ignorancia) consiste en que el pueblo no ve y no conoce las principales fuentes de su miseria, y a menudo se limita a odiar la manifestación de la causa y no la propia causa, del mismo modo que un perro muerde el bastón del hombre que le está pegando, pero no al hombre que lo maneja. Por consiguiente, los gobiernos, castas y partidos, que hasta ahora han basado su existencia en las aberraciones mentales del pueblo, pueden engañarle fácilmente. Al ignorar las verdaderas causas de sus desgracias, el pueblo no puede saber tampoco la manera de emanciparse, se deja empujar de una vía falsa a otra vía falsa, busca la salvación donde no la podrá encontrar y se presta a ser instrumento de los explotadores y opresores contra sus propios hermanos.

Así, pues, las masas del pueblo, impelidas por la misma necesidad social de mejorar su vida y librarse de una opresión intolerable, se dejan llevar de una forma de absurdo religioso a otra, de un sistema político concebido para oprimir al pueblo a otro similar o peor, del mismo modo que un hombre atormentado por la enfermedad se vuelve de un lado a otro y se siente peor a cada movimiento.

Esa ha sido la historia de la clase trabajadora en todos los países del mundo entero. Una historia sin esperanza, abominable, terrible, capaz de llevar a la desesperación a cualquiera que pretenda buscar la justicia humana. Pero, a pesar de todo, no hay que dejarse vencer por ese sentimiento. Por muy horrible que haya sido hasta ahora la historia, no puede afirmarse que todo haya sido en vano o que no haya servido para nada. ¿Qué se puede hacer si, por su misma naturaleza, el hombre está condenado a abrirse camino a través de todo tipo de abominaciones y tormentos, desde la más negra oscuridad a la razón, desde el estado de animalidad al de humanidad? Los errores históricos y las calamidades que les acompañan han creado multitud de analfabetos que han pagado con su sudor y su sangre, con su pobreza, su hambre, su trabajo de esclavo, con el tormento y con la muerte cada nuevo paso al que les empujaron las minorías que los explotaban. La historia ha grabado estas lecciones no en los libros que ellos no podían leer, sino en su piel, por lo que no es fácil que las olviden. Al pagar muy caro toda nueva fe, esperanza o error, las masas populares alcanzan la razón a través de las estupideces históricas.

La amarga experiencia les ha enseñado la vanidad de todos los credos religiosos, de todos los movimientos nacionales y políticos, y el resultado ha sido que, por primera vez, la cuestión social se ha llegado a plantear con la suficiente claridad. El problema surge de un instinto primitivo y secular que a través de siglos de desarrollo, desde el comienzo de la historia del Estado, ha sido empañado por las brumas religiosas, políticas y patrióticas. Las brumas se han despejado y el problema social convulsiona ahora a Europa.

En todas partes las masas comienzan a percatarse de la verdadera causa de sus miserias, se hacen conscientes del poder de la solidaridad y empiezan a comparar su inmensa multitud con el insignificante número de sus eternos expoliadores. ¿Qué les impide entonces liberarse ahora si es cierto que han alcanzado ese estado de consciencia?

La respuesta es: La falta de organización y la dificultad de llegar a un acuerdo entre ellos.

Ya hemos visto que en toda sociedad históricamente desarrollada, como en la sociedad europea de hoy, por ejemplo, la población total se divide en tres categorías principales:

1) La gran mayoría, cuya desorganización es profunda, que es explotada, pero que no explota a los demás.

2) Una considerable minoría, que comprende todos los estamentos, una minoría que explota y es explotada en la misma medida, oprimida y opresora a la vez.

3) Y, por último, la pequeña minoría de explotadores y opresores puros y simples, conscientes de su función y completamente de acuerdo entre ellos sobre el plan de acción común: el estamento gobernante supremo.

Hemos visto también que, a medida que crece y se desarrolla, la mayoría de los que constituyen los diferentes estamentos de la sociedad se convierten en una masa semi-instintiva, por así decirlo, organizada en un Estado, pero carente de entendimiento mutuo y de dirección consciente en sus movimientos y acciones de masa. En cuanto a las masas trabajadoras que carecen por completo de organización, está claro que las clases que forman el Estado desempeñan el papel de explotadores y continúan explotándolas no por medio de un plan deliberado y de mutuo acuerdo, sino a través de la fuerza y la costumbre y del derecho consuetudinario y escrito, en cuya legalidad y carácter sagrado cree la mayoría.

Pero, al mismo tiempo, en lo que respecta a la minoría que controla el gobierno, es decir, al grupo que cuenta con un entendimiento mutuo y explícito en cuanto a su plan de acción, este grupo intermedio desempeña la función más o menos pasiva de víctima explotada. Y como esta clase media, aunque insuficientemente organizada, posee más dinero, más educación, mayor libertad de movimiento y acción y más medios para organizar conspiraciones y organizarse que la clase trabajadora, ocurre con frecuencia que las rebeliones que surgen e esa clase media terminan a menudo con una victoria sobre el gobierno y con la sustitución de éste por otro. De este tipo han sido todas las conmociones políticas nacionales de las que nos habla la historia.

De estos levantamientos y rebeliones no podía resultar nada bueno para el pueblo, pues tuvieron su raíz en los intereses lesionados de los estamentos del reino, y no del pueblo, y tenían como objetivo dichos intereses y no los de éste. Por mucho que los estamentos luchen entre sí y por mucho que se rebelen contra el gobierno existente, ninguna de sus revoluciones ha tenido ni tendrá nunca como finalidad terminar con los fundamentos económicos y políticos del Estado que permiten la explotación de las masas trabajadoras, es decir, la existencia real de las clases y del principio de las clases. Por muy revolucionarias de espíritu que sean esas clases privilegiadas y por mucho que puedan odiar una determinada forma de Estado, el Estado en sí mismo es sagrado para ellas, y su integridad, su poder y sus intereses se consideran unánimemente como los intereses supremos. Han estimado siempre que el patriotismo, es decir, el sacrificio de la vida y e la propiedad en aras del Estado, es la virtud más excelsa.

Por lo tanto, no existe ninguna revolución, por muy atrevida y violenta que pueda ser en sus manifestaciones, que haya osado poner su mano sacrílega sobre el arca del Estado. Y como no puede existir el Estado sin organización, administración, ejército y un cierto número de hombres investidos de autoridad (es decir, que es imposible que exista sin un gobierno), a la caída de un gobierno, sigue necesariamente el establecimiento de otro, más de acuerdo con las clases triunfadoras en la lucha y más útil para ellas.

Pero, a pesar de su utilidad, después de un período de luna de miel, el nuevo gobierno empieza a concitar la indignación de las mismas clases que lo elevaron al poder. La naturaleza de toda autoridad es que está condenada a funcionar mal. Y cuando digo funcionar mal no lo digo desde el punto de vista de los intereses del pueblo: el Estado, como bastión de las clases medias, y el gobierno, como guardián de los intereses del Estado, constituyen siempre un mal absoluto para el pueblo; me refiero al mal del que se resienten las mismas clases para cuyo beneficio exclusivo es necesaria la existencia del Estado y de los gobiernos. Digo que, a pesar de esa necesidad, el Estado constituye siempre una pesada carga para esas mismas clases y, si bien sirve a sus intereses fundamentales, también los esquilma y oprime, aunque en menor grado que a las masas.

Un gobierno que no abuse de su poder, que no sea opresor, que sea imparcial y honrado y actué solamente en interés de todas las clases, sin olvidar esos intereses en beneficio de las personas que están a su frente, sería un círculo cuadrado, un ideal inalcanzable por ser contrario a la naturaleza humana. La naturaleza humana, la de cualquier hombre, es tal que, una vez que tiene poder sobre los demás, los oprimirá invariablemente; si se le coloca enana situación de privilegio y se le separa de la igualdad humana, se convertirá en un déspota. La igualdad y la carencia de autoridad son las únicas condiciones esenciales para la moralidad de todo hombre. Tómese al revolucionario más radical y colóquesele en el trono de todas las Rusias, o désele el poder dictatorial con el que sueñan tantos de nuestros jóvenes revolucionarios, y en un año se convertirá en alguien peor que el propio emperador.

Los estamentos se convencieron de ello hace mucho y acuñaron un proverbio según el cual “el gobierno es un mal necesario”; necesario, por supuesto, para ellos, pero de ningún modo para el pueblo, para quien el Estado, y el gobierno requerido por éste, no es un mal necesario, sino fatal. Si las clases dirigentes pudieran arreglárselas sin un gobierno y mantener sólo el Estado, es decir, la posibilidad y el derecho de explotar el trabajo del pueblo, no sustituirían un gobierno por otro. Pero la experiencia histórica (por ejemplo, el triste destino sufrido por la república polaca con un gobierno débil) les demostró que sería imposible mantener un Estado sin gobierno. La falta de gobierno engendra la anarquía, y la anarquía conduce a la destrucción del Estado, es decir, a la esclavización del país por otro Estado, como sucedió con la desgraciada Polonia, o a la total emancipación del pueblo trabajador y a la abolición de las clases, que, esperamos, será lo que ocurra pronto en Europa.

Con objeto de reducir al mínimo el mal producido por cada gobierno, las clases dirigentes del Estado crearon varios órdenes y formas constitucionales que han condenado ahora a los actuales estados europeos a oscilar entre la anarquía de clases y el despotismo del gobierno y que han conmovido el edificio estatal hasta un extremo que incluso nosotros, que somos ya viejos, podemos esperar ser testigos y agentes activos de su destrucción final. No cabe duda de que cuando llegue el momento de la destrucción total, la gran mayoría de los que pertenecen a las clases dirigentes del Estado cerrarán sus filas en torno a él, olvidando su odio hacia los gobiernos existentes, y lo defenderán contra la furia del pueblo trabajador para salvar al Estado, piedra angular de su existencia como clase.

Pero, ¿por qué es necesario el gobierno para el mantenimiento del Estado? Porque ningún Estado puede existir sin una conspiración permanente, conspiración que, por supuesto, está dirigida contra las masas de trabajadores, para la esclavización y arruinamiento de las cuales existen todos los Estados. Y en todo Estado el gobierno no es más que una conspiración permanente por parte de la minoría contra la mayoría, a la que esclaviza y esquilma. De la propia esencia del Estado se deduce claramente que nunca ha existido ni podía existir una organización estatal que no se oponga a los intereses del pueblo y que no sea profundamente odiada por éste.

Debido al atraso del pueblo, ocurre con frecuencia que, lejos de levantarse contra el Estado, le profesan un cierto respeto y afecto y esperan de él justicia y venganza para sus males, y por consiguiente parecen estar imbuidos de sentimientos patrióticos. Pero cuando observamos de cerca la actitud de cualquiera de ellos, incluso del más patriota, encontramos que lo que aman y reverencian en él es solamente la concepción ideal del mismo, y no su manifestación real. El pueblo odia la esencia del Estado en la medida en que entra en contacto con él y está dispuesto a destruirlo en todo momento, siempre que no se lo impida el poder organizado del gobierno.

Ya hemos visto que cuanto más grande se hace la minoría explotadora del Estado, menos capaz es de dirigir directamente los asuntos de aquél. La multiplicidad y heterogeneidad de intereses de las clases gobernantes crean a su vez el desorden, la anarquía y el debilitamiento del régimen estatal necesario para que el pueblo explotado siga obedeciendo. Por lo tanto, los intereses de todas las clases dirigentes exigen que cristalice en su interior una minoría gubernamental aún más compacta que sea capaz, por su reducido número, de ponerse de acuerdo entre sí para organizar su propio grupo y todas las fuerzas del Estado en beneficio de los estamentos y en contra del pueblo.

Todo gobierno tiene un doble objetivo. Uno, el principal y declarado abiertamente, consiste en mantener y fortalecer el Estado, la civilización y el orden civil, es decir, el dominio sistemático y legalizado de la clase dirigente, sobre el pueblo explotado. El otro objetivo, que es igualmente importante para el gobierno, aunque no se declare tan abiertamente, s la conservación de sus privilegios estatales exclusivos y de su personal. El primero de los objetivos se refiere a los intereses generales de las clases dirigentes; el segundo, a la vanidad y a los privilegios excepcionales de los individuos que forman parte del gobierno.

El primero de estos dos objetivos coloca al gobierno en una actitud hostil hacia el pueblo; el segundo le enfrenta tanto al pueblo como a las clases privilegiadas, dándose situaciones en la historia en que el gobierno se hace aparentemente más hostil hacia las clases poseedoras que hacia el pueblo. Esto sucede siempre que en aquéllas crece el descontento contra el gobierno, y tratan de derrocarlo o de limitar su poder. En estos casos, el instinto de autoconservación obliga al gobierno a olvidar el objetivo principal que da sentido a su existencia: el mantenimiento del Estado o del dominio de clase y de los privilegios de clase en contra del pueblo. Pero esas situaciones no pueden durar mucho tiempo, porque el gobierno, cualquiera que sea su naturaleza, no puede existir sin las clases privilegiadas, del mismo modo que éstas no pueden existir sin un gobierno. Cuando no dispone de otras clases, el gobierno crea una clase burocrática propia, como nuestra nobleza en Rusia.

Todo el problema del gobierno consiste en lo siguiente: cómo mantener al pueblo obediente o dentro del orden público, utilizando la menor cantidad posible de elementos de ese mismo pueblo, de la forma mejor organizada, y a la vez salvaguardar la independencia, no del pueblo, lo que por supuesto es algo que ni siquiera se plantea, sino de su Estado contra los designios ambiciosos de las potencias vecinas, e incrementar además sus posesiones a expensas de esas mismas potencias. En una palabra, guerra interior y guerra exterior, tal es la vida del gobierno. Tiene que mantenerse armado e incesantemente en guardia tanto contra los enemigos del interior como contra los del exterior. Aunque respira opresión y engaño por todos los poros, el gobierno tiene tendencia a considerar a todos, dentro y fuera de sus fronteras, como enemigos, y ha de mantener una permanente actividad conspiratoria contra todos ellos.

No obstante, la mutua enemistad de los gobiernos que los dirigen no puede compararse con la enemistad de cada uno de ellos hacia el pueblo trabajador, y del mismo modo que dos clases dirigentes ocupadas en una guerra cruenta están dispuestas a olvidar sus odios más acendrados siempre que amenaza una rebelión del pueblo trabajador, dos Estados y gobiernos están dispuestos a olvidar su enemistad y guerra abierta tan pronto como asoma en el horizonte la amenaza de una revolución social. El problema esencial y fundamental de todos los gobiernos, Estados y clases dirigentes, sea cual sea la forma, nombre o pretexto que utilicen para disfrazar su naturaleza, es subyugar al pueblo y mantenerlo esclavizado, por tratarse de una cuestión de vida o muerte para todo lo que se denomina civilización o Estado civil.

Cualquier medio le está permitido al gobierno para alcanzar esos objetivos. Lo que en la vida recibe el nombre de infamia, vileza, crimen, se convierte para los gobiernos en valor, virtud y deber. Maquiavelo tenía mucha razón cuando afirmaba que la existencia, prosperidad y poder del todo Estado -tanto si se trata de una monarquía como de una república- debe basarse en el crimen. La vida de todo gobierno consiste necesariamente en una serie de actos viles, injustos y criminales contra los pueblos extranjeros y también, en mucha mayor medida, contra su propio pueblo trabajador. Es una eterna conspiración contra su prosperidad y su libertad.

Durante siglos se ha ido desarrollando y perfeccionando la ciencia del gobierno, y no creo que nadie me acuse de exagerar si digo que esa ciencia constituye la forma más acabada de bellaquería del Estado, ya que se ha desarrollado a base de constantes luchas y aprovechando la experiencia de todos los estados del pasado y del presente. Es la ciencia que enseña a esquilmar al pueblo de la forma más disimulada y eficaz -ya que cualquier cantidad de excedente que se le dejara contribuiría a aumentar su poder-, procurando al mismo tiempo no privarles del mínimo necesario para conservar sus miserables vidas y seguir produciendo riqueza.

Es la ciencia que enseña a sacar a los soldados del pueblo y a organizarlos mediante una hábil disciplina, para formar un ejército regular, que constituye la principal fuerza represiva del Estado destinada a mantener subyugado al pueblo. Es la ciencia que enseña a distribuir, de forma inteligente y expeditiva, unos cuantos millares de soldados colocándolos en los lugares más importantes de una determinada región para asegurarse el miedo y la obediencia de la población. Es la ciencia que enseña a cubrir países enteros con una fina red de organización burocrática y sujetar, desunir y debilitar, por medio de reglamentaciones, decretos y otras medidas, al pueblo trabajador para que no pueda nunca unirse y avanzar, y quede así siempre en la situación salutífera de una relativa ignorancia (es decir, salutífera para el gobierno, el Estado, las clases dirigentes), situación que hace difícil que el pueblo se deje influir por nuevas ideas y personalidades dinámicas.

Este es el único objetivo de la organización gubernamental, de la conspiración permanente del gobierno contra el pueblo. Y la conspiración, que se declara abiertamente como tal, abarca toda la diplomacia, la administración interior (militar, civil, política, tribunales, finanzas y enseñanza) y la Iglesia.

Y es contra esa gigantesca organización, armada con todos los medios de represión mentales y materiales, legales e ilegales, y que en último extremo puede siempre contar con la colaboración de todas o casi todas las clases dirigentes, contra la que tiene que luchar la gente pobre. El pueblo, aún constituyendo mayoría aplastante en número, está desarmado, es ignorante y desorganizado. ¿Es posible su victoria? ¿Existe alguna posibilidad de que salga vencedor en su lucha?

No es suficiente que el pueblo despierte y que se dé cuenta de su miseria y de las causas de la misma. Es cierto que posee una gran cantidad de poder básico, más que el gobierno, con todas las clases dirigentes; pero un poder elemental, no organizado, no constituye un poder real. El Estado se apoya precisamente en esa indiscutible ventaja de la fuerza organizada sobre la fuerza elemental del pueblo.

Por consiguiente, el problema no estriba en si [el pueblo] tiene o no la capacidad de rebelarse, sino en si puede crear una organización que le permita alcanzar la victoria con su rebeldía -y no sólo una victoria casual, sino un triunfo prolongado y definitivo.

En eso, y solamente en eso, estriba todo este acuciante problema. Por tanto, la primera condición para conseguir la victoria del pueblo es alcanzar un acuerdo entre el pueblo o la organización de sus fuerzas.

Libros relacionados: Mijaíl Bakunin, 1870.

Publicado originalmente en El Viejo Topo

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“La ecología debiera ser le medicina que trate la gran enfermedad de la tierra: la destrucción ecológica”: Enrique Dussel

Enrique Dussel se define a sí mismo como “Filósofo”, además de ser historiador y crítico teológico. Nació el 24 de diciembre de 1934 en La Paz, un pequeño pueblo de la provincia de Mendoza en la Argentina. Cosmopolita y de espíritu inquieto, luego de graduarse de Filósofo en la Universidad Nacional de Cuyo (UNC) vivió en varios países de Europa con la finalidad de continuar sus estudios (España, Francia y Alemania, entre otros) y en Israel. Volvió años después habiéndose doctorado en Filosofía, en Historia y con estudios en Ciencias de la Religión, para establecerse otra vez en su país. El 2 de octubre del año 1973 -por sus vínculos ideológicos con los movimientos revolucionarios argentinos- un grupo de tareas atentó contra su vida al colocar una bomba en su propia casa. Desde entonces vive en México, donde se nacionalizó y ha producido la mayor parte de su obra. La misma cuenta hoy con más de 50 libros y más de 400 artículos traducidos a varias lenguas, lo que ha generado una gran cantidad de disertaciones sobre un pensamiento ético-crítico y transformador en todo el planeta.

El afamado Filósofo, reconocido como uno de los creadores de la Filosofía de la Liberación e inspirador de miles de militantes y pensadores en todo el mundo, fue recientemente nombrado miembro de la Academia de Ciencias y Artes en los Estados Unidos y ha recibido reconocimientos similares en todos los rincones del mundo. Nos recibió en su casa en la Ciudad de México, para conversar sobre diversos temas: la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el cambio climático y los posibles destinos no sólo de América Latina sino del mundo y la humanidad en general. Presentamos a continuación la excepcional charla.

 

P: En su Ética de la liberación del 1998 cita usted a Humberto Maturana. El afamado biólogo chileno suele comentar que “no es que exista algo así como “la vida” en sentido abstracto, o a manera de entelequia, sino que existen seres vivos autopoiéticos”. ¿Qué piensa usted de tal afirmación?

ED: Bueno realmente lo que propone Maturana tiene mucho que ver con la ética como yo la concibo. La vida es autopoiética. Las plantas y los animales van reproduciendo la vida y en un proceso como anti entrópico porque van sacando lo más de lo menos. EL mundo físico, astronómico, va gastando energía y se va degradando. En cambio la vida es como un proceso anti entrópico porque van creando cosas nuevas, etapas cualitativas superiores. Alrededor de lo humano la vida ha logrado su mayor complejidad y un desarrollo todavía indefinido hacia el futuro. Esto si es que cambiamos los usos de la civilización, que ha empezado en cambio ya un proceso entrópico geométricamente desarrollado que va a llevar a la extinción de la especie humana. Ya 5 veces la vida mató más del noventa por ciento de los vivientes y la última fue la etapa de los dinosaurios. Estamos en la quinta etapa pero el antropoceno -la etapa del ser humano- parece que está terminando si seguimos el camino que hemos emprendido. Vamos a destruir la vida humana y también gran parte de la vida que es parasitaria de nuestra vida. Por lo tanto empezamos quizás a augurar una sexta etapa de la vida, que no será el fin de la vida ya que de las cucarachas y los ratones y otros tipos de insectos y animales pequeños es posible que salga la próxima etapa de la vida donde el Homo Sapiens habrá desaparecido porque se produjo un proceso suicida. Estamos en el tema vida muerte.

Y respecto al tema de la vida, central en la Filosofía de la Liberación, ¿podría usted ofrecernos alguna definición de la “vida humana” en particular?

La muerte y la vida de la que hablamos no es el concepto de vida, ni la buena vida, sino fácticamente el hecho de vivir y esto no necesita definición. Un niño sabe muy bien si uno le muestra figuritas: una piedra, una casa, un árbol y una flor a un niño de 4 años y le dice: a ver dime de estas figuritas cuáles son de seres vivos. No se le escapa una, sabe lo que es un ser viviente. La vida es el punto de partida de todo lo humano. La política tiene que ver con la afirmación de la vida. La economía tiene que ver con la afirmación de la vida. Podemos decir que la vida es la condición absoluta y universal de todo lo que hace el ser humano. Si matamos las condiciones que permiten reproducirse y crecer la vida entonces es un acto malo, y es un acto bueno sí permite la reproducción y crecimiento de la vida. Pero claro, a veces unos explotan a otros y viven también de los otros. Esa sería la injusticia económica por ejemplo pero sigue siendo un tema de la afirmación o negación de la vida. Lo malo sería necrófilo, el que ama la muerte. Y biófilo sería el que ama la vida.

La concepción médica occidental piensa “la vida” del ser humano en sentido dualista, el cuerpo (soma) por un lado y la mente (psique) por otro, cada cual de forma separada con sus respectivos “síntomas” y “padecimientos”. Además lo aísla de su contexto histórico, social, cultural, político y filosófico. ¿Piensa usted que la medicina moderna debiera modificar tal antropología de raíz griega-cartesiana y pensar al ser humano desde otra perspectiva?

La medicina igual que todas las ciencias toca directamente el tema de la vida. Es el arte de curar, es decir evitar la enfermedad para prolongar la vida. Esta debiera ser la esencia de la medicina. Pero como el ejercicio de la afirmación de la vida se da en estructuras ideológicas, políticas, económicas y demás, tenemos que ver que la propia medicina primero responde a un concepto de la vida. Entre los griegos el cuerpo era la vida. El alma daba la vida al cuerpo pero la medicina un poco sanaba al cuerpo. Claro que decía: una mente sana en cuerpo sano. Pero la mente no era objeto propio de la medicina sino más bien el cuerpo. Y muchas veces la medicina actual por el modo de intervención también sigue pensando que el tema fundamental es la corporalidad sufriente-como enfermedad- que supone una vida no cumplida. Y entonces a la medicina yo la podría definir como una ciencia, una institución e instrumentos que afirma la vida y lucha contra la enfermedad. Pero a su vez, la enfermedad también va definiéndose de otra manera en la historia. En la Edad Media se pensaba que un enfermo podía ser sujeto de una acción demoníaca. Entonces se hacía un exorcismo del demonio para sanar a alguien porque el mal era habitado por un espíritu maligno. Nosotros más bien vamos hacia una visión más material. No digo corporal porque eso es distinto.

¿Cuáles piensa que son los factores e intereses que determinan las nociones de Enfermedad y Salud en la actualidad?

Hay como una gran influencia de la farmacología. Se dan fármacos que son producidos por una industria que sana la enfermedad con una intervención a veces violenta del médico. Ahora lo que no pensamos muchas veces es que esos fármacos forman un sistema de transnacionales- por ejemplo Bayer- que producen no solo granos de semillas transgénicas sino también fármacos. Pero al ser una transnacional capitalista su finalidad de fondo es sacar ganancias. Entonces yo podría decir que la farmacología es algo así como la técnica por la que el capital logra ganancia a través de la explotación de la enfermedad. Es así que los pobres no pueden comprar las medicinas más exquisitas para poder sanar las enfermedades nuevas que se producen. Quiere decir entonces que también hay un problema económico que determina el uso de la medicina y el médico en cierta manera es un instrumento de un gran sistema de explotación de la enfermedad.

Habría que empezar a ver cómo funciona eso. Hoy un médico normalmente cobra una visita lo que cueste o trabaja para una clínica. Laín Entralgo que fue un médico español tiene una historia de la medicina. ¿Desde cuándo cobra privadamente un médico a un cliente enfermo? ¿Desde cuándo y por qué lo hace? ¿Acontecía eso en todas las culturas? ¿Acontecía eso más allá de la Edad Media? ¿Desde cuándo se cuantifica económicamente el servicio de un Médico?

Usted fue Rector de la UACM y es Profesor Universitario. ¿Cuál es el rol de la formación Universitaria y de la producción de conocimiento en estos temas?

El servicio del médico funciona para evitar la enfermedad. Y por lo tanto el médico se transforma en instrumento de un sistema. En la Facultad de Medicina se estudia la anatomía, la fisiología y una cantidad de partes de la ciencia médica para luchar contra la enfermedad. Pero no se estudia todo el sistema de la explotación de la enfermedad. Eso ya sería metafísica, o ética, y parece que no corresponde a la Medicina. Pero es justo el tema. El médico es un instrumento del capital, y por eso hay una medicina para las clases altas que pueden pagar y una “medicina masiva” para los que no pueden pagar, que por supuesto se mueren antes aunque la vida haya crecido en cuanto a su duración cuantitativa.

Lo cual crea a su vez otro problema, de pronto la tierra se hace pequeña para una expansión de la especie Homo. Ya no fue hecha la Tierra para esa cantidad de personas, empezamos a ser demasiados. Claro, la manera en que hoy se soluciona el tema es que los pobres mueran. En realidad lo racional sería no concebir tantos nuevos natos para que bajáramos la demografía y la tierra volviera a crecer. Hay situaciones políticas y económicas que determinan la Medicina y ésta a veces no capta toda esa complejidad. Por eso el tema ético en la medicina y de la formación de profesionales de la salud es volver al origen. Afirmar la vida del ser humano y no tanto explotar la enfermedad que puede parecer lo mismo pero no es lo mismo porque la explotación de la enfermedad se hace cada vez más cara para los que enfrentan los últimos días de la vida. Pero al mismo tiempo el sistema económico produce pobres que mueren antes de tiempo porque no pueden realmente pagar ese tipo de Medicina. Claro, hay que de alguna manera socializar la Medicina. Quiere decir que hay un problema de injusticia en cuanto a las lucha contra la enfermedad.

¿Cómo podría descolonizarse el discurso occidental-moderno en el campo de la Salud- condicionado como ya mencionó por fuertes intereses económicos- desde una mirada propia de las mayorías populares y desde la perspectiva de la Filosofía de la Liberación?

Para la Filosofía de la Liberación, el primer principio ético válido para todas las acciones humanas y también para la medicina sería ocuparse de afirmar la vida y efectivamente prolongarla en el tiempo de una manera feliz. Eso es el principio material de la ética. El segundo principio es cómo afirmaremos la vida y ahí viene ya el consenso, la organización política que se formula en un principio democrático. No es asunto que el dictador diga cómo se afirma la vida sino que el pueblo pueda definir cómo va a distribuir esa vida. Y después el tercer principio es el de factibilidad, es decir que sea posible eso que se ha decidido de cómo hay que afirmar la vida. Esos tres principios en la Medicina funcionan muy bien, pero como dijimos hay injusticia. Ahí tenemos una cantidad de problemas que guían una reflexión sobre la transformación del sistema de la salud: que es afirmación de la vida y lucha contra la enfermedad pero dentro de una distribución justa de los medios para llegar a esos fines.

Eso supone también un estado que se ocupe de la salud como un derecho humano y que cree los instrumentos para que realmente llegue a la gente una medicina como debiera ser. El tema es que hay que cambiar las estructuras no sólo de la medicina sino de la economía, donde ya la finalidad no sería el aumento de la tasa de ganancia sino el aumento de la cualidad de la vida. Hay un dilema entre el aumento de la ganancia y el aumento de la calidad de vida, la felicidad. En Argentina hay un dicho que dice que un ladrón se acerca y le dice a alguien: la bolsa o la vida. La bolsa sería el dinero y la vida pues, le pego un tiro. Pero si la tomamos en serio a la propuesta, sería o la bolsa de Wall Street o la vida humana. El sistema mundial nos pone a todos un en la cabeza. Entonces de pronto la medicina se liga a la economía pero a su vez la economía se liga a la política porque cambiar hoy el sistema económico conlleva medidas políticas muy fuertes.

Esta realidad supone una nueva teoría y también claro se puede decir una ética pero no es una ética de los valores o una ética de una honestidad individual para decir que yo soy bueno. No, no. Tiene que ser una ética realmente pensada desde las estructuras reales. ¿Quién va a invertir un peso si no saca más porcentaje anual que si lo invirtiera en otra cosa? La racionalidad es el aumento de la tasa de ganancia, eso es real. Y el que no hace eso se funde, y si se funde pues la empresa que tenía cierra y los que trabajaban en esa empresa quedan sin trabajo. Entonces la cuestión es grave y es de conjunto, pero estamos llegando a límites y justamente la vida vuelve a estar en el Horizonte próximo porque ecológicamente estamos destruyendo las condiciones que posibilitan la reproducción de la vida. El aumento de la temperatura, el hueco de ozono, los plásticos que invaden los océanos. Ya ahora hasta el más rico súper millonario de Wall Street también va a respirar aire contaminado, va a tomar plástico y se va a morir como el último pobre. Claro, no tan rápido. Primero van a morir los pobres, pero los demás también. Y además cuando se mueran los pobres, ¿Qué van a hacer los otros? Estamos ante un tiempo apocalíptico, en el fin de los tiempos en un sentido medio mítico. Porque no hay mucho futuro para la humanidad si sigue cómo está y en eso ya entonces la medicina pasa a la ecología. La ecología se transforma como la medicina que ahora trata la enfermedad de la tierra que es la destrucción ecológica. Esa es la gran enfermedad. Y cómo lograr entonces que la vida continúe para las próximas generaciones. Por eso conmueve éticamente pero racionalmente la niñita de dieciséis años sueca que el otro día se dirigió a una asamblea de científicos. Eran como mil y la niñita en un inglés muy bueno dice nosotros las futuras generaciones le estamos pidiendo que cambien el orden o vamos a morir. Y cuando dijo eso a la niñita se le salió la lágrima. Entonces dijeron: esto es nuevo. Nunca había habido en la historia una rebelión de los niños. Pero no con chistecitos, sino al fondo del tema: nos van a destruir la Tierra y nosotros vamos a ser las víctimas. Eso supone una ética fuerte y una redefinición también de la Medicina.

¿Cómo evalúa la realidad de América Latina a la luz de estos debates? ¿Qué impacto podrá tener la irrupción del gobierno de AMLO en México y qué cosas se juegan en la elección presidencial de Argentina de fin de año?

México hoy está en medio de una batalla política y económica. Porque si toma cierta medida el capital se le retira, baja la moneda, entra en crisis el país y es una hecatombe. La política tiene que ver cómo maneja el tema económico. No es nada fácil hoy decir vamos a hacer lo que hizo Lenin, un estado donde los productores sean propietarios de la empresa y define el socialismo del siglo XX. Eso no es tan fácil, hoy el capital está muy organizado y ya conoce la experiencia y sabe cómo luchar contra ellos.

Al comienzo de este siglo hubo lo que llamamos una primavera política. Yo escribí mi librito “20 tesis de Política” diciendo que después de 500 años estamos viviendo una primavera política con las Madres de Plaza de Mayo, los piqueteros, los sin tierra, los cocaleros. También con los gobiernos de Ecuador con Correa, Bolivia con Evo Morales, Guatemala, el Foro Mundial de Porto Alegre. Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Lula en Brasil. Bueno, parecía que estábamos en una nueva etapa. Y en poquitos años, Raff! Yo creo que hubo dos pasos adelante y uno atrás. Pero no es solamente nosotros, EEUU estaba distraído con el Medio Oriente queriendo chuparse todo el petróleo y cumpliendo las órdenes del Sionismo. No de Israel, pero sí del Sionismo haciendo añicos todo lo que podía ser un peligro para Israel. Y entonces se metió en Medio Oriente, ¡y salió derrotado! Porque no gano ninguna batalla y ahora sale y saca sus soldados de Irak y no ha ganado la batalla. En Siria tampoco. Ha destruido Libia, pero no la ha conquistado. Entonces dijo bueno ya hicimos bastante lío, volvamos a lo nuestro. Y por desgracia vuelve a América Latina y tenemos en frente al de siempre, al Imperio. Nos ha hecho retroceder, y siempre con nuevos métodos. Antes eran las dictaduras militares, ahora se las ha arreglado para corromper al sistema judicial. Y ahora los golpes de Estado son judiciales, ¿¡Quien lo hubiera dicho!? A Lula lo meten preso, a Cristina Kirchner la quieren meter presa también. Bueno, tendremos que ver cómo depuramos el sistema jurídico. Ha habido un paso atrás, pero ha sido desastroso también para el Neoliberalismo. Macri es un desastre, ¡Bolsonaro que hablar! Otro Trump. Y esto no tiene solución, porque se entregan a EEUU. Y EEUU no tiene ninguna corresponsabilidad y ya que se entregan los explota mejor. No tienen una doctrina a mediano plazo. Pero ahora se viene la inmigración de Centroamérica. ¡Que la produjo EEUU! Han hecho una dictadura en El Salvador. La piña de Costa Rica tiene un precio pésimo. Pagan muy bajo el valor del plátano en Guatemala. Entonces la pobreza se viene como inmigración.

Habíamos tenido un pequeño triunfo, pero ahora la derecha está apoyada por los EEUU sobre todo golpeando a Venezuela haciendo creer que Venezuela no ha solucionado nada. Pero a Venezuela los mismos EEUU le cortaron hasta el papel higiénico. Qué decir las medicinas. Y se lo atribuyen al Chavismo pero la verdadera causa es el bloqueo del Imperio ante un país chiquito que no puede defenderse.

Entonces tenemos un EEUU que se está reposicionando y un Trump que está cada vez más absurdo pero que muchos lo siguen porque hay una derechización del sentido común. Pero también ha perdido hegemonía en manos de China. Entonces estamos en medio de una grave crisis política y habrá que actuar con mucha inteligencia. No es posible una revolución rusa ni cubana. Es cómo llevamos adelante en este tapa dura de Estados Unidos una nueva posibilidad y es por eso que en México se está jugando algo muy importante que es la posibilidad de resistir sin ortodoxia porque aquí no funciona ya la ortodoxia socialista. No hay aquí Socialismo del Siglo XXI, ¡¿Qué va a haber?! Sería más bien un Neoliberalismo débil, lo cuál sería ya muy bueno. La factibilidad se hace fundamental y la defensa de lo propio es fruto de una gran inteligencia política. Pues eso es lo que está mostrando hoy López Obrador. Pero tiene muchísimos problemas internos: la criminalidad, la droga que tiene el mercado norteamericano, la matanza por las armas que exporta EEUU. O sea que la causa de los problemas de México son los EEUU, y ni siquiera se les puede recordar esto porque se vuelven histéricos. Pero el señor Trump no piensa que el problema es que están drogados todos los norteamericanos, son el mayor mercado de consumo de droga. Y es porque son un pueblo insatisfecho.

La situación es complicadísima y exige una filosofía política de gran realismo crítico. Con una ética muy fuerte por un lado, y por el otro de una inteligencia grande para poder jaquear al monstruo norteamericano. Ahora es un factor muy importante en América Latina porque México había jugado siempre en favor de los EEUU. Es fundamental por la relevancia de México y por sus dimensiones en el continente, y yo creo que en Argentina va a caer Macri y a Bolsonaro cuando le toque también va a caer. No subirá un gobierno revolucionario, subirá un gobierno que cambiará los huecos gigantescos que ha dejado Macri. La gente va tomando conciencia de que la situación es difícil y que hay que comprometerse. Estamos en la lucha por la Segunda Emancipación. La primera fue en 1810, y ahora estamos en la segunda. Lo decía José Martí, y también José Carlos Mariategui. ¿Y cómo luchar sino abriéndose militarmente a Rusia y económicamente a China? Al menos para jugar al tercer lugar, ni uno ni otro. La situación es muy difícil pero la historia continúa y los pueblos seguirán luchando.

Yo digo: no soy optimista, pero no pierdo la Esperanza. Cuando todo el mundo dijo esto es una catástrofe terminó la etapa progresista de América Latina yo dije que era una etapa en la que el progresismo recibió un golpe merecido porque también no hizo cuidado en la corrupción y otras cosas. Tampoco se desarrolló una teoría, como señala Frei Betto. Y bueno, ahora hay que hacer la autocrítica, pertrecharse y avanzar lentamente. El pueblo aprende por el sufrimiento, no hay otro. No es por clases. Los teóricos podemos formular para aclarar las causas de ese sufrimiento y darle un camino pero el que sufre tiene la inteligencia más abierta para entender quién es quién. Siempre y cuando los medios de comunicación no les tergiversen todas las categorías de interpretación y le hacen interpretar la realidad al revés. Pero en eso las redes mismas de los celulares van creando una mediocracia paralela que empieza a funcionar ya más fuerte. La gente no se traga todo tan fácil, pero todavía sigue siendo muy fuerte. Sería de esperar que si cae Macri, termine Clarín para siempre y los metan presos a todos de una vez por todas. Pero si los siguen queriendo mantener, los van a tener que seguir sufriendo.

Es el largo camino de la Historia. Solo que ahora ya estamos viendo el proceso, ya no nos enseñan los norteamericanos o los europeos. Tenemos una visión propia y hasta les podemos enseñar cómo se lucha contra el imperio. Los mismos Europeos están despistados. Vivían a la sombra de EEUU y se les movió el árbol y ahora quedaron al Sol y tienen que empezar ellos a hacer las cosas y se dan cuenta que están mal preparados. Y en eso tenemos más aliados. Yo tengo Esperanza, no soy optimista.

 

Manuel Fonseca*, Omar García Corona** y Facundo Tineo***

 

*Médico. Consejero Directo Facultad de Ciencias Médicas de La Plata. Director de la Cátedra Libre de Salud “Ramón Carrillo” de la UNLP.

**Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro de la Asociación de Filosofía y Liberación (AFyL México).

***Médico. Docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

3 julio 2019 

 

Publicado enMedio Ambiente
Pregunta siempre vigente. ¿Qué hacer?

I

Hace ya más de un siglo, en 1902, Vladimir Lenin se preguntaba cómo enfocar la lucha revolucionaria; así, parafraseando el título de la novela de su compatriota Nikolai Chernishevski, de 1862, igualmente se interrogaba ¿qué hacer? La pregunta quedó como título de la que sería una de las más connotadas obras del conductor de la revolución bolchevique. Hoy, 117 años después, la misma pregunta sigue vigente: ¿qué hacer?

Es decir: qué hacer para cambiar el actual estado de cosas. Si vemos el mundo desde el 20% de los que comen todos los días, tienen seguridad social y una cierta perspectiva de futuro, las cosas no van tan mal. Si lo miramos desde el otro lado, no el de los “ganadores” sino del restante 80% de la población planetaria, la situación es patética. Un mundo en el que se produce aproximadamente un 40% de comida más de la necesaria para alimentar a toda la humanidad sigue teniendo al hambre como principal causa de muerte; mundo en el que el negocio más redituable es la fabricación y venta de armamentos y donde un perrito hogareño de cualquier casa de ese 20% de la humanidad que arriba mencionábamos come más carne roja al año que un habitante de los países del Sur. Mundo que está buscando agua en el planeta Marte mientras la niega a la gran mayoría de la población mundial en esta Tierra. Mundo en el que es más importante seguir acumulando dinero, aunque el planeta se torne invivible por la contaminación ambiental que esa misma acumulación conlleva. Mundo, entonces, que sin ningún lugar a dudas debe ser cambiado, transformado, porque así, no va más, porque es el colmo de la irracionalidad, de la injusticia, de la asimetría.

Entonces, una vez más surge la pregunta: ¿qué se hace para cambiarlo? ¿Por dónde comenzar? Las propuestas que empezaron a tomar forma desde mediados del siglo XIX con las primeras reacciones al sistema capitalista dieron como resultado, ya en el siglo XX, algunas interesantes experiencias socialistas. Si las miramos históricamente, fueron experiencias balbuceantes, primeros pasos. No podemos decir que fracasaron; fueron primeros pasos, no más que eso. Nadie dijo que la historia del socialismo quedó sepultada. En la Rusia actual, por ejemplo, ahora que abrazó el capitalismo, mayoritariamente la población desea retornar a la era soviética, donde las condiciones de vida eran muy superiores. No se puede decir que ahí el socialismo fracasó; fueron los primeros pasos, simplemente. Pasos que dieron resultado, por cierto. “Hay 200 millones de niños de la calle en todo el mundo. Ninguno de ellos vive en Cuba”, pudo afirmar orgulloso Fidel Castro. Quizá habría que considerar esas experiencias del siglo XX (Rusia, China, Cuba) como la Liga Hanseática, allá por los siglos XII y XIII en el norte de Europa, en relación al capitalismo: primeras semillas que germinarían siglos después.

Los procesos históricos son insufriblemente lentos. Alguna vez, en plena revolución china, se le preguntó al líder Lin Piao sobre el significado de la Revolución Francesa, y el dirigente revolucionario contestó que… “aún era muy prematuro para opinar”. Más allá de la posible humorada, hay ahí una verdad: los procesos sociales van lentos, exasperantemente lentos. De la Liga Hanseática al capitalismo globalizado del presente pasaron varias centurias; hoy, terminada la Guerra Fría, se puede decir que el capitalismo ha ganado en todo el mundo, dando la sensación de no tener rival. Para eso fue necesaria una acumulación de fuerzas fabulosas. Las primeras experiencias socialistas –la rusa, la china, la cubana– son apenas pequeños movimientos en la historia. Apenas ha pasado un siglo de la Revolución Bolchevique, pero la semilla plantada no ha muerto. Y si hoy nos podemos (debemos) seguir planteando ¿qué hacer? ante el capitalismo, ello significa que la historia continúa aún. El sistema capitalista, más allá de su derroche consumista y su continuo bombardeo ideológico-propagandístico anticomunista, no puede solucionar problemas ancestrales de la humanidad: hambre, enfermedades previsibles, dignidad de vida para todos, seguridad.

II

El mundo, como decíamos, para la amplia mayoría no sólo no va bien sino que resulta agobiante. Pero el sistema global tiene demasiado poder, demasiada experiencia, demasiada riqueza acumulada, y hacerle mella es muy difícil. La prueba está con lo que acaba de suceder estas últimas décadas: caída la experiencia de socialismo soviético y revertida (¿apaciguada?) la revolución china con su tránsito al capitalismo (o socialismo de mercado), los referentes para una transformación de las sociedades faltan, se han esfumado. ¿Es acaso China el modelo a seguir? Ese país puede experimentar esa rara combinación: mercado capitalista y planificación socialista, con un Partido Comunista férreo que ya tiene planes para el siglo XXII, haciendo que las cosas le marchen viento en popa. Pero China tiene 1,500 millones de habitantes y 4,000 años de historia. ¿Podrá un país como Cuba, por ejemplo, seguir ese modelo? La pregunta está abierta y es parte del debate en torno a ese ¿qué hacer?

Movimientos armados que levantaban banderas de lucha y cambios drásticos algunos años atrás ahora se han amansado, y la participación en comicios “democráticos” pareciera todo a cuanto se puede aspirar. Lo “políticamente correcto” vino a invadir el espacio cultural y la idea de lucha de clases fue reemplazándose por nuevos idearios “no violentos”. La idea de transformación radical, de revolución político-social, no pareciera estar entre los conceptos actuales. Pero las condiciones reales de vida no mejoran para las grandes mayorías; aunque cada vez hay más ingenios tecnológicos pululando por el mundo, las relaciones sociales se tornan más dificultosas, más agresivas. Las guerras, contrariamente a lo que podía parecer cuando terminó la Guerra Fría, siguen siendo el pan nuestro de cada día desde la lógica de los grandes poderes que manejan el mundo. La miseria, en vez de disminuir, crece. No está de más agregar que las guerras pasaron a constituir uno de los más redituables negocios del sistema capitalista. De hecho, la inversión en armamentos es el rubro comercial más desarrollado y que más ganancias otorga en este momento (se gastan 35,000 dólares por segundo en la industria bélica, lo cual favorece solo a un minúsculo grupo. Las mayorías siguen postergadas, hambrientas… ¡y muriendo en esas guerras!).

Una vez más entonces: ¿qué hacer? Hoy, después de la brutal paliza recibida por el campo popular con la caída del muro de Berlín y el retroceso sufrido en las condiciones laborales (pérdidas de conquistas históricas, desaparición de los sindicatos como arma reivindicativa, condiciones cada vez más leoninas, sobre-explotación disfrazada de cuentapropismo) las grandes mayorías, en vez de reaccionar, siguen anestesiadas. Una vez más también: el sistema capitalista es sabio, muy poderoso, dispone de infinitos recursos. Varios siglos de acumulación no se revierten tan fácilmente. Las ideas de transformación que surgen a partir del pensamiento labrado por Marx y Engels, puntales infaltables en el pensamiento revolucionario, hoy día parecieran “fuera de moda”. Por supuesto que no lo son, pero la ideología dominante así lo presenta.

Hoy es más fácil movilizar a grandes masas por un telepredicador o por un partido de fútbol que por reivindicaciones sociales. ¡Pero no todo está perdido! Los mil y un elementos que el sistema tiene para mantener el statu quo no son infalibles. Continuamente surgen reacciones, protestas, movimientos contestatarios. Lo que sí pareciera faltar es una línea conductora, un referente que pueda aglutinar toda esa disconformidad y concentrarla en una fuerza que efectivamente impacte certeramente en el sistema. ¿Por dónde golpear a ese gran monstruo que es el capitalismo? ¿Cómo lograr desbalancearlo, ponerlo en jaque, ya no digamos colapsarlo? Los caminos de la transformación se ven cerrados. Quizá el presente es un período de búsqueda, de revisiones, de acumulación de fuerzas. Hoy por hoy, no se ve nada que ponga realmente en peligro la globalidad del sistema-mundo capitalista. Las luchas siguen, sin dudas, y el planeta está atravesado de cabo a rabo por diversas expresiones de protesta social. Lo que no se percibe es la posibilidad real de un colapso del capitalismo a partir de fuerzas que lo adversen, que lo acorralen. El proletariado industrial urbano, que se creyó el germen transformador por excelencia –de acuerdo a la apreciación absolutamente lógica de mediados del siglo XIX cuando el auge de la revolución industrial– hoy está en retirada (la robotización lo va supliendo). Los nuevos sujetos contestatarios –movimientos sociales varios, campesinos, etnias, reivindicaciones puntuales por aquí y por allá– no terminan de hacer mella en el sistema. Y las guerrillas de corte socialista parecen hoy piezas de museo. ¿Quién levantaría la lucha armada en la actualidad como vía para el cambio social?

En medio de esa nebulosa, sin embargo, siguen surgiendo protestas, voces críticas. La historia no ha terminado, definitivamente. Si eso quiso anunciar el grito victorioso apenas caído el muro de Berlín con aquellas famosas frases pomposas de “fin de la historia” y “fin de las ideologías”, el estado actual del mundo nos recuerda que no es así. Ahora bien: ¿qué hacer para que colapse este sistema y pueda surgir algo alternativo, más justo, menos pernicioso?

III

Es más fácil decir qué no hacer que proponer cuestiones concretas. En otros términos: es más fácil destruir que construir. Pero sabido eso, y asumiendo que no resulta nada fácil marcar un camino seguro (por el contrario ¡es tremendamente difícil!) se puede señalar, en todo caso, por dónde no ir. Eso, al menos, ya nos recorta un poco el panorama, y nos dice lo que no debemos hacer. Luego, quizá, surja la hoy día ausente propuesta concreta de qué hacer, por dónde ir.

Hoy, dada las circunstancias históricas, de ningún modo es posible:

Impulsar la lucha armada. Las condiciones nacionales de ningún país, e incluso la coyuntura internacional, tornan imposible levantar esa propuesta en este momento. El agotamiento de esta opción, la respuesta absolutamente desmedida de que fueron objeto por parte del Estado con su estrategia contrainsurgente los distintos sitios donde aparecieron focos guerrilleros, el descrédito y el miedo que dejaron estas luchas en el grueso de la población, hacen imposible, en la actual coyuntura, volver a levantar esa iniciativa. La cuestión técnica, es decir: la enorme diferencia de poderío que se ha establecido entre las fuerzas regulares de cualquier Estado y las fuerzas insurgentes, no es el principal obstáculo para proponer esta salida. Los ideales, está probado, pueden ser más efectivos que el más impresionante dispositivo técnico. De todos modos, llegado el caso, esa diferencia de potencial bélico hoy es tan grande que habría que replantear formas de lucha. Por ejemplo: ¿puede llegar a plantearse seriamente como una opción que desestabilice al sistema una “guerrilla informática”, los hackers? Quizá eso no serviría como propuesta de transformación, y debería pensarse en otras opciones, como guerra popular prolongada con una vanguardia armada. Lo cierto es que hoy, dado la reciente historia, ésta no se vislumbra como una vía posible.

Participar como partido político buscando la presidencia en elecciones generales para, desde allí, generar cambios. Sin descartar completamente la opción de la vía electoral, la opción transformadora no pasa por ocupar la administración del Estado capitalista. La experiencia lo ha demostrado infinidad de veces, a veces de manera trágica, que tomar el gobierno no es, en modo alguno, tomar el poder. Los factores de poder pueden admitir, a lo sumo, que un gobierno con tinte socialdemócrata realice algunos cambios no sustanciales en la estructura; si se quiere ir más allá, al no contarse con todo el poder real (las fuerzas armadas, el aparato de Estado en su conjunto, la movilización popular efectiva que representa un movimiento de masas siendo quien en verdad insufla la energía transformadora), al no haberse producido un cambio en las correlaciones de fuerzas reales en la sociedad, las posibilidades de cambio son nulas. Quizá pueda ser útil, sólo como un momento de la lucha revolucionaria, optar por ocupar poderes locales (alcaldías por ejemplo) o algunas bancas en el Poder Legislativo, para hacer oposición, para organizar, para constituirse en un referente alternativo. Pero en todo caso no hay que olvidar nunca jamás que esas instancias de la institucionalidad capitalista son muy limitadas: no están hechas para la democracia genuina, de base, revolucionaria. Son, en definitiva, instrumentos de dominación de clase, por eso no puede apuntarse a trabajar en ellas con la “ingenuidad” de creer poder transformar algo con instrumentos destinados a no cambiar.

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Sin tener claro por dónde, podemos ver algunos elementos interesantes, que deben llamar al análisis pormenorizado. En ese sentido, lo que sí se van dibujando como alternativas antisistémicas, rebeldes, contestatarias, son los grupos (en general movimientos campesinos e indígenas) que luchan y reivindican sus territorios ancestrales.

Quizá sin una propuesta clasista, revolucionaria en sentido estricto (al menos como la concibió el marxismo clásico), estos movimientos constituyen una clara afrenta a los intereses del gran capital transnacional y a los sectores hegemónicos locales. En ese sentido, funcionan como una alternativa, una llama que se sigue levantando, y arde, y que eventualmente puede crecer y encender más llamas. De hecho, en el informe “Tendencias Globales 2020 – Cartografía del futuro global”, del consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, dedicado a estudiar los escenarios futuros de amenaza a la seguridad nacional de ese país, puede leerse: “A comienzos del siglo XXI, hay grupos indígenas radicales en la mayoría de los países latinoamericanos, que en 2020 podrán haber crecido exponencialmente y obtenido la adhesión de la mayoría de los pueblos indígenas (…) Esos grupos podrán establecer relaciones con grupos terroristas internacionales y grupos antiglobalización (…) que podrán poner en causa las políticas económicas de los liderazgos latinoamericanos de origen europeo. (…) Las tensiones se manifestarán en un área desde México a través de la región del Amazonas”. [1] Para enfrentar esa presunta amenaza que afectaría la gobernabilidad de la región poniendo en entredicho la hegemonía continental de Washington y afectando sus intereses, el gobierno estadounidense tiene ya establecida la correspondiente estrategia contrainsurgente, la “Guerra de Red Social” (guerra de cuarta generación, guerra mediático-psicológica donde el enemigo no es un ejército combatiente sino la totalidad de la población civil), tal como décadas atrás lo hiciera contra la Teología de la Liberación y los movimientos insurgentes que se expandieron por toda Latinoamérica.

Hoy, como dijo algún tiempo atrás el portugués Boaventura Sousa Santos refiriéndose al caso colombiano en particular, pero aplicable al contexto latinoamericano en general, “la verdadera amenaza no son las FARC. Son las fuerzas progresistas y, en especial, los movimientos indígenas y campesinos. La mayor amenaza [para la estrategia hegemónica de Estados Unidos, para el capitalismo como sistema] proviene de aquellos que invocan derechos ancestrales sobre los territorios donde se encuentran estos recursos [biodiversidad, agua dulce, petróleo, riquezas minerales], o sea, de los pueblos indígenas”. [2] Anida allí, entonces, una cuota de esperanza. ¿Quién dijo que todo está perdido?

IV

No hay dudas que la contradicción fundamental del sistema sigue siendo el choque irreconciliable de las contradicciones de clase, de trabajadores y capitalistas (empresarios industriales, terratenientes, banqueros), más allá que ahora se hayan “puesto de moda” los Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos: MARC’s. Es decir: Marc’s en vez de Marx. Esa contradicción –que no ha terminado, que sigue siendo el motor de la historia, amén de otras contradicciones paralelas sin dudas muy importantes: asimetrías de género, discriminación étnica, adultocentrismo, homofobia, etc.– pone como actores principales del escenario revolucionario a los trabajadores, en cualquiera de sus formas: proletariado industrial urbano, proletariado agrícola, trabajadores clase-media de la esfera de servicios, amas de casa, intelectuales, personal calificado y gerencial de la iniciativa privada, subocupados varios, campesinos. Lo cierto es que, con la derrota histórica de este round de la lucha y el retroceso que, como trabajadores, hemos sufrido a nivel mundial con el capitalismo salvaje de estos años, eufemísticamente llamado “neoliberalismo” (precarización de las condiciones generales de trabajo, pérdida de conquistas históricas, retroceso en la organización sindical, tercerización, etc., etc.), los trabajadores estamos desorganizados, vencidos, quizá desmoralizados.

De ahí que estos movimientos campesinos-indígenas que reivindican sus territorios son una fuente de vitalidad revolucionaria sumamente importante.

La pregunta era: ¿por dónde ir? Sin dudas, la organización popular sigue siendo vital. Ningún cambio puede darse si no es con poblaciones organizadas, conscientes de su realidad, dispuestas a cambiar las cosas. Las élites esclarecidas no sirven para modificar una sociedad; más allá de su lucidez, la verdadera mecha del cambio está en la fuerza de la gente, no en el trabajo intelectual de una vanguardia (sin desmerecer lo intelectual en lo más mínimo, por supuesto). Evidentemente la potencialidad de este descontento que en muchos países latinoamericanos se expresa en toda la movilización popular anti industria extractivista (minería, hidroeléctricas, monocultivos destinados a la agroexportación) puede marcar un camino. Hoy día, en que pareciera que no hay ninguna claridad respecto a las sendas a transitar para lograr cambios reales, profundos y sostenibles, hoy día en que el sistema global parece tan monolítico y sin ningún resquicio por donde atacarlo, tal vez sea oportuno recordar al poeta (¿y quién dijo que el arte no puede ser infinitamente revolucionario?): “Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar”.

 

Por Marcelo Colussi

Rebelión


Notas

[1] En Yepe, R. “Los informes del Consejo Nacional de Inteligencia”. Versión digital disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=140463

[2] Boaventura Sousa, S. “Estrategia continental”. Versión digital disponible en https://www.uclouvain.be/en-369088.html

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