Hay distintas clases sociales entre las mujeres y, por lo tanto, diferentes feminismos

Entre los hombres, la manera de expresar su machismo (la manera de oprimir a la mujer) depende, en gran parte, de la clase social del que lo manifiesta. Naturalmente que hay puntos y comportamientos comunes, pero siempre, o casi siempre, la clase social del hombre define muy marcadamente cómo se expresa tal machismo. No es, pues, de extrañar que lo mismo ocurra entre las mujeres (en un comportamiento precisamente opuesto al machismo). La bienvenida concienciación de las mujeres, como colectivo social, de la necesidad de conseguir los mismos derechos que los hombres, también viene marcada de una manera muy palpable por la clase social a la que la mujer pertenece o representa. De ahí la pluralidad de movimientos feministas.


Quedó ello claro hace varios días en un hecho que adquiría gran visibilidad mediática en EEUU, y que ocurrió en la Harvard University, el centro académico con más recursos, más rico y más poderoso de EEUU. Tal universidad tiene 37.000 millones en endowment (es decir, en propiedad sobre la cual generar ingresos). Las matrículas de los estudiantes son una parte muy minúscula de sus ingresos y, con tal propiedad, se ha convertido en uno de los centros de fondos de inversión más importantes del país. El hecho que sea un centro educativo es una actividad más que le da nombre, pero la mayoría de sus fondos se obtienen a través de las inversiones de su endowment. La riqueza de recursos es, pues, su característica principal. Dicha universidad es también donde parte de la élite de EE.UU. se educa, se socializa y configura su manera de pensar mediante los valores que tal universidad promueve. En EE.UU., es conocido que la cultura de tal centro es predominantemente conservadora y liberal (“liberal” en el sentido europeo de la palabra, pues la palabra “liberal” en EE.UU. quiere decir socialdemócrata o socialista, de los cuales hay muy pocos en Harvard. Por cierto, el hecho que los corresponsables de los medios de información españoles parezcan no darse cuenta de esta diferencia en la utilización del término “liberal”, crea una confusión enorme en la audiencia de tales rotativos).


El conservadurismo de Harvard aparece en todas sus dimensiones, incluyendo en su escasa sensibilidad hacia las poblaciones vulnerables y discriminadas, como afroamericanos, latinos y mujeres. Ahora bien, en 1977 tomaron la decisión de intentar parecer más modernos y se abrieron lentamente a afroamericanos (procedentes, sin embargo, de escuelas privadas de élite, como fue el caso del estudiante Obama, que llegó a ser presidente del país), más tarde a latinos y, últimamente, a mujeres. Harvard quiere parecer moderna y feminista.


Ahora bien, su conservadurismo y liberalismo estructural permanece y es marcado, apareciendo cuando uno menos se lo espera, como ocurrió recientemente cuando el que había sido ministro de Hacienda de la Administración Clinton, el señor Larry Summers fue nombrado, por el Executive Board de tal universidad, presidente de la Universidad. En una entrevista, dicho señor Summers dijo que el hecho de que no hubiera más mujeres que fueran catedráticas en disciplinas científicas como física o química, se debía –según él- a razones biológicas, es decir, que las mujeres no eran hábiles para tales ciencias.


El feminismo de la clase de renta alta y mediana-alta


El escándalo que tales declaraciones crearon fue mayúsculo, de manera que el Executive Board de la Universidad rápidamente indicó que nombraría a una mujer como Presidenta, lo cual, por fin ocurrió. Se nombró como Presidenta a la Dra. Drew Faust, que era, además de ser mujer, una conocida feminista entre la comunidad científica que había animado a las mujeres (de su clase social, de renta alta y mediana-alta) a aspirar a lugares de alto poder institucional, rompiendo así con el monopolio del hombre en las estructuras de poder. Tal nombramiento fue celebrado prácticamente por la mayoría de las asociaciones feministas de EE.UU.


El feminismo popular


Ahora bien, hubo algunas mujeres de Harvard que no lo han celebrado. No eran ni profesoras, ni estudiantes, sino trabajadoras. Eran las mujeres de limpieza de la Universidad de Harvard (concretamente del hotel que tiene Harvard en su terreno, de siete pisos y cuarenta habitaciones, gestionado por la compañía Hilton Hotels & Resorts). Este hotel es uno de los más exitosos de Boston (los cuales, todos ellos, dependen primordialmente de la clientela provista por sus vinculados al mundo académico de tal ciudad). Tal hotel el año pasado consiguió uno de los mayores beneficios en el sector hotelero de la ciudad. Pero, a pesar de tal riqueza, las mujeres de la limpieza del hotel (la gran mayoría de ellas latinas) se encontraban entre las peor pagadas del sector, con mayor número de habitaciones a limpiar por día y mayor número de accidentes.


Durante más de tres años tales mujeres han estado intentando sindicalizarse, pues, de conseguirlo, podrían defenderse colectivamente y negociar sus salarios, beneficios sociales y condiciones de trabajo. Harvard, incluyendo su presidenta feminista, se ha opuesto durante muchos años. Y a pesar de las peticiones de las trabajadoras, muchas feministas de gran renombre en EE.UU., figuras del establishment político-mediático del país, ignoraron estas peticiones. En un interesante artículo en la revista The Nation, Sarah Lemand y Rebecca Rojas han detallado la enorme y heroica lucha de estas trabajadoras para conseguir que Harvard aceptara que pudieran sindicalizarse. Y las trabajadoras de limpieza descubrieron que hay tantos feminismos como clases sociales existen en EEUU. Y que las feministas del establishment político-académico-mediático estadounidense, no representaban los intereses de la mayoría de las mujeres que no pertenecen a tales clases pudientes y adineradas. El conflicto entre estas dos clases (las clases de renta alta y mediana-alta, por un lado, y la clase trabajadora, por el otro) apareció también en la definición de sus intereses. La realidad es que la integración de las primeras en las estructuras de poder era y es irrelevante para la mujer de las clases populares.


Y ello apareció también claramente en las últimas elecciones a la Presidencia de aquel país. El hecho de que la candidata a la presidencia del Partido Demócrata intentara movilizar a las mujeres presentándose como la candidata feminista es un ejemplo de ello. La gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora no le votaron; apoyaron a Trump que, junto con el candidato socialista, apeló al voto de clase, incluyendo un discurso y unos temas de clara aceptación y atractivo para las clases populares. Clase social, después de todo, continúa siendo una variable clave para entender lo que pasa a nuestro alrededor, no solo en el mundo del hombre, sino también en el mundo de la mujer.


Las consecuencias de la debilidad del feminismo popular


Y esto ocurre también en España. La evidencia científica existente muestra claramente que, en España, aquellos servicios del Estado del bienestar que están menos desarrollados son precisamente los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia –mal llamadas guarderías en nuestro país- y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia. El déficit en el desarrollo de tales servicios en este país es enorme.


Y en España cuando decimos “familia” queremos decir mujer. Es la mujer la que lleva la mayor carga de responsabilidades familiares. El contraste de los países del sur de Europa (donde las derechas han sido históricamente muy fuertes) con el norte (donde las izquierdas han sido históricamente muy fuertes) es abrumador. En Suecia, por ejemplo, el número de horas semanales dedicadas a las tareas familiares por parte de la mujer es de 26. El hombre, 22. En España, la proporción es de 42 versus 8.


Ahí radica el escasísimo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias en el sur de Europa, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más de enfermedades debidas al estrés que el hombre. Y la mujer más afectada es la de clase trabajadora que no tiene servicios privados como la de clase pudiente (la sirvienta), que puede ayudarla. De ahí que la mayoría de encuestas muestren que, además de mejor condiciones de trabajo y mejores salarios, las demandas más comunes por parte de las mujeres de las clases populares son las dirigidas a conseguir estos servicios. Es urgente que los partidos políticos que están enraizados en las clases populares y que se consideren al servicio de dichas clases protagonicen y lideren la universalización de tales servicios en España. España (incluyendo Catalunya) necesita mayor concienciación de las necesidades de las mujeres pertenecientes a las clases populares. La evidencia de ello es abrumadora. Así de claro.

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Francia. Falta de palabra y traición, hitos de la campaña

De los cinco candidatos, el izquierdista Mélenchon es el único que no tiene sobre él la sombra de la deslealtad de sus tropas, ni la de la mentira, no lo acosan los jueces, ni las denuncias de corrupción. Tuvo un espectacular repunte.

 


Parricidios políticos, traiciones de alto voltaje, incumplimiento de la palabra pública, impunidad, previsiones de una abstención record, nivel nunca constatado de indecisos, empuje de la izquierda radical, hundimiento del candidato socialista, afianzamiento de la opción de “extremo centro” en detrimento de la derecha y los socialistas y una consigna general conocida en francés como “degagisme” (rajismo o que se vayan todos):estos son los parámetros de las elecciones presidenciales francesas cuando quedan menos de quince días para que se celebre la primera vuelta (23 de abril). La impunidad, la falta de palabra y la traición política habrán sido las constantes de una consulta presidencial que está afuera de cualquier línea racional. Lo resume muy bien en las paginas del semanario Le Nouvel Observateur una de las más prestigiosas periodistas políticas, Ruth Elkrief: “esta campaña es monstruosa, espeluznante, inestable. Estamos en una fase de descomposición y, por el momento, me cuesta ver la recomposición”. Cuatro electores de cada diez pueden aún cambiar de opinión, lo que torna una apuesta cualquier pronóstico. La indecisión es particularmente pronunciada a la izquierda y en el centro, donde hay tres candidatos:el del Partido Socialista, Benoît Hamon, el de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, y el del movimiento de extremo centro Emmanuel Macron. Los tres adelantan ofertas muy distintas. Las encuestas diseñan un retrato nítido de esa indecisión: la mitad de los electores de Hamon o de Macron confiesan que son capaces de cambiar la orientación de su voto. “Hay entre diez y 15 millones de votantes que aún no tomaron su decisión. ¿Quién puede decir lo que saldrá de todo esto ?”, comentó Jean-Luc Mélenchon en una entrevista publicada por Le Journal du Dimanche.


El mejor ejemplo es el del mismo Mélenchon. Con un candidato socialista boicoteado por el ala liberal del PS y con apenas 8% de intenciones de voto, un representante de la derecha en la cuerda floja de la credibilidad, una extrema derecha sólida y un centro nuevo, el líder de Francia insumisa ha protagonizado un repunte espectacular en los sondeos. Las últimas encuestas le ubican hoy en tercera posición, empatado con François Fillon, el representante de Los Republicanos. La izquierda de la izquierda ha dejado de ser una invitada de tercera fila, un objeto de burla o de desdén. Tribuno inspirado, con una prosa juvenil y contundente, Mélenchon ya no asusta más con sus propuestas orinadas de la izquierda radical. A su manera excéntrica, de los cinco candidatos fuertes es el único limpio: no tiene sobre él la sombra de la traición de sus tropas políticas, ni la de la mentira, no lo acosan los jueces ni las denuncias de corrupción. La izquierda de la izquierda vive un momento de éxtasis inesperado. 42% de los franceses juzgan que Mélenchon sería “un buen presidente”. En un artículo de Libération dedicado al fenómeno Mélenchon, el diario escribe: “su denuncia de las injusticias del sistema llegan al pueblo, sus requisitorios contra una República confiscada expresan la cólera de la opinión contra la clase política, sus promesas de una reactivación económica y de ruptura ecológica parecen menos azarosas cuando las políticas razonables de “quienes saben” patinan en Europa desde hace dos décadas”. Jean-Luc Mélenchon tuvo la inspiración de mantener su radicalidad al mismo tiempo que apaciguaba el fervor, de saltar la barrera de los medios oficiales con un canal YouTube visitado por millones de personas y, en nombre de Francia Insumisa, hasta se creó un juego informático, Fiscal Kombat, que simula la confrontación entre esa Francia Insumisa y las oligarquías financieras. El juego, inspirado a la vez en Mortal Kombat y Kung Fury, acumula en una misma canasta las ganancias de todos los jugadores para financiar “virtualmente” el programa de Mélenchon.


En esta campaña 2017 (64% de los franceses la consideran un fracaso) todo es fenomenal, y ello antes mismo de que se iniciara. En 2016, la conquista de la presidencia se abrió con un parricidio político. El entonces ministro de Finanzas, motor del giro de la social democracia francesa hacia el liberalismo social y también protegido del presidente François Hollande, Emmanuel Macron, renunció a su cargo. No era miembro del PS, había sido banquero, jamás se había presentado a una elección pero salió del Ejecutivo para esculpir su figura presidencial en lo que muchos consideraron una traición al jefe del Estado. “Fue el asalto del siglo, el crimen perfecto”, dijo la ministra de Salud, Marisol Touraine. Macron, sin partido, lanzó en abril el movimiento En Marche!. Desde ese entonces hasta ahora plasmó la hazaña de hacer olvidar su paso por el gobierno y las medidas liberales que hizo adoptar. Emmanuel Macron y su reciclado programa de extremo centro está segundo en las intenciones de voto, detrás de la candidata de extrema derecha Marine Le Pen. El segundo episodio desleal lo protagonizó hacia finales de año quien ese momento era primer ministro, Manuel Valls. Cuando aún no se sabía si François Hollande apostaría por su reelección, Valls anunció que estaba dispuesto a competir contra el presidente en las primarias socialistas. En una decisión inédita, Hollande renunció a su reelección y poco después la derecha celebró su propia elección primaria con dos candidatos que monopolizaban las encuestas: el ex presidente Nicolas Sarkozy y el ex primer ministro Alain Juppé. Los dos fueron derrotados por François Fillon, quien, durante los cinco años de mandato, había sido el primer ministro de Sarkozy. Otra proeza más: Fillon derrotó a los sondeos y, de paso, a la buena memoria: hizo olvidar la calamitosa herencia del mandato sarkozysta.


Las primarias socialistas repitieron el esquema: el favorito, Manuel Valls, quedó fuera de juego en beneficio del sector más socialista del PS representado por Benoît Hamon. Pero allí empezó otro capitulo de la deserción de las ideas. Diputados y ministros socialistas de peso le negaron su respaldo al candidato elegido por la base. Prefirieron resolver de una vez la interna que lastra al socialismo desde hace años y optaron por respaldar a Emmanuel Macron. La estocada final la descargó el mismo Manuel Valls. Incumplió su palabra pública y los compromisos de quienes participan en las primarias. Los estatutos estipulan que los perdedores apoyan al ganador. Valls no sólo se negó a aportar su firma para legalizar la candidatura de Hamon sino que, además, criticó su programa y anunció que votaría por Macron. Demasiado joven y tierno, con un partido en estado de desintegración, sin posibilidad de alianzas con Mélenchon, el elegido en la primaria se perdió en los limbos de las encuestas.


2017 será como 2002: no habrá un candidato socialista en la segunda vuelta. La derecha tampoco se salvó de la inmolación. Fillon, el decoroso católico de tierras profundas, vio su lado más oscuro salir a la luz cuando el semanario Le Canard Enchaîné reveló que había contratado a esposa e hijos en la Asamblea Nacional sin que los miembros de su familia hubiesen jamás hecho acto de presencia. Investigado por la justicia e imputado luego junto a su esposa Penelope, Fillon también falló a su promesa de abandonar la carrera presidencial si la justicia lo imputaba. En vez de ello, cambió de blanco, se dijo víctima de un complot, arremetió contra la justicia, los jueces y los medios, acusó a la presidencia de activar un “gabinete negro” para perjudicarlo y siguió adelante con su candidatura. Entre tanto, lo abandonaron centristas y moderados de la derecha sin que Fillon haya variado su estrategia. Marine Le Pen, igualmente cercada por la justicia por un caso de empleos ficticios en el Parlamento Europeo, ni se inmutó. Para ambos, “La República de los jueces” está al acecho de sus candidaturas.


¿Quién enfrentará a la premiada de las encuestas de opinión en la segunda vuelta del mes de mayo?. Son tres los probables adversarios de Marine Le Pen: Emmanuel Macron, François Fillon o Jean-Luc Mélenchon. Ningún analista logra despejar las nieblas del misterio. Los indecisos le darán el ultimo vuelco a la balanza al término de una campaña donde toda la mecánica de la representatividad democrática funcionó con códigos inusuales.


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Viernes, 07 Abril 2017 08:42

Los desafíos del feminismo

Los desafíos del feminismo

El sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein nos plantea una necesaria reflexión sobre la orientación práctica actual del movimiento feminista si su fin quiere ser una verdadera transformación social del sistema social que oprime. Es el gran reto que tiene en la actualidad.

 

Las personas feministas y los movimientos por los derechos de las mujeres obtienen su fuerza y sus argumentos ideológicos de una simple reflexión. En todo el mundo y durante un tiempo histórico muy largo, las mujeres han sido oprimidas de múltiples maneras. Existe ahora una formidable literatura con argumentos irrefutables que explica la opresión a las mujeres y debemos hacer al respecto. Aquí, simplemente, me gustaría explorar cuáles son algunas de las principales cuestiones tácticas que no hemos resuelto, ni el movimiento feminismo (y el feminismo como ideología) ni todos aquellos que luchan contra la crisis estructural del sistema mundo capitalista moderno.

Como todos estamos sumergidos en un torbellino de situaciones constantemente cambiantes (que habitualmente llamamos “caos”) tenemos dos horizontes temporales diferentes sobre los cuales debemos tomar decisiones para construir alianzas. Desde hace poco (unos tres años), es imperativo que defendamos los intentos que empeoran nuestra situación inmediata.

Por ejemplo, hay constantes ataques al derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo o se pretende impedir el acceso de las mujeres a ocupaciones que antes le daban trabajo . Luchar contra estos ataques a conquistas adquiridas no terminará con el patriarcado ni terminará con las desigualdades. Sin embargo es muy importante hacer todo lo posible para minimizar los dolores que produce este rebrote sexista. En esta lucha cualquier alianza que constituyamos será un progreso que no podemos despreciar.

Sin embargo, estas alianzas de “corto plazo”, probablemente no permitirán ganar en la necesaria lucha para sustituir el sistema capitalista por uno relativamente más democrático y relativamente más igualitario. Y aquí debemos ser muy cuidadosos con las alianzas que estamos construyendo, basadas hoy en objetivos comunes. Para ello necesitamos analizar a fondo cuáles deben ser nuestros objetivos y qué podemos hacer ahora, para avanzar en una dirección que incline la balanza a favor de todos aquellos que desean reemplazar el capitalismo, incluyendo por supuesto, a todas las mujeres.

Las feministas y los grupos proderechos de la mujer se han fragmentado ante una serie de preguntas muy importantes: ¿Cuál debe ser la relación de los movimientos feministas con los movimientos fundados en la raza, la clase, la sexualidad y/o las "minorías"? ¿Cuál debería ser el papel de los hombres (si existe uno) para conquistar la igualdad de género completa? ¿Cómo podemos terminar con la histórica subordinación de las mujeres en todas las principales tradiciones religiosas de todo el mundo? Como respondamos a estas preguntas dependerá en gran medida de nuestros principios; si tenemos una teoría del conocimiento (epistemología) guiada por concepciones universales o sí nuestra ideología esta basada en el “particularismo”.

El mero hecho de apoyar los derechos de la diversidad y sus propios particularismos no da una respuesta integral. El producto final de la escuela histórica denominada “particularismo” sólo puede ser llevarnos a una desintegración total de la vida social. Tenemos que combinar de manera inteligente los valores del “particularismo” con un movimiento global que políticamente es de izquierda. Si no lo hacemos, caeremos presos del secuestro de nuestras fuerzas por aquellos que, según Lampedusa, "hablan de cambiar todo para que nada cambie". Tenemos algunos años para perfeccionar una práctica que resuelva este dilema.

Este es el gran reto para todos nosotros, también para el feminismo. La opresión de las mujeres es probablemente la realidad social más prolongada conocida. Por lo tanto, proporciona una base sólida para la sabiduría política, la reflexión inteligente y el compromiso moral.

(Traducción, Emilio Pizocaro)

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Miércoles, 29 Marzo 2017 08:22

Piden una “hoja de ruta” para Venezuela

Piden una “hoja de ruta” para Venezuela

“Venezuela necesita de la OEA como México necesita del muro”, dijo el embajador Samuel Moncada cuestionando la sesión. Veinte países de la OEA exhortaron a la organización a que haga un seguimiento de la situación en ese país.


La declaración que presentó Canadá es la base para una resolución que se preparará en los próximos días.

La Organización de Estados Americanos (OEA) celebró ayer una sesión extraordinaria para tratar la crisis en Venezuela, tras la solicitud hecha por 18 países miembros, luego de que el Secretario General, Luis Almagro, recomendase suspender del organismo continental al país conforme a la Carta Democrática Interamericana. Veinte de las 34 naciones que integran el organismo coincidieron en la necesidad de buscar soluciones diplomáticas en el menor plazo posible y en concretar una hoja de ruta.

La sesión se inició dos horas más tarde de lo previsto, después de que Venezuela, con el apoyo de Bolivia y Nicaragua, tratara de impedir la celebración alegando que la reunión viola el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados miembros. Para celebrar la sesión eran necesarios 18 votos y hubo 20, ya que Belice y Guyana se sumaron a los 18 países que habían solicitado la sesión: Canadá, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Barbados, Bahamas, Santa Lucía y Jamaica.

El nuevo embajador de Venezuela ante la OEA y viceministro para América del Norte, Samuel Moncada, pidió la palabra tras la votación y declaró la sesión “una flagrante violación de los principios de la organización”. “Todo lo que ocurra se hace contra nuestra voluntad, lo combatiremos donde sea necesario”, prometió. Moncada, nombrado este lunes para su cargo en la OEA, pidió no celebrar la sesión inmediatamente después de que la presidencia de turno del Consejo, que ostenta hasta el día 31 Belice, saludara a los embajadores y presentara la reunión. Su argumento es que es un “acto grotesco de presión” y tiene “carácter intervencionista”, además de que “viola” el artículo 1 de la Carta de la OEA, que indica que ninguna de sus disposiciones autoriza a la organización a intervenir en asuntos de la jurisdicción interna de los Estados miembros.

Tras un farragoso debate sobre la legalidad de la reunión entre quienes se oponían a celebrarla y quienes la convocaron, el responsable de Asuntos Jurídicos de la OEA, Jean Michel Arrighi, aclaró que los Estados tienen derecho a plantearle al Consejo Permanente los temas que deseen. Acto seguido se votó y se inició la reunión en la que se dio un debate abierto sobre la situación en Venezuela.

La representante de Canadá ante la OEA, Jennifer May Loten, afirmó que Venezuela sigue alejándose de los valores democráticos del hemisferio. Sostuvo que los Estados miembros se tienen que unir y colaborar para solucionar la crisis en el país. “Todos los Estados miembros tienen el deber de defender la democracia. Es un compromiso que todos debemos compartir. Ningún Estado debe sufrir demoras en las elecciones, deben tener como prioridad a sus ciudadanos”, dijo. Además, presentó una declaración conjunta de los 20 países en la que emplazan a la OEA a concretar una hoja de ruta “en el menor plazo posible” para “apoyar el funcionamiento de la democracia y el respeto al Estado de Derecho” en Venezuela. Este texto es el cimiento para una resolución que se preparará en los próximos días y fijará el mecanismo con el que la OEA dará seguimiento a la situación en Venezuela.

Ana Rosa Valdivieso, representante permanente de Perú en la OEA, hizo cuatro peticiones: que se establezca un calendario electoral en Venezuela, se libere a los presos políticos, se atienda la crisis humanitaria y se respete la institucionalidad de la Asamblea Nacional. Por su parte, el representante de Chile ante la OEA, Juan Anibal Barria, pidió un diálogo abierto, respetuoso, constructivo y “de altura” en Venezuela e instó a que todos los actores políticos y sociales puedan ser escuchados, con avances y resultados.

El representante de Colombia, Andrés González Díaz, llamó a hacer un esfuerzo colectivo para intentar solucionar la crisis en Venezuela y manifestó su posición de defender la democracia y los derechos humanos. “No se trata de un foro político para acusaciones mutuas, se trata de un foro de análisis y propuestas con esfuerzo colectivo, que contribuya a resolver la compleja crisis”, dijo.

Por su parte, el embajador mexicano, Luis Alfonso de Alba, propuso que el organismo evalúe la situación de Venezuela al menos cada mes al considerar que en el país hay una alteración al orden democrático. El diplomático planteó analizar periódicamente la evolución de los distintos esfuerzos de mediación que se den entre el gobierno y la oposición.

Luego de cada país participase Moncada, calificó como absoluta violación al derecho internacional el debate. “Hoy se demostró en la OEA que se ha consumado un acto de intervencionismo en Venezuela violatorio al derecho internacional”, aseveró y agregó que el organismo pretende obligarlo que viole la Constitución venezolana e incitar a 30 millones de venezolanos a hacerlo. Además, Moncada calificó al gobierno brasileño como ilegítimo. “De Brasil no puedo decir mucho porque no representa a un gobierno legítimo, no hubo elecciones para elegirlo. Dentro de México suceden cosas mucho más graves de las que están sucediendo aquí”, sostuvo. Por otro lado, afirmó que el gobierno de Estados Unidos se dedicó a realizar una campaña para presionar a miembros de la organización. “Si Estados Unidos quiere ayudar, que derogue el decreto de Obama”, destacó. “Venezuela necesita de la OEA como México necesita del muro”, culminó.

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Entre logros, decepción y fractura del movimiento social

Segunda vuelta electoral en Ecuador

En un continente latinoamericano mutante, la segunda vuelta electoral del domingo 2 de abril en Ecuador marcará rumbos. Aunque el tema internacional está prácticamente ausente en la campaña, los resultados marcarán tendencias y reforzarán alianzas continentales.

Si gana Lenin Moreno del oficialista partido Alianza PAIS saldría reforzado el proyecto integrador regional. Si fuera ungido presidente el banquero Guillermo Lasso, candidato de la opositora alianza CREO - SUMA, el país sudamericano pasaría a reforzar el polo continental pro-neoliberal, alineado detrás de Michel Temer en Brasil y Mauricio Macri en Argentina.

En la primera vuelta del pasado 19 de febrero, aunque Moreno obtuvo 1 millón de votos más que Lasso, por escasas décimas no logró el 40% que le hubiera abierto la puerta imperial para continuar la línea impulsada en los últimos diez años por Rafael Correa en la presidencia.

Logros cuantificables

Los resultados del próximo domingo podrán ser entendidos como un plebiscito -positivo o negativo- sobre los progresos promovidos por Rafael Correa y su proyecto de “Revolución Ciudadana”. En particular en lo social, y en el desarrollo de obras públicas -carreteras, puentes, aeropuertos etc. En un país de cerca de 16 millones de habitantes, logró reducir en un 6% la pobreza y sacar de la miseria extrema a casi 2 millones de sus compatriotas. Se dieron avances significativos en la atención médica pública y se contabilizaron 1 millón 200 mil nuevos estudiantes.

En síntesis, “logros reales pero limitados en cuanto a su contenido. No tuvieron suficientemente en cuenta muchos aspectos, como el ritmo de las transformaciones culturales, la erosión de la soberanía alimentaria y los costos ambientales”, señala el religioso y sociólogo belga François Houtart, quien desde hace seis años reside en Quito y trabaja como profesor universitario y asesor de movimientos sociales.

A pesar de su relación de amistad con el presidente Correa, Houtart no mide sus críticas al actual modelo. “Son cifras que indican avances cuantitativos en la perspectiva de modernizar la sociedad, pero sin transformarla de fondo”, señala Houtart en entrevista telefónica.

Se dio, por ejemplo, una ausencia total de políticas agrarias: “no hubo ni reforma agraria ni políticas campesinas” enfatiza el fundador del Centro Tricontinental (CETRI) en Lovaina y de su prestigiosa publicación Alternatives Sud. Y hace referencia a un estudio del 2013 que indicaba un 44% de pobreza en las zonas rurales y un 19.5 % de pobreza extrema. El actual Gobierno impulsó, por el contrario, una agricultura moderna de monocultivos de exportación que destruye los bosques y expulsa a los campesinos de sus tierras. En síntesis, “no hubo durante estos años un proyecto de transformación fundamental de la sociedad sino una modernización del capitalismo”. Si al principio se podía pensar que se trataba de un socialismo del siglo XXI, se introdujo paulatinamente una “restauración conservadora” dentro del proyecto mismo. La crisis provocada por la caída de los precios de las materias primas aceleró la regresión, privilegiando los intereses del mercado.

Desilusión y “alineación política”

Una parte de los movimientos sociales -entre ellos organizaciones indígenas- y de fuerzas de izquierda que originariamente apoyaron al proceso, “se sienten profundamente decepcionados”.

Cuando el Gobierno vio que esos movimientos le daban la espalda decidió crear nuevas organizaciones sociales que respondían a su proyecto. "Se dio así una fractura político-social muy profunda que sigue marcando la realidad social del país y que tiene una influencia en el comportamiento electoral de unos y otros", explica Houtart.

Algunos de esos sectores “prefieren ahora darle su voto a Lasso y no a Moreno. Optan por apoyar a un representante del gran capital financiero, argumentando que en todo caso la situación no cambiaría demasiado”. Al mismo tiempo, reflexiona, Lasso promovió un discurso astuto. Prometió la amnistía para algunos dirigentes sociales presos; el abandono de juicios abiertos contra líderes indígenas. Se comprometió a no autorizar la actividad minera sin consulta previa con los pueblos originarios, principio ya inscrito en la Constitución, pero no siempre respetado.

Se da una “verdadera alienación política de esos sectores sociales e indígenas que van a votar contra sus propios intereses más por argumentos afectivos que razonables”, enfatiza Houtart. Algunos piensan que va a ser más fácil luchar contra la verdadera derecha, que, contra la derecha maquillada como izquierda, enumera. Subjetivamente, son sectores que han sufrido y viven una gran decepción hacia el modelo de Correa, lo que define una situación muy compleja, por momentos inexplicable y de muy difícil recuperación o reconstrucción, sintetiza Houtart con cierto escepticismo sobre el futuro.

Y se distancia parcialmente de algunos de esos argumentos: “no estoy de acuerdo que Correa esté estableciendo el neo-liberalismo”. Su proyecto es, como sucede en otros países de la región, post-neoliberal, aunque no post-capitalista. Un capitalismo moderno que integra también como importante la lucha contra la pobreza. Pero que, incluso, aumenta los niveles de deuda externa a niveles semejantes al 2007 fecha cuando llegó al Gobierno.

Crisis conceptuales

Con el paso del tiempo Correa priorizó su rol de líder carismático. Trató de instrumentalizar los movimientos sociales -o creó otros paralelos-, impulsó una comunicación intensiva desde arriba e incluso criminalizó una parte de la protesta social.

Todo esto al tiempo que mantenía su discurso progresista original, lo que complica, muchas veces la comprensión de lo que se debate en torno al segundo turno electoral. Se presenta, argumenta Houtart, como una lucha entre la izquierda y la derecha tradicional. Cuando en realidad se trata de un combate entre la derecha oligárquica tradicional, apoyada por el imperio, -expresada en el candidato Guillermo Lasso, que busca desesperadamente recuperar el poder político- y una derecha moderna en alianza con actores de izquierda en su mayoría provenientes de los movimientos sociales de los años 70.

En paralelo, los movimientos sociales tradicionales, confrontan una crisis profunda como en otras regiones del mundo. Perdieron la visión estratégica de una transformación profunda de la sociedad y entraron de lleno en el juego político electoral a corto plazo, concluye.

Por Sergio Ferrari, en colaboración con el periódico suizo Le Courrier y E-CHANGER, organización de cooperación solidaria.

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Viernes, 24 Marzo 2017 06:18

Vuelven

Vuelven

Todas las encuestas en Paraguay le dan un ventaja enorme al ex presidente Fernando Lugo. Después de 4 años de haber sido destituido, las consultas muestran que sacaría más votos que todos sus contrincantes juntos, superando por más de 40 puntos al segundo posicionado


Lugo fue desplazado de la presidencia con una fulminante maniobra judicial-legislativa de 36 horas, sin derecho a ninguna defensa. Nuevamente ahora se enfrenta al intento de inhabilitación de su candidatura. El Tribunal Superior de Justicia Electoral dictaminó que Lugo no podrá ser candidato. El tema lo deberá resolver la Corte Suprema de Justicia.


Hace un tiempo que recorre el Paraguay y amplía su base política y social. Los logros de su gobierno, la antipopular gestión de Cartes, que aplica la receta neoliberal sin anestesia y la seguridad que fue víctima de un golpe de estado hacen que la amplia mayoría de la población lo desee nuevamente como próximo presidente.


El golpe a Dilma Rousseff, tuvo como uno de los objetivos principales evitar que Ignacio Lula da Silva pudiera ser presidente en el 2018. Antes y después de la destitución de Dilma, Lula padeció una ofensiva brutal, injusta e intencionada de la justicia, donde un sector se propone encarcelarlo, a pesar de no haber ningún motivo que lo justifique. Además, está siendo denostado permanente por los medios hegemónicos, que pretende terminar con la tarea de liquidarlo. Sin embargo, sin ser aun candidato, como demuestran encuestas que publicó este diario el 15 de febrero de este año, Lula triunfaría en primera, y si la hubiera en segunda vuelta ante cualquier oponente.


En la Argentina la consigna “ Vamos a Volver” fue entonada ya en la despedida de Cristina Fernández de Kirchner, el 9 de diciembre del 2015, cantada en cada manifestación y repetida por centenares de miles en las redes sociales. Al comienzo parecía mas una forma de darse aliento que una propuesta electoral, solo defendida por el núcleo mas comprometido del kirchnerismo. Sin embargo, con el correr del tiempo. Ante las sucesivas medidas del gobierno de Macri y con las defecciones de dirigentes sindicales y políticos, la figura de Cristina fue creciendo, junto a la posibilidad de su candidatura en las próximas elecciones. Propios y extraños, a los que les gusta y a los que no, reconocen que en caso de decidirse a participar, tendría grandes posibilidades de imponerse en la Provincia de Buenos Aires. Está claro que el ataque judicial, que incluye la amenaza de encarcelarla y la agresión, la difamación y la mentira de los grandes medios apunta a desgastarla políticamente ( cosa que evidentemente no han logrado ) e incluso sacarla de la carrera proselitista.
¿Por qué nuestros pueblos, a pesar de los ataques, las traiciones y el belicoso bombardeo mediático respaldan a estos líderes? El rumbo y las acciones que emprendieron los presidentes que vinieron a suplantar a los gobiernos populares, tienen la evidente intención de hacer retroceder los logros obtenidos, los derechos conquistados y las mejoras en las condiciones de vida de nuestros pueblos. Es descarada la forma que reasignan recursos para los grandes grupos económicos, y dentro de ellos a los más cercanos, muchas veces integrados por los mismos funcionarios o sus parientes. Es sumamente peligroso para nuestros países la forma de apertura indiscriminada de la economía en un mundo que se cierra y es grave el endeudamiento al que están recurriendo, comprometiendo el futuro de varias generaciones. Todo esto ya no puede ser ocultado por la cobertura comunicacional. El discurso de la transparencia presentada por gobernantes que aparecen involucrados en cuanto hecho de corrupción se descubre, provoca hartazgo y bronca creciente. La mayoría del pueblo empezó a comprender que este modelo neoliberal, por más decorado, endulzado, disimulado, solo traerá malas noticias y busca cómo frenarlo y cómo suplantarlo. Ahí es donde aparecen aquellos presidentes que supieron interpretar y llevar adelante los intereses de las mayorías. Ahora es cuando el recuerdo de lo vivido se empieza a ver más claro.


¿Y porque no han surgido otras alternativas? No es fácil suplantar a los líderes. Siempre las grandes gestas han sido encabezadas por personalidades carismáticas que logran interpretar cabalmente el sentimiento del pueblo, y dejan en el una huella muy marcada. No es fácil para Maduro suceder a Chávez, no es fácil para Lenin Moreno en Ecuador suplantar a Correa, no es fácil en Bolivia encontrar un dirigente como Evo Morales . En fin, será una tarea del campo popular suplantar los liderazgos individuales por aquellos más colectivos. Por ahora el “ Vamos a volver” dejó de ser solo una consigna y pasó a ser una esperanza para toda la región.


Por Oscar Laborde, diputado del Parlasur y director del Instituto de América Latina-CTA.

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Lunes, 20 Marzo 2017 08:42

CLAP: el invento venezolano

CLAP: el invento venezolano

 

Desde el principio los tomaron a broma. Los ridiculizaron e infravaloraron. Sin embargo, hoy día, los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP) son una de las políticas públicas más respaldadas por los venezolanos. Sesenta por ciento cree que son una decisión acertada frente a la emergencia económica (según Hinterlaces). Esta percepción positiva se sustenta en un dato objetivo: en la actualidad, los CLAP llegan a 6 millones de personas. Incluso desde las terminales analíticas opositoras se reconoce que los CLAP han logrado ser muy efectivos y han rebajado la tensión social. La consultora Datanalisis, por ejemplo, reconoce que cerca de 50 por ciento de la población venezolana recibe productos de los CLAP. Nada más y nada menos que la mitad del país.

Más allá de la guerra de cifras, hay una verdad irrefutable: los CLAP se apropiaron de la agenda económica en Venezuela. Nacieron hace un año y en ese tiempo, todos hablan de este invento venezolano. Ante tanta oferta neoliberal llegada desde los enclaves convencionales, el presidente Maduro optó por otro camino. En el fondo, los CLAP son una nueva forma económica de ordenar la casa venezolana. Nacen como respuesta coyuntural, pero apuntan a constituirse en algo más, de índole estructural, de largo plazo. Es lo mismo que sucedió con las misiones sociales, creadas por el chavismo para afrontar las consecuencias del paro petrolero y que luego, año a año, se fueron consolidando como un verdadero armazón garante de los derechos sociales. Aparecieron en primera instancia como una forma urgente de resolver una necesidad puntual y luego se quedaron constituyendo el actual estado de las Misiones.

Veremos lo que los CLAP nos deparan. Muy probablemente, los CLAP de hoy no son lo que serán en los próximos años. Por el momento, los CLAP se centran en la distribución de alimentos necesarios a precios justos. Son una respuesta al exceso de intermediación, al abuso de los precios y a las fallas distributivas. Evitan muchos de los círculos viciosos que enferman a la economía venezolana y forjan una relación directa entre bienes producidos o importados y consumo del hogar. En esta tarea, el poder popular juega un papel fundamental porque es el encargado de la distribución y la organización de las familias que reciben muchos bienes preferentes. El Estado actúa como facilitador, porque en esta primera fase es el que suministra los bienes para ser distribuidos vía CLAP, sea comprando a los productores locales o importando directamente aquello que sea necesario. No obstante, eso sólo ha sido el inicio. Porque ya ha arrancado una segunda fase en la que el objetivo es que esos mismos espacios organizados comiencen a producir.

Es por ello que los CLAP son mucho más que una simple caja de productos que llega a cada casa. Ya son parte del imaginario económico del país. Es parte de la nueva subjetividad fraguada en estos años difíciles. Los CLAP suponen innegablemente un contrapeso real a la dinámica darwinista que se podría haber instalado si se hubiera impuesto el sálvese quien pueda. Los CLAP son una res­puesta en lo ideológico, pero que viene cargado de alta dosis material. He aquí su gran fortaleza. No sólo es una forma teórica alternativa, sino de una respuesta que se percibe materialmente en cada barrio, en cada calle, en cada casa. Los CLAP comienzan a configurar, a fuego lento y por ahora en una etapa todavía muy incipiente, un nuevo metabolismo socioeconómico que deberá batallar con el viejo orden enfermo aún existente.

Nada de esto significa que los CLAP tal como funcionan hoy sea lo que desea la mayoría de los venezolanos para su día a día para la totalidad de los bienes que desean comprar. Existen fallas y nadie las niega. Se critica la falta de periodicidad y homogeneidad. Aún es insuficiente para satisfacer la demanda plena de los bienes básicos. Apenas tiene un año de vida y está en pleno desarrollo y se sigue perfeccionando a medida que crece a velocidad récord. Recientemente se aprobaron los CLAP textiles para atender las necesidades escolares. Lo mismo se ha hecho con los productos de higienes que formarán parte de los bienes CLAP. Esto demuestra que van a más procurando cubrir el universo de bienes básicos a precio justo. No se regalan; se pagan y se reciben, pero a precios justos. Sin especulaciones de por medio.

A medida que los CLAP crezcan, los precios de los productos disponibles en circuitos paralelos deberían estabilizarse, porque no habrá motivo para inflarlos. Los CLAP no tienen como objetivo ser la fuente exclusiva para satisfacer toda la demanda de todos los bienes del país. Puede (y debe) haber supermercados y tiendas con anaqueles llenos con todo tipo de productos disponibles para que la población pueda adquirirlos. Pero no a cualquier precio. Las tasas de ganancias permitidas por ley son muy superiores a las que actualmente existen en cualquier otra economía del mundo. Ahí no está el problema.

Los CLAP, por tanto, están en plena efervescencia. Han irrumpido con fuerza con un doble objetivo. En primer lugar, resolver coyunturalmente las necesidades de la economía del ahora. Y en segundo lugar, quedarse como parte esencial del nuevo orden económico. Con el mejor espíritu chavista, se mezcla lo urgente con lo estructural. Así fue como Chávez construyó una economía más sólida de lo que muchos dicen. Nadie dice que el día a día está siendo fácil en estos años recientes de caída de precios del petróleo, arremetida financiera internacional y con una estructura productiva no lo suficientemente fuerte. Pero sin misiones sociales ni soberanía, ¿se hubieran imaginado qué habría pasado? Ahora los CLAP pueden ser un pilar necesario para la nueva economía por venir. No es el único, pero sí puede ser uno de los verdaderos cimientos para una economía que está empecinada en no tirar la toalla y buscar alternativas a la senda neoliberal, con soluciones reales en favor de las mayorías.

 

*Director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

 

 

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Sábado, 18 Marzo 2017 05:08

Refundar la política

Refundar la política

Los gobiernos populares, progresistas o revolucionarios que se constituyeron en Latinoamérica en los últimos veinte años han sido y son una resultante de los procesos de acumulación de años de resistencias, luchas, creación y construcción de alternativas de los pueblos encabezados por los movimientos sociales en conjugación con algunas organizaciones políticas de izquierda.

Con su llegada al poder político, tales gobiernos constituyeron un paso más en la búsqueda y exploración de nuevos caminos posibles en tal dirección. Al tomar en cuenta el desenlace que han tenido algunos de estos procesos, la definición “caminos posibles” habilita la formulación de interrogantes claves acerca del alcance sociotransformador de tales gobiernos y su articulación con el quehacer político en el presente y el futuro de los movimientos sociales de los pueblos del continente y de la izquierda o lo que se identifique y sienta como tal.

El agotamiento del tiempo posneoliberal

El recuento crítico de los acontecimientos políticos del último período en el continente revela que los ejes de las propuestas políticas que definieron el quehacer inicial de los gobiernos populares estuvieron marcados por la urgencia de responder a los desafíos impuestos por la catástrofe neoliberal y sus democracias “de mercado”. Esto imprimió a tales gobiernos el sello “posneoliberal” como característica predominante, a la vez que definió tareas y sujetos. Pero ese tiempo posneoliberal no sería eterno; sintetizando, puede afirmarse que se agotó al finalizar la primera década; con ella el “ciclo progresista” cerraba su fructífero tiempo y abría las puertas a la realización de transformaciones raizales.

Nuevos desafíos se perfilaban e imponían nuevas tensiones a los procesos iniciados por las sendas posneoliberales, planteando claramente a sus referentes políticos y gubernamentales la disyuntiva de arriesgarse a reajustar el rumbo hacia un horizonte poscapitalista o quedar entrampados en la lógica del capital.

Está claro que los gobiernos populares han tenido la decisión de enfrentar la avanzada ideológica, económica y cultural de los poderosos y lograr la continuidad de los procesos populares iniciados. Pero las opciones de cómo hacerlo y con quiénes, estuvieron en dependencia de su posicionamiento ante la disyuntiva mencionada.

Gran parte identificó que la continuidad de los procesos resultaría de conservar los gobiernos. En aras de ello fructificaron pactos de gobernabilidad con actores del poder del capital (que buscó y busca derrocarlos). Entonces, los gobernantes populares “tropezaron” con la lucha de clases, supuestamente superada por la democracia.

Quienes apostaron por la conservación de los gobiernos populares, priorizaron:

• Fortalecer los acuerdos de cúpulas aliándose con sectores del poder económico y político considerados “moderados”... (co-gobernar con los adversarios).

• Aferrarse a la institucionalidad caduca y sus bases jurídicas, apostando a hacer “buena letra” para demostrar la “buena voluntad” democrático-institucional.

• Ajustarse a la democracia propia del sistema democrático burgués existente y su sistema jurídico, mostrándose “inofensivos” ante los poderosos, esperando tal vez no caer en su mira criminalizadora.

• Correlativamente, se pusieron frenos al protagonismo popular y al proceso de cambios que florecía desde abajo. Esto favoreció la germinación de contradicciones insospechadas entre el poder popular naciente (construido desde abajo por los pueblos) y el poder constituido, paradójicamente –en estos casos– personificado por representantes del gobierno popular. Y ello no sólo fue aprovechado por los sectores revanchistas sino también fogoneado intencionalmente para debilitar la base social de los gobiernos populares y –si fuera posible– sumarla a su proyecto opositor.

Estas contradicciones contribuyeron al desgaste político de los gobiernos, al tiempo que los sectores del poder desplazado del ejercicio del Ejecutivo reacomodaban sus mecanismos y herramientas de producción de hegemonía y consensos sociales a las nuevas realidades. Con el despliegue de la guerra mediática estos sectores diluyeron sus acciones de guerra económica, ideológica y sicológica y relanzaron su estrategia injerencista.

El golpe “parlamentario” ocurrido en Honduras en junio de 2008, anunció el fin del período de reacomodo y supuesta aceptación de las reglas democráticas por parte del poder hegemónico, y la apertura de una nueva era de acciones desestabilizadoras, destituyentes y golpistas en el continente. Pero tales acontecimientos fueron –hoy se ve– subestimados, tal vez por otorgar excepcionalidad al “caso hondureño”, como antes también al proceso separatista que buscaba derrocar a Evo Morales (2007), o el ataque a Correa (2010), o la destitución de Lugo (2012), hasta que llegó el turno a “grandes” como Brasil, Argentina, Venezuela...

Está claro hoy que la “convivencia” democrática de proyectos diferentes es pura fantasía; que países soberanos con un modo de vida diferente al que requiere el colonialismo imperialista no serán tolerados por el Imperio y sus lugartenientes locales en su “patio trasero”. Hoy, inaugurando “la era Trump”, los tentáculos del secular poder imperialista se revuelven, aggiornados, contra los pueblos del continente con renovada furia y ensañamiento.

La disputa es prácticamente cuerpo a cuerpo, pero centrada en las mentes, factor clave –ayer y hoy– para la dominación.

Hay otros caminos...

Los gobernantes que tomaron la decisión de profundizar los procesos populares de cambios iniciados, radicalizándolos –cada quien a su manera–, asumieron y asumen –ciertamente– un camino lleno de incertidumbres y contradicciones. En tanto lo nuevo es inédito, es y será obra de la creación y empeño colectivos de los pueblos. La prueba y el error atraviesan estas experiencias; en ellas se configuran elementos del nuevo poder popular y van madurando los nuevos saberes acerca de él.

Esta perspectiva estratégica revolucionaria –aunque algunos pretendan invisibilizarla tras el desesperanzador discurso del “fin de ciclo” o el “fin de la globalización”–late hoy en el continente en los procesos populares de Bolivia, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Ecuador... y aguijonea la pulseada constante con los poderosos y sus apéndices locales. Contradicciones y amenazas florecen por doquier y convocan a los pueblos, a las organizaciones sociales y políticas y a los gobiernos populares, revolucionarios o progresistas, a hacer un altoen el camino, analizar las políticas actuales y la correlación de fuerzas, reflexionar críticamente acerca de lo realizado y definir –colectivamente– un camino a seguir: ceder para conservar (retroceder) o profundizar para avanzar (continuar los procesos de cambio iniciados afianzando su orientación poscapitalista).

La adopción de uno u otro camino arrojará conclusiones muy diferentes para el quehacer político actual. Ellas configuran, por tanto, un punto neurálgico de bifurcación política de los procesos populares, progresistas o revolucionarios del continente: mantener (y defender) el statu quo alcanzado, abonando un camino de reformas restauradoras del capitalismo, o profundizar los avances revolucionarios (1) iniciados, apostando a la creación y construcción raizal de otra geometría del poder (popular) anclada en la participación protagónica de los pueblos, abriendo cauces a la refundación de la política desde abajo.

Aprendizajes claves para los pueblos

Las experiencias de los gobiernos populares significaron para los pueblos transitar por un conjunto de aprendizajes.

Entre ellos, destaco aquí:

• Quedó al descubierto –en los hechos– que gobierno y poder no son sinónimos, que las revoluciones democráticas no son sinónimos de la otrora “vía pacífica”; suponen la profundización del conflicto político como vehículo de la lucha de clases, anudada fuertemente con una profunda batalla político-cultural de ideas.

• Un proceso revolucionario no se define como tal por el hecho de que militantes de izquierda ocupen cargos en el Estado y el gobierno, sino por abrirse hacia la democracia popular (participativa) para avanzar en la construcción colectiva de las nuevas vertientes del nuevo poder, el poder popular desde las comunidades, las comunas, los movimientos indígenas, barriales, de campesinos, de mujeres, ecologistas, LGTB, etc...

• La democracia no se circunscribe a lo electoral, es parte de una red constructora de los concesos sociales que garantizan la repetición de los ciclos electorales, acorde con los intereses de las clases a las que responde.

• El crecimiento económico es importante, pero insuficiente.

• La búsqueda, creación y construcción de una nueva civilización, superadora de la que está regida por los intereses del capital, implica crear, construir y sostener otro modo de producción y reproducción de la vida social, otro modo de vivir y convivir (el buen vivir).

• La educación política, la batalla ideológica es central. Y está anudada a la participación política, al empoderamiento. Este germina con la participación consciente y protagónica de los sujetos en los procesos sociotransformadores.

• Caducó la concepción de la política desde arriba y a “dedo” propia del siglo XX, la subestimación de la política, y las viejas modalidades de la representación política que suplantan el protagonismo popular y fragmentan lo político de lo social.

• Agotamiento de la fragmentación entre lo social y lo político, sus organizaciones y sus modalidades de acción y existencia. Articulación y construcción de convergencias marcan las bases para lograr un nuevo tipo de unidad (con diversidad).

• Fin del maximalismo teórico y el minimalismo práctico propio de sectores (ultra)izquierdistas.

• Fin del pensamiento liberal de izquierda y de las prácticas que, en virtud de ello, aíslan a la militancia de los procesos concretos de los pueblos, posicionándolas fuera de los escenarios reales de las contiendas políticas.

Desafíos

Estar atentos a los cambios del sistema de dominación injerencia-saqueo global del capital en sus personificaciones imperialistas-nacionalistas xenófobas.

La salida (relativa) del Reino Unido de la Unión Europea y el triunfo de Trump en las presidenciales de Estados Unidos detonaron las alarmas de los analistas geopolíticos del planeta. Por derecha y por izquierda la confusión se generaliza y no son pocos los que ahora pretenden hacernos creer que la globalización ha llegado a su fin.

El fracaso guerrerista-injerencista de la OTAN en Medio Oriente y, con ello, de los planes de la tríada imperial para consolidar su dominio unipolar en el mundo, fue marcado fundamentalmente por el avance de la coalición ruso-china en alianza con Irán y otros estados de la región. En virtud de ello, los motores del poder global del capital se disponen a reacomodar su estrategia de dominación global, conjugando el retorno a ciertas modalidades de proteccionismo nacionalista (en sus territorios cabeceras), enlazado con el libremercado (para sus expansiones internacionales), según lo requiera el actual proceso de acumulación a escala global del capital.

Identificar los programas proteccionistas de Gran Bretaña y Estados Unidos como indicadores del fin de la globalización es ignorar la historia de los ciclos del capital y sus mercados: son predominantemente proteccionistas o ultraliberales de modo alterno según uno u otro camino garantice en cada momento el mayor aumento de sus ganancias. Es un circuito repetitivo y sin salida que indica el agotamiento de la civilización nacida y desarrollada con el capital. El triunfo del Brexit y el de Trump sintetizan el giro actual del poder global que –con nuevos formatos, contenidos y alcances– marca un punto de inflexión para una nueva arrancada... Tener esto en claro es decisivo para los pueblos, para no equivocar el rumbo, ni las tareas, ni los horizontes de sus resistencias, luchas, creaciones y construcciones de lo nuevo.

La importancia de actuar.

Lo expuesto –en muy apretada síntesis–, define campos de acción política para el quehacer político presente y futuro de los movimientos sociales populares y la izquierda latinoamericana en general. Entre ellos destaco:

• Replantearse la transición hacia la nueva civilización como un proceso de creación-trasgresión (revolución) permanente de los pueblos.

• Recuperar la centralidad protagónica de los sujetos populares en los procesos de transformación social.

• Radicalizar la democracia hacia la democracia popular anclada en la participación, creación, definición y acción de los pueblos.

• Refundar la política, anclarla en la participación popular, con capacidad para construir hegemonía popular y promover las articulaciones y convergencias necesarias en cada momento, y para construir la conducción política colectiva del proceso sociotransformador en cada país, en la región, el continente y el mundo.

• Modificar de raíz la interrelación Gobierno-Estado-Pueblo para construir democracias populares.

• Crear y desarrollar un nuevo modo de producción y reproducción.

• Desplegar la batalla ideológico-cultural por una nueva civilización a favor de la vida.

• Construir hegemonía popular; salir del cerco ideológico, político, cultural y mediático del poder hegemónico.

• Articular los procesos de acción sociotransformadora con procesos de formación política.

• Cambiar de mentalidad y de actitud ante la vida. La superación crítica de los paradigmas que guiaron los procesos sociotransformadores del siglo XX (aún vigentes) resulta ineludible.

• Apoyar procesos de renovación o renacimiento o construcción de una nueva izquierda política, social y cultural. Capaz de abrir cauces a procesos raizales de empoderamiento popular desde abajo y construir las convergencias colectivas hacia un horizonte común.

Es tiempo de crear, construir y transitar nuevos caminos. En este sentido, resulta central tener presente que el proceso de superación del capitalismo es parte de un proceso

histórico-cultural de creación-aprendizaje de los pueblos del mundo de un nuevo horizonte histórico, descolonizado, anclado en los principios del “buen vivir” y “convivir” entre nosotros y con la naturaleza. En eso estamos.

Nota:

(1) Aquellos procesos que sin proponerse un horizonte socialista abren las perspectivas para sobrepasar al capitalismo. [Samir Amin, 2009]

Bibliografía

Amín, Samir (2009). “El imperialismo colectivo: Desafíos para el Tercer Mundo”, Pasado y Presente 21, La Habana. En https://fisyp.org.ar/article/entrevista-a-samir-amin-el-imperialismo-colectivo-/

Rauber, Isabel (2012). Revoluciones desde abajo. Ed. Continente-Peña Lillo, Buenos Aires.

Rauber, Isabel (2017). Refundar la política. Ed. Continente-Peña Lillo, Buenos Aires (en imprenta).

Isabel Rauber. Doctora en Filosofía y pedagoga política argentina.

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Reflexiones variadasdesde la Ciudad de México, posteriores al paro del 8 de marzo de 2017, a propósito de las políticas de las mujeres y un cierto malestar ante los balbuceos del feminismo descolonial de GLEFAS

Hace unas semanas, una amiga politóloga y activamente comprometida con los derechos a la vida de las personas me preguntaba por qué los movimientos de izquierda radical, ubicados en un lugar no privilegiado del espectro geopolítico (campo y no ciudad, barrios marginales y no universidades, pueblos indígenas y no cabeceras municipales, etcétera) o en lugar políticamente golpeado por su radicalidad (las madres y padres de los desaparecidos y muertos de la escuela normal rural de Ayotzinapa, por ejemplo) “prefieren” increpar a la izquierda, antes que confrontar a la derecha, por su falta de responsabilidad social, su cerrazón ante los problemas que provoca la minería, la construcción de represas, la edificación de campos para la energía eólica, amén que por su incapacidad de diálogo con los sectores que están a su izquierda y/o al margen del sistema de representación.


La pregunta me recordó todas, absolutamente todas, las expresiones de defensa de los grupos revolucionarios y reformistas que se han institucionalizado (o buscan hacerlo) contra quien ensaya y explicita su interés por otras vías que la electoral mayoritaria para incidir en la transformación de la sociedad.Como yo le dijera a mi amiga que me parecía obvio buscar el debate con quien, se supone, tiene algunos puntos de acción e interpretación en común, me respondió que la temporada electoral no es el momento paradebatir. Y agregó que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Consejo Nacional Indígena, las madres y padres de los estudiantes desaparecidos y asesinadosde las escuelas normales rurales, como Ayotzinapa, las madres de las mujeres desaparecidas, torturadas, tratadas y asesinadas en Ciudad Juárez, las feministas, las y los anarquistas, les hacen el juego a los candidatos de la derecha en la carrera por la presidencia.


Cerrazón aun de una mujer muy inteligente, académica, con un pasado fuerte de activismo y represión y un presente de trabajo en grupos para la defensa de los derechos humanos. ¿Acaso defensa de unas reglas del juego que no se quieren volver a pactar? Más bien apego a los caminos de relación política que no se identifican con la historia de la representación, propia de las políticas posteriores a la Revolución francesa y la Revolución Industrial. Justificación de la búsqueda del poder para proponer cambios sociales desde el poder. Estas y más ideas cruzaron por mi cabeza, mientras revisaba por qué me sigue pareciendo obvio, necesario, indispensable que las clases que se escapan a las definiciones del capitalismo (¿Cuántos son y cómo se organizan los y las que Marx llamó lumpen?) se separen y cuestionen a la izquierda “institucional” que intenta sacudírselos de encima, porque le molestan, porque no sabe cómo responderles y los considera idiotas o atrasados o sin progreso o.... La izquierda que opta por la vía electoral, en efecto, no escucha a los sectores populares, sus demandas y sus propuestas, porque usa las reglas, el lenguaje, los modos de una corrección política ajena a la urgencia de sus necesidades. Por ello ridiculiza o descalifica los proyectos de futuro distintos a los de la linearidad del desarrollo, postulada por la economía capitalista, de origen europeo e historicidad colonial.


En México, en particular, este argumento es muy espinoso, ya que la “izquierda” de partido tiende a identificarse con un caudillo, es decir una sola persona, y no con un programa. Como en algunos de los otros casos de reciente caudillismo reformista en América, se trata de una persona considerada más “honesta” que sus contrincantes. Lo cual es fácil, en un continente marcado por 500 años de colonialismo donde las cúpulas de poder derivan de una clase-etnia que se identifica con la cultura de los conquistadores, y por lo tanto con sus actitudes de rapiña. Igualmente, se trata de una persona que, de alguna forma, “ha roto” con los grupos de poder establecidos, aunque mantiene vínculos con los partidos o el ejército de procedencia. Algunos de estos dirigentes fueron realmente carismáticos, algunos sacudieron la estética del poder llevando a la presidencia a hombres (básicamente se trata de dos hombres, el coronel Hugo Chávez y el dirigente cocalero Evo Morales) que las cúpulas económico-religiosa-sociales menosprecian por su apariencia física (no se parecen a los miembros de la clase-etnia que se identifica con los conquistadores), otros provenían de las clases quenunca habían tenido acceso al poder, como el obrero industrial Luis Inácio Lula da Silva, una era una mujer que había tomado las armas, había sido torturada y sufrido graves vejámenes por su participación en la guerrilla, otros y otras actuaban movidos por alguna inspiración ideológica no bien definida que los impulsaba hacia las “masas” populares, fuera el catolicismo tutelar y misóginode Rafael Correa, fuera el deseo de emular a Eva Perón de Cristina Fernández.


He puesto varias palabras entre comillas porque hay que comprobar su honestidad (¿con relación a qué?), la ruptura con las cúpulas de poder (han buscado entre ellas los miembros de su burocracia y siguen permitiendo y fomentando las actividades mineras y extractivas) y porque la abstracción de la palabra masa esconde a diversos sectores de mujeres, hombres, ubicados política y geográficamente en lugares precisos, acuerpados alrededor de sus tierras comunales o su cultura.


Sin embargo, coincidía en un punto con mi amiga politóloga: si en México al actual caudillo de la izquierda institucional no le hubieran robado-manipulado en dos ocasiones las urnas, como presidente no habría desencadenado esta guerra sucia en acto, dirigida contra el pueblo y en particular contra las mujeres y hombres jóvenes y dirigentes ambientalistas que defienden su territorio. Unaguerra contra el pueblo que ha causado más de 30.000 personas víctimas de desapariciones forzadas y 200.000 personas asesinadas. Quizás habría buscado resolver el piso de asesinatos y desapariciones de mujeres jóvenes, que se mantiene aún en las épocas de paz social, creciendo en los momentos de violencia generalizada. Probablemente, tampoco habría vendido Petróleos Mexicanos y otras empresas y recursos nacionales.

 

Actúo en defensa del derecho a la vida de cualquier persona, y más específicamente del derecho de las mujeres a caminar sin miedo por las calles, a dirigirse sin temor a los bosques, los campos, los ríos, a actuar, a expresar su disenso y, por qué no, sus consensos, a no sufrir injurias por parte de los agentes de estado. He estado con comunidades de pueblos diversos, reunidas en asambleas donde sus miembros –mujeres, hombres y trans-inter-géneros- hablaban de la inseguridad que viven por ser indígenas, campesinos, ecologistas, estar ubicados en zonas de interés para la explotación de recursos minerales, forestales e hídricos, porque sus territorios colindan con zonas de tráfico de estupefacientes o de trata de mujeres y niñas. He estado con mujeres jóvenes de pueblos que la Ciudad de México –como urbe, no como entidad federativa– ha englobado sin proporcionarles educación, medios de transporte seguros, trabajo, exponiéndolas a la violencia feminicida. Pertenezco a la muy dispersa y poco articulada fauna de las y los artistas, sin seguro médico, sin acceso a editoriales, museos, galerías ni la posibilidad de mantenerse con un trabajo cualquiera,debido a las jornadas laborales del neoliberalismo, de más de 11 horas por día. He acompañado a las muy reprimidas mujeres de los movimientos por el agua en barrios populares o las del movimiento urbano que intentan conseguir vivienda mediante políticas de presión, casi siempre de dirección masculina. Participo de reflexiones colectivas de mujeres que intentan construir otras maneras de sustento para sí y su grupo de convivencia (pareja, trieja, comuna, familia nuclear o reconstruida, monoparental o abierta)a través de la agricultura urbana, la mecánica de bicicletas, la panadería comunitaria. Por lo general, estas participaciones me llevan a escuchar a personas que critican ferozmente al dirigente de la izquierda electoral por su incapacidad de escuchar a los sectores de la población que a su izquierda no lo alaban.
Las feministas populares, que en muchos casos han acompañado, en los 17 estados de México donde se ha legislado que la vida empieza en la concepción, a mujeres perseguidas por abortos espontáneos, temen que el caudillo no intervendrá para castigar a la derecha neoevangélica y católica que actúa con odio contra las mujeres que abortan, y contra las y los transgéneros y transexuales. Solo pocas piensan que de haber él llegado a la presidencia (votaron por él, aunque lo critican), probablemente el actual clima de odio a las mujeresno habría podido crecer a los extremos de invisibilizar los actos de violencia de hombres contra compañeras, aún en los colectivos de resistencia y lucha.


Debatíamos con mi amiga, los míos eran ejemplos, las suyas teorías acerca de la democracia que se sostienen sobre datos y expresiones perfectamente articuladas. Después de más de media hora de discusión, ella soltó: ¿Y qué posibilidad de ganar tiene la mujer indígena que va a postular el CNI a las elecciones?


No creo, sería realmente improbable que la candidata que vayan a proponer 43 de los 69 pueblos originarios de México logre ganar una contienda electoral, en un país donde el voto no es obligatorio, los partidos cooptan sectores de votantes y la mayoría de la población vive en ciudades de cultura desarrollista, manipuladora y racista. Eso es, no creo que vaya a ganar porque la mayoría de la población de México no quiere, aborrece, teme identificarse como indígena y porque las mujeres somos menospreciadas, utilizadas, ridiculizadas, temidas y no se nos quiere reconocer como posibles dirigentes.
Mi amiga exultó: ¿Ves?, me dijo, me das la razón: quien la propone sólo quiere desviar votos, le hace el juego a la derecha. Y me dejó plantada sobre mis dos pies, pensando en qué momento le había dado la razón.


A la semana estaba yo con algunas de mis amigas y compañeras en el paro del 8 de marzo. Por supuesto, hubo mujeres de los sectores más altos de la burocracia, algunas pequeñas empresarias y profesoras universitarias que no quisieron parar porque a ellas “el trabajo las liberó”. También recibimos expresiones de mujeres albañilas que nos dijeron que no podían parar porque de hacerlo las despedirían. Lo mismo pasó con las mujeres de intendencia de la universidad donde laboré por 14 años y de los deportivos públicos de la ciudad. En solidaridad con ellas, una mecánica de bicicletas se quedó trabajando. Las trabajadoras del hogar en su mayoría se unieron al paro, asalariadas y no. Una mujer anciana, de una comunidad nahua, escribió que a ella parar le daba la fuerza de soñar con que iba a tener derecho a descansar y pensar en sí misma si se detenía el 8 de marzo.


Ayer anoche un amigo me envió la reflexión de las miembras de Glefas (Grupo Latinoamericano de Estudio, Formación y Acción Feminista), un colectivo de académicas, maestras y activistas que se identifica como “descolonial”, titulada: “Algunas reflexiones sobre metodologías feministas. A propósito del llamado a un paro internacional de mujeres para el 8 de marzo. Balbuceandoun punto de vista feminista descolonial”. Me sorprendió encontrar ahí expresada la idea que las mujeres que llamaron al paro eran una especie de occidentalizadas privilegiadas, que apelaban a la idea de huelga de los obreros europeos, incapaces de actuar acorde a formas no occidentalizadas de expresar el malestar y la acción política de las mujeres.


Puede ser, de hecho es cierto que la huelga no es un sistema de organización para la manifestación del propio disenso pensada desde los pueblos originarios e indígenas de América, pero cuando ha sido necesario los pueblos indígenas han llamado a paros laborales y manifestaciones. ¿Acaso la masacre de los pueblos maya quichés de Totonicapan en octubre de 2014 no se dio durante un paro laboral y de actividad comercial contra la reforma educativa y el cambio de las tarifas eléctricas? ¿No recurren a diversas formas de paro laboral, comercial, de respuesta, de movilidad las comunidades indígenas de diversos territorios de Abya Yala cuando quieren manifestarse contra autoridades locales o nacionales?
Que el feminismo (¿acaso nos son ya décadas que en Nuestramérica se habla de “feminismos”, así en plural?) nuestroamericano sea “profundamente eurocentrado en sus análisis y en sus metodologías” por haber llamado a un paro de mujeres, desde Buenos Aires hasta México, me parece una reflexión ligera, priva de conocimiento de la historia reciente de las formas de apropiación de algunos instrumentos de lucha originados en las prácticas obreras fabriles por parte de los pueblos indígenas.


¿Acaso las Glefas creen que no hay transmisión de las metodologías de una pueblo a otro cuando tienen utilidad? Es decir, ¿que si algo me sirve pero ha sido inventado-descubierto-utilizado por otro debo evitar usarlo para no perder mi identidad y ser colonizada por esa metodología? De no ser por una posición de intransigencia ideológica de corte no dinámico, esencialista, esta afirmación no tiene sentido: “El paro de actividades ha sido una estrategia que surge dentro del contexto particular de la revolución industrial y la lucha de la clase obrera europea. Un método que logró legitimidad dentro del pacto entre clase obrera y burguesía en los años del Estado de bienestar europeo. El “paro” como estrategia hace parte de una genealogía de resistencia dentro del mundo de lo humano, aquel constituido por el pleno desarrollo del sistema capitalista. Allí las clases obreras y campesinas enfrentaron relaciones de poder que les sometían, dando lugar al “paro” como instrumento de la lucha de clases. El “paro” ha sido engendrado dentro de este contexto histórico particular y, dentro del mismo, habría que celebrarlo”. Hay errores históricos evidentes: el paro ha sido utilizado en diversos países (es un paro de labores, anticolonialista, que cruza las clases sociales, el que encabeza Gandhi en la lucha por la independencia de la India) y en las relaciones obrero-patronales data del siglo XIX, cuando en Europa no existía un estado debienestar. Y hay errores de interpretación: nadie puede apropiarse de lo inventado por otro, por ende la historia no tiene importancia alguna y las relaciones humanas son consideradas en el esquema inamovible de un juego de poderes.


Por supuesto, comparto con las Glefas, y con Silvia Rivera Cusicanqui, una pensadora radical que considera la existencia de diferentes tradiciones de descolonización del pensamiento en Nuestramérica, que la vida social del continente americano está caracterizada por una heterogeneidad estructural, una abigarraba composición social, “en donde cohabitan matrices de organización capitalista y comunal de la vida con horizontes utópicos muy distintos, pero coincidentes en un mismo tiempo histórico”. Esto implica formas diferentes de visualizar el trabajo, con o sin empleo asalariado, explotado y explotador de muchas formas, colaborativo o coactivo, en las actividades agropecuarias y en redes de comercio contemporáneas pero no dirigidas a la misma población. En quinientos años, no sólo ha devenido de manera colonial una mano de obra explotada por la industria capitalista, se han realizado recomposiciones de clases tan diversas así como contrapuestasmaneras de considerar la propiedad, donde lo privado y privativo se enfrenta a lo comunitario y lasorganizaciones de lo común. En este escenario, es forzado pasar a sostener que no existen reapropiaciones de las políticas de productividad sin que las mujeres que se apropian de la masculina, sindical, industrial herramienta de la huelga de brazos cruzados omitan el uso de otros modelos de organización comunal. O que todas las asalariadas tilden de “atrasadas, improductivas, no desarrolladas, arcaicas” las relaciones laborales de “millones de mujeres racializadas en nuestro sub-continente”.


¿Estoy reaccionando como mi amiga cuando pretendía decirme que hay que votar por el caudillo de la izquierda electoral mexicana? ¿Considero acaso que es indispensable que todas nos sumemos al paro? No lo creo, pero considero taimado desestimar una decisión tomada por las mujeres de diversos países que lograron coordinarse.


La celebración del 8 de marzo es de origen socialista, dio pie al inicio de la Revolución Rusa y está siendo recuperada para manifestarse contra una violencia de crueldad creciente contra el cuerpo y la vida de mujeres racializadas (todas los somos, aunque de manera diferente) y feminizadas por el sistema.


Está siendo rescatada básicamente por mujeres urbanas, es cierto. Entre ellas, se sumaron al paro muchas mujeres indígenas desplazadasa las ciudades por la violencia delincuencial y política, el ecocidio, los caciquismos y desastres ambientales. La posición de condena del paro que las Glefas postulan por ser una universalización de un medio de lucha política propia del mundo industrial (cosa que yo pongo en duda) permitiría considerarlas como mujeres que no se resisten de manera radical al capitalismo y a la expansión del orden moderno-colonial. ¿Realmente están diciendo esto?


Seguramente para la mayoría de las teóricas feministas contemporáneas (las Glefas entre ellas) el concepto de “mujeres” presenta muchas dificultades. Sin embargo su significado es de primaria importancia si queremos llegar a políticas democráticas, sea en relación con las mismas mujeres, para permitir que sus diferentes experiencias culturales e históricas, con sus respectivos constructos de género, lugar de asignación y formas de liberación se expresen, sea en relación con las personas de los otros géneros en sus respectivas culturas. Sean dos géneros, como en las culturas islámicas, cristianas y laicas de origen cristiano, judías y del valle del Indo, o sean tres, como en la cultura zapoteca, la bri briy otras, o sean cinco, como en ciertas culturas de Malasia, entre los géneros siempre hay un lugar para definir a las mujeres, en algunas muy específicamente las “mujeres femeninas” y las “mujeres masculinas”.Ahora bien, el 8 de marzo de 2017, sobre la ola de varias acciones y marchas contra los feminicidios desde Argentina hasta México, han sido “las mujeres” las que han decidido entrar en paro. ¿Todas? Obviamente no, nunca hemos tenido una expresión política que aglutine la mitad de los seres humanos en una sola acción. Sin embargo, sostener que “un puñado de mujeres privilegiadas definen la política feminista en América Latina” porque ha habido un llamamiento al paro, es equivalente a decir, como lo hacen las y los portavoces de la cultura patriarcal, de todas las clases sociales propias del mundo capitalista, también algunos dirigentes indígenas, que la violencia contra las mujeres no es una expresión de odio de los hombres, sino que la fomentan las mismas mujeres.


A ver, ¿quiénes serían esas privilegiadas? Mujeres que sostienen con su trabajo sus núcleos de convivencia; mujeres que son explotadas; mujeres que estudian a pesar de que sus aportes a la investigación son invisibilizados por las publicaciones científicas; mujeres afrodescendientes, mestizas, blancas, de pueblos y nacionalidades originarias, asiáticodescendientes que compiten por un acceso siempre más restringidos a los estudios; mujeres asalariadas que han perdido junto con los hombres los derechos laborales adquiridos gracias a las luchas del siglo XX y que ahora soportan el peso de una segunda jornada laboral doméstica alargada por las tareas de sustitución de los beneficios perdidos; mujeres sin pensión ni seguro social porque el trabajo de reproducción y reposición de la vida no es reconocido como trabajo, sino como tarea asignada a las mujeres. Vaya privilegiadas.


¿En qué momento el llamado al paro para un día de conmemoración y agitación implica “la subalternización de los mundos que le exceden condenando a invisibilidad las apuestas y las metodologías de resistencia de millones de mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y populares que cada día enfrentan la violencia sistemática del sistema moderno colonial capitalista de género”?


Seguramente, en las comunidades donde las mujeres tienen otras formas de expresar su malestar con la inferiorización y explotación de su trabajo como mujeres, el paro no tiene sentido de ser. Pero en las ciudades sí lo tiene. En las zonas de rebelión organizada de manera igualitaria contra el capitalismo global, el paro no tiene razón de ser. Pero sí en las familias de las zonas marginales donde la jornada laboral doméstica de una mujer es de 13 horas.


No tiendo a la universalización de una estrategia, de manera que no afirmaría que el paro es un instrumento útil para todas las mujeres; lo que sé es que condenarlo porque el llamado a realizarlo ha sido lanzado por una red de mujeres urbanas transcontinental (y no solo de los países de mayoría blanca) excluye a las mujeres que sintieron la necesidad de realizarlo. Las que se expresaron en él. Las que finalmente gozaron de un día de descanso gracias a él.


En la Ciudad de México, alrededor de la Victoria Alada (el monumento emblemático de la ciudad que, durante años, por la misoginia de las simbolizaciones significantes, fue llamado Ángel de la Independencia a pesar de sus tetas), desde las 12 del día se sucedieronperformances, sentadas de reflexión, prácticas colectivas de dibujos, momentos de autoconciencia y la realización de carteles para la marcha que partiría a las 5 de la tarde.Se realizaron gracias al paro de labores de las mujeres el 8 de marzo y no reunieron a un selecto grupo de “privilegiadas”ni reprodujeron metodologías propias de la lucha fabril. Hubo bordadoras ñahnú, vendedoras callejeras mazahuas, mujeres trans aceptadas en sus pueblos y mujeres trans que han hecho de la ciudad su refugio de la violencia homo y transfóbica de sus comunidades. Había jóvenes que debatían acerca de si el trabajo asalariado es un fin, si debe ser considerado el único que proporciona derecho a la salud y el retiro y si construye relaciones de horizontalidad. Había madres felices de encontrarse con otras mujeres y recurrir al cuidado colectivo de sus hijas e hijos. Había bailarinas gordas que nunca tendrán acceso a un ballet convencional y se sienten liberadas en sus cuerpos gracias a la acción feminista. Había viejas que no alcanzaron la pensión por cambios de leyes que las rebasaron y que quieren saber cómo no convertirse en seres desechables en la sociedad capitalista financiera global. Había mujeres de todas las edades cuestionando que la familia sea el núcleo de la sociedad, que la heterosexualidad sea normativa y que la blanquitud implique un pase al mundo de los privilegios.


Dos días después, en México nos enteramos que en Guatemala, mientras se realizaba el paro y la marcha feminista, en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción 40 niñas y adolescentes eran encerradas en un cuarto por parte de policías y custodios para que murieran asfixiadas y quemadas.En Guatemala se ha recurrido sistemáticamente a la violencia para someter a la población a un orden extremadamente injusto, autoritario, racista y clasista. Las feministas han denunciadohechos atroces, genocidios, asesinatos de personas inermes perpetrados con saña por un Estado que deja de lado las necesidades de las mayorías, poniéndose al servicio de una élite patriarcal, racista y excluyente que se ha perpetuado en el poder a través de un sistema político colapsado.


El fatal incendio fue la cúspide de una acumulación continuada de violencias, que las propias jóvenes denunciaron en reiteradas ocasiones como auténtico infierno. Las autoridades habían sido señaladas por cometer abusos, violaciones sexuales, torturas y una serie de agresiones que condujeron a un desenlace atroz. La denuncia y la rebeldía de las niñas fueron castigadas con la pena de muerte, como el sistema patriarcal castiga a toda persona que se oponga a las desigualdades, la violencia y la corrupción.


El feminicidio institucional que ocurrió en el Hogar de la Virgen de la Asunción involucró a agentes del Estado en funciones, que tenían la obligación de proteger y garantizarcondiciones de vida digna a las víctimas. El crimen afecta al conjunto de la sociedad, genera terror y no puede quedar en la impunidad. Entre las jóvenes que han sobrevivido al incendio y entre las víctimas muchas estaban embarazadas a consecuencia de violaciones. En esas condiciones ¿las blancas eran privilegiadas? Las que hoy nos manifestamos contra el estado feminicida de Guatemala, como las mujeres que pararon el 8 de marzo, no dudamos que pertenecer a una comunidad indígena o a un núcleo familiar pauperizado aumenta las probabilidades de ser “rescatada”, es decir tutelada y privada de libertad y relaciones afectivas, por el estado. No dudamos que en una comunidad indígena esas niñas tendrían otras condiciones y oportunidades. No obstante, sabemos que muchas hijas e hijos de familias de militantes y de personas que buscan alternativas sociales radicales, pertenezcan a los grupos racializados y las clases que sean, han sido encerradas en espacios semejantes. Exigimos justicia y poner fin a la violencia feminicida para todas ellas.

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Autocríticas feministas y movimientos antisistémicos

La vitalidad de un movimiento, como la de cualquier ser vivo, se puede palpar en su capacidad para cambiar, modificar el rumbo, ejercer la crítica y la autocrítica, algo tan olvidado por las viejas izquierdas. Una característica de lo avejentado es la repetición, la inercia y la incapacidad de moverse del lugar elegido.

Este 8 de marzo nos ha deparado enormes movilizaciones, que son la doble consecuencia de la violencia sistémica contra las mujeres y de la persistencia de los movimientos feministas que no se arrugan a la hora de ir contra la corriente, aún siendo pocas en cada movilización. Más de 200 mil manifestantes en Montevideo, ciudad que cuenta con poco más de un millón de habitantes, habla de la extensión notable del movimiento que, para llegar a esa cifra, realizó decenas de actividades y concentraciones pequeñas en los últimos años.

Uno de los hechos más notables fue la difusión de un documento titulado Algunas reflexiones sobre metodologías feministas, emitido por un conjunto de referentes y organizaciones que se reivindican del "feminismo descolonial". No tengo la menor intención de inmiscuirme en los asuntos internos del movimiento, sólo pretendo destacar lo que los varones antipatriarcales y los movimientos antisistémicos podemos aprender de un texto que, en su subtítulo, anuncia: "a propósito del llamado a un paro internacional de mujeres para el 8 de marzo" (goo.gl/rpqvH8).

El documento destaca que los espacios de mujer están haciendo un ejercicio de autocrítica al reconocer "su raíz eurocéntrica, las limitaciones de sus agendas y lo problemático de sus estrategias cuando entran en contacto con esos otros mundos que existen en nuestro continente". En suma, los mundos negros, indios y mestizos.

El eje del texto gira en torno a los métodos de lucha, destacando que "ellos dicen mucho sobre las bases en que se asienta un movimiento social" y tienen además la capacidad de regular los mundos. La crítica/autocrítica gira en torno al llamado a realizar un paro del pasado 8 de marzo. Vale la pena citar largo.

“El paro de actividades ha sido una estrategia que surge dentro del contexto particular de la revolución industrial y la lucha de la clase obrera europea. Un método que logró legitimidad dentro del pacto entre clase obrera y burguesía en los años del Estado de bienestar europeo. El "paro" como estrategia hace parte de una genealogía de resistencia dentro del mundo de lo humano, aquel constituido por el pleno desarrollo del sistema capitalista”.

El texto nos remite a Frantz Fanon, al destacar la diferencia entre el mundo donde se respeta la humanidad de las personas y el mundo de los sótanos, donde la vida humana no vale nada. Entonces, dice, el problema del paro surge cuando se intenta convertirlo en "método universal aplicable a cualquier experiencia histórica". Es evidente que las mujeres (y los varones) de ese mundo no pueden hacer paro, por eso cortan rutas, toman edificios, ocupan tierras.

El documento llama a "pensar en las compañeras que no pueden parar, las que por necesidad venderán en la marcha, las que el día de huelga convocada estarán sembrando, cultivando o cocinando el alimento que comeremos las que ese día paramos". La lista sigue e incluye las formas de vida autogestionadas (tianguis por ejemplo), las trabajadoras del sexo, "aquellas que junto a sus compañeros subalternos serán responsables de que el mundo siga girando y la vida siga siendo posible mientras nosotras paramos". El paro es una estrategia útil, se preguntan, para las "personas racializadas y subalternas", para "las condenadas del mundo", para las lesbianas y trans antirracistas.

El texto es fuerte. Sobre todo cuando pone el dedo en temas delicados. "Es interesante cómo determinados países dentro del sur global, y dentro de América Latina en particular, se convierten en referentes y vanguardias de la lucha feminista". "¿Qué significa que nuestras luchas políticas sean definidas por un pequeño grupo de feministas blancas y blanco-mestizas privilegiadas asentadas en las capitales de los países hegemónicos de la región?".

Sin duda se refiere a "nuestros" países, Buenos Aires en primer lugar, donde nació el Ni Una Menos, pero también Montevideo y otros donde predomina un feminismo radical, pero blanco y de clases medias. Es incómodo. Pero es una incomodidad necesaria, imprescindible para no convertirnos, un siglo después, en algo similar a los dirigentes de la socialdemocracia alemana que terminó traicionando al movimiento obrero.

Debo confesar que el documento me remitió directamente a la comunidad que me recibió cuando la escuelita zapatista, a los espacios de las mujeres negras desplazadas por la guerra en Colombia, a las vivencias de nasas y misak del Cauca, a las comunidades mapuche, a favelas como la Maré, en Río de Janeiro, y tantos otros espacio-tiempos donde no rige la lógica en la que me eduqué y formé políticamente. Es muy incómodo cuando una negra favelada o una indígena te reciben como si fueras un conquistador, un opresor blanco.

Sin embargo, creo que esa vivencia es parte de la formación antisistémica, y no por algún empeño masoquista, sino porque es necesario sentir "en el cuerpo y en el alma" (León Felipe), aunque sea una mínima parte de los dolores humanos que se sufren en el sótano. Algo que no se puede siquiera palpar en la comodidad de la "zona de lo humano", por volver a Fanon. En este punto, el documento de las feministas descoloniales provoca esa incomodidad imprescindible.

Desde los movimientos y el pensamiento crítico podemos hacer un esfuerzo por mirarnos en el espejo que nos colocan, sobre todo esa consigna final "¡Que ni una sea menos!" El texto citado puede rebatirse en cuando a su oportunidad e, incluso, en su contenido. Es parte del debate que procesan las mujeres en sus colectivos, y no nos corresponde a los varones entrar en esa polémica.

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