Rusia exhibe su avión Checkmate (Jaque mate), que lo coloca en el primer lugar aeronáutico

La exhibición anual MAKS –Salón Internacional de la Aviación y el Espacio, en Zhukovsky, a las afueras de Moscú– presentó su avión de combate táctico ligero de quinta generación (5G) Checkmate –cuya traducción nada fortuita significa jaque mate en el juego de ajedrez, en el que los rusos son grandes maestros.

El avión de combate supersónico multifuncional Checkmate se basa en el mirífico avión furtivo Sukhoi-75, que ya supera al F-35 de EU, que ha tenido severas fallas (https://bit.ly/3iI6iTd).

Checkmate ostenta una poderosa computadora, descrita como un "segundo piloto electrónico", que es muy amigable a la inteligencia artificial (IA) y funciona como "copiloto" (https://bit.ly/3i1O3ZV).

Según Rostec – high tec estatal rusa–, su máxima velocidad alcanza Mach 1.8, su rango es de 2,800 km, su carga explosiva es de 7,400 kg y su costo es de 30 millones de dólares. Checkmate tiene un solo motor, lo cual es crucial porque la aviación rusa carece de ese tipo tan moderno de aviones de combate.

Su vuelo inaugural está contemplado para 2023 y, según Yuri Slyusar, mandamás de United Aircraft Corporation (UAC), Rusia empezará las entregas en 2026 cuando ya existe una lista de espera de varios países de Asia, Medio-Oriente, África, Europa y Latinoamérica, entre quienes destacan Emiratos Árabes Unidos, India, Vietnam y Argentina (sic).

Liu Xuanzun, en el Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, pregunta si el nuevo Checkmate ruso “rivalizará con el FC-31 de China en el mercado global” (https://bit.ly/2TwhLN8) y juzga que el "prospecto" del furtivo avión Checkmate es óptimo cuando “se espera sea competitivo frente al F-35 de EU en el mercado internacional de armas”, lo cual “también afectará la exportación de aviones de combate de China como el FC-31”.

Los “observadores militares chinos aducen que el FC-31 todavía tiene sus ventajas” cuando “ya ha realizado pruebas de vuelo y se encuentra un paso (sic) adelante del Checkmate en términos del progreso de su desarrollo”.

Una de las ventajas del Checkmate, donde destaca su diseño aerodinámico, es que posee una óptima capacidad furtiva que evita la detección de los radares enemigos. Según Liu, “a nivel doméstico la fuerza aérea rusa puede usar al Checkmate para sustituir sus añejas aeronaves”.

The Saker comenta que “los rusos construyeron algunos muy buenos aviones de combate en el pasado, incluyendo el MiG-23 (criticado en Occidente pero muy preciado por los pilotos rusos) y el MiG-21M, el más exitoso avión de combate jamás construido (https://bit.ly/3x7pb7b)”.

El brasileño Pepe Escobar –geopolitólogo de los mejor informados de la zona euroasiática–, después de exhibir las bondades del mirífico Checkmate, coloca en relieve los sistemas misilísticos de defensa S-500 Prometeo (https://bit.ly/3BBOwd5), los "submarinos silenciosos" y los misiles hipersónicos de Rusia, que "gasta en su industria militar aproximadamente 12 centavos por cada dólar que gasta EU" (https://bit.ly/3rxqfQM), lo cual ya había sido expuesto hace mucho por el analista militar Dmitry Martyanov (https://bit.ly/3BBfamk).

A propósito de la reciente prueba del S-500 Prometeo –similar “al muy eficiente sistema misilístico de defensa S-400”– tiene la "capacidad de interceptar aviones furtivos, así como destruir armas hipersónicas y satélites en el cercano (sic) espacio" (https://bit.ly/3x3uDrN).

Los militares rusos se jactan de que el S-500 Prometeo –nombre del titán que hurtó el fuego de los dioses del Olimpo para beneficiar al género humano– "es objetivamente muy diferente a cualquiera en el mundo y está diseñado para destruir una amplia gama de armas de ataque aéreo y en el espacio, presentes y futuros, en el amplio rango de altitudes y velocidades".

Tan apuestan en la alta eficacia del S-500 Prometeo que el Ministerio de Defensa rusa lo colocará en la región de Moscú. En sólo dos días, Rusia mostró la musculatura de sus tres armas "invencibles" (Putin dixit): el misil hipersónico Tsirkon, la defensa S-500 Prometeo y el furtivo Checkmate de 5G.

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El secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, el 27 de abril de 2021.Leah Millis / Reuters

El secretario de Estado de EE.UU. afirmó que el gigante asiático "es el único país con la capacidad militar, económica y diplomática" para desafiar, lo que llamó, un "orden basado en reglas".

 

Tanto EE.UU. como China no están interesados en buscar una confrontación militar porque va en contra de sus intereses, afirmó este fin de semana el secretario de Estado del país norteamericano, Antony Blinken, durante una entrevista con CBS News.

Al ser cuestionado sobre las capacidades militares del gigante asiático en zonas donde la Armada de EE.UU. también tiene una presencia importante, Blinken sostuvo que llegar o dirigirse hacia un enfrentamiento entre las dos potencias es "completamente contrario" a sus intereses.

"China cree que puede ser y debe ser y será el país dominante en el mundo", afirmó el alto funcionario tras sugerir que "es el único país con la capacidad militar, económica y diplomática para socavar o desafiar el orden basado en reglas".

En este contexto, aseguró que el propósito de Washington no es contener o frenar a Pekín, sino mantener "ese orden basado en normas que China está desafiando". "Si alguien desafía ese orden, nos pondremos de pie y lo defenderemos", subrayó.

Por otra parte, Blinken declaró que EE.UU. también tiene preocupaciones en otros ámbitos con China, como el área comercial, recordando que la Administración del presidente Joe Biden ha mantenido los aranceles contra el gigante asiático, impuestos durante la presidencia de Donald Trump. "China puede ser el único gran problema del momento en Washington en el que demócratas y republicanos encuentran una causa común", agregó.

Publicado: 3 may 2021 01:57 GMT

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EE.UU. aprueba un multimillonario proyecto de armas nucleares pero insta a Irán a reducir su propio programa nuclear

Se construirán al menos 30 núcleos de plutonio por año para "satisfacer las necesidades de seguridad nacional", según un comunicado de la agencia federal a cargo.

La Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA), la agencia federal de EE.UU. responsable del desarrollo y producción de armas nucleares, aprobó la primera fase de diseño de un nuevo proyecto.

Según un comunicado de la institución emitido este miércoles, se construirán al menos 30 núcleos de plutonio por año para "satisfacer las necesidades de seguridad nacional".

El proyecto, que se lleva a cabo en el Laboratorio Nacional de Los Álamos (Nuevo México), costará entre 2.700 y 3.900 millones de dólares y podría finalizar entre 2027 y 2028.

Los núcleos de plutonio, también conocidos como pozos, tienen el tamaño y la forma de una bola de boliche y son un componente crucial en las ojivas nucleares que actúa como disparador de armas termonucleares.

La medida para incrementar la producción de plutonio fue propuesta por la Administración de Joe Biden para compensar el déficit de casi tres décadas en la cantidad de material que, según la NNSA, se requiere para el arsenal nuclear de EE.UU.

Además de trazar los planes para aumentar sus propios activos nucleares, el Gobierno estadounidense ha pedido repetidamente a Irán que restrinja su programa nuclear y retome los términos del pacto de 2015.

Las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán para relanzar el acuerdo, oficialmente conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), se han llevado a cabo en Viena durante las últimas tres semanas.

Según el pacto, Irán acordó frenar su programa nuclear a cambio del levantamiento de una serie de sanciones en su contra, pero en 2018, el expresidente de EE.UU. Donald Trump abandonó el acuerdo y volvió a imponer sanciones a la República Islámica, desatando el incumplimiento de los compromisos.

Biden ha expresado que EE.UU. está dispuesto a retomar el acuerdo nuclear pero bajo la condición de que Irán reduzca la cantidad y pureza de uranio que produce y almacena. Teherán, por su parte, ha afirmado que no lo hará hasta que Washington levante las sanciones.

Publicado: 30 abr 2021 08:36 GMT

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Putin pospuso su opción nuclear de cambio de época y negocia con Biden by the time being

El 21 de abril pasado no se escenificó en apariencia el mensaje sobre el cambio de época del zar Vlady Putin que había anunciado en forma dramática Russia Today (https://bit.ly/3gD8n3w).

Tampoco se trató de un parto de los montes –“Parturient montes, nascetur ridiculus mus” (parirán los montes; nacerá un ridículo ratón) poeta satírico Horacio dixit”–. Un día después al 21, Putin participó en la cumbre virtual sobre el cambio climático que convocó Joe Biden y a la que asistió finalmente el mandarín Xi Jinping.

Putin pospuso su opción nuclear sobre la salida de Rusia del sistema internacional de pagos Swift y la desdolarización que habían insinuado el canciller Sergei Lavrov y el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov.

Tampoco hay que tomar a la ligera la sumaria advertencia del zar Vlady Putin para que Occidente (Whatever that means) no se atreva a cruzar las líneas rojas (¡mega-sic!) trazadas por Rusia y que la hermenéutica china juzgó como una advertencia a Occidente de una severa respuesta a sus actos hostiles (https://bit.ly/3njgKT1).

Pese a la loable desescalada en Donbass por el presidente comediante (literal) ucranio, Volodímir Zelensky, marioneta del MI6 en su suicida confrontación teledirigida contra Rusia (https://bit.ly/3sXuPHj), dos días después a la participación de Putin en la Cumbre sobre el cambio climático, el ex presidente Dmitry Medvedev –el más occidental del poderoso clan de San Petersburgo– comentó que las relaciones de Moscú con Estados Unidos se encuentran a su más bajo nivel, similar a la crisis de los misiles en Cuba en 1962, que han girado de la rivalidad a una franca confrontación (https://bit.ly/3erK8m5), que ha llevado a una inestabilidad permanente.

Medvedev expuso la organizada campaña de acoso contra Rusia, que se condensa en la oposición de Estados Unidos al oleoducto NordStream 2 y a su continua desestabilización en Ucrania. Medvedev juzga que la “inestable política exterior de Washington se debe tanto a razones domésticas (sic)” como al declive de la autoridad estadunidense como líder del mundo occidental.

El discurso de Putin fue duro, pero no llegó a la ruptura prevista. Expuso la interferencia directa en Bielorrusia en un intento de orquestar un golpe de Estado y asesinar a su presidente, muy similar a lo que sufrió el ex mandatario de Ucrania Viktor Yanukovych –quien estuvo a punto de ser asesinado y fue defenestrado del poder con un golpe de Estado–, mediante un masivo ciberataque para paralizar la infraestructura de Minsk, sus comunicaciones y su sistema eléctrico (https://bit.ly/3aC7cxD).

Putin se mofó del “nuevo deporte (sic) de ver quién vocifera más fuerte contra Rusia”, a la que endosan todos los pecados sin razón alguna y advirtió que la respuesta de Moscú sería asimétrica, rápida y severa: quienes amenacen los intereses básicos de la seguridad rusa lo lamentarán de una manera que no lo han sentido en un largo periodo. Putin expresó que Rusia está “en estado de combate (¡mega- sic!)” con sus avanzadas armas hipersónicas y no ocultó que esa nación ya es líder en la creación de sistemas de combate de nueva generación y en el desarrollo de las fuerzas nucleares modernas.

Si se escudriñan las líneas rojas de Putin, sumada de la disquisición de Medvedev, a mi juicio, resultaron mucho peores que un cambio de época sobre la salida del sistema de pagos Swift y su desdolarización, que pudo haber sido en forma pacífica y gradual.

Por fortuna, dos días antes del fatídico 21 de abril, Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional de Biden, se comunicó con su homólogo Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia y muy cercano a Putin, con el fin de “discutir un número de temas de la situación bilateral como asuntos regionales y globales de preocupación (sic)”, y el prospecto de una cumbre presidencial entre Washington y Moscú (https://bit.ly/3gxXaRP).

Las líneas rojas de Putin denotan la hipersensibilidad de la confrontación de Estados Unidos contra Rusia y pueden desencadenar en cualquier momento una tercera guerra mundial nuclear.

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El presidente iraní, Hasan Rohaní. EFE/EPA/PRESIDENTIAL OFFICE HANDOUT

 

"Todavía es pronto y no anticipamos un logro inmediato, ya que hay discusiones difíciles por delante, pero creemos que es un buen paso hacia adelante", ha señalado el Departamento de Estado

Tres años después, EEUU e Irán vuelven a iniciar conversaciones sobre el acuerdo nuclear. De momento no se sentarán en la misma mesa, pero hablarán a través de representantes de otros países en unas conversaciones que arrancan este martes en Viena. El objetivo es el de siempre: que Irán renuncie a desarrollar armas nucleares y que a cambio mejore su situación económica. El contexto, sin embargo, es diferente. Ya se llegó a un acuerdo en 2015, pero Donald Trump lo rompió en 2018. Ahora, en 2021, a Biden le toca recomponerlo.

"Todavía es pronto y no anticipamos un logro inmediato, ya que hay discusiones difíciles por delante, pero creemos que es un buen paso hacia adelante", señaló el portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Ned Price. "Actualmente no esperamos que haya conversaciones directas entre EEUU e Irán en este proceso, aunque EEUU permanece abierto a las mismas".

¿Qué es el acuerdo nuclear iraní y por qué se rompió?

El JCPOA, más conocido como el acuerdo nuclear iraní, es un texto complejo que tardó unos dos años en negociarse. Lo firmaron en 2015 los EEUU de Obama e Irán, además de Rusia, China, Alemania, Francia, Reino Unido y la Unión Europea. En términos generales, todos los países aceptaban levantar las sanciones económicas contra Irán mientras la República Islámica se comprometía a "no buscar, desarrollar o adquirir armas nucleares jamás y bajo ninguna circunstancia".

Para controlar que así fuera, se establecieron controles rutinarios de la Agencia Internacional de Energía Atómica, cuyos inspectores certificaron en todo momento que Irán estaba cumpliendo con su parte. Sin embargo, Donald Trump, cumpliendo una promesa electoral, decidió sacar a EEUU del acuerdo en 2018 y reinstaurar las sanciones. Su gobierno quería una "estrategia de máxima presión" para forzar a Irán a aceptar un "mejor acuerdo", pero la República Islámica respondió negándose a volver a negociar y acelerando, además, su programa nuclear.

¿Por qué ahora vuelven a negociar? ¿No basta con volver a cumplirlo?

Hay varios problemas al respecto. Para empezar, nadie quiere ser el primero en ceder. El negociador nuclear iraní Abbas Araghchi ha dicho que "el retorno de EEUU al acuerdo nuclear no requiere ninguna negociación y el camino está bastante claro", refiriéndose a la retirada de las sanciones. Sin embargo, el gobierno de Biden, que ya ha hecho algún gesto menor, habla de un primer paso que sería volver a la situación anterior, pero exige más.

En EEUU, el propio secretario de Estado ya dijo que el nuevo acuerdo debería ser "más largo y más fuerte" que el anterior, que expiraba en 2030. En Washington, lo que gustaría es que el nuevo texto fuera más allá de lo nuclear y comprometiera a Irán a dejar de apoyar a grupos armados en otros Estados como Siria, Líbano, Yemen... Un acuerdo que fuera algo menos exigente que los ‘12 puntos’ que reclamaba Trump, pero desde luego más ambicioso que el de Obama. El problema, por supuesto, es cómo convencer a los iraníes.

¿Cómo cae esto en Irán?

Los iraníes se sintieron engañados la última vez y eso no ayuda. Su líder supremo, el ayatolá Jamenei, ha dicho recientemente que su país no tiene prisa por revivir el acuerdo: "Ya confiamos en los americanos y cumplimos nuestros compromisos en el pacto nuclear, pero ellos no". Irán exige un levantamiento de las sanciones antes de hablar del resto de cuestiones y es su delegación la que se niega de momento a sentarse en la misma mesa que los negociadores estadounidenses.

La situación es aún más complicada por la cercanía de las elecciones en Irán, que se celebrarán en junio. La impopularidad del actual presidente Rouhani hace difícil que pueda impulsar un acuerdo en tan poco tiempo, pero un hipotético pacto que contara con el apoyo del líder supremo Jamenei sí que podría prosperar. El gran incentivo sigue siendo económico: se espera que el fin de las sanciones suponga un boom económico en un país actualmente ahogado.

¿Cómo cae esto en EEUU?

La oposición política a un acuerdo con Irán fue enorme en 2015 y se mantiene. Los enemigos del pacto nuclear no son sólo los republicanos o el poderoso lobby proisraelí. Entre los demócratas de Biden también hay figuras muy relevantes que lo rechazan. Hace una semana, un grupo de 43 senadores de ambos partidos (del total de 100) envió una carta reclamando al presidente un acuerdo más ambicioso que el anterior y recordándole que, más allá de su programa nuclear, Irán "continúa siendo una amenaza para la seguridad de EEUU y del mundo".

Por supuesto, la política exterior es la parcela en la que cualquier presidente de EEUU cuenta con más autonomía. Biden puede firmar un acuerdo como hizo Obama, pero si lo hace por la vía del decreto, el siguiente presidente puede anularlo en el momento que quiera como hizo Trump. Si quiere darle a ese pacto el valor de un tratado y asegurarse su continuidad después de su mandato, tendría que conseguir el apoyo del Senado para tramitarlo como un tratado y hoy por hoy eso es bastante difícil.

¿Y el resto del mundo?

Además de Irán y EEUU, el pacto de 2015 lo firmaron Rusia, China, Alemania, Francia, Reino Unido y la UE. Todos ellos se mantienen en el acuerdo y han tratado de mantenerlo vivo tras la retirada de EEUU primero y el incumplimiento de Irán después. Ha sido la Unión Europea la que ha confirmado oficialmente el regreso a la mesa de negociación, aunque sea indirectamente, de los dos principales implicados. Todos saben que el primer acuerdo tardó dos años en negociarse y que ahora pueden quedar meses.

Las mayores reticencias, sin embargo, las tienen países que no se sientan en la mesa en Austria, pero que sí cuentan con mucha influencia: los principales aliados de EEUU en la región son enemigos declarados de Irán y del acuerdo nuclear. Hablamos principalmente de Israel, Arabia Saudí y algunos Estados del Golfo. Desde 2015 el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha sido el oponente más activo, pero su actual situación no se lo pone fácil.

'Bibi’ acaba de salir de sus cuartas elecciones en dos años, incapaz otra vez de formar Gobierno. Es difícil calibrar los efectos de una gran pelea con Biden como la que tuvo con Obama. La influencia de su gobierno sobre el Partido Republicano en estos temas sigue siendo enorme. Ese factor, unido a la labor diplomática silenciosa pero efectiva de Arabia Saudí, podría tener cierto impacto sobre las negociaciones.

PorCarlos Hernández-Echevarría

5 de abril de 2021 22:34h

@carlos_hem

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Soldados israelíes durante un entrenamiento en los Altos del Golán ocupados. - REUTERS.  16/02/2021 07:14 Actualizado: 16/02/2021 07:15

Al menos una veintena de ingenieros israelíes han vendido a China misiles fabricados en Israel pero usando en parte tecnología puntera de Estados Unidos. Difundida la semana pasada por los servicios secretos del Shin Bet, la noticia, sobre la que sigue pesando la censura militar, contribuye a enrarecer las relaciones de Benjamín Netanyahu con Estados Unidos.

 

Una red de ingenieros israelíes vendió a China misiles avanzados fabricados en parte con sofisticada tecnología militar de Estados Unidos. La venta, que proporcionó pingües ganancias de "decenas de millones" de dólares a los ingenieros, violó los acuerdos que Israel estableció con Washington para impedir que su puntera tecnología cayese en manos de terceros países, especialmente de China. 

El Shin Bet, los servicios de inteligencia israelíes para el interior del país y los territorios palestinos ocupados, informaron la semana pasada de la desarticulación de la red diciendo que de la venta se había beneficiado "un país asiático", sin mencionar específicamente a China, el principal rival de Estados Unidos en relación con esa tecnología.

El anuncio del Shin Bet llegó menos de un mes después de la entrada en la Casa Blanca de Joe Biden, quien todavía no ha hablado con el primer ministro Benjamín Netanyahu. Aunque Washington aún no ha reaccionado ante el millonario negocio de los ingenieros israelíes, es fácil imaginar que los americanos están muy enojados puesto que en más de una ocasión habían advertido a Netanyahu que no vendiera a China tecnología militar. 

Durante el mandato de Donald Trump, los israelíes disfrutaron de un amplio margen de maniobra en esta materia ya que el presidente republicano accedía a cada una de las demandas de Netanyahu, y es muy probable que por entonces los servicios de inteligencia americanos ya conocieran los trapicheos con China, que no son nuevos, pero decidieran hacer la vista gorda. 

El hecho de que la censura militar haya prohibido a los medios hebreos publicar el dato clave de que el país beneficiado es China, indica la preocupación de Netanyahu con este negocio que sin duda enrarecerá más las relaciones con la administración demócrata. Sin embargo, en distintos blogs y redes sociales de Israel y del extranjero se ha revelado el nombre de China. 

Un dato sorprendente es que quien haya revelado el negocio sea el Shin Bet, y no los servicios de inteligencia militar, Aman. De esta manera Israel trata de referirse a la venta como una cuestión interna y de iniciativa privada, aunque es muy difícil imaginar que dado que de momento hay una veintena de ingenieros implicados, estos no informaran a las autoridades con anterioridad, o que a los servicios de inteligencia les pasara por alto el negocio hasta después de consumado. 

Una explicación puede ser que Israel, que siempre ha cuidado en extremo las relaciones con China, obtuviera a cambio algún beneficio equivalente. Los medios hebreos habitualmente publican informaciones sobre la creciente influencia de Pequín en la política y economía internacionales, y sobre la necesidad de mantener relaciones amistosas con el gigante asiático, a pesar de las reiteradas advertencias de Estados Unidos. 

Se da la circunstancia de que una buena parte de los ingenieros implicados han trabajado con anterioridad para los servicios de inteligencia israelíes o en el desarrollo de armas sofisticadas del ejército, lo que abunda en la dirección de que es muy difícil, si no imposible, que las autoridades militares y políticas de Israel, incluido Netanyahu, ignoraran lo que tantas personas se traían entre manos, máxime teniendo en cuenta la naturaleza del negocio. 

No hay que descartar que el chanchullo haya contribuido a que el presidente Biden todavía no haya llamado por teléfono a Netanyahu. En cada aparición de Biden se le pregunta por qué no lo ha hecho y la Casa Blanca responde que pronto se iniciará la llamada. 

Una parte de los ingenieros trabajaban para las Industrias Aeroespaciales de Israel (IAI), una gigantesca empresa que en su totalidad es propiedad estatal y emplea a más de 15.000 trabajadores. Entre otras cosas, IAI, cuyo nombre tampoco se puede publicar en Israel en relación con este caso debido a la censura militar, fabrica los misiles avanzados vendidos a China. 

Entre los productos que fabrica IAI se encuentra el sistema de misiles Harop, el más avanzado de todos, y también se incluye el Harpy-2, que incorpora tecnología que permite atacar objetivos haciendo que los misiles se destruyan al alcanzar su objetivo. Algunos medios señalan que esta es la tecnología más avanzada en este campo que hay en el mundo. 

Para despistar a Estados Unidos, el clan de ingenieros se sirvió de sofisticados métodos que incluían el uso de intermediarios con el fin de ocultar que el cliente era en realidad China. También se sirvió de un complejo tramado de financiación para evitar que apareciera China. 

Esta no es la primera vez que Israel vende a China material militar avanzado en cuya fabricación se ha usado tecnología estadounidense, aunque probablemente la noticia ha saltado en el peor momento de todos, es decir cuando las relaciones de Israel con Estados Unidos no son precisamente óptimas y la noticia podría deteriorarlas aún más. 

Según Tikun Olam, un blog basado en Estados Unidos pero que se especializa en filtraciones israelíes, la tecnología adquirida por China podría caer en manos de Corea del Sur o Irán, dos países que mantienen buenas relaciones militares con Pequín. 

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El nuevo orden mundial tras el coronavirus: el debate soterrado de la geopolítica ya ha empezado

Repasamos las voces de varios líderes y expertos sobre qué tipo de mundo nos quedará tras la crisis del coronavirus, y quién está en mejor posición para ejercer el poder

 Los líderes mundiales, sus diplomáticos y los analistas geopolíticos saben que vivimos una coyuntura de cambios de las que hacen época y, mientras tienen un ojo puesto en el día a día, el otro comienza a otear la crisis que nos dejará el coronavirus como legado. Ideologías enfrentadas, bloques, liderazgos y sistemas de cohesión social están siendo sometidos a prueba ante la opinión pública mundial.

A estas alturas, todos los habitantes de la aldea global comienzan a extraer sus propias conclusiones. "Muchas certezas y creencias desaparecerán. Muchas cosas que pensábamos imposibles están pasando", ha dicho Macron en Francia. "El día después de la victoria no habrá un regreso al día anterior, seremos moralmente más fuertes". Macron ha prometido comenzar su respuesta con una fuerte inversión en salud. Varios diputados macronistas ya han comenzado a elaborar una página web llamada Jour d'Après (el día de mañana).

En Alemania, el exministro de Asuntos Axteriores socialdemócrata Sigmar Gabriel ha lamentado que "hayamos minusvalorado el papel del Estado durante 30 años", y predice que la generación por venir será mucho menos ingenua respecto a la globalización. En Italia, el exprimer ministro Mateo Renzi ha convocado ya una comisión oficial sobre el futuro. En Hong Kong alguien ha pintado un grafiti en el que se lee: "No puede haber retorno a la normalidad porque la normalidad era el problema de origen". Henry Kissinger, que fue Secretario de Estado de la Administración Nixon, cree que los gobernantes deben comenzar a prepararse para la transición a un orden mundial nuevo tras el coronavirus. 

El Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, ha dicho: "La relación entre las principales potencias nunca ha sido tan disfuncional. La Covid-19 muestra dramáticamente, que, o nos unimos, o podemos ser derrotados".

La batalla por el liderazgo global

El debate en los think-tanks o institutos de análisis de todo el mundo no versa en este momento sobre la cooperación sino sobre quien se hará con el liderazgo del mundo posterior al virus, China o Estados Unidos.  

En Reino Unido, el debate permanece anclado en una cierta insularidad. La dirección laborista saliente buscó, desde un principio, reivindicar la necesaria, evidente, rehabilitación del Estado y los empleados públicos. La definición de servicio público se ha ampliado hasta incluir a los repartidores o a los tenderos más humildes. Es más, ser "una nación de tenderos", aquel insulto con el que Napoleón ultrajó una vez al país, ha dejado de considerarse algo peyorativo. 

Los paralelismos más obvios y utilizados han sido los relativos a la Segunda Guerra Mundial. En su libro In The Road to 1945, Paul Addison traza un recuento casi definitivo de cómo la Segunda Guerra Mundial contribuyó al giro a la izquierda del Reino Unido. Siguiendo la misma lógica, Boris Johnson se ha visto forzado a dejar al Estado actuar, aunque el impacto parece notarse más en la sociedad civil que en la política. La imagen huraña y distante de los británicos ya no encaja. La sensación de esfuerzo comunitario, los sanitarios voluntarios, ese aplaudir a las puertas de las casas tan poco británicos son gestos que elaboran una sensación: la de que el capital social perdido está, de algún modo, reapareciendo. No es que se hable demasiado de nueva política. Quizás el país, agotado por el Brexit, no puede lidiar en este momento con más agitación e introspección.

En Europa, Estados Unidos y Asia el debate se amplía. Puede que la vida pública esté en suspenso, pero el debate público se acelera. Todo es debatible: el punto de intersección entre una economía muy tocada y la salud pública, las virtudes relativas de sistemas de salud más o menos descentralizados, el modo en que se expone la fragilidad de un mundo globalizado, el futuro de la Unión Europea o las ventajas inherentes al autoritarismo.

Es como si la pandemia se hubiera convertido en una competición por el liderazgo global, en el que los países que capaces de responder a la crisis con mayor efectividad vayan a ser los que resulten beneficiados. Los diplomáticos, que siguen trabajando desde delegaciones vacías, se mantienen ocupados defendiendo la gestión de la crisis de sus propios gobiernos y suelen sentirse ofendidos por las críticas. Se juegan el orgullo patrio y la salud. Cada país mira hacia el vecino para ver en qué momento éste comienza a "aplanar su curva". 

El think-tank Crisis Group, al analizar el modo en que el virus va a cambiar permanentemente la política internacional, sugiere: "Por ahora podemos discernir dos narrativas encontradas que emergen sobre el resto; una en la que la lección dice que los países deberían cooperar para derrotar al Covid-19, y otra en la que los países deben mantenerse a distancia para protegerse del virus".

"La crisis representa un evaluación de las ideas encontradas que defienden los estados liberales y los iliberales a la hora de gestionar las tensiones sociales", continúa. "A medida que la pandemia avanza no sólo se ponen a prueba las capacidades operativas de organizaciones como la Organización Mundial de la Salud o las Naciones Unidas sino las creencias básicas sobre valores y negociación que las sustentan".

Ya son muchos los que defienden que Oriente ha ganado esta guerra de narrativas enfrentadas. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han escribió un ensayo en El País argumentando que han vencido los "estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur, de mentalidad autoritaria derivada de su tradición cultural basada en el confucianismo. Sus habitantes son menos dados a la rebelión y más obedientes que en Europa". Confían más en el Estado. La vida diaria está mucho más organizada. Sobre todo, para enfrentarse al virus, los asiáticos se han sometido a la vigilancia digital. La epidemia en Asia no solo la pelean virólogos y epidemiólogos, sino informáticos y especialistas en gestión masiva de datos". 

Predice que "China va a ser capaz de vender su estado policial digital como modelo de éxito frente a la pandemia. China mostrará la superioridad con más orgullo del ya habitual". Defiende que en occidente los votantes, atraídos por ideas relacionadas con la seguridad de sus comunidades, podrían estar dispuestos a sacrificar sus libertades. Hay poca libertad en la obligación de pasar la primavera confinado en tu propio piso.

Y sí. China ya gana de corrido. Cree que ha logrado reposicionarse de culpable a salvadora del mundo. Una nueva y más asertiva generación de jóvenes diplomáticos chinos se ha lanzado a las redes sociales para defender la superioridad de su país. Michel Duclos, exembajador de Francia, hoy en el Instituto Montaigne, ha acusado a China de "intentar, sin ninguna vergüenza, de capitalizar su 'victoria sobre el virus' para promover las bondades de sus sistema político. Se trata de una guerra fría no declarada que llevaba tiempo fermentando y muestra su faz verdadera a la dura luz del Covid-19". 

Stephen Walt, teórico de las relaciones internacionales de la Universidad de Harvard, cree que China podría tener éxito. En una primera opinión, publicada en Foreign Policy, sugiere que "el coronavirus va a acelerar un cambio de tendencia en el ejercicio de poder e influencia desde occidente a oriente. Corea del Sur y Singapur son los países que han mostrado la mejor respuesta y China ha gestionado bien la segunda etapa de la crisis tras sus errores iniciales. Las respuesta de los gobiernos de Europa y Estados Unidos ha sido muy escéptica y es probable que debilite el poder de occidente".

Muchos en la izquierda europea, entre ellos el filósofo esloveno Slavoj Žižek, temen también un contagio del autoritarismo y predicen que llegará a occidente "una nueva barbarie de cara humana -medidas despiadadas encaminadas a la supervivencia, aplicadas con una mezcla de arrepentimiento y simpatía pero legitimadas por las opiniones de los expertos".

Y desde otro punto de vista, Shivshankar Menon, profesor de la Universidad Ashoka en India, dice que "hasta ahora. la experiencia muestra que los autoritarios y populistas no gestionan mejor la pandemia. Al contrario, los países que respondieron antes y mejor a la pandemia fueron Corea y Taiwán, democracias, y no los gobernados por líderes populistas y autoritarios"

Francis Fukuyama está de acuerdo. "La línea de fractura más importante a la hora de ofrecer una respuesta efectiva a la crisis no va a ser la que separa autocracias de democracias. El determinante principal de esa gestión no será el tipo de régimen sino la capacidad del gobierno y, sobre todo, la confianza depositada en él", afirma, y defiende la respuesta de Corea del Sur y Alemania.  

Corea del Sur, de hecho, se vende como la potencia democrática que, en contraste con China, ha gestionado mejor la crisis. Su prensa está repleta de artículos sobre cómo Alemania sigue su modelo de pruebas masivas a la población. 

Pero Corea del Sur, una economía orientada a la exportación, también enfrenta dificultades a largo plazo si la pandemia fuerza a occidente, como predice el Nobel Joseph Stiglitz, a reevaluar en su conjunto la cadena logística global. Argumenta que la pandemia ha puesto de manifiesto los problemas de concentrar la producción de suministros médicos. El resultado es que las importaciones inmediatas, realizadas con poco margen de tiempo, disminuirán y aumentará la producción, más estructural, de bienes locales. Según esta versión, Corea del Sur estaría ganando elogios pero perdiendo mercados. 

La Unión Europea como perdedora

De momento, quien sale perdiendo, además de aquellos que, como Steve Bannon [el asesor principal de Trump en su victoria electoral], defendían "la deconstrucción del estado-administración" podrían ser los miembros de la Unión Europea. 

Algunos de los críticos más mordaces de la Unión han sido precisamente los europeístas. Nicole Gnesotto, vicepresidenta del Instituto Jacques Delors, dice que "la falta de preparación de la Unión Europea, su impotencia y su timidez son asombrosas. Por supuesto, la salud no es una de sus competencias, pero no es que no tenga medios o responsabilidad". El primer instinto fue cerrar fronteras, acumular material y organizar respuestas nacionales. En un momento de escasez, se vio que cada uno miraba por sí mismo e Italia se sintió abandonada.  

La controversia ha aumentado hasta convertirse en una batalla desagradable entre la Europa del Norte y la del Sur sobre la emisión de deuda común o las condiciones que podrían aprobarse para los créditos del fondo de rescate de la eurozona. Holandeses y alemanes sospechan que Italia se sirve de la crisis en Lombardía para reconfigurar el rechazo al concepto de eurobonos, esto es, que el norte financia la deuda de un sur irresponsable. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, lo lleva en su agenda y lanza una advertencia al resto de miembros de la Unión Europea: "Tienen una deuda con la historia". Si la Unión Europea fracasa, podría disolverse, advierte.

El Primer Ministro portugués, Antonio Costa, habló de "repugnancia" y "mezquindad" por parte del ministro holandés Wopke Hoekstra. La ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, se preguntaba si los holandeses entendían que "un camarote de primera clase no les va a proteger si todo el barco se hunde". 

Enrico Letta, antiguo primer ministro italiano, se ha referido con mordacidad a la resistencia holandesa a ayudar a Italia, asegurando a la prensa holandesa que la visión italiana de Holanda ha resultado muy perjudicada. "No ayudó que un día después de que las autoridades aduaneras alemanas detuvieran un gran número de mascarillas en la frontera, circularan por las calles de Roma camiones rusos con ayuda y que China enviara millones de mascarillas. Matteo Salvini espera que sucedan cosas así para poder decir: '¿veis? La Unión Europea no sirve de nada". 

La posición de la Unión Europea aún puede cambiar.  La agenda anticomunitaria de Salvini aún no cuenta con tanto apoyo. Conte no es rival fáci, pues se ha convertido en el líder más popular de la historia reciente del país. Además, iniciativas de políticos alemanes como Marian Wendt han sido capaces de contrarrestar algo de daño organizando que un grupo de enfermos italianos pudiera viajar de Bérgamo a Colonia para ser tratados.

Pero, mientras el contador de muertos sigue aumentando en toda la Unión Europea y la crisis comienza a penetrar en África, el discurso de la Unión Europa sigue dominado por jerga técnica poco edificante sobre la financiación de los rescates. 

Europa encuentra consuelo cuando mira al otro lado del Atlántico y ve el caos de la rueda de prensa diaria de Donald Trump, una suerte de recuerdo de que las personas racionales pueden controlar todo, pero  poco pueden hacer en manos de un presidente irracional. Nathalie Tocci, asesora de Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, se pregunta si, al igual que en 1956 la crisis de Suez marcó la decadencia del poder global del Reino Unido, el coronavirus podría jugar el papel en la influencia global de Estados Unidos.

El propio Borrell insiste en que la Unión Europea comienza a enderezar su rumbo tras un comienzo atribulado, y que el espíritu de cooperación comienza a abrirse paso. En un texto publicado en Project Syndicate, defiende que "tras una primera fase marcada por decisiones nacionales divergentes, estamos entrando en una fase de convergencia en la que la Unión asume un rol central. El mundo se encontró con la crisis de manera descoordinada, con demasiados países

13/04/2020 - 22:22h

Traducido por Alberto Arce

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Jorge Majfud: "La fortísima decadencia de EE.UU."

El escritor y académico analiza el fenómeno de la violencia en el contexto político actual

El profesor en Jacksonville University define como gran hipocresía la reacción de Trump a las masacres. "Cuando un negro mata, se piden más policías y mayor represión, pero cuando un blanco lo hace, simplemente hay que cuidar el tema de la salud". 

“Lo que ocurre en Estados Unidos es la demostración de una fortísima decadencia", dijo el escritor y profesor uruguayo Jorge Majfud en diálogo con el programa Una Nueva Aventura de radio AM 750. Majfud se refirió así a a las masacres ocurridas el pasado fin de semana, y a las posteriores declaraciones del presidente Donald Trump, quien dijo entre otros comentarios que "la enfermedad mental y el odio son las que aprietan el gatillo".

El analista sostuvo que el mandatario republicano representa la cara visible de un patrón que opera en la mente de muchos estadounidenses. "Cuando un negro mata, se piden más policías y mayor represión, pero cuando un blanco lo hace, simplemente hay que cuidar el tema de la salud. Es una gran hipocresía”. En esa línea, Majfud agregó:  “cuando un musulmán mata a alguien, se condena a toda la comunidad, y cuando lo hace un latino, se levantan muros".

El escritor consideró que Estados Unidos está fundado desde la violencia. "Si ocurre una masacre, los dirigentes piden oraciones, pero cuando se trata de intervenir militarmente en otro país, van a la acción sin problemas”, sostuvo. Para el profesor de Jacksonville University, en el presidente y en muchos estadounidenses opera el concepto de “genocidio blanco, que surge en las colonias británicas”. “Cuando dejan de matar y conquistar, se preocupan por ese supuesto genocidio que en realidad nunca ha ocurrido. Lo opuesto, es decir, la opresión de las minorías, ha sido siempre lo común”, agregó.

En relación al pedido de Trump de aplicar la pena de muerte contra el asesino de El Paso, Patrick Crusius, Majfud se encargó de aclarar que esa pena “ya existe, y de hecho el asesino siempre supo que iba a ser condenado a muerte. Sin embargo, eso no lo detuvo en su masacre, y eso es un problema que pone de manifiesto un pensamiento profundamente racista”.

Majfud criticó también la hipocresía de Walmart, que luego de la tragedia ocurrida en uno de sus locales, confirmó que seguirá vendiendo armas de fuego al público. “Uno no puede comprarse una botella de whisky por la cantidad de alcohol que contiene, pero sí puede comprar fácilmente un arma y cometer una masacre. Es un verdadero despropósito”, sostuvo.

Por último, el escritor uruguayo-estadounidense se refirió a las cuatro congresistas demócratas que fueron el blanco de los recientes constantes ataques de Trump debido a sus diversos orígenes étnicos. “Cuando una sociedad sufre la soberbia de los ganadores, es muy difícil que reconozca errores. No se deben subestimar la ignorancia y la soberbia de una buena porción de la población estadounidense que considera que cualquier cambio es una forma de ser anti-americana. Cualquier voz crítica hoy es considerada antiamericana”, puntualizó. 

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 Un misil 9M729, en una base militar rusa cerca de Moscú el 23 de enero de este año. Pavel Golovkin AP

Lo firmaron Reagan y Gorbachov, eliminó tres mil bombas atómicas y controló tensiones en Europa. Ahora Trump lo desconoció.

  

Hace 32 años, Ronald Reagan y Mijail Gorbachov firmaron un tratado muy específico de desarme, el que eliminaba los misiles de alcance medio con cabezas nucleares. A partir de ese momento, Estados Unidos y la Unión Soviética iban a destruir casi tres mil cohetes con alcances entre 500 y 5500 kilómetros, o sea todo lo que no fuera táctico o intercontinental, y se comprometían a no producir ni desplegar más. El tratado era importante porque ya había arrancado una segunda carrera armamentística en Europa, con Moscú situando este tipo de misiles en los países del Pacto de Varsovia y Washington equipando a la OTAN con el Pershing. Su eliminación bajaba la tensión y reducía la cantidad de armas atómicas apuntadas a capitales europeas.

El gobierno de Donald Trump dio formalmente por muerto a este tratado ayer por la mañana, después de anunciar largamente que se iba a salir por un supuesto incumplimiento ruso. Para EE.UU., el nuevo misil de crucero ruso 9M729 es de alcance intermedio y resulta una grave violación del tratado. "Rusia es la única responsable de la muerte del tratado", definió tajante el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo. Moscú contestó que ya en febrero habían denunciado a Estados Unidos como la parte que andaba buscando una excusa para salirse del convenio. Según varias fuentes rusas cercanas al gobierno, Trump quiere desarrollar una nueva familia de misiles para atacar objetivos como Irán.

La OTAN cerró filas tras Washington, y no sólo acusó a Rusia por el fin del tratado sino que prometió responder "de manera medida y responsable al significativo riesgo que el misil ruso 9M729 constituye para la seguridad de la Alianza" atlántica de 29 países. Con el INF muerto, Estados Unidos es libre de desarrollar armas hasta ahora prohibidas, y el Pentágono ya ha pedido al Congreso que apruebe para 2020 un presupuesto de 10 millones de dólares destinado a esto precisamente. CNN explicó que uno de esos misiles ya está en la etapa de ensayo y va a ser disparado por primera vez en cosa de semanas. Varios líderes europeos, sin embargo, lamentaron el fin del tratado.

La importancia de fondo del fin del tratado de Misiles Intermedios es que estos son el instrumento de ataque en una guerra nuclear limitada. Los misiles de largo alcance, los estratégicos, con base en submarinos, aviones y cohetes de largo alcance, son para una guerra total, de destrucción asegurada. Los misiles de carga nuclear de menos de 500 kilómetros son de uso táctico, en frentes de combate y para destruir formaciones de batalla o posiciones fuertes. Los intermedios se pensaron para atacar la retaguardia del enemigo en un contexto de guerra convencional, vaporizando sus ciudades o puntos de concentración militar. Por supuesto, también hacen el trabajo en una guerra puramente atómica, atacando los blancos más cercanos.

El temor ahora es que el final de este pacto bilateral sea  un indicio sobre qué va a pasar en 2021, cuando venza el Nuevo START, el último tratado sobre armas nucleares que queda entre las dos mayores potencias mundiales. Este tratado le pone un techo a la cantidad de armas estratégicas que puede poseer cada parte y fue fruto de los muchos sustos de la guerra fría, cuando los arsenales se medían con una vara siniestra: cuántas veces podía cada bando exterminar la vida en el planeta. Hubo un momento en que Estados Unidos tenía la ventaja porque podía destruir toda forma de vida terrestre tres veces, y la URSS apenas llegaba  a dos. Para frenar esta locura, en 1972 se firmó el primer START, renovado varias veces después de la caída del muro, la última vez bajo Barack Obama. Trump ya dijo que este tratado fue "otra mala idea", pero no se sabe si lo dice en serio o simplemente porque lo firmó Obama. 

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El conflicto entre Turquía y EEUU va más allá de los S-400 rusos

Las amenazas de Washington de aplicarle a Ankara la Ley para Contrarrestar a los Adversarios de EEUU (CAATSA) si compraba los misiles S-400 rusos han caído en saco roto y Tayyeb Erdogan acaba de instalarlos en el suelo turco con el orgullo de haber añadiendo otro fracaso a la política exterior de Donald Trump. El Sultán turco tampoco ha declarado tres días de luto oficial por la suspensión de la venta de cazas F-35 por parte de EEUU, quien mira con la impotencia cómo se le escapa del control una de las principales piezas de la arquitectura de la OTAN en Eurasia.

Turquía no es el primer país de la Alianza Atlántica que adquiere armas rusas. Grecia, Eslovenia y Bulgaria compararon S-300 y el mundo no llegó a su fin. ¿A qué se debe, entonces, esta furia de EEUU contra Ankara?

Los turcos, ya en 2013, buscaban misiles no estadounidenses y lo negociaron con la compañía china CPMIEC, pero tuvieron que abandonar la idea por las sanciones que EEUU habia impuesto a esta empresa, acusada de proveer misiles a un Irán bajo las sanciones. Fue así como Rusia recibió el encargo tras un concurso de licitación: fue “el acuerdo más importante en la historia moderna [turca]” afirmó un Erdogan eufórico.

Las razones de Turquía

La profunda desconfianza de Erdogan (y la sociedad) hacia EEUU, que fue acentuada por a) el golpe de estado fallido de julio del 2016, organizado en la base militar de la OTAN en Incirlik, y el papel de Moscú en salvar la vida del propio presidente turco (el asesinato del embajador ruso en Ankara fue la represalia), y b) el Proyecto de Nuevo Oriente Próximo de los NeoCon, que consiste en desintegrar los poderosos estados de aquella región, y crear, de paso, un estado kurdo de los restos de Irak y Siria.

Que el Pentágono haya armado a los kurdos sirios con misiles antitanques Javelin y TOW, y Ankara a algunas facciones del Estado Islámico para combatir a los kurdos, significa que EEUU y Turquía ya están en guerra, aunque través de terceros -que hacen de carne de cañón-, y en el suelo de otra desgraciada nación. Rusia – el enemigo leal de Turquía -, ha neutralizado a Erdogan, permitiendo su ataque mortal a Afrin, la bastión kurda en Siria, para que se desgastara en el pantano sirio. El régimen islamista de Erdogan -que no reconoce las singularidades nacionales-, también aprovecha este rasgo en la teocracia chiita iraní para juntos perseguir a los kurdos de ambos países en el territorio iraquí, queriendo impedir un imposible estado kurdo unitario.

Diversificar sus proveedores de armas: El intento del golpe de estado del 2016 demostró a Ankara que, para derribar los aviones de guerra de EEUU en su cielo, necesita misiles de otro país. Cuando los F-16 bombardearon el Parlamento turco, Ankara no tenía ningún arma fuera del control de la OTAN. Turquía puede recuperar el acuerdo con China, suspendido en 2013, y comprar los misiles FD-2000 por los que iba a pagar 4.000 millones de dólares. ¡La independencia armamentística está siendo tan vital para los estados como la autosuficiencia energética o alimentaria!

Turquía sospecha que EEUU está atacando sus intereses en la región, en alianza con Arabia Saudita, Egipto, Bahréin, Israel y Emiratos Árabes Unidos: Libia ha sido la última parada de esta coalición anti-turca. Dice Ibrahim Karagul, editor en jefe del diario Yeni Safak, del partido gubernamental Justicia y Desarrollo que “desde los Balcanes hasta el norte de Siria, desde el Egeo hasta el Mediterráneo, desde la isla de Creta hasta Sudán, desde Libia hasta el Golfo Pérsico, se está implementando un plan extremadamente insidioso para limitar el área de influencia de Turquía…y luego ahogarnos en el Mediterráneo». Turquía, que ha fracasado en dos de sus intentos políticos en ganar ventajas en la región- provocando la crisis de refugiados, y revelar el crimen de Khashoggi-, ha instalado bases militares en el llamado «Triángulo de paz», Qatar, Somalia y en la isla de Sudakin, para “protegerse” de los enemigos.

Construir una política exterior multidimensional, desde que Europa le dio portazo: ahora Turquía intenta recuperar los viejos dominios-mercados del imperio otomano en el sur.

El descubrimiento de una bolsa de gas en las costas chipriotas, cuyo valor asciende a 35.000 millones de dólares, y que ha aumentado la tensión en el Mediterráneo Oriental entre Chipre, Egipto, Grecia e Israel. Turquía reclama su parte, mientras las autoridades grecochipriotas – que han otorgado la licencia de perforación ExxonMobil-, han emitido órdenes de arresto para la tripulación de barcos de perforación turcos, que son escoltados por los buques de guerra de este país. Siendo Grecia miembro de la OTAN e Israel equipado por armas estadounidenses Ankara sienten la necesidad de obtener un sistema de defensa no vinculado con la OTAN para defenderse ante una posible guerra.

 La negativa de EEUU a vender sus misiles Patriot a Turquía, y para más inri, retirar en 2015 los que habia instalado en la frontera turco-siria, bajo el pretexto del «alto costo de su despliegue». Erdogan se quejaba de que EEUU habia abandonado a Turquía ante un posible ataque de Siria o de los kurdos de este país.

Los motivos de la ira de Washington

El S-400 Triumf es el sistema de misiles antiaéreos capaz de identificar aeronaves o misiles a una distancia de hasta 600 kilómetros e interceptarlos a una velocidad de hasta 4.8 kilómetros por segundo. Turquía, después de China es el segundo país del mundo en recibir este artefacto ruso e India y Arabia Saudita serán los siguientes, mientras Rusia ya fabrica el sistema S-500 «Prometheus». La industria armamentística de EEUU pierde una suculenta venta de 2.200 millones de euros,  a pesar de que los S- 400 valen casi la mitad que sus homólogos Patriot. Además, al contrario de EEUU, Rusia y China no imponen condiciones para cómo, cuándo y dónde usar sus armas vendidas. Turquía ha acordado con Rusia la producción conjunta de los sistemas S-400, aunque lo más seguro es que el Sr. Putin sólo le asigne la fabricación de los tornillos de esta joya de la corona las armas rusas, por si se le ocurre a Erdogan la idea de ofrecer los secretos del invento a EEUU a cambio de recibir la cabeza de los kurdos de PKK.

La creciente relación entre Turquía y China: la posición geopolítica turca se ha unido al poder y la influencia china en la“Iniciativa del Corredor Medio» (Middle Corridor) que en el marco de la Nueva Ruta de la Seda une Anatolia a Asia Central y China, y a este espacio con el Corredor Internacional Transcaspiano (TITR), en el que participan también Azerbaiyán, Georgia, Kazajstán, Polonia, Ucrania y Rumania. Una “pequeña” parte del diseño estratégico chino de comercio que supera la capacidad creativa de los políticos estadounidenses.

Infringir las sanciones impuestas al gas ruso: el gasoducto Turk Stream de 800 kilómetros construido en 2018 llevará el gas eslavo al mercado turco y de allí al sur y sureste de Europa.

La guerra comercial de EEUU con Turquía es la “pedagogía del terror”: ¡Será castigado quien desobedezca a Washington! La caída del valor de lira en un 30% el año pasado, y por ende, el aumento de los precios de las importaciones en Turquía, junto con la desaceleración de su economía (el crecimiento del 2.6% en 2018, comparando con el 7,4 del 2017), unidos a la corrupción y las políticas neoliberales del gobierno han golpeado la popularidad de Erdogan, derrotando a sus hombres en las elecciones de Estambul. El objetivo de EEUU, que ha anunciado el traslado de las fábricas de la construcción de piezas del F-35 de Turquía a otros países, es destrozar la economía turca.

La guerra entre ambas potencias continuará: Si EEUU deja de vender las piezas de repuestos para los aviones estadounidenses que posee Turquía, equivaldría a un desarme a toda regla. Por lo que, Erdogan, de momento no saldrá de la OTAN, aunque seguirá utilizando la retórica “anti-estadounidense”, y le culpará a Trump de todos los males del país. La mitad de la sociedad que es su electorado le creerá, y la otra mitad que es la oposición le apoyará por la “patria querida amenazada”. Según el Centro Universitario de Investigaciones Económicas y Sociales de Bahçeşehir de Turquía (BETAM), el 38% de los niños y las niñas menores de 15 años del país – unos 8 millones-, vivieron en 2016 en la situación de pobreza, con un aumento de 300.000 en comparación con 2015.

El colapso del orden regional, establecido en 1916 por el acuerdo Sykes-Picot, hoy se manifiesta en el fin de los estados árabes modernos: Irak, Libia, Siria. La nueva estructura regional, aunque tiene de protagonista a un ruidoso EEUU, se está trazando como siempre sin la participación de los pueblos, aunque bajo la supervisión de los viejos imperios: chino, ruso, persa y turco. Aquí, EEUU es, simplemente, irrelevante, aunque muy peligroso.

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