Covid 19, oportunidad popular, Sin dilaciones, un país para todos y todas

Como lo habíamos previsto, el país entra a partir del próximo martes 24 de marzo, en una larga cuarentena, con posibilidades de prolongación. La decisión del gobierno Duque, sin permitir un día de respiro para las poblaciones que ya estaban en aislamiento obligatorio –para que pongan en orden al menos parte de aquello que lo requiera–, resume con claridad la disputa del gobierno nacional con los municipales. La ausencia de una acción pública de los sectores alternativos, entre ellos el Comando nacional de paro, demandando medidas previas en favor del conjunto nacional, reduce el espacio social y político para liderar la construcción de otro modelo social y económica, uno donde la democracia sea real, directa, radical, y no simplemente formal, uno donde la riqueza no quede en manos de unos pocos, con un gobierno sometido y actuando en favor de ellos.

 

Las cifras sobre el avance del Covid-19 en Colombia no dejan lugar a dudas: poco a poco el conjunto de nuestra población se verá afectada por esta pandemia. No es casual que así sea, ya que gobernantes y empresarios actuaron de manera mancomunada para mantener los aeropuertos abiertos, las empresas de aviación en plena operación, sin obligar a quienes administran las terminales a implementar verdaderos sistemas de control para toda aquella persona que llegara procedente de otro país. Los que viajaban desde el interior del país también deberían someterse a medidas de control.

Paralelo a ello, como radiografía de nuestro sistema de salud pública, la posibilidad de acceder a pruebas médicas sin costo alguno –test Coronavirus– para verificar si es una gripe tradicional o si en efecto se trata del virus, tampoco fue implementado. Medida que no se cumple, incluso, en el momento actual, expresión de Improvisación, negligencia, que llega hasta al punto que la persona diagnosticada de padecer el virus, sale para su casa a cumplir una terapia de aislamiento voluntario, con unos controles laxos por parte de las secretarías de salud y centros hospitalarios, algunas/os de ellas/os, por ejemplo en municipios que no son capitales de departamento, mal dotados, lo que obliga al personal médico a prestar atención con alto riesgo de contagio.

Como es conocido, por decretos y comunicaciones oficiales, la destinación de ayudas financieras por el gobierno nacional tiene como preocupación central extender la mano a los grandes empresarios, inyectarles liquides, facilitarles créditos de diverso tipo, además de autorizarles acudir al recurso de vacaciones individuales o colectivas anticipadas de los trabajadores. En tanto, para los pequeños y medianos empresarios, no hay opciones, como tampoco las facilitan los bancos (ver propuesta No. 7). Situación igual para los sectores populares, para quienes no han destinado recursos extras a los existentes en programas como Familias en Acción y otros similares, en este caso centralizados o reorientados para atender esta coyuntura.

En estas condiciones, asumiendo que la pandemia no terminará en pocos días, no menos de 8 semanas, y que estamos ante una oportunidad para ahondar relacionamientos sociales, profundizar solidaridades y fraternidades, así como levantar una alternativa ante lo estatal, es imperioso, a la par de la demanda de la respuesta del Estado (ver artículo, https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39098-covid-19-oportunidad-popular-construyamos-un-pais-para-los-50-millones-que-somos.html), precisar medidas por implementar entre y para los marginados y excluidos de siempre.

Pero antes de proponer algunas medidas para el debate, las que demandan coordinación de experiencias sociales existentes, así como potenciar recursos de todo orden, además de disposición popular para dejar a un lado la atomización que desde siempre ha sido su sello, algunas demandas que no podemos dejar de plantear (en próximo artículo desarrollaremos las medidas por acordar e implementar desde el campo popular).

Acción urgente

  1. Reubicación de partes del presupuesto nacional.

En el momento actual vivimos una confrontación entre la vida y la muerte, y para que venza la vida necesitamos muchos más recursos orientados hacia la vida, y esos recursos existen. La sociedad debe exigir que por lo menos el 50 por ciento del presupuesto 2020 de las Fuerzas Armadas, se destine para la financiación de un plan de salubridad pública y de asistencia social de emergencia, para atender las demandas a las cuales nos expone la pandemia.

  1. Disposición de hospitales, edificios, hoteles y otros para atender la pandemia.

Una de las mejores dotaciones con que cuenta el país a nivel de atención médica está en manos de los militares, instalaciones que hoy tienen menor ocupación como efecto directo de la reducción de heridos producto de la guerra. Bien, el hospital militar, así como aquellos bajo la administración de la Policía, deben prepararse, reorganizar secciones y alistar personal para atender esta coyuntura.

De igual manera debe hacerse con secciones de cuarteles, para atender infectados en caso de no poderlos atender en otras instalaciones.

Muy importante concretar la utilización de hoteles que disponen de infraestructura que rápidamente se puede adecuar para esta contingencia, y de otras edificaciones, colegios y coliseos. Con todos ellos hay que pasar a reorganizarlos y prepararlos para recibir y cuidar gente diagnosticada como portadora pasiva o activa del virus.

  1. Vincular más personal médico.

La demanda de personal médico es palpable. Hay que hacer una convocatoria nacional a todos los médicos, enfermeras, técnicos de atención prehospitalaria, egresados en las promociones de los últimos años, que no hayan prestado su año rural y que estén desempleados, para que se presenten para contratación, al menos por 6 meses. Este personal tiene el conocimiento básico para atender el potencial de pacientes que se tendrán, y a la par son jóvenes, quienes, según los informes de prensa, son menos propensos a caer dominados por el virus.

El llamado a este personal por los diversos medios de comunicación o, simplemente, a partir de la base de datos construida para citarlos al sorteo en el que participan para realizar el año rural.

  1. Descongestionar cárceles y centros de detención.

Una situación dramática, conocida y prolongada a pesar de las sentencias de la Corte Constitucional, es el hacinamiento en cárceles de todo tipo, así como de los centros de detención transitorios. El hacinamiento, además de la insalubridad que caracteriza a todas las edificaciones del encierro, es una realidad que atenta contra el derecho a la vida de quienes ahora ven correr los días tras las rejas. ¿Qué puede ocurrirle a cientos de presos/as que conviven casi sin distancia alguna entre unos y otros, si uno de ellos/as llega a padecer el virus?

Para superar esta realidad y esta posibilidad, para cumplir en parte con lo señalado en reiteradas ocasiones por la Corte Constitucional, para proteger la vida de miles, es urgente: 1. Otorgar casa por cárcel a todas las personas presas de manera preventiva; 2. Liberar en igual condición domiciliaria a los menores de edad sometidos a encierro en calabozos improvisados, preventorios y centros similares, para el caso de Bogotá las Unidades de Reacción Inmediata y Centro Especializados para Adolecentes –Cespa–. 3. Brindar el beneficio de casa por cárcel también a todas aquellas personas que ya han purgado por lo menos el 50 por ciento de su pena.

  1. Plan urgente para traer al país a todos los nacionales que ahora están bloqueados en distintos países del mundo.

La inesperada realidad que ahora afecta al mundo en su totalidad sorprendió a muchos nacionales en diversas geografías, bloqueados por la cancelación de tiquetes aéreos, sin recursos propios para prolongar su estancia por semanas y meses. Es imperioso realizar un censo de todos ellos y diseñar un plan de urgencia para traerlos de regreso. Como es obvio, antes y después de abordar el transporte aéreo, someterlo a todas las medidas de rigor, además del aislamiento por el tiempo requerido en centros especialmente dispuestos para ello.

  1. Viendo por todos y todas

Varias ciudades y departamentos del país implementaron planes experimentales –pequeñas ‘cuarentenas’– este fin de semana y en la noche del viernes 20 de marzo se decretó, desde el próximo martes 24 de marzo, aislamiento preventivo obligatorio en todo el país, extendido hasta el 13 de abril, que con seguridad se ampliará en término por varias semanas más. No olvidar que las personas mayores de 70 años estarán asiladas por ahora hasta el 31 de mayo.

Es así como iniciamos un prolongado encierro generalizado en el país, una medida que no puede dejar de lado, a su suerte, a miles de miles que viven del rebusque diario. Un plan urgente de entrega mensual, de un salario mínimo por familia, para garantizar su manutención, es indispensable. Estos recursos se pueden conseguir en acción conjunta del gobierno central con los presupuestos municipales y distritales. Una emisión extraordinaria por parte del Banco de la República, en caso de ser indispensable, puede ser la solución para el permanente lamento del gobierno nacional.

Que nadie quede tirado a su suerte, y que los recursos públicos lleguen a una parte ampliada de la ciudadanía.

  1. Apoyo y crédito para pequeños y medianos empresarios, así como para comerciantes.

Desde esta semana se viene cerrando todo, y los empleadores, solo algunos, han dispuesto que sus trabajadores salen a vacaciones anticipadas, y solo con 15 días de salario en el bolsillo, pero la gran mayoría serán despedidos porque el tipo de contrato lo permite, o la calamidad pública lo habilita, y el empleador no tiene cómo pagar sino produce. De acuerdo al discurso del empresariado, nadie quiere despedir, pero ese es el resultado más visible sino hay una acción urgente, de cambio, desde el poder central. El país es de todos, y no de la minoría que ha concentrado la riqueza (revise cada uno las ganancias de los bancos, por ejemplo, para que llegue a conclusiones), y en pos del país todo hay que actuar.

Por ello, sino queremos empezar a escuchar al empresariado diciendo “tuve que despedir a los trabajadores pues no tengo con que pagar la nómina”, pues el gobierno central tiene que liberar apoyos económicos, cubrir parte de la nómina, obligar a los bancos a conceder créditos diferidos para su cancelación con cero intereses. Todo esto es posible, el gobierno inglés acaba de promulgar medidas similares. Lo fundamental es mantener la producción en pie, y si algunos tienen que cerrar que los trabajadores/as tengan un ingreso para sobrevivir en esta calamidad.

Además muy pocos trabajos pueden realizarse en casa, y en estos casos, si bien el empleo puede mantenerse, a los pequeños empresarios y comerciantes les queda imposible cumplir con las cargas laborales. Entonces, insistimos, debe disponerse que las entidades bancarias faciliten el dinero para cancelar estos salarios, sin interés, por lo menos por 8 semanas, y los empresarios se comprometen a cancelar el crédito luego de salir de la crisis. La nóminas de estas empresas está bancarizada, y la entidad puede consignar a cada trabajador el valor de su salario, en los términos que desde tiempo atrás lo venía haciendo el empleador.

El gobierno dispuso que se faciliten créditos para estos empresarios, pero hoy los bancos solo refinancian deudas, y dicen que no puede realizar nuevos créditos para estos efectos. Saben el riesgo y por eso no sueltan el dinero, en un claro mensaje de lo que están visualizando, y de la crisis en la que esta situación nos dejará sumidos.

  1. Protección para quienes atienden a las personas infectadas

Debe disponerse, de manera inmediata, la compra de suministros para proteger a quienes atienden a los infectados. La precariedad con que se labora en las instituciones de salud pública es lamentable y en la situación es que entramos conlleva poner al límite a su personal. Protegerlo con todas las garantías es un acto ético indiscutible así como una manifestación de responsabilidad y respeto con el conjunto que lo integra.

  1. Transportistas en general

De igual manera hay que proceder con quienes transportan alimentos, medicinas, elementos de primera necesidad en general, así como aquellos que mantienen las instalaciones de los servicios públicos, el combustible, para todos los cuales hay que disponer medidas y recursos para protegerlos en su integridad.

Que nadie pierda la vida como resultado de no invertir para impedir que quienes atienden a la mayoría de la sociedad, ahora obligada al resguardo, terminen infectados por el virus.

Para hacerlo posible

Las propuestas y acciones aquí extendidas para el debate y la acción, no se harán efectivas si quienes detentan el poder no sienten pisadas de animal grande. Sin descuidar las medidas de protección requeridas hay que actuar, entre todas y todos, para que asì sea. 

 

 

Publicado enColombia
Sábado, 21 Marzo 2020 06:31

Sobre el colapso

Sobre el colapso

Me permito resumir aquí, con vocación fundamentalmente pedagógica, algunas de las tesis que defiendo en Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo (Los Libros de la Catarata). Lo hago, por lo demás, desde la certeza de que el debate relativo a un eventual colapso general del sistema que padecemos falta llamativamente tanto en los medios de incomunicación como entre los responsables políticos. Dicho esto, agrego que no estoy en condiciones de afirmar taxativamente que se va a producir ese colapso general, y menos lo estoy de adelantar una fecha al respecto. Me limito a señalar que ese colapso es probable. No sólo eso: que los datos que van llegando invitan a concluir que es cada vez más probable, algo que, por sí solo, invitaría a asumir una estrategia de reflexión, de prudencia y, claro, de acción.

¿Qué es el colapso?


El colapso es un proceso, o un momento, del que se derivan varias consecuencias delicadas: cambios sustanciales, e irreversibles, en muchas relaciones, profundas alteraciones en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades básicas, reducciones significativas en el tamaño de la población humana, una general pérdida de complejidad en todos los ámbitos -acompañada de una creciente fragmentación y de un retroceso de los flujos centralizadores-, la desaparición de las instituciones previamente existentes y, en fin, la quiebra de las ideologías legitimadoras, y de muchos de los mecanismos de comunicación, del orden antecesor.

Importa subrayar, de cualquier modo, que algunos de los rasgos que se atribuyen al colapso no tienen necesariamente una condición negativa. Tal es el caso de los que se refieren a la rerruralización, a las ganancias en materia de autonomía local o a un general retroceso de los flujos jerárquicos. Esto al margen, es razonable adelantar que el concepto de colapso tiene cierta dimensión etnocéntrica: es muy difícil –o muy fácil- explicar qué es el colapso a un niño nacido en la franja de Gaza; no lo es tanto, por el contrario, hacerlo entre nosotros.

¿Cuáles son las previsibles causas de un colapso general del sistema?


Conforme a una visión muy extendida, y controvertida, habría que identificar dos causas principales del colapso, en el buen entendido de que en la trastienda operarían otras que llegado el caso podrían adquirir un papel prominente u oficiar como multiplicadores de tensión. Las dos causas mayores son el cambio climático y el agotamiento de las materias primas energéticas que empleamos.

En lo que al cambio climático se refiere, parece inevitable que la temperatura media del planeta suba al menos dos grados con respecto a los niveles anteriores a la era industrial. Cuando se alcance ese momento nadie sabe lo que vendrá después, más allá de la certeza de que no será precisamente saludable. Conocidas son, por otra parte, las consecuencias esperables del cambio climático: además de un incremento general de las temperaturas se harán valer –se hacen valer ya- una subida del nivel del mar, un progresivo deshielo de los polos, la desaparición de muchas especies, la extensión de la desertización y de la deforestación, y, en fin, problemas crecientes en el despliegue de la agricultura y la ganadería.
    

Por lo que respecta al agotamiento de las materias primas energéticas, lo primero que hay que subrayar es nuestra dramática dependencia en relación con los combustibles fósiles. Si renunciamos al petróleo, al gas natural y al carbón, no quedará nada de nuestra civilización termoindustrial. Según una estimación, sin esos combustibles un 67% de la población del planeta perecería. Antonio Turiel sostiene que el pico conjunto de las fuentes no renovables se producirá en 2018, de tal suerte que inequívocamente la producción de aquéllas se reducirá y los precios se acrecentarán en un escenario en el que habrá que aportar cada vez más energía para obtener cada vez menos energía. Aunque se pueden imaginar cambios en la combinación de fuentes que hoy empleamos, con un mayor peso asignado, por ejemplo, a las renovables y al carbón, no hay sustitutos de corto y medio plazo para las fuentes presentes. Cualquier cambio reclamará, inequívocamente, transformaciones onerosísimas.

Entre los elementos acompañantes del colapso que podrían adquirir, en su caso, un relieve principal no está de más que mencione los que siguen: (a) la crisis demográfica; (b) una delicadísima situación social, con más 3.000 millones de seres humanos condenados a malvivir con menos de 2 dólares diarios;(c) la esperable extensión del hambre, acompañada, en muchos casos, de una escasez de agua; (d) la expansión de las enfermedades, en la forma de epidemias y pandemias, de multiplicación de los cánceres y las enfermedades cardiovasculares y de reaparición de dolencias como la tuberculosis;(e) un entorno invivible para las mujeres –son el 70% de los pobres y desarrollan el 67% del trabajo, para recibir sólo un 10% de la renta-;(f) el presumible efecto multiplicador de la crisis financiera, con sus secuelas en forma de caotización, inestabilidad, pérdida de confianza e incertidumbre;(g) la quiebra de muchos Estados, estrechamente vinculada con las guerras de rapiña asestadas por las potencias del Norte;(h) las secuelas de la subordinación de la tecnología a los intereses privados;(i) una huella ecológica disparada –el espacio bioproductivo consumido hoy es de 2,2 hectáreas por habitante, por encima de las 1,8 que la Tierra pone a nuestra disposición-, y (j) una inquietante idolatría del crecimiento económico.

¿Cuáles son los rasgos previsibles del escenario posterior al colapso?


Cualquier respuesta a esta pregunta tiene que ser por fuerza especulativa. Para que no fuese así deberíamos conocer las causas mayores del colapso, si éste tiene un carácter repentino o no, sus eventuales variaciones geográficas o la naturaleza de las reacciones suscitadas. Aunque tampoco es posible fijar el momento del colapso, no está de más que señale que muchos analistas se refieren al respecto a los años que separan 2020 y 2050.

Aun con ello, y si se trata de identificar los rasgos generales de la sociedad poscolapsista, bien pueden ser éstos: (a) una escasez general de energía, con efectos visibles en materia de transporte, suministros y turismo, y al amparo de una general desglobalización; (b) graves problemas para la preservación de muchas de las estructuras de poder y dominación, y en particular para las más centralizadas y tecnologizadas; (c) una aguda confrontación entre flujos centralizadores, hipercontroladores e hiperrepresivos, por un lado, y flujos descentralizadores y libertarizantes, por el otro; (d) inquietantes confusiones entre lo público y lo privado, con una manifiesta extensión de la violencia de la que serán víctimas principales las mujeres; (e) una trama económica general marcada por la reducción del crecimiento, el cierre masivo de empresas, la extensión del desempleo, la desintegración de los llamados Estados del bienestar, la subida de los precios de los productos básicos, la quiebra del sistema financiero, el hundimiento de las pensiones y retrocesos visibles en sanidad y educación; (f) un general deterioro de las ciudades, con pérdida de habitantes y desigualdades crecientes; (g) un escenario delicado en el mundo rural, resultado de la mala gestión de los suelos, del monocultivo, de la mecanización y de la mercantilización, y (h) una reducción de la población planetaria.

En el caso preciso de la península Ibérica, los antecedentes son malos, como lo testimonian el abandono de las energías renovables, el despilfarro y la escasa eficiencia energética, la lamentable apuesta por la alta velocidad ferroviaria y por las autopistas, la baja producción de materias primas energéticas, el alto consumo de petróleo y, en fin, en la trastienda, la deuda. El cambio climático se traducirá ante todo en una subida notable de las temperaturas en la mitad meridional de la península, con efectos graves sobre la agricultura y una insorteable crisis de la industria turística. Esto al margen, se harán valer fenómenos planetarios como los vinculados con la quiebra de empresas, la explotación laboral, el empobrecimiento, la crisis financiera, la desnutrición, el deterioro de la sanidad y el descrédito de las instituciones.

4. ¿Qué proponen, como alternativa, los movimientos por la transición ecosocial?


En sustancia lo que proponen no es otra cosa que una recuperación del viejo proyecto libertario de la sociedad autoorganizada desde abajo, desde la autogestión, desde la democracia y la acción directas, y desde el apoyo mutuo.

Si se trata de identificar, de cualquier modo, algunos de los rasgos de esa transición ecosocial, y del escenario final acompañante, bien pueden ser los que siguen: (a) la reaparición, en el terreno energético, de viejas tecnologías y hábitos, en un escenario de menor movilidad y de retroceso visible del automóvil en provecho del transporte público; (b) el despliegue de un sinfín de economías locales descentralizadas; (c) el asentamiento de formas de trabajo más duro, pero en un entorno mejor, sin desplazamientos, con ritmos más pausados, con el deseo de garantizar la autosuficiencia, y sin empresarios ni explotación; (d) la progresiva remisión de la sociedad patriarcal, en un escenario de reparto de los trabajos y de retroceso de la pobreza femenina; (e) una reducción de la oferta de bienes, y en particular de la de los productos importados, en un marco de sobriedad y sencillez voluntarias; (f) la recuperación de la vida social y de las prácticas de apoyo mutuo; (g) una sanidad descentralizada basada en la prevención, en la atención primaria y en la salud pública, con un menor uso de medicamentos; (h) el despliegue de fórmulas de educación/deseducación extremadamente descentralizadas; (i) una vida política marcada por la autogestión y la democracia directa; (j) una general desurbanización, con reducción de la población de las ciudades, expansión de la vida de los barrios y progresiva desaparición de la separación entre el medio urbano y el rural, y (k) una activa rerruralización, con crecimiento de la población del campo en un escenario definido por las pequeñas explotaciones y las cooperativas, la recuperación de las tierras comunales y la desaparición de las grandes empresas. Cinco verbos resumen, acaso, el sentido de fondo de muchas de estas transformaciones: decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar ydescomplejizar.

¿Qué es el ecofascismo?


Aunque el prefijo “eco-“ se suele identificar con realidades saludables, no está de más que señale que en el partido nazi, el partido de Hitler, operaba un poderoso grupo de presión de carácter ecologista, defensor de la vida rural y receloso ante las consecuencias de la industrialización y de la tecnologización. Cierto es que este proyecto se volcaba en favor de una raza elegida que debía imponerse, sin pararse en los medios, a todos los demás...

Carl Amery ha subrayado que estaríamos muy equivocados si concluyésemos que las políticas que abrazaron los nazis alemanes ochenta años atrás remiten a un momento histórico singularísimo, coyuntural y, por ello, afortunadamente irrepetible. Amery nos emplaza, antes bien, a estudiar esas políticas por cuanto bien pueden reaparecer entre nosotros, no defendidas ahora por ultramarginales grupos neonazis, sino postuladas por algunos de los principales centros de poder político y económico, cada vez más conscientes de la escasez general que se avecina y cada vez más decididos a preservar esos recursos escasos en unas pocas manos en virtud de un proyecto de darwinismo social militarizado, esto es, de ecofascismo. Este último, que en una de sus dimensiones principales responde a presuntas exigencias demográficas, reivindicaría la marginación, en su caso el exterminio, de buena parte de la población mundial y tendría ya manifestaciones preclaras en la renovada lógica imperial que abrazan las potencias occidentales. Cierto es que el escenario general de crisis energética puede debilitar sensiblemente los activos al servicio de un proyecto ecofascista.

¿Qué es lo que la gente común piensa del colapso?


El colapso suscita reacciones varias. Una de ellas se asienta, sin más, en la ignorancia, visiblemente inducida por el negacionismo que proponen las grandes empresas con respecto al cambio climático o al agotamiento del petróleo. Una segunda reacción bebe de un optimismo sin freno, traducido en una fe ciega en que aquello que deseamos se hará realidad, en la intuición de que los cambios serán lentos, predecibles y manejables, en la certeza de que todavía tenemos tiempo o, en fin, en la confianza en los gobernantes. Una tercera posición es la de quienes estiman que inexorablemente aparecerán tecnologías que permitirán resolver todos los problemas. No faltan, en un cuarto estadio, quienes prefieren acogerse al carpe diem y, al efecto, consideran que sólo debe preocuparnos lo más inmediato y lo que está más cerca. Hay quien se acoge, en suma, al concepto de culpa y aduce, bien que no tiene obligación alguna de resolver los problemas que crearon otros, bien que la especie humana se ha hecho merecedora, por su conducta, de un castigo severísimo.
     

En este mismo orden de cosas, Elisabeth Kubler-Ross ha identificado cinco etapas en el procesamiento del colapso: la negación, la angustia, la adaptación, la depresión y la aceptación. Por detrás de muchas de las reacciones mencionadas se aprecia, de cualquier modo, el designio, en buena parte de la población del Norte opulento, de no renunciar a su modo de vida presente, y de preservar los niveles actuales de consumo y de status social. Y se aprecia también una firme negativa a pensar en las generaciones venideras y en las demás especies que nos acompañan en la Tierra.

¿Esquivar el colapso?


El capitalismo es un sistema que ha demostrado históricamente una formidable capacidad de adaptación a los retos más dispares. La gran pregunta hoy es la relativa a si, llevado de un impulso incontenible encaminado a acumular espectaculares beneficios en un período de tiempo muy breve, no estará cavando su propia tumba, con el agravante, claro, de que dentro de la tumba estamos nosotros.

Ante el riesgo de un colapso próximo, en el mundo alternativo las respuestas son, en sustancia, dos. Mientras la primera entiende que no queda otro horizonte que el de aguardar a que llegue ese colapso -será el único camino que permita que la mayoría de los seres humanos se percaten de sus deberes-, la segunda considera que hay que salir con urgencia del capitalismo y que al respecto, y a título provisional, lo que se halla a nuestro alcance es abrir espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados, propiciar su federación y acrecentar su dimensión de confrontación con el capital y con el Estado. Si unos interpretan que estos espacios nos servirán para esquivar el colapso, otros creen que es preferible concebirlos como escuelas que nos prepararán para sobrevivir en el escenario posterior a aquél. Lo más probable, de cualquier modo, es que no consigamos evitar el colapso: lo que está a nuestro alcance es, antes bien, postergar un poco su manifestación y, tal vez, mitigar algunas de sus dimensiones más negativas.
     

Parece claro, de cualquier modo, que no hay ningún motivo serio para depositar nuestra esperanza en unas instituciones, las del sistema, sometidas a los intereses privados, jerarquizadas, militarizadas y aberrantemente cortoplacistas. Una de las estratagemas mayores del capitalismo contemporáneo se beneficia de la enorme habilidad que el sistema muestra a la hora de evitar que nos hagamos las preguntas importantes.Y es que un empeño principal del capitalismo de estas horas consiste en buscar desesperadamente materias primas y tecnologías que nos permitan conservar aquello de lo que hoy disponemos, sin permitir que nos preguntemos por lo principal: ¿realmente nos interesa conservar esto con lo que hoy contamos, o con lo que cuentan, mejor dicho, unos pocos?

 

Libro relacionado

Ante el colapso. Por la autogestión y el apoyo mutuo

Edición 2019

Publicado enSociedad
Desobediencia, por tu culpa voy a sobrevivir

Tengo coronavirus, porque aunque parece ser que la enfermedad aún no ha entrado por mi cuerpo, gente amada la tiene; porque el coronavirus está atravesando ciudades por las que he pasado en las últimas semanas; porque el coronavirus ha cambiado con un trinar de dedos como si de un milagro, una catástrofe, una tragedia sin remedio se tratara, absolutamente todo. Donde pises está, donde llegas ha llegado antes y nada se puede hoy pensar, ni hacer, sin el coronavirus entre medio. Parece ser que no solo yo tengo coronavirus, sino que lo tenemos todas, todes, todos; todas las instituciones, todo los países, todos los barrios y todas las actividades.

Lo que está claro es que el coronavirus, más que una enfermedad, parece ser una forma de dictadura mundial multigubernamental policíaca y militar.

El coronavirus es un miedo al contagio.

El coronavirus es una orden de confinamiento, por muy absurda que esta sea.

El coronavirus es una orden de distancia, por muy imposible que esta sea.

El coronavirus es un permiso de supresión de todas las libertades que a título de protección se extiende sin derecho a replica, ni cuestionamiento.

El coronavirus es un código de calificación de las llamadas actividades imprescindibles, donde lo único que está permitido es que vayamos a trabajar o que trabajemos en teletrabajo como signo de que estamos [email protected]

El coronavirus es un instrumento que parece efectivo para borrar,minimizar, ocultar o poner entre paréntesis otros problemas sociales y políticos que veníamos conceptualizando. De pronto y por arte de magia desaparecen debajo la alfombra o detrás del gigante.

El coronavirus es la eliminación del espacio social más vital, más democrático y más importante de nuestras vidas como es la calle, ese afuera que virtualmente no debemos atravesar  y que en muchos casos era el único espacio que nos quedaba..

El coronavirus es el dominio de la vida virtual, tienes que estar pegada a una red para comunicarte y saberte en sociedad.

El coronavirus es la militarización de la vida social.

Es lo más parecido a una dictadura donde no hay información, sino en porciones calculadas para producir miedo.

El coronavirus es un arma de destrucción y prohibición, aparentemente legítima, de la protesta social, donde nos dicen que lo más peligroso es juntarnos y reunirnos.

El coronavirus es la restitución del concepto de frontera a su forma más absurda; nos dicen que cerrar una frontera es una medida de seguridad, cuando el coronavirus está dentro y el tal cierre no impide la entrada de un virus microscópico e invisible, sino que impide y clasifica los cuerpos que podrán entrar o salir de las fronteras.

El espacio Schengen, que es desde donde se ha propagado el coronavirus a esta parte del mundo, donde habito, cierra su frontera a la circulación de cuerpos por fuera de ese espacio y cumple por fin el sueño fascista de que [email protected] otr@s son el peligro.

El coronavirus podría ser el holocausto del siglo XXI para generar un exterminio masivo de personas que morirán y están muriendo, porque sus cuerpos no resisten la enfermedad y los sistemas de salud las, les y los han clasificado bajo una lógica darwiniana como parte de quienes no tienen utilidad y por eso deben morir.

Aparecen los millones de euros de salvataje de sus economías coloniales para solventar alquileres, facturas de servicios, sueldos, cuando a toda esa masa proletarizada se le venía recortando el cielo, diciendo que no había de dónde pagar la deuda social. Ahora que les tienen muertos de miedo, obedientes y recluidos, les premian con el dulce consuelo de que solventarán sus cuentas, después de haber solventado las que importan, que son las de las corporaciones y los Estados.

“Socialistas” como los que gobiernan España, hablan de una guerra que vamos a vencer todos juntos. Les gusta la palabra, creen que sirve para hacer cuerpo y hacer de la enfermedad el supuesto enemigo ideal que nos una. Nada más fascista que declarar una guerra contra la sociedad y contra la democracia aprovechando el miedo a la enfermedad. Nada más fascista que hacer de las casas de la gente sus cárceles de encierro. Nada más neoliberal que proclamar el sálvese quien pueda como solución tutelada.

¿Y qué pasa cuando el coronavirus traspasa la frontera y llega a países como Bolivia?

Empecemos por decir que acá al coronavirus le esperaba ya en la puerta el dengue, que viene matando en el trópico –sin titulares en los periódicos– a las gentes malnutridas, a las wawas, a quienes viven en las zonas suburbanas insalubres. El dengue y el coronavirus se saludaron, a un costado estaba la tuberculosis y el cáncer que en esta parte del mundo son sentencias de muerte.

Los hospitales construidos la mayor parte a inicios el siglo XX con el auge del estaño y posteriormente modernizados, en los años setenta del siglo pasado, con el auge del desarrollismo, son mamotretos que colapsaron hace rato y donde la mala costumbre de curar a la gente siempre pasó por cuánto dinero tienes para pagar los medicamentos, todos importados e impagables.

Entra el coronavirus y llega en aviones, no de turistas, sino de nuestras exiliadas del neoliberalismo que han construido puentes de afecto que hace que vengan a visitar a extraños que llaman hijos, hermanos o padres.

Llegan con regalos y con cuerpos infectados, pero la enfermedad no solo llega en sus cuerpos llega en primera clase también, llega porque tiene que llegar, así de simple. Parece increíble que tengamos que apelar al sentido común y tengamos que decirles que las fronteras no se pueden cerrar, igualito que no se puede poner techo al sol, ni muro a las montañas, ni puertas a la selva.

Llegó por mil lugares, pero fue el cuerpo de una de nuestras exiliadas del neoliberalismo el estigmatizado y maltratado como “la portadora”, aunque ella y no otros hayan sido y sean quienes mantienen a este país. Los parientes de los enfermos se organizan para no dejar que se la hospitalice por el pánico, porque antes de que llegue el coronavirus en un cuerpo, había llegado en forma de miedo, de psicosis colectiva, de instructivo de clasificación, de instructivo de alejamiento.

El orden colonial del mundo nos ha convertido en idiotas que solo podemos repetir y copiar. Privadas y privados de pensar, en el caso boliviano la presidenta decide copiar pedazos del discurso y medidas del presidente de España y leyendo en telepronter lanza un paquete de medidas como si estuviera sentada en Madrid y no en La Paz. Habla de guerra que hay que ganar juntos y de los empresarios con los que concertará y lanza un toque de queda y prohibiciones en colecciones.

Lo único diferente en su discurso es el recurso de la cooperación internacional, la conocida mendicidad en la que nos revolcamos para que nos donen desde barbijos hasta ideas, una vez que les hayan sobrado.

Lo único diferente en su discurso es que acá no hay excedente, ni miles, menos millones de euros con que pagar ninguna cuenta. Acá la sentencia de muerte estaba escrita antes de que el coronavirus llegara en avión de turismo.

Mientras espero una epifanía que nos esclarezca lo que tenemos que hacer y que estoy segura entrara por el cuerpo débil y febril que nos la revelara, mientras me dedico con mis hermanas a desobedecer la prohibición de fabricar gel casero y lo hacemos para vender, porque también tenemos que sobrevivir; mientras rebusco mis libros de medicina ancestral para producir una fricción respiratoria antiviral, como las que hacíamos cuando Mujeres Creando era una farmacia popular en una zona periférica de la ciudad, pienso en el absurdo.

¿Ya que hay toque de queda, quedan [email protected] de subsistir [email protected] quienes viven de trabajar en la noche?

La sociedad boliviana es una sociedad proletarizada, sin salario, sin puestos de trabajo, sin industria, donde la gran masa sobrevive en la calle en un tejido social gigante y desobediente. Ni una sola de las medidas copiadas se ajusta a nuestras condiciones reales de vida, no solo por las deudas, sino por la vida misma. Todas y cada una de esas medidas copiadas de economías que nada tienen que ver con la nuestra, no nos protegen del contagio, sino que nos pretenden privar de formas de subsistencia que son la vida misma.

Nuestra única alternativa real es repensar el contagio.

Cultivar el contagio, exponernos al contagio y desobedecer para sobrevivir.

No se trata de un acto suicida, se trata de sentido común.

Pero quizás en ese sentido común esté todo el sentido más potente que podemos desarrollar.

¿Qué pasa si decidimos preparar nuestros cuerpos para el contagio?

¿Qué pasa si asumimos que nos contagiaremos ciertamente y vamos a partir de esa certidumbre procesando nuestros miedos?

¿qué pasa si ante la absurda, autoritaria e idiota respuesta estatal al coronavirus nos planteamos la autogestión social de la enfermedad, de la debilidad, del dolor, del pensamiento y de la esperanza?

¿Qué pasa si nos burlamos de los cierres de fronteras?

¿Qué pasa si nos organizamos socialmente?

¿Qué pasa si nos preparamos para besar a los muertos y para cuidar a las vivas y los vivos por fuera de prohibiciones, que lo único que están produciendo es el control de nuestro espacio y nuestras vidas?

¿Qué pasa si pasamos del abastecimiento individual a la olla común contagiosa y festiva como tantas veces lo hemos hecho?

Diran una vez mas que estoy loca, y que lo mejor es obedecer el aislamiento, la reclusión, el no contacto y la no contestación de las medidas cuando lo mas probable es que tu, tu amante, tu amiga, tu vecina, o tu madre se contagien.

Diran una vez mas que estoy loca cuando sabemos que en esta sociedad nunca hubo las camas de hospital que necesitamos y que si vamos a sus puertas ahí mismo moriremos rogando.

Sabemos que la gestión de la enfermedad será maormente domiciliaria, preparémonos socialmente para eso.

¿Qué pasa si decidimos desobedecer para sobrevivir?

Necesitamos alimentarnos para esperar la enfermedad y cambiar de dieta para resistir.

Necesitamos buscar a [email protected] kolliris y fabricar con ellas y ellos esos remedios no farmacéuticos, probar con nuestros cuerpos y explorar qué nos sienta mejor.

Necesitamos coquita para resistir el hambre y harinas de cañahua, de amaranto, sopa de quinua. Todo eso que nos han enseñado a despreciar.

Que la muerte no nos pesque acurrucadas de miedo obedeciendo órdenes idiotas, que nos pesque besándonos, que nos pesque haciendo el amor y no la guerra.

Que nos pesque cantando y abrazándonos, porque el contagio es inminente.

Porque el contagio es como respirar.

No poder respirar es a lo que nos condena el coronavirus, más que por la enfermedad por  la reclusión, la prohibición y la obediencia.

Me viene a la mente Nosferatu que en una inolvidable escena, cuando ya la muerte es inminente y la peste encarnada en ratas ha invadido todo el pueblo, se sientan [email protected] en una gran mesa en la plaza a compartir un banquete colectivo de resistencia. Así que nos encuentre el coronavirus, listas para el contagio

Por María Galindo

Integrante de Mujeres Creando

17 de Marzo – 2020

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Pánico social en momentos de desorden global

Más allá del Covid-19

Nadie puede negar que el pánico imperante en sociedades urbanas ha sido fomentado por la sobreexposición de la epidemia de coronavirus en los grandes medios del planeta.

 

En el continente americano mientras 3 millones de personas se infectaron con dengue en 2019, seis veces más que en 2018, provocando más de 1.500 muertes, toda la información está centrada en el coronavirus.

Este recorte informativo suena a operación mediática, con desastrosas consecuencias sobre nuestras sociedades.

Sin embargo, no todo el pánico y los miedos que se están difundiendo estos días provienen de los medios o de los gobiernos.

Una buena parte son temores que anidan en los sectores populares, entre las y los trabajadores formales e informales, muchas veces entre personas con formación técnica y profesional, bien informadas y razonables.

Creo que estos temores no son irracionales, aunque conduzcan muchas veces a comportamientos erráticos, sino que responden a la experiencia concreta de la población en las últimas décadas.

Intento exponer algunas de esas vivencias colectivas que, creo, pueden ayudarnos a comprender algo que a primera vista resulta chocante.

El primer aspecto es que llevamos tres décadas de neoliberalismo, que se traduce en el desmantelamiento del tipo de sociedad que conocimos y que provoca desconfianza en las instituciones y en los gobernantes, sean del color que sean.

Con ello no pretendo insinuar que todos los gobiernos sean iguales, sino que porciones crecientes de la población sienten que no son capaces de resolver sus problemas.

Si tuviera que graficarlo, diría que la tendencia a la abstención en las convocatorias electorales y a una fuerte volatilidad en las opciones políticas, en la mayoría de los países son señal de esa desconfianza.

En Chile, por ejemplo, más de la mitad no acuden a las urnas, no porque no les importe sino porque han votado derecha y luego izquierda, y nada cambió.

Otro escenario

 

La segunda es que vivimos un período de hondos cambios sistémicos, a escala global y regional, con la decadencia de una superpotencia como Estados Unidos y el ascenso de una nación como China, que era marginal en el escenario global.

Las personas que nacimos después de 1945, o sea la inmensa mayoría de la humanidad, conocimos el predominio incontestable de Estados Unidos, que orientaba al mundo a la vez que lo oprimía.

Los veloces cambios que se acumulan desde 2008, y que marcan el ascenso de China como nuevo hegemón planetario, provocan natural desconcierto e incertidumbre, más allá de las opiniones y sentimientos que cada quien profese hacia ambas potencias.

El tercer punto es el desmontaje de los estados del bienestar, particularmente en Europa y en algunos países de América Latina.

Durante varias décadas esos estados buscaron la integración de los trabajadores, arbitrando los espacios de negociación entre empresarios y sindicatos.

No sólo contribuyeron a mejorar la vida cotidiana de amplias camadas de la población, sino que la protegieron y promovieron un continuado ascenso social.

Con la crisis de los estados del bienestar y el triunfo del capital financiero sobre el capital productivo, asistimos a la deslocalización de las industrias, que aterrizaron en Asia por sus bajos salarios y baja sindicalización.

Fue el camino que encontró el capital para seguir acumulando beneficios, mientras dejaba un reguero de pobreza, desarraigo y frustración.

La salud a remate

 

Los servicios sanitarios se deterioraron, con fuertes recortes de los presupuestos con la excusa de la reducción del déficit fiscal, además de una creciente privatización de los servicios.

Con la excepción de Cuba, todos los países latinoamericanos presentan serios problemas estructurales en el sector sanitario, con creciente precariedad laboral y bajos salarios.

La población emigra hacia la salud privada, quien puede pagarla, o hacia terapias alternativas, ante la acumulación de fracasos del sistema sanitario público.

Cada invierno la gripe común desborda los centros de atención y enseña que el sistema no está en condiciones de atender a toda la población.

Sólo en Estados Unidos, cada año mueren 380.000 pacientes en residencias de ancianos que incumplen los procedimientos básicos de control de infecciones y no son controladas por el Estado (Viento Sur, 13 de marzo de 2020).

La acumulación de desastres ambientales es el cuarto aspecto que genera desasosiego en las poblaciones.

Episodios como la ruptura de la represa de Brumadinho, en Brasil, de la minera Vale, con un saldo de casi 300 muertos y desaparecidos, o el colapso del abastecimiento de agua en barrios de grandes ciudades, van tapizando nuestra geografía de agresiones al medio ambiente y a las personas.

Todo desastre ambiental es a la vez un desastre social, que afecta principalmente a los más pobres que viven en forma cada vez más precaria.

Lo excepcional se va convirtiendo en rutina, con una sucesión ininterrumpida de incendios e inundaciones, de derrumbes por lluvias hasta sequías persistentes.

Crisis cultural y de alternativas

En quinto lugar, el modelo neoliberal ha multiplicado la cultura del individualismo, con su contracara que es el consumismo, con la consiguiente ruptura del vínculo social comunitario.

Sin comunidades que las contengan ni Estados-nación que las protejan, las camadas populares (indígenas, negros, mujeres, niñas, niños y ancianos pobres) buscan alternativas en las religiones que prometen la salvación inmediata de las almas o, en el mejor de los casos, en las organizaciones populares.

La crisis ética de las izquierdas está restando credibilidad y capacidad de acción a muchos movimientos de campesinos y trabajadores. Sólo los movimientos de mujeres y de algunos pueblos originarios se mantienen como referentes de resistencia anticapitalista.

Por último, la globalización y los grandes medios de comunicación nublan la comprensión difundiendo una cultura del inmediatismo, sobrecargando a las poblaciones con informaciones que no aportan ideas ni permiten comprender el contexto global, regional y local.

A pesar de que nos esforzamos por entender lo que está sucediendo, muchos tenemos enormes dificultades para orientarnos en medio de tanta bruma, de tanta confusión. Ya sea la que surge de la realidad del sistema o la que promueven los medios.

De los seis aspectos que he abordado sucintamente, hay dos que me parecen centrales para comprender los pánicos que dominan nuestras sociedades: la velocidad de los cambios y el fin del ancla comunitaria.

Aunque uno apunta a lo macro y el otro a lo micro, la combinación de ambos nos está dejando perplejos y solos, desconcertados y sin referencias en un mundo que amenaza arrastrarnos hacia abismos desconocidos.

Raúl Zibechi17 | 03 | 2020, 16:54

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Domingo, 15 Marzo 2020 06:11

Un fantasma recorre Europa, la recesión

Aeropuerto de Milán. Italia: aislamiento y parálisis.   ________________________________________ Imagen: AFP

El epicentro de la crisis económica también se mudó al Viejo continente 

El impacto de la actual catástrofe sanitaria amenaza golpear más en Europa que sobre China, desde donde se irradiaría al resto del mundo. Italia, al borde del abismo.

 

La crisis económica desatada por la pandemia del coronavirus parece seguir la misma trayectoria geográfica que la propagación del virus COVID-19: se originó en China, se expandió a varios países, pero es Europa la región que se ha convertido ahora en epicentro de la expansión del brote. Así como ocurre con la curva de contagios, que en China habría ya superado su pico y empieza a revertirse mientras que en Europa sigue trepando, las repercusiones en el plano económico siguen el mismo sendero. Un informe oficial del Ministerio de Industria de China indicó esta semana que, fuera de la provincia de Hubei, foco del brote del COVID-19, el 95% de las grandes empresas industriales y el 60% de las pequeñas y medianas del país ya han vuelto a la actividad (aunque no en su plenitud). En Europa, en cambio, la inestable economía italiana (la tercera en tamaño de la zona euro) ingresa aceleradamente en un proceso de recesión profunda, mientras que Alemania, España y el Reino Unido preveían una caída de magnitud en su actividad, ya antes de que Donald Trump anunciara el cierre del corredor aéreo entre Estados Unidos y la Europa continental. La amenaza de crisis ya no sólo tiene origen asiático. Y dependiendo de su duración y profundidad, la crisis podría mutar en catástrofe.

Las consecuencias económicas que provocará la paralización del transporte, la no concurrencia al trabajo, la retracción del turismo internacional, la caída del consumo de sectores de la población mundial "invitados" a no salir de su domicilio, es innegable. Hay, además, otros impactos que tienen que ver con "causas preexistentes" y que la crisis del coronavirus las elevó a la superficie. Lo que provoca el derrumbe de las bolsas, la cotización de las materias primas y la evaporación del efecto de políticas monetarias de los países centrales (baja de tasas en dólares y euros prácticamente a cero, casi sin respuesta en los mercados) es, también, la enorme fragilidad de un sistema financiero global que quedó herido de muerte con la crisis de 2008 y todavía sigue prolongando su agonía. Un factor externo, el COVID-19, ahora lo ha puesto en jaque. Y nadie puede asegurar que vaya a volver a "su" normalidad una vez que pase la amenaza del virus.

Otro ejemplo de "conflicto latente" fue el del petróleo. El derrumbe del precio fue atribuido al intento de la OPEP de encontrar un acuerdo para reducir la oferta de crudo, para enfrentar una demanda mundial en baja a raíz de la retracción de las compras de China, y así blindar al precio del barril de una previsible caída. Arabia Saudita hizo la propuesta y Rusia la rechazó. La respuesta saudí fue la menos esperada: como no logró el acuerdo ruso, salió a vender el crudo a precios de liquidación en los mercados habitualmente atendidos por Moscú para ganarle esos clientes. La consecuencia fue que se aceleró la caída del precio del petróleo, justo lo contrario de lo que originalmente buscaba, en apariencia, Arabia. La pandemia corrió el telón para dejar ver una crisis latente, una disputa no resuelta por el control del mercado petrolero. Se abrió, así, una guerra de precios que en el marco de la crisis del COVID-19 adquirió modos salvajes.

El derrumbe del precio del petróleo dejó en posición muy debilitada a países exportadores altamente dependientes de los dólares de ese recurso, como Venezuela y Ecuador en Latinoamérica. Otros países exportadores en la región, como México y Colombia, si bien no son tan dependientes del petróleo como los anteriores, también sufrirán el impacto en sus cuentas externas. Además, la caída del petróleo también contagió a otros commodities. Materias primas agrícolas (soja, trigo, maíz) y minerales (cobre) también vieron retroceder sus cotizaciones, no tanto por razones de oferta y demanda sino porque, desde principios de este siglo, estos mercados se manejan como derivados financieros con fuerte incidencia de los fondos especulativos, que son los que terminan definiendo el precio. En situación de incertidumbre y con el petróleo en baja, los fondos se desprenden de sus contratos a futuro en "valor soja" o "valor cobre" y se mudan a activos más seguros: bonos del Tesoro estadounidense o del Banco Central Europeo. Su rendimiento es casi nulo, pero su tasa de riesgo también.

Los que pierden son los países exportadores de esas materias primas que ven caer su valor. Es otra consecuencia nociva de la financiarización de la economía mundial: la especulación le maneja los valores a los países productores: cuanto más primarizados, más dependientes. Argentina (por la soja) y Chile (por el cobre) están entre los perdedores.

Algunas estimaciones oficiales prevén una pérdida de ingresos globales por 2 billones de dólares consecuencia de esta crisis (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo, Unctad). La misma Unctad estimó en 50 mil millones de dólares las pérdidas en producción manufacturera sólo en febrero. Del monto total de pérdidas globales, un cinco por ciento, 100 mil millones de dólares, se explicarían sólo por las pérdidas en el transporte aéreo (IATA, asociación internacional del sector). El otro rubro que recibirá duramente el impacto es el turismo internacional, porque no se trata de un desvío en los destinos para esquivar a las zonas más riesgosas, sino que en una gran mayoría de casos se tratará de proyectos de viaje de los cuales se desiste. Para algunos países que tienen al turismo como una fuente de ingresos importante, esto puede ser letal.

Europa saca cuentas. Italia, España, Francia, incluso Grecia, son grandes receptores de turismo mundial. Italia recibió en 2019 más de 125 millones de viajantes extranjeros, que dejaron en sus arcas más de 40 mil millones de euros en gastos. El turismo le aporta a la península el 13% de su PBI. Si este año recibe el 15% de los visitantes que llegaron el año pasado, Italia se dará por contenta. Pero no es sólo el turismo: todo el país está paralizado por la prohibición de movilidad y la economía se hunde en la recesión que ya empezaba a asomar antes de la pandemia.

Italia transita entre el estancamiento y la recesión desde hace 12 años. Con una demanda interna por debajo de los niveles de una década atrás, su actividad económica se sostenía apenas por el turismo y las exportaciones automotrices, de alimentos y ropa de diseño. La parálisis actual la afectará en todos los rubros. Italia es un caso a seguir y no sólo por lo dicho. Es, además, una de las economías más endeudadas: sus compromisos externos suman 2,4 billones de euros, el 135% de su PBI. Tiene vencimientos este año por 200 mil millones, que obviamente no estará en condiciones de honrar. Su situación podría derivar en una consideración global sobre las soluciones a implementar con países endeudados e imposibilitados de poder cumplir sus compromisos en el corto plazo.

El shock económico tendrá otra consecuencia que deberá ser abordada tarde o temprano. La demostración de la debilidad en que ha dejado el modelo neoliberal a los aparatos estatales para responder a situaciones de extrema gravedad. No será un dato menor que el sistema centralizado chino demuestre una capacidad de salir de la crisis que el modelo neoliberal europeo no logre equiparar. 

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Confirman la segunda curación de una persona con VIH  

Se trata de Adam Castillejo, venezolano popularmente conocido como “el paciente de Londres”  

Hace casi 30 meses se sometió a un trasplante de médula y a partir de allí no manifestó ningún rastro del virus. Aunque el estudio fue publicado en la revista The Lancet HIV, un experto del Conicet solicita cautela.

Adam Castillejo, de 40 años, es venezolano pero reconocido mundialmente como “el paciente de Londres”. Se sometió a un trasplante de médula ósea en 2016 porque también afrontaba un cáncer y desde hace 29 meses, pese a suspender el tratamiento antirretroviral, no registra ningún rastro de la infección del virus en su sangre. La investigación, llevada a cabo por el profesor Ravindra Kumar Gupta de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), fue publicada en la revista The Lancet HIV. En ella, el líder del trabajo plantea: “Nuestros hallazgos muestran que el éxito del trasplante de células madre como una cura para el VIH, reportada por primera vez hace nueve años en el paciente de Berlín, puede ser replicada”. Y completa: “solo se advierten restos fósiles de ADN viral y sin capacidad infecciosa”.

 “Aunque, efectivamente, la persona fue curada no es la solución para el VIH que todos queremos. Simplemente es una excepción a la regla, ya que en cualquier caso siempre es más riesgoso hacer un trasplante de médula ósea que tener el virus en la sangre. Desde el punto de vista de la investigación no hay nada concreto que nos permita afirmar que podemos curar a todos como le ocurrió a este”, afirma Horacio Salomón, Director del Centro Nacional de Referencia para el SIDA (Facultad de Medicina, UBA) e Investigador Superior del Conicet. Y continúa: “En la actualidad, con el tratamiento que se utiliza mundialmente –en general, tres drogas combinadas– las personas infectadas tienen una vida muy similar a la de que aquellas que no lo están. Es un logro médico muy importante. No obstante, tampoco es la solución porque deben tomar los medicamentos religiosamente, todos los días y con frecuencia suelen interrumpirse por diferentes motivos”.

El antecedente inmediato al que hace referencia Gupta había sido denominado “el paciente de Berlín” (2011) y en poco tiempo podría sumarse un tercero al que se lo conoce como “el paciente de Düsseldorf”. Usualmente, cuando se interrumpe el tratamiento, el virus aparece nuevamente durante las primeras semanas. Sin embargo, en Castillejo el rebote no se produjo porque los genes modificados que aportó el donante de la médula resisten al VIH y ello disminuyó las chances de infección del parásito. “Tanto el de Berlín como el de Londres están curados. Ahora bien, la pregunta es por qué en otros pacientes que recibieron el mismo trasplante de médula, con las mismas características, volvió a aparecer el virus”. Salomón lanza esta pregunta retórica y desarma la ecuación.

Castillejo había descubierto que tenía VIH en 2003, cuando apenas cumplía 23 años. En 2011, además, supo que había desarrollado un linfoma –tumor en el sistema linfático– al que debió enfrentar con quimioterapia y otras estrategias a las que se recurren de manera tradicional para mantener a raya a la enfermedad. Así transcurrió su adultez, entre el virus y el cáncer. De a ratos, su realidad se puso tan oscura que, según narra, pensó en quitarse la vida. En 2016, ante la falta de salidas, se sometió a una intervención quirúrgica de mucho riesgo, ya que solo entre el 40 y el 50% de las personas sobreviven al trasplante de médula. Por ello, fue empleada como último recurso y, afortunadamente, tuvo éxito.

En Argentina, la Fundación Huésped comandada por el referente Pedro Cahn, es una organización pionera en el estudio de VIH/sida. El tratamiento habitual, de cumplirse correctamente, asegura una “vida normal” para los pacientes; ya que si bien no promueve la cura es efectivo en relentecer la multiplicación del virus. Aunque Cahn ya está jubilado, desde principios de los noventas fomenta una línea de investigación para reducir el número de drogas suministradas. La premisa es clara: sostener su eficacia a partir del establecimiento de un régimen de no-inferioridad de dos drogas respecto a tres.

El estudio “Gardel” fue pionero al tratarse del primer ensayo que logró demostrar que con una menor cantidad de drogas se podían obtener resultados similares. Luego, esa línea fue continuada por “Paddle” (que comprobó la duración de los efectos benignos de los compuestos en los organismos) y “Andes”, que todavía está en curso. En los últimos exámenes se combinaron lamivudina (3TC), una droga muy económica, con darunavir/ritonavir. La respuesta obtenida tras 24 semanas de ser suministrada a los pacientes con VIH sin tratamiento previo, exhibió que la biterapia es igual de efectiva que el esquema tradicional (que también incluye tenofovir, un tercer fármaco). La utilización de menos drogas es favorable porque las personas consumen menos químicos y, con ello, se reducen los efectos adversos. La propuesta es más económica y requiere de una menor necesidad de monitoreo y control periódico por parte de los profesionales de la salud.

A nivel global, el Programa Conjunto elaborado por las Naciones Unidas (ONUSIDA) tiene como objetivo poner fin a la epidemia en 2030. No obstante, si bien se han obtenido resultados muy auspiciosos en el descenso de la cifra anual de infecciones en la población infantil causada por la transmisión de madre a hijo (de 290 mil en 2010 a 150 mil en 2015), el panorama en los adultos es más complejo. Desde 2010, la cifra de infectados se estacionó en 1,9 millones en todo el globo. En Argentina (según datos extraídos del Plan Estratégico Nacional 2013-2017, elaborado por la Dirección de Sida y ETS) viven alrededor de 120 mil personas con VIH: 4 de cada mil jóvenes y adultos tienen el virus, aunque el 30% de ellos desconoce su condición. Por eso, aunque el tratamiento antirretroviral se distribuye en forma gratuita en hospitales públicos para los pacientes que no gozan de cobertura, 1400 argentinos fallecen cada año.

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El área destinada a las mujeres en el sistema de transporte metro bus con muy pocas usuarias en comparación con su carga habitual. En video, El paro convocado por mujeres en Ciudad de México. Foto Hector Guerrero | Video EPV

La población femenina sigue el llamado de un paro nacional que ha provocado el cierre de escuelas y ha vaciado las calles y el transporte público

Las mujeres mexicanas secundan un histórico paro este lunes. Después de haber desbordado las calles de las principales ciudades del país con la multitudinaria manifestación del 8M, el país ha afrontado una huelga inédita de la población femenina. Los colectivos feministas hicieron un llamado a un paro que pretendía visibilizar a las mujeres mediante una ausencia que ha resultado tan masiva y notoria como la protesta del domingo. Es la primera vez que se ha puesto a prueba un acto de resistencia de esta naturaleza, que se ha convertido en una acción política y económica que resuma el hartazgo por la inseguridad y la brecha entre hombres y mujeres.

En Ciudad de México, el paro se ha sentido desde primera hora de la mañana. Las principales avenidas, colapsadas habitualmente por el ingente tráfico, lucían sin tránsito. Lo mismo sucedió en las estaciones del Metro, que transporta diariamente en promedio a 4.5 millones de personas. Los vagones de uso exclusivo de mujeres estaban casi vacíos en las horas pico.

Muy pronto se notó que la huelga rebasaba las redes sociales y comenzaba a concretarse. La convocatoria, que llamaba a las niñas y mujeres a ausentarse de escuelas y trabajos, pero también a no consumir en un gesto anticapitalista, encontró muchas voces dispuestas a seguirla. Las periodistas más escuchadas y vistas del país, como Carmen Aristegui, Denise Maerker o Gabriela Warkentin, anunciaron en sus informativos que seguirían la protesta. Las mujeres encargadas de dar el parte meteorológico en vestidos entallados desaparecieron de las pantallas de televisión. Las periodistas de EL PAÍS en México también se han sumado al paro convocado.

La Secretaría de Educación Pública (SEP), que cuenta con 1.3 millones de maestras (el 62% de la fuerza magisterial) dio carta blanca a las trabajadoras y prometió no sancionar a quienes se sumaron a la huelga. El llamado hizo que fuera imposible para centenares de escuelas abrir sus puertas este lunes.

Los bancos también tuvieron problemas para operar con normalidad. Citibanamex tuvo personal suficiente para abrir solo 400 sucursales de las más de 1.400 que tiene. BBVA México también ha informado que solo opera el 40% de sus oficinas.

La mañana del lunes, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha felicitado a las mujeres que tomaron las calles y rechazó que haya existido represión en Ciudad de México, como algunas voces sugirieron después del uso de gases lacrimógenos y de que la presencia de la policía capitalina entorpeciera el paso hacia el Zócalo, donde culminaba la protesta. “Considero que no debe llevarse a cabo ninguna acción en contra de las que actuaron con exceso. No queremos que se utilice como pretexto”, ha señalado el mandatario sobre el puñado de encapuchadas que hicieron pintas y algunos destrozos. “Es un movimiento de mujeres que legítimamente luchan por sus derechos y en contra de la violencia y los feminicidios, pero hay otra vertiente de quienes están en contra nuestra y lo que quieren es que fracase el Gobierno y que no pueda consumarse la Cuarta Transformación. Es el conservadurismo disfrazado de feminismo”, ha añadido López Obrador, quien se dijo sorprendido de la amplia cobertura mediática que tuvo la manifestación en la televisión. En su conferencia matutina se vieron varias sillas vacías y solo seis de las 35 reporteras que suelen asistir diariamente.

El paro de este lunes fue convocado por las Brujas del Mar, un colectivo feminista del Estado de Veracruz, la entidad que más feminicidios registró en 2019. El 18 de febrero, el grupo publicó en Facebook: “Si paramos nosotras, para el mundo. Unámonos a esta protesta simbólica, paralicemos nuestras actividades por un solo día para que se den cuenta que están dejando en el olvido al 52% de la población”. Las redes sociales sirvieron de altavoz. El mensaje fue compartido más de 35.000 veces en los días siguientes.

Algunos sectores simpatizantes del Gobierno de López Obrador intentaron vincular a una mujer del colectivo con grupos conservadores. Esto generó una respuesta al interior del Gobierno de izquierdas, que comenzó a considerar la protesta un gesto de oposición directa contra el presidente. Esto encendió un debate en el grupo de WhatsApp que tienen las siete secretarias de Estado y donde la encargada de Energía, Rocío Nahle, es una de las más activas.

La discusión interna entre las mujeres del Gabinete y la Administración que respaldan el paro y otras que lo consideran una espada de Damocles sobre la cabeza presidencial se zanjó el viernes. Las mujeres del Gobierno ofrecieron un mensaje de unidad que avaló la protesta y corrigió momentáneamente las críticas que había recibido López Obrador sobre su postura sobre el movimiento feminista y el combate a los feminicidios. La Secretaría de Gobernación (Interior) informó este lunes que la ministra Olga Sánchez Cordero sí acudió a laborar “con sororidad”. El paro sí fue secundado en otras secretarías, como la de Cultura, donde la secretaria Alejandra Frausto y dos de sus subsecretarias sí se ausentaron.

Las patronales han respaldado la protesta y han pedido a las empresas solidarizarse con las empleadas. La medida encontró también eco en bancos y grandes compañías que están lejos de tener satisfactorias condiciones de equidad. Muchos han tratado de cifrar el impacto que podría tener el paro en un país donde las mujeres representan el 45,5% de la fuerza laboral y son responsables del 37% del PIB. Un analista de Grupo Financiero Banorte aseguró a la periodista Bárbara Anderson que si el 100% de las mujeres trabajadoras pararan esto representaría alrededor de 23.400 millones de pesos, unos 1.100 millones de dólares. La cifra real podría ser mayor, pues el 60% del trabajo informal lo hacen las mujeres.

México - 09 Mar 2020 - 11:06COT

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Las mujeres y su lucha en defensa del ambiente

Hace cuatro años en su casa asesinaron a balazos a Berta Cáceres. Tenía 44 años. Durante una década encabezó en Honduras la lucha contra la empresa Desarrollos Energéticos, empeñada en construir la represa Agua Zarca en el río Gualcarque, sagrado para la cultura lenca. La noticia del crimen dio la vuelta al mundo y obligó a las autoridades hondureñas a investigar a los asesinos intelectuales y materiales. Un alto ejecutivo de dicha empresa, Roberto Castillo, fue arrestado por participar en la planeación del crimen. Otros 10 implicados fueron detenidos, entre ellos integrantes del ejército. Un equipo internacional de abogados afirmó que el asesinato de Cáceres lo planearon durante meses y que involucraba a empleados de la compañía, personal de su seguridad y agentes del Estado.

Berta era maestra y en 2015 fue galardonada con el Premio Medioambiental Goldman. Durante su vida recibió numerosas amenazas y protestó contra los asesinatos de otros luchadores sociales. En julio de 2017, la empresa anunció que como “gesto de buena voluntad” suspendía la construcción de la represa. Los ejecutivos de más alto rango de la hidroeléctrica son miembros de la poderosa familia Atala Zablah, ligada al gobierno y las finanzas internacionales. Ello explica por qué sólo siete sicarios fueron condenados por el crimen. Los peces gordos, siguen libres. Honduras es el país más mortífero en el planeta para activistas ambientales. Le siguen Brasil, Filipinas y Colombia. El año que mataron a Berta, asesinaron a dos integrantes de su asociación y a otros 11.

Casi 10 por ciento de las víctimas por causas ambientales son mujeres, en especial indígenas. Son las más vulnerables a la violencia que patrocinan los intereses económicos coludidos con la clase dirigente en América Latina, Asia, África y Oceanía. El número de asesinadas crece cada año y los que movieron las manos criminales gozan de impunidad en la mayoría de los casos.

Por ejemplo, Emilsen Manyoma, en Colombia, quien defendió los derechos de su comunidad frente a proyectos agrícolas y mineros; en Filipinas, y también por minería, Leonela Tapdasan; y en Guatemala, Laura Vásquez. Es común calificar a muchas defensoras del ambiente como terroristas. Sólo luchan pacíficamente por la integridad de las tierras donde viven.

Es lo que sucede en Brasil, donde sicarios al servicio de los consorcios agroexportadores, mineros, hidráulicos y madereros, actúan impunemente en la Amazonia. La última década fueron asesinados unos 300 defensores medioambientales; en la mayoría de las veces se trató de indígenas, entre ellos decenas de mujeres. Apenas 14 casos fueron juzgados. El asedio se agravó con la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro.

Las mujeres han logrado trascender fronteras por defender la naturaleza: la inglesa Ingrid Newkirk, fundadora de Personas para el Trato Ético de los Animales. Dian Foosey, cuyo trabajo en Ruanda y Congo en pro de los gorilas de montaña se plasmó en la película Gorilas en la niebla. La Nobel de la Paz Wangari Maathai, impulsora de la reforestación en Kenia y de puestos de trabajo para las mujeres. La hindú Vandana Shiva, defensora de la biodiversidad y la bioética. Jane Goodall, estudiosa de los chimpancés en Tanzania. La canadiense Sheila Watt-Cloutier, defensora del pueblo Inuit y el Ártico. O la costarricense Xinia Herrera, por conservar la biodiversidad de su país.

En México las mujeres destacan en la formación de los primeros grupos ecologistas, desde Baja California hasta la Península de Yucatán. Las autoridades al servicio de los intereses empresariales las han combatido y, con frecuencia, descalifican sus luchas por el agua limpia y los bosques; por denunciar los daños que causa la minería y la ocupación caótica de la franja litoral. Las matan, como a Betty Cariño, Juventina Villa y Fabiola Osorio. Fundamentales para conservar la biodiversidad y la seguridad alimentaria, las mujeres que viven en el medio rural de México padecen una profunda desigualdad y son víctimas del patriarcado tradicional. Ellas requieren apoyo prioritario. No lo olvidemos hoy y siempre.

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El feminismo marca el paso de la política de América Latina

Los feminicidios, la violencia de género y el aborto convocan a miles de mujeres a la lucha el 8-M más latino

La revolución será feminista o no será. Nunca como ahora, el colectivo que lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en América Latina se había puesto tan al servicio de esta frase, que se corea en manifestaciones por todo el mundo. Las feministas están marcando el paso a los gobiernos de México, Chile, Argentina, en ocasiones con la ayuda de los propios mandatarios, cuyas torpezas han engordado en los últimos meses el enfado y el activismo. Finalmente, la presión en la calle, a las puertas mismas de sus palacios presidenciales, les están obligando a rectificar sus palabras y enderezar sus políticas.

Hace apenas unas horas que el presidente chileno, Sebastián Piñera, con un país que todavía vive entre las cenizas calientes de las pasadas revueltas ciudadanas, soltó una de sus frases más imprudentes en la peor semana: “No es solamente la voluntad de los hombres de abusar, sino también la posición de las mujeres de ser abusadas”. La ministra de la Mujer, Isabel Pla, y la mujer del presidente, Cecilia Morel, trataron de inmediato de corregir aquel desatino. Inútilmente, máxime tratándose de un presidente famoso por sus bromas machirulas. El feminismo camina con fuerza entre las reformas constitucionales más ambiciosas planteadas en décadas en este país.

Argentina enfrenta estos días una ley de interrupción del embarazo largamente reclamada por las mujeres. Alrededor de medio centenar de embarazadas mueren cada año en este país debido a abortos clandestinos, unas cifras escalofriantes que el Gobierno dejó de publicar en 2016. Cerca de 50.000 son hospitalizadas cada año por complicaciones al tratar de interrumpir su embarazo. 2.350 niñas menores de 14 años fueron madres y 87.000 bebés nacieron de madres menores de 20 años. El recién elegido Alberto Fernández enarboló el aborto en su campaña y en breve enviará la ley al Congreso. Los aplausos ante este anuncio fueron largos dentro y fuera del Congreso. Los pañuelos verdes, que popularizó Argentina para exigir un aborto libre y seguro, ya encuentran eco en el poder.

México ha convocado para el 9 de marzo una huelga de mujeres que algunos destacados miembros del poder se han apresurado a apoyar tras varias meteduras de pata en las semanas precedentes que les han costado algún disgusto. Las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre feminismo han tenido el efecto de un palo en un avispero. En este país matan a un promedio de 10 mujeres cada día y el machismo es patente en numerosos ámbitos de la vida, a pie de calle. Las medidas reclamadas no acaban de llegar, pero la furiosa llamada de las tropas moradas ante el Palacio del gobierno han cambiado el discurso y la diligencia policial antes los últimos feminicidios, que en otras ocasiones se tomaban como un mal casi inevitable.

Latinoamérica tiene problemas similares: altas tasas de feminicidios, una impunidad judicial sonrrojante, violencia de género muy extendida, secuestros y desapariciones de mujeres y niñas, muertes por abortos clandestinos, difícil acceso a la salud obstétrica y una pobreza que, como en todo el mundo, se ceba con la población femenina. Con este panorama, el machismo sutil contra el que luchan en otras zonas del mundo no es la prioridad en esta. Aquí el machismo mata en grandes dosis y para combatir eso están alzando sus voces estos días las mujeres latinoamericanas. No en todos los países el viento sopla a favor de la igualdad, pero sí parece que este 8-M tendrá sabor latino. Así enfrentan las tropas moradas del Día Internacional de la Mujer.

 

CHILE. Una Constitución con perspectiva feminista

El feminismo tiene veteranía en este país. El domingo se esperan multitudinarias marchas. La potencia del movimiento feminista ha sido punta de lanza de las revueltas que mantienen al poder contra las cuerdas desde hace cuatro meses y que exportó al mundo Un violador en tu camino, el himno global contra la violencia sexual hacia las mujeres, compuesto por el colectivo feminista Lastesis. Nuevamente, miles de mujeres de países lejanos y lenguas diferentes corearán el violador eres tú en un grito conjunto contra el patriarcado.

“El movimiento feminista ha sido siempre un impulsor de la revuelta social”, explica la escritora Alia Trabucco en referencia al mayo feminista de 2018 en Chile, cuando las estudiantes universitarias paralizaron las clases durante semanas exigiendo una educación no sexista. Para la autora de la novela La resta, cuando se desataron las movilizaciones de octubre pasado, “el feminismo ya estaba articulado y, de hecho, ha sido uno de sus protagonistas”. “Es importante no separar la revuelta social del movimiento feminista”, analiza la escritora.

Este 8-M encontrará también a Chile en pleno proceso constituyente que, según determinó este miércoles el Parlamento, será paritario.‪ El 26 de abril próximo, Chile definirá en un plebiscito si reemplaza la Constitución de Pinochet de 1980 y, de hacerlo, el órgano que estará encargado de redactar una nueva Carta Fundamental. La convención, según determinó hoy el Congreso, será paritaria entre hombres y mujeres, lo que fue celebrado esta tarde por las congresistas vestidas de camisetas moradas. “Es necesario instalar el proceso constituyente desde una perspectiva feminista, lo que no solamente tiene relación con la paridad, sino con una discusión de fondo de los contenidos de una Constitución para que efectivamente incorpore una dimensión que resguarde los derechos de las mujeres y disidencias sexuales”, explica Sofía Brito, egresada de Derecho de la Universidad de Chile, activista de la Asamblea Feminista Plurinacional, cuya denuncia por acoso sexual y laboral a un académico de su facultad fue un emblema dentro de las paralizaciones de las estudiantes universitarias de 2018.

Para Brito, “la Constitución de 1980 ­–donde la palabra mujeres solo aparece una vez en el texto– siempre ha permitido y amparado un sistema en el que se nos ha instalado como ciudadanas de segunda categoría”.

Lorena Astudillo, portavoz de la Red chilena contra la violencia hacia las mujeres, valora los avances que pueda lograr una nueva Constitución, pero apunta los problemas de fondo de una cultura machista incrustada hace siglos en la sociedad: “Si se aprueba una nueva Constitución no significará que al día siguiente nos van a dejar de violentar, por lo que la lucha que tenemos por delante es larga”.

 

ARGENTINA. El triunfo de los pañuelos verdes

En Argentina, el gran objetivo de los movimientos feministas para este 8-M es dar el último empujón a la legalización del aborto, algo que presumiblemente se apruebe este año. “Por la autonomía de nuestros cuerpos y contra los fundamentalismos religiosos” es el lema de la convocatoria del colectivo Ni Una Menos para el Día Internacional de la Mujer, una jornada en la que han convocado a las mujeres a una huelga contra la explotación y la precariedad laboral y el “trabajo gratuito de cuidados”. El lunes 9 de marzo celebrarán una concentración frente al Congreso para exigir al Poder Legislativo que vote a favor de una ley de plazos.

“Nos enfrentamos a las iglesias que quieren gobernar nuestras vidas, cuerpos e identidades y porque no aceptamos que el Vaticano siga impidiendo el derecho al aborto legal, seguro y gratuito”, señala el manifiesto de Ni Una Menos. Es una respuesta a la misa anunciada por la jerarquía católica argentina para el mismo 8 de marzo bajo el lema “Sí a las mujeres, sí a la vida”.

Las convocatorias antagónicas anticipan la pelea que se librará en las calles cuando el Congreso debata el proyecto legislativo sobre la interrupción voluntaria del embarazo.

Poner freno a la violencia machista y a su forma extrema, el feminicidio, será otra de las reivindicaciones del próximo 8 de marzo en Argentina. En los dos primeros meses del año, 63 mujeres han sido asesinadas, en su mayoría por sus parejas o exparejas, según datos extraoficiales.

 

MEXICO. A la huelga

El feminismo en México vive momentos de alta reivindicación en la calle. Las sobrecogedoras cifras de feminicidios, unas 10 mujeres asesinadas al día, no han conseguido que la población se acostumbre al horror y guarde silencio. Dos de los últimos crímenes, sacudieron de nuevo la indignación popular y han interpelado con fuerza al Gobierno sobre las políticas contra la violencia de género y la impunidad, alrededor del 90%, en que se disuelven estos casos. La prioridad es tan manifiesta, que ha situado en un segundo plano otras reclamaciones y ha contribuido a que los feminismos mexicanos hablen con una sola voz, al menos por unos días.

El país vivirá, con mayor o menor éxito, una huelga de mujeres el 9 de marzo, bajo el lema El nueve nadie se mueve. Prueba del vigor que vive el movimiento, ha bastado la convocatoria al paro de una joven organización, las Brujas del Mar, desde el Estado de Veracruz, para que las redes hayan extendido la pólvora en unos pocos días.

El gobierno se ha visto obligado a rectificar, a veces con nuevas torpezas, los desatinos cometidos al expresarse sobre la lucha de las mujeres. Prueba de los pasos inciertos que da el Ejecutivo sobre la agenda feminista es el movimiento pendular de la mujer del presidente, Beatriz Gutiérrez, en sus cuentas de Internet: primero apoyó la huelga con un mensaje y a las pocas horas dejó de apoyarla con otro al contrario.

Si se tienen en cuenta las últimas manifestaciones de las mujeres en Ciudad de México, cabe aventurar que la del 8-M será nutrida y no estará exenta de algunos altercados contra el mobiliario urbano, ante la contención de las fuerzas policiales. La ira es uno de los motores que imprime fuerza a la lucha feminista en México. A la ola de mujeres en la calle seguirá el posible silencio del lunes. Un día sin nosotras es la etiqueta que ha llamado a las mujeres a permanecer en la casa, a no salir a la calle, ni a la compra, ni al trabajo. Tratan de dramatizar un mundo en el que a cientos de mujeres las hacen desaparecer de un momento a otro o las recluye en casa al caer el día. Lo que algunas han criticado como una renuncia de las mujeres a ocupar legítimamente el espacio público el lunes, en México cobra otro significado. Pero cualquier significación quizá quede desvirtuada por la rifa del avión presidencial, que se celebrará ese día. No es la primera vez que la aeronave enturbia la lucha contra la violencia de género.

 

VENEZUELA. Las mujeres, “a parir”

“¡A parir, pues, a parir. Todas las mujeres a tener seis hijos!”. Con esta arenga, que recuerda a la España nacionalcatólica de Franco o a cualquier otra dictadura del estilo, recibe el presidente venezolano, Nicolás Maduro, el Día Internacional de la Mujer.

Las venezolanas, mujeres, adolescentes y niñas, viven al límite. La lucha feminista en este país sudamericano se libra contra todo, contra una profunda crisis política, económica y social, en medio de una situación de emergencia que ha obligado al despliegue de equipos humanitarios. En la pobreza, las mujeres llevan la peor parte.

La Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, lo destacó el año: en ese contexto, las venezolanas están más expuestas a otros daños colaterales como la trata sexual y la separación familiar, la privación alimenticia para darle de comer a los hijos y el riesgo de morir al parir en hospitales sin insumos, tras embarazos que no pudieron controlar ni evitar por el desabastecimiento de métodos anticonceptivos, lo que ha llevado a un repunte de la mortalidad materna que se mantiene en la opacidad como otras cifras, incluidas las de los femicidios.

Este 8 de marzo los grupos feministas exigirán cifras oficiales de feminicidios y justicia. Pero no hay grandes marchas ni paros convocados, solo protestas en redes sociales para visibilizar los datos de violencia, que se están incrementando, según las activistas. La desconfianza en conseguir algo del Estado desmoviliza, pero de nuevo es la situación de emergencia social, la subsistencia, la que impide a miles de mujeres una lucha más activa por sus derechos.

 

COLOMBIA. El aborto sigue estancado

El aborto, uno de los objetivos clásicos de la agenda feminista, es también este año el objetivo más visible en Colombia. La interrupción del embarazo solo es legal en caso de violación, malformación fetal, o peligro para la salud física o mental o la vida de la mujer. La semana no empezó con buenas noticias para el colectivo. La Corte Constitucional se puso de perfil ante una demanda de una abogada antiaborto que buscaba la penalización total. El El presidente de la Corte Constitucional, Alberto Rojas declaró: “Se concluyó que no resultaba viable jurídicamente volver a analizar la constitucionalidad de la norma acusada. Debe tomarse en consideración que en casos en los que se discute la existencia de cosa juzgada, al existir una decisión previa en relación con el texto normativo demandado, el Tribunal debe ser mucho más exigente en el cumplimiento de los requisitos de la demanda debido a que deben existir razones poderosas que justifiquen que se vuelva a analizar una norma que ya fue objeto de control de constitucionalidad”. La decisión sobre inhibirse acerca del aborto la apoyaron 6 magistrados y 3 votaron en contra.

Uno de los magistrados, Alejandro Linares, propone que el aborto sea libre hasta la semana 16 y después si se dan solo alguno de los tres casos mencionados, o sea, una ley de plazos a la europea. La realidad, dice el magistrado en su ponencia, es que el delito de aborto, que otorga penas uno a tres años de cárcel para las mujeres, “carece de eficacia”, es innecesario y se constituye en una forma de castigo social para las mujeres. Pero la batalla política no va a cesar.

La situación de violencia sexual y los feminicidios siguen siendo otro de los desafíos del gobierno de Iván Duque. Entre enero y octubre de 2019, fueron asesinadas 799 mujeres en Colombia. Además, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer ha expresado su preocupación por la diferencia salarial en Colombia por razón de género pues las mujeres continúan ganando menos que los hombres, con una brecha salarial del 19%. Igualmente, el 13,1% de las mujeres están desempleadas, comparado con el 8,1% de los hombres”.

 

BRASIL. Las invisibles políticas de género

Las movilizaciones feministas que sacuden América Latina no han llegado a Brasil, como tampoco llegaron las protestas sociales. La desigualdad de género no está, en ninguna de sus múltiples formas, entre los grandes asuntos del debate público o político pese a que existen datos desgarradores: cada hora de 2018 fueron violadas cuatro niñas menores de 13 años, según el Anuario de la Seguridad Pública. Son más de 35.000 menores que quién sabe si superarán el trauma. Es un dato eclipsado por el torrente de polémicas que protagoniza el presidente, Jair Bolsonaro, un misógino notable, y la extendida preocupación por la salud de la democracia brasileña.

Aunque el feminismo gana espacio pasito a pasito y el não é não contra el acoso sexual ha sido una de las proclamas más populares de este Carnaval, con la ministra de Mujer y Familia, la pastora evangélica Damares Alves, animando a denunciar ante la policía, la violencia machista recibe escasa atención, aunque mucha más que antes. Los feminicidios han aumentado un 7% en un momento en que los asesinatos en general, las violaciones y otros delitos disminuyen.

Más de 1.300 feminicidios se contabilizaron el año pasado según los datos recopilados por el diario Folha de S.Paulo. Aunque Brasil tiene 210 millones de habitantes y es uno de los países más violentos del mundo, son más de tres mujeres asesinadas al día por el mero hecho de ser mujeres. A falta de una definición consolidada de feminicidio, la cifra puede ser una subestimación.

En un Brasil aún exhausto por las grandes protestas de los últimos años, el poder adquirido por las Iglesias evangélicas y su ideario ultraconservador se refleja en los múltiples proyectos legislativos que avanzan sin hacer mucho ruido en los Parlamentos estatales para limitar el derecho al aborto, legal solo en tres supuestos. Una acampada hostigó durante semanas a las pacientes que acudían a un hospital público de referencia para abortos legales en São Paulo.

De la ministra Alves, muy popular entre el electorado más pobre y conservador, se suele destacar que es pastora evangélica, pero también es una superviviente de abusos sexuales que ha colocado ese asunto entre sus prioridades junto a la defensa de la vida y de la familia tradicional. Recientemente protagonizó una polémica cuando su ministerio admitió que pretendía considerar la abstinencia sexual como política pública de prevención de los muy extendidos embarazos juveniles.

 

NICARAGUA. El feminismo amordazado

“Todo está por hacerse en materia de reconocimiento y efectivo ejercicio de los derechos de las mujeres en Nicaragua”, dice María Teresa Blandón, una de las feministas de mayor trayectoria en Nicaragua. Aunque para las feministas la mejor manera de reivindicar sus demandas este 8-M sería salir a las calles a protestar, el ejercicio ciudadano de la libre movilización está confiscado por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, en especial después de que se impuso un estado policial tras las protestas sociales de abril de 2018.

El movimiento feminista ha sido siempre el movimiento social más beligerante en Nicaragua. Sin embargo, desde que Ortega retornó al poder en 2008, el régimen ha atacado a las mujeres. El gobierno sandinista –que se presenta como de izquierda– inició penalizando el aborto terapéutico para congraciarse con la Iglesia católica, en un contexto político en el que necesitaba la bendición política del clero. Luego, arremetió contra las feministas que protestaban por la penalización, y demandaban un compromiso real para erradicar la violencia machista. Finalmente, se aprobó una ley para castigar la violencia de género, pero pronto fue debilitada por el gobierno, permitiendo la mediación con los agresores.

La vicepresidenta Rosario Murillo gusta decir que son un gobierno ejemplo para el feminismo por la paridad, aunque en la práctica las mujeres en esos puestos tienen nulo poder decisión. Se limitan a obedecer –como el resto de funcionarios públicos—las órdenes de presidencia.

Antes del regreso de Ortega al poder, las mujeres marchaban el 8-M en Nicaragua. Sin embargo, la posibilidad de manifestación para las feministas cambió radicalmente a partir de 2015. Se inauguró la práctica de colocar decenas de policías antimotines -con mujeres en primera fila-, obligando a las mujeres y jóvenes a permanecer en un solo punto no mayor a 100 metros.

“A partir del 2018 ya sin ningún tapujo, el régimen Ortega-Murillo prohíbe cualquier tipo de marcha. El año pasado las organizaciones feministas nos vimos obligadas a realizar una conmemoración bajo techo, y hasta ahí llegaron los antimotines para impedir cualquier tipo de movilización”, relata María Teresa Blandón. 2020 no será la excepción. La situación de la represión y suspensión de facto del derecho a la libertad de expresión y de movilización no ha variado.

Las feministas sobre todo urgen la despenalización del aborto aún en los límites de las 3 causales: salvar la vida de la madre, violación y malformaciones grave del feto. Según los movimientos de mujeres, en Nicaragua falta educación sexual integral en los colegios, una reducción de la pobreza que dote de empleos decentes a las mujeres, y el acceso a las tierras para las campesinas.

 

Con información de Rocío Montes, Mar Centenera, Carmen Morán Breña, Florantonia Singer, Catalina Oquendo, Naiara Galarraga Gortázar y Wilfredo Miranda.

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Julio Roberto Vargas Malagón, alcalde Cajamarca.

La comunidad y organizaciones sociales de Cajamarca impulsaron la consulta popular en marzo de 2017, con cuyo triunfo obligaron a la multinacional Anglo Gold Ashanti a salir del territorio, cerrando el proyecto La Colosa. Después de la consulta se abrió un debate político y jurídico de carácter nacional que problematiza el modelo de desarrollo del país. El alcalde en ejercicio para el periodo 2019–2022 representa al movimiento que se opuso a la minería, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta esta administración?

 

Cajamarca es un pueblo de campesinos ubicado en la Cordillera Central andina; por su potencial natural y ambiental es considerado como el municipio la despensa agrícola de Colombia. Entre el año 2005-2006, con el auge extractivista internacional experimentado en Sur América, el municipio vivió la llegada de la multinacional Anglo Gold Ashanti, la cual impulsó el proyecto “La Colosa”, uno de los megaproyectos mineros de oro más grandes del mundo.

Opuestos a tal pretensión, por las nocivas consecuencias que el desarrollo de un proyecto tal conlleva para un territorio y quienes lo habitan, un grupo de ciudadanos y organizaciones sociales del municipio tolimense comenzaron a plantear el debate sobre el modelo de desarrollo del municipio y las consecuencias y efectos naturales y culturales de la minería a cielo abierto.

Sus esfuerzos de todo orden para obligar a la multinacional a salir de su municipio les abrieron dilemas, de ahí que en el 2010 tomaran la decisión de participar electoralmente, sin resultados notables; en el 2015 llevaron a 3 integrantes del movimiento al concejo. Para Julio Roberto Vargas, actual alcalde de Cajamarca, fue gracias a estos concejales que en el año 2016 se aprobó la realización de la consulta popular sobre el tema minero.

La consulta fue una de las primeras en el país en decirle no a la minería: 6.165 cajamarcunos frenaron los intereses extractivistas. Posterior a esta victoria, en las elecciones del 2019 la ciudadanía llevó a un integrante del movimiento ambiental a dirigir como alcalde los destinos del municipio a lo largo de los siguientes 4 años, triunfo obtenido con 5.130 votos, igual al 50.11 por ciento del total de los sufragios contabilizados, doblando al candidato de la política tradicional apoyado por la multinacional.

Hoy los habitantes de Cajamarca tienen la esperanza de que la región cambiará, y que el quehacer del nuevo gobierno girará alrededor de la defensa del territorio, el agua y la vida.

desdeabajo tuvo la oportunidad de conversar con Julio Roberto Vargas, quien nos comentó algunos de los retos fundamentales de su gobierno, como también su visión de lo que implica, en este momento del país, ser elegido y decidir sobre el presente y el futuro del municipio en materia de uso y vocación del suelo.

desdeabajo (da). ¿Cuáles son las organizaciones en las que ha participado y qué papel espera que estas cumplan en su gobierno?
Julio Roberto Vargas (JRV). Vengo del movimiento ambiental y campesino. Acá en Cajamarca se encuentra el Comité ambiental y campesino de Cajamarca y Anaime, el cual es un espacio donde confluyen diferentes organizaciones socioambientales, con una agenda en común que también se articula al comité ambiental del departamento del Tolima y el movimiento ambiental a nivel nacional.
En esta alcaldía buscamos que el movimiento ambiental organizado ayude a construir las políticas públicas en materia ambiental y de desarrollo social del municipio, que tengan voz y voto, que tengan capacidad de articular procesos, jalonar recursos y construir una línea de desarrollo económico armonizadas con la naturaleza y las comunidades.

da. ¿Qué ha pasado con respecto al intento de limitar las consultas populares en el país y todo este debate abierto alrededor del uso y vocación de suelo?
JRV. Cuando se realizó la consulta popular, desde el gobierno nacional y todos los sectores minero energéticos del país, empezaron a decir que los municipios no tenían autonomía para decidir el uso y vocación del suelo en temas mineros, sin embargo esto lo dice el gobierno nacional pensando en los intereses de los grandes conglomerados mineros. Como comunidad y municipio Nosotros nos aferramos a la Constitución y a la ley, que nos dice que los municipios sí tenemos la autonomía territorial para tomar decisiones sobre el uso y vocación del suelo, y nosotros, los cajamarcunos, los campesinos, los amantes de la vida, decidimos que Cajamarca siga siendo la despensa de Colombia, siga siendo la estrella hídrica del departamento del Tolima.

El debate continúa. El sector minero a nivel nacional busca tumbar las consultas populares, busca deslegitimar las decisiones del pueblo, y como alcalde y representante de la comunidad tengo el deber de defender los derechos colectivos y ambientales de la población cajamarcuna, defender el derecho constitucional que tiene la comunidad a tomar decisiones sobre su territorio, promoviendo en todo momento la democracia participativa e incluyente.

da. ¿Qué papel juega en la región y el país su elección como alcalde de Cajamarca?
JRV. En este momento somos la única alcaldía en el departamento del Tolima con un alcalde alternativo y que hace parte de los movimientos sociales. Esto implica políticamente que una alcaldía y una comunidad están dando un debate al país y al gobierno nacional sobre el desarrollo del país. La experiencia de Cajamarca es la mezcla entre movimientos sociales y la administración pública, que tiene una política alternativa, independiente y busca transformar las comunidades con la participación directa de las mismas.

da. ¿Qué tienen proyectado realizar para generar una propuesta alternativa de desarrollo para el municipio que no implique la minería?
JRV. Vamos a profundizar en mejorar todos los sistemas de comercialización de los productos agropecuarios del municipio. Vamos a abrir una línea de exportación de productos agropecuarios hacia Europa y Estados Unidos, así mismo vamos a hacer una apuesta bastante grande en el tema del turismo comunitario en el municipio; hoy tenemos en el territorio los bosques naturales de palma de cera, somos vecinos del volcán cerro Machín –que es el segundo volcán más activo del mundo–, tenemos el páramo del Chiní por todo el cañón de Anaime, tenemos tres ríos que nacen en el municipio (Anaime, Bermellón y Toche), entonces vamos a impulsar el turismo como alternativa de desarrollo municipal.

Otros temas fundamentales, en torno a la cultura, son la creación de la casa de la cultura del municipio, el impulso del festival nacional de música campesina y el museo de antropología; pero también hay temas importantes como la agricultura limpia, mejoramiento de vías terciarias, salud, educación, entre otros.

da. ¿Cómo piensan construir una alcaldía realmente alternativa para el municipio y cómo se puede proyectar esto a nivel nacional?
JRV. Estamos apostando a una transformación estructural en la comunidad cajamarcuna, en la forma de hacer política y generar el desarrollo. Estamos apostando a empoderar a las comunidades. Las JAL, organizaciones sociales, cooperativismo, asociatividad y unidad de la comunidad tienen un protagonismo importantísimo. Lo que queremos es hacer un buen gobierno, y esto implica que los recursos públicos van a ser bien invertidos en obras sociales, proyectos productivos, culturales y educativos.

Invitamos a que todos los movimientos sociales y ambientales de Colombia sigamos construyendo una agenda en común. La unidad de todos los sectores alternativos y sociales del país es la que va a permitir transformar esas condiciones de desigualdad y desequilibrio en la que se encuentra nuestra sociedad. Necesitamos cambios profundos, necesitamos que los movimientos sociales se enraícen en las comunidades, que las empoderen y que se empoderen de los procesos políticos, que la política no la vean como los tradicionales sino como una oportunidad para servir y transformar con las comunidades las condiciones de vida.

 

 

 

Publicado enEdición Nº265