Domingo, 17 Marzo 2019 06:17

Los modos de producción de ignorancia

Los modos de producción de ignorancia

Escribí hace mucho tiempo que cualquier sistema de conocimientos es igualmente un sistema de desconocimientos. Hacia dondequiera que se orienten los objetivos, los instrumentos y las metodologías para conocer una realidad dada, nunca se conoce todo sobre ella y queda igualmente por conocer cualquier otra realidad distinta de la que tuvimos por objetivo conocer. Por eso, y como bien vio Nicolás de Cusa, cuanto más sabemos, más sabemos que no sabemos. Pero incluso de la realidad que conocemos, el conocimiento que tenemos de ella no es el único existente y puede rivalizar con muchos otros, eventualmente más corrientes o difundidos.


Dos ejemplos ayudan. Primer ejemplo: en una escuela diversa en términos etnoculturales, el profesor enseña que la tierra urbana o rural es un bien inmueble que pertenece a su propietario y que este, en general, puede disponer de ella como quiera. Una joven indígena levanta el brazo y comenta al profesor: "Profesor, en mi comunidad la tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra". Para esta joven, la tierra es la Madre Tierra, fuente de vida, origen de todo lo que somos. Es, por tanto, indisponible. Segundo ejemplo: durante un proceso electoral en una determinada circunscripción de una ciudad europea donde es mayoritaria la población romaní (vulgarmente llamada gitana), los colegios electorales identifican individualmente a los electores censados. El día de las elecciones, la comunidad romaní se presenta en bloque en los centros de votación reivindicando que su voto es colectivo porque colectiva fue la deliberación de votar en cierto sentido o a favor de cierto candidato. Para los romaní no hay voluntades políticas individuales autónomas en relación con las del clan o la familia. Estos dos ejemplos muestran que estamos en presencia de dos concepciones de naturaleza (y propiedad), en un caso, y de dos concepciones de democracia, en el otro.


Frente a la diversidad de conocimientos y desconocimientos, hay tres modos de producción de ignorancia. El primer modo (llamémosle modo 1) reside precisamente en atribuir exclusivamente a un modo de conocimiento el monopolio del conocimiento verdadero y riguroso y despreciar a todos los demás como variantes de ignorancia, sean ellas opiniones subjetivas, supersticiones, atavismos. Este modo de producción de ignorancia sigue siendo el más importante, sobre todo desde que la cultura eurocéntrica (una cierta comprensión de ella) tomó contacto profundo con culturas extraeuropeas, especialmente a partir de la expansión colonial moderna. A partir del siglo XVII la ciencia moderna se consolidó como poseedora del monopolio del conocimiento riguroso. Todo lo que está más allá o fuera de él es ignorancia. No es este el lugar para volver a un tema que tanto me ha ocupado. Solo diré que el modo 1 produce un tipo de ignorancia: la ignorancia arrogante, la ignorancia de quien no sabe que hay otros modos de conocimiento con otros criterios de rigor y detenta el poder suficiente para imponer su ignorancia como única verdad.


El segundo modo de producción de ignorancia (modo 2) consiste en la producción colectiva de amnesia, de olvido. Este modo de producción ha sido activado con frecuencia en los últimos cincuenta años, sobre todo en países que han pasado por largos períodos de conflicto social violento. Estos conflictos tuvieron causas profundas: gravísima desigualdad socioeconómica, apartheid basado en discriminación etnorracial, cultural, religiosa, concentración de tierra y consecuente lucha por la reforma agraria, reivindicación del derecho a la autodeterminación de territorios ancestrales o con fuerte identidad social y cultural, etcétera. Estos conflictos, que a menudo se traducirían en guerras prolongadas, civiles u otras, produjeron millones de víctimas entre muertos, desaparecidos, exiliados y personas internamente desplazadas. Además de las partes en conflicto, siempre hubo otros actores internacionales presentes e interesados en el desarrollo del conflicto, y su intervención condujo tanto al agravamiento de este como (menos frecuentemente) a su término. En algunos casos hubo un vencedor y un vencido inequívocos. Este fue el caso del conflicto entre el nazismo y los países democráticos. En la mayoría de los casos tiende a ser cuestionable si hubo o no vencedores y vencidos, sobre todo cuando la parte supuestamente vencida impuso condiciones más o menos drásticas para aceptar el fin del conflicto (véase el caso de la dictadura brasileña que dominó el país entre 1964 y 1985).


En ambos casos, terminado el conflicto, se inicia el posconflicto, un periodo que busca reconstruir el país y consolidar la paz. En este proceso participan con especial énfasis las comisiones de verdad, justicia y reconciliación, muchas veces como componentes de un sistema más amplio que incluye la justicia transicional y la identificación y el apoyo a las víctimas. Por ejemplo, Corea del Sur, Argentina, Guatemala, Sudáfrica, la exYugoslavia, Timor Oriental, Perú, Ruanda, Sierra Leona, Colombia, Chile, Guatemala, Brasil, etc. En la mayoría de los procesos posconflicto, fuerzas diferentes militaron por diferentes razones para que la verdad no fuese plenamente conocida. Ya sea porque la verdad era demasiado dolorosa, ya sea porque obligaría a un profundo cambio del sistema económico o político (desde la redistribución de la tierra, el reconocimiento de la autonomía territorial y un nuevo sistema jurídico-administrativo y político). Por cualquiera de estas razones, se prefirió la paz (¿paz podrida?) a la justicia; se prefirió la amnesia y el olvido a la memoria, la historia y la dignidad. Se produjo así una ignorancia indolente.


El tercer modo de producción de ignorancia (modo 3) consiste en la producción activa y consciente de ignorancia por vía de la producción masiva de conocimientos de cuya falsedad los productores son plenamente conscientes. El modo 3 produce conocimiento falso para bloquear la emergencia de conocimiento verdadero a partir del cual sería posible superar la ignorancia. Es el dominio de las fake news. Al contrario de los modos 1 y 2, la ignorancia aquí no es un subproducto de la producción. Es la ignorancia malévola. Es el producto principal y su razón de ser. Los ejemplos desgraciadamente no faltan: la negación del calentamiento global, los inmigrantes y refugiados como agentes del crimen organizado y amenaza a la seguridad de Europa y de Estados Unidos, la distribución de armas a la población civil como el mejor medio para combatir la criminalidad, las políticas de protección social de las clases más vulnerables como forma de comunismo, la conspiración gay para destruir las buenas costumbres, Venezuela y Cuba como amenaza a la seguridad de Estados Unidos, etcétera.


Los tres modos de producción generan tres tipos diferentes de ignorancia, están articulados y tienen consecuencias distintas para las democracias. El modo 1 produce una ignorancia arrogante, abisal, que es simultáneamente radical e invisible en la medida en que el monopolio del conocimiento dominante es generalmente admitido. Las verdades que no caben en la verdad monopólica no existen y tampoco existen las poblaciones que las suscriben. Abre un campo inmenso para la sociología de las ausencias. Fue por eso por lo que el genocidio de los pueblos indígenas y el epistemicidio de sus conocimientos (valga el pleonasmo) anduvieron de la mano.


El modo 2 produce la ignorancia indolente, que se satisface superficialmente y que, por eso, permanece como herida que quema sin verse. Es la ignorancia-frustración que sigue a la verdad-expectativa. Una ignorancia que bloquea una posibilidad y una oportunidad emancipadoras que estuvieron próximas, que eran realistas y que, además, eran merecidas, al menos en la opinión de vastos sectores de la población. Esta ignorancia sugiere una sociología de las emergencias, de la emergencia de una sociedad que se afirma reconciliada consigo misma, con base en la justicia social, histórica, etnocultural, sexual.
El modo 3 crea una ignorancia malévola, corrosiva y, tal como un cáncer, difícilmente controlable, en la medida en que el ignorante es transformado en emprendedor de su propia ignorancia. Las redes sociales tienen un papel crucial en su proliferación. Esta ignorancia está más allá de la ausencia y la emergencia. Esta ignorancia es la prefiguración de la enajenación, el vértigo impensado e impensable del tiempo inmediato.


Los tres modos de producción y las respectivas ignorancias que producen no existen en la sociedad de modo aislado. Se articulan y potencian por vía de las articulaciones que las tornan más eficaces. Así, la ignorancia arrogante producida por el modo 1 (monopolio de la verdad) facilita paradójicamente la proliferación de la arrogancia malévola producida por el modo 3 (falsedad como verdad alternativa). Una sociedad saturada por la fe en el monopolio de la verdad científica se vuelve más vulnerable a cualquier falsedad que se presente como verdad alternativa usando los mismos mecanismos de la fe. A su vez, la ignorancia indolente producida por el modo 2 (amnesia, olvido) desarma a vastos sectores de la población para combatir la ignorancia producida tanto por el modo 1 como por el modo 3. La ignorancia arrogante es una de las principales causas de la ignorancia indolente, es decir, de la facilidad con que se olvida, normaliza y banaliza un pasado de muerte de inocentes, de sufrimiento injusto, de saqueos convertidos en ejercicios de propiedad, de cuerpos de mujeres y de niños abusados como objetos de guerra. Cuando la ignorancia arrogante se complementa con la ignorancia malévola, la ignorancia indolente se hace tan invisible que es prácticamente imposible de erradicar.


Por último, el impacto de estos tres tipos principales de ignorancia en las democracias de nuestro tiempo es convergente, pero diferenciado. Todas contribuyen a producir una democracia de baja intensidad. La ignorancia arrogante hace imposible la democracia intercultural, plurinacional, en la medida en que otros saberes y modos de vida y de deliberación son impedidos de contribuir a la profundización de la democracia. Hace que vastos sectores de la población no se sientan representados por sus representantes y ni siquiera participen en los procesos electorales de raíz liberal. La ignorancia indolente retira de la deliberación democrática decisiones sobre justicia social, histórica, sexual y descolonizadora sin las cuales la práctica democrática es vista por amplias capas de la población como un juego de élites, una disputa interna entre los vencedores de los conflictos históricos. Pero la ignorancia malévola es la más antidemocrática de todas. Sabemos que las deliberaciones democráticas se realizan con base en hechos, percepciones y opiniones. Ahora la ignorancia malévola priva a la democracia de los hechos y, al hacerlo, convierte la buena fe de los que de ella son víctimas en jugadores ingenuos o extras en un juego perverso donde siempre pierden y, más que eso, se autoinfligen la derrota.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Publicado enSociedad
Amnesia: Una luz que permite recuperar los recuerdos perdidos

Un ratón es entrenado a asociar un estímulo negativo, algo que le resulta desagradable como una pequeña descarga eléctrica, con un lugar concreto, de forma que tiene la misma reacción de miedo (se paraliza) siempre que entra en ese lugar incluso si no hay estímulo, porque lo recuerda. Sus neuronas activadas para la formación de ese recuerdo se etiquetan genéticamente con una proteína sensible a la luz para poder verlas y reactivarlas cuando se quiera. Se repite el experimento para que forme un nuevo recuerdo pero en este caso se le administra una sustancia química que impide la consolidación de los recuerdos y se observa que ya no reacciona igual porque no se acuerda, se le ha provocado lo que se llama amnesia retrógrada.

Los investigadores llevan muchos años debatiendo la causa de este tipo de amnesia que se produce tras sucesos traumáticos, como un accidente o un episodio de estrés, o por enfermedades como el alzheimer. Es uno de los grandes misterios de la memoria. ¿Se debe esta pérdida de los recuerdos, anteriores al suceso o la enfermedad, a daño en las células nerviosas en las que se almacenan o a que está bloqueado el acceso al almacén? Ha hecho falta la conjunción de varias técnicas en experimentos con ratones para inclinar la balanza hacia la segunda hipótesis, la del bloqueo.

Las investigaciones las lidera Susumu Tonegawa, que dirige institutos científicos tanto en Estados Unidos como en Japón. La actual se publica en la revista Science. "Nuestra conclusión es que en la amnesia retrógrada no se borran los recuerdos anteriores sino que se pierden, resultan inaccesibles. La amnesia es un problema de daños al mecanismo de recuperación de los recuerdos".

Este es el último experimento en toda una serie de ellos con técnicas de optogenética, que se basa en la activación o desactivación, con pulsos luminosos, de neuronas seleccionadas que se marcan con una proteína sensible a la luz, para indagar en el funcionamiento de la memoria. La teoría era que existe un tipo de neuronas en el hipocampo –llamadas células de engrama de memoria- que se activa durante el proceso de adquisición de un recuerdo y se producen cambios físicos o químicos permanentes (un engrama es una estructura de interconexión neuronal estable). Ante un estímulo, algo que se ve o se huele, por ejemplo, el recuerdo vuelve.


En 2012 el mismo grupo demostró por primera vez que existe este tipo de neuronas, pero hasta ahora no se había podido demostrar que sufrieran cambios químicos perdurables, indicativos de la consolidación del recuerdo, explica el Massachusetts Institute of Technology, donde se ha realizado la investigación. Uno de estos cambios es el refuerzo de las sinapsis, las conexiones entre neuronas.

Volvamos al ratón amnésico. Al activar con pulsos de luz las neuronas etiquetadas anteriormente en su cerebro, tuvo la misma reacción de parálisis, a pesar de que estaba en otro lugar, que en el primer experimento. El recuerdo estaba en su cerebro aunque no pudiera acceder a él.

Recopilando y simplificando, en el experimento primero se identificó en los ratones, con técnicas de optogenética, un grupo de células que expresaban un recuerdo. Los investigadores comprobaron, al registrar su actividad, que las sinapsis estaban fortalecidas, lo cual ya es un logro científico en sí mismo. Entonces indujeron la amnesia. Lo hicieron bloqueando químicamente el refuerzo de las sinapsis y comprobaron que los ratones no se acordaban. Sin embargo, y esto es lo más llamativo, al activar directamente con luz las neuronas supuestamente implicadas en el recuerdo, lograron recuperarlo, lo que indica que este estaba latente aunque no se pudiera acceder a él por la vía normal.


Además de todo esto, experimentos posteriores de Tonegawa y su grupo indican la complejidad de los mecanismos de la memoria, ya que muestran que los recuerdos se almacenan en circuitos de múltiples grupos de estas células y sus conexiones. "Proponemos un nuevo concepto, en el que existe un circuito para cada recuerdo", dice Tonegawa. "Este circuito abarca muchas áreas cerebrales distintas y los conjuntos de células en cada una de estas áreas están relacionados específicamente con un recuerdo concreto. Creemos que estos resultados estimularán la investigación sobre la biología de la memoria y su posible recuperación clínica", asegura.

En un más difícil todavía en la misma línea de investigación también se han manipulado estas mismas neuronas relacionadas con el recuerdo del miedo para implantar recuerdos falsos (de acontecimientos que nunca han sucedido) en los ratones, lo que indica una vía para sustituir, por ejemplo, recuerdos negativos por positivos.

Lunes, 19 Enero 2015 06:20

Costumbre

Costumbre

Albert Einstein: el mundo es un lugar peligroso en que vivir, no por la gente que hace el mal, sino por la gente que no hace algo al respecto.


Los políticos elevaron las alertas aquí y en Europa ante amenazas de más atentados terroristas después de lo de París, anunciaron nuevas iniciativas para lo que llaman las ciberguerras (como si las guerras físicas no fueran suficiente, ahora hay virtuales) y advirtieron de posibles enfrentamientos militares contra Rusia, Irán, Corea del Norte, entre otros países, y todo esto se acepta como normal. Ya acostumbraron a todos a vivir con el temor constante de enemigos que están dedicados a destruir todo lo bueno: la democracia, la libertad y los valores.


A la vez, estos mismos políticos continúan ordenando bombardeos a aldeas en Afganistán, Irak y Siria, mientras drones siguen generando pavor cotidiano en Pakistán, Yemen y algunos países africanos al cruzar los cielos desde donde de repente hacen llover la muerte. Nadie pregunta cuántos caricaturistas y periodistas perecieron ahí, ni qué implica esto para la liberté, fraternité et egalité. Ya acostumbraron a todos a vivir con esas guerras.


Ya acostumbraron a todos a entender que sus gobiernos están dispuestos a resolver las cosas con la barbaridad más primitiva del mundo. Mientras tanto, estos mismos gobernantes exigen que opositores a todo esto, víctimas de la violencia oficial aquí y allá, no usen la violencia. Vale recordar que uno de los grandes proponentes de la no violencia, el reverendo Martin Luther King, Jr., denunció en medio de otra guerra, hace medio siglo, que él ya no podía pedir a jóvenes aquí no recurrir a la violencia sin primero condenar al mayor provedor de violencia en el mundo: mi propio gobierno.


Aun con continuas revelaciones de que el gobierno torturó, o que espió masivamente a su pueblo, o que violó libertades civiles y derechos humanos, o sea, todo lo que dice que está defendiendo, y a pesar de expresiones de protesta e ira contra esta violencia oficial dentro y fuera del país, el repudio a esta normalidad aún no es suficientemente masivo.


La amnesia es ingrediente esencial para este tipo de anestesia.


Por ejemplo, se acaba de proclamar un cambio en la política hacia Cuba, afirmando que las medidas impuestas durante más de medio siglo no han brindado resultados, pero ningún funcionario u otros integrantes de la cúpula –incluso los grandes medios– ofreció detalles de lo que fue desde 1960 una serie de atentados terroristas, complots de asesinato, estrangulamiento económico e invasiones.


Y así con Medio Oriente, donde cada noticia sobre las ofensivas, ataques y crisis casi nunca es acompañada del contexto histórico (por eso uno agradece tanto a un periodista como Robert Fisk). Muy pocos recuerdan cuántas invasiones previas, complots de la CIA, asesinatos y derrocamientos fueron impulsados por éste y otros gobiernos. Ni cuántas atrocidades se cometieron a lo largo de las invasiones recientes.


Y vamos para atrás. Vietnam, con el millón de vietnamitas que fueron muertos, junto con 58 mil estadunidenses, y mucho menos las rebeliones contra esa guerra, no sólo en casa, sino entre los soldados. Barbara Dudley, quien fue abogada defensora de soldados estadunidenses que se amotinaron o desertaron, cuenta que la guerra se terminó en parte por la desmoralización y hartazgo entre las tropas, con un creciente número de incidentes donde los soldados empezaron a voltear y matar a sus propios oficiales, pero eso está ausente de toda versión oficial de esa historia.
Y aún más atrás. El 6 de agosto de 1945, Washington dio una orden y 100 mil civiles perecieron de inmediato mientras otros 100 mil morirían en los días y meses siguientes al estallar una bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima. El gobierno afirmaría que era un objetivo militar, pero 95 por ciento de las bajas fueron civiles. La bomba estalló sobre un hospital en el centro de la ciudad. Es hasta hoy día el único acto de uso de armas de destrucción masiva en la historia. Después se confesó que todos sabían que Japón estaba por rendirse sin ese ataque.


Hasta los orígenes del país están bañados de sangre y engaño. Tal como cuenta Hermann Bellinghausen en su reseña de un nuevo libro sobre una historia de Estados Unidos desde la perspectiva indígena en Ojarasca/La Jornada, la historia insoportable y negada de dos siglos de aniquilación de esos pueblos sobre los cuales fue fundado este país es hoy día un pasado inconfesable que es relegado, a propósito, al olvido en la memoria nacional.


Este es un país donde pocos desean recordar, y donde casi nadie cuenta a nuevas generaciones las dimensiones de actos tan atroces que aún hoy día es difícil comprenderlos y mucho menos asumirlos. No es que el pueblo fue consultado, ni fue su decisión hacer todo esto; de hecho, casi siempre la opinión pública se opone, al inicio, a las guerras y por lo tanto la cúpula tiene que buscar, a través de técnicas de relaciones publicas y propaganda, establecer las condiciones para hacer todo esto. Para acostumbrar a todos a esto.


Por ejemplo, hoy la amenaza de un atentado terrorista se promueve como el peligro más inminente, a pesar de que un estadunidense corre 9 veces más el riesgo de ser ultimado por un policía que por un terrorista, y 2 mil 59 veces más por su propia mano con una arma de fuego, reportó TomDispatch. Hay más de 300 millones de armas de fuego en manos privadas en este país, las cuales se emplean cada día para matar, en promedio, a 32 estadunidenses y herir a otros 140 reporta el Brady Campaign to Prevent Gun Violence. Pero aparentemente eso no es asunto de seguridad nacional.


Todo esto está a la vista si es que alguien desea verlo. Pero tal vez la ceguera es voluntaria, y tal vez uno simplemente no puede aguantar saber de tanto horror. Para que lo inaguantable no sea tolerable, para que no se reduzca al así es, lo más urgente es desacostumbrarse a todo esto.

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