Un revés para Piñera entre cacerolazos, barricadas y división de la derecha

En Chile avanza la reforma opositora que permite el retiro de fondos de la jubilación privada

La Cámara de Diputados de Chile aprobó el proyecto de retiro del 10% de fondos de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensión), uno de los sistemas estrella del modelo económico instaurado por la dictadura de Pinochet.

 

Esta tarde fue aprobado en la Cámara de Diputados de Chile el proyecto de retiro del 10% de fondos de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensión), uno de los sistemas estrella del modelo económico instaurado por la dictadura de Pinochet y que permite a los dueños de estas instituciones invertir y especular con el dinero impuesto obligatoriamente por los trabajadores para su jubilación apropiándose de las ganancias, pero no de las pérdidas. Aunque eran necesarios 93 votos para lograrlo, la medida finalmente fue aprobada por 95 votos favorables, 36 en contra y 22 abstenciones.

Este es el segundo golpe que recibe el gobierno de Piñera, un férreo defensor del sistema, tras la aprobación de legislar sobre este retiro el 9 de julio pasado. Incluso este miércoles el presidente había ofrecido, entre varias medidas, un bono de unos 635 dólares orientado a la clase media que generó un descontento tal —por lo bajo de la cifra y lo confuso de las condiciones de acceso— que comenzaron espontáneamente los cacerolazos en todo el país, a eso de las 21 horas, para terminar a la medianoche con barricadas que dejaron una llamativa postal viralizada en redes sociales: una caja de mercadería repartida por el gobierno en llamas.

Estallido Social 2.0.

Desde el toque de queda y el confinamiento de marzo que no se había visto una protesta de tales dimensiones en la capital chilena. Carabineros contabilizó 28 barricadas en sectores emblemáticos de la resistencia ante la dictadura, pero también muy castigadas por la situación económica como La Pincoya y Villa Francia. También se registraron, según datos de la policía, 13 saqueos —incluyendo automotoras y supermercados— y dos ataques a comisarías dejando en total a 61 personas detenidas.

Mientras un helicóptero de carabineros sobrevoló toda la madrugada Santiago, en redes sociales ya se empezaba a hablar de un “Estallido Social 2.0.”, con personas saliendo a protestar en sus barrios a pesar del toque de queda y una pandemia que hasta ahora, según el conteo que incluye a los casos sospechosos o no testeados que se entrega una vez a la semana, ya suma 11.227 fallecidos.

El gobierno cree haber aprendido de los hechos de octubre del año pasado, desplegando a la policía con rapidez, suspendiendo la entrega de cajas con alimentos (para evitar conflictos con los pobladores, supuestamente) y evitando exponer a Piñera. Así el que dio la cara fue el ministro del Interior Gonzalo Blumel quien dijo esta mañana: “Lo de anoche no es solo delincuencia, es un intento de amedrentar y alterar nuestro proceso democrático”. También el de salud, Enrique Paris quien aseguró que estas protestas afectan la estrategia actual de salud: “no cumplen las normas sanitarias, salen de noche, atentan contra su propia salud y contra la salud de toda la población y de sus familiares”.

Entre la extorsión y el triunfo deportivo

Así, la víspera de la votación fue tan intensa como el debate en el Congreso de Valparaíso que se extendió desde las 11 de la mañana hasta cerca de las 15:00 del  miércoles cuando, como en una final de futbol, el resultado de la votación generó gritos, aplausos y bocinas que retumbaban en los edificios de Santiago. Aunque el proyecto deberá pasar al Senado, este resultado es un paso trascendental para su definitiva aprobación. Un ejemplo de esta alegría fue la excéntrica diputada de Partido Humanista Pamela Jiles —con una fuerte base de fans jóvenes en las redes sociales— quien apareció corriendo como el personaje de animé Naruto

Desde Santiago de Chile

Esta tarde fue aprobado en la Cámara de Diputados de Chile el proyecto de retiro del 10% de fondos de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensión), uno de los sistemas estrella del modelo económico instaurado por la dictadura de Pinochet y que permite a los dueños de estas instituciones invertir y especular con el dinero impuesto obligatoriamente por los trabajadores para su jubilación apropiándose de las ganancias, pero no de las pérdidas. Aunque eran necesarios 93 votos para lograrlo, la medida finalmente fue aprobada por 95 votos favorables, 36 en contra y 22 abstenciones.

Este es el segundo golpe que recibe el gobierno de Piñera, un férreo defensor del sistema, tras la aprobación de legislar sobre este retiro el 9 de julio pasado. Incluso este miércoles el presidente había ofrecido, entre varias medidas, un bono de unos 635 dólares orientado a la clase media que generó un descontento tal —por lo bajo de la cifra y lo confuso de las condiciones de acceso— que comenzaron espontáneamente los cacerolazos en todo el país, a eso de las 21 horas, para terminar a la medianoche con barricadas que dejaron una llamativa postal viralizada en redes sociales: una caja de mercadería repartida por el gobierno en llamas.

Estallido Social 2.0.

Desde el toque de queda y el confinamiento de marzo que no se había visto una protesta de tales dimensiones en la capital chilena. Carabineros contabilizó 28 barricadas en sectores emblemáticos de la resistencia ante la dictadura, pero también muy castigadas por la situación económica como La Pincoya y Villa Francia. También se registraron, según datos de la policía, 13 saqueos —incluyendo automotoras y supermercados— y dos ataques a comisarías dejando en total a 61 personas detenidas.

Mientras un helicóptero de carabineros sobrevoló toda la madrugada Santiago, en redes sociales ya se empezaba a hablar de un “Estallido Social 2.0.”, con personas saliendo a protestar en sus barrios a pesar del toque de queda y una pandemia que hasta ahora, según el conteo que incluye a los casos sospechosos o no testeados que se entrega una vez a la semana, ya suma 11.227 fallecidos.

El gobierno cree haber aprendido de los hechos de octubre del año pasado, desplegando a la policía con rapidez, suspendiendo la entrega de cajas con alimentos (para evitar conflictos con los pobladores, supuestamente) y evitando exponer a Piñera. Así el que dio la cara fue el ministro del Interior Gonzalo Blumel quien dijo esta mañana: “Lo de anoche no es solo delincuencia, es un intento de amedrentar y alterar nuestro proceso democrático”. También el de salud, Enrique Paris quien aseguró que estas protestas afectan la estrategia actual de salud: “no cumplen las normas sanitarias, salen de noche, atentan contra su propia salud y contra la salud de toda la población y de sus familiares”.

Entre la extorsión y el triunfo deportivo

Así, la víspera de la votación fue tan intensa como el debate en el Congreso de Valparaíso que se extendió desde las 11 de la mañana hasta cerca de las 15:00 del  miércoles cuando, como en una final de futbol, el resultado de la votación generó gritos, aplausos y bocinas que retumbaban en los edificios de Santiago. Aunque el proyecto deberá pasar al Senado, este resultado es un paso trascendental para su definitiva aprobación. Un ejemplo de esta alegría fue la excéntrica diputada de Partido Humanista Pamela Jiles —con una fuerte base de fans jóvenes en las redes sociales— quien apareció corriendo como el personaje de animé Naruto: 

Los que no deben estar muy contentos son los que forman el núcleo duro del gobierno que han visto como la propia derecha se dividió en torno a esta votación, al punto de denunciar públicamente intentos de extorsión como lo hizo el diputado de Renovación Nacional, Andrés Celis en CNN Chile.

Según su versión fue testigo de cómo su colega Cristhian Moreira (Unión Demócrata Independiente, también de derecha) terminó internado en una clínica por la misma presión de votar en contra del 10%, hasta que finalmente se abstuvo. “Lo tenían realmente hostigado, más encima con el conocimiento que tengo de que venía con problemas de salud. Encuentro irresponsable a aquellas personas que hayan insistido con tanta vehemencia e irresponsabilidad el haber tratado de esa forma de convencerlo, porque era desesperante”.

Y fue aún más lejos: “Me molesta que haya diputados que llamen a otros diputados como intermediarios de algunos ministros ofreciendo algún tipo de beneficio de gracia y algunos puestos de gobierno, beneficios de gobiernos regionales, ofrecer puestos en los gobiernos regionales”, añadió. Uno de los nombres que mencionó fue el del diputado Diego Schalpern , de su mismo partido, a quien se refirió como intermediario que ofrece puestos o beneficios a cambio de un voto. El acusado evitó referirse al tema, aunque votó por rechazar el 10%.

Mientras en Santiago la temperatura ha subido bastante, lo que favorece el festejo, el gobierno a través de Blumel sólo ha reaccionado, predecible como defensor de las AFP, diciendo que van a insistir en el Senado para que esta ley no se apruebe. “Confiamos en que el Senado va a poder enmendar este error que ha cometido la Cámara de Diputados, confiamos en que vamos a poder convencer en que las propuestas que hemos puesto como Gobierno son mejores, son más justas, ayudan de mejor forma a la clase media".

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La voz de los mineros bolivianos apuesta a ganar las elecciones. Orlando Gutiérrez: "el pueblo está activo"

Es el máximo referente de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia y hombre clave en el apoyo gremial a la candidatura de Luis Arce Catacora.

 

Era un adolescente cuando se fotografió por primera vez con el tío del socavón. En la cosmovisión de los mineros andinos, el tío es el diablo, una especie de demonio con cuernos, colmillos filosos y orejas puntiagudas. Una figura que recibe ofrendas de bebidas, comida, hojas de coca y cigarrillos a cambio de dar protección. Orlando Gutiérrez se internó durante quince años en las profundidades de las minas de Colquiri, en la provincia de Inquisivi, departamento de La Paz. Podría decirse que militaba bajo tierra mientras extraía estaño y zinc. Hoy es el máximo referente de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB). Un hombre clave en el apoyo gremial a la candidatura de Luis Arce Catacora, el economista que el 6 de septiembre – siempre que se realicen las elecciones – intentará devolverle la presidencia al MAS que lidera Evo Morales. Página/12 dialogó con él en estos días de pandemia desatada y retroceso en las condiciones de vida para el movimiento obrero de su país.

-El 10 de julio se cumplieron ocho meses del golpe de Estado cívico-militar. ¿Qué reflexión hace de lo que pasó hasta ahora en Bolivia?

-Ha sido desastroso para nuestra historia. Pero a la vez es algo que nos va a enseñar a cuidar lo que no hemos podido defender en su momento. Hoy hacemos una evaluación de este gobierno ilegitimo y decimos que es un desastre. Fíjese que el ministro de Defensa Luis Fernando López, un ex militar, un sangriento, amenazó a un ciudadano con hacerlo desaparecer en diez segundos si el quería. Lo premiaron: a su cargo en Defensa le agregaron el de ministro de Salud.

-En eso el gobierno de Jeanine Añez se parece al de Jair Bolsonaro que nombró como ministro de Salud también a un militar, ¿No?

-Sí, sabemos que se han impuesto políticas neoliberales en América, han invadido el continente. De repente Bolivia era uno de los países que estaba soportando esta sacudida con el gobierno del compañero Evo y ahora nos encontramos tratando de recuperar la democracia. Queremos arrancársela de las manos a los golpistas, títeres del gobierno norteamericano y además, en menos de un año. Con la unidad y el poder de lucha del pueblo. Y eso es algo que para mí, que fui trabajador minero quince años en el subsuelo boliviano, es una gran responsabilidad. Ojalá no se tengan que tomar medidas, pero si nos obligan el pueblo está preparado para subir al nivel más alto de rebelión.

- La Federación Minera que usted lidera es parte de la Central Obrera Boliviana (COB), ¿Cuánto han influido ustedes en la estrategia de confrontación con el régimen golpista?

- Si hablamos de los mineros estamos hablando de la historia de Bolivia. Si hablamos de la creación de la gloriosa Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia es la columna vertebral de la COB. Nosotros nos consideramos punta de lanza en la lucha. Por eso lastimosamente tenemos muchos mártires y es lo que nuestros antepasados nos han enseñado, nuestro legado. Nos han dejado ese principio único de lucha para no ser más oprimidos por gobiernos neoliberales y capitalistas.

-En sus cascos de mineros, en las pancartas, en las banderas, siempre lucen la imagen del Che Guevara. Incluso aparece en los actos que hace la COB. ¿Qué significado tiene para ustedes a 53 años de su asesinato en Bolivia?

-El comandante Ernesto significa mucho para las ideas socialistas y para los principios de dignidad y soberanía. Es lo que nosotros hemos aprendido en la lucha por una Bolivia guevarista, para pelear contra la opresión. No somos violentos, son violentos los que generan desigualdad social y no los que luchamos contra ella. Por eso la imagen de nuestro Che Guevara siempre va a estar presente en los encuentros mineros. Como emblema de la COB, de nuestra federación y de muchas instituciones de Bolivia.

-El último martes el movimiento obrero salió a marchar en todo el país. ¿Es el principio de un plan de lucha?

-Fue un calentamiento previo. No podemos dejar a la gente adormecida. Vivimos catorce años de gobierno con nuestro compañero Evo Morales. Realmente teníamos problemas, diferencias, incluso algunas movilizaciones esporádicas. Pero con este golpe nos han sorprendido. Nosotros sabemos que las elecciones están a la vuelta de la esquina y conocemos las artimañas de los sucios que están en el gobierno. Pero el pueblo está activo.

-¿Usted fue víctima de una fake news cuando lo hicieron pasar por un soldado que se había arrancado la whipala del uniforme?

-Yo soy feo, pero no tan feo. Es gracioso pero ridiculísimo. Tengo una estatura de 1,78 y el policía que era sargento, o cabo, no medía más de 1,60. Además, nosotros jamás lo haríamos y esto ha sido una parte de la guerra sucia que persiste hasta hoy. Quien le habla sigue sufriendo hostigamiento y es porque de repente nos quieren hacer tener miedo, acallarnos. Tuvimos una reunión en la ciudad de El Alto y no me va a creer, pero pasó un helicóptero en tres oportunidades por el mismo lugar donde estábamos congregados. Piensan que a la gente la van a atemorizar. Lo hemos manifestado siempre, pero acá con los trabajadores y mineros no existe eso. El pueblo está muy confiado.

- ¿Qué pasó con las distintas prefórmulas del MAS, el binomio suyo con David Choquehuanca, después la aparición de Andrónico Rodríguez y finalmente la fórmula que encabeza Luis Arce Catacora?

-Yo soy dirigente de una nueva generación, el ejecutivo más joven de la Federación de Mineros y me siento muy orgulloso cuando en un ampliado de la COB definieron que deberíamos tener un candidato a la vicepresidencia y gracias al trabajo sindical y reivindicativo que hacemos, salió mi nombre. En ese momento apareció un buen líder que es Andrónico Rodriguez del Chapare, del movimiento campesino, como yo que represento al movimiento obrero de Bolivia, entonces hubo algunos problemas, no lo puedo negar, mucha gente que discutió y no quisimos pelear para que me den un cargo. Ojalá que más adelante podamos consolidar cosas más grandes en beneficio de nuestra querida Bolivia.

-Usted representa a la COB, Andrónico a los campesinos y, ¿a quién representa el candidato a presidente Luis Arce Catacora?

-La candidatura de nuestro compañero Lucho viene de amplios análisis y es por el tema económico, por el acompañamiento que ha tenido con nuestro compañero Evo. Entonces quién mejor que él para que pueda fortalecer la economía. Porque los cuatro o cinco años que vengan van a ser para reconstitruirla.

-¿Cuál ha sido el daño al poder adquisitivo del trabajador promedio en Bolivia en estos ocho meses del gobierno de Jeanine Añez?

-Practicamente hemos retrocedido más del 70, 60 por ciento en lo que es el valor adquisitivo y ¿por qué? Quien antes compraba con 100 bolivianos diez cosas, hoy compra solo cuatro. En el sector minero desde el cierre de fronteras no hay exportaciones, no hay importaciones, estamos viendo cómo sobrevivir, incluso para cobrar salarios, y lamentablemente salió el decreto 4272 que practicamente es el cierre y privatización de las empresas estatales.

-¿Qué reflexión hace sobre el grupo de ex funcionarios que está refugiado en la embajada de México desde momento el golpe?

-Ya se lo he dicho a nuestro compañero Evo cuando he ido en dos o tres oportunidades a Buenos Aires. Y lo mismo a los hermanos que están en la embajada de México y fuera de Bolivia. La única forma para que logremos que todos salgan de la embajada es recuperar el poder. Ganar las elecciones nacionales el 6 de septiembre y estoy segurísimo que lo vamos a lograr. Me imagino cómo será el recibimiento a Evo en el aeropuerto de El Alto. Este es un proyecto con conciencia de clase y hoy lo estamos demostrando poniendo en riesgo nuestras vidas o siendo perseguidos y amenazados. Estamos al frente y vamos a cumplir con nuestro objetivo sin buscar nada a cambio. Si ganamos las elecciones voy a decir misión cumplida.

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Naomi Klein: "El virus obliga a pensar en relaciones e interdependencias en las que el capitalismo nos enseña a no pensar"

La escritora y académica cree que la crisis climática, la igualdad y la justicia deben ser cuestiones centrales sobre las que debe girar la reconstrucción del mundo pospandemia

 

¿Qué mundo nos dejará la crisis del coronavirus? Naomi Klein (Montreal, Canadá) insiste, en una entrevista con The Guardian, en que lo relacionado con la crisis climática, la igualdad y la justicia deben ser las cuestiones centrales alrededor de las que reconstruir el mundo pospandemia.

La activista, escritora y académica es la primera titular de la Cátedra Gloria Steinem de medios, cultura y estudios feministas de la Universidad Rutgers (Nueva Jersey, Estados Unidos). La versión libro de bolsillo de su libro On Fire (2019) será publicada por la editorial Penguin el 24 de septiembre. 

¿Qué le parece el confinamiento?

Para quienes estábamos impartiendo clases a través de Zoom, y ese ha sido mi caso, además de mantener una escuela en casa, haciendo malabarismos y descubriendo cómo hacer cosas en el horno, ha sido muy cómodo. Ahora volveré a Canadá para pasar el verano con mi familia y en cuarentena, porque en Canadá, cuando regresas de Estados Unidos, tienes que pasar una cuarentena muy estricta. Ya llevo casi dos semanas sin salir de casa. De hecho, estoy empezando a desarrollar alguna fobia a salir del confinamiento.

Hay una cita muy buena en uno de sus últimos ensayos que dice: “Los humanos somos un riesgo biológico, las máquinas no lo son”. Me llegó a los huesos y me hizo sentir miedo por el futuro. Ha escrito cosas muy interesantes sobre un “Nuevo Acuerdo sobre las Pantallas”.

Silicon Valley tenía una agenda antes del coronavirus en la que ya imaginaba sustituir muchas, demasiadas, de nuestras experiencias corporales insertando tecnología en medio del proceso.

Por eso, para aquellos pocos espacios en los que la tecnología aún no media en nuestras relaciones, había un plan –por ejemplo, sustituir la enseñanza presencial por aprendizajes virtuales, la medicina del contacto personal por telemedicina y la entrega en persona mediante robots. Todo está siendo resignificado como tecnología sin contacto tras la COVID-19, es un modo de sustituir el diagnóstico del problema, que ahora es el contacto.

Pero en lo personal, lo que más echamos de menos es el contacto. Y necesitamos ampliar el menú de opciones que tenemos para vivir con la COVID-19, porque no tenemos vacuna y no está próxima. Incluso si se dan grandes avances, van a pasar muchos, muchos meses, posiblemente años, antes de que pueda desarrollarse a la escala que necesitaríamos.  

Entonces, ¿cómo vamos a vivir con esto? ¿Vamos a aceptar una “normalidad” previa a la COVID-19 pero muy menguada y sin las relaciones que nos sostienen? ¿Vamos a permitir que nuestros hijos reciban todo su aprendizaje a través de la tecnología? ¿O vamos a invertir en personas?

En vez de poner todo el dinero en un 'Nuevo Acuerdo sobre las Pantallas' y en tratar de resolver los problemas de un modo que disminuya nuestra calidad de vida, ¿por qué no nos ponemos a contratar profesores a todo trapo? ¿Por qué no tenemos el doble de profesores en clases con la mitad de alumnos y empezamos a pensar en la educación al aire libre?

Hay tantas formas en las que podemos pensar para dar respuesta a esta crisis que no aceptamos esa idea de que tengamos que regresar al statu quo previo a la COVID-19, solo que en una versión peor, más vigilados, con más pantallas y menos contacto humano.

¿Sabe de algún gobierno que tenga ese discurso?

Me anima escuchar a Jacinda Arden hablar de una semana laboral de cuatro días como solución al hecho de que Nueva Zelanda es muy dependiente de los ingresos del turismo. Nueva Zelanda es, probablemente, el país que mejor ha lidiado con la pandemia, al menos mejor que otros en lo que se refiere a tasas de mortalidad. No puede abrir las puertas a los turistas como lo ha hecho en el pasado y de ahí nace la idea de que quizás los neozelandeses deberían trabajar menos, cobrar lo mismo y tener más tiempo libre para disfrutar de su propio país con seguridad. 

¿Cómo bajamos el ritmo? Pienso mucho en eso. Parece que cada vez que pisamos el acelerador de “que todo siga igual” o “de regreso a la normalidad” el virus aparece de nuevo y dice: “Frenad”. 

A todos nos encantan esos momentos de frenar pero el gobierno del Reino Unido está empeñado en regresar a la normalidad pase lo que pase, abriendo todo, por ejemplo los pubs, y está desesperado por que nos vayamos de vacaciones. Es urgente que nada cambie en nuestras vidas, que nos limitemos a regresar a una realidad igual a la de antes.

Eso es una locura. Es muy pequeño el porcentaje de población que quiere abrir las puertas de nuevo como si nada. De hecho, hay una mayoría de personas mucho más preocupada por tener que regresar al trabajo antes de que sea seguro o por mandar a sus hijos al colegio antes de que lo sea. A veces, se presenta como dar a la gente lo que pide, pero no es eso lo que muestran las encuestas.

Hay ciertas similitudes en el modo en que Donald Trump y Boris Johnson han gestionado la crisis. La están convirtiendo en una especie de prueba de masculinidad y, en el caso de Johnson, incluso después de haber pasado la enfermedad. Jair Bolsonaro hablaba de que era atleta y sabía como gestionarlo [el presidente brasileño reveló que tenía coronavirus poco después de hacer esta entrevista]; Trump habló de lo bueno de su genética.

Me interesa su punto de vista sobre las protestas por los derechos civiles a raíz de la muerte de George Floyd. ¿Por qué cree que han sucedido ahora? Es intrigante que, en medio de una crisis como esta, se produzcan grandes manifestaciones contra el racismo por todo el mundo.

No es la primera ola de movilizaciones de estas características. Pero creo que hubo algunos aspectos que fueron únicos debido a la crisis de la COVID-19 y al impacto descomunal en las comunidades afroamericanas en ciudades como Chicago, por ejemplo, donde, según algunas fuentes, hasta el 70% de los fallecidos de COVID-19 eran afroamericanos.

Ya sea porque son quienes desempeñan trabajos de más riesgo con menor protección, por el legado de contaminación ambiental en sus comunidades, el estrés, el trauma o un sistema sanitario que las discrimina, las personas negras cargan de manera desproporcionada con las muertes por el virus. Es un hecho y desafía la idea de que todos estamos juntos en esto.

En este momento traumático, esos asesinatos, el de Ahmaud Arbery, el de George Floyd, el de Breonna Taylor, se abren paso. Y surge una pregunta recurrente: ¿qué hacen en esas protestas tantas personas que no son negras? Eso es nuevo. Al menos en la escala en la que ha sucedido. Muchas de estas manifestaciones fueron multirraciales de verdad; manifestaciones multirraciales lideradas por personas negras. ¿Por qué esta vez ha sido diferente?

Tengo algunas ideas. Una tiene que ver con que la pandemia ha introducido una cierta suavidad en nuestra cultura. Cuando bajas la velocidad, sientes más las cosas; cuando estás en una carrera constante por la supervivencia, no te queda demasiado tiempo para la empatía. Desde que todo esto comenzó, el virus nos ha obligado a pensar en relaciones e interdependencias. Lo primero en lo que piensas es, de todo lo que toco, ¿hay algo que lo haya tocado alguien antes? Lo que como, el paquete que acaban de entregarme, la comida de las estanterías. Son conexiones en las que el capitalismo nos enseña a no pensar.

Creo que vernos obligados a pensar de manera más interconectada puede habernos ablandado al pensar en estas atrocidades racistas, como algo que no es solo un problema de otras personas.

Esta es una gran cita de su último libro, On Fire: “Todo lo que ya era malo antes del desastre se ha degradado al nivel de lo insoportable”. El modo en que la policía trata a los hombres negros es insoportable.  

Siempre que nos golpea un desastre escuchamos el mismo discurso: "El cambio climático no discrimina, la pandemia no discrimina. Estamos juntos en esto”. Pero eso no es cierto. Los desastres no funcionan así. Ejercen de intensificadores y magnificadores. Si tenías un trabajo en un almacén de Amazon que ya estaba afectándote antes de que esto comenzara o si estabas en alguna residencia de mayores y ya se te trataba como si tu vida no valiera nada, ya era malo antes, pero todo eso se magnifica hasta convertirse en insoportable ahora. Y si antes era desechable, ahora se te puede sacrificar.

Eso por hablar solo a la violencia visible. Tenemos que hablar más sobre la violencia escondida, la violencia doméstica. Sin rodeos, cuando los hombres se estresan, las mujeres y los niños lo sufren. Estos confinamientos son estresantes porque las familias no tienen manera de tomarse un tiempo los unos de los otros. Incluso la mejor familia necesita algo de espacio. Si añades despidos y presión económica el resultado es el que vemos, una situación actual muy mala para las mujeres.

Pasó gran parte del año pasado trabajando en la campaña de Bernie Sanders y en el denominado 'Green New Deal'. ¿Cómo ve todo eso ahora? ¿Se siente más o menos optimista respecto a su potencial?

En cierta manera, es más complicado. Menciona a Bernie y, sin duda, hubiera preferido que el resultado fuera un candidato presidencial que basa su campaña en el 'Green New Deal'. Solo podremos ganar cuando haya una interacción entre un movimiento de masas que presione desde el exterior con una receptividad en el interior del sistema. Creo que tuvimos esa oportunidad con Bernie.

Con Joe Biden es más difícil, pero no imposible. Al final de On Fire planteé diez razones a favor de un 'Green New Deal' y los motivos por lo que es una buena política climática. Una de esas razones es que funciona a prueba de recesiones. Si miramos atrás, vemos que el movimiento climático tiene una trayectoria pobre en cuanto resultados cuando la economía va relativamente bien. El tipo de soluciones que ofrecen los Gobiernos tienden a ser neoliberales y basadas en el mercado, impuestos climáticos o políticas basadas en energías renovables que se perciben como elementos que encarecen el coste de la energía. También impuestos al carbono que elevan el precio de la gasolina. En cuanto llega la recesión, no cabe duda de que el apoyo a ese tipo de políticas se evapora. Lo vimos después de la crisis financiera de 2008.

Lo que importa a la hora de hablar del 'Green New Deal' es que toma forma a partir de uno de los programas de estímulo económico más importantes de todos los tiempos: el New Deal de Roosevelt durante la Gran Depresión. Por esta razón, el mayor golpe que recibí cuando publiqué el libro hace poco más de un año fue: “Pero no hacemos cosas como esta cuando la economía va bien”.

Las únicas oportunidades en los que podemos señalar con claridad en la dirección de un cambio social rápido, grande, que actúe como catalizador –y sobre esto no me cabe duda alguna- es en momentos de gran depresión o guerra. Sabemos que podemos cambiar rápido. Lo hemos visto. Hemos cambiado nuestras vidas de forma sustancial. Y hemos descubierto que los Gobiernos tienen billones de dólares que podrían haber movilizado durante todo este tiempo.

Todo esto tiene un potencial radical. Siento que tenemos una oportunidad. No me describiría como optimista porque hablamos de un futuro por el que tenemos que pelear. Pero si miramos en dirección a los momentos de la historia en los que se han producido grandes cambios, son momentos como el actual. 

Traducido por Alberto Arce.

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La coronacrisis y el camino hacia un nuevo paradigma

La coronacrisis abre las puertas para que las izquierdas planteen la posibilidad de un nuevo paradigma. Un sistema de cuidados sostenible y con equidad de género debe ser uno de los pilares fundamentales de ese modelo a crear. El concepto de «seguridad humana» debe imponerse por sobre los criterios neoliberales del presente.

 

Con todos los desafíos planteados actualmente por la crisis mundial desatada por la pandemia del Covid-19, queda muy claro que, más allá de las estrategias para mitigar sus consecuencias a mediano y largo plazo, poco se dice sobre la necesidad básica de un cambio sistémico fundamental. La presente crisis probablemente sea un impulso para al menos dos cambios fundamentales de paradigma: uno relacionado con el trabajo de cuidados y el otro, relacionado con los cambios institucionales en materia de seguridad humana.

El núcleo de este doble cambio de paradigma es un redireccionamiento de las inversiones hacia sistemas sostenibles y preventivos que prioricen la asistencia y la seguridad de las personas. Esta redistribución no va en contra de los intereses económicos, sino a favor de una profunda transformación socioecológica.

Primero: cambio de paradigma para una remuneración justa e inversión en trabajo de cuidados

La pandemia de Covid-19 dejó algo muy claro: en la crisis global, son principalmente las mujeres las responsables de mantener los «sistemas», ya sea en espacios públicos como hospitales, centros de atención y cajas de supermercados, o en el hogar, en calidad de maestras, madres o familiares a cargo. En todas estas áreas, las mujeres representan más de 70% de la fuerza laboral o realizan la mayor parte del trabajo no remunerado.

Y a pesar de lo alta que pueda ser la valoración emocional de este trabajo en la actualidad, para muy pocas mujeres (con la excepción de las docentes o las médicas mencionadas anteriormente) esto se refleja en buenas remuneraciones.

Por lo tanto, este es el momento adecuado para provocar finalmente el cambio de paradigma –especialmente en lo que atañe al trabajo de cuidados– que hace tiempo hemos reclamado desde una perspectiva feminista.

Tenemos que:

- romper de una vez la lógica de productividad del modelo económico neoliberal,
- llevar a cabo una profunda redistribución de las inversiones en servicios públicos y en la creación de regímenes de cuidados resilientes,
- respecto del el trabajo de cuidados no remunerado, a) repartirlo con equidad de género y b) remunerar, con un cronograma de actividades y compensaciones salariales, el trabajo de cuidados no remunerado de familiares que prestan cuidados y ejercen al mismo tiempo una profesión,
- revalorar y remunerar mejor las profesiones sociales y minimizar el empleo precario (además de emprender la organización sindical y lograr convenios colectivos para los cuidadores y las cuidadoras),
- romper las cadenas de atención globales mediante a) un buen trabajo para quienes cumplen trabajos de cuidado en los países «emisores» y b) una revalorización y una ofensiva de cualificación para las profesiones relacionadas con el trabajo de cuidados en los países «receptores».

Con una crisis económica inminente como resultado de la pandemia, la atención se centra una vez más principalmente en los sectores de la producción. Pero incluso en epidemias y crisis económicas pasadas, fueron principalmente las mujeres quienes finalmente tuvieron que pagar el precio más alto, y quedaron relegadas. Los estudios sobre las pandemias de ébola y zika han demostrado, por ejemplo, que las respuestas ante las crisis ignoraron las desigualdades estructurales entre los sexos, con lo que se exacerbaron los efectos negativos para las mujeres. Las intervenciones en la autodeterminación sexual y los derechos reproductivos solo afectaron a la parte femenina de la población. También la mayor responsabilidad del trabajo de cuidados recae en ellas.

En la última crisis financiera y económica, las políticas de austeridad han profundizado enormemente las desigualdades y puesto en evidencia la desigualdad de género en muchos países. Algunas redistribuciones (como la bonificación por desguace en la industria automotriz y los subsidios de desempleo parcial) se pagaron mediante recortes en la infraestructura social. Los puestos de trabajo industriales masculinos se han asegurado a expensas de las mujeres que trabajan principalmente en otros sectores. También ahora, las mujeres corren un riesgo desproporcionado de perder sus fuentes de ingresos, especialmente muchas cuentapropistas y autónomas: peluqueras, modistas, artistas o libreras. Para las mujeres, el trabajo a tiempo parcial es la forma de combinar el trabajo de cuidados y el trabajo profesional, pero esto también revela desigualdad de ingresos y pobreza en la vejez.

Estas injusticias han dejado distorsiones profundas que continúan teniendo impacto en la actualidad.

Evitar errores del pasado

No se podrán evitar otras epidemias y crisis. Por lo tanto: ¡este es el momento de «inmunizar» a las sociedades y la economía! Sobre todo, se debe contrarrestar el argumento de que las cuestiones de género son un asunto menor o simplemente una distracción de la crisis real. Por el contrario, son un asunto central.

La crisis del coronavirus es global y continuará durante mucho tiempo, tanto en el plano de la medicina como en el de la economía. Pero también ofrece una oportunidad. Podría ser la primera crisis mundial en la que el género y las diferencias de género son registrados y tenidos en cuenta por investigadores y funcionarios. Los primeros análisis macroeconómicos ya están en marcha.

Durante demasiado tiempo, los políticos han partido del supuesto de que el trabajo de cuidados puede ser asumido por particulares, especialmente mujeres, quienes a su vez subsidian indirectamente a trabajadores y trabajadoras remunerados de otros sectores de la economía. Es hora de que la política socialdemócrata ponga fin a esta distorsión. Esto significa cambiar el paradigma del trabajo de cuidados, romper las cadenas de atención y mejorar las condiciones para el trabajo de cuidados dentro y fuera de los sectores asistencial y sanitario. ¡El trabajo de cuidados remunerado y no remunerado debe estar en el centro de la planificación de políticas macroeconómicas!

Segundo: cambio de paradigma a un sistema de «seguridad humana»

También desde una perspectiva global queda más claro que nunca que no hay sistemas regionales o supranacionales capaces de funcionar en caso de crisis. En cambio, a menudo son las constituciones nacionales, los planes de rescate, las legislaciones y las instituciones estatales las que entran en juego en la gestión de crisis.

La pandemia global ha dejado algo en evidencia: los inmensos déficits y la ineficacia de los sistemas de prevención disponibles en términos de seguridad humana. Las medidas de «seguridad humana» (human security) han sido durante décadas peor diseñadas y equipadas que los sistemas de seguridad tradicionales, es decir, los presupuestos militares y de defensa. Recién ahora el gobierno alemán ha confirmado su objetivo de aumentar el gasto militar a 2% del PIB, conforme a los acuerdos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Para estar mejor preparados ante futuras pandemias –que seguramente vendrán–, hay que hacer evaluaciones de riesgo y evaluaciones de impacto completamente nuevas, también con miras a encontrar soluciones interestatales y supraestatales. Los problemas de seguridad humana (incluidas las migraciones y la sostenibilidad ambiental) no se detienen en las fronteras nacionales y deben tener prioridad sobre las cuestiones de seguridad tradicionales. Estas nuevas cuestiones de seguridad también requieren inversiones prioritarias. Estas no solo tienen que ir a los sistemas sociales y de salud. La sociedad civil organizada, los servicios de voluntarios y las organizaciones sin fines de lucro también deben ser capaces de enfrentar y mitigar estos riesgos.

¡Hora de actuar!

Es hora de un cambio disruptivo que nos aleje de los patrones de la retórica y de las respuestas de la guerra, hay que ir hacia una arquitectura de seguridad humana comunitaria y basada en la solidaridad.

¿Cuándo, si no ya mismo? ¡Es hora de congelar o recortar los presupuestos militares que continúan expandiéndose en todo el mundo y aumentar la inversión en salud, educación, protección climática, lucha contra las causas de las migraciones forzosas y las infraestructuras públicas!

La coronacrisis es otro desastre para la humanidad que indica que con el aumento de la globalización y la urbanización, los riesgos para la seguridad humana también aumentan. Es muy probable que haya nuevas cepas del virus, tan virulentas como letales. Mientras tanto, los efectos del cambio climático y los patrones climáticos extremos nos afectarán aún más. La creciente desigualdad está alimentando conflictos, enfrentamientos militares, huidas en masa y desplazamientos, pero esto no puede combatirse con medidas de seguridad tradicionales, al menos en sus causas.

La política socialdemócrata tiene la misión de garantizar las condiciones de seguridad humana, y esta misión se acrecienta en la medida en que aumentan estos nuevos riesgos. Al tratarse una redistribución en términos de transformación socioecológica, la política socialdemócrata debería, sobre todo, echar mano también al presupuesto de defensa. Un doble cambio de paradigma que canalice la inversión en seguridad humana y trabajo de cuidados sostenible y con equidad de género es una oportunidad para salir de la crisis.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: FES

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Fuentes: Observatorio Internacional de la Crisis

El movimiento francés demostró un potencial revolucionario que veremos surgir en la postpandemia

 

La revuelta de los Chalecos Amarillos ha sido interpretada y analizada muchas veces y de muchas maneras. La derecha y la mayoría de los medios de comunicación, han definido al movimiento como casi fascista, como una forma de delincuencia colectiva, en una palabra, como una amenaza a la democracia y sus instituciones.

También entre gente que simpatiza con los movimientos sociales – incluidos muchos activistas de izquierda – ha existido una fuerte reserva sobre esta nueva forma de acción política. Muchos en la izquierda tradicional desconfían de la lucha de los Chalecos Amarillos por «confusa» o «poco clara”.

Que los Chalecos Amarillos inspiren tales reacciones muestra hasta qué punto el movimiento ha sorprendido, avergonzado, desorientado e incluso preocupado al sistema político . Los Chalecos Amarillos, en otras palabras, son un movimiento que ha sacudido los patrones y criterios establecidos por la «sociología política institucional”.

El factor principal que desencadenó las protestas – el «impuesto sobre el combustible”- ha llevado a algunos a pensar que los Chalecos Amarillos son anti-ambientalistas y que defienden el derecho de los automovilistas a contaminar el cuanto quieran.

Pero a pesar de estos ataques, una cosa es cierta: este levantamiento popular es un evento político muy significativo. No debemos olvidar cuánto duró, cuánto provocó y por qué obtuvo el apoyo mayoritario de la población. Pero, sobre todo, las características de esta revuelta son las que marcan un punto de inflexión en la historia social y política de Francia.  

Primero: una explosión espontánea en las redes sociales avanzó hacia una dinámica de auto-organización. Segundo: tienen una composición sociológicamente (son asalariados, jubilados, desempleados, propietarios de pequeñas empresas y mujeres que no tenían experiencia previa en movilización colectiva). Y tercero, han inventado formas originales de acción ( ya no son las manifestaciones sindicales en los «grandes bulevares», ahora son  ocupaciones de las «rotondas» en todas partes y, demostraciones, todos los sábados, a veces violentas en el centro de París).

Las discusiones se han focalizado en cómo definir el movimiento: ¿revuelta, insurrección, jacquerie ? No han faltado todo tipo de interpretaciones léxicas.

Lo que se ha olvidado es que la revuelta es básicamente la irrupción de “voces desde abajo”. Voces que han sido silenciadas  y excluidas de cualquier tipo de representación, Voces de ciudadanos que han sido víctimas en las decisiones de las elites políticas y financieras.

Pero, la característica más importante de este levantamiento popular es que inventó con éxito nuevas formas para enfrentar directa e intransigentemente la lógica neoliberal.

Lo que realmente llama la atención es la lúcida conciencia de estos actores que no han olvidado nada del pasado y que supieron reconocer la continuidad de las políticas neoliberales de Sarkozy, Hollande y Macron. De hecho, lo que desató la revuelta fue precisamente la aceleración del programa neoliberal de Macron.

Desde el principio, los Chalecos Amarillos entendieron perfectamente que esta lógica aumenta las desigualdades sociales y territoriales,  que se trata de una política que reduce los impuestos a los ricos y que disminuye los servicios públicos de los que dependen los más pobres para sobrevivir.

El principal resultado de esta revuelta es el establecimiento de una nueva entidad colectiva que se niega a disociar la lucha por la justicia social con la lucha por el medio ambiente y con la búsqueda de nuevas formas prácticas de ejercer la democracia.

Al respecto, debemos observar las características de la revuelta. Primero: aunque la revuelta sólo fuera con un «síntoma» de la crisis de la democracia representativa, los Chalecos Amarillos han sido los protagonistas de una crítica activa, aguda y radical de las instituciones políticas y de su profesionalización oligárquica.

Segundo: estamos ante un proceso de formación de nuevas subjetividades radicales que hasta hace poco habían sido «invisibilizadas» por su situación geográfica, su variedad de condiciones socioeconómicas y su distancia del sistema político, mediático y económico tradicional. Estas nuevas subjetividades son inseparables de las prácticas que caracterizan al movimiento de los Chalecos Amarillos.

La revuelta desafió, de manera práctica, los métodos de organización y discursos clásicos de contestación social. Según la hipótesis de Laurent Jean-Pierre estamos ante la invención de nuevas formas de acción y organización y la revuelta marca el comienzo de un nuevo ciclo de contestación social.

 Las tres negaciones

La revuelta de los Chalecos Amarillos cuestionó directamente la política de representación establecida y lo hizo con tres negativas concomitantes.

Primero: el movimiento se negó a someterse a los movimientos sociales tradicionales que se desarrollaron a partir del siglo XIX, el movimiento despegó su acción de manera independiente de sindicatos y de partidos políticos . Por cierto, esta es la razón por la cual los Chalecos Amarillos han desconcertado a muchos líderes políticos y sindicales que no han sabido qué hacer con este tipo de revuelta atípica.

Un aspecto del movimiento que es particularmente llamativo se deriva del hecho que el tema de las relaciones capital-trabajo no se presentó de manera directa en sus demandas. Al contrario de otros movimientos el desempleo y las condiciones laborales no fueron una tema central.

El objetivo de la revuelta era más bien la injusticia fiscal y social, percibida como la principal responsable de los bajos ingresos. Las demandas, no estaban dirigidos contra los «empleadores» sino contra Macron, el Estado y la Oligarquía, todos mezclados sin distinción.

Segundo: La revuelta se negó desde el principio a operar en el marco de la «democracia representativa». No sólo no se invitó a los partidos políticos a participar del movimiento, sino que se denunció a quienes «intentaban cooptar» el movimiento.

En consecuencia, quisieran o no, los partidos políticos de izquierda y derecha mantuvieron distancia del levantamiento y fueron relegados al papel de espectadores de un enfrentamiento entre el Estado y los Chalecos Amarillos (Por tanto, los activistas de extrema izquierda o de extrema derecha que se involucraron en el movimiento lo hicieron usando un chaleco amarillo, nunca reclamando abiertamente una organización o ideología).

Tercero: el movimiento negó la representación establecida por los discursos dominantes. De hecho, no sólo rechazaron partidos políticos, sindicatos e instituciones representativas, sino también fueron impugnados los discursos políticos y mediáticos que supuestamente «representan» a la sociedad.

El discurso político, en particular, se juzgó demasiado distante y abstracto, es decir, demasiado lejano de la «vida real» y, por lo tanto, incapaz de significar las condiciones concretas y vividas de la «gente de abajo».

Esta negativa a la alienación política de las personas se relacionan con el «bla bla bla» deshonesto de los políticos. Esta objeción a «palabras que no significan nada» no fueron meramente negativas. Los Chalecos Amarillos buscaron formas de articular una voz colectiva que pudiera hablar con franqueza sobre por qué es difícil ganarse la vida, sobre el sufrimiento social y sobre los callejones sin salida de millones de personas.

La memoria histórica de la Revolución Francesa, los símbolos como la bandera nacional y la Marsellesa y expresiones como «somos el pueblo» ayudó enormemente a las personas a articular sus demandas. De esta manera la voz colectiva de los Chalecos Amarillos conectó las experiencias diarias con el recuerdo de un evento histórico fundador de Francia.

Prácticas fundadoras o instituyentes de los Chalecos Amarillos

La revuelta fue una oportunidad para construir un nuevo discurso político y fue desconcertante para quienes se consideran «representantes legítimos» de la sociedad: políticos, periodistas, activistas sindicalista, etc.

Al contrario de lo que se ha dicho, los Chalecos Amarillos no son «apolíticos». El movimiento es  «transversal» o “anti-partido”, y eligió construir un nuevo discurso político a partir de experiencias diarias, personales y locales.

El tema colectivo de este discurso no era una clase o un cuerpo profesional o un grupo ya establecido, sino una masa de individuos identificados como un grupo reconocible por el hecho  que usan un chaleco amarillos y también por haber formado una comunidad de experiencias y similitudes en sus vidas.

El principio de rechazar la representación establecida, que puede expresarse como «nadie tiene derecho a hablar por nosotros», es una voz claramente política que rechaza la mediación tradicional . Es una reivindicación para hablar con claridad sobre la vida cotidiana de millones de personas pobres o modestas .

Y este discurso directo va acompañada de valores no negociables. Es una voz colectiva que reclama mayor justicia social y mayor igualdad, sin mediación, sin portavoces, sin objetivos específicos.

Esto, entre otras cosas, es lo que hace que esta revuelta sea diferente de los movimientos sociales «clásicos», organizados contra una decisión que afecta a una categoría profesional particular, contra una ley que ataca un aspecto de la vida o contra una medida política específica y que, en el mejor de los casos, lleva a una «negociación».

Los Chalecos Amarillos no están simplemente pidiendo el «fin de la austeridad» o defendiendo “esto o aquello” o luchando contra la reforma de las pensiones. El hecho más notable es que a partir del alza del precio del combustible, todo el sistema de desigualdades de la sociedad fue cuestionado y luego, muy rápidamente, se cuestionó también un sistema político que legitima, mantiene y empeora las desigualdades.

La demanda política de igualdad y justicia social es doble: universal y local. Se manifiesta en dos tipos de práctica. El primer tipo son las manifestaciones todos los sábados en el corazón de los centros de poder y justo en el medio de los barrios elegantes de París . Allí se proclama la igualdad para todos y se denuncia la injusticia social que afecta a todos.

La segunda práctica es la ocupación de las rotondas, que son campamentos que sirven a la organización territorial. En las carpas las personas discuten diferentes formas de continuar la lucha, las demandas y sus prioridades. Se establece una nueva lógica de las asambleas locales, lo que Laurent Jean-Pierre llama la «re-politización del lugar”.

La ocupación de las rotondas se extendió por todo el territorio interconectada mediante las redes sociales. Sobre esta base se creó una programa nacional de demandas y se planificó la movilización en las ciudades de acuerdo con el principio de «rotación centralizada «.

Aunque la utilización de Facebook ayudó a superar la represión, lo más sorprendente – y quizás más prometedor-  es la organización federativa que condujo a la creación de «asambleas de asambleas» en Commercy , Saint-Nazaire , Montceau-les-Mines.

Un desafío y un comienzo

Los Chalecos Amarillos han sido una revuelta completamente nueva que ha roto todas las reglas habituales de los conflictos sociales. El movimiento ha demostrado la existencia de un enorme potencial revolucionario contra las desigualdades del sistema neoliberal. Este potencial es explosivo, a pesar de los intentos de cooptación por la extrema derecha.

Dos aspectos de este potencial revolucionario merecen atención extra.

Si bien somos testigos, al menos aparentemente, del crepúsculo de las organizaciones tradicionales que surgieron del socialismo y el sindicalismo histórico ( y que hasta ahora parecen incapaces de reinventarse) estamos viendo la aparición de nuevas poderosas formas de lucha por la igualdad y justicia social.

Los actores de estas nuevas formas de organización se niegan a ser embargados por organizaciones burocráticas o por líderes carismáticos muy al contrario de la «razón populista» teorizada de manera imprudente por Ernesto Laclau, para apoyar la lógica antidemocrática de la representación política.

El nuevo hecho es que un movimiento auto-organizado ya no es prerrogativa de los jóvenes precarios ( a menudo altamente educados) o de los trabajadores de la industria del entretenimiento francés o de los activistas de la Nuit Debout. Más bien el nuevo movimiento pertenece a personas de categorías sociales muy diferentes, muchas de las cuales se presumía no tenían competencias políticas.

La originalidad de la revuelta de los Chalecos Amarillos  fue su creación de un «nosotros» a través de un signo común visible ( el chaleco) y por medio de colectivos virtuales creados en las redes sociales.

Por supuesto, que hay más de una pregunta importante que deberá resolver el movimiento: ¿ será políticamente efectiva y duradera una forma original de democracia radical sin renunciar a sus principios cardinales? ¿será capaz de desarrollarse más allá de la pandemia y crear un movimiento nacional que preserve sus características locales, descentralizadas y democráticas?

La respuesta práctica apareció durante las «asambleas de asamblea» del movimiento. La declaración de los Chalecos Amarillos de la localidad de Commercy (una ciudad en el norte de Francia) llamó a «crear una Asamblea de Asambleas y la Comuna en  los Municipios».

En la reunión los delegados de varios cientos de asambleas populares locales reflexionaron colectivamente sobre el tema para facilitar un movimiento descentralizado y elaborar un bosquejo de una Federación de Comités Populares que se identifiquen con la democracia directa, la ecología y las demandas de igualdad. ¿Qué surgirá de esta dinámica federativa?  No lo sabemos.

El segundo aspecto a tener en cuenta es la forma en que este movimiento ha enfrentado e incluso desbaratado las propuestas de la ecología neoliberal, que hoy uno de los ejes centrales del neoliberalismo para los próximos años y décadas. Por «ecología neoliberal» nos referimos los discursos y las políticas que consisten en atribuir la responsabilidad de la crisis climática al comportamiento individual y en particular de los miembros de las clases populares, estableciendo de manera simultánea incentivos fiscales al capital cuyo efecto es el aumento de las desigualdades.

La gestión neoliberal de la crisis climática culpa a cada individuo, sea cual sea su clase social o su nivel real de responsabilidad. Esto hace posible descargar la carga de una engañosa “transición ecológica” sobre la mayoría de la población,  en especial sobre los más débiles.

En este sentido, la revuelta de los Chalecos Amarillos es una de las primeras movilizaciones que articulan el tema de la igualdad y el clima, la justicia social y la justicia climática. Es, sin duda, también su principal lección para la izquierda global.

Por Pierre Dardot, Christian Laval | 13/07/2020

Pierre Dardot es filósofo y especialista de Hegel y Marx. Sus libros más recientes, escritos junto con Christian Laval, incluyen Common: On Revolution in the 21st Century (Bloomsbury, 2014), The New Way Of The World: On Neoliberal Society (Verso Books, 2017) y Never-Ending Nightmare: The Asalto neoliberal a la democracia (Verso Books, 2019).

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Voluntarios han hecho una enorme labor para contener en 5 mil los decesos en esa ciudad india.Foto Afp

Cuando el coronavirus cobró su primera víctima en la barriada india de Dharavi, en abril, los epidemiólogos temían lo peor. Tres meses más tarde Bombay parece haber contenido la epidemia en este enclave pobre y superpoblado gracias a una agresiva persecución.

Con familias de 10 integrantes que a veces duermen en la misma habitación y baños públicos compartidos por cientos de personas, las autoridades locales se dieron cuenta que las barreras como la distancia física o el lavado frecuente de las manos eran un espejismo.

Entonces tomaron la decisión de "rastrear el virus, en lugar de esperar a que el desastre ocurriera", resume Kiran Dighavkar, un responsable del municipio.

"La distancia física era imposible, el aislamiento en casa no era una opción y rastrear contactos era un problema enorme porque muchísimas personas utilizan el mismo baño", explica.

Un primer plan consistió en verificar el estado de salud de los residentes al hacer visitas puerta a puerta en los callejones estrechos de la barriada. La idea se abandonó rápidamente después de que el personal de salud, operando bajo el calor pesado y húmedo de Bombay, se encontró sofocado con las múltiples capas de su equipo de protección contra el coronavirus.

Pero el número de casos aumentaba de manera alarmante en este barrio donde viven muchas personas que se ganan la vida realizando tareas básicas en la capital económica india. La ciudad se lanzó entonces lo que sus responsables denominaron Misión Dharavi.

Todos los días, los trabajadores sanitarios desplegaron un "campamento de detección de fiebre" en una zona diferente de la barriada. Las autoridades requisaron escuelas, salones de bodas e instalaciones deportivas para convertirlas en centros de cuarentena que ofrecían comidas gratuitas, tabletas de vitaminas y sesiones de yoga.

Los habitantes de los barrios más afectados tenían prohibido entrar o salir y el gobierno utilizó incluso drones para vigilar la aplicación de las restricciones. Un ejército de voluntarios llevó comida a las 125 mil personas atrapadas en sus casas.

"Estamos al borde de la victoria, me siento muy orgulloso", afirma Abhay Taware, médico de 44 años que en el pico de la crisis recibía a 100 pacientes diarios en su pequeña clínica.

Sin embargo, muchos residentes y funcionarios de Bombay creen que es demasiado pronto para declarar que el virus fue vencido en Dharavi.

La epidemia se extiende por toda India con más de medio millón de casos registrados y Dharavi sigue vulnerable a una segunda ola de contagios.

Afp

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Sobre colapsos, ecosocialismos y coronavirus (y II)

En 1988, a instancias de los compañeros “europeístas”, viajé a Estrasburgo para conocer mejor la realidad europea. Querían los compañeros que el presidente de nuestro grupo parlamentario, denominado Comunistas y Asimilados, Gianni Cervetti, me ilustrara sobre la nueva idea que redimiría a Europa. En una cena ad hoc aquel hombre me habló de “la Europa de la igualdad, la de la convergencia social, la Europa de la paz que iba a interponerse entre Estados Unidos y otras potencias”. Una cosa preciosa, rotunda, perfecta. Cuando terminó su exposición le hice la pregunta más elemental: “Todo esto, ¿con quién va a ser posible hacerlo? ¿Con los obreros, con los intelectuales, con los militares… con qué capas sociales?”. Y aquel hombre genial me contestó: “Ah, eso no lo hemos pensado”. Gianni Cervetti estaba vendiendo humo.

Julio Anguita entrevistado por Julio Flor en Contra la ceguera

En la primera parte de este artículo se abordaron las consecuencias de la pandemia del coronavirus (como manifestación del colapso) en colectivos que actúan en conflictos sociales y ecológicos en clave sectorial. En esta segunda parte se analizan en colectivos con perspectiva global.

Cinco aportaciones de la pandemia al conocimiento del colapso

  • • Su naturaleza. La pandemia ha permitido conocer diferentes niveles de gravedad y respuesta según territorios, clases sociales, sistemas políticos, áreas geográficas… Todas comparten características: devastación y muertes focalizadas, personas débiles y/o ya damnificadas entre la mayoría de las víctimas, ausencia de respuestas globales y graves carencias en mecanismos de información e intervención.
  • • El factor sorpresa. La pandemia ha demostrado que un solo elemento, del amplio catálogo de catástrofes activas o potenciales, puede desencadenar una cascada de consecuencias imprevisibles, afectando a la economía, las finanzas, la producción y el consumo de petróleo, los alimentos, los materiales sanitarios básicos, etc. La pandemia no ha sido la única manifestación del colapsodurante estos meses; coincidiendo con la pandemia, y hasta el momento de redactar este artículo, una gigantesca plaga de langostas está destruyendo parte de las cosechas de regiones de diez países de nordeste de África y dos del sudoeste de Asia; el incremento de la intensidad y frecuencia de estas plagas tiene relación con las alteraciones del régimen de lluvias causadas por el cambio climático. Y varios millones de personas podrían morir de hambre en esas zonas en los próximos meses. Para quienes abordábamos el análisis del colapsodesde la visión más mediática (el cambio climático y sus secuelas físicas) o la más oculta (la escasez de energía y sus implicaciones), el factor sorpresa agrega nuevas incertidumbres.
  • • El factor respuesta. Oficialmente, en Europa y parte del mundo estamos ya en la etapa post-pandemia. Estamos en el umbral de otra muestra de sumisión de las instituciones políticas a los intereses de las élites. El dilema personas frente a economíases la manifestación de un conflicto múltiple y más profundo. Cuando los portavoces de las clases dominantes proclaman que la vida es secundaria frente a la economía, invocan sin tapujos la realidad que impera en la periferia del sistema y plantean la exigencia de que las clases acomodadas de los países ricos la asuman completamente; se preparan para el futuro. Mientras, mantienen el discurso oficial del todas y todos.
  • • El factor tiempo. Dos variables, 1) tiempo para que se haga patente la destrucciónen curso y 2) tiempo de reacción socialante la devastación. Pregunta derivada de 1): ¿hay tiempo para mitigar el colapso? Respuesta: no.

Dos ejemplos de ese “no”: el conflicto sobre la velocidad del cambio climático; entre los informes globales y consensuados del IPCC y los informes de centros de investigación locales hay diferencias sobre la aceleración del proceso. La aceleración está reconocida por la ONU, pero los datos sobre liberación de gases retenidos en el permafrost indican que incluso los modelos más alarmantes se quedan cortos. El factor tiempo también se aplica al coronavirus: existe consenso en que no es la primera pandemia del siglo XXI, en que todas surgen de la destrucción de hábitats (algo intrínseco a la lógica del sistema), pero existen conflictos en cuanto a la duración, la evolución o el tiempo que pasará hasta que aparezca la siguiente.

Pregunta derivada de 2): ¿hay tiempo para la reacción social adaptativa al colapso? Respuesta: depende. Las clases dominantes disponen de tiempo y recursos (llevan años preparándose y tienen todo lo necesario, como se ha podido comprobar); las clases acomodadas tienen un cierto margen (según el nivel de recursos), y para las clases subalternas sin recursos casi no hay tiempo. Si se traslada esta cuestión a las llamadas regiones ganadoras o perdedoras por el cambio climático, o a las gradaciones de áreas vulnerables, encontramos la misma respuesta en clave territorial: depende.

  • • El principio de precaución. De lo anterior se deduce que a mayor convicción de que aún se dispone de tiempo para mitigar el colapso, menor posibilidad hay de que se haga algo eficaz. O, a la inversa, que la condición para un trabajo eficaz de resiliencia ante el colapsoes asumir que está sucediendo ya y olvidarse de plazos. Concretemos todo esto desde los enfoques globales.

Respuestas globales

En 1991 se produjo la primera reacción a un colapso global, el ecosocialismo [1], que planteó las implicaciones de la ciencia ecológica en la política y la economía. Más adelante, a mediados de los 2000, mientras la evidencia del cambio climático se abría paso entre los sectores más conscientes de las clases acomodadas, surgieron los decrecimientos [2]. El ecosocialismo y el decrecimiento siguen siendo, aún hoy, social y políticamente minoritarios, aunque están asumidos por la gran mayoría de las numerosas minorías que impugnan el actual sistema.

A partir de 2012, la abrumadora evidencia de la degradación ambiental y el sucesivo vencimiento de los supuestos plazos para frenarla sin obtener resultados tangibles (exceptuando la publicación de una cantidad ingente de documentos, artículos y libros) provocaron que el ecosocialismo y el decrecimiento generasen dos líneas de análisis que comparten diagnóstico: ya no hay tiempo. La adaptación profunda proviene del decrecimiento y el colapsismo marxista, del ecosocialismo. Ambas parten de la necesidad de afrontar la peor hipótesis, es decir, la única razonable.

Consideremos el siguiente texto:

La Revolución ha muerto. El Socialismo moderno ha fracasado y el comienzo de una era post-moderna de colapso civilizatorio y derrumbe social planetario es inevitable. Tal como en el caso de una enfermedad mortal imposible de detener, nada puede impedir este pronto desenlace. Ni la globalización económica, ni la tecnología o la planificación socialista de la economía pueden ya evitar lo que, si se tiene en cuenta la real gravedad que poseen las actuales crisis ecológica y energética, se presenta hoy como ineludible: el pronto colapso de la sociedad contemporánea.

“¡Patrañas! —responderá ante esta afirmación el defensor de la libre competencia—. ¡Solamente necesitamos invertir en nuevas tecnologías!” “¡Derrotismo! —increpará desde la otra vereda el militante marxista—. ¡Esto lo solucionamos con la conquista del poder por los trabajadores!” “¡Determinismo! ¡Un ecosuicidio planetario es ciertamente posible —dirá el ecosocialista—, pero asumir su inevitabilidad es puro pesimismo!” ¡Falta de enfoque! —replicará a su vez el defensor del ‘decrecimiento’—. ¡Un colapso no tiene por qué ser algo negativo, sino que aquel puede ser ‘administrado’ en pos de un modelo alternativo de sociedad, constituyendo entonces una ‘oportunidad’!”

¿Pero es cierto que el peligro de un colapso civilizatorio inminente […] efecto de la combinación catastrófica de las contradicciones […] del sistema capitalista actual y el avance (ya imparable) de la crisis ecológica, energética y los futuros escenarios de sobrepoblación mundial y escasez planetaria de recursos, puede ser conjurado, esto ya sea mediante el desarrollo tecnológico, la implementación de un sistema económico planificado, el ecosocialismo o el impulso de “modelos alternativos” de sociedad basados en el “decrecimiento”?

Parte de este debate tiene lugar entre los grupos políticos de América Latina, escenario de los únicos intentos de corregir desigualdades profundas en este siglo XXI. El texto anterior corresponde a un artículo de marzo de 2019 del historiador y antropólogo marxista chileno Miguel Fuentes [3], el más conocido divulgador del marxismo colapsista. A pesar del esquematismo y ausencia de matices, tiene el mérito de la síntesis.

Para captar los matices que faltan es útil seguir el debate entre Michael Löwy, Antonio Turiel y Miguel Fuentes, desarrollado entre el 14 y el 26 de junio de 2019 (cuya primera y segunda partes se pueden encontrar aquí y aquí). Es ilustrativo el contraste entre las intervenciones breves y evasivas del ecosocialista Löwy, las extensas, agresivas y detalladas respuestas del marxista colapsista Fuentes, y los documentados apuntes del decrecentista Turiel (apoyando con matices a Fuentes). La otra respuesta rupturista, la adaptación profunda, proviene de algunas cátedras universitarias del Norte geopolítico, como veremos más adelante.

Ahora bien, ninguna de las cuatro líneas (ecosocialismo, marxismo colapsista, decrecentismo y adaptación profunda) integra los conflictos derivados de las desigualdades sociales. Su discurso tiene como destinatario al todas y todos. Es la conocida falacia del somos el 99%, que elude el análisis de las clases acomodadas y de unas clases subalternas definidas por la falta de cobertura de las necesidades materiales básicas.

Fatalidad no significa parálisis o impotencia

Variables de la clásica pregunta “¿qué hacer?”. El artículo más difundido de Michael Löwy en los últimos meses (“XIII tesis sobre la catástrofe ecológica y cómo evitarla”) se ciñe al modelo dominante: marco global, recomendaciones genéricas, sin destinatario concreto ni propuestas detalladas; lo mismo sucede, en otro campo, con los cinco principios para la recuperación de nuestra economía y la creación de una sociedad justa del Degrowth New Roots Collective. Como contraste, encontramos la deriva práctica sin reflexión de fondo de Antonio Turiel, en sus apuntes a raíz del coronavirus (“¿Qué puedo hacer yo? II” y su “Hoja de ruta IV”), y las visiones apocalípticas del post-colapso de Miguel Fuentes y sus compañeras y compañeros de web. Ahora bien, para los poderes que mandan sin haber sido elegidos todos esos discursos son humo. Y para quien valore la importancia de las desigualdades sociales también lo son, pero por diferente motivo.

Acotemos algunas variables del “¿qué hacer?” siguiendo la conversación entre Jorge Riechmann, Emilio Santiago Muiño y Jaime Vindel recogida en “Debate ecologista desde la desesperación”; la conversación continúa el 3 y 4 de mayo, cuando Santiago Muiño plantea la inevitable concreción práctica de lo debatido hasta entonces [4]. Ello provoca un apunte de respuesta en el blog de Jorge Riechmann, el 6 de mayo, en el que desarrolla una postura ética. Veamos:

Cuando nos percatamos de que ya no hay tiempo, y no obstante no renunciamos a intentar actuar para evitar lo peor de lo peor, ¿qué hacer? Dos grandes opciones:

  1. a) Hacer como si hubiese tiempo, razonando a partir de la incertidumbre: no tenemos bola de cristal, puede haber más margen de acción del que percibimos, etc. (En mi opinión, por aquí se llega rápidamente a la ilusión de solución).
  2. b) Actuar fuera del tiempo, lo que en la práctica quiere decir: dejar de pensar (al menos parcialmente) en términos de eficacia y hacer lo que se debe porque debemos hacerlo, no porque confiemos en que se logrará el éxito.

[…]

Actuar “fuera del tiempo” tiene además, allende la dimensión moral, una enorme ventaja: permite conectar directamente con las ecoespiritualidades, así tengan base religiosa confesional u otras más laicas. Y esto es importantísimo en un tiempo tan sombrío, tan inductor de desesperanza, como el que vamos a vivir. No me cansaré de recomendar Esperanza activa, el libro de la teórica de sistemas y practicante budista Joanna Macy (junto con Chris Johnstone).

Pero todo no se puede reducir a la disyuntiva entre un a) y un b) con consuelo espiritual para clases acomodadas. Aquí incide la reflexión de Jem Bendell que, a partir del decrecimiento, introduce su agenda de Adaptación Profunda. He aquí un párrafo:

En mi trabajo con estudiantes adultos, he encontrado que invitarles a considerar el colapso como algo inevitable, la catástrofe como algo probable y la extinción como algo posible, no ha llevado a la apatía ni a la depresión. En cambio, en un entorno propicio, en el que hemos disfrutado de la comunidad entre nosotros, hemos honrado a ancestros y disfrutado de la naturaleza antes de pasar a ver esta información y sus posibles planteamientos, sucede algo positivo. He sido testigo de una pérdida de la preocupación por ajustarse al statu quo, y de una nueva creatividad sobre la que centrarse para seguir adelante. A pesar de eso, se produce cierto desconcierto que permanece a lo largo del tiempo, a medida que se intenta encontrar un camino para avanzar en una sociedad donde estas perspectivas son poco comunes. Es importante el intercambio continuo sobre las implicaciones a medida que hacemos la transición en nuestro trabajo y nuestras vidas (p. 20).

Jem Bendell es catedrático de la Universidad de Cumbria (Reino Unido) y el fundador del Instituto de Liderazgo y Sostenibilidad (IFLAS) de esa universidad. Tras varios años participando en eventos de alto nivel para afrontar la crisis ecológica ha acabado siendo crítico sobre su utilidad.

En resumen, la experiencia aportada por la pandemia apoya una actitud de escepticismo frente a los absolutos; la conciencia de un colapso irreversible, presente, cercano e inmediato, no implica escapismo o parálisis, ni abandono de la búsqueda de una respuesta eficaz con la mirada puesta en el tiempo.

Conclusiones

  1. Reducir factores de incertidumbre

Una vez asumida la realidad del colapso, la pregunta es: ¿cómo se materializará? Descartando una catástrofe global tipo guerra nuclear (general o limitada) entre potencias (EE.UU., Rusia, China, India, Pakistán, etc.) cuyas consecuencias son casi imposibles de imaginar, la realidad puesta en evidencia por la pandemia es que las clases dominantes aprovechan el colapso para apuntalar sus intereses geopolíticos. Así pues, afrontar el colapso desde las clases subalternas implica delimitar, concretar y cuantificar impactos territoriales, sectoriales y sociales, que recaen sobre ellas. En el caso más documentado, el del cambio climático, se impone un trabajo de contabilidad de los recursos necesarios para cubrir necesidades básicas [5]. Es el mismo trabajo que se impone en el ámbito de la energía, las materias primas, la reutilización de materiales, etc.; un trabajo en que cada análisis y cada medida se ha de considerar englobando factores como la Tasa de Retorno Energético, las implicaciones de la paradoja de Jevons y el equilibrio producción-destrucción en todo ciclo de materiales, entre otros.

Reducir incertidumbres supone no dar por asegurada la cobertura futura de ninguna de las necesidades básicas actuales, situarse en lo concreto y cuantificable y considerar posibles carencias futuras.

  1. El papel vital del Estado

El trabajo que hay que abordar es, lógicamente, colectivo, y una de las urgencias consiste en mejorar y preservar la función del Estado, como garantía básica de que las necesidades de las clases subalternas podrán ser atendidas. Porque al margen de vuelos imaginativos, más o menos bucólicos, sobre la bondad intrínseca de comunidades de base adaptadas y autosostenibles, o de rancios tópicos neoliberales sobre las rigideces del Estado, las enseñanzas que brindan los casos de Vietnam y Kerala durante la pandemia ilustran lo importante que es disponer de un Estado que garantice y canalice unos mínimos de supervivencia (sin que ello suponga establecer analogías que están fuera de lugar). Y no hay que olvidar el caso del papel clave jugado por el Estado en el colapso provocado por el período especial en Cuba.

Si no existe un Estado plenamente operativo, se llega a lo que desde el discurso dominante llama Estado fallido, es decir, aquel en el que las clases subalternas sufren la violencia arbitraria de grupos armados (mafias o señores de la guerra) mientras las clases dominantes aseguran sus privilegios mediante violencia privada.

  1. El papel vital de la geopolítica

Dejando a un lado la hipótesis bélica global, se impone afrontar el papel de la geopolítica en un doble sentido: como análisis de los recursos de los que debe disponer el Estado para cubrir las necesidades materiales básicas y como análisis de las estrategias de otros estados en la misma línea. Conocer estudios realizados hasta el momento, manteniendo siempre un punto de vista crítico sobre su contenido [6], permite una visión más realista y de conjunto que la que ofrecen los clásicos documentos sobre alternativas sectoriales.

  1. Líneas de incidencia

No vender humo, según el acertado diagnóstico de Julio Anguita que encabeza este artículo, requiere una implicación de todas las partes conscientes del colapso global más allá de los discursos. El nivel de ignorancia sobre el colapso es enorme (basta revisar lo que aún se desconoce del y sobre el coronavirus), y las clases subalternas lo afrontan desde una situación que supera las clásicas —y estériles— discusiones entre las izquierdas sobre la denominada línea correcta. El diagnóstico de Miguel Fuentes, aunque esquemático, contiene un gran fondo de verdad.

Y es que la ausencia de certezas impide discernir un curso de acción correcto que invalide a los otros; la única opción es una reflexión que marque criterios. Desde ese enfoque, tanto el ecosocialismo como el marxismo colapsista, el decrecimiento o la adaptación profunda ofrecen posibilidades de incidencia real, si superan lo que han venido haciendo hasta ahora.

Así que no limitarse a vender humo exige: a) difundir documentos de elaboración y compromiso colectivo, no un agregado de brillantes artículos de opinión o respuestas individuales con adhesiones entre personas afines que lo apoyan, y que ahí quedan; b) ir más allá del nosotras/nosotros y el para todas y todos, definiendo un vosotras/vosotros y un ellas/ellos; c) detallar las denuncias más allá de cómodas generalizaciones, es decir, interpelar con nombres y apellidos a personas responsables y grupos implicados; d) plantear propuestas concretas de adaptación y contención, señalando responsabilidades de personas u organismos para su puesta en práctica, y yendo más allá de la política profesional aunque sin excluirla; e) no limitarse a redactar y publicar manifiestos que ahí quedan, sino hacer que el manifiesto sea el punto de partida de una campaña de seguimiento concreto, tenaz, reiterativa, perseverante en las denuncias y propuestas, evitando denunciar o proponer para retirarse luego, con toda dignidad, a un confortable “ya os lo dije” o al “llevo años explicándolo”; f) plantear todo lo anterior en el marco de los intereses materiales comunes de personas de las clases subalternas, no en un agregado de diversidades fragmentadas; g) incorporar y dar participación, en este proceso de preparación, desarrollo y seguimiento, a personas de dichas clases subalternas, considerando las contradicciones a corto y medio plazo que ello implica.

Incidir es no situarse al margen de la política partidista o institucional y de las y los profesionales que viven de ella, pero no dejarse arrastrar por todo ello. Superar la dualidad entre izquierdas progresistas y derechas reaccionarias, huir de patriotismos o banderas. Significa interpelar desde lo concreto y lo social.

  1. Concreciones y amenazas

Intervenir política y socialmente, tanto si se hace desde los países del centro del sistema como si se hace desde los de la periferia, significa tener presente siempre la reacción hostil de las clases dominantes a todos los niveles. Por tanto, limitarse sólo a reivindicar medidas que deben ser aplicadas por gobiernos y administraciones, sin disponer de sólidos mecanismos de participación e intervención arraigados en las clases subalternas, no tiene recorrido: los casos de Bernie Sanders y su estructura de apoyo y de Jeremy Corbyn y el sabotaje de su estrategia; el aprovechamiento de las desviaciones del gobierno de Bolivia para dar cobertura a nuevos modelos de golpe de Estado; el uso de interpretaciones de la “democracia” y del poder político para blindarse apartando a quienes no apoyan el modelo, los neogolpes de Estado usando a conveniencia interpretaciones de las leyes, etc., son ejemplos de que en el colapso juegan intereses que van mucho más allá de pedagogías inocentes o llamamientos sentimentales a “salvar el planeta”.

Intervenciones

Se trata de superar desconciertos, resistir la presión de las políticas inmediatas que imponen los miles de personas que viven de ella, superar apelaciones al pluralismo o la complejidad como justificación de estrategias para no moverse más allá del confort de las certezas compartidas, y afrontar conflictos que no se limitan al enunciado genérico de vías [7].

Las implicaciones prácticas de la oposición a todo esto son fáciles de imaginar: resistencia a los cambios y discurso de distracción (como se ha comprobado también durante la pandemia), un discurso que se adapta a cada contexto político y social, que no permite traslaciones de experiencias de un país o región a otro.

Desde el ecosocialismo, intervenir significa ir más allá de los manifiestos genéricos y entrar en lo enunciado en el punto 4 de este texto dentro del marco jurídico que corresponda. Desde el colapsismo marxista, intervenir es vincularse a las clases subalternas desarrollando actividades concretas para prevenir o mitigar los impactos del colapso y medios de cubrir variables de supervivencia básica (agua potable, alimento, cobijo, calor, frío, luz, movilidad, información y servicios sanitarios). Desde el decrecimiento, la intervención significa ir más allá de los éxitos, analizar también límites, insuficiencias y errores…, difundirlos y abrirse al debate sobre ellos. Desde la adaptación profunda, intervenir es no limitarse al aspecto espiritual, sino llevarla a la realidad material, mucho más dolorosa y desagradable.

Y, en cada uno de los cuatro ámbitos globales, intervenir significa no cerrarse a los otros tres, debatir abiertamente entre todos, buscar un lenguaje común y entender que, ante el colapso global, no hay certezas, sino sólo aciertos parciales.

Conclusión

La especie humana no va a desaparecer a causa del colapso, pero millones de personas sufren y mueren todos los días en condiciones atroces, y muchas más sufrirán y morirán en tiempos inmediatos. La vida no se va a extinguir a causa del colapso, pero millones de especies y seres vivos serán destruidos. Las condiciones de vida en la Tierra cambiarán a causa del colapso, pero el planeta no se convertirá en inhabitable. Ante esta situación, intervenir significa una cosa diferente para cada persona o colectivo consciente de lo mucho que hay en juego.

Para el autor de este texto significa, ante todo, dejar de publicar y pasar a actuar.

Notas

[1] Ecosocialismo: véanse “El ‘manifiesto ecosocialista’ treinta años después”, de Joaquim Sempere (referido al documento original de 1990) y Joel Kovel y Michael Löwy, “Manifiesto ecosocialista” (2001).

[2] Decrecimiento: tras unas primeras formulaciones pintorescas y provocativas durante los años noventa, por parte de Serge Latouche, se concreta el movimiento internacional Degrowth y es objeto de un tratamiento sistemático y riguroso por parte del economista Tim Jackson en Prosperidad sin crecimiento (Icaria, 2009).

[3] Miguel Fuentes, 9/3/2019. Para una lectura más cómoda (sin inserciones de publicidad), recogido en

http://www.sirenovablesnuclearno.org/zportada/marxcolap/marxcolappresdebat2.html, pero publicado originalmente en https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/09/marxismo-y-colapso-la-ultima-frontera-teorica-y-politica-de-la-revolucion/. Para la deriva catastrofista de brocha gruesa, véase la serie de pinturas Pesadillas, de Zdzisław Beksiński, o The Fall of Rome, de Thomas Coleque, que ilustran algunos de sus textos.

[4] Véase la nota a pie de página n.º 70 del artículo “La crisis del coronavirus como momento del colapso ecosocial”, de Jorge Riechmann.

[5] En el caso del cambio climático la contabilidad implica analizar la documentación existente a nivel de regiones y conectarla con los datos económicos y sociales sobre cobertura de necesidades básicas. Los informes del IPCC y de otras entidades (AEMETRIEMITECO, etc.).

[6] En clave interna se puede comenzar por https://lastrescrisis.blogspot.com/ o https://transecos.files.wordpress.com/2014/04/pedro-garcia-bilbao-geopolc3adtica-peak-oil-colapso-global.pdf, o por “Los españoles ante el cambio climático” (24/9/2019). En tendencias globales, por “Panorama de tendencias geopolíticas horizonte 2040”.

[7] Véanse Carmen Molina Cañadas, “Política agroalimentaria para un mundo saqueado” (2/5/2020), Álvaro García Linera, “Pánico global y horizonte aleatorio” (5/4/2020), y “La crisis del coronavirus como momento del colapso ecosocial” (9/6/2020).

Por Miguel Muñiz Gutiérrez | 11/07/2020

[Miguel Muñiz Gutiérrez mantiene la web sobre energía y colapso http://www.sirenovablesnuclearno.org/]

Publicado enSociedad
Apremia la ONU a cambiar modelo de desarrollo en AL

A finales de año 230 millones de personas en la región serán pobres

 

La desigualdad en América Latina se ha vuelto insostenible; por ello es necesario abordar los problemas estructurales y transformar el modelo de desarrollo en la región, explicó António Guterres, secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

"Ello supone desarrollar sistemas integrales de bienestar social accesibles para todas las personas; implica crear sistemas tributarios más justos, promover la creación de empleos decentes, fortalecer la sostenibilidad ambiental y reforzar los mecanismos de protección social", pronunció, a propósito de la publicación El impacto de Covid-19 en América Latina y el Caribe.

El documento estima que la contracción en la actividad económica de la región –ahora epicentro de la crisis sanitaria– será de 9.1 por ciento en 2020. Ello se traduce en que a finales de año 230 millones de personas serán pobres, uno de cada tres habitantes de América Latina, y que 96 millones no tendrán ingresos suficientes para comida.

En el caso de México, la ONU estima que 50.3 por ciento de la población se encontrará en pobreza y 18.2 por ciento en pobreza extrema a finales de 2020, ambos por encima de los promedios de América Latina, que son de 37.2 y 15.5 por ciento, respectivamente.

La desigualdad aumentará 4.7 por ciento en la región, particularmente en Brasil y México, donde alcanzará hasta 5 por ciento, explicó aparte Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En el caso del desempleo se estima que alcance una tasa de 13.5 por ciento que representa a 44 millones de latinoamericanos. Todos estos factores harán que la región pase por la crisis más profunda en 100 años.

Necesario, apoyo internacional

En este contexto, Guterres señaló que "la situación requiere urgentemente un mayor apoyo internacional" para los países de esta región. "No deben quedar excluidos de la asistencia mundial".

A excepción de Haití, los países de América Latina se consideran de ingresos medios. De hecho 77 por ciento de las personas en la región se consideran de ingreso medio, pero no tienen capacidad de ahorro, es una condición muy frágil y que en muchas ocasiones está sostenido en el endeudamiento de los hogares, explicó la secretaria ejecutiva.

Bárcena subrayó, además, que la región trae a cuestas limitaciones de balanza de pago, crisis cambiarias y alta informalidad, todos problemas que se suman a la crisis del coronavirus, por lo que serán necesarias condiciones favorables de financiamiento, exenciones, aplazamiento de pagos por servicio de la deuda y ampliar la asignación de derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional.

"Nuestra región tiene interés político de invertir, pero no necesariamente tiene espacio fiscal necesario. Eso hace que tenga problemas de liquidez muy pronto y por tanto una respuesta multilateral y de las organizaciones financieras internacionales será necesaria, porque nuestros países, por ser considerados de ingreso medio, no son a veces incluidos en esta medida multilateral que ha tomado el G-20 para países de ingreso bajo", detalló.

De vuelta a los cambios estructurales y de modelo de desarrollo que son necesarios en América Latina, Guterres subrayó que también implican una mayor integración económica regional y supone que las mujeres participen plenamente y en condiciones seguras en la vida pública y económica.

También se debe reforzar la gobernanza democrática, la protección de los derechos humanos y el estado de derecho, dado que la ciudadanía se siente excluida, así como la rendición de cuentas y la transparencia que "son fundamentales".

Primero que todo, se debe "hacer más" por reducir la pobreza, la inseguridad alimentaria y la malnutrición, priorizar la educación a distancia, dar continuidad a los servicios dedicados a la infancia y enfocar apoyos a los grupos más vulnerables: las mujeres y los indígenas.

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Un vial utilizado en las investigaciones para hallar una vacuna contra la covid-19 en los laboratorios de Novavax en Rockville, Maryland (EE UU), en marzo.ANDREW CABALLERO-REYNOLDS / AFP

La empresa de biotecnología estadounidense nunca ha sacado un producto al mercado

 

El Gobierno estadounidense le ha otorgado 1.600 millones de dólares (1.400 millones de euros) a la compañía de biotecnología Novavax para acelerar la producción de la vacuna contra el coronavirus en la que está trabajando. La inversión es parte del programa Operación Warp Speed, creado a mediados de mayo para apoyar económicamente a las compañías que están desarrollando los tratamientos más prometedores para controlar la pandemia. Novavax, que nunca ha sacado un producto al mercado, informó este martes que utilizará el dinero para completar los estudios de las últimas etapas de ensayos, la fabricación a gran escala y entregar 100 millones de dosis a finales de 2020 y comienzos de 2021, si es que los resultados de las pruebas concluyen que la vacuna (NVX-CoV2373) es segura y efectiva.

El millonario acuerdo con la firma de biotecnología, con sede en Maryland, es el mayor de los que ha cerrado la Administración de Donald Trump como parte de la Operación Warp Speed. A finales de mayo, Novavax entró en la fase experimental del tratamiento con 130 personas en Australia, cuyos resultados deberían conocerse este mes. La vacuna había logrado altos niveles de anticuerpos en las pruebas previas, según dijo la compañía, por lo que la describieron como una “candidata altamente inmunogénica en humanos, con lo que protegerá de Covid 19 y ayudará a controlar el contagio de esta enfermedad”. El acuerdo con el Gobierno permitirá a la compañía comenzar a fabricar las vacunas antes de que concluya la última etapa de los ensayos clínicos, prevista para este final de año.

“Agregar a la candidata de Novavax a la diversa cartera de vacunas de la Operación Warp Speed aumenta las probabilidades de que tengamos una vacuna segura y efectiva tan pronto como finalice este año”, afirmó el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, en un comunicado de prensa. Nunca una vacuna ha estado disponible de manera generalizada para el público en un periodo de tiempo tan corto como el que se proponen. Por eso también la Administración está invirtiendo en varias compañías simultáneamente, ya que da por hecho que no todas serán exitosas en su cometido. Anthony Fauci, miembro clave del equipo de respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, es menos optimista. El epidemiólogo dijo que el calendario más probable era que entre comienzos de 2021 y mediados estuvieran disponibles las primeras vacunas.

Una portavoz de Novavax dijo el domingo por la tarde que el dinero que recibirán provenía de una “colaboración” entre el Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Departamento de Defensa. En mayo, el Gobierno anunció que otorgaría hasta 1.200 millones de dólares al fabricante británico AstraZeneca, que dijo que su vacuna podría estar disponible en octubre. Otras cuatro compañías, Moderna Therapeutics, Johnson & Johnson, Merck y Sanofi, también han recibido asistencia federal para sus vacunas experimentales contra el coronavirus. Las acciones de la compañía se han disparado a medida que su nombre suena cada vez con más fuerza sobre una posible vacuna. En enero los papeles cotizaban por debajo de los 5 dólares, y este martes ha escalado un 28%, hasta los 107 dólares.

Por Antonia Laborde

Washington - 07 jul 2020 - 13:34 COT

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Lunes, 06 Julio 2020 06:02

¿Parteaguas?

Vista aérea de una pintura a gran escala que representa a Breonna Taylor en Annapolis, Maryland.Taylor fue asesinada dentro de su departamento a tiros por miembros del Departamento de Policía de Louisville en marzo durante una fallida redada antidrogas.Foto Afp

El movimiento Black Lives Matter es posiblemente la movilización de protesta social más grande de la historia de Estados Unidos, la cual está rescatando el futuro de su país al recordar su historia real.

“¿Que comparto yo, o los que represento, con la independencia nacional de ustedes? ¿Aquellos grandes principios de libertad política y de justicia natural, encarnados en esa Declaración de Independencia, nos incluyen?… Las bendiciones que ustedes regocijan este día no son gozadas en común. La herencia rica de justicia, libertad, prosperidad e independencia, entregada por sus padres, es compartida por ustedes, no por mí… Este 4 de julio es de ustedes, no mío. Ustedes pueden regocijarse, yo tengo que estar de luto… Conciudadanos, por arriba de su alegría nacional tumultuosa, yo escucho el triste lamento de millones cuyas cadenas, pesadas y dolorosas, hoy son aún más intolerables por los gritos de júbilo que nos alcanzan…. No dudo declarar, con toda mi alma, que el carácter y conducta de esta nación nunca me ha parecido más oscura que en este 4 de julio… Estados Unidos es falso al pasado, falso al presente y solemnemente se ata para ser falso al futuro. De pie con Dios y el esclavo aplastado y sangrando en esta ocasión, yo, en nombre de la humanidad que está indignada, en el nombre de la libertad encadenada, en nombre de la Constitución y la Biblia, que son ignoradas y pisoteadas, me atreveré a cuestionar y a denunciar… todo lo que sirve para perpetuar la esclavitud, el gran pecado y vergüenza de Estados Unidos…

“No es luz lo que se necesita, sino fuego; no es una llovizna suave, sino truenos. Necesitamos la tormenta, el torbellino y el terremoto… La hipocresía de la nación tiene que ser expuesta, y sus crímenes contra Dios y el hombre tienen que ser proclamados y denunciados… ¿Qué es, para el esclavo estadunidense, el 4 de julio de ustedes? Respondo: un día que le revela, más que todos los otros días del año, la grave injusticia y crueldad en la cual él es la víctima constante. Para él, esta celebración es una farsa… un velo delgado para encubrir los crímenes que desgraciarían a una nación de salvajes. No hay nación en el mundo culpable de prácticas más espantosas y sangrientas que las del pueblo de Estados Unidos en estos momentos…. Por barbarismo repugnante e hipocresía sin vergüenza, Estados Unidos reina sin un rival.”

Esas palabras son fragmentos de un discurso ofrecido justo en esta fecha en 1852, sobre el significado del 4 de julio, Día de la Independencia, que celebra la lucha por la libertad, por el abolicionista Frederick Douglass, quien fue un ex esclavo afroestadunidense, y director del rotativo The North Star (el cual, por cierto, fue de los primeros en publicar un editorial en oposición a la guerra de Estados Unidos contra México, la cual llamó "una guerra ignominiosa, cruel y desigual" y donde "México parece ser condenado a ser víctima del cupido y amor anglosajón de la dominación").

Pero el gran Douglass, entre otros, estaría sorprendido hoy día de que sus palabras de hace 168 años estén en boca de participantes en lo que se calcula es ahora el movimiento de protesta social más grande en la historia de Estados Unidos, reportó el New York Times. El cálculo es que entre 15 y 26 millones de personas han participado en las protestas.

“El peor error que podríamos cometer ahora, con todas estas marchas, las protestas en las calles, sería demandar demasiado poco… Es la hora por una revolución moral de valores”, afirma el reverendo William Barber, quien encabeza la Campaña de los Pobres.

Asustado, el presidente ha declarado, en sus festejos del Día de Independencia, que este movimiento es "el enemigo" de su país, o sea, ya no son los mexicanos ni los inmigrantes ni otros poderes, sino otros estadunidenses que se oponen a él y todo lo que representa.

El país esta en un parteaguas donde tiene que enfrentar lo que fue, lo que es y decidir –y luchar por– lo que quiere ser.

https://open.spotify.com/ track/0FdCFfb5xb7thJMaSjLFs H?si=HrLQt_-3TQuc6Sg7IWe1-w

https://www.youtube.com/watch?v=NV51gU00oqc

https://www.youtube.com/watch?v=d6szT5NnwTY

https://www.youtube.com/watch?v=Xv8FBjo1Y8I

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