Afirma China que está lista para una guerra comercial contra EU

China dice estar totalmente preparada para una guerra comercial con Estados Unidos si éste empieza a cobrar –a partir del viernes próximo– aranceles a importaciones por un valor de 34 mil millones de dólares como está previsto, al desvanecerse las esperanzas de una reducción de las tensiones entre las primeras dos economías mundiales.

Pekín ha prometido tomar represalias por el mismo monto. El vocero de la cancillería, Lu Kang, dijo ayer que China está plenamente preparada para adoptar un paquete de medidas necesarias en defensa de sus intereses nacionales.


Una gama de empresas estadunidenses –desde destilerías de whiskey hasta fábricas de automotores– podrían verse afectadas por las represalias chinas. La lista de Pekín está diseñada para afectar a agricultores y otros sectores estadunidenses que conforman la base política de Donald Trump.


La fricción comercial amenaza con perjudicar a grandes empresas del país asiático, como China Mobile. Una dependencia del Departamento de Comercio en Washington recomendó no dar licencias a la mayor firma de telecomunicaciones china por razones de seguridad nacional.


Lu calificó las advertencias de especulaciones infundadas y restricciones irracionales derivadas de una mentalidad propia de la Guerra Fría, y expresó la esperanza de que Washington tome medidas conducentes a la confianza mutua.


La bolsa china ha caído casi 10 por ciento en semanas recientes ante temores de una guerra comercial y su moneda se ha devaluado 3 por ciento frente al dólar. El yuan, cuya tasa de cambio está estrictamente controlada, se encuentra en su nivel más bajo desde diciembre pasado.


Preocupación por posibles aranceles a automóviles


Más de 40 países de la Organización Mundial de Comercio (OMC), entre ellos los 28 miembros de la Unión Europea (UE), Rusia, China y Japón, expresaron su preocupación por la posible imposición de nuevos aranceles de Estados Unidos a la importación de vehículos y autopartes, expresó a Sputnik una fuente con conocimiento del tema.


Según la fuente, en una reunión del Consejo de Comercio de la OMC, esos países señalaron que la eventual medida estadunidense causaría una seria disfunción en el mercado y el sistema comercial globales, dado el volumen que corresponde al comercio de automóviles.


Por otro lado, China está presionando a la UE para que emita un fuerte comunicado conjunto contra las políticas comerciales del presidente estadunidense en una cumbre que se realizará en Pekín los próximos días 16 y 17.


En reuniones en Bruselas, Berlín y Pekín, representantes chinos de alto nivel –incluidos el viceprimer ministro Liu He y el canciller Wang Yi– propusieron una alianza entre ambas potencias y ofrecieron abrir más los mercados de China como gesto de buena voluntad.
Un planteamiento ha sido que la UE y China presenten un reclamo conjunto contra Estados Unidos ante la OMC. Pero el bloque comercial ha rechazado la idea de aliarse con Pekín en contra de Washington, dijeron a Reuters cinco funcionarios y diplomáticos europeos.

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Miércoles, 06 Junio 2018 07:04

Moneda hegemónica: costos y privilegios

Moneda hegemónica: costos y privilegios

Los mensajes desde la Casa Blanca indican que los aranceles impuestos contra las importaciones de China, Unión Europea, Canadá y México tienen como objetivo corregir el gigantesco desequilibrio en las cuentas externas de Estados Unidos. Pero la paradoja es que si el presidente Donald Trump realmente quiere corregir ese desequilibrio tendría que comenzar por reconsiderar el papel de su moneda, el dólar, en el sistema de pagos internacionales.

La hegemonía de la divisa estadunidense sigue siendo innegable. Es la moneda de mayor presencia en las transacciones comerciales y financieras en todo el mundo. Y se mantiene también como la divisa más utilizada como reserva por bancos centrales y en las tesorerías de los grandes grupos corporativos.


Las ventajas que esta posición privilegiada confiere a Estados Unidos son múltiples. La más importante es que permite a ese país mantener un gigantesco déficit crónico en su balanza comercial, sin que eso le imponga una disciplina macroeconómica, como sucede con cualquier otro país. Desde esa perspectiva, el consumidor estadunidense goza de una ventaja sin paralelo. Es por esto que Estados Unidos ha podido mantener durante décadas un crecimiento económico impulsado por el consumo. En el sistema de hegemonía del dólar, el público estadunidense se ha convertido efectivamente en el consumidor de última instancia.


El emisor de la moneda hegemónica recibe un tributo del resto del mundo. Es lo que se denomina el privilegio de señoraje: imprimir un billete de 100 dólares casi no cuesta nada a la Reserva Federal, pero el resto del mundo debe dar a cambio recursos por más de ese valor para obtener ese pedazo de papel.


Pero ese privilegio exorbitante tiene un costo. Al permitir al consumidor estadunidense obtener mercancías de todo tipo a cambio de dólares, el sistema ha ido debilitando la industria en ese país. La demanda de dólares en el mundo provoca la apreciación de esa moneda y el abaratamiento de las importaciones, lo que mantiene activo al consumidor en Estados Unidos y profundiza el déficit comercial que ahora Trump quiere corregir a base de luchar con molinos de viento. En síntesis, el papel de moneda hegemónica terminó al paso de los años por promover la desindustrialización de Estados Unidos. No es el único factor, pero ha sido una fuerza tenaz que ha socavado la base competitiva del sistema industrial estadunidense.


Por otra parte, ese proceso se intensifica cada vez que en medio de una crisis los agentes y gobiernos buscan obtener dólares para usarlos como moneda de reserva. Al aumentar la demanda y el precio de los activos financieros en Estados Unidos, las tasas de interés se reducen y eso incrementa el valor de activos como bienes raíces residenciales y fomenta el consumo. Pero la apreciación del dólar le resta competitividad a la industria manufacturera estadunidense en los mercados mundiales. Al paso de los años, los privilegios de mantener la moneda hegemónica comenzaron a ser dominados por los efectos negativos.


Sin embargo, las ventajas de mantener una moneda como divisa dominante en el mundo son percibidas como muy superiores a los costos. No por nada los países que a lo largo de la historia del capitalismo han gozado de este privilegio han luchado hasta con las uñas para conservar el papel de moneda hegemónica para su divisa. Por eso la historia de la posguerra puede sintetizarse como la larga serie de esfuerzos de Washington para consolidar el papel del dólar como moneda de reserva.


Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emergió como la potencia económica número uno del planeta. Pero la consolidación del dólar estadunidense como moneda hegemónica necesitaba algo más que poderío económico y militar. Durante los primeros años de vida del nuevo sistema, Estados Unidos buscó controlar y marginalizar el papel del Fondo Monetario Internacional (FMI) al tiempo que promovía el remplazo de la libra esterlina por el dólar para cubrir las necesidades de liquidez de la economía mundial.
La crisis del canal de Suez en 1956 se presentó a Estados Unidos como una gran oportunidad para usar el FMI en su nueva estrategia geopolítica y financiera. Inglaterra seguía siendo la potencia colonial dominante en Medio Oriente, y Washington estaba deseoso de introducir cambios en la región. Para evitar que la libra esterlina fuera objeto de ataques especulativos, la City necesitaba el apoyo del FMI y Washington le pudo ofrecer las garantías necesarias, pero con la condición de que retirara sus tropas del canal y cancelara la invasión. Londres no tuvo más remedio que someterse a los designios de Washington. El dólar se consolidó, pero a la larga la disfuncionalidad del sistema monetario terminó por minar las bases de la competitividad internacional de la economía estadunidense. Hoy, ningún arancel podrá corregir las distorsiones que las fuerzas económicas del sistema monetario internacional han introducido a lo largo de las pasadas siete décadas.


Twitter: @anadaloficial

 

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Trump lanza una guerra comercial contra la Unión Europea, Canadá y México

EEUU decide finalmente imponer aranceles a la importación de acero y aluminio de la UE, Canadá y México. La UE anuncia que denunciará este viernes a EEUU ante la OMC y que impondrá "medidas de reequilibrio" para proteger a su industria. México anuncia que responderá con "medidas equivalentes a diversos productos"


El Departamento de Comercio de Estados Unidos anunció hoy la suspensión de la exención a la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio de la Unión Europea (UE), Canadá y México, en una decisión que dispara las tensiones comerciales y provocará represalias de sus socios.


"Hemos decidido no ampliar la exención para la UE, Canadá y México, por lo que estarán sujetos a los aranceles del 25% y 10%" en el acero y el aluminio, indicó el secretario de Comercio de EEUU, Wilbur Ross, poco antes de cumplirse el plazo para tomar una decisión al respecto. Los aranceles entrarán en vigor mañana, 1 de junio.


Ross subrayó que, aunque "hubo avances en las conversaciones con la UE", no fueron suficientes "para mantener las exenciones temporales o lograr exenciones definitivas". Además, apuntó que "ya no hay fecha precisa" para el fin de las negociaciones con Canadá y México sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que "se han prolongado más de los previsto", por lo que "también quedarán sujetos a los aranceles.


No obstante, Ross precisó que Washington continuará sus conversaciones con la UE, Canadá y México, ya que se "puede seguir hablando con las tarifas en vigor".
De este modo, el Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, avanza en su agenda proteccionista y aplicará aranceles a estrechos socios como la UE, Canadá y México, que ya han advertido de que responderán con medidas similares contra importaciones procedentes de EEUU. De hecho, la Comisión Europea (CE) denunciará mañana a Estados Unidos ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por los aranceles, además de imponer "medidas de reequilibrio" para proteger a su industria.


"Estados Unidos no nos deja otra opción que proceder con una disputa ante la OMC y con la imposición de aranceles adicionales en una serie de importaciones de EEUU", anunció el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, en un comunicado.


Juncker agregó que la CE defenderá "los intereses de la Unión cumpliendo enteramente con las leyes de comercio internacional", respondiendo así a la decisión de Washington de suspender la exención a la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio de la Unión, Canadá y México.


Por su parte, el Gobierno de México anunció que responderá con "medidas equivalentes a diversos productos". "Ante los aranceles impuestos por Estados Unidos, México impondrá medidas equivalentes a diversos productos como aceros planos (lámina caliente y fría, incluidos recubiertos y tubos diversos), lámparas, piernas y paletas de puerco (cerdo)", informó la Secretaría de Economía (SE) en un boletín.


Los aranceles mexicanos -que también contemplarán embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándanos y diversos quesos- se aplicarán "hasta por un monto equiparable al nivel de la afectación".

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China cede ante EEUU y acepta reducir el déficit comercial


Pekín promete aumentar las importaciones de productos estadounidenses, aunque sin cuantificarlas


 Estados Unidos y China se han tomado un respiro en su pulso comercial. Con la vista puesta en las espinosas negociaciones para la desnuclearización de Corea del Norte, ambos gigantes han decidido rebajar la tensión en el frente arancelario y, tras dos días de intensas reuniones en Washington, han hecho público un comunicado conjunto en el que Pekín acepta tomar medidas para reducir el déficit comercial de EEUU, cifrado en 375.000 millones de dólares en 2017.


“Para satisfacer las crecientes necesidades de consumo del pueblo chino y su necesidad de un desarrollo económico de alta calidad, China incrementará sus compras de bienes y servicios estadounidenses. Esto ayudará al crecimiento y al empleo en Estados Unidos. Ambas partes acordaron incrementos sustanciales en exportaciones agrícolas y energéticas estadounidenses”, señala la nota.


Esta cesión no implica que el conflicto haya quedado zanjado. Pese a las buenas intenciones, no se han acordado aún cifras y la petición del director del Consejo Nacional de Economía, Larry Kudlow, de que China aumente las importaciones desde EEUU en 200.000 millones tampoco ha sido aceptada. Más que un armisticio, lo que se ha pactado en Washington son las condiciones para un acuerdo. El diálogo continúa y ahora un equipo de Trump viajará a Pekín “para trabajar en los detalles”. “Ambas partes acordaron buscar la resolución de las diferencias comerciales y económicas de una forma proactiva”, indica el comunicado.


La distensión llega dos meses después de que Trump abriese la batalla. El pasado 23 de marzo, el presidente ordenó imponer al gigante asiático aranceles del 25% a importaciones por valor de 60.000 millones de dólares. El argumento de la Casa Blanca para dar comienzo a la guerra comercial es bien conocido. Trump considera que China se ha aprovechado de la apertura comercial estadounidense al tiempo que ha cerrado la puerta a sus productos. Así, mientras que China destina el 18% de sus exportaciones a EEUU (505.000 millones), el gigante asiático solo representa el 8,4% de las ventas al exterior norteamericanas (130.000 millones). El resultado es un déficit para EEUU de 375.000 millones. "El mayor de la historia", como señala Trump.


La andanada arancelaria de EEUU fue respondida en abril con otra similar por Pekín. Eran los primeros compases de lo que se esperaba un pulso a escala planetaria. Pero ambas superpotencias, visto lo acordado en Washington, han decidido evitar la sangre. Pekín ha admitido el desequilibrio y se ha mostrado dispuesto a aumentar las importaciones estadounidenses.


El jefe de la delegación china desplazada a Washington para las negociaciones, Liu He, dio a entender a los medios estatales de su país que, aunque las diferencias comerciales con Estados Unidos son profundas, se ha logrado evitar un mayor conflicto comercial a corto plazo. "Ambas partes no van a librar una guerra comercial y van a dejar de subirse los aranceles respectivos", aseguró a la agencia Xinhua, descartando por tanto la entrada en vigor de unas tarifas que hubieran afectado a un porcentaje significativo del intercambio comercial entre ambos países y que disgustaban a Pekín.


Liu dijo que China "contribuirá a los esfuerzos de Estados Unidos para reducir su déficit comercial", sin detallar cifras concretas que pudieran haber salido de las negociaciones. El alto cargo sustuvo, sin embargo, que "se necesita tiempo" para resolver los problemas estructurales de las relaciones entre ambos países en materia económica y comercial, informa Xavier Fontdeglòria.


En esta cesión ha influido la negociación abierta para lograr la desnuclearización del régimen de Pyongyang. China, que absorbe el 90% de las exportaciones de Corea del Norte, juega un papel fundamental en esta partida. Deseosa de rebajar la tensión zonal, ha contribuido a facilitar el cara a cara entre Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un, que se celebrará el próximo 12 de junio en Singapur. Una guerra comercial con el volátil Trump habría puesto en peligro los delicados equilibrios diplomáticos desplegados y, a la postre, agriado la negociación arancelaria.

 

Washington 20 MAY 2018 - 03:32 COT

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Miércoles, 11 Abril 2018 06:05

Trump se bajó de la cumbre americana

Trump se bajó de la cumbre americana

El mandatario estadounidense canceló lo que hubiese sido su primera visita a la región para, en su lugar, evaluar la posibilidad de una respuesta militar a Siria por el presunto ataque con armas químicas, el sábado, en Guta Oriental.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ayer que no concurrirá a la octava Cumbre de las Américas que se desarrollará el viernes y el sábado en Lima. Con esa decisión, el mandatario canceló lo que hubiese sido su primera visita a la región para, en su lugar, evaluar la respuesta estadounidense a Siria por el presunto ataque con armas químicas el sábado en Guta Oriental.


“El presidente permanecerá en Estados Unidos para supervisar la respuesta estadounidense a Siria y vigilar los acontecimiento globales”, explicó ayer por la mañana Sarah Sanders, vocera de la Casa Blanca, en un comunicado en el que confirmó que Trump no irá a Lima ni tampoco a Bogotá, a donde debía seguir su viaje por la región.


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ayer que no concurrirá a la octava Cumbre de las Américas que se desarrollará el viernes y el sábado en Lima. Con esa decisión, el mandatario canceló lo que hubiese sido su primera visita a la región para, en su lugar, evaluar la respuesta estadounidense a Siria por el presunto ataque con armas químicas el sábado en Guta Oriental.


“El presidente permanecerá en Estados Unidos para supervisar la respuesta estadounidense a Siria y vigilar los acontecimiento globales”, explicó ayer por la mañana Sarah Sanders, vocera de la Casa Blanca, en un comunicado en el que confirmó que Trump no irá a Lima ni tampoco a Bogotá, a donde debía seguir su viaje por la región.
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La ausencia de Trump –y su reemplazo por el vicepresidente Mike Pence– significará la primera oportunidad, desde 1994, cuando empezaron estos encuentros, en que Estados Unidos no estará representado en la cumbre por su máxima autoridad.


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, también anunció ayer que no acudirá al encuentro de mandatarios americanos porque, según dijo, había sido retirada la seguridad a la delegación de Venezuela y, por esa razón, permanecerá en su país. La ausencia del presidente venezolano y de su par estadounidense quita a la Cumbre dos figuras claves, entre quienes se esperaban cruces que, se suponía, levantarían la temperatura de las deliberaciones.


El viaje de Trump a Lima, el primero a la región desde su asunción a comienzos de 2017, iba a seguir por Bogotá, donde mantendría un encuentro bilateral con Juan Manuel Santos. Pence irá a Lima pero no a la capital colombiana.


El presidente estadounidense prometió el lunes responder de manera contundente al presunto ataque químico registrado en Siria que le adjudica al gobierno de Bashar Al Asad y dijo que tomaría una decisión en las próximas horas sobre cuál sería esa represalia. “No podemos dejar que esto ocurra en este mundo, especialmente cuando, gracias al poder de Estados Unidos, tenemos la capacidad de pararlo”, recalcó el mandatario.


Dos organizaciones apoyadas por Estados Unidos denunciaron que al menos 42 personas murieron el sábado último en la localidad rebelde de Duma, a las afueras de Damasco, con síntomas de haber sufrido un ataque químico.


Tanto Estados Unidos como sus aliados (Francia y Gran Bretaña) dijeron estar preparados para actuar contra Siria, sin depender del apoyo de las Naciones Unidas.


“Trump se saltea la Cumbre. Otro desaire más en una larga lista de desplantes hacia la región”, dijo Christopher Sabatini, experto en relaciones internacionales de la Universidad de Columbia en Nueva York. Ya desde la campaña que lo llevó a la Casa Blanca, el magnate se ha mostrado hostil, desde el discurso, con los países de América latina y se profundizó en los últimos días al desplegar a miles de oficiales de la Guardia Nacional a custodiar la frontera con México. Pero, más aún, otros analistas ven su ausencia como una jugada poco estratégica. “Que Trump no vaya a Latinoamérica es una pérdida para la administración estadounidense, especialmente cuando Washington quiere presentarse como un socio preferencial frente a China”, explicó Jason Marczak, director del centro sobre Latinoamérica del Atlantic Council. En comparación, el presidente chino Xi Jinping visitó tres veces la región desde 2013. “¿Cómo podemos presentarnos como una alternativa creíble a China cuando nuestro presidente ni siquiera puede aparecer en el foro principal?”, se preguntó Sabatini.


Sin Trump y sin Maduro, con 34 países presentes, le tocará a Pence el lugar de poco amigable en el bloque y desgranar los temas que ponen en guardia a la región: políticas inmigratorias, acuerdos comerciales, globalización.


Aunque en su historia de 14 años la Cumbre no logró avances significativos en muchos terrenos, sí consiguió que el bloque sancionara la llamada cláusula democrática, que excluye a gobiernos que violaran los términos constitucionales y que se convirtió en la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA) hoy vigente. La cumbre también sirvió de telón de fondo para un marcado acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, emblemas de la Guerra Fría en América durante 50 años.


La ausencia de Venezuela se debe a que lo dispuso el gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczynski, caído luego por supuesta corrupción y sustituido por Martín Vizcarra, con apoyo de Estados Unidos y de los países que forman el Grupo de Lima, que hace un seguimiento de la crisis venezolana. Constituye una verdadera paradoja que la sede de un encuentro en el que la corrupción será tema a debatir sea Perú, que tiene a sus últimos cuatro mandatarios –Kuczynski, Ollanta Humala, Alejandro Toledo y Alan García– con procesos judiciales abiertos en todos los casos por irregularidades durante sus respectivas gestiones.


Para algunos analistas, las conversaciones de los más de 30 mandatarios restantes corren el riesgo de caer en la intrascendencia, aunque el anfitrión Vizcarra buscará seguramente de evitar que todo se convierta en una de cumbre con declaraciones de papel.


Las deliberaciones serán en el Centro de Convenciones de Lima, en el distrito San Borja, y las faltas de Trump y Maduro hacen crecer las presencias, por el peso geopolítico de sus países, de los mandatarios de Canadá, Justin Trudeau; Brasil, Michel Temer; México, Enrique Peña Nieto; Argentina, Mauricio Macri; Colombia, Juan Manuel Santos, y Chile, Sebastián Piñera.

 

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Las claves de la guerra comercial entre Estados Unidos y China: socios y enemigos

Los aranceles anunciados por el gigante americano y el asiático tienen poco peso en el volumen total de intercambios, pero atacan donde hacen más daño

comercial o político

Donald Trump odia el déficit comercial. En su lógica es la evidencia de que EE UU pierde en el mercado global porque compra más de lo que vende al resto del mundo. Por eso convirtió la reducción de esta brecha en un pilar central de su política económica, especialmente con China. La disparidad con el país asiático creció el año pasado en la categoría de bienes un 8%, hasta alcanzar los 375.200 millones de dólares.


Por eso ha empezado su guerra de aranceles contra China, pero sin lanzar toda la artillería. Según la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor´s, el arancel de EE UU puede afectar al 12% de los productos importados desde China. Al ser una disputa sobre tecnología y propiedad intelectual, añaden, podría impactar a artículos que incluyen ordenadores y teléfonos móviles. La primera reprimenda china ataca desde la carne de cerdo, frutas y vino hasta metales como tubos de acero que se compran a Estado Unidos.
“Los productos sujetos a aranceles representan en este momento una parte modesta respecto al volumen total de los intercambios”, valoran desde la agencia. Las amenazas y las listas, sin embargo, muestran cuál es la actitud de las dos potencias. Trump cree que forzando la mano logrará que China entren en razón, porque depende más del mercado de EE UU que al revés. Su objetivo es reducir el déficit en 100.000 millones.


Pekín contraataca donde puede hacer políticamente más daño al republicano en las elecciones de noviembre e incluso en 2020: las comunidades rurales. La agricultura generó más de 19.000 millones en exportaciones hacia China en 2017, con 12.360 millones solo en soja. La segunda mayor partida son aviones comerciales, con 16.260 millones, seguida por los automóviles, con 10.500 millones.


Disuadir a Washington


Estas tres categorías, precisamente, han sido la diana de la segunda ronda de aranceles anunciadas por Pekín, que entrarán en vigor en caso de que Trump acabe por oficializar esta nueva ronda de aranceles estadounidenses contra productos de alta tecnología chinos. Una lista que ha sorprendido por su contundencia. “El Gobierno chino preferiría no aplicar estas contramedidas porque tienen un coste para el país. Pero seguirá adelante con los aranceles para disuadir a Estados Unidos; China necesita dejar claro que está dispuesta a responder del mismo modo si es necesario”, explica Julian Evans-Pritchard, economista de la consultora Capital Economics.


China también es uno de los tres principales mercados para el equipamiento médico que se exporta desde EE UU, así como maquinaria industrial metales y computadoras y componentes electrónicos. La mayor economía asiática es receptora además de combustibles refinados, como el gas natural licuado, y otros derivados del petróleo, lo que explica los nervios en el sector energético, otro lobby de apoyo aTrum.


EE UU es la segunda potencia comercial del mundo. Exportó bienes por valor total de 1,55 billones en 2017. Si se incluyen los servicios, una categoría que siempre evita citar Trump porque está en superávit, ese volumen global asciende a 2,33 billones. Sin embargo, el pasado ejercicio registró importaciones que ascendieron a 2,89 billones, de las que 2,36 billones fueron en bienes.


China es el gran contribuyente a este desequilibrio. Las estadísticas del Departamento de Comercio más recientes reflejan que las importaciones de bienes chinos ascendieron el año pasado a 505.600 millones de dólares, un 9% más que en 2016. Es el mayor suministrador de bienes por delante de México y Canadá, sus socios en la zona de libre cambio en Norteamérica (Nafta).


Las compañías estadounidenses realizaron por su parte exportaciones al otro lado del Pacífico por valor de 130.400 millones. En este caso mejoraron un 12% en el año. China es el tercer destino de los bienes de compañías estadounidenses, por detrás de Canadá y México. Duplican los que van hacia Japón y Alemania. Se estima que el comercio genera unos 910.000 empleos en EE UU.


Ataque al liderazgo mundial chino


Las autoridades chinas rebajan sensiblemente la cifra de déficit que defiende Donald Trump. Según datos de las aduanas, el país asiático registró un superávit comercial de 275.810 millones de dólares frente a Estados Unidos, un desequilibrio récord en los intercambios bilaterales de mercancías, pero menor (en 100.000 millones de dólares) a lo contado por Washington. El comercio con la primera potencia mundial generó el 65% del superávit comercial chino global.


Los más de 1.300 productos identificados hasta ahora por Washington para una nueva ronda de tarifas impactan directamente en el ambicioso programa de reconversión industrial china, cuyo objetivo es convertir al país en líder mundial en alta tecnología para el año 2025. La oficina Comercio de EE UU estudia medidas adicionales elevar el arancel hasta 150.000 millones en importaciones, el 30% de los intercambios.


EE UU representa el 15% de las exportaciones globales de China. Llega de todo, especialmente electrónica y semiconductores que se consumen en masa en EE UU. Los teléfonos móviles manufacturados en fábricas chinas tuvieron un valor de 70.390 millones mientras que la factura en ordenadores fue de 45.520 millones, a la que se suman 31.610 millones en accesorios. El equipamiento para telecomunicaciones fue de 33.480 millones.


Los muebles y otros artículos para el hogar generaron 20.670 millones en importaciones mientras que los electrodomésticos rondaron los 14.150 millones, junto a 10.730 millones en televisores. Las importaciones de juguetes y productos para el deporte generaron importaciones el pasado año por valor de 26.770 millones. El sector textil, incluyendo calzado, movió 35.680 millones.


Caroline Freund, economista del Peterson Institute for International Economics, explica que el déficit no se debe solo a malos acuerdos comerciales como dice Donald Trump, sino más bien al ritmo con el que gastan los consumidores y el Gobierno estadounidense. “Si se redujera el consumo”, añade, “las importaciones caerían”. También cita que un dólar débil encarece las importaciones.


China podría negociar


El problema, según Freund, es que elevando el arancel no se resolverá el desequilibrio. Los analistas señalan que el mercado tenderá a compensarlos buscando los productos en otros países. “La decisión de Donald Trump de imponer nuevos aranceles a China no deja de ser chocante aunque sea esperada”, valora Edward Alden, experto del Council on Foreign Relations.


Pero aunque las prácticas chinas son una queja compartida, la confrontación crea un nuevo escenario. El miedo es que el choque provoque una ruptura que dañe las relaciones entre las dos potencias, amenace el crecimiento y la estabilidad financiera. El riesgo de una guerra comercial, según el BBVA, “es bajo” y ven la maniobra de Trump como una “táctica” negociadora.


En la misma línea se expresa el profesor Xu Bin, de la escuela de negocios CEIBS, que confía en que ambos países encontrarán una solución negociada y evitarán un conflicto comercial a gran escala. “Estoy seguro de que el año que viene el déficit comercial se reducirá; China está dispuesta a hacer esfuerzos para que así sea. Pekín puede comprometerse a acuerdos que no afecten directamente a sus exportaciones hacia EE UU, desde aumentar su volumen de importaciones a animar a sus empresas a producir en suelo estadounidense”, sostiene.

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Responde China a Trump con aranceles a 128 productos de EU

China suspenderá a partir de hoy las concesiones arancelarias para 128 productos importados de Estados Unidos, en represalia por la medida similar que el presidente estadunidense, Donald Trump, aplicó a las compras externas de acero y aluminio, informó el Ministerio de Hacienda.

La Comisión de Tarifas Arancelarias del Consejo de Estado chino decidió imponer un nuevo arancel de 15 por ciento sobre 120 productos importados de Estados Unidos, desde almendras hasta manzanas y bayas, y aumentar a 25 por ciento la tasa a los derivados del cerdo y la chatarra de aluminio, publicó el ministerio en su sitio web.


Los aranceles coinciden con una lista de tarifas potenciales publicada por China el 23 de marzo y alcanzan un valor de 3 mil millones de dólares.


El ministerio afirmó que se trata de la respuesta a la decisión de Estados Unidos de fijar aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio.


Añadió que dicha medida está encaminada a equilibrar las pérdidas causadas por los aranceles impuestos por Estados Unidos.


Con el objetivo de proteger nuestros intereses y compensar el daño causado por las medidas adoptadas por Estados Unidos, a partir del 2 de abril China cesa sus obligaciones de reducir los aranceles aduaneros para 128 productos de siete categorías importadas de Washington, expresó.


A pesar de las objeciones mundiales, la administración de Trump decidió imponer un arancel de 25 por ciento a las importaciones de acero y de 10 por ciento a las de aluminio procedentes de varios países, entre ellos China.


Aunque va en contra de las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la medida estadunidense entró en vigor el 23 de marzo, lo que ha socavado los intereses de China, señaló el ministerio.


El mandatario estadunidense, además, firmó el 22 de marzo un memorando para imponer tarifas arancelarias a las importaciones de China por un valor de hasta 60 mil millones de dólares anuales, tras acusar a Pekín de violar derechos de propiedad intelectual y de robar tecnología.


China defiende y apoya un sistema comercial multilateral. El ministerio aseguró que la suspensión de la concesión arancelaria es conforme a las reglas de la OMC.
La Casa Blanca no respondió ayer a un mensaje en el que The Associated Press le solicitó declaraciones sobre el asunto.


La semana pasada la Casa Blanca confirmó que Trump pidió al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y al representante comercial, Robert Lighthizer, que trataran de resolver las diferencias comerciales con China.


Entonces, el primer ministro de China, Li Keqiang, expresó que su país y Estados Unidos deberían mantener negociaciones, pero también señaló que China estaba preparada para una guerra comercial.

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Trump eleva la tensión con China al anunciar aranceles de 60.000 millones

El presidente de EEUU deja fuera de sus medidas proteccionistas a la Unión Europea, que evalúa la situación con cautela y prudencia y que este viernes dará a conocer su postura


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acercó hoy la posibilidad de una guerra comercial con China al anunciar la imposición de aranceles por valor de hasta "60.000 millones de dólares" a muchas importaciones chinas, y exigió que el déficit comercial de Washington con Pekín se reduzca un 25%.


El Gobierno de Trump también prevé anunciar en los próximos meses restricciones a la inversión china en Estados Unidos, además de demandar al gigante asiático ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por sus supuestas prácticas discriminatorias.

"Hay un tremendo robo de propiedad intelectual, cientos de miles de millones de dólares cada año", aseguró Trump al firmar una orden que instruye a su Gobierno a imponer esas medidas.


Los aranceles, que según la Casa Blanca podrían afectar a unos 1.300 tipos de productos chinos, suponen la medida más dura que el Gobierno de Donald Trump ha impuesto hasta ahora a China, y el gigante asiático ya ha amenazado con posibles represalias.


"Nuestro déficit (con China) es el mayor déficit de ningún país en la historia del mundo, está fuera de control", aseguró Trump.


Agregó que los aranceles podrían afectar a productos chinos por valor de "alrededor de 60.000 millones de dólares", una cifra superior a los 50.000 millones de dólares adelantada poco antes por la Casa Blanca, algo que pareció sorprender a su propio secretario de Comercio, Wilbur Ross, presente en el acto.


El presidente dijo que, en paralelo a esa medida, ha exigido a China que reduzca el déficit que tiene Estados Unidos respecto al gigante asiático, que Trump cifró en unos 500.000 millones de dólares anuales.


"He pedido a China reducir el déficit en 100.000 millones de dólares, eso sería el 25% (del total) o quizá incluso más. Tenemos que hacerlo", indicó Trump.


"Estamos hablando con China y metidos en una negociación muy grande. Veremos dónde nos lleva, mientras tanto, vamos a tomar esta medida", añadió Trump, que no aclaró si, en el caso de que Pekín cumpla sus demandas sobre el déficit, se replanteará la imposición de los aranceles.


La oficina del representante estadounidense de Comercio Exterior, Robert Lighthizer, tendrá ahora 15 días para publicar una lista de productos afectados por los aranceles, que podrían incluir unos 1.300 tipos de bienes, desde zapatos y ropa hasta aparatos de tecnología punta.


Una vez publicada esa lista, habrá un periodo de comentarios públicos de 30 días antes de que los aranceles entren en vigor, según la Casa Blanca.


Por otra parte, Trump dará 60 días al Departamento del Tesoro para decidir cómo restringir la inversión china en Estados Unidos debido a sus prácticas de "distorsión del mercado", en palabras de Peter Navarro, asesor comercial del presidente estadounidense.


Los aranceles son el resultado de una investigación de Lighthizer, que concluyó que China daña los derechos de propiedad intelectual de las empresas tecnológicas estadounidenses, porque fuerza a esas entidades a transferir su tecnología a compañías chinas como requisito para hacer negocios en ese país.


"La tecnología es probablemente la parte más importante de nuestra economía", aseguró Lighthizer en un acto en la Casa Blanca, en el que acusó a China de "robo cibernético" de la propiedad tecnológica estadounidense.


Además, Estados Unidos planea demandar a China ante la OMC por sus supuestas "prácticas discriminatorias a la hora de otorgar licencias tecnológicas", según la oficina del representante exterior de Comercio.


China, que es el segundo socio comercial de Estados Unidos por detrás de la Unión Europea (UE), advirtió hoy de que tomará "todas las medidas necesarias" para no salir perjudicado por las medidas de Trump.


El anuncio de hoy se suma a los polémicos aranceles globales al aluminio y al acero anunciados por Trump, que también afectan a Pekín y se calculan en 33.000 millones de dólares.


El Gobierno de Trump anunció hoy que eximirá de esos aranceles globales a la UE, Australia, Argentina, Brasil y Corea del Sur, además de a sus socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Canadá y México.


Cautela en la UE


La Unión Europea (UE) se mostró hoy prudente ante el anuncio de Estados Unidos de que el bloque comunitario estará exento al menos temporalmente de los aranceles a los metales y anunció que presentará su postura mañana tras debatir esta noche durante la cumbre de líderes en Bruselas.


"Mientras esperamos la decisión de EEUU sobre si exime a la UE de los aranceles al acero y al aluminio, he decidido trasladar el debate hacia más tarde esta noche. Presentaremos nuestra posición en detalle mañana", dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en una breve rueda de prensa tras la primera sesión de trabajo de los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho.


También el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, instó a esperar a conocer los detalles de la decisión estadounidense, aunque afirmó que, de confirmarse la excepción, esta sería una "buena noticia".


"Creo que EEUU y Europa, que son dos caras de la misma moneda, no deban dar lugar a una guerra comercial. Nosotros no somos el peligro para el acero americano, es el exceso de capacidad de producción chino", afirmó en una rueda de prensa.


Los jefes de Estado y de Gobierno, que siguen reunidos en una cena de trabajo en la que también se abordarán las negociaciones comerciales con otros países, han guardado en su mayoría silencio pese al anuncio de Lighthizer.


Entre los que pocos que se ha pronunciado, el canciller austríaco, Sebastian Kurz,afirmó en la red social Twitter que está "feliz por la excepción anunciada para la UE" y subrayó que "una guerra comercial nos hubiera perjudicado a todos".


El primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, dijo que es "razonable que la UE esté exenta de unos aranceles basados en razones de seguridad nacional dado que la UE y EEUU son aliados estrechos" y subrayó que deberían colaborar para resolver "el auténtico problema del exceso de capacidad".
Más cauto se mostró el primer ministro belga, Charles Michel, quien señaló en rueda de prensa que "la hipótesis de las exenciones está abierta, pero hay que saber si está sujeta a condiciones".


A su llegada a la cumbre, buena parte de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE aseguraron que esperaban quedar exentos de los aranceles tras las gestiones hechas esta semana en Washington por la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström.


La representante de la Comisión Europea, que tiene la competencia para las negociaciones comerciales comunitarias, se reunió este martes y miércoles con el secretario de Comercio de EEUU, Wilbur Ross, a quien transmitió que la UE, como aliado que no supone una amenaza para la seguridad nacional de EEUU, debería estar exenta.


La UE defiende que el gran problema del sector acerero mundial es el exceso de capacidad de producción de China, cuyas empresas reciben masivos subsidios públicos, e insiste en que debe buscarse una solución en la Organización Mundial del Comercio.


Los Veintiocho en su conjunto son el mayor exportador de acero a EEUU, con unos cinco millones de toneladas, según la patronal europea acerera Eurofer, y entre ellos Alemania es la principal proveedora, con un 3 % del total de importaciones que recibe el país (casi 36 millones de toneladas en 2017).

 

WASHINGTON
22/03/2018 21:06 Actualizado: 22/03/2018 21:06

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 14 Marzo 2018 08:13

Entre muros y aranceles

Entre muros y aranceles

Rex Tillerson se opuso en su momento a los aranceles sobre acero y aluminio aprobados por Donald Trump. Hoy el ex secretario de Estado ha sido defenestrado, mientras los halcones del proteccionismo dominan la política comercial en la Casa Blanca. La ignorancia y la demagogia fortalecen sus posiciones.

Tillerson no fue el único opositor a las medidas proteccionistas. El secretario de Defensa, James Mattis, también lo hizo al señalar que dichas acciones sólo alejarían a países que han sido aliados tradicionales de Estados Unidos. Eso no deja de ser irónico: Trump basó su decisión para imponer los aranceles en consideraciones de seguridad nacional al invocar la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial.

La realidad es que nadie cree que las importaciones de acero y aluminio sean una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Además, al condicionar la imposición de los aranceles en los casos de México y Canadá a los resultados de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Trump ha socavado su propia argumentación sobre seguridad nacional. O los aranceles son para proteger una industria que es vital para la seguridad o son una simple pieza de negociación: no pueden ser ambas cosas a la vez.

Trump ha recurrido a ese subterfugio porque le facilita la tarea legal y hasta le da cierta protección en el seno de la Organización Mundial de Comercio. Y digo cierta, porque si bien las consideraciones de seguridad nacional están contempladas en las secciones pertinentes de los tratados fundamentales de la OMC (Marrakech 1995 y GATT 1947), es indiscutible que los socios comerciales también podrán imponer medidas compensatorias.

De todos modos, los aranceles no servirán para rescatar a esas industrias. En el caso particular del aluminio, difícilmente van a resucitar esa industria que está moribunda desde hace años. Entre 2012 y 2017 el volumen de la producción primaria (a partir de bauxita) se ha desplomado, pasando de poco más de 2 millones de toneladas a sólo 740 mil. En ese mismo lapso la producción, con el uso de chatarra y desperdicio reciclado, se ha mantenido estable, pasando de 1.6 a 1.4 millones de toneladas. En cambio, las importaciones de aluminio se dispararon de 3.7 a 6.2 millones de toneladas en ese periodo. Por cierto, a pesar de que mantiene altísimos niveles de capacidad instalada, China no es de los principales exportadores hacia Estados Unidos.

Así que la pregunta es: ¿quién está matando a la industria del aluminio en Estados Unidos? Y la respuesta no apunta hacia el exterior. Las causas de la destrucción de la industria de aluminio en Estados Unidos se encuentran en ese mismo país.

En 1998 había 23 plantas de aluminio en Estados Unidos y hoy tiene solamente cinco (una sexta planta entrará en operación a finales de este año). Un factor clave que explica el colapso en capacidad instalada se encuentra en la crisis de energía que sufrió el oeste de Estados Unidos en 2000 y 2001. Como es bien sabido (menos por Trump), la producción de aluminio es altamente intensiva en energía y dicho insumo tiene un perfil crítico en la estructura de costos unitarios de esa industria. En 2001 una intensa onda de calor afectó el oeste de Estados Unidos y provocó un fuerte incremento en la demanda de energía. Al mismo tiempo, la oferta de fluido eléctrico se vio comprometida por los bajos niveles de agua en las presas de la cuenca del río Columbia. Eso causó un fuerte aumento de precios en el sector eléctrico que afectó negativamente a los productores de aluminio.

Por si fuera poco, las cosas se complicaron todavía más debido a la desregulación en los esquemas de precios que los proveedores de energía podían utilizar. Los abusos no se hicieron esperar: en medio de la oleada de apagones en la región, la empresa Enron hasta retiró de la red el suministro de una de sus plantas en California, provocando escasez artificial y mayor alza de precios. Al final de esos dos años, la mayor parte de los fundidores de aluminio en la región había cerrado y la capacidad productora de Estados Unidos se había reducido en 43 por ciento. Por cierto, Enron Corporation fue el protagonista memorable en 2002 de uno de los peores escándalos de fraude corporativo en la historia de Estados Unidos.

El otro golpe a la industria productora de aluminio en Estados Unidos se lo propinó la gran crisis financiera de 2008. Cuando se derrumbó la industria automotriz en Estados Unidos, el precio de la tonelada de aluminio se colapsó. Después de mantener una tendencia al alza entre 2003 y 2009, el precio de la tonelada de aluminio cayó de 3 mil 291 a mil 262 dólares entre julio de 2008 y febrero de 2009. La producción se hizo incosteable y otras cinco plantas cerraron entre 2009 y 2012.

El fraude corporativo y la rapacidad de los banqueros rompieron la espina dorsal de la industria del aluminio en Estados Unidos. Los aranceles no la van a reparar.

El martes Trump se trasladó a San Diego para inspeccionar diseños y prototipos del muro que pretende construir en la frontera con México. Se hubiera ahorrado el viaje. El único muro que está construyendo es alrededor de su fallida administración.

 

Twitter: @anadaloficial

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Guerra comercial: Trump deja ver la debilidad de EEUU

La decisión de Donald Trump de desatar una guerra comercial con aranceles para el acero y el aluminio, con el argumento de que "son buenas y fáciles de ganar", está mostrando las debilidades de EEUU, una nación que impulsó una globalización que ahora se le vuelve en contra, por el envejecimiento de su industria.


El presidente pretende recuperar puestos de trabajo y a la vez reducir el déficit comercial de su país, que asciende a la fabulosa cifra de 566.000 millones de dólares, el mayor en siete años. La mayor brecha comercial es con China, con la cual el déficit se ubicó en los 375.100 millones de dólares, lo que representa un aumento anual del 8,1%.


El segundo lugar en el déficit comercial de EEUU lo ocupa México, miembro junto a Canadá del TLCAN, que están en la mira del presidente. Desde que Trump llegó a la presidencia, el 20 de enero de 2017, el Departamento de Comercio duplicó sus investigaciones para una eventual aplicación de derechos compensatorios por prácticas de dumping.


Imponer 25% de aranceles al acero y 10% al aluminio, como anunció días atrás, puede provocar un mayor aislamiento de Washington, en particular entre sus aliados europeos que están estudiando medidas de "reciprocidad" que gravarían las importaciones comunitarias desde EEUU. En una marcha atrás inevitable, se informó que Canadá y México estarían exentos de los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio, si firman un nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Es fácil y es popular decir que las prácticas comerciales de sus competidores roban empleos estadounidenses, pero el retorno al proteccionismo es uno de los virajes más complejos en el escenario global actual, encuentra trabas externas e internas y tiene escasa utilidad.


Es cierto que hay una sobreproducción de aluminio y acero en el mundo, en particular por la expansión de la producción de China. En 2016 China produjo el 51% del acero del mundo, pero en 2000 no llegaba a un tercio. Mientras todos los grandes países redujeron su producción de acero, China la duplicó desde comienzos de siglo. Algo similar sucede con el aluminio: EEUU fue un importante productor hasta 2005, siendo rebasado con creces por China que ya produce la mitad del aluminio del mundo.


Las tendencias históricas y de larga duración no se pueden revertir con algunas tasas a la importación. Aquí aparecen algunos problemas de las medidas que quiere imponer el Gobierno de Estados Unidos, que lo harán retroceder cuando empiece a sentir los daños que provocará su política.


La primera cuestión a tener en cuenta es que China no será la principal afectada por esas medidas, sino los aliados más cercanos de Washington. Estados Unidos es el mayor importador de acero del mundo, con 20 millones de toneladas anuales, por 24.000 millones de dólares. El principal abastecedor es Canadá, con el 17% del total, seguido de cerca por Corea del Sur y Brasil. Por el contrario, China es apenas el undécimo exportador de acero a EEUU. Aliados importantes como Japón, Alemania y Taiwán, serán también perjudicados por las medidas anunciadas.


La política comercial no tiene que dañar a los aliados estratégicos de ningún país, porque de ese modo estaría socavando su propia política económica, que debe estar subordinada a los objetivos centrales del país.


El segundo problema es que el proteccionismo puede abrir más grietas aún en el interior de EEUU. Orrin Hatch, jefe republicano del Comité de Finanzas del Senado, protestó el 1 de marzo porque "los aranceles sobre el acero y el aluminio son un aumento de impuestos que el pueblo estadounidense no necesita y no puede permitirse".


La división interna en Washington tiende a agravarse con estos anuncios y empieza a afectar de lleno al Partido Republicano. El consejero económico de Trump, Gary Cohn, podría presentar su dimisión y las presiones en su propio partido no dejan de crecer, incluyendo al líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.
El presidente de la central sindical AFL-CIO, Richard Trumka, dijo que el anuncio de aranceles al acero y aluminio es un "paso positivo" para proteger empleos en EEUU, y muestra por primera vez a un presidente que "no sólo habla del tema, también toma medidas".


Es evidente que las guerras comerciales no son tan "fáciles de ganar" como había previsto Trump. Un editorial de Global Times le recordó a Trump, con bastante ironía, que el presidente George W. Bush en 2002 impuso aranceles para proteger a las empresas estadounidenses de acero, lo que provocó fuertes protestas de la Unión Europea. "Los aranceles aseguraron los puestos de trabajo de 20.000 trabajadores estadounidenses, pero hicieron que 200.000 personas perdieran sus empleos. La administración Bush finalmente abolió los aranceles en 2003 después de que la OMC falló en contra de EEUU".


Por último, mientras EEUU se pelea con medio mundo, incluyendo a sus más cercanos aliados, China apuesta por más libre comercio y más globalización.
El funcionario aseguró que China "garantizará la competencia justa entre empresas nacionales y extranjeras de forma integral", en un contrapunto completo a las medidas anunciadas por Trump. Con su política de apertura, el dragón apuesta a ganar cada vez más aliados y dejar en el aislamiento a su principal oponente en el terreno económico.


Es imposible tapar el sol con un dedo. Hace años EEUU dejó de ser la superpotencia que contenía el 50% de la producción mundial de bienes, luego de la Segunda Guerra Mundial. Hoy se trata de una nación endeudada, dividida y atravesada por pesados conflictos sociales. Ya no es el punto de referencia económico y político que fuera algún día para los países occidentales.

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