Miércoles, 14 Marzo 2018 08:13

Entre muros y aranceles

Entre muros y aranceles

Rex Tillerson se opuso en su momento a los aranceles sobre acero y aluminio aprobados por Donald Trump. Hoy el ex secretario de Estado ha sido defenestrado, mientras los halcones del proteccionismo dominan la política comercial en la Casa Blanca. La ignorancia y la demagogia fortalecen sus posiciones.

Tillerson no fue el único opositor a las medidas proteccionistas. El secretario de Defensa, James Mattis, también lo hizo al señalar que dichas acciones sólo alejarían a países que han sido aliados tradicionales de Estados Unidos. Eso no deja de ser irónico: Trump basó su decisión para imponer los aranceles en consideraciones de seguridad nacional al invocar la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial.

La realidad es que nadie cree que las importaciones de acero y aluminio sean una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Además, al condicionar la imposición de los aranceles en los casos de México y Canadá a los resultados de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Trump ha socavado su propia argumentación sobre seguridad nacional. O los aranceles son para proteger una industria que es vital para la seguridad o son una simple pieza de negociación: no pueden ser ambas cosas a la vez.

Trump ha recurrido a ese subterfugio porque le facilita la tarea legal y hasta le da cierta protección en el seno de la Organización Mundial de Comercio. Y digo cierta, porque si bien las consideraciones de seguridad nacional están contempladas en las secciones pertinentes de los tratados fundamentales de la OMC (Marrakech 1995 y GATT 1947), es indiscutible que los socios comerciales también podrán imponer medidas compensatorias.

De todos modos, los aranceles no servirán para rescatar a esas industrias. En el caso particular del aluminio, difícilmente van a resucitar esa industria que está moribunda desde hace años. Entre 2012 y 2017 el volumen de la producción primaria (a partir de bauxita) se ha desplomado, pasando de poco más de 2 millones de toneladas a sólo 740 mil. En ese mismo lapso la producción, con el uso de chatarra y desperdicio reciclado, se ha mantenido estable, pasando de 1.6 a 1.4 millones de toneladas. En cambio, las importaciones de aluminio se dispararon de 3.7 a 6.2 millones de toneladas en ese periodo. Por cierto, a pesar de que mantiene altísimos niveles de capacidad instalada, China no es de los principales exportadores hacia Estados Unidos.

Así que la pregunta es: ¿quién está matando a la industria del aluminio en Estados Unidos? Y la respuesta no apunta hacia el exterior. Las causas de la destrucción de la industria de aluminio en Estados Unidos se encuentran en ese mismo país.

En 1998 había 23 plantas de aluminio en Estados Unidos y hoy tiene solamente cinco (una sexta planta entrará en operación a finales de este año). Un factor clave que explica el colapso en capacidad instalada se encuentra en la crisis de energía que sufrió el oeste de Estados Unidos en 2000 y 2001. Como es bien sabido (menos por Trump), la producción de aluminio es altamente intensiva en energía y dicho insumo tiene un perfil crítico en la estructura de costos unitarios de esa industria. En 2001 una intensa onda de calor afectó el oeste de Estados Unidos y provocó un fuerte incremento en la demanda de energía. Al mismo tiempo, la oferta de fluido eléctrico se vio comprometida por los bajos niveles de agua en las presas de la cuenca del río Columbia. Eso causó un fuerte aumento de precios en el sector eléctrico que afectó negativamente a los productores de aluminio.

Por si fuera poco, las cosas se complicaron todavía más debido a la desregulación en los esquemas de precios que los proveedores de energía podían utilizar. Los abusos no se hicieron esperar: en medio de la oleada de apagones en la región, la empresa Enron hasta retiró de la red el suministro de una de sus plantas en California, provocando escasez artificial y mayor alza de precios. Al final de esos dos años, la mayor parte de los fundidores de aluminio en la región había cerrado y la capacidad productora de Estados Unidos se había reducido en 43 por ciento. Por cierto, Enron Corporation fue el protagonista memorable en 2002 de uno de los peores escándalos de fraude corporativo en la historia de Estados Unidos.

El otro golpe a la industria productora de aluminio en Estados Unidos se lo propinó la gran crisis financiera de 2008. Cuando se derrumbó la industria automotriz en Estados Unidos, el precio de la tonelada de aluminio se colapsó. Después de mantener una tendencia al alza entre 2003 y 2009, el precio de la tonelada de aluminio cayó de 3 mil 291 a mil 262 dólares entre julio de 2008 y febrero de 2009. La producción se hizo incosteable y otras cinco plantas cerraron entre 2009 y 2012.

El fraude corporativo y la rapacidad de los banqueros rompieron la espina dorsal de la industria del aluminio en Estados Unidos. Los aranceles no la van a reparar.

El martes Trump se trasladó a San Diego para inspeccionar diseños y prototipos del muro que pretende construir en la frontera con México. Se hubiera ahorrado el viaje. El único muro que está construyendo es alrededor de su fallida administración.

 

Twitter: @anadaloficial

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Guerra comercial: Trump deja ver la debilidad de EEUU

La decisión de Donald Trump de desatar una guerra comercial con aranceles para el acero y el aluminio, con el argumento de que "son buenas y fáciles de ganar", está mostrando las debilidades de EEUU, una nación que impulsó una globalización que ahora se le vuelve en contra, por el envejecimiento de su industria.


El presidente pretende recuperar puestos de trabajo y a la vez reducir el déficit comercial de su país, que asciende a la fabulosa cifra de 566.000 millones de dólares, el mayor en siete años. La mayor brecha comercial es con China, con la cual el déficit se ubicó en los 375.100 millones de dólares, lo que representa un aumento anual del 8,1%.


El segundo lugar en el déficit comercial de EEUU lo ocupa México, miembro junto a Canadá del TLCAN, que están en la mira del presidente. Desde que Trump llegó a la presidencia, el 20 de enero de 2017, el Departamento de Comercio duplicó sus investigaciones para una eventual aplicación de derechos compensatorios por prácticas de dumping.


Imponer 25% de aranceles al acero y 10% al aluminio, como anunció días atrás, puede provocar un mayor aislamiento de Washington, en particular entre sus aliados europeos que están estudiando medidas de "reciprocidad" que gravarían las importaciones comunitarias desde EEUU. En una marcha atrás inevitable, se informó que Canadá y México estarían exentos de los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio, si firman un nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Es fácil y es popular decir que las prácticas comerciales de sus competidores roban empleos estadounidenses, pero el retorno al proteccionismo es uno de los virajes más complejos en el escenario global actual, encuentra trabas externas e internas y tiene escasa utilidad.


Es cierto que hay una sobreproducción de aluminio y acero en el mundo, en particular por la expansión de la producción de China. En 2016 China produjo el 51% del acero del mundo, pero en 2000 no llegaba a un tercio. Mientras todos los grandes países redujeron su producción de acero, China la duplicó desde comienzos de siglo. Algo similar sucede con el aluminio: EEUU fue un importante productor hasta 2005, siendo rebasado con creces por China que ya produce la mitad del aluminio del mundo.


Las tendencias históricas y de larga duración no se pueden revertir con algunas tasas a la importación. Aquí aparecen algunos problemas de las medidas que quiere imponer el Gobierno de Estados Unidos, que lo harán retroceder cuando empiece a sentir los daños que provocará su política.


La primera cuestión a tener en cuenta es que China no será la principal afectada por esas medidas, sino los aliados más cercanos de Washington. Estados Unidos es el mayor importador de acero del mundo, con 20 millones de toneladas anuales, por 24.000 millones de dólares. El principal abastecedor es Canadá, con el 17% del total, seguido de cerca por Corea del Sur y Brasil. Por el contrario, China es apenas el undécimo exportador de acero a EEUU. Aliados importantes como Japón, Alemania y Taiwán, serán también perjudicados por las medidas anunciadas.


La política comercial no tiene que dañar a los aliados estratégicos de ningún país, porque de ese modo estaría socavando su propia política económica, que debe estar subordinada a los objetivos centrales del país.


El segundo problema es que el proteccionismo puede abrir más grietas aún en el interior de EEUU. Orrin Hatch, jefe republicano del Comité de Finanzas del Senado, protestó el 1 de marzo porque "los aranceles sobre el acero y el aluminio son un aumento de impuestos que el pueblo estadounidense no necesita y no puede permitirse".


La división interna en Washington tiende a agravarse con estos anuncios y empieza a afectar de lleno al Partido Republicano. El consejero económico de Trump, Gary Cohn, podría presentar su dimisión y las presiones en su propio partido no dejan de crecer, incluyendo al líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.
El presidente de la central sindical AFL-CIO, Richard Trumka, dijo que el anuncio de aranceles al acero y aluminio es un "paso positivo" para proteger empleos en EEUU, y muestra por primera vez a un presidente que "no sólo habla del tema, también toma medidas".


Es evidente que las guerras comerciales no son tan "fáciles de ganar" como había previsto Trump. Un editorial de Global Times le recordó a Trump, con bastante ironía, que el presidente George W. Bush en 2002 impuso aranceles para proteger a las empresas estadounidenses de acero, lo que provocó fuertes protestas de la Unión Europea. "Los aranceles aseguraron los puestos de trabajo de 20.000 trabajadores estadounidenses, pero hicieron que 200.000 personas perdieran sus empleos. La administración Bush finalmente abolió los aranceles en 2003 después de que la OMC falló en contra de EEUU".


Por último, mientras EEUU se pelea con medio mundo, incluyendo a sus más cercanos aliados, China apuesta por más libre comercio y más globalización.
El funcionario aseguró que China "garantizará la competencia justa entre empresas nacionales y extranjeras de forma integral", en un contrapunto completo a las medidas anunciadas por Trump. Con su política de apertura, el dragón apuesta a ganar cada vez más aliados y dejar en el aislamiento a su principal oponente en el terreno económico.


Es imposible tapar el sol con un dedo. Hace años EEUU dejó de ser la superpotencia que contenía el 50% de la producción mundial de bienes, luego de la Segunda Guerra Mundial. Hoy se trata de una nación endeudada, dividida y atravesada por pesados conflictos sociales. Ya no es el punto de referencia económico y político que fuera algún día para los países occidentales.

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La posible guerra comercial tensa a todos

Trump dijo que no dará marcha atrás con la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio

El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó ayer que no habrá marcha atrás con la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio, al tiempo que criticó a la Unión Europea (UE) y descartó que su anuncio vaya a desatar una “guerra comercial”.


“No, nos nos vamos a echar atrás”, dijo Trump a periodistas en la Casa Blanca, en el marco de una conferencia de prensa con motivo de la visita a Washington del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. “No creo que vayamos a tener una guerra comercial”, afirmó. Asimismo, acusó a la UE de tener barreras comerciales “peores que los aranceles”. “La gente tiene que entender que nuestro país ha sido estafado por casi todos los países del mundo, sean amigos o enemigos”, agregó.
El director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Roberto Azevêdo, reconoció ayer en Ginebra que el riesgo de una escalada se incrementó significativamente. “Con el principio del ‘ojo por ojo’ terminaremos todos ciegos y el mundo caerá en una recesión profunda”, expresó Azevêdo. “Debemos evitar la caída de las primeras piezas del dominó. Todavía hay tiempo para eso.”


Más temprano, el comisario europeo para la Planificación Financiera y Presupuestos, el alemán Günther Oettinger, había anunciado que la UE pondrá en marcha “medidas razonables” para hacer frente a los planes de Trump. “Deben ser medidas que tengan efecto en el mercado estadounidense pero que no provoquen una reacción exagerada y, con ello, deriven en una escalada de tensión”, señaló el político conservador, miembro de la Unión Cristianodemócrata (CDU), que dirige Angela Merkel. “Nuestro objetivo se centraría en evitar una guerra comercial. En caso de que el conflicto transatlántico vaya en aumento, quienes ganan son los asiáticos”, agregó desde Berlín.


Oettinger explicó que la Comisión Europea tiene previsto decidir mañaña qué pasos dar para hacer frente a los planes anunciados días atrás por Trump. “Todo ello perjudica a la economía alemana, europea y americana”, resumió el comisario europeo, quien también señaló que automotrices alemanas de alta gama como BMW y Daimler (fabricante de Mercedes-Benz) tienen intención de fabricar buena parte de sus automóviles en Estados Unidos y de seguir reinvirtiendo en ese país.
Además, Oettinger declaró tener dudas de que la política arancelaria anunciada desde Washington se ajuste a las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), aunque reconoció que la resolución de una demanda en este organismo internacional podría tomar años. De ahí que la Comisión Europea opte por poner en marcha “medidas razonables”.


Por su parte, el ministro de Economía mexicano, Ildefonso G

uajardo, dijo ayer que su país debe ser excluido de la aplicación de aranceles a las importaciones de acero y aluminio.
“México no debe ser incluido en los aranceles de acero y aluminio. Es la manera equivocada de incentivar la creación de un Tlcan moderno”, escribió en Twitter, en respuesta a un tuit en el que Trump sugería que podría eximir a México y Canadá de las medidas arancelarias si se firma un “nuevo y justo” Nafta. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte (Nafta o Tlcan) está vigente desde 1994 entre México, Canadá y Estados Unidos. Su renegociación empezó en agosto a iniciativa del presidente estadounidense, que lo consideró el peor acuerdo de la historia de su país.


Trump anunció la semana pasada que aplicará aranceles de un 25 y un diez por ciento a la importación de acero y aluminio, respectivamente, sin hacer excepción con ningún país. Canadá y México son sus proveedores de acero número uno y cuatro, respectivamente.


Ayer a la mañana, el mandatario estadounidense volvió a arremeter en Twitter contra el Nafta, diciendo que es un “mal acuerdo” para su país y que este tiene “grandes déficits comerciales” con México y Canadá. Sus comentarios se dan cuando culmina la séptima ronda de negociaciones del tratado, realizada en Ciudad de México. Tanto Canadá como México han dicho que tomarán represalias si gravan sus importaciones de acero y aluminio.
Trump también exigió a Canadá tratar mejor a los agricultores estadounidenses, mientras que señaló que México debe tomar más acciones para evitar la entrada de drogas en Estados Unidos.


El anuncio de Trump también despertó la oposición de sus aliados conservadores en el Congreso. “Estamos extremadamante preocupados por las consecuencias de una guerra comercial y estamos urgiendo a la Casa Blanca a no avanzar con este plan”, dijo una portavoz del líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.

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Lunes, 05 Marzo 2018 06:52

Sincronía

Sincronía

Puede parecer una mera casualidad que Donald Trump declare una guerra comercial prácticamente al mismo tiempo que Putin anuncia que tiene un enorme arsenal nuclear y de gran alcance.


Para Trump, una guerra comercial es buena y fácil de ganar. Putin dice que tiene un enorme arsenal y emprendería de inmediato un ataque nuclear a cualquier escala si Rusia es agredida.


La práctica sincronía de estos actos no entraña una conspiración; son un indicio de las contradicciones de esta etapa histórica y la manera en la que se expresan las fuerzas de poder en el mundo.


El libre comercio como política e ideología se ha extendido en el marco de la globalización durante tres décadas. Entendamos ésta, sólo como una referencia básica, como la integración internacional del comercio, las inversiones y la tecnología, sobre todo la vinculada con la información.


Sus objetivos declarados no corresponden con los resultados observados. Es una fuente creciente de conflictos por el control de los mercados, de las ganancias y del proceso de acumulación de capital. También se manifiesta con pugnas cada vez más fuertes en el campo de la distribución de la riqueza y del ingreso que se genera. La guerra en sus diversas formas es un elemento del conflicto existente.


El impulso del libre cambio no es un proceso llano y ha estado plagado de disputas en el campo del comercio, como ocurre, por ejemplo, cuando un país usa el dumping (práctica de vender un producto por debajo del costo para conseguir más mercado) o con las devaluaciones que abaratan los bienes y servicios en el exterior.
Las pugnas entre China y Estados Unidos por este tipo de medidas son bien conocidas y han significado la aplicación de diversas sanciones en los años recientes. El acero es un caso en cuestión y el objeto, junto con el aluminio, de la guerra declarada por Trump.


China ha producido acero en exceso y bajado su precio. Las tarifas impuestas pretenden proteger a los productores estadunidenses y a los trabajadores del sector.
Las políticas públicas suelen aparecer como evidentes cuando se formulan y se aplican; Trump lo ha propuesto así con su reforma tributaria. Pero sus consecuencias son una cuestión más compleja y no necesariamente las que se pretendían originalmente. En ocasiones, incluso, provocan mayores distorsiones.


Las políticas proteccionistas son muy antiguas. Sirven para propósitos específicos y por algún tiempo. La sustitución de importaciones en Alemania en el siglo XIX para combatir las consecuencias del libre cambio británico, es un ejemplo exitoso en general.


Aquello fue diferente de las políticas desarrollistas aplicadas en países como México a partir de la segunda posguerra. Crearon, sí, industrias, pero también mayores precios para los consumidores y ganancias extraordinarias para los productores. A la hora de abrir el comercio y las inversiones a partir de la década de 1980 el impacto fue muy grande y generó nuevas fricciones.


Las medidas que pretende aplicar Trump tendrán un recorrido a lo largo de la actividad productiva, del proceso de formación de los precios y en la creación de empleo en Estados Unidos. Se suman a las medidas proteccionistas anunciadas a principio de este año sobre las lavadoras y los paneles solares.


En el caso del acero subirán los precios para los usuarios, sean productores o consumidores de los bienes en cuestión. El secretario de comercio Wilbur Ross apareció en los medios con una lata de cerveza en la mano para explicar que el alza en su precio será imperceptible. Cuando conviene trivializar las cosas no hay límites.
Las tarifas afectarán también a otras naciones cuya industria está estrechamente relacionada en términos geográficos, como ocurre en México. Trump dijo que quiere también aplicar otras formas de impuestos a las importaciones en la frontera. La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que ha sido un proceso trompicado (vaya coincidencia en los términos), sigue, pues, en un plano incierto.


Guerra en el comercio y guerra nuclear. Son dos propuestas de dimensiones ciertamente distintas, pero no por ello disociadas. Convendría atender a su sincronicidad y su significado político.


Hay una cierta correspondencia en el origen mismo de las posturas de dos personajes con las características de Trump y Putin; esa suerte de machismo, bravuconería, autoritarismo y exhibición ostensible del poder.


Esa es sólo la superficie del fenómeno que observamos. Lo que hay debajo es la materia de interés primordial. Y eso que está debajo surge a veces a borbotones, con modos particulares de violencia, en entornos y lugares distintos.

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EU: ningún país se salvará del arancel en acero y aluminio

El presidente estadunidense, Donald Trump, no considera ninguna exención a la medida de aranceles al acero y el aluminio que entrará en vigencia esta semana, confirmó ayer el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, en el programa This Week de la cadena ABC.

"La decisión obviamente es de él, pero de momento, hasta donde yo sé, él está hablando del trazo grueso. No lo he oído describir exenciones en particular hasta ahora", señaló Ross.

El funcionario restó importancia al impacto de las medidas contra la economía estadunidense. Son otros países "los que tienen el dinero en el bolsillo. Tienen mucho que perder", insistió.

Trump provocó temores de una guerra comercial internacional el jueves pasado cuando anunció aranceles de 25 por ciento para el acero importado y 10 por ciento para el aluminio.

El viernes aseguró que "las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar".

En tanto, Kevin Brady, el principal legislador republicano estadunidense, que supervisa la política comercial, declaró en la Ciudad de México que todo el acero y el aluminio comercializados justamente deben ser excluidos, especialmente los de los socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Indicó a la prensa que incluso se podría considerar a otros países.

El legislador se reunió ayer con la ministra canadiense de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland. El representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, también llegó a la Ciudad de México.

El tema de los aranceles "estaría al frente y en el centro" durante una reunión hoy entre Freeland, Lighthizer y el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, indicó Brady.

Por su parte, el jefe negociador adjunto de México en el TLCAN, Salvador Behar, aseguró a periodistas que el asunto de los aranceles "no ha contaminado el ambiente, aunque es un irritante para México, por supuesto, y de muchos otras naciones".

Agregó que el equipo mexicano ha dejado claro que el país tendrá que reaccionar en caso de que se le impongan aranceles, "independientemente de la negociación" del tratado.

Para el jefe negociador de Canadá la amenaza arancelaria ha hecho más complejas las negociaciones. Ese país es el principal proveedor de acero y aluminio de Estados Unidos.

De su parte, el representante de Estados Unidos, Bill Pascrell, el principal representante demócrata en el sector comercial de la Comisión de Medios y Arbitrios de la cámara baja, expresó que "no tenemos un gran déficit comercial con Canadá. ¿Qué estamos haciendo? Si no podemos hacer una excepción allí, ¿cómo vamos a conseguir un acuerdo en el TLCAN?", subrayó.

En un reporte oficial de ta-reas, este lunes el primer ministro Li Keqiang señaló que China se opone al proteccionismo y respalda la solución de las disputas comerciales mediante la negociación, pero defenderá "con resolución" sus intereses y derechos legítimos.

Respecto de la renegociación del TLCAN, de acuerdo con la Secretaría de Economía Guajardo, Freeland y Lighthizer tendrán hoy reuniones bilaterales y anunciarán el cierre y los posibles avances de la séptima ronda.

Sobre las reglas de origen del sector automotriz, los jefes técnicos negociadores planean retomar la discusión en una cit intermedia.

El jefe mexicano de la negociación técnica del TLCAN, Kenneth Smith Ramos, señaló que el regreso a Washington del responsble del contenido regional automotriz de Estados Unidos, Jason Bernstein, impidió avanzar en la mesa de ese tema.

La SE informó que a las 14:15 horas los representantes de los tres países darán a conocer los resultados en una conferencia.

La octava ronda será en Washington durante los primeros días de abril.

 

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Donald Trump alienta una guerra comercial; son fáciles de ganar

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, después de que su plan de fijar aranceles a las importaciones de acero y aluminio generó críticas globales y una caída generalizada de los mercados bursátiles mundiales.

El mandatario se dijo seguro de ganar la guerra comercial que se avizora. Cuando un país está perdiendo miles de millones de dólares en comercio virtualmente con cada país con el que tiene negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, escribió en Twitter. También anunció que impondrá impuestos recíprocos para nivelar el intercambio comercial; 800 mil millones (de dólares) de déficit comercial no dejan otra opción.

Trump redobló su apuesta por el proteccionismo al adelantar el jueves que la próxima semana se anunciará de manera formal un plan para aplicar aranceles de 25 por ciento al acero y de 10 por ciento al aluminio para castigar prácticas comerciales que, según él, engordan el déficit y roban empleos estadunidenses. El aviso lo hizo mientras se realiza en México la séptima ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en Ciudad de México.

El secretario de Comercio, Wilbur Ross, señaló que la imposición de tarifas tendrá amplios efectos domésticos, pero su impacto será insignificante y calificó de histeria las reacciones iniciales.

Toda esta histeria es mucho ruido y pocas nueces, dijo en televisión, mientras enseñaba latas de productos emblemáticos como cerveza Budweiser, Coca-Cola y sopa Campbell’s.

“Esta es una lata de Campbell’s Soup. Hay alrededor de 2.6 centavos de valor de acero. Si eso sube 25 por ciento eso es alrededor de seis décimas de un centavo sobre el precio de la lata de Campbell’s Soup”, dijo. Es insignificante, aseguró.

Mientras hacía estas declaraciones las bolsas caían y se escuchaban diversas amenazas de represalias de grandes socios comerciales de Estados Unidos y advertencias de organismos internacionales multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). La Unión Europea apuntó a la posibilidad de adoptar contramedidas.

Europa ha elaborado una lista de productos estadunidenses a los que aplicará aranceles si Trump sigue adelante con su plan. Impondremos aranceles sobre Harley-Davidson, sobre el Bourbon y los jeans Levis, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a la televisión alemana. Francia indicó que los aranceles serían inaceptables y China instó a Trump a mostrar contención.

Funcionarios no precisaron si los aranceles incluirán las importaciones de Canadá y México, socios de Washington en el TLCAN, que se encuentra en una fase de renegociación.

Canadá, el mayor proveedor de acero y aluminio a Estados Unidos, dijo que tomará represalias si resulta afectado por estas medidas. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, dijo que cualquier arancel sobre las importaciones de acero y aluminio será absolutamente inaceptable y se comprometió a seguir tratando el asunto con funcionarios estadunidenses.

ArcelorMittal, el mayor productor de acero del mundo, no ha cambiado sus planes para invertir mil millones de dólares en una nueva línea de producción en México, a pesar de la incertidumbre sobre los términos de intercambio comercial en América del Norte, dijo el viernes Ricardo Bussey, director de Asuntos Corporativos de ArcelorMittal México. La firma señaló en un comunicado que está evaluando el posible impacto global de un eventual arancel estadunidense al acero.

El FMI dijo que las restricciones a esas importaciones no sólo perjudicarán a Estados Unidos, sino también a otras economías. El director general de la OMC, Roberto Azevedo, expresó la preocupación por los planes de Washington y advirtió que la posibilidad de una escalada es real, como lo hemos visto por las respuestas iniciales de otros. Una guerra comercial no favorece los intereses de nadie, aseveró.

Estados Unidos importa 20 millones de toneladas de acero al año, por 24 mil millones de dólares, lo que lo hace el mayor importador del mundo, según datos del ministerio alemán de Economía.

Las amenazas de Trump se suman a una serie de decisiones y planes proteccionistas que caracterizan a su gobierno. Entre ellos figura la renegociación del TLCAN, vigente desde 1994, que Trump considera nefasto, y la retirada de Estados Unidos del acuerdo de libre comercio TPP que su antecesor Barack Obama había suscrito con otros 11 países del área Asia Pacífico.

Desde que entró a la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 y hasta el 26 de febrero pasado, el Departamento de Comercio abrió 102 investigaciones para la eventual aplicación de derechos compensatorios o antidumping, 92 por ciento más que un año antes.

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Presidentes de los países miembros de la Alianza del Pacífico, en imagen del 27 de septiembre de 2015.

El 92 por ciento de las 12 mil fracciones arancelarias de los productos que comercian México, Chile, Perú y Colombia quedaron eliminadas a partir de este domingo primero de mayo, al entrar en vigor el protocolo adicional del acuerdo marco de la Alianza del Pacífico, definida como un área de integración comercial entre dichas naciones.

 

Sin embargo, un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que la mera eliminación de aranceles entre los países de la alianza no alcanza para explotar al máximo el potencial de integración del bloque, debido a que uno de los mayores obstáculos radica en los prohibitivos costos que prevalecen en el transporte de la región, al que calificó de disfuncional, factor al cual añadió los engorrosos trámites aduaneros.

 

Ambos factores obstaculizan el comercio y propician que solamente llegue a un puñado de regiones y municipios ricos y bien conectados de la Alianza del Pacífico, destaca.

 

El protocolo define que se mantendrán 960 aranceles (el restante 8 por ciento de las fracciones), referidos principalmente a alimentos que los cuatro países consideraron sensibles, como la harina de maíz, frijol, café, productos lácteos, frutas y carne, pero también manufacturas como el calzado. Se fijaron tasas preferenciales, que oscilan desde 5.7 hasta 103 por ciento y cuya vigencia durará de dos hasta 14 años, según el producto del que se trate. El objetivo es reducir dichos aranceles de manera gradual hasta que todos queden eliminados para 2030.

 

Sólo se prohíbe el intercambio comercial de 22 tipos, variedades o presentaciones de productos, entre ellos semillas o preparados de amapola y cannabis (mariguana), morfina, diversas sustancias químicas y los huevos de la tortuga caguama. En tanto, 34 mercancías no tendrán ninguna reducción en el pago de impuestos de importación, como azúcar, glucosa, fructosa, melaza, jarabes y alcohol etílico.

 

El estudio del BID destaca que Chile es el país mejor calificado del grupo en cuanto a la calidad de infraestructura, desempeño logístico y eficiencia de las aduanas, por encima de México.

 

El organismo sostuvo que hace falta información detallada sobre los problemas y costos de infraestructura de los países asociados que sirvan para orientar las políticas públicas en la materia, así como la asignación de recursos de manera eficiente para abordar el mal estado de la infraestructura de transporte de la región.

 

La Alianza fue impulsada desde 2011 y el llamado acuerdo marco, es decir, los lineamientos que la rigen, se firmó a mediados de 2012. En México, el acuerdo marco se promulgó en julio de 2015 y en diciembre pasado el Senado aprobó el protocolo adicional en el que se establecen las tarifas arancelarias de importación a tasas preferenciales y que la Secretaría de Economía detalló en el Diario Oficial.

 

Entre los productos por los que los aliados tendrán que pagar las tasas más altas de aranceles destacan el frijol blanco y negro, cuyo arancel se fijó en 103 por ciento, y se prevé que quede en cero hasta 2030; la del queso fresco, lactosuero y requesón se estableció en 96.2 por ciento, para liberarse totalmente en 2016; la tasa del café instantáneo quedó en 56.2 por ciento pero será de cero en dos años más, y la de leche en polvo 47.3 para liberarse en 2025.

 

El arancel de la harina de maíz quedó en 15 por ciento, y para diversas frutas y verduras como manzana, papas, mango, cebolla, papaya, piña, naranja, ajo, yogur, mantequilla, guayaba, melón y sandía oscila las tasa oscilas entre 8 y 16 por ciento. Para el calzado, dependiendo del material, del tipo y si es para mujer, niño u hombre, los aranceles fijados van desde 5.7 hasta 17 por ciento, y también se fijaron aranceles para la carne, en canal o trozos.

 

 

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Viernes, 17 Septiembre 2010 06:43

Evo no masca coca con Obama

El gobierno de Evo Morales criticó el informe de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, según el cual Bolivia “ha fallado de manera demostrable” en la lucha contra los narcóticos. Por este motivo, el Congreso de EE.UU. decidió por tercer año seguido “descertificar” a este país, lo que implica dejarlo afuera de preferencias arancelarias y otros beneficios que tendrán los gobiernos cumplidores, de acuerdo con el juicio de la nación del norte. “Creo que sólo es una descertificación política. Yo ya sabía que esto iba pasar, porque mientras tengamos una posición anticapitalista y antiimperialista nunca jamás EE.UU. va certificar a Bolivia. Siempre va a encontrar algún argumento para descertificarnos”, dijo Morales ayer en Cochabamba.

Durante un encuentro de organizaciones sociales afines a su mandato, reunidas en la Conalcam (Coordinadora Nacional por el Cambio), el presidente se dedicó a leer el informe presentado por la embajada estadounidense y a hacer comentarios entrelíneas. “En este nuevo documento de descertificación primero nos dicen que está bien. Pero después nos descertifican. ¿Cómo es eso? No entiendo”, dijo Morales.

“Estados Unidos comparte la preocupación del gobierno de Bolivia por la mejora de los métodos de producción de cocaína, por una creciente presencia de narcotraficantes extranjeros y por el tránsito de drogas por el país”, según el documento leído por Obama ante el Congreso de su país.

“La expulsión de la Agencia Antidrogas de EE.UU. (DEA, por su sigla en inglés) ha perjudicado los esfuerzos para identificar y desmantelar organizaciones narcotraficantes”, continúa el informe. En 2008, cuando el gobierno de Morales soportó un intento de golpe de Estado, decidió expulsar a los agentes antinarcóticos de EE.UU., porque tenía indicios de que complotaban contra su mandato. Desde entonces, Bolivia encaró la lucha contra las drogas con recursos propios, aunque EE.UU. no dejó de mandar dinero para este fin. Además, buscó la cooperación de otros países de la región y de Europa.

Según la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn), en lo que va de 2010 se confiscaron 21,7 toneladas de cocaína y 965 de marihuana. Cerca del 50 por ciento de la cocaína interceptada tendría como origen Perú. Esta droga transita mayormente de la zona andina hacia las tierras bajas, desde donde se la envía a Europa o Brasil. Argentina, Chile y Paraguay son otros receptores de narcóticos. Por ello el gobierno boliviano impulsó en las fronteras tareas conjuntas con fuerzas de seguridad de países vecinos.

“Aunque los logros fueron importantes, lamentablemente no han dado lugar a una reducción neta en el cultivo de coca o en la producción de cocaína en Bolivia”, menciona el informe de EE.UU.

La Asamblea Legislativa Plurinacional, dominada por el oficialismo, propone reformar la ley 1008, “la ley antidrogas”, que habría sido redactada en los ’70 por el gobierno de EE.UU., según comentarios de legisladores actuales. En la nueva normativa plantearían dar un trato más humanitario a los consumidores, en sintonía con legislaciones de otros países. Además, aumentarían el área legal del cultivo de coca. Por ahora es de 12 mil hectáreas.

El gobierno de Morales propone que sean 20 mil las hectáreas de coca legal, destinada al mascado, la elaboración de productos con su agregado (desde harina hasta jabones) y otros usos rituales. Esta zona estaría en los sitios de cultivo “tradicional” de la hoja: los Yungas, Caranavi y Apolo, en La Paz, y El Chapare en Cochabamba.

De acuerdo con datos de las Naciones Unidas, en Bolivia hay en total 31 mil hectáreas sembradas de coca. Serían 19 mil hectáreas más de lo permitido actualmente por la ley 1008.

Para Morales, el reclamo del “imperio” se debe a intereses geopolíticos. “Sin la DEA son mejores los operativos, aunque nuestra debilidad es la tecnología. Si tuviéramos radares, satélites, helicópteros y aviones de lucha contra el narcotráfico sería mejor”, dijo.

Por Sebastián Ochoa
Desde La Paz
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México aumentará los aranceles a las importaciones de 90 productos industriales y agrícolas estadunidenses, en represalia por la negativa de Estados Unidos a permitir la entrada de los transportistas de carga mexicanos a su territorio.

El secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, anunció este lunes esa medida, después que el presidente estadunidense Barak Obama suspendió un programa binacional que permitía a las empresas transportistas mexicanas entregar mercancías en los destinos finales.

La decisión del gobierno estadunidense de cancelar el programa, expresó el funcionario federal en conferencia de prensa, es equivocada, proteccionista y claramente violatoria del Tratado de Libre Comercio (TLC), y envía una señal negativa a México y al resto del mundo, precisamente en momentos en que debe evitarse a toda costa el proteccionismo por la crisis económica.

Ante ello, dijo, el gobierno mexicano analizó la situación de manera seria y llevó a cabo los contactos pertinentes con Estados Unidos para resolver el problema.

Sin embargo, tras agotar todas las instancias sin obtener una respuesta favorable nos vemos obligados a adoptar medidas de represalia conforme el TLC lo dispone, reveló Ruiz Mateos.

Añadió que la respuesta comercial busca preservar la integridad del TLC y significa el costo que tendrá que pagar Estados Unidos por no cumplir sus compromisos.

Los productos a los que se incrementarán los aranceles están relacionados con los sectores industrial y agrícola, que en 2007 representaron un volumen de comercio por 2 mil 400 millones de dólares, cifra que representa 1.7 por ciento de las importaciones totales de México.

Casi 70 por ciento de las mercancías que se comercian entre México y Estados Unidos se transportan por carretera.

La Secretaría de Economía (SE) publicará esta semana la lista de los productos en el Diario Oficial de la Federación y detallará los porcentajes de incrementos.

Ruiz Mateos mencionó tres criterios por los cuales se decidió tomar la represalia comercial a los 90 productos en particular.

Uno ellos es que las mercancías provengan de un número importante de estados de Estados Unidos, y cuyas exportaciones a México representen un porcentaje importante respecto de lo que se vende al resto del mundo.

El segundo criterio es que no fueran insumos que pudieran afectar las cadenas productivas mexicanas y no impactar el precio del bien final.

Por último, el gobierno mexicano buscó que no hubiera un impacto en los precios de los artículos de la canasta básica.

En la conferencia de prensa, el titular de la SE acusó a Estados Unidos de proteger a los transportistas estadunidenses y de afectar con ello la competencia de la región.

Explicó que el argumento estadunidense para impedir el paso a los transportistas mexicanos es que no cumplen con las reglas de seguridad, pese a que en el periodp de vigencia del programa binacional eliminado por Obama hubo más de 46 mil cruces sin que se registraran incidentes de importancia.

México y Estados Unidos acordaron abrir sus estados fronterizos a los transportistas de carga en diciembre de 1995 y a todo el territorio a partir de enero de 2000, pero Washington decidió no llevar a cabo la apertura argumentando cuestiones de seguridad.

Entre septiembre de 2007 y febrero anterior un total de 26 empresas mexicanas y 10 estadunidenses participaron en el programa binacional denominado Proyecto Demostrativo.

Dicho proyecto fue cancelado por Obama el 11 de marzo, cuando firmó la Ley de Presupuesto para 2009 y en la que se establece la prohibición al Departamento de Transporte de usar recursos para el programa.
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