Venezuela: Nueva estrategia, ¿misma abstención?

Un referendo puede oxigenar a Maduro para sus últimos años de gobierno o renovar al Chavismo que, de perderlo, podrá en el lapso de un mes presentar una nueva propuesta presidencial frente a una oposición dividida.

 

Muchos acontecimientos relacionados con la política electoral parecen haber establecido en las últimas semanas una ruta oficial para intentar salir de la crisis política y así generar un nuevo escenario de estabilización general en Venezuela. Esta ruta tiene varios elementos electorales y democráticos que se juntan con decisiones lanzadas por decreto desde instancias institucionales.

La estrategia de las fuerzas oficiales, en líneas generales, intenta generar un nuevo marco democrático que se sustenta sobre algunas decisiones tomadas los últimos días y que adelante mencionaremos.

Si bien este diseño político está lleno de inconsistencias constitucionales y decisiones arbitrarias, siempre en medio de una situación general de crisis económica y asedio financiero internacional, es el único que en los actuales momentos podría resultar factible y que podría tener su clímax en un posible referendo revocatorio presidencial en 2022 que el presidente Maduro ha reconocido como opción. El mantenimiento del interinato de Guaidó, venido a menos, ya pertenece al campo de las aventuras, no de la política.

Para lograr ese escenario deben estar presentes sobre todo dos cosas. Primero, que el gobierno de Estados Unidos, el de Trump o el de Biden, moderen su nivel de ataque hacia Venezuela y dejen de interferir en una salida democrática, llegando al nivel de sancionar a políticos de oposición que deciden dialogar con el gobierno. Aunque hay que reconocer que no lo han hecho con los nuevos nombramientos rectorales ni tampoco con los cambios internos a los partidos opositores.

Y segundo y lo más importante, que las mayorías populares retornen al voto como único modo posible de desactivar el campo minado que hoy representa Venezuela.

 

MEDIDAS: ENTRE LA COOPTACIÓN Y UNA SALIDA ELECTORAL

 

Primero. Con tres decisiones diferentes de junio y julio, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) intervino las directivas de los partidos Primero Justicia, Acción Democrática y Voluntad Popular y nombró como sus presidentes a dirigentes de esas toldas que han venido abriendo negociaciones, más o menos abiertas, con el ejecutivo nacional.

Segundo. También el TSJ nombró un nuevo Consejo Nacional Electoral el 13 de junio, una vez no pudieran ponerse de acuerdo las facciones internas a la Asamblea Nacional, órgano encargado por la constitución de hacerlo. La conformación del ente incluye la participación de actores políticos de oposición que decidieron sentarse en una mesa de diálogo nacional con el gobierno que viene operando desde finales de 2019 y donde participan varios partidos minoritarios. Hasta ahora las decisiones del ente han sido tomadas en consenso entre miembros de esta corriente de oposición y oficialismo. Han anunciado el 6 de diciembre como fecha de realización de las elecciones legislativas.

Tercero. El presidente Maduro anunció el 24 de junio la posibilidad de un referendo revocatorio presidencial en 2022, un instrumento contenido en la Constitución para todos los cargos de elección popular. Si bien la intención no ha generado mayores expectativas, sobre todo debido a que en 2016 fue bloqueada su aplicación por el anterior CNE, usando medidas administrativas, es la primera vez que se prefigura un escenario de este tipo desde el propio oficialismo.

Este conjunto de medidas abre dos escenarios posibles de cara a los próximos años.

El primero es un proceso de reoxigenación democrática de todos los actores, incluyendo al gobierno y al chavismo, aunque también a la oposición y las instituciones, de manera que se pueda atender la crisis desde los mecanismos democráticos y constitucionales y pueda crearse un marco general de entendimiento.

Un referendo puede oxigenar a Maduro para sus últimos años de gobierno o renovar al Chavismo que, de perderlo, podrá en el lapso de un mes presentar una nueva propuesta presidencial frente a una oposición dividida.

El segundo escenario posible es la consolidación del oficialismo como corriente única en el poder, una vez que, con una alta abstención el 6 de diciembre, conquiste la mayoría de curules del único poder público que no controla.

El escenario de la victoria del levantamiento de Guaidó ha disminuido a casi cero sus probabilidades de éxito.

Básicamente hay dos factores que harán peso en una dirección o en otra: los niveles de abstención, esto es, el nivel de credibilidad que tenga la estrategia política de Maduro y los actores de oposición que fragüen su ruptura con la línea del G4 (principales partidos opositores), y segundo, el papel de Estados Unidos. En la medida que se profundicen las sanciones y la presión internacional siga criminalizando a la dirigencia chavista, el oficialismo tenderá a cerrarse e impedir cualquier cambio democrático, mientras que si se desmontan las sanciones y los actores internacionales garantizan la apertura con Venezuela, se podría estar generando la posibilidad de un escenario democrático y electoral.

 

¿UNA NUEVA OPOSICIÓN?

 

El conjunto de medidas y decisiones institucionales no han recibido reacciones contundentes de las corrientes mayoritarias de las fuerzas opositoras, quienes se han visto impotentes de responder, no solo por la desmovilización de la pandemia, sino también por el desgaste político que lucen y el cúmulo de derrotas en fila desde el golpe militar del 30 de abril de 2019 en el que muchos líderes de los partidos participaron de manera pública, hasta el fallido intento de desembarco de comienzos de mayo, llamado operación Gedeón. Y todo ello desde la estrategia de los sectores radicales que gastaron toda la pólvora en el nombramiento de un interinato que no presenta ningún saldo a favor. También debido a la sumisión de los partidos más moderados hacia esta línea política forjada entre Washington y Miami.

Pero puede haber otra oposición.

En paralelo, el gobierno venía reuniéndose y negociando con actores políticos minoritarios en la mesa de diálogo nacional y que ahora son coparticipes de esta nueva estrategia con representantes en el CNE. Sumados a ellos, las siglas y tarjetas de los partidos tradicionales Acción Democrática, Primero Justicia y Voluntad Popular con nueva directiva. El TSJ, por decreto, ha desplazado al liderazgo histórico de oposición y aun no se sabe qué consecuencias electorales esto pueda traer.

La alta jerarquía católica ha dado un paso histórico al salirse de la órbita de la oposición radical. Ha criticado fuertemente al abstencionismo y ha planteado la necesidad de ir a votar.

Con toda la armadura legal e institucional para convocar elecciones, con las tarjetas de los partidos activadas, con múltiples colores y marcas políticas, solo hay algo que aún no termina de verificarse y para ello hay que esperar el día electoral: si los militantes de esos partidos se entusiasman por la nueva situación y deciden acudir en masa, o si por el contrario, rechazan la nueva condición electoral que han armado las instituciones oficiales con actores de oposición y deciden no participar.

Esta es la clave para interpretar el éxito o fracaso de la estrategia oficial porque una alta abstención va a dificultar que esta ruta diseñada saque al país de la crisis. Pero también, una alta movilización de esos partidos podría reeditar un resultado desfavorable para el oficialismo.

El dilema oficial es el grado de participación que no sea tan bajo para deslegitimar el proceso, pero tampoco tan alto como para terminar arrasado nuevamente como en 2015.

 

ABSTENERSE O NO ABSTENERSE, HE ALLÍ EL DILEMA OPOSITOR

 

Como era de esperarse, el liderazgo opositor ha cuestionado este grupo de medidas y ha decidido no participar en los comicios de diciembre.

La alta abstención en la que se eligió al presidente Maduro en mayo 2018 (54%) dejó el camino abierto para el interinato de Guaidó y la vía violenta para forjar una transición política, una alta abstención el 6 de diciembre podría mostrar que no solo el partido de gobierno sino que incluso todo el sistema político está entredicho, y que los votantes opositores, que crecieron enormemente en las legislativas de 2015, no aceptan ni esta ruta ni la cooptación de los partidos políticos.

Pero también quienes apuntan a una política abstencionista tendrán que recordar el otro hito de 2005 cuando la oposición llamó a no votar y dejó solo en el poder legislativo al chavismo que terminó de ocupar todas las instituciones y salió tremendamente fortalecido, decisión que distintos voceros opositores han autocriticado con el paso del tiempo. Sin embargo, todo parece indicar que volverán a tropezar con la misma piedra.

Para intentar persuadirlos, Maduro ha dejado un anzuelo con la jugosa carnada de un posible referendo revocatorio para 2022. ¿Podrá la nueva oposición navegar hasta allá o naufragará antes de tiempo?

Para saberlo primero habrá que pasar por diciembre de 2020 y confrontar una nueva situación.

 

PARLAMENTARIAS 2020

 

Las masas opositoras pueden acatar el llamado a la abstención que sumada a la abstención tradicional de este tipo de comicios (suele aumentar en las elecciones de tipo no presidencial) y permitir al partido de gobierno convertirse en una mayoría aplastante dentro de la única institución que le ha sido esquiva los últimos años, la Asamblea Nacional, afianzará su control férreo sobre el Estado. Esto es lo más probable.

La alternativa es que los sectores opositores que han decidido participar, usando el argumento de un posible revocatorio en 2022, pueda generar entusiasmo para que las bases opositoras no acepten el llamado a la abstención de sus líderes históricos y acudan masivamente a votar para así coparticipar con el oficialismo en la Asamblea Nacional e impedir que este tenga el control total. Estarían emergiendo nuevos factores de oposición que le den sentido a la ruta oficial.

En paralelo, los sectores radicales mantendrán el mantra de derrocar a Maduro como condición sine qua non para incorporarse a la esfera política lo que se traduciría, avivados por un “triunfo” del abstencionismo, que la oposición radical mantenga el control interno y siga produciendo hechos violentos y apueste por la profundización de las sanciones e incluso intentar nuevas aventuras militares.

Todo está por verse, cualquier opción pasa por diciembre de 2020

 

Por OCIEL ALÍ LÓPEZ

SOCIÓLOGO, ANALISTA POLÍTICO Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

20 AGO 2020 06:00

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 Personas pasean en Colonia, Alemania, el 22 de abril de 2020.Thilo Schmuelgen / Reuters

El estudio tiene como objetivo evaluar los cambios en los patrones de conducta de los participantes.

 

Alemania llevará a cabo un experimento con la renta básica universal, proporcionando dinero a un pequeño grupo de ciudadanos para determinar cómo estos pagos regulares sin condiciones afectan su modo de vivir, y evaluar los beneficios potenciales de expandir esa práctica.

Se otorgarán 1.200 euros (1.420 dólares) al mes a cada una de 120 personas en el marco del estudio piloto destinado a fijar cambios en los patrones laborales y de ocio de los participantes.

Experimentos semejantes han sido realizados en otras partes del mundo, y la idea ha recibido especial atención como método de apoyo a las personas durante la pandemia de coronavirus y los inconvenientes económicos vinculados.

Los partidarios de la idea creen que la asistencia económica regular ayudará a lidiar con la pobreza, flexibilizará las prácticas laborales y permitirá a algunos ciudadanos pasar más tiempo cuidando de sus familiares de edad mayor.

"Quienes se oponen aseguran que el ingreso básico universal llevará a que la gente deje de trabajar para quedarse acostada en el sofá con comida rápida y servicios de 'streaming'", afirmó a Der Spiegel el investigador Jurgen Schupp, quien lidera el proyecto en el Instituto Alemán de Investigación Económica.

Según él, se puede mejorar esta debate reemplazando los estereotipos con un conocimiento probado empíricamente.

A los 120 participantes los estudiarán frente a un grupo de control de 1.380 personas que no recibirán la renta básica.

Los investigadores esperan atraer a un millón de solicitantes para el próximo mes de noviembre. De ellos se seleccionará a 1.500 personas requeridas para el experimento de tres años de duración, financiado por donantes privados.

El mes pasado la ONU propuso la idea de lanzar una renta básica universal para un tercio de la población mundial, es decir, 2.700 millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza en 132 países, con el objetivo de afrontar la crisis económica por la pandemia.

20 ago 2020 08:39 GMT

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Sábado, 15 Agosto 2020 06:11

Los matices humanos

 Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Buenos Aires, noviembre de 2019. AFP, JUAN MABROMATA

EL FEMINISMO COMO FENÓMENO DE MASAS

 

La identidad es una cárcel. (…)

La identidad no es una idea que ayuda a la humanidad a encontrarse consigo misma.

Deseo para el futuro la inutilidad absoluta de la identidad. (…)

Lo importante es la invención: alguien que decide pararse en el mundo e inventarse.

Lucrecia Martel1

 

Cuando aquel 3 de junio de 2015 las argentinas salieron a las calles a gritar «ni una menos», los feminismos uruguayos, que venían en un proceso de transformación propia, se hicieron eco de la marcha y sus reclamos, estableciendo un mojón histórico en la construcción de un internacionalismo popular y masivo. En ese momento, el objetivo primordial era romper el silencio social e instalar con fuerza la certeza de que la violencia basada en género es una variable básica para comprender las desigualdades estructurales que asolan la vida de los cuerpos feminizados. A partir de ese momento –y también gracias a la globalización de movimientos como el #MeToo y a procesos locales de «destape» como la Operación Océano, entre otros–, las causas feministas empezaron a tomar un protagonismo mucho más importante en la opinión pública, revolucionando con herramientas diversas –que van desde las nuevas escrituras académicas hasta los usos del lenguaje inclusivo, pasando por un millón de estrategias autogestivas e institucionales– la construcción de nuestras subjetividades. Es muy probable que la actitud de escucha de la sociedad hacia el caso Viglietti, por ejemplo, tenga mucho que ver con esa ruptura del silencio que se ha logrado. Si era un secreto a voces que ya se había hecho público en 2017 cuando el compositor murió, ¿por qué recién ahora, a pesar de todas las resistencias, pudimos comenzar a procesarlo y discutirlo? Porque ha cambiado el contexto de escucha, y eso, en sí mismo, constituye un logro inmenso.

Para instalar la discusión y volver a politizar la vida, las tácticas comunicacionales de los feminismos latinoamericanos han dado un enorme resultado. Las calles y las redes se complementan para difundir un vasto campo de pensamiento no hegemónico, y si bien es cierto que las consignas siempre son una síntesis de ideas más complejas, esas pequeñas frases hicieron la diferencia y permitieron que cada vez más personas se encuentren dispuestas a escuchar razones sobre asuntos que, hace sólo cinco años, se encontraban casi ausentes de las conversaciones cotidianas. Empezamos a leernos y escucharnos más entre nosotras, a darnos cuenta del profundo alcance de la cultura patriarcal, a identificar la opresión de género como un mecanismo fundante para el capitalismo, pero que, incluso, lo trasciende para extenderse a casi todos los sistemas políticos que han estructurado la vida humana a lo largo del tiempo.

Hemos vivenciado el valor de ese proceso esta misma semana, en la que decenas de estudiantes de Medicina se animaron, bajo el hashtag #MeLoDijeronEnLaFmed, a contar en Twitter sus experiencias de acoso y abuso dentro de la facultad. La literatura de consignas, esa creación colectiva orgánica al movimiento, ha sido clave para que las ideas feministas lleguen a lugares impensados, trascendiendo distancias de todo tipo. Así, la ruptura del silencio dio paso a una masividad sumamente heterogénea, en la que incluso la palabra feminismo se ha convertido en territorio de disputa. Esa masividad que, sin lugar a dudas y a pesar de todo, es tremenda buena noticia, ha traído nuevos problemas y ha intensificado debates que se han vuelto muy difíciles de transitar con serenidad, porque es natural que las pasiones atraviesen una práctica política tan enraizada en las experiencias personales. Sentirse parte del movimiento feminista no necesita más (por suerte) que un acto voluntario: alcanza con declararse feminista. Aun así, la posibilidad de considerarnos «compañeras» se ha fragilizado para dar paso a acusaciones que parecen irreparables, como la de «encubrir violadores», que aparece con una facilidad alarmante. ¿De verdad es responsable una mujer que ama a un varón, porque es su padre, su hermano, su pareja, su amigo o su compañero de trabajo, de las acciones que ese varón realiza o ha realizado en el pasado? ¿No resulta evidente que para condenar a cualquier persona que se conoce y se ama son necesarias ciertas garantías? ¿No hay contradicciones en el acto de erigirse en un lugar de moral impoluta y colocarse «afuera» del problema cuando sabemos que la sociedad de la que formamos parte está enteramente atravesada por la cultura de la violación y por una idea de amor que tiene un vínculo histórico con la violencia?

Resulta difícil para las feministas hacer ciertas preguntas críticas hacia adentro. Para escucharnos y ser escuchadas tuvimos que atrincherarnos y no dar el flanco, porque no nos quedaba otra. Decir «hermana, yo te creo» es una decisión política fundamental, porque es un acto de habilitación de la escucha, una subversión revolucionaria contra la sospecha obligada que caía sobre quienes se animaban a hablar. ¿Pero qué pasa cuando vemos que la práctica del rumor se instala en las generaciones más jóvenes y que acusaciones anónimas, para las que no hay ni siquiera testimonios o personas cercanas que les pongan el cuerpo a las denuncias, terminan destruyendo la potencia de los movimientos colectivos mixtos, que se desarman en pedazos? Es un problema muy grave, porque, claro, la Justicia está muy lejos de ofrecer caminos reales de intervención. Si ni siquiera es capaz de prevenir femicidios perpetrados por varones denunciados previamente, ¿cómo podemos pretender que intervenga con eficacia para dirimir, por ejemplo, si el hecho de que un varón se quite un preservativo sin permiso constituye un delito que debe ser penalizado? Así, si bien en un principio el trabajo de las feministas se encauzaba con naturalidad hacia lograr que las mujeres denunciaran más, contar con una Justicia que no sea funcional a la perpetuación de la violencia parece un objetivo tan lejano e inaccesible que, para muchas compañeras, es inevitable la tentación de abandonarlo.

Pero que la Justicia sea una institución patriarcal y funcional al poder no puede llevarnos a «pasar de ella» de manera acrítica. El método del escrache es una herramienta importante cuando el sistema falla o se rehúsa a actuar, pero nunca debería ser nuestra primera opción. Mal utilizado puede resultar muy peligroso, incluso para la víctima. En los escraches que se hacían a los represores después de la dictadura, tanto en Argentina como en Uruguay, había organizaciones que generaban su propia información y respaldaban esas acusaciones: Madres y Familiares, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S. ¿Pero qué pasa cuando, en un movimiento masivo, los escraches no cuentan con ningún mecanismo de confirmación, ni siquiera interno? ¿Es loable pensar en un feminismo que juzga sin ofrecer garantía alguna? Hoy, más que nunca, el procedimiento de la justicia por mano propia –por más que esa justicia se trate del aislamiento social o de la «cancelación»– se acerca demasiado a los procesos de construcción de subjetividad más alarmantes de la sociedad, esos que les abren paso a los fascismos. Los grises existen: no es lo mismo una acusación de acoso hacia un profesor o un jefe, por ejemplo, con la disparidad de poder que eso significa, que una acusación que se realiza hacia un par, aunque resulte incómodo decirlo. Del mismo modo, si bien la violencia verbal es violencia, no es exactamente lo mismo que la que se ejerce físicamente. Aplanar esos matices no es una actitud responsable. Todo ciudadano merece un juicio justo, y sus personas cercanas necesitan ese juicio para enfrentar la verdad, y por eso necesitamos disputar la Justicia para transformarla. El humanismo es una concepción filosófica necesaria porque la identidad no debería ser una cárcel. Creer que las personas pueden cambiar también es una decisión política, y no es momento de menospreciarla.

Hoy no estamos en el mismo lugar que hace cinco años atrás. No es fácil preguntarnos con lucidez sobre cómo seguir, porque muchas veces eso implica abandonar los atajos para jugarse por el camino largo. Hay demasiadas luchas que requieren que podamos organizarnos sin acusarnos, a priori, entre nosotras. Sin ir más lejos, de cara a las elecciones departamentales, asusta la manera en que nuestras causas están siendo ninguneadas por todos los partidos políticos. La tolerancia, la confianza y el cuidado también incluyen otorgarnos garantías reales, responsables, para decidir a quién aislar, a quién cancelar o a quién odiar. Y tenemos que poder hacer autocrítica sin juzgarnos y condenarnos tan fácilmente, para que la masividad no sea un ruido que nos engulla y nos traga, operando en contra del cambio social estructural por el que venimos luchando y que, más temprano que tarde, conseguiremos.

1   Extraído de la charla brindada por Lucrecia Martel el 7 de marzo en el Centro Cultural Kirchner, Buenos Aires, Argentina. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=VzpfPwsOpjA

 

14 agosto, 2020

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Viernes, 14 Agosto 2020 05:50

De espacio abierto a espacio de acción

De espacio abierto a espacio de acción

¿El Foro Social Mundial, que celebra su vigésimo aniversario en 2021, es sólo un espacio abierto o puede, debería ser, también un espacio de acción? Esta cuestión ha sido discutida durante años en su Consejo Internacional y hasta ahora no hubo posibilidad de llegar a una conclusión.

Hemos firmado la carta, Frei Betto, Atilio Borón, Bernard Cassen, Adolfo Perez Esquivel, Federico Mayor, Riccardo Petrella, Ignacio Ramonet, Emir Sader, Boaventura Santos, Roberto Savio,  Aminata Traoré, todos firmantes de la declaración de Porto Alegre. Hemos perdido, desde 2005, brillantes compañeros (Eduardo Galeano, José Saramago, Francois Houtart, Samir Amin, Samuel Ruiz Garcia, Immanuel Wallerstein).  Pero hemos compartido mucho con ellos y creemos saber lo que pensarían. Los que estamos vivo hemos querido enviar este mensaje al FSM, para que tenga un elemento más de estímulo y de reflexión. El espíritu de nuestra iniciativa queda representado en el mensaje de adhesión del Premio Nobel para la Paz, Adolfo Perez Esquivel: “gracias por la iniciativa de revivir la fuerza y esperanza del FSM, hace tiempo estabamos pensando en algo semejante de volver a encontrar caminos que nos identifiquen en la diversidad del pensamiento y de las acciones para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Desde ya queridos hermanos sumo mi firma y les abrazo”.

En el FSM de Porto Alegre del 2005 algunos de nosotros lanzamos el ”Manifiesto de Porto Alegre”, preocupados por la creciente marginalización del FSM en la escena global. Sabíamos que rompíamos la regla de que el Foro no puede hacer declaraciones pero nos pareció una manera de contribuir con los ricos debates de Porto Alegre a la política internacional.  Al año siguiente se difundió el “Llamado de Bamako”, en el mismo sentido. Ninguno de ellos tuvo respuesta.

Después de 15 años, nuestra preocupación se ha revelado sumamente real. El Foro nació en el 2001 por el esfuerzo generoso y visionario del grupo brasileño y el apoyo que encontraron en la época de Lula. La progresiva internacionalización llevó al FSM a todos los continentes. La idea de abrir un espacio a los movimientos sociales y a intelectuales críticos para intercambio de experiencias y de ideas, en pos de combatir al pensamiento único del neoliberalismo, era una idea revolucionaria y de gran impacto en el mundo. Ante la amenaza del inicio de la guerra de EEUU contra Irak el FSM mostró su inmenso potencial convocando a multitudinarias marchas de rechazo coordinadas globalmente. Sin embargo, ese tipo de iniciativas no prosperó.   

Desgraciadamente, el FSM no ha aceptado ningún cambio de sus reglas y prácticas, aunque estamos en la víspera de dos décadas de su creación. La idea de un espacio abierto, sin posibilidad de interactuar con el mundo exterior como un sujeto político global, ha hecho del Foro un actor marginal, que ya no es punto de referencia. En estos últimos años por lo menos tres grandes movimientos populares han movilizado millones de personas en el mundo: el de la lucha en contra del cambio climático, por la igualdad de género, y el antirracismo. Allí el FSM ha estado totalmente ausente como actor colectivo global. Pero la idea creativa del FSM, de luchar en contra del neoliberalismo con una visión holística y no sectorial, mantiene toda su fuerza y vigencia, junto a las luchas anticoloniales, antipatriarcales y por el respeto a la naturaleza y los bienes comunes que hoy nos convocan.

Se necesita acción. El mundo ha cambiado, y no para mejor. Hoy, no sólo nos enfrentamos a las devastadoras consecuencias de cuarenta años de capitalismo neoliberal, estamos dominados por los mercados financieros y amenazados por el rápido cambio climático que podría hacer imposible la vida humana en la tierra. La pobreza masiva y las desigualdades crecientes dividen nuestras sociedades, junto con el racismo y la discriminación.

La resistencia también está creciendo. 2019 ha visto un flujo abrumador de movimientos principalmente de jóvenes, en una gran cantidad de ciudades importantes de todo el mundo. Ellos saben que el viejo mundo está muriendo, y con impaciencia quieren construir un mundo nuevo, de justicia y paz, donde todos los hombres y mujeres sean iguales, donde se conserve la naturaleza y la economía esté al servicio de la sociedad. Se están preparando muchas alternativas, pero no hay un espacio que pueda reunirlas y construir nuevas narrativas comunes y globales, basadas en experiencias de base y capaces de guiar acciones futuras. Los activistas y académicos progresistas están tan fragmentados que corren el riesgo de perder no solo la batalla sino también la guerra.

COVID-19 es sólo otra crisis, que por primera vez afecta a todas las personas al mismo tiempo, a pesar de que no con la misma intensidad. El mundo se ha convertido en una aldea en la que somos interdependientes. Nunca antes había sido tan claro que, de hecho, tenemos que actuar y hacerlo juntos. El Foro Social Mundial todavía tiene un gran potencial para darle voz y ayudar a los movimientos a poner sus alternativas en un contexto global donde los nuevos discursos y prácticas puedan converger. Es por eso que, los que participamos en el FSM desde su inicio y firmamos las declaraciones de Porto Alegre y Bamakò, pedimos un “renovado foro social mundial,». Nos enfrentamos a una crisis global multidimensional; se necesita acción a nivel local, nacional y global, con una articulación adecuada entre ellos. El FSM es el marco ideal para promover esta acción. De eso se trata esta iniciativa.

Por [email protected] [email protected] | 14/08/2020

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Miércoles, 12 Agosto 2020 05:38

Misión imposible en Líbano 

La explosión en Líbano generó también una ola de protestas por la crisis económica. Foto Ap

“¡Sí, todos podemos estar de acuerdo en que el mar absorbió 70 por ciento de la explosión!”, me anunció un amigo libanés esta semana, con una base científica interesante, aunque dudosa. Yo le había preguntado –porque sabía la respuesta– cuál de las comunidades religiosas sufrió de manera más profunda la explosión que transformó a la nación. O que no la transformó, como podría ser el caso.

Como todo en Líbano, su cálculo podría ser correcto. Porque Beirut, como Trípoli –y Haifa, para el caso–, está construida sobre uno de esos antiguos promontorios del este del Mediterráneo, como “la cara de un viejo pescador”, según la frase memorable con que la describió Fairouz. El gran estruendo tal vez abarcó más agua de mar que edificios. Y los peces, hasta donde sabemos, no son religiosos.

Pero mi conocido –un musulmán sunita, servidor civil de muchos años, lector de libros más que de memorandos– se apresuró a advertir: “No veamos esto en términos de la guerra civil. Pero sí, los cristianos recibieron la peor parte porque viven junto al puerto, en el este de la ciudad, maronitas en su mayoría. Los del lado musulmán de Beirut perdieron sus ventanas; los cristianos perdieron la vida.” Pero ni siquiera eso era del todo cierto.

Los que dijeron que entre los muertos hubo libaneses de todos los credos también tenían razón. Hubo musulmanes –sunitas y chiítas entre los bomberos, tenderos y otros–, sin olvidar las docenas de refugiados sirios que podrían sumar la cuarta parte de las bajas. De hecho, los sirios de algún modo quedaron incluidos en la cuota mortal de Líbano. Pero hubo algo un tanto extraño en la forma en que esta tragedia se relató en Occidente.

En Francia, en Gran Bretaña y Estados Unidos –y, según noté, también en Rusia–, la narrativa (palabra que detesto) fue un poco diferente. Nos dicen que los “libaneses” protestan contra las “élites” y el gobierno –que han corrompido al país, llevado la economía a la bancarrota, han sido incapaces de proteger a su pueblo– y ahora exigen un nuevo sistema político, democrático, no sectario, incorrupto, etc., etc. Cierto otra vez.
Y sí, las casas y edificios aplastados y las calles devastadas son sin duda parte de la destrucción de Beirut. Pero sus nombres –Gemmayze, Mar Mikhael, Ashrafieh– fueron presentados como meras ubicaciones en el mapa de una ciudad, más que como el epicentro no solo de la ola expansiva, sino del viejo corazón cristiano de la capital libanesa. Esos distritos eran bellos, preservaban con magnificencia su herencia otomana… vean nada más lo que le ocurrió al asombroso Museo Sursock.

Eran zonas alegres, centros de reunión para jóvenes (sobre todo de clase media, pero tanto musulmanes como cristianos), llenos de restaurantes y bares, inmensamente populares no solo entre los libaneses, sino entre los occidentales que vivían en la ciudad y se sentían seguros entre pobladores que hablaban francés e inglés y eran en su mayoría pro europeos (y a menudo antisirios y anti iraníes).

Antes de la guerra civil era al revés: los extranjeros vivían en el oeste de Beirut, arracimados en torno a la Universidad Americana con su educación liberal, sus manifestaciones de protesta, sus movimientos palestinos (entonces), sus sunitas y drusos de clase media y, si uno se alejaba treinta kilómetros, su gran mayoría chiíta ignorada. En guerras subsecuentes con Israel, esas y otras áreas musulmanas fueron arrasadas por las bombas, diezmadas por explosiones, sus habitantes confinados en reductos. Los distritos cristianos se salvaron en parte.

Gemmayze y Mar Mikhael fueron líneas del frente falangista cristiano; las calles de Beirut oriental eran patrulladas por una mezcla de palestinos venales y milicias musulmanas. Cuando los israelíes invadieron Líbano, en 1982, fueron recibidos como salvadores por decenas de miles de cristianos y bienvenidos en las calles. Ariel Sharon se reunió con el líder de las milicias cristianas y luego asesinó al presidente electo Bahir Gemayel en el magnífico restaurante Au Vieux Quartier de Beirut oriental; el lugar fue remodelado hace mucho, pero la calle donde estaba seguía devastada el 4 de agosto pasado.

Y no, la bola de fuego cuyas ondas de choque terminaron con la vida de esas personas la semana pasada no fue una especie de venganza política por el pasado. Los cristianos resistieron meses de bombazos de las milicias musulmanas durante la guerra y después los bombardeos de Siria y, en meses recientes, su pueblo estaba entre los que aplaudían a quienes demandaban el fin de los gobiernos corruptos de Líbano. Pero entre ellos también están quienes dieron histérica bienvenida del exilio al terrible y –según creencia de muchos– demente general cristiano Michel Aoun, quien era enemigo de Siria y hoy es su amigo, y cuyo yerno es hoy ministro del exterior (de allí el ataque a su ministerio el fin de semana).

Por Robert Fisk | martes, 11 ago 2020 19:40

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Líder mapuche chileno en huelga de hambre publicó un audio de despedida

“Será un orgullo dar la vida por mi pueblo mapuche”, dijo Celestino Córdova

La medida de fuerza del dirigente se produjo en el marco del denominado “conflicto de La Araucanía”. Desde 2016 los pueblos originarios chilenos demandan la devolución de tierras usurpadas.

 

El líder mapuche chileno Celestino Córdova grabó un mensaje de despedida ante las complicaciones de salud que sufre tras cumplir 100 días en huelga de hambre. Córdova exigió reivindicaciones políticas, territoriales y judiciales al gobierno. La medida de fuerza del dirigente se produjo en el marco del denominado “conflicto de La Araucanía”. Desde 2016 los pueblos originarios chilenos entraron en pugna con el gobierno para pedir la devolución de tierras usurpadas por el Estado y empresas. Además reclaman la autonomía del pueblo mapuche y la creación de un ministerio indígena.

Córdova cumple desde 2014 una condena de 18 años de cárcel. Se lo acusó por el homicidio del matrimonio Luchsinger Mackay. Ambos murieron durante un incendio en su casa de Vilcún, 700 kilómetros al sur de Santiago, como consecuencia de un ataque incendiario llevado a cabo en 2013. “Lamento mucho que tenga que entregarles mi último mensaje dentro mis últimos días que me quedan”, señaló el líder mapuche. También aludió a su condición de machi (guía espiritual) para expresar que es su deber realizar este sacrificio. "Para que mi muerte sea más rápido me he colocado a la disposición de retomar huelga seca en cualquier momento y así mi desenlace no será lento como se lo esperan los actores de todos los poderes del Estado", agregó Córdoba. Además destacó que dará la vida por su pueblo y sus creencias. “Sólo espero que al Estado de Chile le sigan exigiendo, de todas las formas, devolver nuestro territorio ancestral mapuche y todas las deudas históricas con todos los pueblos originarios”, sostuvo el machi.

En medio de este histórico conflicto entre los pueblos originarios y el gobierno, el presidente Sebastián Piñera afirmó el pasado domingo que estaba abierto al diálogo. Sin embargo enfatizó que se debía respetar el Estado de Derecho, renunciando a la violencia y colaborando en avanzar en las soluciones. Nada dijo del violento desalojo por parte de Carabineros de las tomas de municipalidades en la Araucanía. Por su parte, el líder mapuche sostiene que desde el 2013 el Estado chileno le arrebató sus tierras, su comunidad y a su familia. 

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Bolivia: la violencia podría desbordarse

Crecen los pedidos para que renuncie la presidenta de facto Jeanine Áñez 

Mientras las protestas y piquetes continúan, fuerzas de choque paramilitares de ultraderecha amenazan con atacar a los manifestantes. 

 

Los diversos diálogos en Bolivia entre actores sociales, políticos y autoridades han fracasado y continúan los bloqueos de carreteras. Para este lunes se anuncian marchas hacia la sede de gobierno y hay advertencia de la derecha de movilizar a sus seguidores para enfrentar a los bloqueadores y piqueteros.

Mientras tanto en el llamado Palacio Quemado (fue incendiado dos veces el siglo XIX) la presidenta Jeanine Áñez convocó para ayer domingo a los partidos políticos, a la Iglesia Católica, a los organismos internacionales, a los movimientos sociales y al TSE. La respuesta fue muy pequeña, ninguno de los grandes partidos que tercian en las elecciones mandó a sus candidatos, mucho menos los movimientos sociales. Sólo asistió PanBol y ADN dos pequeñas organizaciones que en las encuestas no superan el 1 % de intensión de voto.

Pero incluso esos dos únicos partidos políticos presentes en la cita pidieron la renuncia de Áñez. La solicitud coincide con muchos de los movilizados, sobre todo del campo. Así lo hicieron saber los Ponchos Rojos que son los campesinos de la zona lacustre del altiplano, una de las más bonancibles por la presencia de agua y un clima más templado que, por ejemplo altiplano sur.

Los Ponchos Rojos (el color no tiene que ver con ideología sino con adscripción a su zona de origen) acaban de elegir a un ex dirigente guerrillero y dirigente de los bloqueos de 2000 y 2003, Felipe Quispe Huanca como su comandante en la lucha.

Quispe es un aymara radical que criticÓ muchas veces al Movimiento al Socialismo acusándolO de reformista.

Pero el pedido de renuncia también se ha afincado en sectores de la ciudad de El Alto, la urbe aymara por excelencia donde los movilizados derrotaron a Gonzalo Sánchez de Lozada y a la que todo el fin de semana han llegado campesinos de las provincias paceñas.

Para este lunes se anuncia la marcha de alteños y de trabajadores del agro rumbo a la ciudad sede de gobierno. 

Pero las consignas ya no giran en torno a elecciones sino cambio inmediato de gobierno y solución del tema educacional. Recordemos que el año escolar ha sido suspendido por el gobierno de Añez.

¿Y en el Movimiento al Socialismo?

Tampoco todo es color de rosa en el Movimiento al Socialismo (MAS) pues no controla a voluntad a los movimientos sociales. 

Evo Morales y la dirigencia quisieran que la movilización termine y que se vaya a elecciones.  Los más radicales dentro del partido azul están pertrechados al lado de quienes protestan.

Las condiciones propuestas por la cúpula masista para que las elecciones sean el 18 de octubre fueron aceptadas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE): Que la nueva fecha electoral esté refrendada con ley de la nación a través del Parlamento y luego sea promulgada por la presidenta Jeanine Añez

Esto estaba acompañado con los pedidos que el TSE se comprometa a no hacer nuevas modificaciones en cuanto a la fecha y que el acuerdo tenga garantes internacionales como Naciones Unidas, la Unión Europea, etc.

Además, el tribunal electoral le dio la razón al partido de Evo Morales al señalar que no podía inhabilitar a la sigla ni al candidato al existir sobradas dudas razonables sobre la constitucionalidad de un artículo que prohibía que los candidatos puedan comentar encuestas. Así el partido azul respiró tranquilo pues el tema pasaba al Tribunal Supremo Constitucional, donde el promedio de tiempo para la emisión de sentencia va de 6 meses a un año.

El problema está en que los dirigentes de los movimientos sociales están emperrados en que se cambie la fecha en por lo menos una semana. Es decir, que se realicen el 11 y no el 18.

Asoman los radicales

El líder de la movilización que obligó a renunciar a Evo Morales y candidato a la presidencia por la alianza Creemos, “envió una carta abierta a la presidenta Jeanine Áñez en la que le manifiesta que si no cumple con su misión constitucional de dar seguridad a los bolivianos y ordena el levantamiento de los bloqueos y la liberación de los secuestrados, se verá en la obligación de convocar al pueblo para rechazar la ´violencia masista´ y cuidar la democracia y la vida de los bolivianos”, según declaró Luis Fernando Camacho a ATB digital.

De hecho fuerzas de choque paramilitares de ultraderecha ya viajaron de Santa Cruz y Cochabamba hacia la sede de gobierno y ahí chocaron anoche contra los huelguistas de hambre en la plaza Avaroa donde se encuentra la sede del TSE. Finalmente, la policía tuvo que separarlos. El Tiquipaya (Cochabamba) los bloqueadores capturaron a 7 miembros de la Unión Juvenil Cruceñista y la policía detuvo a 50 bloqueadores en Samaipata en Santa Cruz. (Radio Kawsachun Coca).

Como vemos se viven pequeñas escaramuzas en varios frentes. Y este lunes podría ser un día clave para saber qué va a pasar en Bolivia.

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 En la horca las figuras de cartón del primer ministro libanés Hasán Diab y el líder de las fuerzas libanesas, Samir Geagea, en el centro de Beirut.Foto Afp Manifestantes cargan contra una valla frente al Parlamento de Beirut.  ________________________________________ Imagen: EFE

Llegaron a 158 los muertos en Líbano por la explosión en el puerto de Beirut 

 

 Las explosiones en el puerto de Beirut del martes pasado, que hasta el momento dejaron 158 muertos, fue lo último que decidió soportar el pueblo del Líbano. Durante la tarde del sábado hubo un levantamiento popular que derivó en la toma de varios ministerios.

 

Las explosiones en el puerto de Beirut que dejaron 158 muertos el martes pasado fue lo último que decidió soportar el pueblo del Líbano. Durante la tarde del sábado hubo un levantamiento popular que derivó en la toma de varios ministerios. La situación fue controlada por las fuerzas de seguridad que reprimieron a los manifestantes. La gente también se congregó en la plaza central de la ciudad. Allí expresaron su hartazgo con el gobierno al que culpan por la catástrofe. Para descomprimir la situación el primer ministro libanés Hassan Diab dio un mensaje televisado a todo el país donde propuso adelantar las elecciones legislativas. "Asumimos nuestras responsabilidades y sabíamos que el país estaba en un estado de colapso político, financiero y administrativo", admitió Diab, citado por el diario L'Orient-Le Jour. "Sin embargo, solo podremos salir de la crisis estructural en Líbano organizando elecciones legislativas anticipadas para producir una nueva clase política", agregó.T ras la explosión que dejó devastada buena parte de la ciudad , más de 300.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares.

“El día del Juicio”

Los libaneses ya venían soportando el peso de una crisis económica inédita. La explosión en al capital fue la gota que derramó el vaso y relanzó un movimiento de protesta que había comenzado en octubre pasado. La crisis del coronavirus fue la causa por la que el movimiento perdió fuerza. Cerca de la Plaza de los Mártires, epicentro tradicional de las marchas en la ciudad, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los manifestantes lanzaron piedras hacia la policía que respondió con gases lacrimógenos. "Estamos oficialmente en guerra contra nuestro gobierno", declaró una activista, Hayat Nazer.

La consigna con la que se reunieron en la plaza céntrica miles de personas fue: "El día del juicio". Los ciudadanos reclamaron a la clase dirigente que se responsabilice por la catástrofe del martes. Instalaron guillotinas de madera y agitaron sogas. "Venganza, venganza, hasta la caída del régimen", clamaron mientras las fuerzas de seguridad intentaban impedir a algunos grupos avanzar hacia el Parlamento. Al igual que durante la crisis del 2001 en Argentina, los bancos fueron uno de los blancos elegidos por la ciudadanía. Desde el año pasado el gobierno impuso duras restricciones para retirar y transferir de dinero. "No podemos más. Somos rehenes, no podemos salir del país, no podemos sacar dinero de los bancos, el pueblo está muriendo de hambre, hay más de dos millones de desempleados", expresó Médéa Azoury, una manifestante de 45 años.

Mientras las fuerzas de seguridad se concentraban en mantener el orden, unas 200 personas lideradas por oficiales retirados del ejército tomaron la sede del ministerio de Relaciones Exteriores. Rebautizaron el lugar como la "Sede central de la revolución". El exgeneral Samir Rammah exhortó a través de un megáfono a levantarse para perseguir a todos los corruptos. Detrás de él los manifestantes descolgaban y pisoteaban el retrato del presidente Michel Aoun. El ejército, enviado como refuerzo, desalojó el lugar horas más tarde usando balas de goma y gas lacrimógeno. Otro grupo de personas también intentó tomar la sede central de la Asociación de Bancos y la incendiaron antes de ser desalojados por el ejército. Varios ciudadanos irrumpieron también en el ministerio de Economía, así como el de Energía, símbolos de la mala gestión de los servicios públicos. La Cruz Roja libanesa informó que fueron trasladadas a hospitales cercanos 63 personas heridas. Otras 175 recibieron asistencia en el lugar.

“Pónganse de acuerdo”

Con el caos creciendo en las calles, el primer ministro anunció que adelantaría las elecciones legislativas. Diab sostuvo que solo los comicios iban a permitir salir al país de la crisis en que se encuentra. "Pido a todos los partidos políticos que lleguen a un acuerdo sobre la próxima etapa", añadió el jefe de gobierno. El político formó su gabinete en enero tras la renuncia de Saad Hariri a finales de octubre bajo la presión de las protestas. “Estoy dispuesto a seguir asumiendo mis responsabilidades durante dos meses hasta que se pongan de acuerdo", indicó Diab. Y dijo que presentaría su propuesta el lunes al Consejo de Ministros.

Aún no fueron esclarecidas las causas de la gigantesca explosión en el puerto. La catástrofe dejó más 6.000 heridos, dentro de los cuales 120 siguen en estado crítico, según el balance del sábado del Ministerio de Salud libanés. Además, 21 personas permanecen desaparecidas, y 43 sirios murieron, según su embajada en el Líbano. El presidente informó el viernes que no iba a propiciar una investigación internacional. A su vez, afirmó que la explosión podría haber sido causada por negligencia o por un misil. Una veintena de funcionarios del puerto y de las aduanas fueron detenidos, según fuentes judiciales y de seguridad. Cinco diputados opositores renunciaron desde el día de la explosión, entre ellos tres de un partido cristiano cuyo secretario general murió en la catástrofe.

El Líbano se encuentra en pleno naufragio económico tras haber caído en cesación de pagos de su deuda. El gobierno llevó a adelante tensas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) donde el organismo planteó duras condiciones para habilitar un préstamo. Hasta el momento fueron incapaces de ponerse de acuerdo. Las ayudas internaciones comenzaron a llegar desde hace algunas días. El presidente de Francia Emmanuel Macron, que el viernes viajó al país , encabeza las tratativas. El domingo tendrá lugar una videoconferencia para reunir donaciones coorganizada por la ONU y Francia. Sin embargo hasta la fecha sólo llegaron 39 millones de dólares desde la Unión Europea. 

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Venezuela: un sector de la oposición no participará de las elecciones

De cara a los comicios legislativos del 6 de diciembre 

 

Faltan cuatro meses para las elecciones legislativas en Venezuela. Finalmente, como se anticipaba, un sector de la oposición no participará. La decisión fue anunciada el domingo a través de un comunicado suscrito por 27 organizaciones opositoras, donde afirman que lo que sucederá el 6 de diciembre no será una contienda electoral sino un fraude.

En el comunicado aparecen las firmas del denominado G4, es decir Voluntad Popular, Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, junto con otras organizaciones articuladas alrededor de la estrategia abstencionista. Esa opción de boicot electoral no es nueva en la historia reciente venezolana, ocurrió en época de Hugo Chávez y volvió a repetirse en el 2017 y 2018.

Sin embargo, no se trata de una estrategia compartida por el conjunto de la oposición. Si eso ya había quedado de manifiesto en las contiendas anteriores, ahora lo es con mucha más fuerza ya que un sector mayoritario de fuerzas de oposición participará de las elecciones del 6 de diciembre. El Consejo Nacional Electoral ya indicó que para estas elecciones se han inscrito 105 partidos.

La apuesta por la abstención tampoco es compartida dentro de muchos de los partidos del G4, divididos en su interior. Un caso paradigmático es el de Primero Justicia, públicamente fracturado en tres posturas. Por un lado, quienes son parte de la apuesta alrededor de la figura del “gobierno interino”, como, por ejemplo, Julio Borges. Por otro lado, quienes se oponen a esa línea y ahora, tarjeta del partido en mano, anuncian que serán parte el 6 de diciembre. 

Y, por otra parte, Capriles Radonski, que sostiene una tercera posición. “¿Vamos a seguir haciendo política con los pies a dónde? Los pies hay que tenerlos en la tierra, usted tenía un plan y el plan fracasó, ¿va a seguir pegándose con el fracaso?, se acabó. (…) Tenemos que salir de la gran contradicción gobierno vs fantasía. ¿Gobernar en internet? ¡Por favor!”, afirmó el excandidato presidencial pocos días atrás, desmarcándose tanto de Guaidó -“el fracaso”- como del gobierno.

Esto mismo se repite dentro de Acción Democrática donde por un lado un sector, encabezado por Henry Ramos Allup, firmó el comunicado denunciando anticipadamente el fraude, mientras que otro, dirigido por Bernabé Gutiérrez, ya se encuentra en campaña desde hace varias semanas. Ambos se dicen representantes del partido, pero el segundo es parte de la junta directiva que reconoce el Tribunal Supremo de Justicia. A la opción de participar se sumó además la gobernadora del estado Táchira, miembro del partido, Laidy Gómez.

Si el mapa de fuerzas es complejo, la división política, en cambio no lo es. El comunicado de abstención ocurre pocos días después de que Washington vuelva a sentar posición respecto a las elecciones. Elliot Abrams, denunciado por sus implicaciones en masacres en América Central en la década del 80 y encargado del asunto Venezuela por el Departamento de Estado, volvió a ratificar la posición estadounidense.

“Las condiciones para unas elecciones libres y justas son de hecho mucho peores de cómo estaban en el 2018 (…) las elecciones parlamentarias en diciembre ya están manipuladas”, declaró ante la prensa.

Así, detrás de la decisión de participar o no participar el 6 de diciembre, se encuentra el parteaguas principal: mantenerse detrás de la estrategia diseñada y conducida desde Estados Unidos, que cuenta con apoyo bipartidista interno, o tener una política propia desacoplada de Washington. Es entonces mucho más que un debate sobre abstención.

El alineamiento a Estados Unidos significa tres aspectos centrales. Por un lado, sostener la ficción del gobierno paralelo, inexistente dentro del país, pero reconocido por el arco de gobiernos que siguen la política exterior estadounidense hacia Venezuela. Por otro lado, y vinculado con lo primero, apoyar la política cada vez más exacerbada de bloqueo económico y robo de activos venezolanos en el extranjero. Por último, y como central, mantener la apuesta a una salida vía derrocamiento de Nicolás Maduro.

LEER MÁSPolítica o Nopolítica

Ese alineamiento significa para los partidos opositores apoyar un bloqueo que golpea sobre el conjunto de la economía, la sociedad y cuenta con poca legitimidad. Implica también una renuncia al ejercicio político, a la participación electoral. La pregunta, ante la cual no tienen respuesta es: ¿cuál es el plan? Bajo ese silencio se esconden las tramas de operaciones encubiertas, intentos de fractura de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, el colapso económico nacional como estrategia de acceso al poder.

Este escenario se desarrolla mientras el país enfrenta el aumento de la pandemia de covid-19. Existen actualmente 20.206 casos de contagio y 174 fallecidos, un número menor en comparación con el cuadro de los países vecinos. Sin embargo, el número preocupa debido a la velocidad con la cual se multiplican los contagios, y por las dificultades económicas que enfrenta el país, que, además, venía presentando retrocesos en el ámbito sanitario, en particular en los hospitales públicos.

Ante la aparición de la pandemia el gobierno reforzó tanto la dotación de insumos médicos a través de convenios con gobiernos aliados, como China, Rusia y Cuba, así como la red desarrollada durante años en los barrios populares, a través, por ejemplo, de los Centros de Diagnóstico Integral. El viernes, por ejemplo, fue inaugurado un centro especial de lucha contra la covid-19 en el conocido Poliedro de Caracas, con 1.200 camas hospitalarias, unidad de cuidado intensivo, quirófano y laboratorio móvil. El acceso, cuidado y tratamiento será gratuito para los pacientes.

Con el mapa ya definido ante el 6 de diciembre, la pandemia en pleno desarrollo, queda ahora por ver si Washington, en medio de tormentas internas, dará luz verde a una acción para, nuevamente, intentar un derrocamiento. 

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Miles se manifestaron ayer en Berlín en protesta contra las medidas de prevención del nuevo coronavirus, con el argumento de que limitan las libertades individuales, mientras el país reportó 955 contagios en 24 horas. Foto Ap

Más de 15 mil personas salieron a las calles sin tapabocas

La jornada denominada el "Día de la Libertad" reunió a manifestantes anticuarentena, antivacuna y ultraderechistas. Fue justo en el día que Alemania registró su mayor incremento de casos en tres mese

 

Más de 15 mil manifestantes anticuarentena, antivacuna y ultraderechistas marcharon por las calles Berlín en el denominado "Día de la Libertad". Sin llevar barbijos ni respetar el distanciamiento social, proclamaron el fin de la pandemia de coronavirus. La movilización fue desarmada antes de llegar a su punto de encuentro en medio de forcejos entre la policía y los convocantes. Alemania se encuentra en pleno repunte de contagios por la covid-19. El sábado se registró el mayor incremento de casos en tres meses.

La marcha circuló por las cercanías de la Puerta de Brandeburgo. La mayoría de los participantes denunciaron la "tiranía" de la canciller alemana, Angela Merkel y sus supuestos aliados: la industria farmacéutica y el multimillonario estadounidense Bill Gates. Casi nadie respetó el distanciamiento físico ni utilizó barbijo pese a que fue una de las condiciones impuestas por las autoridades para autorizar la marcha. La policía vedó el paso en algunos puntos de la ciudad. Hubo varios grupos disgregados dispuestos a concentrarse de todos modos en el monumento conocido como Columna de la Victoria, mientras otros se dirigían a objetivos alternativos, como la sede de la Cancillería. 

Llegaron a reunirse unas 17 mil personas según la televisión pública regional RBB, entre los que también había comerciantes descontentos con las restricciones en la vida pública. El hecho de adoptar como consigna común la referencia al "Día de la Libertad" mostraba un interés ultraderechista en la convocatoria. Ese es el título de la película de Leni Riefensthal sobre el congreso del partido nazi de 1935. La cineasta fue una pieza clave del aparato de propaganda de Adolf Hitler.

Las autoridades berlinesas desplegaron un fuerte dispositivo de seguridad, dado que la movilización coincidió con una veintena de otras manifestaciones. Entre ellas tres de signo izquierdista contra la marcha de los negacionistas. Las fuerzas de seguridad alemanas no dieron a basto esta semana. También tuvieron que regular el creciente número de fiestas "espontáneas" que desde hace semanas se suceden en la capital alemana. Se trata de fiestas o picnics al aire libre, que llegan a juntar a miles de participantes. Las autoridades muestran cierta tolerancia por entenderlas como una forma de dar entretenimiento de adolescentes y jóvenes. En la capital del país aún siguen cerrados pubs y discotecas.


Mientras, en las últimas 24 horas hubo 955 nuevos contagios, un número que no alcanzaban Alemania desde el 9 de mayo, informó la agencia de noticias local DPA. El cómputo total de infecciones verificadas está en 209.653, de los cuales 192.700 son pacientes recuperados y 9148 víctimas mortales.  La pandemia había sido controlada en gran medida en el país, pero el Gobierno viene advirtiendo sobre los nuevos brotes que se detectaron en las últimas semanas.

El Insituto Robert Koch dijo que la aplicación más laxa de las reglas de distanciamiento e higiene, así como los viajeros que regresan del extranjero, son los culpables del aumento de los casos. Como medida para evitar casos importados, desde el sábado Alemania ofrece test gratuitos de coronavirus a los viajeros que regresan del extranjero. Las pruebas que serán obligatorias a partir del lunes para quienes proceden de regiones de riesgo, a fin de evitar la cuarentena.

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